Los vizcondes Lily y Severus, junto con sus hijos gemelos, Simón y James, marchaban de regreso a sus tierras. La familia se despidió del duque y su familia antes de partir. Harry ni siquiera apareció en compañía de Daphne, se disculparon alegando que tenían que visitar al herrero para conseguir herraduras para los caballos.

El carruaje avanzaba lentamente por el camino nevado, sus ruedas crujían sobre la nieve fresca. El aire frío se filtraba a través de las pequeñas rendijas de las ventanas, haciendo que el interior del carruaje se sintiera aún más helado. Los árboles a ambos lados del camino estaban cubiertos de una capa blanca, y el paisaje invernal se extendía hasta donde alcanzaba la vista.

Dentro del carruaje, la atmósfera era tensa y cargada de emociones. Lily, envuelta en un abrigo de terciopelo verde oscuro, se acomodó en su asiento con una sonrisa maliciosa en los labios. Sus ojos brillaban con una mezcla de satisfacción y desafío mientras hablaba.

—Hice algo que pondrá en problemas a Harry—dijo Lily, su voz resonando en el espacio cerrado.— Fingí arrepentimiento, pero no funcionó, ese niño no merece la felicidad si no tiene compasión de su propia madre.

Severus, sentado frente a ella, la miró con una expresión dura. Su rostro estaba parcialmente iluminado por la luz tenue que entraba por las ventanas, acentuando las líneas de preocupación en su frente.

—¿Qué has hecho, Lily? —preguntó Severus, su voz baja pero llena de autoridad—. Si algo de lo que has hecho nos perjudica, no dudaré en darte un castigo físico. Y ningún tipo de ruego te salvará, es más soy Capaz de enviarte a un convento o pedir que te corten el cuello si con eso puedo salvaguardar a mis hijos.

Lily fingió no escuchar la amenaza de Severus y continuó con su alarde, su tono lleno de desprecio.—Interceptaré cada carta que llegue a nuestra casa. Estoy segura de que Rosmerta es tu amante, y no permitiré que esa mujer se acerque a mi familia.

Severus apretó los puños, sus nudillos se volvieron blancos por la tensión.—Lily, estás jugando con fuego. Si tus acciones causan problemas, no solo para nosotros, sino también para nuestros hijos, te aseguro que enfrentarás las consecuencias.

Lily lo miró con desdén, sus ojos reflejaban una mezcla de celos y determinación.—Haz lo que quieras, Severus. Pero no permitiré que esa mujer se interponga en mi vida.

Simón y James, sentados en el otro extremo del carruaje, intercambiaron miradas preocupadas. El ambiente dentro del vehículo era sofocante, lleno de una tensión que parecía crecer con cada palabra. Su madre parecía estar perdiendo la cordura.

El carruaje siguió su camino, dejando atrás el castillo y sus recuerdos. La nieve continuaba cayendo suavemente, cubriendo el paisaje con un manto blanco y silencioso. A medida que avanzaban, el sonido de los cascos de los caballos y el crujido de las ruedas sobre la nieve eran los únicos ruidos que rompían el silencio invernal. Severus miró por la ventana, su mente llena de preocupaciones sobre las posibles consecuencias de las acciones de Lily. Sabía que tendría que estar alerta y preparado para cualquier eventualidad.

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Durante la fría tarde y tranquila en el castillo. El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. Draco se encontraba en el solárium, revisando algunos documentos y disfrutando de la cálida luz que se filtraba a través de las ventanas.

De repente, la puerta del solárium se abrió y Susan, una bella sirvienta de cabellos escarlatas, entró con una expresión decidida. Sin decir una palabra, comenzó a desvestirse, dejando caer su delantal y desabrochando su vestido y dejando al descubierto sus senos.

Draco levantó la vista, sorprendido y confundido.—¿Qué se supone que estás haciendo? —preguntó, su voz llena de incredulidad.

Susan se detuvo, asustada, y se cubrió parcialmente con las manos.—Estoy haciendo lo que se me pidió, mi señor. tengo que complacerlo toda la tarde, ya que se siente solo en estos días...

Draco se levantó de su asiento, su rostro se tornó severo.—¡Nunca pediría tal cosa a una sirvienta! Tengo una esposa preciosa y no necesito nada de esto. ¡Lárgate de mi vista ahora mismo! Y si te vuelvo a ver en este castillo, no dudaré en hacer que te corten la cabeza.

Susan, con lágrimas en los ojos, recogió su ropa y salió corriendo semidesnuda del solárium. En su prisa, no se dio cuenta de que Hermione estaba en el pasillo, llevando una tarta de frambuesas recién hecha para Draco.

Hermione vio a Susan correr y, al ver su estado, su corazón se llenó de ira y dolor. Pensó que su esposo había encontrado consuelo en otros brazos y que ya no necesitaba de sus cuidados.

Con la tarta aún en las manos, Hermione entró al solárium con una expresión de furia.—¡Draco Malfoy! —gritó, lanzando la tarta directamente a la cara de Draco.

Draco, sorprendido y cubierto de frambuesas, se quedó sin palabras.—Hermione, ¿qué...?

Hermione lo interrumpió, su voz temblando de ira.—¡Eres un cobarde! Si has encontrado a otra que me sustituya en la cama, al menos ten el valor de decírmelo en la cara, no lo hagas a escondidas.

Sin esperar una respuesta, Hermione se dio la vuelta y salió del solárium, echando humo. Draco se quedó allí, atónito y cubierto de tarta, sin saber cómo había llegado a esa situación.

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Susan, con lágrimas en los ojos y aún semidesnuda, corría por los pasillos del castillo. Mientras lo hacía, se encontraba con varios sirvientes y, entre sollozos, comenzó a divulgar un chisme que pronto se esparciría como el fuego.

—El duque es muy bueno —decía Susan, su voz temblorosa pero clara—. Me ha recompensado con 30 monedas de oro por acostarme con él, ya que su esposa lo tiene abandonado.

Los sirvientes, sorprendidos y curiosos, no tardaron en compartir la noticia entre ellos. El rumor llegó rápidamente a oídos de Harry, quien no dudó en ir a reclamarle a Draco por lo que había escuchado.

Harry entró al solárium con el ceño fruncido y una expresión de enojo.—¡Draco! ¿Qué es esto que estoy escuchando sobre Susan y tú?

Draco, aún limpiándose los restos de tarta de frambuesas de la cara, levantó la vista, sorprendido.—¿Qué estás diciendo, Harry? No tengo idea de qué hablas.

Harry cruzó los brazos, su mirada fija en Draco.—Susan está diciendo que le pagaste 30 monedas de oro por acostarse contigo porque Hermione te ha abandonado. ¿Es eso cierto?

Draco se quedó atónito por un momento antes de responder, su voz llena de indignación.—¡Eso es una mentira! Susan entró aquí y comenzó a desvestirse sin mi consentimiento. Le ordené que se fuera y le dije que nunca haría algo así. ¡Tengo una esposa preciosa y no necesito nada de eso!

Harry lo miró con escepticismo, pero la sinceridad en los ojos de Draco lo convenció.—Entonces, ¿por qué Susan diría algo así?

Draco apretó los puños, su expresión se endureció.—¡Qué diantre voy a saber! pero no permitiré que estas mentiras destruyan mi matrimonio. Ordenaré a mis mejores soldados que encuentren a esa maldita mentirosa y la traigan de vuelta. Necesito aclarar esto antes de que Hermione crea esas mentiras.

Harry asintió, comprendiendo la gravedad de la situación.—Draco, ya debes saber que Hermione probablemente ya ha escuchado el rumor. Debes ir a hablar con ella y aclarar todo antes de que sea demasiado tarde.

Draco asintió — Fue ella quien me tiró la tarta encima — su rostro lleno de determinación.— Harry. Iré a buscarla ahora mismo. No puedo permitir que estas mentiras nos separen.

Con esa resolución, Draco salió del solárium, decidido a encontrar a Hermione y explicarle la verdad antes de que el chisme causara un daño irreparable. Con el corazón pesado y la mente llena de preocupación, se dirigió a la habitación de Hermione. Sabía que tenía que disculparse y aclarar todo antes de que fuera demasiado tarde.

Al llegar, encontró a Hermione sentada junto a la ventana, mirando hacia el jardín nevado con una expresión de tristeza y desilusión.

—Hermione —dijo Draco suavemente, acercándose a ella—. Necesito hablar contigo.

Ella no se volvió para mirarlo, su voz era fría y distante.—No tiene importancia, su excelencia. Eres el duque, amo y señor de estas tierras. Puedes tener las amantes que desees, y yo, como tu esposa, tendré que tolerarlo.

Draco sintió una punzada de dolor en el pecho al escuchar sus palabras.—vida mía, nunca toqué a esa sirvienta. Y nunca lo haría. Estoy enamorado de ti, solo de ti.

Hermione negó con la cabeza, sus ojos llenos de lágrimas.—No quiero oírte, Draco. No te creo. Todo esto es demasiado para mí.

Desesperado se arrodilló frente a ella, tomando sus manos entre las suyas.—mi dulce amor, por favor, escúchame. Eres la única mujer que deseo y necesito en mi vida. No puedo imaginar mi vida sin ti. Esa sirvienta mintió, y alguien está tratando de destruir lo que tenemos.

Hermione apartó la mirada, sus lágrimas caían silenciosamente.—¿Cómo puedo confiar en ti después de lo que vi? ¿Después de lo que escuché?

Draco apretó sus manos con más fuerza, su voz llena de sinceridad.—Porque te amo, Hermione. Y haré lo que sea necesario para demostrarte que solo tú eres la dueña de mi corazón. Por favor, dame una oportunidad para arreglar esto.

Hermione finalmente lo miró, sus ojos llenos de dolor y confusión.—Draco, quiero creerte, pero necesito pruebas. Necesito saber que no me estás mintiendo.

Draco asintió, decidido a hacer lo que fuera necesario.—Lo entiendo, Hermione. Encontraré a la sirvienta y la haré confesar la verdad. No descansaré hasta que todo esto quede aclarado. Solo te pido que no te alejes de mí. Te necesito a mi lado.

Hermione suspiró, sintiendo una pequeña chispa de esperanza en su corazón.—Está bien, Draco. Te daré una oportunidad para demostrarme la verdad. Pero si descubro que me has mentido, no habrá vuelta atrás.

Él asintió, agradecido por la oportunidad.—Gracias, amor mío. No te defraudaré. Te prometo que encontraré la verdad y restauraré nuestra confianza.

Con esa promesa, Draco se levantó y salió de la habitación, decidido a encontrar a Susan y aclarar todo de una vez por todas. Hermione, aunque aún dolida, sintió una pequeña esperanza de que las cosas pudieran arreglarse.


Días atrás, mientras Susan limpiaba el piso de la habitación de la vizcondesa Lily, la atmósfera estaba cargada de tensión. La luz del sol se filtraba a través de las cortinas, iluminando el polvo que flotaba en el aire. Lily observaba a Susan con una mirada calculadora, sus ojos brillaban con una mezcla de desprecio y astucia.

-Niña, oí que tu madre tiene lepra -dijo Lily, su voz era fría y cortante-. También sé que no tienes dinero para comprarle alimentos y aquí solo te dan lo necesario para vivir.

Lily sacó una pequeña bolsa de cuero y la agitó ligeramente, haciendo tintinear las monedas en su interior.-Hay 400 monedas de oro aquí. Te las daré a cambio de un favor. Quiero que te insinúes al amo de este castillo.

Susan levantó la vista, sorprendida y asustada.-¿Querrá un favor que cueste mi virtud? De ser así, esas monedas no valen nada. Y si intenta comprar mi conciencia, le diré al duque...

Lily rió suavemente, una risa que no alcanzaba sus ojos.-Por eso tu madre tiene lepra, parió una pecadora. Te daré algunas joyas de rubíes y esmeraldas, lo suficiente para ser una buena dote matrimonial. Podrás comprar como marido a un barón, serás una baronesa y tendrás comida diaria.

Susan sintió un nudo en el estómago. Sabía que el oro era lo único que podía comprar la salud y la comida para su madre y su hermana pequeña. No tenía nada que perder. Asintió lentamente mientras Lily le daba una serie de instrucciones detalladas en una carta .

-Haré lo que sea, mi señora -dijo Susan, su voz temblaba ligeramente.

Esa noche, Susan se preparó con esmero. Se aseó, se peinó y se arregló lo suficiente para ser atractiva. La vizcondesa Lily le entregó el oro, y Susan no dudó en dárselo a su pequeña hermana, asegurándose de que pudiera tener una vida decente.

Con el corazón pesado, Susan sabía que el duque la mataría en cuanto dijera las mentiras que le había ordenado la vizcondesa. Pero la promesa de una vida mejor para su hermana y la desesperación por la situación de su madre la llevaron a aceptar el trato.

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Hermione estaba furiosa y dolida, al borde de las lágrimas por lo que había visto. La imagen de Susan corriendo semidesnuda por el castillo y el rumor que se había esparcido como pólvora la tenían al borde del colapso. Se sentía traicionada y confundida, sin saber en quién confiar.

Daphne ya no era más una sirvienta así que podía ser más cercana a Hermione, al ver el estado de su amiga, se acercó rápidamente para consolarla. La abrazó con fuerza, tratando de calmarla.-Hermione, no puedes creer en esos rumores. Conozco al duque, y es imposible que haga algo así. Lo más probable es que alguien le haya pagado a Susan para que haga esto.

Hermione, con los ojos llenos de lágrimas, asintió débilmente.-Tienes razón, Daphne. Pero necesito pruebas de que ella habló con la lengua doblada. No puedo quedarme con esta duda. Debe haber algo en la habitación de Susan que nos dé respuestas. ¿Sabes dónde es?

Daphne asintió, decidida a ayudar a su amiga.-Sí, como antigua sirvienta, conozco cada rincón de este castillo. Vamos, te llevaré allí.

Hermione le agradeció con un susurro y ambas emprendieron camino hacia la habitación de Susan. El castillo estaba en silencio, solo el eco de sus pasos resonaba en los pasillos. La tensión en el aire era palpable, y Hermione sentía que cada segundo contaba.

Al llegar a la habitación de Susan, Daphne abrió la puerta con cuidado. La habitación estaba desordenada, como si Susan hubiera salido apresuradamente. Hermione y Daphne comenzaron a buscar entre las pertenencias de la sirvienta, con la esperanza de encontrar alguna pista.

Hermione revisó el pequeño escritorio, mientras Daphne buscaba entre las ropas y las sábanas. Después de unos minutos, Daphne encontró una pequeña bolsa escondida debajo del colchón. La abrió y encontró diez monedas monedas de oro.

-Hermione, mira esto -dijo Daphne, mostrando las monedas-. Esto no es algo que una sirvienta normal tendría. Alguien debe haberle pagado para que hiciera esto. Ls paga a lo mucho es de dos monedas de plata.

Hermione tomó las monedas, su mente trabajando rápidamente.-Esto es una prueba. Debemos encontrar a Susan y hacer que confiese quién le pagó. No puedo permitir que estas mentiras destruyan mi matrimonio.

Daphne asintió, apoyando a su amiga.-Vamos a encontrarla, Hermione. No estás sola en esto. Juntas, descubriremos la verdad.

Con una nueva determinación, Hermione y Daphne salieron de la habitación, listas para enfrentar cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino hacia la verdad.

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Kreacher, como administrador del castillo estaba molesto ante tales rumores nunca en sus décadas sirviendo a los duques ocurrió algo así, qué una sirvienta hablara de su relación con el duque. Era impensable qué una sirvienta si quiera codiciara el lugar de la esposa. Decidido a ayudar a sus amos y descubrir la verdad, salió de los muros del castillo para hablar con la gente del ducado. Sabía que encontrar a la hermana menor de Susan podría proporcionar las respuestas que necesitaban. El anciano caminó rápidamente por las calles empedradas, su mente enfocada en la misión.

Al llegar a una pequeña cabaña en las afueras del pueblo, Kreacher llamó a la puerta. Una adolescente de alrededor de trece años de aspecto frágil y cabello rojizo abrió, sus ojos azules reflejaban una mezcla de curiosidad y temor.

-¿Eres la hermana de Susan? -preguntó Kreacher, su voz suave pero firme.

La niña asintió, sus ojos se llenaron de lágrimas.-Sí, soy Emily. ¿Qué quiere de mí? Yo no voy a casarme, así me ofrezca muchas gallinas.

Kreacher se inclinó ligeramente, tratando de parecer menos intimidante.-Necesito saber qué pasó con Susan. ¿Dónde está? Soy Kreacher el administrador del castillo Malfoy. No vine a casarme, a mi edad no estoy para esos trotes.

Emily sollozó avergonzada y señaló hacia el interior de la cabaña.-Susan vino hace unos días y me dio una bolsa de oro. Dijo que era para que pudiéramos comprar comida y medicinas para nuestra madre. Pero luego se fue corriendo, diciendo que tenía que hacer algo importante.

Kreacher frunció el ceño, sintiendo que estaba cerca de la verdad.-¿Te dijo quién le dio el oro?

Emily asintió lentamente.-Dijo que la vizcondesa Lily Snape-Prince le pagó mucho dinero para destruir la confianza de los amos del castillo. Susan mostró una carta con el puño y letra de la vizcondesa, pero como no sabe leer, pensó que era del duque y la duquesa.

Kreacher sintió una mezcla de alivio y preocupación.-¿Dónde está esa carta ahora?

Emily señaló hacia una mesa en la esquina de la cabaña.-El herrero del pueblo le quitó la carta y dijo que estaba dirigida a Lord Harry Potter. Susan se sintió avergonzada y salió huyendo de las tierras del su excelencia, el duque Malfoy, antes de que la atraparan y ejecutaran por traición.

Kreacher tomó la carta y la examinó. Reconoció el sello de la vizcondesa Lily Snape-Prince. Sabía que esto era una prueba crucial.

-Gracias, Emily. Has sido de gran ayuda -dijo Kreacher, inclinándose respetuosamente.

Emily lo miró con tristeza.-¿Puede hacer algo por mi madre? Tiene lepra.

Kreacher negó con la cabeza, su expresión se suavizó.-Lo siento, pequeña. La lepra es un castigo divino, y no puedo hacer nada por ella. Tienes el oro de la vizcondesa, puedes vivir de ello, no hay manera de que el duque te lo quite. Si eres distinta a tu hermana te puedo asegurar un lugar como sirvienta en el castillo del duque, solo ven en unos días y te daré el puesto que tenía tu hermana.

Con esa promesa, Kreacher se despidió de Emily y con la carta en mano, se apresuró a regresar al castillo. Sabía que esta prueba era crucial para restaurar la confianza entre Draco y Hermione.

Al llegar, vio a sus amos saliendo del castillo. El cielo estaba cubierto de nubes grises, y una ligera brisa fría soplaba a través de los árboles, haciendo que las hojas caídas crujieran bajo sus pies.

-¡su excelencia, Draco! ¡Mi Señora Hermione! -gritó Kreacher, agitando la carta en el aire mientras corría hacia ellos.

Draco y Hermione qué iban casa uno por su lado dispuestos a averiguar lo ocurrido con Susan, se detuvieron, sorprendidos al ver al anciano tan agitado. Draco frunció el ceño, preocupado.-¿Qué sucede, Kreacher?

Kreacher, jadeando ligeramente por la carrera, se inclinó profundamente.-Su excelencia, he encontrado algo muy importante. Por favor, deben regresar al interior castillo. necesito mostrarles algo.

Hermione, con una mezcla de curiosidad y preocupación, asintió.-Vamos, Draco. Si Kreacher dice que es importante, debemos escucharlo.

De vuelta en el castillo, Kreacher los condujo a la biblioteca, un lugar tranquilo donde podrían qhablar sin interrupciones. La biblioteca estaba iluminada por la luz tenue de las antorchas, y el crepitar del fuego en la chimenea añadía un toque de calidez al ambiente. Con manos temblorosas les entregó la carta.

-Como bien saben mis señores, yo soy el administrador de este castillo, por tanto conozco a cada detalle de la vida de los sirvientes, así que decidido a descubrir la verdad fui al pueblo y encontré a la hermana menor de Susan -explicó, su voz era grave-. Ella confirmó que la vizcondesa Lily Snape-Prince le pagó a Susan para insinuarse al amo del castillo y destruir la confianza entre ustedes. Esta carta es una prueba de ello.

Draco tomó la carta y la examinó detenidamente. Al ver el sello de la vizcondesa, sintió una mezcla de alivio y rabia.-Esto es una prueba clara de que todo fue un complot. Hermione, tienes que creerme. Nunca toqué a esa sirvienta, mis manos son solo para tocarte a ti, mi dulce deseo.

Hermione, con lágrimas en los ojos, tomó la carta de las manos de Draco y la leyó. Al ver el sello, sintió que una carga se levantaba de sus hombros.-Draco, lo siento. Estaba tan dolida y confundida. No sabía en quién confiar.

Draco la abrazó con fuerza, sus ojos llenos de amor y determinación.-No tienes que disculparte, Hermione. Entiendo por qué te sentiste así. Pero ahora tenemos la prueba de que todo fue una mentira. Juntos, superaremos esto.

Kreacher, viendo la reconciliación entre sus amos, se sintió aliviado y satisfecho.-sus excelencias estoy feliz de haber podido ayudar.

Hermione sonrió a Kreacher, agradecida por su lealtad y ayuda.-Gracias, Kreacher. Has hecho más de lo que podríamos pedir. Ahora, debemos encontrar a Susan y hacer que confiese la verdad.

Draco asintió, su expresión se endureció con determinación.-Sí, debemos aclarar todo y asegurarnos de que la responsable pague por sus acciones. Es más si esto iba. dirigido a Harry es seguro que Daphne no lo hubiera podido soportar y su embarazo se hubiera visto afectado.

-¿embarazada? - Hermione se sorprendió, sin embargo eso explicaba porque dejó de ser una sirvienta, se alegraba por el nuevo bebé y de cierta manera se alegraba de haber sigo ella víctima de aquel engaño.

Con una nueva resolución, Draco y Hermione, acompañados por Kreacher, se dirigieron a la sala principal del castillo. Donde esperaban que sus mejores soldados encontraran a Susan y la trajeran de vuelta para que confesara la verdad. Los soldados, leales y eficientes, habían partido hace horas en busca de la sirvienta.

Mientras tanto, Susan, consciente de que su mentira había sido descubierta, huía desesperadamente por el bosque lejos de las tierras del duque. El cielo se había oscurecido aún más, y una ligera Nevada comenzaba a caer, empapando el suelo y haciendo que las hojas y ramas se volvieran resbaladizas. El miedo y la culpa la consumían, y su mente estaba nublada por el pánico. Corría sin rumbo fijo, tratando de escapar de las consecuencias de sus acciones.

Los soldados del duque la siguieron de cerca, sus pasos resonaban en el suelo cubierto de hojas mojadas. Susan, en su desesperación, no se dio cuenta de las rocas que yacían en su camino. Tropezó y cayó, golpeándose la cabeza con fuerza contra una piedra. El impacto fue fatal, y Susan quedó inmóvil en el suelo, su vida se extinguió en un instante.

Los soldados se detuvieron al ver la escena, sus rostros reflejaban una mezcla de sorpresa y consternación. Uno de ellos se arrodilló junto a Susan, comprobando que ya no respiraba. Con un suspiro de resignación, se levantó y se dirigió de vuelta al castillo para informar a Draco de lo sucedido.

Al llegar al castillo, el soldado principal se acercó a Draco y Hermione, que esperaban ansiosos en la sala principal.-Mi señor, mi señora, tengo malas noticias. Encontramos a Susan, pero tropezó y se golpeó la cabeza. Murió instantáneamente.

Hermione llevó una mano a su boca, sus ojos se llenaron de lágrimas.-¿Está muerta? No puede ser...

Draco apretó los puños, su rostro reflejaba una mezcla de frustración y tristeza.-Esto complica las cosas. Sin su confesión la vizcondesa quedará libre de esto.

Kreacher, que había estado escuchando en silencio, dio un paso adelante.-su excelencia Draco, tenemos la carta y la hermana de Susan confirmó que la vizcondesa Lily Snape-Prince le pagó para destruir la confianza en el castillo. Esto debería ser suficiente para demostrar la verdad.

Hermione asintió, tratando de encontrar consuelo en las palabras de Kreacher.-Tienes razón, Kreacher. Tenemos pruebas suficientes. Pero aún así, es una tragedia que Susan haya muerto de esta manera.

Draco abrazó a Hermione, su voz era suave pero firme.-Lo sé, Hermione. Pero debemos seguir adelante y asegurarnos de que la responsable pague por sus acciones.

Con una nueva resolución, Draco y Hermione, acompañados por Kreacher y sus soldados, se prepararon para enfrentar los desafíos que aún les esperaban.