La figura verde con armadura observaba el cadáver del monstruo desintegrándose lentamente. Disolviéndose, soltado pequeñas exhalaciones de humo que se desvanecían en el aire, dejando tras de sí un charco grisáceo lleno de tonos carmín y negro. La armadura de la figura brillaba tenuemente en un cuarto destrozado como si hubiera habido una pelea de héroes y villanos…
No fue así…
Con manchas de sangre que goteaban desde las placas metálicas hasta el suelo empapado, comenzando a mezclarse con el barro en el suelo.
En la mano de la figura, una palma ensangrentada temblaba ligeramente. Mientras qué, por otra parte, aquellos ojos, ocultos tras el yelmo, examinaban lo que estaba pasando, o lo intentaba. Buscando alguna respuesta a lo que sea que acababa de suceder.
La calle, en un silencio sepulcral, se extendía en ambas direcciones, mientras la gente miraba, horrorizada, impactada y hasta aterrada por aquella escena que acababan de presenciar. Ignorando por completo aquellas nubes oscuras en el horizonte. Terminando éstas por sucumbir en una llovizna que más pronto que tarde, comenzó a aumentar y a volverse en una lluvia pesada y fría.
Sin embargo, aquel individuo dentro de aquella extraña armadura, solo podía sentir miedo y terror ante esta horripilante e inverosímil situación.
Él solo quería ser un héroe, un sueño tan anhelado por él como el resto de sus congéneres.
Quería ayudar a la gente, quería mostrar su valía como uno más que merecía aquel trabajo con lo que todo niño sueña ser.
Quería hacer sonreír a todos, sin importar cuán mal y pésimo se vea todo.
Sin embargo, nada en este día, sin dudas uno de los peores que había tenido, había salido bien.
No, de hecho, este era el peor de todos.
Es como si su vida pasaba de un manga Shounen a uno de horror, violencia y gore sin sentido ni lógica alguna.
Es decir, ¿Qué clase de monstruo era aquella cosa con la que había acabado, y que carajos es lo qué tiene puesto?
Aunque, siendo sincero consigo mismo, una ínfima y pequeña parte de él estaba feliz de tener, o mejor dicho, adquirir algo parecido a un quirk. Pero, tristemente, el resto de su mente era un desastre. Tanto, que no se dió cuenta de aquella presencia que simplemente reía y, con un gesto de sorna, habló diciendo:
– De todos los humanos de este planeta… Creo que contigo podríamos hacer que esto funcione, niño –Oh, claro, nadie más puede verla.
Se olvidó, por unos instantes, de la extraña (pero linda) chica flotante con ojos verde brillante a su lado, luciendo un traje ceñido pegado a su cuerpazo que no dejaba nada a la imaginación. Sonriendo como si toda esta situación fuese solo un chiste.
Un estúpido, asqueroso y grotesco chiste de mal gusto.
Todo esto pasó en una sola tarde, misma en la que Katsuki casi quemó sus cuadernos de guía, dónde casi conocía a su héroe favorito… Y claro, cuándo descubrió que los monstruos, no los típicos criminales comunes o los súper villanos de cómics o caricaturas, ni tampoco aquellos resentidos con Quirks de tipo mutante.
No, hablamos de monstruos reales, del tipo no eran siquiera humanos.
Existen, y viven entre nosotros.
Eso era más que obvio, es decir, esa cosa claramente no era humana, eso era seguro. Ya que no hay ningún Quirk (no uno de clase mutante o transformación al menos) que permita algo cómo esto.
No, esto ya lo había superado, y con creces.
Y todo esto empezó cuando un simple villano de lodo casi, casi, se metía en su garganta, solo para luego ser atropellado por un auto sin control y…
.
.
.
Creo que vamos muy rápido, ¿Saben?
Sí, es mejor hacer un poco de memoria.
Pues, bien, toda esta locura empezó cuándo…
4 horas antes…
–¡Hey cabeza de pomerania!–
Katsuki Bakugou, el supuesto próximo gran héroe que superará al grande y poderoso All Might, según él, miró a la puerta del salón instantes después de explotar cuaderno de Deku y decirle "gentilmente" no aplicará a la Yuuei, ya que él era el único qué, según sus delirios de grandeza, podría ingresar de entre todos en este muladar llamado escuela.
Sin embargo, aquella chica que había llamado su atención con aquel peyorativo apodo, era todo un caso.
El rubio engreído terminó viendo a aquella compañera llevado una chaqueta gruesa azul celeste con capucha sobre el uniforme femenino de la escuela, tapando por completo su cabello, ya que lo único que se ve un mechón corto naranja y una mirada afilada qué choca con el peliceniza, quién sentía que algo no andaba bien con ésta tipa.
– ¿Qué quieres, maldita ? ¿Acaso no vez que le estoy enseñando al estúpido de Deku una lección de vida? ¡¿Eh?! – gritó eso último el rubio, tratando de apantallar a la zorra esa.
Sin embargo, su respuesta no fue la que esperaba.
– Lo único que veo es a un imbécil aprovechándose de quién puede cuando quiere – dijo aquella chica, guardando sus manos dentro de sus bolsillos en su chándal, sin inmutarse en lo más mínimo al parecer – Aunque sabes, es divertido ver que la calidad de los héroes de Yuuei está decayendo, pero tú , en el hipotético caso que lograrás entrar en ella, puede que llegues a hacer que quiebren por alguien que tiene el ego más frágil capa de hielo en verano.
Bakugou era más que conocido por no dejar que nadie, salvó por su propia madre, le responda asi. Nunca dejó de amedrentar a los superiores, ni a los anteriores matones de la secundaria.
Sin embargo, parece que está chica no aprendió la lección.
Fue entonces que el rubio cenizo se alejó de un pobre y asustado Izuku Midoriya, acá Deku por Bakugou, hasta llegar con la chica antes de agarrarla del cuello de la chaqueta y acerca su mirada oji roja, apretando los dientes, mirando a la pelinaranja con rabia cara a cara, mientras que su otra mano libera chispas diminutas muy cerca del rostro de ambos para dejar en claro la amenaza.
– Disculpa, creo que escuché mierda saliendo de tu boca – sonrió el rubio con sorna mientras las chispas iluminaban los rostros de ambos – así que… repite lo que dijiste – le dice con gruñido contenido, fingiendo la sonrisa ya que tenía más que ganas de mandar a volar a la tipa con todo y aula en ello.
Izuku Midoriya no era un cobarde, sin embargo, los años de acoso, bullying y abusos de parte de sus compañeros, incentivados por Bakugou en principio, le hicieron perder toda pizca de su valor nato.
Sin embargo, el hecho de ver a Bakugou tratando de amedrentar a una chica, le hizo querer levantarse e ir a detener a Bakugou de una vez por todas.
Pero, sorpresivamente, la mano derecha de la chica le detuvo al alzarla por debajo, como indicio de que no se moviera.
Continuando con ella, la chica de cabellos naranjas y sudadera azul, sin perder la dureza de su mirada, mira fijamente a los ojos del bravucón de Arudera y…
–Dije…–
De la nada, bajó su tono de voz a uno poco audible, apenas siendo un susurró imperceptible para nadie más que el propio Bakugou quién, ignorando el extraño brillo púrpura en los ojos de la chica y en los suyos propios, simplemente soltó a la chica del cuello.
– Como quieras, maldita cuello de Tortuga – Bakugou empujó a la chica, alejándose unos pasos de ella para recoger su mochila de su pupitre, todo ante la mirada atónita de Izuku, quién se sorprendió de que el rubio ni siquiera le mirase.
Sin embargo, la chica solo miraba con una sonrisa, mostrando sus dientes de tiburón en el proceso.
El peliceniza sale de la habitación, encontrándose en el pasillo con sus secuaces, quiénes estaban de pie, con la mirada pérdida y algo confundidos hasta que vieron a Bakugou pasar de largo a ambos antes de verlo seguir por el pasillo y, entonces…
Bakugou se detuvo frente a las escaleras, el aula estaba en el tercer piso, sin embargo, el rubio se dió la medía vuelta, quedando de espaldas ante los escalones, cosa que hizo que sus compinches se vieran entre sí algo obtusos por el actuar del rubio, antes de oír, con un estrépito estruendo, algo que nunca creyeron posible.
– ¡JUMANJI! –
BOOOOOOOM!
CRASH!
– ¡ARGHH! –
BOM, BOM, BOM, CRASH, PUM, PAM, POW!
CRASH!
– ¡AHHH, PERVERTIDO! –
– ¡ALGUIEN, SAQUELO! –
– ¡ESTE ES EL VESTUARIO DE CHICAS, DEGENERADO! –
–¡MIERDAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH! –
Justo en ese momento, Bakugou Katsuki desarrolló un reflejo instintivo al cubrir su entrepierna cada vez que escuchaba la "palabra con J". Mientras qué, el resto, pasó a la historia.
A pocos minutos de oír a Bakugou gritar de la forma más patética y humillante, pero satisfactoria, posible; el peliverde recogía lo que quedó de su cuaderno chamuscado del estanque del club de embellecimiento, se sentiría frustrado por ello pero ya nada podía hacer más que transcribir todo, de nuevo, a otro cuaderno. Suspirando, cansado, por aquella situación tan penosa.
Sin embargo, y para su propia sorpresa, no estaba solo en esta ocasión.
– No tenías que hacerle eso – Le dice sin levantar una mirada a la "Segunda marginada" de la escuela secundaria Arudera.
Daidouji Akugami. Mejor conocida como "la perra" del instituto. Siendo todo un caso, tanto o más como él debido a los fuertes rumores que corrían por el pasillo sobre ella y su familia.
Es decir, no es de extrañar qué, en cada institución educativa, por lo menos, se encuentre una que otra persona que se vea obligada, u orillada según sea el caso, a ser el marginado social de turno durante toda su estancia en el colegio.
Pero, curiosamente, hay casos donde es la propia persona la qué, por diversas razones o circunstancias, se encuentra en esa posición por voluntad propia.
Y Daidouji Akugami era una de esas personas.
– Dices eso, pero igualmente disfrutaste verlo humillado ¿Cierto? – le respondió Akugami con una sonrisa pícara, ignorando la ligera vergüenza en Izuku, no podía decir que no disfrutó ver eso, pero tampoco era necesario llegar a esos extremos – además, gente como ese Pomeranian solo aprende por las malas.
Si bien Izuku no podía refutar tampoco aquello, optó por bajar la mirada algo triste, pero, mayormente, resignado.
– Antes no era así de… – trató de encontrar las palabras, pero Akugami se le adelantó.
– ¿Cretino? – la chica suspiró al ver el silencio del peliverde. No era secreto el pasado de ambos, Midoriya y Bakugou, quienes se conocen, desgraciadamente, desde el preescolar – mira, sé que quieres evitar conflictos, lo has hecho toda tu vida, pero, déjame decirte algo – Daidouji miró al cielo por unos momentos y continúo – si sigues haciendo eso, lejos de resolver algo, terminarás afectado y afectando a otros. O peor aún, dejar que la gente te pise como si no valieras nada ya qué, al final, nunca enfrentará los problemas.
La chica miró, de reojo, como Izuku apretaba su cuaderno arruinado, señal que ella tenía razón.
Sin embargo, Izuku sí sabía qué responder a palabras como esas.
– No todos tenemos las mismas oportunidades – dijo el peliverde antes de irse a la entrada de la escuela, dejando atrás a la chica, quién miraba al pobre cabeza de brócoli irse cabizbajo.
– No tienes idea de cuántas veces he oído eso, Midoriya – se dijo a sí misma mientras veía como Izuku dejaba, cerca de un cesto de basura, aquella libreta con notas mientras él seguía simplemente si camino.
Sin embargo, Daidouji fue hasta aquel basurero y, rápidamente, tomó el cuaderno de Midoriya antes de ojearlo. Muchas páginas tenían la tinta corrida por la humedad, otras estaban chamuscadas de los bordes y algunas de plano se arruinaron.
Aunque, sorpresivamente, unas cuantas páginas sobrevivieron y, por lo poco que podía leer, Daidouji notó como había descrito varios puntos vitales y clave sobre diversos Quirks de toda la clase.
Ella incluida.
– Vaya, vaya, esto sí que es interesante… – la chica sonrió antes de recordar algo importante – ah, mierda… olvidé mi libro en el salón.
Ese fue el motivo por el que ella regresó antes, encontrando a los matones de Bakugou en el pasillo evitando que entrara al salón. Sin embargo, ella simplemente pasó sobre ellos y, desafortunadamente, se topó con Midoriya en el suelo y Bakugou, tan petulante como siempre, intimidando al pobre. Sinceramente, lo compadeció por tener que soportar a ese tarado toda su vida.
Miró su teléfono para saber la hora, las 5 de la tarde.
– Rayos, es tarde, espero que ellos no me llamen y… –
BZZZN, BZZZN
Su celular vibró, y notó que era un SMS de ella.
/De: BB-Ch4n/
/¡¿DÓNDE CARAJOS ESTÁS?!/
/¡YA COMENZAMOS NUESTRO PATRULLAJE!/
/¡VE A LA ESTACIÓN XANDO!/
/¡AHORA, YA!/
/(Emolli de león molesto gritando)/
– Ught, tan pesada como siempre – dijo Daidouji antes de suspirar – como sea, primero voy por eso y luego con ellos.
Sin prisas ni premura, Daidouji siguió su camino, nuevamente, al salón a recoger su libro y largarse a donde la esperaba ese par.
Aunque, por casualidad, se llevó también la libreta rota de Midoriya. Sin saber que está sería importante más adelante.
Mientras tanto, muy cerca de la escuela, en un paso peatonal.
La gente iba caminando con normalidad durante el atardecer, algunos yendo a por las compras de la cena, otros regresaban de la escuela y algunos habían salido de sus oficinas en su hora de descanso.
Todos ellos, gente común y corriente, ciudadanos más que promedio de esta ciudad tan cotidiana, estaban aglomerados esperando a que el semáforo diera luz verde para el paso peatonal, admirando algunos sus teléfono, otros escuchando música y otros más mirando alrededor mientras esperaban el cambio en la luz del semáforo.
Fue entonces qué, para los autos, el semáforo pasó de verde a rojo, mientras que el de los peatones fue caso contrario.
Siguiendo con la indicación de la figura de una persona caminando, las personas en su día a día cruzaron por la acera como todos los días, sin nada nuevo o emocionante en sus vidas.
GAGAGAGAGAGAGA!
O tal vez no sería así el día de hoy.
Justo al final de la calle, en el momento donde nadie se daba cuenta al cruzar por la vía de cebra, es que se percató del cambiar repentinamente de la luz, al menos no hasta que…
BEAB! BEAB!
BEAB! BEAB!
BEAAAAB!
BEAAAAB!
Las personas gritaron, aterradas y alarmadas, corriendo a cubierta mientras se apartaban de golpe y, por una suerte más que milagrosa, nadie fue atropellado por aquel auto que conducía a toda prisa sin detenerse ni siquiera un instante. Lanzando maldiciones y alaracas en contra del demente psicópata que conducía como desquiciado.
GAGAGAGAGAGAGA!
Derrapando al momento de tomar la curva en la siguiente intersección, aquel auto se perdió entre los demás vehículos quienes, con aquella misma suerte, lograron frenar a tiempo para evitar una tragedia mayúscula.
BRNNN!
BRNNN!
BRRRNNNNNNN!
Sin embargo, dentro de aquella máquina que conducía como alma que lleva el diablo, había un conductor que sudaba a mares, inundado por la ansiedad y el miedo a la par que le daba un ataque de pánico mientras sostenía el volante con toda su fuerza. Tratando de controlar su respiración aunque el estar hiperventilado no ayudaba mucho que digamos.
Menos cuando él había roto más leyes de tránsito en toda esta tarde, más que todos los conductores ebrios de Japón en décadas.
Sij embargo, el hombre hacía esto por una razón en particular.
Y no era muy buena que digamos…
– ¡¿Aun nos sigue?! – le dice al asiento de copiloto…pero ahí no había nadie – ¡¿Cómo los pierdo?! – volvió a preguntar a la nada, justo cuando miraba el camino, realizando una maniobra para poder esquivar, por poco, a otro auto con el cual casi, casi, chocaba – ¡¿Confrontación inevitable?! ¡¿Y eso qué rayos significa?!
Alegando contra la nada nuevamente, aquel conductor esquizofrénico miró en su retrovisor y, alarmado, pudo ver como un camión blanco circulaba por la calle, siguiéndolo más que de cerca. Casi pudo deslumbrar sus intenciones al instante y, justo cuando volvió poner su mirada en camino, su rostro pasó de un gesto ansioso a uno de horror total al ver una persona con un extraño traje que fácilmente sería confundido por Pro-Héroe.
Tristemente…eso no lo era.
Es más, cualquiera que sea "eso", podría ser peor que cualquier villano.
– ¡Oh, mierda, mierda, mierda! – aquel sujeto, presa del pánico, comenzó a maldecir al ver su fin acercarse, literalmente, detrás suyo.
Sin embargo, y en un acto desesperado, tras dar otra vuelta en la próxima intersección, el auto logró moverse entre los otros vehículos que circulaban por el cruce, desviándose hasta pasar por varias calles más adelante.
Su plan era simple, recorrer las carreras hasta llegar a unas mucho más estrechas y cercanas a los suburbios en las afueras para escapar de la ciudad y así, al menos, vivir un día más.
Su plan iba bien, hasta qué, al ver frente suyo un túnel los cárteles que indicaba que aquella saliente era exclusivamente solo para personas y ningún vehículo podría entrar, aquel hombre, en su máxima desesperación y, guiado por el pánico, no prestó atención a aquella señalización y, sin dudarlo, pisó el acelerador a fondo, mientras miraba de forma casi constante al asiento del copiloto como si en verdad algo o alguien estuviera ahí.
– ¡Callate! ¡No voy a dejar que me atrapen! – le grito al asiento vacío – ¡No me importa si muero, nunca volveré ahí!
CHIIIIIINNNNNNNNN!
El Carro entró apenas en el túnel, sacando chispas al rozar la carrocería contra las paredes del túnel, creyendo firme y ciegamente en que podría lograrlo.
Escaparía, los perdería, se irá a reagrupar con esta cosa que tiene a su lado y, con suerte, volverá a ser normal, a ser aquél quirkless que siempre debió ser.
Claro, en su situación, no tener nada era mucho mejor que lo que ellos le hicieron a él ahí dentro. Con toda su fé puesta en esta situación, no le quedaba de otra más que seguir por el túnel, ya estaba tan cerca de lograrlo y…
Fue entonces que vio a un adolescente siendo rodeado y engullido por un villano mutante de lodo que salía de las alcantarillas.
Y ahí, todo terminó…
– ¡Oh, carajo! –
GAGAGAGAGAGAGA!
CHINNNNNNN!
CRASH!
Un Izuku Midoriya sintió todo.
Él estaba ahí, simplemente yendo a casa tras un pésimo día.
Primero, entregar los formularios de carrera al profesor del aula, solo para ser humillado por Bakugou tras ver cómo el maestro anunció sus planes de ir a Yuuei, así como también fue humillado nuevamente por sus notas sobre Quirks que siempre hace para distraerse.
Luego, aquella situación con Akugami y Bakugou, donde esté último término en la enfermería debido a sus lesiones. Caer desde una ventana hasta el vestidor de las chicas del club de atletismo sin dudas no es lindo. Divertido de ver tal vez, pero no era para nada justo, al menos eso creía el propio Izuku ya qué, si bien Bakugou es un cretino, no creía necesaria aquella humillación.
Es oír eso qué, de camino a casa, él trató de convencerse a sí mismo de intentar desistir en aplicar para ir al examen para Yuuei. Ya que eso le había causado bastantes problemas, es decir, él era un quirkless, un nerd de los héroes y alguien con solo sueños qué, tristemente, nunca se harán realidad.
Sin embargo, y tentando a la ley de Murphy, Izuku creyó que este día, al menos, no podía ser peor. Y, al segundo siguiente, un villano de lodo trató de usar su cuerpo como disfraz para escapar de un héroe que le perseguía los talones.
Desesperado ante tal situación, Izuku suplicaba por ayuda, siendo sofocado por el barro viviente, esperando que alguien venga y le ayude o le salve, al menos por una única vez, en su vida.
Aunque, siendo sinceros, no esperó qué tal ayuda viniera de alguien que cruzó un lugar en el que no se permiten pasar autos.
Pero, tristemente, la realidad siempre supera a la ficción.
Aquel auto que había logrado pasar por el túnel había terminado también por atropellar a ambos, adolescente y villano, esparciendo al tipo de lodo por todas partes, en suelo, paredes y hasta parte de techo del túnel y, por suerte, el mutante de lodo absorbió una gran parte de golpe tras aquel impacto.
Por desgracia, eso no evitó que el pobre Izuku terminará aterrizando duramente en el pavimento.
En una secuencia más que aterradora, el golpe y la inercia del propio auto hicieron que el joven quirkless de cabellos verdes saliera volando junto al tipo de lodo, siguiendo un arco en el aire mientras giraba de forma incontrolable antes de que su cabeza impactara contra la acera, girando con el impulso inicial, terminando por rodar en forma horizontal, rebotando dos veces más antes de terminar deteniéndose boca abajo tras derrapar en el suelo.
El peliverde trató de levantarse, y sentía como su cabeza daba vueltas, aunque sus extremidades parecen no responder a sus órdenes.
Dirigió entonces su mirada al frente, logrando así ver que el auto que le había atropellado siguió de frente y terminó por volcarse más adelante tras impactar contra una pendiente.
Estando prácticamente de cabeza, y con la ventana rota, el vehículo empezó a emitir humo desde el frente debajo del motor, mientras algo líquido y aceitoso salía de dónde debía estar el tanque en la parte trasera.
Aunque, contra todo pronóstico, Izuku pudo ver al conductor tratando de salir del vehículo, arrastrándose sobre sus miembros superiores mientras sangre corría de su cabeza y podía ver algo en su ensangrentado rostro, vidrios tal vez, dándole una apariencia dantesca ante el accidente que había pasado.
El peliverde, siendo como es, hizo el esfuerzo en levantarse a pesar del dolor en cada área de su cuerpo. Sin embargo, y pese a toda lógica, sus extremidades comenzaron a responderle y, con algo de voluntad, por no decir prácticamente toda la que tenía en ese momento, logró, milagrosamente, levantarse y ponerse de pie lentamente, mientras trataba de ignorar tres cosas: el dolor en su espalda, su pierna rota y la herida en su cráneo.
Yendo directamente hacía donde se encontraba el automóvil volcado, mientras trataba de caminar como podía.
– ¡Señor! – gritó para ver si el hombre en el auto le podía escuchar – ¡Oiga! ¡¿Está bien?! – inesperadamente, y contra toda posibilidad, Izuku no solo logró llegar hasta el auto, sino también se arrodilló, como pudo, y le ofreció una mano al hombre.
Es este último quién, al ver al muchacho en esas condiciones y, pese a toda esta situación, terminó por tomar la mano del peliverde mientras Izuku, aguantando el dolor de forma inhumana, logró apoyarse lo suficiente como para levantar a ambos, apoyándose uno al otro para alejarse de aquel auto lo más que podían.
Sin embargo, Izuku a duras penas pudo percibir que aquel hombre traía, en su otra mano, lo que parecía ser una especie de bolso de viaje que el hombre abrazaba celosamente. Cómo si eso fuese algo casi de vida o muerte.
– Gracias… – la voz de aquel hombre le hizo mirarlo y, finalmente, Izuku pudo notar que el hombre era…
– ¡Maldito! –
El peliverde, al igual que el hombre, palidecieron al oír esa voz, la misma e inconfundible voz.
Temeroso, y estúpido, el peliverde trató de voltear la mirada y, justamente, tanto él como el hombre, ven al mismo villano de lodo tratado de reconstruir su estructura original, arrastrando cada mancha, cada gota y cada charco de aquel lodo hasta crear una masa amorfa y pulsante, mientras dos orbes enormes inyectadas de lo que bien podría ser sangre, les miraban con una intensidad y un odio prácticamente palpable.
–¡Ya me las había arreglado de escapar de ese tipo! ¡¿Y ahora interfiere un buen samaritano?!–El villano lodo iba destrozar al maldito anciano antes de tomar al chico y…
– Objetivo a la vista – dice una nueva voz, detrás del mutante de lodo quién, al voltear la vista, se vio prácticamente rodeado por un grupo de no menos de 9 individuos, todos y cada uno con el mismo uniforme: pantalones y chaquetas azules con botas y guantes blancos con hombreras igualmente blancas con un casco azúl con gafas rojas. En el lado izquierdo de la zona del pecho aparece un logo de lo que parece ser parte de alguna empresa, teniendo forma de un ave y un anillo.
Izuku, al verlos, estaba entre aliviado y confundido al no poder reconocer aquel traje que llevaban estas personas, mientras que el hombre a su lado se ponía más que pálido al ver a dichos sujetos comenzando a rodear al villano de lodo…
¿Cierto?
– ¡¿Quién carajos son ustedes?! ¡¿Acaso están con la policías o son otro grupo Héroes novatos?! – El villano de lodo tenía su medidor de frustración y estrés más que al límite – ¡No me llevara vivo ni-...
– No venimos por ti… Defectuoso – Dijo el sujeto al frente del "pelotón" de forma más que despectiva y racista posible – ahora… aparte…
Sin entender bien lo que quiso decir, Izuku sabía qué aquel uniformado lo había insultado, haciendo que el mutante de lodo lograse transformar su baba en una especie de brazo con una gran masa tachonada y, con furia, lanzó un golpe directamente a aquel que lo insultó en primera instancia.
– ¡Cuidado! – alertó Izuku ante aquel arrebato del mutante de lodo.
– No… – sin embargo, el hombre a su izquierda, musitó algo – te equivocas… ellos…
– ¡Muere! – aquél villano sonrió al ver cómo aquel tipo ni siquiera se molestó por esquivar su afrenta.
Pero…
POW!
– ¿Eh? – no todo salió como se esperaba…
El impacto era más que suficiente como mandar a una persona a volar a la par de partirle los huesos, siendo así que el villano estaba más que seguro de lograr matar al tipo al instante.
Pero, al momento del impacto…
– Te lo advertí… Defectuoso – dijo aquel uniformado tras ver cómo el villano ni siquiera logró mover ni una sola pulgada al hombre, mismo que parecía sí ser el líder de este curioso grupo, siendo así que lo único que logró aquel villano fue ensuciar y dañar ligeramente el uniforme que llevaba puesto.
Izuku, al igual que el hombre con la maleta, observaron como aquel tipo solo se ensució un poco, antes de tocar la zona manchada antes de tomar el lodo y quitárselo de encima antes de reírse un poco.
– Vaya que eres patético – dijo nuevamente aquel hombre, mientras que el resto de su pelotón ni siquiera se inmutaron ante el hecho, como si eso no fuese nada más que algo insignificante y sin valor. Sin embargo, el sujeto continuó – Sabés, planeaba dejarte con vida si te largabas de aquí… – se empieza quitar el casco, tirándolo al suelo – Pero ahora mismo…
Lo que ocurre a continuación confunde más a izuku, al mismo tiempo que le aterraba todo esto, viendo cómo aquel sujeto, a pocos segundos empezó a sufrir un cambio radical y totalmente bizarro.
Comenzando a mutar con su musculatura, viendo como placas de alguna especie de caparazón comenzaron a surgir de su piel mientras su uniforme y la ropa debajo de este se terminaron por desgarrarse hasta exponer todo su cuerpo. Su rostro, con facciones de un hombre caucásico, habían mutado drásticamente, pasando de un hombre medianamente atractivo a una criatura Humanoide con piel color arcilla.
– Estamos condenados… – dijo el hombre de la maleta, pero Izuku no podía hacerle caso.
Aquella cara que le recordó vagamente a un murciélago, con patas y brazos alargados de una forma anormal, pero, lo que más destacó es el como sus hombros llevan dos enormes esferas qué parecía tener forma cápsulas amorfas y biomecánicas.
Aquella transformación bien podría haber llegado a ser vista como normal por cualquiera, sin embargo, Izuku sentía que lo que estaba viendo era algo surreal. Algo en su mente y en sus entrañas le decía que aquello no era un Quirk mutante de tipo quiróptero, sino era otra cosa.
Algo que no debería existir…
– ¿Qué mierda son ustedes? – el villano de lodo retrocedió temeroso esta vez, dándose cuenta que tal vez, y solo tal vez, estos sujetos no eran ni de chiste una fuerza policial, mucho menos héroes y que ni siquiera eso que tenía enfrente fuera un quirk mutante o transformación que adopte una apariencia de algo que le hace ver poco demasiado intimidante.
No, él tenía el mismo sentimiento que Izuku.
Esa "cosa"... no era ni siquiera humano.
– Me llamo Vamore, Defectuoso…y los enviaré al mismísimo infierno – una de las cosas extrañas en su hombro empezó abrirse y a emitir una luz verde en lo que parecía ser una perla en el centro de esa cosa mientras el tal "Vamore" sonreía de forma siniestra y sádica – personalmente…
– ¿¡Qué mierd-!? –
– ¡Cuidado, niño! –
PEW!
KABOOM!
– ¡GAHHHHHHH! –
Izuku fue empujado bruscamente por el hombre de la maleta. Salvandolo de ser calcinado por aquel rayo de energía verde brillante que consumió directa y totalmente al villano de lodo, reduciendo toda su estructura hasta las cenizas.
Iluminado por la intensa luz, Izuku solo podía ver con horror a aquella masa de lodo ser desintegrada frente a sus ojos mientras el resto de uniformados, nuevamente, no se inmutaron ante el atroz y horripilante hecho que pasaba, literalmente, frente a sus ojos. Aunque tampoco se movieron de su posición inicial, como si fueran soldados a la espera de sus órdenes.
Sin embargo, y pese al shock por lo que acaba de presenciar, Izuku siente cómo es arrastrado por su brazo por el señor de la maleta sin comprender lo que pasaba, solo empezó correr detrás del hombre en el mismo lugar donde vino, aún con el impulso de la adrenalina del momento.
– ¿¡Qué fue lo que pasó, por qué lo mató!?, ¡Hay que buscar ayuda! – El pobre siente le invade el pánico al no entender prácticamente nada. Sin embargo, la lógica le dictaba buscar a algún héroe.
– ¡Olvidalo Niño! ¡Ningún Pro-Héroe, a menos que sea del top 10, nadie puede ganarle! –El hombre le dice sin voltear hacia atrás antes de caer al suelo por el dolor qué siente, pues, finalmente, la adrenalina había llegado a su límite
– ¡Señor! ¡¿Se encuentra bien!? – Izuku se inclina para supueselo
– Por supuesto que no, niño… – clama el hombre sujetando su costado izquierdo con un gesto de agonía.
Izuku, al ver al hombre, sintió un vértigo repentino antes de caer al suelo, mirando detrás suyo antes de ver el rastro de sangre por el callejón que había dejado mientras su pierna finalmente había sucumbido ante la lesión que tenía.
– ¡Rayos! – Izuku sintió la punzada en su pierna mientras levantaba lentamente su mirada, temeroso de ver a uno de esos sujetos bloqueado el callejón mientras otro corría a su costado antes de saltar de forma acrobática y bloquear la única salida para ambos, empezado a caminar el sujeto de detrás hacia ellos mientras hablaba con suma confianza y seguridad.
– No lo haga más difícil, Marmot. Tu alboroto ya nos costó muchos problemas, pero, a fin de cuentas, solo es un retraso menor, en nuestros… ¿Eh? – el sujeto se detiene al ver cómo el joven peliverde trataba de ponerse en pie, fallando notoriamente, sin embargo, su mirada, pese a estar presa del pánico, era férrea y determinada.
– No sé… lo que está pasado…pero – el joven Midoriya se apoyó contra la pared, el cuerpo le dolía como el infierno, tenía quién sabe cuántas heridas, una pierna rota y una contusión en la cabeza. Y aún así – no puedo quedarme… al márgen – tuvo el valor de levantar su puños en una parte defensa mientras se apoyaba sobre su única pierna. Dispuesto a enfrentar directamente al uniformado pese a su deplorable y pésimo estado.
Aunque, al final , por muy heróico que el chico se viera, el hombre uniformado, al verlo se echó a reír por lo irónica que era esta situación.
–¡Jajajaja,! ¡Oh, vaya!, sin dudas este mundo es muy pequeño – sus palabras hicieron efecto en Izuku, aunque esté no retrocedió – vaya que las coincidencias existen, ¿Sabes?
El peliverde, aún con miedo, mantuvo su postura mientras Marmot miraba a su derecha de reojo, esbozando un gesto de amargura, como si alguien le hubiera dicho una verdad más que incómoda, aunque nadie le prestó atención a eso.
– Debo darte crédito, bien eres o muy audaz o muy estúpido al quererme enfrentar en tu estado actual, chico – tardó un poco, pero el uniformado, al igual que su homólogo al otro lado del pasillo, se repusieron de la carcajada – pero creo que tienes suerte, y agallas, eso te lo aseguro.
Izuku no entendía el repentino cambio de actitud jovial del uniformado, sin embargo, este regresó a su actitud estoica inicial.
– sabes, los sujetos para quienes trabajamos están bastante interesados en los Quirkless como tú, muchacho – sus palabras hicieron que el peliverde abriera los ojos – pero vaya que tienes suerte, hubiera sido trágico si te hubieran matado allá atrás – lo que les dijo el sujeto tomó por sorpresa a Izuku, asustando al mismo mientras "Marmot" abría los ojos con terror, este niño…– Tal vez cuando todo esté desastre acabe puede que te recojamos de una vez…
– ¿Q-que? – Izuku no entendía nada, pero si le aterraba toda ésta situación, más al oír que sabían de él y…
– ¡Jamás! – Dice el señor, identificado como Marmot, que agarró a Izuku por el hombro para luego ponerlo detrás suyo antes de darle su maleta – ¡No dejaré que él experimente lo que yo pasé, lo que sufrí… lo que me hicieron! – al decir su ultimátum, los ojos del tal Marmot brillaron de un intenso color rojo mientras que su cuerpo se desgarraba lentamente, de forma muy similar al tipo murciélago de allá atrás.
Marmot empieza pasar un proceso similar y bizarro, pasando de ser un hombre mayor a una criatura humanoide deformada y grotesca, digna de una película de terror. Contando con los músculos expuestos apenas con algo de pelaje que cubre el resto de subcuerpo, con su cabeza aparentando tener el cráneo expuesto y deforme con colmillos sobresaliendo de sus prominentes fauces mientras la herida en su costado parecía sanar al instante, dejando solo una cicatriz de lo que parecía ser una herida fatal que hubiera acabado con cualquiera.
Izuku, al ver al hombre que trató de ayudarlo se convirtió en una cosa como la de antes, ahora deseas que toda esta locura fueras tan solo un mal sueño. Puede que él viva en un mundo donde lo que antes era extraordinario se volvió ordinario, pero, lo que estaba experimentado en este preciso momento, rayaba a lo surreal, más allá de lo que cualquiera pudiera haberse imaginado.
– ¡Niño! ¡Vete, huye de aquí y no pares! – El monstruo que solía ser un hombre, pasó a gritarle aquello. Pero, el peliverde, aún sin entender nada, sintió como sus piernas se movían solas, comenzando a alejarse de la zona, pasando de lado al hombre vestido de azul que estaba al otro lado del callejón. Mismo que tal vez le dejó huir a drede para luego encontrarlo, como si no fuese un problema para ellos.
– ¿En verdad crees que puede ganar con esa forma incompleta? – Indiferente ante la huida del joven Midoriya, el hombre al final del corredor empieza a quitarse el casco, comenzando así su propia transformación.
– ¡No necesito ganar, solo evitar que lo persigan! – Marmot se abalanzó sobre el sujeto, alzando sus brazos antes de dar un golpe doble descendente, solo para que ser agarrado por otro par de garras más grandes, escamosas y verdes.
El humano uniformado de antes pasó a ser un ser alto que supera los 3 metros de alto, adoptando la apariencia de un reptil con piel verde y con una serie de crestas en su espalda y cabeza como las de las iguanas. Aunque, pese a su escamosa piel, se notaba una musculatura más que marcada, inclinado hacia adelante su cuello grueso, el cuál se extiende al frente para ver cara a cara a Marmot, terminando con una mueca de sadismo en su fea y atemorizante cara, finalizado con un par de cuernos cuernos que apunta hacia el frente con dos gruesos y enormes tentáculos que crecen en la parte posterior de su cabeza hasta donde terminaba su enorme espalda, funcionando estás cosas como reguladores de equilibrio por su altura y tamaño.
– Tu resistencia antes me parecía divertida… – dijo la iguana mutante con sadismo antes de gritar de forma iracunda: – ¡Pero ahora es una molestia! –
¡CRUNCH! ¡SPLAT! ¡SCRATCH!
Sin esfuerzo alguno, el sujeto reptil terminó por aplastarle ambas manos a Marmot antes de arrancarle sin cuidado alguno ambos brazos.
–¡ARGHH!– gritó Marmot antes de caer de rodillas por el dolor y pérdida de sus dos extremidades, agonizando en el suelo mientras sangre roja brotaba de las heridas del pobre mientras el sujeto iguana tiraba ambos miembros lacerados al suelo como si fueran basura.
– Estúpido, nunca tuviste oportunidad contra mi, Gregole – Se proclamó a sí mismo el ahora identificado como Gregole, mirado al sujeto de prueba fallido agonizando a sus pies – De todos modos, tu días están contados debido a que el proceso estaba incompleto, a lo mucho te queda una semana de vida, jajaja – sin pena ni gloria más allá de la ironía, Gregole le dejo caer la bomba mientras se reía de lo inútil que fue todo esto.
– ¡¿Q-Que!? – por su parte, Marmot no quería creer que eso era verdad… Sin embargo, su mirada se mueve a un lado, dejando desconectado a Gregole y al otro uniformado – ¡¿Tu sabías que no lo iba lograr?! ¡Contesta maldita! –
– ¿Eh? ¿Con quién demonios hablas? – Gregole mira cómo Marmot, literalmente, le habla al aire, como si hubiera alguien a un lado suyo, confundiendo bastante al hombre lagarto mutante, ¿realmente el procedimiento le dejó tan mal?, tendrá que reportarlo con la doctora…
– ¡Gregole! ¡Deja de perder el tiempo y acaba de una vez! la Unidad se nos escapa – dice Vamore, caminando hacia ellos seguido por los demás agentes detrás suyo.
Marmot, desde el suelo enfrente de Gregole, repentinamente se levantó, poniéndose frente a ellos con una determinación similar a la del mocoso peliverde que huyó con la unidad.
– ¡No! ¡No dejaré que la recuperen, malditos! – Marmot, con la poca voluntad que le quedaba, se alzó dispuesto a todo. Puede que muera hoy o mañana, pero, si de algo estaba seguro, es que no puede dejar que la única oportunidad para detener a esa loca y sus planes caigan en sus manos nuevamente.
– ¡Ya me hartó! – Gregole y Varmor se ponen uno al lado del otro para matarlo de una vez por todas. así podrían buscar y recuperar la unidad junto con el otro niño quirkless devuelta la sede. Después de todo, él niño estaba entre sus próximos objetivos de esta semana y, en ese estado tan deplorable, no lograría llegar muy lejos.
Siendo así, ambos mutantes se abalanzan sobre el pobre Marmot, sin embargo, este último, sabiendo que esto era el todo o nada, abrió su boca antes de regurgitar un pedazo metálico de su garganta, tomado a todos desprevenidos antes de que el más alejado de la unidad espabile al observar aquel objeto y gritar…
– ¡Granada! – a la par que los más alejados de Marmot, Gregole y Varmor, retrocedieron lo más posible con el resto de la unidad antes de que todo fuera envuelto en un destello blanco. Escuchandose, por última vez, la voz de Marmot diciendo;
– ¡LOS VEO EN EL INFIERNO, BASTARDOS DE MIERDA! –
¡BOOOOOOOM!
Seguido de una explosión que dejó todo el lugar hecho una mierda, mientras la nube de humo se irguió por encima de los edificios, junto al estrépito estruendo que causó una destrucción tal que era imposible el pasar desapercibida por cualquiera.
Y Marmot, al final, lo sabía.
Tenía que correr.
Apenas y sabía lo que había pasado.
Sin embargo, y pese a todo pronóstico, Izuku se encontraba aferrado a esa maleta que aquel sujeto le había confiado.
Aunque aún teme por su vida.
Trató de ir lo más lejos que podía, pero el dolor en su pierna lo estaba matando, literal y figurativamente.
– Debo huir… debo de… –
BOOOOOOOM!
En un instante, el ruido de una explosión replicó con un gran estruendo, deteniéndose un momento para ver detrás suyo una enorme columna de humo surgir de la calle donde tuvo aquel fatídico encuentro.
Sin embargo, el joven peliverde ya había intuido los hechos de aquel funesto desenlace. Siendo así que apretó aquella maleta contra su pecho, ignorando la punzada en su costado donde las costillas rotas habían comenzado a inflamar la zona, ardiendo la misma ya sea por la infección de aquella zona o por la inflamación en sí.
Respirando pesadamente mientras trataba de evitar las arcadas en su garganta, Midoriya siente un desagradable sabor metálico en su boca, recargando su espalda contra el muro del callejón antes de sentir otro vértigo repentino.
Pero, aún así, el peliverde retomó su andar, logrado terminar en una calle más pública al llegar a la siguiente esquina, caminando en la acera mientras aún sostenía el maletín en contra de su pecho a la par que trataba de no caer ya que eso sería lo último que haga.
Aún con las heridas múltiples y la pérdida de sangre, varios transeúntes que pasaban a su lado lo ignoraban, ya sea por su estado deplorable, o bien por negligencia deliberada, aunque algunos le dieron una que otra segunda mirada, claro que con algo de sospecha, aunque siguieron de largo y, al final, nadie más se preocupó por él.
Cómo siempre.
Aún con la poca voluntad que alguna vez tuvo, Izuku, sorpresivamente, logró ver un callejón más adelante, entrando ahí de inmediato mientras iba dando a todo su alrededor una serie de miradas, esperando que ninguno de esos psicópatas lo encuentre. Ya de por sí era un milagro que siguiera con vida pese a todo lo que le había ocurrido.
Pese a no darse cuenta, el propio peliverde comenzó a verse extremadamente pálido mientras un frío comenzaba a apoderarse de su ser, mirando con suma cautela aquel contenedor de basura al fondo del pasillo, justo debajo de una escalera contra incendios, en un lugar sin ventana ni puertas. El lugar perfecto contra los curiosos y los no tan curiosos.
Dando los que tal vez serían sus últimos pasos, Izuku terminó por comenzar a quitarse su mochila antes de lanzarla al suelo mientras se arrastraba igual que un zombie de películas genérica antes de apoyarse en la pared detrás del contenedor para luego deslizarse hasta quedar sentado en el suelo, deja la maleta a un lado mientras trataba de no dormirse.
– ¡Cough! – Finalmente había pasado.
Izuku había terminado por escupir algo de su sangré por su boca, llevando su mano izquierda a dicha zona antes de mirar su palma ensangrentada. Sin embargo, y pese al funesto pronóstico de su destino acercándose rápidamente, el peliverde terminó por dejarse llevar por la ironía y, a sabiendas de todo, se echó a reír un poco.
– esto… no es bueno… – se dijo mientras miraba su palma antes de sonreír mientras la mitad de su rostro se cubrió, de forma irregular, de aquel líquido vital de color rojo para todos los humanos.
El choque aunque su bien lo salvó del villano del lodo, al final lo dejó con graves daños internos y una pierna fracturada qué empeoró aún más cuando tuvo que huir de aquella bizarra situación.
A todo esto… ¿Qué carajos fue lo que pasó allá atrás?
El peliverde pone su manos en ambos lados de su cabeza, tratando de entender la serie de eventos que había presenciado anteriormente, sin embargo, mientras más pensaba en ello, más y más tristeza le generaba todo.
Indeciso sobre sí lo que vivió fue o no algo real, Izuku comenzó a sentir lágrimas acumularse en sus ojos por el miedo, la angustia y la desesperación qué, ahora mismo, finalmente se habían apoderado de su ser.
Por más que él quisiera, no puede volver a casa si esas… "personas", sabían quién era, o al menos así le dió a entender aquel sujeto que parecía conocer su rostro al hablar de forma tan amena y elocuente, como si fuese alguien más empático con él de lo que cualquiera pudiera haber sido nunca. Quizás también podrían saber dónde vive o estar ya ahí mismo, esperándolo, o peor aún… que le hagan algo a su mamá.
– Basta, no te atormentes, no…. No – Izuku trató de alejar aquél último pensamiento, era demasiado cruel para ser verdad y él no quería imaginarse la peor situación posible. Aunque, puede que ésta sea la última vez que piense en su madre ahora mismo.
Y, aún así, la duda prevalece, incluso en sus últimos momentos.
– ¿Por qué pasó esto? – Es verdad lo que dijo aquel hombre, Marmot…¿los héroes no podrían ayudarlo aunque quisieran?
No, eso no era posible… ¿Verdad?
Es decir, los héroes se crearon para ayudar y proteger a otros, a los débiles, a los que no pueden defenderse. Existen para estar ahí cuando las cosas salen mal, para salvar el día y derrotar a los malos.
Ese era su propósito original… pero…
En su mente, inconscientemente, Izuku pensó en las probabilidades sobre lo que había pasado, y cada vez que lo pensaba aún más… más y más pensamientos funestos llegaban a su mente en forma de preguntas deplorables y pésimas que solo le hundían más y más en una debacle de ansiedad y miedo.
¿Había más de ellos? ¿Cómo cuántos? ¿Hay otros más fuertes de lo que vio? ¿Qué clase de habilidades poseen? ¿Eso siquiera es un Quirk? ¿Cuál es el límite de ese poder? ¿Por qué quieren a un quirkless como él? ¿Será para experimentar con él como en las películas de ciencia ficción? ¿Acaso quieren a más gente así? ¿Lo va perseguir? ¿Cuánta gente tienen para eso?…
¿Terminará acaso como ese hombre? Un "sujeto de pruebas fallido" que padeció el infierno mismo.
¿Podría siquiera escapar en caso que algo salga mal en uno de los experimentos de esa gente? De ser así ¿A dónde iría? ¿Quién le ayudaría? Es más ¿Alguien le creería sobre todo esto?
¿Alguien le escucharía?
.
.
.
¿A quién quiere engañar? Es obvio que no…
… No…
Nadie le ayudaría… menos en su situación actual.
Ni la policía, ni los héroes. Demonios, ni siquiera su propia madre podría hacer algo.
Estaba solo.
Sin nadie a quien acudir en este preciso momento.
Izuku solo quería llorar y gritar, hasta golpear algo en su desesperación, incluso implorar que se hubiera quedado dormido en clase o algo así y que todo esto era no más que una maldita pesadilla.
Pero no era así.
Incluso en sus últimos momentos, Izuku tuvo que admitir que Bakugou tenía razón… a pesar de todo, él tenía razón.
Izuku, por más que quisiera, no estaba hecho para ser un….
*Click*
Por reflejo, el peliverde trató de alejarse de aquél ruido al lado suyo, proveniente de aquel objeto que aquel hombre le había dado a custodiar. Rebuscando dentro de aquella maleta de viaje antes de notar una extraña luz verdosa y brillante, solo para encontrar un pequeño maletín plateado el cual parecía tener algo así como una especie de tablero para introducir un código de acceso.
Sin embargo, Izuku notó que el pequeño maletín estaba abierto de dónde aquella especie de brillo verde provenía, iluminando su pálido rostro mientras apreciaba aquél misterioso objeto.
Llevado por la curiosidad, tomó aquel maletín abierto, viendo con atención cómo estaba algo golpeado y maltratado, tal vez como resultado de ser dañado durante la huida de aquel hombre de esos tipos.
Si bien Izuku, como todo japonés, debía devolver cualquier objeto robado o pérdido, en este punto ya eso era irrelevante, por lo qué, sabiendo que hacer esto era más que una mala y pésima idea, Izuku dejó que su curiosidad le guíe en estos momentos, completamente decidido a averiguar porque tanto aquel señor como los sujetos querían recuperar está cosa.
Con las manos temblorosas y heladas, producto del shock y del desangramiento interno así como de su pierna, Izuku abrió aquel maletín, impulsado por su curiosidad, miró dentro del mismo y, levemente cegado por el resplandor de antes, logró divisar algo metálico verde y brillante dentro de una especie de espuma suave y traslúcida dentro del maletín solo para encontrar un extraño objeto de forma triangular con placas y con un pequeño círculo plateado en el centro de este, sobre aquella espuma la cuál contenía una especie de luz que era la responsable de aquel brillo verdoso iridiscente.
– ¿Qué es está cosa? – Llevado en este punto por algo más que sólo su curiosidad, Izuku pasó su mano por sobre aquella cosa triangular qué, a pesar su apariencia metálica, era algo blanda y rígida, como una especie de plástico o polímero, sin embargo, en su afán, tocó la medalla del centro por un desliz con su dedo índice.
WIPIT!
– ¡EH! – Solo para que esta misma se "abriera", liberando unos tendones verdosos que le atraparon ambos brazos, comenzando estos a dolerle tanto o más que la pierna – ¡AHHHHHH!
Observando con terror cómo estás cosas se envolvían alrededor de sus antebrazos antes de que estos parecieran entrar por debajo de su piel de forma horripilante, comenzando a abrir enormes laceraciones sobre la piel hasta llegar a sus huesos mientras sus músculos eran desgarrados por esta cosas, comenzando a reformar y hacer lo mismo lentamente con todo su cuerpo, comenzando a subir por sus bíceps hasta sentir cómo esta cosa llegó hasta su torso, sentía quería vomitar pero no podía, sintiendo como ésta alimaña parecía estar asimilando su cuerpo.
Mientras Izuku comenzaba a agonizar por el dolor y la sensación de ser comido vivo, sintió como, en el centro de todo esos tendones, estaba aquella medalla plateada la cuál, tras dejar salir esa masa verde que comenzó a envolverlo, voló directamente hasta la frente de Izuku, quién siente cómo esta cosa comenzó a enterrarse debajo de su piel, perforando y atravesando su cráneo por completó hasta sentir cómo está echaba "raíces" en su cerebro para luego comenzar a ser encerrado por completo en una especie de capullo qué empieza tomar forma justo detrás de aquel contenedor donde trataba de ocultarse.
Dejando como único vestigio aquel camino de sangre y su única mochila amarilla que siempre cargaba consigo como prueba de que Izuku Midoriya estuvo ahí antes de ser una especie de capullo gigante el cual, internamente, comenzó a pulsar internamente.
Todo, mientras la lluvia comenzó a caer alrededor, borrando las líneas de sangre que llevaban hasta detrás del contenedor… aunque…
– Vaya, vaya, creo que esto puede ser un poco inconveniente…pero estamos contra reloj así que… a ver qué pasa –
La extraña entidad a la que Marmot le hablaba mira cómo es que ocurrió un "pequeño imprevisto" en su misión. Pero, ahora mismo, encontró a un… reemplazo nuevo.
Se estaba volviendo muy viejo para este trabajo, en serio.
Mientras trataba de detener a ese ladrón de lodo en una persecución que le llevó a las alcantarillas, sin embargo, tomó la ruta equivocada por error y trató de volver lo más rápido que pudo, sin embargo, esos 10 minutos eran fatales en su profesión.
Cuando logró encontrar el rastro del vil canalla, salió de la alcantarilla y por un segundo pensó que había llegado tarde.
Pero no pensó que sería mucho peor de lo que pensaba…
– Santas Vacas… – fue lo que atinó a decir al ver la imagen frente suyo.
Un escenario más que funesto.
– ¿Tan peligroso era ese villano? – se preguntó al ver todo el caos que se dió en menos de 10 minutos.
Aunque, más bien, la pregunta correcta sería: ¿realmente un quirk de lodo pudo haber hecho eso?
Un auto volcado en llamas, posiblemente de un civil que trató de escapar de él, eso sí es que fuera posible dada la agilidad y velocidad de ese villano.
Pero algo en este caso no cuadraba.
Se agachó para ver las marcas en el suelo, los neumáticos claramente venían de dentro del túnel y no al contrario. Notando algo más que le llamó la atención muy cerca de donde estaba.
El suelo carbonizado junto a un rastro de un rayo, alguien tal vez intentó defenderse, sin embargo, el rastro estaba demasiado lejos del auto. Demasiado si uno se fija bien.
Entonces miró el rastro de sangre, uno que compartía con las huellas de alguien pequeño, un niño tal vez dada la talla. Yendo en dirección a un callejón más al fondo. Tal vez huyendo de alguien.
Pero… ¿De quién?
Sin embargo, algo llamó la atención del héroe, algo qué estaba más allá de la calle, derribó toda sus suposiciones y conjeturas que tenía hasta ahora con lo poco que tenía.
Siguiendo el rastro de sangre, el héroe notó el calor excesivo dentro del callejón junto al hedor penetrante de poliuretano de explosivos junto a la carne calcinada. Divisando entre el humo y la ceniza un cráter de una explosión, aún ardiendo alrededor del borde, con algo ahí dentro que aún se encontraba con las brasas encendidas.
Eran los resto de un cuerpo, adulto, sin las extremidades superiores, de alguien con un quirk tipo mutante… o eso creía, era más que difícil cuando también le falta parte del torso superior como la cabeza y parte de las clavículas. Divisando entre varios escenarios hipotéticos lo que sea que había pasado aquí. Sin embargo, también notó algo más dentro del callejón.
Explorado más también encontró marcas de algo siendo arrastrado hasta donde había restos de llantas que no eran del auto anterior.
Algo muy grande.
El héroe no era del tipo detective, claro está, pero, debido a lo que encontró, debió ser un vehículo pesado, tal vez un camión dado el tipo de marcas de las ruedas que encontró en el asfalto. Eran exclusivas para vehículos de carga, de eso estaba seguro.
Pero aún no tenía nada claro.
Normalmente llamaría a la policía cuánto antes, pero al escuchar las sirenas a la distancia, no lo veía necesario. Después de todo, tal vez media ciudad escuchó la explosión.
Se agarró el costado izquierdo, sintiendo aquel dolor fantasma que le daba siempre que tenía un mal presentimiento, tan acostumbrado estaba a tener este dolor sobre esa cicatriz que solo se redujo usarlo cuando ocurrían cosas como ésta.
No puede evitarlo, menos cuando hay un gran riesgo.
Claro, se tomó su tiempo para al fin tratar con sus viejas heridas de aquel entonces, sin embargo, no era momento para rememorar esos viejos recuerdos.
Escuchando un sonido en el cielo, él levantó su cabeza arriba, dirigiendo su mirada ante aquella presencia que, tras un aleteo, agitó el aire lo suficiente antes de aterrizar en aquella pose cliché de héroe. Extendiendo sus alas cubiertas de plumas de colores reflectantes, dando un efecto tornasol muy hermoso con el sol de la tarde.
Sin embargo, el héroe notó como la joven alada, de tez azul y cabello de arcoiris en corte Mohawk, vestida en su traje que emulaba la armadura de una Valquiria, sonrió de forma algo petulante, pero amistosa en cierto modo.
– All Might… – dijo ella mientras avanzaba sobre la acera con el sonido de sus cascos de equino que tenía por pies mientras daba una mirada alrededor, silbando impresionada por cómo todo esto se veía. Era literalmente un desastre – vaya que sabes cómo dejar marca.
– Rainbow Hooves… – el imponente héroe rubio, vestido con una remera blanca, manchada por los residuos de la alcantarilla, junto a unos pantalones de cargo verdes igual de sucios que sus botas marrones, miraba a la joven enmascarada con un gesto de amargura, más por el hecho de ser señalado como el responsable de este peculiar escenario.
– oye, oye, no me mires así, "Senpai" – la joven heroína, de voz carrasposa y nada femenina, alzó las manos en señal de defensa antes de ponerlas sobre sus caderas – intuí que te habías encargado de la situación, eso es todo.
– Lamento mucho si te decepcioné, pero ya estaba así antes de que llegara – miró los restos detrás suyo antes de que la joven heroína diera una mirada de curiosidad nada discreta, sorprendida por el cómo había alguien que, aparentemente, recibió una explosión de frente.
– Probablemente sea algún ajuste entre pandillas rivales – la heroína alada dejó atrás su personalidad petulante y adquirió la seriedad necesaria para el momento – últimamente la zona se ha visto afectada con el contrabando de Trigger. Sin mencionar a ese grupito de mocosos que juegan al superhéroe por esta parte de la ciudad.
– ¿Realmente crees que todo esto fue obra de simples jóvenes delincuentes de poca monta? – el héroe número uno del top 10 del país miró más que escéptico a la novata, quién simplemente miró con mayor detalle la zona.
– No, esto es más profesional… militar me atrevo a decir – dijo la equina alada mientras su mirada se volvía más analítica – obviamente alguien aquí se llevó parte de la evidencia.
– es otra forma de decir que limpiaron su rastro – All Might se acuclilló y miró las marcas del segundo vehículo, y cómo estás desaparecieron pocos metros más adelante, como si no pudieran rastrearse.
– ¿Qué te hace pensar que fueron más de uno? – la joven heroína miró al héroe erguirse de nuevo mientras este miraba nuevamente al auto. Notando otro rastro de sangre de ahí mismo.
– Porque alguien más estaba aquí – las sirenas estaban más cerca hasta qué, finalmente, arribaron policías y personal de seguridad pública a la escena.
– Vaya, esto será una larga noche – All Might miró con duda a la heroína novata, mientras ella sonreía de forma algo descarada – ¿Qué? Ni creas que te dejaré toda la diversión.
All Might suspiró mientras ella se dirigía, con ambas manos entrelazadas detrás de su nuca, hacía el primer oficial que había llegado para luego observar al resto del personal comenzando a cercar el área mientras esperaban al peritaje necesario.
Sin embargo, el héroe alzó y abrió su mano izquierda, notando algo que había en la escena y que le preocupaba bastante.
Un llavero, uno de edición especial de él mismo el cual estaba manchado de sangre.
Algo digno de un fan suyo.
– hubo un niño aquí – de eso no había duda.
Sin embargo, Yagi Toshinori solo esperaba que aquel niño estuviera bien, de lo contrario, no se sentiría digno de llamarse héroe.
Sin más, él se dirigió con el responsable de la situación, listo para declarar y ayudar con la investigación.
Sí hubo algún niño aquí, quién sabe qué querían o harían los sujetos que estaban aquí.
Sí es que hicieron algo, claro. Ese dolor en su costado no se iría tan fácilmente.
Tiempo después, en otra parte.
PAM!
– ¡¿Cómo que perdieron la Unidad Cuántica?! – espetó él tras golpear su escritorio al oír la noticia de sus inútiles esbirros.
– Marmot nos tomo la guardia baja, señor, él tenía una bom-... –
– ¡No me importa lo que tenía un muerto, idiota! ¡Todos ustedes tenían un trabajo! ¡Uno solo! – espetó de forma enérgica – ¡Ya es bastante malo que el sistema esté jodido por un maldito virus que ha estado corrompiendo todos los datos! ¡¿Y ahora me dicen qué dejaron que un mocoso huyera con la Unidad?! – Toma una profunda respiración antes de seguir gritando – ¡Los de arriba no estarán contentos por este acontecimiento! ¡Uno de ellos viene en camino, carajo!
Al oír aquello, todos los uniformados presentes en la sala temblaron al sentir un escalofrío en su espalda mientras su jefe despotricaba todo aquello con el escuadrón de búsqueda.
– Varias cabezas rodaran, literalmente, así qué, ¡O recuperan la maldita unidad Cuántica para ayer, o piensen quien de ustedes, inútiles, tomará la responsabilidad por dejar que un niño se les escape de las manos! – cuelga con fuerza el teléfono antes de masajear sus párpados, exasperado por esta situación.
El no puede fallar, no en este momento. Trabajo duro para llegar en esta posición y no lo dice por broma. Literalmente tuvo que pelear con uñas y dientes para lograr llegar aquí y no va a dejar que un grupo de inútiles incompetentes arruinen todo lo que ha logrado por dejar escapar a un mocoso cualquiera.
Puede que la sociedad basada en Héroes y puede llegar a ser bastante lucrativa en especial en esta Era con la tecnología de soporte. Pero está misma sociedad tiene los días contado y se arriesgó a unirse a los ganadores, pese que no se tomaban para nada bien los fracasos o los cabos sueltos. Así que no perderá todo lo que trabajo solo por un quirkless cualquiera que estaba en el lugar y hora más inoportunos posibles.
Si fuera por él, ordenaría a los estúpidos que arranquen la unidad de sus frías manos. Pero esa maldita perra engreída lo mataría, literalmente, si se enterará de ello.
Corregiré.
Primero lo tiraría en la Tina de Procesamiento, convirtiéndose en un Zoanoid experimental viendo cual sería los efectos en su cuerpo y, dependiendo de ello, experietado con él hasta que tire lo que queda de su pobre cadáver al campo o muera por algún defecto de la inestabilidad genética. O lo que pase primero.
Y no estaba dispuesto a correr ese riesgo.
Tomó nuevamente el teléfono antes de oprimir un botón de marcación rápida, esperando a que respondan al otro lado de la línea. Lo cual no duró mucho tiempo antes de que alguien tomara la llamada.
– ¿Qué quieres? – habló una voz claramente modificada.
– Tengo un trabajo para ti, querida, verás… – comenzó a explicar los detalles de la situación. Sin embargo…
– No… – fue la respuesta que obtuvo.
– ¡Por favor, mi cabeza está en juego! – gritó, desesperado. Mientras la voz reía al otro lado de la línea.
– Ese fue tú error, estúpido – le dijo – sabías que jugabas con fuego y perdiste, es tu problema.
La llamada se cortó, dejando al tipo más que alterado antes de suspirar resignado al ver qué la maldita perra de hojalata no le ayudaría ésta vez.
Ahora solo quedaba esperar a que esos tarados regresen con la Unidad, o él y todos los que le siguen caerán.
Y no será más que el principio del fin para todos ellos.
– ¡AHHHHHH! – gritó repentinamente antes de levantarse del suelo. Respirando pesadamente, sudaba y sentía que le faltaba aire.
Trataba de controlarse, creyendo que todo fue una pesadilla, que todo fue una alucinación suya, tal vez fue afectado por un Quirk mental o ilusorio, quizás uno de clase hipnosis.
Tristemente, él terminó despertando en el mismo callejón de antes, ya era de noche y algunas ratas parecen hurgar en su mochila a pocos metros de dónde estaba, mirando con horror el rastro de sangre que daba hasta él.
Era su sangre.
Eso no fue, ni de lejos, un sueño nada más.
Fue real.
– dios… no… – trató de levantarse, sin embargo, notó algo en sus manos – espera, qué demonios…
Su cuerpo parece estar cubierto por algo, levantado su brazo derecho pudo ver que alguna especie de traje o armadura verde le cubría desde los dedos hasta el hombro, notando en este algo así como un material similar al metal cubriendo el mismo.
– esto es… ¿Un traje? – se tomó del pecho, notado que este estaba cubierto por una especie de coraza verde, al igual que el resto de su cuerpo.
Prácticamente todo su cuerpo estaba recubierto por una especie de armadura.
– pero… ¿Cómo? – moviendo los dedos de sus manos, Izuku sentía que no tenía nada encima, sin embargo, pasó las mismas en todo su cuerpo blindado, sintiendo entonces aquella extraña textura.
Era una especie de fusión entre la dureza de una armadura y la tela más cómoda del mundo, era simplemente bizarro.
Y eso no era lo más extraño.
El dolor de su pierna…
De inmediato, Izuku revisó su pierna izquierda, se suponía que estaba rota y prácticamente colgaba de debajo de la rodilla. Tenía además una herida expuesta en el muslo de la cuál estaba sangrando. Es más, la pérdida de sangre debió haberlo matado hace tiempo.
– Imposible… – sin embargo, la misma extremidad estaba prácticamente ilesa y sana… o al menos eso parecía debajo de la armadura que le cubría.
No solo eso, el dolor debajo de sus costillas ya no estaba, ni las punzadas en su cabeza debido al trauma de su cráneo.
Es como si… hubiera sido sanado al borde de la muerte. Milagrosamente de hecho.
– Yo… debería estar muerto – el desangramiento interno y las heridas que tenían, más el sobre uso de su cuerpo en esas condiciones debieron ser más que suficientes para acabar con él.
Sin embargo, Izuku recordó entonces aquello.
La caja.
Revisó a su alrededor pero no había rastro de ella, sin embargo, recuerda de forma horrible aquella sensación en sus brazos así como la de aquella medalla perforando su cabeza por la frente.
Será posible que… sí, con todo lo que había pasado, era más que posible que…
– esa cosa lo hizo, pero… – le había salvado de la muerte y curado todas sus heridas.
Sin embargo, lo que sea que hizo esa cosa fue más que suficiente para que incluso aquel dolor fatal que se supone que debería de haber ya no esté. De hecho, incluso se siente un poco más ligero pese llevar está… cosa puesta.
– es… es un milagro – riendo mientras se siente mejor, más ligero… renovado incluso podría decir.
Pero, a pesar de que se sentía muy agradecido por seguir en este mundo, otra pregunta plagó su mente al instante.
¿Qué fue lo que le hizo esa cosa?
– No veo como… ¡Ah! – Repentinamente, y tras decir aquellas palabras, su cabeza es asaltada por imágenes sin sentido…¿de su entorno? – ¡¿Qué?! ¡¿Qué es todo esto?!
Era como ver una especie de mapa 3D de videojuego combinado con distintos ángulos de cámaras en combinación con diversos tipos de visión. Visión nocturna, visión tridimensional, visión térmica, visión normal e incluso visión de perspectiva de primera persona, todo eso terminó directo en su cerebro que se alternaban entre sí, incluso podía ver firmas de energía dentro de los edificios a su alrededor.
– ¡No! ¡No! – Asustado, por no decir prácticamente aterrado por todo esto, Izuku trató de cerrar los ojos, sin embargo, las imágenes aún seguían en su cabeza y no podía entender nada de esto.
Podía ver todo, veía a las personas, veía los letreros, las calles, todo, incluso sonidos y olores comenzaron a llegar a su nariz y oídos. Era abrumador, era demasiado para él.
– ¡Basta, por favor! ¡Basta! – los sonidos, las imágenes, los aromas, todo era demasiado, era tal que… – ¡Ya para! ¡Detente!
Silencio.
Oscuridad.
Y llanto.
Al decir aquello, todo se volvió oscuro y no había ningún otro ruido más que el de su respiración agitada, ningún otro aroma más que el de la basura al lado suyo dentro del contenedor.
Abrió lentamente los ojos y observó el callejón oscuro nuevamente, mientras las ratas huían de su mochila.
– ¿Qué… qué me está pasando? – Izuku veía con terror sus manos mientras temblaba de miedo, esa había sido una experiencia más que traumática para él.
¿Qué carajos fue lo que le hizo esa cosa?
Ellos lo llamaron Unidad… ¿Unidad Cuántica? Así era. Pero…
¿Qué le hizo la unidad a su cuerpo?
Acaso… ¿Le otorgó un quirk?
La idea de por sí ya era descabellada, que un artefacto te diera un Don era digno de una película de ficción, algo irreal y surreal, por no decir imposible e improbable.
Pero entonces… los monstruos que vio hace apenas unas horas, Varmor, Gregole… incluso el señor…Marmot.
No, esto no es un Quirk, definitivamente no lo era.
Era… otra cosa.
Sin embargo, aquellos sujetos querían está cosa, y ahora que él la tiene… van a buscarla.
Van a volver por él y recuperarla a como dé lugar.
La ansiedad y el pánico lo invadieron de nuevo, pero, al segundo siguiente, se siente… calmado.
Extremadamente calmado.
Y eso le aterraba.
– debo irme… mamá, ella debe de estar preocupada por… –
WINCH!
Al apoyar su mano en el borde del contenedor, Izuku sintió como si sosteniera papel aluminio en su mano.
Temeroso, volteó lentamente antes de fijar su mirada en dicha zona y notó como, literalmente, había doblado el borde del contenedor de tal forma que había dejado su mano izquierda prácticamente marcada.
– Ok… no lo esperaba – soltó aquel borde antes de retroceder lentamente.
¿Podría ser…?
Bueno, nada se pierde con intentar ¿Verdad?
Él se puso frente del contenedor para intentar levantarlo, era la mejor idea antes que golpear una pared y sentirse mal luego por ello.
– ok, veamos… – Se puso en posición antes de bajar sobre su rodilla, con ambas manos debajo del contenedor, ajustando su postura antes de intentar levantarlo lentamente – Bien, ahora, a las tres… una… dos…
MEW!
– ¡AH! –
WHOOSH!
.
.
.
CLANK!
GAGAGAGAGAGAGA!
– ¡¿Pero qué carajos?! –
– ¡¿Qué fue eso?! –
– ¡¿Un villano?! –
– ¡¿Cayó del cielo?! –
Fue el sonido de muchas personas en la calle mientras gritaban al ver un contenedor caer, literalmente, en medio de la calle.
Claro, la gente no entraría en pánico solo por ver un contenedor de basura caer en medio de la carretera por haberlo arrojado de espaldas por error. No, claro que no. Ni que esto fuera lo más normal del mundo. Es decir, no es como si esto fuese una película, un cómic o algo así, ¿Verdad?
– … creo que probar golpear la pared hubiera sido mejor – se dijo antes de ver, de reojo, al culpable de aquella situación.
Un pequeño gato aferrado a su mochila mientras trataba de perseguir a una rata antes de ver cómo esta huía al otro lado del callejón, dejando al gatito en la mochila.
– Tú… – Izuku miró al gatito, notando que este no tenía una pata delantera, la izquierda de hecho. Era de color marrón claro en la espalda con pelaje blanco en la barriga y las otras tres patas. Con un pequeño rombo naranja en la espalda.
Era lindo, pero, en cierto modo, le recordaba a una tostada con mantequilla.
– ¿Y tú de dónde vienes, amiguito? – Izuku se agachó antes de ver cómo el pequeño peludo estaba sucio, parecía tener garrapatas y tenía ojos verdes.
Sin embargo, el minino era claramente un bebé, de menos de un año por como luce. Acariciando al pequeño bribón a quien pareció agradarle el pequeño gesto.
– Sabes, causas muchos problemas… – miró su mano enguantada y dejó de acariciar al pequeño gatito – … igual que yo…
WHEEEW, WHEEEW!
– Oh-huh – volteó al oír el sonido de las sirenas, interrumpiendo su momento reflexivo. Estaban bastante cerca, y eso solo significa una sola cosa: – debo irme…
Ignorando como el pequeño minino bribón se había metido en su mochila cuando no se dió cuenta, Izuku agarró la misma antes de cerrarla y colgarla en su espalda, era hora de desaparecer de aquí antes de que siquiera pueda resolver su nuevo problema.
Además, ¿Cómo se quita ésta cosa? Estaba ajustado de la entrepierna.
Bueno, ese será problema para más adelante, por ahora ya probó tener superfuerza, y supo cuán fuerte es en el proceso. Claro, actualmente tiene una especie de armadura experimental por todo su cuerpo, presenció un homicidio y unos lunáticos misteriosos de una misteriosa y malvada organización le persiguen.
Sep, suficiente por hoy.
Sin embargo, debía probar una última cosa. La idea más descabellada de su vida, de hecho.
– Solo no te caigas, solo no te caigas, – se decía a sí mismo una y otra vez mientras se ponía de cuclillas unas cuantas veces antes de tomar valor y, al instante, saltó. Tan alto que llegó hasta más arriba de los edificios de seis pisos, mirando a toda la ciudad.
La noche, las luces, todo se veía hermoso, era…
– increíble… – Izuku Midoriya, quién anteriormente era un quirkless, sintió cómo comenzó a bajar lentamente, luego más rápido…
THOOM!
Hasta qué, finalmente, aterrizó donde quería.
– ¡Sí! – tras aterrizar de cuclillas con precisión, Izuku se acercó al borde de la cornisa y, al mirar al callejón, notó que el suelo, justo donde estaba parado antes de llegar al techo del edificio, se había quebrado – … Rayos.
Pese a haberlo hecho con suma facilidad, Izuku se sintió mal por destruir propiedad pública. Sin embargo, tenía que apresurarse, por lo que empezando a hacer una rutina de corredor, se preparó antes de correr por todo el techo, comenzando a marchar y, al momento de acelerar, justo cerca del borde.
Saltó.
Izuku saltó tan alto qué, al final, no pudo resistirlo.
– ¡WOOOOOOO–HOOOOOOO! – gritando de emoción en medio de su salto, el ahora peliverde enmascarado aterrizó con tal facilidad sobre el techo de otro edificio que siguió con su carrera, corriendo por el techo hasta repetir la acción otra vez.
Ignorando a su pequeño polizón en su mochila, Izuku iba por los techos, saltando y alejándose lo más posible de aquella ruta que siempre usaba para llegar a casa, mientras se hacía más y más tarde.
Ignorando deliberadamente aquel sentimiento de preocupación para con su madre. O incluso para consigo mismo.
Ya que ahora mismo… no había lugar para él en casa.
Ni siquiera sabe si puede tener casa.
Momentos antes…
Un camión pasaba por una calle antes de adentrarse en un estacionamiento particular, siguiendo la ruta interna dentro de este antes de salir a la calle contigua con relativa velocidad promedio, evitando llamar la atención y levantar sospechas. Siguiendo la posible ruta que el mocoso pudo haber usado para escapar.
Dentro, estaban los perseguidores del fallecido sujeto de prueba y alborotador conocido como Marmot mientras uno de ellos colgaba la llamada con su jefe.
– Tsk, ese maldito gordinflón… – uno de los Agentes que tuvo que reportar su situación actual tuvo que guardar su teléfono – ¿Como están el capitán y Gregole? – preguntó a sus otros agentes que trataban a los heridos.
– El último movimiento de Marmot nos tomó a todos con la guardia baja, aunque no logró matar a nadie, sí que hizo un escándalo – reportó otro de los sujetos, revisando una radio con unos audífonos especiales – Hay héroes y policías por toda la zona, y ni hay rastro de la unidad.
Tras rascarse la cabeza por la nueva información, fijó su mirada a los 2 mencionados al fondo de la unidad, aun en su extrañas formas, viendo como las heridas por la metralla y las quemaduras sanaban poco a poco, pero a mayor velocidad que cualquier humano promedio. Incluso mejor que un Quirk de tipo regeneración.
– Sé que está por aquí, ¡Podría apostarlo! – Llevaban casi dos horas tratando de encontrar a ese niño y a la unidad Cuántica, sin embargo, el resto de "Desperdicios" de la policía y los civiles hacían que su misión fuese más complicada. Más con héroes profesionales rondando la zona tras la pequeña bromita de la sabandija de Marmot.
No podían arriesgarse, ya llamaron suficiente la atención con esa explosión de ese inútil remedo de estúpido que era Marmot. Y ahora, con su jefe presionando por encontrar la Unidad Cuántica, no tenían mucho tiempo.
Menos al saber que uno de sus superiores iría a la base.
Uno de los otros uniformados que atendía a Gregole habló diciendo:
– dentro de poco se recuperarán, continuaremos con… –
CLANK!
GAGAGAGAGAGAGA!
Sin embargo, y repentinamente, fue interrumpida cuando el camión tiembla tras derrapar de forma horrible sobre la calle.
–¡Mierda, ¿Pero qué carajos te pasa, imbécil?! – le grita uno del comando al conductor.
–¡No me culpes a mi! ¡Literalmente acaba de aparecer un maldito contenedor de basura en medio de la carretera! – espetó este antes de que todos guardarán silencio.
– ...¿Que? –
BEEB, BEEB, BEEB!
– ¡Oigan! El sensor detectó la unidad muy cerca de nosotros – advirtió el sujeto de la radio con un dispositivo similar a una tablet.
– ...¿Como? – Gregole miró con sorpresa al sujeto que dijo eso.
– ¡Pues acelera de una puta vez! – Gritó Vamore ya más recuperado y nada contento al ver que sus hombres pierden el tiempo en ésta situación crítica – SI los altos mandos se enteran de todo esto será un martirio para nosotros, no solo eso, ¡Sería una vergüenza imborrable en todo el cuartel si se enteran que perdimos la Unidad a manos de un niño quirkless! ¡Así que andando!
– ¡De inmediato, capitán! – siguiendo las órdenes de su superior, el camión dió la vuelta, dejado la conmoción atrás para perseguir a su objetivo.
Debían capturarlo… y rápido.
Su vida estaba arruinada.
Y no se refería de forma metafórica, poética ni de ninguna otra clase de expresión lírica o social.
Literalmente, su vida estaba arruinada.
Izuku era un simple chico de 14 años, no era nadie prácticamente. Claro, no destacaba más allá de ser un quirkless, uno de los pocos que quedan en el planeta.
De ahí en más, era alguien promedio. Sus calificaciones no eran algo destacables, pero sí sobresalientes. No era alguien extremadamente atlético o fuerte, aunque sí soportaba las clases de educación física, salvo cuando le hacían la "bromita" con su ropa. Era más bien un nerd enclenque con el cuál todo el mundo se metía desde el jardín de infantes.
Todo gracias a Katsuki Bakugou.
Desde los cuatro años era más que común que los niños desarrollen vestigios de su Quirk, aunque hay algunos casos llamados "Despertar Temprano", donde en plena gestación de los infantes en el vientre manifiestan sus Quirks a los siete meses. Aunque también había los "Despertares Tardíos", donde niños entre los 10 y los 13 años manifestaban sus Quirks debido a la pubertad en la adolescencia.
Obviamente que ninguno de los anteriores casos era Izuku.
No, desafortunadamente, el joven quirkless de la familia Midoriya terminó por pertenecer a la minoría global que, literalmente, carecía de poder alguno.
En promedio, el 20% de la población mundial pertenece a esta minoría, la cuál va disminuyendo gradualmente año con año.
Pero, obviamente, no significa que eso sea algo bueno, al menos no en su situación actual.
Es decir, menos cuando, literalmente, entraste en una especie de película o cómic de ciencia ficción donde una organización malvada te comienza a perseguir por encontrar "aleatoriamente", nótese el sarcasmo, alguna especie de artefacto alienígena, mágico, místico o lo que sea; y termines usando solo para descubrir que ahora tu vida y todos a los que amas ahora están en peligro debido a que ahora, como tienes ésta cosa bizarra, tienes que huir para evitar que la gente a tu alrededor sufra por las consecuencias de tener algo así de poderoso en tus manos.
Pero qué cliché.
Sin embargo, Izuku había visto el suficiente material audiovisual para saber qué, de ahora en adelante, su vida y todo lo que conocía ya no existe más.
Prueba de ello es que ahora mismo está huyendo de la ciudad y se encuentra cerca de la prefectura de Xando, muy cerca de las afueras de Musufatu, al otro lado de la zona residencial, donde debería estar ahora mismo haciendo la tarea y no saltando de techo en techo para evitar que su madre se vea involucrada en esta horrible situación.
Sin embargo, Izuku sabía que no tenía de otra. Es decir, esos sujetos de antes tenían la capacidad bélica necesaria para ponerse a la par de un héroe profesional promedio, si no es que como dijo Marmot, a la de un miembro del top 10 como mínimo.
Siendo así, lo que menos quiere es que su madre quedé en medio de toda esta situación. Solo esperaba que ahora mismo le perdone por hacer esta locura.
Izuku no era del tipo rebelde que no llegaba a casa ni que tampoco se negaba a responder a ninguno de sus superiores. De hecho, era muy buena persona.
Por lo que no se sorprendería si ella ahora mismo se encuentra llamando a la policía para reportar que él estuviera desaparecido. Mucho menos que ahora mismo esté llorando a mares, inundando la casa.
Esto claramente le dolía a Izuku, pero vio como uno de esos sujetos mató a un villano sin el menor remordimiento, no iba a dejar que se acerquen a su madre.
– es lo último que quiero – si conocían su rostro definitivamente también sabrían todo sobre él, su dirección, su teléfono, sus familiares, todo. Nada estaba excento en este punto. Sin embargo, sabía que sí ellos encontraron al tal Marmot fácilmente antes, también tendrían la capacidad para encontrarlo a él.
Y, sinceramente, no quería más problemas esta noche.
– Debo apresurarme y dejar la ciudad – se dijo antes de aterrizar en el tejado de un edificio de tiendas mientras miraba a la estación Xando, la cuál conectaba con el Shinkasen, el cuál sale a medianoche en dirección a Tokio dada su experiencia en el transporte público cuando iba a las convenciones de héroes en Akiba – tengo cerca de 4 horas hasta entonces, mientras tanto…
Izuku debía resolver el nuevo problema que tenía enfrente…
– ¿Cómo rayos me quito está cosa? – miró su cuerpo completo cerca de una ventana de oficinas abandonadas, la cuál, gracias a su filtro polarizado, permitió ver mejor la armadura tipo traje que ahora le cubría el cuerpo por completo.
Tenía un traje por completo negro de lo que parecía ser un peto de color plateado con un collarín y un par de hombreras del mismo color, aunque había una placa verde en la zona de la garganta. Usaba rodilleras y musleras ceñidas de una especie de pseudo armadura combinada con tejido de color verde olivo, mismo material que también se presentaba en la entrepierna y con algo a ambos lados de la cadera que parecen ser bolsillos.
En la zona del vientre y en los bíceps también había el mismo material con unos guanteletes de color plata con la zona del codo más abultada en forma de aleta con unas muñequeras que sobresalen con lo que parecía ser una especie de pantallas como las de los viejos relojes inteligentes. Sin embargo, en la zona del dorso se encontraba una especie de placas en forma de rombos rojos.
Los guantes de ambas manos eran de un color plateado con la zona de las palmas y del interior de los dedos de color negro. Terminando el conjunto con una especie de botas hasta la altura de la rodilla hechos de una especie de placas de color rojo, es más, el color no combinaba para nada con el resto de la armadura. Pero…
– Por alguna extraña razón… siento que es mi estilo – dijo Izuku antes de fijarse en su casco que le cubría la cara.
Le recordaba vagamente a un casco de ciclista combinado con uno de esos que veía en ese show de súper héroes de trajes de colores… aunque no recuerda el nombre en este momento.
El casco es totalmente plateado y cuenta con varios huecos que daban la apariencia de agallas negras en ellos. Con una especie de veleta que corría desde la frente hasta la parte detrás de la nuca con dos placas rojas a ambos lados de la misma. También contaba con una mascarilla y unos huecos negros que destacaban debido a que había dos lentes verdes iridiscentes las cuales parecen haber suplantado sus ojos.
– ¿Realmente ese soy yo? – Izuku miró algo escéptico aquel reflejo, comenzando a hacer tonterías mientras miraba su figura. Comenzó saludando, luego comenzó a dar saltitos antes de seguir con una pose pensativa – Hmmmm… ¿Y sí…?
Izuku recordó una vieja tonada que había oído hace tiempo comenzó a tararear antes de empezar a bailar de la misma forma en que en aquel vídeo musical. Imitando los pasos a la perfección, mientras seguía la tonada y el ritmo, disfrutando del ritmo y sus movimientos, casi parecía un profesional. Cada paso, cada movimiento, era divertido hacer esto, logrando casi toda la coreografía completa y… se detuvo al instante en que lo notó.
– Espera un momento… yo… – se miró las manos y luego miró al reflejo – yo no sé… bailar.
Pero lo había hecho… y casi al nivel de un profesional, podría jurarlo.
Eso no era normal, para nada normal.
Sin embargo…
– Esto no es… ¡! – sintió un escalofrío. Eso era…
– ¡AQUÍ ESTAAAAAAAAAAAAA! – Izuku miró detrás suyo antes de sentir como era tecleado por…
– ¡Gregole! – Izuku, pese a haber conocido al maldito hace unas horas, ya sabía reconocer aquella cresta de reptil.
– ¡Entrega la Unidad Cuántica! – Gritó el enorme reptil antes de, literalmente, saltar junto al peliverde enmascarado hasta el otro, edificio de oficinas abandonadas.
CRASH!
Izuku rodó por en medio de cubículos antes de detenerse al golpear uno de los pilares de la estructura.
– ¡Ouch! ¡Eso…! – se agarró el costado izquierdo, sin embargo... – …¿Dolió?
PAM!
– ¡La Unidad Cuántica! – Izuku miró como un escritorio salió volando por encima suyo. Antes de estrellarse contra el polar mientras Gregole gritaba con fuerza – ¡La quiero ahora mismo!
PAM, PAM, PAM, PAM!
Corriendo mientras destruía el inmueble de las oficinas, Gregole se arrastró en una carga directamente hasta Izuku, quién apenas y pudo rodar antes de realizar una voltereta para ponerse de pie nuevamente, dejando a Gregole pasar de largo de él hasta llegar a un muro de concreto y entrar a una oficina privada.
– no sabía que yo podía hacer eso… – se dijo impresionado antes de ver cómo un segundo escritorio iba directamente contra él – rayos…
POW!
CRASH!
– ¡Odio mi vida-AHHHHH! – Izuku gritó tras salir por la ventana hasta caer por el callejón de emergencia.
CLANK!
Aterrizando duramente contra un contenedor de basura cerrado de espaldas.
– Contenedores, ¿Por qué siempre deben ser contenedores? – se quejaba mientras se quitaba los fragmentos de vidrio y la basura de encima antes de salir de aquel contenedor.
– ¡! – solo para sentir aquella misma sensación de escalofríos y…
– ¡La Unidad Cuántica! –
PEW!
– ¡Varmor! – clamó Izuku antes de saltar de dónde estaba, observando cómo aquel contenedor era incinerado por el rayo del murciélago mutante antes de aterrizar más adentro del callejón en una pose de superhéroe. Rompiendo nuevamente el concreto del callejón.
– Ohhhhh, veo que este Desperdicio pudo esquivar mi bio-laser – el maldito soltó aquel halago antes de reír de forma irónica – Es una pena que tenga que eliminarte…
POW!
CRACK!
– ¡! – Izuku sintió otra vez los escalofríos antes de ver detrás suyo a Gregole caer sobre sus cuartos traseros al momento de romper el suelo también, mirando con furia al peliverde enmascarado mientras Izuku se veía acorralado nuevamente.
– Tiene la mochila del mocoso, Varmor – dijo el lagarto cornudo mientras siseaba con su lengua larga y bífida, tratando de intimidar a Izuku.
– Es un Héroe, Gregole, obviamente que la tendría – Varmor avanzaba lentamente por el callejón mientras hablaba, dejando desconcertado a nuestro protagonista mientras esté no sabía a dónde correr ahora mismo – Así que dinos, héroe…
– ¡¿Dónde están la Unidad Cuántica y el mocoso quirkless?! –
CRACK!
Gregole golpeó el suelo, dejando un cráter en el concreto para intimidar aún más al enmascarado, sin embargo, Izuku había llegado a una conclusión.
– espera… ¿No saben quién soy? – eso era cierto, más al ver en sus feas caras que estaban desesperados por recuperar lo que sea que lo haya convertido en… ¿Él? Rayos, no era momento para esto – De ser así, me pudieron rastrear… pero, ¿Cómo?
– ¿Y bien? – Los láseres de ambos hombros de Varmor comenzaron a brillar antes de continuar presionando – ¿Vas a hablar? Porque odio interrogar cadáveres…
– Entonces sí saben que no soy el que buscan – se dijo mientras una idea de le ocurría ahora mismo, aunque más temprano que tarde se arrepentiría de ello. – odio pensar rápido bajo presión…
Una de dos: o esto funcionaba o estaba frito.
Sin embargo, el que no arriesga no gana.
Así qué, irguiendo su postura de forma heróica, cerrando ambos puños listo para lo que sea, Izuku habló y…
– ¿Por qué debería decirle eso al sujeto más feo que jamás haya visto? – dijo con un tono de voz que claramente no era el suyo. Aunado a esto, en su mente tenía algo más que claro: – ¡Malditos sean tú y tu ego de mierda, Katsuki!
Izuku se sentía bastante asqueado por usar algo de la soberbia y petulante, además de insoportable, personalidad de Bakugou para personificar su ahora nueva identidad heróica, y debía ser lo más creíble posible o, de lo contrario, terminaría siendo llevado a Dios sabe dónde y eso no sería nada bonito.
Rayos, ahora siente que le debe algo a ese cretino de… otro cambio en su personalidad.
Esto ya comenzó a preocupar a Izuku en muchas formas.
– Oh, vaya, vaya… el maldito sí que tienes bolas, Varmor – sin embargo, la voz de Gregole le trajo de vuelta a su nefasta situación.
– Es solo otro estúpido Desperdició que se cree superior a los demás, Gregole – dijo Varmor mientras avanzaba lentamente – Pero necesitamos que hable antes de arreglar tu estúpida falta al dejar que el mocoso huyera de nosotros.
– Entendido, primero le arrancaré las piernas… – los nudillos de Gregole comenzaron a resonar al oír el tronido hacer eco por el callejón con tan solo mover sus dedos de una forma anormal y lúgubre que le dió escalofríos a Izuku – Luego veremos si se vuelve más cooperativo, le sacamos la información, tomamos al mocoso quirkless y la unidad Cuántica antes de ir a cenar en el cuartel.
.
.
.
– ¿En serio? – Izuku ni creía aquello – ¿Ese es tu plan? ¿Darme una paliza sangrienta para que luego hable, vayan por el chico y luego a comer algo?... ¿Y ya?
Bien, obviamente no eran los tipos más listos de la organización, eso ya quedó claro.
– Sinceramente no me sorprendería que no les paguen bien… – Izuku, por un instante, sintió algo de pena por estos dos.
– ¡Cállate! –
PEW!
– ¡WOW! – sin embargo, su pequeño juego de palabras no le gustó al cara de murciélago. Quién, sin pensarlo dos veces, disparó su… ¿Cómo le dijo? ¿Unirayo?
Cómo sea, el punto es que Varmor Disparó justamente donde Izuku antes se encontraba, obligando al peliverde enmascarado a saltar a la escalera de incendios a la izquierda encima suyo antes de usar las barras de esta y, cuál gimnasta olímpico, usó su peso para balancearse antes de lanzarse directamente hasta donde se encontraba Gregole, quién trató de darle un zarpazo con la zurda al enmascarado.
Sin embargo, Izuku, de alguna manera, había "previsto" ese movimiento antes de usar su brazo como plataforma antes de saltar nuevamente, está vez yendo hasta su cara antes de tomar su cuerno derecho antes de volver a realizar una acrobacia con el cuerno como trapecio olímpico. Logrando aprovechar el desbalance del monstruo, consiguiendo así hacer que caiga al suelo mientras Izuku, con la inercia del movimiento de gimnasia, logró derrapar de espaldas a Gregole al otro lado del callejón. Quedando en aquella mítica pose de Akira qué…
– ¡Vaya! No sabía que podía hacer eso – Izuku era el peor en educación física, sin embargo, acaba de derribar a un monstruo de más de dos metros con, literalmente, una voltereta de gimnasia artística de grado olímpico.
Sin embargo, aún debía escapar de estos dos.
– Lamento no poder charlar, pero tengo prisa… – sin más, Izuku lanzó un saludo con los dedos de su diestra antes de salir corriendo sin mirar atrás por el pasillo. Dejando solos a un desorientado Gregole y a un molesto Varmor.
Ah, y un contenedor abollado.
– ¡¿Qué estás haciendo, idiota?! – el Sujeto murciélago ocultó sus rayos en sus hombros antes de correr detrás del enmascarado – ¡Síguelo! ¡No dejes que se escape!
– ¡No tienes que decirlo dos veces! – Gregole sacudió su cabeza antes de seguir a Izuku por el callejón, el lagarto mutante era más rápido de lo que parecía, pues en cuestión de segundos había alcanzado a su presa – ¡Danos la Unidad, maldito!
– ¡¿Es que nunca se rinden?! – Izuku gritó molesto por ver a Gregole pisarle los talones al arrastrarse por el suelo. Siendo así que miró a su alrededor. Esperando encontrar una salida para escapar ahora.
La zona de la estación Xando era infame por tener decenas de edificios de oficinas vacíos debido a que era una zona dominada prácticamente por la oligarquía de empresas negras que usaban los inmuebles como empresas fantasma para así lograr hacer desvío de recursos en deducibles de impuestos.
Todo un negocio sucio que sigue operando incluso en estos días donde los héroes aún no pueden contra el enemigo número uno de la humanidad.
La burocracia.
– ¡Piensa, Deku, piensa! – debía escapar de estos tipos, y pronto antes de que se enteren de que él era al que buscan y que la mentada unidad esa lo había convertido en esto – ¡No puedes correr por siempre! ¡¿Debe haber alguna…?!
PEW!
BOOOM!
– ¡Ríndete, Desperdicio! – Varmor, desde la cornisa del techo de un edificio, logró disparar otro de sus Uniblasters frente a Izuku. Haciendo que este se detenga antes de que Gregole le de un golpe ascendente con ambas garras – ¡No puedes ganarnos!
CRASH!
El peliverde terminó por ingresar en otro edificio de oficinas, aunque esté no tenía ni muebles ni cubículos. Solo un piso netamente vacío y con los pilares principales de la estructura con grafitis. Algo de basura en el suelo y decenas de vidrios rotos.
Bueno, más de los que creó al entrar por una de las pocas ventanas intactas que aún tenía.
– Esto se está volviendo costumbre – sabía que era demasiado pronto para decir aquello, pero, literalmente, ya van dos veces que lo lanzan contra las ventanas de un edificio en menos de 10 minutos.
Se levantó rápidamente antes de ver el brillo de los Monotiros de Varmor antes de correr al otro lado del piso.
Directamente hasta otra ventana intacta.
PEW!
BOOOM!
CRASH, CRASH!
Impactando contra ésta con los brazos cruzados de frente antes de estrellarse contra otra ventana, ayudado con el impulso de la explosión detrás suyo cortesía de Varmor, Izuku notó qué, está vez, el edificio estaba más limpio que el anterior.
Sin embargo, Izuku no podía parar ahora mismo. Así que fue tras las escaleras principales al otro lado del piso vacío.
CRASH!
– ¡Deja de huir y dinos ya, o te matamos! – Gregole, la escurridiza salamandra gigante, había llegado y corrió por el techo de más de cinco metros antes de saltar frente a Izuku y girar para darle al enmascarado un golpe con su cola, enviando al pobre al otro lado del cuarto.
– ¡Oye, eso es contradictorio! – Izuku, gracias a su nuevas "mejoras", se estabilizó en el aire antes de caer de pié y mirar a su enemigo – ¡Pudiste matarme!
– ¡Esa es la idea, estúpido disfrazado en mallas! – Varmor habló detrás suyo.
– ¡! – nuevamente, aquel sentido le alertó antes de sentir como el murciélago láser mutante tomaba su mochila amarilla antes de golpearlo con el dorso de sus zarpas que tenía por manos, lanzando a Izuku al otro lado del piso antes de estrellarse directamente contra uno de los pilares – ¡! – ese escalofrío… se levantó rápidamente y…
– ¡Ni siquiera lo pienses! – Gregole, reptando rápidamente, logró llegar hasta el enmascarado antes de tomarlo por el cuello con uno de sus poderosos y enormes brazos antes de comenzar a aplastar su torso con el otro en el abrazo más incómodo del mundo – Basta de huir y dinos…
CRACK!
– ¡Gaghk! – está vez, Izuku sí sintió como sus costillas comenzaban a dolerle por el agarre de la lagartija mutante. Quién siguió insistiendo nuevamente.
– La unidad Cuántica y el niño quirkless… ¡¿Dónde los tienes?! – Gregole sonaba más que desesperado por saber tal información.
– Espera, Gregole – dijo Varmor antes de alzar la mochila con las correas desgarradas mientras sentía el peso de la misma – ¿Que tenemos aquí?
– ¡Espera! ¡Eso es…! ¡Gaghk! –
– ¡Cállate! – Gregole volvió a apretar su agarre, mientras Varmor comenzó a sospechar de esa reacción del Héroe enmascarado.
– Así que aquí está ¿Eh? – dijo refiriéndose a la mochila de Izuku, la cuál tomó con ambas garras antes de prepararse para abrirla – La Unidad…
MEAW!
DROP, CLICK!
– ¡AHHHH! – Varmor gritó de dolor antes de sentir cómo algo se aferró a su rostro, tomando a la peste antes de ver qué era…
– ¡¿El gato de antes?! – Izuku no podía creerlo.
El pequeño minino lisiado había aferrado sus tres patas en el feo rostro de Varmor, gruñendo y bufando mientras sus pequeñas garras se clavaron firmemente debajo de la piel del mutante. Había saltado de la mochila momentos antes de que el mutante la abriera.
Sin embargo, la mochila la había dejado caer al suelo, notando Izuku cómo tenía la cremallera entreabierta, mostrando también aquel resplandor verde de antes y…
– ¡Ahí está! –
SLAM!
Gregole, al ver el brillo de la caja de antes, tomó al enmascarado antes de azotarlo contra el suelo, logrando arrastrarse velozmente hasta llegar con la mochila, desgarrando está antes de tomar la caja de entre los cuadernos y notas de estudiante antes de abrirla y ver qué dentro de la mini maleta… –...¡NO ESTÁ!
– ¡¿QUÉ?! – Varmor logró tomar al pequeño minino por el pellejo de la grupa, antes de ver con sorpresa a su compañero mutante mientras las marcas de rasguños comenzaban a sanar lentamente sin dejar cicatriz alguna – ¡¿De qué estás hablando?!
– ¡Mira, no hay nada! ¡No está en el contenedor de seguridad! – Gregole mostró la caja de interior brillante, la cuál estaba vacía y sin rastro alguno de la unidad Cuántica.
– ¡Imposible! ¡¿Cómo la abrieron?! – Varmor miró entonces a Izuku que se estaba levantando del suelo, yendo rápidamente hasta él antes de tomarlo por el cuello con su zarpa libre, la izquierda, mientras lo alzaba por encima del suelo – ¡¿Qué hiciste con ella?!
– ¿De qué rayos estás…? –
SLAM!
CRACK!
Varmor azotó a Izuku contra el suelo, rompiendo el concreto del suelo antes de volver a hablar.
– ¡¿Quién carajos te dió el código de acceso?! – dijo mientras Gregole mostraba la caja con el panel en la carcasa exterior – ¡Solo los altos mandos conocen la clave para abrir el contenedor de seguridad! ¡Dime quién te dió el código y dímelo ahora!
¿Código? ¿Acceso? ¿Altos mandos?
– mierda… sí son de una organización malvada super secreta – Izuku había ya confirmado aquello, pero aún estaba en peligro – Si les digo que así encontré esa caja sabrán que soy su objetivo, y si les digo que esa cosa me dió este traje no dudarán en abrirme igual que rana de laboratorio.
Al no ver muchas opciones en su mano, el joven Midoriya tenía que arriesgarse.
– Pierdes tu tiempo, Mutante – Izuku, siguiendo con su papel de héroe fanfarrón, decidió cometer otra estupidez – Ahora mismo, el niño debe estar con alguna agencia de héroes… dando su declaración…
– ¡Está mintiendo, Varmor! – Gregole lanzó el contenedor de seguridad a un lado, mientras Izuku seguía incrustado en el suelo con la garra del murciélago mutante aún en su cuello – Está encubriendo al niño… La Unidad Cuántica, de todos los objetivos, es a es la única que no podemos perder.
– Tenía el rastreador del contenedor consigo, Gregole – señaló Varmor a su colega fenómeno – claramente esto fue una distracción… Ahora no sabemos el estado de la unidad o donde está el mocoso.
– Carajo… ¡¿Y ahora qué hacemos?! – dijo la lagartija mutante antes de entrar en pánico – uno de los altos mandos está en camino al cuartel y si se entera que no hemos recuperado la unidad estamos más que muertos…
– ¡¿Crees que no lo sé?! – Varmor sonaba igual de preocupado, casi como si su vida dependiera de esa cosa que envolvió a Izuku en esta armadura.
Sin embargo, ya no había vuelta atrás.
– Se los dije antes ¿No? – Izuku llamó la atención de ambos mutantes, forzando su sonrisa detrás de su máscara mientras trataba de evitar sufrir un desliz en su tono de voz por culpa del miedo que ahora mismo sentía – Solo perdieron el tiempo, tarados…
POW!
Antes de que Izuku dijera algo más, Varmor alzó al enmascarado antes de lanzarlo contra otro de los pilares de la estructura que sostenían el edificio. Refunfuñando por lo que acababan de descubrir sobre ambos objetivos de su misión y como ahora mismo no tenían ni pista ni rastro de alguno de ellos.
– Toda esta maldita búsqueda fue una pérdida total – habían gastado mucho y todo para nada. Al final, sus esfuerzos fueron en vano – Avísale al resto de la unidad, que tracen una ruta para…
Pero…
– ¿Realmente creen poder lograrlo? – Izuku, nuevamente, se levantó de aquel azotón, demostrado ser más resistente que cualquier humano promedio. Ya qué, literalmente, ese último golpe le hubiera roto la espalda a cualquiera. Incluso a un héroe profesional. Así que siguió fanfarroneando ante el par de mutantes estúpidos – Solo piensen un poco, idiotas… un grupo de paramilitares extranjeros tocando, literalmente, de puerta en puerta en cada agencia de héroes de la zona, buscando a un adolescente que fue testigo de un crímen bastante atroz… es más que sospechoso y bastante obvio, tanto que que nadie les creería con la logística de la ciudad, ¿Saben? ¿O acaso ya se olvidaron del resto de héroes y policías en la zona?
Tanto Gregole como Varmor retrocedieron antes de mirarse el uno al otro, las palabras del enmascarado eran más que ciertas. Si el resto del equipo iban directamente a buscar al niño tendrían más problemas de los que ya tienen ahora mismo. Atraerán la atención aún más y no lograrían dar con…
– Espera un segundo – Izuku se tensó al oír la voz de Gregole – ¿Cómo sabes sobre el equipo que nos acompaña?
– carajo… – tal vez no eran tan estúpidos cómo para…
– ¡Eso no importa ahora! – No, sí son estúpidos – Revisaremos los archivos en el cuartel… hasta entonces volveremos por el mocoso y este nos llevará a la unidad Cuántica…
Varmor dejó de cuestionar tras trazar aquel nuevo plan, mirando al gato en su mano derecha que aún trataba de arañar con su única pata delantera. Bufando y gruñendo para molestia del mutante.
– ¡Ya cállate! –
MEW!
De forma cruel y despiadada, Varmor lanzó al pobre minino contra el suelo. Dejando a Izuku sin aliento al ver cómo el pequeño ya no respondía tras aquel azote.
– ¡Y tú! – Izuku espabiló antes de oír nuevamente la voz de Varmor, mirándole este con furia – ¡Muere de una vez! – sus hombros se abren, disparando su monoláser al instante.
PEW!
BOOOM!
Izuku, nuevamente, vuelve esquivar el ataque, desintegrado el pilar que había detrás suyo en una explosión antes de sentir un golpe en el lado izquierdo de su rostro que le lanzó al otro lado del piso, cerca de la ventana por la que había entrado
– ¡Te tengo! – Gregole, nuevamente, lo embiste antes de que el peliverde siquiera se pusiera de pie. Cargando a Izuku contra otro pilar antes de que ambos terminaran atravesando este.
PAM!
CRACK!
PAM!
CRACK!
PAM!
CRACK!
Y otros tres más antes de lanzar a Izuku contra otro pilar, resistiendo Izuku más que sorprendido al ver cómo no era posible matarlo tan fácilmente como ambos mutantes creían.
– ¡¿Cómo es que eres tan resistente, maldito Desperdicio de mierda?! – Gregole apareció nuevamente ante el enmascarado antes de comenzar a darle una paliza con ambos puños, obligando a Izuku a poner los brazos en pose de defensa de boxeador, logrando poder resistir los embates que arremetió el enlmer lagarto cornudo mientras trataba de usar el pilar detrás suyo como apoyo para así poder resistir un poco más.
– ¡MIERDA, MIERDA, MIERDA! – Izuku, literalmente estando contra las cuerdas, trataba de pensar en cómo salir de esta ahora, pues cada golpe del hombre lagarto era más que suficiente como para matar a alguien con uno solo de ellos. Aunque esto no era lo peor – ¡Si no hago algo pronto, los héroes serán lo suficientemente rápidos para venir aquí, y eso es lo último que quiero ahora!
Una cosa eran estos monstruos, y otra eran los héroes y la policía qué, seguramente, querrán saber todo sobre ésta cosa.
WHOPAHH!
Pérdido en sus propios pensamientos, Izuku ignoró que su adversario no contaba solo con sus puños. Pues aquel coletazo ascendente que le dió con su musculosa cola de reptil fue más que suficiente para romper la defensa de boxeador de Izuku, apartándose Gregole rápidamente mientras los unidisparos de Varmor iban directamente hacía él.
– ¡Demonios! –
BOOOM!
CRACK!
Una explosión hizo que Izuku atraviese el concreto y las vigas de acero de aquel pilar antes de rodar por el suelo, mientras Gregole se arrastraba por el techo del piso rápidamente antes de caer sobre Izuku.
– ¡Eres mío, Desperdicio! – sin embargo Izuku logró detener las garras del mutante con ambas manos, entrelazando las mismas mientras trataba de hacer empuje de agarre con su nueva súper fuerza, comenzando un forcejeo de poder entre sí – ¡Me corrijo! ¡Voy a arrancarte primero los brazos! ¡Cómo al último imbécil me desafío en fuerza!
Izuku continúo haciendo esfuerzo, sin embargo, sintió que el reptil fenómeno lo empujaba con más fuerza, ejerciendo más presión poco a poco, lo que hizo que Izuku comenzará a realizar su propio esfuerzo.
– ¡¿Qué?! – sorprendido no solo por el nivel de resistencia de este héroe, sino por la fuerza que ahora mismo ejercía en su contra, Gregole observó como su enemigo comenzaba a levantarse, yendo incluso contra toda su fuerza como si fuese algún otro Desperdicio más – ¡Imposible! ¡Esto no debería estar pasando!
– ¡No es la… Primera vez que… escuché eso… maldito…! – Izuku sentía que tenía que levantar una pesa extremadamente pesada.
CRACK!
Sin embargo, el suelo debajo de Izuku comenzó a quebrarse mientras trataba de evitar ceder ante la titánica fuerza de Gregole, logrando prácticamente ponerse de rodillas antes de llegar a estar de pié nuevamente, usando toda su fuerza de voluntad para ello.
– ¡Gregole! ¡Suéltalo ya! – Varmor no podía disparar otra vez sin dañar a su homólogo, quién aún no podía creer la absurda fuerza de este remedo de Desperdicio, pues estaba usando prácticamente toda su fuerza en ello.
Sin embargo, el hombre lagarto no iba a ceder, no podía ahora. Su cuello y el de su compañeros estaban en juego. Si no recuperaban la unidad Cuántica ellos sufrían el infierno mismo. Sin embargo, sabía qué, al menos, este idiota les daría las respuestas que les faltaban.
No había de otra.
Debía vencerlo.
Debía ganar.
Así podría llevarlo consigo al cuartel a toda costa. De lo contrario, ella irá a…
CRUNCH!
SPLAT!
SCRATCH!
– ¡ARGHHHHHHHHH! –
Izuku, inesperadamente, quedó en shock al ver lo que acaba de pasar…
O, mejor dicho, lo que acababa de hacer.
– ¡Maldito Desperdicio! – clamó Gregole lleno de dolor y agonía por lo que le acababa de pasar.
Izuku solo se quedó viendo como los brazos de Gregole, a los que aún se aferraba, habían sido prácticamente fracturados, al punto que su huesos sobresalen de su carne, traspasando músculo, piel y todo en el proceso. Mirando como la sangre también le había salpicado el frente de la armadura y de la careta del casco, soltando las garras del lagarto mutante mientras veía como incluso sus manos habían sido aplastadas por las del propio peliverde enmascarado. Cómo si hubieran sido simples tomates.
Sabía que se había hecho mucho más fuerte, pero no a tal punto.
Es decir, ¿Era mucho más poderoso de lo que aparentaba?
– ¡Gregole! – gritó Varmor al ver cómo aquel Desperdicio, más pequeño y delgado que el promedio, logró ganarle a su subordinado en su propio juego, literalmente.
El ADN Zaterrano en su modelo era tan poderoso que lo convirtió en un Zoanoid tipo Bruto que avergonzaba la mayoría de los quirks relacionado en fuerza y durabilidad, al punto que podría jurar que ni siquiera el tal All Might podría contra él en una lucha directs frente a frente.
Y, aún sabiendo esto… ese enmascarado lo había logrado.
Había derrotado a un Zoanoide, a uno de los más fuertes de todos.
Y muy fácilmente.
– ¡Maldito! – Gregole, aún herido y negándose a retroceder, decidió embestir al bastardo usado las cornamentas de su cabeza para ensartarlo de frente, solo para terminar con su cabeza siendo sujetada por los mismos cuernos por el mismo sujeto enmascarado, quién se negó a moverse un centímetro más al ver qué ni siquiera aquella carga desesperada fue suficiente para Gregole.
–¡Oye! ¡Basta! – Izuku trataba, inútilmente, de razonar con el hombre detrás de la bestia mientras es empujado apenas por su enemigo – ¡Debes parar! ¡Estas herido!
– ¡CÁLLATE! – sin embargo, Gregole estaba más que cegado por su furia y miedo, negándose más que rotundamente a retroceder. Para él, y para todo su pelotón, era el todo o nada – ¡NO PERDERÉ CONTRA TI! ¡NO CONTRA OTRO DESPERDICIO! ¡NO OTRA VEZ!
Gregole no lo permitiría, no contra otro sujeto con Quirks, mucho menos aquí con todo este poder que había logrado conseguir con todo su esfuerzo.
Antes muerto que volver a perder contra alguien inferior, contra otro idiota engreído…
Contra otro Desperdicio…
No aquí, no con su nuevo poder.
No contra otro…
– ¡Dije que pares! –
¡CRACK!
.
.
.
La habitación terminó en un silencio sepulcral durante unos cuantos segundos qué, para el joven Midoriya, parecieron horas interminables. Cómo si el tiempo se hubiera detenido en un momento eterno sin final.
PAFFT!
Afortunada o desafortunadamente, según se vea, el horrible sonido de un cuerpo caer al suelo le hizo salir de aquel trance que había tenido el peliverde.
Sin embargo, ahora mismo, pudo ver que subestimó su fuerza al ver lo que hizo…
Frente a Izuku, quedó aquel hombre que una vez trató de matarlo hace tan solo unos segundos antes, pero qué ahora, solo era una masa de carne, piel y huesos mutantes inertes.
Miró a los ojos del lagarto mutante y en estos no había ninguna señal de conciencia, ni movimiento, ni siquiera un solo indicio de chispa de la vida en ellos.
Nada.
Gregole. Aquel sujeto lagarto mutante que había jurado matarlo… había perdido más que la pelea.
Estaba muerto.
Izuku le había roto el cuello con su agarre al tratar de desviar la cornamenta de aquella última embestida desesperada.
Había tratado de desviar la misma hacía el suelo. Sin embargo, no midió la fuerza de su embate.
Y ahora, sus manos estaban más que manchadas de sangre al realizar lo impensable.
Lo había matado.
Izuku Midoriya había asesinado a alguien.
Miró sus manos, esperando encontrar un temblor de miedo típico de alguien que había cometido un error fatal e irreparable.
Sin embargo, no encontró eso.
De hecho, no sintió nada.
Literalmente, nada.
Ni siquiera una pizca de remordimiento, temor o algo que le hiciera sentir asqueado, horrorizado o incluso arrepentido por esto.
Sin embargo, y para sorpresa de él mismo, Izuku no siente nada. Realmente nada, incluso al ver el cuerpo de Gregole empezando disolverse en el suelo como si hubiera sido derretido por ácido o algo así hasta no quedar nada más que un charco de líquido verde el cuál también comenzó a evaporarse lentamente hasta disolverse por completo.
Desapareciendo así todo vestigio de la persona que alguna vez fue Gregole de este mundo.
Para siempre.
RUMBLE!
Afuera del edificio había comenzado a llover, mientras un relámpago iluminaba todo el piso.
RUMBLE!
La luz de los relámpagos le dieron a Izuku la apariencia de lo que alguna vez, en sus sueños más anhelados, había jurado vencer y derrotar a toda costa.
Irónico.
Izuku Midoriya alguna vez soñó con ser un héroe, uno que traería consigo la seguridad y estabilidad como su héroe favorito, el más grande ídolo en este país, el Símbolo de la Paz.
Había querido, como todos los demás, ser como All Might.
Sin embargo, ahora mismo, Izuku Midoriya se había convertido en lo que había jurado, en sus más profundas y secretas fantasías, destruir.
Él se había convertido en un…
– ¡Maldito! –
– ¡! –
PEW!
BOOOM!
Repentinamente, la voz de Varmor le sacó de su trance el cual no duró ni un segundo, solo para disparar su Bio-Láser en su contra. Obligando así a Izuku a esquivar el ataque nuevamente.
– ¡Ya muere de una puta vez! ¡Maldito Desperdicio! – gritó Varmor, mientras cargaba desesperadamente su Bio-disparo. Obligando a Izuku a moverse en zigzag por todo el edificio para así poder evitar que el murciélago mutante le dé de frente.
Sin embargo, algo no estaba bien consigo mismo, es decir, Izuku se sentía como si no hubiera cometido un homicidio accidental ahora mismo.
Cómo si la vida de aquel hombre, Gregole, no le importara para nada.
PEW!
BOOOM!
Volviendo a esquivar el ataque sin problemas gracias a su nueva táctica, Izuku se ocultó detrás de un pilar.
CRACK!
Sin embargo, e inesperadamente, Varmor fue el que ésta vez rompió el pilar con sus propias manos.
– ¡Voy a acabar contigo! – clamó Varmor antes de volver a golpear al enmascarado con el dorso de su zurda, lanzándolo al mismo al otro lado del piso, corriendo en contra de este ya con sus láseres cargados – ¡Lo juro! ¡Te mataré! ¡Te mataré maldito!
Llegó hasta el Enmascarado y, casi de inmediato, decidió primero golpearlo una y otra vez, comenzado así Izuku a recibir golpe tras golpe, cada puñetazo, cada patada, fue recibida por el peliverde, quién lejos de defenderse, trataba de aclarar su mente.
Dentro de su propia cabeza, Izuku siente que tiene un caos en ella, había matado a alguien, incluso si era en defensa propia lo había hecho.
Trataba de esclarecer sus propias ideas, negándose a tener tal reacción nihilista ahora mismo ante tal crímen que había cometido. No sabía qué era lo que causaba que él reaccionara de aquella manera, él no era así.
Él no era del tipo de personas que no les importa la vida o la muerte de alguien, de hecho, es de los que salen a salvar a quien sea. No de los que ni siquiera mueven un dedo sin obtener nada a cambio.
Y ahora, ni siquiera eso le importaba.
Es como sí algo dentro de él hubiera cambiado, como sí él… no fuera él mismo. Sino otra persona.
Alguien que no era…
– ¡TOMA ESTO! –
PEW!
BOOOM!
CRACK!
CRACK!
CRACK!
DOOM!
CRACK!
Regresando con la pelea, o mejor dicho, la paliza unilateral del murciélago mutante, este había disparado su láser a quemarropa, haciendo que Izuku salga disparado tres pisos abajo en diagonal, terminando así por detenerse en la planta baja en medio de un cráter, quedando incrustado nuevamente en el concreto mientras trataba de reponer su mente. Aunque esto distaba de ser fácil.
Sin embargo, Izuku estaba de algo bastante seguro, necesitaba que Varmor se detuviera de atacar. Debía tratar de entender, al menos, todo lo que había pasado en éste día. Debía hacerlo y no perder la cordura en el proceso.
Sin embargo, las imágenes de Gregole desapareciendo tras ser derretido su cadáver, el horripilante sonido de su cuello romperse como la rama seca de un árbol, el cómo acabaron con la vida de aquel pobre gatito lisiado, incluso con el pobre de Marmot…
Y ahora mismo, viendo como Varmor había saltado piso por piso hasta llegar con él, dispuesto a seguir descargando ataque y furia contra él.
Izuku no quería nada de esto, no podía entenderlo, no podía concebir siquiera cómo es que terminó en esta maldita situación. Él sólo quería ser como el resto, sólo quería tener un Quirk, era todo lo que necesitaba en su vida. Solo eso.
Sin embargo, ahora tenía eso y más, un grupo de súper criminales detrás suyo, una organización malvada que no dejará de darle caza. Poder como nunca lo había imaginado antes.
Sus manos manchadas de sangre y de muerte…
Cada golpe, cada ataque, cada puñetazo de Varmor en su cara era ineficiente, pues Izuku ni siquiera sentía aquella furia imparable dañarlo o herirlo.
¿Acaso este era su destino? ¿Sufrir y herir a otros incluso sin qué él lo intente? ¿Esa era la miserable vida que tendría de aquí en adelante? ¿Solo huir de todo y de todos?
Huir de su casa, huir de la escuela, de la gente, de sus compañeros de clase, de los maestros, de Bakugou, de todos.
Demonios, incluso de su propia madre.
Es todo lo que Izuku ha estado haciendo, huir de todo y de todos, siempre con la cola entre las patas, siempre escapando de los problemas, evitando las confrontaciones y con miedo siempre sobre las consecuencias.
Siempre corriendo como un cobarde en cualquier situación.
¿Y así quería ser un héroe? Por favor, él no es nada ni nadie más que un maldito cobarde que ni siquiera puede lidiar con un matón de la escuela. Tan cobarde que ni siquiera puede gritar por ayuda, tan cobarde que va y huye a llorar a las faldas de su madre.
¡Es tan cobarde que ni siquiera puede quitarse la vida el mismo!
"Si sigues haciendo eso, lejos de resolver algo, terminarás afectado y afectando a otros. O peor aún, dejar que la gente te pise como si no valieras nada ya qué, al final, nunca enfrentará los problemas."
Las palabras de Daidouji Akugami resonaron en su cabeza, causando que su furia acrecienta más y más en su ser, sintiendo un ardor en su pecho con cada segundo.
… ¿Pero qué carajos sabía esa maldita perra de él? ¡Ella es de su misma edad! ¡No es nadie para hablar con él de problemas! ¡¿Cómo se atreve a darle un consejo alguien peor que él?!
Es más ¿Cómo quiere que resuelva este problema? ¡¿Está siendo golpeado por un experimento de laboratorio mutante que lloraba por otro imbécil igual o peor que él?
¡¿Qué quiere mierda que haga?! ¡¿También matar a este maldito?!
¡¿Ser un maldito asesino?!
¡¿SER OTRO MALDITO VILLANO MÁS?!
.
.
.
¡Tal vez lo haga, ¿Saben?!
¡No!
¡Definitivamente lo sería!
Quería acabar con todos, ¡Hacerlo con sus propias manos!
Ver a sus puto compañeros temblar de miedo en una esquina, a los malditos maestros orinarse en sus pantalones, a todos aquellos sujetos que abusaron de él rogando por su piedad.
¡Ver al puto de Bakugou de rodillas suplicando por su vida!
Quería eso… realmente lo quería.
Sin embargo…
– ¡VETE AL INFIERNO! –
PEW!
BOOOOOOOM!
Desde afuera, la gente que salía y entraba en la estación miraba cómo, dentro de uno de los edificios de la zona de Xando había ocurrido una serie de estallidos. Pues luces y destellos habían sido más que vistos desde la estación y más lugares aledaños, mostrando así un vasto grupo de curiosos arremolinarse alrededor de aquella zona, atentos al incendio que se daba en uno de los edificios.
Dicha curiosidad era no otra más que el deseo colectivo de presenciar a los héroes realizando su labor social que tenían con la comunidad. No era nada raro que ocurrieran tales enfrentamientos entre criminales comunes y héroes que lograban demostrar su valía ante la sociedad, salvando a la gente, atrapando a los delincuentes o, en su caso, logrando ambas cosas en una épica hazaña digna de un cómic.
BOOOOOOOM!
Tristemente, este no era el caso.
– ¡WOW! –
– ¡Qué explosión! –
– ¡¿Quién está peleando?! –
– ¡Es un nuevo héroe! –
– ¿Está haciendo su debut? –
– ¡Qué genial, qué genial! –
Eran los gritos y vítores de la congregación de curiosos que había en las calles, presenciando como la planta baja de uno de los edificios había ocurrido una explosión.
Por algún motivo, la estación Xando era famosa por los héroes novatos para realizar sus primeras presentaciones, no eran la mayoría pero muchos habían logrado destacar en esta zona. Así que su reacción del colectivo era más que normal en este punto. Incluso con la lluvia que había empezado hace poco, no iban a perderse del gran espectáculo que había ahora mismo.
Pero…
CRACK!
CRASH!
De uno de los muros del edificio, emerge una criatura la cuál fue arrojada con tal fuerza qué, al impactar contra un vehículo mal estacionado, podía verse claramente como un mutante.
– ¡Qué feo es! –
– ¡Es horrible! –
– pero qué Quirk más asqueroso –
– Ese sujeto da miedo… –
– Qué asco… –
Varmor podía escuchar como esos sucios "Desperdicios" le miraban con asco y horror mientras esperaban con ansias la presencia de aquel héroe contra el que peleaba este Villano.
– Pagarás por eso, maldito… – ignorando los teléfonos y las grabaciones de las alimañas a su alrededor, el murciélago mutante había logrado ponerse de pie sobre aquel automóvil abollado y prácticamente destruido, saltando de este y aterrizando en la acera húmeda y mojada. Esperando a que el enmascarado saliera de ahí y le enfrente.
Para este punto, a Varmor ya no le importaba nada, ni la unidad Cuántica, ni la misión de Cronos o la localización del niño quirkless. Todo eso había quedado en segundo plano.
Todo lo que el enorme Mutante quería… es simplemente matar a ese estúpido enmascarado y…
FLUSH!
POW!
CRASH!
PAM!
Saliendo del edificio con tal velocidad que era tan solo un borrón en la lluvia, Izuku logró taclear a Varmor, lanzándolo contra el edificio contiguo antes de lanzarle un golpe con la zurda justo en la boca del estómago.
PUAJ!
Haciendo que el murciélago mutante escupa sangre, salpicando sobre la armadura del enmascarado en la zona del pero y de la careta.
Extrayendo su puño, Izuku dejó que el villano caiga a sus pies sobre la acera, ignorando olímpicamente a los curiosos presentes mientras tomaba a Varmor del pellejo de su pecho antes de lanzarlo directamente contra la carretera.
CRACK!
Dejando nuevamente un cráter con el propio mutante siendo ahora el que estaba incrustado en esta boca abajo. Antes de caminar lentamente hasta quedar de frente al asqueroso mutante, quién trató de cargar sus hombros antes de tratar de levantarse.
CRACK!
Solo para sentir el pie del enmascarado pisar su nuca para volverlo a incrustar aún más en el suelo, quién simplemente se mantuvo callado todo este tiempo. El gran mutante sentía como si una prensa hidráulica le aplastaba la cabeza. Imposibilitando que use su láser nuevamente sin explorar el mismo.
– Sabes… Tengo que agradecerte, idiota – dijo Izuku, afirmando su pisar sobre la cabeza del mutante – Gracias a ti y al otro imbécil de tu amigo, encontré mi verdadero potencial…
– ¡Ught… ! – Varmor solo podía sentir como su cráneo estaba a punto de explotar como si de una espinilla se tratase.
Sin embargo, el enmascarado siguió hablando, ya no con aquel tono de fanfarronería ni prepotencia.
– Me hicieron darme cuenta que no le debo nada a nadie… sino que ellos me lo deben a mi… – sino con uno más lúgubre, serio y espeluznante.
– ¿espera…de qué estás…? –
PAM!
CRACK!
– ¡AHHHHHH! – pisó el hombro derecho del mutante, mismo lugar donde su cañón láser se encontraba, aplastando la dura coraza de aquella zona antes de ver cómo esta misma comenzaba a sangrar de forma más que abundante.
Cosa que comenzó a preocupar a los presentes.
– Oye, ¿No debería decirle que se rindiera? –
– Ya se está pasando del límite –
– Sé que es un villano, pero… –
Nadie sentía admiración por aquella escena, no era lo que esperaban.
Querían ver a un héroe salir a salvar el día.
Pero…
Parecería más bien un escenario de alguien siendo torturado por placer.
Un horripilante, enfermizo y repulsivo placer.
Sin embargo, para Izuku el asunto estaba bastante claro. Ya todo tenía sentido.
Tenía lo que más quería.
Tenía poder.
Tanto o más de lo que cualquiera pudiera imaginar.
No tenía límites, no tenía nada qué temer, ni a nadie.
Él estaba por encima de todos.
Él era superior, él era fuerte, era invencible, era inalcanzable…
Él era…
– ¡Yo soy el Único que lo merece todo! – gritó mientras restregaba su pie en el maldito, haciéndolo gritar de dolor y agonía. Pues realmente el enmascarado era alguien bastante poderoso.
Izuku lo sentía, sentía el poder en sus manos. La capacidad de doblegar a sus enemigos, a todo aquel que le había dañado. Todos se inclinarán ante su poder.
Ya no sería aquel del que todos se burlaban, del que todos abusaban, de aquel que no podía regresar el golpe por miedo, por vergüenza, por cobardía.
Él sólo hecho de recordar esos momentos, esos vestigios de lo que antes fue y que jamás será…
¡Todo eso hace que su pecho arda!
Tanto que estaba por…
– ¡Basta! –
RUMBLE!
Aquella voz seguida de un relámpago hizo que Izuku se detuviera antes de que mirara, por primera vez, a la multitud que había a su alrededor, consciente de que él no estaba solo en éste preciso momento.
Observó los rostros de aquellas personas, mirando con miedo y terror todo lo que él había hecho. Haciendo que el mire esos rostros de esos… esos…
– ¿Esos extras? –
– ¡¿?! –
Ese escalofrío…
Izuku miró nuevamente a aquellos rostros y pudo verlos.
Todas esas personas… todos esos rostros. Cada uno de ellos…
Todos tenían su rostro.
Todos, sin excepción, tenían su cara. Mirándole con ese mismo gesto de miedo y temor. Cómo si él fuese… como si…
– Oh, dulce ironía – esa voz… – La víctima se ha convertido en el victimario…
¿Victimario?
¿Él?
No, no era cierto…
.
.
.
No…
¡No!...
¡NO!...
Izuku retrocedió de dónde estaba, tomándose de la cabeza mientras no dejaba de ver su propio rostro en todos ellos.
Era como si estuvieran viendo a…
No…
No a él…
Él no…
– ¿Estás seguro de eso? – Izuku aún podía escuchar aquella voz riéndose de él y de su reciente actuación.
Cómo sí él fuera…
No, no sería como él…
Jamás sería como él…
¡Antes muerto que ser como él!
¡Nunca, jamás, sería como Bakugou!
– Dices eso, niño, pero mírate ahora – le dijo esa voz – Estabas por matar a esa cosa con tus propias manos…
– ¡No, cállate! – gritó Izuku, aterrado por todo esto.
– Niegalo todo lo que quieras, chico – habló aquella voz nuevamente – pero ambos sabemos la verdad…
– ¡No!... Yo no… no soy un asesino… ¡Nunca lo seré! – retrocedió antes de caer de rodillas, dejando a todos desconcertados al ver el actuar del enmascarado, como si estuviera siendo controlado o torturado – ¡Cállate!... ¡No soy como ellos!
Sin embargo, al ver está oportunidad, el desgraciado de Varmor miró como el enmascarado parecía sufrir por un ataque de consciencia, sonriendo maliciosamente antes de aprovechar su posición y, usando la fuerza de sus cuatro extremidades. Varmor se lanzó sobre el enmascarado, logrando así sostenerlo contra el pavimento mientras los presentes se mostraban más que asombrado por el repentino giro de acontecimientos
– Fin del camino, maldito Desperdicio – le dijo el mutante sobre Izuku, mientras su hombro izquierdo comenzaba a brillar lentamente, indicando la carga del rayo que usaría directamente a quemarropa – Ahora… dí tus últimas palabras…
– No, espera, por favor, yo… – esa voz…
– ¡¿Pero qué…?! – Varmor entonces se dió cuenta de todo – ¡Tú!
Izuku maldijo su suerte, sin embargo, era demasiado tarde.
– ¡JAJAJA! – reía de forma psicópata aquel mutante ante esta serie de acontecimientos inesperados – vaya que las coincidencias existen… ¡¿Quién lo diría?!
– Espera, yo no… –
– ¡Ya no importa, chico! – gritó Varmor antes de sonreír con satisfacción – no te preocupes… ¡A la doctora le agradará estudiarte por completo!
Ya lo sabía…
Varmor lo había descubierto todo…
Izuku no tenía escapatoria, no podía ya hacer nada.
Había cometido un error fatídico al dejarse llevar por su resentimiento y por su propia oscuridad, y ahora no podía salir de esta. Menos con tanta gente.
El no podía…
.
.
.
No…
Sí podía…
Debía encontrar una forma de parar a este monstruo.
Debía hacerlo…
Debía detenerlo… Pararlo.
Hacer que se Detenga
¡Que lo Detenga!
¡QUE LO DEJE EN PAZ!
Sin saber cómo o porqué, el peto del enmascarado comenzó a brillar, más en concreto, la medalla en forma de rombos en el cuello de este.
– ¡Oye! ¡¿Qué estás…?! – Varmor no podía creerlo. Sin embargo…
ZIP!
ZIP!
Salía un brillo intenso en su pecho cuando esté se abrió de par en par, mostrando dentro de la coraza plateada un interior orgánico, muy similar al de Varmor, aunque con un par de orbes de color verde intenso las cuales comenzaban a irradiar un color verde intenso y cegador.
– No… Imposible – no era cierto – ¡¿Qué carajos eres, maldito mocoso?!
Sin embargo, esas fueron las últimas palabras…
– ¡NO JODA, MALDITO! –
PEWWWWWWWW!
Fue lo último que escuchó Varmor antes de ver cómo, de la armadura de su pecho se liberó una luz verde. Misma que salió disparado directamente frente al propio Varmor.
– ¡ARGHHHHHHHHH! –
Tratando de alejarse de aquel rayo incandescente que se irguió hasta llegar al cielo, iluminando las nubes a su alrededor a la par que toda la ciudad podía ver aquella luz, comenzando a desintegrar a Varmor quién, en un último intento, trató de alejarse del mocoso.
Sin embargo, este mismo había tomado sus muñecas y, con aquella atronadora fuerza titánica, sostuvo al monstruo hasta qué, finalmente, recibió aquel devastador ataque. En todo su rostro, comenzando así a ser calcinado al punto de poco a poco, su piel, sus ojos y su carne se convertían en nada más que polvo, desintegrándose a cada segundo que pasaba, pareciendo casi una eternidad.
– ¡¿Pero qué carajos es eso?! –
– ¡¿Es un láser?! –
– ¡¿Es un arma?! –
– ¡¿Es un Quirk?! –
– ¡Qué potencia! –
Con el pasar de los segundos, aquel intenso pilar de luz que iluminó toda la zona de Xando, comenzó lenta y progresivamente a apagarse hasta ser no más que un mero láser de un puntero hasta qué, finalmente, desapareció.
Izuku, finalmente, soltó los brazos de Varmore quién se levantó de forma lenta y torpe antes de darse la media vuelta y dirigirse directamente hasta el edificio de dónde ambos habían salido.
– ¡Ahhhh! –
– ¡Santo Dios! –
– ¡Buahgt! –
– ¡Por el bebé luminoso! –
– ¡¿Pero qué fue lo que le hizo?! –
Fue el sonido de varias personas entre los gritos de pánico y terror al ver el resultado de aquel devastador láser.
Pues todo lo que quedó d Varmor no era más que unos brazos con los muños deforme y calcinada rodeada de carne calcinada qué quedaron, lentamente, comenzó a disolverse por la lluvia en una especie de lodo antes de comenzar también a derretirse lentamente, dejando detrás suyo un rastro de un líquido marrón oscuro como única prueba qué existió ese "villano"
BLOP, BLOP, BLOP!
Soltado burbrujas aquella sopa marrón antes de mezclarse con el agua de la lluvia.
Sin embargo, el enmascarado blindado de verde y plata trató de levantarse del suelo antes de caer de rodillas, tratando de entender lo que acababa de pasar, lo que acababa de hacer…
Lo había hecho de nuevo…
Había matado otra vez…
Había…
– ¿Qué? ¿Salvado el día?, ¡Jajaja! ¡No me hagas reír, niño! – esa voz… ¿De dónde? – por aquí, chico…
El peliverde alzó la mirada antes de ver a una chica flotando a su lado, luciendo un traje verde ceñido, con algunas partes de su traje de color negro, parecía ser una especie de mono de buceo o algo así.
Sus cabellos eran de un color verde muy similar al de su traje y tenía una piel pálida, casi traslúcida, con unos ojos verdes que parecen ser de alguien que se divertía mucho, sonriendo de forma cínica y divertida.
– Tu… – el peliverde enmascarado estaba más que desconcertado por su presencia – ¿Quién eres y qué estás…?
– Antes de que empieces con tu "murmullo de preguntas" – la chica le interrumpió solo para rodar los ojos mientras hace un gesto de balbuceo con la mano – seré directa contigo, niño, estoy dentro de tú cabeza y solo tú puedes verme – se lo dijo antes de cambiar de posición mientras flotaba en el aire, agitando sus pechos mientras hacía aquello – pero vaya desastre que casaste… digo, ni siquiera con el de antes podía lograr tal hazaña al acabar con dos de esos tipos ¿Sabes?
Izuku meditó las palabras de la chica y, rápidamente, tomó consciencia de lo que pasaba, mirando a su alrededor a la par que el silencio comenzó a reinar sobre aquel sitio. Esperando que alguien más mirase a la chica flotante que parecía tontear a su lado y…
– Sabes tan bien como yo que eso es imposible, querido – hizo un gesto como si hubiera palmado la cabeza de un perro, aunque Izuku no sintió aquel toque, además de que el agua de la lluvia parecía no mojarla, confirmando sus temibles sospechas – bueno, es bueno ver cómo aceptaste todo, chico… otros ya hubieran caído en la locura, pero veo que ya superaste esa parte, ¡Yuppi, sí, sí!
La chica flotante comenzó a hacer una sosa y cínica celebración, haciendo estallar pequeños fuegos artificiales a su alrededor, lanzando serpentinas de colores que no eran más que una especie de holograma a su alrededor.
– No, no es posible – Izuku se alzó de pie nuevamente antes de caminar hasta los restos de Varmor, tropezando por un excesivo cansancio que se apoderó de él de forma inesperada.
– No te levantes, chico – le sugirió la mujer holograma en su cabeza – Usaste más de la reserva permitida, es una suerte que no destruyeras todo este sitio de golpe…
¿Reservas? ¿Destrucción?
¿Acaso podía hacer algo así?
– Eso y más, chico, eso y más – finalizó la chica mientras Izuku se sentía bastante asqueado por todo esto, sin embargo, miró sus manos, temeroso de ver ahora sí aquel temblor que debió sentir desde el momento 1 tras toda esta locura.
La figura verde con armadura observaba el cadáver del monstruo desintegrándose lentamente. Disolviéndose, soltado pequeñas exhalaciones de humo que se desvanecían en el aire, dejando tras de sí un charco grisáceo lleno de tonos carmín y negro. La armadura de la figura brillaba tenuemente en un cuarto destrozado como si hubiera habido una pelea de héroes y villanos…
No fue así…
Con manchas de sangre que goteaban desde las placas metálicas hasta el suelo empapado, comenzando a mezclarse con el barro en el suelo.
En la mano de la figura, una palma ensangrentada temblaba ligeramente. Mientras qué, por otra parte, aquellos ojos, ocultos tras el yelmo, examinaban lo que estaba pasando, o lo intentaba. Buscando alguna respuesta a lo que sea que acababa de suceder.
La calle, en un silencio sepulcral, se extendía en ambas direcciones, mientras la gente miraba, horrorizada, impactada y hasta aterrada por aquella escena que acababan de presenciar. Ignorando por completo aquellas nubes oscuras en el horizonte. Terminando éstas por sucumbir en una llovizna que más pronto que tarde, comenzó a aumentar y a volverse en una lluvia pesada y fría.
Sin embargo, aquel individuo dentro de aquella extraña armadura, solo podía sentir miedo y terror ante esta horripilante e inverosímil situación.
Él solo quería ser un héroe, un sueño tan anhelado por él como el resto de sus congéneres.
Quería ayudar a la gente, quería mostrar su valía como uno más que merecía aquel trabajo con lo que todo niño sueña ser.
Quería hacer sonreír a todos, sin importar cuán mal y pésimo se vea todo.
Sin embargo, nada en este día, sin dudas uno de los peores que había tenido, había salido bien.
No, de hecho, este era el peor de todos.
Es como si su vida pasaba de un manga Shounen a uno de horror, violencia y gore sin sentido ni lógica alguna.
Es decir, ¿Qué clase de monstruo era aquella cosa con la que había acabado, y que carajos es lo qué tiene puesto?
Aunque, siendo sincero consigo mismo, una ínfima y pequeña parte de él estaba feliz de tener, o mejor dicho, adquirir algo parecido a un quirk. Pero, tristemente, el resto de su mente era un desastre. Tanto, que no se dió cuenta de aquella presencia que simplemente reía y, con un gesto de sorna, habló diciendo:
– De todos los humanos de este planeta… Creo que contigo podríamos hacer que esto funcione, niño –Oh, claro, nadie más puede verla.
Se olvidó, por unos instantes, de la extraña (pero linda) chica flotante con ojos verde brillante a su lado, luciendo un traje ceñido pegado a su cuerpazo que no dejaba nada a la imaginación. Sonriendo como si toda esta situación fuese solo un chiste.
Un estúpido, asqueroso y grotesco chiste de mal gusto.
Todo esto pasó en una sola tarde, misma en la que Katsuki casi quemó sus cuadernos de guía, dónde casi conocía a su héroe favorito… Y claro, cuándo descubrió que los monstruos, no los típicos criminales comunes o los súper villanos de cómics o caricaturas, ni tampoco aquellos resentidos con Quirks de tipo mutante.
No, hablamos de monstruos reales, del tipo no eran siquiera humanos.
Existen, y viven entre nosotros.
Eso era más que obvio, es decir, esa cosa claramente no era humana, eso era seguro. Ya que no hay ningún Quirk (no uno de clase mutante o transformación al menos) que permita algo cómo esto.
No, esto ya lo había superado, y con creces.
Y todo esto empezó cuando un simple villano de lodo casi, casi, se metía en su garganta, solo para luego ser atropellado por un auto sin control y…
– Espero trabajar bien contigo, chico – aquella mujer holograma, nuevamente, habló con un tono de burla.
Era oficial…
La vida de Izuku Midoriya… había sido arruinada para siempre…
Terminando así por hacer lo único que no había podido en toda la puta y bendita tarde…
– ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! –
Gritar de desesperación…
Continuará…
