Los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi y los utilizo sin ninguna intención de lucro.
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Con las alas rotas
Capítulo II
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—Hijas mías, quiero que conozcan a mi buen amigo, Genma Saotome —Expresó el patriarca de la familia Tendo—. Así como a su hijo, Ranma. Nabiki vendrá a visitarnos en unos días, mientras tanto, espero que ustedes sean muy cordiales y hagan sentir a nuestros nuevos invitados como en su casa.
—¡Esto es inaudito! —Renegó Akane— Papá, esta misma mañana descubrí tu plan, ¿no crees que ya soy lo suficientemente grande para darme cuenta de lo que planeas con ese chico y conmigo?—. Se encontraba furiosa. No habían pasado ni diez horas y ya tenía otra vez a ese bobo sentado frente a ella. "¡¿Qué se creía?!"
Como se hallaban ante la visita y presentación de familias, tanto los Saotome, como los Tendo, se encontraban sentados frente a frente en la estancia principal de la casa, con una taza de té humeante y galletas en pequeñas bandejas, colocadas cerca de cada uno de ellos.
—Akane, por favor, escucha —Suplicó el mayor de los Tendo, sentado junto a ella —. Sé que no fue una buena idea pedirle al hijo de Saotome que te ayudara a rehabilitarte, pero sigue siendo cierto que lo necesito para las clases en el Dojo. Espero que puedas entender mi decisión y la difícil situación por la que estamos pasando.
—Lo sé, pero, ¿por qué tiene qué ser él? —Rebatió ella, sin quitar el dedo del renglón—. Hay muchos jóvenes más que también están muy bien entrenados para atender las labores de las artes.
—Yo sólo trataba de ayudarte —Habló el chico de grandes ojos azul grisáceos y vestido todavía con su conjunto deportivo—. De haber sabido que eras tan gruñona, no habría venido jamás.
—¡Guarda silencio, no estoy hablando contigo!
—Tendo, tal vez no sea una buena idea quedarnos aquí —Intervino por primera vez Genma, algo nervioso por la testarudez de la muchacha sentada en la silla de ruedas—. Mi hijo y yo podemos entenderlo perfectamente.
—Hermana, trata de ser más razonable—. Kasumi, sentada al otro lado de la joven, depositó una mano sobre la de esta, tratando de que el coraje que sentía por ese chico, disminuyera.
—Todo sería muy diferente si no hubieras tratado de engañarme de esa forma, papá.
—Me disculpo por eso —Dictaminó finalmente Soun—. Te prometo que no volveré a insistir con ese asunto, no obstante, ya he decidido que Ranma y su padre se queden a vivir temporalmente con nosotros y que sea el muchacho quien me ayude a entrenar a los alumnos, ¿está claro?
La sangre de Akane comenzó a hervir intensamente, con unos deseos enormes de poder ponerse de pie para, ella misma, patearles el trasero fuera de la vivienda; a diferencia, guardó silencio el resto de la presentación, mirando fijamente a la persona a quien se encargaría de hacerle la vida tan miserable como pudiera.
Finalmente, el ambiente comenzó a relajarse cuando ambos jóvenes dejaron de lanzarse indirectas y ella decidió retirarse a su habitación, destinada en la planta baja, debido a su incapacidad para subir las escaleras hacía el área de dormitorios principal.
—Oye, espera un segundo—. Escuchó que alguien la llamaba mientras recorría el pasillo a su habitación. Akane detuvo el avance de las llantas de su silla y las hizo dar vuelta.
—¿Qué es lo que quieres? —Se trataba de Ranma, con un semblante mucho más tímido, al encontrarse sin nadie alrededor de quien tomar valor—. ¿No te has cansado ya de burlarte de mí?
—Yo no he hecho tal cosa —Señaló molesto, apuntalándola con el dedo—. Me estaba defendiendo de ti, además, sólo trataba de ayudarte, pero no es mi culpa que seas tan terca. Y tienes razón, no es mi problema, así que puedes estar tranquila, no volveré a interferir en tu camino.
—Eso lo harás si deciden irse, tú y tu padre —Recalcó ella, señalando en diagonal detrás del muchacho, en donde se encontraba la estancia en la que se habían presentado—. No son bienvenidos.
—En ese caso —Habló con arrogancia—. Creo que, aunque no quiera, seguiré interfiriendo un poco en tu camino; ya escuchaste a tu padre y, el mío también quiere quedarse.
—Veamos quién se cansa primero—. Finalizó ella, volviendo a hacer girar las ruedas de su vehículo.
Ranma se quedó unos instantes más ahí, pensando en que aquello ya iba a más que una cuestión de trabajo y entrenamiento; se había convertido en una lucha de egos, y por supuesto que iba a ganar.
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Ambos Saotome ya venían al encuentro con sus maletas preparadas, así que no les fue muy difícil cuando Kasumi les mostró la que sería su habitación, empezar a desempacar rápidamente.
Se encontraba también en la planta baja, junto al cuarto de Akane, era un poco más chica que el del resto y estaba casi vacía, con excepción de un armario de pared, un mueble con un pequeño televisor antiguo y una pequeña mesa de piso para que Ranma pudiese hacer sus tareas y estudiar.
El lugar tenía un olor espantoso a cerrado, especialmente los cajones del armario, sin embargo, debían acostumbrarse a lo que había. Con el paso de los días, aquella desagradable sensación se iría desvaneciendo. En su inconsciente, Ranma también esperaba que eso pasara con el humor de esa joven rabiosa.
—Esa chica tiene carácter, ¿no?—. Cuestionó Genma, a la vez que, de último en acomodar, sacaba su futón de la mochila para extenderlo en el suelo.
—Es un ogro —Refunfuñó Ranma—. No sé cómo le hace el resto del mundo para soportarla. Es… intolerable.
—No deberías hablar así de ella —Abogó el hombre de gi blanco—. Te puedo asegurar que es otra persona en el fondo. Es cuestión de que la conozcas y sé que se llevarán mejor.
—… Es tan diferente de otras mujeres…
—Deja de hacer comparaciones, hijo —Genma no se detuvo en recriminarle—. Ukyo tenía una personalidad muy diferente, pero ambas han tenido una vida muy distinta, así que respétalas e intenta comprender a cada una.
—No estoy… —Vaya que sí lo estaba haciendo, se reprendió el chico de la trenza negra—. Es difícil no hacerlo. Son tan opuestas… y que sepas que no me interesa entender a esa marimacho. Vine aquí a trabajar y eso es lo que voy a hacer—. Suspiró, mirando el vacío de la habitación como si fuese el vacío en su pecho.
—Al igual que esa chica, ya es hora de que tú también vayas dejando el pasado atrás, Ranma.
—Tal vez… algún día—. Susurró el menor.
—Lo harás, estoy seguro—. Le expresó su padre, dándole una ligera palmada en el hombro.
—Desearía que todo pudiera ser así de fácil.
El artemarcialista menor sacó también su propio futón y lo desenredó junto al de su padre, acostándose luego ambos y dejando que la mañana llegara lo más tardíamente posible.
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Akane se despertó exactamente a las siete de la mañana y, lo primero que hizo, como todos los días, fue desperezarse e ir al armario para quitarse la pijama y buscar algo más presentable qué ponerse.
Cumpliendo cabalmente tal regla, se acercó y anduvo revolviendo las distintas prendas hasta que encontró un conjunto igual de casual que el del día anterior
—Akane —Una voz femenina llamó a la puerta de la chica—. Buenos días, ¿ya estás despierta?
—¿Naoko? Buenos días. Abre la puerta, por favor. Está sin seguro—. Ella se acercó un poco a la entrada, más se quedó casi a la mitad de la habitación, esperando que la joven de cabello ondulado negro y ojos castaños, se asomara.
—Sí, soy yo —Naoko obedeció y se quedó de pie en la entrada— El desayuno ya está listo, Akane—. La muchacha de veinticinco años era la persona que ayudaba en las labores del hogar y a la ex artemarcialista cuando Kasumi se iba a su propia casa.
—Gracias. Ya paso al comedor.
—Por cierto —Inquirió la joven —. El señor Genma ya está con tu papá en la mesa, pero el chico que viene con él no se ha levantado, ¿quieres que vaya a despertarlo?
—Sí… no, no. No te preocupes, yo me encargo, Naoko—. Sonrió. Un destello travieso se instaló en sus ojos marrones.
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Akane salió de su habitación y avanzó despacio por el suelo de madera para que esta crujiera lo menos posible bajo el peso de la silla. Se detuvo en la puerta de la habitación del pelinegro y tocó muy despacio, llamándolo por su apellido.
Nadie contestó del otro lado y ella se aventuró a entrar a la habitación, aunque no tuvo que andar demasiado porque el nuevo ayudante de su padre dormía y roncaba en su futón, demasiado cerca de la entrada.
—Oye, Saotome, despierta —Habló lo más alto que pudo—. Se supone que vienes a trabajar a esta casa.
—Hummm—. Rezongó el otro, incapaz de abrir un ojo.
—¿Sabes lo que pasa cuando alguien no se levanta temprano aquí?—. La joven de cabello corto se molestó y entrecerró los ojos mientras descolgaba algo de una de las agarraderas de su silla.
—Papá… deja dormir. Es muy temprano—. Ni se inmutó ni reconoció la voz de mujer, se rascó por unos segundos la cabeza y luego se giró, dándole la espalda a ella.
—No lo sabes —Murmuró ella—. Está bien, te lo diré.
Lo que traía colgado en su silla era nada más y nada menos que un pequeño balde de agua, que no dudó ni por tres segundos en lanzarle a Ranma.
—¡Kyaaaa! ¡Está helada!
El artemarcialista pegó un brinco de sus tendidos y luego no se supo quién de los dos fue el más sorprendido.
Ranma se levantó por el impacto del agua fría y su corazón palpitó agitadamente mientras sus labios se negaban a dejar de temblar por el frío, aún estupefacto por la inesperada sorpresa, además, acababa de dejar en evidencia uno de sus mayores secretos a una de las personas que más le odiaba en esta vida.
Akane se quedó impávida. Parpadeó miles de veces, pero siempre llegó a la misma conclusión: era un varón antes de que le echara agua fría… y ahora era una chica. Una mujer pelirroja que vestía los mismos bóxers y la misma camiseta blanca de tirantes que el tipo al que había conocido.
—¿Tú…?... ¿Eres una?—. Toda frase coherente se negó a salir de su boca. Estaba realmente impactada.
—¿Qui-quieres salir de mi habitación? —Fue el deseo expreso de la ahora pelirroja—. Est-esto es parte de mi vida privada y no tengo por qué darte explicaciones.
—P-pero… pe-ro… —Tartamudeó la mujer mayor—. ¿Eres tú? ¿Es-estás bien?
—Sí. Soy yo. Es una maldición extra, aparte de tener que lidiar con alguien tan volátil como tú —Respondió ofensivamente— ¿Podrías? —. Preguntó el muchacho, señalando con la palma de su mano la salida de la habitación.
—Eso me pasa por preocuparme por ti.
—Lanzarme agua no es preocuparse por mí, es quererme hacer la vida de cuadritos—. Espetó, ya más recuperado de todos los sucesos ocurridos.
—Sabes que puedes pensar de mi lo que quieras—. Subrayó la peliazul, poniendo en movimiento su silla para salir de ahí.
—Oe… Akane—. Trató de detenerla, llamándola.
—No voy a decir nada, si eso es lo que te inquieta. El desayuno ya está listo, así que apúrate a vestirte. Las clases comienzan en menos de media hora.
—Gra-gracias.
—De nada.
Akane salió de la habitación y Ranma se dejó caer recostado en su futón. Para su mala suerte, lo único que se le vino a la cabeza fue que tenía que sacar a secar sus tendidos, antes de que alguien más entrara y creyera que se había hecho del baño.
Su secreto estaba seguro.
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La primera ronda de estudiantes llegó exactamente a las ocho de la mañana. Soun dedicó ese día a practicar unas cuantas katas y a presentar a su nuevo ayudante a todos los grupos, a la vez que Akane observaba atentamente la impartición de las clases. A pesar de que no podía moverse de ese cacharro de fierro, le gustaba instruir a los niños más pequeños, diciéndoles cómo debían posicionar su cuerpo y la intensidad con la que debían tirar sus golpes, al menos a lo que impacto con los brazos se refería.
A su vez, Ranma no perdió detalle de ella en todo el día. Era sorprendente el espíritu de esa muchacha, pero no podía comprender por qué no lo utilizaba para salir ella misma de aquel bucle de retroceso en el que nadaba.
Ahora podía comprender perfectamente al señor Soun y su petición de sacar de ella esa fuerza de voluntad que poseía. No sabía cómo le iba a hacer, pero era seguro que de algún modo u otro lo sacaría. Esa misma noche, le pediría al patriarca que le mostrara todos los archivos clínicos de Akane, para ver de qué manera podía ayudarla. Se había vuelto como un objetivo personal, e iba a cumplirlo.
—Has estado maravilloso, muchacho—. Soun se acercó a su discípulo, vestido con ropaje de combate en color blanco.
—Gracias, señor Tendo —El ego se le subió a la cabeza—. Le aseguro que haré lo que sea para convertirme en el mejor de sus ayudantes.
—Eso espero, hijo, eso espero —El patriarca de los Tendo se enorgulleció, casi al punto de llegar a las lágrimas—. ¿Está oyendo, Saotome? Su hijo es un verdadero campeón.
—Papá, no es para tanto —Interrumpió la joven—. Yo podía hacer movimientos más precisos que esos.
—No obstante estás hablando del pasado —Resaltó el aludido— ¿Por qué mejor no vas con tu silla y tú mal humor a otro lado y dejas a las personas trabajar?—. Añadió, sonriéndole socarronamente.
—Eres un estúpido—. Bufó ella
—Y tú, una prepotente consumada.
—Tú te lo has ganado.
—¿A qué te sabe morderte la lengua?—. Contraatacó el hombre de la trenza en color azabache.
—Ya basta con ustedes—. Intervinieron al mismo tiempo lo patriarcas, sentados en la duela del sitio y notando la tormenta que se avecinaba.
—Iré afuera a tomar un poco de aire mientras llega el nuevo grupo —Informó Ranma, dirigiéndose a la salida del Dojo—. Ya no soporto estar ni un minuto más aquí.
—Oye, aún no termino de hablar contigo—. Enfatizó ella.
—Pues yo sí —Siseó el otro— Si quieres, habla con mi mano, podrían llevarse bien—. Siguió caminando sin detenerse, torciendo la mano hacía atrás para que Akane pudiera apreciar su palma.
—¡Te ordeno que te detengas!—. Gritó por fin.
El chico siguió su camino sin obedecer.
—¡¿Me estás escuchando?!
La mujer de ojos marrones ya no soportó más y fue tras el artemarcialista, girando las llantas de su silla lo más rápido posible. Ranma seguía tan metido en su indiferencia, que no pudo preveer cuando los descansa-pies de la silla le dieron de lleno en lo tobillos. Su cuerpo de inmediato perdió el equilibrio, pero lo que en verdad lo derribó, fue que Akane se impulsó con sus brazos para abalanzarse sobre el cuerpo del muchacho, estrellándose ambos en el suelo, con las manos femeninas sujetando ambas piernas del varón.
—Te… te he dicho que te detuvieras—. Balbuceó, exhausta por aquel movimiento que le robó toda la energía.
—¿Qu-qué crees que estás haciendo?
Él despegó su cara del suelo y miró hacia atrás, a aquella mujer que se había convertido en un dolor de cabeza de un día para otro. Ranma se torció un poco para alcanzar a mirar mejor el rostro de su atacante y sus labios comenzaron a emitir una leve risa, mezcla de sorpresa y perplejidad ante la nueva muestra del tesón de Akane… También, de futura venganza… Demasiadas sensaciones al mismo tiempo.
Ella, quien se lanzó en aquel salto movida por el impulso y el orgullo herido, se sintió demasiado expuesta cuando vio lo que se había atrevido a hacer y de pronto el nerviosismo y la timidez se adueñaron de su cuerpo, haciéndola temblar toda, como una hoja de papel en el viento. Luego ¡ese idiota se estaba riendo! Tuvo el nato deseo de golpearlo, pero la misma tranquilidad de su contrincante le relajó, y tal vez no alcanzó a reírse como Ranma, pero una pequeña sonrisa se instaló en sus labios.
—¿No te lastimaste, marimacho atrabancada?—. Preguntó el pelinegro.
—No me pasó nada, cabeza dura—. Respondió ella.
Los dos suspiraron aliviados al ver que estaban bien.
"Esto sería divertido" pensaron ambos"… Y acababa de empezar.
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Continuará
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Escribiendo a como lleguen las ideas n/n Nos vemos.
Gracias por leer.
