Notas de Autor:

Ok, lo pensé mucho y decidí hacerlo: escribiré acerca de algo que he estado insinuando desde… joder, desde que empecé a escribir fanfiction. ¡Disfruten!


Capítulo 16: Cartas de Apreciación

Alder se levantó con un fuerte dolor de espalda, no era tan intenso como para hacerlo sufrir, pero sí lo suficiente como para levantarlo. Al hacerlo, se estiró tronando varios huesos que no apreciaban dormir tanto tiempo.

—Buenos días, grandulón, —dijo una voz pícara atrás de él.

Al ver hacia la cocina se encontró con Cynthia viéndolo con una sonrisa, tenía en sus manos Combee's Pops y comía directamente de la caja.

—¿Acaso verme sufrir es parte de tu rutina diaria? —preguntó asqueado Alder.

—No, pero podría incorporarlo perfectamente, —respondió tomando otro puñado de cereal seco.

—Ugh, —Alder miró sus alrededores notando la ausencia de Marshal y al ver a Cynthia con otro cambio de ropa (blusa de manga larga y pantalones negros) se preocupó—. Umm… ¿qué hora es?

—Las ocho de la mañana, dormiste por casi 17 de horas

—Por Arceus… —el ex-campeón estiró un brazo hacia arriba y movió un poco la cadera, cuando su espalda tronó hasta Cynthia hizo una cara de dolor—. ¿Y Marshal?

—Él y Shauntal se quedaron aquí por la noche, por suerte esta villa tiene cuartos de sobra, —la campeona se acercó con una taza de café y se sentó en el sillón dejando la caja de cereal en la cocina.

Alder se sentó a su lado y asintió agotado, no podía creer la cantidad de horas que había dormido. Podía sentir sus ojos hinchados y su cuerpo tenso, se acarició la cienes tratando de levantarse. Notó una taza de café en frente de él y la tomó sin cuestionarlo, supuso que la campeona lo puso ahí antes de servirse su propia.

—Fui a un brunch, —dijo repentinamente la mujer.

—Un… ¿qué? —eran en estos momentos que Alder se sentía como un anciano.

—Un brunch, ya sabes, una comida entre el desayuno/breakfast y almuerzo/lunch.

—Prefiero los términos "segundo desayuno" o "elevenses", —aclaró el ex-campeón tomando otro sorbo de su café, iba a necesitar más de una taza para no caer dormido otra vez.

—Eso explica la cantidad de comida que comes, —bromeó Cynthia dejando su taza en la mesita frente a ellos—. Aunque tienes más tamaño de troll que de Hobbit.

—Si hay una Hobbit en esta casa eres tú, enana peluda, —le dijo Alder mientras le revolvía sus enormes cascadas de cabello rubio por toda su cara.

Al verla con todo el pelo sobre su rostro se rió y en el momento que se acercó para quitárselo de encima de sus ojos, Cynthia se puso extrañamente a la defensiva y le quitó las manos nerviosa al mismo tiempo que se levantaba del sillón y le daba la espalda. Alder no entendió qué pasó, pero algo se sintió mal.

—¿Cynthia…?

—Está bien, solo… —Cynthia se arregló su cabello como siempre: dejándose un enorme mechón de cabello cubriendo su ojo y quitándose el resto de la cara—. No confío que me toques la cara, no sé en dónde estuvieron tus manos de troll.

Cynthia le dio una pequeña sonrisa, pero Alder podía ver perfectamente bien lo forzada que estaba. El ex-campeón siempre se preguntó por qué se cubría casi la mitad de su cara con cabello, pero nunca le dio mucha importancia pensando que seguro era el estilo gótico de su amiga. Pero este comportamiento… ¿había algo más que no había notado antes?

—Entonces, fui a este elevenses, —dijo Cynthia tratando de desviar la conversación.

—Espero que no con ese coleccionista patán… —agregó Alder molesto—. Para que Lucas lo mencionara.

—Ugh, no… pero… —Cynthia miró sus alrededores, como si tuviera miedo de ser escuchada—. Necesitamos ir a Nuevama con Kukui, el jefe de Burnet fue quien me invitó al brunch y pasaron… cosas…

—¿Qué? —preguntó molesto Alder—. ¿Cómo se te ocurrió ir sola? Me hubieras levantado.

—Primero, puedo cuidarme sola; segundo, el jefe de Burnet me invitó a mi y a Lucas, —dijo molesta enumerando las cosas con sus dedos—. Tercero, lo que pasó fue un accidente, pero podemos sacarle provecho. Y cuarto, ayer estabas tan cansado que hubiera sido peligroso. Entiendo por qué te costó dormir, pero todos tenemos límites.

—Yo sé que puedes cuidarte sola, pero no se trata de eso, —Alder negó su cabeza indignado, el tono que usaba era extrañamente firme viniendo de él—. Sé que no soy exactamente joven, pero tampoco soy inútil Cynthia.

—Nunca dije que lo fueras, pero cuidarse también es parte del trabajo, Alder, —respondió adoptando un tono más autoritario que de costumbre al mismo tiempo que cruzaba sus brazos.

Se vieron a los ojos por un momento y se mantuvieron así por unos segundos. Claramente ninguno de los dos quería ceder. Resignada, Cynthia se sentó a su lado y tomó de su taza, ambos bebieron sus cafés en silencio hasta que el ex-campeón soltó un fuerte suspiro.

—Gracias por el café.

—De nada.

—Antes que se levanten los demás, —dijo el hombre acomodándose en el sillón y mirando a su compañera seriamente—. ¿Podrías contarme qué fue lo que pasó?

Le relató todo: desde su llegada a Aether, sus intercambios simpáticos con Faba y hasta la captura de Sigilyph. Si era honesta, la razón por la cual le pudo contar todo tan rápido fue porque no hubo interrupciones de su parte, Alder simplemente la miró con seriedad sin decir una palabra.

—Tienes razón, hay algo raro con Aether, —Alder se recostó más en el sillón y miró al techo—. Y saber que Burnet trabaja para ellos no ayuda… tal vez se quiera alejar de ese lugar porque no confía en Aether…

—Ellos tienen tu Abomasnow, ¿verdad?

—Bueno… no es exactamente mío, —aclaró Alder, quería liberarlo lo antes posible—. Pero sí.

—Usaremos a ese Abomasnow como una excusa para vernos cara a cara, hay que alejar a los chicos de esto por ahora. Tenemos que ir en persona para hablar con ella directamente, no más rodeos, —Cynthia negó con su cabeza molesta—. Lo último que quiero es que se de otro caso como Team Galactic…

—O el Equipo Plasma…

—Exacto, —Cynthia se recostó más en el sillón y miró al techo también—. Necesitamos saber en quién confiar antes de seguir hacia adelante. No sé si estamos haciendo esta situación más grande de lo que es pero…

—Te entiendo… —Alder se quedó en silencio por un momento y luego adoptó un tono extraño—. ¿Confías en mí?

—¿Huh? —esa pregunta la tomó por sorpresa, volteó la cabeza y se encontró con el ex-campeón viéndola con una mirada indescifrable.

—Bueno, ayer me excluiste de todo esto y quiero saber si en serio confías en mis habilidades para ayudarte, —era raro el tono que usaba, no estaba segura si estaba molesto, preocupado u ofendido—. Después de todo, ya no soy el campeón.

—Lo de ayer fue porque estaba preocupada por ti, no dormir hace que te de migraña y honestamente no pensé que fuera tan serio lo del brunch, —usó un tono sincero que logró suavizar la mirada del ex-campeón—. Y obvio confío en ti, hasta donde yo sé los únicos en esto somos tú y yo. Lucas, Dawn y Barry están enterados, pero no quiero ponerlos en la primera línea de acción todavía. Kukui y Burnet… necesitamos aclarar unas cosas antes de categorizarlos.

Honestamente no sabía el por qué, pero esa respuesta le trajo una satisfacción genuina. No supo explicar la razón por la cual le trajo tanta alegría, pero Alder sonrió y miró al techo una vez más. Por su parte, Cynthia solamente suspiró frustrada, ¿cómo podía dudar de su juicio? Sabía que Alder había perdido varias batallas en los últimos tiempos, pero eso no le quitaba la cantidad de años que tenía de experiencia. Además… genuinamente confiaba en él, era una buena persona y también necesitaba eso.

Su momento de tranquilidad fue interrumpida cuando escucharon unos golpes en la puerta, ambos se vieron extrañados y la mujer se levantó y luego se asomó por el agujero de la puerta para ver quién era.

—Por la vida de la gran… —Cynthia se mordió la lengua y respiró profundo al mismo tiempo que se apoyaba en la puerta.

Era demasiado temprano para lidiar con esto.

Alder miró a través de la ventana de la entrada, al mover un poco la cortina se encontró con una cara que solo conocía de revistas y artículos periodísticos: el coleccionista Arthur Riches. El tipo tenía una fama de millonario mujeriego que siempre salía en la sección de farándula por salir con actrices famosas, su reciente divorcio con su ex-mujer lo dejó hambriento por otras relaciones así que no le sorprendía que siempre estuviera buscando otra víctima.

Hubo algo que se retorció con furia adentro de él, era el colmo que la tratara así.

La tomó de los hombros y la alejó de la puerta dejándola en el pasillo, sin decir una palabra la abrió sorprendiendo al coleccionista quien claramente no esperaba verlo.

—Vaya, vaya, ¡si es el campeón de Unova! —dijo el hombre con una sonrisa nerviosa.

—Ex-campeón, —aclaró el hombre cruzando sus brazos y apoyándose en el marco de la puerta, la campeona se imaginó que hacía eso para que el tipo no pudiera ver adentro de la casa—. Usted es Arthur Riches, ¿verdad? ¿Qué lo trae por aquí?

—Esperaba ver a mi Cynthia, —el hombre traía con él una canasta envuelta en papel de regalo y un sobre—. ¿Está aquí?

—Ahora está ocupada, —Alder trató de sonar relajado pero se le podía escuchar en su voz un tono ligeramente firme—. Pero le paso el mensaje. ¿Qué pasó?

—Umm… verá, unos trabajadores de Aether aparecieron en mi casa para dejar esta canasta, pero me di cuenta que está dirigida para mi querida Cynthia…

La mujer se pegó en la frente frustrada, le terminó saliendo el tiro por la culata. Esa estrategia de mentir acerca de tu ubicación era un arma de doble filo, se lo tenía que comentar a Lucas.

—Y quería también dejarle esta invitación, aprovechando que haré una fiesta quería dejarle claro que está más que invitada, —Arthur Riches le pasó el sobre y la canasta—. ¿Podría decirle que me llame?

—Muy bien, —el ex-campeón revisó el sobre y soltó un suspiro como si estuviera decepcionado del hombre frente a él—. Solo una invitación, bueno supongo que la mía llegará por correo ahora que ya sabe que estoy aquí.

Por Arceus… ¿qué le pasaba? Cynthia jamás lo había escuchado tan… ¿enojado?

—Por supuesto, —Cynthia podía sentir en el tono del coleccionista lo incómodo que estaba—. Muchas gracias, ex-campeón.

—Buen día.

Sin decir una palabra más, le cerró la puerta en la cara y negó con su cabeza furioso. Buscó a su amiga en el pasillo y la encontró boquiabierta.

—¿Acaso dormir demás te pone de mal humor o…?

—Odio que te traten así, —Alder dejó la canasta en la pequeña mesa de la entrada y cruzó sus brazos molesto—. Entiendo que eres alguien famosa y que eres muy bonita, pero eres mucho más que eso y odio que te reduzcan a un trofeo sexualizado. Eres divertida, talentosa y muy inteligente…

Respiró profundo, como si tratara de calmar una extraña emoción intensa dentro de él.

—Es solo que eres alguien muy especial y no quiero que te traten así.

El hombre definitivamente no midió el peso de sus palabras, pero a Cynthia le cayó como un maldito Wailord sobre su cabeza.

—Umm… gracias, —Cynthia tomó la canasta y el sobre tratando de ignorar un sentimiento raro en su estómago—. Iré a la terraza a revisar lo que hay en esto.

—¿Quieres más café? —le preguntó casualmente caminando hacia la cocina.

—Si quieres… —se sentía rara e incómoda y necesitaba alejarse por un segundo—. Con permiso.

Al irse se cubrió la cara con su mano y Alder la miró preocupado, estaba convencido que la pobre se sentía mal de haber sido visitada así de la nada por ese maldito. Era alguien orgullosa y seguro no quería que la viera así. Decidió tratar de evadir pensar en ese tipo, lo iba a poner de peor humor. Necesitaba más café.


Ninguno notó las dos figuras que habían en las escaleras. Shauntal miró a Marshal fascinada y rápidamente lo tomó de la mano para llevarlo de regreso a su cuarto. Se levantaron cuando escucharon los golpes en la puerta, pero no quisieron intervenir al escuchar al ex-campeón hablar con el coleccionista. Llegaron a su cuarto, todavía con su ropa de dormir puestas, y cerraron la puerta. Shauntal estaba vestida con un camisón de manga larga con estampado de Litwicks y Marshal con una camisa blanca sin mangas y boxers negros.

—Oh por Arceus… —los ojos de la escritura parecían estar al borde de explotar de la emoción—. ¿Viste eso?

—Sí… —Marshal pensó furioso en el coleccionista—. Puedo ver una futura orden de restricción en contra de ese tipo.

—Bueno, eso también, —Shauntal negó con la cabeza indignada, la forma que el tipo se refería a la campeona como "mi Cynthia" se sintió muy fuera de lugar—. Pero me refería a la forma que actuó Alder.

Marshal recordó la pregunta que casi le hizo a su antiguo maestro ayer, pero ahora creía que ya no necesitaba hacérsela.

—Estaba celoso, —dijo entre risitas la mujer hundiendo su rostro en sus mangas con estampado de Litwicks—. ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!

—Huh, —Marshal miró sorprendido a su novia, él empezó a tener sospechas ayer cuando Alder le comentó que le compartía sus problemas con la campeona—. ¿Desde cuándo?

—No sé, ¿desde hace un par de años? —Shauntal se puso un dedo en su barbilla pensativa—. Me refiero, siempre hubo una conexión… pero desde hace ratos siento que hay química entre esos dos.

—No sé si lo llamaría química… —dijo Marshal, decir que eran inmaduros era poco pero al mismo tiempo admitía que Alder siempre se alegraba mucho cuando la campeona visitaba Unova—. Pero no sé… ¿en serio?

—Duh, ¿viste lo celoso que se puso?

—Bueno, creo que la estaba defendiendo de un patán.

—Obvio… defendiéndola con celos, —Shauntal se hundió entre sus manos con risitas emocionadas, no querían despertar a los chicos que seguían durmiendo—. Lo que le dijo después fue algo muy intenso, me refiero, Alder siempre fue así de honesto pero lo que le dijo se sintió tan… no sé, ¿cariñoso y personal? Pero conociéndolo, ni él debe de saber que tiene sentimientos por ella.

Marshal asintió, Alder era la clase de persona que había estado evitando tener cualquier tipo de relaciones amorosas. Era divertido ver la forma que evadía los coqueteos de otras mujeres, siempre desviando el tema o ignorándolas por completo. También era realista y sabía que esa actitud evasora escondía un problema más serio que no le incumbía.

—Ok, ¿cuál es el plan?

—Ninguno.

—Pero mi amooor, —dijo Shauntal molesta tomándolo del brazo—. Hay que ayudar a Alder, los dos sabemos que le vendría bien tener a alguien.

—Lo sé, —Marshal le acarició con cariño su rostro viéndola a los ojos—. Pero no sabemos qué siente la Srta. Cynthia.

—Es verdad… —Shauntal se apoyó en el pecho de su novio y lo abrazó pensativa—. Además, conociendo a Alder seguro entraría en pánico si se entera que está enamorado de su amiga.

Marshal la abrazó de regreso pensativo, necesitaba asegurarse que su novia no se metiera en esto. Los conocía lo suficiente y sabía que si Alder no procesaba sus sentimientos correctamente, podría terminar mal con el hombre escapando o simplemente ignorando sus sentimientos. Entendía por qué Shauntal quería intervenir, pues a su ex-maestro no le vendría mal un empujón de un tercero, él también amaría poder ayudarlo, pero al mismo tiempo sabía que no era su lugar para hacerlo y dijo:

—"El amor toma su tiempo, será mejor dejarlo fluir por su cuenta".

Shautnal lo vio sorprendida, todavía abrazándolo, y le dio una sonrisa pícara diciéndole:

—Eso fue muy lindo, ¿acaso lo leíste en alguna parte?

—Verás, conozco a alguien que le encanta escribir y siempre me tira en la cara sus manuscritos escritos a mano, —le respondió en broma Marshal, sacándole una pequeña risa a su novia—. Después de descifrar su letra, me toca leer todas sus novelas.

—¿Y son buenas?

—Meh, —Marshal encogió sus hombros y recibió un pequeño golpe juguetón de Shauntal, quien se reía a su lado con una sonrisa tierna. Verla así entre sus brazos despertó una ternura que rápidamente cambió a algo más pícaro—. Sabes, nadie sabe que nos levantamos…

—¿Estás pensando lo mismo que yo? —cuando su novio le asintió con la cabeza, Shauntal se lanzó en la cama y abrió sus brazos—. ¡Perfecto! Ven a mí.

Con una sonrisa, Marshal se subió en la cama con ella y acomodó su cabeza en el pecho de Shauntal al mismo tiempo que abrazaba su pequeño cuerpo con sus enormes brazos. La mujer sabía lo mucho que le encantaba esta posición a su novio, pues podía rascarle la espalda al mismo tiempo que la abrazaba. Una vez que empezó a rascarle, Marshal suspiró feliz empezando a parpadear con sueño, su espalda era su punto débil y por fin tenía una pareja para que le diera esta clase de mimos.

En serio amaba tenerla en su vida, nadie que lo viera se imaginaría que amaba que le rascaran la espalda. Muchos se burlarían de verlo así de vulnerable cuando tenía una apariencia muy amenazante, pero Shauntal no. Esa era otra razón para amarla.

—Desearía que Grimsley y Caitlin estuvieran aquí… —comentó triste Shauntal—. Sería muy divertido ver sus reacciones con todo esto de Alder.

Eso despertó un poco al experto en Pokemons tipo pelea y respiró profundo.

—Yo también los extraño… —dijo Shauntal como si pudiera leerle la mente, paró de rascarle la espalda para abrazarlo fuertemente, apoyando su cabeza sobre la suya con muchísimo cariño.

—Escucha, antes de irnos de viaje necesito que revisemos algo en la liga, —le dijo su novio sentándose para verla seriamente al rostro—. Creo que hay algo con Grimsley que estamos pasando por alto.

—Amor… no hay mucho misterio atrás de su recaída, —la escritora miró muy triste a su novio, sabía que Marshal era necio cuando algo no le cerraba—. Son cosas que pasan, hemos estado bajo mucha presión en los últimos meses.

—Lo sé pero… por favor, quiero ver una cosa.

Ya que tenían vacaciones, ambos decidieron explorar un poco Unova y recorrer algunos lugares turísticos. Estaban armando una nueva facultad de peleas en Black City y el White Forest tenía un enorme árbol que parecía estar volviéndose en una clase de centro de batallas. Pensó que sería lo mejor cederle esto, su viaje podía esperar.

—Está bien, —Shautnal lo tomó del rostro y le dio un pequeño beso cariñoso en sus labios—. Te amo.

—Y yo a ti, —le respondió Marshal apoyando su frente sobre la suya con cariño.


En el momento que Lucas se levantó, encontró a Barry roncando a los cuatro vientos con la fuerza de un Exploud gritón. El muchacho sentía una envidia enorme por el sueño pesado de su amigo, había escuchado alguien golpeando la puerta y eso lo había levantado de un buen susto. ¿Cómo hacía Barry para no levantarse?

Mientras se bañaba llegó a la conclusión que seguramente el rubio estaba cansado de la cantidad de batallas que habían tenido ayer. No recordaba a qué hora regresaron, pero estaba convencido que había sido después de la medianoche.

Algo que recordó mientras se vestía eran los raspones de Cynthia, le había comentado la mujer durante su cena que se resbaló y cuando su Garchomp la atrapó, terminó lastimándola con su piel áspera. Honestamente le creía, pero también estaba seguro que había algo más atrás de esa simple anécdota.

Preparó su cincho de Pokebolas y por un momento contempló la Luxury Ball de Marshadow. Podía sentir una extraña presión emaniendo de él y no sabía si era por el tipo del Pokemón o por sus emociones hacia su nuevo entrenador.

En serio quería entenderlo mejor y se preguntó si Cynthia podría ayudarlo.

Al bajar a la cocina, se encontró con la cafetera prendida y el ex-campeón buscando algo el la alacena. Al darse la vuelta, el hombre levantó sus cejas sorprendido al mismo tiempo que sujetaba una bolsa de harina y otros ingredientes en sus manos.

—Lucas, buenos días, —dijo sorprendido—. Hoy madrugaste.

—Me despertó unos golpes en la puerta, —dijo el muchacho encogiendo sus hombros desinteresado, estaba más concentrado en buscar a la campeona y hablar con ella que mantener una conversación casual con él—. ¿Y Cynthia?

—Afuera en la terraza revisado una canasta que le mandó Aether.

—¿Qué? ¿Cómo saben que vivimos acá? —preguntó Lucas recordando el engaño de Cynthia cuando los trajo Mohn.

—Se lo trajo el coleccionista patán, —Lucas le respondió al ex-campeón con una cara asqueada—. Lo sé, por suerte yo lo recibí "amistosamente" en la puerta.

Eso logró sacarle una risa y Alder le sonrió también. Imaginarse al ex-campeón recibiendo al coleccionista patán era divertido, ¿lo habrá asustado?

—Si vas afuera, dale esto a Cynthia, —le dijo el ex-campeón pasándole una taza con café recién hecho—. Arceus sabe que necesitará más de una para poder lidiar con esto.

—¿Necesita ayuda en la cocina? —odiaba ofrecerse, pero tenía que ser educado.

—Nah, me alcanza con que le lleves su café.

Sin discutirle más, Lucas se dirigió a la terraza con la taza en su mano. Al abrir la puerta corrediza, fue bienvenido con una brisa tibia de playa con un olor a sal y humedad absoluta. No pudo evitar respirar profundo, le estaba agarrando cariño a este lugar.

Encontró a Cynthia sentada en frente de la mesa con una expresión que lo sorprendió: se le veía tensa, pensativa y completamente confundida. Tenía sus codos apoyados en la mesa y observaba sin parpadear una canasta con una vista vacía, claramente no le estaba poniendo atención al objeto frente a ella o a él que se acercaba tímidamente a la mesa de playa.

—Umm… ¿Cynthia? —estaba tan concentrada que ni lo había visto en la puerta y cuando la llamó, la mujer dio un pequeño salto del susto.

—Por Arceus, —la mujer sujetó su pecho aterrada—. Más te vale que esa taza sea para mí.

—Te lo manda tu novio, —respondió Lucas con una sonrisa pícara, Cynthia lo miró con tanta seriedad que pensó que la había ofendido. ¿Se le habría ido la mano con este chiste en particular? ¿Por qué se le veía tan… rara?

—Ugh, es muy temprano para esto, —Cynthia tomó la taza y empezó a tomar el café apuradamente.

Con un nudo en la garganta, Lucas tomó la silla a lado de la campeona y se sentó también. Se tomó un momento para ver la canasta y todo lo que traía: habían muchas bayas rojas (Baya Spelon, supuso), dulces, una botella de algún licor y muchos chocolates.

—Hay de esos dulces de Alola si quieres, —le comentó Cynthia más relajada, tal parecía que su café ya estaba empezando a surtir efecto—. Puedes agarrarlos si quieres, creo que eres el único de la casa que le gusta esas cosas.

—¿Crees que sea buena idea…?

—Estos quieren ganarme, no creo que envenenen sus regalos… —Cynthia lo miró seriamente y luego cambió su gesto repentinamente a uno burlón guiñando su ojo—. Por ahora.

Eso logró sacarle una sonrisa a Lucas y sin dudarlo, tomó la bolsa con los Pokebeans y lo abrió. Al poner uno de los maravillosos y crocantes dulces en su boca, el muchacho no pudo evitar pensar en Marshadow. Ahora que lo pensaba en retrospectiva, parecía que había algo con estos dulces que llamaban la atención a Marshadow.

—Cynthia, —dijo Lucas cambiando su tono a uno más serio, uno que logró llamar la atención de la mujer—. Necesito tu ayuda con Marshadow…


Dawn bajó a la cocina cansada, un ruido en la puerta la levantó y aunque tratara de dormirse después, falló horriblemente en el intento. Lo único que podía pensar era en Lucas y ahora que había reconocido sus sentimientos hacia él sin vergüenza, su corazón no la dejaba tranquila.

Todavía tenía el jugo de Shuckle que le había encontrado el otro día en la Ruta 14 y también los sobres que compró en el Pueblo Lentimas ayer. Parecía obvio, ¿no? Como dos y dos son cuatro, evidentemente tenía que darle el jugo acompañado con una carta para dejarle claro que era un regalo para él. Un planteamiento lógico que parecía sencillo, pero solo porque podía ver el resultado no significaba que entendiera el proceso que tenía que hacer anteriormente para llegar ahí. Básicamente:

¿Qué le iba a escribir en la bendita carta?

No quería ser obvia y odiosa con cosas amorosas, pero tampoco quería aparentar frialdad. Estaba agotada —físicamente por no dormir bien y mentalmente por hacerse líos en su cabeza sola— y solo quería comer algo.

Ni se molestó en peinarse después de bañarse, se dejó el pelo suelto y mojado sin ganas o energías de arreglárselo. Conocía a Lucas, seguramente seguiría durmiendo y no valía la pena hacerse dramas por ahora.

Al llegar a la cocina, se encontró con un olor en el ambiente que delataba alguna clase de pastel en el horno. También se encontró con Alder sentado en la mesa de la cocina, leyendo el periódico al mismo tiempo que tomaba una taza con café.

—Buenos días Dawn, —le dijo el ex-campeón con una sonrisa, esta desapareció al verle bien la cara—. Arceus, pareces muerta. ¿Estás bien?

—Sí, gracias, solo un poco cansada, —la chica se acercó y se sentó al otro lado de la mesa apoyando su cara sobre la madera. No midió bien su impulso, así que le pegó fuerte a la mesa con la frente—. Ugh…

—Habrá pastel para el desayuno, pero todavía le falta, —Alder se levantó y rápidamente le sacudió el hombro a la chica, sabía cuando alguien se estaba quedando dormido y quería ahorrarle a la chica una torticollis por dormirse en esa posición—. No te duermas acá, vete a la sala para estar más cómoda. También te ofrezco café, pero no sé si te gusta.

—Con media taza de leche y azúcar sí, —respondió Dawn bostezando, un café no era mala idea… pero levantarse y hacérselo parecía demasiado trabajo.

—Entonces leche con café, —eso logró sacarle una carcajada al ex-campeón quien le revolvió el pelo mojado a Dawn—. Entendido, sacúdete el sueño mientras que te lo preparo.

Siempre hubo un algo familiar en el ex-campeón y la chica no lograba dar lo que era, pero en ese preciso momento —cuando Alder buscaba una taza para ella— finalmente encontró lo que era: le recordaba mucho a su papá. El papá de Dawn, conocido como el Profesor Platinum frente a la Academia, siempre fue un hombre amoroso con sus dos hijas. Siempre la trató con un cariño que su madre jamás le daba: era él quien le preparaba la lonchera cuando iba al instituto (haciendo ahora lo mismo por su hermanita), el que le hacía el desayuno todas las mañanas y el café como a ella le gustaba cuando pasaba horas extras en el laboratorio del Profesor Rowan.

Concluyó entonces que podía hacer algo con el ex-campeón que Dawn no solía hacer con muchas personas: confiar en él. El hombre ya sabía sus sentimientos por Lucas y honestamente Dawn no quería hablar de eso con su papá (sin mencionar a su madre). Lo amaba con todo su corazón, pero por Arceus sería incómodo hablar de chicos con su viejo.

Cuando finalmente le trajo su taza con leche y café, Dawn respiró profundo y dijo:

—Alder, necesito su ayuda, —el hombre la miró un poco confundido por la seriedad repentina de la muchachita—. Quiero escribirle una carta de apreciación a Lucas para acompañarlo con un regalo.

El ex-campeón casi se muere de ternura en ese momento y se puso su mano en su pecho completamente conmovido.

—¿Quieres escribirle una carta de amor?

—¡N-no! ¡Una carta de apreciación! —corrigió rápidamente la chica.

—No sé, me suena mucho a una carta de amor, —le insistió el hombre con una sonrisa pícara, pero lo único que consiguió fue una mirada asesina de la muchachita—. Ok, ok. Dime: ¿cómo puedo ayudarte?

—Umm… ¿sabe usted escribir cartas de apreciación?

—Eso es demasiado específico… —honestamente jamás había hecho algo parecido a eso, lo más cercano que se le ocurría era responder cartas a fanáticos cuando todavía era campeón—. ¿Qué te parece si tratamos de hacerlo juntos? Cada uno escribe una carta y nos ayudamos mutuamente en el camino.

Dawn asintió convencida, honestamente lo encontraba lógico. Trajo dos cuadernos de su cuarto y ambos se prepararon con un lápiz. Alder claramente eligió el lápiz rosado en lugar del verde, sacándole una risa a la chica por su insistencia en el color.

—¿A quién le escribirá? —le preguntó curiosa Dawn.

—No lo sé… ¿A quién le podría escribir una carta de apreciación? —pensó en voz alta, la respuesta vino más rápido de lo que esperaba en su cabeza y empezó a escribir leyendo todo en voz alta—. Cynthia, gracias por no matarme cuando duermo. Atentamente, Alder.

Soltó una risa y miró a Dawn esperando lo mismo, pero en lugar de una sonrisa la encontró con una cara enojada. Tal vez tomarse en chiste algo que la chica tomaba en serio no estaba ayudando.

—Bueno, Shauntal siempre dice que lo primero que se escribe jamás es lo que termina publicándose, —dijo Alder tachando la línea—. ¿Tú cómo vas?

—Umm… —lo único que tenía escrito era "Lucas", en lugar de responder decidió ocupar su boca tomando el café de la taza.

Alder respiró profundo pensativo, desde su conversación en la playa se dio cuenta lo reservada que era Dawn e iba más allá de la timidez. Era evidentemente un comportamiento aprendido y quería ayudarla, como era muy importante la educación académica también era el entendimiento emocional de uno mismo. Siempre fue alguien muy espiritual —o cursi, como le dirían otros— y tenía una idea de cómo ayudarla.

—Pensemos en lo básico, —dijo Alder—. ¿Por qué quieres escribirle una carta?

—Bueno… le conseguí jugo de Shuckle en la Ruta 14 antes que fuera al hospital y quiero dárselo, —le explicó Dawn—. Pero tengo miedo que sea muy fuera de lugar dárselo solo así y quiero acompañar el regalo con una carta de apreciación. Quiero decirle que… no sé… ¿gracias por todo y espero que te guste este jugo?

—Mmm… —Alder se pasó la mano por la barbilla pensativo, Dawn era alguien académica y si quería ayudarla, necesitaba expresarse en términos que ella entendiera—. Entonces podemos empezar nuestras cartas con una introducción, ¿cierto?

—Supongo… —eso pareció darle una idea—. Ok, entonces: "Lucas: Este es un regalo para ti…"

—Directo y al grano, —asintió el hombre convencido, pensando en el lenguaje más académico que se le ocurriera—. ¿Por qué no agregas algún adjetivo para darle un peso emocional al hecho establecido?

¡Adjetivos! ¡Claro! ¡Eso la podía ayudar para aligerar sus palabras!

—"Lucas: Este es un regalo especial para ti…"

—Deberías de agregarle un "solo para ti", —le recomendó Alder con una sonrisa.

—"Lucas: Este es un regalo especial solo para ti. Es jugo de Shuckle que encontré en la Ruta 14 el día que…" —la chica detuvo el lápiz y miró al ex-campeón insegura—. Es mala idea mencionar el incidente, ¿cierto?

—Creo que sí, —mencionar un evento traumático no era exactamente romántico.

—Obvio, —Dawn se sonrojó apenada, se sentía como una tarada.

La cara que puso la chica dejó claro lo desalentada que se sentía al cometer un simple error, Alder no pudo evitar preguntarse si este comportamiento se debía a las exigencias de alguien más. Seguramente creció con una familia muy estricta.

—Bueno, ya estableciste el tema de la carta, —dijo el hombre tratando de tomar las riendas en el asunto antes que la chica se perdiera más en sus pensamientos—. Creo que ahora vendría bien poner un poco en contexto el regalo… ya sabes, por qué se lo quieres dar.

Dawn asintió, tenía sentido querer contextualizar la razón de la carta. Entre más pensaba en una explicación, su corazón empezó a latir fuerte al no poder dejar de pensar en la forma que Lucas la cargó en la Villa Horroris. Lo fuerte que se sintieron sus brazos al cargarla, el calor que sintió en su pecho cuando la elogiaba o lo tierno que se veían sus ojos cuando lo encontraba mirándola. El ex-campeón se sorprendió de ver cómo la cara de la chica pasaba de pensativa a una completamente apenada en cuestión de segundos. Ver desde afuera el proceso emocional de la chica de reconocer su amor por Lucas era extrañamente fascinante. ¿Así se veía alguien genuinamente enamorado?

—¡N-no es una carta de amor! —aclaró Dawn enojada al verle la cara a Alder.

—No dije que lo fuera, —le costó aguantarse la risa, pero logró encoger los hombros.

—Pero su cara… ¡ugh!

—Tú misma lo dijiste: esto es una carta de apreciación, —interrumpió el hombre antes que la chica se enojara más—. Ahora dime, ¿qué hay con Lucas que aprecies?

Eso la dejó pensativa y por un rato miró su taza contemplando el líquido claro que soltaba un poco de vapor como hilares en el cielo.

—Todo, —respondió finalmente la chica—. Su amistad, su sinceridad y su forma de ser… ¿cómo puedo contextualizar esa apreciación en papel?

—Con palabras, —respondió Alder apuntando a lo obvio, Dawn le hizo una cara que claramente no apreciaba su respuesta—. Shauntal siempre ha dicho que lo fascinante del lenguaje humano es que existe una palabra para todo: desde lo físico hasta lo abstracto.

Honestamente no lo había pensado así.

—¿Se le ocurre alguna palabra? —Dawn se sentía perdida.

—Mmm… —Alder se puso la mano en la barbilla, aunque no lo admitiera, la chica básicamente quería decirle a Lucas que le gustaba sin decirle que le gustaba. Por Arceus, era adorable el primer amor adolescente—. Gratitud.

—¿Huh?

—Ese sentimiento que tienes ahora, es gratitud.

—¿Está seguro? —honestamente relacionaba esa emoción con otras cosas que estaban muy alejadas de Lucas.

—Por supuesto, la gratitud de encontrar a alguien como él en tu vida es algo que estás tratando de celebrar con tu regalo, —Alder le dio una sonrisa sincera—. Ponerlo en palabras con una carta muestra lo importante que es para ti…

Eso era bueno, Dawn activó su modo estudiante y empezó a escribir las palabras que decía el campeón casi de forma automática. Luego contempló sus notas y trató de extraer cuanto conocimiento pudiera de ellas, tratando de llegar a una conclusión:

—Entonces está diciendo que siento una forma de reconocimiento en donde hay un beneficio emocional al relacionarme con Lucas…

—En otras palabras, sí, —jamás había escuchado en su vida a alguien plantear un sentimiento tan simple en una oración tan compleja.

Dawn mordió la punta de su lápiz abstraída, entender sus propios sentimientos parecía estarla ayudando enormemente para contextualizar el regalo a través de la carta. Con una sonrisa, finalmente pensó en algo que escribió rápidamente:

"Lucas:

Este es un regalo especial solo para ti. Es jugo de Shuckle que encontré en la Ruta 14. Sé lo mucho que te gusta la comida en general y espero que esto logre expresar la enorme gratitud que siento de tenerte en mi vida.

Gracias por todo,

Dawn Platinum Berlitz."

Al terminar de leerlo en voz alta, la chica se sorprendió de sentir su corazón latir tan fuerte. Se sentía tan perfecta su carta, tan honesta y al grano que estaba convencida que lo había logrado.

—¿Qué le parece? —ahora que lo leía otra vez, pensó que podría redactarlo mejor—. ¿Debería de agregarle más adjetivos? ¿No están muy cortas mis oraciones?

—No, no, es perfecto, —le dieron ganas de gritar de ternura, pero decidió guardarse la reacción para después—. Estoy seguro que le encantará.

Sonrojándose un poco, Dawn asintió muy feliz. En serio estaba orgullosa de haber logrado redactar una carta de apreciación para Lucas. Alder tomó de su taza orgulloso, había logrado su objetivo.

—¿Qué hay de la suya?

—¿Huh? —esa pregunta lo confundió por completo.

—Su carta de apreciación hacia Cynthia, —Dawn lo dijo con tanta certeza que parecía apuntar a lo obvio—. Claramente ella es tan importante para usted como Lucas lo es para mí. Por eso pensó en ella para escribirle la carta, ¿cierto?

Dawn claramente no pensó en lo que dijo desde un lado emocional, había llegado a esa conclusión casi metódicamente y así lo interpretaba. Su frialdad académica no se transmitió hacia Alder, quien se perdió por un momento en sus propios pensamientos hasta que finalmente le cayó la ficha.

—Dawn, te aseguro que lo tuyo con Lucas es muy diferente a… —no terminó su oración al sentir un olor quemado en el ambiente, saltando de su silla se apresuró hacia el horno y lo abrió para sacar el molde. Lo revisó y luego soltó un suspiro aliviado, logró salvar el pastel a tiempo.

Dawn lo miró boquiabierta y el hombre sintió un nudo extraño en su garganta.

—Dawn… te pido por favor que no malinterpretes…

—¡Por Arceus! —gritó aterrada la chica levantándose de la mesa—. ¿Está bien?

—Sí, sí, soy reservado pero tampoco soy…

—¡Sus manos! —interrumpió la chica aterrada acercándose a él—. ¡Sacó el molde del honro sin ponerse guantes!

Cuando Dawn trató de tomarle las manos para revisarle, Alder dio un paso atrás escondiéndolas atrás de su espalda.

—Estoy bien, estoy bien, —el hombre rápidamente abrió la canilla y se las mojó, después de secárselas se las enseñó a la chica para mostrarlas intactas—. ¿Ves? Sanas y salvas.

—P-pero… ¿qué? —la chica torció su cabeza confundida, no tenía experiencia en pastelería pero estaba segura que sacar un molde de un horno caliente no era exactamente seguro—. ¿Cómo?

—Psh, he entrenado Larvestas y Volcaronas desde que soy niño, —dijo Alder señalándose a él mismo con el pulgar orgulloso—. Estas manos están acostumbradas a tocar cosas calientes.

—No tiene mucho sentido… —Dawn conocía a otras personas que llevaban toda una vida con Pokemons tipo fuegos y eso no les daba resistencia automática a ello. Las múltiples quemaduras de Flint, Barry con su Infernape y Lucas con su Magmortar eran viva prueba de ello.

—Créeme, sí lo tiene, —Alder rápidamente tomó a Dawn de los hombros y la dirigió hacia la puerta de la terraza—. Ahora hazme el favor de llamar a Cynthia y a Lucas, diles que el desayuno ya está listo. Yo iré a levantar a los demás.

Antes que pudiera darse la vuelta y responder algo, el ex-campeón le cerró la puerta de la terraza. Dawn parpadeó un par de veces confundida, tratando de recapitular todo antes de procesar lo que le dijo. Tan pronto distinguió las figuras de Cynthia y Lucas en la playa, sintió sus mejillas sonrojarse intensamente.

No se había peinado y ahora tenía que verse con Lucas con sus greñas de bruja. Se sintió tan apenada que deseó que la arena de la playa se la tragara viva.


Notas del autor:

Otro capítulo tranquilo, honestamente lo disfruté muchísimo ya que me encanta escribir sobre sentimientos y personas confundidas. La razón por la cual es Platinum Berlitz es porque, según entiendo del manga, la mamá es la que pertenece a la familia Berlitz. Termino el año con este capítulo, espero que todos tengan felices fiestas y en serio gracias por leer. Todos sus reviews los leo muy feliz y me animan a seguir escribiendo. Los temas maduros que "prometí" vendrán más adelante, todo a su tiempo. Solo diré que estoy estúpidamente emocionada por escribirlos, pero creo que es obvio que me gusta setear las cosas antes de saltar a lo bueno.

Felices fiestas (y no spoilers de SWSH, no tengo el switch)