Los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi y los utilizo sin ninguna intención de lucro.
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Con las alas rotas
Capítulo IV
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Faltando un cuarto para las doce de la noche, la puerta de la habitación de Akane fue tocada con golpes quedos y continuos, seguido de la voz cautelosa de Ranma, llamando a la joven por su nombre y preguntando si podía entrar. Esperó un par de minutos, y al no obtener respuesta, volvió a repetir el golpeteo en la madera y su pregunta.
—¿Es ese chico Saotome del que me contaste?—. Justo al otro lado de la puerta, un joven de contextura atlética, con un oscuro cabello revoltoso y ojos castaños, volteaba en dirección al fondo de la habitación tenuemente iluminada por una lámpara de buró. A un lado se encontraba Akane en su cama, recargada sobre la cabecera de esta. Las sábanas le cubrían hasta la cintura, mientras que, en la parte superior, la seda de su blusa negra se hallaba entreabierta, mostrando la lencería del mismo color.
—Sí, lo siento —Exclamó, con algo de nerviosismo, señalando un reloj imaginario en su mano—. Le dije que lo esperaría por una respuesta hasta media noche y me olvidé del asunto con tu llamada.
—¿Quieres recibirlo?—. El hombre le lanzó la pregunta con un tono jocoso y una mirada ladina, porque sabía perfectamente la respuesta.
—¡Por supuesto que no, Hideki! ¡¿Cómo se te ocurre?! —Akane jaló las blancas sábanas para cubrir un poco más su desnudez y, se encontró, una camuflada camisa masculina hecha un nudo entre ellas. Apenas allí, reaccionó en que su acompañante se había escapado de la cama a medio vestir.
—Si lo dejas, va a estar ahí toda la noche —Empezaba a intrigarle que el enfermero, o lo que fuera de Akane, siguiera llamando a la puerta con tanta insistencia—. ¿Le prometiste un auto o construirle una clínica?
—No, nada de eso —La joven suspiró frustrada. Sabía el por qué Ranma no se iría, y tuvo que pedirle a Hideki que saliera del cuarto y escuchara su mensaje. Antes de que el hombre procediera abrir la puerta, le lanzó la camisa con toda su fuerza y le atinó a la cabeza, pero este no se la calzó, le guiñó un ojo muy sonriente y se puso la prenda sobre uno de sus hombros desnudos.
Ranma escuchó los seguros de la puerta siendo retirados y dio un paso atrás, para darle espacio extra al henchido orgullo con el que Akane se pavonearía al verlo tragarse sus palabras. Sin embargo, al correrse un poco la puerta, sus ojos enrojecidos se ensancharon asombrados y la mandíbula se le desencajó apenas unos milímetros al ser recibido por un hombre semi oculto tras la puerta, hasta ese momento, desconocido para él.
—Oye, amigo, ¿qué horas son estas de… —El joven con la camisa mal puesta se dio el tiempo de analizar a Ranma y verle la postura meditabunda, las manos nerviosas y el rostro demacrado por el anterior desbordamiento de emociones que había tenido, hicieron que le brotara un pequeñísimo destello de camarería masculina hacía este— …luces terrible, ¿te encuentras bien?
—Si… Etto. Pe-perdón por la interrupción —A medida que salían sus palabras, el bochorno se iba sumando a la lista de pesares que cargaba sobre su espalda—. Só-sólo venía a hablar un momento con Ak-Akane… No sabía que... estaría err… ocupada.
—Bueno, Akane está un poco indispuesta para recibirte en este momento, seguro que entenderás —No podía evitarlo, el tipo le caía bien, pero estaba teniendo un placer culposo en hacerlo incomodar aún más—. Sin embargo, me ha insistido mucho en que venga a tomar tu mensaje.
—D-de acuerdo —Ranma hizo a un lado su azoramiento y optó por aceptarlo como una fortuita tabla de salvación. Quizás si hablaba directamente con ella, terminaban por mandarse al demonio y él no se podía dar tal lujo por el momento— Dile que iniciaremos la terapia en cuanto esté lista.
El pelinegro le agradeció con una leve reverencia y salió huyendo hacia el jardín, para luego subir al techo de la residencia. No quería encontrarse con ningún miembro de la familia Tendo ni al visitante, así como tampoco deseaba volver a su habitación a mirarle la cara al idiota insensible de su padre.
—¿Tanto misterio para eso? —Seiwa Hideki siguió el recorrido del pelinegro por el pasillo, hasta que este se perdió entre las penumbras y, como vio que ya no sucedería nada interesante allá fuera, cerró la puerta de nuevo y le echó el pestillo riéndose solo, a sabiendas de que, al menos ese joven no aparecería por allí otra vez, ni aunque lo mandara llamar su madre.
Al acercarse a la cama, se encontró con una Akane ligeramente ruborizada y una mirada expectante, queriendo saber los detalles de lo que había pasado entre ellos, ya que sólo unos murmullos lejanos habrían llegado a ella. Sabiéndose ansiosamente esperado, caminó lentamente, con el andar de una pantera, mientras dejaba caer su camisa sobre el pequeño buro junto a la cama y, finalmente tomaba asiento en esta, a muy poca distancia del rostro de Akane, con sus brazos erigiéndose como pilares a cada costado del cuerpo de la chica.
—Tu nuevo sirviente casi se mea encima allá afuera por los nervios, ¿lo tienes amenazado? —Le dijo, con una sonrisa amplia, a pesar de que por dentro era un felino, cazando cualquier reacción de ella—. Por la gravedad que traía, pensé que el mensaje incluiría robo, asesinatos o secretos familiares.
—Oh, bueno, seguro que escuchar si Ranma aceptó tratarme no es tan interesante —Akane le lanzó una mirada fulminante y los labios se le curvaron en una mueca de disgusto—. Si te apetecen más los secretos familiares, él ahora sabe de lo nuestro.
—Claro que no, cariño, si tú quieres volver a tomar las terapias, yo te apoyo —Hideki la tomó de la barbilla con una mano y la giró suavemente para que lo viera, porque Akane ya le estaba plantando un muro de indiferencia con su cara ladeada y los brazos cruzados—. Ahora… sobre ese chico, ¿Crees que diga algo?
—No —La joven no titubeó ni un momento e inconscientemente pareció defenderlo—. Él no sería capaz.
—¿Por qué estás tan segura? —El instinto del joven de ojos castaños se agudizó aún más—. Pensé que habías dicho que han estado discutiendo desde que se apareció con el padre.
—No lo sé. Sólo es lo que pienso.
—Oye, Akane, dime algo, y quiero que seas sincera, ¿debería preocuparme? —El rostro de Seiwa se mantenía sereno, no obstante, cualquier atisbo del buen humor anterior se había diluido casi por completo.
—¿No me has estado poniendo atención? Te he dicho que no pienso que vaya a decir nada.
—No me refiero a eso—. Se encargó de recalcar sus últimas palabras, sin perderla de vista.
La joven mujer alzó una ceja sorprendida, cuando captó a lo que su amante se estaba refiriendo y se echó un poco hacia adelante, topando frente con frente; dedicándole una sonrisa traviesa.
—¿Es que estás asustado de un niño?—. Tenía muchísimo tiempo que no lo veía celoso y, sinceramente, verlo así le divertía.
—Estaba hecho una piltrafa humana —Mencionó serio, seguro de lo que sentía—. Pero no creo que sea un niño, en lo absoluto.
—Para mi lo es —Akane puso un dedo en los labios de él para acallar sus desvaríos, aunque luego encontró más divertido ir a los mechones de cabello que caían por la frente masculina, para intentar desenredarlos con su mano—. Con eso debería bastarte.
—Quizás estoy exagerando —Seiwa se dejó hacer, y cerró los ojos, disfrutando las caricias de la joven. Su voz se había tornado seductoramente hechizante—. Es que, lo nuestro es tan especial que, no soportaría si algún día te alejaras. Yo nunca podría encontrar a una mujer tan valiente y hermosa como tú… y puede ser que tú tampoco tengas a alguien que te ame sin condiciones, con la misma fuerza que yo lo hago.
—No seas tonto, nadie está yendo a ningún lado —Akane se cansó de las dudas del joven y deslizó la mano que rondaba en el cabello hacia su cuello, encontrando la mejor posición para robarle un beso rápido—. No sé lo que pasara mañana, pero mi cuerpo está clamando que le hagas el amor ahora.
El hombre se sintió satisfecho con la respuesta y optó por dejar a un lado sus inseguridades para seguir disfrutando de la noche, junto con ella, como lo estaban haciendo, antes de ser interrumpidos.
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Para cuando Ranma se acercó al comedor, a la mañana del día siguiente, se encontró conque Akane ya estaba allí, checando pendientes en su celular. Aún no bajaba el resto de la familia; y Naoko se hallaba inmersa en la cocina, alistando los platillos. Esta vez fue precavido en no cometer el mismo error del día anterior y jaló una silla en el extremo más lejano posible a su anfitriona.
Su trasero aún volaba en el aire, rumbo al asiento, cuando Akane dejó sus deberes y evidenció su presencia.
—¿Te puedes acercar?—. Habló, haciéndole un movimiento con la cabeza que le indicaba el mismo lugar del día anterior, junto a ella.
"¡Huye!" Le gritó su mente, como siempre, la más vivaz de los sentidos "No le des tiempo de celebrar su victoria sobre tu cadáver" El estallido de improperios que le dedicó internamente, seguían flotando alrededor de él, esperando a ser utilizados en cualquier momento, aunque fue consciente de que la mayoría lucían ya muy deslavados e innecesarios, sólo con el transcurrir de una noche de sueño. Al parecer, algo en él no le permitía odiarla.
El artemarcialista dejó la silla acomodada, tal como estaba, y silenciosamente se apropio del asiento que le fue ofrecido. Su vista se concentró en observar sus manos puestas en la mesa y esperó a que la joven hablara. En cualquier otra circunstancia, habría rebatido la orden, pero quería escuchar lo que tuviera qué decirle sobre la terapia. Quién sabe si todavía seguiría puesta con la idea o, se sacaría alguna carta de trampa para anular lo dicho.
—Err… Lamento no recibirte personalmente anoche —Ranma la escuchó ligeramente entrecortada como pocas veces lo notara en el tiempo que llevaba ahí y, por su parte, una oleada de calor se instaló en su cabeza, al recordar su vergonzoso encuentro con el chico ese—. En verdad me olvidé del tema.
—N-no te preocupes —El pelinegro le prestó atención y reparó en las mejillas arreboladas de la joven por un breve espacio, antes de buscar otro punto de distracción en el comedor, que le salvara de decir alguna imprudencia—. A cualquiera le puede pasar.
—Sobre el chico que viste… m-me gustaría mantener… —Ni ella misma entendía por qué tartamudeaba; quizás era porque ni siquiera a Kasumi le había contado demasiado sobre Hideki y, ahora lo hacía con un recién aparecido.
—No necesitas pedirme nada, lo entiendo. En serio—. Ranma la interrumpió casi por inercia, porque hablar de intimidades ajenas no era muy de su gusto, sin embargo, quería dejarle claro que por él no había nada de qué preocuparse.
—Está bien —Akane decidió terminar con el tema y enfocarse en algo más relevante para ambos— Hideki me dijo que aceptaste tratarme. ¿Quieres que iniciemos hoy? Tengo la mañana libre.
—Wow —La noticia le sacó una exclamación de asombro y una sonrisa sincera, aunque efímera. En cuanto se dio cuenta de estaba luciendo sobradamente emocionado, carraspeó y trató de notarse más neutral—…Hemm… si es por la mañana, por mí está perfecto; hoy las clases en el Dojo empiezan hasta la tarde.
—De acuerdo —Akane le devolvió el gesto amigable y algo en ella se alegró al ver que aún mantenía, aunque fuera por un segundo, la mirada iluminada por la emoción de que accediera a tratarse, así tratara torpemente de ocultarlo después. Seguro que todavía estaba molesto por todo lo ocurrido—. ¿A las once es buena hora?
—Sí, está perfecto.
—Estupendo, le pediré a Naoko que me ayude a buscar ropa adecuada para la terapia, aún debo tener algo por allí—. La joven se llevó una mano al rostro, intentando recordar en dónde podría estar guardada. No la había tirado, eso era seguro.
—Si tienes ropa holgada, es lo ideal—. Akane parpadeó mejor al verlo, intentando comprender. Definitivamente, un duende malicioso había movido la palanca del estado de humor del joven, quien contestaba apenas lo mínimo aceptable.
—Aún debes estar molesto por lo de ayer.
—N-no. No es eso —El artemarcialista frunció el ceño, incrédulo. No tenía idea de que era tan fácil de leer. Según él, debía tener su mejor cara de reposo—. Estoy pensando en los ejercicios con los que podemos iniciar.
—Eres un pésimo mentiroso.
—Yo… sólo estoy cansado de lidiar con tantas cosas: la escuela, el Dojo, y… —El joven por fin se decidió a mirarla a la cara y decirle lo que sentía—. Y la verdad es que estoy molesto conmigo mismo. Me da impotencia sentir ilusión con algo que fue producto de un capricho para detenerme.
—Ranma, creo que ya lo sabes —Akane asintió, sin deseos de excusarse, queriendo responder a su franqueza—. El aceptar la terapia ha sido un arrebato mío, pero, ya te he dado mi palabra y prometo esforzarme.
—Me da mucho gusto por ti —Con esta reafirmación, el chico se quedó más tranquilo y el ánimo le fue regresando de a poco—. Yo también te prometo hacer mi mejor esfuerzo.
Después de aquella plática, la intimidad se rompió, cuando Naoko fue trayendo los platillos a la mesa, y el dúo de patriarcas hizo su aparición en el comedor. Genma recibió una fugaz mirada fulminante de su vástago, por lo que decidió ayudar a traer la comida, mientras que el padre de Akane, se fue directo a abrazarla por la espalda, sin poder parar su enorme llanto de felicidad.
—¡Mi pequeña niña! —Chilló, envuelto en euforia prolongada—. ¡Estoy tan feliz de que vuelvas a tomar las terapias!
Akane se desconcertó en el momento, y luego buscó la mirada de Ranma, exigiendo una explicación. Mientras, el chico huía al bullicio cerrando los ojos, sin embargo, alzó los hombros y negó con la cabeza, para que esta supiera que el desconocía de dónde había sacado la noticia el padre.
—As-así es, Ranma y yo quedamos en empezar hoy ¿C-cómo lo supieron? —Akane no tenía planeado cómo se lo iba a decir al resto de la familia, pero alguien se le habría adelantado. Más que nada, porque hasta esta mañana, aún desconocía lo que realmente iba a suceder con la rehabilitación.
—Hablé con Kasumi hace un momento —Soun logró recomponerse un poco y tomó asiento a un lado de Akane, quedando frente a Ranma—. Me ha dicho que no me precipitara y he tratado, es sólo que la felicidad no puede ser imprudente ni debe ocultarse, ¿verdad, chicos?
—Así que mi hermana—. Akane se llevó una mano al rostro, debatiéndose entre reírse o molestarse consigo misma. A veces se olvidaba que todos pertenecían a la misma familia.
—Akane, gracias por darle esta oportunidad a mi hijo —Terminando de traer los platos de comida y los tazones de arroz, Genma y Naoko se unieron a la mesa y, ahora el padre del joven también irradiaba su entusiasmo—. Con razón se levantó tan temprano para prepararse. Nunca lo había visto tan feliz en su vida.
—¡Viejo, ya cállatee! ¡No digas tonterías! ¡Ni siquiera sabía que comenzaríamos hoy!—. Ranma se puso rojo de la vergüenza y del coraje. El hombre tenía la desfachatez de opinar tan campante, después de darle una vapuleada moral como la del día anterior. Después se encargaría de él.
—Gracias por decírmelo, Sr. Saotome. Confío en su palabra —Akane sonrió y hasta lo acompañó de una leve reverencia—. Es muy importante para mí saberlo.
—Oye, deja de seguirle el juego —Ranma se acercó a la joven, con un inconfundible puchero en la cara, todavía con algo de color extra en su piel—. Le gusta decir idioteces.
—Yo lo veo muy ecuánime—. Afirmó ella, con total seriedad.
—Después no digas que no te lo advertí—. Refunfuñó el chico, cogiendo los palillos a un lado de su tazón de arroz, para servirse un poco de pescado.
—Saotome Ranma ¡¿Cómo te atreves?! —El padre de Akane se puso en modo serio de repente y el aludido se puso pálido al escuchar su nombre completo. Acto seguido, Soun rompió su formalismo, riendo a carcajadas—. Siendo el anfitrión de esta casa, no puedo permitir que empieces un proceso tan importante con el estómago vacío. ¡Mira! casi no has tomado nada.
—Así es, Tendo. Sírvale un poco más, por favor —Genma, sentado a un lado de Soun, palmeó el hombro de su amigo y ambos asintieron en medio de un mar silencioso de llanto—. Gracias por preocuparse tanto por mi hijo.
Soun siguió con su cometido y, siendo él quien estaba más cerca de los jóvenes, fue el que felizmente tomó los palillos y puso sobre el arroz de Ranma, provisiones como para diez personas sin importarle demasiado la opinión y el gesto reprobatorio de este.
—Papá —Akane trató de intervenir, aunque sabía que sería inútil—. No es bueno que obligues a la gente a com...
—Sr. Tendo —Naoko, quien había estado callada hasta entonces, se hizo notar—. Yo creo que su hija también necesita alimentarse adecuadamente para resistir la terapia.
El padre de familia se vio iluminado con la propuesta y volteo sonriente hacia su hija con los malvados palillos en la mano, dispuesto a poner una torre de provisiones en el cuenco de ella también.
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Después del semi obligado festín a la hora del desayuno, Ranma repasó con esmero los apuntes que había tomado sobre el caso de Akane y, se dedicó a acomodar toallas limpias, ungüentos y cualquier aditamento que pudiese servirle en la práctica. Debía ir preparado ante cualquier situación. Al acercarse la hora, se vistió con una filipina negra que tenía su nombre y el escudo de su escuela grabado, dio unos brinquitos sin despegarse del suelo, para relajarse y salió de su habitación con una maleta deportiva, rumbo al cuarto de Akane.
El artemarcialista se paralizó por unos segundos en la puerta, con la incertidumbre de no querer ser inoportuno, como lo había sido la noche anterior, no obstante, se armó de valor y llamó a la puerta. De inmediato, esta le fue abierta por Naoko, quien lo invitó a pasar sin restricciones.
El cuarto de Akane era visiblemente más grande que el que compartía con su padre. Casi en la entrada, a su mano izquierda, estaba una camilla desplegada, con las partes de metal pintadas de blanco y una colchoneta de color azul. Naoko le dijo que recién había terminado de desdoblarla y limpiarla, por la evidente falta de uso en meses anteriores, pero que aún estaba en perfectas condiciones. Empotrado en la pared, justo atrás de la camilla, se hallaba un librero repleto de títulos de diferentes categorías. A su mano derecha, estaba un enorme armario de madera antigua y, al fondo, la cama de Akane, con el edredón milimétricamente acomodado. A un lado de la cama estaba un pequeño buró con una lámpara y más hacía la pared, un televisor sobre una mesita de madera. Del lado contrario, pegado a la pared, se hallaba un tocador con un espejo de media luna. Por último, camufladas de los muebles principales de la habitación, había un par de sillas de madera discretamente puestas, por si Akane recibía visitas.
Encontró a Akane mirándose en el espejo rectangular de una de las tres puertas del armario; al parecer, averiguaba si su antigua ropa de terapia todavía era apta para ser utilizada y si aún le quedaba bien. Vestía una camiseta blanca de algodón estilo extra grande y unos pantalones negros holgados, con elástico en la cintura. Si él no recordaba mal, era la primera vez que la veía vestida de manera tan casual. La mujer de cabellos cortos también lo observaba a través del reflejo en el espejo, y su pensamiento latente era que, con su uniforme de trabajo puesto, se miraba muy distinto; como un verdadero profesional.
—Bueno, chico fisioterapeuta —Después de un minuto de silencio, Naoko se acercó a Ranma y tomó los tirantes de la maleta que traía en su mano—. Será mejor que vayas por la presa, antes de que cambie de opinión y trate de escapar.
—No estoy tan convencido de que ella sea la presa—. Le dijo, casi en un cuchicheo, encogiendo los brazos en una fingida pose de miedo.
—Yo sé que tú puedes —Le animó la chica ayudante—. Haz tu mejor esfuerzo.
—Oigan, si saben que los puedo escuchar a ambos, ¿no? —Akane se apartó del mueble e hizo girar las ruedas de su silla hacia donde estaban los otros dos. Para fortuna de todos, más bien parecía un reproche amistoso que otra cosa.
Después de unos momentos de charla, Naoko los dejó solos y supieron que debían iniciar con la práctica.
Él cuidó que Akane quedara con su silla junto a la cama y le indicó que le ayudara a activar los frenos de la misma, mientras el se agachaba para doblar los descansa pies y que estos no fueran a obstaculizarle al mover el cuerpo de la joven. Ranma le pidió que colocara sus brazos sobre su espalda y este hizo lo mismo sobre la espalda de ella. Habiendo colocado anteriormente sus piernas en posición para el esfuerzo, la alzó en un movimiento secuenciado y la dejó sentada en el borde de la camilla. El hacer la silla a un lado, quitarle sus pantuflas y ayudarle a acomodarse correctamente, fue una tarea mucho más sencilla.
—¿Todo está bien?—. Preguntó preocupado. Akane lucía relajada, con el cabello alborotado por la posición de su cabeza, pero se veía tranquila.
—Sí —Respondió quedamente—. Sólo estoy un poco nerviosa. Cualquier detalle que necesites saber, puedes preguntarme—. Secretamente, con un apremiante miedo interno de estar consciente de que no hacía terapia desde hacía ya más de un año y esperando que en cualquier momento, Ranma le dijera que su estado estaba muchísimo peor de lo que decían sus últimos estatus médicos.
Ranma le sonrió agradecido y aceptó su ofrecimiento, porque claramente tenía muchas preguntas qué hacer. Le explicó que se enfocaría en hacer ejercicios de movilización y se posicionó a un lado de ella para comenzar. Pasó una mano por debajo de su rodilla y la otra mano fue hacia su talón, todo para alzar un poco la pierna de la chica y hacer un movimiento de separación con el resto del cuerpo; luego haría lo mismo con su otra pierna.
—Si me preguntan, diré que hice el ejercicio del "ángel" en la nieve—. Bromeó con una sonrisa, al ver el rostro del chico inmerso en seguir al pie de la letra los movimientos de la rutina.
—Oh, mira, creo que has encontrado un mejor nombre para esto—. Correspondió a la broma, antes de seguir con las repeticiones.
El siguiente ejercicio de Ranma involucró tomar el talón de Akane con una mano, mientras la planta del pie descansaba en su antebrazo. La otra mano, hizo su función al colocarse desde el costado de la rodilla para ayudar a sostener el peso, en un ejercicio que estaba diseñado para llevar el pie, rodilla y cadera hacia el abdomen y, luego, hacía atrás. En este ejercicio, fue consciente de la incomodidad en la cara de la joven, sin embargo, ella le dijo que no había problema y que podía continuar, a lo que este aceptó.
Para el tiempo en que terminó de hacer las repeticiones de este ejercicio en ambos miembros, fue notorio para él que, a pesar del tiempo que llevaba sin ejercitarse, los músculos no parecían estar tan rígidos, como quizás deberían estarlo y tenían un buen rango de flexibilidad, las piernas no habían perdido demasiada contextura y, tal vez, lo más revelador es que, al levantar sus piernas, no se sentía como si estuviera cargando todo el peso de ellas.
Le hizo realizar un par de ejercicios y más y decidió que terminaría la rutina concentrándose en sus pies, con una serie de movimientos que involucraba el estiramiento del tobillo y otra repetición que se enfocaba en la flexión del empeine y los dedos.
Al finalizar, la dejó descansar un rato, antes de devolverla a la silla, aunque Akane se negó exhausta y prefirió que la llevase a recostar a la cama. Ranma la tomó en brazos y la acomodó con cuidado sobre el colchón, llenó de preocupación al verle un poco desmejorada, aún conociendo los estragos que un inicio en rutinas de ejercicios podía provocar.
—Ya verás que con el transcurrir de unas sesiones, te sentirás menos fatigada—. Le hizo saber, buscando reconfortarla de la mejor forma posible.
—Espero que sea cierto, Saotome —Le dijo, emulando apenas un leve fruncimiento en los labios—. De todos modos, no debí comer lo que mi padre me puso de más en el tazón.
—Pensé que eran amigos por las artes marciales, pero ya he comprendido que no es únicamente por eso—. Sin decirlo, un dedo giraba en círculos a un lado de su cabeza.
Después de un momento de risas, Ranma se dispuso a salir de la habitación para que la chica descansara mejor, antes de ser abordado por una última pregunta.
—¿Crees… crees que arruiné… cualquier oportunidad que hubiese podido tener?—. La voz le salió aguda y temblorosa, mientras que su mirada transmitía temor, aun así, era algo que llevaba sacudiéndola desde que él había aparecido, y no deseaba seguir alimentando la duda.
—Bueno… si te soy honesto, no creo que dejar la terapia haya sido la mejor de tus ideas —Le hizo un escaneo rápido a sus reacciones y continuó, al no ver un excesivo peligro de muerte—. A pesar de ello, con un poco de trabajo, sé que podemos recuperar el tiempo perdido.
La idea de que Akane debería realizarse nuevos estudios médicos no dejaba de revolotearle en la cabeza, no obstante, si de algo estaba convencido en su corta carrera tratando con ella, es que lo peor que podría hacer era sugerírselo en sus primeras sesiones.
O-O-O
Al atardecer, las clases en el Dojo comenzaron, siendo Ranma y Genma quienes se encargaron de liderar a la veintena de chiquillos estruendosos, mientras que Akane y su padre platicaban, casi en la entrada del recinto, alejados lo más posible de los gritos.
—Te ves muy cansada después de la terapia —Le confirmó Soun, mirando cómo los ojos se le entrecerraban por momentos—. ¿Segura que no quieres que llame a un médico?
—No, estoy bien —Señaló ella, irguiéndose en su asiento para intentar despejarse y tratando de alisar las arrugas de su traje—. Hoy no voy a participar, pero quería ver que todo fuera bien. Además, quería contarte que hablé con Nabiki.
—¿Nabiki? —Soun se puso en cuclillas para escuchar y ver mejor a su hija—. ¿Qué te dijo? Desde que encontró ese nuevo trabajo, cada vez nos visita menos.
—Me dijo que en un par de semanas tendrá unos días de descanso y vendrá a vernos —A Akane le hacía feliz ver a su hermana, y también le daba gusto ver lo brillantes que se ponían los ojos de su padre al escuchar la noticia—. Dijo que traería a Haru, para que conviva con su abuelo.
—¡Haru! —A Soun se le iluminó el rostro y terminó bailando emocionado, alrededor de Akane—. Tiene más de medio año que no lo vemos. ¡Ese chiquillo debe estar enorme!
—Y sería mejor que guardaras tu energía —Le mencionó la joven, aunque el hombre no podía calmarse—. Dijo que Haru quiere que lo lleves a nadar todos los días.
—Irás con nosotros, ¿verdad? —Soun volvió a agacharse frente a su hija y la tomó de las manos— Le diremos a Kasumi que venga con su esposo y toda la familia estará junta.
—Podría ser, pero no esperen convencerme de que vaya todos los días —Soltó una pequeña carcajada—. Me siento cansada de sólo imaginar el trayecto para llegar al lago.
Luego de seguir platicando sobre todo lo que iban a realizar en el viaje, Akane se disculpó y se retiró del lugar, aduciendo a que tenía algunos pendientes qué resolver.
El que Akane se fuera de improviso a media clase no pasó desapercibido para el artemarcialista, quien la había estado vigilando a lo lejos desde que empezó la jornada. Se dijo para sí mismo que más tarde iría a checar que todo estuviera bien con ella.
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Cuando la clase terminó, Ranma salió como un torbellino hacia el interior de la casa y fue directo a tomarse una ducha que le quitara el sudor generado en clase, se vistió de rojo con una de sus camisas chinas y pasó por la cocina para tomar un bocadillo que aplacara su hambre hasta que la cena estuviera lista y se quedó sentado un rato en el comedor, pensando si era buena idea ir a ver a Akane a su cuarto.
Al final, le pudo más la preocupación y tocó la puerta de la joven con mesura, esperando a ser recibido. Para su suerte, La voz somnolienta de ella lo invitó a pasar y este no tardó entrar.
La miró tendida en su cama, cubierta con sus cobijas hasta la mitad, aún con la parte superior visible del traje sastre en color claro que traía en el entrenamiento. Los ojos estaban hundidos ligeramente y su piel había perdido algo del brillo habitual.
—Discúlpame. Lo siento mucho —En cuanto tuvo la atención de ella, Ranma se inclinó hasta alcanzar un ángulo perfecto de noventa grados, consumiéndose en la culpa, al pensar que su terapia la habría puesto en ese estado—. Debí ser menos exigente con tu cuerpo en la primera sesión.
—No digas tonterías, Saotome —Akane se incorporó un poco para recargarse en la cama y él se acercó para ayudarle a acomodar su almohada en la espalda—. Estoy algo fuera de práctica, pero estaré genial para mañana a primera hora, ya lo verás.
—Está bien —Ranma se dejó convencer y el hecho de que lo estuviera regañando, le hizo saber que algo de fuerza todavía le quedaba—. ¿Necesitas algo? ¿Quieres que te traiga algo de cenar? ¿De beber?
—No hace falta —Dijo ella, hasta que miró la jarra con agua que utilizaba para sus pastillas casi vacía y cambió de opinión—. Olvidé pedirle a Naoko que la llenara. ¿Podrías traerme agua, por favor?
Ranma accedió sin poner objeciones y salió de la habitación con la jarra en las manos. Y aunque hizo el pedido lo más rápido posible, para cuando regresó junto a Akane, esta se había quedado completamente dormida. El chico le habló para despertarla, viendo la decena de medicamentos que resaltaban a un lado de la jarra, en el cajón entreabierto del pequeño buró y, otros tantos sobre el tocador; temía que no se hubiera tomado alguno que fuera indispensable. Después se dio por vencido y dejó la jarra en su lugar, pensando en permitir que la joven descansara, pero algo le impidió abandonar la habitación, a consciencia de que podía ser mal interpretado.
No le gustaba cómo se miraba: los ojos lucían apretujados y el ceño se le fruncía a cada tanto, sin dejar de lado el movimiento errático de sus manos, apretujando las sábanas como si quisiera romperlas. Ranma recordó lo que le había contado sobre sus pesadillas y decidió que esperaría a que despertara para asegurarse de que estuviera bien. A lo mejor, era de sueño ligero y abría los ojos en cualquier instante.
Después de un buen rato, descubrió que el sueño de ella no era para nada liviano, y el estar parado, recargándose aquí y allá, le hizo acabar sentado en la silla de ruedas de ella, jugando con el vaivén de las llantas y las palancas de freno. También había apagado la luz de la bombilla que iluminaba la habitación y encendido la lámpara que tenía en el buró, todo en plan de hacer el ambiente más cómodo para ella. Sin saberlo, hacer eso fue despejarse el camino a ceder ante su propio cansancio, y pronto también se unió al sueño; mal sentado en un espacio no adaptado a su tamaño, con el cuerpo y la cabeza echados hacia adelante.
O-O-O
A mitad de la madrugada, El artemarcialista fue despertado abruptamente por un quejido ahogado y doloroso, que no sería otra cosa que un intento desesperado por coger un poco de aire. Aún sin escuchar una sola palabra, supo al instante que se trataba de Akane.
Su primera reacción fue incorporarse de inmediato, al creer que la joven estaría hecha una furia por verlo allí en su habitación, sentado junto a ella y utilizando su silla como si fuese un vil juguete, pero la tenue luz de la lampara pronto aclaró su visión y su miedo fue transformado en un sentido urgente de ayudarla.
Akane estaba sentada en su cama; con una mano yaciendo en su pecho y la otra, aleteando cerca de su rostro, rogando que el aire encontrara el sagrado camino a sus pulmones. Su boca estaba entre abierta y jadeante y las aletas de su nariz se contraían violentamente a cada tanto, porque a pesar de necesitarlo, su cuerpo no podía procesar una correcta respiración. Su cara estaba enrojecida por la presión contenida y sus ojos lucían desorbitados, mirando hacía al frente y al vacío a la vez, con lágrimas retenidas en los bordes, porque el mismo shock en el que se hallaba no las estaría dejando liberarse.
—N-no… pued-do… rss —. Con todo el esfuerzo del mundo, logró apenas decir dos palabras balbuceadas y, sólo hasta ese momento, ella logró enfocar su mirada aterrorizada y constreñida en él.
—¿Estás teniendo un ataque de pánico?—. La pregunta le sabía a poco más que contarle un chiste estúpido, viendo la situación, pero dada su condición médica, no se lo podía tomar a la ligera.
—Ssst…—. Salió un silbido de su boca y Ranma notó el apenas perceptible asentimiento de la chica. Estaba temiendo por la salud física de Akane, sin embargo, el saber la razón, por más caótica que se mirara la escena, hizo que pudiese estar más tranquilo para los dos.
—Akane, una crisis de pánico se irá en unos minutos y estarás bien. Recuerda que estás en tu habitación, en tu cama; a salvo. Nada malo te va a pasar. Y yo me quedaré aquí contigo hasta que todo haya pasado, ¿estás de acuerdo?… —Le dijo, en un tono apaciguador. Ya más decidido, al ver otro movimiento afirmativo a su pregunta, tomó asiento en la cama, quedando frente a la joven, y empezó a inhalar profundamente, resaltando el sonido de su respiración y exhalaciones, así como amplificando el movimiento de su pecho y brazos al hacerlo; mirándola a los ojos para hacerle entender lo que quería originar.
Akane, en su férrea lucha por recuperar el control, buscó imitar los movimientos del muchacho y, aunque en un principio, su respiración brusca y entre cortada le hacía romper el ciclo a seguir, logró respirar con mayor normalidad. Su rostro fue perdiendo los rasgos aterrorizados y sofocados, mutando a un rostro consumido por la tristeza, donde las lágrimas comenzaron a brotarle lentamente, por fin.
—Caminaba de nuevo—. Musitó, todavía con su rostro bañado en lágrimas, cuando por fin pudo hilar una frase completa.
—Es un sueño recurrente en muchas de las personas que están en tu situación —El artemarcialista fue bajando la gesticulación de sus respiraciones, al ver que ya habían logrado su función, y la miró complacido, al escucharla hablando nuevamente, aun si todavía seguía muy afectada—. Después de la terapia, es normal que estés procesando lo ocurrido.
—Luego… montaba sobre el caballo —Le dijo, llevándose una mano temblorosa al rostro para limpiarse las mejillas, aunque estas siguieron saliendo—. Supe cómo terminaría si esquivaba a mis hermanas… y no lo hice.
—Sabes que eso no significa que quieras hacerles daño a tus hermanas, ¿cierto? —Ranma miró y pensó en pasarle una servilleta que había sobre su buró, para que se ayudara a secar el rostro, pero decidió que era más loable dejarla seguir. Tampoco quería hacerle sentir que debía dejar de llorar, si era lo que necesitaba.
—Caí sobre una montaña de heno —Akane bajó los párpados para no ver las imágenes, desgraciadamente, aquellas no estaban ligadas a lo que sus ojos veían; el llanto se intensificó y sus palabras terminaron siendo un chillido—. ¡Ellas terminaron destrozadas bajo las patas del animal porque no quise detenerme!
—No tienes la culpa si quieres desahogarte de esa manera—El instinto de Ranma le hizo reaccionar y abrió sus brazos para recibir a una Akane, hecha un ovillo, quebrantada de tanto luchar con sus demonios internos. Deseando que lograra encontrar un poco de paz en su abrazo—. Sólo recuerda que no permitiste que pasara.
—… Debes creer que soy un monstruo—. Le dijo, sin atreverse a mirarle, con el rostro oculto en el pecho de Ranma, sollozante.
—No, Akane. ¿Quieres saber en qué pienso? —Él se separó ligeramente y ella alzó su mirada para escucharlo, anegada todavía en sus sentimientos—. En el tiempo que llevo en esta casa, es la primera vez que te puedo sentir más humana que nunca.
Akane miró su rostro sereno, con una mirada cálida y una sonrisa tierna y supo que hablaba en serio. Como pocas veces, se sintió cobijada y trató de corresponderle, emitiendo una débil sonrisa, antes de que sus labios temblaran ante una pose insostenible y volvieran a instalarse en una mueca de tristeza. Su rostro volvió a enterrarse en el pecho de Ranma y sus brazos lo rodearon con fuerza, dejando que su llanto amargo se llevara toda la tristeza que le carcomía por dentro.
Ranma la arropó suavemente entre sus brazos y la acunó en silencio, pensando que, hasta ese momento, había conocido un poco de la verdadera Akane.
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Continuará
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Notas de autor
Hola de nuevo, he vuelto…n_n Estaba queriendo volver al menos cada 2 semanas, pero este señorito no quería terminarse de escribir. Me he dado cuenta de que he duplicado el tamaño de los primeros caps y se ha quedado cerca de hacerlo con el tercero también. Pensé en dejar lo último para el siguiente cap., y nada, mi cerebro me vio feo y me latigueó para que continuara y terminara como debía terminar XD. Confieso que le estaba huyendo a la última escena XD jaja
Este capítulo me ha costado porque tuve que hacer investigación y pido perdón si hay bastantes licencias por el camino, aunque traté de apegarme lo más que pude. También me sirvió de experiencia que el año pasado me lastimé un pie haciendo ejercicio y terminé en varias sesiones de fisio. Me alivió, eso seguro, pero acababa hecha un desastre. Busquen "zorro disecado meme" en Google y encontrarán una foto mía tal cual, jajaja.
Quiero dar las gracias por el recibimiento que tuvo el anterior capítulo. La verdad es que no pensé que fuera siquiera a ser leído, pero me alegró de que lo hayan hecho. Muchas gracias a todos los que se toman el tiempo de leer, de añadir a favoritos, seguir, etc y, sobre todo, a aquellos que me dejan un comentario para saber su opinión. Os sabeís que escribir es un gusto personal por el que no ganamos ni un céntimo, así que leerlos a uds., es como una forma de recompensa para nosotros y, sobre todo, de saber si vamos por buen camino…n_n
Gracias por llegar hasta aquí, espero que hayan disfrutado la lectura y nos estamos viendo pronto.
