DISCLAIMER: Los personajes de ésta historia NO me pertenecen, solo a Rumiko Takahashi, la historia SÍ es mía. Las canciones mostradas durante la historia tampoco me pertenecen, solo las tomo prestadas ^_^. Todo esto lo hago sin fines de lucro, solo para hechar a volar nuestra imaginación.
DISFRÚTENLO
CAPÍTULO 3
El sonoro ruido de aplausos huecos resonaba en toda la habitación.
-Lo hiciste perfectamente Kagome, sabía que serías aceptada. Y debo decir que me has sorprendido.- Recordaba como Naraku mostraba su sonrisa de satisfacción.
-Sé perfectamente que solo ves en ello ganancias, o ¿me equivoco?- Lo miraba con recelo.
-Jajaja sí, así es, mientras lo hagas bien y como debe de ser, no tendremos problemas.- Movía los dedos de sus manos cruzadas sobre la mesa.
-¿Para qué me has citado?- Estaba harta de escuchar casi siempre lo mismo.
-Así me gusta, directo al asunto... Bien, primero, como has conseguido estar en el último nivel de preparación, y como es obvio, rechazaras todas las ofertas de las empresas que quieran tenerte como su artista, no dirás razón alguna, sé que los alejaras a tu manera. Segundo, debes sorprender a todos con el talento que tienes, en pocas palabras, quiero que seas la mejor.- Comenzaba a mostrar un rostro lleno de malicia.
-¿Eso es todo?- Kagome no creía que solo fuera eso lo que le pidiera, claro que lo haría, después de todo ella no se relacionaba con nadie y no tenía planeado hacerlo. ¿Ser la mejor?, ése si podría ser un problema.
-No, claro que no. Lo que más me interesa…- Se levantó de sobre su escritorio y se dirigió hacia el ventanal cercano, quedándose por un momento pensativo, mostrándole su espalda a Kagome. –Los Taisho harán todo lo posible por tenerte como su artista principal… Ten cuidado Kagome.-
Kagome se sorprendió de la manera tan seria en que se lo decía, sabía que había algo más con esas palabras. Trataba de decirle otra cosa con aquello, pero no distinguía qué. Era imposible que ahora él se preocupara por ella.
-Haré todo lo posible para que esto acabe lo más pronto posible pero… en éstos momentos solo quiero que me digas una cosa.- Naraku volteo hacia ella con el presentimiento de saber lo que quería. -¿Dónde está mi padre?-
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Después de todo, Naraku no le había dicho el paradero de su padre.
Muchos la criticarían por preocuparse aún por el responsable de lo que le sucedía, pero era su padre, a pesar de todo, lo quería, era lo único que había tenido durante los últimos siete años y aunque tuvo muchos momentos difíciles, también hubo buenos momentos. Nunca lo culpó por dedicarse todo el tiempo al trabajo, era a su madre a quién culpaba y le tenía más rencor, si ella no los hubiera abandonado, muchas cosas no hubieran sucedido, sin embargo, tenía presente que el "hubiera" no existía, no podía regresar al pasado y solucionarlo todo.
-¡Ya Kagome!, deja de pensar en ello y mejor preocúpate por seguir adelante y terminar de una buena vez con la deuda.- Su Kagome interior salía a la luz.
Movió su cabeza despertando de su letargo y continuó limpiando las mesas, estaban por abrir el local. Volteo hacia una de las paredes y miró el reloj-calendario que colgaba.
-Viernes 4 de julio, 11:00 am. Un mes, solo un mes.- Quedó pensativa ante su futuro incierto mientras continuaba acomodando las sillas y los cubiertos sobre las mesas.
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Royal Host era un lugar muy tranquilo, no concurrían muchas personas, lo normal. A Kagome le gustaba el ambiente de trabajar en ése lugar. Su puesto era de mesera y a veces como cocinera, el lugar se había vuelto muy popular por los cafés y repostería en general que ella preparaba. Cocinar era una de sus muchas habilidades que poseía, por esa razón, su jefe la defendía de sus envidiosas compañeras; tenerla era muy valioso, tanto en ganancias como por el espíritu alegre que emanaba, haciendo sentir cómodos a los clientes.
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-Kagome, ¿podrías traer las cajas de leche en polvo que están afuera?- El anciano, dueño del local, le señalaba mientras hacia las cuentas con el proveedor.
-Sí, enseguida lo haré.- Dejó todo lo que tenía en sus manos sobre la barra y se dirigió fuera del local donde dos señores se encontraban descargando cajas de varios ingredientes para cafetería y repostería encontradas en una camioneta.
Se suponía que ese trabajo no le correspondía, además de ser pésima en deportes, era débil, pero decidió ayudar aún más al dueño, ya que se las había visto duras desde el día en que Hojo había dejado de ir a trabajar, .
-Hojo.- Suspiró, no había dejado de pensar en lo sucedido semanas atrás, el beso que se habían dado no podía olvidarlo, era el primer chico a quien besaba, había sido su primer beso.
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Después de que la dejara a su departamento, él se despidió y se retiró rápidamente; quiso hablar de lo sucedido, declararle sus sentimientos, pero él no le dio tiempo. El lunes siguiente, no se había presentado a trabajar. Kagome llamó varias veces a su casa y celular, pero como si se lo hubiese tragado la tierra, desapareció, eso la preocupó, no tenía noticia alguna de su paradero, no podía hacer otra cosa más que esperar.
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Akitoki Hojo, 19 años
Padres: Akitoki Haruto y Akitoki Ayano
Hijo único
Trabajo (actual): Royal Host (1 año)
Relación:
[…]
Inuyasha se quedó muy inquieto leyendo aquella información. Se sorprendía de saber que realmente el mundo se hacía cada vez más pequeño.
-¿Qué estas tramando maldito?- Miraba una y otra vez el papel, estrujándolo al final.
-Con que Hojo está jugando a las escondidas ¿eh?- Miroku miraba fuera de la ventana del auto. –Sus padres lo han estado buscando, ¿Crees que hayan logrado localizarlo?- Volteo a ver a Inuyasha.
-Es lo más probable, si no fuese así, no nos hubiera llegado aquella invitación.- Dirigió su vista al mismo lugar en el que momentos antes Miroku miraba, dejando el papel completamente hecho bolita en el guarda papeles de la puerta.
-Tienes razón- Miroku volvió de nuevo su vista a donde la tenía anteriormente. Miró su reloj y comenzó a bostezar. – ¡Grrr!- Posó su mano sobre su estómago. – ¡Demonios!… ¿Por qué vinimos a éste lugar? El lugar a donde siempre vamos a comer ya debe estar abierto. Anda mueve esas manos sobre el volante y vamos, me estoy muriendo de hambre.- Sobaba su estómago tratando de darle un poco de alivio mientras miraba a Inuyasha con ojos de cordero a medio morir, pestañeando un par de veces, suplicando.
-Ya hemos probado toda la comida de ese lugar, ahora quiero comer aquí, aguántate.- Sus dedos sobre el volante, se movían nerviosos, al mismo tiempo que no dejaba de mirar lo que había fuera de su auto.
-Me da la impresión de que algo tiene éste lugar para que desees tanto comer aquí… ¿qué?, acaso…- Se calló en seco al ver cambiar el rostro de Inuyasha. En su vida, desde niños, nunca lo había visto de ésa manera. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y su mirada mostraba un brillo único, que sólo podía significar una cosa.
-¿Por qué me miras así?, ¿qué, estás enamorado de mí?- Había sentido la mirada penetrante de su primo sin razón alguna.
-¡No se ha dado cuenta!, ya veo, al parecer lo hace inconscientemente… Lamentablemente eres mi primo y no eres mi tipo, si no, con muchísimo gusto me casaría contigo.- Río por su pequeña broma recibiendo un 'Keh' de siempre.
Dirigió su mirada en la misma dirección donde la posaba Inuyasha y comenzó a comprenderlo todo, la razón tenía nombre, apellido, belleza y unas curvas que matarían a cualquiera, era la misma chica a quien había visto con Inuyasha en la academia semanas atrás. Se estaba dirigiendo hacia una camioneta con un logotipo pegado a uno de sus lados que decía: "Leche".
-Valla, que original.- Puso sus ojos en blanco por la ironía.
Inuyasha por fin había encontrado el lugar donde trabajaba la razón de sus pensamientos, se encontraba en un estado extraño que podía describir como felicidad absoluta, le era inexplicable cómo es que se comportaba de ésa manera.
La vio salir del local hacia una camioneta de donde dos señores sacaban algunas cajas.
-Que linda.- No dejaba de verla, observando cada detalle de ella: llevaba unos jeans negros entubados junto con una camisa de manga corta del mismo color siendo cubierta de la parte de enfrente por el mandil con el logotipo y nombre del local y los mismos converse que uso la primera vez que la vio. Lucía una coleta alta, dejando caer perfectamente su cascada azabache con risos en sus puntas, pero lo que lo dejó atónito, si más se podía, era ver lo intelectual que se veía con aquellos lentes tipo hipster negros con morado que tenía puestos, además de ésa sonrisa tan brillante.
-Estas… babeando.- Observando divertido a su primo, quiso aprovecharse de su estado; comenzó a señalarse a sí mismo el recorrido del líquido.
Por instinto Inuyasha se tocó alrededor de sus labios en busca de saliva, sintiendo todo completamente seco.
-Idiota.-
-Sí… efectivamente, esa era la cara que tenías hace un momento. Ahora entiendo por qué insistías tanto sobre éste lugar.- Le sonrió de manera cómplice.
-De… de qué... ¿de qué demonios hablas?- Se sentía avergonzado al ser descubierto. –Maldición, debes calmar tus emociones, eres todo menos cursi.- Su Inuyasha interior salía a reprenderlo.
-Bien, entonces ¿esperamos a que abran?- Rió una última vez al ver el tartamudeo de Inuyasha.
-Yo… - Volvió su mirada a ella, arqueando su ceja. – ¡Pero ¿qué rayos…?!-
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-Buenos días.- Saludo animadamente a aquellos hombres.
-Buenos días señorita.- Correspondieron a su sonrisa, pero desapareció al ver que ella acomodaba una de las cajas para poder cargarla. -¿Piensa llevarse todas las cajas?-
-Lamentablemente se ha ido el único hombre que trabajaba aquí y siendo la única que ha llegado puntualmente al trabajo, sí, llevaré adentro todas las cajas.- Siguió acomodando la caja para una mejor posición y cargarla fácilmente.
Abrazando la caja y contando hasta tres, comenzó a caminar de reversa para poder voltearse y continuar caminando.
-¿Le gustaría que le ayudáramos?- Uno de los hombres preguntó un poco preocupado al ver como cargaba la caja.
-No se preocupe, tendré cuidado.- Le sonrío, quería que confiara en ella.
Comenzó a caminar lentamente hacia la entrada, olvidándose por completo del escalón que le faltaba por dar, tropezándose y cayendo de frente.
-¡Ah!-
Se escuchó el estruendo de la caja al caer con las bolsas de leche en polvo esparcidas por todas partes.
Era seguro, tendría una gran herida en sus rodillas y manos, comenzó a tratar de levantarse, sintiendo algo duro y suave a la vez, con extrañeza, comenzó a tocar la superficie hasta donde sus manos le permitían, aún estaba agachada viendo todo oscuro, cuando sintió la vibración grave proveniente de aquella superficie.
-¿Te encuentras bien?-
Volteó rápidamente hacia la voz tan masculina que le hablaba, topándose una vez más con dos brillantes lagunas doradas.
-Tú… ¿qué rayos hace él aquí?- Su flequillo se desacomodó un tanto, tapándole una parte de la vista.
-Lo tomaré como un sí.- Le sonrío, dejando a una Kagome aturdida.
Inuyasha sabía que eso pasaría, estaba enfadado, ¿cómo es que la habían puesto a hacer trabajos de chicos?
-¡KAGOME! ¿Te encuentras bien?- El anciano se encontraba sofocado por haber corrido afuera al escuchar el ruido de la caja caerse y el grito de Kagome. Acercándose a ella, comenzó a examinarla.
-¿Qué hace una chica débil haciendo trabajos de chicos?- Dirigiéndose al anciano, se mostraba molesto, era algo extraño que no podía evitar.
-Tiene razón joven. Discúlpame Kagome, no debí…- Se inclinó pidiéndole realmente una disculpa.
-No… no se preocupe abuelo, fue un descuido mío.- Se deshizo del agarre de Inuyasha como si le quemara, haciendo que éste protestara.
Volviendo a acomodar las bolsas de leche en polvo en el interior de la caja, intentó nuevamente cargarla, pero Inuyasha se lo impidió.
-Pero si serás tonta, éste no es trabajo para chicas como tú- Tomo la caja con la intención de arrebatársela.
-¿Chicas como yo?, ¿débil? ¿TONTA? , ¿Pero qué rayos se cree éste idiota?... No necesito de tu ayuda, éste es mi trabajo así que hazte a un lado, me estorbas.- Lo miro con molestia.
Inuyasha se sorprendió ante tal trato, ninguna chica en su vida le había hablado de ésa manera.
-¡Ah! pero si serás terca, trae para acá.- Arrebatándole por fin la caja de sus manos sin ningún esfuerzo, se dirigió hacia el anciano que aún se encontraba cerca. –Permita que mi amigo y yo le ayudemos con las cajas.- Escuchó como Miroku se acercaba a la escena.
-Se los agradecería mucho, no quiero que Kagome se lastime.- Hizo una pequeña reverencia en agradecimiento.
-No hay problema ¿verdad Miroku?- Volteó hacia su primo, frunciendo el ceño a más no poder.
-Mi bella damisela, por usted haría cualquier cosa.- Tomó la mano de Kagome quien se quedó quieta al sentir los labios de aquel chico sobre su mano.
-¡Ah!... pero si es un maldito pervertido… Gracias, pero de verdad no necesito que hagan mi trabajo.- Soltó su mano de aquel agarre rápidamente, dejando a Miroku con sus labios extendidos y su mano sobre el aire.
-No quiero ser ninguna molestia. Kagome es la única empleada que ha llegado puntual al trabajo y el único chico que trabajaba aquí ha renunciado.- Se mostraba apenado.
-No es ninguna molestia, con mucha más razón, permítanos ayudarlo.- Inuyasha seguía insistiendo.
-Tengo mucha hambre, no sé si tenga las fuerzas necesarias para…- Miroku al fin se acercaba a ellos, recibiendo una mirada de desaprobación por parte de Inuyasha.
-Como agradecimiento les daremos un desayuno gratis a cada uno.- Sonrío alegremente.
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Kagome, mientras preparaba aquellos desayunos que el abuelo le había encargado, miraba de reojo como aquellos chicos entraban y salían con las cajas de la camioneta con tanta facilidad.
-Engreídos, presumidos- Pensó.
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-¿Qué fue ése beso en su mano?- Se encontraban fuera del local, descargando las últimas cajas.
-¿Celoso?- Lo mencionó con complicidad.
-Que… qué estupideces dices, claro que no.- Colocó la caja sobre su hombro.
-Ajá… Inuyasha dime con toda honestidad ¿estás enamorado de aquella chica verdad?- Quería una confirmación de parte de su primo.
-Yo…- Se quedó inmóvil, observando como Kagome se movía de un lado a otro preparando aquella comida. –Yo… no lo sé.- Era la verdad. No sabía por qué no dejaba de pensar en ella, por qué quería saber todo sobre ella, el por qué quería protegerla, no sabía absolutamente qué rayos le sucedía.
–No sé por qué hago esto Miroku, ni yo mismo entiendo, pero… lo único que sí puedo asegurarte, es que todo es por ella.- Suspiró con resignación ante su nuevo comportamiento.
Miroku no mencionó nada, veía la consternación de su primo, lo único que podía y seguiría haciendo por él, sería apoyarlo.
-Estoy muy seguro que pronto lo averiguaras y espero que de verdad no sea solo atracción por pasarla bien una noche, se ve que es una buena chica.- Apoyó su mano sobre el hombro de Inuyasha por un momento antes de entrar al establecimiento, dejando a Inuyasha pensativo.
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-Muchas gracias por su ayuda jovencitos, estoy muy agradecido. Por favor, coman.- Señalo la comida que tenían enfrente.
-Buen provecho.- Miroku rápidamente comenzó a comer lo que parecía ser pan francés y pan tostado con mermelada de fresa, huevos con tocino, jugo y un café americano.
-¡Wow!, esto está más que delicioso. Eres una estupenda cocinera Kagome, ¿no es así Inuyasha?- Miró a su lado viendo como su primo estaba absorto saboreando sus alimentos.
-¡Dios, esto está riquísimo! ¿Cómo es posible que alguien pueda cocinar tan exquisito?... Sabe bien.- No se mostró tan halagador, no sabía cómo serlo.
-¿Sabe bien?, ja, no me esperaba menos de él.- Quito su mirada sobre Inuyasha, volviéndola a Miroku quién le hablaba.
-¿Cómo es que aprendiste a cocinar el desayuno americano?- Miroku se decidió a preguntarle.
-Viví un tiempo en Nueva York, los lugares a los que solía ir a desayunar, daban esto, pero contenía demasiada grasa, así que decidí cocinar lo mismo pero un poco más saludable.- Diciéndolo como si nada.
Inuyasha puso atención a aquella respuesta, era algo nuevo sobre ella, cosa que le agrado.
La campana de la entrada se hizo escuchar, al igual que un grito al entrar.
-¡KAGOMEEEEEE!- Corría hacia la dirección de su amiga.
Tanto Inuyasha como Miroku, escupieron graciosamente el café, sorprendidos por el gran grito de quien fuera aquella mujer que entraba.
-Con permiso.- Dejando a los hombres en la mesa, se dirigió hacia su amiga. -Sango, llegas tarde.- Le reprendía.
-Lo sé, discúlpame, no puse mi alarma y…-
-Los ángeles caen del cielo. Bendita sea la cuna en donde naciste preciosa.- A una velocidad increíble Miroku, sin dejar de mirar a Sango, se paró de su asiento dirigiéndose hacia ella tomando sus manos entre las suyas.
Sango y Kagome se extrañaron ante tal 'alago'.
-¿Cómo te llamas preciosa?- Besó su mano con sensualidad, dejándole un mensaje escondido.
-Yo me…- Se paralizó ante el atrevimiento que tenía aquel chico.
-¡Plaff!- El ruido de una cachetada resonaba en todo el lugar.
-Modelo pervertido. NUNCA vuelvas a tocar mi trasero.- Lo miró con amenaza. Recordando quién era ése tipo.
Kagome negaba con la cabeza tal comportamiento – Libidinoso.- Pensó.
-Muchas gracias por la comida, nos tenemos que retirar.- Inuyasha se dirigió al anciano que aún seguía en la mesa, ignorando el comportamiento pervertido de su primo.
-No, muchas gracias a ustedes, nos han ayudado bastante.- Le extendió su mano, despidiéndose de él.
Nuevamente, la campana de la entrada sonaba, haciendo que todos voltearan por inercia.
-Hojo.- Kagome dejó escapar su nombre en un suspiro.
Mientras que el castaño se acercaba a ella, parándose enfrente, mirándole con una sonrisa.
-Hola… Kagome.- Tomo de su mano, jalándola hacia él para poder abrazarla.
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-No crees… ¿No crees que deberías manejar con más cuidado?- Miroku se agarró de donde podía, estaba aterrado, Inuyasha estaba manejando como loco desde que habían salido del pequeño restaurante.
-No va a pasar nada, además…- Dio un pequeño volantazo hacia su derecha. –Mala hierba nunca muere.- Aceleró un poco más al ver la carretera libre.
-Valla, que consuelo.- Trago saliva.
Inuyasha no dejaba de pensar en lo sucedido. Le molestó que Hojo volviera, pero lo que lo enfureció, fue haber visto como Kagome correspondía a su abrazo con afán. No tenía por qué estar tan enojado, lo sabía, sin embargo, con aquellos nuevos y extraños sentimientos y emociones que sentía por Kagome, lo hacían que se comportara de una forma extraña.
-Pero qué demonios te sucede Inuyasha, ¿estás estúpido o qué?... comportarte así por una mujer, estas completamente loco… Quizás Miroku tenga razón, solo me está atrayendo sexualmente, no he tenido sexo en mucho tiempo, sí, eso debe ser.- Disminuyó la velocidad.
-¡Dios, por fin!- Respiró normalmente al ver tranquilizarse a su primo.
-¿Habrá alguna fiesta ésta noche?- Habló sin quitar su mirada de enfrente.
-Mmm, creo que esta vez es en el departamento de Michael ¿te acuerdas de ella?, ¿la modelo inglesa?, fue con quien participaste para la revista Vogue hace un mes en Corea.- Trato de recordarle a su primo al ver la negativa de su parte.
-Como sea, iré.- Sonrió.
-¿Estás seguro?... creí que ya te habías alejado de todo eso.- Lo miró sorprendido.
-¡Keh!- No quiso dar ninguna explicación.
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-Y bien, ¿qué fue lo que te dijo?- La curiosidad de Sango no tenía límites.
-Mmm...- Kagome no estaba muy segura de decírselo. –…Pues, solo se despidió de mí.- Mostró su rostro con melancolía.
-¡¿QUÉ?!- Golpeo la mesa con fuerza, haciendo que el único cliente que se encontraba comiendo volteara hacia ellas.
-Disculpe.- Nerviosa, se inclinó en modo de disculpa. –Cállate.- Le susurró a Sango y la jaló hacia dentro del cuarto de servicio. –Ahora que trabajas aquí no debes ser tan escandalosa.- Le amonestó.
-Lo siento, pero ése bastardo hijo de…- Se calló ante la mirada de desaprobación de Kagome. –Perdona, es que… no puedo creer que después de haberte besado anteriormente, ahora salga con que ya no va a volver a verte, ¿qué clase de chico es ése?... Te lo dije Kagome, él no me agrada.- Cruzó sus brazos, negando con la cabeza. – Y, ¿Solo te dijo eso?- Sospechaba que había algo más.
-No… me dijo algo muy extraño.- Se sentó en una de las sillas que había cerca. –Me dijo que él era débil, que si escuchaba lo que traté de decirle cuando me besó, no sabría qué hacer. Al final, me dijo que debía alejarme de él.- Rascó su cabeza confundida.
-Mmm…- Se tocó con su dedo índice la barbilla, pensativa. –Eso quiere decir que él también siente algo por ti, pero está confundido.- Se acercó a Kagome. –Debes arriesgarte a declararle tus sentimientos, si no lo haces, te quedarás siempre con la duda de lo que habría sucedido.- Le tomó de su hombro, dándole todo su apoyo.
-Pero… ¿cómo hago eso?, no contesta mis llamadas y tampoco sé exactamente dónde vive.- Hizo notar un poco su desesperación.
-No te preocupes por eso ahora, te ayudaré, solo tienes que contestarme con toda honestidad. ¿Quieres hacerlo?- La miró seriamente.
-Yo…- Kagome no estaba segura, no era miedo lo que sentía, más bien, dudaba que realmente era eso lo que tenía que hacer, quizás Hojo simplemente quería alejarse de ella, o quizás… ~si no lo haces, te quedarás siempre con la duda de lo que habría sucedido~, recordó lo que Sango le había dicho.
–Está bien, me arriesgaré.- Se mostró segura.
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-11:00 pm, ya es hora.- Se limpió cualquier rastro de sudor sobre su frente con su antebrazo.
-Muy bien chicas, el restaurante está limpio, pueden retirarse a descansar, nos vemos mañana.- Con sus manos detrás de su espalda, el dueño les sonrío y despidió a todas las empleadas.
-No me imagino cómo hubiesen estado en la mañana todas ellas cuando estaban aquellos 'Idols' comiendo en el restaurante.- Sango se acercó a Kagome murmurando por lo bajo, burlándose de sus nuevas compañeras.
-Seguramente todo estuviese hecho un desastre.- Río por su imaginación.
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-¿En verdad no quieres que te lleve a tu departamento?- Sango se asomaba por la ventanilla del auto.
-Gracias Sango, pero quiero caminar, no te preocupes, estaré bien.- Le sonrío, no quería que se preocupara.
-Está bien, me mandas un e-mail cuando llegues sana y salva a tu casa.- Le advirtió. –Vámonos Haru.-
-¡Lo haré!- Movía sus manos despidiéndose hasta perder de vista a su amiga.
Girándose sobre sus talones, decidió ir a comer un poco de ramen, estaba cansada como para llegar y prepararse algo de comer. Pensó en el establecimiento indicado y tomo marcha hacia el lugar.
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El departamento estaba repleto de gente, la música sonaba por todas partes.
Inuyasha había perdido de vista a Miroku al entrar, sabía que al día siguiente lo encontraría en alguna parte del departamento desnudo y sobre una chica. Él, mientras bebía un "Sake Martini", observaba a las chicas bailar en lo que parecía ser una pista de baile, todas bailando sensualmente para no tener que pasar solas ésa noche.
-¡Inuyasha! Que sorpresa.-
Una rubia delgada, de uno setenta y con curvas espectaculares, se acercaba hacia él hablándole en inglés.
-Hola Michael.- No perdió su compostura, respondiéndole con fluidez en su mismo idioma.
-¿Te gustaría acompañarme a un lugar más privado?- Le susurró en el oído, con un mensaje oculto.
-Me encantaría.- Le sonrío de lado, aceptando su propuesta.
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Faltando unos cuantos pasos para llegar a la habitación más apartada del bullicio, la rubia se había abalanzado sobre Inuyasha, besándolo salvajemente. Él correspondió ante tal arranque, después de todo, a eso es a lo que había ido.
Al cerrar la puerta de la habitación, mientras seguía besándola, la recargó sobre la pared, tomándole por sus piernas delgadas y apenas cubiertas por el diminuto vestido, la levantó metiéndose entre ellas, causando que aquel vestido se enrollara y subiera hasta su diminuta cintura, dejando al descubierto su ropa interior, provocando que sus sexos, aun cubiertos, se rozaran.
La escuchó gemir, así que no quiso esperar más. Bajando la cremallera de su pantalón, se colocó el preservativo, y haciendo a un lado las bragas de ella, entró de un solo golpe, escuchando un grito por parte de su amante.
Comenzó a penetrarla fuertemente, esperando que por fin alcanzara la satisfacción que había buscado por tanto tiempo. Cerró sus ojos acelerando sus movimientos, necesitaba más, mucho más.
La imagen de unos orbes chocolate intenso cruzó por su mente.
Abrió sus ojos de par en par, parando súbitamente sus movimientos. Vio como el orgasmo consumía a la rubia que tenía enfrente, pero a él, después de todo, a él no le había llegado.
-Ah… eso… eso estuvo… estupendo.- La respiración de ella estaba entrecortada. Recargada sobre los hombros de él, intentó incitarlo a más.
-Fue suficiente.- Salió de ella dejándola parada, tambaleándose por el efecto del orgasmo, recibiendo una protesta.
Se dirigió hacia el baño para poder quitarse el preservativo. Miro su contenido y se burló de él mismo. –Que miseria.- Lo amarró y tiro al cesto de basura. Al salir, se encontró con un espectáculo que cualquier hombre desearía tener. Michael se encontraba completamente desnuda sobre la cama abierta de piernas, ofreciéndole entrar de nuevo en ella.
Inuyasha se acercó lentamente hacia la cama, y sin dejar de verla a los ojos jaló la sábana hacia él.
-Vamos Inuyasha, ven aquí.- Abrió un poco más sus piernas.
-Michael…- Susurró su nombre, causando que ella se excitara con su voz tan masculina, cerrando sus párpados, disfrutando. -… eso no es lo mío.- Aventó la sabana sobre ella cubriéndola por completo.
-Pero, ¿qué demonios…?- Trató de quitarse aquella sábana desesperadamente. Al descubrir la mitad de su cuerpo, observó la habitación completamente vacía, gritando maldiciones al hombre que la había provocado.
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Inuyasha buscó por todas partes a Miroku, localizándolo en un rincón besando salvajemente a una chica, seguramente modelo.
Al llegar a él, golpeo su hombro con la palma de su mano, tratando de llamar su atención, su primo no se inmutó y solo intentaba alejar a quien lo molestaba moviendo su brazo torpemente.
-¡HEY MIROKU!- Vio a la chica que estaba recargada contra la pared cuando Miroku por fin se dignó a mirarlo. –VEO QUE TE GUSTAN DEMASIADO LAS MODELOS.- Sabía que no escucharía su risa, tenía que gritar por el ensordecedor sonido de la música. –TE VEO MAÑANA EN CASA DE MI MADRE Y POR FAVOR.- Lo miró serio –CUÍDATE.-
Miroku le sonrío asintiendo. –NO TE PREOCUPES, TRAIGO MUCHA PROTECCIÓN.- Terminó guiñándole un ojo, volteándose para continuar con lo que se había quedado.
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Kagome estaba terminando de comer el gran plato de ramen que tenía enfrente
-Ah, eso estuvo riquísimo.- Masajeo su estómago, satisfecha. –Abuela, dígame cuánto le debo.-
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Después de haber pagado su comida, se dirigió a un "7-Eleven". Compraría algunas cajas de "Pocky" de chocolate, leche y almendra, sus favoritas, algunas botellas de agua y algunos ingredientes faltantes para preparar su propia comida. Estaba de vacaciones, tenía mucho más tiempo para poder cocinar, pagaba demasiado al comprar comida preparada, debía de ahorrar para los pagos que tenía que hacer, ya que el dinero que su padre le enviaba, era cada vez más insuficiente. Si no fuera porque era una chica ahorrativa, organizada y prevenida, seguramente estaría en la calle.
Mientras se encontraba formada para ser atendida, miró hacia el estante de las revistas, divisando la portada de una de ellas llamándole la atención.
-¿Eso será todo?- La chica del mostrador esperaba ante su respuesta.
-También me llevo ésta.- Tomo la revista que miraba momentos antes.
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Estaba por llegar al edificio donde se encontraba su pequeño departamento.
-Hogar, dulce hogar.- Con pasos pesados, se dirigió a los pequeños casilleros que había en la entrada del edificio, quería checar si su padre le había mandado algo de dinero, pero lo único que encontró, fueron los sobres de pagos que debía realizar. Se extrañó al ver un sobre más grande que los demás, sin remitente, solo venía su nombre impreso al frente.
Al entrar a su departamento, dejó las bolsas y demás sobres encima de la mesa de la cocina. Sentándose en el sofá de su sala, abrió aquel sobre y sacando una hoja de papel hecho a mano, comenzó a leer su contenido.
Kagome Higurashi
Esta cordialmente invitada a la fiesta de cumpleaños número 20 del joven Akitoki Hojo que se celebrará el día miércoles 30 de julio del presente año a las 20:00 horas.
Esperamos contar con su presencia en el salón del hotel "Atami Fufu", que se encuentra en Atami Prefectura de Shizuoka.
Familia Akitoki.
Kagome abrió sus ojos a más no poder. No solo por el hecho de que Hojo la invitara a su fiesta de cumpleaños, había otra razón que no comprendía.
-Un… ¿Un hotel cinco estrellas?- Bufó, sorprendida.
2015-04-01 / 11:50 pm
N/A: Primero que nada: UNA DISCULPA GIGANTESCA por el retraso. No es mi obligación darles explicaciones, pero creo que como lectoras tienen el derecho de saberlo, no es nada grave, gracias a Dios. Bien pues, éstas semanas han estado muy pesadas en la escuela, verán, estudio una carrera bastante pesada, y los trabajos y exámenes se juntaron. Ahora que estoy de vacaciones, he aprovechado para poder terminar éste capitulo, espero que me puedan comprender si en las siguientes semanas no actualizo frecuentemente. Las compensare :3
Bueno, ahora sí, ¿qué les pareció? ¿Les está gustando?. Estoy pensando en hacer los capitulos largos como éste o un poco más, ¿Qué opinan?.
Quisiera saber sus comentarios sobre el pequeño Lemon que introduje, es la primera vez que escribo algo así y no sé cómo lo estoy haciendo, se los agradeceré muchsísimo :)
Saben que cualquier comentario es bien recibido: dudas, inquietudes sobre la historia o los personajes, mi narración, cualquier cosa.
Nuevamente GRACIAS POR LEER A TODAS :D
MUCHAS, MUCHAS GRACIAS a:
linithamonre77, D Rambec, KaterineC, aky9110, danaomehigurashi, Selena Narvaez, michele, SakuraKikyou, AileeMadness, Miu-Taisho, TAINA23, sailxrmxxn, valeaome, Loca anonima, guardiana y marie201112.
Espero que me sigan apoyando.
(^o^)/° Nos vemos.
