Música del capítulo: Ocean of Noise - Arcade Fire.


You've got your reasons,
And, me - I've got mine
But all the reasons I gave
Were just lies to buy myself some time.


- Cuatro -

La lluvia no ha perdonado la marcha de un solo día. Lavellan se ha acostumbrado a caminar con la ropa empapada y a tiritar de frío en la oscuridad, pero cuando dobla las rodillas sobre la hierba crecida que amortigua su inevitable caída, vuelve a pensar que la edad no está para resistirlo. Siente el cosquilleo de las hojas en la piel del cuello y sus mejillas se aplastan contra el empapado verdor como si de una almohada se tratase. Respira el fresco aroma de la tierra, muy despacio, y sonríe.

—Me gusta este lugar —murmura contra el suelo.

—Lavellan —apremia la voz de Solas a lo lejos—, está oscureciendo.

Ella da vuelta para quedar boca arriba, se cubre del agua con la prótesis que Bianca diseñó para ella y entierra los dedos de su mano entre la hierba.

—Estoy cansada —responde en voz baja—. No creo ser capaz de correr más.

—No podemos quedarnos aquí —insiste Solas, más cerca esta vez.

Se inclina con la intención de ayudarla a ponerse de pie. Tambaleante, avanza un par de pasos, alzando la cara hacia la lluvia. En lo alto, una enramada contrasta con el gris del cielo. Un par de estrellas brillan entre las ramas y las nubes.

Este solía ser su lugar preferido. Cualquier excusa para visitar el sur de los Valles venía bien. Fue feliz aquí. Lavellan acaricia el metal que sustituye un antebrazo, deseando poder tocar, del mismo modo, todo lo que perdió en el camino. Nada es como se supone que tendría que ser. Luego, el sentimiento, una certeza que lleva un tiempo anidando en el fondo de su pensamiento, finalmente es sólida y lo domina todo.

—Es mi culpa —se oye decir mientras cierra los ojos.

Las palabras dejan un sabor amargo y la manera en que su interior se resquebrajaba se anuncia en la repentina pesadez sobre el pecho. La fuerza que creía haber reunido para, al fin, poner en palabras lo que fue indecible durante años, se reduce a cenizas en el acto.

—Me esforcé mucho para desorientarte.

Solas, sin evadir del todo, le impide tocar el corazón del problema.

—Qué pobre consuelo es ese —sonríe sin ganas.

Un lapso de silencio, el zumbido de los insectos, un relámpago en la lejanía ilumina las nubes.

—Preferiría mantener esta conversación en otro lugar.

Lavellan sabe que preferiría no tener esa conversación en lo absoluto. Ha buscado refugio bajo un inmenso árbol, entre sus robustas raíces se hace un ovillo. Por todo cuanto a ella importa, un rayo puede partirla, pero no avanzará. Los huesos protestan, las articulaciones duelen y los músculos se contraen causando dolor.

—Pues me parece que este es un momento tan bueno como cualquiera.

Si no tuvieron valor para afrontar la verdad cuando era pertinente, tendrán que soportar enfrentarla entre la hojarasca, la insistente lluvia y ráfagas de un viento que hiela los huesos. Otro largo silencio entre ambos. ¿Qué estás pensando? Lavellan abre la boca para pedir la verdad. Sea la que sea. Ya fue suficiente de mentiras, suficiente de fingir demencia cuando las escucha. Sin embargo, no logra verbalizar su petición, y duele pensar que aún es demasiado cobarde. Ahoga un suspiro.

—Confiaste en mí. —Solas se apoya en su bastón, unos pasos frente a ella, llamando su atención—. Fue responsabilidad de ambos —sostiene, acercándose otro poco. De cuclillas, está tan cerca que el más traicionero de los pensamientos se abre paso en su mente. No obstante, Lavellan mantiene el rostro dónde está, porque se halla demasiado débil para mostrar cobardía o desprecio al apartarse—. Pero no es eso lo que te molesta —aventura y traga saliva con esfuerzo.

—Me molesta mucho —rechista en el acto.

Mentiras amontonándose debajo de la piel. Es su culpa. Dejó correr cada una de las ocasiones en que detectó la omisión y ahora tiene una ristra de reproches que no puede dejar en libertad sin que la golpeen a también a ella.

—Hay algo que te molesta incluso más.

Ella abre la boca un par de veces, con la intención de agregar un argumento que le de la victoria y de por terminada la discusión al mismo tiempo. Así comenzó todo; en el afán de saber y entender más (sin conseguir entender, porque, por supuesto, todo eran mentiras maquilladas de verdad), dio pie a esto. Cada vez con mayor frecuencia a medida que se acercaron a este punto, cuando Solas hablaba, decía algo que ella habría preferido no escuchar. Las verdades, cuando las hubo, solían ser más difíciles que la mentira peor preparada. Lo único que quiere ahora es que no hable de nuevo. Y a la vez, lo quiere. Quizá es solo que el tiempo ha vuelto terriblemente contradictoria una relación que siempre fue lo bastante complicada como para tender a lo imposible.

Lo imposible —No aquí, en otro mundo, había dicho él y Lavellan, mucho tiempo después, desentrañó lo demás: si fueras real— tendría que haber cumplido su promesa y negarse a suceder (nunca, nunca de nuevo en ningún mundo). No orbe, no Corifeus. Sin Inquisidora Lavellan, sin grietas, sin magos, sin guardas grises, sin Hawke, sin que el clan pesara en su conciencia. Hay momentos en los que casi siente que lo comprende en su desesperado intento de arreglar las tragedias ocurridas.

Lo ideal habría sido evadir toda imposibilidad, lo ideal habría sido la normalidad. Pero sucedió. Todo sucedió.

Soy real.

—Creo que no estoy comprendiendo.

Pero lo comprende, está en cada línea de su rostro al tratar de evadir, un día más, hablar al respecto porque detesta admitir que tiene miedo. Allí, entre las grietas de las barreras que levantó, de esa terrible armadura, está el miedo. Luego está ella, que sabe distinguir donde la coraza es más débil.

Idiota. Terco idiota, lo estás haciendo de nuevo. Todos tus errores, otra vez.

—No, por supuesto que no —dice de cualquier modo, displicente. Aspira por la nariz muy despacio, antes de tragar saliva e insistir—. Soy real. No la pesadilla que ahuyentas cuando abres los ojos. No soy ese pensamiento molesto que puedes empujar al fondo de tu mente.

Ella no es un sueño y él no le quitará valor a su vida o las pérdidas -Hawke, el clan, un brazo, inocencia, identidad- tildándolo todo como tal. Lavellan no soporta pensar que Solas la crea parte de una pesadilla, algo que no ocurrió, que se arreglará cuando él logre lo que quiere - si es que lo logra.

"Eres real y eso significa que todos son reales. Lo cambia todo, pero no puede".

El horror que las enigmáticas palabras de Cole revelaron al esclarecerse durante el Glorioso Concilio, años atrás, no la abandonó ni siquiera en el interior del más profundo sueño.

—¿Por qué no puedes aceptarlo y cambiar de parecer?

—Este mundo no está bien y es mi culpa.

—No. Somos. Un. Error. —Algo de ira burbujea en su interior y pronto se convierte en frustración... y mientras corren los segundos y la lluvia cae con mayor intensidad, sólo queda una honda tristeza—. Te odiarás tanto cuando todo esté hecho —dice al estirar una mano para acariciar la línea de su mandíbula. No es una sorpresa que sea él quien rehuye el contacto esta vez—. Escúchame, ¿de acuerdo? Una última vez, Solas.

Ella sabe dónde están las grietas.

Solas continúa reacio a concentrarse en ella, a permitir que se meta en su cabeza y siembre la incertidumbre. Solas ya se ha ido antes por la misma razón y el orgullo de Lavellan lo ha permitido. Sabe que es una vulnerabilidad, así que jugará la peligrosa carta, un arma de doble filo, a riesgo de reabrir la vieja herida y sangrar arrepentimiento después. Cuando está a punto de ponerse de pie, le impide la huida al sostenerlo con firmeza por los hombros. No es fácil para ella y debe ser una especie de tortura para él, mas no amaga continuar alejándose.

Tortuosa y ansiada miseria, despertar lo que se creía muerto, avivar el rescoldo para arder una última vez.

Lo imposible podría suceder de nuevo.

—Confía en mí —ruega con los ojos puestos en un pálido azul—. Confiaste en mí antes, ¿no es así?

Está arrodillado frente a ella, inmóvil, silencioso e indeciso. Siente lástima por su conflicto interno, por todo lo que, cualquiera que sea su decisión, tendrá que sacrificar. Lavellan deja su posición para incorporarse, de igual modo, sobre las rodillas.

Quédate, quédate, quédate.

—Tienes que creer en mí. —Su voz en un murmullo que podría perderse en el viento si no estuviera tan cerca—. Todos los sentimientos están donde los dejamos la última vez. —Lo rodea con sus brazos y acomoda la cabeza sobre su hombro—. Quizá yo haya envejecido un poco, pero...

—No eres menos hermosa.

Ríe en voz baja. Cierra los ojos y nada importa. Se esfuerza en suprimir esa sonrisa, ahogarla contra la empapada tela y falla. Olvida lo que la ha traído hasta este lugar. No hay relámpagos que iluminan repentinamente el cielo, ni truenos que lo hagan estremecer, no hay lluvia ni bosque ni pasado ni futuro. Está ella aquí, aferrándose a una última oportunidad.

Elige esto, elige 'aquí'.

Permanece muy quieta y tras un largo rato, una pequeña eternidad durante la cual tiene tiempo para pensar en lo que está haciendo (la probabilidad de arrepentirse en el futuro es tan alta que se le encoge un poco el estómago de miedo), Solas pasa ambos brazos por su cintura y hunde el rostro en su cabello. Dura lo que un suspiro, pero en ese precioso instante saborea la victoria y la felicidad y el alivio.

Aquí. No en lo que le debes al pasado, menos aún en lo que (odiarías, odiarías) pretendes para en el futuro. Aquí, conmigo. Como fue antes y como nunca tuvo que haber sido, todas las imposibilidades tejidas de realidad.

—Te elegiría a ti...

Pero la realidad es que un mundo bordado con los hilos de locura de un sueño no basta para salvarte.

Ha de dejarlo ir, tiene que rendirse de una vez por todas. Cerrar la puerta para no abrirla más.

«Te elegiría a ti».

Pero no lo hará y las razones no importan.

Tan rápido como puede, hace callar a Solas poniendo un par de dedos sobre sus labios, aún abrazada a él. El pequeño refugio que la protegió del tiempo se desmorona, cae en silencio y ella debe aferrarse en busca de estabilidad, al cuerpo, no de Solas, porque ese a quien sostiene con fuerza es Fen'Harel. Como si con aquél acto pudiera evitar venirse abajo en pedazos junto con la esperanza que construyó los últimos minutos.

Había jurado que esto no se repetiría. Y no llorará ahora, porque no puede jugar a ser la víctima cuando sabe que es su responsabilidad. Dio pie a algo que habría preferido no saber, en la repetición de aquél horrible círculo que, ahora sabe, sólo puede terminar de una forma.

No será, determina entonces, el sacrificio de Solas.

Se aparta con cierta reticencia, a sabiendas de que no regresará más a ese lugar, el rincón sin tiempo entre los brazos del Lobo Terrible.


N/A: Estoy bastante segura de que en la lista "sacrificios" se refería más a... sacrificios humanos o algo así (es que la lista, además de angst, era gore xD) En fin, ese "me esforcé en desorientarte" está inspirado en lo que dice Lecter a la Dr. Bloom en el episodio "Mizumono" de la serie Hannibal: "In your defence, I worked very hard to blind you". El fic nació (mucho antes de tener la lista para guiarme) con un par de diálogos de esa serie y gracias a la premisa de un reto, "separa a tu OTP ", en el fandom de Marvel. Habría querido que este momento fuera mucho más... crudo y menos... dramático. Todo lo que toco se convierte en una telenovela ohgod xD

Por qué Lavellan y Solas están juntos en el bosque será algo que se aclarará en otro momento.

Espero haber corregido todos los errores, si algo se me ha pasado, no duden en decirme. (Todavía me sigo golpeando contra un muro por un error que cometí en uno de los pasados xD Repetidas veces, además).

Mil gracias por leer.