El aire estaba tenso, muy tenso, su respiración era lenta y profunda, el pánico se filtraba en sus venas como si fuese veneno, un escalofrió recorrió en su cuerpo, un repelús de un mal augurio, con los dientes apretados y las tripas en dolor, su corazón palpitante y sus rodillas temblorosas,

Su mente estaba pensando rápido en una solución, pero no había nada, mirando un segundo demasiado largo, pudo ver la expresión de miedo y sorpresa en sus rostros.

–¡Esperen!–grito, se dio cuenta tarde que su voz sonaba mucho más fuerte y agudo de lo que debería de ser.

Pero a los hombres no parecía importarle ni las palabras o el tono de Subaru, en vez de eso fruncieron el ceño, con una voz fuerte y salida desde su garganta uno de ellos hablo.

–¡Ataquen!–

Con un bramido, el grupo se puso al ataque, menos uno que se fue corriendo en dirección contraria.

Subaru sabía que ese iba a ser el comienzo de su funeral cuando se corra la voz por todo el pueblo.

Uno de ellos atacó a Leto, el monstruo dio un paso atrás, cauteloso, en aquellas cuencas vacías no se expresaban nada, ira, dolor, miedo, diversión o precaución, era como un maniquí sin más.

Levantó su espada, no supo cuando, al principio pero el otro hombre tenía un cuchillo en su mano, primero había pensado que era en realidad había lanzado un puñetazo, el choque de metal le dio una sensación incómoda en el cuerpo.

–¡Basta!–Ordenó, no sabía a quién.

Pero eso detuvo a Leto, un momento después, sintió que alguien pegaba en la cara.

Sus labios dolieron, su mentón dolía, era un impacto directo, Florence no perdió el tiempo y golpeó al hombre,

Subaru estaba aún de pie, como un borracho, pero estaba más concentrado en el dolor que en la pelea frente suya.

Se sacudió, sus ojos le dolían, por un momento, con todo el conocimiento amateur que tenía en su ser sobre medicina pensó que algo se había roto dentro de él.

Intentó parpadear, mientras otro golpe lo sacudió con fuerza.

No, lo que pasó fue que alguien le hizo una llave.

Su espalda chocó con fuerza contra el piso, su nuca dolía horrores.

—¿Tu eres quien está guiando a estos monstruos?—preguntó, su voz sonaba fría, baja.

Subaru intentó hablar pese al miedo que sentía, pero el hombre tenía su rodilla en su pecho, era como tener un auto encima de él.

Subaru de todas maneras peleó, le dio un derechazo en la única zona en la que podía, en la entrepierna del hombre.

Soltó un grito pero no aflojo su agarre intentó alejarse de Subaru sin soltarse, su posición cambió, ahora el hombre casi parecía estar acostado encima del más joven del grupo, en consecuencia, Subaru le dio un rodillazo debajo del pecho.

El hombre se quejó, pero no soltó su agarre, en vez de eso, miro con furia a Subaru, cuando el hombre lo soltó para preparar un puño en su cara, pero Subaru extendió su pierna tanto como pudo, empujando su cuerpo adelante y dando un ataque al abdomen del hombre que lo estaba atacando.

Subaru tenía los ojos rojos, vidriosos y sobresaltados, le dolía respirar y sentía que su cabeza le empezaba a doler como una migraña y terminaría con un derrame cerebral.

Y le enojaba, gruñido de dolor y rabia antes de intentar atacar.

Sus ataques carecían de cualquier atisbo de elegancia o técnica, era más como un peleador de un bar que un peleador experto.

El otro hombre no hizo más que defenderse mientras intentaba atrapar a Subaru.

Vio un destello naranja, un grito de dolor resonó con fuerza en el aire cuando una llamarada le prendió la camisa de lino.

–¡Fuego!–gritó

El hombre gritó de nuevo, esta vez por un puñetazo poderoso dado en la cara del hombre.

Florence no pudo felicitarse por su hazaña cuando un hombre atacó con una espada demasiado filosa, el ataque no funcionó, la espada apenas hizo algo en la piel de su monstruo, pero era ágil, lo suficiente para esquivar los masivos ataques de la mujer árbol, dando ligeros saltos y retrocediendo mientras daba grandes y pesados ataques.

Era hábil, desde la ineptitud, Subaru estaba impresionado por sus ataques, uno de ellos intentó cargar contra Subaru, extendiendo los brazos tratando de atrapar a Subaru.

El japonés miró con pánico y se quedó en blanco un momento, cuando quiso correr, el hombre no pudo avanzar más, cuando gritó de dolor.

Leto había atacado, con todas las fuerzas en sus huesos, dio un tajo con ambas manos.

El hombre se agarró el brazo, su rostro arrugado por el dolor, se sujetó con fuerza la herida que sangraba.

Subaru miró con horror la sangre manchando la camisa de seda blanca, el hombre miró su herida, tropezó atrás cuando Leto volvió al ataque esta vez intentando degollar al hombre.

Subaru maldijo su inutilidad, los gritos y la pelea lo estaban mareando, golpeó al hombre en llamas y luego se sintió mal porque ya estaba herido.

Los gremlins, responsables de la antorcha humana se rieron y él supo que en realidad había hecho algo muy ruin.

El hombre en llamas se quitó la ropa chamuscada y cuando iba a dar un golpe al grupo de gremlins ellos respondieron con aire, un ataque de aire tan afilado como cuchillos.

«Como el septumsempra». Pensó Subaru, como todo un fan de las novelas occidentales.

Se fue contra otros de los hombres, el que estaba peleando con Leto.

El hombre con valentía intento golpear a Subaru, pero solo logro un puñetazo en el pecho, gruño de dolor pero no hizo mucho más.

Subaru recibió un golpe en un costado de la cara, se quejó del dolor, cerrando un ojo por instinto, pero siguió adelante, con esfuerzo empezó a golpear al hombre en el pecho, los brazos y en ningún lugar donde podía dar un fuerte impacto.

Todo se fue a peor cuando el hombre saco un cuchillo, estaba afilado, tanto como podía estar un arma, la blandió con fuerza contra Subaru quien no tuvo más remedio que huir como un cobarde.

Salto y esquivo como pudo, la cosa era que tenía fobia a los filos y al dolor.

–¡Muere!—gruño.

Subaru grito de dolor cuando un ataque le hizo un corte en el labio, fue un ataque sin ningún tipo de técnica, elegancia o forma, era una sacudida salvaje sin más.

Pero Subaru era un inepto a la hora de pelear.

El hombre cargo hacia adelante, Subaru con todo el pánico que pudo contener en su cuerpo apenas lo esquivo, pero de igual manera se tropezó a un lado cuando el hombre le dio un codazo.

Intento mantenerse firme, lo logro a tiempo para que detuviera con su brazo una apuñalada en uno de sus costados.

–¡Déjame!—grito Subaru.

Sacando fuerzas de su interior, lo mantuvo, pero el hombre intento apuñalar al joven una vez más, retirando su brazo y volviendo a atacar.

Primero hacia arriba, Subaru uso su muñeca para bloquear el ataque, pero no la patada que vino hacia su pierna.

Subaru se sorprendió, el otro hombre aprovecho la oportunidad para atacar con una puñalada en el brazo, no lo logro, lo alejo de un puñetazo en la cara, el hombre gimoteo de dolor y exhalo.

Subaru no paro, giro su cadera, tratando de imitar a un boxeador y le dio otro golpe, el hombre se cayó, de manera salvaje intento levantarse, con una patada demasiado abierta lo mando al suelo otra vez.

Era un asco, las manos de Subaru le dolían, la adrenalina ayudo un poco, lo volvió a patear, mientras el hombre se recuperaba, más apresurado y desesperado.

No lo permitió, en todo caso, Subaru lanzo su ataque más pesado al cuerpo del hombre, pudo lograr conectar buenos golpes, justo cuando se levantó, Subaru dio un golpe directo al cuello.

El hombre abrió mucho los ojos, se agarró la garganta y empezó a toser mientras se encorvaba, la saliva salpico el piso mientras el hombre intentaba inhalar aire.

Subaru sintió pánico cuando sintió a alguien intentando estrangularlo con una llave, un brazo robusto y lleno de pelo se envolvió en su cuello y apretó con fuerza.

Sus ojos se abrieron de golpe mientras intentaba jalar con fuerza del agarre.

No podía respirar, su mente, en pánico, intentaba imaginar una manera de salir de esta.

Pero no fue necesario, no esta vez, Subaru sintió que su cuello dejaba de estar apretado,

Un quejido de dolor hizo eco en su oído.

El aire pasaba por su garganta, pero el dolor persistía, menos desagradable.

Con toses y quejidos se dio la vuelta, sus ojos estaban húmedos.

El hombre que intentaba estrangular a Subaru gruñía de dolor, sus manos con manchas de sangre en su cabeza, su cara estaba roja y adolorida, grito de dolor cuando Leto volvió a sacudir su arma, esta vez haciendo una gran herida en su espalda.

La camisa se manchó y entre maldiciones el hombre se dio a la fuga.

No tardaron mucho en unirse los restantes.

Uno intento atacar a Subaru, pero cualquier deseo de daño murió cuando la cabeza del hombre se sacudió cuando Florence le dio un potente golpe.

Subaru se hubiera reído si no quisiera orinarse del miedo.

Pero lo vio en las ventanas, detrás del cristal, podía ver las caras de las personas, miradas de hombres y mujeres asustadas.

La pelea bien y pudo durar unos momentos, pero para Subaru parecieron horas.

¿Qué fue lo que en realidad llamo la atención de las personas?

¿El fuego, el aroma del humo, los gritos o los gritos?

Ya no importa, Subaru pudo saber lo que sucedería a continuación.

Decidió no hablar más, en vez de eso, le toco el hombro a Leto, el tacto era liso y duro, le incomodaba e hizo un gesto con la cabeza para que lo siguieran.

Leto obedeció, Florencio y los gremlins los siguieron sin hacer muchas preguntas, Subaru se alegró de saber que sus monstruos no solo eran tan listos para seguir a su líder cuando veía que huía, sino que también para estar tan callado como podía en ese momento de huida.

Corrieron con la adrenalina en su sistema, por lo menos eso sintió Subaru, cada uno de los monstruos agarro a un gremlin, ellos apoyaron sus cabezas por encima de los hombros del esqueleto y el árbol viviente.

Cuando vio esto, el corazón de Subaru se encogió con pánico como si un puño estuviera intentando aplastar su pecho.

¡No quería matar a nadie!

Pero no sabía cómo decirles que lo mejor era correr, en vez de eso, apretó los dientes y se esforzó al máximo.

Cada patada al piso le hizo arder, las calles iban a mucha velocidad.

Un hombre se apartó del camino, Subaru no tuvo tiempo de preocuparse si le vieron el rostro, solo corrió a su lado, junto a los demás.

¿A dónde iban?

En el norte, sur, este u oeste, no importaba, Subaru no entendía donde ir.

No, sí que lo sabía, uno donde Florence no podía tener desventaja y los monstruos podían estar seguros.

Dio un giro en una esquina, grito cuando casi se tropieza.

–¡Maldición!—gruño, frustrado.

Si corazón estaba sufriendo, a este ritmo, sufriría un ataque cardiaco.

Los monstruos no le dijeron nada a su amo, solo le siguieron, siempre cerca para funcionar como guardias o carne de cañón

Subaru se negó a pensar en ellos como algo más que sus guardias, hacer de menos a sus invocaciones no era algo que quisiera aceptar.

Podía sentir sus rodillas adoloridas, los músculos de su cuerpo exclamaban para que se detuviera, no había corrido tanto pero en estos momentos no se pesaba detener.

Estaba sudando, ya sea por el estrés o por el esfuerzo, solo sabía que estaba empapado en sudor y que tenía que correr tan lejos como pudiera.

Pero de repente se dio cuenta de algo.

«Tonto». Pensó con enojo a sí mismo. «Puedo esconder a mis invocaciones con un portal».

Y con eso dicho los detuvo con un gesto de su mano.

–Desaparezcan–

Subaru tembló un poco de nerviosismo ante la dureza de sus palabras, esta vez, las invocaciones no obedecieron en el acto.

Por un momento pensó que se iban a quejar pero en vez de eso, los gremlins miraron a Subaru expectante y confundidos

–El portal–aclaro.

Entendieron al instante, como si se les hubiera encendido el foco aunque en este caso sería una piedra de luz.

Iba a patearse luego por ese chiste, pero no era momento.

Todos saltaron tan alto como pudieron, aun con los gremlins en brazos, antes de tocar el suelo, una piscina negra apareció y luego se hundieron en la oscuridad, cuando terminaron de ser engullido, aquella cosa oscura desapareció.

Con eso Subaru estaba solo.

Maldijo la sensación de miedo, ahora estaba mejor, con un grupo grande seria descubierto con facilidad, la luz en la oscuridad le calmaba casi tanto como ver que su cuerpo se oscurecía, ahora solo un animal nocturno podría ver su persona, no pasaría desapercibido para gatos y demás, pero ellos eran la menor de sus preocupaciones en esos momentos.

La adrenalina estaba abandonando su cuerpo, pero no la sensación de miedo y pavor.

Era la primera vez que estaba en una pelea a puño, ni siquiera podía clasificar las peleas con los perros y los monstruos del bosques como pelea, no hizo nada, aquí al menos pudo hacer algo, mínimo y mediocre, pero algo al fin de cuentas.

Se quiso derrumbar ahí mismo, entre la pelea y correr muchas cuadras le había pasado factura.

–Demonios–gimoteo, cada exhausto era un alivio doloroso.

Se movió con lentitud, los pies le dolían mucho, sus piernas estaban rígidas.

Pero tenía un destino, un lugar donde podría curar sus heridas.

Mas o menos.

Se sentía herido, aun le dolía el cuello y tenía la ropa dañada, tendría que lavar la suciedad y arreglar la tela, era una porquería, pero al final, era algo.

Subaru no tuvo tiempo ni para pegarse a sí mismo por su inexperiencia ni por enorgullecerse porque al final si pudo hacer algo.

Su pecho ardía, demasiado, era un asco, pero siguió adelante.

–¿Dónde estaba el taller?—suspiro, hasta hablar le generaba dificultad, no recordaba

Subaru se maldijo, tendría que volver a encontrar el camino, tendría que volver a recordar el maldito camino, otra vez, no había estado sintiendo tantas emociones en tan poco tiempo desde hace mucho.

Las calles vacías no le incomodaban, en realidad, para la situación donde estaba, era más que bienvenido

Sus costados empezaron a doler luego de un rato, se quedó en la pared de un lugar que no parecía una casa, más bien parecía una tienda, no pudo ver en la ventana grande frente, estaba demasiado cansado para mirar.

Su sudor cubría su cuerpo, dejando su ser aceitoso, estaba cálido pese a que el viento soplaba, en estos momentos todo lo que quería era un baño y dormir.

Si es que su jefe lo encontraba de esa manera, entonces todo acabaría, no encontraba una excusa plausible que no involucrase un asesinato.

Que no ocurrió pese al fuego, las manchas de sangre en el piso y los golpes pesados.

Podría entender que sospechase con fuerza de él, si fuese un anime, sería el sospechoso número uno antes de un giro de trama muy predecible.

Por eso en realidad debería de ser lo más sigiloso posible que pudiera ser cuando entrase en la casa de Arron, se quitaría la ropa y la cambiaría por otra, incluso una holgada era mejor que una sucia con sangre, luego vería como lavar su ropa sin que las manchas de sangre fuesen visibles en el agua.

Se levantó, adolorido, pero recupero un poco el aliento, encorvado, pero aun moviéndose, con un paso frente a otro.

Era una pena que no pudiera moverse mas rápido, era un asco, pero debía de continuar.

Cada sonido le daba un ataque de pánico momentáneo, cada sonido vino acompañado de una imagen de una horda de aldeanos, todos enojados, todos listos para machacar a su grupo.

Era una locura, no se dio cuenta del problema en lo que se metió hasta que al final se detuvo un momento para pensar.

«Necesito irme». Pensó.

Pensaba que le habían visto la cara, pero en realidad no debieron de haber visto nada, sus habilidades que lo mantenían en la sombra debieron de haber hecho algo, por lo menos eso pensaba, no era tan poderosa, pero hizo algo para oscurecer su persona y la oscuridad misma hizo algo para apoyar a ocultar su cuerpo.

De verdad, no quería seguir caminando de un lugar a otro, por lo menos tenía que durar allí una semana más antes de que todo se fuera al fiasco.

Pero al final logro perseverar, logro encontrar el taller, con quejidos silenciosos y pasos lentos pudo llegar.

Antes de que pudiera agarrar la manija, el pedazo de hierro giro.

Subaru tuvo su último mini-infarto antes de ver una cara de reptil y burlesca recibiendo a su maestro.

No dijo nada, en vez de eso, le dio paso a Subaru con delicadeza.

Agradecía con fuerza que ellos fuesen más listo que su propio invocador.

Primero la puerta principal, por lo menos podía inventar una excusa,

O eso creía.

El gremlin lo miro un momento antes de seguir escaleras, hacia la habitación de Subaru.

Subaru quiso decir que se tenía que desaparecer, pero en vez de eso, le siguió, sus dientes rechinaron de frustración y miedo, pero seguir era prioridad.

Y llego, la habitación, tan nueva y tan extraña para él era un lugar seguro para él en esos momentos.

Se recostó, el dolor estaba en un lado, estaba sucio y asqueado de sí mismo, pero no le importo.

Solo se durmió.


Un capitulo con acción pero mas corto de lo que están acostumbrados, en este caso, ya no quería dejar que la historia siguiera en pausa