- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.
"Psycho killer"
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Capítulo III
"Tormenta de emociones"
Las cuatro personas que se encontraban en ese pasillo de la universidad parecían haber sido momentáneamente petrificadas, puesto que por un momento sólo se dedicaron a observarse sin poder reaccionar, hasta que escucharon una voz femenina realizar una simple pregunta que pareció romper el hechizo.
-¿Son tus amigos, Sayuri? –preguntó una dulce voz sacando a todos los que permanecían ensimismados en aquella escena de sus respectivas cavilaciones.
-Un compañero de la preparatoria –contestó la aludida observando a una chica de largos y castaños cabellos que había llegado a su lado-. Uno de ellos –concluyó.
-Vaya, qué sorpresa –dijo la chica con una tenue sonrisa observando con sus penetrantes ojos verdes a los dos jóvenes que permanecían de pie frente a ellas y notando enseguida que el de largos cabellos trenzados se encontraba rígido y sin saber qué hacer.
-Naoko –dijo Sayuri tratando de hacer las presentaciones correspondientes-, él es Saotome Ranma, un compañero de clases mío y de Akane en el Instituto Furinkan, y él es...
-Fukuda Hansuke, un amigo –atinó a decir Ranma. El joven que se encontraba a su lado sólo hizo una perfecta reverencia hacia las tres chicas quienes contestaron de inmediato el gesto-. Mucho gusto, Naoko –continuó Ranma al parecer saliendo finalmente de su letargo y recuperando así algo de calma y seguridad- Hola, Akane –susurró después haciendo una inclinación con su cabeza hacia la otra chica. El sólo pronunciar ese nombre parecía haberle quemado por dentro.
-El gusto es mío, chicos –contestó la muchacha de castaños cabellos saludando alegremente.
-Saotome –contestó secamente Akane haciendo un despectivo movimiento de cabeza a modo de saludo en dirección al joven de trenzados cabellos.
-¿Y qué hacen acá? –preguntó la joven castaña al parecer totalmente ajena a la tormenta de emociones de la que estaba siendo partícipe-. ¿Piensan ingresar a la universidad?
-No –contestó Hansuke viendo que Ranma no hacía nada por demostrar algo de amabilidad hacia las tres muchachas-. Estamos investigando un caso.
-¿Son policías? –fue el turno de preguntar de Sayuri.
El joven de castaños cabellos sólo asintió, pero no pasó desapercibida para él la expresión de absoluta sorpresa que se instaló en el atractivo rostro de la joven de azulados cabellos. Observó de soslayo a su compañero y éste tenía la expresión más seria y solemne que él jamás hubiera visto reflejada en su amigo.
-¿Pasa algo extraño en la universidad?, ¿estamos en peligro? –se inquietó Sayuri de inmediato.
-No, despreocúpense –intervino nuevamente el joven de ojos verdes al percatarse que al parecer su compañero no tenía intenciones de contestar-. Estamos recopilando información y da la casualidad de que el chico que nos puede ayudar estudia en esta universidad, pero no dimos con él y estábamos a punto de retirarnos.
-Ah, pero quizás una de nosotras pueda…
-Sayuri, no creo que ellos tengan tiempo para seguir conversando contigo –se escuchó la demandante voz de la chica de cabellera azulada.
Akane había dado la primera señal de alarma interrumpiendo a su amiga para tratar de terminar esa conversación y luego observarla como si quisiera matarla en ese mismo lugar. Ranma la observó con una mezcla de curiosidad y sorpresa. Al parecer, ella se sentía tan incómoda como él lo estaba en aquella situación y no estaba consiguiendo disimularlo.
-Akane, no siempre puedes encontrarte con alguien que dejaste de ver desde que saliste del Instituto –le reclamó su amiga.
-Y no siempre ese encuentro resulta ser agradable –comentó Akane tratando de hacerle ver a su amiga que no se sentía cómoda.
-Pero Akane, tú misma me contaste que no habías sabido nada en más de cinco años de tu prometido…
-¡Ex prometido! –exclamó la chica furiosa-. Ex prometido, y te aseguro que no quiero seguir enterándome se su vida, menos aquí en la universidad.
-No es como si yo quisiera contarte algo respecto a mi vida –intervino Ranma con el ceño totalmente fruncido.
-Bueno, creo que es mejor que nos vamos –se apresuró en decir Hansuke tratando de evitar la tormenta que intuía estaba a punto de desatarse al comprobar que su amigo estaba próximo a perder la poca calma que todavía conservaba.
-Sí, será lo mejor –asintió Ranma girando levemente su cuerpo para tratar de avanzar, sin embargo, las palabras de Sayuri lograron detenerlo.
-Esperen un momento –dijo la chica de pronto-. ¿Cuánto tiempo hace que dejaste su casa, Ranma?, ¿cinco, seis años? Ustedes dos no pueden estar escondiéndose uno del otro por tanto tiempo.
-Sayuri…
-No, Akane. Eres mi amiga y sabes que te quiero como a una hermana, pero también sabes que los chicos de la preparatoria quieren juntarse nuevamente para recordar viejos tiempos y qué mejor que invitar a nuestro ex compañero. Te aseguro que todos se pondrán muy contentos de volver a verte, Ranma- dijo Sayuri sonriéndole al joven de la trenza.
-Si quieres invitarlo por mí está bien, pero ten por seguro que no contarás con mi presencia si él va a esa reunión.
-Akane…
-¡Hey!, todavía sigo aquí y creo que debería ser yo el que decida si quiero ver a esa gente de nuevo, aun así no soy un monstruo y tampoco tengo una enfermedad contagiosa como para que tengan que mantenerme escondido, además, fue ella quien…
-¡Fui yo la que hizo qué! –gritó Akane fuera de sí.
El joven de ojos verdes dio un respingo al igual que las dos chicas al detectar la furia en la exclamación de la chica de azulados cabellos. Él lo sabía, la tormenta que había presagiado había estallado y ciertamente él no tenía intenciones de permanecer en el medio. Hizo el intento de retroceder y le dedicó una mirada demandante a su compañero para exigirle que salieran de ahí de inmediato, pero lo que vio reflejado en los ojos de Ranma lo detuvo de hacer cualquier comentario o solicitud. Su compañero y amigo seguía con su semblante serio, pero sus ojos estaban fijos en la chica de azulados cabellos; ojos que parecían haber adquirido la dureza del acero.
-Repite una vez más lo que dijiste esa vez, vuelve a insultarme otra vez y verás de lo que soy capaz, Ranma Saotome. ¡Dilo! –le desafió avanzando un paso hacia donde se encontraba el joven mirándola con dureza.
El joven de trenzados cabellos empuñó ambas manos y apretó los labios hasta que estos formaron una delgada línea en su rostro. Estaba haciendo su mayor esfuerzo por contenerse y no contestar a la provocación porque sabía muy bien que si repetía aquellas palabras que la chica esperaba dijese, no sólo la dañaría a ella, sino que también se pondría en evidencia revelando un secreto que al perecer todavía permanecía oculto y para qué negarlo, a pesar de todo lo que había pasado entre ellos, a pesar de haberse separado, a pesar de no haberla visto por más de cinco años, ese sentimiento de protección hacia la que había sido su prometida todavía permanecía intacto. Entre ellos podían aborrecerse y tratarse muy mal, pero algo muy distinto era ofenderla delante de personas que no tenían por qué enterarse de sus problemas pasados.
-Basta ya –terció Sayuri-. Ranma, estamos organizando una reunión de ex compañeros del Furinkan para las próximas semanas, ¿te interesa ir? –complementó con fingida inocencia, el joven se encogió de hombros sin apartar su furibunda mirada de los ojos de Akane quien tampoco tenía intensión de apartar sus ojos de los de él-. Bien, te avisaré si me dejas tu número.
-Dependerá del día y la hora –escupió-. Por mi trabajo no cuento con mucho tiempo libre, Sayuri.
-Me parece bien, nos organizaremos.
-Bien –dijo haciendo una forzada reverencia-. Me voy, te espero en el automóvil, Hansuke.
-Espera, Ranma –dijo Sayuri, mientras veía a su ex compañero alejarse para avanzar a grandes zancadas sin dirigirle ni siquiera una mirada a Akane-, no me diste tu número de teléfono.
-Pregúntaselo a Hansuke –gritó sin darse vuelta.
Las tres chicas lo vieron alejarse rápidamente, esquivando a todo aquel que se cruzaba en su camino para luego desaparecer de su campo visual. Estaba claro que aquel sorpresivo encuentro no había sido grato para el joven de la trenza, y también estaba claro que para la joven de azulados cabellos tampoco había sido agradable volver a encontrarse con quien pensó jamás volvería a ver y aún así, sus ojos no pudieron dejar de observarle hasta perderlo de vista entre la multitud. Exhaló un corto suspiro y enfocó su mirada en sus manos, sumergiéndose en sus propios pensamientos y recuerdos.
Permanecía sentado tras el manubrio del automóvil, totalmente inmóvil, con sus ojos cerrados y los brazos cruzados a la altura del pecho, esperaba. Haciendo un gran esfuerzo para tratar de calmarse, esperaba a que su compañero llegara para salir de aquel lugar, para alejarse de allí, para escapar de su pasado… para huir de ella.
Frunció el ceño y una mueca de desagrado apareció fugazmente en sus labios.
¿Por qué había sucedido? ¿Por qué se habían vuelto a encontrar después de tanto tiempo tratando de evitarse? ¿Por qué ella estaba ahí? ¿Por qué ahora? ¿Por qué aquí? Y sobre todo, ¿por qué sentía que todo volvía al punto de partida?
¿Qué estaba sucediendo con él? Habían pasado muchos años, no tenía ningún sentido que después de todo ese tiempo no se encontrara preparado para un encuentro de aquella naturaleza con ella, la chica a la que había jurado no volver a ver nunca más.
"Entonces, si no puedes entenderlo. Si no logras aceptarlo, quiero que te vayas y no vuelvas nunca más. No quiero verte nunca más en mi vida, Ranma Saotome, y entiéndelo bien, si das la vuelta y te alejas de esta casa ahora, ya no quedará nada entre nosotros, ni siquiera los cimientos de un tonto compromiso o una antigua amistad."
No era oportuno encontrarse con ella en ese momento de su vida, no estaba en sus planes; nunca lo había estado y sin embargo, el destino parecía querer jugarle una mala pasada al volver a ponerla en su camino.
No quiero verte nunca más en mi vida, Ranma Saotome.
Chasqueó la lengua al recordar aquella frase. Él había cumplido a cabalidad con aquella condición impuesta por la que había sido su prometida y ciertamente tampoco tenía la intención de volver a verla, después de todo, él había sufrido demasiado cuando todo había ocurrido y ella lo había alejado de su lado. Además, había tenido que recomponer todo a su alrededor, forjándose a pulso una nueva vida, alejado de todo lo que le era conocido para después de mucho esfuerzo conseguir algo de estabilidad y ahora, todo lo que había dado por superado volvía a golpearlo emocionalmente logrando hacer tambalear esa precaria estabilidad que a él tanto le había costado conseguir. Gruñó golpeando con ambos puños el manubrio del automóvil, porque algo le decía que, desde aquel encuentro fortuito, existía la remota posibilidad de volver a repetirlo y entonces, ¿cómo reaccionaría?
-¿Qué se supone que deba hacer ahora? –susurró llevándose una mano a sus ojos cerrados.
Y es que simplemente y a pesar de todo el rencor que le guardaba a la chica, no podía negar que su corazón había acelerado sus latidos cuando la había divisado y esa sensación de náusea en el estómago había vuelto apenas la había visto de pie tras su ex compañera de clases; aquella sensación tan peculiar de vértigo; era como si allí frente a ella se hubiera abierto un precipicio y él se encontrara en la orilla, a un paso de caer al vacío.
-Diablos –dijo para sí golpeando con una mano el manubrio una vez más-, esto es estúpido.
Se recostó totalmente en el asiento que ocupaba para tratar de serenarse, rogando a todos los dioses que no le impusieran la dura prueba que para él significaría el volver a encontrarse con ella.
En el interior del recinto universitario, las tres chicas permanecieron en el lugar en donde se había producido ese extraño e inesperado encuentro, mientras observaban alejarse con rapidez al joven de castaños cabellos quien había garabateado en un cuaderno de Sayuri el número telefónico de su amigo y compañero. La chica suspiró viendo los números anotados en su cuaderno y luego se lo enseñó a la joven de azulados cabellos.
-Su número de teléfono –dijo sonriendo de medio lado.
-¿Y por qué me lo muestras a mí?
-Podría interesarte –contestó su amiga encogiéndose de hombros-. ¿No te da un poco de curiosidad saber de él?, ¿saber cómo es que se convirtió en policía?, ¿qué ha sido de su vida durante todos estos años?
-No –dijo fulminando con la mirada a su impertinente amiga-. Desde que dejó Nerima nunca me importó lo que pasara con él, y no me va a interesar ahora tampoco.
-Pero Akane, quizás éste sea el momento de aclarar las cosas entre ustedes y…
-No hay nada que aclarar entre nosotros, Sayuri –le interrumpió su amiga-. Él se fue porque yo se lo pedí y con eso conseguí tener una vida tranquila hasta hoy. No quiero volver a complicarla, así que no quiero escuchar nada referente a su vida pasada, presente o futura. Además, si ustedes dos no hubieran insistido en venir hoy a realizar nuestros trámites, yo no me hubiera encontrado con él y todo seguiría tan apacible en mi vida como hasta antes de ver su estúpido rostro.
-¿Te sientes bien, Akane? –preguntó la chica que había permanecido en silencio al lado de Akane y Sayuri-, te ves bastante alterada, ¿es por el policía de la trenza?
-Estoy bien, Naoko –mintió alejándose de sus dos amigas.
-¿Dónde vas? –cuestionó Sayuri.
-A los jardines, si quieren me alcanzan allá después.
Las dos chicas se quedaron observando a la joven alejarse velozmente en dirección a uno de los jardines. Para Sayuri estaba claro que Akane mentía, porque había sido cuestión de ver su reacción al encontrarse con Ranma para saber que ella aún no superaba del todo el quiebre de su relación con el artista marcial, aunque ella quisiera convencer a todo el mundo de lo contrario. Para Sayuri había quedado claro que tras esa mirada de odio que su amiga le había dedicado a su ex prometido se encontraba oculto todo el dolor que ella seguramente había guardado por años en su corazón.
-Vamos, Naoko, acompañemos a nuestra amiga –dijo avanzando hacia los jardines seguida de cerca por la muchacha de castaños cabellos.
El sonido que emitió la puerta del automóvil al abrirse sacó a quien se encontraba dentro de inmediato de sus cavilaciones.
Hansuke subió al automóvil y observó por unos segundos a su compañero sentado en el asiento del conductor, tapándose los ojos con un brazo y totalmente recostado en el asiento. Suspiró, pero no dijo ni media palabra referente a lo que había sucedido hacía poco tiempo al interior de aquella universidad.
Él, que había visto toda la escena como si estuviera presenciando una película y que además conocía de boca del propio Ranma la historia que lo unía con la chica de azulados cabellos no tenía que preguntarle a su amigo el motivo de su abatimiento. Comprendía lo difícil que podía resultar para él haberse encontrado con la mujer que le había roto el corazón y que, además, con o sin intención, lo había obligado a cambiar el rumbo de su vida casi sin tener oportunidad de pensarlo demasiado.
-Supongo que le diste mi número a la parlanchina.
La frase la formuló en un tono de voz tan bajo que a Hansuke le pareció que su compañero le hablaba en susurros.
-Sí –contestó observando cómo Ranma se erguía para arrancar el automóvil al mismo tiempo que asentía con un leve movimiento de cabeza-. Veo que quieres conducir ¿Volveremos a la oficina?
-¿Por qué?, tenemos que ir a ver si encontramos al hermano de la chica primero.
-Creí que luego de lo que pasó ahí dentro querrías dejarlo para después –contestó encogiéndose de hombros.
-No te confundas, Hansuke –contestó concentrándose en el camino-. Que me haya encontrado hoy con quien nunca quise volver a encontrarme en mi vida no me afectó tanto como para ir a lloriquear a un rincón. Debemos seguir investigando este caso y es lo que haremos.
-Entonces, ¿estás… bien? –preguntó dubitativamente.
-¡Y por qué no habría de estarlo! –exclamó su amigo con fingida confianza.
-No, es que yo pensé que…
-Pensaste mal –le interrumpió-. Que haya tenido la mala fortuna de encontrarme con Ak… con ella –se retractó-, no quiere decir que me haya derrumbado.
-Me alegra saberlo.
-Hansuke, te conté toda la historia o gran parte de ella y sabes que pasó hace mucho tiempo, yo era sólo un crío en esos años y aunque todavía tengo una espina clavada que me recuerda que por culpa de ella tuve que renunciar a todo mi mundo conocido para formarme uno nuevo, eso está superado.
El silencio se instauró entre ellos mientras Ranma conducía por las calles de Tokio en busca de la dirección donde podrían encontrar al hermano de la joven asesinada. Luego de unos minutos, el joven de la trenza gruñó en frustración.
-¿Por qué tuvo que volver a aparecer? –murmuró.
-Creí que habías dicho que no te había afectado volver a encontrarla.
-Y no me afecta –contestó-, pero el que se encuentre cerca de donde trabajo y esa estúpida chica me haya reconocido e invitado a una reunión de ex alumnos hace que sea difícil cumplir el trato que hicimos hace años.
-¿Tú hiciste un trato con tu ex prometida?
-Más que un trato fue un acuerdo tácito, al menos lo fue para mí. Ella no quería que yo volviera a aparecer en su vida y yo me propuse no hacerlo.
-Pero sabías que tarde o temprano…
-No –cortó el joven de la trenza-. Esta ciudad es demasiado grande y poblada para intuir que justo me toparía con quien no quería ver nunca más. Además, ¿por qué crees que siempre he citado a mi madre en algún lugar neutral y alejado de Nerima cuando insiste en verme?
-Eso es algo que tampoco he logrado entender –dijo su amigo cruzándose de brazos-. Es decir, conozco a tu madre y es una mujer muy amable, agradable y te adora. No entiendo por qué insistes en verla sólo cuando ella te lo pide, ¿no echas en falta a tu familia?
-Hay otros motivos que no voy a discutir contigo, pero, la respuesta es no. No extraño a mi padre para nada y con mi madre… sabes que hablo seguido con ella.
-Pero no la visitas –le acusó.
-Si la visitara en su casa me expondría a otro desagradable encuentro como el que acabo de tener, y no estoy hablando sólo de ella, sino de otras personas a las que no pretendo volver a ver.
Hansuke observó a su compañero con incredulidad y éste sólo chasqueó la lengua y se encogió de hombros.
-Te convertiste en un verdadero lobo solitario.
-¿Y qué querías que hiciera?, te conté cómo fue que terminé siendo expulsado de la manada y ahora ya es muy tarde para volver porque me acostumbré a mi vida solitaria. Pero esa parlanchina… -dijo frunciendo el ceño- El punto es que ahora esa chica viene con esa estúpida invitación, ¡ni siquiera éramos amigos en la preparatoria!, ¿por qué me invita a una reunión a la que probablemente asistirán personas a las que no quiero ver?
-Basta con excusarte, Ranma –dijo Hansuke-. Ella te llamará y tú le dices que estás muy ocupado con tu trabajo y que no podrás ir.
-Es justo lo que pretendo hacer, pero tú no conoces a esa chica, ella no se quedará tranquila hasta que consiga que yo vaya a esa maldita reunión y eso significa enfrentarme a todo mi pasado.
-Ranma, perdona que te lo diga, pero el escapar de todas las personas que forman parte de tu pasado no conseguirá que lo olvides.
-¿Crees que no lo sé?
Un nuevo momento de silencio se instauró entre los ocupantes del automóvil hasta que el joven de castaños cabellos volvió a hablar.
-Nunca me has dicho por qué existe tanto rencor entre ustedes, fue cosa de mirarlos y detectar ese resentimiento. Entiendo que el compromiso que mantenían se rompió y eso fue lo que produjo que te alejaras de todo lo que conocías, pero no me has dicho nunca el porqué.
-No preguntes cosas que sabes que no te voy a contestar.
-Debe haber sido algo muy grave como para…
-No formules hipótesis, Hansuke. Yo abandoné su casa tal y como ella me lo pidió y nunca más hice nada por volver a verla, fin del cuento.
-Fin del cuento –repitió su compañero con una sonrisa sarcástica en los labios.
-Bien, ahora, ¿te importaría si dejamos este asunto a un lado y nos centramos en el caso?
-Tú mandas, jefe.
-No soy tu jefe, idiota.
-Pero algún día llegarás a serlo -afirmó su compañero.
-No. Nunca fue esa mi aspiración –se dijo para sí-, y nunca lo será.
Ambos jóvenes siguieron su camino en silencio, sumidos en sus propios pensamientos. Después de todo, tenían un caso que resolver el que involucraba a una jovencita asesinada de una extraña forma.
En otro lado de la ciudad, una malhumorada chica de azulados cabellos caminaba de una forma nada femenina en dirección a una banca situada en uno de los jardines interiores de su lugar de estudios seguida con cierta cautela por sus dos mejores amigas.
¿Cómo es que ese encuentro se había producido? Llevaba evitándolo por años y de pronto, de la nada, él se había materializado como por arte de magia frente a ella; él, la persona que juró jamás volver a ver se aparecía frente a ella en un pasillo de la universidad en la que cursaba su especialidad, profanado aquel lugar sagrado para ella, aquel lugar que le daba seguridad y estabilidad. Sencillamente no podía entenderlo.
¡Y Sayuri!, ella, su amiga, lo había alertado de su presencia en ese lugar, plantándolo frente a ella. ¿Por qué la vida se empeñaba en darle aquella desagradable sorpresa?; ¿por qué de todos los malditos policías que salvaguardaban la seguridad de los habitantes del país tenía que haber sido justo él quien tuviera que investigar cerca de ella?... Policía, ¿cómo se había convertido el arrogante e imprudente artista marcial en un policía? Eso era algo que le intrigaba, pero se negaba a averiguar, porque no era bueno indagar en cosas que a uno le hacían mal y ese individuo definitivamente le hacía muy mal y ahora… ¿por qué ahora aparecía en su vida?, ¿por qué así, de repente, sin dejarle tiempo a reaccionar? ¡No era justo después de tantos años remover su pasado más doloroso!, no tenía sentido sentirse así de abatida por un encuentro con la persona que más la había dañado y sin embargo, esa sensación que no experimentaba hacía mucho tiempo había vuelto nada más observar esos ojos azules. Esa impresión de estar desvaneciéndose mientras el lugar en donde se encontraban se convertía en el centro de todo el universo; esa extraña aceleración en los latidos de su corazón que la asustaba más que nada en el mundo y luego, la sensación de que toda su vida anterior la hubiese estado conduciendo inexorablemente a aquel encuentro. No tenía ninguna lógica, era totalmente absurdo e inoportuno, no obstante, aunque Akane Tendo se había convertido en una experta en encontrar una respuesta para cada cosa, sentía que aquello no tenía respuesta inmediata.
-Es sólo la sorpresa de ver a la persona que más odias en el mundo –se dijo para sí al momento en que se sentaba en una banca y dejaba caer su bolso con sus textos al suelo del lugar-. Nada de qué preocuparse. Simplemente no me encontraba preparada para enfrentarme a él, aunque hubiese estado convencida de lo contrario.
Sus amigas llegaron a su lado y la observaron por un momento antes de atreverse a hablar.
-¿Segura que estás bien? –preguntó inquieta la joven de largos cabellos castaños.
-Perfectamente –mintió la aludida.
-Akane…
-¿Por qué lo hiciste, Sayuri? –interrumpió en un susurro observando al frente-. ¿Por qué tenías que invitarlo si sabes que yo no lo soporto?
-Akane, no exageres –dijo Sayuri sentándose junto a su amiga-. Sólo pensé que sería una buena idea invitarlo porque los chicos siempre se acuerdan de él.
-Tú sabes lo que pasó, tú sabes que el famoso compromiso que tuvimos se rompió cuando asistimos a la última reunión que organizaron cuando salimos de la preparatoria, tú sabes… sabes que para mí fue una época complicada y ahora…
-Sé todo eso –le interrumpió-, así como también sé, que nunca lo has odiado como quieres hacernos creer.
-Tienes razón, odio no es la palabra, yo lo desprecio -sentenció.
-Akane, ahora tienes una oportunidad para arreglar…
-¡Yo no tengo nada que arreglar con ese sujeto! –dijo la chica con la voz en grito, luego suspiró tratando de encontrar algo de estabilidad emocional-. Está bien, déjalo así, si quieres invitarlo estás en tu derecho de hacerlo.
-Yo sólo quiero que tengamos una reunión agradable y nos juntemos todos los que alguna vez compartimos en nuestra adolescencia –comentó la chica bajando la mirada-. Además, siempre me ha parecido que, de darse una oportunidad, ustedes dos harían una linda pareja.
La chica de cabellos azulados la observó sin poder ocultar su perplejidad.
-¿No estarás tramando todo esto en plan de celestina o sí?
-No, pero si la situación y las circunstancias son favorables… -dejó la frase inconclusa mientras se encogía de hombros y le regalaba una sonrisa inocente a su amiga.
-No puedo creerlo –negó Akane con un movimiento de cabeza mientras reía nerviosamente-. Sayuri, sabías que él y yo teníamos un acuerdo tácito, algo así como un pacto de no agresión. No nos vemos, no nos dañamos, así de simple. No esperes que mi opinión respecto a él cambie de la noche a la mañana.
-Mira, ya ha pasado tiempo, todos hemos madurado y al parecer, él ya no es el chico voluble que solía ser, ¿quién te dice que él ahora se comporte como un hombre y no como un niño inmaduro? Además, ustedes rompieron el compromiso, pero técnicamente sus padres…
-Técnicamente no hay nada –interrumpió-, pero está bien, me estoy comportando como una niña idiota. Bastará con que lo evite si decide ir a esa reunión ¿no?
-Sí, con eso bastará. Además, te has enfrentado a esos idiotas y ellos han salido arrancando. Finalmente son ellos los que evitan encontrarse contigo.
-Sólo espero que en el caso de él sea igual, pero tú, ten cuidado con lo que piensas hacer. Yo no estoy interesada en saber de su vida.
-Lo sé –sonrió su amiga-. "Aunque haré todo lo que esté a mi alcance para que vuelvan a juntarse, par de tontos" –se dijo para sí, sin dejar de sonreír.
Sayuri no conocía toda la historia que rodeaba la extraña y rápida separación de los ex prometidos, porque Akane no le había dado detalles, pero si había algo de lo que la muchacha estaba muy segura era que su amiga se escudaba en un supuesto odio por su ex prometido, odio que no era del todo verdadero según sus propias apreciaciones.
-¿Puedo saber por qué no quieres volver a ver al policía de la trenza si es bastante obvio que ambos necesitan verse? –preguntó Naoko quien hasta ese instante había permanecido en silencio observando cómo un pajarillo trinaba en la rama de un árbol cercano.
-¿Qué? –dijo Akane mirando asombrada a la chica que permanecía de pie sonriendo ante la visión del pajarillo trinando en la rama del árbol.
-Una cosa es que tú te niegues a aceptarlo y otra muy distinta es lo que veo yo como simple espectadora -contestó.
-Naoko, ellos en verdad no se soportan –dijo Sayuri queriendo explicar así el error que cometía su amiga al decir aquellas palabras.
-Pero no siempre fue así, ¿verdad? –respondió mirando fijamente a sus amigas.
-No, no siempre fue así, al menos no por mi parte –confirmó Akane-. Ahora, si me disculpan debo ir a ver a la jefa de carrera.
-¿Qué sucedió para que sientas tanto rencor por el policía?
La joven que se había levantado del banco para tomar sus cosas y dirigirse a realizar sus trámites se quedó estática en el lugar y observó a la joven de castaña cabellera que la miraba con curiosidad y una sonrisa adornando sus labios.
-Me decepcionó enormemente -pensó Akane sin llegar a verbalizarlo, no obstante, sonrió amargamente y comenzó a hablar- Sayuri puede contarte, Naoko –dijo con tristeza en la voz-. Pero sin defenderlo, es un idiota y no merece que lo defiendan.
-Siempre lo he sabido –contestó la aludida viendo alejarse a su amiga.
Naoko se quedó de pie, observando a Akane alejarse y negó con un suave movimiento de cabeza.
-Tardará en darse cuenta y mucho más en aceptarlo, pero dudo mucho que siga odiando a ese policía –comentó sentándose al lado de su amiga.
-¿Cómo lo sabes?
-Intuición.
-Ojalá tu intuición fuera acertada, pero no creo que sea tan fácil hacerles cambiar de opinión –dijo Sayuri asintiendo lentamente-. De verdad se odian.
-No me has dicho por qué.
-Estuvieron prometidos.
-Y rompieron el compromiso, o eso me pareció escuchar –complementó Naoko.
-Sí –asintió su amiga-. Verás, los padres de ambos fueron amigos en su juventud. Entrenaban juntos porque ambos son artistas marciales, creo que fue en esa época que ellos prometieron que unirían sus escuelas de combate a través del matrimonio de sus hijos cuando éstos nacieran, o al menos así me lo contó Akane. En fin, Akane y sus hermanas no supieron nada al respecto hasta que un día, cuando ella tenía dieciséis años, el padre de Ranma se presentó junto a él en casa de los Tendo. Ambos terminaron comprometidos porque sus padres así lo quisieron y porque ninguna de las dos hermanas mayores de Akane se prestó para ese asunto, y, aunque se negaron y en un principio no aceptaron el compromiso, sus padres habían hecho una promesa, así que tuvieron que respetarla. Al principio no se llevaban nada bien, pero si me preguntas, con el tiempo y sin darse cuenta, ellos se fueron acercando al punto de necesitarse. No es que Ranma fuese un chico problemático, pero al parecer, él era una especie de imán para atraer problemas y Akane… bueno, ella siempre estuvo de una u otra forma allí para ayudarle. Sí, para mí, que la conozco desde hace tantos años, resultaba evidente que esos dos no estaban juntos solamente por un compromiso concertado por sus padres, había algo más que no lograban verbalizar pero que, sin embargo, estaba ahí y lo demostraban con sus actos. No creo equivocarme al decir que quizás eso que transmitían era amor, aunque ninguno de los dos lo reconoció jamás, al menos no que yo supiera.
-Un amor reprimido y encapsulado por las circunstancias que les tocó vivir –acotó Naoko observando soñadoramente al cielo.
-Sí, las circunstancias fueron muchas, ¡muchísimas! –asintió Sayuri sonriendo al recordar aquellos tiempos-. Desafíos, problemas, malentendidos, gente buscando venganza, otras prometidas –la chica sonrió con mayor entusiasmo-. ¡Si supieras todas las aventuras que pasó nuestra amiga junto a su ex prometido!
-Vaya, parece que Akane tuvo una adolescencia bastante agitada.
-Sí, yo diría que muy agitada. Ella misma me comentó más de una vez que desde la llegada de Ranma a su vida ya nunca nada volvió a ser lo mismo… hasta que un día se fue. Sus padres ya los habían intentado casar, con malos resultados, como podrás darte cuenta, pero yo notaba que Akane mentía al decir que no quería a su prometido y él… con él nunca fuimos muy cercanos, pero era muy evidente que él la quería y mucho. Eran amigos, es cierto, pero te repito que había algo más entre los dos.
-¿Y qué pasó después?
-Él la defendía de cualquier peligro, pero ella no se quedaba atrás y no dudaba en arriesgar su vida si con ello conseguía ayudarle. Todos quienes los conocíamos de cerca creímos que ellos dos terminarían… bueno, que algún día ellos aceptarían casarse, formar una familia y seguir juntos en eso de las artes marciales que a ellos dos tanto les apasionaba. Nadie se esperó nunca que acabarían por separase y mucho menos de esa forma tan drástica.
-¿Y qué los hizo romper el compromiso?
-Habíamos terminado la preparatoria y fuimos todos invitados a una fiesta en casa de un compañero de clases para celebrar que ya terminaba nuestro periodo escolar. No sé muy bien qué pasó en esa fiesta, pero fue el detonante de su pelea y su posterior separación -Sayuri hizo una pausa y observó sus manos-. Akane me contó que discutieron como nunca lo habían hecho. Él fue muy hiriente y ella reconoce que no se quedó atrás, pero… nunca ha querido contarme lo que verdaderamente ocurrió, sólo sé que hubo otros involucrados y que finalmente él terminó por herirla profundamente acusándola de haber participado en algo que los dañó a ambos. Ella nunca aceptó esa acusación y hasta el día de hoy lo niega. Tú misma viste como se puso cuando él se lo quiso insinuar –Sayuri miró a Naoko directo a los ojos y continuó-. No te puedo decir más porque lo que pasó esa noche es un secreto que sólo algunos saben y al parecer nadie quiso nunca volver a recordar. Tampoco sé por qué Ranma aceptó romper el compromiso tan abruptamente si hasta ese momento parecía haberse acostumbrado a la idea, o el por qué Akane rehúye hablar del tema, el hecho es que desde ese día ellos se odian. Ranma desapareció para siempre de nuestras vidas y yo no lo volví a ver hasta el día de hoy.
-Quizás sólo fue un malentendido.
-Ojalá hubiera sido así como tantas otras veces, pero… no lo sé –contestó Sayuri-. He tratado de hablar muchas veces con Akane sobre ese punto de la historia, pero a ella no se le puede tocar el tema porque simplemente no habla de ello. Esa es la historia y el por qué se odian tanto.
-Entiendo. La clave está en esa fiesta… tal vez puedas ayudarles a solucionar sus diferencias si es que él acepta tu invitación –asintió Naoko.
-Tal vez. Sólo espero que cuando vuelvan a encontrarse no se saquen los ojos.
-No lo harán –afirmó Naoko poniéndose de pie-. Ya te lo dije, se necesitan, pero ninguno de los dos se ha dado cuenta porque su orgullo se los impide, y quizás con tu idea de invitarlo a él a su reunión ayudes a que por fin abran los ojos.
-Yo no estaría tan segura –acotó su compañera imitando a su amiga.
-Lo harán, estoy segura –dijo con una sonrisa-. ¿Nos vamos?
Sayuri la observó por un momento antes de asentir a su invitación. Había algo en Naoko que la intrigaba, algo que le hacía creer firmemente en sus palabras o intuiciones, como ella solía llamar a sus dichos repentinos. Negó con un movimiento de cabeza y siguió a su amiga para internarse en las dependencias de la universidad.
Cuando Hansuke se percató que Ranma estacionaba el automóvil frente a la dirección que había dado el hermano de la joven víctima a Tanaka días atrás, notó que su compañero había cambiado totalmente su semblante. Ya no se veía exaltado, sino que lucía un semblante serio y concentrado. Ambos bajaron del automóvil casi al mismo tiempo y observaron con curiosidad el edificio de apartamentos que se encontraba frente a ellos. Sin mediar palabras avanzaron al primer apartamento en cuya puerta pendía el número ciento uno. Hansuke se adelantó y llamó un par de veces a la puerta. Al ver que nadie acudía, volvió a llamar y esta vez se escucharon pesados pasos del otro lado acercándose a la puerta, segundos después, un joven de unos veinticuatro años, de rizados y cortos cabellos castaños, ojos de color marrón, delgado y alto, les abrió la puerta.
El joven se notaba cansado, como si no hubiera dormido en días y sus ropas arrugadas hacían pensar que quizás tampoco se había cambiado frecuentemente.
-Disculpe –dijo Hansuke dirigiéndose al joven-. ¿El señor Yoshida?
-Es mi apellido, aunque de señor no tengo nada –contestó.
-Vinimos porque…
-Sé quiénes son y qué quieren –interrumpió abriendo un poco más la puerta-. De hecho, me preguntaba por qué no se había presentado nadie todavía en mi casa-. Concluyó indicándoles con un gesto de su mano que podían ingresar a su casa.
Hansuke y Ranma ingresaron al apartamento mientras su anfitrión cerraba la puerta. Ambos observaron detenidamente el reducido lugar. Avanzaron por un pasillo que no contaba con ningún adorno en las paredes hasta llegar a una pequeña sala con un solo sillón de dos cuerpos y una mesita pequeña. Inmediatamente al lado, sin separación alguna se encontraba la cocina que contaba con una mesa cuadrada y dos sillas. Al parecer quienes vivían en el lugar se caracterizaban por la austeridad, pensó Hansuke, haciendo nota mental de todo lo que observaba.
-Disculparán el desorden –dijo el joven indicándoles que tomaran asiento en el sillón, mientras él sacaba una de las sillas de la mesa de la cocina para acomodarse-. Ayer a medio día finalmente pude llevar a mi hermana al cementerio después de días de espera. No es mucho el orden que pude hacer después de eso.
Hansuke miró de forma incómoda a Ranma, mientras éste asentía en silencio. Era sabido que cuando se trataba de un crimen, se debían hacer pesquisas y el forense generalmente tardaba en generar los informes para luego autorizar a que entregaran el cuerpo a sus seres queridos.
-Lo siento –dijo el joven de la trenza para romper el incómodo silencio que se había instaurado de repente en la habitación.
-Supongo que vienen a interrogarme –contestó el joven de forma apesadumbrada.
-Más bien queremos que nos cuente cómo era su hermana –contestó Ranma negando suavemente.
-Cómo era –rio con desgana-. Todavía me cuesta hablar de ella en pasado, saben –complementó como si tratase de justificar su risa-. Hana era una chica normal. Estudiaba y trabajaba. No salía mucho a fiestas y esas cosas porque decía que eran una pérdida de tiempo, que luego de terminar sus estudios ya tendría tiempo y energía suficiente para distraerse, pero su asesino quiso otra cosa.
-¿Tenía novio? –se obligó a preguntar Ranma-. ¿Amigos con los que se viera frecuentemente?
-Tuvo un par de novios hace algunos años –confirmó el joven-, pero hacía aproximadamente un año que no salía con nadie, y amigos, fuera de las compañeras de universidad… ninguno que yo supiera que frecuentaba.
-Entiendo que vivían ustedes dos solos en este apartamento –comentó Hansuke interviniendo por primera vez en aquella conversación.
-Sí –afirmó el joven-. Éramos dos hermanos huérfanos de padre y madre. Nos criamos en Osaka con mis abuelos. Cuando mi abuela murió, contábamos con la edad suficiente para vivir solos, así que vinimos a probar suerte a Tokio. Conseguimos trabajo y nos pusimos a estudiar.
-¿Ella recibió algún tipo de carta o mensaje extraño en estos días? –consultó Hansuke.
-Nada –respondió el joven-. Hana era una chica bastante tímida, aunque teníamos confianza entre ambos. Me hubiera contado si alguien la hubiese estado acosando o algo así.
-¿Y en el trabajo? –dijo Ranma.
-Todos se sorprendieron porque la apreciaban mucho –contestó-. En especial porque yo… yo no fui a buscarla aquel día como solía hacer –continuó llevándose una mano a los ojos en un gesto evidente por detener las lágrimas-. Yo siempre iba a buscarla cuando salía de su trabajo porque ella no se sentía segura deambulando en las calles de noche y debí haberlo hecho ese día también pero me quedé dormido… Dios, si hubiese ido a buscarla, ahora la tendría aquí conmigo y no me estaría lamentando.
-No fue su culpa –dijo Hansuke mirándolo compasivamente, se imaginaba lo difícil que era para el hermano de la víctima vivir con el remordimiento-. Quizás él o los asesinos hubieran actuado de la misma forma en otra ocasión.
-Quizás no –murmuró el muchacho totalmente abatido.
Hansuke intercambió una mirada con Ranma y éste le indicó con un gesto que dejaran al joven en paz, ya bastante intranquilo lo habían dejado para seguir torturándolo, haciéndole preguntas que parecían no conducir a ningún lado. Ambos se pusieron de pie.
-Señor Yoshida, por ahora eso es todo –dijo Ranma acercándose a él-. Tal vez tengamos que volver a entrevistarlo en otra ocasión, si no le molesta, claro.
-Por supuesto que no me molesta –declaró el joven con vehemencia-. Quiero que encuentren al asesino de mi hermana.
-Lo haremos, pierda cuidado.
-¿No son muy jóvenes para llevar un caso así? –preguntó de pronto.
-¿Eso le parece? –contestó Ranma con otra pregunta.
-Sí –dijo el joven observando a los dos jóvenes de pie frente a él-. No sé, siempre pensé que los inspectores debían de ser un viejo cincuentón y un joven aprendiz.
-No siempre –contestó Ranma con una fingida sonrisa.
Ambos jóvenes se despidieron con una inclinación de cabeza para dirigirse hacia la puerta de salida, pero cuando estaban a punto de hacer abandono del lugar, Hansuke pareció recordar algo y se volvió al joven que aún permanecía sentado en la silla mirando el suelo.
-Una última pregunta, señor Yoshida, ¿por qué dejó la universidad?
El joven lo miró atónito, al parecer no se esperaba aquella pregunta.
-No teníamos dinero suficiente para mantenernos y estudiar al mismo tiempo –dijo esquivando la mirada de los dos policías-, así que opté por conservar mi trabajo y ayudar a mi hermana a que terminara su carrera, ya después retomaría yo mis estudios –contestó encogiéndose de hombros-. Ya ve que nada resultó como lo teníamos planeado.
El joven de castaños cabellos observó detenidamente la actitud nerviosa del hermano de la víctima y luego asintió con un movimiento de cabeza.
-Hasta luego, señor Yoshida –dijo para luego retirarse del lugar.
Afuera de la casa los recibió una brisa fresca que les desordenó el cabello a ambos. Sin decir nada, se dirigieron al automóvil y se instalaron, Ranma frente al volante y Hansuke en el asiento del copiloto. Finalmente, no habían sacado nada en limpio de aquella entrevista y volvían a quedar a fojas cero en un caso que cada vez parecía complicarse aún más.
-El hermano no está implicado pues Tanaka dijo que tenía una coartada –comentó Ranma comenzando a avanzar por la calle rumbo a las oficinas-. Además, estaba tan afectado que dudo mucho haya estado mintiendo.
-No lo sé, su actitud fue de mucho nerviosismo cuando le pregunté por qué había dejado la universidad.
-¿Crees que tenga algo que ver con la muerte de su propia hermana?
-No directamente, pero… hay algo en su actitud que me intriga.
-Bueno, volveremos a entrevistarlo y también iremos a su lugar de trabajo para indagar más sobre ese asunto porque a mí me pareció que no está implicado, así que seguimos sin tener nada, ni una mísera pista que seguir.
-Y entonces, qué nos queda –dijo Hansuke recostándose en su asiento-. Dice que la chica no tenía novio, ni amigos, nadie que pudiera atentar contra ella.
-Tal vez tuviera actividades que él no conocía.
-¿Cómo cuáles?
-No lo sé, pudo pertenecer a algún grupo esotérico o algo así.
-¿Lo dices por el ritual al que parecen haberla sometido?
-Por eso y porque es muy poco probable que una chica de veinte años sea tan sana.
-Hay personas que son así de sanas –dijo Hansuke sonriendo de medio lado-. El que tú no seas tan sano como dices no quiere decir que otros no lo sean.
-Bueno, de momento debemos llegar y terminar el maldito informe.
-Querrás decir, empezar a redactar el maldito informe.
-Como sea, no quiero llevarme otra reprimenda hoy.
-Era tu responsabilidad redactar el informe, si nos riñen ahora, será tu culpa.
-Cierra la boca, Hansuke.
Y era cierto, una vez llegaron a sus puestos de trabajo se pusieron a redactar, pero como de costumbre su estricto superior les pidió el informe antes de que lo hubiesen terminado, por lo que ambos recibieron una reprimenda como no recordaban haberla recibido antes, puesto que se les hizo notar, no muy sutilmente, que aquel era un caso importantísimo, que era su primer caso sin la supervisión de un avezado inspector como lo era Kenzo Tanaka y que si no se veían resultados a corto plazo, se les quitaría el caso para entregárselo a otra pareja de inspectores que fuera más competente y no a un par de zopencos como estaban demostrando ser.
Claro que la reprimenda era exagerada, por supuesto que ellos no eran unos incompetentes puesto que, de ser así, jamás hubieran podido integrarse al cuerpo de policía, pero eso a su superior le tenía sin cuidado. Él simplemente parecía disfrutar haciéndoles la vida imposible a los dos jóvenes, y, aunque no eran los únicos que sufrían su ira, sabían que eran sus favoritos al momento de descargar su enojo.
Y es que simplemente para el jefe de la unidad no había nada más satisfactorio que restregarles en la cara los errores a quienes estaban bajo su supervisión y para Hansuke y Ranma fue evidente desde el primer día que lo habían conocido. Su superior jamás les tendría en estima, aunque resolvieran un caso en media hora, eso no sucedería y eso les quedó bastante claro cuando les hizo quedarse redactando el odioso informe desde el principio una vez más, hasta pasada la una de la madrugada.
Ranma y Hansuke aceptaron el desafío porque sabían que contradecir a su superior sería mucho peor. Así que a esa hora de la madrugada y bostezando de una forma descomunal, Ranma finalmente dejó el informe impreso en el despacho de su superior. Ya saliendo para recoger sus cosas y abandonar aquel lugar se encontró con Hansuke, quien se veía pálido e inquieto. Ranma apuró el paso y llegó al lado de su compañero, éste sólo lo miró antes de dar media vuelta y salir casi corriendo mientras hablaba.
-Tenemos que ir rápido –dijo de forma atropellada-. Volvió a atacar.
Ranma quedó por un momento desconcertado hasta que pudo reaccionar ante las palabras de su compañero.
-Mierda –dijo en un gruñido en el momento justo en el que comenzaba a correr para alcanzar a Hansuke.
Todo el cansancio y las emociones del día parecían haber quedado atrás. Para el joven de la trenza ahora existía un sólo objetivo: llegar al lugar de los hechos y comenzar una nueva investigación, porque el que hubiera otra víctima solamente indicaba que el caso se complicaría todavía más.
Notas finales:
1.- Hola, aquí puedo compartirles este tercer capítulo de esta historia que avanza lentamente. Sí, algo pasó entre ellos que terminó por alejarlos y alimentar el gran rencor que parece dominarlos; sí, justificado o no, ambos tienen un motivo para recriminarse mutuamente; y sí, descubriremos cuáles son esos motivos, pero más adelante puesto que tengo otros planes antes de revelar ese secreto que permanece oculto y que sólo algunos parecen conocer, así que, paciencia con la autora ¿si?
2.- Quiero agradecer muy especialmente a quienes dejaron sus reviews para el segundo capítulo de esta historia. Muchas gracias a quienes dedicaron algo de su tiempo a leer y muchísimas gracias a quienes quisieron comentar a: Bealtr, Rosejandra, Bayby Face, Sol, Kari y a quienes no dejan su nombre, pero de todas formas comentan con entusiasmo, muchísimas gracias, de verdad. Esta vez no alcancé a contestar personalmente, pero sepan cada una/o de ustedes que me alegra mucho saber que lo que escribo es del gusto de quienes lo leen; gracias por cada una de sus palabras.
Y eso por ahora, será hasta una próxima actualización.
Que estén todos muy bien y que sea una buena semana.
Madame de La Ferè – Du Vallon.
