Capítulo 10.

Mediación: tercer asalto.

Shaoran estaba convencido de que aquella sería la última sesión de mediación. Consciente de lo mal marido y padre que había sido, había decidido por una vez en la vida, facilitarle las cosas a Sakura. La castaña esperaba fuera mientras que Shaoran estaba reunido con Clow y Madoushi.

–Acepto todas las demandas. –dijo Shaoran para sorpresa de los mediadores.

–Entendido. Entonces, acepta que toda la autoridad parental y tutela de la menor sea para la madre. La demandante no ha solicitado ninguna clase de pensión conyugal ni alimenticia a cambio de que no se produzca ninguna visita a menos que la propia menor así lo solicite. –informó Clow.

–Acepto. –dijo Shaoran.

–Entonces tenemos acuerdo. Como ya has firmado la solicitud de divorcio y se la has pasado a la demandante ya sólo queda que ella, que es la principal interesada realice el registro y formalice la demanda de divorcio con todos los documentos. –informó Madoushi, a lo que Shaoran sólo asintió con la cabeza.

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Cada vez que Shaoran volvía al apartamento volvía a experimentar las mismas sensaciones que había estado sintiendo desde que Sakura argumentó los verdaderos motivos por los que quería divorciarse. Cada vez que llegaba, volvía a acercarse a la maqueta de la casa que con tanta ilusión había diseñado para ellos. Cogió a los muñequitos que representaban a Sakura, a Akiho y a él mismo y se sentó en el suelo con la espalda apoyada en la pared, y simplemente deseó ser realmente uno de esos muñecos, porque al menos se tenían los unos a los otros. Y allí, pensando en lo que pudo haber sido y no fue, se durmió por cansancio.

Cuando sonó el timbre, Shaoran se dio cuenta de que había pasado toda la noche allí sentado. Sin duda aquel día tendría el cuello y la espalda hecha polvo.

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–¿Por qué tengo que firmar yo esto? –preguntó Fujitaka ante la petición de su hija.

–Mamá ya lo ha hecho. Es un compromiso para haceros cargo de la niña en caso de que a mí me pasara algo. –dijo Sakura mientras le sacaba los gases a Akiho.

–No puedo creer que te estés divorciando. –comentó Fujitaka.

–Dejaré mi trabajo para poder ayudar. –dijo Nadeshiko.

–Mamá, no es necesario. No quiero que cambiéis vuestras rutinas por mí. –dijo Sakura, cayendo en la cuenta de que pidiéndoles firmar aquel documento ya lo estaba haciendo. –Siento haberos trastocado todo.

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Cuando Shaoran abrió la puerta a quien menos esperaba encontrar era a Eriol y mucho menos a Clow Reed, que incluso se ofreció a preparar el desayuno.

–Oye, Shaoran, ven a desayunar. Esto ya está listo. –dijo Eriol mientras él y Clow comían animadamente. Pero lo que menos le apetecía a Shaoran era desayunar. De hecho no había comido nada desde antes de la última sesión de mediación.

–Leed el ambiente. –dijo Shaoran, intentando hacerles ver que con su animosa actitud lo único que hacían era enfadarlo.

–¿Por qué estás molesto, Li? Sabes que no había nada que yo pudiera hacer. En el proceso de mediación familiar debo mantenerme imparcial. –dijo Clow, entonces.

–No estoy molesto. Todo ha sido por mi culpa. –dijo Shaoran.

–Venga. Levanta y ven a comer este desayuno delicioso. –dijo Eriol casi arrastrando a Shaoran. –Dime, ¿por qué has aceptado divorciarte aceptando todas sus demandas? Al menos, yo habría intentado resistirme para evitar sus condiciones.

–Tal y como me he comportado no me veo con derecho de obstaculizar o evitar nada. Así que, aceptar sus deseos de divorciarse de la manera que ha querido es lo único que he podido hacer por Sakura últimamente. –dijo Shaoran resignado.

–Ya sé. Vamos a tomarnos el día libre y a pillar una buena cogorza. –propuso Eriol para intentar animar a su amigo.

–El divorcio no cambia el hecho de que sigo siendo el padre de Akiho. Puede que no pueda ver a la niña y a Sakura otra vez si no me convierto en un padre mejor. –dijo Shaoran.

–En eso te doy la razón. Tarde o temprano, cuando esa niña crezca seguro que pregunta por su padre. Y si te ve, mejor que vea alguien a quien pueda respetar. –dijo Clow.

–Sí. Ahora que lo decís, tenéis razón. –dijo Eriol.

–Y dime, Li, ¿qué vas a hacer ahora? –preguntó Clow.

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Eriol le había dado el día libre a Shaoran visto su estado de ánimo. Una vez que se marcharon, Shaoran se cambió de ropa, puesto que todavía llevaba la ropa del día anterior, para después, tirarse al sofá y descansar su espalda un poco mejor.

–¿Qué voy a hacer ahora? –se preguntó Shaoran. Ni él mismo lo sabía. Entonces, sintió que debía de estar volviéndose loco. De repente, fue como si estuviera escuchando voces que procedían del rincón NBA. Cuando miró hacía allí, vio a los muñecos articulados de sus jugadores favoritos como si estuvieran debatiendo algo en círculo.

–En realidad, el incidente de aquella noche en el hotel ocurrió por su deseo de ver un documental de la NBA. –dijo el muñeco de Kobe Bryant.

–El origen de todo está en su impulso incontrolable por comprarnos a todos. –dijo el muñeco de Blake Griffin.

–¿Estáis insinuando que su amor por nosotros es la causa de su divorcio? –recapituló Russell Westbrook, el jugador de Oklahoma City Thunder. –¿Estáis diciendo que es nuestra culpa?

–Ni hablar. Nosotros somos la prioridad de Shaoran y no somos ningún obstáculo, ¿verdad, Shaoran? –intervino el muñeco de Derrick Rose, de los Chicago Bulls.

Shaoran sintió cómo los muñecos lo miraban fijamente esperando una respuesta.

–Lo siento, chicos. Esto es una despedida. –dijo Shaoran tras la alucinación.

–¡¿Qué!? –exclamaron los muñecos en su imaginación.

–¡Se ha vuelto loco! –exclamó Westbrook.

–¡Nos ha traicionado! –exclamó Derrick Rose.

–Os voy a vender a todos y destinaré todo el dinero a los ahorros de Akiho. –dijo Shaoran. Sin mediar más palabras, Shaoran comenzó a desmontar el rincón NBA.

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–Ah, aquí el aire es más puro y el paisaje más bonito, ¿verdad, Akiho? –decía Sakura mientras volvía a casa con algunas compras llevando a la niña en el portabebés. –¿Qué te parece intentarlo aquí? Además, el abuelo y la abuela también están aquí.

Era como si Sakura necesitara convencerse a sí misma de cortar toda conexión con Tokio para volver a empezar en su pueblo. Entonces, una ráfaga de aire las sacudió.

–Aunque también hace más frío. Mejor volvamos a casa inmediatamente. –dijo Sakura.

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–Ya sólo quedan cinco días para el certamen de piano. No cojas ningún resfriado y saca un poco de tiempo para hacer algo de ejercicio. O mejor no, podrías caerte y romperte la nariz. O peor, podrías romperte un dedo. Eso sería terrible. –dijo Eriol.

–Papá, ¿quieres calmarte? –le pidió su hija.

–Sí, tienes razón. –dijo Eriol, consciente de que se había alterado un poco ante la proximidad del concurso.

–Bien, me marcho.

–Que pases un buen día. –dijo Eriol. Cuando Nakuru salió, Eriol se puso su chaqueta para marcharse también.

–Mañana voy a ir a ver a Sakura. –dijo Kaho, que había permanecido callada desayunando.

–¿Vas a Tomoeda? –preguntó Eriol.

–Sí. Me preocupa, por eso he pensado en ir. Así que puedes decirle a Nakuru que si quiere puede ensayar en casa. –añadió la ella.

–¿Qué acabas de decir?

–Sé que me has oído Eriol. No me hagas repetirlo.

–No, no lo he oído.

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Cuando Shaoran entró por la mañana al trabajo y subía la escalera mecánica, un apurado Yukito se dirigió hacia la escalera que bajaba.

–¡Shaoran!¡Meiling va a dejar la empresa! –exclamó Yukito. Cuando llegó a su altura, Yukito comenzó a subir a contracorriente de la escalera.

–¿Lo dices en serio?

–Sí. Parece que la han solicitado para otra empresa. ¡No volveré a verla más! –exclamó Yukito.

–¿Y qué quieres que haga yo? –preguntó Shaoran mientras Yukito no pudo seguir el ritmo de la escalera mecánica y acabó en el vestíbulo del edificio. Shaoran no lo quería admitir delante de Yukito, pero si esa mujer se marchaba, él se sentiría mucho más aliviado. Al fin y al cabo, en parte esa mujer y su encerrona le había costado perder a su familia.

Una vez llegó al piso de arriba, Shaoran debía coger un ascensor. Debía ser una broma del destino, pero Meiling estaba allí.

–¿Es cierto que te marchas? –preguntó Shaoran.

–Sí, una vez que acabe con el proyecto que estoy terminando. Me han hecho una oferta irrechazable. –dijo la morena. –Así que, gracias por todo.

–Y ahora en serio, ¿te vas por mi culpa? –preguntó Shaoran.

–Claro que no. No te creas el centro del universo. Hacía tiempo que pensaba marcharme. Sólo debía esperar a que se me presentara la oportunidad, y eso ha ocurrido ya. Si no sigo en otro lugar no podré tener el siguiente arriesgado romance laboral. –dijo Meiling.

–¿Eso es lo que buscas cuando cambias de trabajo? –preguntó Shaoran.

–¿Sabes? Me reuní con tu esposa. –dijo entonces Meiling.

–¿Qué?

Flashback.

–Shaoran es muy importante para mí. No sólo para mí. También lo es para nuestra hija. Así que te pido que dejes de jugar con nuestra familia. Es la persona más importante para nosotras. –le pidió Sakura en la cafetería en la que habían quedado. Cuando el teléfono de Shaoran estuvo en su poder, aprovechó para llamar a Meiling y dejarle las cosas claras.

Fin del flashback.

–Así que, con una esposa así pensé que no tendría la menor oportunidad contigo. ¿Y aún así os vais a divorciar? Es lo que se comenta en la oficina. –preguntó Meiling. –Admito que eso sí que no lo veía venir. Has destrozado tu vida. Es lo único que te puedo decir. Adiós.

Meiling se bajó del ascensor cuando llegó. Pero Shaoran se quedó allí paralizado por lo que acababa de escuchar.

Cuando llegó a su mesa, se quedó embobado mirando la foto familiar en la que él sujetaba a su pequeña recién nacida ante la mirada sonriente de Sakura.

–Buenos días. –saludó Eriol sacándolo de su ensimismamiento. –¿Cómo van las modificaciones de los planos?

–Sakura estaba al límite cuando se marchó de casa. –dijo Shaoran haciendo caso omiso a la pregunta laboral que le había hecho Eriol.

–¿De qué hablas? –preguntó el moreno sentándose a su lado. Entonces Shaoran abrió la carpeta con el proyecto en el que estaban trabajando en una zona residencial.

–Cuando hice estos planos fue la primera vez que pensé en Sakura y Akiho. Sakura quería salvaguardar a la familia. Y esa también era mi intención cuando hice este proyecto. –explicó Shaoran.

–Comprendo.

–Voy a perfeccionarlo y algún día, cuando vuelva a ver a Akiho, me aseguraré de que no se avergüence de mí. –dijo Shaoran, decidido a intentar aprovechar su talento para tener algo que ofrecerle a Akiho si algún día volvía a verla.

–Mucho ánimo.

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–Este sitio es muy bonito para criar a un hijo. –dijo Kaho, que estaba con Sakura en la cafetería del hotel de la estación de esquí mirando por el ventanal cómo la gente jugaba alegremente en la nieve. –Debo confesarte que yo también pensé en el divorcio cuando tuve a Nakuru. No fue por ninguna infidelidad, pero Eriol no ayudaba nada.

–Te entiendo perfectamente. –dijo Sakura.

–Pero, ¿sabes? Ahora que Nakuru se está volviendo una joven independiente, me tranquiliza que mi marido esté revoloteando, aunque a veces sea un poco irritante. –confeso Kaho. –Como padre ha estado entre Nakuru y yo y de alguna manera creo que ha ayudado a Nakuru a ser independiente. Por cierto. Dice Eriol que nota a Shaoran cambiado.

–¿Qué? –Kaho notó que sólo con la mención de Shaoran el corazón de Sakura se aceleró.

–Anoche me dijo que está destrozado, pero que cuando os vuelva a ver algún día, no quiere que Akiho se avergüence de su padre. Por cierto, Eriol me ha pedido que te diera esto. –dijo Sakura sacando unos documentos. –Dice que es una copia del proyecto en el que están trabajando. Dice Eriol que Shaoran ha estado rediseñando estas casas pensando en vosotras dos.

–¿Dices que las ha diseñado pensando en nosotras? –preguntó Sakura, recordando la maqueta que llevó un día a casa. Pero esas casas distaban mucho de la maqueta que le presentó.

–Eso parece.

–Aún así no creo que Shaoran cambie. –dijo Sakura, que tenía sus reservas.

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–¿Qué? Sólo me ofrecen 2500 yenes por la cara de Stephen Curry? ¿Acaso no saben que fue el más votado en el all-star? No puedo venderlo tan barato. –exclamó Shaoran indignado al ver los precios que estaban dispuestos a pagar por los productos de la NBA que ya había puesto a la venta en internet.

–Quiero ver a Akiho. –se quejó la madre de Shaoran desde el sofá, que estaba lleno de las cosas que todavía no había conseguido vender, mientras miraba una foto de la niña.

–Pero tengo que venderlo. –dijo Shaoran abrazándose a la cara gigante de Stephen Curry e intentando convencerse de que iba a perder todo lo que había coleccionado desde el instituto.

–Quizás yo también debería haber prestado algo más de atención. Las cosas para las madres siempre están más difíciles. –reflexionó Ieran cuestionándose sobre si su papel dentro de esa familia había sido el adecuado. Pero su hijo estaba concentrado en el ordenador. –Oye, ¿me estás escuchando?

–No. –dijo Shaoran sin apartar la mirada de la pantalla. –¡Oh!¡Vendido!¡Más de 360 mil yenes!

Shaoran sentía una mezcla de satisfacción y dolor. Satisfacción por conseguir una buena venta por un objeto de su colección, pero dolor por el apego que tenía a esas cosas.

–Veo que te estás deshaciendo de tus tesoros. –dijo Ieran asomándose a la pantalla del ordenador. –Eso es perfecto. Además, con esa venta puedes pagar esta factura que me ha llegado.

–¿Qué es esto? –viendo el papel que le había dejado su madre.

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–Gracias por quedarte con la niña, papá. Tengo que ir a Tokio a recoger algunas cosas. –dijo Sakura, que evidentemente, con la niña se fue a Tomoeda con lo justo y parte de su ropa seguía en el apartamento.

–Muy bien. Ten cuidado. –dijo Fujitaka.

–Nos vemos esta noche, cariño. –dijo Sakura despidiéndose de Akiho.

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–He pensado en lo que dijiste el otro día, pero creo que es demasiado precipitado hablar de divorcio. –dijo Rika mientras caminaban juntos tranquilamente.

–Pero…

–De momento seguiremos separados. –dijo Rika. –Mi amor por ti no ha cambiado. Lo que ha cambiado es la atmósfera en la que convivíamos, y eso es lo que debemos arreglar. A no ser que tú ya no me ames.

–Claro que te amo. Pero dije lo del divorcio para no causaros más molestias a ti y a Kaito.

–Ya te dije que estaba dispuesta a darte una oportunidad siempre que cumplieras las condiciones que te dije. Por eso creo que debemos ir paso a paso. Por ahora creo que podemos pasar un día juntos a la semana. ¿Qué te parece? –sugirió Rika. Pero Terada no dijo nada, tan solo detuvo su paso. –Creo que debemos tomarnos un tiempo para ver cómo nuestra familia va tomando forma de nuevo.

–¿De verdad te parece bien hacerlo así?

–Sí.

–Está bien. Gracias por la oportunidad. –accedió Terada.

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Desde que se marchó con la niña a casa de sus padres no había vuelto al que había sido su apartamento desde que ella y Shaoran se hicieron novios y se casaron. Aquel había sido su nidito de amor. Allí había sido muy feliz con Shaoran, aunque al final todo se torciera como una broma macabra del destino.

Sakura había aprovechado a que Shaoran estaría en el trabajo para recoger algunas de sus cosas. Pero cuando entró, notó que algo había cambiado. El rincón NBA ya no estaba. En su lugar había peluches y juguetes.

–¿Akiho? –musitó Sakura entendiendo que aquel espacio estaba dedicado a su niña. Entonces recordó que Kaho le dijo que Shaoran había cambiado para que no se avergonzaran de él como padre.

Tras ver aquello y recoger algunas cosas, se marchó a la zona residencial en la que estaba trabajando Shaoran. De alguna manera, necesitaba cerciorarse de que lo que había visto en el apartamento y lo que le dijo Kaho era cierto. Cuando llegó al barrio en el que la empresa de Shaoran estaba trabajando, todavía había algunas casas en obra pero que comenzaban a tomar forma, mientras que a otras les estaban dando los últimos acabados. Sakura se puso enfrente de una que era idéntica a la de la fotografía que vio del proyecto.

Entonces, Shaoran giró la esquina mientras hablaba con el que suponía era el encargado de la obra. Rápidamente, Sakura entró y se ocultó en un rincón para no ser vista.

–Li, los planos distan bastante a los que nos enviaste en un principio. Hemos tenido que trabajar a contrarreloj para cumplir los plazos debido a los cambios de distribución. –dijo el encargado de obra, parándose en lo que era la cocina, donde incluso ya había electrodomésticos.

–Lo sé, y lo siento. Pero eran cambios que he considerado imprescindibles. Esta vez he puesto las prioridades en la funcionalidad. Cuanto más se faciliten las cosas, menos tiempo se necesitará para realizar tareas del hogar. Y ese tiempo se puede dedicar a la familia. Creo que es la dirección que hay que tomar en diseños futuros. Por suerte hemos llegado a tiempo para hacerlo también aquí. No sólo quiero construir casas. Quiero hacer hogares donde sus moradores estén cómodos y vivan felices. –explicó Shaoran.

–Sí, eso está bien. –le reconoció el encargado. –Voy a reunirme con los chicos.

Cuando el encargado se alejó, Shaoran sacó algo de su bolsillo. Sakura no podía creer lo que estaba viendo. Era la cinta que preparó junto a Akiho en la tienda-ludoteca de Kaho. Le parecía que habían pasado siglos desde aquel día, pero por lo visto Shaoran la tenía muy presente cuando vio cómo la extendió para leer el mensaje de buena suerte con la manita de Akiho impresa en la cinta.

–Señor Li, aquí tiene la muestra de material. –dijo una empleada.

–Ah, gracias. –dijo Shaoran volviendo a guardar la cinta en el bolsillo de la cazadora.

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–Lo siento mucho, pero tengo que retirarme del proyecto. –dijo Terada.

–No te preocupes. –dijo Shaoran.

–Pues podrías preocuparte un poco. Echarte atrás después de tanto tiempo y habiendo realizado el proyecto de forma personalizada puede ser un problema. –dijo Eriol.

–No es porque no quiera. Pero de momento mi familia y yo no vamos a vivir juntos, aunque espero que sólo sea algo temporal y pueda retomar el proyecto de nuevo. Pero antes tengo que recuperar a mi familia, y eso me va a tomar un tiempo. –explicó Terada. –Gracias a Sakura, Rika me está dando la oportunidad de cambiar las cosas. No sé qué le dijo, pero se ha vuelto más resolutiva y es capaz de expresarme cómo se siente, y admito que eso me gusta y creo que es lo que realmente me ha salvado. Así que le estoy muy agradecido a Sakura.

–Entiendo. Me alegro de que estéis mejor, aunque nosotros…–a Shaoran le costaba decir que se habían divorciado, aunque del juzgado todavía no le había llegado el documento oficial.

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–¡Akiho, ya estoy en casa! –exclamó Sakura cogiendo a la niña con gran alegría.

–¿Has podido traerlo todo tú sola? –preguntó su padre.

–No. En realidad sólo he traído cosas ligeras. Tenía otras cosas que hacer y no he podido prepararlo todo. –dijo Sakura, dejando a la niña para empezar a desempacar las cosas que había llevado. Entonces, cuando fue a buscar algo, vio a Akiho de pie, aunque apoyada en una sillita. –¡Oh, Shaoran, se ha puesto de pie!

De repente, un silencio sepulcral reinó en la habitación.

–Lo siento, es la costumbre. –dijo Sakura cuando se dio cuenta de que quien estaba allí era su padre, y no Shaoran. –¿Pero verdad que es emocionante? Muy bien cariño.

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–Ha llegado el gran día. –dijo Eriol mientras su hija cerraba un bolso donde llevaba el vestuario y las partituras del certamen.

–Yo ya me voy. –dijo Nakuru.

–Ánimo. –dijo Eriol.

–Conseguiré el primer premio para poder seguir con el piano. –dijo Nakuru.

–Toca como siempre y todo irá bien. –la animó Eriol. Kaho entró entonces de tender la ropa y subió al piso de arriba sin mirar a su hija. Nakuru se decepcionó un poco al ver que ni siquiera le deseara suerte. Así que, para no pensar más se dirigió a la salida.

–Me voy.

–Por cierto, tu madre vendrá conmigo para animarte. No te pongas nerviosa.

–Gracias.

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Cuando Shaoran llegó al auditorio, el certamen ya había dado comienzo. Entre la oscuridad, ubicó a Eriol y a Kaho y se dirigió hacia ellos, ocupando un sitio junto a ellos.

Consciente de que la participante que estaba tocando en ese momento estaba acabando, las piernas de Eriol se movían nerviosas, por lo que Shaoran por un lado y Kaho por el otro le sujetaron las piernas para evitar el ruido que estaba haciendo.

–Nakuru es la siguiente. –dijo Kaho mientras el público aplaudía la interpretación de la pianista.

–Lo sé. –dijo Eriol cogiéndole la mano de forma nerviosa y apretándola de más.

–¿Qué haces? Me haces daño.

–Lo siento, son los nervios. –se disculpó Eriol. Entonces cogió la mano de Shaoran.

–Ah. –se quejó el castaño. –¿Quieres calmarte?

–A continuación dará comienzo la interpretación de la aspirante número once. –introdujo el presentador.

Nakuru apareció en el escenario con un elegante vestido rojo de tirantes, y tras saludar a los presentes, se sentó en la butaca del piano y comenzó a tocar "Estudio en Mi mayor, opus 10 número 3" de Chopin, también conocido como Tristesse.

Nakuru tocaba la melodía con la mano derecha. Una melodía que parecía imitar la voz humana. Mientras que con la mano derecha mantenía un fraseo melódico y ligado, con la izquierda ayudaba al acompañamiento, que a pesar de parecer algo simple, representaba ser de gran complejidad, especialmente al tener que hacerlo con una sola mano.

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–¿Tienes un minuto? –dijo Fujitaka cuando Sakura consiguió dormir a su hija.

–Sí, ¿qué pasa?

–Quería hablar de lo que ha pasado antes, cuando Akiho se ha puesto de pie y se te ha escapado el nombre de Shaoran.

–Ya te he dicho que ha sido por la costumbre. –dijo Sakura intentando evitar el tema.

–Y no lo dudo, pero si precisamente lo tienes como un hábito, eso significa que cada vez que la niña alcanzaba un logro, por pequeño que fuera, era algo que compartíais y que Shaoran también estaba encantado de verla alcanzar fases. En cualquier caso, ¿no has pensado en dejar que la vea crecer? –preguntó Fujitaka.

–Es lo que hay. –dijo Sakura.

–Creo que los padres aprenden lo que es importante cuando están con sus hijos y los primeros recuerdos de sus hijos son importantes. –dijo Fujitaka.

–¿Sus primeros recuerdos?

–Sí. Cuando Akiho crezca lo que recordará serán las escenas que se hayan grabado en su corazón. Quizás sólo sean escenas cotidianas como su familia viendo la televisión, riendo o cenando. ¿Te parece bien que Akiho no tenga entre esos primeros recuerdos a su padre?

Sakura no respondió porque básicamente, no sabía qué responder. Desde que Kaho le dijo que Shaoran estaba cambiando, lo que vio en Tokio y ahora la conversación de su padre la estaban desestabilizando completamente. Entonces Fujitaka le pasó un documento.

–Aquí tienes el documento que me pediste que firmara. Y esto también. Lo ha enviado la madre de Shaoran. –dijo Fujitaka pasándole una memoria usb.

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Mientras veía y escuchaba a Nakuru tocar, Kaho no pudo evitar que los recuerdos de ella con su hija desde su más tierna infancia la asaltaran. Entre ellos, sus primeros pasos o cuando eligió el piano siendo todavía muy niña. Ella había sido testigo de las incontables horas que había pasado tocando y cuánto se alegraba cada vez que conseguía tocar cualquier pieza sin equivocarse. Por supuesto, ella se alegraba tanto como su hija porque siempre se encargaba de compartir sus logros con ella. A esos recuerdos felices le siguió la decepción que vio en los ojos de Nakuru cuando se sintió incomprendida por ella, especialmente por ser la persona que mejor la conocía. En otro recuerdo vio la determinación en su mirada para demostrarle que podría dedicarse al piano.

Eriol le pasó un pañuelo al percatarse de que a Kaho se le habían saltado las lágrimas. Y entonces, Nakuru fue finalizando su intervención de manera pausada y tranquila.

En cuanto acabó, Eriol y Shaoran se levantaron de sus asientos y empezaron a aplaudir como locos.

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–Aquí viene. –dijo Shaoran una vez en el vestíbulo, donde las familias de los intérpretes esperaban para recibirles.

–Hola, Nakuru. –saludó Eriol a su hija, que ya se había cambiado con la ropa de calle. –Gran trabajo. Estoy orgulloso de ti.

Nakuru se paró frente a su madre.

–Tenías razón, mamá. Hay mucha gente mejor que yo y no he podido ganar. –admitió Nakuru.

–¿Eres consciente de tu habilidad? –preguntó Kaho. Nakuru asintió con la cabeza.

–Una promesa es una promesa, así que iré a una universidad como querías y estudiaré una carrera más segura. –dijo Nakuru evitando la mirada de su madre.

–¿Te estás rindiendo? –preguntó Kaho para sorpresa de todos. –Esta vez yo también soy consciente de tu habilidad. Has quedado en el octavo puesto. Si estás dispuesta a romper el muro haciendo un gran esfuerzo cada día, sé que es algo que puedes hacer. Tú eres así, y tienes un gran potencial.

–Mamá.

–Nakuru, tú no eres como yo. Yo me rendí con mis sueños, pero tú tienes determinación. No tengas remordimientos por no intentarlo. –dijo Kaho.

–Lo intentaré. Gracias, mamá. –dijo Nakuru.

–Muy bien. –dijo Kaho, sonriendo a su hija después de tanto tiempo. La tensión que había reinado entre ellas se esfumó en un instante.

–Genial. Para celebrarlo compraremos algo rico para cenar de camino a casa. –dijo Eriol.

Shaoran se alegró mucho de que al final madre e hija se hubieran reconciliado.

–Es la primera vez que veo a tu padre tan nervioso por algo. Y justo ha sido por verte en el escenario. –dijo Kaho riéndose de su marido.

–Estaba más que nervioso. Ha sido agotador. –reconoció Eriol mientras Nakuru reía.

–Felicidades, Nakuru. –la felicitó Shaoran.

–Gracias por venir. Ha sido muy importante para mí que estuvieras aquí. –dijo Nakuru.

–Shaoran también puede venir a casa a cenar. –dijo Eriol.

–Siento rechazar la invitación, pero tengo cosas que hacer. –rechazó Shaoran. –Que lo paséis bien.

–Como quieras. Vamos, Nakuru. –dijo Eriol.

–Esperadme abajo. –les pidió Kaho, que se volvió hacia Shaoran. –Shaoran.

–¿Sí?

–Te agradezco profundamente lo que has hecho por Nakuru. –le agradeció Kaho.

–Yo no he hecho nada. Formáis una bonita familia. Me alegro de veros así de unidos. –dijo Shaoran.

–Qué va. Eriol y yo siempre estamos como el perro y el gato. –dijo Kaho riendo. –Y no te quites mérito. Te voy a decir lo que me dijiste a mí. ¿Quién lo dijo? Ah, sí, Jordan.

Puedo aceptar el fracaso, pero no puedo aceptar no haberlo intentado. –la ayudó Shaoran, refiriéndose a la cita que él uso para convencerla de que dejara a Nakuru tocar.

–Exacto. Realmente me has vuelto loca con esa frase y me hiciste cuestionármelo todo. Pero te diré algo. Quiero que te apliques esa misma cita en ti. –le aconsejó Kaho.

–¿Qué?

–No dudes en ir a por ellas. –dijo Kaho.

–¿A qué te refieres? –preguntó Shaoran.

–Sé que estás sufriendo mucho con el divorcio y el no ver a Sakura y a Akiho. No hay más que verte para saber que estás muy deprimido y que no lo estás pasando nada bien. Pero te diré una cosa. Sakura está reconsiderando las cosas. En mi opinión, no creo que quiera romper contigo. –dijo Kaho, que vio la duda en su mirada cuando fue a visitarla. –De hecho, todavía no ha entregado los papeles del divorcio. Supongo que intenta retrasar el momento porque duda de si se ha precipitado con su decisión. Quizás sólo necesite un empujón. Así que, te deseo suerte. Adiós.

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Sakura puso la memoria usb en un portátil y puso el vídeo que contenía. Era el vídeo de la fiesta del día de las niñas que le celebraron a Akiho justo antes de que su relación acabara de saltar por los aires. Recordaba ese día muy bien. Shaoran acaparó a la niña y no la soltó prácticamente en ningún momento. También recordó las florecitas que le hizo tanto a la niña como a ella misma, a pesar de que ella no era la homenajeada.

Cuando el vídeo de la fiesta terminó, no esperó ver a su todavía suegra dirigiéndose a ella directamente.

–Querida Sakura. Sé que mi hijo ha sido un estúpido y lo siento mucho. Has sido una nuera maravillosa y te considero como una hija. Quiero agradecerte toda la felicidad que me has traído. Muchísimas gracias. –dijo Ieran.

Tras ver el vídeo y lo que parecía ser una despedida con agradecimiento por parte de su suegra, Sakura se enfrentó a los documentos del divorcio que tenía frente a ella.

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Shaoran le había facilitado las cosas a Sakura porque había sido un patán y no se había comportado como un buen marido ni como buen padre. Por eso aceptó el divorcio con todas sus condiciones. Se lo debía a Sakura y a Akiho y ellas no se merecían a un imbécil como él. Pero había algo de lo que Sakura le reprochó en lo que se equivocaba. A pesar de haber sido un idiota, amaba a Sakura y adoraba a su hija, y esos días en soledad que se le hacían interminables lo había notado más que nunca. El problema es que perderlas le hizo tomar conciencia de su amor, y no poner ningún impedimento al divorcio había sido la mayor prueba de amor que podía darles.

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Al día siguiente, Shaoran le pidió el día libre a Eriol para seguir el consejo de Kaho, que en realidad era el suyo propio. Así que, se fue a la estación y se montó en un tren que le llevó a los parajes nevados de Tomoeda. Cuando bajó del tren, se fue directamente a la casa de sus suegros.

–Shaoran, ¿qué haces aquí? –preguntó Fujitaka saliendo del garaje.

–¿Dónde están? –preguntó Shaoran.

–Si no están dentro de casa, estarán por ahí. –dijo Fujitaka. –Me ha dicho que necesitaba pensar.

–¿Dónde?

–No sé, supongo que habrá ido al hotel de la estación de esquí. Con este tiempo tampoco se puede ir a muchos sitios más. –respondió Fujitaka.

Sin más dilación, Shaoran echó a correr hacia la estación de esquí, aunque la tormenta de nieve comenzó a dificultarle el trayecto. Por suerte no quedaba demasiado lejos. Cuando llegó, vio dos muñequitos de nieve sobre la baranda de la zona del hotel que servía de almacén de material para esquiadores. Uno de los muñecos era más grande y el otro era más pequeño. Shaoran se fijó en que el pequeño tenía la flor de goma eva que él mismo había hecho para la fiesta de Akiho del día de las niñas, por lo que pensó que Sakura debía de estar dentro resguardándose de la ventisca que comenzó a tomar fuerza.

–¡Sakura!¡Akiho! –llamó Shaoran, pero el lugar estaba vacío.

–Shaoran, ¿qué haces aquí? –preguntó Sakura desde el piso de arriba.

–He venido por ti. He sido un padre patético. También he sido patético como marido. Sé que no me creerás aunque diga que voy a cambiar, pero aunque sea el hombre más cuidadoso del mundo, puedo resbalar y hacer cosas de las que me arrepiento porque soy así de idiota. Pero yo sólo quiero estar contigo y con Akiho. Quiero haceros sonreír. Necesito ser el padre de Akiho. Necesito estar con mi familia. Por eso te pido que seáis mi familia una vez más. –dijo Shaoran mirando hacia arriba, donde estaba Sakura sujetando a la pequeña.

–Voy a decir algo egoísta. Te has refugiado convenientemente en tu mundo para no cambiar pañales, no bañar a Akiho, dormirla o hacer tareas de casa. Deberías avergonzarte. –dijo Sakura.

–Y realmente me avergüenzo. –admitió él.

–Sin embargo, creo que yo también debo reconocer que me he equivocado. –dijo Sakura antes de bajar la escalera hasta ponerse frente a Shaoran.

La pequeña movió los bracitos con alegría al reconocer a su papá. Pero Shaoran no se sentía con el derecho a cogerla. Al menos, no sin el permiso de Sakura.

–En lugar de ver cómo intentabas ser padre, no he hecho más que buscarte defectos. Y en ocasiones yo tampoco he considerado tus sentimientos. –dijo Sakura.

–No, Sakura. Aquí el único culpable soy yo. Has hecho lo que tenías que hacer, y me merezco todo lo que ha pasado. Y por más que me duela, aceptaré la decisión que tomes. –dijo Shaoran.

–Lo digo porque creo que de alguna forma, lo intentabas a tu propia manera. Evidentemente no de la manera correcta, pero siempre te alegrabas un montón cuando Akiho conseguía algo, como arrastrarse por el suelo o llamarte papá. Alguien que se alegra por esas pequeñas cosas no puede no querer a su hija. Por eso quiero volver contigo. Quiero que veamos crecer juntos a Akiho. Sé que es egoísta por mi parte, pero ¿te parece bien parar el divorcio? –dijo Sakura con lágrimas en los ojos.

–Por supuesto. –dijo Shaoran, al que también se le escapó una lágrima rebelde.

–Papá, papá, papá. –dijo Akiho.

–Oh, Akiho. –dijo Shaoran cogiendo a la niña, a la que tanto había añorado tener en sus brazos. –Cuánto te he echado de menos, pequeña.

Si había algo por lo que Sakura sentía debilidad era ver a Shaoran con la niña. Su padre tenía razón. Era injusto privar a Akiho de crear recuerdos con su padre. Eso era algo cruel y que además, a la larga se le volvería en contra.

–Sakura, hay algo que siempre he querido decirte. Gracias por traer al mundo a Akiho y hacerme papá. –dijo Shaoran. Sakura sonrió.

–Gracias por hacerme mamá. –dijo Sakura. Al fin y al cabo, que Akiho existiera fue gracias a la unión de los dos.

Shaoran sacó algo del bolsillo con la mano libre que tenía y cogió la mano de Sakura, donde introdujo el anillo de casada que Sakura dejó en el apartamento cuando se marchó. Cuando Shaoran lo encontró fue como si la tierra se abriera a sus pies. Pero gracias al consejo de Kaho, ese anillo volvía a estar en el lugar que le correspondía, el dedo de Sakura. Una vez que introdujo el anillo, acortaron las distancias y sellaron la reconciliación con un beso en los labios. Después de besarse, ambos besaron a su pequeña. Después, salieron fuera y junto a los dos muñecos de nieve, hicieron uno más grande para completar la familia, dejando el de la pequeña Akiho en el centro.

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–Asegúrate de llamarnos todos los días. –dijo Eriol mientras bajaba la maleta de su hija.

–Sólo estaré fuera dos semanas por las vacaciones de primavera. –dijo Nakuru.

–No importa. Si ocurre cualquier cosa, te vuelves a casa. –dijo Eriol.

–No seas cenizo, Eriol. Ella ya tiene planes para tener las dos semanas ocupadas. Déjala volar. –dijo Kaho.

–Mira quién habla. –dijo Eriol refiriéndose a la negativa de Kaho de que Nakuru tocara el piano.

–¿Alguna queja? –preguntó Kaho.

Nakuru sonreía de ver así a sus padres. Aunque siempre habían discutido, la forma que tenían de discutir desde el concurso de piano era diferente. Era como si ya no intentaran hacerse daño, sino que era más bien un juego. Nakuru estaba muy contenta. Había recuperado la unidad que tenía con su madre y la relación con su padre. Y ahora estaba a punto de marcharse a perseguir su sueño, aunque de momento sólo fuera por dos semanas, porque por mucho que amara el piano, debía asumir la realidad y necesitaba prepararse más para luchar en serio por ese sueño.

–Mamá, papá. Siento interrumpiros, pero tengo que irme. –dijo Nakuru.

–Mucho ánimo, hija. –le deseó Kaho.

–Recuerda aferrarte al sueño. –dijo Eriol.

–Estoy realmente sorprendida por la confianza que tiene Nakuru. –dijo Kaho mientras veía cómo se alejaba tirando de la maleta.

–La necesitará para seguir su camino. –dijo Eriol.

–Tienes razón. –dijo Kaho.

–¿Eh?¿Qué hace ese ahí? –preguntó Eriol cuando vio que Spinel apareció y se ofreció para llevarle la maleta.

–Déjala. Sólo va a acompañarla al aeropuerto. –dijo Kaho riéndose por los celos de su marido.

–Me lo habéis ocultado deliberadamente, ¿verdad? –preguntó Eriol.

–Por supuesto. –admitió Kaho entrando en casa y sentándose en el sofá. Eriol se sentó a su lado.

–Oye, Kaho. Muchas gracias por el trabajo espléndido que has hecho criando a Nakuru. –dijo Eriol.

–¿A qué viene eso ahora? Yo no he hecho nada espléndido. –dijo Kaho.

–Claro que sí. La has preparado para que pueda cumplir sus sueños sin perder de vista la realidad. –dijo Eriol, haciendo que Kaho se sonrojara. –Supongo que ahora que tendremos más tiempo para los dos, podremos tener alguna cita. ¿Qué te parece ir a un bonito restaurante?¿O hacer un viaje?

–O simplemente me podrías prestar algo de dinero para gastarlo con las mama friends. –dijo Kaho con guasa.

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–¡Papá! –exclamó Kaito yendo hacia su padre seguido de Rika.

–Hola Kaito. ¿Cómo estás?¿A qué te apetece jugar? –preguntó Terada. Desde que llegó al acuerdo con Rika, deseaba que llegara el sábado, que era el día elegido para pasarlo juntos mientras reconstruían su familia, asegurándose esta vez de que los cimientos fueran lo suficientemente fuertes.

–¿Puedo elegir yo? –preguntó el niño.

–Claro. No tienes que seguir mis planes. –dijo Terada dirigiéndose a una gran bolsa con un balón, una bola de béisbol con un par de guantes y cosas así. –He traído un montón de cosas, elige la que quieras.

Rika estaba muy contenta de ver a su hijo tan contento. También se alegró por Yoshiyuki, a quien veía mucho más relajado. Si seguían así, volverían a ser una familia. Lo que Rika estaba viendo era esperanzador.

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–Hola. ¿Has venido a relajarte un rato? –preguntó Meiling a un hombre de buen ver que descansaba en la cafetería después de haber estado en una de las saunas.

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En la sauna, Eriol, Shaoran, Terada y Clow Reed pasaban un rato más relajados de lo que nunca habían estado allí.

–Es genial que hayas conseguido evitar el divorcio postparto. –dijo Eriol.

–Lo hemos conseguido los dos. –puntualizó Shaoran. –Está claro que tener hijos es cosa de dos. Siento haberos mareado con mis problemas.

–Hola. –saludaron Yukito y Yamazaki entrando.

–¿Qué hacéis vosotros dos aquí? Esto es para gente mayor. –dijo Eriol como si aquella sauna fuera para gente con otro estatus.

–Estamos bien aquí. –dijo Yamazaki. –Li, nos hemos enterado de que has salvado tu matrimonio. Sabíamos que eras inocente.

–Cállate y devuélveme la pasta que me debes. –dijo Shaoran.

–Ya te dije que te lo devolveré. –dijo Yamazaki.

–Un momento. ¿A qué te referías con que soy inocente? –preguntó Shaoran.

–Sí, la noche que pasaste en el hotel. Meiling nos dijo que no hicisteis nada. Con tanto alcohol te quedaste dormido. –dijo Yamazaki.

–¿Y me lo dices ahora? –preguntó Shaoran.

–Parece que Meiling hizo todo lo que hizo para fastidiarte y hacerte una encerrona porque se encaprichó contigo. –dijo Yukito. –Hemos estado saliendo y me dijo que lo único que hicisteis fue beber. Hemos venido juntos. Ahora estará en la sauna de las chicas.

–¿Por qué la has traído? –preguntó Shaoran, que no quería más problemas con aquella mujer, que había resultado ser una lianta.

–Vamos a conseguir su testimonio, señor Reed. –dijo Eriol.

–Creo que ya no es necesario, señor Hiragizawa. –dijo Clow.

–No revuelvas las cosas, Eriol. –le pidió Shaoran.

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Después de haberle cambiado el pañal, Shaoran se llevó a la niña al sofá y le enseñó la nueva maqueta en la que había estado trabajando.

–Mira, aquí está el salón; en este lado está el dormitorio y tu cunita. Y estos tres somos nosotros. –dijo Shaoran acostando a los muñequitos en la cama. –Y aquí está mi habitación secreta desde la que la familia podrá ver las estrellas.

Sakura entró a casa tras haber ido de compras con Kaho.

–¿Qué te parece si aquí ponemos un cuarto de juegos? –preguntó Shaoran como si la niña le fuera a responder.

–Ya estoy en casa. –anunció Sakura.

–Hola. Akiho ha sido una niña muy buena. Y tú estás muy guapa. –dijo Shaoran.

–Gracias. He pasado por la peluquería. Akiho, te he comprado una cosita. Mira, es el señor Cangrejo. –dijo Sakura sacando de la bolsa una caja con un juguete. La niña estiró los brazos y lo cogió alegre. –Por cierto, ¿recuerdas a mi amiga Rei Tachibana, la que se casó por estar embarazada? Parece ser que trae gemelos.

–¿Gemelos? –preguntó Shaoran. Entonces comenzó a fantasear. Si ellos tuvieran más hijos podría enseñarlos a jugar al baloncesto, llevarlos a partidos.

–Deja de imaginarte cosas, Shaoran. –dijo Sakura, que conocía la tendencia de su marido a fantasear.

–Si tuviéramos dos hijos más seríamos como un equipo de baloncesto. –dijo Shaoran.

–De momento creo que tenemos bastante con una. Además, no hay sitio para el equipo de baloncesto. –dijo Sakura.

–Bueno, eso lo podemos arreglar cuando nos mudemos a la casa que le he estado enseñando a Akiho, ¿verdad pequeña? Akiho me ha dado su aprobación a cambio del cuarto de juegos. –dijo Shaoran.

–Qué tonto eres.

–¿A quién llamas tonto? Ahora verás. –dijo Shaoran, que cogió a Sakura y la llevó al sofá para hacerle un ataque de cosquillas.

Shaoran había cometido muchos errores desde que nació Akiho y se consideró un idiota por haber estado a punto de perder esa familia. Pero tuvieran más hijos o no, no estaba dispuesto a arriesgar aquella felicidad, una felicidad que también estaban notando en la niña. Y para Sakura y Shaoran, mantener la sonrisa de su hija se había vuelto su principal prioridad. Una sonrisa que se convirtió en carcajada al ver a su madre reír por el ataque de cosquillas de Shaoran.

Fin.