Siguieron caminando, tanto como Subaru podía, ya no sentía dolor, pero no estaba cómodo, solo quería salir del bosque.
Se sentía interminable, más allá de lo que le hubiera gustado, en realidad mucho más de lo que alguna vez habría experimentado en toda su vida urbana.
Lo peor era que ni siquiera sabía que haría una vez que llegase a una aldea o cualquier centro de civilización, ya sabía lo que pasaría si es que las personas miraban a uno de sus monstruos, tal vez Florence no sería tan mal tratada.
Quitando que tenía una piel verde, pero vio cosas tan raras como dinosaurios tirando de carros y hombres bestia.
En realidad, su hombre lobo también podría pasar por un habitante de este mundo, aunque tendría conseguirle ropa.
No estaba cómodo con la idea de que estuviera desnudo, ahora que lo pensaba, pero tampoco pudo ver nada parecido a genitales o algo de las pocas veces que vio de reojo y con toda sinceridad estaba mucho más agradecido por ello que cualquiera en el grupo, tal vez a los otros ni siquiera les importaba.
La única con algo parecido a algo de índole sexual es la bruja, su poder la hacía ver más cruel de lo que era.
–Bueno, unos son criaturas mágicas, otra es una humana mágica, pueden no ser tan necesarios–Aunque aún le parecía raro que el hombre animal no tuviera nada entre sus piernas, pero de nuevo, estaba agradecido.
El calor era abrasador, habiendo vivido la mayor parte de su vida en un lugar con ventiladores y aire acondicionado lo había debilitado ante las inclemencias de la naturaleza, pero Subaru resistió, sin ninguna queja, con las piernas cansadas y la postura más curvada, siguió adelante.
Por fin, a lo lejos vio algo, nada bueno.
Mas bestias, esta vez, muchas más de lo que podrían pelear, era manchas negras en el horizonte, tal vez no eran bestias y solo eran animales comunes, espera, ¿Cuál es la diferencia?, no importaba, bestias mágicas o simples del bosque, tendrían que huir, tan pronto y tan lejos como pudieran.
Pero, más a lo lejos vio algo, eran casas, desde su posición parecían pequeñas, muy pequeñas, pero eran casas, no podía ser nada más que eso.
Su meta estaba custodiada por supuesto, Subaru maldijo cuando se dio cuenta que las bestias los habían encontrado, ¿cómo lo sabía?, venían en su dirección, podía ser una coincidencia, ¿pero iba a arriesgarse?, no, era hora de emprender la huida.
La peor parte era que tendría que huir por el bosque, no por el camino, sino adentrándose más al bosque, todo porque no quería que alguien los viese, dentro del bosque, eso no importaba, no esperaba volver a encontrarse con la misma persona si es que lo encontraban y no podía ponerse en riesgo al hacerlos desaparecer, podrían atacar de sorpresa.
Ahora la gran manada estaba lejos, muy lejos, pero el problema era que lo vieron, vendrían en su dirección a menos que los despistes.
–Florence, ayúdanos moviéndonos a través de los árboles–ordenó Subaru.
–Si maestro–
No era una derrota cobarde, era una retirada táctica, reagruparse en una mejor posición para atacar, si, era el deber de un líder priorizar la victoria de la batalla antes de la obtención del orgullo.
–¿A dónde maestro?–Florence miro la zona, no eran cientos, pero sí que eran
Ni idea, fue lo primero que pensó, sabía que tenía que huir, ¿hacia dónde?
Aún tenían un camino que seguir, no sabía si las bestias serían tan inteligentes para interceptarlos por un camino, Subaru solo tenía que identificar el camino, recordar la ubicación y luego rodearlos para luego desaparecer a todos menos a Florence.
Más fácil decirlo que hacerlo.
–Vamos a rodearlo–Subaru dijo, con voz temblorosa e insegura, se maldijo en sus adentros por ello, pero estaba indefenso contra ellos-recuerden el camino, aunque tal vez podríamos encontrar otro camino, pero eso no lo sabemos-
Los demás lo siguieron, se sentía mucho más inseguro, no estaba acostumbrado a ser un líder de ningún tipo, era extraño, estaba fuera de lugar, pero era lo que tocaba.
Avanzaron, todo con el temor de Subaru de ser acorralados por las bestias, no estaba seguro, pero a lo lejos, vio a más bestias extrañas, muchas de ellas eran como algo salido de las historias de la mitología, había un gigante de un ojo con cuerno y demás cosas raras, serpientes más grandes y anchas de o que deberían, en realidad con la serpientes tal vez la cabeza doble era el verdadero problema.
Otra cosa era que no se atacaban entre ellos, lo único que suponía eran que se reconocían como de la misma, ¿especie?, ¿raza?, quién sabe.
El camino nunca estuvo firme, el hombre lobo incluso se tropezó y si hubiese sido una persona le habría golpeado el tobillo y dolido, pero no para ellos, no para estos seres hechos de maná, por lo que sabe Subaru.
Subaru tuvo que tener cuidado de no tropezar hacía adelante, su corazón se paró cuando un agujero muy hondo le hizo pensar que caería en una trampa, pero solo se hizo daño.
Soltó un quejido y tan pronto escucho los pasos acercándose, supo que había cometido un error o al menos uno que había empeorado una terrible situación.
–Maestro, vamos–
Florence agarra su brazo y lo estira con las pocas fuerzas que tiene, es una bruja, versada en la magia, no en los aspectos físicos como el hombre lobo o el esqueleto, se hundió con el grupo en el árbol más cercano.
Subaru tropezó, su movimiento fue inestable, pero pudo mantenerse en movimiento gracias a Florence y el esqueleto que lo sostenía por su otro brazo antes de soltarlo cuando entrar a al portal árbol, él no tuvo la inteligencia para saber más de como Florence utilizaba los arboles como portales, así que solo podía rezar a que no se cerrase en la cara de ninguno y se quedasen atrás.
Subaru tuvo que reprimir el pensamiento de dejar a uno atrás, eran sus compañeros, las criaturas que iban a servirle hasta el final, uno ya lo demostró, no quería otra prueba de fidelidad de ese tipo y no quería saber si es que era verdad que podrían volver de la muerte de forma indefinida.
Se acordó de su primera habilidad de resurrección, no iba a probarla, pero tenerla cerca era un seguro, era una marca del mundo de que si lo peor pasaba, todo se reajustaría a un punto donde podría superarlo.
No iba a utilizarlo, nunca, no sabía si vencería a todos a la primera vez o sea derrotado, morir no iba a ser algo que le llegase a ocurrir.
Estos solo eran sus comienzos humildes como en cualquier juego, empezando en nivel uno y luego subiendo a la cima, eso estaba bien para Subaru, aunque no iba a darle un feo a hechizo de lanzamiento de meteorito.
Sin duda alguna el sentimiento de ser perseguido potenciaba mucho la idea de necesitar un poder que pudiera lanzar como una bomba mágica.
Pero Subaru tendría que tragarse lo que tiene, de momento lo único que harían sería correr.
Correrían tanto como podían.
Aun con rumbo desconocido, aun cuando el destino era incierto.
Avanzarían, avanzarían hacia la incertidumbre.
No es como que tuvieran otra opción la verdad.
Subaru corría con pasos indecisos, lleno de temor a ser descubierto, eso iniciaría en otra pelea, tenían una nueva invocación, pero ahora Casvel estaba herido, no solo eso, este número era mucho mayor al que se habían enfrentado, con criaturas que hasta ahora no había visto.
Además, ¿para que pelear cuando los puedes esquivar y entrar a área segura?
Esperaba que fuese un área segura, sino tendrían que seguir corriendo de la zona de bestias hasta quién sabe cuánto.
Pero eso no lo desmotivó, pero tendría que tener cuidado, con regularidad volteaba la cabeza, con temor de encontrarse con una monstruosidad, no debían de detenerse.
Siguió el paso, cada pisada resonaba como trueno en sus oídos, era una porque estar en un estado de alerta total, sus pasos no podían llegar a ser tan rápidos como el hombre lobo o el esqueleto quién se iba por delante de todos, con el arma filosa a la altura de su pecho, si hubiese sido una persona normal hubiese dicho que era peligroso, como correr con cuchillos, pero ¿Qué iba a cortar con exactitud?, ¿sus huesos?, no creía que fuese algo tan fácil la verdad.
Se siguieron moviendo, intentó que su corazón no explotase en su pecho de la gran preocupación que sentía en su ser, preocupación por que ninguna de esas cosas pudiera llegar a alcanzarlos.
Pudo escuchar pasos, eran diferente al de ellos, no muy a lo lejos, los pasos en cambio se volvieron más rápidos, más desesperados por sobrevivir.
Se preguntaba si no hubiese sido una mejor idea haber dado marcha atrás, sabía que para este punto en realidad ya no podía darse ese lujo, no sabía cuánto tiempo podría aguantar, pero no esperaba que fuese mucho, solo los dos monstruos más rápidos podrían huir, Leto y Casvel, ellos podrían sobrevivir si se producía una masacre en el grupo.
No, pensar en la derrota era en cierta forma una manera de ser derrotado en sí mismo, sólo servía para pensar en un plan de contingencia.
Subaru tendría que actuar como lo que era en ese momento, un líder y tratar de elegir el mejor curso de acción.
Ojala hubiese tomado clases de cómo ser un líder, pero era una lástima que no hubo una clase para ello en el momento de que estaba estudiando.
Su corazón seguía doliendo con miedo y nerviosismo, pero quiso creer que podría lograrlo.
No, iban a lograrlo, esta era una de muchas pruebas de las que tendría que superar para volverse un héroe legendario
¿Y si se quedaban a pelear?
No, rechazo esa conclusión, la fuerza que tenían era menor.
Seguirán por el camino elegido.
Caminaron durante varios minutos, Subaru agradece que el dolor en su pierna se hubiese ido, pero dejó la incomodidad de un dolor fantasma, lo intentó acomodar en un lugar que no molestase en su mente, pero sin éxito, al final, no estaba acostumbrado al dolor.
–¡Vamos!–gritó para dar ánimos a sí mismo como si aquello pudiese transformar la terrible situación en una verdad más cómoda.
Fue una tontería de su parte, si el enemigo no estaba seguro de que estaban allí, ahora lo sabía, Subaru se maldijo, no era un experto en la supervivencia de los bosques.
–¡Sí, señor!–gritó Florence.
Los gremlins gritaron de felicidad, sus voces eran chillonas y desesperantes, pero a Subaru no le importo, lo único que le importo fue que tenían que alejarse.
El ambiente era cálido, podría ser producto de su cuerpo en constante movimiento, pero estaba empezando a sudar, sus músculos, luego de numerosos descansos pocos cómodos, pedían tregua, pero no iba a dárselo, no podía permitirse.
–Aun no veo a nadie, maestro–
Florence aseguro para calmar a su maestro, notando el nerviosismo en sus ojos, , era como una druida de los bosques, podría ver con los ojos de los árboles, como un vigilante con una eficacia limitada, no sabía cómo podía ver a través de los árboles, correr y atender todo lo que tenía del frente al correr.
Era obvio que su visión mágica estaba delimitada por un área corta, pero era mejor que nada, mejor que ir a ciegas en un bosque repleto de bestias.
Subaru se imaginaba a esas criaturas, rodeándolos, con la boca abierta mostrando sus dientes y encías rojas, los músculos tensos, listos para saltar como una jauría salvaje y despedazarlos.
Apretó los dientes, harto de tanta debilidad de su parte.
Llegaron a una zona más despejada, no había muchos árboles en el horizonte, era un campo abierto, podrían rodearlos con más facilidad pero también tienen más campo para escapar en caso de un apuro o si la situación era desesperanzadora.
–¡Vienen desde arriba!–
El grito de Florence lo puso nervioso, ahora estaba mucho más alerta, el pánico se extendió en su cuerpo por un momento, reduciendo su velocidad, eso solo fue una mala decisión, sintió como unas punzadas duras en su cuero cabelludo y su nuca, clavándose en su carne con facilidad, gritó, sintiendo de dolor, sus manos con rapidez fueron a su cabeza.
–¡Maestro!–gritó Florence.
Todo el grupo se detuvo, la bruja de los bosques intentó agarrar a las bestias voladoras con sus manos, pero no era tan ágil como buena con la magia.
Ese trabajo era en realidad para los gremlins, uno de ellos se había detenido, Subaru se sobresaltó cuando sintió las garras puntiagudas apuñalando sus pantorrillas con suavidad, revolviéndose con más fuerza cuando sintió las garras apretando con un dolor agudo.
Subaru grito de sorpresa y frustración cuando sintió dolor en su cuero cabelludo y sus hombros, un peso mayor se hizo presente en ellos, el gremlin no podía atacar con magia, la probabilidad de dañar a su maestro era alta, pero podía ayudar alejando a los monstruos voladores.
Cuando ya no sintió los ataques en su cabeza, Subaru abrió los ojos, adolorido, miro a lo que podría describirse como unas ratas gigantes, de casi el largo de su brazo y un poco más grueso, era una cosa aterradora, sus malditos dientes y garras eran grises putrefactos, su pelaje morado casi negro, con grandes e inquietantes ojos rojos enfermizos.
Fue espeluznante ver como se retorcía, agitando y doblando su cuerpo, todo con el único fin de intentar terminar con la vida del extranjero.
–¡¿Qué son estas cosas?!–
–¡Monstruos!–gritó, uno de los gremlins, en una irónica vuelta de la situación.
Subaru no le dijo nada, intento dar manotazos al aire, tratando de alcanzar a la criatura sacada de las pesadillas, el animal era más feroz de lo que había esperado, sus dientes, puntiagudos, con las garras filosas le crearon una herida en su mano, mientras las otras criaturas voladoras se acercaban, ansiosos por desgarrar su carne.
–¡Aléjense del maestro!–Florence grito.
El gremlin se quedó en su posición en el cuerpo de su maestro, alejando a las ratas murciélagos.
El hombre lobo agarró a uno de ellos, apretando el puño peludo hasta no poder más la criatura se retorcía con dolor y pánico, chillando desesperado en un intento de escapar y arañar de nuevo la cara de Subaru.
Pero no pasa, todo lo que consigue es un final sangriento mientras la bestia cerraba su puño y lo aplastaba.
El animal dejó de moverse en un doloroso silencio, la sangre caía como una uva aplastada, el ratón volador quedó como un muñeco roto y abandonado, cuando la mano se liberó, cayo inerte al suelo.
El otro gremlin sacudía a Subaru cada vez que la criatura intentaba acercar sus garras hacia la cara de Subaru, el pequeño monstruo se lo impedía, pero el peso y el movimiento hacían que Subaru se moviera con incomodidad.
–¡O-Oye!–se quejó Subaru.
–Lo siento maestro, ahora lo arreglo–
Y con eso, saltó de su hombro, con tanta brusquedad que casi hace que Subaru se caiga de trasero a la tierra.
Por un momento, olvido que en realidad estaba en una persecución y eran la presa que tenía que huir.
El gremlin pudo agarrar entre sus escamosas manos con garras al animal, era más difícil contenerlo para el pequeño monstruos.
Supo que no se estaba quedando sin opciones cuando el gremlin desgarro al animal con sus garras y luego le prendió fuego.
–Je, je, je–se reía con voz chillona
Subaru hubiese replicado, pero no había tiempo.
–¡Vamos!–gritó.
El esqueleto destrozó a otros monstruos voladores, su espada surco con gran velocidad, parecía fácil desde el punto de vista de alguien que solo había estudiado el kendo como Subaru.
El arma tenía una salpicadura roja recubriendo lo ancho de la hoja de la espada, goteaba con una frialdad cruel y el olor del hierro en la sangre sucia del animal no hizo nada para suavizar las cosas, aunque estaban en terreno abierto, el olor persistía en el aire, impregnado en el grupo, era una sensación fea, el olor de esas criaturas era peor que el olor de la sangre de esos perros demonios.
Intento no pisar los cadáveres, podía escuchar el aleteo de las demás criaturas.
Era una mierda, Subaru deseaba tener algún poder ofensivo.
Pero aun si lo tuviera, no creía ser capaz de derribar lo que suponía era un maldito ejército de monstruos frente suyo, si las ratas voladoras eran en realidad los más débiles pero rápidos del grupo, no le interesaba saber para nada cuál era el grupo más fuerte que esas bestias tenían de su lado.
Su corazón se aceleró con fuerza, encontrando nuevas fuerzas en sus miedos para correr.
Miró al grupo, ninguno parecía cansado, le preocupaba que los gremlins estuvieran tan atrás.
–Alcen a los gremlins–ordenó Subaru.
Su voz salió débil e inestable pero no les importó a sus invocaciones, lejos de ello, lo obedecieron, sin un atisbo de duda, el hombre lobo agarró a dos de ellos y el esqueleto a otro, las criaturas caóticas debieron de saber que en esta situación deben de hacer lo mínimo para molestar a sus compañeros.
Subaru les estaba agradecido.
–¡Detrás de nosotros, maestro!–le gritó Florence.
Giró su cabeza, de nuevo venían un ataque en grupo, el esqueleto dio un tajo mientras corría, alejando a las bestias con pánico, para luego reagruparse con más enojo, como si fueran la peor parvada de cuervos que Subaru alguna vez había visto en toda su vida.
–¡Ataquen!–
Los gremlins lanzaron un chillido de alegría mientras extendían sus brazos, tan delgados y cortos como los brazos de niños.
Las ratas voladoras se acercaron, chillando con furia primitiva hacia el grupo, sentía cierta vergüenza no ser capaz de defenderse de unas criaturas tan pequeñas y débiles, pero si tuvo algún tipo de defensa en su nombre, diría que eran muchos y muy rápidos y más que agresivos, eran criaturas demasiado malvadas, no le veía sentido a perseguir a un invasor que era muy obvio que ya se había rendido.
Pudo ver, debido a la cercanía, un único cuerno, tenía el largo mínimo para ser considerado un arma natural, pero no parecía que lo estuvieran usando para atacarlos.
Por un momento no supo que estaban haciendo sus invocaciones, la situación era tan preocupante que Subaru sintió que su sangre bombeaba con fuerza en su pecho.
Ráfagas de elementos salió de las palmas de los tres, hielo, fuego y rayo, fueron lanzados con gran firmeza hacia las criaturas, cuatros fueron abatidos, el hielo era tan mágico como esperaba, no rompió las extremidades más allá de que parecía endurecerlos para luego romperse todo en un momento, era fascinante, el fuego quemó como esperaba y el rayo solo podía suponer que golpeaba y se esparcía por los nervios y todo el cuerpo de las criaturas.
El grupo de ratas se dispersó debido al ataque, por un momento, Subaru respiro con alivio, pero su calma era frágil, noto como se acercaban de nuevo, pero manteniendo una distancia, pudo verlos intentar acercarse para luego dar media vuelta.
-¿Qué tan listos son?-Se preguntó con más preocupación.
Los gremlins volvieron a atacar, esta vez le dieron a dos, el fuego fue evadido por uno de ellos, volando hacia arriba, el gremlin sacudió su brazo, como un lanzallamas, el camino de fuego subió pero no hubo caso, no dio en el blanco.
–¡Es nuestra oportunidad, vamos!–grito Subaru.
Emprendieron huida de nuevo, ese leve retraso les dio tiempo mientras las criaturas se reagrupaban e intentaban formar un grupo para volver a la carga.
–¡Debajo de los arboles!–grita Subaru.
Y se desviaron un poco hacia la izquierda, esquivando los grandes árboles que no habían sido podados o tocados por las manos del hombre durante demasiadas generaciones, era grandes, el grupo se separó lo suficiente para que las ratas tuvieran problemas para maniobrar en el aire.
Pero ahora ellos también tenían problemas para seguir un camino, ahora deben esquivar los árboles y las ramas y cuidar del paisaje desigual.
Pero todo era un inconveniente menor si podía al menos sobrevivir más tiempo.
El sonido del aleteo se volvió mucho más distante, pero aún persistía cerca de él, Subaru giró su cabeza.
Pudo ver a su grupo mejor, Florence era de las más lentas, pero aun así tenía un gremlin en sus manos, más a su izquierda estaba el esqueleto, encerró en un abrazo al gremlin como si fuese un niño mientras que el hombre lobo a su derecha lo sostenía como un muñeco en una mano.
Quería gritar algo, pero no tardó mucho en encontrarse con un golpe de mala suerte.
Su pie se encontró con un hoyo, no importaba porque había un agujero en el piso, todo lo que importaba era que metió su pie con todas sus fuerzas, maldijo todo lo que pudo mientras caía.
Su cuerpo puso todo su peso hacia adelante, la gravedad hizo el resto, su destino era que su cara besar el tronco con toda pasión y lo hiriese.
Lo único en su visión era el tronco, directo a darle el beso más duro que alguna vez recibirá en toda su vida.
–¡Maestro!–
Florence actuó rápido, agarro a Subaru por la camisa de su chamarra, con todas sus fuerzas lo detuvo, Subaru podía mover un poco la cabeza para apoyar su frente en la corteza.
–Voy a ayudarlo a desplazarse, maestro—asegura Florence empujando a Subaru contra el árbol.
—¡¿Eh?!, ¡Oye!—
Por un instante él pensó que lo iba a dejar caer, vio con asombro como todo su paisaje cambiaba, por un momento quiso pegarse en la cabeza, era cierto, podía usar los arboles como portales.
Cuando salió por el otro lado, de nuevo se tropezó y cayó de rodillas y con la mano en el suelo.
Habían cambiado de posición, de pronto miro atrás, el único que lo había seguido fue el hombre lobo.
Extendiendo su mano, pudo ayudar a Subaru a pararse, no dudo en recibir su ayuda, una vez que su mano se envolvió en la garra de la bestia pudo notar con más facilidad la musculatura y la fuerza de la bestia, era muy fácil para él ser derribado de un golpe, era más fuerte que cualquier hombre que había conocido, bueno, criatura.
Miro a su derecha, justo frente suyo estaban unas casas, el pueblo estaba cerca tan cerca que no tardaría ni diez minutos en llegar.
Tendría que apurarse, no esperaba que los monstruos pudieran seguirlo hasta el pueblo, se alejó del árbol unos momentos, esperando a los demás, pero luego de unos momentos, no vino nadie.
—¿Y los demás?—pregunto, con la cabeza apuntando hacia su única invocación.
La bestia no respondió en vez de eso, agacho la cabeza, Subaru entendió que no obtendría respuesta.
—Tenemos que buscarlos—
Lo primero que hizo fue intentar atravesar el árbol, usando sus manos para una prueba, no surtió efecto.
—¿Cómo?—Subaru se confundió, intento empujar con fuerza, una, dos veces.
Se empezaba a desesperar, no quería que ninguno de ellos volviera a morir, no parecía que al gremlin le haya molestado, pero eso no importo, eran los más cercanos que tenia de gente que se preocupaba por él, no quería que nada malo le pase.
—¡¿Por qué?!—Pregunto enojado
No tenía sentido, ¿Qué paso?
Pudo escuchar algo acercándose a su izquierda, vio un carruaje grande pasando a varios pasos lejos de él, era un hombre adulto, ya se le veía las canas en ese pelo rojo oscuro, por un momento, Subaru se imaginó a la pareja de ancianos, encontrándolo en el momento más incómodo de su vida, pero era una persona diferente.
Miro a su dirección con los ojos muy abiertos, Subaru no pudo ocultar al hombre lobo a tiempo, tal vez ese tipo de criatura no existían allí, tal vez la raza que había invocado estaba en guerra contra los humanos desde hace demasiado y creía que eran espías o algo así.
Subaru no encontró un modo de defenderse, su mente estaba en blanco.
—¡Esta desnudo!—grito el conductor con la boca abierta y la mirada pasmada en el hombre lobo.
Tan solo eso fue suficiente para calmar por un momento el corazón de Subaru.
Bueno, perdón por tardar tanto, se me fue la chispa y algún tornillo, pero ahora estoy devuelta, quisiera agradecer a los que se quedaron, se que dije que Emilia aparecería mucho después, pero no puedo apartar un buen ship de la historia, aun así, no saldrá hasta dentro de varios capitulos.
