Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a fanficsR4nerds, yo solo la traduzco.


ALONG THE WAY

Capítulo diez

20 de diciembre – Cuarto día en la carretera

Denver, Colorado

―Joder.

Bella me miró y yo aparté la mirada de mi teléfono hacia ella. Le di la vuelta a la pantalla para mostrarle lo que había visto. Sus ojos repasaron la pantalla, leyendo el informe climático.

―Oh, maldición ―susurró, echándose hacia atrás en su silla. Giré el teléfono y volví a mirar la pantalla. La tormenta había llegado hasta donde estábamos. Habíamos llegado a Denver hacía una hora y, tras registrarnos en el hotel, salimos a cenar. Acabamos en el restaurante del hotel.

Me pasé una mano por el pelo y apoyé los codos en la mesa.

―Vale, pues no podemos cruzar las Rocosas. Entonces, iremos al sur y las rodearemos ―dijo Bella un momento después. La miré furioso.

―Eso es solo añadir días a esto ―solté.

Bella cuadró los hombros.

―Lo sé ―dijo suavemente―. Mira, sé que quieres llegar para ver a tu familia y la Navidad se nos está echando encima, pero yo estoy aprendiendo a disfrutar del viaje. ―Me miró un momento antes de seguir―. No sé tú, pero yo me lo estoy pasando bien. He visto más del país en los últimos días que en toda mi vida. ―Me miró a los ojos y yo me desinflé un poco. Joder. Podía ver en sus ojos lo que no decía. De alguna manera, también estaba disfrutando de mi compañía.

Seguramente la estaría haciendo sentir una mierda siendo tan idiota por esto.

Volví a pasarme la mano por el pelo, agarrándomelo tras la oreja izquierda.

―Sí ―dije un minuto después―. Yo también me lo estoy pasando bien ―admití en voz baja. Bella sonrió con timidez y yo solté un suspiro―. Siento ser tan volátil ―dije, presionando las palmas de mis manos contra mis ojos, frustrado―. No llevo bien que las cosas escapen a mi control.

Bella murmuró y yo aparté mis manos para mirarla.

―Parece que tú necesitabas este viaje por carretera incluso más que yo ―dijo suavemente. Yo solté una tensa risa y ella sonrió.

―Creo que puedes tener razón ―gemí. Bella asintió, dando golpecitos con la mano en la mesa. Un momento después, asintió y levantó una mano para llamar a nuestro camarero. La miré en silencio, sintiendo curiosidad por lo que fuera que se proponía.

Nuestro camarero se acercó a la mesa y ella le sonrió.

―Creo que he cambiado de opinión. ¿Puedo ver la carta de bebidas?

El camarero asintió y volvió a desaparecer. Miré a Bella y ella me miró a los ojos, encogiéndose un poco de hombros.

―¿Bebes? ―Yo asentí en silencio―. Bien ―dijo ella, asintiendo―. Ahora mismo vamos a brindar por esta aventura en la que estamos y no vamos a preocuparnos por el mañana. Estoy cansada y quiero disfrutar del ahora.

La miré con una ceja levantada y ella sonrió cuando el camarero nos dio dos cartas. Bella me miró, retándome con su sonrisita, y yo sacudí la cabeza mientras le echaba un vistazo al menú.

―¿Cuál es tu bebida? ―preguntó Bella. La miré.

―Vino, normalmente. Aunque en mi mundo tienes que estar listo para beber un caro whisky escocés añejo o burbon. ―Sacudí la cabeza―. Pero, si soy honesto, no me gusta mucho. ―¿Qué demonios? Si no podía ser honesto con Bella, a quien conocía desde hacía solo un par de días y a quien no volvería a ver dentro de unos pocos más, entonces ¿con quién podía ser honesto? Bella se estaba convirtiendo en un espacio seguro para mis confesiones y lo cierto era que, admitir mis mierdas con ella, me hacía sentir bien.

Bella me miró, asintiendo.

―Mi padre bebe whisky añejo en ocasiones especiales. Yo lo probé de adolescente y lo odié, así que no he vuelto a probarlo mucho desde entonces.

Bajé la mirada a la carta.

―Me pregunto qué tipo de vodka tendrán ―dije, volviendo un ojo hacia el bar. Era difícil verlo desde la mesa. Volví a mirar la carta y vi a Bella asentir―. ¿Ya sabes qué vas a pedir? ―pregunté, mirándola.

Ella asintió.

―Sí, voy a probar el martini lemon drop. Nunca tomo combinados y siempre he querido probar este ―dijo pensativa. Yo asentí y volví a mirar la carta.

―Creo que yo tomaré un vodka con tónica ―dije un minuto después. Bella miró la carta y luego volvió a mirarme a mí, frunciendo el ceño.

―¿En serio?

Sonreí satisfecho.

―¿Qué?

―Es que es... ―Hizo una pausa, frunciendo el ceño―. Aburrido ―dijo finalmente. Yo reí sorprendido y ella sonrió ampliamente―. A ver, me refiero a que no es muy aventurero. Yo voy a probar algo nuevo ―señaló. Sacudí la cabeza, bajando la mirada a la carta.

―¿Qué sería aceptable? ―le pregunté. Bella murmuró.

―Bueno, si quieres vodka... ¿esto, a lo mejor? ―Señaló la carta y luego entrecerró los ojos, bajando la mirada para leerlo―. ¿El Vesper Martini? Es una bebida de James Bond ―dijo, mirándome. Me eché a reír.

―¿James Bond?

Bella soltó una risita.

―Creía que si había alguien que pudiera impresionarte, sería él ―admitió. Yo sonreí.

―Está bien, lo probaré ―le dije. Bella sonrió ampliamente y llamó al camarero. Él volvió y tomó nota de nuestras bebidas, recogiendo las cartas antes de desaparecer otra vez. Miré a Bella―. ¿Qué sueles beber tú? ―le pregunté. Bella me miró.

―Vino barato y cerveza, normalmente. Suelen invitarme a estas aburridas cenas con compañeros de trabajo y casi siempre tienen buen vino, pero si voy a beber sola, no suelo derrochar.

―De ahí el martini.

Ella asintió de acuerdo.

―Bueno ―dijo, recolocándose en su asiento. La miré con cautela mientras su mirada caía sobre mí como un puto láser―. Cuéntame cómo es trabajar en derecho mercantil.

Pestañeé. ¿De verdad?

―¿Quieres saber sobre a qué me dedico? ―Nadie fuera del trabajo me había pedido jamás detalles sobre ello. Ni siquiera Rose.

Bella se encogió de hombros.

―Sí. A ver ¿qué es lo que más te gusta? ¿Qué te sorprendió? ¿Qué es lo más aburrido? ―Cruzó las manos sobre la mesa y me miró expectante―. No te preocupes, podré seguirte.

Solté una risita y apoyé un codo en la mesa.

―Bueno ―dije lentamente―. He pasado mucho tiempo negociando contratos para adquisiciones. Cubrimos todos los aspectos del derecho mercantil, pero ahí es donde realmente he empezado a hacerme un nombre. Estoy esperando que mi último contrato sea suficiente como para hacerme entrar en el consejo consultivo. Es algo así como la dirección del equipo legal de adquisiciones ―expliqué. Bella asintió.

―Entonces ¿no te encargas de demandas mercantiles ni nada así?

Fruncí el ceño.

―He ayudado en un par de casos de demandas y, cuando empecé, me asignaron como asistente en un caso de copyright. No lo llevaba yo ni nada, básicamente me dedicaba a hacer fotocopias e investigación, pero siempre me aseguraba de hacer cada tarea con concentración y determinación. O importa todo o no lo hace nada.

Bella sonrió un poco.

―¿Para qué despacho trabajas?

Sonreí, sintiendo cómo me llenaba de orgullo.

―Voltari Enterprises. ―Bella se enderezó con una expresión de sorpresa. Me atrevería a decir que hasta parecía impresionada―. Supongo que has oído hablar de ellos.

Bella resopló y yo sonreí satisfecho.

―Sí, por supuesto que lo he hecho ―dijo, sacudiendo la cabeza. No era sorprendente. VE era una de las compañías más grandes del mundo en ese momento. Tenían las manos en tantos sitios que era más fácil decir qué no hacían. Habían empezado en Italia, en transportes, y unas generaciones después habían movido sus oficinas centrales a Nueva York y explotaron sus desarrollos.

En opinión de mucha gente, VE era la economía occidental.

―Y ¿viajas por trabajo?

Asentí, levantando la mano para rascarme la mandíbula.

―Sí. La verdad es que viajo mucho. Hace solo unos días estábamos trabajando en un contrato con una pequeña compañía con sede en Suiza.

Bella asintió.

―Nova Industries ―dijo suavemente. La miré sorprendido y luego recordé que había tenido un artículo sobre el contrato en su teléfono la noche que nos conocimos.

―Sí ―dije―. ¿Seguías el caso?

Bella se encogió de hombros.

―Me llamó la atención ―dijo un momento después―. Nova ha hecho unos avances médicos extraordinarios en la última década. Son pequeños, pero productivos. Era cuestión de tiempo que alguien intentara comprarlos.

Fruncí el ceño. Era como si ella hubiera sido parte de toda la transacción.

―¿Cómo sabes todo esto?

Bella sonrió un poco.

―Mi tutora en Yale se puso enferma el año pasado. Le dieron un diagnóstico raro que, aparentemente, no tiene cura. Lo único que podía hacer era controlar el dolor e intentar encontrar una forma de seguir viviendo, aunque no le dieron mucho tiempo. ―Bella se mordió el labio y bajó la mirada a sus manos―. Yo le ayudé a investigar cuando se enteró. Pasamos semanas leyendo publicaciones médicas, esperando que alguien estuviera investigando. Entonces descubrimos Nova. Ha estado en Suiza los últimos meses, tratándose. ―Bella me miró―. Cuando descubrí que alguien iba a comprar Nova, me preocupó que el tratamiento fuera a interrumpirse. No quería que su vida se viera amenazada por un negocio.

Fruncí el ceño.

―Nova es una compañía sólida y la compra no debería cambiar nada de eso ―dije lentamente. Bella frunció el ceño.

―¿Conoces la forma de operar de VE? ―preguntó. La miré de nuevo con el ceño fruncido. No lo hacía, no del todo, pero el vuelo de ida y vuelta de Suiza había sido largo, y a los ejecutivos con los que había volado se les soltó la lengua con las copas de celebración. Según lo que les había escuchado, Nova seguiría operando como siempre, solo que ahora tendrían los recursos de VE para impulsar su trabajo.

―¿Cómo se llama tu tutora?

Bella me miró fijamente un momento.

―Bree Tanner ―dijo finalmente. Yo asentí. No tenía mucho trato con Aro Amici, el CEO, pero le conocía y sabía que yo le caía bien. Me esforcé por recordar el nombre para hablarle de Bree.

Los ojos de Bella estaban un poco entrecerrados mientras me miraba desde el otro lado de la mesa, pero antes de que pudiera preguntar o decir nada, nos pusieron las bebidas delante. Le di las gracias al camarero y cogí inmediatamente mi copa. La atención de Bella había ido a su bebida y tenía la mirada puesta en ella.

―Parece dulce ―dijo, mirando la copa con una sonrisita. Yo sonreí.

―Solo hay una forma de descubrirlo ―señalé, cogiendo mi copa. Bella asintió y cogió la suya.

―Por acosar a perfectos desconocidos en garajes subterráneos y por intentar sobornarles hasta la sumisión ―dijo con tono bromista, extendiendo su copa. Yo reí y sostuve la mía de la misma manera.

―Por confiar ciegamente en extraños y llevarles a una aventura salvaje, incluso aunque sean un grano en el culo.

Bella soltó una risita mientras hacíamos chocar nuestras copas. Tomé un trago de mi bebida y me sorprendí al descubrir que no estaba tan mal. Bella se relamió mientras dejaba su copa en la mesa.

―Mmmm, esto es peligroso. Sabe a golosina.

Sonreí.

―Lo que me recuerda... deja un hueco para el postre porque todavía nos quedan golosinas que probar ―le recordé. Bella sonrió ampliamente y asintió.

―Eso es completamente cierto.

* . *

Definitivamente, estaba borracho.

Bella y yo habíamos bebido durante toda la cena y luego pasamos un rato en el vestíbulo, tomando chupitos junto al fuego que tenían encendido en el área común. Hablamos de todo tipo de cosas, desde historias de la infancia a otras del trabajo. La conversación era más fácil cuando había alcohol de por medio y, honestamente, sentí que la mayoría de mis barreras bajaron, porque no hacíamos más que reír. No recordaba la última vez que alguien se había reído conmigo y, ciertamente, no recordaba la última vez que había deseado hacer reír a alguien.

Pero estar con Bella era jodidamente fácil y sin complicaciones.

―Lo digo en serio. ―Bella soltó una risita, inclinándose hacia mí en el pequeño sofá en el que estábamos acurrucados. Todavía había unos centímetros entre nosotros, pero eso no importó mientras ella los eliminaba―. Tuve ese perro casi un mes antes de que mi padre se diera cuenta. Para entonces, ya me había obcecado en quedármelo y él no pudo hacer nada.

Sacudí la cabeza.

―No puedo creerme que encontraras un perro callejero y tu padre tardara en enterarse ―dije, negando con la cabeza. Mi madre siempre se había dado cuenta del instante en que metíamos animales en casa. Tenía un puto sexto sentido para ello.

Bella se encogió de hombros.

―Mi padre trabajaba mucho y fue fácil entrenar al perro. Le tenía en mi habitación y él no ladraba mucho. Mi padre ni se enteró.

Sacudí la cabeza, asombrado.

―Y ¿qué pasó?

Bella sonrió ampliamente y sacó su teléfono, abriendo una foto.

―Duke y yo fuimos inseparables. Murió en mi penúltimo año de instituto, lo que me rompió completamente el corazón.

Sabía que ella también estaba borracha, porque no lo decía todo con tanta emoción como lo hacía normalmente. Miré la foto que Bella me enseñaba. Era una joven Bella con un enorme y peludo perro negro y marrón. Sacudí la cabeza.

―Eras una niña muy mona ―dije, devolviéndole el teléfono. Bella resopló, sacudiendo la cabeza.

―Por favor. Era tan rara y propensa a los accidentes que ni es divertido. Era un desastre andante.

Sacudí la cabeza y me incliné hacia ella, dando un golpecito con el dedo en la pantalla.

―Confía en mí, si te hubiera conocido en el instituto, habría estado loco por ti ―dije.

La cabeza de Bella rodó un poco sobre su hombro mientras me miraba.

―Déjame adivinar. ¿Tú eras el prototipo americano? ¿Delegado de clase, puede que incluso deportista? ―preguntó. Yo fruncí el ceño y me recosté hacia atrás.

―¿Te he contado yo esas historias?

Bella soltó una risita y el sonido me hizo sonreír.

―Eres fácil de calar ―dijo, estirando el brazo para darme una ligera palmada en el hombro―. Llevas "chico de oro triunfador" grabado en el trasero ―dijo medio riendo, medio resoplando.

Yo reí y sacudí la cabeza, echándome hacia atrás. Me sentía como sin huesos y el alcohol se esforzaba por mantenerme caliente.

―En realidad ―dije, inclinándome hacia Bella―, tengo vía iure tatuado en el culo ―dije en un susurro conspiratorio. Sus ojos se abrieron como platos y su boca se abrió por el asombro.

―¿Qué? ¡No! ¿En serio? ―Se inclinó hacia mí como si pretendiera estirar la mano y bajarme los pantalones para verlo por sí misma. No me habría importado una mierda.

Sonreí ampliamente y me aparté para mirarle la cara. Parecía que quería creerme, pero no estaba segura de si debería. Le sonreí mientras su indecisión crecía.

Al final gruñó y sacudió la cabeza.

―Espero que sea verdad ―dijo, sonriendo satisfecha. Yo reí y ella sonrió ampliamente, dejando caer la cabeza contra el sofá. Nos quedamos un momento en silencio antes de que ella bostezara.

―Deberíamos irnos a la cama ―dije un minuto después. Bella asintió.

―Nuestras bolsas están en el coche ―dijo con un puchero. Yo fruncí el ceño. Me había olvidado de que no las habíamos metido al registrarnos. Las habíamos dejado en el coche mientras cenábamos.

―Joder, está bien. Vamos a por ellas ―gemí, levantándome. Bella extendió las manos hacia mí y yo también lo hice, tomando las suyas en las mías. Sus manos eran suaves, pequeñas y cálidas. Tiré de ella hacia arriba y ella se levantó volando, aterrizando contra mi pecho entre risitas. Mis brazos la rodearon automáticamente mientras los dos intentábamos estabilizarnos.

―Hueles muy bien ―murmuró contra mi pecho. Yo bajé la mirada hacia ella con la vista un poco borrosa.

―Tú siempre hueles bien ―admití. Ella murmuró y dio un golpecito en mi pecho con su dedo antes de apartarse de mis brazos y suspirar.

―Vale, bolsas ―dijo, bostezando. Yo asentí, bostezando también mientras la seguía fuera.

Soltamos un grito ahogado nada más salir mientras nos cerrábamos con fuerza los abrigos a nuestro alrededor.

―¡Joder! ―gritó Bella. "Joder" era adecuado. Estaba helando y todavía nevaba.

―Quédate en el vestíbulo. Yo iré a por las bolsas ―le dije, metiendo la mano en el bolsillo de su abrigo para coger las llaves. Ella asintió y entró mientras yo iba al coche tan rápido como podía. El frío me devolvió rápido la sobriedad y fue una sensación brutal.

Llegué al coche, sacando las bolsas del maletero antes de volver corriendo al hotel, tan rápido como me lo permitió el deslizante suelo.

Hacía tanto calor en el vestíbulo que temblé mientras mi cuerpo se acostumbraba a la temperatura. Bella fue hasta mí cuando entré y me limpió la nieve.

―Eres mi caballero de brillante nieve ―bromeó. Yo reí.

―Normalmente, los hombres no quieren ser brillantes ―le dije, sacudiendo la cabeza. Ella me sonrió ampliamente.

―Pues qué pena. Estás brillando, así que vas a tener que aguantarte. ―Dirigió el camino hasta los ascensores. Llegaron rápido y nos subimos en uno, y Bella pulsó el botón de nuestro piso. Me miró y yo la miré a ella, arqueando una ceja inquisitivamente. Ella sonrió ampliamente y se apoyó contra la pared, mirándome la espalda.

―¿Qué haces? ―pregunté, girándome para mirarla.

Se enderezó y me miró.

―Intento imaginarme un tatuaje en tu culo ―admitió. Estallé en risas mientras el ascensor llegaba a nuestro piso. Bella rio y salió, tomando la delantera por el pasillo. Nos detuvimos frente a la puerta de nuestra habitación y Bella se metió la mano en el bolsillo, sacando la llave. Le costó un poco abrir la puerta. Cuando finalmente lo hizo, me esforcé por encontrar el interruptor de la luz. Se encendieron y dejé nuestras mochilas al otro lado de la puerta, asegurándome de cerrar y echar el cerrojo tras de mí. Cuando el cerrojo estuvo en su sitio, me giré hacia el interior de la habitación.

Bella ya estaba en el baño, con el grifo abierto, y le costó un minuto a mi cerebro borracho darse cuenta de que nos habían dado una habitación que solo tenía una cama.

Era doble, pero solo había una.

Incluso a través de la neblina de la borrachera, mi cerebro lo vio como una mala idea.

Miré hacia la puerta del baño mientras Bella salía con aspecto adormilado.

―Solo hay una cama.

Bella me miró con el ceño fruncido, examinando por un momento la habitación. Miró fijamente la cama un largo momento antes de sacudir la cabeza.

―Oh.

Asentí. Debería haber bajado y pedido otra habitación. Si no podíamos tener camas separadas, al menos deberíamos estar en habitaciones diferentes, pero sabía que el hotel estaba completo. A Bella y a mí nos había costado conseguir aquella habitación.

Estiré el brazo para rascarme el cuello y Bella me miró, encogiendo sus delgados hombros.

―He bebido demasiado como para que me importe ―admitió. Yo solté una risa.

―Yo también, lo que seguramente sea una señal de que debería preocuparnos ―dije suavemente. Bella asintió.

―¿Alguna idea?

Sacudí la cabeza. Estaba demasiado cansado y borracho como para resolver problemas en ese momento. Solo quería tumbarme.

―Quiero dormir ―me quejé. Bella asintió.

―Todo irá bien ―dijo ella un momento después―. También estoy demasiado cansada como para resolver esto ahora ―dijo, sacudiendo la cabeza.

Solté un suspiro.

―Todavía estoy casado ―dije un minuto después. Bella me miró. No estaba seguro de porqué lo había dicho, pero sentía que tenía que soltarlo incluso aunque desease que no fuera cierto.

―Sí ―dijo ella un momento después―. Lo estás.

Su voz salió suave y no estaba muy seguro de qué significaba su expresión. En lugar de intentar descifrarla, me di la vuelta y fui al baño.

Estaba jodidamente confundido. No estaba lo suficientemente borracho como para permitirme hacer nada con Bella. Incluso aunque mi matrimonio ya hubiera terminado en mi cabeza, todavía había que hacer algunos trámites y eso era algo que yo siempre había seguido al pie de la letra.

Terminé rápidamente en el baño, echándome agua en la cara para intentar recuperar la sobriedad un poco.

Me miré en el espejo y fruncí el ceño. Casi ni me reconocía. Tenía un aspecto casual, un poco desaliñado, pero, sobre todo, parecía feliz. ¿Cuándo había sido la última vez que había visto mis ojos arrugarse por una sonrisa perpetua? No era capaz de recordarlo.

Salí a la habitación y encontré a Bella rebuscando en su mochila. Había dejado su abrigo en una silla y sus zapatos descansaban cerca. Yo levanté las manos para desabrocharme el abrigo y mis manos se deslizaron por los botones con cansancio.

Bella me miró.

―Voy a cambiarme ―murmuró, entrando en el baño. Yo asentí.

Me quité el abrigo y lo eché sobre el suyo. Fui a mi mochila, y saqué los pantalones de chándal y una camiseta. Normalmente no me gustaba dormir con camiseta, pero esa noche parecía perfecta para hacerlo. Me cambié rápidamente y, mientras me bajaba la camiseta por el pecho, se abrió la puerta del baño. Bella salió y echó su ropa a su mochila. Yo cogí mi neceser y fui a lavarme los dientes ―no tardé tanto como lo hacía normalmente y estaba seguro de que no me esforcé mucho, pero me daba igual. El hecho de que me estuviera tomando el tiempo de lavarme los dientes cuando lo único que quería hacer era dormir, decía muchísimo.

Terminé en el baño y salí a la habitación. Bella había apagado las luces de techo y encendido la lámpara de la mesilla. Vi que estaba abriendo el lado derecho de la cama y sonreí un poco ―yo siempre dormía a la izquierda.

Fui a ese lado de la cama y aparté las mantas. Bella me miró mientras se subía al colchón.

―¿Cuántas almohadas necesitas?

Había miles de almohadas sobre la cama y las miré, pestañeando.

―Uh... ―Sacudí la cabeza, intentando recordar―. No sé. Puede que dos, aunque seguro que me apaño solo con una.

Bella asintió mientras yo me estiraba en la cama, acomodándome con un profundo suspiro. Dios mío, estaba agotado.

Bella empezó a colocar almohadas entre nosotros y yo me incorporé, mirándola con curiosidad.

―¿Qué haces?

Ella me miró.

―Soy de acurrucarme ―dijo, encogiéndose de hombros―. Será más seguro tener una muralla entre nosotros.

Quise decirle que no me importaba que se acurrucara. Hacía mucho que nadie quería acurrucarse conmigo, aunque solo fuera de forma platónica ―que era de lo que estaba seguro que hablaba.

Abrí la boca y luego la volví a cerrar.

No estaba seguro de poder mantener las cosas platónicas si se acurrucaba junto a mí.

En su lugar, cogí una de las almohadas que tenía detrás y la añadí a su muralla. Ella sonrió un poco mientras terminábamos de montarla.

Cuando estuvo firme, nos acomodamos. Apenas podía verla sobre la pila de almohadas que había entre nosotros y seguramente aquello fuera lo mejor. La escuché suspirar y sonreí, extendiendo la mano y tocando una de las almohadas.

―Buenas noches, Edward ―murmuró Bella.

Sonreí, girando la cabeza hacia su voz.

―Buenas noches, Bella.


Espero que os haya gustado.

La próxima actualización será el jueves y el martes pondré un adelanto en el grupo Élite Fanfiction de Facebook. Mientras, contadme qué os ha parecido este capítulo.

Gracias por leer y comentar!

-Bells