Disclaimer:
Este es un trabajo de ficción, inspirado en el universo de Harry Potter y en los personajes que tanto amo. No intento, bajo ningún motivo, tomar autoría del trabajo original de J.K. Rowling. Todos los derechos pertenecen a la creadora de esta increíble saga.
Nota de autora: 2024. Empecé a escribir "Por mi ventana" cuando tenía 14 años por lo que la historia está muy mal redactada. Después de 20 años regreso porque le tengo mucho cariño a esta historia y me he decidido a terminarla, esta vez bien y con episodios más largos y detallados. Estaré actualizando todos los capítulos para que se refleje mi nuevo estilo de escritura y seguiré subiendo capítulos nuevos. Tengan paciencia, lo haré con esmero procurando no demorarme para que puedan disfrutarla completa. Gracias si me lees desde el inicio y si apenas descubres esta historia, espero que te guste.
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Capítulo I
Secretos
Los rayos del sol se filtraban a través de las cortinas de la habitación, brillando con una intensidad que parecía iluminar cada rincón, mientras las aves entonaban melodías alegres en el exterior. Sin embargo, para la joven Hermione, ese día soleado solo acentuaba su melancolía. Recostada en su cama púrpura, rodeada de libros y notas, intentaba leer, pero las palabras se convertían en un mero murmullo sin sentido en su mente.
Frustrada, su mirada comenzó a recorrer la habitación, como si buscara respuestas entre los objetos que la rodeaban. Finalmente, se detuvo en uno de sus libros de Hogwarts, su corazón oprimido por recuerdos que no podía ignorar. Con un movimiento brusco, lo agarró y lo lanzó hacia el armario, sintiendo una mezcla de ira y tristeza. Regresó a la cama, el pulso acelerado con su mente en un torbellino de pensamientos.
Miró por la ventana, su corazón pesado de nostalgia. Recuerdos dolorosos la invadían, sombras de un pasado que se negaba a desvanecerse. Cada imagen era un eco en su mente, una ráfaga de risas, discusiones y despedidas que la arrastraban a un abismo de tristeza. Una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla, seguida de otra y otra más, hasta que su almohada se convirtió en un refugio.
La puerta se abrió con un crujido suave y su madre, una mujer de cabello castaño que emanaba calidez, entró en la habitación. La preocupación en su rostro era palpable.
—Hermione, ¿te encuentras bien? ¿Por qué lloras? —preguntó con voz suave, casi temerosa.
Hermione se limpió rápidamente las lágrimas, como si intentara borrar la tristeza antes de que su madre pudiera verla.
—Estoy bien —respondió tras una pausa, forzando una débil sonrisa que no logró llegar a sus ojos.
Su madre, escéptica, se sentó a su lado y la observó fijamente, intentando descifrarla.
—Sabes que puedes contarme lo que te sucede —dijo con ternura
La joven desvió la mirada; temía que si la miraba a los ojos se quebraría frente a ella, y no podía permitirse algo así.
—No pasa nada, mamá. Estoy bien, gracias por preocuparte —murmuró, bajando la cabeza y recargándose en la almohada, dejando que la sombra de sus pensamientos la envolviera nuevamente.
Su madre, pese a estar preocupada, salió de la habitación para darle su espacio. Hermione no se comportaba así; usualmente era una persona muy alegre y cálida, pero sus sospechas eran correctas. Desde hace bastante tiempo notaba un tono sombrío en sus ojos y, a veces, parecía que no estaba allí con ellos, como si su mente se fuera a otro lado. Las primeras veces que lo notó decidió desestimarlo. "Seguro es mi imaginación", se decía a sí misma, pero continuó pasando, cada vez más hasta que se volvió algo constante. No quería admitirlo, pero verla así solo le confirmó lo que pensaba y temía. No obstante, sabía que insistir no era la respuesta; el pesar de su hija estaba conectado con el mundo mágico, y sabía que ella no quería hablar de eso porque se los pidió explícitamente tras su último año en Hogwarts. Sea lo que sea que hubiera vivido durante su estadía en esa escuela, durante esos siete años, algo la había cambiado. Cerró la puerta de su habitación y la dejó sola.
Fuera, la luz del sol comenzó a cubrirse por nubes oscuras, y el canto de los pájaros se apagó lentamente. Pronto, gotas de lluvia comenzaron a golpear el suelo, transformando el día brillante en una atmósfera gris y melancólica.
Hermione observó la lluvia a través del cristal, sus pensamientos oscuros como el cielo que comenzaba a desplomarse. Tras la guerra, había tomado una decisión que sorprendió incluso a quienes más la conocían: alejarse completamente del mundo mágico. Después de la caída de Voldemort, lo que para muchos fue una victoria, para ella fue el inicio de una interminable lucha interna. Los horrores que presenció, las vidas que se perdieron y el sacrificio que fue necesario dejaron cicatrices profundas en su alma.
No podía regresar a ese mundo. No podía enfrentar los pasillos de Hogwarts, ahora llenos de ausencias, ni las caras familiares que le recordaban todo lo que había dejado atrás. Ni siquiera podía ver a Harry y a Ron. Harry y los demás se esforzaron por incluirla, pero cada encuentro se convertía en un desfile de recuerdos que la dejaban sin aliento. Evitaba cualquier contacto, inventando excusas para quedarse en casa.
Sin embargo, no eran sólo los ecos de la guerra los que la atormentaban. Había una presencia constante en su mente, un rostro que aparecía con una claridad dolorosa, acompañado de emociones que la abrumaban. Él. Cada vez que pensaba en él, su corazón se llenaba de una mezcla de anhelo y culpa. Recordaba momentos breves, conversaciones susurradas y miradas furtivas que parecían durar una eternidad.
No podía enfrentarlo, no después de todo lo que había pasado. Había intentado convencerse de que sus sentimientos no significaban nada, que eran un error, una ilusión pasajera. Pero el vacío que sentía al recordarlo le decía lo contrario. Era alguien que, por circunstancias ajenas a su control, nunca debió importar tanto, pero que ahora parecía grabado en cada rincón de su ser.
Hermione se hundió en una oscuridad que no sabía cómo enfrentar. El peso de todo lo que había vivido la arrastró hacia una depresión que parecía inquebrantable. Las noches eran las peores: sueños llenos de gritos, de luces verdes y de rostros conocidos que desaparecían en el vacío. Despertaba empapada en sudor, el corazón latiendo con furia, el miedo atrapándola como si estuviera de nuevo en medio del caos.
Los ataques de pánico llegaron poco después. Al principio, eran breves, destellos de ansiedad que creía poder controlar. Pero pronto se convirtieron en episodios debilitantes. Podía estar en la mesa del comedor con sus padres, intentando disfrutar una comida familiar, y de repente un sonido, una palabra o incluso el aroma de un objeto mágico la disparaban a un estado de completo terror. El aire parecía desaparecer, su visión se nublaba, y todo lo que podía hacer era temblar y llorar, consumida por un miedo irracional pero real.
Sus padres, preocupados pero sin saber cómo ayudarla, hicieron lo que mejor pudieron: le ofrecieron un refugio. Hermione se aferró a la vida muggle, buscando en su simpleza un escape de su tormento. Regresó a su cuarto infantil, cubriendo cada rastro de magia con objetos mundanos, intentando borrar cualquier conexión con el mundo que había dejado atrás. Guardó su varita en una caja bajo llave, prometiéndose no volver a usarla, y evitó cualquier contacto con sus antiguos amigos.
—Las cosas deben ser así —se repitió a sí misma, su voz apenas un susurro. Entonces, ¿por qué me siento de esta manera?
Cerró los ojos, tratando de escapar de la realidad, pero las imágenes la persiguieron. Recordó momentos que la habían marcado, momentos que habían desgastado su corazón. Abrió nuevamente los ojos, intentando concentrarse en la lectura, pero el cansancio la abrumaba. Las lágrimas de las noches anteriores la habían dejado exhausta. Finalmente, cerró el libro y se dejó llevar hacia un mundo de sueños, donde la tristeza no podía seguirla.
Sin embargo, incluso en su sueño, los recuerdos persistían, inquebrantables y dolorosos, entrelazándose con su ser. Eran parte de ella, huellas imborrables de una vida que deseaba dejar atrás, secretos que la seguían como sombras en la noche.
