Intento 8
Estaba sentado en su cama, con los codos apoyados sobre sus rodillas. Estaba tan quieto como una estatua. La mirada fija en algún punto indefinido daba pista de que su mente no estaba ahí, sino que se encontraba aun repasando en su cabeza todo lo ocurrido, desde su desliz con No.6, pasando por la agria y juiciosa mirada de No.2, su junta con White y el confort que sintió cuando No.6 fue a su habitación. Definitivamente estaba haciendo las cosas mal. Pero no dejaba de recordar ese momento en el que estuvo instruyéndolo.
De repente, tuvo un sobresalto cuando sintió su rostro ser sujetado entre dos manos y cuando enfocó, notó al atacante frente a él. ¿Tan distraído estaba?
— ¿Algo le preocupa, instructor?
La sonrisa gatuna lo perturbó. No quería verlo. Verlo solo volvía más tangibles las imágenes de su cabeza de todo lo que había hecho con él y que no debía repetir. Giró su cabeza en un intento por deshacerse del agarre.
No.6 lo soltó de buena gana y cruzó sus manos detrás de su espalda.
— ¿Necesitas algo? — le apuró Black, esperando lograr alejarlo.
No.6 se encogió de hombros y se sentó con él, quitándose el visor.
— Estaba demasiado distraído señor, pude haberle robado el pin de haber querido.
— Debiste aprovechar.
No.6 se inclinó hacia él, casi recargándose, sin dejar de ver su rostro, acercándolo innecesariamente, en opinión de Black.
— Creí que el objetivo de mi entrenamiento era que aprendiera algo. No hacer trampa — mintió.
Definitivamente, hacer trampa no era algo que le molestara y fastidiar a Black era más bien, una afición. Sin embargo, no significaba que no pudiera torcer las cosas lo suficiente para atraer a su dulce instructor hacia sí.
Las palabras de No.6 le supieron amargas a Black, de haber sido un color, habría elegido "gris" para describirlas.
— ¿A qué viniste? — presionó Black poniéndose de pie y creando distancia, quería sacarlo de ahí rápido.
La mirada de No.6 había cambiado ligeramente, la de hacía unos segundos parecía curiosa, la de ahora lucía excitada, como si al pararse hubiese activado el interruptor de un depredador que ve huir a una presa.
Entonces ¿él era la presa?
No podía decir que no lo sabía, pero aún tenía le esperanza de poder negarlo. Esa mirada la vio mucho en las pantallas que White le mostró en su reunión anterior.
No.6 desvió la mirada un momento y giró su rostro con una sonrisa altiva, parecía orgulloso de algo, aunque Black no lograba entender del todo al muchacho.
La mirada de Black descendió de la sonrisa presuntuosa hacia el cuello y la clavícula del castaño. Le gustaba la vista de esa gargantilla que usaba. Se castigó a sí mismo, desviando la mirada lejos de su estudiante. Como ya había estado con él, algunas de esas imágenes se superponían en su memoria. Se reprendió.
No debía ser así.
Luego, se forzó a volver a posar la mirada en él, sin romper el contacto esta vez. Un superior no debía huir de su subordinado. Debía ser digno.
— Habla, es una orden de tu superior — él mismo se sintió extrañado de usar su rango para ello y fue ahí donde comprobó irrefutablemente que White tenía razón.
El usar su rango era su manera de protegerse, porque, aunque no le agradaba admitirlo, lo había disfrutado y ese era el problema, no se supone que lo hiciera. Por eso, ahora su rango era la única línea que lo protegía y distanciaba del atacante.
Ensanchando la sonrisa presuntuosa, el muchacho se puso de pie y saludó. Estaba complacido de cualquier recurso que Black usara para confrontarlo.
— Tenía algunas dudas sobre mi entrenamiento, señor — mintió.
Él lo sabía y, aun así, volvió a tomar asiento en la cama.
— ¿Qué tipo de dudas? — preguntó con la disposición de su rol como instructor.
Ambos sabían que era una fachada.
— El otro día ¿cómo hizo para quitarme de encima? Quisiera que me enseñara eso.
Black lo sabía.
No.6 lo sabía.
— ¿Quieres aprender eso?
— Por supuesto.
Se observaron mutuamente. La expresión impávida de Black y la expresión cínica de No.6 compartieron un silencio cómplice.
— Podrías simplemente revisar los datos.
— ¿No es algo que es mejor practicar con alguien? Dudo que No.9 sea un buen candidato para practicar— su sonrisa no se atenuó en ningún momento.
Black suspiró y cerró los ojos breves momentos, intentando pensar en qué hacer, no debía cruzar ninguna línea más, no de nuevo. Además, tampoco quería dejar a su sanador desprotegido y expuesto a algo que él enseñó.
Su tiempo para pensar se terminó cuando sintió a No.6 empujarlo por los hombros hasta recostarlo y encajonarlo entre la cama y su cuerpo. No podía decir que no sabía que el haría eso. Pero tampoco podía asegurar que lo sabía.
— Este no es el lugar para este tipo de entrenamiento. Si quieres entrenar defensa, debemos ir a alguna sala de entrenamiento.
El instructor sintió la fuerza y el peso del castaño sobre sí, igual que las posaderas del muchacho sobre su cadera. Pronto, sus manos fueron apresadas entre las del muchacho y el aliento cálido chocaba con sus labios.
No.6 estaba tan cerca, que, al murmurar sobre él, sentía ocasional contacto entre sus labios.
— ¿Y ahora que hará instructor? ¿Va a enseñarme?
La tortuosa tentación hizo que Black sintiera el tiempo ir más lento. Pronto encontró su destino cuando sintió nuevamente los labios de su alumno rozar los suyos. Sintió la fuerza disminuir del agarre en sus manos cuando las de su alumno se llevaron sus guantes.
La fachada para poder protegerse continuaba. Y ambos lo apreciaban.
Black movió hacia un lado y giró su cadera para generar un espacio entre él y No.6 para finalmente con pocos movimientos girar y cambiar posiciones.
— Así es como se hace — aseguró.
Tenía el cuerpo del muchacho bajo el suyo, con sus manos apoyadas a cada lado de la cabeza castaña; a diferencia de un entrenamiento, no había apresado sus manos, lo cual, hacía evidente para ambos que no intentaba detenerlo. Sabía que debía hacerlo y una parte de su mente le decía que lo hiciera, pero no se movía. Ambos entendían que simplemente, había intercambiado posiciones con él.
No.6 parecía satisfecho, pronto, así como estaba acostado y sin darle tiempo a alejarse, pasó sus brazos por detrás del cuello de Black. De a poco, comenzó a hacer algo de fuerza para atraerlo hacia sí.
Por un par de minutos, Black permaneció donde estaba, sin permitirse mover su cuerpo, no quería ceder ante la fuerza del muchacho frente a él. Sabía que No.6 no estaba poniendo demasiada fuerza, era simplemente que su voluntad era débil. Se había vuelto débil ante él y no dejaba de preguntarse ¿por qué?
El castaño puso un poco más de fuerza, aunque considerablemente menos de la que él mismo pensó que necesitaría; Black comenzó a ceder pues, realmente no estaba oponiendo mucha resistencia. No.6 supo por qué: Black estaba casi hipnotizado por sus labios.
Alzó levemente su barbilla, ofreciéndole sus labios. Finalmente, sintió a Black desfallecer ante su fuerza y terminó de atraerlo hacia sí para premiarlo. Los codos de Black ahora estaban a cada lado de su cabeza, sus cuerpos estaban más cerca.
Los labios esponjosos recibieron al instructor, quien, sin poder resistirlo, comenzó a libar de ellos. Y mientras lo hacía, unas imágenes se apoderaron de la mente de Black. Se sobreponían imágenes de él mismo y No.6 aquel día e imágenes y sensaciones de unos labios idénticos que no podía ya despegar de los de No.6.
De alguna forma se sintió sorprendido, ahora entendía aun más, de donde provenía su anhelo y esa soledad. Todo eso pertenecía a sus pseudomemorias. Aquellas memorias que funcionaban básicamente como una maldición para varios androides. Las suyas eran de alguien besando unos labios como los que en ese momento besaba, no eran labios cualesquiera.
Su mente hizo una especie de sátira, recordando un cuento de hadas que entretenía a los humanos, donde un príncipe buscaba a su princesa por medio de una zapatilla de cristal. Solo los pies de la chica en cuestión podrían usar esa zapatilla, de la misma manera que solo esos labios podrían encajar de manera tan perfecta con los suyos.
Finalmente había resuelto uno de los misterios, el por qué, los labios del caracal le resultaban tan atractivos, tan adictivos…tan *…no. No quiso pensar en la siguiente palabra.
Quiso alejarse de nuevo, pero su cuerpo no cooperaba con él. De hecho, notó que en realidad ahora una de sus manos estaba detrás de la nuca de No.6, como si quisiera evitar que él se alejara, aunque evidentemente era imposible en ese momento. Su otra mano, estaba desabrochando un pantalón, aunque estaba su mente tan viciada del atacante, que no supo distinguir si era su pantalón o el del muchacho.
Sintió las manos inquietas del muchacho arrebatarle la labor. Como todo atacante, siempre tenía prisa por avanzar. Ambas anatomías estuvieron expuestas, la cadera del muchacho se levantaba para rozarse con él, intentando así prolongar las sensaciones y acentuarlas. Black comenzó a masajear con cuidado ambas longitudes, tomando una de las manos de No.6, para instruirlo en el cómo debería hacerlo. Mientras sentía cómo movía su cadera tal cual lo había enseñado y escuchaba algunos gemidos que él mismo intentaba ahogar.
Finalmente, se obligó a separar sus labios de los de su alumno y cubrió su boca con la mano que antes estaba en la nuca castaña, todo antes de que protestara.
— ¿Qué no te lo enseñé la vez pasada?
No.6 buscó su mirada, intentando comprender, por qué Black estaba deteniéndose y qué tipo de cosa debía recordar.
Black comenzó a amoldar la mano de No.6 para que pudiera masajear a ambos.
— Debes interesarte más por tu compañero que por ti mismo — repitió Black.
La boca de No.6 seguía cubierta por la mano de Black, pero el mayor pudo sentir su sonrisa bajo ella; la mirada felina tintineó con un brillo tan perverso como gratificante. Luego, la juguetona lengua se enredó en los dedos del instructor.
— ¿También quiere sentirse bien, señor? — preguntó exhalando pesadamente.
Black chocó con esa pregunta. La respuesta era obvia para ambos, pero, no se suponía que el…
Sin técnica y con pura fuerza bruta, No.6 cortó los pensamientos de Black al quitárselo de encima. El instructor confirmó la abrumadora diferencia entre ambos, No.6 lo recostó y gateó un poco hasta colocarse a la altura del miembro de Black.
Con parsimonia, abrió su boca y comenzó a palpar la punta de la longitud del instructor con sus labios, sintiendo algunos espasmos en el cuerpo de Black y pesados suspiros. De repente, sintió a Black medio incorporarse, como si buscara detenerlo. Entonces se comprometió más con su tarea y engulló lo que pudo del miembro de Black en su boca.
— Cuidado con los dientes… — murmuró el instructor, sorprendiéndose un poco de la voz tan gutural que había salido de él.
Lo cierto es que aquellos labios se sentían tan bien abrazando su miembro, que los restos de lucidez que tenía se fueron. Sujetó la cabeza de No.6 e intentó alejarlo. Pero el menor no quería detenerse y no le quitaba la mirada de encima, viendo todas y cada una de sus reacciones. Se vio obligado a pedirlo, No.6 era de pensamiento ágil, si usaba las palabras adecuadas comprendería.
— Así no…
No.6 comprendió que nuevamente lo instruiría, ya no tenía que convencerlo de nada. Así que se detuvo, aunque dejó sus labios envolviendo el miembro de Black, básicamente, teniéndolo como una especie de rehén.
— Ven aquí y recuéstate del lado contrario— espetó Black jalándolo un poco del brazo.
El mas joven arqueó una ceja inicialmente, pero luego comprendió y con satisfacción, se posicionó como el azabache le ordenó. Black tomó el miembro de No.6 y empezó a atenderlo con su boca.
— Hazlo así — dijo envolviendo al menor.
No.6 liberó un gemido. El menor se sintió impactado, eso se había sentido muy bien. Continuó sintiendo la lengua de Black en su miembro, disfrutando las caricias húmedas. Echó la cabeza hacia atrás y se mordió los labios, únicamente deleitándose. Y entonces, sintió a Black detenerse.
Con un pequeño gruñido volteó a verlo, buscando una explicación. Lo que vio fue un movimiento de cabeza de Black, como alentándolo a imitarlo. Entonces, No.6 comprendió que, si se detenía, Black lo haría también, interrumpiendo su placer. Después de todo, el azabache lo estaba instruyendo para darse placer mutuo.
Eso le provocó un cosquilleo y sus pupilas se dilataron. La idea de Black castigándolo por no complacerlo lo excitaba a sobremanera, aunque aún no estaba muy seguro de por qué lo excitaba tanto. Así que se dispuso a seguir las instrucciones de Black, una vez más, evolvió la hombría de Black con sus labios, en un ángulo que sabía el instructor podría verlo mejor y empezó a imitar sus movimientos. Enseguida sintió la húmeda y cálida boca de su instructor premiarlo.
Por supuesto, le era complicado, el miembro de Black era considerablemente grande y le era casi imposible engullirlo por completo. No obstante, eso no le detuvo de aprender. Como atacante, su comprensión y memoria muscular eran más sofisticadas, así que no tardó mucho en entenderlo.
Cuando puso suficiente atención y en su cerebro se tradujo el movimiento correcto de músculos, continuó sincronizándose con el movimiento del mayor, sintiendo una sobrecarga en sus sentidos. Entre más exacto imitaba los movimientos con su boca, más sentía la boca de Black moverse en él, hasta que no pudo evitar liberar su tensión en la cavidad del instructor.
Permaneció ahí temblando con espasmos deliciosos que acentuaban el conocimiento que ambos ya tenían: Su cuerpo era considerablemente más sensible que el de otras unidades. Al ser un atacante, su piel percibía con facilidad cambios de cualquier tipo, irónicamente, aunque era susceptible a las sensaciones mínimas y al placer, su umbral del dolor era bastante alto y ocasionalmente, el dolor le provocaba algo diferente.
Su mente estaba algo nublada, mientras trataba de recuperarse. Sonidos extraños llegaron a la consciencia de No.6, notó entonces que Black estaba ahora recostado de su mismo lado. Tomó sus labios al tiempo que se masturbaba.
No.6 pensó que era un desperdicio dejar así la erección de Black, pero le permitió al menos saborear sus labios, ya tenía algo pensado. Detuvo las manos de Black y lo empujó. Le era difícil moverse, pues aún seguía muy sensible, pero quería lograr algo.
— ¿Quedaste insatisfecho? — preguntó el instructor, tomándolo por sorpresa.
¿Por qué le preguntaba algo como eso? Y más aún ¿por qué de esa forma? No tenía ganas de ponerse a analizarlo en ese momento.
No.6 se montó en él y se penetró con el miembro hinchado del instructor. Ambos exhalaron pesadamente y con dificultad, el castaño empezó a moverse en un vaivén semicircular, buscando más placer y a su vez, que el instructor terminara también.
Le había gustado la primera lección y estaba dispuesto a repetirla. Dentro de sí, había sensores que generaban una explosión de sensaciones tan gratas que no dejaría pasar la oportunidad. Si bien, aun no podía activar su miembro, las sensaciones que tenía en su interior eran algo dolorosas, pero ocasionalmente lograba sentir ese cosquilleo fugaz que la última vez lo había encantado. Sentía una especie de calor electrizante en las plantas de sus pies y sus manos.
El ritmo aumentó hasta finalmente, Black terminó su descarga junto a una sonido gutural y sordo. Los dos permanecieron así un poco de tiempo, hasta que No.6 decidió tumbarse a su lado, apoyando su cabeza en el brazo del azabache.
Pasaron algunos minutos en silencio, con sus miradas en diferentes sitios. Black de reconectó con la realidad y se vio nuevamente confrontado con el "deber ser". Algo en sus músculos lo delató. No.6 volteó a verlo y cuando sus miradas se encontraron, el mayor comenzó:
— No.6, n…
Fue callado con un beso. En ese punto ambos sabían lo que Black quería decir. Así que No.6 evitó que lo hiciera, sabía el efecto que sus labios tenían en el instructor. Cuando terminó el beso, colocó su mano sobre los labios de Black.
— Le aseguro que puedo ser más discreto de lo que piensa, señor — lo interrumpió.
Black calló.
Sabía que debía decir algo, pero se permitió ser silenciado por el muchacho junto a él. Por un momento, quería creer que esa pseudomemoria tan relajante y adictiva, era su realidad.
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Si bien, pese a lo que Black pensó, el más joven se comportaba como si nada en los entrenamientos y no daba pista alguna de lo sucedido a otros. Aunque era travieso, sí sabía ser discreto como había dicho. Por supuesto, las cosas cambiaban cuando estaban a solas en puntos ciegos, No.6 se apegaba a él sujetándolo del brazo o había pequeños roces entre ellos, miradas, caricias disimuladas. Él no quería acostumbrarse a No.6, la misión que tendrían que cumplir resonaba siempre en su cabeza, igual que las palabras de White que ahora funcionaban como una especie de maldición. Para su desgracia, en el fondo sabía que ya se había acostumbrado a él.
Lo que sí, es que, se volvió una costumbre entre ellos las lecciones privadas. Estaba consciente de que No.6 había comenzado a usar su entrenamiento como excusa para perpetuar esa extraña situación. Y él, al no detenerlo, no podía declararse totalmente inocente.
Volvió a concentrarse en el trabajo cuando creyó que el sanador le preguntó algo.
— ¿Instructor?
— Disculpa, No.9, no te escuché.
— No hay problema. Le preguntaba, que me dijeron que a partir de mañana comenzaré a entrenar con los modelos gemelos ¿es verdad?
— Sí, a partir de ahora, una parte de tu entrenamiento se centrará en cuerpos reales.
— Sí, gracias a eso ahora entreno con No.6. Estoy emocionado de conocer a mis nuevos compañeros.
Black recordó que justamente, su entrenamiento con cuerpos vivos se había adelantado gracias a las lecciones privadas que No.6 tenía con él. Precisamente se había modificado el entrenamiento de No.9 para evitarle moverse mucho en esa primera vez a No.6 y para asegurar su funcionamiento optimo. Se reprendió, no se supone que deba modificar sus entrenamientos por cosas que no debían pasar, White tenía razón. Pero también, si ocurrían esas cosas, tampoco podía solo dejarlas de lado ¿o sí? Debía encargarse de ellas y dejar a su personal en buenas condiciones. Intentando desviar su mente, se concentró de nueva cuenta en la charla con su alumno.
— ¿Y qué te pareció?
— ¿Eh?
— Hablo de No.6 ¿qué te pareció? ¿Sientes que pudiste coordinarte bien con él?
— Me parece una persona animada, es muy fuerte, en realidad admiro su habilidad, yo no soy bueno en combate. Aunque no termino de entender todos sus comentarios. Supongo que ya nos conoceremos más en la misión.
Black no supo como sentirse con los comentarios de No.9, o más bien, sabía que no debía sentir nada. Todo debía ser objetivo, pero algo raro sentía.
— Sí, seguramente. Es inquieto y se aburre con facilidad, pero estoy seguro de que cubrirá bien su trabajo — respondió el azabache.
— ¡No.9!
Black y No.9 se sorprendieron cuando No.6 abrazó desde atrás al sanador.
— Gracias por el tratamiento del otro día.
— Formaba parte de mi entrenamiento, al contrario, gracias a ti.
— Estoy seguro de que me siento más enérgico porque estás aquí — dijo aun abrazándolo y observando a Black. No.6 se aseguró de que Black lo viera hundir su nariz en el cabello de No.9 — Hueles muy bien.
— ¿Eh? Ah…
No.9 evidentemente no sabía cómo reaccionar al comentario, así que intervino.
— ¿No.6, ya hiciste tu rutina de entrenamiento de obstáculos?
— Justamente voy para allá.
— Entonces ve.
No.6 abrazó ahora a Black por detrás e inspiró.
— Usted también huele muy bien, instructor.
— … — Black no respondió su comentario.
No quería darle ni una sola idea.
— Solo quería saludar — sonrió.
Black le mostró el pin que intentaba arrebatarle.
— Fallaste — agregó con su voz impasible y firme.
— Ya será otra vez — dijo mientras se adelantaba dando algunos saltos.
Cuando se alejó lo suficiente. No.9 no quiso quedarse con la duda y preguntó:
— ¿Qué es eso? — inquirió No.9
— Un entrenamiento especial para él. Los atacantes ocupan mucha atención.
— Si no se mantiene ocupado parece que terminará por destruir el bunker ¿no? — dedujo sin equivocarse.
— Precisamente.
— Parece difícil.
— Solo tiene mucha energía — repitió Black, esperando que, si lo mantenía ocupado y gastando energía, no habría problema alguno.
Si lo canalizaba adecuadamente, quizá, no era tan malo permitirle ser.
