Armand se encontraba en la amplia biblioteca repasando sus lecciones, intentaba concentrarse sin mucho éxito, debido a que Simón y James estaban revisando los libros uno a uno mientras reían entre sí.
Su nana, tampoco podía soportar más ese bullicio, estuvo a punto de alzar la voz, cuando Lord Snape-Prince ingresó, miró a sus hijos de manera fría.
—Ordenen esos libros o recibieran 20 azotes — exclamó con voz severa.
—¡papá! — exclamaron a la vez los muchachos — Para eso hay servidumbre.
Severus qué estaba lo suficiente furioso — Serán 40 azotes para cada uno sin ropa, si continúan sin obedecer y esta vez su madre no los salvará porque será la primera en recibir el castigo.
Ambos muchachos no tuvieron más remedio que obedecer a su padre, sabían que resistirse lo haría cumplir su amenaza, Debido a los recientes problemas.
Severus fijó la mirada en la Nana, tenía un cuerpo curvilineo, unos ojos verdes almendrados, su cabello rubio con ligeras ondas qué iban hasta más abajo de sus caderas, usaba un vestido gris oscuro algo señodo%ceñido. por un segundo pensó que si estuviera soltero... Él no dudaría en robarla. — Lamento las molestias que causaron mis hijos...Lady...
—Soy Rosmerta, sin embargo no soy una lady, solo soy la nana del joven Armand Malfoy. — respondió con humildad y un gesto de fascinación por el hombre varonil que tenía delante.
Armand observaba en silencio mientras Severus y Rosmerta comenzaban a conversar. La tensión en la biblioteca se disipaba lentamente, reemplazada por una atmósfera más tranquila y reflexiva.
—Lamento las molestias que causaron mis hijos, Rosmerta y joven Malfoy —dijo Severus, su tono más suave ahora—. La educación debe ser dura cuando es necesario.
Rosmerta asintió, sus ojos verdes brillando con comprensión.—Estoy de acuerdo, Lord Snape-Prince. Los niños necesitan disciplina, pero también necesitan saber que se les cuida y se les respeta.
Severus la miró con interés, apreciando su sabiduría, Lily lo único que hacía era solapar cada travesura qué hacían los gemelos, a tal punto que sus hijos ponían a su madre como defensa.—Exactamente. A veces, es difícil encontrar el equilibrio adecuado. Pero es esencial para su crecimiento y desarrollo.
Rosmerta sonrió, sintiéndose cómoda en la conversación.—He visto cómo Armand responde mejor a la disciplina cuando sabe que viene de un lugar de amor y preocupación. Es un buen chico, el duque y duquesa han sabido llevar bien a este muchacho.
Severus asintió, reflexionando sobre sus propias experiencias como padre.— Ser padre Es un desafío constante, pero uno que debemos enfrentar con determinación. Quiero que mis hijos sean fuertes y justos, pero también compasivo. Aunque mi esposa no ayuda del todo, hasta los maestros se quejan de ellos.
Mientras hablaban, Simon y James observaban a su padre interactuar con Rosmerta. Notaron cómo su expresión se suavizaba y cómo parecía más calmado y alegre en su compañía, algo que rara vez veían cuando estaba con Lily.
—Papá parece diferente cuando habla con ella —susurró Simon a su hermano.
James asintió, sorprendido por el cambio en su padre.—Sí, parece... feliz.
La conversación entre Severus y Rosmerta continuó, tocando temas sobre la importancia de la educación y la disciplina. Ambos compartían historias y experiencias, creando un vínculo de respeto mutuo.
—Es refrescante hablar con alguien que entiende la importancia de la educación en jóvenes —dijo Severus, sonriendo ligeramente.
Rosmerta devolvió la sonrisa.—El placer es mío, Lord Snape-Prince. Es un honor hablar con alguien que valora tanto la educación de los niños.
Armand, que había estado observando en silencio, sintió una nueva admiración por su nana y por Severus. Había algo entre ellos que flotaba en el aire, pero no sabía exactamente de que se trataba.
Después de lo sucedido en la biblioteca, Simon y James se dirigieron a la habitación de su madre, Lily, con cierto nerviosismo. Sabían que lo que habían presenciado podría provocar una reacción intensa.
Lily estaba sentada en su tocador, cepillándose el cabello, cuando los gemelos entraron. Al ver sus expresiones, dejó el cepillo y se volvió hacia ellos.
—¿Qué sucede, mis pequeños? —preguntó, notando la inquietud en sus rostros.
Simon fue el primero en hablar.—Mamá, vimos algo en la biblioteca. Papá estaba hablando con la nana de Armand, Rosmerta.
Lily frunció el ceño, intrigada.—¿Y qué tiene eso de especial?
James continuó, su voz temblorosa.—Parecía... diferente. Estaba sonriendo y hablando con ella de una manera que nunca lo hace contigo... Aunque lo hizo luego de decir que nos daría cuarenta azotes si no ordenabamos los libros.
Lily sintió una punzada de celos y se levantó de su asiento.—¿Qué estaban haciendo exactamente?
Simon y James intercambiaron miradas antes de responder.—Estaban hablando sobre la educación y la disciplina. Papá parecía muy interesado en lo que ella decía. Incluso se disculpó por nuestro comportamiento de hacer ruido y mover libros.
Lily apretó los puños, tratando de controlar su ira.—¿Y qué más?
James tragó saliva, sintiendo la tensión en el aire.—Papá parecía feliz, mamá. No lo hemos visto así en mucho tiempo.
Lily sintió que la ira y los celos la consumían. La idea de Severus mostrando interés en otra mujer la enfurecía.—¡Eso es inaceptable! —exclamó, su voz temblando de furia—. No permitiré que esa mujer se interponga entre nosotros.
Simon y James retrocedieron un paso, sorprendidos por la intensidad de la reacción de su madre nunca la vieron así.
—Mamá, solo queríamos contártelo. No queríamos causarte problemas —dijo Simon, tratando de calmarla.
Lily respiró hondo, tratando de recuperar la compostura.—Gracias por decírmelo. Ahora, vayan a sus habitaciones. Necesito pensar.
Los gemelos asintieron y salieron de la habitación, dejando a Lily sola con sus pensamientos. Mientras se sentaba de nuevo, su mente estaba llena de planes y estrategias para asegurarse de que Severus no se alejara de ella.
Sabía que tendría que actuar con cuidado, pero estaba decidida a mantener a su familia unida, sin importar lo que costara. La ira y los celos que sentía solo fortalecían su determinación de no permitir que nadie, ni siquiera Rosmerta, se interpusiera en su camino. Primero muerta antes que perder el título de vizcondesa, era lo único que me quedaba en el mundo.
Rosmerta estaba en la cocina, concentrada en preparar unos deliciosos postres para Armand qué había aprendido la lección de etiqueta. La cocina estaba llena del aroma dulce de las tartas y pasteles que horneaba con esmero. De repente, la puerta se abrió de golpe y Lily entró con una expresión de furia en su rostro.
—¡Tú! —exclamó Lily, señalando a Rosmerta con un dedo acusador—. ¿Qué crees que estás haciendo?
Rosmerta, sorprendida por la irrupción, dejó de mezclar la masa y se volvió hacia Lily. —Estoy preparando postres para el joven Armand, señora Lily. ¿Hay algún problema?
Lily se acercó, sus ojos brillando con celos.—No te hagas la inocente. Sé lo que estás haciendo. Estás intentando robarme a mi marido.
Rosmerta frunció el ceño, confundida.—No sé de qué está hablando, señora. Solo estoy cumpliendo con mis deberes.
Lily se cruzó de brazos, su voz llena de veneno.—Supe que hablabas con Severus en la biblioteca. No te hagas la tonta. No permitiré que te interpongas entre nosotros.
Rosmerta respiró hondo, tratando de mantener la calma.—Señora Lily, solo estaba hablando con Lord Snape-Prince sobre la educación de los niños. No tengo ninguna intención de interferir en su matrimonio.
Lily dio un paso más cerca, su voz baja y amenazante.—Más te vale que sea así. Porque si descubro que estás intentando algo, te aseguro que lo lamentarse, haré que mi hijo te eche de aquí.
Rosmerta asintió, manteniendo la compostura. Aquella mujer actuaba como si fuera la ama del castillo—Entiendo, señora. No tengo ningún interés en causar problemas a su matrimonio. Solo estoy haciendo mi trabajo que consiste cuidar de Armand Malfoy.
Lily la miró fijamente por un momento más, luego se dio la vuelta y salió de la cocina, dejando a Rosmerta con una sensación de alivio mezclada con inquietud. Sabía que tendría que ser cuidadosa más adelante. Los Snape-Prince parecían ser una manojo de problemas.
Mientras tanto, en el pasillo, Lily se detuvo un momento, tratando de calmar sus emociones. Los celos y la inseguridad seguían ardiendo en su interior, pero sabía que debía mantener el control si quería proteger su matrimonio y su familia.
.
Horas más tarde Severus, con una expresión pensativa, se dirigió a la cámara de bordados donde sabía que encontraría a Rosmerta. Había estado deseando continuar su conversación sobre las hierbas curativas, un tema que siempre le había apasionado. Aunque su destino lo había llevado a convertirse en vizconde, su interés por la medicina nunca había desaparecido.
Al entrar en la cámara de bordados, encontró a Rosmerta sola, ya que Armand estaba con Hermione y Draco. Ella estaba ocupada cosiendo algunos vestidos, pero Severus decidió acercarse de todos modos.
—Rosmerta, me preguntaba si podríamos continuar nuestra conversación sobre las hierbas curativas —dijo Severus, su voz suave pero llena de interés.
Rosmerta levantó la vista, sorprendida por su presencia.—Lord Snape-Prince, me encantaría, pero tengo mucho trabajo que hacer. Estos vestidos no se coserán solos. Su excelencia Hermione, tiene más conocimiento que yo en esa área, ella sería la más indicada para tal conversación.
Severus sintió una punzada de decepción y herida en su corazón.—Si no deseas hablar conmigo, es mejor que me lo digas directamente
Rosmerta, avergonzada por la situación, dejó de coser y se levantó.—No es eso, mi lord. Es solo que... algo ocurrió y no quiero causarle problemas.
Severus frunció el ceño, preocupado.—¿Qué ha pasado, Rosmerta?
Ella suspiró, decidiendo que la verdad era la mejor opción.—Lady Lily me confrontó. Me acusó de intentar robarle a su esposo. No quiero causar más conflictos entre ustedes.
Severus sintió una mezcla de ira y tristeza.—Lily no tiene derecho a tratarte así. Solo está actuando por celos infundados. No debes preocuparte por eso.
Rosmerta asintió, aunque aún se sentía incómoda.—Gracias, mi lord. Aprecio su comprensión. No quiero causar problemas en su hogar.
Severus la miró con ternura, apreciando su sinceridad.—No eres tú quien causa problemas, Rosmerta. Eres una persona valiosa y tu conocimiento es importante para mí. Si alguna vez necesitas hablar o compartir tus preocupaciones, estoy aquí para escucharte.
Rosmerta sonrió, sintiéndose un poco más aliviada.—Gracias, Lord Snape-Prince. Aprecio su apoyo. Continuemos nuestra conversación sobre las hierbas curativas. Hay mucho que podemos aprender el uno del otro.
Severus asintió, sintiéndose reconfortado por su disposición a seguir adelante. Juntos, se sentaron y comenzaron a hablar sobre las propiedades curativas de diversas plantas, encontrando en su conversación un refugio de paz y entendimiento en medio de las tensiones del castillo.
Durante la tarde fría y nevada, Hermione, Draco y Armand decidieron salir al jardín del castillo para disfrutar del paisaje invernal. La nieve cubría todo con un manto blanco y brillante.
Hermione, con una bufanda azul y guantes a juego, se agachó para formar una bola de nieve. Con una sonrisa traviesa, la lanzó hacia Draco, quien estaba ocupado ayudando a Armand a construir un lobo de nieve.
—¡Hermione! —exclamó Draco, riendo mientras se sacudía la nieve de su capa —. ¡Eso significa guerra!
Armand, riendo a carcajadas, se unió a la diversión, lanzando bolas de nieve a ellos. La risa de los tres resonaba en el aire frío, llenando el jardín de alegría.
—¡Atrápame si puedes! —gritó Armand, corriendo por la nieve mientras Draco y Hermione lo perseguían.
Después de un rato, se detuvieron para admirar el muñeco de nieve que habían construido juntos. Hermione colocó una bufanda alrededor del cuello del lobo de nieve, mientras Draco le ponía las orejas.
—Creo que es el mejor muñeco de nieve que hemos hecho —dijo Hermione, sonriendo.
Draco asintió, abrazando a Hermione y a Armand.—Definitivamente. Y lo mejor es que lo hicimos juntos.
Armand, con las mejillas sonrojadas por el frío y la emoción, miró a su hermano y cuñada con una sonrisa radiante.—¡Este ha sido el mejor día de todos!
La familia se quedó un momento más, disfrutando de la belleza del paisaje nevado y de la calidez de estar juntos. A pesar del frío, sus corazones estaban llenos de amor y felicidad, Armand quería que Hermione siempre fuese la esposa de su hermano.
Mientras tanto, Harry y Daphne decidieron unirse a la diversión. Con una sonrisa traviesa, Harry formó una enorme bola de nieve y, sin previo aviso, la lanzó directamente hacia Draco.
—¡Toma esto, Draco! —gritó Harry, riendo mientras la bola de nieve impactaba en Draco, cubriéndolo de nieve.
Draco, sorprendido pero divertido, se sacudió la nieve y miró a Harry con una sonrisa desafiante.—¡Eso significa guerra, Potter!
Armand, viendo a su hermano cubierto de nieve, decidió defenderlo. Rápidamente formó varias bolas de nieve y comenzó a lanzarlas hacia Harry.
—¡No te metas con mi hermano! —exclamó Armand, riendo mientras lanzaba las bolas de nieve con entusiasmo.
Daphne, riendo, se unió a la batalla, lanzando bolas de nieve tanto a Harry como a Draco. La risa y los gritos de alegría llenaron el aire, mientras todos se sumergían en la diversión del juego.
Hermione quería hacer una pintura de lo que veía, quería mantener ese recuerdo siempre. Temía qué su hermana fuera a robarle el amor y cariño de las personas a su alrededor. Aun así, quería creer que todo estaría bien.
La batalla de bolas de nieve continuó, con todos corriendo y lanzando nieve, disfrutando del momento y de la compañía. A pesar del frío, sus corazones estaban cálidos con la alegría de estar juntos, creando recuerdos inolvidables en el paisaje nevado.
Para la noche, después de la divertida batalla de bolas de nieve, Draco, Harry y Armand comenzaron a sentir los efectos del frío. Los tres estaban resfriados, con malestares y estornudos constantes. Hermione y Daphne, preocupadas por ellos, se apresuraron a brindarles cuidados.
Hermione preparó una sopa caliente y té de hierbas para Draco y Armand, mientras Daphne hacía lo mismo para Harry. Los tres hombres se acurrucaron en sus camas, agradecidos por la atención y el cariño de sus esposas.
—Gracias, Hermione —dijo Draco con voz ronca, tomando la taza de té que ella le ofrecía—. Sin ti mi gente estaría preparando mi funeral, estoy feliz de que estés conmigo.
Hermione sonrió, acariciando su cabello.—Solo quiero que te sientas mejor. Descansa.
Armand, sin embargo, parecía estar peor que los demás. Su fiebre aumentó durante la noche, y Hermione decidió quedarse a su lado para cuidarlo.
—Hermione, me siento muy mal —dijo Armand, su voz débil y temblorosa.
Hermione se sentó junto a él, colocando un paño frío en su frente.—Estoy aquí, Armand. No te preocupes. Te cuidaré hasta que te sientas mejor.
En los días siguientes, la fiebre de Armand se convirtió en gripe y tos. Hermione no se separó de su lado, vigilando su temperatura y asegurándose de que tomara sus medicinas y descansara lo suficiente.
Daphne, mientras tanto, continuó cuidando de Harry y ayudando a Hermione con cualquier cosa que necesitara. El castillo estaba lleno de una atmósfera de cuidado y preocupación, pero también de amor y apoyo mutuo.
—Hermione, ¿cómo está Armand? —preguntó Daphne una noche, mientras preparaba más té.
—Está mejorando lentamente —respondió Hermione, con una sonrisa cansada—. Pero aún tiene fiebre y tos. No me separaré de él hasta que esté completamente recuperado.
Daphne asintió, admirando la dedicación de su amiga.—Eres como una madre para él, Hermione. Armand tiene mucha suerte de tenerte. Aunque el duque debe estar extrañándote en sus aposentos.
Hermione sonrió, agradecida por las palabras de Daphne.—Gracias, Daphne... Mi esposo, mi Draco... Oh, había olvidado eso... "atenderlo"
Daphne la entendió — es comprensible, meses atrás a veces cruzaban palabras y solo estabas al cuidado de Armand...
—Lo sé, olvidé mis deberes maritales... le haré una tarta de frambuesas a modo de disculpas cuando Armand esté completamente curado — Hermione se mostró pensativa.
Juntas, continuaron cuidando de sus seres queridos, sabiendo que, con amor y paciencia, superarían cualquier enfermedad y desafío que se les presentara.
.
En una tarde tranquila, el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. La luz cálida se filtraba a través de las ventanas del solárium de Draco, creando un ambiente acogedor y sereno. Severus decidió que era el momento de hablar con Draco sobre el incidente del crucifijo.
Severus se acercó a la puerta del estudio y llamó suavemente. Draco, que estaba revisando algunos documentos, levantó la vista y sonrió al ver a su amigo.
—Lord Severus, pase. ¿Qué le trae por aquí? —dijo Draco, señalando una silla frente a su escritorio.
Severus entró y cerró la puerta detrás de él, tomando asiento con una expresión seria.—Draco, quería hablar con usted sobre algo importante. Primero, quiero disculparme por el comportamiento de mis hijos. Descubrí que Simon y James robaron un objeto valioso de su habitación. Ya les he reprendido severamente, pero quería ofrecerte mis disculpas personalmente y devolver lo que tomaron.
Draco asintió, aunque se sentía incómodo.—Aprecio sus disculpas, Lord Severus. Entiendo que los niños pueden ser traviesos, pero es importante que aprendan a respetar la propiedad ajena. ¿Cómo están sus hijos?
Severus frunció el ceño, recordando la escena.—Al principio, intentaron justificar sus acciones, pero cuando vieron que estaba realmente enfadado, se dieron cuenta de la gravedad de su error. Les dejé claro que este tipo de comportamiento es inaceptable.
Draco asintió, apreciando la firmeza de Severus.—Es bueno que entiendan las consecuencias de sus acciones. Aprecio que haya tomado medidas al respecto.
Severus asintió, agradecido por la comprensión de Draco.—Lo sé, y me aseguraré de que entiendan la gravedad de sus acciones. También quería informarle que planeo irme pronto. He estado aquí mucho tiempo y mis tierras necesitan atención. Mis plantas medicinales podrían estar muriendo sin los cuidados adecuados.
Draco, interesado, se inclinó hacia adelante, quería darle como obsequio a Hermione un jardín botánico .—Eso es algo que quería discutir. Me interesa comerciar plantas medicinales para cuidar de mi gente. He oído que tiene una gran variedad y creo que podría beneficiarnos a ambos.
Severus levantó una ceja, intrigado.—Es cierto, tengo muchas plantas medicinales que no he visto en sus tierras. Podría ser una buena oportunidad para ambos. Podríamos establecer un comercio que beneficie a nuestras comunidades.
Draco sonrió, viendo el potencial en la propuesta.—Me parece una excelente idea. Podríamos empezar con un intercambio de muestras y ver cómo se adaptan las plantas a nuestras tierras. Estoy seguro de que esto fortalecerá nuestras relaciones y ayudará a nuestras gentes.
Severus asintió, sintiéndose más optimista.—Estoy de acuerdo. Empezaremos con el intercambio tan pronto como sea posible. Gracias por su comprensión y por esta oportunidad.
Draco se levantó y estrechó la mano de Severus.—Gracias a usted, Lord Severus. Estoy seguro de que esto será el comienzo de una colaboración fructífera.
Severus sonrió, sintiéndose más relajado.—Sabe, siempre he tenido un interés profundo en la curación. Si las circunstancias hubieran sido diferentes, quizás habría seguido ese camino en lugar de convertirme en vizconde.
Draco asintió, comprendiendo el sentimiento.—A veces, nuestras responsabilidades nos llevan por caminos inesperados. Pero eso no significa que no podamos seguir nuestras pasiones. Estoy seguro de que su conocimiento en curación será invaluable para nuestras tierras.
Severus se sintió reconfortado por las palabras de Draco.—Gracias, duque. Aprecio su apoyo. Estoy emocionado por ver cómo nuestras tierras pueden beneficiarse de este intercambio.
Draco sonrió, sintiendo una nueva camaradería con Severus.—Y yo también. Estoy seguro de que esto será el comienzo de algo grande para ambos.
Con un acuerdo en marcha y las disculpas aceptadas, ambos hombres se sintieron más tranquilos y optimistas sobre el futuro.
Draco sabía que si le daba un jardín botánico a Hermione, ganaría el corazón de Hermione y ella vería que sus sentimientos eran reales, así no dudaría de su amor.
Cuando Severus reunió a sus hijos, Simon y James, para hablarles sobre el nuevo comercio de plantas medicinales con el duque, los muchachos estaban inicialmente confundidos. Estaban en la sala común del castillo, donde el fuego crepitaba en la chimenea, proporcionando un ambiente cálido y acogedor.
—Simon, James, necesito hablar con ustedes sobre algo importante —dijo Severus, su tono serio pero calmado.
Los gemelos se miraron entre sí, curiosos y un poco nerviosos.—¿Qué pasa, papá? —preguntó Simon.
Severus se sentó frente a ellos, tomando un momento para elegir sus palabras.—He decidido establecer un comercio de plantas medicinales con su excelencia, Draco. Esto no solo beneficiará nuestras tierras, sino que también ayudará a fortalecer nuestras relaciones con su familia.
James frunció el ceño, tratando de entender.—¿Plantas medicinales? ¿Por qué es tan importante?
Severus sonrió ligeramente, apreciando la curiosidad de su hijo.—Las plantas medicinales tienen propiedades curativas que pueden ser muy valiosas. Pueden ayudar a tratar enfermedades y mejorar la salud de nuestra gente. Además, este comercio nos proporcionará los recursos que necesitamos.
Simon, siempre el más pragmático, asintió lentamente.—¿Esto significa que tendremos más dinero y recursos para nuestras tierras?
Severus asintió, satisfecho con la comprensión de Simon.—Exactamente. Nuestras tierras han estado pasando por dificultades, y este comercio nos ayudará a superarlas. También es una oportunidad para aprender más sobre la medicina y cómo podemos usarla para el bien de nuestra comunidad.
James, aún un poco escéptico, preguntó.—¿Y qué pasa con el duque? ¿Por qué quiere comerciar con nosotros?
Severus miró a su hijo con paciencia.—el duque también ve el valor en las plantas medicinales. Quiere asegurarse de que su gente esté bien cuidada, al igual que nosotros. Este comercio beneficiará a ambas familias.
Los gemelos se quedaron en silencio por un momento, procesando la información. Finalmente, Simon habló.—Entiendo, papá. Si esto ayudará a nuestra familia y nuestras tierras, entonces es una buena idea.
James asintió, aunque aún tenía algunas dudas.—Sí, papá. Solo queremos asegurarnos de que todo salga bien.
Severus sonrió, sintiéndose orgulloso de sus hijos.—Lo sé, y aprecio su apoyo. Juntos, podemos hacer que esto funcione. Y recuerden, siempre es importante aprender y crecer, incluso en situaciones difíciles... Así que entiendan que robar no trae nada bueno, no deben seguir los consejos de su madre cuando se trata de herir o robar a otras personas.
Los gemelos asintieron, sintiéndose más tranquilos y optimistas sobre el futuro. Sabían que, con el liderazgo de su padre y la colaboración con el duque podrían superar cualquier desafío que se les presentara
