Notas del Autor: ¿Qué es esto? ¿Sigo con vida? Sí. ¿Tengo todo el tiempo del mundo? La verdad no, pero por fin encontré tiempo para escribir. Disfruten el capítulo.


Capítulo 4: Celos y Malos Recuerdos

Un cálido aire cayó sobre Undella Town aquella mañana, las olas permanecieron activas en la costa siempre con el penetrate olor a sal. Unos Wingulls se encontraban en la playa picoteando la arena, buscando ansiosamente su desayuno entre los granos y los caracoles.

Pero un grito repentino lleno de energía y determinación terminaron espantando las pequeñas criaturas y el cielo fue cubierto por Wingulls volando frenéticamente lejos del ruido. En una pequeña casa sobre la colina, Barry se encontraba en la terraza gritando a todo pulmón sin señales de querer parar.

—¡Por el amor de Arceus! —gritó Lucas abriendo con furia la puerta transparente de la terraza—. ¡Son las siete de la mañana!

—¡Cuántas veces te tengo que decir que interrumpir mi grito puede terminar en una multa! —respondió Barry indignado.

Refunfuñando amargadamente, Lucas cerró la puerta dejando que su amigo continuara con su ridículo ritual de gritar determinadamente al vacío. Caminó hacia la cocina en donde se encontraban Cynthia sirviéndose una taza de café. La mujer miró a Lucas con una sonrisa, entendiendo su penuria al ser levantado por los gritos de Barry.

—Es mi culpa que ande así ahora, —confesó Cynthia tomando de su taza—. Le dije que no tenía permitido gritar cuando fuéramos a la Ruta 14.

—Es culpa de Palmer por ser una pésima influencia, —respondió Lucas sentándose en la mesa, todavía con su ropa de dormir puesta.

Podía recordar perfectamente cómo Palmer le enseñó a su hijo Barry a gritar así. Siempre que el hombre regresaba de algún torneo o de sus largos viajes de entrenamiento, Twin Leaf Town se preparaba para los incontrolables gritos del hombre. Barry obviamente se levantaba con su papá cada mañana para gritar con él su declaración de guerra al destino y Lucas siempre sufría.

Alder apareció en la sala, claramente confundido, asomándose hacia la puerta de la terraza. Miró a Cynthia y preguntó señalando al rubio ruidoso:

—¿Es normal que grite así o…?

—Es normal que haga eso, —aclaró Cynthia rápidamente, dio otro sorbo de su taza claramente disfrutando su café—. El único loco en esta casa eres tú.

—Pues este loco quiere de regreso su taza, —respondió Alder que en un abrir y cerrar de ojos, se paró a lado de Cynthia y le arrebató su precioso café—. Gracias.

Dio un sorbo y Lucas notó cómo el ex-campeón suspiró alegremente.

—Amargo, negro y sin azúcar, —Alder vio a Cynthia, quien estaba de brazos cruzados indignada por no tener su importante bebida con ella—. Igual que tu alma.

—Tienes suerte que hayan niños presentes, —dijo Cynthia con una voz tan amenazante que Lucas pudo sentir el veneno. Estaba seguro que escuchó al Roserade de la campeona aplaudir desde su Pokebola. Indignada, la campeona se levantó y se fue a la cocina para prepararse más café.

Alder se sentó con una sonrisa pícara, todavía disfrutando el café de Cynthia. Las tuercas en la cabeza de Lucas empezaron a girar automáticamente y el muchacho no pudo evitar recordar la manera en que el ex-campeón desapareció ayer. Ahora que lo pensaba, no recordaba verlo regresar, supuso que lo habrá hecho en la madrugada cuando todos dormían. Sin pensarlo, Lucas le preguntó:

—¿Por qué se fue ayer? ¿Pasó algo?

Alder se detuvo y Cynthia los miró de reojo desde la cocina, el ex-campeón bajó la taza y miró a Lucas directo a los ojos. El muchacho se puso nervioso, lo estaba analizando.

—La nueva campeona, Iris, me llamó pidiéndome ayuda con algo personal, —respondió desinteresado Alder, adoptando un tono muy bien ensayado y sospechoso para Lucas. Algo pasó sin duda alguna—. Es normal que los viejos campeones acompañen a los nuevos en sus primeros días.

Los ojos de Lucas automáticamente buscaron a los de Cynthia, tenía la costumbre de verla cada vez que le quedaba alguna duda. La campeona reconocía las caras de Lucas y podía claramente ver la duda en su mirada y encogió de hombros, era obvio que había Liepard encerrado.

—Buenos días, —dijo una voz entrando al comedor, un fuerte bostezo recorrió la habitación y Lucas pensó que se moriría en ese momento.

Dawn entró al comedor con su ropa de dormir puesta, la cual consistía en un suéter exageradamente largo con pantalones cortos. Tenía una cara de almohada tan presente en su suave rostro que se veía más tierna que un Pichu recién levantado. Su cabello estaba completamente suelto y era una vista extraña.

¡SMACK!

El ruido del elástico fue tan fuerte en la mesa que Alder saltó un poco al escucharlo. Lucas respiró profundo y trató de tranquilizar sus hormonas. Era ridículo que no pudiera controlarse.

—Buenos días Dawn, ¿te levantó el pequeño grito de Barry? —preguntó Cynthia desde la cocina, ocupada poniendo unas rodajas de pan en el tostador.

—Tan pequeños como un maldito Onix, —respondió amargadamente Dawn lanzándose a la mesa, se sentó a lado de Lucas y recostó su cabeza sobre la madera.

Lucas se quedó en silencio, tratado de pensar algún método disimulado para verla sin parecer un desquiciado.

—Lucas, —dijo Dawn sin levantar su cabeza, simplemente la movió a un lado para recostar su oreja dejando a la vista su cara, el tierno rostro que hizo que el pecho del muchacho se incendiara—. ¿Podemos lanzar a Barry al mar sin asesinarlo?

Por un momento le costó procesar la pregunta, después de parpadear un par de veces, Lucas se rió inesperadamente.

—Solo si usamos tu Empoleon para esconder las evidencias, —respondió Lucas entre risas.

Dawn se puso en reposo y empezó a reírse también. Alder sonrió al otro lado de la mesa, se veían ridículamente tiernos. Cynthia apareció poniendo varias rodajas de pan sobre la mesa y llamó a Barry para que entrara a desayunar.

—Escuché que ayer fuiste con Cynthia a la casa del coleccionista, —mencionó casualmente Alder mientras tomaba una rodaja y le ponía mantequilla y jalea—. ¿Qué tal te fue?

—El tipo era un patán, —comentó Lucas molesto cruzando sus brazos—. Me trató como un niño y no paró de coquetearle a Cynthia… era un asco.

Cuando el muchacho miró al ex-campeón tenía una mirada imposible de descifrar.

—¿En serio? —preguntó un poco indignada Dawn.

—Sí, aunque me prestó un libro interesante de Pokemons legendarios, —agregó Lucas sin quitarle la vista a Dawn—. Te lo quería enseñar ayer pero cuando regresamos, estabas ocupada hablando por teléfono.

—Estaba hablando con mi papá, ¡me tienes que enseñar ese libro!

—Okey, —Lucas sonrió sintiéndose victorioso, su meticuloso plan de usar el tomo como una excusa para pasar más tiempo con Dawn había funcionado.

—¡Desayuno! ¡Woo! —gritó Barry entrando medio afónico al comedor.

—Asegúrate de tomar mucha agua, —dijo Alder con su pan listo para comer en su mano—. Con todo lo que gritaste necesitas hidratar tus cuerdas vocales.

Cuando se acercó el pan para darle la primera mordida, Cynthia apareció para arrebatarle la rodaja tan rápido como un Sneasel usando Thief.

—Jalea y mantequilla, —comentó Cynthia mordiendo el pan de Alder—. Mi favorito.

El ex-campeón tomó su taza y tomó de ella indignado, tanto Dawn como Lucas se vieron mutuamente con una sonrisa. Barry estaba demasiado ocupado tomando agua como para notar la obvia tensión que existía en esa casa.


—¡Wow! ¡Mira este Pokemón! —dijo Dawn emocionada apuntando a una imagen del enorme libro—. Su nombre es Marshadow, dicen que sigue a las personas ocultándose en sus sombras.

—Suena interesante, —dijo Lucas, que estaba más atento de ver sus labios moverse que en escuchar lo que le decía Dawn.

Ambos se encontraban en la sala leyendo el libro que Lucas le sacó al coleccionista patán y el muchacho se encontraba en el paraíso. Antes de empezar el muchacho preparó todo para tener el ambiente perfecto: cortó unas bayas para tener algo qué picar (con pinchos para no manchar el libro, obviamente), abrió las cortinas y las ventanas para que entrara el aire fresco del mar y, lo más importante, logró sacar a Barry de la casa retándolo a vencer 30 entrenadores en la playa (siempre funcionaba retarlo a algo para alejarlo). Cynthia y Alder habían salido juntos, no sabía a qué pero honestamente no le importaba.

—¿Sabes que es lo más increíble? —continuó Dawn emocionada, su tono era tierno y feliz—. Dicen que empieza a imitar los movimientos de su víctima para aprender sus estrategias de batalla, incluso volviéndose mejor y más fuerte que su víctima. ¿No es fantás—?

¡DING-DONG!

Tanto Lucas como Dawn saltaron asustados y el muchacho suspiró frustrado. Cuando por fin había conseguido un momento de tranquilidad con Dawn…

Se acercó a la puerta y al abrirla, se sorprendió de encontrarse con un torso vendado frente a sus narices.

—¡Alola! —dijo emocionado Kukui, el muchacho pensó en seriamente cerrarle la puerta en la cara, ¿qué quería este tipo raro?—. ¿Primo Lucas? ¡Qué bueno verte por aquí! ¡Woo!

—Umm… hola, —dijo incómodo Lucas, no se movió de su lugar al no quererlo dejar pasar de la puerta de entrada.

Muchas preguntas se formaron en su cabeza y la primera era por qué el hombre usaba bata pero no una camisa. Sí, estaban en la playa, pero era estúpido andar por ahí con bata de laboratorio y el pecho descubierto. Lo miró mejor y se dio cuenta que estaba envuelto en vendas…

—¿Está todo bien Lucas? —preguntó Dawn asomándose por la puerta, al momento que Kukui pudo ver bien a la jovencita, dio una enorme sonrisa pícara moviendo sus cejas.

—Bueno perdóname primo, no esperaba interrumpirte en tu cita, —le susurró Kukui, después le guiñó el ojo y el muchacho estuvo a punto de en serio cerrarle la puerta en la cara, pero Dawn lo detuvo al acercarse a la puerta a toda velocidad.

—¡U-usted es el profesor Kukui! —gritó Dawn, pero luego se tapó la boca apenada y sus mejillas se sonrojaron muchísimo, aclaró su garganta y adoptó un tono silencioso y completamente tímido—. Disculpe, ¿es usted el Profesor Kukui de Alola?

—Por supuesto que sí, ¡alola prima! —respondió el hombre con la sonrisa más carismática que molestó muchísimo a Lucas, luego movió sus manos de manera extraña formando una clase de círculo.

—Alola, —respondió tímida Dawn tratando de imitar el movimiento de Kukui—. ¿Quiere pasar? Tenemos bayas y refresco si quiere.

—¡Gracias prima! —sin esperar más, el hombre entró a la casa con un paso tan casual que molestó por completo a Lucas, pasó a su lado y le sonrió dándole unas palmaditas en el hombro—. Con permiso primo.

En verdad había algo en él que lo enojaba…

Cuando Kukui pasó a la sala, Lucas se acercó a Dawn molesto y le preguntó:

—¿En serio estás dejando que un extraño pase a la casa de Cynthia? —está bien, no era un extraño y tal vez lo dijo un poco más agresivo de lo que quería, pero era cierto que se sentía incómodo.

—No es un extraño, —susurró de regreso Dawn, claramente molesta—. Que tú no lo conozcas es otra cosa.

Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y se dirigió a la sala con el hombre bronceado. Lucas suspiró pasando su mano en la cara, obviamente la enojó.

—En verdad lamento aparecer sin aviso, pero en serio necesito hablar con una vieja amiga, —Kukui miró alrededor de la sala y sonrió al notar una mesa llena de fotos. Tomó un marco y la levantó—. Es ella, ¿ven? Seguro la conocen, es Cynthia Shirona, ¿saben en dónde está?

—Salió a comprar unas cosas pero ya regresará pronto, —Dawn lo invitó a pasar a la sala y el hombre dejó la foto de Cynthia y Caitlin en la mesa—. ¿Le gustaría un vaso de agua?

—Sin pena prima, estoy bien, —había algo en la voz de Kukui que simplemente le molestaba a Lucas, no sabía qué.

El muchacho decidió quedarse en la entrada, presente en la sala pero no necesariamente en ella. Quería tener un buen ángulo para vigilar al tipo raro.

—¡Este libro! —dijo Kukui deliberadamente tomando el tomo que Lucas sentía que no tenía derecho de tocarlo—. ¡Es uno de mis favoritos! ¡Sí! Tiene muy buenos registros, ¡oh sí! Y Marshadow, es uno de mi región, ten cuidado porque dicen que te tortura con horrendas pesadillas.

El hombre dirigió su atención a Lucas, quien obviamente no estaba feliz de verlo ahí.

—Ahora que lo recuerdo, —Kukui sacó de su bolsillo un USB y miró a Lucas—. ¿Recuerdas que te había dicho que te traería algo la próxima vez que nos viéramos? ¡Pásame tu Pokedex, primo Lucas!

Bueno, si rechazaba su oferta seguramente Dawn se enojaría más con él. Le lanzó su Pokedex y cuando el hombre lo atrapó fácilmente, Lucas notó que Dawn lo miraba de reojo… no quería imaginarse lo que pensaría de él en ese momento.

—Conecto esto y lo dejo cargar por un… wow, —Kukui miró el Pokedex de Lucas y se quitó sus anteojos extraños para ver la pantalla—. Primo Lucas, ¿hace cuánto no actualizas tu Pokedex?

Para no verse peor en frente de Dawn, prefirió no responder.

—Quería instalarte el nuevo software, el que te dejaría ver información de Pokemons de Alola, —Kukui no parecía haber esperado una respuesta de él al responderle con un tono tan tranquilo—. Pero, ahora que inicié la instalación, se instalarán también las demás que no habías puesto… se tardará un rato.

No necesitaba la mirada prejuiciosa de Dawn y el tono forzado de Kukui para saber que era un maldito perezoso… siempre lo pensaba constantemente.

—En fin, ¡nunca me dijiste tu nombre! —dijo Kukui viendo a Dawn, quien claramente se sonrojó al sentir la atención del profesor—. ¿Cómo te llamas?

—Mi nombre es Dawn y… —la joven pareció dudar por un momento pero acumuló fuerzas respirando profundo—. Quería decirle que me gustó mucho su ensayo sobre el la influencia de las ataques ofensivas en el desarrollo y crecimiento de los Pokemons de su estudio.

Ok, eso explicaba por qué lo dejó pasar sin dudarlo. Lo dijo tan emocionada que parecía estarle hablando a una estrella de cine, igual a Barry cuando le habló por primera vez a Cynthia.

—¡Woo! ¡Si leíste ese ensayo y lo entendiste significa que eres lista! —Kukui asintió felizmente—. Me alegro que mi trabajo te guste.

Antes que Lucas pudiera sufrir por un segundo más, aparecieron Cynthia y Alder en la puerta con unas bolsas de cartón. Al ver al hombre de bata en la sala, ambos se quedaron quietos sin estar seguros de cómo procesar la información.

—Un momento… —Cynthia miró la cara del hombre, quien rápidamente se quitó sus anteojos y gorra—. ¿Kukui?

—¡Alola! ¡Años de no verte, Cynthia! —Kukui sonrió y se puso de regreso los anteojos y la gorra.

—¡Por todos los Regis! —Cynthia deliberadamente le tiró a Alder todas sus bolsas de cartón, dejando al ex-campeón solo sufriendo con múltiples cosas encima, acercándose al hombre con su mano en alto—. ¡No te reconocí con esa gorra rara! ¿Cómo estás?

Lucas, intentando ignorar la conversación, miró a Dawn y la notó muy ansiosa, parecía querer hablar con Kukui y eso simplemente lo puso eufórico. ¿Era por su piel bronceada? Estaba seguro que sí, era el típico tipo playero que coqueteaba con mujeres y seguramente lo estaba haciendo con Cynthia ahora. Dawn tenía su mano en sus labios, casi mordiendo su pulgar anticipada…

¡SMACK!

Más autodisciplina.

—La última vez que te vi fue en la U, cuando el Profesor Rowan te hacía llorar con sus exámenes, —comentó Cynthia con una sonrisa pícara recordando el sufrimiento de su amigo.

—Ustedes los historiadores jamás olvidan, ¿verdad? —Kukui notó al ex-campeón parado en la entrada, todavía con todas las bolsas de cartón en sus brazos y claramente incómodo—. ¡Aue! ¡Tú eres el Ex-Campeón Alder Adeku! ¡Alola!

Alder dejó las bolsas en el piso y tomó la mano de Kukui.

—Qué tal primo, ¡espero poder tener una batalla contigo algún día! ¡Oh sí! —dijo Kukui emocionado casi saltando de la felicidad—. Recuerdo que vi muchas peleas tuyas en televisión de niño, ¡siempre me inspiraron!

Cynthia se tapó la boca para reírse.

—Qué viejo estás…. —le susurró la campeona entre risas.

—El placer es mío… —dijo Alder mirando de reojo a Cynthia molesto.

—¡LUCAS! —el grito de Barry entrando por la puerta principal asustó a todos—. ¡30 ENTRENADORES VENCIDOS! ¡Te dije que lo lograría sin—!

El muchacho detuvo sus gritos de guerra al ver a Kukui.

—¡Es el hombre bien bronceado! ¿Qué hace aquí?


Después de… lo que fuera que había pasado, todos se encontraban sentados en la sala de la hermosa villa. Lucas se acercó a un sillón para sentarse a lado de Dawn pero al hacerlo, la joven se levantó para sentarse en la otra esquina y el muchacho sintió cómo se le partía el alma.

—¡Te dije que lograría vencer 30 entrenadores en menos de dos horas! —comentó Barry sentándose entre ellos con un enorme vaso de agua—. Fue difícil, ¡pero jamás imposible! ¿Me estás escuchando?

Lucas estaba demasiado ocupado con su crisis existencial.

—¿De dónde se conocen ustedes dos? —la conversación entre los adultos llenó el silencio de la sala, Alder señaló a Cynthia y a Kukui extrañado.

—Nos conocimos en la Universidad Nacional de Nacrene, —comentó Cynthia sentándose al otro lado de la sala con el campeón.

—Cursábamos en edificios diferentes, pero siempre nos topábamos cuando iba a entrenar en el campus, ¡oh sí! —respondió Kukui energético y feliz.

—Pero tú fuiste a otra universidad en Sinnoh…, —comentó Alder señalando a Cynthia, pero luego chasqueó sus dedos como recordando algo—. ¡Claro! Tú viniste a Unova para sacar un curso de Posgrado en historia universal.

—Claro, —Cynthia admitía que se sorprendía que Alder se recordara de eso, se lo comentó una vez hace años—. Kukui, ¿qué haces aquí en Unova? ¿No deberías de estar en Alola estudiando Pokemons?

—¿Qué es Alola? —preguntó Barry en voz alta, todavía estaba un poco afónico.

—Es un archipiélago que queda al sur de Kanto, —respondió Dawn apenada, incluso Lucas sabía eso porque había puesto atención en su clase de Geografía en la escuela.

—¡Woo! ¡Me impresiona lo lista que eres prima Dawn! —Kukui le levantó un pulgar en alto y Dawn se sonrojó… maldito Kukui—. En fin, estoy en Unova porque estoy investigando algo en la Ruta 14.

El enojo de Lucas se esfumó por un pequeño instante, ahora interesado en escuchar al hombre con vendajes, incluso Barry se puso más serio sentándose bien en el sillón. Tal parecía que no era el único en sospechar que algo raro estaba pasando ahí.

—Me gustaría que vinieran conmigo a echar un vistazo, —comentó Kukui, tratando de sonar casual y fallando. Lucas podía ver a través de ese tono.

—¡Pues qué casualidad! —dijo Cynthia un poco demasiado emocionada, le pegó un pequeño golpe en el pecho de Alder tratando de verse casual y fallando también—. Justo íbamos a ir ahí esta tarde, ¿verdad?

—Sí, ¡vayamos todos juntos entones! —Alder se levantó de su sillón demasiado rápido y los tres jóvenes se vieron entre sí, algo estaba mal y lo sabían—. Estoy seguro que todo estará genial, nos separaremos entre jóvenes y viejos porque estas piernas no podrán ir a su paso…

—Son pésimos mintiendo, —dijo Barry sorprendiendo a todos (excepto a Lucas y a Dawn, ellos ya lo conocían)—. Algo está pasando y no nos quieren ahí con ustedes.

—La única razón por la cual querría buscar específicamente a Cynthia es porque necesita ayuda con algo, —agregó Lucas cruzando sus brazos—. Algo fuerte.

—No lo tome mal profesor Kukui, —dijo Dawn apenada—. Pero no es normal que aparezca una persona académica tan reconocida y famosa como usted de la nada. Somos capaces de ayudarlos.

Alder y Kukui se quedaron un momento atónitos, no parecían esperar una respuesta tan directa viniendo de los jóvenes. El campeón se sentó de nuevo en el sillón cuando Cynthia le dio unos pequeños toques en la cintura, como si le dijera que se relajara.

—Se están dando demasiado crédito niños, —respondió Cynthia cruzando sus brazos, su tono se tornó a uno serio y casi irreconocible—. Admito que son entrenadores espectaculares, pero esto parece ser un tema que simplemente no les incumbe. ¿Kukui?

Era raro escuchar a la campeona seria y tan directa, cuando lo hacía podía ser un poco agresiva.

—No lo pongas tan así amiga, es solo que ya salimos lastimados yo y mi primo Coco en la última misión por descuidados, —dijo Kukui claramente incómodo rascándose el cuello, sonaba como si se sintiera culpable—. Lo último que queremos es que salgan lastimados niños como ustedes…

Los celos, la incertidumbre, el enojo de Dawn y ese constante peso que revoloteaba en su cabeza… todo llegó a un extraño punto de quiebre.

—¡Somos fuertes! —gritó Lucas antes que supiera lo que decía, no sabía por qué pero se enfureció. Ya estaba de pie y ni se había dado cuenta.

Todos vieron a Lucas sorprendidos, su tono era uno tan enojado que apareció de la nada. Barry solía ser el emocional, Barry era quien gritaba así repentinamente… Lucas siempre fue el niño callado que evitaba problemas.

—Esto no se trata de ser fuertes, —el tono de Cynthia se volvió más alto, pero no como grito, sino como una aclaración fuerte y clara. Se puso de pie también para pararse frente a Lucas y la diferencia de alturas era evidente, pero jamás le quitó la vista de sus ojos—. Se trata que no es asunto tuyo.

¿Por qué? —pensaba Lucas frustrado viendo al suelo, era ese mismo sentimiento, esa misma cosa que lo llevaba jodiendo desde hacía unos meses. Eso que lo hacía sentir tonto, despreciado e inútil—, ¿por qué quedo excluido de esto también?

—No hagamos esto un problema cuando claramente no hay uno, —dijo Cynthia tomando su hombro, pero eso en lugar de tranquilizarlo lo enojaba más. Se sentía subestimado, frustrado y como si lo trataran al igual que un estúpido—. Si necesitamos su ayuda, se la pediremos en un instante.

Dawn y Barry se vieron entre sí preocupados, claramente Cynthia no estaba logrando tranquilizarlo y se veía. Los puños de Lucas se ponían más tensos y sus hombros parecían temblar del enojo. ¿De dónde salió tanta furia? ¿Qué estaba pasando por su cabeza?

Ni siquiera Lucas lo sabía, pero ese algo en su cabeza ya estaba a punto de rebalsar.

—Además, danos un poco de crédito, —Cynthia lo sacudió amistosamente con su sonrisa pícara y conocida—. Alder y yo somos fuertes, lo suficiente como para ayudar a Kukui.

—No lo fuiste contra Team Galactic… —las palabras salieron automáticamente de su boca sin pensarlo, honestamente no lo registró hasta que escuchó a Dawn y a Barry sobresaltándose atrás de él. Luego lo volvió a pensar y…

Ay no…

Miró a Cynthia y ya le había soltado el hombro, su mirada fue imposible de descifrar pero aún así…

—¡Cynthia! —dijo Lucas sobresaltado y completamente arrepentido—. ¡Perdón! ¡N-no quise decir eso! ¡Perdón yo…!

—Tienes razón Lucas, —Cynthia le dio la espalda pero jamás bajó la cabeza—. No fui lo suficientemente fuerte para detener a Team Galactic sola, pero sí me di cuenta de algo. Muchos años de ser la campeona me distrajeron y pensé que era invencible; dejé que mi orgullo se pusiera frente a mi juicio, de la misma manera que tú lo estás haciendo ahora.

Volteó un poco su cabeza y vio cómo su mirada lo atravesó con una indiscutible fuerza e intimidación. Su ojo gris se encontró con los suyos, completamente horrorizados.

—Te recomiendo algo: bájate de esa nube… o sino saldrás seriamente lastimado, —sin decir una palabra más, se retiró a la terraza.

Le faltó el aire y empezó a respirar pero sus pulmones no lo registraban. Nadie se atrevió a moverse en la sala, Kukui seguía sentado y miraba toda la escena tan horrorizado como Barry y Dawn. Todo había pasado tan rápido que no parecía real. Alder simplemente se quedó ahí en su sillón, viendo cómo la cara de Lucas se llenaba de más y más pánico. Pero también miró a la terraza, Cynthia se encontraba viendo el mar en silencio. Conocía esa postura que adoptó la campeona.

—Los planes siguen igual, —dijo Alder finalmente levantándose otra vez del sillón, nadie dijo algo para contradecirlo—. Nos vemos a la tarde en la ruta 14. Iremos todos. Juntos. Punto.

Cuando se encaminó para ir hacia donde había ido Cynthia, Lucas intentó seguirlo. Tenía que hacerlo, no podía creer lo maldito que fue con la campeona y se quería disculpar. Pero Alder le levantó la mano, jamás lo vio tan serio en el poco tiempo que llevaban conociéndolo y sin embargo daba miedo.

—Déjalo, —fue lo único que dijo el ex-campeón antes de irse.

Déjalo, —Lucas reconocía ese tono y lo atravesó como una daga en su pecho, no era la primera vez que alguien le decía eso—. Déjalo antes que lo hagas peor.

No lo pudo creer, simplemente se creyó incapaz de lo que recién había hecho. En pocos instantes, en un abrir y cerrar de ojos, había arruinado toda una relación que tardó años en construir. Por más que lo negara, Lucas sabía que tenía una relación especial con Cynthia. No era nada romántico, al principio había cierta cosa platónica hacia la hermosa mujer pero, sin darse cuenta, pronto se tornó en una maestra y, en menos tiempo, en familia. Como una hermana mayor que siempre lo quiso ayudar y ahora la había lastimado.

Sus amigos le dijeron algo, no los escuchó. Se encaminó a su cuarto y se encerró con llave. Se apoyó contra la puerta y se puso la mano en el pecho. ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué eran esas emociones que lo hacían actuar como estúpido?

¿Fueron sus nervios por la situación? ¿Su orgullo? ¿Sus celos hacia Kukui? ¿Su amor por Dawn? Entre más lo pensaba, su mente lo empeoraba.

¿Lo que sentía por Dawn era amor? ¿O era pura lujuria? ¿Qué le estaba pasando?

Pasó una mano sobre su cara y por un momento pensó en llorar, pero ni una sola lágrima pasó por sus ojos. Lo envolvió un pánico tan horrendo que no le permitió dejar salir sus sentimientos. Los embotelló tan fuerte en su pecho, que le dolía respirar.

Lo odiarían, desde el desconocido de Kukui hasta su amigo de toda la vida Barry, lo odiarían por haber sido un completo maldito con Cynthia. Un inmaduro… un patético e inútil perezoso.


Cuando Alder salió a la terraza, encontró a Cynthia apoyada contra la baranda de la terraza que daba a la playa. El viento movía su pelo y el campeón pensó, con una extraña sonrisa, que mejor se acercaba hacia el lado donde esas mareas rubias no lo atraparan. Se apoyó también a su lado y al principio no dijo nada, sabía cómo podía ser su amiga y era mejor dejarla hablar cuando se sintiera lista.

—Ya uno se siente fatal cuando se da cuenta que hizo algo mal en su carrera, —dijo finalmente Cynthia entre el fuerte viento de la playa y el ruido de las olas—. Pero que me lo eche en cara Lucas… debo de ser una fracasada de proporciones épicas.

—Si te trae consuelo, a mi me salvó una niña con un dragón de otro niño con otro dragón, —le respondió Alder recordando los eventos con el equipo Plasma, le debía mucho a Hilda por haber lidiado con N—. Así que me puedes contar a mi también en esa lista de fracasados.

Le dio una sonrisa sincera pero la encontró igual de seria… no, no estaba seria. Estaba triste.

—No fue tu culpa lo de Team Galactic, —le dijo finalmente Alder, lo dijo tan seguro que lo hacía sonar como un hecho irrefutable—. Y lo sabes.

—Lo sé, pero… —Cynthia respiró profundo—. Lo que duele es saber que hasta aquí llegué, que esto es lo mejor que podré hacer y que jamás seré más de lo que ya soy… Ya lo arruiné tan mal hace unos años e involucré a unos niños y no pienso dejar que esto vuelva a pasar… No quiero que terminen tan mal como yo. Un fracaso…

Alder la entendía, se refería a que pensaba que ya había encontrado su tope. Estuvo por tantos años ascendiendo entre tantas victorias que se imaginaba que encontrarse con su límite contra Team Galactic habría sido muy doloroso para ella. Estaba seguro que ahora sentía que estaba cayendo en una espiral, empezando a sentir el peso de ser rebasada por alguien más.

Pero el problema no era solo que había perdido una batalla, esto no se trataba del título o algo acerca del orgullo. Era acerca de haber perdido en un momento verdaderamente crítico, uno en donde en verdad habían vidas en riesgo.

Cynthia había perdido en una batalla Pokemón contra Cyrus, peleó contra él unas noches antes que abriera el portal en Mt. Cornet. Sabía que esa era la razón por la cual no pudo intervenir mucho cuando el conflicto del equipo Galactic llegó a su pico y estuvo limitada a guiar a los niños durante el desastre. Fue una batalla feroz por lo que había escuchado de terceros (que Arceus lo librara si le preguntaba algo a ella). Escuchó lo mucho que luchó para vencerlo, lo que ella fue capaz de hacer para tratar de detenerlo y aún así había fallado.

No sabía muy bien los detalles pero sí se enteró que la campeona terminó en el hospital… fue algo serio que ni siquiera Lucas, Dawn o Barry se enteraron. Se imaginó que en esa noche tormentosa, cuando Cynthia fue a buscar a Cyrus para acabar con él de una vez por todas, peleó y perdió dejando al hombre con un solo Pokemon debilitado, que cuando no le quedó más Pokemons para pelear contra Cyrus, ella sería capaz de agarrar lo que tuviera más cerca y tratar de pelear con sus propias manos…

Rápidamente negó con su cabeza, la imagen de Cynthia ensangrentada no era una que quería tener presente en su cabeza… lo que sí había notado era que, desde esa noche, su amiga parecía mantener una distancia absoluta de cualquier Gyarados.

Puso uno de sus brazos alrededor de su hombro, por un momento Cynthia se puso tensa al sentirlo cerca pero no lo detuvo. Se quedaron quietos en su medio abrazo muy extraño y Alder trató de pensar en qué le podía decir, qué palabras podían animarla o simplemente sacarla de esos momentos tan tristes. Pensó tanto que no se dio cuenta que ya estaba logrando que se sintiera mejor, su medio abrazo extraño la hizo olvidar sus horrendas memorias de Cyrus y su Gyarados. Era extraño, pero definitivamente era mejor que sus recuerdos traumáticos de esa noche tormentosa.

Apoyó su cabeza sobre el hombro de Alder y el ex-campeón se dio cuenta que no necesitaba decir algo. Cynthia admitía que, por más que se molestaran constantemente, Alder era una buena persona y muchas veces no se sentía merecedora de su amistad. Con su mente distraída, la campeona recordó que Alder estaba en un momento difícil en su vida y se sintió egoísta. Sí, fue traumático lo que pasó con Cyrus, pero eso ya estaba en el pasado y resuelto. Alder tenía otros problemas que seguían presentes.

—¿Alguna novedad de Grimsley? —la pregunta de Cynthia sacó a Alder de su momento juntos y el hombre la miró un poco sorprendido—. ¿Alguna noticia?

—Sigue sin responder su celular… —Alder suspiró triste—. Por suerte Marshal lo encontró y está… a salvo…

No le gustó que no le dijera "bien". Cynthia tomó la mano de Alder que descansaba en su hombro, sabía que el cariño que sentía por los miembros de la Elite Four de Unova era verdadero. Sabía que eran como hijos para él.

—Lo que más lamento es imaginarme a Iris, pobrecita, —Alder continuó hablando en un tono triste—. ¿Te imaginas lo que sintió cuando lo encontró en su cuarto en el estado que estaba? Pensé que la rehabilitación que hizo antes de unirse al Elite Four lo había ayudado pero…

—Hay veces que uno recae a las adicciones, —ahora era su trabajo escucharlo a él y tranquilizarlo, era lo menos que podía hacer—. Pero lo importante es estar ahí para apoyarlo.

—Sabes, Marshal me contó que Grimsley no deja de disculparse, —el ex-campeón miró el mar con melancolía, parecía que estaba a punto de llorar—. Siempre supe que era adicto a las apuestas pero jamás pensé que recaería tan mal…

Cynthia lo miró triste, sabía que había algo más ahí que no le quería contar. Seguramente era algo privado, algún secreto que Grimsley le confiaría a sus amigos más cercanos como Alder. No era tonta, sabía que la adicción de Grimsley era más que unas simples apuestas durante un juego de póker. Después de todo, el muchacho tuvo una vida de lujos cuando estaba creciendo y luego quedó huérfano, dejándolo varado por su cuenta… muchas veces la campeona se preguntaba en dónde estaría Grimsley si nunca hubiese conocido a Alder… sin duda alguna en un lugar mucho peor y sombrío.

—Estará bien, —le aseguró Cynthia mirándolo a la cara.

—En verdad espero que sí, gracias por escuchar, —eso lo dijo de corazón, Alder era de las personas que no le gustaba compartir sus problemas con los demás. Admitía que era la primera vez que se sentía bien hacerlo con alguien.

—Gracias a ti, —Cynthia le dio un empujón suave y juguetón—. Fracasados como nosotros tenemos que cuidarnos el uno al otro. ¿Te parece?

—Me parece, —Alder respiró profundo.

El ex-campeón volvió a respirar profundo, sabía que no podía hacer algo respecto a Grimsley. Obviamente no quería hablar con él, cuando trató de visitarlo el muchacho rehusó a verlo y no podía forzarlo. Cuando estuviera listo, él se acercaría. Respiró profundo una vez más.

—Resolvamos un problema a la vez, —dijo Alder más para él mismo que para Cynthia—. ¿Nos preparamos para la tarde? Algo me dice que lo de la Ruta 14 es serio.

—Yo también pienso igual, —respondió Cynthia preocupada.