Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a fanficsR4nerds, yo solo la traduzco.


ALONG THE WAY

Capítulo once

21 de diciembre – Quinto día en la carretera

Denver, Colorado

Me palpitaba la cabeza.

Cada pensamiento que cruzaba mi mente lo empeoraba. Y no solo me palpitaba la cabeza, sino que tenía el cuerpo agarrotado y los músculos doloridos.

Gemí, pero el sonido rebotó en mi cabeza y me estremecí, cerrando los ojos con fuerza.

―Noooo ―gimió una suave voz.

Abrí un poco un ojo, aliviado al encontrarme con la oscuridad, aunque no me ayudó a obviar cómo me palpitaba la cara por dentro. Bella estaba acurrucada contra la pared de almohadas que teníamos entre nosotros, con la cara presionada con fuerza contra ella.

Me moví y volví a cerrar con fuerza los ojos mientras soltaba un pesado suspiro. Me sabía la boca a culo. No podía recordar la última vez que me había despertado con resaca, pero era la peor de la que me acordaba. Y tampoco es que la noche anterior hubiera estado tan borracho ¿verdad?

Aguanté un momento, esperando que mi cabeza se calmara y, cuando se redujo a un dolor débil, me obligué a salir de la cama.

Me moví lentamente, yendo al baño sin encender la luz.

Hice lo mío a trompicones y apenas pude resistirme a meter la cabeza debajo del grifo mientras me lavaba las manos.

Cuando terminé, volví tropezando a la habitación. Bella estaba sentada en la cama, con el pelo como una nube salvaje alrededor de su cabeza. Me miró, pestañeando en la oscuridad y yo le saludé con un gesto de la mano al pasar.

Ella sacudió la cabeza, frotándose los ojos.

―Santo cielo ¿qué llevaban esos martinis? ―dijo con voz ronca. Yo gruñí mientras volvía a tumbarme en la cama. Bella levantó las manos, frotándose los ojos con los puños. A lo mejor seguía borracho, pero me parecía preciosa hasta desarreglada y con resaca.

Bella se bajó de la cama, yendo al baño sin mirarme. Cuando la puerta se cerró, gruñí de nuevo y me eché un brazo sobre los ojos.

Estaba metido en un puto gran problema.

La noche anterior había bajado mis defensas y en ese momento me sentía aterrorizado por descubrir cómo habrían cambiado las cosas entre nosotros.

La vulnerabilidad no era lo mío.

Escuché la puerta del baño abrirse y moví mi brazo para mirar a Bella. Ella se pasó una mano por el pelo, haciéndolo parecer incluso más salvaje mientras volvía a la cama. Sentí el colchón hundirse cuando se sentó al otro lado, apoyada contra el cabecero.

―¿Qué hora es? ―preguntó, todavía con voz ronca. Yo me encogí de hombros, estirando la mano hacia la mesilla de noche para coger mi teléfono. La noche anterior no lo había enchufado y había muerto.

Joder.

―Mi teléfono está muerto ―gemí.

Bella frunció el ceño y cogió su teléfono.

―Ugh, el mío también.

Me incorporé, buscando un reloj. Había uno pequeño al fondo de la mesilla y miré fijamente los números con los ojos nublados.

―Son las seis o las nueve ―dije un minuto después. Bella me miró con el ceño fruncido. Yo volví a mirar el reloj, intentando enfocar la mirada―. Joder. Son las nueve.

Bella soltó un fuerte suspiro mientras yo volvía a acomodarme en la cama.

―Ya no soy lo suficientemente joven como para beber así ―dijo ella un momento después. Yo gruñí una risa.

―Lo mismo digo.

Bella me miró y, durante un segundo, su vista se aclaró y se enfocó en mí, y yo intenté evitar removerme bajo su mirada.

―Pero me lo pasé bien ―dijo suavemente.

Yo solté una risa nerviosa.

―Sí ―dije un momento después―. Yo también.

Bella sonrió un poco antes de levantar las manos y frotarse las sienes.

―¿Te importa que me duche? Huelo a vodka y mierda ―gimió. Yo asentí.

―Sí, claro.

Ella volvió a salir de la cama y fue al baño, casi olvidándose de coger su neceser y la ropa antes de entrar. Cuando la puerta se cerró, volví a apoyarme contra el cabecero.

¿Qué coño estaba haciendo?

* . *

No recogimos y salimos del hotel hasta casi las diez y media. Cogimos café abajo, en la panadería del hotel, pero ninguno teníamos estómago para comida.

Cuando nos aseguramos de estar lo suficientemente sobrios como para conducir, salimos al coche.

Había nevado muchísimo durante la noche y, aunque alguien había limpiado el aparcamiento, seguía habiendo un montón enorme de nieve sobre el coche.

El vehículo era un tres puertas y pudimos abrir el maletero con facilidad para dejar nuestras bolsas, pero después nos quedamos ahí parados, mirando fijamente el coche mientras intentábamos determinar nuestro siguiente paso. No teníamos herramientas para la nieve y odiaba la idea de mojarme por limpiar la nieve con las manos.

Miré a Bella, que todavía parecía un poco aturdida.

―Entra en el coche y pon el ventilador al máximo ―le dije. Ella me miró―. Que la nieve empiece a derretirse desde el interior. Yo entraré en el hotel para ver si tienen alguna herramienta que podamos tomar prestada.

Bella asintió, yendo hacia la puerta del lado del conductor mientras yo volvía al interior del hotel.

Dentro, la recepción estaba, por suerte, vacía y me acerqué tras sacudirme la nieve de las botas en los felpudos que había en la entrada.

―Hola, señor ¿podemos hacer algo por usted? ―preguntó el conserje, mirándome. Yo asentí.

―Nuestro coche está cubierto de nieve. ¿Podríais prestarme algo para limpiarlo?

El hombre tras la recepción frunció el ceño.

―Déjeme ver qué puedo encontrar ―dijo, apartándose. Yo asentí y le vi cruzar una puerta. En cuanto dejáramos el hotel, iba a conducir hasta la tienda más cercana para comprar una espátula para rascar la nieve.

Noté una vibración en mi bolsillo y bajé la mirada, sacando mi teléfono. Había estado enchufado el tiempo suficiente mientras me duchaba como para que se cargase un poco, aunque lo había vuelto a encender a regañadientes. Todavía no estaba del todo preparado para enfrentarme al mundo.

Rose. Joder.

Miré la pantalla indeciso. En algún momento tendría que enfrentarme a ella, eso lo tenía claro. No podía seguir ignorándola, pero no estaba listo para escuchar las mierdas que tenía que decir.

Ignoré la llamada, dejando que saltara el buzón de voz, y volví a guardarme el teléfono en el bolsillo. El conserje volvió con un cepillo.

―Aquí tiene, señor.

―Gracias, volveré en un momento ―prometí.

Él asintió y yo volví a salir. De alguna manera, parecía que hacía incluso más frío y me cerré bien el abrigo a mi alrededor mientras iba hasta el coche. Apenas pude ver a Bella en el interior mientras estiraba el brazo para limpiar la nieve de la luna delantera. Se quitó con relativa facilidad y me di cuenta de que Bella debía de haber tenido los ventiladores al máximo para que se hubiera derretido tanto. Limpié también el capó y luego me puse con el techo. Cuando me aseguré de que todas las ventanas estaban lo suficientemente limpias, volví dentro y le devolví el cepillo al conserje antes de volver al coche. Pude ver a Bella en el asiento del pasajero, así que fui al lado del conductor.

Me subí al coche y fui recibido por una ola de calor.

―Joder ―dije con un grito ahogado. Bella bajó la velocidad.

―Lo siento, intentaba deshacerme de todo ―dijo, bajando la temperatura de la calefacción. Yo asentí y me quité el abrigo. Cuando estuvo en el asiento trasero, miré a Bella.

―¿Cuál es el plan?

Bella cogió su teléfono, que pude ver que estaba enchufado al coche.

―Bueno, lo he estado mirando. Podemos ir directos al sur, dirección Albuquerque, y luego ir al oeste desde ahí ―dijo, mostrándome el mapa―. Nos lleva muy al sur ―dijo, estremeciéndose―. Pero no veo previsión de tormentas en esas zonas, así que podría ser lo mejor.

Apreté los dientes un momento, intentando controlar mi reacción inmediata de quejarme por perder el tiempo. Me tomé un momento para estudiar la ruta que me mostraba antes de asentir.

―Vale, suena bien.

* . *

―Me muero de hambre ―gimió Bella, removiéndose en el asiento del pasajero. Le eché una mirada. Se había quedado dormida media hora después de dejar Denver. Había echado el asiento hacia atrás y había cogido nuestros abrigos para usarlos de almohada y manta. Verla envuelta en mi abrigo me provocó sentimientos extraños de los que no sabía qué coño pensar y que intenté ignorar con todas mis fuerzas.

En esos momentos estaba colocando de nuevo el asiento en su posición original, bostezando. Mi abrigo estaba arrugado en su regazo mientras subía las manos para frotarse los ojos.

―Sí ―dije, centrándome en la carretera―. Yo también tengo hambre.

Bella miró por la ventana, frunciendo el ceño.

―¿Dónde estamos?

Suspiré.

―A punto de llegar a un pueblo llamado Trinidad. Creo que está a mitad de camino de Albuquerque.

Ella me miró y asintió.

―¿Deberíamos parar a por comida, gasolina y esas cosas?

Le eché una mirada, asintiendo.

―Sí, parece una buena idea.

Bella volvió a levantar las manos para frotarse los ojos.

―¿Has dormido bien? ―le pregunté. Y me extrañé de mí mismo en cuanto salieron las palabras.

Yo no era de los que preguntaba.

Pude sentir la mirada de Bella sobre mí y se la devolví, incapaz de resistirme, pero tuve que volver a mirar la carretera antes de poder descifrar qué estaba pensando.

―Sí ―dijo Bella un minuto después―. De todas formas, no tengo tanta resaca. ―Hizo una pausa―. ¿Tú cómo estás?

Encogí un hombro, con una mano en el volante mientras apoyaba el otro brazo contra la ventana.

―Estoy bien.

Bella soltó un murmullo y volví a mirarla, pero estaba girada hacia la ventana.

Nos mantuvimos en silencio un momento antes de que Bella se moviera.

―¿Puedo hacerte una pregunta personal?

La miré con cautela.

―¿Qué pasa?

Bella se pasó la lengua por los labios, distrayéndome un poco.

―¿Vas a hablarle de mí a tu mujer?

―¿De ti?

Bella se encogió de hombros y tuve que volver a mirar hacia la carretera antes de poder ver del todo su expresión.

―Anoche estábamos un poco... ―Hizo una pausa y pude verla mordiéndose el puto labio de reojo―. Bueno, anoche nos emborrachamos y, por supuesto, no pasó nada, pero... no sé. ¿Parece algo que alguien debería contarle a su esposo? ―Lo terminó como una pregunta y la miré. Ella me miraba pacientemente.

Ni se me había pasado por la cabeza contarle nada a Rose. En lo que a mí concernía, si ella podía esconderme cosas, entonces yo también debería tener permitido tener mis propios secretos. Sabía que era irracional, pero en esos momentos no me importaba.

―Y ¿qué le digo? ―pregunté, sorprendiéndome a mí mismo.

―La verdad, supongo.

La miré con escepticismo. Incluso aunque comprendiera completamente qué coño era lo que estaba pasando entre Bella y yo, sabía que lo mejor era no decírselo a Rose. No era tan gilipollas.

Quise preguntarle cuál era la verdad. Parte de mí deseaba desesperadamente escucharla decirlo. A lo mejor escucharla admitir lo que estaba pasando entre nosotros en voz alta me ayudaría a solucionar el puto desastre que era mi mente.

Pero una parte más grande de mí se sentía aterrorizada de la idea de enfrentarse a la realidad que Bella proponía, así que cerré la puta boca y seguí conduciendo, agarrando el volante con un poco más de fuerza.

A pesar de mis putos esfuerzos, las palabras que habíamos compartido la noche anterior no dejaban de dar vueltas en mi cabeza. Sabía que el alcohol tenía en parte la culpa, pero, de alguna manera, Bella había encontrado una manera de bajarme la guardia. La noche anterior se había abierto paso a través de mis defensas y yo me había mostrado más vulnerable con ella en un par de horas que con Rose en los últimos doce años.

Joder ¿qué estaba haciendo?

Miré a Bella, que volvía a mirar por la ventana. No podía seguir negándolo, me sentía atraído por ella. Aunque era más que eso. Bella estaba llegando a partes de mí a las que nunca nadie había llegado antes. Era como si fuera una cirujana, cortando toda la mierda y defensas que había construido en mi vida hasta llegar a ver el centro, y era al mismo tiempo excitante y terrorífico.

¿Qué coño iba a hacer?

* . *

Mi mano jugueteaba con mi vaso de agua, atrapando de forma ansiosa gotas de condensación según se formaban y caían hacia la mesa. Mi mirada no dejaba de ir a la ventana, donde podía ver a Bella hablando por teléfono. No sabía con quién hablaba ―su expresión no delataba nada.

Sabía que debería aprovechar que ella estaba al teléfono para ponerme a trabajar, pero estaba demasiado distraído. Cada vez que notaba a Bella moverse, mi mirada iba a ella para seguir el movimiento. Me sentía como un acosador, pero no podía evitarlo ―no dejaba de atraerme.

Mi teléfono sonó en mi bolsillo y fruncí el ceño sin molestarme en sacarlo. Seguramente sería Rose. Otra vez.

Mi esposa era bastante persistente.

Bella se movió fuera y yo volví a mirarla. Hacía solo un par de días había contado con separarnos y no volver a vernos. En esos momentos, esa idea me producía tristeza. No quería alejarme de Bella; aunque tenía mucha mierda que superar, no estaba listo para renunciar a ella.

¿Era justo de mi parte asumir que ella sentía lo mismo? ¿Que estaría dispuesta a esperar a que arreglase mi inevitable divorcio? ¿Se sentía siquiera como yo?

Las preguntas y la falta de respuestas palpitaban en mi cabeza, y levanté las manos para presionar mis puños contra mis ojos.

Mi teléfono volvió a sonar y el dolor de cabeza se hizo más fuerte.

―¿Estás bien?

Bajé las manos y levanté la mirada, encontrándome con Bella mientras se deslizaba en el banco. Asentí, soltando un tenso suspiro.

―¿Va todo bien? ―le pregunté, señalando su teléfono con un gesto de la cabeza. Ella le echó una mirada.

―¿Hm? Oh, sí. Bien.

Ella no dio explicaciones y, aunque yo quería saber más, no pregunté.

Mi teléfono sonó una tercera vez y Bella inclinó la cabeza hacia un lado.

―¿Vas a contestar?

Sacudí la cabeza.

―No.

Bella frunció el ceño un momento antes de asentir. Cogió su vaso de agua y le dio un trago.

Yo suspiré dejé caer las manos en la mesa.

―Bella. ―Me detuve, inseguro de dónde iba exactamente con aquello. Ella me miró pacientemente y yo gemí, pasándome las manos por el pelo y tirando―. ¿Por qué no hablas sobre ti? ―pregunté. Bella pestañeó y yo me estremecí, deseando poder retirar la dureza de mis palabras.

―¿A qué te refieres? Hemos hablado muchísimo sobre mí. Respondo a todas tus preguntas ―señaló. Yo resoplé.

―No. Me refiero a porqué no cuentas nada de forma voluntaria. ¿Por qué me haces hacerte preguntas muy específicas para sacarte algo?

No había pretendido sacar el tema, pero ya que estaba fuera, pude sentir cómo mi molestia iba en aumento. Bella se recostó con expresión tanto de asombro como de molestia.

―Por si no te has dado cuenta ―siseó con los ojos entrecerrados―. Todavía somos básicamente extraños, Edward. Siento no haberte contado inmediatamente mis secretos más profundos. ―Su tono estuvo cargado de veneno y yo sacudí la cabeza, intentando deshacerme de él.

―Bella, no espero que me cuentes toda tu puta vida, pero... venga ya, tienes que admitir que te contienes. ―Me incliné hacia delante, presionando los codos contra la mesa―. Joder, Bella, te he contado cosas que nunca he le contado a mi mujer. Soy la última persona que iría por ahí contando su vida, pero me estoy abriendo a ti como nunca me he abierto a nadie. ―Quería que supiera, que entendiera cómo de diferente era con ella.

Bella frunció el ceño y yo seguí.

―No necesito toda la historia de tu vida, pero... joder. En general la gente comenta si ha estudiado en el mismo sitio la primera vez que surge el tema en una conversación ―dije, echándole una mirada cargada de significado. Ella suspiró y parte de su mala hostia se levantó de sus hombros.

Ella se mantuvo en silencio unos largos minutos y yo volví a recostarme en mi asiento, sintiéndome un poco culpable por presionarla tanto, pero también un poco aliviado por haberle cantado las cuarenta por fin.

Bella sacudió la cabeza, mirándome a través de sus largas pestañas. Yo aparté la mirada antes de que consiguiera hacer que me disculpara o alguna mierda así.

―Tienes razón ―dijo en voz baja. Mi cabeza se levantó de golpe para mirarla y ella sacudió la suya―. Estoy muy acostumbrada a guardármelo todo para mí. ―Se detuvo un momento, volviendo a mirarme―. Puede ser difícil de creer, pero en gran parte viene de problemas de confianza.

Resoplé.

―Yo no veo nada malo en tu puta confianza. Siempre estás replicándome, dando tanto como recibes ―señalé.

Bella frunció un poco los labios y sacudió la cabeza, sonriendo.

―No sé qué tienes ―admitió―. Puede que sea fácil plantarte cara. ―Soltó una risita y yo sacudí la cabeza. Ella volvió a mirarme―. Siempre he tenido problemas de confianza. No me malinterpretes, ha mejorado desde el instituto; enseñar ayuda, igual que llevar asuntos legales. ―Hizo una pausa, mordiéndose el labio―. Siempre me ha costado socializar y, creciendo, me di cuenta de que a la gente no le importaba lo que yo tuviera que decir, así que aprendí a guardármelo para mí. Supuse que, si alguien quería saber algo de mí, preguntaría. ―Me miró―. Nadie más además de ti ha preguntado.

Fruncí el ceño.

―Creo que entiendo lo que dices ―dije lentamente―. Pero te das cuenta de que hay algunos fallos en esa forma de pensar ¿verdad?

Bella se encogió de hombros y bajó la mirada a la mesa.

―Me ha mantenido a salvo, mental y emocionalmente cuando no le importaba a mis compañeros.

Yo sacudí la cabeza.

―Todas las relaciones van de tomar y recibir. Sí, hay gente que solo sabe recibir y esos son unos gilipollas. ―Hice una pausa, sacudiendo la cabeza. Definitivamente, sentía que yo caía en esa categoría―. Pero es igual de malo estar en el extremo del otro lado. ¿Cómo va nadie a conocerte a no ser que les ofrezcas algo de ti que conocer?

Me sentí impresionado con mi puto discurso y, basándome en la mirada de asombro de Bella, ella también lo estaba. No me había dado cuenta de lo que me estaba molestando de Bella hasta que lo dije en voz alta, pero lo había hecho y me alegraba. La noche anterior, cuando nos habíamos emborrachado, ella se había abierto; pero habían hecho falta varios martinis para llegar a eso. Quería que sintiera que podía abrirse a mí sin necesidad de alcohol.

Nuestra camarera nos puso la comida delante, pero ninguno de los dos se movió para comer. Bella se mordió el labio y, prácticamente, pude ver los engranajes girar.

Suspiré, bajando la mirada a mi plato y cogiendo una patata frita. Me la metí en la boca justo cuando Bella hablaba.

―Tienes razón ―susurró. La miré y vi que tenía una pequeña película en los ojos como si estuviera a punto de llorar. Tragué en seco mientras esperaba que no derramase ninguna lágrima―. Es un mecanismo de defensa. Aparto a la gente para que no se acerquen demasiado. ―Suspiró, sacudiendo la cabeza―. Llevo tanto tiempo haciéndolo, que no sé cómo ser de otra manera.

Levantó la mirada hacia mí y yo me encogí de hombros, sintiéndome un poco inútil.

―Puedo avisarte cuando estés siendo evasiva ―le ofrecí―. Pero creo que tú tienes que hacer el mayor esfuerzo.

Bella sonrió un poco, bajando la mirada a su plato mientras asentía.

―Está bien ―dijo un momento después―. Trabajaré en ello.

Volvió a levantar la vista y me miró a los ojos. Le di una pequeña sonrisa y ella me la devolvió. Era un puto alivio ser, por una vez, el que señalara un comportamiento de mierda. Bella ya me había cambiado mucho y me hizo sentir bien saber que yo podía hacer lo mismo por ella, incluso aunque fuera solo una parte de lo que ella había hecho.


Espero que os haya gustado.

La próxima actualización será el domingo y el sábado pondré un adelanto en Facebook. Mientras, contadme qué os ha parecido este capítulo.

Gracias por leer y comentar!

-Bells