"No te preocupes amor, porque nada de ésto es una coincidencia.

Somos tan diferentes, cariño.

Finalmente hemos encontrado nuestro destino."

DNA — BTS

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Dos chicas muy bien vestidas recibieron los vasos de capuchino con una blanca sonrisa de oreja a oreja, sus dulces voces diciendo gracias no era algo que se escuchaba todos los días durante las mañanas sacándole una sonrisa a la mesera que llevaba desde las seis de la mañana en ese lugar.

Cuando marcaban las nueve, era más normal encontrar estudiantes con mejores expresiones que los ancianos desesperados de las primeras horas, aunque ella ya estaba más acostumbrada a ellos pues pasaba más tiempo en ese horario. Aun así, desearía poder pasar más tiempo con los adultos jóvenes o adolescentes que te sonríen y agradecen tímidos cuando les das su café, hasta te piden algo más único que solo un simple café amargo.

De todos modos, quedaba poco para que termine su turno y pueda ser libre, por lo que comenzó a lavar las tazas, vasos y platos que dejaron los clientes, al igual que los utensilios para preparar las bebidas o alimentos, todo mientras tarareaba por debajo una de sus canciones favoritas sonando en los parlantes de la cafetería como toda mañana, lo que hacía de su trabajo más entretenido. Tan centrada en su música, que no escuchó cuando una de sus compañeras entró a la cocina trasera dónde estaba para dejar más platos y tazas sucios, hasta que estuvo a su lado dejando todos esos utensilios en el lavavajillas.

Le dio una sonrisa de lado como saludo, la chica a su lado resultó ser más que solo su compañera siendo también una de las más grandes amigas que tiene ahí, compartiendo todo incluyendo el departamento donde viven.

— ¿Y bien? — Kaname se apoyó en el lavavajillas viéndola con una sonrisa ansiosa.

— ¿Bien qué? — Se hizo la desentendida aun cuando ya sabía lo que quería preguntarle, llevaba casi toda la mañana con el mismo tema siéndole imposible ignorarla.

— Oh, vamos. Sabes a lo que me refiero. — Se acercó a ella para poner abrazarla por los hombros. -Vas a ir al concierto ¿verdad? Llevo mucho tiempo esperando a alguien que me acompañe. -

— Kan, sabes que hace años no los escucho. — Cerró el grifó dejando el último plato limpio a secar. — ¿Cómo voy a ir a un concierto sin saber ni la mitad de sus canciones? —

—Puedes aprenderlas durante el viaje, tengo todos los discos en mi celular. — Sacó su teléfono mostrando como en su app de música había una playlist enorme con todas las canciones hasta las más recientes.

Kagome tomó el teléfono de su amiga, sorprendida por el gran amor que ella le tenía a ese grupo de Idols mixto de nombre Savage Town teniendo todos sus álbumes. Por su parte ella también solía escucharlos, solo que hace unos dos años en sus primeras épocas después de su debut, cuando aún vivía en Japón. Justamente subiendo hasta las primeras canciones, encontró esa que le hizo fan en ese entonces llamada Giant, con solo ver la portada de ese álbum fue suficiente para sentir la nostalgia de sus tiempos como adolescente obsesionada con el pop coreano a tal punto que con tan solo terminar la preparatoria se inscribió en una Universidad de música en Corea del Sur, solo para seguir el sueño de volverse como una de esas Idols.

Sin embargo, al apenas llegar a Corea una noticia sobre ese grupo le devastó, su integrante favorito del grupo fue acusado de algo que hasta la fecha no se sabe si realmente sucedió, pero por consecuencia la empresa encargada del grupo lo despidió y él desapareció de todas las redes. Han pasado dos años desde eso.

—Ah ¿Es tu favorita? — Kaname le trajo de vuelta espiando lo que tanto veía.

Kagome se volvió roja al notar como se quedó embobada con la portada y sintiendo sus mejillas ardiendo le devolvió el teléfono a su amiga.

—Ya pasó mucho tiempo, casi ni me acuerdo. — Fingió demencia dándose la vuelta para buscar cualquier otra cosa que hacer y evitar que su amiga viera lo roja que se encontraba.

Sin embargo, antes de que lo hiciera, la alarma de su propio teléfono sonó indicando que el horario de ambas había acabado. Podría decirse que fue salvada por la campana, aunque tendría que soportar a Kaname junto a ella durante todo el camino probablemente insistiendo para ir a ese concierto que Savage Town dará en uno de los estadios de Seúl y que ya había sacado entrada aun cuando Kagome le sigue negando acompañarla.

Fueron hasta los casilleros para buscar sus bolsas y quitarse los delantales de la cafetería. Ahí, Kagome sacó su bolso amarillo adornado con varios pines y llaveros, entre ellos una Photocard asegurada con una funda decorada de colores rojos, la foto en especial era del miembro de Savage Town que fue despedido, sus largos cabellos oscuros atados en una coleta y abrazado a su perro mascota, aunque quizás lo que más llame la atención de esa foto sean sus hermosos ojos como el oro.

Kaname adoraba ver esa foto en su bolso, tanto que en más de una ocasión Kagome notó como lo quitaba de su lugar para tenerlo en sus manos aun sabiendo que era casi una reliquia para ella, una de las pocas Photocars que quedan tras haberse ido y ser reemplazado por otro tipo.

—¿Cómo puedes decir que ya no eres fan si sigues teniendo ésta Photocard? — Nuevamente quiso tomarla, pero Kagome se dio cuenta dándole un golpecito a su mano antes de que siquiera la tocara, Kaname se quejó.

—Hay una gran diferencia en seguir siendo fan del grupo o del integrante. — Se puso el bolso tras ya haberse quitado el delantal. —No me interesa lo que el grupo hace, en especial después de lo que le hicieron a Inuyasha. —

—Bueno, técnicamente la empresa tuvo la culpa. —

—Pero ninguno de ellos parecía estar muy triste de que se haya ido. —

Kagome comenzó a caminar hacía la parte de delante en la cafetería, saludando a cada uno de sus compañeros incluyendo al encargado que ya estaba al tanto de que su horario había terminado unos minutos atrás, Kaname le siguió detrás.

—Es que, es parte de su trabajo. —Tras salir su amiga seguía con la conversación, porque ella intentara cortar sano en los casilleros, deseaba convencerla de ir al concierto ¿Es que no tenía más amigas que ella? —No podían mostrarse afectados frente a los fans, en especial cuando muchos de ellos eran haters de Inuyasha por ese rumor. —

Recordarlo le hizo que sus puños se apretaran en el cordón de su bolso, han pasado casi dos años y el rencor que sintió en ese momento se seguía materializando igual en su rostro.

Lo más doloroso de ese momento probablemente haya sido el saber cómo todo ese rumor tan estúpido que se creó alrededor de su idol favorito se debía a una supuesta relación con una de sus compañeras y que de ahí los tóxicos fans comenzaran a dejarle mensajes de odio en cada uno de sus directos o videos promocionales, incluso llegando a acosarlo en sus momentos privados. Todo escaló tan alto que la propia empresa tomó cartas en el asunto para ayudarlo, terminando por perjudicarlo peor al obligarlo a abandonar el grupo que, técnicamente, él con el líder Koga crearon.

Cuando se enteró quiso asesinar a todos y cada uno de los haters que no solo lograron sacarlo del grupo si no que hicieron que dejara cada una de sus redes sociales y desapareciera de la vista pública, incluso algunos sospechan que se fue del país.

De todos modos, cambiaron de tema a mitad del camino, probablemente porque Kaname se dio cuenta de cómo su amiga se estaba enfadando en serio. Pasaron a hablar del trabajo y de los estudios de cada una, Kaname siendo de primer año en Administración de Empresas, una carrera elegida por sus propios padres para que saque adelante a la familia por mucho que no deseara estudiarla y si fuera por ella estaría manejando su propia florería como soñaba de pequeña, una historia que Kagome escucha desde el día en que se conocieron.

Por su parte, tuvo suerte de que sus padres comprendieran lo mucho que deseaba seguir la carrera de música y canto, dándole todo el apoyo que necesitó hasta para mudarse de país apenas terminar la preparatoria, Kaname suele decirle lo mucho que envidiaba el amor de sus padres cada que volvía a mencionar su historia, cosa que Kagome no suele verlo así y simplemente lo deja como que no deseaban verla rogarles.

Al final, el momento dónde debían de separarse llegó, pues Kagome solía cantar en las calles durante las tardes en las calles principales los sábados que no tenía clases extras junto con algunos amigos que consiguió por ahí. En cambio, su amiga tenía que seguir su camino para estudiar con sus compañeras estando cerca de la época de exámenes.

—Escucha, no quiero forzarte, pero si cambias de opinión. — Antes de irse, sacó de uno de los bolsillos de su pantalón de jean una de las entradas al concierto con el logo de Savage Town en ella. —Llámame y nos vemos mañana. —

Siquiera le dejó contestar y comenzó a caminar en sentido contrario, dándole la espalda. Kagome sostuvo la entrada entre sus manos unos momentos antes de simplemente guardarla en el bolsillo de su campera verde y continuar hasta el punto de encuentro.

Justamente en una de las esquinas estaban ellos, tres personas que preparaban sus instrumentos mientras las personas pasaban por su lado, al verle una chica de cabello ondulado y una hermosa vincha blanca levantó la mano alegre para saludarla lejos.

—¡Kagome, por aquí! — A diferencia de los otros dos que con su grito notaron la llegada de Kagome, ella siempre solía vestir de colores pasteles, especialmente rosado como su cárdigan y el lila de su falda tableada.

—Hola, Ayumi. — Le devolvió el saludo a apenas llegar cerca de ellos, acomodando su cabello por el viento del mediodía.

—Justo a tiempo, eh. — Otra chica, de cabellos cortos y ropas menos vibrantes, se cruzó de brazos con una sonrisa de lado. —Necesitamos más compañeros como tú. —

—Ya basta, Yuka. — El único chico de ahí se levantó del suelo dándole un codazo a Yuka que solo río.

—¿Te están haciendo trabajar de más, Hojo? — Kagome les siguió el juego sin la necesidad de más saludo, así es como su relación fluía.

—Todo porque llegué un poco más tarde de lo que Yuka quería. — El chico apuntó al desastre de cables de todos los instrumentos, incluyendo el micrófono, mismos que probablemente él tuvo que conectar al generador que le daba poder a los parlantes.

—¿Un poco? Llegaste casi media hora tarde. —

Kagome buscó con la mirada entre ellos a otra de ellos que parecía no estar presente, sin preocuparse por la discusión.

—¿Y Eri? —

—No vendrá, otra vez tuvo problemas con su novio. —Ayumi le contestó, con la voz tan dulce que sería ridículo pensar en que ella era quien tocaba la batería en su pequeño grupo.

Un año atrás, después de comenzar con su carrera, Kagome descubrió el mundo de los artistas callejeros y fue tanto lo que se obsesionó con ellos que quiso formar parte. Al principio solo era ella y un micrófono inalámbrico contra el miedo de presentarse frente a muchas personas con covers de canciones ya bastantes conocidas hasta para los ya más adultos. Y por casualidades del destinó se encontró con un grupo de músicos que también se presentaban en el mismo lugar de ella sin tener a un cantante principal, su relación no fue de las mejores en los primeros tiempos siendo casi como competencia, hasta que se dieron cuenta de la potencia que tendría unirse en vez de enfrentarse y es así que aceptaron a Kagome como su cantante.

Claro que, manteniendo los roles del principio, siendo Yuka la guitarrista y líder, Hojo el bajista, Ayumi la baterista y esa chica faltante Eri la tecladista.

Es así que su relación se volvió más de amigos que de compañeros y se presentan cada sábado en las tardes haciendo covers para ganar algo de dinero, así como reconocimiento, este último siendo especialmente importante para Kagome, pues si quería dedicarse a ser una Idol sería bueno que ya la conocieran de alguna manera. Además, aparte de tocar en ese pequeño grupo callejero, tiene una cuenta de YouTube propia de nombre Kag dónde sube también covers e incluso canciones propias escritas por su puño y letra, así que se podría decir que gran parte de los chicos que se juntan a escucharlos puede que la conozcan desde antes.

Ese día no tenían tecladista, por lo que tendrían que tocar temas que no lo necesitaran y tras dejar las conversaciones terminaron de acomodar los instrumentos. Kagome se puso tras el micrófono sujetándolo con ambas manos, cerrando los ojos mientras suelta un ligero suspiro al sentir el frío en su palma, era tan relajante.

Solo tenía que escuchar a Yuka contar hasta tres para comenzar a escuchar la música resonando en sus oídos y abrir los ojos con la confianza que buscaba en lo más profundo de ella, la sonrisa que mostraba pocas veces lo hacía a conciencia, pero las personas a su alrededor parecían amarla.

La canción que sonaba era de una cantante solista por lo que la falta de combinación en las voces era fácil imitar para Kagome, aunque claro que de vez en cuando le daba su propio toque dejando agudos en dónde no los debería, pero que ella sabía quedaría bien. Su voz saliendo de su garganta con intensidad era suficiente adrenalina para soltar todo el estrés que acumulaba, su salida favorita de los problemas. Incluso se sentía en otro lugar, cerraba los ojos para ayudar a que salieran mejor las notas o porque se dejaba llevar y su voz se iba a otro espacio lejano para luego volver a la plaza cuando los abría, con muchas más personas a su alrededor de lo que recordaba al empezar.

Volteaba a sus compañeros con una sonrisa incitándolos a que le siguieran el juego y ellos con gusto le devolvían la sonrisa moviéndose al ritmo de la música sin desconcentrarse de sus instrumentos. Yuka era un genio con la guitarra, la manera en que sus dedos se movían a través de las cuerdas le maravillaba, mismo con Hoyo y ni hablar de la energía que Ayumi dejaba en su batería, como si estuviera completamente poseída por el ritmo.

Y después de unos minutos en el paraíso, la música terminó. Una ronda de aplausos los rodeó y Kagome dejó el micrófono para respirar profundo y devolver el aire a sus pulmones, sus compañeros estaban iguales e incluso se podría decir que peores, cubiertos de sudor.

—Muchas gracias por escucharnos. — Dijo acercándose al micrófono y dando una ligera reverencia después.

Lo mejor era cuando se acercaban de a uno a dejarles el dinero en la funda de la guitarra de Yuka, una montaña de dinero se formaba que les sacaba una sonrisa a todos.

Kagome vio a Yuka y ésta le asintió, sabiendo que significaba esa seña volvió a hablar a su público.

—En agradecimiento por su apoyo tocaremos otra canción para ustedes. — Las personas festejaron con gritos de apoyo y saltos, Kagome dejó salir una pequeña risita ante ello.

Era tan lindo el ver cómo las personas te aplauden y festejan, si así es como el mundo de los Idols funciona, su sueño de ser una tenía un futuro prometedor.

Así, otra canción comenzó.

Cuando el cielo se tiñó de naranja el espectáculo había acabado, las personas se dispersaron y ellos comenzaron a empacar todos los instrumentos a la par que Yuka contaba el dinero.

—Ah…mi espalda está matándome. — Ayumi se estiró entre quejidos.

—Con razón, eres la que más vive el momento. — Kagome le dio unos golpecitos a su espalda con cuidado de que no le doliera. —Te admiro. — Sus palabras volvieron roja a la chica.

—Ay no digas eso, tú eres la que más brilla, tu voz es muy hermosa. — Se abrazó al brazo de Kagome.

—Ambas dan lo mejor de ustedes. — Hojo terminó con la ronda de halagos entre risas.

De pronto Yuka se levantó del suelo emocionada y con una gran cantidad de dinero en las manos, acercándose a ellos.

—¡Miren todo lo que conseguimos! — Abrazó a Hojo por los hombros dando pequeños saltos de felicidad.

—¡Es demasiado incluso si lo dividimos! — Ayumi le siguió. —Hoy fue el mejor día, pobre Eri que se lo perdió. —

—Ella tuvo la culpa por estar con su novio en vez de venir con nosotros. — Yuka fingió estar ofendida con los brazos cruzados sobre sus pechos.

Tras eso comenzó a repartir el dinero a cada uno, sin embargo, Kagome notó que hablaba en serio al decir que Eri se perdería el dinero, pues ella había separado los montos dependiendo de cuántos eran en ese momento y a Kagome no se le hizo de muy buena amiga dejarla sin su paga solo por no ir un día, tampoco sabían que había sucedido para que no viniera además de haberse peleado con su novio.

—¿Sabes? Puedes separar mi parte y darle la mitad a Eri cuando la veas. — Terminó por sacrificar su propia parte en vez de discutirle a cada uno sus partes, después de todo sabía que ninguno querría dejar de lado esa gran cantidad de dinero aún si es para su compañera, en cambio, Kagome no le da tanta importancia a ese dinero.

—¿Qué? ¿Estás segura? — Yuka levantó una de sus cejas. —Podemos decirle a Eri que no ganamos nada y dejarlo así. — Kagome negó.

—No me parece bien, ella también merece su parte. Además, no me importa mucho el dinero mientras pueda seguir cantando para los demás. — Se llevó una mano al photocard que colgaba de su bolso, pensando en cómo él también hubiera hecho lo mismo.

—Ya veo. — Tras un silencio Yuka volvió a contar dejando la mitad en sus manos y dándole la otra a Kagome. —Aquí tienes. —

—Gracias. —

Confiaba en Yuka, sabía que ella le entregaría ese dinero a Eri cuando la vea, más porque ella debería de saber que si no cumple con lo acordado no volverían a ser amigas y perdería la confianza de Kagome así como a su cantante principal.

Tras despedirse, cada uno se fue por su parte.

Kagome sentía su garganta arder un poco por forzarla tanto como todos los sábados, su profesora de canto no estaría muy contenta de eso si la viera y es muy probable que la vea pues no estaba tan lejos de su Universidad.

Pasó por una tienda de conveniencia y creyó que sería bueno para su dolor si buscaba algo para beber caliente, tal vez un café de máquina o de paso buscar que comer en la noche, sabiendo que Kaname no llegaría por quedarse estudiando con sus amigas, esa noche la pasaría sola una vez más.

Allí dentro pasó por los estantes decidiéndose por unos fideos instantáneos sabor carne y unas barandillas, eso, además del café que se tomaría en ese momento se llevaría parte del dinero que ganó.

Se sentó en una de las mesas de la ventana una vez ya pagado todo, dejó salir un suspiro y movió su cabeza de un lado a otro para quitarse un poco el dolor en el cuerpo que le dejó estar parada por horas frente al micrófono, estaba destruida. Al menos algo mejoró cuando le dio un primer sorbo al café y su garganta parecía estar agradeciéndole.

Sacó su teléfono para relajarse mejor, abriendo una que otra red social solo para ver las noticias del mundo cuando sintió que alguien más se sentó a su lado. No era de husmear, pero esa vez le dio cierta curiosidad por lo que solo vio de reojo. Era un chico, uno un tanto alto y de espalda ancha, un gorro rojo y una mascarilla negra tapaba gran parte de su rostro, pero fue capaz de ver el hermoso cabello blanco atado en una coleta baja. No era común ver a un tipo con ese color de cabello, era hermoso y brillaba bajo las luces de la tienda, tan largo que le llegaba hasta la cintura, Kagome estaba maravillada.

—¡Ahí estabas! — Esa voz fue suficiente para que se regresara a lo suyo completamente avergonzada, esperando que ese chico no se haya dado cuenta lo mucho que lo estaba viendo.

No vio más, solo escuchó otra voz masculina acercarse a él de manera amigable, pero sin decir su nombre.

—Te estábamos buscando, pensé que te fuiste a casa. — Se sentía terrible al escuchar la conversación, la curiosidad la estaba matando.

—Preferiría estar en cualquier lado que en mi casa. — Es cuando la otra voz habló, que supuso era la del chico de cabello blanco, Kagome creyó escucharla en otro lugar antes, era demasiado familiar. —Solo quise relajarme un poco. —

—Ya veo, en ese caso déjame comprar algo y vayamos a alguna plaza ¿Qué te parece? —

—Haz lo que quieras, Michiru. — Al menos ahora sabía el nombre de su amigo, pero no el suyo.

Solo cuando el otro chico se fue que el primero regresó a la misma pose que antes solo que ahora con su teléfono en mano. Kagome lo vio y era de un último modelo con una funda roja, había abierto una red social, la misma que ella.

—¿No te enseñaron a meterte en tus propios asuntos? — El susto que pegó fue uno que en su vida podría describir, casi que tirando su café de la mesa.

Su rostro se volvió de un rojo intenso al instante sabiendo que se refería a ella, pues se había volteado completamente para verla directo. Kagome quiso decir algo, especialmente una disculpa, pero fue detenida por un par de ojos dorados tan hermosos que la dejaron boquiabierta, eran brillantes y de un tono tan extraño, casi parecidos a los que su querido Inuyasha solía tener en sus años como Idol.

—Ah, lo siento mucho, no quise—

—Como sea, solo mantente en tus cosas. — El chico iba a voltearse hasta que sus ojos parecieron ir debajo, justo dónde el bolso de Kagome residía. —Esa foto…— Dejó salir casi que en murmullo.

—Ah, es mi Photocard de Inuyasha. — Kagome levantó su bolso para ponerlo entre sus piernas, no solía darle muchas vueltas cuando le preguntaban por esa foto, mayormente iba acompañado por una extrañes de que siguiera siendo fan de un Idol que llevaba más de dos años desaparecido. —Es una de las últimas que quedan así que la cuido mucho. —

—A ti… ¿Te sigue gustando? — Ahí va, justo como sospechaba, la misma pregunta de siempre.

No entendía qué había de malo con seguir queriendo a tu artista favorito si ya no está más ¿Y qué si fue parte de un rumor? Ni siquiera fue algo fuerte o trató mal a una persona, simplemente estaba teniendo una relación amorosa con otra chica como cualquier persona normal. Personas así hacen que dude sobre su sueño de ser parte de ese mundo.

—Por supuesto, que él haya sido parte de una polémica no hace que deje de quererlo. — Dejó el bolso colgado una vez más, para después tomar el café entre sus manos. —Además, Savage Town era mejor cuando estaba él. —

Cuando esperaba una contradicción el chico dejó salir una corta risa que le hizo regresar la mirada a él. Esa risa… ¿Por qué todo de él se le hace tan conocido?

—Sí, creo que tienes bastante razón. —

Los ojos de Kagome se iluminaron.

—¡¿A ti te gusta Inuyasha?! — Se acercó a él emocionada, pudo sentir la sorpresa del chico incluso con la mascarilla.

—Ah…bueno…se podría decir que sí. —

Era increíble, finalmente había conocido a una persona que compartiera su mismo gusto. Pasaron años desde la última vez que habló con un fan aún amante de Inuyasha y que no dijera el mismo discurso estúpido de que Savage Town sigue siendo la misma aún sin él. Ese chico que pusieron como su reemplazo jamás llegará al nivel que su querido chico de ojos dorados tenía, escucharlo rapear y cantar en cada una de las canciones era lo que la animaba a seguir el grupo.

—Entonces… ¿Qué es lo que te gusta de él? — Esa pregunta fue suficiente para que el corazón de Kagome se volviera loco.

Describir a su amado era tan difícil y a la vez emocionante, podría pasar horas buscando una por una todas las cualidades hermosas que ese chico tenía en sus años.

—¿Por dónde debería empezar? Pues claramente su voz, era tan hermosa y la forma en la que podía rapear a altas velocidades siempre me impresionaba. Su apariencia fingía ser la de un chico malo, pero cada vez que aparecía en los directos siempre mostraba esa sonrisa tan dulce que me enamoraba, aunque claro sabía que él era un artista y yo una fan por lo que nunca sobrepasé ese límite. — Comenzó a hablar rápido sin importarle su propia respiración, pasaron años desde que le preguntan por él sin que sea ella misma recordando lo que Inuyasha haría o no para seguir su mismo camino.

Al final se dio cuenta de que se estaba yendo por las ramas y su rostro se volvió rojo como el color de la salsa en los fideos instantáneos, volteando al chico para encontrarlo apoyado sobre su propia mano viéndola tan directamente que Kagome se quedó unos segundos en silencio hasta que él reaccionó y se enderezó. Esa mirada fue tan…intensa, hasta parecía que la estaba admirando, repentinamente Kagome se puso demasiado nerviosa como para seguir.

—¡Ey! — Su amigo, que no mal recordaba se llamaba Michiru, apareció con una bolsa blanca en sus manos. —Ya compré lo que necesitaba ¿Nos vamos? — Se interrumpió a sí mismo viendo la situación y pasando de su amigo a Kagome.

Era un chico no tan grande, tal vez unos años más que Kagome, con el cabello castaño desordenado y ojos verdes algo confundidos por la situación. Ella solo le sonrió agitando su mano en un saludo y eso pareció confundirlo más.

—¿Todo bien? —

—Sí, no es nada. — El chico de cabellos blancos se levantó, acomodando su campera roja. —Es mejor ir antes de que anochezca. —

Vio a la dirección de Kagome, esos ojos dorados tan hermosos cada que apuntaban a su dirección su corazón se aceleraba como nunca.

—Fue un gusto, eh… —

—Kagome. — Ella le dio la respuesta antes que siquiera él le preguntara y una risita salió de la boca oculta por la mascarilla.

—Kagome…es un lindo nombre. — Y con eso fue suficiente, sintió morirse justo ahí y probablemente su rostro ardiendo lo demostraba. — Espero volver a verte otro día, Kagome. —

Y así, dejándola completamente boquiabierta el chico se fue con su amigo por la puerta principal, desapareciendo de su vida como cualquier extraño que se presenta en un momento aleatorio. Tardó unos momentos en darse cuenta de la realidad.

—Espera ¡No me dijo su nombre! — Se llevó ambas manos a la cara frustrada.

¿Cómo pudo perder la única oportunidad de conocer a un fan de Inuyasha así? Quizás sea de los últimos que existan en el país o en el mundo y ella se fijó tanto en sus ojos o en la forma como su voz dijo su nombre que siquiera se atrevió a preguntarle el maldito nombre, lo más importante que hay que hacer al conocer a alguien.

—Bien hecho, Kagome, por tu propia culpa vuelves a estar sola en el mundo amando a un artista que ni siquiera saben dónde está. — Dejó caer su cabeza a la mesa, sin importarle que las demás personas le vieran mal.

Aun así, siguió pensando en todo lo extraño en ese chico. Sus ojos, especialmente, creía que Inuyasha era el único con ese color tan extraño, cosa que lo volvía popular entre los fans pues nadie había visto nada igual. Tal vez su mente buscaba volver a ver a su artista favorito tanto que hasta lo veía en otras personas, pero ese chico que estaba a su lado tenía tantas cosas parecidas a él…

No, solo estaba pensando demasiado.

La luz del día ya se había apagado para ese momento, pero el clima cálido de Julio se sentía con fuerza, por lo que su mejor elección fue una plaza no tan poblada.

—¿No tienes calor con esa mascarilla? — Michiru habló tras unas horas caminando en silencio y con uno de los helados que compró para soportar el clima. —No tienes por qué temerle tanto a tu imagen ¿Sabes? —

—Esa chica…— Su amigo murmuró, ignorando por completo sus palabras.

—¿Te refieres a la que estaba a tu lado? Parecías tener una conversación con ella. —

—Esa foto que tenía en su bolso, hace años que no la veo, siquiera sabía que se seguía vendiendo. — Seguía sin prestarle atención, como si hablara consigo mismo

—Tal vez la tiene de años, no porque tú te fuiste significa que todos olvidaron tu existencia. — El optimismo que Michiru suele tener de vez en cuando llegaba a ser irritante, pero en ese momento solo intentaba animarlo como todas las demás veces. —Por cierto, creo que esa chica es la misma que estaba cantando en la calle con la banda. —

—¿Hablas en serio? —Finalmente pareció prestarle atención, con ojos bien abiertos.

—Bonita voz ¿No? —Le dio un codazo en el brazo. —Parece que te llamó bastante la atención. — Aún con la máscara supo que se había puesto rojo.

—¿De qué hablas? —

—Qué bonito nombre…espero volver a verte pronto… — Intentó imitar su voz de manera graciosa, burlándose. —O tu Idol interior volvió a relucir o realmente te atrajo esa chica. —

—Yo no— Su voz se trabó, balbuceando incoherencias, Michiru solo rio.

—No voy a negarlo, es muy bonita y su voz también lo es. — Miró al frente dándole otro mordisco a su helado. —Tiene todo para ser una Idol. —

Su amigo calló volviendo a ver al frente, con cuidado de que aquellos pasando a su lado no lo vieran por completo. Michiru sabía que con todo lo cambiado que está a su yo pasado nadie podría conocerlo a menos que le vieras bien, pero su amigo estaba en un punto de paranoia extremo y tampoco lo culpaba al imaginarse lo terrible que sería para él pasar por lo mismo.

Eso no importaba, dentro de poco, cuando todo esté listo, todos los que menospreciaron su trabajo por un tonto rumor creado para destruirlo conocerán quién es él.

—Se está haciendo tarde, será mejor volver antes que nos regañen. —