Dragon Ball, Dragon Ball Z, Dragon Ball Super, Dragon Ball GT no me pertenecen. Uso sus personajes sin fines de lucro.
Capítulo doce: Ka hoomaka ana
La primavera, la estación del mágico renacimiento de las flores y el del verdor reemplazando el blanco de la nieve o la tierra infértil, o como rezaba una antigua leyenda, era cuando Hades regresaba a su esposa con su madre durante seis meses.
A Pan le gustaba leer esa clase de leyendas clásicas cuando le picaba la emoción por leer, era una historia hermosa y fantasiosa para explicar los fenómenos del diario vivir humano, a pesar de ser tan improbable y rebuscado para ella. Las falacias eran un mero entretenimiento que lograba captar su atención, pero como la distracción era algo típico en ella, el tiempo se fue como agua entre los dedos y no se fijó de que era realmente tarde.
—¿Pan? ¿Sigues aquí?
Desde la puerta de su habitación apareció su madre, vestida con su uniforme de oficial puesto que acababa de terminar la guardia por ese día. La adolescente retiró los ojos de su libro para plasmarlos en su progenitora y entonces palideció… Si su madre ya estaba en casa, eso quería decir que si, era tarde.
—¡Mierda, es tarde!—exclamó corriendo a calzarse sus zapatos como alma que lleva al diablo.
—¡Cuida tu lenguaje jovencita!
No hubo tiempo de que Videl la reprendiera, o de añadir algo más. Vestida con una falda deportiva y un Bra, pero con unas rodilleras de malla y guantes oscuros apropiados a su personalidad y una coleta alta, la joven guerrera voló velozmente hasta la Capital del Oeste. Una estela blanca avivada por su potente KI la hizo llegar en diez minutos a su destino.
"Ella va a matarme"
Corrió por las calles siguiendo el recorrido que ya era rutinario, lo hacía dos veces por semana, a veces tres de acuerdo a como fuera solicitada. Empujó las puertas que le impedían el paso hasta su destino: los ventanales, un suelo de madera lisa y brillante, las barras de estiramientos y los espejos. Delante de ella, en el centro del estudio y cruzada de brazos, mostrando una cara de disgusto, estaba su maestra.
—Pan—los ojos la fulminaron con apenas verla.—Llegas tarde.
—Lo siento, señorita Sheila. Tuve problemas con el tráfico y…
—Silencio, niña. Sabes bien que no me gusta las excusas.—La seriedad inherente a la mujer, pronto se disipó en un simple suspiro.—Pan, no es la primera vez que esto ocurre. Debes ser más responsable… Eres una excelente bailarina, pero si la puntualidad no es uno de tus fuertes, estoy perdiendo mi tiempo contigo.
—¡No! Yo… en serio discúlpeme. No volverá a ocurrir…
—Más te vale.
Como la maestra de incansable trayectoria que era a talla mundial, ser estricta y exigente era primordial. De ser el caso con otra estudiante, ya habría desistido de enseñarla, sin embargo, con Pan era diferente. Lejos de su talento natural, su aprecio por la chica de azabachos cabellos era de carácter personal también. Un cariño casi inexplicable le nació con la muchacha, su compulsividad y enérgico candor le recordaban a sus tempranos días de juventud, décadas en el pasado. Tal vez era esa la razón de ser tan flexible con ella.
—Adelante, niña. No tengo todo el día. Ve a hacer tu calentamiento.
—Ah ¡Si!
Un rostro alegre despidió a la vergüenza demostrada y así sin más, la muchacha obedeció yendo a apoyar su pie en la barra y ladear su cuerpo en estiramientos. Como de costumbre, la maestra la observó hacerlo; por esos días, había optado por volver a pulir a su alumna desde que culminó la mejoría del estado de esta.
La mujer cambió la línea de prácticas que había estado siguiendo con la hija de Gohan, cambiando el ballet clásico de antaño por el contemporáneo. Combinaba más estilos entonces y nuevos movimientos, especialmente en términos de la resistencia, cosa que en cualquier bailarina con el poco tiempo de entrenamiento que llevaba la joven habría sido imposible, generalmente necesitaban un mínimo de seis meses para perfeccionarse, pero Pan rompió totalmente ese esquema. Ni siquiera su alumna estrella demostró tal nivel.
Por eso, Son Pan era su nueva estrella en bruto.
Cuando la muchacha hubo estirado lo suficiente para que su cuerpo atlético no sufriera ninguna clase de lesión, la mayor indicó con un movimiento de cabeza que era suficiente y que diera comienzo a la danza.
—Un plié y un revelè. Vamos.
Ella obedeció sin chistar, estaba más disciplinada que nunca. Solo su abuelito y el señor Piccoro lograban esos resultados para con ella.
El Sol había salido para Pan a partir de su mejoría; volvió a su primer amor: las batallas, los entrenamientos en conjunto a su abuelito y Uub. Para celebrarlo, su primer entrenamiento de regreso fue hecho en compañía de por supuesto su abuelito Gokú, su padre y de su tío Goten, que para su buena fortuna había retornado a su forma y estaba siendo un rival formidable para el entrenamiento.
La tormenta había desaparecido por fin, sin necesidad de esferas ni de nada más.
Pero… si, una nueva pasión había surgido para ella y esta era imborrable por haber sostenido su cordura durante los duros tiempos en que no pudo hacer nada más, ahora dejar el ballet no era una posibilidad tampoco, porque en serio disfrutaba de este con creces, aliviaba su alma y su espíritu de guerrera y nada más. Su madre le había dicho que ese nuevo hobby era donde su espíritu se vigorizaba y, aunque los entrenamientos y el aumento de su fuerza eran todavía su prioridad, bailar le hizo cambiar el modo de ver la vida y a descubrir que habían más matices de colores y tonos que solo blanco o negro.
En realidad, si tuvo la intención de dejarlo. Después de todo, estuvo convencida de que era una simple y pasajera afición momentánea, que al volver todo a la normalidad se despidiría de las zapatillas y le contaría todo a Bra riéndose por la tontería que había hecho. Pero no fue así.
Porque soltar las zapatillas no fue fácil, un "algo" desconocido la ataba a ellas, atada sin previo aviso. Ese pasatiempo no fue solo eso, por algo su corazón pedía a gritos que no se deshiciera de esas nuevas aguas y que llevarlo más allá, sin importar si era bueno o malo, era lo mejor que podía hacer por sí misma. De alguna manera inexplicable, lo necesitaba.
Así que su tiempo libre de la escuela lo dividió en parte para el ballet y en parte para sus entrenamientos. Tenía que aprovechar la estadía de su abuelito, ya que este partía a veces a entrenar a otros templos y planetas como Namekusei.
—Pan, no lo has hecho nada mal hoy. Tus mejoras son increíble—Y la joven percibía el aprecio de la maestra en sus bien consideradas habilidades, eso le gustaba.
—Señorita Sheila ¿Puedo preguntarle algo?
—Claro, adelante.
—Dígame ¿por qué cambió su estrategia inicial? Me ha enseñado nuevos movimientos que no había visto antes—No los recordaba ni siquiera en Bra.
Una sonrisa confiada y complacida radió en la mandíbula de la instructora. Había estado esperando por esa pregunta específica.
—Verás, Pan, en tres meses hacia el fin de la primavera habrá una presentación de una obra por parte de todo nuestro estudio. Mi deseo es que te prepares para ese momento.
Pan pestañeó y el pánico como un silencioso torbellino comenzó a acrecentarse en ella, como un dolor de estómago.
—No, no, no, señorita Aliehs, me gusta bailar pero hacer una presentación… Ni siquiera he practicado con el resto del estudio. Me niego.
Era cierto. Ni una sola vez desde los últimos cinco meses, Pan conoció a las demás bailarinas o tuvo oportunidad de platicar con ellas, además y muy importante era que su mejor amiga seguía desconociendo todas esas prácticas llevadas a cabo entre ella y su maestra.
—Pan, no seas tonta.—reprochó restándole importancia la mujer, pero disgustadas por el rechazo nervioso de la chica—Tu tienes un talento que merece estar en el escenario.
—Pero…
—Sin peros.
El asunto quedó zanjado, si continuaba insistiendo la maestra no estaría nada contenta y probablemente acabaría siendo echada del estudio. Tuvo que morderse la lengua, se moría por replicar, pero llevó el barco por otro rumbo y el tema tomó otro rublo.
—Entonces ¿Bra ya puede saber de esto? Usted ha insistido por todo este tiempo que no le diga nada, pero ya que participaré con ella y las demás puedo…
—No. Está terminantemente prohibido, te he pedido discreción y así será ¿De acuerdo?
"¿Pero por qué rayos no puedo decírselo?"
La molestia reverberó en la mitad saiyajin, por lo que KI tuvo una ligera subida en sus valores, ya que el secretismo no era de su agrado. Le había compartido a su madre que no entendía la insistencia de la maestra en que no se supiera, especialmente por quien fuera su mejor amiga. Pero la misma Videl insistió en que la maestra tenía sus razones y por algo se lo decía, después de todo era una mujer significativamente preparada en la danza clásica.
Cuando la práctica acabó, salió acalorada del estudio con un botellón de agua revisando los mensajes en su smartphone nuevo, un obsequio simple por parte de su abuelo Satán. Y con las mejillas coloradas y una sonrisita lo leyó.
"Vayamos a patinar ¿qué dices, preciosa?"
—Ay, ese Ben es un tonto.—Y a pesar de decir aquello la sonrisa no abandonó el entrever de sus labios.
Al final a su pedido hecho dos meses atrás lo aceptó con un tosco y casi enojado "¡Está bien, acepto!" después de mucho considerarlo, casi temblando y sin asimilar semejante propuesta. Ahora las citas que en el pasado eran una anomalía, eran comunes en su vida, protagonizadas por ella y los ojos verdes de Ben, conociendo los lugares más interesantes de los que se perdió durante años.
Su vida en poco tiempo dio un giro de ciento ochenta grados, incluso su apariencia era muy diferente ahora. Los estándares femeninos del conocer común, eran parte de ella también, de algún modo complementados a su personalidad ruda y altanera. E inesperadamente, todo eso le había gustado. Era bonita y especial para alguien tal y como quería.
Ben estuvo a su lado durante su recuperación, la visitaba varias veces a la semana y la ayudaba con sus deberes de la escuela. Como resultado, el chico se ganó el agrado de la familia Son. Milk y Videl estaban encantadas con el chico y si bien Gohan continuaba renuente a la cercanía entre el chico y su hija, ya era mucho más tolerable. Era amable con este, mientras no hubiera mención alguna de la relación que mantenía con Pan.
Para todos los demás fue normal, pero era difícil para la híbrida mantener en secreto su sangre saiyajin ante la frecuencia con la que el chico iba de visita. Videl le recomendó que fuera sincera, que no había problema. Pero Gohan continuaba insistiendo en que todavía no era momento de que el muchacho lo supiera… que quizás cuando se casaran en cincuenta años, sería el momento. El resto estaba de acuerdo con la hija de míster Satán, pero a pesar de eso Pan no estaba convencida y no le ayudaba el que su abuelito y los demás no tuvieran cuidado en aparecer volando o usando su fuerza descomunal cuando Ben estaba cerca.
En fin… Patinar. Ella no había patinado desde la infancia. Le gustaban las patinetas claro que si, pero usar un patín en pie era diferente. Probar cosas nuevas era divertido.
Como olvidó llevar unas cápsulas antes de salir, no tenía ningún medio de transporte salvo su habilidad de vuelo. Afortunadamente para ella, Sheila salió poco después y le ofreció un aventón.
Luego esperó a por Ben en una calle y el chico apareció en su bonito aerocoche, con una mirada pícara la recibió con un beso en los labios.
—Ya te estaba extrañando.
Ella rió.
—¿A dónde me llevarás?
—Hay una pista de roller caster nueva en la ciudad y quiero probarla. Te va a encantar, estoy seguro. —Explicaba conduciendo por las calles el joven, que era seguido por la mirada escrutadora de una emocionada Pan.
Y si, a Pan le gustó. La pista de patinaje era divertida y aprendió rápidamente a andar sobre ambos patines que al segundo intentó no necesitó apoyarse de su novio y juntos comenzaron a patinar. Pero como siempre, su sed por las competencias a apareció y por más que él intentó seguirle el ritmo, era imposible, la velocidad saiyajin era inigualable y dejaba boquiabiertos al resto de personas en la pista.
—Wao que increíble.
—No parece humana.
Esos eran algunos comentarios que los observadores daban, que a Ben, mucho no le gustaban. Pan era siempre llamativa a pesar de no buscar atención adrede.
—Ya estoy cansado, Pan. Mejor vámonos.
[...]
—¿Sabes concentrar tu KI?
—Cuando era pequeña, era capaz de hacer pequeñas esferas de energía. Una vez disparé una pero perdí el control… Terminé destrozando una de las macetas de mi abuela.—Explicó con algo de timidez y vergüenza la hija de Vegeta a Goten, ambos en un lejano campo en un punto escondido del planeta.
Goten había buscado ese sitio específicamente para comenzar los entrenamientos secretos de su primera discípula, un espacio en el que no serían fácilmente detectados por el resto de los guerreros Z. Como Bra tenía sus prácticas de ballet, sus entrenamientos tan solo abarcaban tres días a la semana. Los sábados eran los más intensos y Bra se excusaba con su familia diciendo que pronto habría un recital por lo que las prácticas de ballet eran más exigentes.
No era de su agrado total mentir y no era tan fácil hacerlo con su madre, que ciegamente estaba creyendo en sus palabras. En algún momento iba a ser sincera con respecto al tema con Bulma, pero de Vegeta lo iba a esconder durante el tiempo que fuera posible y que cuando se supiera ya fuera una digna hija de su sangre guerrera…
"Nunca me importó entrenar antes, pero… Debo demostrarme a mí misma de lo que soy capaz, soy hija del príncipe de los saiyajin, después de todo"
Al llegar al área en que el hijo de Gokú la había citado, encontró a este con su particular sonrisa distintiva y sinceramente alegre; los ojos más sinceros que tuvo la oportunidad de ver, vestido con el gi naranja y azul que solían utilizar los Son, principalmente el patriarca de estos.
"Luce muy guapo vestido así"
Los músculos del híbrido resaltaban dejándose ver, sus brazos bien torneados producto del entrenamiento desde la infancia y su pecho con pectorales marcados. Estaba acostumbrada a esos cuerpos, su propio padre y hermano eran también unos seres fuertes e imponentes, pero ver a Goten le hizo sentir algo diferente, que ocurría desde que era una niña. Pero iba a manejar bien esos sentimientos, lo había decidido.
Bra utilizaba ropas deportivas comunes, una camiseta ceñida y unos pants comunes de gimnasio, con unas zapatillas similares a las que usaba su padre en color blanco con franjas doradas en la punta. Su cabello azul turquesa iba recogido en dos coletas.
—¿Estás lista, princesa? ¿Estás emocionada?—preguntó el hombre, con determinación palpitante en sus esferos negros, pendiente de las palabras de la adolescente.
—Lo estoy, Goten.
—Yo también—siguió él, en la misma tónica y un poco avergonzado confesó:—es la primera vez que enseñaré a alguien.
Para la peliazul fue enternecedor escucharlo y un bosquejo de sonrisa se mostró en ella, que se dirigió sin pérdida a su nuevo maestro.
—Es un honor ser la primera, maestro Goten.
El segundo hijo de Gokú sí esbozó una sonrisa completa y digna, de esas tan naturales y típicas de él. Esas que el corazón de Bra adoraba admirar siempre que tenía la oportunidad.
Luego él dejó de lado esa postura, se aclaró la garganta y parpadeó múltiples veces para espabilarse y retornar a lo que habían venido y la razón por la que ambos se encontraban allí.
—Bien, princesa, es momento de que comencemos… Uhm… Bien, lo primero que haremos, es que logres sentir tu propio KI ¿Está bien? Así que cierra los ojos e intenta concentrarse en tu energía.
Ella fue obediente y siguiendo las indicaciones del contrario, cerró sus ojos y buscó en su interior esa energía que no había despertado antes, algo que fuera de otro mundo, explorándose en su interior, pero… ¿Qué era? A ciencia cierta, era completamente desconocido. No estaba segura de a qué se refería Goten.
—Goten… —Repentinamente abrió sus ojos, encontrando al azabache cruzado de brazos—¿Qué se supone que tengo qué sentir?
—Ehh… pues…
El hombre se rascó la nuca nervioso, queriendo encontrar las respuestas inequívocas a su explicación, pero ni siquiera él mismo era capaz de explicarlo.
—Bueno, es algo que sientes dentro tuyo. No sé cómo llamarlo pero es algo que fluye en ti y que tienes que canalizar y enfocar tu mente en ello.
Bra asintió y volvió a intentarlo, cerró sus párpados y ahondó en ella, ignorando los pensamientos y los sonidos provenientes del entorno. Se concentró en hallar ese "algo" que fluía en todos los seres vivos y que, pensaba, al ser una saiyajin sería mucho más potente y fácil… Pero no fue así.
—¡No siento nada!—gritó con furia contenida y al hacerlo una ventisca se produjo de ella, sorprendiendo al de pupilas negras y a sí misma.
—Wow… Bueno… Parece que allí está. Quizás lo tuyo sea más activo después de todo.
Goten se acercó a paso parsimonioso y seguro hasta estar a menos de un metro con el cuerpo de la chica. Ella no lo entendió y un estrago comenzaba a acrecentarse en su estómago, mientras intentaba adivinar y entender las pretensiones del híbrido delante suyo. Sintió calor en sus orejas acumularse, cuando sin aviso previo de nada, sus manos delicadas fueron tomadas por las guerreras de él, cerrándose encima de estas.
Embelesada, Bra contempló las acciones ininterrumpidas del otro. El mundo podía detenerse justo allí y ella sería feliz en tanto sintiera el cálido táctico cubrir el dorso de sus manos, acunándolas.
—Princesa, solo déjate llevar y concentra tu energía aquí. De hacerlo, podrás crear una esfera de KI—y el contacto entre sus pieles fue abruptamente deshecho para él demostrar con sus propias manos como se forzaba una esfera azulada y blanca entre sus manos.
Con sus labios semiabiertos, elevó sus cejas en la premisa de que era su turno hacerlo. Dudó un poco, pues si no era capaz de encontrar esa energía fluyendo dentro suyo… ¿Cómo lograr fijar su poder? Como sea, tenía que intentarlo. Y así fue.
Perduraron segundos eternos en los que ella estaba centrada en lograr los resultados que esperaban y, así, no parecer una completa tonta delante de Goten, le era estresante verse en una situación tan patética y atípica; no era una persona que hubiese dado resultados mediocres jamás, en ningún aspecto de su vida. Esa por supuesto que no iba a ser la primera vez, ella no lo iba a permitir…
Y apareció ante sus ojos, en una brevedad sublime para ella, una esfera blanquecina y destellante como un lucero se formó entre las palmas de sus manos. Ella no lo podía creer.
—Lo… ¡Lo hice!
Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro radiante, ensanchando sus mejillas de nieve y exaltándose en conjunto a sus orbes del color del cielo y su gran amplitud. Lo había hecho, no era un fracaso.
A Goten también lo tomó por sorpresa, pero una carcajada incrédula quiso hacerse notar en él; no era una mentira, su primer intento de entrenar a alguien rindió frutos inmediatos. Y no era para menos si tenía delante a una descendiente del príncipe Vegeta.
—Increíble, princesa. Te felicito ¡Sabía que podías hacerlo!
Esas palabras fueron significativas para ella.
"Él cree en mí"
—Ahora debes mantenerla, inténtalo hasta que lo logres.
Esa parte no fue mucho más agradable, pero le recordó a una de sus anécdotas como bailarina cuando comenzó a utilizar sus zapatillas y le costaba mantenerse en puntillas. Sheila le había indicado lo mismo, que con la persistencia suficiente sus objetivos serían logrados y así fue, otra vez.
Después de muchos intentos frustrados, poco a poco su esfera era más nítida y perduraba por mayor tiempo, aunque se tardó casi una hora en ver esos resultados. A pesar de todo, sin dudas le daba crédito a la paciencia por parte de Goten, que sin quejas estaba tan concentrado como ella en que su deber se viera materializado como debía ser.
Sus intentos hicieron que comprendiera lo primero que su maestro le había dicho en un inicio, a reconocer esa energía que por fin era despertada y estimulada, como una especie de adrenalina desconocida que se materializada en las palmas de sus manos. Poco a poco, esta energía adquiría una tonalidad amarilla, como la de una bombilla.
—Bien, Bra, ya que estás controlando más tu KI puedes tratar de apuntar a puntos específicos. Mira, como esa marca en el tronco del árbol de allá.—Goten señaló a uno de los árboles que estaban a una considerable distancia y sin equivocación alguna un línea de KI expulsada desde su palma alcanzó el punto señalado.
—Vaya… Está bien, pero lo haré a menos distancia.
"Dudo que todavía logre crear una ráfaga como esa, pero tengo que probar mi capacidad"
Derecha y determinada, la muchacha de azulados cabellos apuntó hacia una rama de un árbol cercano, creó una esfera de KI y de un gran impulso la envió hacia el punto deseado.
—¡Aquí vooooooy!
Pero, su idea y cometido se disiparon en el aire y esa esfera se la llevó el mismo viento con una facilidad absurda, que hizo sentir avergonzada y enojada a la hija de Vegeta, pues no se suponía que sucediera así.
Sus manos se hicieron puños y sus dientes casi rechinaban.
—¡Oye no es justo!
—Cálmate, ya podrás lograrlo no te preocupes.
Y claro que agradecía la amabilidad y pasividad con la que el muchacho se tomaba las cosas. De haber estado con Trunks, lo más seguro era que su hermano estaría burlándose de ella.
En fin, era prioridad no pensar demasiado y concentrarse en sus intentos…
[...]
En la corporación, las cosas estaban mucho mejor para Trunks desde que su agenda estaba mejor organizada en favor de no ocasionarle mayor estrés y poder tener tiempo para él mismo.
Por aquellos días pasaba tiempo consigo mismo, jugando partidas de ajedrez, atendiendo a los cronogramas del trabajo y las reuniones que tenía que protagonizar y en las que su presencia era necesaria sí o sí. Con su padre, se veía una vez a la semana para entrenar, así fue recuperando la forma y su condición física; su cuerpo también le había estado pidiendo ese entrenamiento.
Vegeta como de costumbre no era piadoso en sus ataques y movimientos contra él, pero Trunks comenzaba a comprender qué era lo mejor. Con algo de frecuencia en los encuentros, fue capaz de seguirle el ritmo a su padre y de lograr encestarle más golpes, pues estuvo practicando sus técnicas consiguiendo unas rápidas, inesperadas y efectivas. En la sonrisa socarrona de su padre, halló el orgullo y no el que este derrochaba en sí mismo, si no el orgullo de ver que se estaba tomando en serio los entrenamientos y en llevarlos adelante.
Y por supuesto que sus otros pasatiempos tuvieron espacio allí también: las teclas, la música y las notas sonoras de una partitura improvisada que eran sus dedos sobre un piano. Volaba como siempre a la zona costera de la vieja casa y como una aparición del más allá era uno con el piano; creando en los alrededores que crecieran rumores de la entidad de un hombre que tocaba el piano embrujado.
Después se iba con una sonrisa de complacencia, hasta una próxima oportunidad.
Él iba mejorando, nuevas metas venían en su horizonte, no iba a dejar que nada ni principalmente nadie lo destruyera. Solo lamentaba haberse distanciado como consecuencia de sus nuevas rutinas, de Goten y de Pan.
Supo por boca de Bra que la azabache tenía un novio, ni más ni menos que el muchacho con el que la encontró tiempo atrás en una cafetería charlando. Lo sorprendió un poco, porque no le pareció que su amiga estuviera pasándolo bien con el ojiverde, pero tal mostraba el destino que estaba equivocado.
Su cercanía a Pan era intermitente por el momento y sus mensajes para mantenerse en contacto también rompieron la frecuencia. Cada dos o cinco días se enviaban unos pocos mensajes.
Con Goten las cosas iban igual.
Era extraño y se rió de sí mismo porque su mejor amigo ahora parecía ser su padre, pasaba más tiempo con Vegeta que con cualquier otra persona, charlando con este y bebiendo cervezas. Sin embargo, fue lo mejor que pudo hacer por sí mismo, puesto que su padre también lo ayudó a regular el subidón en su consumo de alcohol.
Y no solo de eso, sino también… De cosas que comenzaban a salir de sus manos y de su control, como el regreso de Mai.
—Así que esa hembra mentirosa volvió.—comentó Vegeta, cuando oyó de boca de su hijo la historia del regreso de aquella infame.
—Si… así es.
Trunks sujetó la lata de cerveza entre sus dos manos, apoyando los codos en sus rodillas y reclinándose hacia adelante. No estaba orgulloso de confesar cuestiones que fácilmente estaban ligadas a su actuar sentimental como individuo humano, menos con un saiyajin como su padre. Pero de alguna manera, fue inevitable hacerlo. Algo le decía que era lo ideal.
—Sé que andas de hembra en hembra por ahí, por eso es raro que te comportes como un miserable insecto cuando se trata de Mai.
Su padre estaba en lo correcto. Su debilidad cuando se trataba de ella era vergonzosa, no sabía cómo moverse, cómo superar el pasado y dejarla atrás. Un casino suspiró abandonó sus labios. Hizo la cerveza a un lado y le reveló a su padre su frustración.
—¿Y qué quieres que haga, padre? Ella viene y yo… Me comporto como…
—Como un mocoso, Trunks, sé un hombre y enfrenta tus debilidades cómo se debe.—espetó sin más el príncipe saiyajin, bebiendo a fondo la cerveza en su mano—Escúchame, eres mi hijo no puedo permitir que seas dominado por una falda.
—¿Qué? ¿De qué hablas? Si mamá…
Y sus palabras se apagaron de pronto, abandonando totalmente cualquier intención de lo que iba a decir, porque eso era cavar su propia tumba. Pero era tarde, su padre apretó los dientes y una vena sobresaltó en su frente, levantó su puño y le gritó.
—¡¿Qué ibas a decir Trunks?!
El de cabellos lavandas apuró sus manos delante suyo, negando con las palmas abiertas frente a su fúrico padre en un pobre intento de salvarse de la instigaciones de este, creando abanicos quisquillosos en lo que una gotita nerviosa bajaba por su frente. Tenía que tener cuidado con lo que salía de su boca.
—N-Nada, padre…
Una última mirada fulminante y Vegeta volvió a su sitio y a la pasividad, dejando de lado lo que su descendiente quiso insinuar. Él, como príncipe y padre, se sintió en el deber de fungir en su hijo alguna orientación ante los problemas que este estaba atravesando.
—Trunks, sé seguro de ti mismo. Si quieres a esa hembra, está bien, pero si ella es solo un maldito dolor de cabeza, ahí está tu respuesta.
Esa frase simple y clara sirvió más que nada. Su boca dejó entreverse ovalada, como si la iluminación hubiera llegado a él posterior a lo dicho. La respuesta a su decisión por supuesto que no podía dársela nadie más que él, pero… ¿Cómo? Alejarse por completo de esa mujer no le jugó mucho a favor, había regresado con intenciones desconocidas. Era fácil entender por qué… Mai fue siempre una mujer ambiciosa y Trunks nadaba en dinero.
"¿Entonces solo quiere que le de dinero?"
Bueno, eso podía funcionar y en su mente era lo más lógico. Si lograba darle lo que quería, existía la posibilidad que respondiera a sus deseos y se alejara por completo de él.
Tantas mujeres, tantas modelos, doctoras, secretarias, ingenieras, bailarinas, atletas… Todo tipo de mujeres estaban a su disposición, muchas más atractivas significamente que la única que logró domar su corazón y no el de hombre, si no el del niño que seguía viviendo iluso y enamoradizo en su interior. Su gran debilidad residía así.
Contempló a su padre. Ser saiyajin era tan fácil, su único amor eran las peleas, comer y dormir, era la vida perfecta para cualquier hombre de su raza, sin nada de sufrimiento moralista o sentimental; eso era insignificante en la vida de un saiyajin y Trunks era demasiado humano para dejar todo eso de lado.
Solo cómo estaba durante esos días, ojeó las residencias que decidió visitar por aquella semana. Por fin iba a tener una propiedad para él, esta vez optó por desistir de apartamentos. Suficiente tenía con tener que ir todos los días al alto edificio de la corporación cápsula para atender los asuntos como CEO.
En su lugar, varias casas grandes eran vistas en el catálogo de compra y venta de propiedades confiables, desde cerca de la playa, de la corporación cápsula o de la zona central de la ciudad. Seis casas figuraron entre las opciones y todos los propietarios fijaron la fecha y la hora para mostrarla al hombre más rico del planeta.
Condujo uno de sus aerocoches preferidos hasta el sitio citado. Lo esperaba ahí una mujer regordeta de mediana edad, con los cabellos alborotados y una sonrisa exagerada. Era la agente de bienes raíces que lo iba a guiar por todas las propiedades.
Todas le gustaron, pero de igual manera todas tenían sus contras. Las primeras tres eran cuatro habitaciones, la tercera era la más lujosa a pesar de contar con una sola habitación y las últimas dos era de tres habitaciones. Una tenía un jardín encantador, otras piscinas enormes y lujosas. Finalmente, la ganadora fue la quinta casa visitada por que tuvo que pagar veinte millones de zenis, firmar los papeles y estrechar la mano con el dueño.
Su adquisición era todo lo que necesitaba para él, tres habitaciones grandes, tres baños, una gran cocina, zona de barbacoa, piscina privada, un estacionamiento para cinco naves y autos, una gran sala de estar, aŕea de gym y cine privado, una terraza con jacuzzi y bar. Si, le gustaba, era su estilo. Estaba vacía, pero se sintió a gusto con sus paredes de colado y pisos de resina. Admiraba su buena decisión de compra, cuando su smartphone vibró en sus bolsillos.
—Oh, hola Trunks ¿Cómo va tu día libre?—Era su madre que estaba atendiendo las responsabilidades del liderato de la empresa—Te llamaba porque quería preguntarte sobre los planos de los modelos G-13… ¿Dónde estás?—Bulma era poco discreta y su interés por su hijo estaba vigente, como de costumbre. Sus ojos azules eran muy observadores e indagadores y le extrañó darse cuenta que su hijo parecía estar en un sitio vacío y costoso. Tuvo una corazonada.
—Oh, ¿Esto?—El híbrido giró tranquilamente el móvil para mostrarle la casa a Bulma, que incrédula observaba—No es nada, solo es mi nueva casa.
—¿La compraste?—Un deje de nostalgia combinada con alegría titiló en la voz de la mujer.
—Así es. Perdón por no habértelo dicho antes, pero era ese tipo de decisiones que prefiero tomar por mí mismo—su madre era muy demandante y autoritaria, de haberla llevado consigo habría impuesto su elección personal por encima de los intereses de él.
—Pues claro que sí, me hubiera gustado ayudarte a decidir pero ya qué—lamentó la científica—¿Y tiene jardín?
—No es tan grande como el de la corporación, pero sí.
—Bueno, entonces vivirás ahí.—Bulma no supo si estaba afirmando o preguntando, pero su lado maternal pujaba por recibir una negativa.
—Si, a veces estaré aquí y a veces en la corporación.
—Ya veo, hijo. Te felicito—La peliazul esbozó una sonrisa.—Esperaré por esos planos. Te veo en la cena.
—Está bien, madre.
Una vez cortada la llamada la científica se quedó sentada en su silla, asimilando lo que acababa de ver; recuerdos de cuando su apuesto hijo era tan solo un bebé en sus brazos llegaron a ella. Antes de saberlo, sintió la mirada arderle totalmente acuosa. Trunks ya había comprado propiedades antes, pero nunca lo había hecho solo y ella ni supo cómo interpretar eso.
—Vaya, el tiempo sí que pasa rápido.—Se dijo a sí misma, ante el reflejo suyo en un vidrio pulido del ventanal enorme detrás suyo. De no ser por las esferas del dragón ¿Cuántas arrugas estarían surcando su piel tersa? Era una idea consternante, le era inconcebible la vejez… Pero por el rumbo que iba la vida, pronto sería llamada abuela por seres pequeños.—Oh, Trunks, apenas ayer eras un bebé y hoy eres todo un hombre…—estaba sentada en la silla en la que habitualmente su hijo dirigía la empresa y en donde su padre estuvo por años. A ella nunca le gustaron los trabajos administrativos, era más una mujer de acción. Prefería mil veces su laboratorio privado.—... Pero no puedo cargar con todo a Trunks.
Y sin más remedio retornó al papeleo de los informes globales de la empresa, a revisar uno por uno…
[...]
La familia Jinzo vivía en la pequeña casa del maestro Roshi desde hacía bastantes años atrás. Dieciocho se adaptó al lugar, pero no era del todo de su gusto convivir con el maestro de su esposo y su hija que se había convertido en una hermosa jovencita que asistía a la universidad, buscando asegurarse un buen futuro por delante. Los piropos del anciano eran inapropiados y nunca le gustó la mínima posibilidad de que este se atreviera a decirle algo a su hija o mirarla con la libidinosa morbosidad que volcaba sobre cuanta falda se le atravesara por delante.
—Marron merece más. —Le decía la rubia a su esposo—Ella merece un hombre rico que le de el lugar que se merece.
—Dieciocho…—Krilin estaba cansado de ese tema, desde que esposa había estado instigando al pobre discípulo de su mejor amigo para que cumpliera con su imposición monetaria—Uub es un buen muchacho y nuestra hija lo quiere ¿Por qué no es suficiente para ti? Yo tampoco he sido rico y aún así aceptaste casarte conmigo.
—Pues hubiera sido mejor para mí que fueras rico. —Ese comentario lastimó al hombre, en cuyo rostro se reflejó la decepción.
—Tienes razón, parece que es cierto que no importa qué nunca seré suficiente para ti.
—Krilin—La mujer se dio cuenta de su error un segundo después y tomó el brazo de su marido—Tú me has dado más cosas, que nunca alcanzaré agradecerte. Pero entiende que quiero lo mejor para nuestra hija.
No muy convencido, él hizo el esfuerzo por entender las pretensiones de su esposa. Si, estaba de acuerdo, su querida hija se merecía el mundo entero, pero solo un ciego no se daría cuenta de que el muchacho que la pretendía con devoción idílica era capaz de dárselo de ser posible. Lamentó que la ambición de su esposa la cegara tanto.
—Uub es merecedor de nuestra hija Dieciocho ¿cómo no puedes verlo?
—Papá tiene razón.
Ambos padres repararon en la hija que acababa de aparecer justo detrás de estos. Kame House no era demasiado grande y sus paredes ciertamente eran angostas. En el rostro de la rubia más joven, era clara la consternación.
—Uub ha hecho de todo por merecerme, mamá ¿Por qué no puedes verlo?
—Lo que no logro entender es que existiendo un muchacho como el hijo de Bulma te fijes en un sujeto como él.
Otro movimiento se hizo notar y vieron en la puerta aparecer al susodicho. El padre de Marron sintió gran vergüenza.
—Uub… ¡B-Bienvenido!—Exclamó Krilin queriendo pasar de ese incómodo episodio, mientras su hija se sonrojó y apenó en demasía, casi al borde del llanto. Dieciocho lo fulminó con la mirada, para nada arrepentida de lo que acababa de suceder.
Uub en cambio no sabía que hacer, las palabras de la madre de la mujer a la que amaba hicieron eco dentro de su cabeza. En sus brazos, lograron verse billetes acordonados.
—Perdonen, solamente vine a traerles esto.—dijo clavando sus ojos oscuros puros en la androide, con una sonrisa de las que aprendió de su maestro—Solo son doscientos mil zenis… traeré más, pero, de seguro que ya no es necesario.
Y antes de salir despedido por los aires a miles de kilómetros de ese punto, volcó su mirada en la mujer que amaba, que con súplica le hablaba "por favor no te vayas" era claro lo que quiso decir sin mediar palabras, pero el muchacho había tenido suficiente. No se despidió y en su lugar solo quedó el dinero.
—¡Uub!—Marron salió corriendo de la casa pisando la arena, hasta donde el mar comenzaba delante suyo, pero tan solo pudo ver una estela como la que dejaba una aeronave en el cielo como rastro. Las lágrimas que se acumularon, se derramaron.
Krilin llegó hasta donde ella, colocando las manos en sus hombros, haciéndole saber a la rubia que contaba con él. Dentro de la casa, Dieciocho recogía el dinero para guardarlo, cuando su hija se negó a derramar esas amargas lágrimas y armarse de valor para encarar a su progenitora, con ira y decepción en ella.
—¿Por qué me haces esto? Uub no se merece que lo trates con tanto desprecio.
Los fríos ojos de Dieciocho pestañearon y se dispuso a contar los billetes ignorando los reclamos.
—¡Si todo lo que te importa es el jodido dinero quédate con él, pero a mí déjame en paz!
La hija de Krilin buscó con afán un aerocoche que tiempo atrás recibió como regalo de Bra y lo desplegó para montarse e irse de Kame House con destino a las montañas Paoz.
—¡Marron!
Krilin quiso seguirla, pero supo que no era lo indicado, que su hija necesitaba un momento lejos de ellos y eso no lo hizo sentir mejor. Contuvo entonces su propia ira, pero eso no impidió que le gritara a su esposa.
—¿Estás contenta? ¿Es acaso esto lo que quieres, qué nuestra hija se aleje de nosotros?
Dieciocho no demostró atisbo de emoción y por un momento la visión que Krillin tuvo de ella fue diferente. De repente ella era mucho más joven, con esa misma inexpresividad nula de cualquier sentimiento, usando un abrigo a rayas blancas y negras con un chaleco y falda azules y altas botas anaranjadas; la mujer sin compasión alguna que fue ella una vez, esa era.
Pero ese aspecto de inexpresividad murió en un santiamén, con la rubia arrugando el entrecejo y gesto tembloroso en ella, como lo haría una persona a la cual la rebasan sus emociones por lo intensas que son. Su amada era humana y él lo sabía mejor que nadie.
—Tú no entiendes, que quiero lo mejor para ella… ¿Quién es Uub? Ese chiquillo viene de una aldea pobre y es discípulo del vago de Gokú. No quiero que nuestra hija sufra como lo hace Milk.
El hombre comprendió entonces todo, claro que cualquier madre en su sano juicio quiere lo mejor para sus hijos. Una sonrisa abarcó el rostro del perplejo Krilin y se acercó ahora convencido por las palabras de Dieciocho a tomarla por los hombros, tras elevarse un poco delante de ella.
—Lo entiendo bien, Lazuli, pero no es una decisión tuya ni mía, es de Marron.—Espetó este, con calidez y sin vacilar. Su esposa sí lo hizo, tembló en sí misma cuando fue llamada por su verdadero nombre, a lo que desvió su mirada.
—Sabes que no me gusta que me llames así.—contrarió ella y contempló el dinero que trajo el muchacho.
Sabía de las noches sin dormir de su hija preocupada por él, sabía el cansancio al que este sometía su cuerpo por cumplir infinidad de trabajos y oportunidades de ganar dinero por doquier. Y no le importó por más que la rubia rogara que no impusiera tan inhumana tarea en él, porque necesitaba ver hasta donde aguantaría el amor que Uub profesaba a su retoño.
Marron era su todo en conjunto a su amado esposo.
Porque cuando dudó de quién era, cuando su mundo se vino abajo y solo era considerado un pedazo de chatarra malvado por todos, solo su actual esposo creyó en ella y le recordó que era una mujer, pero ¿En serio lo era? ¿Cómo suponerlo, no verlo como una ilusión cuando su vida fue hecha para no ser vida y tan solo servir a los deseos de un hombre decrépito? Y entonces…
La respuesta fue afirmada por el embrión que comenzaba a crecer en su vientre. Iba a ser madre. Iba a tener un bebé. Era capaz de que la vida naciera de ella y de sentir algo inexplicable formarse en su ser. Ella, que no tenía más que ambiciones a secas, iba a dar vida. No se vio como madre jamás, no sintió aprecio ninguno por algún niño.
Hasta que en sus brazos sostuvo a una pequeña criatura con su mismo cabello dorado y las facciones del hombre que la enamoró y le dio una segunda oportunidad. Y de repente supo que era el mejor regalo que la vida podía darle.
—Cuando Marron nació—recordó ella en voz alta, nostálgica en sí misma—Las demás madres que conocí en el hospital tenían los nombres para sus hijos, los escogieron ellas mismas. Y yo, yo ni siquiera tenía un nombre para mi hija… Fuiste tú quien la nombró.
Krilin parpadeó anonadado, confundido y procesando aquello, su conclusión más rápida de lo que su esposa sacaba a relucir era que no le gustó la decisión tomada por él.
—Eso estuvo mal ¿verdad? Dieciocho, lo siento, debí haberte dejado escoger a ti y no haber dicho nada sobre su nombre—la mujer negó.
—No, Krilin. Nuestra hija tiene un nombre y un padre ejemplares y dignos de ella.—sonrió al decirlo y el pequeño guerrero evidenció en su cara rojizo color.
—Dieciocho… Escúchame. No permitiré que Marron sufra, pero ¿Acaso no lo ves? Todo esto es lo que la está haciendo sufrir. Yo estoy seguro que Uub es lo suficientemente apto para ella, porque ella está segura de que es su persona amada—aunque como padre, este hervía de celos de pensarlo, pero el muchacho ya había hecho demasiado y todo por pretender a su hija.
—Qué molesto. Tú y ella se parecen más de lo que pensé.
[...]
Los cuerpos se encontraron en la oscuridad, se palparon, se tocaron entre sí y la lascivia era la dueña y protagónica de la escena, de los jadeos y gemidos que eran proferidos por los dos. Eran fantasmas dibujados entre manos que buscaban piel y humedad. Un beso, otro, y otro… No era suficiente. Ella quería más, el calor que se acrecentaba en su cuerpo quería todavía más. Y una mirada cegada por el deseo en el chico, le hizo prever lo que quería.
La casa de Ben estaba sola y cuando Pan lo supo estaba segura de lo que iba a ocurrir. Desde semanas atrás, sus encuentros fueron siendo más pasionales e íntimos, queriendo ir más allá. Y lo dudó, pero sus ansias por conocer esa sensación picaban su curiosidad.
La primera vez que mostró sus pechos tiernos y vírgenes al muchacho estuvo luchando contra la vergüenza por querer cubrirlos y pensamientos como "tienes que hacerlo" o "no seas una cobarde" la animaron a que sus pequeños montes con aureolas rosadas fueran observados a detalle por el muchacho.
Pan quiso explorar el cuerpo masculino tambień y con toda la lucha de sus tabúes y penas, vio el miembro de Ben por fuera de la ropa interior. Ladeó su cabeza y observó éste, viendo que tenía un tamaño similar al de su smartphone en el largo y el grosor de tres de dos de sus dedos.
—Tócalo—pidió esa vez, en un jadeo urgido el muchacho—por favor.
Pan tragó grueso y lo hizo. Luego, lo probó en más de una ocasión y el sabor que era extraño e indefinible le quedó en la boca. No estaba segura de porque lo repetía, pero al chico le gustaba que lo hiciera.
Visitó páginas de adultos en línea y buscó información de todo lo que el sexo involucraba, porque nunca habló abiertamente sobre el tema con nadie. Bueno, si tuvo la guiatura de Bra en muchas ocasiones, pero necesitaba estar segura de lo que hacía y Ben tenía más experiencia que ella.
"A Trunks, las mujeres también le deben hacer esto"
Pensó cuando con sus ojos cerrados se esforzaba porque la erección de su novio entrara y saliera de su boca sin dificultad.
Para ella, no importaba mucho más. Estaba lista para explorar esas aguas y luego de todos esos juegos previos, de días de juegos húmedos, por fin aprovechó la oportunidad que el destino le colocaba delante. Estaba desnuda con el muchacho y éste, buscó sinceridad en los ojos de la adolescente.
—Estoy lista.
Dijo segura, porque era ahora o nunca, se repitió. Y quería acabar con ello de una vez por todas y responder a la exigencia de su cuerpo por sentir al chico dentro de ella.
Tras abrir y acomodar en su miembro un preservativo, poco a poco, Ben fue ingresando y para Pan la intromisión fue un poco incómoda, hasta que sintió como este se detenía de pronto, se apoyaba sobre la cama y empujó dentro.
—¡Ahg!—Gimió inevitablemente, apretando las sábanas y usando una fuerza que hizo crujir a la cama debajo de ellos. Ben le miró algo asustado.
—Pan, ¿estás bien?
El muchacho tuvo intenciones de retirarse de encima de la chica por su mueca de dolor, pero una mano de Pan en uno de sus hombros le impidió el movimiento.
—Ni se te ocurra quitarte.—advirtió esta, con determinación clara, en tanto de la unión entre sus sexos se escurría una línea de sangre.
Y es que la híbrido sintió algo "romperse" dentro de ella, fue molesto y como un corrientazo en toda su anatomía, tensándola, pero poco a poco pudo relajarse y el placer precedió al dolor y hubo luz verde para que Ben se moviera a voluntad sobre ella. Y por fin, era capaz de experimentar algo inexplicablemente bueno.
Una intromisión satisfactoria ocupó sus sentidos, su cuerpo chocando contra el de el chico en cada estocada en las cuales este se esforzaba por dar lo mejor de él, Pan era capaz de leer la concentración que este colocaba en tal acto… ¿Eran todos los hombres así? Su miembro apeló y ocupó espacio en su estrecho interior, sus paredes se abrazaban a este y el calor en su vientre comenzó a acumularse. Había puntos de penetración, que disfrutaba más que otros.
Y era extrañamente vulnerable.
Los ojos verdes de Ben eran francos, este la sostenía de la cintura y acestaba en su interior, hasta que lo vio estremecerse y poner una cara extraña. Después, sintió que su interior era abandonado.
Decidió bajar la mirada y se topó con su miembro satisfecho en el reposo y el preservativo lleno de sustancia. Al final, prefirió no mirar y esperó unos minutos para vestirse, con el chico acostado a su lado. Pan miró al techo y luego a Ben y depositó un beso en sus labios, mientras él recuperaba su respiración.
—¿Te gustó?
—Si.
Se sentó, buscó su sostén y bragas y cada parte de su ropa, dándole la espalda al chico de mirada clara. Estaba absorta en pensamientos en blanco, nulos y nada claros.
—Nos vemos luego.—Le dijo, para salir de su casa y llamarlo cuando llegara a la montaña Paoz.
Esa fue su primera vez, se dijo en el vuelo entre las nubes esponjosas, sintiendo a su cabello desordenarse con el viento y el frío helar a su cuerpo ya no virgen. Era una señorita, había hecho lo prohibido, el acto al que Trunks Brief recurría constantemente.
"Trunks hace esto a menudo con diferentes mujeres, pero ¿por qué? ¿En serio lo disfruta tanto?"
No era que no le gustara, porque ella misma sintió placer. Quizás de haberse quedado otro tiempo más le habría sugerido a Ben hacerlo nuevamente, pero el único motivo para hacerlo era porque estaba lo suficientemente cómoda con el muchacho y se había adaptado a la desnudez con él.
"¿Por qué busca a distintas chicas para hacerlo?"
En su momento, era algo que estaba dispuesta a preguntar cuando tuviera la oportunidad de verlo nuevamente. Sabía que su amigo estaba ocupado entrenando con el señor Vegeta y que por ende el tiempo de los dos era limitado, pues ella también tenía sus ocupaciones.
La extraña y nueva Pan ingresó asimilando lo hecho a su hogar, saludó escuetamente a sus padres y fue a su habitación. Ahora, era una mujer, eso le quiso transmitir a su propio reflejo en el espejo para hacerle entender.
[...]
—¿Goten? ¿Me estás escuchando?
—Claro, claro que si mi linda Pares—sonrió fingiendo el hombre, con alegría producida.
—Bien—y su prometida lo aceptó continuando su conversación—te estaba diciendo que muy pronto la señorita Ana va a…
Y nuevamente perdió noción de las palabras dichas por ella. Ahora que era un maestro de artes marciales lo propio era no cometer errores o permitirlos de ningún modo con su discípula, pues reconocía que pulir el diamante que era la hija de Vegeta estaba resultando interesante.
"Bra tiene un poder increíble"
Su mente volvió a ellos en el bosque remoto.
—Muy bien Bra, has aprendido excelentemente.—Y con una sonrisa en el rostro admiró a la peliazul volar como un ave de un lado a otro, desbordante de alegría de su control y habilidad, enviando esferas de energía hacia el cielo y logrando impactar puntos exactos a kilómetros. Luego de su frustración, logró conectar con su KI y comenzar a controlarlo.
"No cabe dudas de que tienes sangre guerrera"
—¡Mira esto, Goten!
La muchacha ascendió por los aires y dando un giro extendió sus palmas hacia el pelinegro, enfocando su centro en este. Entrecerró la mirada y un brillo azulado se desprendió de sus manos, creando un sonido radial.
—¡Haaaaaaaa!—Expulsó con toda su fuerza y energía focalizada en el pelinegro una lluvia de esferas de energía, creando tantas como pudo. Claro que Goten esquivó a todas estas sin mayor dificultad y ella lo vio venir, por lo que fijó su concentración en una última esfera fuera del rango de visión; Bra expulsó una gran cantidad de poder y volvía acompasar su respiración, haciéndole creer al otro híbrido que eso fue todo.
Cuando Goten se mostró confiado, pensando que eso fue todo de parte de su aprendiz, la esfera lo golpeó girando su rostro a un lado. Una sonrisa orgullosa y ladina ocupó espacio en las facciones de la princesa, mientras su maestro permanecía incrédulo, procesando el ataque que provocó una línea rojiza en su rostro.
"Ella realmente lo hizo"
Él volvió su vista la peliazul, que todavía flotaba unos metros por encima. Y una sonrisa confiada ocupó las facciones de él.
—Así que quieres jugar, muy bien.
Goten adelantó una pierna a la otra y colocó sus brazos en posición de cubrir sus áreas vulnerables. La chica entrecerró la mirada, supo que acababa de retar a alguien cuyo nivel era muy superior al suyo, pero poco le importaba ahora. Un extraño sentimiento de adrenalina se arremolinaba en sus adentros, era una emoción indescriptible, pero tan viva y única…
"De acuerdo, princesa, veamos si puedes con esto"
El mitad saiyajin de prontó desapareció volviéndose una ráfaga borrosa para la chica, cuya mirada se abrió de golpe, pues no percibir a su adversario no era nada bueno. Ella giró en todas direcciones, buscándolo con insistencia pero no tuvo caso, era como si él se hubiera desaparecido… Hasta que sintió una presencia detrás suyo.
Iba a girarse a responder con un puño, pero antes de cualquier movimiento suyo, Goten impidió con sus propios brazos que los de ella se movieran, acoplándola contra su cuerpo. A pesar de tener ella fuerza sobrehumana y que por ende tenía que ejercer mucha más de su fuerza que con cualquier mujer normal, era imposible que lo superara por más que se removiera buscando en vano una escapatoria.
—Pon atención, Bra—espetó el híbrido sin inmutarse por los intentos de moverse de la muchacha.—En este momento es imposible que te libres, ¿qué vas a hacer? ¿Cómo piensas escapar de esto?
Bra lo intentaba, era una chica lista y estaba segura de que iba a terminar encontrando la solución. No obstante, su sano juicio se veía amenazado por los pectorales y abdominales que sentía contra su espalda…
El rostro de ella se tintaba de color, pero no era el caso. Tenía que, como digna guerrera demostrar su valía. No era lo suficientemente fuerte para soltarse de su agarre bien hecho, ni iba a poder empujarlo de ningún modo… Pero, si lograba confundirlo…
"Tengo que hacerlo"
Reunió su energía empleada para el vuelo e hizo que esta los impulsara un poco hacia arriba, luego hacia abajo y cuando su maestro intentaba descifrar que era lo que pretendía su pie fue a chocar en un gran giro inesperado contra la ingle de Goten que apenas y escapó de este haciéndose a un lado, soltando por fin a la chica y riéndose por lo acontecido.
—Bien pensado, princesa.
La mirada de este captó en la de ella la determinación de un saiyajin.
Al parecer, pudo ver, los dos estaban disfrutando de ese encuentro por igual. Si, Bra no era su oponente de entrenamiento más fuerte, pero si tenía todo lo que caracterizaba a una guerrera. Pelear con ella, pensó, era parecido a los entrenamientos que se mantenían con Pan, a excepción que el estilo de pelea de Bra era más analítico y menos impulsivo que el de su sobrina, por lo que la peliazul era menos predecible.
Y además, aprendía demasiado rápido.
"Bra es la hija de Vegeta y de Bulma, no es para menos
Ella realmente puede convertirse en una gran guerrera"
—¡Goten!—parpadeó espabilando de sus recuerdos por el llamado nada amable de parte de su prometida—Sigues sin escucharme—terminó por decir, entre triste y ofendida. La culpa pronto apareció en él, que nerviosamente intentó explicarse.
—¡L-Lo siento muchísimo Pares! Estoy un poco distraído hoy, eso es todo.
La de mirada avellana le observó con sospecha.
—¿Por qué? ¿En qué estabas pensando? —El hombre tragó grueso, sin saber cómo librarse de ello. No le había contado nada sobre el entrenamiento a Bra a nadie, ni siquiera a su querida novia… Y eso porque la hija de Vegeta le pidió confidencialidad total.
"No quiero traicionar a Bra, pero no debo ocultarle cosas a Pares. Además, no veo que tenga de malo que ella lo sepa"
—Bueno, sabes que sobre mi trabajo… Yo… Bueno…
—¿Te gusta mucho no es así?
—¡¿Q-Qué?!—Goten se levantó espantado de un salto, en tanto su prometida lo miraba con extrañeza y confusión—¿D-d-de quién hablas? ¡La única persona que me gusta mucho eres tú!—la mujer sonrió por esa repentina declaración.
—Lo sé, Goten, pero hablo de tu nuevo trabajo. Pareces feliz desde que atiendes llamadas y me alegra que sea así, después de todo.—Una sonrisa inocente fue dada por ella y el híbrido sintió el peso de la culpa en su pecho.
"Si que eres un ángel"
—Así es.—Salió de boca de él sin pensarlo—Me gusta mi nuevo empleo.
—Bien, amor mío, entonces brindemos por ello.
[...]
La tarde moría en los terrenos de la familia Son, cuando la tranquilidad de los insectos y la brisa de la ventisca sacudía el pasto, el sonido de un aerocoche a toda velocidad rompió toda la quietud. Milk, quien ese momento acomodaba las sábanas recién lavadas en el tendedero de ropa, giró curiosa a ver de quien se trataba.
—¿Pero quién puede venir conduciendo así? De seguro es Bulma, más le vale que no venga con quejas de ese troglodita de Vegeta…
La esposa del hombre más fuerte de todos se quedó muda en su sitio, cuando vio a una joven de lacios y dorados cabellos llorar desconsolada, yendo hacia ella sin mirarla a la cara.
—¿Marron?—La mujer dejó todo para acercarse a la rubia—¿Pero qué te sucede? Estás hecha un paño de lágrimas—y preocupada abrazó a la chica que parecía a punto de desplomarse en el llanto.
—Disculpe, Milk… ¿Uub está aquí?—pidió saber secándose las lágrimas, esperanzada. Pero la negativa de la otra quebró sus esperanzas—necesito encontrarlo.
—Calma, no tardará en llegar y si no le diré a Gokú cuando vuelva de trabajar que vaya por él. Ven, te prepararé un té caliente—Sin pensarlo dos veces Milk la llevó dentro, viéndola de reojo y compartiendo la pena que como mujer también sentía.
La tentación por preguntar era enorme, pero para nadie era un secreto que Dieciocho no aprobaba la relación entre su hija y Uub. No cabían dudas para la esposa de Gokú que era eso lo que tanto acongojaba y llenaba de pena el corazón de la rubia, pues ella misma sería un rastrojo de lágrimas si su padre se hubiera negado a su matrimonio con su querido saiyajin.
Marron esperó pacientemente. El calor del hogar de los abuelos Son estaba lleno de calidez y armonía, Milk mantenía todo fresco y ordenado. A su nariz llegó el olor de las hojas de jamaica y poco a poco fue recuperándose del copioso llanto. Entre sus manos, había un trozo de papel… Era el cheque que Trunks firmó para ella días atrás y que todavía no había reclamado.
"Si cobro el dinero, no habrá problemas para Uub y para mí. Podemos irnos a vivir juntos"
—Aquí tienes.—Amablemente, la de azabaches cabellos le acercó la humeante taza y la rubia emuló una sonrisa en agradecimiento.
—Muchas gracias Milk.
—¿Qué tienes ahí?—preguntó con inevitable curiosidad la mujer, sentándose a su lado y ojeando el papel firmado—¡¿Un millón de zenis?!
—Pensaba reclamarlos, pero… no estoy segura.
—Oh, te aseguro que si tú no estás segura, yo sí lo estoy—hizo saber sin dilaciones la mujer con sus ojitos brillantes de ambición.
—Usted debe estar feliz, Milk—habló con tristeza Marron, viéndose las manos—sus hijos se casaron con mujeres adineradas.
La aludida entendió a donde iba el meollo de la conversación, por lo que su semblante tomó seriedad, pero con una sonrisa.
—Así es, no negaré que eso me hizo feliz.—espetó—Pero si Gohan o Goten hubieran amado a muchachas más humildes… aunque me hubiese enfadado, hubiera preferido mil veces la felicidad de mis hijos. Marron, escúchame. Dieciocho te quiere a su manera, solo le hace falta tiempo para aceptar que es lo que te hace feliz… y yo sé que en serio quieres a Uub.
—Ella no parece querer aceptarlo jamás…
—¡Mírame a mí!—exclamó riendo la mayor—Me casé probablemente con el hombre más pobre del planeta y claro que sufro por ello, tengo que estar vigilando que trabaje… Y aún así, jamás me he arrepentido de haberme casado con él.
La rubia miró sin entender a la otra, pero no hizo falta preguntar para entender. La seguridad de esa decisión era perceptible en esos ojos oscuros pero brillantes, tan ensoñadores como los de una quinceañera. A pesar de verse muy joven gracias a las esferas del dragón, Marron sabía que Milk era una señora, sin embargo sus ilusiones parecían ser lo contrario.
—A mí también… Me gustaría vivir un amor así a su edad.—Dijo sintiéndose animada por el candor de la otra, sin embargo, no había usado las mejores palabras.
—Si, lo sé, un amor así es… ¡¿A mi edad, dices?! Ay, vas a ver niña ¡No soy una anciana!—Gritaba Milk y Marron no pudo si no reírse nerviosamente y disculparse.
Más tarde, al lugar arribaba un desanimado discípulo de Gokú, con la tristeza pesándole en el estómago y los ánimos desplomados. No importaba cuanto esfuerzo pusiera en reunir el dinero necesario, nunca tendría el favor de la madre de su amada. Estaba por girar el pomo de la puerta de los Son, cuando escuchó una voz inconfundible.
—¿Qué?—incrédulo, tuvo que sentir el KI para aceptar que se trataba de ella—¿Por qué está aquí?
Y dudó de seguir adelante, después de todo lo único que pensaba era en lo indigno que era de ella. Sin embargo, todo apuntaba a que verdaderamente… Marron no quería dejarlo, a pesar de todo…
—Uub—dijo la chica cuando finalmente él abrió la puerta e ingresó al recibidor. Los ojos negros de ambos se encontraron, con anhelo, verguenza, cariño…
—Los dejaré solos—Milk entendió que en esa ecuación, era un resultado externo y se fue a la cocina para preparar la cena.
Los dos se admiraron en un silencio mutuo, de entendimiento y pena, de un sinfín de palabras que no estaban listos o no sabían cómo decirlas. Había tanto ruido en ese silencio. Y ella abrió la boca para pronunciar y dar el primer paso, pero al notarlo el chico se le adelantó.
—Estuve pensando—tomó una pausa, antes de declarar así:—que no pienso seguir con esto.
Un escalofrío y estremecimiento agolpaba el cuerpo de la rubia, las palabras retumbaron en ella como un castigo mortal y debajo de ella se abría un hoyo a la desesperación, el olvido y el dolor.
—¿Qué…?—musitó débilmente, sin palpar, sin entender. Eso no podía acabar así solo por la injusticia de su madre, era imposible. La mirada del chico no expresaba arrepentimiento, por ende… No había dudas…
—No pienso seguir en este frenesí de complacer a tu madre—aclaró el discípulo de Gokú, tomando por los brazos a la rubia con determinación en la mirada ébano de este—¿Qué es lo que quieres tú, Marron? ¿Quieres que me aleje de tu vida? ¿Quieres acabar con todo esto? ¿O acaso, me amas?
La aludida se secó las lágrimas y levantó el rostro, entendiendo el rumbo de su conversación. Era bastante claro, ya basta de andarse con rodeos, de no dar la cara y ser la marioneta en la que su madre la convirtió: porque tenía deseos propios y él era parte de ello.
—Te amo, Uub. Yo, en verdad… ¡Quiero estar contigo!
Esas palabras bastaron para él, la alegría acompañó su pecho. Levantó en el aire a la chica, dándole vueltas con una sonrisa brillante.
—Entonces no se diga más, Marron, por favor no dudes porque haré todo lo que pueda por hacerte feliz. Lo prometo—este devolvió el peso de la fémina al suelo y tomó las manos entre las suyas para besarlas.
Desde la cocina, escondida detrás de una de las paredes y apretando un pañuelo entre sus dientes en tanto contemplaba entre lágrimas la escena de telenovela, estaba Milk, feliz por el resultado de la charla entre los jóvenes.
La puerta de la casa de los Son volvió a abrirse nuevamente y los enamorados voltearon para encontrar a cierto saiyajin confundido.
—¿Uub? ¿Marron? ¿Están bailando o algo así?
Gokú arqueó una de sus cejas señalándolos, a lo que estos rieron confundiéndolo todavía más.
¡Actualizando siii!
Soy feliz cada vez que les traigo un nuevo capítulo. Titulado "el comienzo" en hawaiiano, porque todos los personajes iniciaron en algo nuevo. Solo dos integrantes de las parejas principales lo hicieron individualmente. Voy a ampliar un poco más estos sucesos porque si.
Goten y Bra en su entrenamiento: si, no sé que estén pensando, pero aunque me compliqué un poco en desarrollar esto, cuando pude hacerlo finalmente fue WOW me gustó mucho, porque pienso que Bra tiene un potencial natural para la batalla y que aunque no sea poderosa como su oponente es capaz de girar la situación a su favor. Bra como guerrera debe ser estupenda y ya lo veremos.
La relación entre Uub y Marron: tipo que en unos capítulos los dejé medio de lado y debo decir que hubo un punto en que dije ¿Y ahora qué? En el pasado me costaba más entender como desenvolver todo el asunto con Dieciocho, pero ahora soy capaz de verlo muy claro y estoy segura de que ustedes también. La suegra sale de la ecuación chicos, así de simple. Uno no puede dejar que los padres se metan en ella. Krilin Iloveyou.
Trunks: Mi amado "traigánle una falda a la niña" del presente, se merecía más espacio para él solito explorando nuevos horizontes y entendiéndose a sí mismo. Siendo rico y pisando los treinta, no es raro que quiera comenzar un camino en su vida que implique su libertad, por eso hice que se comprara una casita para él, con piano incluido.
Pan: Ay, mi chiquita, mi eje más jodido de desarrollar otra vez. Su primera vez... Me costó escribirla, la dudé muchas veces porque lo obvio sería que se entregue a Trunks y todo eso pero dije ¡No! Y todo tiene un porqué, tal vez ya lo saben o no, pero existe la posibilidad de que llegue a a arrepentirse de haberlo hecho. Recuerden hacerlo si se sienten seguros, chicos.
Este capítulo en general me hizo sentir liberada de haber logrado traer todo este avance, es como... Uff, pude hacerlo. Espero que no sea una cosa sin formar porque le he puesto empeño y solo quiero que puedan entender a los personajes escritos a mi manera.
Secundarios bonitos son sin duda Milk, Videl, Gokú, Ben y Pares.
¿Quieren un poquito más de los personajes secundarios? Me dan ganas de meter a las parejas canon un poco más, casi siempre insinúo cositas de Vegeta y Bulma pero poco de Gokú y Milk o Gohan y Videl. Hoy, inesperadamente hubo Krilin y Dieciocho. Espero les gustara mis estimados lectores.
Simplemente gracias:)
Gracias especiales a Joki y Perlado por tomarse el tiempo de dejar sus comentarios. Yo también espero mucho de los entrenamientos entre Goten y Bra, espero que les haya gustado este inicio. Respecto a Perlado: el invento de Bra es toda una hazaña, ya escribiré más al respecto pero la princesita está tan emocionada entrenando que ya casi no se preocupa por ello, recordemos que también está el ballet y la escuela... Me quedo debiendo mucho Trunks y Pan en este cap, pero hubo aunque indirectamente xD. Respecto a Joki: Eso de Trunks reaccionando está por verse. Y si, Pancita ya está en el ballet otra vez~ también supimos más de los problemas de Uubsito y le dimos más protagonismo a Marron.
Inspiración musical de los OST de batalla de DBZ, me ayudaron un montón para desarrollar los entrenamientos entre Goten y Bra. Otros: Gorillaz y su tremendo nuevo álbum (silent running best song EVER), playlist classical music y Melodrame de Loïc Nottet.
Se despide
MioSiriban
