El olor de la sangre fue lo único que sus sentidos pudieron percibir en ese instante.
Los restos de la habitual masacre a estaban lejos de ser una imagen agradable a los ojos de cualquier persona, En el lugar del Slayer, pocos podrían haber soportado estar un segundo más en medio de aquel escenario adornado con restos de pura sangre e inmundicia, pero para el asesino de demonios ésto no era nada más que la rutina que había estado siguiendo desde que tenía uso de razón.
Al menos desde que tenía memoria.
Este tipo de escenarios eran algo cotidiano para el Doom Slayer, no tenía sentido asquearse o alarmarse ante una escena así, este tipo de cosas eran simplemente gajes del oficio.
No tenía razones reales por las que alarmarse, después de todo no tenía razones para asquearse frente a algo a lo que ya estaba más que acostumbrado.
Sin embargo, el Slayer seguía siendo una persona y al igual que todos a veces necesitaba despejar su mente alejándose de la rutina.
¿Y qué hay menos rutinario para alguien con un oficio como ese que descansar en una isla tropical rodeado de animales antropomórficos?.
Después de haber experimentado semanas tan atareadas era justo lo que necesitaba.
Sin embargo, parte de sus ansias por regresar a aquella isla no venían simplemente con el motivo de descansar.
A su mente volvió como un flash la imagen de cierta perrita rubia con la que solía pasar sus tardes en aquel mundo tan distante al suyo e inconscientemente, una leve sonrisa se hizo presente en su rostro.
Definitivamente necesitaba verla.
Era consciente de que no había pasado tanto tiempo desde la última vez que visitó a Canela en su mundo, sin embargo, no podía ignorar el anhelo que crecía en el de verla una vez más.
E imaginó que seguramente la perrita quería verlo tanto como él a ella.
Nada ni nadie le impediría por fin ir a visitarla este fin de semana, había pasado casi un mes desde la última vez en la que habían interactuado y empezaba a extrañar tanto a Canela como a su mundo.
Después de todo, Canela era la antítesis de todo lo que él representaba. Ella era como el sol, nunca había visto la noche.
Su deber como cazador de demonios era un trabajo de tiempo completo y pocas veces podía ver algo además de la sangre derramada de sus enemigos, pero incluso un ser perfecto e inmortal cómo él no podía evitar sentir afinidad por cosas lindas.
En un mundo tan tranquilo y pacífico como al que pertenecía su amiga perruna, no había nada que disfrutara más que estar a su lado.
Para su suerte, la espera para ver a su amiga canina ya había terminado.
El día finalmente había llegado.
La luz del sol se hizo presente una vez más sobre el pueblo, la primavera había llegado una vez más trayendo consigo el resurgimiento de la flora en la isla, las flores brotaban y las aves cantaban invitando a los habitantes del pueblo a pasarla bien y relajarse en un ambiente lleno de paz y serenidad.
Una pequeña patita se encontraba teniendo un día de campo, mientras descansaba sobre el pasto, vio como a la distancia una perrita de pelaje rubio fresa caminaba hacía ella para sentarse a su lado.
— "Que onda ra-" — Su saludo fue interrumpido por un repentino grito de horror de parte de la patita.
— "¡¿Qué está pasando?!"
Un portal de un color similar al fuego se había abierto frente a ellas; y antes de que pudieran procesarlo una figura salió de allí, provocando que ambas soltaran un alarido.
— "¿¡Qué es eso ahí?!
Ambas féminas temblaban de miedo observando lo que ocurría y en un movimiento instintivo, se abrazaron en busca de confort.
Pero al ver a la figura salir completamente, Tere esbozó una expresión de confusión.
— "Espera, Deira" — La perrita dijo antes de tocar el hombro de su amiga.
— "¿Q-Que?" — Respondió la mencionada con los ojos cerrados y tiritando de miedo.
— "Es el Sr. Doom"
— "¡Oh!"
Las palabras de Tere provocaron que la patita abriera los ojos y soltara un suspiro de alivio.
Frente a ellas se encontraba un hombre de armadura verde que ambas reconocían, los habitantes del pueblo no eran ajenos a las visitas constantes del azote del infierno a la isla, pero ver a un hombre de casi 2 metros siendo expulsado del mismísimo infierno sin ningún tipo de advertencia seguía siendo una escena bastante impactante.
— "Buenas tardes Sr. Doom." — Tere dijo con una sonrisa, mientras Deira sacudía un ala en forma de saludo.
El Slayer no dijo una palabra y simplemente respondió asintiendo con la cabeza.
— "Supongo que viene a ver a Canela" — Deira dijo alegremente.
Pero pronto, su sonrisa desapareció al recordar el estado tan lamentable de la secretaria.
Y al notarlo, la atención del caminante del infierno se dirigió completamente hacía ella, agachándose para poder escuchar lo que sea que tuvieran que decir.
¿Acaso le había pasado algo malo mientras él no estaba aquí?
— "No la hemos visto en semanas, ¡preguntamos en el ayuntamiento y al parecer ha estado terriblemente enferma durante los últimos días!"
Si no fuese por sus sentidos mejorados, habría dudado de haber malentendido lo que la patita acababa de decir.
¿Había dicho "semanas"?.
Desde que conoció este mundo nunca había escuchado de una enfermedad que durará tanto tiempo. Lo más severo de lo que había oído eran casos de habitantes en la isla padeciendo de gripes leves que llegaban a durar 2 días como máximo, ¿Qué tan grave podría ser como para prácticamente haberla obligado a entrar en cuarentena?.
Ésto no podía estar pasando.
Después de tanto tiempo sin verla no podía permitir que algo así le impidiera estar con ella, después de todo, había pasado un largo tiempo desde que cosas tan triviales como las enfermedades le habían dejado de afectar.
Ladeó la cabeza, dando a entender su confusión.
Y frente a esto, Tere continúo explicando el estado tan lamentable en el que Canela se encontraba.
— "No ha salido de su casa en días, no responde llamadas, no responde cartas, ¡si no fuera porque a veces la luz de su casa está encendida podría jurar que simplemente desapareció!"
Después de escuchar eso, ver a la perrita se había vuelto una prioridad incluso más latente, no podía dejarla sola y mucho menos en este estado, no cuando se trataba de su única amiga.
Deira caminó hacia él, subiendo la mirada para así poder ver hacía cristal de su visor y hablar de una manera más directa con el azote del infierno.
— "¿Viene a verla cierto?" — Ella preguntó con una expresión que denotaba la más pura preocupación.
Él asintió con la cabeza sin decir una palabra.
— "Si puede hablar con ella... ¿Podría saludarla de nuestra parte?, es lo mínimo que podemos hacer por ella, después de todo sin Canela este pueblo sería todo un caos..."
Tere soltó un suspiro pesado al terminar su oración
Era claro que la secretaria tenía un algo que pareciera hacer que cualquiera que la conociera terminara apreciandola de sobremanera, y a pesar del poco tiempo que habían compartido juntos, el Slayer no era la excepción.
Pero eso no era importante ahora, en este momento todo lo que importaba era asegurarse de que Canela estuviera bien, y eso haría.
N/A: Perdón por la tardanza, últimamente no me he estado inspirando tanto como antes por asuntos personales incluyendo que mi beta reader abandonara está historia, sus comentarios y feedback son parte de lo que me mantiene aquí y les agradezco mucho 3
