A lo largo de la extensa carrera Jinbei, el dueño de BC Sol descubrió a incontables estrellas nacientes en el mundo del beyblading.
Sin embargo su estrella más brillante, su atleta más icónico y galardonado: Free De La Hoya, no fue encontrado por él.
En aquella época Kris era una niña pequeñisima, apenas lo suficientemente alta como para llegarle a las rodillas. Ella era diferente, creció en la arena. Aprendió a reconocer figuras aferrada a la barandilla de un estadio deslumbrada por atletas de primer nivel cuando ni siquiera podía caminar bien. Probablemente eso influyó.
En un día como cualquier otro en el club de su abuelo, Kristina salió a jugar, pero está vez era diferente de las otras pues ella regresó a casa con un—aún más pequeñísimo—niño rubio y desgreñado con las rodillas sucias y las manos llenas grama. La niña jurando y perjurando que él era "el mejor blader del mundo".
Evidentemente, el niño no lo era. En esos días Free era torpe como cualquier otro chiquillo y enclenque como era natural. Entonces al principio nadie, ni siquiera Jinbei le prestó demasiada atención.
Kris y Free siguieron jugando y creciendo como hermanos, aprendiendo entre atletas y estadíos. Solo que Free empezó a crecer diferente. Mientras más lo hacía, más evidente era que estaba cuesta arriba para ser un genio del beyblading. Nadie nunca había visto a un atleta como él y cada vez era más díficil negar que estaba camino a ser el mejor del mundo.
Kris jamás pensó mucho en sus palabras de cuando era niña, ni nunca pensó, ni siquiera años después como la dueña del club que nada de lo que hiciera Free sería gracias a ella. Al contrario los logros del niño le pertenecían solo a él y los de ella serían de ambos.
Pero en una cena familiar en esos días en los que Free apenas estaba empezando a convertirse en un fenómeno y les estaba dando a todos mucho dinero, su tío Jonatan le dijo a la pequeña entre risas.
—¡Tú descubriste a Free! Mozart tenía un oído perfecto pero tú quizás tienes un ojo perfecto.
A ella le pareció tonto y pensó que se estaban burlando de Free otra vez. Así que no había pasado ni media hora enfurruñada en su silla cuando ya lo había olvidado. Incluso su tío Jonatan no tardó en borrarlo de su memoria también.
Cuando conoció a Free ella estaba engrandeciendolo con sus ojos de niña. Que lo haya llamado "el mejor del mundo" fue solo una asombrosa coincidencia que era hasta chistosa.
Kris nunca pensó mucho en ello y aunque era una coincidencia aún más grande que Valt, a quien también descubrió, luego se convirtió en el mejor del mundo justo después del niño dorado, ella jamás lo relacionó.
Ni pensó en como ni siquiera hombres experimentados que trataban día a día de encontrar a un campeón mundial. En vida no podían lograrlo.
Sin embargo ella encontró dos.
Dos leyendas del beyblading a las que se les dio una oportunidad en la escena mundial porque una niña los señaló.
Kristina Kuroda nunca pensó en eso, pero quizás su tío tenía razón y ella tenía un "ojo perfecto" después de todo.
—¿Llamaste?—Ese fue el atropellado saludo de Trad en cuanto tocó la puerta y entró con familiaridad a la oficina del dueño.
—Sí. Llegaste rápido—en su tono había cierto alivio.
Jinbei generalmente no agradece por cumplir una orden—o más bien, nunca lo hace y punto—, entonces algo le dijo a Trad que el dueño se desconocía.
Sin embargo con la liga mundial a cuestas y sus piernas poco a poco haciéndose más inútiles por la edad, Jinbei sabía que si esto no era urgente, nadie tenía tiempo que perder fuera de la agenda. Ni siquiera unos minutos. Primero porque es su propia política, él fundó a BC Sol como ese tipo de club.
Segundo, porque es Trad. Si alguien no debe perder el tiempo, es él.
Con los años y los crecientes problemas de salud de Jinbei envenenadolo, Trad había ascendido de entrenador clase maestra hasta hasta asesor. Un cargo que nunca había existido en su club.
O en pocas palabras: Trad se había convertido en el cuerpo de Jinbei, en sus ojos, oídos y ahora en sus piernas también. Un puesto delicado por el poder que tiende a tener la palabra y aunque nunca salió de los labios de él, sabía que era algo solo podía confiarle a alguien de la familia.
—Necesito hablar contigo—su voz siempre digna ahora se encontraba preocupada y nerviosa como si a su corazón le costará seguirle el ritmo a su cabeza—. Kris… Kristina dejó el club esta mañana.
—¿Kris dejó el club?—cuestionó con las cejas arriba con sorpresa, genuinamente impresionado.
El anciano asintió un par de veces como si aún lo estuviera asimilando. Cuando se detuvo suspiró y vió a Trad a los ojos. Por primera vez desde que lo conoce, Jinbei no parecía un domador de leones.
Se veía frágil como el cristal.
—No estás tan sorprendido como deberías—el dueño refunfuñó incrédulo.
Trad exhaló sin muchas ganas de tener esta conversación.
Es cierto. No le sorprende en lo más mínimo la imagen mental de Kristina dejando el equipo. De hecho, está mucho más sorprendido porque ella se atrevió a dejarlo.
Cuando Trad llegó al club, descubrió rápidamente un par de cosas sobre BC Sol. Como que Free tenía a todos en la palma de su mano. Un niño en el trono si tenía que llamarlo de alguna manera. Demasiado pequeño para alcanzar el suelo con sus pies.
Pero Kris por el otro lado… era obvio que no tenía el juego tan fácil.
No importaba que fuera la nieta del dueño, Kris carecía del respeto inicial del que gozaban Free y su abuelo sin intentarlo. A ella le costaba el doble ser tomada en cuenta, porque a diferencia de las leyendas del deporte que abundaban en su familia, ella no era ninguna prodigio del beyblading. No podía hacer lanzamientos perfectos, ni ganar batallas en segundos o dar números ridículos en la clasificación.
Claro que Kris tenía otras cualidades que Trad también consideraba valiosas en la industria, como un fuerte carisma tanto con las personas como con las cámaras, porque aunque no daba los combates más locos y emocionantes, su presencia en la pantalla siempre siempre atrajó espectadores como abejas a la miel. Tenía talento para dominarlas mientras se mantenía centrada en el combate a diferencia de muchos bladers que conoce.
Tiene un rostro memorable y vende mercancía fácilmente—pero no demasiada porque sus padres no lo permitirían—, su presencia era un alma conciliadora y servía bien de pegamento para las alineaciones, sin mencionar que también era una estratega astuta con una lengua plateada finamente entrenada.
Pero su verdadero talento, es su buen ojo. Una habilidad que al mismo Trad le daba envidia. Esa chica puede encontrar una aguja en un pajar y a un buen blader en una multitud.
Sí, quizás Kris no es una atleta estrella, pero es lo suficientemente valiosa como para ser el pegué mediático de un par de alineaciones al año y vender un buen porcentaje en ratings. Para él es muy obvio, pero en realidad pocas veces sucedió. No es de extrañar.
Pocos entrenadores en el club se morían de ganas de añadir a la "princesa de Jinbei" a una alineación.
O a cualquiera de las chicas en realidad. Varias veces Jinbei tuvo la incómoda necesidad de recordarles a sus colegas que el puntaje semanal es el puntaje semanal y si una señorita resulta entrar en él o si sencillamente es conveniente, entonces participa y esa es toda la cuestión, estuviera de acuerdo quien lo estuviese.
No es que sus compañeros fueran algún tipo basura misógina ni nada parecido. Simplemente a muchos les costaba… adaptarse, porque aunque las mujeres estuvieran permitidas en la asociación desde hace décadas, solo hacía un tiempo desde que tenían una presencia real en el mundo competitivo.
Y aún menos tiempo desde que BC Sol dejó de ser un club exclusivo para muchachos. El mismo número de años que la edad de Kristina, para ser exactos. ¿Puedes adivinar por qué? A Trad no le extraña que varios de los entrenadores estén teniendo problemas para superar que el nacimiento de la primera niña Kuroda adelantó la decisión de Jinbei de finalmente tener un club mixto.
Desde la perspectiva de Trad, los desacuerdos entre la nieta del dueño y el resto del staff nunca faltaron. Kris, aguda como una aguja, pensaba una cosa, ellos otra. Llegó al punto en que el problema no era ser ni que fuera una señorita ni tampoco la nieta del dueño, si no simplemente ser ella.
Kristina podrá siempre tener un punto. Ella es brillante, pero él sabe que no es ninguna santa paloma y el staff del club tampoco.
Entonces fue un poco sorprendente cuando de cierto tiempo para acá, Kristina repentinamente se "tranquilizó" por las malas y se colocó una política máscara de hielo con tal de dejar la guerra por la paz, pero la tensión seguía y evidentemente ahora había explotado.
Free lo dijo hace tiempo, "Kris está diferente". Y ahora sus ganas de competir al fin son superadas por el aburrimiento y la frustración.
No era un escenario extraño. Cualquiera podría deducirlo.
—Free tampoco se inmutó cuando se lo dije, ¡Ni siquiera un poco! ¿Soy el único que no notó que algo andaba mal?—se lamentó por su nieta—¿Ya no ama el bey? ¿Ya no ama al club?—preguntó terriblemente triste.
Cualquiera menos Jinbei. En realidad nadie quería tocar este tema con él.
Trad se sentó en el sillón de la oficina. La conversación parece larga y por el momento al menos para Jinbei, más importante que la liga mundial, así que se puso cómodo y puso en él toda su atención.
—Jinbei, claro que Kris aún ama el beyblade y te garantizo que ama a BC Sol incluso más que al beyblade. No tienes que preocuparte por eso—trató de persuadirlo con una verdad.
Lo más probable es que lo esté haciendo completamente mal. Trad no es genial en esto del consuelo pero jura por Dios que lo está intentando.
—¿Entonces por qué se va?—el dueño preguntó cómo si fuera un niño.
Los ojos de Trad se corrieron hacia un costado con culpa. ¿Por qué tiene que ser él quien le responda eso?
Solo tenía suposiciones y por lo que sabía, puede estar absolutamente equivocado y que las razones de Kris sean completamente diferentes. Si hay cosas que no van a matar a nadie porque Kris no las compartió con Jinbei y que ya no sirven de nada que las sepa, va a respetarlo y se las guardará por el momento.
Sonará horrible y quizás lo convierta en una mala persona, pero la verdad es que Jinbei no necesita enemistarse con sus entrenadores ahora mismo.
—No lo sé. Eso solo lo sabe ella—murmuró sin verlo a los ojos.
Hace mucho tiempo, cuando Trad aún estaba en la clase junior, se puso muy feliz cuando vio el nombre de Kris entre los primeros cinco de la clasificación semanal del club un domingo.
Pero el lunes, cuando se presentó la alineación de esa semana, ella no estaba entre esos niños.
Trad volvió a revisar el archivo adjunto del día anterior y efectivamente, no estaba equivocado. Ahí estaba Kristina en el quinto puesto. No había mucha diferencia en cuanto a puntaje con el chico del sexto que se había seleccionado en su lugar, pero seguía siendo molesto.
—¿Kris no quiso participar?
Preguntó temprano en la mañana antes de que el listado se anunciara y empezaran con el entrenamiento.
—Kris ya ha estado en dos encuentros este año. Matías no. Entonces se le eligió a él—Explicó el entrenador de clase maestra que estaba a cargo de la alineación.
Eso era verdad a medias. Sí, Kris tuvo dos enfrentamientos públicos ese año, pero fueron meramente de exhibición y uno de ellos se le dió
por nepotismo. Ella tampoco había participado en la temporada de competencia—que definitivamente no era lo mismo.
Tanto Trad como el otro entrenador de la clase junior que estaba presente se dieron una mirada incómoda como si no supieran exactamente como reaccionar.
—¿Jinbei sabe eso?—al final fue todo lo que Trad pudo preguntar.
El dueño ya había visto la clasificación. Sabe que Kris entró en los primeros cinco. Lo que su superior decía tenía sentido pero ¿Jinbei estaba bien con que fuera a Kris a quien se le desplazará?
A pesar del regusto amargo en su boca, en ese momento Trad lo preguntó por mera curiosidad. Sin embargo, dicho entrenador se lo tomó de otra manera porque unas horas después el mayor lo veía con mala cara y Matías quedó fuera de la alineación.
Tardó todo el día en comprender que su superior pensó que Trad lo estaba amenazando con hablar con Jinbei.
No es un secreto para nadie que él y los Kuroda son amigos, pero Trad no pensó nunca en hacer eso porque no le concierne. Aún así no le molestó el resultado, pero a alguien sí.
Kristina dedujo rápidamente que fue Trad quien metió su cuchara en el plato para dejarla jugar y se negó a hablarle como a un ser humano durante toda la semana. Ella también ganó su enfrentamiento pero incluso después de eso no dejó de estar molesta. ¿Qué le pasaba?
—A Kris no le hace gracia que metan la mano en sus problemas, ni que le hagan favores que no pidió—Free le explicó un día, luego de notar uno de sus pequeños desplantes—. Con suerte lo superará en un
mes si te disculpas. Quizás en un año si finges que nada pasó. Una vez yo le dije al capitán de su grupo que la utilizara y ella no me habló el resto de la temporada.
Usando esa información como referencia, Trad se disculpó directamente y prometió de manera vacía no volverlo a hacer. Sin embargo, de vez en cuando secretamente metía sus manos en el fuego por ella por alguna u otra razón.
Porque son amigos Trad siempre apoyaría a Free y a Kris, ya sea que ellos lo quieran o no. Mientras lo "necesitaran" él trataría de encontrar la forma.
Pero para ser honestos, últimamente Trad ayudaría mucho más a Free que a Kristina.
En ese entonces cuando aún era un novato ellos solían ser muy unidos, o al menos lo suficiente para que a Trad le afectara si ella le hablaba o no. Pero hoy en día tenía que admitir que no la había visto—o al menos no mucho más que de lejos y de "hola" y "adiós"—ni tenido algo más que fast talk con ella en un tiempo.
No era algo que le quitará el sueño, pero hoy Kristina estuvo dando vueltas en su cabeza. Porque ahora que finalmente lo notó estás cosas no pudo evitar sentirse mal y llenar su cabeza de "hubieras".
Si hubiera escuchado a Free cuando esté se preocupó por su cambio de carácter. Si le hubiera prestado más atención a su amistad con Kris en lugar de darle todo a Jinbei. Si le hubiera recordado que aún estaba para ella, o al menos intentado saber qué diablos le estaba pasando realmente.
¿Pudo cambiar en algo su decisión final?
Suspiró con resignación. Lo hecho, hecho estaba.
Pero…
Era tarde en la noche cuando Trad estaba haciendo su última ronda, su cuerpo prácticamente en modo automático. Tan distraído estaba que en cuanto escuchó pasos ya estaba listo para reclamar y luego preguntar, pero se sorprendió al notar que estos pertenecían a los tenis de Kris. Ella andanba por los pasillos con su clase característica, absorta mientras revisaba su tablet poco interesada en el toque de queda.
Lo hecho, hecho estaba, quizás Trad no puede saber si "meter las manos en sus problemas" habría cambiado nada, pero podía hacer algo ahora.
No corregiría el pasado, pero al menos cimentaría el futuro.
—¡Kris!—llamó su atención en cuanto la tuvo junto a él. Sonó un poco más bruto de lo que quería, pero jura fue solo un reflejo.
—Ah, hola Trad—lo saludó absolutamente neutral, como si no hubiera un gran elefante rosa en la habitación—. Creo que se me fue el tiempo.
—Que suerte que te encuentro—Él fingió que nadie estaba rompiendo las reglas aquí—. Jinbei me dijo que renunciaste. ¿Es oficial? ¿Está todo bien?—preguntó reuniendo todo el tacto que era humanamente posible para él.
No era demasiado, pero sí mejor que nada.
Kris suspiró con impaciencia—¿Mi abuelo te envió a hablar conmigo?—cuestionó mordaz en lugar de responder. Con una ceja alzada, acusándolo con una mirada molesta.
—No. Solo soy yo eligiendo ignorar el toque de queda.
—¿Por qué harías eso?—retrocedió sorprendida, cautelosa como un gato.
—Porque necesito aclarar unas cosas contigo—expusó limpiamente, permaneciendo a una distancia prudente para evitar que corriera—. ¿Quieres ir a la cafetería y ver que le sobró Ange?—ofreció con media sonrisa.
Kris sabía perfectamente que lo razonable en ese momento habría sido darle un rotundo "No." y que la dejara regresar a empacar y llamar a sus padres pero…
—Claro—se encontró aceptando con un tono más triste de lo que quería aceptar que estaba.
Ange por su parte estaba lo que le sigue a consciente de que esas no eran horas apropiadas para que ninguno de los dos estuviera ahí. Sin embargo aunque desconocía que Kris, a quien ama como a una hija acababa de abandonar BC Sol, puede reconocer una mala cara cuando la ve. Sabe que la niña no está teniendo una buena temporada.
Entonces sirvió el té—Trad hubiera preferido un café, pero no quería tentar su suerte pidiéndolo—y les dio el postre sobrante del almuerzo, volviendo a lo suyo sin hacer preguntas, como si nada estuviera pasando y ambos se lo agradecían.
Las tartas de fresas con crema fueron desapareciendo lentamente como por arte de magia a lo largo la conversación, mientras que por su parte el té tenía que llenar las tazas nuevamente, una vez tras otra sin descanso alguno para detenerse por sus bocas secas de tanto platicar.
Kris tuvo que repetir como un loro mucho de lo que le contó a Free cuando el niño le hizo las mismas preguntas, pero lo pensó por un segundo. Ella sabía que no había nadie más—especialmente ajeno a su familia—a quien pudiera confesarle opiniones tan controversiales sobre el club, ni siquiera sabía cómo se las tomaría alguien como Trad, que era tan fanático de BC Sol. Aún con todo eso seguía siendo su mejor opción, entonces hizo una excepción y uso a Trad como confidente.
Le contó esos pequeños detalles triviales pero a la vez tan relevantes que la habían agobiado en el club durante años y que aunque los demás pudieran aproximarse en sus suposiciones, ella siempre sintió vergüenza de admitir en voz alta.
El trato diferente que recibió de los entrenadores, la indulgencia por ser la princesa de Jinbei, la espina de la misoginia fuertemente clavada en el club, las interminables tradiciones conservadoras que de pecaban de obsoletas.
Y los ojos del resto. Todas esas miradas.
Pero todo eso fue mucho más breve de lo que Trad pensó que sería. Cuando Kristina empezó a despotricar de verdad, despotricar hasta ese punto crítico en el que la persona se volvía inteligible por todas las emociones golpeando en su pecho, fue cuando empezó a hablar de su gradual pérdida de interés en por los enfrentamientos que Trad
conocía tan bien, porque él mismo lo sintió en carne propia durante su infancia.
Ese desesperanzador sentimiento de frustración mientras miras a tu pasión deshacerse entre tus dedos.
Y por consecuencia, Kris empezaba a sentir que lentamente se convertía en un estorbo más y más pesado para las trayectorias de Jinbei y Free.
Para ese punto Trad estaba completamente inmerso en la conversación. Se estaba sintiendo muy identificado y tenía un par de opiniones muy concretas al respecto, pero antes de que pudiera pensar en vocalizar alguna, Kris ya se le había adelantado y tomado las palabras de su boca.
—Hay algo que me atrae más que competir—ella confesó en un susurro discreto como si fuera su pequeño sucio secreto.
Era justo en lo que Trad estaba pensando. Aunque quince años es empezar a ser algo viejo en este negocio, no hay edad tope. El que deja de competir es o porque hubo una causa externa o porque quiere hacer algo más. Y si Kris no lo estaba dejando por la segunda razón… honestamente no habría sabido qué hacer.
Trad se acomodó en su silla dando a entender que estaba esperando, entonces ella soltó una risita traviesa y le contó su sueño. El deseo más personal que tenía y que nunca le había dicho a nadie.
—Quiero ser la dueña de BC Sol.
Él no pudo ocultar su sorpresa, casi se atraganta y toda la cosa. Porque si había algo que no esperaba escuchar de ella definitivamente era eso. ¿Por qué lo esperaría en primer lugar?
—¿Eso es cierto?—quiso asegurarse luego de recuperar la compostura.
Después de todo lo que habían hablado esa noche, realmente pensó por un momento que Kris se había rendido con la liga y que lo más probable era que quisiera alejarse del bey, o al menos por un rato. Sin embargo, afortunadamente estaba equivocado.
Kris asintió determinada.
Muy equivocado.
—Aún después de todas las dificultades y con todas mis inseguridades, ¡Aún amo este mundo! Esta es mi pasión, Trad. Cuando encuentro a Free jugando como si no existiera una mejor cosa para hacer. Cuando te descubro trabajando en un accesorio como si fuera un valioso tesoro. Cuando atrapó al abuelo observando la arena con orgullo, todas esas veces aún puedo sentirlo con tanta fuerza como siempre: ese amor por el bey ardiendo en mi interior. El orgullo que siento por BC Sol—le explicó entusiasmada, resplandeciente como las estrellas—. Cuando era niña, yo nunca quise imitar a los atletas. Yo quería hacer lo que hace mi abuelo. Siempre ha sido así. Antes me había parecido tan imposible cuando todo está arreglado para que mi tío sea el sucesor ¡Pero no es imposible! Ellos… ellos no están viendo las cosas como yo. Sí tan solo hicieran algunos cambios en la forma en la que hacemos las cosas.
Trad arqueó una ceja. Entiende perfectamente el punto de Kristina y en más de un aspecto sabe que tiene razón. En todo el tiempo que lleva en el club nunca ha visto un solo cambio.
Pero a Trad también le gusta como Jinbei hace las cosas. Tragó pesado.
—Lo que más deseo en este mundo es dirigirlos. Liderar mi propia generación ami manera y al fin entender por completo esta industria—expuso orgullosamente.
—Hmm. Ese es un buen sueño, Kris—Trad le sonrió con empatía.
"Pero no espero que comprendas todo lo que eso significa" quería decirle, sin embargo no es necesario. Kris es inteligente y si realmente termina decidiéndose por trabajar del otro lado, no tardará en darse cuenta sola.
—Pero, ¿estás segura de que eso es lo que quieres? El mundo competitivo no siempre es… no todo lo que tiene qué ofrecer es para nosotros.
—Como con todo, ¿No es así? A cualquiera le gustan las partes buenas, pero hay que estar dispuesto a apreciar la otra cara de la moneda o de lo contrario no lo amas de verdad—franqueó con serenidad—. Voy a volver a la escuela convencional, estudiaré mucho y verás que un día regresaré a BC Sol para dirigir la siguiente generación de bladers.
Ninguno de los dos pensó mucho en lo que conllevaba una afirmación como esa. Escucharlo en ese momento se sintió tan surrealista como real. Pero hay cosas que son simplemente inevitables.
—Si es así entonces te apoyaré. Estoy poniendo mis esperanzas en ti así que no me desilusiones porque estaré esperando tu regreso—Trad le guiñó un ojo con complicidad, levantando su taza ofreciendo silenciosamente un "brindis".
Sus tazas chocaron haciendo ese ruido gracioso de la porcelana chocando contra sí misma. Dando la promesa por sellada y se sonrieron en paz, algo les decía que pronto volverían a hablar con regularidad. En el futuro recordarán ese día con ironía, más veces de lo que habrían pensado.
Porque fue una promesa más valiosa de lo que creyeron en un inicio.
Algunas cosas simplemente suceden con el tiempo y no se puede hacer mucho para oponerse, entonces solo das lo mejor que tienes para enfrentarte a eso y generalmente es suficiente cuando lo pones en perspectiva.
Ahora todos todos en BC Sol hacen eso. Simplemente lo mejor que pueden.
Trad entró con sigilo a la habitación blanca, pulcra, reluciente y escandalosamente brillante hasta el punto de fastidiar un poco sus ojos. El olor a cloro era tan abrumador que en todo lo que podía pensar al entrar era en los hoteles de Madrid que visitó con sus padres en su infancia. Los desastres siendo limpiados con litros y litros de cloro como si pudieran trapear incluso los pecados.
Él sabía que eventualmente su cerebro lo ignoraría, así que pasó de eso y acomodó las persianas para hacer todo más tolerable.
Entonces paseó hasta la mesa llena de suministros básicos—como comida, ropa, e insumos médicos—y acomodó un poco el desorden natural antes de tener en la mira al jarrón vacío de cristal con una ligera capa de polvo, ese siempre estuvo en la habitación pero que nunca habían usado. Lo llenó de agua y colocó en él las bonitas flores silvestres.
Al menos ya no olía solo a cloro.
Se sintió satisfecho. Mucho mejor.
—Te dije que no quiero flores. ¡Me están haciendo sentir como un cadáver antes de tiempo!—se quejó el viejo Jinbei de la nada, perturbando el silencio con su voz ronca y luego con una escandalosa tos seca, dura y profunda desde el fondo del pecho.
¿Él no estaba dormido como un tronco hasta hace un segundo? Trad rodó los ojos ante la paranoia del anciano. Si de algo se iba a morir, por sentirse en su funeral solo porque alguien le dio flores no iba a ser.
Jinbei generalmente es un hombre más positivo que esto, pero tantas horas en cama le estaban afectando tanto como el más ajetreado de los días tras su escritorio en el club.
—Jinbei, ya hablamos sobre referirte a ti mismo como cadáver en un futuro cercano—Trad suspiró resignado, poco interesado en darle demasiada importancia a sus quejas. En su lugar, giró el adorno unos poquísimos centímetros con un dedo sintiendo que definitivamente le vendría bien estar un poco más atrás. A veces tendía a ponerse obsesivo con esas cosas—. Además—lo interrumpió antes de que el anciano pudiera refunfuñar alguna réplica astuta—, no las compré yo. Son un regalo de Free—reveló analizando los pétalos con interés.
La cara de Jinbei cambió en un instante y se acomodó en la cama para ver correctamente el jarrón. Ya no rechazandolas, si no apreciando las flores por primera vez. Admirándolas con reconocimiento y claro, ahora con cariño.
—Ah. Con que fue Free—el anciano murmuró mucho más relajado con ellas.
Claro, pero que no hubiese sido Trad, porque el hombre con tal de no verlas hubiera sido capaz hasta de comérselas.
—Free dice que no ha podido verte porque está muy ocupado cumpliendo la promesa que te hizo, pero él quería que supieras que aún te tiene en mente—le hizo saber como si fuera una paloma mensajera—. Nunca imaginé que él fuera de los que regalan flores—admitió entretenido.
El anciano se acurrucó con pereza entre sus sábanas.
—Ese niño siempre ha sido uno con la naturaleza. Si lo sigues es fácil de adivinar—Jinbei le contó con voz cansada, al final no pudo evitar bostezar—. En esos tiempos cuando empecé a cuidarlo, solía llevarme sustos de muerte cuando se esfumaba en el aire, pero así es él. Desde siempre ha vivido escondiéndose en el monte, supongo que le recuerda a su casa en Cataluña. Ah. ¡Apuesto que hasta los animales lo consideran uno de ellos! Es como su don secreto—rió recordando al pequeño Free, conviviendo tranquilamente con todo tipo de alimañas del bosque que nunca se atrevieron a picarlo—. Antes lo llevaba a él y a Kristina a la arena en la que jugaba en mi infancia. Nunca lo había hecho porque era una ruina consumida por la hierba, pero a Free le encantó. Íbamos tanto que en cierto punto abandoné allí
una vieja mecedora para verlos jugar. Ay, ¿Lo imaginas? ¡Una mecedora en medio de la nada! ¡Qué aterrador!
—¿Y en frente de una arena bey? ¡Yo hubiera corrido!—Trad le siguió el juego de buen humor. Ambos rieron espontáneamente.
—Eventualmente se me hizo muy pesado ir tan seguido a lo profundo del bosque, por toda esa piedra en el camino, el sereno y todas esas tonterías y a Kristina siempre le gustó usar faldas y zapatos bonitos así que eventualmente empezó a frustrarse con la grama y los insectos y dejamos de ir. A Free aún le gustaba mucho ese lugar, entonces que le dije que se la regalaba—relató en paz, perdido en sus recuerdos—. Esas flores blancas son las que crecen a los pies de la arena—finalmente reveló el secreto.
Vale, eso era tierno. Más bien como ridículamente dulce.
—Entonces es un regalo maravilloso—El entrenador halagó meditativo.
—Sí. Free es un buen niño—el anciano murmuró cerrando los ojos repentinamente—. Espero que cumpla su promesa. Kristina también.
—¿Todo bien, Jinbei?—preguntó Trad, solo para asegurarse.
—Solo algo cansado—fue lo último que dijo antes de volver a dormir.
Trad negó tranquilo y diligentemente arregló las sábanas para que lo cubrieran bien, porque lo último que le faltaba a ese hombre era pescar un resfriado y morirse de una gripe común. Revisó por inercia qué cosas se le estaban acabando a Jinbei y al dueño se le había olvidado mencionar y tomó nota para comprarlas pronto. Aprovechó de llevarse en su mochila la ropa sucia que había quedado rezagada y
con todo listo, esperó unos segundos simplemente "parado ahí", haciendo memoria y asegurándose de que todo estuviera en orden por el momento. Fue ahí cuando entró Castiel.
—Hey, Trad—lo saludó el niño cuando se asomó curioso por el borde de la puerta.
—No sabía que vendrías hoy—Fue el saludo de Tras mientras salía de sus pensamientos—. Que bueno. Me hace sentir más tranquilo que lo estén visitando. Muchas gracias—le dijo honestamente con una sonrisa de gratitud.
—No es nada, ya sabes. No solo es cosa mía—el chico le restó importancia—. Todos los chicos lo visitamos siempre que podemos. BC Sol no es lo mismo sin él.
—Eso es cierto—concordó terminando de recoger sus cosas.
Un cargador olvidado de unos días atrás, unos documentos que tenía que llevarse…
Castiel tosió nervioso de la nada, como si hubiera metido la pata.
—Solo quiero aclarar que no lo digo porque tú o los demás entrenadores estén haciendo un mal trabajo cuidando el castillo ni nada, es solo…—Se apresuró a corregirse a sí mismo sin ninguna razón.
Definitivamente demasiadas palabras. ¿Por qué ese niño estaba tan preocupado por su reacción? Trad lo detuvo tomándolo del hombro entre divertido e incrédulo.
—Jinbei duerme ahora y la enfermera estará por aquí en un momento. Intenta no molestar a ninguno, ¿está bien?—le explicó recibiendo un asentimiento rápido como respuesta—Genial. Una cosa más, Si Jinbei despierta, no le hables demasiado del club, ¿Sí? no lo quiero con la cabeza en el trabajo de nuevo mientras se siente mal—le pidió sin dejar espacio a réplicas.
Si Jinbei escucha algo que no debe es perfectamente capaz de ¡recuperarse milagrosamente! esa misma tarde y volver a su club a gritarles a todos. No es que Trae tuviera miedo porque algo se esté realizando mal. No es así. Pero sí que le tenía miedo a la determinación de un Kuroda.
Castiel asintió varias veces entendiendo y finalmente relajándose y volviendo a adoptar su actitud jovial y despreocupada. Contaba con él, después de todo recientemente se había convertido en subcapitán y siempre ha sido uno de los favoritos predilectos para la alineación principal. No hay objeciones para este chico.
—Sí, no te preocupes. Solo quiero hacerle compañía un rato—aseguró abrazando sus cosas y caminando hasta sentarse junto a la cama.
Aunque Castiel sonreía, sus ojos estaban tristes. Estos niños confiaban demasiado en Jinbei.
Trad palmeó su hombro y finalmente dejó la habitación asegurándose de que la puerta no hiciera ningún ruido. Asintió a las enfermeras en los pasillos y bajó a la recepción.
Tomó uno de los teléfonos disponibles y marcó con cierta dificultad el número que casi se había aprendido de memoria después de tanta repetición. Esperó en la línea hasta que el clásico pitido de espera se convirtió en una voz.
—Colegio Santa Helena. ¿Puedo ayudarle?—la voz familiar de una señorita de la que no sabía absolutamente nada excepto que trabajaba como recepcionista y que quizás estaba en sus veinte, finalmente respondió.
—Buenas tardes. ¿Puedo hablar con una de sus estudiantes, por favor?—pidió viendo la hora en una pared a la distancia.
Las cuatro de la tarde. No debería haber problemas con sus clases.
—¿Con quién desea hablar?—cuestionó con el sonido de las páginas hojeandose como ruido blanco.
—Kristina Kuroda.
—¿De parte de quién?—preguntó la dama al teléfono con cierto tono cauteloso.
—Trad Vázquez—respondió seguro y sin titubear, pero ya por demás fastidiado del tedioso proceso de seguridad cada vez que tenía que llamar a la escuela de Kristina. Está conversación ya la había tenido antes.
¿Qué otra cosa podía esperar de uno de esos colegios para ricos? No es que Trad haya ido a la escuela pública alguna vez, pero la academia que pagaban los padres de Kris dejaba fácilmente en ridículo su buena escuela privada en Madrid.
—¡Ah!, ¡Ya sé quién eres! Deberíamos de ponerte en la lista de familiares de una vez, creo que la llamas más que sus padres—la señorita rió mucho más tranquila.
Un poco de más el comentario, ¿pero quién es él para opinar?
—Ya se la comunico.
Trad esperó un minuto o dos hasta que el familiar bip de la transferencia de la llamada aceptada sonó en el altavoz. Entonces la voz juvenil de Kristina se escuchó en su lugar.
—¡Trad! ¡Qué bueno tener noticias tuyas!—lo saludó Kris con entusiasmo—¿Dónde estás ahora?
—En el hospital. No creo tener tiempo de nada en cuanto pise el club, así que te llamo ahora—explicó efectivamente.
—Ah, entiendo. ¿Cómo está mi abuelo? ¿Hay alguna mejora?—lo interrogó de inmediato. Su tono ahora es más cauteloso, apagándose sutilmente con preocupación.
Trad suspiró. Está conversación también la había tenido antes.
—Kris, ya sabes que…
—¡No puedo esperar al fin de semana para verlo!—lo esquivó efectivamente. Ella trató de ignorar el desliz y volver a sonar igual de animada, pero no tardó en fracasar.
—Sí, él también quiere verte. Ayer me pidió que le dijera a Ange que hiciera tu comida favorita para ese día—le siguió la corriente sin molestarse en discrepar, pero arrugó las cejas frustrado.
No tiene sentido razonar con Kris cuando ya se ha enfrascado en algo.
—Eso es muy dulce de su parte—murmuró enternecida, entonces hubo un silencio considerable en la línea hasta que Kris volvió a llenarlo con su voz. Esta vez era seria como un funeral—Trad, ¿Puedo hablarte de algo?
—Claro. ¿Qué pasa?
—¿Tú si crees que estoy haciendo lo correcto?—cuestionó con tono tranquilo, casí político, pero en aquellos días en los que no tenía tanta práctica su voz flaqueaba lo suficiente para notar que era practicado—Mi abuelo… mi abuelo está tan mayor y cansado. Él podría morir en cualquier momento y lo único que necesita es a los que ama con él, apoyándolo en todo. ¡Y tú y Free…! No. ¡Todos en el club están haciendo eso! Cuidándolo y respaldando su legado, mientras yo solo estoy atrapada en un salón, escuchando sobre cosas que parecen tan irrelevantes ahora y…—. Ella en realidad solía ser tan frágil.
Escucharla de esta manera le resultaba molesto. Le hacía sentir impotencia, porque Trad nunca sabía bien qué hacer cuando alguien se derrumbaba frente a él. Todo esto era frustrante cuanto menos. Todo era frustrante desde que el cuerpo de Jinbei empezó a ceder.
Tampoco era agradable saber que Kris se sentía así.
—¡Kris, detente!—le exigió en cuanto empezo a escuchar los sollozos en el fondo de la línea. Luego se obligó a sí mismo a recuperar la compostura—Deja de castigarte, por favor. Te garantizo que todos estamos en donde tenemos que estar. No estás perdiendo el tiempo. Estás educandote para dirigir BC Sol, ¿Recuerdas? Porque quieres hacer el mejor trabajo posible.
—Pude continuar mis clases en el club como siempre—le gruñó estresada—. Hay montones de dueños que gerencian estando incluso en primer año. Entonces si es tan simple, ¿qué diablos hago aquí y no con mi abuelo en el hospital?
—Porque así te graduaras antes y podrás invertir todo tú tiempo en el club—le recordó con seriedad—. Tu primer examen es pronto, ¿Cierto? ¡Concéntrate!.
—Pero…
—Todo lo que quiere tu abuelo de ti, Kris, es que cumplas las metas que te propusiste. Así que si quieres ayudarlo a quitarse un peso de encima, solo haz tú mejor esfuerzo y vuelve a casa con tu título pronto.
Incluso en ese momento lo único que podía escuchar al otro lado de la línea eran sollozos ahogados y el resoplido de su nariz sorbiendo esporádicamente. Todo esto definitivamente ya había escalado.
—Lo entiendo. Pero me siento tan inútil.
—Entonces apresúrate—fue toda la solución que pudo darle.
No quería ser un imbécil con Kris. Juraba que no quería sonar de esa manera, pero no podía permitir que se le pasará por la cabeza ni por un segundo dejar la escuela a tiempo completo ahora. No cuando ella estaba tan cerca de conseguir lo que quería, ahora que le habían permitido prepararse para heredar BC Sol junto a su tío.
Había una razón por la que Kris y Free no vivían en el hospital y era porque Jinbei no se los permitía. El no quería a sus niños llorando y moqueando al borde su cama, los quería motivados y luchando por sus sueños.
—Tienes razón. Entonces lo haré—Kris por fin recuperó sus palabras y sorbió su nariz ruidosamente. Al menos sonaba mucho más calmada ahora—. Voy a trabajar muy duro, ¡Más duro que nadie para graduarme antes! Pediré tener mis exámenes en el trimestre y… diablos, necesitaré algunas firmas para que me dejen ¿Crees que puedas hablarlo con mi abuelo y ayudarme con eso?
Fácil no iba a ser, Trad ya conocía la opinión de Jinbei al respecto.
El dueño estaba ansioso porque su nieta predilecta quisiera seguir sus pasos, especialmente luego de pensar que Kris no querría saber más del bey nunca más. A Jinbei en serio le encantaba la idea, por eso la incluyó junto a tío en el testamento que se vio obligado a escribir hace unas semanas. Pero ni él ni los padres de Kris querían que ella se volviera loca con esto y mordiera más de lo que podía masticar. Sin embargo, aún podía discutirlo con Jinbei para que contactara a sus padres sin hacer escándalo.
Esto de ser intermediario se estaba convirtiendo en algo serio. Y en serio esperaba que luego no se le hiciera costumbre.
—Ni siquiera tienes que preguntar. Haré un esfuerzo—se encontró sonriendo antes de sentirlo en sus labios, inconscientemente alegre de saber que recuperaba sus ánimos.
—Genial, cuento contigo entonces, Trad. Verás que volveré a casa pronto y tendrás que adaptarte a tenerme como jefa. Seguro que no será fácil. ¡Prepárate!—avisó nuevamente.
—Oh, Kris, ¿Qué crees que he estado haciendo todo este tiempo?
Esa noche cuando Trad regresó al club, se encerró en el taller a ocupar las máquinas junto otros colegas, todos ignorándose entre sí mientras trabajaban en sus propios proyectos personales fuera del trabajo o bien adelantando encargos de los chicos. El ruido de las herramientas predominaba fuertemente por sobre la charla ocasional y el aire olía a chispas quemadas.
Trad dejó la soldadora a un lado por un segundo y jugó con el mecanismo de la agarradera, disfrutando de ver cómo funcionaba. Desde que Free probó la que hizo hace tanto tiempo Trad nunca dejó de trabajar en proyectos similares intentando obsesivamente alcanzar una "perfección" en su mecanismo de estabilización. Cada día—o cada semana, porque no tenía tanto tiempo para trabajar en eso como antes—estaba más cerca. Pero mientras ese día llegaba sus preocupaciones sobre quién la usaría o mejor dicho, quien podría dominarla crecían cada vez más.
Sí, el mecanismo se acercaba mucho a ser perfecto, pero requería de una blader con capacidades muy específicas. Alguien especializado en resistencia o defensa, que sea pesado y fuerte como una roca, con manos duras para poder soportar los continuos jalones y con muchísima experiencia y talento. Pero eso solo eran los requerimientos que se pueden ver.
Mentalmente este blader no debe ser extravagante al momento de jugar o desperdiciaria el potencial de la herramienta y en su cabeza debería tener las bases de beyblading memorizadas al derecho y al revés.
Esto era algo que no podía esperar de cualquier niño e incluso si está persona hipotética fuera exactamente todo lo que soñó, también era necesario que Trad quisiera dársela, lo cual era el verdadero reto aquí.
Volvió a soldar.
—Trad, no acapares la máquina—Uno de sus colegas le pidió.
No es que tuvieran pocas, es que fuera de horario era cuando más personas solían estar en el taller. Aunque también estaban esos días en los que estaba vacío como un cementerio.
Maldijo para sus adentros y soltó todo guardandolo en su estación para irse del taller. Clay, otro de sus compañeros también fue de salida luego de seder su respectiva maquina, entonces iban juntos por los pasillos cuando encontraron algo inesperado.
—Te ayudaré mañana. Mi turno ya acabó, Castiel—El entrenador le decía al niño con una cara no necesariamente neutral.
Ese hombre era Tomás, un entrenador de clase maestra. Ese que pensaba desde hace años que Trad lo amenazaba o algo así y siempre tenía cierta actitud a la hora de hablar. Era bueno en su trabajo, pero también carecía de la empatía necesaria para ser genial.
—Pero Jinbei siempre decía que no importa la hora, si lo necesitamos podemos pedirles…—el niño insistió como quien no quiere la cosa.
—¿Dices que no puedo seguir órdenes de Jinbei? Mira, Castiel, no soy un novato, llevó en este club desde que…
¿Por qué iba a darle ese sermón a Castiel? Clay y Trad se vieron incómodos y sintieron nostálgico por esa vez en la que estaban en una
situación "parecida". Hace mucho tiempo cuando quienes estaban en el medio eran Kris y Matías.
—Hey, Castiel. Ven aquí, amigo. Yo estoy libre. ¿Qué necesitas?—Clay utilizó su carisma para cortar limpiamente la tensión.
El niño paso sus ojos entre ellos y Tomás. Como si no supiera que hacer. Parecía acostumbrado a quedarse cuando otros despotricaban. Con que por eso Castiel era tan nervioso, estaba siendo sermoneado por cosas que no le competían a un blader.
—Es mi bey, estaba entrenando y está raro.
—Ah, déjame ver—clay lo tomó y le dio una miradita—. Parece que necesita algo de cariño. Una limpieza profunda entre las piezas y todo listo—le guiñó un ojo tendiendole el bey a Trad.
—Ve a descansar. Te lo daré mañana como nuevo—Trad le ordenó.
Castiel asintió y se fue como si se lo llevara el diablo. En cuanto se quedaron solos Tomás no tardó en ponerles mala cara.
—¿Ansiosos por quitarme autoridad?
—¿Por qué le dabas esas charlas a Castiel?—Trad frunció el ceño al la defensiva.
—Sí. A él no le interesa cuando te uniste al club ni si se terminó tu turno. Eres un entrenador—Clay secundó con una ceja arriba.
Hacer training en un club era más ser un maestro en un internado que otra cosa—obviamente—. Quizás tu turno acaba a las ocho pero el
trabajo nunca termina. Por eso los chicos siguen entrenando a esta hora.
Si no tienes la paciencia para entender eso, entonces conseguiste el trabajo equivocado.
—¿Por qué me hablan así ? No olviden que yo llegué antes que…
—llegaste antes pero estamos en la misma clase que tú. Trad ahora tiene un puesto más alto que el tuyo también—Castiel se burló.
Era cierto a medias. No es como si Trad fuera jefe de entrenadores o algo asi—eso ni siquiera existe—pero quien ordena a los entrenadores es el dueño y quién informa al dueño es el asesor.
Quizás en funciones Clay estaba en lo cierto.
—Pff, quizás en nombre, pero mientras gane lo mismo que yo y trabaje en mi mismo taller… ¿Y qué hay de ti, Clay? ¿Qué te hace supuestamente mejor que yo?—Tomas sonrió con soberbia, retirándose con una risita.
Quizás Kris tenía un poco de razón en algo. Todas las tradiciones en BC Sol empezaban a dejar que crecieran las malas hierbas.
En la madrugada mientras que Trad revisaba su correo electrónico, uno llamó su atención: su cheque mensual.
Era más elevado que de costumbre. Lo habían ascendió a asesor oficialmente. Unos días después le dieron la llave de su oficina.
—Definitivamente huelo algo bueno—Trad saboreó, por el olor dulzón en la cocina del club.
—¡Claro que lo haces!—Ange infló su pecho con orgullo en cuanto lo encontró—Trabaje extra duro en el pastel de Free este año. ¡Te va a volar la cabeza!—le aseguró convencida, haciendo énfasis en su punto con una linda sesión de mímica bastante simpática.
Trad soltó una carcajada de sorpresa por la elocuente expresividad de la adorable cocinera del club que siempre fue como una madre lejos de casa para todos ellos.
—Solo protégelo mejor este año. Si pasa lo de la última vez a Jinbei le dará algo—Trad no pudo evitar sonreír con cierta burla de solo recordarlo.
El año pasado Free debió estar teniendo un mal día con toda esa atención sobre él, porque antes de que siquiera pudieran pensar en cantar cumpleaños esa noche, encontraron a Free con las mejillas llenas de merengue, comiendo felizmente de su pastel en la cafetería vacía. Evidentemente más que complacido por disfrutar de una buena porción del dulce en paz.
Este año se le adelantaron a su carácter y ni siquiera hicieron nada oficial. Solo un pastel y los que todavía estuvieran en el club durante esas fechas navideñas.
—¡Considéralo hecho!—la mujer aseguró con el pulgar arriba—Ay, ese Free es un personaje. ¿Qué fue lo qué dijo cuando lo atrapamos esa vez?—quiso recordar con un dedo en su barbilla.
—"¿Qué no era para mí el pastel?"—citaron palabra por palabra al unísono.
El recuerdo se avivó en sus cabezas y rieron espontáneamente por el icónico momento.
—Ese listillo sabía perfectamente cuál era el problema y definitivamente no le interesaba—Ange negó incrédula, casi ofendida incluso—. ¡Pero esta vez no pasará! ¡Si Free quiere saltarse el "feliz cumpleaños", tendrá que pasar sobre mi!—sentenció presumiendo de sus supuestos músculos, palmeando su bíceps con orgullo—¡Oh! Ya lo olvidaba.
La mujer se apresuró simpáticamente a servir una taza de té humeante y unas simples galletas de soda sin sabor en una bandeja pequeña. Le entregó todo a Trad con impecable equilibrio.
—¿Puedes llevarselo a Jinbei? Debe tomar mucho té por sus defensas. Este es bueno para la hemoglobina y…—la mujer continuó explayándose respecto a las hojas utilizadas y todos los beneficios que contenían, muy orgullosa y lo que le sigue a contenta por ayudar.
Jinbei tenía a muchas personas buenas preocupándose por él.
—Claro. Justo iba para allá—Asintió, pasando la bandeja a sus manos diligentemente—. ¡Pero no te entretengas mucho! Jinbei quiere cantar cumpleaños temprano antes de dormirse… o antes de que Free se aburra y haga cacería de pastel.
Lo que pase primero. Ambas eran bastante probables.
—¡No hay por qué ser impaciente! ¡Solo unos minutos más y estaré lista! Que nadie se angustie, porque que salen arrugas—aseguró pícara, dándole al joven una mirada de quién sabe más. Al final
palmeó las mejillas de Trad maternalmente y le dio una sonrisa brillante que casi lo deja ciego—. ¡Tengamos una linda fiesta!
Ange definitivamente no tenía precio. En el club son muy afortunados por tenerla para cuidar de ellos.
Cuando llegó a los jardines, colocó la bandeja en la mesa de madera junto a la mecedora de Jinbei. El hombre parecía ya haber caído duro como un tronco en un sueño profundo pero Trad sabía que no era así y pronto se levantaría con hambre y sed y tomaría lo primero que se le atraviese. Lo que era conveniente para las blancas intenciones de Ange.
Trad se distrajo el resto del tiempo sin estar demasiado consciente de nada en especial, más perdido en su nostalgia que otra cosa, observando a sus bladers brincar de aquí para allá, acaparando ansiosamente la atención del cumpleañero que actualmente ya empezaba a parecer fastidiado por todo el largo día con muchos ojos encima, pero nada de pastel en su boca.
Aún así estaba seguro de que Free seguía feliz, podía leerlo en su cara. Después de todo, a Free le gusta esta gente.
—¡Ya llegué!—Anunció a la distancia una simpática voz femenina.
Una voz muy joven, de hecho. Así que definitivamente no se trataba del ansiado pastel.
Kris había llegó correteando apurada sobre la grama, aún vistiendo el formal uniforme de su internado.
—Hola, abuelo—saludó con voz suave a la velocidad de la luz, agachándose para besar la mejilla del anciano sin molestarlo demasiado.
Jinbei naturalmente sonrió entre sueños.
—¡Feliz cumpleaños, Free!—chilló emocionada arrojándose sobre la estrella de esta noche, haciendo gentiles y muy delicados mimos de hermana mayor en la cabeza de Free.
Free rehuye del contacto físico la mayor parte del año… y la mayor parte de su vida también. Pero los abrazos de cumpleaños es algo de lo que tiene prohibido escapar. Entonces ahora el niño dorado solo estaba "defendiéndose" sin demasiadas ganas, murmurando pequeños "oh no, detente, vas a asfixiarme" sin poder suprimir una sonrisa. Todo un caso.
—¡Y hola a todos los demás!—saludó contenta.
—Genial, somos todos. ¿Ya podemos comer?—Free intentó persuadir quizás por milésima vez hoy.
—¿Y cómo pensabas hacerlo sin el pastel?—interrumpió Ange, finalmente haciendo su gran entrada con la bonita torta cubierta de crema en sus manos.
Todos celebraron emocionados por ello y Kris no tardó en acercarse amable.
—Déjame ayudarte—la chica le sonrió con cariño.
—Muchas gracias, linda—Ange se la dió agradecida de liberarse del peso. No es que sus imbatibles y joviales músculos necesitaran de su piedad, pero la ayuda siempre es apreciada.
Cuando el pastel tocó la mesa todos se reunieron rápidamente alrededor como polillas a la luz. Incluso Jinbei hizo el mejor de los esfuerzos por levantarse—cosa que definitivamente no tenía que hacer—ganandose un regaño espontáneo de Trad que lo dejó apoyándose en Ange—quien también lo regañaba porque en serio Jinbei no. Debía. Andar. De aquí. Para allá—mientras llevaba su mecedora a la cotizada área de mucho espacio personal del cumpleañero, para que junto con Kristina pudiera acompañarlo.
—Esta bien niños, ¡Como en una batalla!—Gritó tercamente Jinbei riendo—¡A la de tres!.
—Tres, dos, uno…
—¡Feliz cumpleaños a ti!—cantaron animadamente al unísono.
Free río entre incómodo y divertido por la canción que cada año parecía volverse aún más eterna y obedientemente no se movió en todo el ritual. Cuando finalmente terminaron, el cumpleañero tuvo permiso para cortar una gran porción de pastel y sentarse a devorarla sin ser molestado.
Sí, de alguna manera parecía el punto culmen de la vida de Free.
—Entonces, ¿Qué tal te fue en tus exámenes?—Preguntó Jinbei cuando el desorden de cumpleaños se aplacó un poco y finalmente tuvo la atención de Kris al cien con él.
—Pues, no planeaba decirlo en el cumpleaños de Free pero… ¡Oficialmente me adelantaron al último año!—celebró contenta.
—¡Muy bien!—su abuelo inmediatamente la felicito.
Trad puso su mano en su hombro y asintió orgulloso con complicidad muda. Sabía que lo lograría.
—¡Si sigues así podré verte graduada, Kris! Sé que es egoísta presionarte por mis propios deseos, ¡pero por favor sigue esforzándote para que pueda acompañarte!—pidió a su nieta con alegría, aunque con cierto tono triste.
—Jinbei—Trad no pudo evitar gruñir molesto. Ahí iba de nuevo.
—¡Abuelo! ¡Sabes que no me gusta que digas esas cosas!—Kristina le reclamó evidentemente incómoda, incluso algo perturbada.
Jinbei solo le restó importancia con una mano.
Los ancianos hablan así por puro morbo todo el tiempo, pero Jinbei era diferente. Ya habían pasado varías semanas desde que dejó el hospital pero no por alguna mejoría notoria, si no porque se retiró por su cuenta. Sus hijos tuvieron que firmar muchas cosas para cumplirle el capricho de volver a casa.
Y no es asunto de Trad porque él no es un Kuroda, pero por lo que sabe de los padres y tíos de Kris, no podía evitar arrugar la cara con desaprobación y cierta sospecha al analizarlo con lentitud. Jinbei aún necesita el hospital, no le estrañaria que su descendencia no haya puesto más resistencia si eso adelantaría un poco su herencia.
No es por ser un cretino, ni por llevarle la contraria a Jinbei. Es que genuinamente le preocupaba su decadencia pero ¿que podía hacer Trad al respecto?
Después de todo Jinbei Kuroda nunca estuvo necesariamente "enfermo" en realidad, todos sus males actiales son porque sencillamente es un hombre viejo, muy viejo y su cuerpo naturalmente luego de tantos años de fallar poco a poco, empezó a desmoronarse muy rápido.
Entonces que una mañana Jinbei se levantó, vio el bello día que hacía afuera y decidió que no tenía porque pasar sus valiosos últimos días encerrado en una habitación blanca luchando sin sentido contra la naturaleza. Había tenido una vida plena y maravillosa, claro que aún quedaban incontables cosas que quería experimentar porque amaba vivir, pero estaba aún más harto de permanecer sometido a una cama y tan solo pensar en la siguiente visita que le harían.
Porque adoraba vivir, viviría como le gustaba sus últimos días, dirigiendo su club y adorando a sus nietos y cuando ya no pudiera: "mejor échenme tierra de una buena vez", eso dijo él.
Trad lo respetaba. Lo respetaba aunque lo asustara, aunque lo destruyera por dentro ver cómo Jinbei era reclamado cada día un poco más por el tiempo en sus huesos.
—¡Ya comí! Bien, ¿quién quiere una pelea de cumpleaños, eh?—Free ofreció sacudiéndose el sueño con confianza.
—¡Cuenta conmigo!
—¡Cuando sea, capitán!
—¡Yo quiero enfrentar a Free! ¡Apartense!
Como siempre Free como si fuera la más brillante de las estrellas, capturó la atención del resto de inmediato. Los demás observaron el alboroto con diversión, esos niños nunca dejaban la arena ni por un instante. O sus entrenadores tenían suerte, o un problema entre manos.
—¡Mueve mi silla otra vez! ¡Quiero ver!—Jinbei le exigió levantándose, quizás con torpeza natural pero con mucha intención.
—¡Pero abuelo!, ¡avisa antes de levantarte, no mientras te paras! ¡Te vas a caer!—Kristina lo sostuvo rápidamente, visiblemente molesta.
—Estoy a nada de conseguirte una silla de ruedas—Trad refunfuño entre dientes para si mismo, pero aún así haciendo lo que se le pidió.
—¡No soy ningún viejo decrépito para tener una silla de ruedas!—Jinbei podrá ser mayor pero al parecer aún escuchaba muy bien a conveniencia.
—Nadie te llamo decrépito, abuelo—Kris negó entre divertida y cansada empezando a moverlo como si ella fuese un bastón.
—Y tener una silla de ruedas no te hará decrépito, Jinbei. Estoy seguro de que te dará más independencia. ¿O acaso no te agrada la idea de volver a moverte por tu cuenta?—Trad intentó persuadir quizás por centésima vez desde que las piernas de Jinbei empezaron a jugarle sus pasadas.
—¡Bah!
Un brillante argumento contra el que ninguno podía objetar. Tanto Kris como Trad suspiraron derrotados.
—¿Listos?—Antón, quien se eligió como referí para el juego cuestionó a Free y a Castiel buscando confirmación, listos para la primera ronda.
—No—Free interrumpió como si nada—. Esperen un momento, solo será un segundo.
Se alejó de la arena y caminó recto y con confianza hasta Jinbei ante los ojos de toods. Free observó al hombre arrogantemente desde arriba, con determinación y el anciano por su parte le devolvió una simple mirada gentil pero intrigada, incluso retadora podría decirse.
—¿Puedo ayudarte en algo, niño?—Jinbei cuestionó tranquilamente.
—Sí. Ya he decidido que quiero para mi cumpleaños, tío—Free le platicó casualmente.
—¿Ah, sí?
—Cómprame una silla de ruedas—el niño pidió inocentemente.
—¡Con que sí! ¿Y qué se supones que harás con ella?—Jinbei le siguió el juego con una ceja alzada.
—Apuesto a que le encontraré un buen uso—Free le guiño un ojo pícaramente antes de correr de vuelta a la arena.
El conteo empezó y Tras y Kristina rieron entre dientes por la tenacidad de Free. Ese niño sabía jugar bien para el equipo.
—Entonces, sí pido la silla de ruedas, ¿No?—quiso confirmó Trad con atrevimiento, una sonrisa y una ceja alzada.
—Yo no iría tan le…—el anciano intentó enfurruñarse.
—¡Por supuesto que tienes que pedirla! Es el regalo que quiere Free. ¿Cierto, abuelo?—Kris astuta como siempre lo interrumpió sonriente y presuntamente cortes.
El viejo murmuró misteriosas galimatías inentendibles y aceptó su derrota con un suspiro.
—Si es lo que Free quiere para su cumpleaños —gruñó frustrado, poco contento por el molesto giro de los acontecimientos.
Trad y Kris agradecieron triunfantes a cualquier dios que los escuchara allá arriba. ¡Por fin se había logrado!
—¡No celebren mucho!—Jinbei reclamó con fastidio.
—¡Let it Rip!
