Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Kizuna
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Capítulo 16: El uno para el otro.
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"Te garantizo que habrá épocas difíciles y te garantizo que en algún momento uno de los dos o los dos querremos dejarlo todo, pero también te garantizo que si no te pido que seas mía me arrepentiré durante el resto de mi vida porque sé en lo más profundo de mi ser que estás hecha para mí".
-Pablo Neruda.
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Cuando el padre de Sakura había perdido el control por primera vez y ella lo había llamado con su voz quebrada, algo pareció estallar en su interior. Siempre había sido muy sobreprotector con sus amigos, pero debía admitir que Sakura, en palabras de Naruto, era su talón de Aquiles.
Ese día la había visto correr en su dirección al notarlo a unos metros de ella; se detuvo solo unos pasos antes, con su respiración agitada; el sudor en su frente era evidente y su ropa, con su pelo desordenado eran una clara señal de que llevaba corriendo varios kilómetros. Parecía dudar sobre si dar otro paso, sin embargo, sus ojos color jade se mantenían fijos en los suyos reflejando toda la conmoción en su interior.
Entonces su cuerpo se había movido solo en busca del suyo, la envolvió entre sus brazos, mientras ella se aferraba con sus manos a su chaqueta. No lloraba, pero su rostro se mantuvo oculto en su pecho y su agarre se volvió cada vez más firme.
No podía explicar lo pesada que se sintió su alma al sostenerla entre sus brazos y sentir el cómo temblaba su cuerpo intentando controlar las lágrimas que amenazaban con caer por su rostro. Era un momento tan íntimo que dudó de sus acciones, estaban cruzando una barrera que él había creado tan fervientemente que le pareció absurda la facilidad con la que la pelirrosa la había atravesado.
Luego de unos minutos alejó levemente su cuerpo de ella para instigarla a ir hacia su casa, pero notó un corte aún sangrante en su pómulo izquierdo.
La ira recorrió su cuerpo al recordar que su padre le había puesto una mano encima, e intentó soltarse de su agarre para ir en su búsqueda y dejarle claro que lo quería lejos de ella, pero la pelirrosa había tomado su rostro entre sus manos, y la mirada que sus ojos le brindaron, apaciguó levemente la ira en su interior.
¿Cómo lo había conseguido? ¿Qué clase de poder tenía la pelirrosa sobre él que no había notado antes?
Se había separado de ella y por segunda vez en mucho tiempo había tomado su mano para guiarla hacia su casa, no era un tacto desagradable y creyó que para ella tampoco al sentir como entrelazaba sus dedos para asegurar el agarre. Sus manos eran pequeñas, pero no existía la suavidad que esperaba sentir. La punta de sus dedos era áspera, demostrando la cantidad de horas que pasaba tocando su guitarra. De alguna forma, eso lo hizo respirar con más dificultad y pudo sentir cómo su pecho daba un vuelco ante la verdad que asomaba desde hace días.
Ella no podía ser tan perfecta.
Sacudió su cabeza ante esos pensamientos que surgían desde ese día en la nieve que estuvieron solos.
La pelirrosa no había mencionado ni una palabra y así estaba bien, los silencios entre ellos se volvían cada vez más comunes y para nada molestos.
Al llegar su madre les abrió la puerta preocupada y le ofreció a Sakura algo caliente para que el frío abandonara su cuerpo. Ella siempre había comprendido a la pelirrosa a su manera, y podía leer cada expresión en su rostro. Parecía que sus palabras habían conseguido calmarla, por lo que pronto los dejó solos, ofreciéndoles la ayuda que necesitaran.
El peliazabache no había podido apartar su mirada de ella, atento a cada cambio en su expresión e intentando descifrar todos sus pensamientos. Su rostro lucía desconcertado, y sus grandes ojos jade parecieron perder brillo, como si recién hubiera caído en cuenta de todo lo que implicaba lo sucedido.
Cuando vio que sus mejillas se tiñeron de rojo fue que notó lo extraño que estaba actuando observándola de esa manera. De inmediato sintió su propio rostro aumentando su temperatura.
—¿Naruto…? —preguntó ella desviando la mirada, mientras bebía su chocolate caliente.
—Intenté contactarlo, pero está dormido. — bebió de su café intentando ignorar sus pensamientos confusos.
—Es mejor así. —mencionó ella mientras jugaba con la cuchara de su taza. Ambos sabían que Naruto tenía las palabras exactas para animar el ambiente, pero también existía un vínculo entre ellos dos que les permitía quedarse uno al lado del otro sin necesidad de palabras y sabiendo que todo estaría bien.
—Vamos a descansar, hoy te quedas aquí. —sabía que no era una propuesta, sino una afirmación, así que lo siguió con sigilo hacia su habitación, existía el cuarto de invitados, por supuesto, pero él nunca dejó que ella se quedara ahí. Desde niños siempre dormían juntos con Naruto y al crecer él siempre podría dormir en el suelo si era necesario.
Ambos se sentaron sobre la cama, apoyando sus espaldas contra la pared, mientras el peliazabache leía con detenimiento su libro "La Cuarta Guerra Ninja" intentando que la somnolencia llegara a ella. Sakura apoyó su cabeza en su hombro con más lentitud de la que creyó necesaria, suponía esperando alguna muestra de rechazo de su parte. Los Uchihas no eran para nada demostrativos, pero en la soledad de su habitación junto a ella, nada le podía importar menos que esconder sus emociones al sentirla cerca de él, así que se lo permitió y continuó leyendo como si nada hubiera sucedido.
—¿Sasuke? —el llamado de su nombre detuvo su lectura y la vio separarse para mirarlo a los ojos. — No me dejes sola.
No pudo ignorar el dolor que se sentó en su pecho al entender el significado de sus palabras y el cómo su voz parecía perder fuerza al mencionarlas. Luego le pareció absurdo que ella pudiera siquiera plantearse la posibilidad de que él la dejara. No era posible, no podía siquiera imaginarse una vida sin ella.
Su mano se movió por sí sola acariciando su rostro, teniendo especial cuidado en su herida abierta. Repasó sus facciones con tanta premura que no notó el leve sonrojo que había aparecido en la pelirrosa, hasta que la vio cerrar los ojos ante su tacto y el cómo una lágrima rebelde caía por su rostro. Pensó en alejarse, él nunca había demostrado su aprecio por ella, mucho menos de esa forma, pero de manera impulsiva y sin poder detener su cuerpo, había recargado su frente contra la suya.
—Nunca. —susurró.
¿Por qué se sentía como si un imán lo hubiera arrastrado hacia ella para sentir su cuerpo junto al suyo?
Ahora que estaba junto a él, no dejaría que nadie la volviera a tocar. Podría haberse alarmado frente a la posesividad de sus pensamientos, pero no lo demostró, Sakura era alguien preciada para él, su amiga desde que había iluminado su alrededor y su dolor se había vuelto propio sin desearlo.
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Sakura por fin había conseguido quedarse dormida y él vigiló su sueño todo ese tiempo hasta que no pudo más y cayó rendido en la cama improvisada que armó en el suelo. Creía que habrían pasado al menos unas cuatro horas cuando un grito proveniente de ella, lo despertó.
—¿Qué sucede? —cuestionó alarmado. Su mente había maquinado mil escenarios posibles donde ella salía herida, antes de ponerse de pie.
La vio sentada sobre la cama, escondiendo su rostro en sus rodillas y tomándose el pecho justo ahí donde estaba el corazón. Se sentó a su lado y ella rápidamente se aferró a su cuerpo buscando consuelo.
—Tranquila, fue solo un sueño. —mencionó apoyando su mentón sobre su cabello. ¿Por qué precisamente ese día no podía mantener sus manos lejos de ella?
—Sasuke… —mencionó luego de unos minutos. Podía notar como intentaba calmar su respiración.
—¿Qué sucede?
Si no fuera por la oscuridad de su habitación, la pelirrosa podría a ver visto su rostro adquiriendo un color rojizo al tenerla entre sus brazos.
—No quiero dormir sola.
—No estás sola, yo estoy justo… —no era el momento para comportarse como un adolescente hormonal, pero no podía negar que su proposición lo hizo sonrojar aún más y plantearse escenarios que nunca debieron cruzar su mente. Agradecía no estar frente a ella para que viera su rostro. ¿Qué demonios le estaba sucediendo?
—Lo siento. —soltó su agarre sobre su torso y se dispuso a seguir durmiendo. No pudo ocultar la decepción que sintió al separarse de su cuerpo.
¿Ella realmente creía que él podía negarse a sus peticiones? Soltó un suspiro de resignación. Que lo llamaran débil frente a ella, porque tampoco quería negarse.
—Hazme un lugar.
— ¡¿Por qué diablos no contestas el maldito celular?!
Quizá encender su teléfono no fue la mejor idea. No le agradaba el pelirrubio cuando gritaba, mucho menos al despertar. Pensándolo bien, sí, la mayoría del tiempo no le agradaba.
—Naruto, ¿puedes dejar de gritar? — considerando que era casi medianoche, no comprendía el por qué de tanto alboroto.
Luego de escaparse de la escuela y encerrarse en su habitación, toda la culpa y remordimiento cayó sobre él como un balde de agua fría. En el mismo momento que huyó tan cobardemente, luego de escuchar las palabras de la pelirrosa, se había arrepentido de su actitud. Sakura no le había dado motivos para que él dudara de esa forma de lo que estaba sucediendo entre ellos, pero su irracionalidad se hizo presente al verla tan ensimismada mirando al pelirrojo actuar y luego al escuchar esas palabras…
Sí, estaba malditamente celoso. No quería que ese idiota se acercara a ella. Tenía miedo de que la pelirrosa descubriera que había desarrollado algún tipo de sentimiento por el Akasuna. Tenía miedo de que volviera a insistir con que su amistad era lo más importante, y luego ir a los brazos de ese imbécil. Ella siempre conseguía que su parte irracional floreciera. Y luego de darse cuenta de su error, no sabía cómo enmendarlo.
— ¡Maldito teme, quince veces! ¡Quince veces te llamé!
—¿Puedes hablar de una vez? —se masajeó la frente, él había interrumpido su sueño con la pelirrosa, lo haría pagar por eso. Otro recuerdo, parecía que su mente estaba empecinada en hacerle ver el cómo había llegado a ese punto y por qué no tenía retorno.
— Estoy llegando a tu casa.
Sasuke vio por la ventana de su habitación como el auto de Naruto se estacionaba fuera de su casa de forma abrupta. ¿Qué estaba sucediendo?
De inmediato un nombre se le vino a la cabeza.
"Sakura".
Esa era la única razón por la que Naruto estaría tan histérico a esas horas de la noche.
Sus pies se movieron solos escaleras abajo luego de que ese pensamiento apareciera en su mente.
Naruto salió de su auto con prisa mientras él lo interceptó con una palpable ansiedad recorriendo su cuerpo.
—¿Dónde está? —exigió de inmediato.
El ojiceleste no se sorprendió por lo asertivos que fueron sus pensamientos, en cambio intentó resumir lo que sucedía con cuidado.
—Se supone que debía irla a buscar a su trabajo, pero al llegar ella no estaba ahí y luego…
—¿Trabajo? ¿Hoy? Espera, ella no… —interrumpió, mientras la confusión se sentaba en su cabeza. Buscó rápidamente los mensajes y llamadas que no atendió y su cuerpo se sintió pesado al notar la cantidad proveniente de ella.
" Sasuke, contesta. No seas idiota".
"No quise decir algo así, llegaste en mal momento".
"Sasuke, realmente eres insoportable. Necesitamos hablar de esto".
"¡Maldito idiota! Mi lucha contra la ansiedad se está yendo por la borda gracias a ti".
"Sasuke, por favor…"
"Comienzo mi nuevo trabajo hoy, te lo iba a decir luego de la obra".
"Sasuke, ya lo entendí, pero soy bastante testaruda. Iré a tu casa después del trabajo, y me abrirás esa maldita puerta o la echaré abajo".
Le pareció ver más mensajes entre medio, pero eran similares. Su capacidad de maldecir seguía siendo innata.
Soltó un sonido de exasperación. Siempre conseguía empujarla lejos de él, cuando todo lo que quería era tenerla cerca.
Escuchar las siguientes palabras de su amigo, solo empeoró la situación. —No estaba por ningún lugar y hablé con la anciana que es la dueña. Me dijo que estaba conversando con su nieto cuando de pronto ambos desaparecieron. —con cada palabra que decía, Sasuke se confundía más y el pesar en su pecho crecía.
—¿Nieto?
— Teme, no te agradará nada saber quién es.
Las siguientes palabras de Naruto intentó omitirlas, al igual que la sensación molesta y abrumadora en su interior, pero sus emociones se desestabilizaron al escuchar el nombre del que perturbaba su paz mental esos días.
Volteó exasperado y pateó el basurero que estaba a unos metros de él. Era un idiota, ella nunca debió estar con ese imbécil en primer lugar, él mismo la había lanzado hacia el pelirrojo.
—Vamos. —soltó. No podía quedarse quieto sabiendo que estaba con él.
Naruto lo detuvo poniendo su mano sobre su pecho.
—¿A dónde crees que vas? La evitaste todo el día y ahora ni siquiera tenemos idea de dónde está.
Era cierto, pero en el momento que le mencionó lo de su desaparición nada más importó, y estaba luchando con sus enormes ganas de tomar a la pelirrosa y meterla en una caja con llave para que nadie la mirara nunca más, sin embargo, lo primordial era encontrarla.
Naruto lo observó con resignación, él comprendía algo que ellos aún no, algo de lo que era imposible escapar. Debía facilitar las cosas de alguna forma.
—¿Realmente crees que Sakura-chan quiso decir todo eso? — lo interrumpió antes de que protestara.
No quería hablar del tema, pero no tendría escapatoria más tarde. —Lo escuché, no fue solo un invento de mi cabeza.
—Ella te lo dijo, muchas veces. — era cierto, lo sabía, incluso cuando lo escuchó lo entendió, sin embargo… —Estaba realmente arrepentida luego de eso. Te buscó por toda la escuela, faltó a todas sus clases y luego se fue al trabajo.
Sus pensamientos viajaron creando imágenes de ella recorriendo la escuela, faltando a sus clases, al almuerzo, ensayos… ¿Qué estaba mal con él? Por sus estúpidos arrebatos, ahora tenía que conformarse con esperar su regreso.
—Mis padres, ellos…
—¿Qué hay de Sakura-chan? —lo volvió a interrumpir — Realmente esperaba más sensatez de tu parte. No eres un adulto, pero nunca actúas como un crío, sin embargo pareciera que estás haciendo lo posible por arruinarlo.
Repasó sus palabras rápidamente en su cabeza, intentando encontrar alguna parte en la que pudiera refutar. Sonrió y luego soltó una carcajada.
—¿Por qué de repente te volviste la voz de la consciencia ?
—Aprendí de los mejores. —se encogió de hombros. El sonido de su celular anunciando un mensaje los alertó. —¿Qué es?
—Un mensaje de Sakura.
—¿Qué dice?
Le acercó la pantalla de su celular y el rubio se sentó sobre el pavimento. El peliazabache lo siguió, Sakura había enviado su ubicación.
" Volveré pronto. Hablaremos".
Una sonrisa intromisoria se deslizó por su rostro al leer sus últimas palabras.
Era el momento de tomar una decisión.
Era la quinta llamada de Sasuke y el décimo mensaje que le dejaba. Estaba claro que se había enterado de su reciente desaparición, como para desear hablar con ella luego de haberla evitado todo el día. Envió un mensaje rápido y guardó su celular en su bolsillo y lo mantuvo en silencio.
Su estómago se retorcía ante la cantidad de sensaciones molestas que la inundaban. ¿Estaría haciendo lo correcto? Intentó convencerse a sí misma que no importaba si no era lo que ella esperaba, no tenía nada que perder. Ni que necesitara.
—¿Tu nuevo novio? —su mirada evidentemente molesta se deslizó hacia él, rodó los ojos y luego se posó en la ventana a su lado.
—No te debo explicaciones a ti. —ni siquiera ella sabía que relación tenían ahora con Sasuke.
—Tienes razón, pero si te preocupa romper mi corazón, eso ya está hecho, y la culpa es mía. — sus palabras no fueron lo que esperaba en respuesta, pero no lo demostró, siguió con su vista en el camino.
—No es completamente cierto. Puedo reconocer cuando la he jodido. Ambos lo hicimos.
Tomó su silencio como un tema saldado, o eso esperaba, no quería volver a hablar sobre algo que le provocaba tal pesadumbre en su interior.
Sasori la observó con detenimiento por unos minutos. Ella podría haber elegido odiarlo y lanzarle todo su resentimiento en cada palabra que saliera de sus labios, pero en cambio decidió mostrarse indiferente ante lo ocurrido entre ellos. E incluso así, sabía que cada palabra que saliera de su boca, solo la volvía más irresistible ante sus ojos.
Escondió su rostro entre sus manos.
Demonios, estaba tan jodido, no podría conformarse con verla desde lejos.
Cuando el vehículo se detuvo frente a una reja extensa y de apariencia elegante, supo que habían llegado.
Vaciló en poner sus pies en tierra firme, todo su interior estaba expectante a lo que se venía en unos minutos. Y toda la seguridad que pareció sentir al aceptar venir, se derrumbó en un instante.
Su mirada insegura fue notada por su acompañante que tocó su hombro, sacándola de sus pensamientos tormentosos, y le hizo un movimiento de cabeza para que bajara.
—Señorita baje. — mencionó el chófer ahora, con más amabilidad de la que creería posible en su persona.
Bajó con el pelirrojo muy cerca de ella, la tensión en su cuerpo era evidente y podía sentir su aura imponente tras ella, como aguardando por algún peligro que la fuera a atacar. ¿Por qué había accedido de forma involuntaria a su compañía? Sí, era verdad que necesitaba a alguien de confianza, y pese a no confiar en él completamente su instinto le decía que estaba bien, que tenerlo ahí había sido una decisión acertada.
El lugar era extremadamente lujoso y amplio. Habían atravesado un jardín que parecía un parque debido a la cantidad de árboles y plantas en él, le pareció distinguir una fuente de agua en algún lugar.
Cuando llegaron a la puerta principal, sus pasos se volvieron dudosos. Retrocedió uno, y la mano cálida de Sasori apretando la suya, la mantuvo en su lugar.
Su primer pensamiento fue apartar su mano, sin embargo le dio un ligero vistazo y distinguió la seguridad en sus ojos color caramelo, seguridad que comenzó a sentir levemente en su interior, quizá sí había sido buena idea traerlo.
Tomó aire y luego lo votó lentamente, y se dio ánimos para enfrentar la realidad que podía tanto destruirla como alivianar sus pensamientos tormentosos. ¿Sus abuelos la detestaban? ¿Detestaban a sus padres, a su propia hija? Y si no era así, ¿de qué otra forma se podría explicar su ausencia por tantos años?
Al entrar, la mansión era aún más impresionante por dentro, y pilló a Sasori deslumbrado igual que ella abriendo muchos los ojos y la boca ante lo lujoso que se veía todo.
—Ahora sí que soy un buen partido. — bromeó, dándole un codazo para sacarlo de su ensoñación, pero al instante se quiso golpear por haber caído tan rápido en la comodidad que su cercanía le brindaba.
—Bueno, esto definitivamente cambia las cosas. — respondió el pelirrojo dejando a la pelirrosa confundida, para luego añadir :— No estaba en mis planes casarme a temprana edad, pero podría hacer una excepción por ti.
La carcajada que no pudo contener, y el jalón que sintió en su brazo, le recordó que sus manos aún estaban tomadas y rápidamente se soltó. El rubor subió a su rostro y maldijo una y otra vez su estupidez. Se supone que estaba furiosa con él, ¿cómo es que se había metido tanto en ella, tan rápido?
Intentó evitar su mirada color caramelo, pero fue débil y sus ojos se encontraron, la intensidad con que la observaba la hizo sentir incómoda. Por poco había olvidado lo atractivo que era, y por supuesto tenía que sonreír de esa forma para que todo se volviera más confuso. ¿Él realmente guardaba por ella todos esos sentimientos que vociferaba con tanta desenvoltura? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Por qué de pronto parecía importarle a ella?
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sutil carraspeó de la secretaria de sus abuelos tras ellos.
—No quiero interrumpir, pero debemos continuar.
Ellos asintieron y Sakura se adelantó para evitar la mirada penetrante del pelirrojo sobre ella y esperando que el rubor en su rostro se esfumara. No podía dejar que sus pensamientos siguieran ese rumbo. La imagen del peliazabache cruzó sus pensamientos haciéndola sentir culpable de ellos. Pero incluso así, deseaba que él estuviera ahí.
Al llegar a una enorme puerta que tenía la apariencia de tener muchos años y de rechinar al ser abierta, se detuvieron.
La duda seguía presente, por su sanidad mental más que por cobardía, pero había ingresado de todas formas.
Decir que se había imaginado que sus abuelos serían así, era estúpido, había visto fotos de ellos por casualidad entre las cosas de su madre, pero fue hace tanto tiempo que apenas y lo recordaba.
La mujer y el hombre frente a ella, no irradiaban el estoicismo y frialdad que ella imaginó, muy por el contrario, pudo sentir la calidez y añoranza que emanaba de sus ojos al verla frente a ellos, como si ella fuera una pieza de arte del museo más famoso del mundo. Sus rostros reflejaban lo que ella en secreto esperó obtener al verlos frente a ella.
—Definitivamente no soy el único que confía en tu belleza eterna. —susurró Sasori en su oído, como si hubiera podido leer sus pensamientos. Tragó con fuerza.
—Muchas gracias por traerla. Hiroko, Taylor. —los llamó la suponía era su abuela. —pueden retirarse. — ¿Él…?
—Se queda. —respondió de forma más seca de la que quiso, no iba a seguir negando que con Sasori ahí se sentía más segura.
—Bien. — respondió con una sonrisa en su rostro. Su tez pálida y sus ojos verdes similares a los de ella, la observaron con detenimiento por unos segundos.
Su abuelo con su cabello color gris y su rostro avejentado, pero cálido y con sus ojos color ceniza, se mantenía en silencio, observándola de pies a cabeza con una dedicación que la hizo mantener su mirada sobre él, intentando descifrar qué pasaba por su cabeza,
—¿Por qué estoy aquí? — soltó. Ahora el hombre mayor había sonreído con fascinación.
—Tan mordaz como tu madre. —sus ojos sonreían con amabilidad o eso creyó distinguir. —Es una buena pregunta, pero creo que eso lo sabes, querida. —respondió poniéndose de pie para acercarse a ella.
—No quiero su dinero. —había retrocedido unos pasos y se topó con el cuerpo de su acompañante quien colocó una mano sobre su hombro y la mantuvo ahí.
—Las mismas palabras dijo tu madre cuando estaba embarazada de ti. —la voz de su abuela era suave, tanto que pareció calmar sus emociones un momento. —Claro, nosotros no lo sabíamos, pero debimos sospecharlo, tus padres llevaban juntos mucho tiempo.
Sus palabras quedaron dando vueltas en su cabeza y soltó la pregunta de golpe.
—¿No lo sabían? —sonó como si fuera algo absurdo, ¿cómo podía ser cierto?
—Hasta hace unos meses. — pareció haber sido noqueada o eso creyó, por qué todo su alrededor dio un giro y sus oídos zumbaron. Se suponía que debían decirle lo indiferentes que eran ante ella, el como la detestaban por arruinar la vida de su madre. ¿Dónde estaba Sasuke en esos momentos? ¿Por qué sentía que no podría controlar sus emociones si seguía ahí?
—¿Quieren que les crea? — fue lo que pudo responder. Buscó el apoyo más cercano que tenía, agarrándose de la camisa del pelirrojo.
—¿Sakura? —preguntó con evidente preocupación en su voz. Su agarre sobre sus hombros se intensificó.
—No tenemos por qué mentir. —insistió su abuela.
—¡Ustedes abandonaron a mi mamá! ¡La dejaron en la calle con ese ser monstruoso que lo único que hizo fue hacer miserables nuestra vidas! —gritó, le estaba costando trabajo respirar adecuadamente, se soltó del agarre del pelirrojo para enfrentarlos. — ¡¿Qué les hace creer que después de dieciséis años, aún los necesito?!
—Quizá tienes razón y no nos necesitan, pero la verdad es que… —los vio mirarse a los ojos y luego sostener su manos. Su abuela había asentido como corcordando con sus siguientes palabras. —nosotros te necesitamos a ti.
¿Dónde estaban las palabras cargadas de resentimiento que esperaba? ¿Por qué había creído que la odiarían como su padre lo había hecho?
El pelirrojo notó como su cuerpo pareció oscilar levemente y se acercó a ella alcanzando a sostener su cuerpo antes de golpearlo contra el piso.
—¡¡Sakura!! —gritaron ambos ancianos al unísono, acercándose rápidamente hacia ella.
—Está bien, solo fue la impresión. No se está cuidando muy bien últimamente. — la tomó entre sus brazos para recostarla sobre el acolchado sofá que había en la habitación y se arrodilló frente a ella. Les pidió un vaso de agua y una toalla mojada para luego ponerla en su frente.
Sakura había mencionado en una ocasión su desastrosa vida familiar, lo que su padre les había hecho a ella y su madre, y el por qué su mamá seguía en el hospital luchando por su vida. Pero nunca se imaginó que había soportado tanto durante tanto tiempo, sin siquiera demostrar ni un poco el cómo su alma se rompía con cada día que pasaba. Excepto en este momento, donde sus palabras cargadas de dolor y congoja mostraron todos los años que parecían pesarle sobre sus hombros, y aún así… conseguía iluminar la vida de tantos a su alrededor. Se sintió más miserable al ser una de las causas por las que su rostro tomara esa forma tan atormentada.
Acarició levemente su rostro. Uno de sus deseos más grandes cuando fue su novio, era ese. Acariciar su rostro mientras ella yacía durmiendo a su lado. Qué estúpido sonaba ahora que ya había perdido ese derecho.
Si tan solo lo hubiera sabido desde un principio. Si tan solo la hubiera notado antes de su estúpida apuesta con Deidara.
—Ella estará bien, es más fuerte de lo que parece. —mencionó al sentir las miradas preocupadas de sus abuelos sobre ella.
—Se desmayó. —mencionó la anciana con clara preocupación en su semblante.
—Ella ha pasado por mucho en muy poco tiempo. Solo necesita descansar un momento.
—¿Eres su novio? —no puedo evitar preguntar la anciana al ver su cercanía para con ella.
—Lo era. — negó con cautela.
La anciana se quedó observando en todo momento la devoción que el apuesto pelirrojo le dedicaba a su nieta. Incluso cuando ella despertó, él sostuvo su mano y le explicó suavemente lo sucedido para luego ofrecerse a cargarla si era necesario y ella se había negado rotundamente. Sea lo que sea que hubiera sucedido, parecía que aún había algo inconcluso entre ellos.
Luego de dejar la mansión, y ante la cantidad de sentimientos encontrados luego de hablar con sus abuelos, todo lo que la pelirrosa deseaba era estar sola.
Si la presencia de Sasori había ayudado en su momento, ahora solo lo quería lejos de ella. Era contradictorio, pero atribuía este sentimiento al hecho de haberse mostrado tan vulnerable frente a él. No le agradaba la sensación en su estómago y mucho menos la mirada abrumadora que él le dedicó desde que salieron de ese lugar.
Ni siquiera pudo articular algo coherente luego de despertar. Solo prometió volver por más respuestas cuando estuviera preparada.
Aún podía sentir los latidos enérgicos en su pecho, amenazando con delatar su ansiedad. Dejó entrar y salir aire intentando calmarse por unos segundos, pero todo lo que podía pensar en llegar pronto a su casa. Sí, había exigido que la llevaran a su antiguo hogar.
¿Sasuke estaría esperándola?
Agradeció que ese pensamiento pareció derramar un poco de tranquilidad a su ser. No así las palabras que le brindaron sus abuelos antes de marcharse.
"Eres nuestra única heredera, todo lo que ves te pertenece y tenemos planeado que se mantenga así".
Slow dancing in the dark - Joji
—Llegamos.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Taylor anunciando lo que espero todo el recorrido.
Después de la conversación con sus abuelos, sentía que debía pensar demasiadas cosas e ir a su casa significaba la soledad que necesitaba en esos momentos. Debía llamar a Naruto y explicarle lo sucedido, no había sopesado las consecuencias de estar ahí, esperaba que Kushina la dejara quedarse sola en ese lugar.
Sasori le ofreció su mano para bajar de la furgoneta, pero ella no quería sostenerla. Ya era demasiado confuso tenerlo cerca y ser consciente del trato que seguía teniendo para con ella, lo hacía aún más. Siguió atribuyendolo a que luego de desmayarse, todo se había vuelto aún más extraño entre ellos. Él la observaba con demasiado cuidado, como si se fuera a romper y no quisiera que siquiera diera un paso sin que él lo viera.
Estaba tan ofuscada con sus pensamientos que no notó la presencia de dos personas cerca de ellos.
Volteó a despedirse de Taylor para entrar a su casa.
—Gracias, Taylor. Lamento haber sido tan ruda contigo.
—Yo fui quien le ofreció golpes a tu novio. Me disculpo por eso. —mencionó dirigiéndose a ambos.
—Él no es mi novio. —rodó los ojos, porque todos debían pensar igual. Le pareció ver al pelirrojo sonriendo ante la necesidad de aclaración.
—Oh. Bueno señorita Sakura, estoy a sus órdenes. —respondió inclinándose en señal de respeto y luego entregándole su tarjeta de contacto. —Solo por si lo necesita. — respondió al ver el rostro molesto del pelirrojo y al escuchar el gruñido que había dejado salir. Ella solo asintió en respuesta y le sonrió a medias. —Señor Akasuna, si quiere lo puedo llevar.
—Estoy bien, pero muchas gracias. —soltó con clara molestia mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.
El chófer (y guardaespaldas) se marchó y Sasori se puso frente a la pelirrosa. Ella no sabía muy bien cómo comenzar una conversación que no deseaba realizar, así que simplemente le agradeció.
—Gracias… por todo. —desvió su mirada con incomodidad.
—No tienes que agradecerme, lo hago con gusto. —no pudo evitar rodar los ojos.
—Adiós, Sasori. —iba a voltear para entrar, pero el agarre en su muñeca la detuvo.
Ahí iban otra vez.
—Espera. Necesito que pienses en lo que te dije. — ¿estaba hablando enserio?
—¿De qué estás hablando?
—Tú y yo…
—Sasori, no hay algo como un tú y yo. —lo interrumpió antes de que formara ideas equivocadas en su cabeza. —No quiero que nos vuelvas a poner en una oración.
—Lo siento, yo…— se masajeó la cien. ¿Qué demonios estaba haciendo? Después de todo lo que había pasado, soltaba eso de repente. Idiota. — quiero agradecerte.
—¿Por qué? — la confusión fue evidente en su rostro.
Invadió levemente su espacio personal. —Por dejarme acompañarte. Sé que no confías en mí y aún así me dejaste ir.
—Necesitaba un refuerzo. —puso su mano en su pecho alejándolo de ella. No le agradaba la forma en que se acercaba a ella tan fácilmente.
—Es suficiente para mi. No tienes idea cuan arrepentido estoy por lo que hice…
—No sigas. —le advirtió. No tenía cabeza para algo así otra vez.
—Insistiré, y prometo recompensarte por todo, hasta que me perdones. —lo empujó levemente lejos de ella y retrocedió unos pasos.
—Si eso es lo que te importa, te perdono. —cruzó sus brazos sobre su pecho.
—Me importas tú y lo que teníamos. — cerró los ojos y se masajeó la sien con su brazo libre.
—¿A qué te refieres con lo que teníamos? Te hice daño. Besé a Sasuke. —intentó explicarle. — Y lo volvería a hacer.
Ambos ignoraban que estaban siendo escuchados por el peliazabache, quien había intentado hacer oídos sordos ante el cruce de palabras, y al mismo tiempo deseaba interponerse entre ellos, hasta que escuchó su nombre ser mencionado por la pelirrosa y no pudo evitar sonreír y dejar de lado sus inseguridades ante su afirmación y al mismo tiempo se sintió más idiota por huir de ella anteriormente.
Ella pudo ver como su rostro pareció retorcerse ante sus palabras. Y se vio a sí misma deseando no haberlas mencionado de esa forma. Él había sido su compañía esa noche, y lo quisiera o no, le recordó al Sasori del que tanto deseo aferrarse. Inmediatamente él había cambiado su expresión y vuelto a hablar. —Y yo aposté sobre ti.
—No veo cómo podría resultar algo bueno de esto. — lo vio acercarse nuevamente y esta vez ni siquiera pudo alejarlo. Lo observaba sin comprender el cómo podía seguir insistiendo de esa forma. No eran buenos el uno para el otro.
—Quiero cuidar de ti. Ser esa persona que mereces a tu lado, justo como hoy. —su respiración pareció agitarse y agachó su cabeza, ofuscada. Prácticamente le había gritado en su cara que le gustaba otra persona y aún así… casi se compadece de él, pero ahí estaba nuevamente la imagen de él apostando con Deidara.
—No puedes decir todas esas cosas. — quería que se detuviera. Su cabeza volvía a palpitar. Pese a que él la había hecho dudar de sus propios sentimientos, su presencia no causaba tranquilidad ni nada que se pareciera. Solo quería que se marchara.
—Pero lo estoy haciendo, no tienes idea el infierno que ha sido sin ti. —la tomó de sus brazos, necesitaba transmitirle todo lo que parecía tener atorado en su garganta.
—Necesitas detenerte. —mencionó con su voz casi en un susurro.
—Sakura…
—¡No es el momento! — gritó, soltándose de su agarre. Estaba harta de que él creyera que con palabras de ese tipo, volvería a caer.
La presencia de alguien frente a ella, hizo que su corazón diera un vuelco.
—Tócala de nuevo y te corto las manos. —Sasuke hizo su aparición amenazando con su voz imponente y enfurecida, mientras sostenía a Sasori de las solapas.
¿Qué hacía Sasuke ahí? ¿Desde hace cuánto estaba ahí parado?
Quizá eso explicaba la incomodidad que sintió desde que bajó del furgón.
—Sasuke. — llamó, intentando calmar su aura asesina. No podía cuantificar el alivio que sintió crecer en su pecho al verlo frente a ella.
—Sasuke, déjalo ya. —la voz del pelirrubio se hizo presente tras Sakura y la pelirrosa lo observó estupefacta.
¿Ambos habían presenciado eso?
El peliazabache volteó levemente a ver a sus amigos y sus ojos se encontraron. Quizá el anhelo que intentó transmitir al tenerlo tan cerca luego de un día alejada de él, fue lo que lo hizo soltar lentamente su agarre.
Tragó grueso esperando que Sasori se fuera de ese lugar.
Sasuke había volteado hacia ella y parecía que quería decirle algo, pero se vio detenido por la voz de Sasori tras él.
—Uchiha, no tienes nada que hacer aquí. Tú no eres su novio.
—Debería decir lo mismo de ti. — había empujado a la pelirrosa tras él al verlo con intenciones de acercarse nuevamente. Podía palpar la ira recorriendo sus entrañas al escuchar sus palabras. Tú no eres su novio.
—Ella me lo permitió.
—Y ahora tienes permitido largarte. —soltó hastiado. La conversación se estaba alargando demasiado y su mente seguía planteando una y otra vez la posibilidad de tomar a la pelirrosa y encerrarla bajo llave.
—Sólo estás molesto porque estaba con ella y no tú. —Sasuke contó hasta tres y se acercó a él, dejando apenas unos centímetros de distancia, su estatura imponente no hizo retroceder al pelirrojo y como parecía costumbre entre ellos, se desafiaron con la mirada.
La tensión en el ambiente era palpable y estaban seguros que en cualquier momento comenzarían a golpearse.
—Basta ustedes dos. Sasori, vete —llamó la pelirrosa mientras se interponía entre ellos. El pelirrojo la observó de reojo y sabiendo que no conseguiría nada en ese momento, le dio una última mirada al peliazabache y se marchó, no sin antes hablar, porque él no estaba dispuesto a dejar que el Uchiha se saliera con la suya tan fácil. Sakura era lo mejor que había pasado en su vida en mucho tiempo, y no lo volvería a arruinar con ella.
—Seguiré intentándolo. — mencionó viéndola fijamente. —Por cierto, lamento lo del beso.
La pelirrosa no creía lo que escuchaba, abrió mucho los ojos ante sus palabras. Ahí estaba el Sasori que temía volver a ver.
Imbécil.
Estaba cabreada, realmente lo estaba, quiso lanzarse hacia él para golpearlo, pero el agarre del peliazabache en su cintura se lo impidió. En cambio fue él quien la hizo a un lado y golpeó al pelirrojo en el rostro. Naruto se acercó rápidamente hacia ellos para intentar detenerlo al ver que Sasori no hacía ademán de defenderse.
—Idiotas, ¡¿harán esto cada vez que se encuentren en el mismo lugar?! —los regañó el pelirrubio harto de la situación. Sasori se puso de pie con dificultad y soltó una carcajada.
—¡No te atrevas a volver a tocarla! —fue todo lo que consiguió que saliera de sus labios.
—Valió la pena. —Naruto tuvo que aumentar su agarre sobre Sasuke para que no saltara a golpearlo nuevamente.
—¡Lárgate de aquí! —el pelirrojo alzó sus manos en señal de derrota y se volteó para luego caminar con calma lejos de ellos.
—Demonios. — otra vez caía en las artimañas del pelirrojo. —Sasuke…
—¡Suéltame! —exigió a Naruto, ignorando el llamado de la pelirrosa.
Estuvo tentado a irse de ahí, estaba realmente disgustado por lo que dijo el Akasuna, y se maldijo internamente por no haber intercedido antes. Quizá cuantas cosas más sucedieron entre ellos en todo ese tiempo que estuvieron juntos. Lo peor de todo es que era su culpa por ser un gran imbécil y alejarse de la pelirrosa cuando más debió estar ahí.
Comenzó a caminar de un lado a otro intentando calmar sus ansias de alcanzarlo y romperle la cara nuevamente.
—Sasuke, mírame. — la voz de la pelirrosa fue lo que necesitó para estallar.
Se acercó hacia un lado de la casa y golpeó con sus puños una pared tras él. Podía sentir como su interior ardía, y volvió a maldecir a sus estúpidos sentimientos. ¿Realmente creyó que Sakura podría corresponderle? ¿Por qué iba a hacerlo si todo lo que podía brindarle eran sus inseguridades? Sasori estaba podrido, pero al menos siempre le aclaró sus sentimientos por ella, y no perdía la oportunidad de hacerlo.
Si Sasori la había besado y ella le había correspondido… nunca creyó poder sentirse así de devastado por alguien más.
Sakura observaba al ojionix con culpa. Nunca debió aceptar la compañía del pelirrojo, aunque no se esperó esa reacción de parte de Sasuke. Sacudió su cabeza. Por supuesto que Sasuke iba a actuar así si hace solo un par de días habían decidido mantenerse uno al lado del otro.
—Llamaré a mamá, nos quedaremos contigo hoy. — mencionó el ojiceleste, mientras le acariciaba la cabeza para luego alejarse un momento a llamar a su madre. Ella solo había asentido sin saber cómo reaccionar.
—Escuchame. —pidió la pelirrosa acercándose al peliazabache que se mantenía de espaldas con los puños apretados. No le tenía miedo, sabía que nunca la lastimaría.
—Necesito salir de aquí. —su voz fría la hizo tragar con fuerza y de pronto pareció que no podría mencionar sus siguientes palabras.
—No te vayas. — soltó con una clara molestia sentándose en su pecho. No podía arruinarlo con él. — Por favor.
Lo vio voltear en su dirección y sus ojos color ónix mostraban muchas emociones que no podía descifrar.
—¿Por qué? ¿Haría alguna diferencia? — una punzada en su pecho le informó que eso lo merecía. Si recapitulaba todo lo sucedido, parecía como si estuviera jugando a dos bandos. Y no era así. Pese a la confusión que le produjo el volver a tener al pelirrojo a su alrededor, sabía que no cambiaba en nada la intensidad de sus sentimientos por el peliazabache. De hecho al volver a verlo, todo había vuelto de golpe hacia ella, dejándola sin aliento.
Y quizá eso fue lo que la orilló a soltar sus siguientes palabras con firmeza: —Me gustas, Sasuke. Sólo tú.
Pareció que sus palabras generaron algo diferente en él, porque su espalda se relajó y volteó para luego tomar asiento en el pavimento con gesto pensativo.
Naruto volvió y los vio con una mueca extraña en su rostro.
—Bueno, mi mamá quiere que la ayude con algo muy temprano por la mañana, y hay escuela así que no podremos quedarnos aquí. — dijo el rubio, con gesto pensativo.
Eso significaba que no podría tener la soledad que deseaba en esos momentos. Asintió comprendiendo su situación y resignada a irse de ahí.
—Yo me quedaré con ella. —mencionó el ojiónix sorprendiendolos a ambos.
Intentó en vano encontrar sus ojos nuevamente, y escuchó a Naruto suspirar.
— Teme, confío en ti. Ni un dedo sobre ella.
—Ella debe decidir eso, dobe. —sus mejillas adquirieron un color rojizo, recordando lo sucedido esa misma mañana y maldijo a Sasuke por mencionar eso tan a la ligera frente al ojiceleste.
—No me tientes. —mencionó mientras se acercaba a ella y la envolvía en sus brazos. —¿Todo bien?
—Todo bien. —la calidez de sus brazos fue como un bálsamo en su cuerpo y la tensión que antes sintió se disipó levemente.
—Mañana hablaremos. — su voz entusiasta podía contagiar a cualquiera. Estuvo tentada a decirle que se quedara unos minutos más, pero solo retardaría su conversación con el peliazabache.
—Nos espera un día de lamentaciones. — bromeó.
—Descansa.
Luego de eso, ingresaron a su casa y encendió la luz de la entrada dejando las llaves sobre la mesa a un lado. El olor que la recibió era diferente, ya no parecía retorcerle las entrañas.
Se dirigieron a la cocina en silencio y a paso lento, y es que ninguno sabía por dónde comenzar.
El jalón de Sasuke en su antebrazo la tomó desprevenida y pronto sus manos chocaron con su duro torso. Sus rostros se encontraron y el hálito de ambos se mezcló mientras se observaban en silencio.
El profundo negro en sus ojos, la atravesó de muchas formas, y no pudo evitar alzar su mano para tocar su rostro, pero él la detuvo sosteniendo su muñeca. —Tienes que tomar una decisión.
—¿Qué? — apenas consiguió escuchar sus palabras.
—Es él o yo. Decide.
Sus palabras la descolocaron un poco.
—¿De qué estás hablando? — ¿Él realmente creía que tenía sentimientos por Sasori?
La soltó y lo vio sentarse y apoyar sus codos sobre la mesa. Había demorado demasiado en responder.
—¿Prefieres sentir algo por él, no es así? Incluso después de lo que te hizo. Probablemente ya lo hagas y solo no sabes cómo decírmelo.
Soltó esa sarta de suposiciones sin creerlas realmente, su cuerpo estaba rodeado de esta aura iracunda al ver al pelirrojo junto a ella, acompañándola mientras pudo ser él, besándola, e intentando recuperarla con tanto ahínco.
—No seas injusto. — se acercó a él un tanto afectada por sus palabras afiladas, ver a este Sasuke no era usual, y no le agradaba para nada. — Tú no estabas ahí, no sabes lo que sucedió. No querías verme ni hablar conmigo. Ni me diste la oportunidad de explicarte lo sucedido. —él pareció caer en cuenta de su error, porque no respondió a sus palabras.
Le dio la espalda apoyándose en el lavaplatos ahora. ¿Por qué él decidía que de pronto ella no era confiable y estaba jugando con él? ¿Acaso lo sucedido en la mañana no significó nada?
—Que día de mierda. — su voz pareció perder fuerza en sus últimas palabras.
El peliazabache no reaccionó de inmediato a sus palabras, en cambio recordó lo que había conversado con Naruto antes de que ella llegara. —Estoy consciente que Karin tuvo bastante que ver en eso.
—¿Cómo lo sabes? —cuestionó, se supone que no debía enterarse de lo sucedido.
—Naruto. — la verdad le había tomado tiempo sacárselo al rubio, pero finalmente lo había convencido luego de mencionarle lo estúpido que era dejar que su prima hiriera a Sakura de esa forma innecesaria.
Él no estaba interesado en ella. Porque aunque siempre lo sospechó y lo ocultó por mucho tiempo, toda su atención recaía en la pelirrosa.
—Te vas a casar —soltó esa afirmación antes de arrepentirse.
Sasuke dio un respingo en su lugar, y la realidad lo volvió a golpear. Estaba siendo realmente egoísta e injusto. Él podía tener a Karin a su alrededor todo el tiempo, Sakura nunca hizo un berrinche ante ello, aún cuando sabían que la pelirroja guardaba sentimientos por él y que era a quien sus padres parecían querer a su lado, pero ante la cercanía del pelirrojo sobre Sakura él estallaba.
Era la primera vez que hablaban sobre eso tan abiertamente y el sólo mencionarlo le revolvía las entrañas.
—No deseo hacerlo. —confesó.
La pelirrosa se sirvió un vaso con agua y luego lo bebió de un sorbo. No quería sumergirse en ilusiones estúpidas y mal infundadas. Casi se le había olvidado el por qué no quiso dar rienda suelta a lo que sentía con tanta facilidad.
—¿Es eso motivo suficiente? —preguntó con un nudo formándose en su garganta.
Los pasos del peliazabache se sintieron tras ella, y la calidez de su cuerpo pareció abrazarla por su espalda, pero ella no quería enfrentarlo aún, así que se mantuvo en su posición.
—Tú lo eres. —su voz fue apenas un susurro, pero fue suficiente para que algo cálido comenzara a emerger de su pecho.
Apretó con sus manos el mueble bajo ellas, no era justo. Sasuke con tres palabras le estaba diciendo más de lo que ella pensaba existía en su interior y ella no podía aceptarlo. Aún cuando sabía que pensaría igual respecto a él.
—No puedo competir contra tus padres. — insistió en su negativa.
—Es mi decisión. — su tono denotaba molestia, a él no le gustaba que le dijeran que hacer.
—Desearía que fuera así, pero ambos sabemos que es mentira. — elevó y ladeo levemente su rostro para observarlo.
—Me rehuso a creer tal cosa. — su atormentada mirada ojijade le revolvió el estómago. Quería tocar su rostro, quitarle todas esos pensamientos que se estaban formando en su cabeza y gritarle que era solo ella a quien quería a su lado.
Se había planteado el asunto una y un millón de veces en su cabeza y siempre llegaba a la misma conclusión. La respuesta era tan fácil que lo desestabilizaba. En cambio solo mencionó: — Mis padres vuelven en unos días.
—Lo supuse. — se separó de él, atravesando la cocina. El peso en su pecho, no era agradable, y sus sentimientos no se habían sentido tan dañinos como en ese momento.
—¿Le creíste? —su voz detuvo su andar y su mirada confusa lo observó. Él añadió: — A Karin.
—No importa realmente.
—¿Lo hiciste? —volvió a preguntar esperando una respuesta más consistente.
—¿Qué quieres que te diga? ¿Quieres saber lo que le dije? —preguntó encogiéndose de hombros y abrazándose a sí misma.
—Sakura.
—¿Por qué no la eligirias a ella? Ella tiene todo lo que podrían desear, tú y tus padres. — era estúpido siquiera compararse con ella.
Lo vio acercarse unos pasos, y ella retrocedió, todo su interior dolía de una forma que nunca creyó sentir, la cual se comparaba mucho a ese día que lo vio besarse con Karin. Quería encerrarse en su habitación y llorar sin que nadie la molestara. —No tienes idea de lo que estás hablando.
—Quizá tienes razón, no sé ni qué estoy haciendo. Quizá debemos detenernos antes de que sea demasiado tarde. —tan pronto como mencionó esas palabras Sasuke estaba frente a ella, enfrentandola con su afilada mirada onix.
Vio la desesperación atravesando cada centímetro de su rostro. —No. No puedes decir algo así y esperar que solo lo acepte.
—Sasuke…
—¿Es por Sasori? —de nuevo ese pensamiento atravesó su mente.
—No. Basta de decir algo así.
—Aún así no respondiste mi pregunta.
—Eres un idiota si crees que podría dudar de mi elección. Ni siquiera hay algo que elegir. — bufó.
La sonrisa intromisoria que recorrió el rostro del peliazabache desapareció rápidamente al caer en cuenta de la otra posibilidad. Debía acabar con ese ir y venir de una buena vez. —Antes, hace unos meses. No, hace unos años hubiera estado agradecido de ser llamado tu mejor amigo. Tu amistad fue una de las cosas más importantes para mi... Pero, no puedo hacer eso ahora. — antes de que ella tomara conclusiones apresuradas añadió: —Detesto esa palabra, no la quiero relacionada entre nosotros.
—Sasuke… —sus ojos mostraron asombro antes las palabras tan cálidas que le había brindado.
—Sé que decidimos esperar y mantenerlo entre nosotros. Pero no es suficiente para mi. — continuó antes de que volviera a mencionar la absurda idea de hacer como si nada sucediera entre ellos.
—No tengo nada que ofrecerte. — se encogió de hombros y agachó la cabeza porque era cierto, solo podría acarrearlo a su vida desastrosa.
— Solo te quiero a ti. — lo observó sorprendida nuevamente tras sus palabras. Sus ojos se habían ampliado más de lo usual y su rostro había adquirido un color rojizo ¿Él realmente había dicho eso?
Todo se había aclarado de un momento a otro.
La misma sensación que la invadió ese día cuando se besaron de forma consciente por primera vez, estalló en su interior, iluminando todo a su alrededor.
Se sintió más liviana y la molestia en su sien se detuvo; las ganas de aferrarse a sus brazos fueron casi incontenibles.
El peliazabache evadió su mirada y sus mejillas se tiñeron de rojo también, había abierto demás su bocota. Metió sus manos en los bolsillos y soltó todo el aire que estaba conteniendo.
Ni en sus mejores sueños podría haber imaginado al peliazabache de forma tan vulnerable como para mencionar esas palabras.
—Entonces, Sasuke el arrogante y apático Uchiha, —lo interrumpió acortando la distancia entre ellos. — Acaba de confesarse.
—Tú dijiste primero que te gustaba, molestia. — su rostro seguía enrojecido.
—Realmente me gustas, Sasuke. —confesó nuevamente— Quiero intentarlo, después pensaremos en algo.
Acercó su mano hacia su rostro, pero él la alejó. —¿Estás hablando enserio?
La sorpresa ante su gesto no pasó desapercibida por él y antes de que malinterpretara sus acciones se inclinó hacia ella y depositó un cálido y demandante beso sobre sus labios que hizo que los vellos de su cuello se erizaran.
Necesitaba transmitirle todas las sensaciones que ocurrían en él cada vez que la besaba y tocaba, y la alegría desbordante que estaba recorriendo su torrente sanguíneo.
ALERTA DE LEMON
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La pelirrosa sintió que era elevada por los aires, ante el estremecimiento en su interior al sentir sus labios demandando por los suyos con tanto ahínco. Correspondió de inmediato, aumentando aún más la intensidad.
¿Por qué cada vez que él la besaba, se sentía como si fuera la primera vez que lo hacía?
Esta vez su temperatura corporal se elevaba más de lo normal, era como si sus cuerpos anhelaran el contacto, como si un fuego abrasador los estuviera consumiendo y todo lo que querían era estar más cerca del otro.
El peliazabache liberó su muñeca y ella aprovechó para esconder sus dedos en los cabellos de su nuca, mientras su lengua invadía su boca enredándose con la suya.
Pronto él la tomaba por los muslos para elevarla y llevarla con pasos lentos para luego sentarla sobre la mesa.
La excitación recorrió sus cuerpos, mientras Sasuke mordía sus labios y besaba su cuello, haciendo que la pelirrosa gimiera en medio del beso. Su mano se había deslizado bajo su camiseta que dejaba levemente al descubierto su abdomen. —Sasuke…
Volvió a atacar sus labios con efusividad, quitándole el aliento y llenando de caricias su cuerpo. La mano que mantenía en su cintura la había empujado más hacia el borde de la mesa.
¿Acaso él no veía la capacidad que tenía de elevarla por las nubes y encender todo su interior con solo tocarla?
En algún momento se vio a sí misma colando sus manos bajo la camiseta del peliazabache para luego tirar de ella con claras intenciones de arrancarla.
Sasuke se lo permitió y deslizaron su camiseta por sobre sus hombros.
Ver su torso desnudo fue su perdición, y tuvo que lamerse los labios, repasando cada línea marcada en su mente. No pudo evitar enrojecer al ver lo trabajado que estaba su cuerpo, y agradeció el poder usar como excusa desde ahora su imagen mental para repasar la anatomía humana. Y sus manos recorrieron cada centímetro con parsimonia. Lo escuchó dejar escapar un gemido ante su toque para luego dirigir sus labios nuevamente hacia su cuello y hacerla soltar un montón de sonidos placenteros.
Quería más, deseaba más de él y mandó al diablo todas las advertencias que habían aparecido esa mañana. Todo se había encendido en su interior de forma súbita.
Pero tan pronto como había decidido eso, sintió a Sasuke detenerse y alejarse de su tacto. —Sasuke…
Sus ojos mostraron toda la lujuria que recorría su cuerpo en esos momentos y aún así había conseguido detenerse a tiempo. —No me lo pidas. —su voz fue una súplica .
—No quiero que te detengas. — sostuvo su rostro entre sus manos.
Si ella supiera toda la fuerza de voluntad que necesitó para detenerse, su cuerpo estaba en llamas exigiendo que la tomara ahí y ahora reclamándola como suya. —Sakura… no lo hagas más difícil. — vio un desafío implícito en su mirada, similar a cuando competían por alguna clasificación.
Exceptuando que ahora Sasuke se declararía perdedor de inmediato al sentir a la pelirrosa besando su cuello y mordisqueando el lóbulo de su oreja, mientras rozaba, aún con ropa, su intimidad por sobre su miembro, para luego susurrar: — Te quiero en mi, Sasuke.
Su sensual voz avivó aún más el fuego en su interior y todo lo que consiguió hacer fue tomar aire con fuerza y luego besarla con toda la urgencia y necesidad que atravesaba su cuerpo.
El agarre de sus piernas en su cintura fue la señal que esperó para alzarla nuevamente y dirigirse hacia su dormitorio. Por suerte para él, había pasado tanto tiempo en esa casa en su vida, que conocía el recorrido a la perfección, lo que le permitió, entre besos y caricias, llegar rápidamente a la habitación de la pelirrosa.
La recostó en su cama con suavidad y se quitaron la ropa despacio. Sin dejar de observar cada movimiento que era realizado por el otro. Ahí donde Sakura movía sus manos él depositaba un beso más deleitoso que el anterior.
Él se había detenido a observar, cautivado, su cuerpo desnudo de pies a cabeza, sin ningún descaro. Sus curvas y su piel rosada le parecieron el mejor invento de este mundo y ella solo había enrojecido tomando sus labios nuevamente para continuar en su cometido.
Pronto la hizo gemir y suspirar al sentir sus labios besando y mordisqueando uno de sus senos, mientras su mano libre ejercía presión sobre el otro.
Nunca había sentido tanta excitación recorriendo su cuerpo, y no quería quedarse atrás, por lo que tomó el prominente miembro del peliazabache en su mano y comenzó a subir y bajar sin realmente saber cómo hacerlo.
El ojionix reaccionó de inmediato a sus caricias soltando un gemido que lo hizo tener que apoyarse sobre sus manos nuevamente y soltar su nombre entre gemidos.
Satisfecha por su acción, sonrió, si era posible ahora lo deseaba aún más al ver su imagen sudorosa sobre ella, que era suficiente para que la humedad en su entrepierna pareciera amenazar con mojar las sábanas.
Todo fue aún más tormentoso al sentir una mano deslizarse por su entrepierna y acariciar su intimidad con detenimiento.
La excitación de ambos pareció lastimosa ante la necesidad de proximidad entre ellos.
Sus dedos acariciaban su interior con minuciosidad y sabía que estaba a su voluntad en esos momentos. Pero deseaba otra parte de él, y lo miró a los ojos con suplica.
En lo profundo de sus ojos negros, notó la espesa neblina de placer que los cubría y que le informaba que él estaba igual o peor que ella.
Quitó sus manos de su entrepierna y tomó su rostro para darle un beso que la aturdió lo suficiente para que el roce de la punta de su miembro en su entrada fuera aún más placentero.
Arqueo su cuerpo tocando su pecho y se preparó para la intromisión en su interior. Tomó sus cabellos entre sus dedos y de pronto sintió un dolor agudo y certero atravesarla, el cual fue descendiendo a medida que el vaivén pausado y cuidadoso de sus caderas le comenzaba a dar pequeños momentos de placer. Sasuke besó sus hombros y dejó un camino de besos para luego mordisquear uno de sus pezones. Podía notar el cómo se estaba conteniendo para que se acostumbrara a él, fue tierno y apasionado. Pronto con un movimiento de sus caderas le indicó que aumentara la velocidad, y en unos segundos ya no había rastro del dolor que había sentido con anterioridad.
Todo lo que circulaba por sus torrentes sanguíneos eran brasas que solo podían ser apagadas por ellos mismos, y el peliazabache se preguntó como ella tenía la capacidad de hacer que su frío corazón latiera y flameara de esa forma tan humana, besando y curando sus cicatrices de forma tan excepcional. Y si el mundo se cayera a pedazos en esos momentos, no cambiaría ni una sola cosa ahora que la tenía en sus brazos.
Y ahí cuando sus cuerpos se fundieron en uno, siendo incapaces de percibir la forma del otro, no creían ser capaces de retroceder. Habían cruzado la línea que siempre temieron cruzar y ya no había vuelta atrás.
Sasuke se dejó caer a su lado, sudoroso y con una sonrisa en su rostro que nunca nadie podría quitarle. Los tapó a ambos con las sábanas y ocultó su rostro en el hueco de su cuello para aspirar su aroma.
—Sasuke, eso da cosquillas. —mencionó la pelirrosa soltando una carcajada que le apeteció más que contagiosa, haciéndolo soltar una él mismo. —Ah, demonios. Me quieres volver loca.
Vio como su rostro volvía a enrojecer y besó la punta de su nariz, para luego recostar su cabeza en su vientre. —¿Dónde? —preguntó intentando calmar su respiración.
—¿D-dónde qué? — preguntó curiosa.
—¿Dónde estabas?
Luego de todo lo sucedido entre ellos, no se había tomado el tiempo de preguntar el por qué había desaparecido de esa forma y mucho menos el por qué tenía que ir con el pelirrojo. Entonces la realidad volvió a ella retorciéndole el estómago.
—Mis abuelos… —susurró.
Por poco había olvidado lo sucedido, Sasuke era muy buena distracción.
—¿Qué sucedió? — preguntó con preocupación sentándose para observar su semblante apesadumbrado.
—Parece que no sabían de mi existencia hasta hace unos meses y ahora quieren relacionarse conmigo. —mencionó tan rápido que sus palabras parecían tropezarse unas con otras. Se sentó de igual forma mientras sostenía las sábanas sobre su pecho.
—Confuso. —mencionó y puso un mechón de cabello tras su oreja. —Pero suena como una buena noticia si es que quieres hacerlo.
—Implica que mi madre me mintió durante todos estos años para protegerlo a él. —sus ojos color jade lo observaron suplicando por las palabras para calmar su interior. Era el único que conseguiría algo así.
—No sabemos todo lo que tuvo que suceder para que decidiera hacer algo así. — tomó su rostro entre sus manos y mantuvo sus miradas entrelazadas.
—Habló la parte racional.
—Es mi trabajo. —le dedicó una sonrisa que hizo que su pecho diera un vuelco.
—Ah, demonios. — salió otra vez de su boca antes de poder detenerlo.
Ocultó su rostro entre sus manos, al ver la sonrisa arrogante del peliazabache en su rostro.
—Sakura, puedes mirarme sin remordimientos. — ladeó su rostro de la forma más seductora posible, mientras la observaba divertido. — Ahora tienes ese derecho.
No podía ser tan atractivo.
—Sí, sí, arrogante, disfruto mirar tu estúpido rostro. — se siguió tapando con su mano restándole importancia.
—Que buen gusto tienes. — acercó aún más su rostro a ella.
—Me voy a dormir. —hizo amague de volver a recostarse, pero él la sostuvo del rostro nuevamente.
—Ven aquí.
En esos momentos las palabras que pudieran explicar todo lo que ella le hizo sentir no eran suficientes. Y solo pudo mencionar un poema que rondó su cabeza mientras la tenía entre sus brazos. —"Te garantizo que habrá épocas difíciles y te garantizo que en algún momento uno de los dos o los dos querremos dejarlo todo, pero también te garantizo que si no te pido que seas mía me arrepentiré durante el resto de mi vida porque sé en lo más profundo de mi ser que estás hecha para mí."
La pelirrosa que oía atentamente sus palabras, pareció ser noqueada. ¿Cómo era posible que no solo fuera atractivo, inteligente, delicado y compasivo, sino que también dulce? Su pecho se infló y sintió como si fuera a estallar de felicidad. Vio el como él se quedaba estático y con su rostro observando otro lugar de la habitación intentando inútilmente esconder el rubor en sus mejillas. Sonrió aún más enternecida. — Ya probaste tu punto.
Decidió no sorprenderse por la elección de palabras tan típicas de la pelirrosa y en cambio preguntó. —¿Es eso un sí?
—Es porque sabes usar el punto y coma. —lo vio arrugar el ceño y sus pecas que se iluminaban por la luz de la luna lo hacían ver más infantil. Se acercó a él, aún cubriéndose con las sábanas y acarició sus labios con su pulgar. —Sí, Uchiha. No podría perderme por un segundo más el ver tu estúpido rostro todos los días al despertar.
—Tienes que insultarme primero, ¿no es así? — recargó su frente con la de ella sonriendo. Esa complicidad era la que no quería perder entre ellos.
—Es parte de la esencia. —le dedicó una sonrisa torcida que solo él conseguía ver, y que la hacía lucir más atractiva de lo que ya era, teniendo que relamerse los labios ante la cantidad de pensamientos nada inocentes que cruzaron su mente.
—Pagarás por eso.
Y se volvió a lanzar hacia ella con claras intenciones de dejarla exhausta.
Estampó sus labios contra los suyos de forma efusiva y fue todo lo que necesitó para que su alma recibiera la paz que necesitaba. Podrían acostumbrarse a eso.
Eran todo lo que necesitaban, el resto podía esperar.
…
