Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Kizuna
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Capítulo 12: La verdad, parte I.
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"Se necesita gran coraje para ver el mundo en toda su gloria contaminada y aún así amarlo."
-. Oscar Wilde.
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I wasted you —Flora Cash
No logró conciliar el sueño esa noche. Sus pensamientos eran demasiado confusos, podía identificar la alegría elevando su pecho ante la confesión de Sasuke, pero el sólo pensar en el daño que le hizo a Sasori… se había comportado como una completa imbécil al dejar que sus sentimientos dieran rienda suelta, sin sopesar las consecuencias. Sin embargo, su mente se aclaró en ese momento, porque la forma en la que se sentía junto a Sasori no se comparaba a la que se sentía junto a Sasuke. No le gustaba compararlos, era ruin querer hacerlo, pero se dió cuenta que nunca podría tocar o besar a Sasori sin pensar en el peliazabache, y eso la estaba atormentando, porque la realidad siempre estuvo ahí, y necesitó besar a su mejor amigo para que la neblina en sus pensamientos se dispara por completo. Si él también deseaba algo más que su amistad, ¿cuál era el problema?
Recordó las palabras de su amigo ojiceleste y su estómago se retorció.
¿Cómo enfrentaría a Sasori sin provocarle más daño? No, esa no era la principal inquietud, y se sintió egoísta por siquiera dejar que se proyectará en su mente.
¿Cómo estar con Sasuke sin dañar a Sasori?
No era posible, y sólo quería hacerse bolita y esconderse para nunca más ver la luz del sol.
El sólo pensar en que Sasori la odiase, retorcía sus entrañas. No quería perderlo, en poco tiempo se había vuelto indispensable en su vida, y egoístamente quería que siguiera siendo así.
Mientras observaba por la ventana, divisó al pelirrojo salir del refugio de hombres con un bolso en sus brazos. No lo pensó dos veces y comenzó a ir a su encuentro. El dolor en su tobillo no iba a ser impedimento para hacerlo, pero tuvo que tomar uno de sus bastones para no caer.
Caminaba lo más rápido que podía, pero su figura casi se perdía, así que tuvo que gritar su nombre un par de veces, hasta que él se detuvo, pero sin voltear hacia ella. Aprovechó la oportunidad y dio brincos en su dirección.
—¡Aaaah! —gritó al tropezar sobre la tierra que cubría al bosque. El dolor en su tobillo aumentó ante la caída y no pudo volver a ponerse de pie. Golpeó la tierra con sus puños cabreada. —¡Demonios!
—No debiste salir. Deberías estar descansando eso. —su voz usualmente animada, ahora se volvió demasiado profunda para su gusto, y arrugó la nariz. Se acercaba a paso apresurado a ella.
—Necesitaba hablar contigo. Te vi por la ventana. — se avergonzó ante su presencia y ocultó su rostro bajo su cabello.
—No me dirás nada que no sepa ya. —su voz fue clara insinuación a que dejara las cosas como estaban, pero ella no podía. Él merecía una explicación.
—Pero… necesito saber.
—Escuché todo. Llegué segundos después que ustedes.
—Lo siento. — él intentó ponerla de pie, pero la pelirrosa se rehusó. —Merezco que me dejes tirada aquí.
—No seas melodramática. —mencionó con tranquilidad. —Mei te hirió por mi causa, estamos a mano.
Sus palabras no la tranquilizaron para nada, sólo confirmaban el daño que le había causado.
—Nunca fue mi intención hacerte daño, realmente quería estar contigo. —el frío matutino hizo que la situación se volviera más sombría.
—Pero lo quieres más a él. —afirmó conociendo su respuesta. Podía sentir su pecho oprimiendose ante sus propias palabras.
—Lo siento, realmente lo siento. — dijo sin poder negarlo.
—Realmente creí que podía hacer que te enamoraras de mí, pero eso nunca fue una opción, ¿no es así? —soltó una risa desganada.
—No digas eso, quería que lo nuestro funcionara.
—Pero no puedo seguir siendo tu segunda opción, no cuando tú eres mi primera.
—Sasori…
—¡Me enamoré de ti! —el nudo en su garganta le impidió continuar y tuvo que hacer una pausa. —¿Por qué tengo que mirar como eres feliz con alguien más?
—Sasori. — él estaba arrodillado a su lado, y se permitió mirarlo a los ojos esperando distinguir ira u odio dirigido a ella, pero su alma se retorció al ver su mirada desoladora, lo había hecho pedazos.
—Detente. Me siento un imbécil por seguir aquí escuchándote.
—No lo eres. —podía sentir el bulto en su garganta formándose.
—¿Lo besaste?
Presentía que él conocía la respuesta, pero de igual forma se tomó unos segundos para responder.
—Sí. —lo vio golpear el tronco de un árbol un par de veces.
—¿Por qué? ¿Acaso no soy suficiente para ti?
—¿De qué estás hablando? — no podía permitir que él se sintiera de esa forma por su causa.
—Me utilizaste para olvidarte de él. —escupió. Ahí estaba el rechazo que espero desde un principio.
—No. ¡No! ¡Nunca haría eso contigo! No puedes… —él se había acercado para tomar su rostro entre sus manos, y ella se lo permitió sin saber cómo reaccionar realmente.
—No puedo hacerlo.
—¿Qué? —sus labios la besaron con detenimiento, podía sentir su tristeza en cada roce, su desilusión, y entre sus dedos estaba el anhelo por su piel, que nunca podría tener. Le iba a preguntar el por qué la había besado de esa forma cuando lo vio desviar su mirada hacia el refugio. Y vio a Sasuke parado a unos metros de ellos, observandolos con el ceño fruncido, y los puños apretados. Un aura sombría lo rodeaba. —Sasuke.
—Si ya dijiste todo lo que tenías que decir te puedes largar. —bufó con evidente molestia.
—¡Sasuke! —no podía ser así de grosero con el pelirrojo sabiendo lo sucedido.
—Uchiha, siempre tan inoportuno. —vio su rostro cambiar a uno molesto
—Puede que Sakura no vea lo podrido que estás, pero yo no soy tan ingenuo. Me viste llegar y la besaste para cabrearme. — se acercó desafiante en su dirección. —Muy bien, lo conseguiste.
—Tú te metiste conmigo primero al besar a mi novia.— dijo enfatizando el apelativo. Se había puesto de pie para ir a enfrentarlo.
—Exnovia — Sakura vio a Sasori acercarse peligrosamente a Sasuke, y darle un empujón.
—¡Detenganse! —intentó ponerse de pie con ayuda del bastón. Conocía perfectamente al peliazabache para saber que respondería con golpes.
—Ella decide. —mencionó Sasuke, imponiendo su cuerpo sobre el pelirrojo que media sólo unos centímetros menos que él.
—No soy idiota, Uchiha. Sé que correrá hacia ti apenas desaparezca, pero eso no significa que me quede de brazos cruzados.
—¡Dejen de hablar de mí como si no estuviera aquí! —gritó más que enfurecida con sus palabras.
Sasori se había acercado nuevamente a ella, e inclinado levemente para hablarle.
—Espero que te diviertas con tu nuevo juguete. — escupió para luego irse del lugar.
El rostro de Sakura se desfiguró al oír esas palabras tan venenosas que nunca habían sido dirigidas a ella. Su garganta se secó y sus ojos se aguaron. Sasuke que estaba dispuesto a moler a golpes al pelirrojo, se detuvo al ver su expresión dolida.
—No lo escuches. Sólo lo dice porque está enojado. — intentó tranquilizarla.
—Lo merezco.
—No, no es así. El maldito finalmente demostró lo despreciable que es. —quiso tocar su rostro, pero ella se alejó de su tacto. Lo entendía, pero la molestia se sentó de igual forma en su estómago.
La tomó en sus brazos, sin esperar por su aprobación y dirigió sus pasos de vuelta al refugio.
—El único culpable de todo soy yo. No quiero que te martirices con esto. —mencionó al ver que no decía ni una palabra.
—Rompí su corazón. —susurró.
—Realmente tienes a ese tipo en un altar.
—No hables de él como si lo conocieras. —el peliazabache se detuvo ante sus palabras.
—¿Por qué lo defiendes?
—No lo hago.
—Por supuesto que sí. — dijo molesto. — Así como sé que cambiaste de opinión sobre nosotros por su causa.
—¿"Nosotros"? — cuestionó con su corazón agitado, no podía ignorar la emoción que la invadió ante ese apelativo.
—¿Qué importa ahora? Si ya tomaste tu decisión —estaba molesto, y ella lo notó.
—Sasuke…
—Solo dilo de una vez. —conocía su respuesta, y no le agradaba, pero no quería presionarla.
—Necesito tiempo. Tú también, para digerir esto. —la dejó en la puerta y se marchó. No le apetecía seguir hablando del tema y la molestia en su pecho era devastadora.
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Los días habían pasado de forma lenta y tormentuosa. Kushina-san se había hecho cargo de su cuidado y la mimaba como si fuera su hija, con comida deliciosas y tardes de películas. Naruto protestaba de vez en cuando mencionando que ni con él era así de atenta, pero sólo lo hacía para fastidiarla, toda su vida Kushina había considerado a Sakura como una hija más, al igual que a Sasuke.
Pese a todo, Naruto agradecía silenciosamente el hecho de que pudiera ver a su, ahora novia, tan seguido al ir a visitar a la pelirrosa. Ino y Tenten también habían aparecido por ahí, animándola a mejorarse pronto y ofreciéndole sus apuntes de clases para que no se retrasará.
Incluso los del club de teatro le habían enviado su apoyo y seguridad de que la esperarían para terminar de ensayar la obra de "El Gran Gatsby".
Desde el día de su ruptura con Sasori, no había vuelto a ver a Sasuke, pero sí se comunicaba con ella a través de mensajes de texto, que esperaba ansiosamente todos los días. Si su amistad se había perjudicado luego de lo ocurrido, no se dió por enterada, porque ellos conseguían hablar por horas como solían hacerlo antes de que sus confusos sentimientos aparecieran. Sin embargo, aún no podía quitarse el beso que habían compartido con Sasuke, y sus palabras seguían haciendo eco en sus pensamientos.
Desconocía si había vuelto a hablar con Karin y debía confesar que estaba un tanto preocupada de qué le podría haber dicho. La pelirroja de vez en cuando ingresaba a la habitación a dejarle comida o preguntarle si necesitaba algo, pero rápidamente se iba.
Ella lo había decidido de esa forma, cuando Sasuke le pidió una respuesta ella le pidió tiempo para que Sasori se adecuara a esa situación y no fuera el hazme reír de todos en las escuela. O eso creía que era su justificación para dejar las cosas como estaban antes de que la besara de esa forma. Sasuke le había comentado que dudaba que algo así pasara, después de todo era un hombre y en una sociedad machista, él sería la víctima y miles de chicas lo perseguirán más de ahora en adelante.
"Te lo dije. En cualquier momento se forma el club de "Las futuras viudas de Sasori Akasuna" le había escrito al llegar a la escuela.
Ahora siendo la hora de salida, esperaba su mensaje diario de él, quizá contándole alguna estupidez que Kakashi hubiera hecho. O Naruto, pero ya había pasado una hora y aún nada. Quiso restarle importancia, pero el desasosiego la invadió de todas formas.
Ahora podía caminar casi normalmente, y el dolor era mínimo. Así que fue al patio de la casa a tomar aire fresco, quizá así lograría que esa sensación estúpida se fuera. No es como si Sasuke le debiera algo, además ella le pidió tiempo. Y él se lo había tomado muy enserio al no ir a visitarla luego de una semana.
—Miau.
Le pareció oír un maullido.
—Miau. Miau.
Se puso de pie para observar el lugar, pero no veía a ningún gato por ningún lado.
—Miau. —ahora lo escuchó sobre ella, y alzó la vista para encontrarse con unos ojos color cobrizo la mitad del árbol que adornaba el jardín.
—Hola. ¿Qué haces ahí? Ven acá. —alzó su mano para que saltara hacia ella, pero el gato retrocedió unos pasos. Tenía miedo de bajar, y era demasiado pequeño.
Su tobillo podría resistir subir y bajar, no creyó que hubiera problema, al otro día volvería a la escuela.
Trepó el árbol con agilidad, y pronto estaba al lado del gatito tomándolo en sus brazos para acariciarlo y luego bajar. Cuando recién había dado una pisada al tronco, el dolor en su tobillo la hizo soltarse y solo consiguió abrazar al animal en su pecho para que no se hiciera daño. Pero el golpe nunca llegó y abrió los ojos al sentirse envuelta por unos brazos que conocía a la perfección.
—Molestia. —su voz generó la calidez que estaba acostumbrada a sentir por su causa.
—Uchiha. —soltó para esconder su reacción.
—¿Es que te gusta jugar con tu vida?
—¿Es una buena forma de llamar tu atención? —preguntó interesada.
—Hmp.
—Entonces sí. —le sonrió de una forma que removió algo en el interior del peliazabache.
—Miau. —el maullido le recordó que permanecía en sus brazos, acariciándose contra su pecho.
—Tranquilo, Sasuke-kun está aquí, nada nos ha de pasar. —lo vio rodar los ojos para luego ponerla de pie. Una sensación conocida se formó en su pecho al escuchar el apelativo cariñoso unido a su nombre.
—¿Cómo está tu tobillo? —preguntó.
—Casi como nuevo.
—Claro, por eso casi caes.
—Está mejor, solo pise mal. —la vio acariciar al gato con diversión.
—No deberías andar rescatando gatos de los árboles en tu estado.
—Pero míralo. —alzó al gatito frente a él. El felino lo observó con sus enormes ojos color cobrizo y movió su nariz olfateandolo.
—Miau.
—Le agradas. —mencionó la ojijade.
—¿Cómo sabes eso?
—Son tus tatuajes. —bromeó, como lo había dicho una vez que no pudo apartar sus ojos de él.
El Uchiha menor soltó una carcajada que hizo que su corazón diera un vuelco.
—¡Sakura-chan! ¡Ahí estabas! ¿Qué tienes ahí? —la voz de la Uzumaki mayor los interrumpió.
—Lo rescatamos del árbol. —mencionó la pelirrosa, mostrándole al cariñoso animal, que seguía en sus brazos pidiendo su atención.
—Oh, es muy tierno, ¿tendrá dueño? —dijo acariciándole la cabeza.
—No lo sé, no tiene placa, o collar. Y es muy pequeño, parece que solo tiene unos meses. —vio a la pelirroja poner su mano en su mentón en gesto pensativo.
—Buscaremos a sus dueños, pero mientras puedes quedártelo. —la pelirrosa abrió la boca sin creerse sus palabras
—¿De verdad? —preguntó y la pelirroja volvió a asentir — ¡Muchas gracias! Prometo cuidarlo y alimentarlo hasta que me vaya, lo llevaré conmigo.
El de ojos color ónix la observó confundido ante sus últimas palabras.
—Sasuke-kun, ¿necesitas algo? Karin está en su habitación. —interrumpió sus pensamientos la Uzumaki.
—No. Estoy bien aquí. —se apresuró a decir, al ver el rostro de la ojijade.
—Está bien, cualquier cosa me avisas.
—Hmp. —vio a Sakura, que le había dado la espalda y se sentaba en el pasto junto al gato a jugar, arrugar la nariz como lo hacía cuando estaba molesta. —Hey, vine a verte a ti.
—Quizá Karin necesite tu compañía. —se mordió el interior de su boca al soltar esas palabras.
—¿Qué? —lo había desconcertado su afirmación.
—He escuchado que le ha preguntado a Naruto por ti estos días. ¡Auch! Eso dolió. — protestó al ser arañada en el antebrazo por el gato.
—Vine a verte a ti, y no me iré hasta pasar tiempo contigo.
—Lo estás haciendo. —se encogió de hombros. Sus celos eran absurdos, pero los sentía de todas formas.
—Necesito más que eso, molestia. —se hincó a su lado. —Nunca había sentido tanta envidia de un gato.
—¡Sasuke! —le advirtió al ver que golpeaba levemente la nariz del animal.
—Sasuke-kun. —Demonios, como detestaba esas palabras en esos momentos, pensó la pelirrosa.
—Creo que es mejor que me vaya a mi habitación. Vamos, Lovecraft. —mencionó poniéndose de pie y con una rama indicando al felino a seguirla.
—¿Ya le pusiste nombre? —la detuvo Sasuke, evitando por unos segundos más la conversación con la pelirroja recien llegada.
—No fue tan difícil, imagina un gato y una caída de altura por salvarlo, el mundo está demente y Lovecraft es el narrador.
Sonrió ampliamente ante su respuesta tan bizarra. Eso era lo que deseaba tener todos los días.
Volver a la escuela fue lo peor que podría haberle pasado. Y sí, la principal causa de ese pensamiento era la ruptura con el Akasuna.
Parecía que el club de fans del pelirrojo se había esmerado en hacerla sentir incómoda, y era la quinta vez que mandaba al infierno a una niña que le exigía que dejara la escuela o Sasori lo haría en su lugar.
¿Ellas realmente creían que le había hecho daño a Sasori para su propia diversión?
En el receso se le había acercado un miembro de su propio club de fans para hacerle saber que había tomado la decisión correcta respecto al pelirrojo. Le pareció extraño y más aún cuando el chico se había negado a explicarle el por qué pensaba así, sólo mencionando que el pelirrojo no era alguien de fiar. Siguió dándole vueltas en su cabeza a la situación y se dispuso a comer el sándwich de huevo que Kushina le había preparado.
—Se ha montado un gran espectáculo, ¿eh?
—¿Qué quieres?
—¿Por qué tanta hostilidad? — ironizó y la pelirrosa se le quitó el apetito como era costumbre. —Oh, lo siento, tu tobillo.
—No tengo interés en escucharte, pero ya que estás aquí, supongo que vienes a restregarme algo en la cara.
—Sólo quería mencionarte que deberías cuidar tus pasos de ahora en adelante
—¿Me estás amenazando? —se inclinó hacia ella dándole una mirada imperturbable.
—Es sólo una sugerencia. La verdad es que nadie sabe lo que sucedió luego de que te fuiste del hospital, Sasori no quiso mencionarlo, pero tampoco ha querido juntarse con sus reales amigos, así que suponemos que lo estropeaste bien feo.
—No es de tu incumbencia. —soltó. Sentía como la cólera iba extendiéndose por su cuerpo.
—De todas formas estoy segura que no vale la pena que derrame ni una sola lágrima por ti, yo me encargaré de estar a su lado de ahora en adelante.
—¿Cuál es la necesidad imperante de fastidiarme? — realmente no lo entendía, Sasori y ella ya no estaban juntos.
—Hay que mantener a las usurpadoras como tú lejos.
—¡Repite lo que dijiste! —gritó poniéndose de pie y golpeando la mesa con sus puños. La atención de todos ahora estaba fija en ambas.
—Usaste a Sasori para volverte popular y tener la atención de todos, porque tu vida es demasiado miserable para afrontarla. —iba a lanzarse sobre ella. Al diablo con Tsunade y la posibilidad de ser suspendida.
—¡Mei! — la voz de Sasori la mantuvo en lugar. Sus ojos chocaron con almendrados de él y vio la incomodidad en ellos. ¿Realmente iba a dejar que esa tipa la provocara de esa forma? Por supuesto que no. —¿Qué haces?
—Oh, ya sabes, mostrándole a todo el mundo lo patética que es esta niña.
—Lo dice quién casi me fractura un tobillo para conseguir la atención de un chico. —escuchó como la multitud a su alrededor reaccionaba frente a sus palabras, murmurando estupideces que no le interesaba escuchar.
—¡Cállate! ¡Maldita niñata! —la pelirrosa soltó una carcajada ante la ira que percibía en la morena.
—Mei, vámonos. —no le sorprendía que Sasori no mencionara nada luego de las palabras de su amiga, así de inexistente era su relación ahora. Se molestó consigo misma por la sensación decepcionante en su interior. Sentía que algo se estaba quebrando sin preverlo. Pero de la misma forma se había cabreado al verlo llegar con Deidara a su lado.
—Deberías decirle el por qué estuviste con ella en primer lugar. —¿De qué demonios estaba hablando?
—¡Mei, ya basta! —Sasori había tomado a la morena de un brazo y volteado hacia él.
—No me importa lo que piensen de mi, al final del día tengo a las personas que necesito a mi lado. —dijo. Y notó que fue un golpe bajo para el pelirrojo, e intencionalmente había atravesado el espacio entre Sasori y Deidara para chocar su hombro con el pelirrojo.
Vio a Sasuke en el marco de la cafetería y evadió su mirada, sólo quería irse a casa y encerrarse en su habitación, pero agradecía que él no vio lo sucedido. Otra vez alguien parecía saber algo que ella no se daba por enterada.
Sus pasos se apresuraron hacia los pasillos, para salir al patio a tomar aire. Quedaban solo cinco minutos para volver a clases.
—Sakura. —ella siguió caminando ignorando el llamado del peliazabache. —Sakura, ¿puedes detenerte?
—No quiero hablar, Sasuke. —no lo escuchó protestar así que siguió su camino hacia el único lugar donde podría pensar claramente. Sus pasos fueron detenidos por el jalón en su suéter negro, que la hizo voltear sobre su eje y verse envuelta por los firmes y tonificados brazos de su mejor amigo.
—Entonces no lo hagas. —susurró mientras la calidez de su cuerpo la envolvía por completo. La seguridad y calma pronto fueron apareciendo en ella y se dejó abrazar hasta que escucharon el sonido del timbre.
Respondió el mensaje de Sasuke con una sonrisa en su rostro, la estaría esperando en la salida cuando se acabaran las clases para acompañarla a su vieja casa. Había tenido que contarle que volvería a ella, y le haría algunas modificaciones con el dinero que tenía de sus ahorros. Luego lo repondría cuando comenzara a ganar un poco por su música.
Se encontraba en la sala audiovisual, revisando el material que le habían entregado para sus canciones de la obra de teatro, cuando sintió la puerta abrirse y unos pasos acercarse.
—Ino, ¿qué se te quedó ahora? —su amiga había salido solo unos minutos atrás, y siempre se le olvidaba algo.
—No soy Ino, pero su cabello se parece al mío. —la sonrisa que se había formado se esfumó de su rostro.
—Deidara. ¿Qué quieres? —bufó molesta.
—Oh, Sakura, tú sabes lo que quiero, es lo mismo que Sasori quiere de ti. —la confusión recorrió su rostro. ¿Por qué todos mencionaban a Sasori ese día?
—No sé de qué estás hablando, y realmente no me interesa.
—Creí que lo ignorarías, ya sabes, no podemos competir contra el Uchiha. Pero Sasori insistió en que tenía algo que yo no para llamar tu atención, supongo que tenía razón. —¿Qué tenía que ver Sasuke en todo eso?
—No quiero hablar contigo, así que te pediré que te vayas. —él había rodeado el escritorio para sentarse sobre él y verla de cerca, pero la pelirrosa se puso de pie e intentó ir hacia la puerta. Un jalón brusco en su muñeca la detuvo.
—Fuiste tan ingenua, pensé que con el Uchiha te bastaba, pero no fue así. —se negaba a escuchar sus estupideces.
—Sólo vete.
—¿Sabes qué es lo que tenía planeado para ti? —ignoró nuevamente su petición.
Sopesó sus palabras con cuidado, un presentimiento muy malo le vino de repente, la puerta estaba cerrada y él se acercaba peligrosamente.
—No me interesa. —había pasado de ella.
—Siempre he creído que tú y el Uchiha tienen algo. Me pregunto si... —observó disimuladamente la puerta cerrada tras ella. — se molestará si tomo lo que quiero.
—Sasori te molerá a golpes. —estúpida bocota. El rubio se reía a carcajadas en su cara.
Se había acercado demasiado a ella, no le gustaba la forma en que la observaba, como una presa a punto de morir.
—¿Y tú crees que realmente le importas? — la duda que plantó en su interior la aturdió.
—No te tengo miedo. —atinó a responder.
—Es lo que menos deseo que sientas por mi. Dicen que el Uchiha es un tanto más brusco con las mujeres. — tomó un mechón de su pelo y jugó con él entre sus dedos. Ella no podía moverse de su lugar, su cabeza estaba maquinando ideas para quitárselo de encima. —Quizá yo pueda ser mucho más suave que él para... Saciarte. —lo último lo dijo casi en un susurro que generó repulsión en su estómago.
—Mira, siento que Sasuke te haya molido a golpes. —se retractó de sus palabras. —En realidad no lo siento ni un poco, pero debes dejarme salir ahora o te irá muy mal.
Antes de poder voltear a la puerta él la aprisionó contra ella poniendo sus brazos a la altura de su cabeza. Su espalda recibió el golpe haciéndola soltar un sonido ahogado.
—Deberías probar a alguien que realmente te desee. —sus palabras se sintieron como un golpe bajo en sus entrañas.
Estaba demasiado cerca de ella, tocó sus labios con su dedo, y ella solo consiguió alejar su rostro de él. La repulsión aumentó recorriendo su cuerpo. —Hablo enserio.
—Yo también, me gustaría irme. —sentía su aliento en su oreja y cuello. Quería salir de ahí en ese instante.
—Podría darte lo que realmente quieres, tocarás el cielo con mis manos. —una mano recorrió su hombro hasta llegar a sus caderas, tragó grueso, de pronto se sintió tan sucia, que olvidó cómo respirar, tenía que abrir esa maldita puerta de alguna forma.
El toque en su pierna, bajo su falda, no fue agradable y no pudo más.
—¡No! —gritó. Aprovechó su distracción y golpeó su garganta para luego golpearlo en la entrepierna con todas sus fuerzas, ignoró su grito de dolor y abrió la puerta para correr a la salida.
Fue una decisión sabia asistir al taller Taijutsu con Kakashi. Corrió por los pasillos de la escuela hasta que sus piernas no dieron más, no había nadie en ese lugar que pudiera ayudarla. Se arrodilló en el cemento intentando regular su respiración, y justo cuando iba volver a correr divisó a Sasuke sentado sobre su auto junto a Naruto, gritó sus nombres y el rostro del peliazabache la enfocó y cambió inmediatamente. Se puso de pie acercándose a ella a zancadas y Naruto lo siguió.
Saltó a los brazos del Uchiha buscando refugio y comenzó a llorar sin poder detenerse. Su cuerpo reaccionó a su tacto incluso así, acompesando los latidos de su corazón y deseando que no la soltara.
—¿Sakura? ¿Qué sucedió? —la preocupación endureció sus facciones. Nunca había visto a Sakura tan devastada y aterrada. Las lágrimas corrían por su rostro sin parar y pudo notar como le costaba trabajo hablar.
—D-deidara... Él... I-intentó... t-tocarme, yo... —odiaba sentirse así de indefensa e impotente.
—¡Lo voy a matar! —gritó Naruto a su lado apretando sus puños.
—¡No! No vayas, quédate conmigo… por favor—le rogó al peliazabache al ver que quería ir tras Naruto. No pudo seguir hablando por el llanto interminable que la invadió.
—Todo está bien, estás bien, estás a salvo. —repetía una y otra vez intentando calmar el temblor en su cuerpo.
La apretó contra su cuerpo intentando darle paz, pero podía sentir su cuerpo estremecerse ante la ira que lo recorría, quería partirle la cara a ese imbécil. Siempre supo que no era de fiar, pero jamás pensó que sería capaz de abusar de alguien así. Sus puños se mantuvieron apretados hasta que ella dejó de temblar. — Vamonos.
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—¿Cómo estás? —preguntó el de ojos color ónix a la pelirrosa que yacía en su cama, desde hace una hora sin decir una palabra, dándole la espalda. —¿Sakura?
—No lo sé. —respondió
—Te traje algo de comida.
—Gracias, pero no tengo hambre. —su intención no era ignorarlo, pero sus pensamientos corrompidos no la dejaban formular alguna respuesta complaciente.
—Yamanaka junto con tus amigas vinieron a verte, pero les pedí que te dejaran descansar. —apretó el cojín entre sus brazos aún más. ¿Cómo explicaría lo sucedido? El olor que emanaba del objeto, la hizo cerrar los ojos, era el olor de Sasuke.
—Está bien. —susurró.
—Naruto se fue. Le pedí que te dejara aquí esta noche. —los ojos color esmeralda se enfocaron en su rostro preocupado.
—¿Qué sucedió?
—Naruto le dio su merecido, por poco lo expulsan, pero ya sabes que Jiraiya le tiene demasiado aprecio. Y luego de contarle lo sucedido solo lo suspendieron por unos días. —se arrodillo frente a ella, quedando su rostro a la altura del suyo. Se preguntaba qué castigo le habían impuesto a Deidara. —lo expulsaron de la escuela. —respondió adivinando sus pensamientos. Acercó su mano para tomar la suya, que caía hacia un costado de la cama. Su semblante no era calmo, la tensión en sus músculos era evidente al estar inclinado en su dirección.
—Necesito saber… —conocía a Sasuke, no quería martirizarla mencionando el tema, simplemente deseaba entender su comportamiento.
—En pocas palabras… dijo que quería cogerme mejor que tú. —Sasuke casi desencaja su mandíbula si no fuera demasiado bueno controlando sus emociones.
—¿Qué diablos está mal con él? —preguntó en cambio.
—Supongo que le molestó que no negara una relación contigo. —flexionó sus rodillas contra su pecho.
—¿Qué más te dijo? —las caricias que le brindaba el peliazabache en su mano, la estaban calmando lo suficiente para seguir.
—Algo sobre Sasori. —solo mencionarlo le retorcía el estómago. —Siento como si supiera algo que yo no.
—Puede ser, son amigos. —cerró la boca, porque sabía que eso era cierto. Los había visto juntos en la cafetería.
Se sentó sobre la cama, Sasuke no había soltado si mano aún. .
—¿Sería posible que Sasori estuviera jugando conmigo todo este tiempo? —era la duda que había sembrado Mei y que había fortalecido Deidara con sus insinuaciones.
El ojionix la observó confundido, era cierto que él mismo intentó alejarla de Sasori por su historial de rompecorazones, pero de ahí jugar con ella era otra cosa. ¿Qué debía decirle?
Desgraciadamente sabía que la pelirrosa había generado sentimientos por el Akasuna, y eso lo cabreaba hasta la última fibra. Además sabía que por culpa de él la pelirrosa le había pedido tiempo, pero difamar en su contra no era su estilo.
—No lo sé.
La pelirrosa asintió, y dejó un caricia sutil en su rostro.
—¿Estás cansada?
—Un poco. —bostezó levemente, y al peliazabache le pareció lo más tierno del mundo, al verla apoyar su mentón en su mano, sin soltar su agarre aún.
—Sigues durmiendo mal. —notó.
—Es como una maldición. —sonrió avergonzada. Y antes de siquiera dar un paso a la puerta, él ya había tomado su antebrazo, deteniendola.
—¿Quieres que duerma contigo? —parecía una propuesta de lo más inusual, y sus latidos se aceleraron un poco, pero su conciencia le recordó una y otra vez que eso era de lo más común entre ellos.
—¿Sí? — él sonrió ampliamente, como si ella hubiera dicho algo que le complaciera, algo que hubiera estado esperando.
El peliazabache se tomó su tiempo para observar el rubor en su rostro, ella pensó que estaba aprovechándose de la situación, porque le había pedido tiempo y ahora se lanzaba a sus brazos como si nada.
—Ven aquí. — extendió sus brazos para recibirla, y ella se dejó estar, no todos los días Uchiha Sasuke te ofrecía su cuerpo como consuelo.
.
Llevaban varias horas recostados uno al lado del otro, sin poder dormir. La tensión en el ambiente era evidente. Sakura tenía miedo de acercarse y ser rechazada, los pensamientos del Uchiha no estaban muy lejos de eso. Sin embargo, la pelirrosa tomó toda la valentía que poseía y se volteó para abrazarlo por la espalda. Al sentir la tensión en su cuerpo, quiso alejarse, pero sus manos guiaron las suyas permitiéndole envolver su cintura.
—No puedo dejar de mirarte. Es como si existiera un imán, que me impide quitar mis ojos de ti. — había susurrado el peliazabache. Su voz era lo suficientemente audible debido al silencio que reinaba en la habitación. — He visto tantas facetas tuyas, conozco tantas historias, tantas cosas y aun así, cada día parece que te estoy viendo por primera vez. — Sakura mantenía los ojos apretados, Sasuke la estaba torturando con sus palabras, haciéndola arrepentirse de pedirle tiempo cuando todo lo que deseaba era tener más de él. — Si tan solo supiera que es lo que tú quieres.
—Sasuke… —apoyó su cabeza en su espalda.
—¿Quieres saber qué quiero yo?
—Sólo estás volviendo más difícil todo esto. —se volteó sobre su cuerpo para verla a los ojos. Ella había detestado escuchar las palabras de Deidara con respecto a Sasuke, ahora observando la mirada del azabache, comprendió que el rubio no podía estar más que equivocado. Los ojos color ónix reflejaban todo el deseo que sentía por ella.
—Ni siquiera puedo quitarme la imagen mental de ese imbécil intentando tocarte, cuando les dije que no quería que nadie te tocara.
—¿Les dijiste? —¿Plural?
—Te lo dije antes Sakura. No quiero que nadie te toque, me atormenta el solo pensarlo. Sasori y Deidara lo sabían, se los advertí. Y la única razón por la que no lo dejé inconsciente fue porque me necesitabas. —sus manos acariciaron sus brazos provocando que un escalofrío subiera por ellos. Su pecho se infló antes sus palabras, Sasuke no era alguien impulsivo, pero cuando se trataba de ella o Naruto podía sucumbir a sus instintos más primitivos, sin embargo, está vez la prefirió por sobre su irracionalidad.
—¿Entonces por qué tu si lo haces? —vio la sonrisa torcida en su rostro, y sus manos deslizarse hacia su cintura.
—Porque me gusta la forma en que tu cuerpo reacciona a mi. Es la misma forma en la que el mío reacciona a ti.
—Oh. —el rubor aumentó en su rostro y un nerviosismo asfixiante la recorrió.
Repasó sus facciones con detenimiento, y no pudo esconder sus ansias de tocarlo, él cerró los ojos por un momento al sentir su tacto.
—Sakura. — su aliento estaba cada vez más cerca, sus labios se rozaban, disfrutando cada uno el hálito del otro.
—Esto no es juego. — lo interrumpió. — Y existe la posibilidad de que nuestra amistad se vaya por la borda de inmediato. No estoy dispuesta a perderte de esa forma.
Él quiso refutar sus palabras, no es como si se hubieran enamorado el uno del otro, era una atracción muy fuerte, que parecía aumentar mientras más lejos estuvieran. Quería pensar que su amistad solo se volvería más fuerte, pero sabía que no era así.
Por algún motivo que no comprendió del todo, no dijo ni una palabra. En cambio permitió que la pelirrosa se apoyara en su pecho y acarició su espalda con suavidad.
Ella decide.
Era un idiota. Un idiota orgulloso.
Ambos lo eran.
