Capitulo 23: ¿Tiene fuego?
Esa noche, Black City, Segunda Estación Ramal Verde)
Los operarios y maquinistas finalmente pudieron sentir alivio al ver las luces prenderse a lo largo de la estación. Aunque solo fuese un día sin energía, no tener luz en un lugar tan complejo como una estación de subterráneo era peligroso… sobretodo ahora que era de noche.
El gerente de la estación se sorprendió más que estuviese Emmet encargándose de todo, lo había visto dar vueltas todo el día con los técnicos y también le pareció raro no ver a Ingo con él. Típicamente si se encontraba con algún gemelo trabajando afuera de la Línea de Batallas, era Ingo.
–Buenas noches Gerente, –dijo el Jefe de Metro Emmet acercándose a él con un paso apurado y energético, atrás suyo su Elektross caminaba con saltitos simpáticos–. Los técnicos ya se retiraron y veo que la luz volvió a la estación. ¡Sip! Tan brillante que incluso mi Elektross siente envidia.
Elektross solo respondió con un chillido, era normal que respondiera así cuando escuchaba su nombre.
–Todo fue gracias a su ayuda Señor Emmet y a la de su hermano, quien por cierto no he visto, –el gerente remarcó notando que seguía solo–. ¿En dónde está el Señor Ingo?
–En la oficina, trabajando en asuntos importantes, lo que me recuerda, –Emmet sacó de su bolsillo unas hojas dobladas–. Aquí están los reportes de los técnicos, el formulario de solicitud para que movilicen un equipo interno de la subestación eléctrica del área, no vaya a ser que el apagón haya hecho algo en el lugar así que más vale estar seguros, aquí también está la autorización para movilizar al equipo de mantenimiento por toda la estación, así podrán asegurarse que la estación esté en condiciones óptimas para abrir mañana a primera hora. ¡Sip! Ah, también estaré haciendo un anuncio a todos los gerentes. maquinistas y operarios en breve, pero por ahora necesito que movilicemos todo lo demás por favor.
Ver la firma de Emmet en los papeles lo sorprendió, típicamente Ingo era el gemelo metido en temas burocráticos.
–Le agradezco mucho su ayuda, Señor Emmet, –el gerente levantó su mano en un saludo respetuoso–. Es bueno saber qué podemos depender de ambos Jefes del Metro y no solo el señor Ingo. ¡Excelente trabajo hoy!
–Fue un trabajo en equipo, así que gracias a ustedes, –respondió Emmet con su sonrisa practicada devolviéndole el saludo. Se despidió y rápidamente caminó hacia las oficinas.
En el camino se detuvo frente a una máquina de café y le agradeció a Arceus que tuviese suficiente cambio para dos vasos, seguía corto de plata pero esto era un gasto que valía la pena. Mientras esperaba que sus cafés se terminaran de preparar, soltó un suspiro agotado apoyando su frente en la máquina.
–"Es bueno saber que podemos depender de ambos jefes"… ouch… –susurró molesto Emmet sin levantarse, luego volteó un poco su cara para ver a su Pokemón quien estaba parado a su lado curioso–. Sabes, Ingo ya me había advertido de esto. Que si seguía sin hacer las cosas aburridas del trabajo, nadie confiaría en mi autoridad afuera del Metro de Batalla… no pensé que estaría tan mal la cosa, jaja…
Elektross torció su cabeza preocupado.
–¡Pero que me subestimen solo me anima a seguir esforzándome! –Emmet empuñó su mano determinado, su sonrisa animó a su Pokemón también–. Solo tendremos que seguir haciendo nuestro trabajo y con eso bastará para enseñarles que los Jefes de Metro vienen en par. Jaja, debería decirle a Ingo esa frase, tal vez lo podemos usar de slogan.
Recogió los dos vasos de café de la máquina y miró emocionado a su Pokemón, aunque Elektross no pareciese tan expresivo como otros Pokemons, Emmet reconocía los gestos de su compañero y lo notaba emocionado.
–Vamos Elektross, ¿quieres ver cómo va Ingo y Chandelure con sus "asuntos importantes"?
Emitió un chillido feliz y empezó a levitarse por los pasillos a su lado. Caminó por más corredores y finalmente llegaron a una oficina en un área restringida. Le costó un poco abrir la puerta con llave usando una sola mano mientras sujetaba ambos vasos desechables con la otra, pero logró entrar a la oficina para encontrarla completamente oscura excepto por una luz de flama morada al fondo.
Dicha luz se movilizó tan pronto Emmet abrió la puerta, recibiéndolo emocionado. Elektross flotó alrededor de Chandelure y ambos Pokemons se saludaron a su manera levitando en círculos. Era una clase de saludo entre ellos que tenían desde que ambos entrenadores eran niños.
La oficina era de tamaño decente, tenía espacio para dos escritorios, un sillón pegado en la pared, una lámpara a lado del sillón y una mesa frente al sillón para apoyar vasos. También había muchas liberaras repletas de carpetas y distintos papeles sueltos, siempre trataban de mantener un orden en las estaciones pero era inevitable acumular papeleo.
El sillón de la oficina era lo suficientemente grande para que se sentaran dos personas… o la medida que prefería usar Emmet en ese momento: un Ingo acostado con las piernas colgando de un brazo del sillón y su sombrero negro cubriéndole la cara.
No pudo evitar reírse ya que lo encontró tal cual lo dejó, originalmente Ingo le había dicho que dormiría una siesta de 20 minutos, pero Emmet hizo lo más razonable que fue apagarle la alarma y dejarlo dormir mientras él se encargaba de todo. Antes de irse sacó al Chandelure de su hermano para que lo vigilara, aunque Ingo jamás lo admitiera, Emmet sabía que no era muy fanático de la oscuridad y típicamente dormía con alguna luz prendida. Chandelure no era un Pokemón muy apto para acurrucarse, pero sí le gustaba estar cerca de su entrenador en las noches compartiendo el mismo espacio físico que él.
Emmet se alegraba ver que su hermano finalmente estuviese descansando, no había señales de pesadillas o alguna interrupción en su sueño. Desafortunadamente todavía no podía cantar victoria, pues tenía un par de cosas que necesitaba hacer antes de declarar su día terminado y uno de ellos era asegurarse que su hermano comiera algo. Prendió la luz de la oficina y le sacudió un poco la pierna a su hermano mientras agarraba una de las sillas del escritorio.
–Arriba que te deja el tren.
Ingo le respondió molesto tratando de acomodarse más en el sillón, pero Emmet lo sacudió más fuerte y eso logró levantarlo. Soltando un bostezo, Ingo se sentó sacándose el sombrero de la cara, mostrando su pelo completamente despeinado igual a un Furfrou salvaje.
–¡Jaja! ¡Buenos días!
–Uuughh, café… –Ingo se frotó la cara agotado todavía despeinado y tomó el primer vaso desechable que tenía a su alcance en la mesa, notó cómo su hermano empezó a vaciar los bolsillos de su chaqueta blanca sacando una cantidad ridícula de golosinas de máquina expendedora–. Umm… ¿Qué es eso?
–El desayuno, –respondió Emmet orgulloso, gracias al apagón algunas máquinas expendedoras habían fallado y aprovechó para sacar cuanta golosina gratis encontrara en su recorrido por toda la estación.
–La Crepe Luminalia es mío, –dijo Ingo revolviendo las golosinas y sacando un paquete azul con dibujo de la Torre Prisma de Kalos. Emmet se conformó con una galleta lava y ambos comieron en silencio, el único ruido era el de sus dos Pokemons atrás quienes parecían estar hablando entre ellos con chillidos y pequeñas carcajadas.
–Necesitamos ver el tema del apagón, –dijo Ingo soplando su café, todavía tenía los ojos entrecerrados y seguía sin su sombrero–. No podemos irnos de la estación hasta que vuelva la luz.
Ingo era muy lento para arrancar y Emmet disfrutaba molestarlo cuando lo veía así de recién levantado. Su cerebro se tardaba un poco en activar y como su hermano, tenía el deber de aprovechar cada segundo para atormentarlo.
–Totalmente de acuerdo, –respondió Emmet aguantándose la risa.
–Es importante que lo resolvamos, la Segunda Estación del Ramal Verde es de las más transitadas.
–Más de un millón de pasajeros al día, –agregó Emmet todavía sonriendo.
–Exacto, –Ingo tomó una barrita de granola de la pila y lo empezó a comer–. Por eso tenemos que revisar el generador, hablar con el gerente de la estación y asegurarnos que vuelva la luz. No podemos seguir en la oscuridad, es peligroso para nosotros y los pasajeros.
Emmet ya casi no aguantaba más y ocultó su cara entre su mano tratando de tragarse las carcajadas que se asomaban. Ingo lo vio molesto.
–No es chiste.
–Por supuesto que no, –Emmet se frotó la cara casi llorando de la risa–. Oye, ya que estás ahí, ¿prenderías la luz de la lámpara? Está un poco oscura la oficina.
–Claro, –Ingo se inclinó en el sillón sin dudarlo y prendió la lámpara a lado suyo–. Terminemos de desayunar, resolvamos el apagón y vamos a revisar el genera…
Su expresión cambió y finalmente se dio cuenta de sus alrededores. Emmet empezó a reírse de puras carcajadas ruidosas mientras su hermano miraba todo sorprendido de ver luz en la oficina, incluso se asomó por la puerta para corroborar que la luz hubiese vuelto también en los pasillos.
–¿Volvió la luz?
–Volvió la luz.
–¿Se resolvió el apagón?
–Bueno, no sé si está resuelto-resuelto, pero sí podrá retomar sus operaciones mañana.
–¿Vinieron los técnicos? –ahora la voz de Ingo sonaba más atento, tal parecía que la comida y el café lograron levantarlo.
–Sip. Hay una copia de su reporte en la mesa.
–Hay que llenar una solicitud de mantenimiento para enviarle a la subestación eléctrica del área… y también hay que autorizar al equipo de mantenimiento y luego enviar una copia a…
–Listo, listo y listo también, –Emmet respondió muy orgulloso e Ingo tomó los papeles de la mesa para revisarlos, asintió asombrado ante la actitud responsable de su hermano–. Le dejé una copia física de todos los documentos al gerente de la estación, mandé también una copia por correo electrónico y fax al área de Transporte de la ALP… no puedo creer que tengamos que seguir usando fax en esta época.
–La ALP exige que siempre enviemos una copia física y una digital de los documentos en casos de emergencias, –Ingo negó con su cabeza indignado–. Es más rápido un fax que usar un mensajero, sus oficinas están en Castelia City… es una lástima que por más rápido que enviemos las cosas, se tardan mucho en actuar.
–Jaja, el verdadero enemigo: la burocracia.
–¿Qué hora…? –Ingo se asustó al revisar su reloj–. ¿Cuántas horas dormí?
–Te dormiste a las 7:43 AM y son las 10:26 PM así que… 14 horas, 43 minutos y 23 segundos, –Emmet solltó un bostezo al mismo tiempo que lo señalaba de forma burlona–. Jaja, dormilón.
–¿Por qué no me levantaste? –preguntó preocupado–. Si yo estuve aquí y tu trabajando, significa que no dormiste hoy y ayer tampoco dormimos por estar aquí… ¿estás bien?
Sabía que le había exigido ser más responsable, pero no podía creer que tomara TODA la responsabilidad cuando podía ayudarlo.
–¿Bromeas? He pasado más tiempo despierto en las fiestas de Skyla, jaja –respondió Emmet que ya le costaba mantener los ojos abiertos, ahora que Ingo ya estaba alimentado y claramente mejor, ya se estaba relajando un poco–. Deberías ver lo loco que se ponen esas fiestas cuando Skyla invita a sus amigos pilotos, ¡sip! Esto no es nada comparado con eso… ¡Ah! Antes que se me olvide…
Emmet dio unas cachetadas en su cara y se levantó apurado, tomó uno de los comunicadores del escritorio e Ingo se preguntó qué clase de anuncio quería darle a los trabajadores de la estación a esta hora. Se sorprendió al ver que antes de prender el micrófono, también activó el botón de difusión, entonces era una difusión de mensaje por todas las estaciones:
–Buenas noches, damas y caballeros, ¡soy Emmet! Gracias a la predisposición y excelencia de los trabajadores y al equipo de mantenimiento, la Segunda Estación del Ramal Verde podrá volver a operar con normalidad a partir de mañana a primera hora. Le ruego a todo el personal que estén atentos ante cualquier imprevisto.
Era típico anuncio que hacían los Jefes de Metro después de algún evento importante. Era raro cuando una estación cerraba, así que tenía razón Emmet para difundir el mensaje. Ingo no era muy fan de difundir mensajes ya que muchos trabajadores admitieron que cuando escuchaban su voz, se preocupaban mucho. Emmet le aseguró que no era por su tono o voz particularmente, sino por el hecho que siempre que pasaba algo malo o serio, Ingo se tomaba la tarea de difundir el mensaje masivo y ya habían asociado su voz con malas noticias. Emmet trató de animarlo para que diera otra clase de mensajes masivos como desear felices fiestas o cosas así, Ingo optó por dejarle a su hermano la tarea de difundir los mensajes y de vez en cuando participaría con él.
–También quiero agregar que se creará una nueva alerta verde interna, durante el apagón hubo avistamientos de un Pokemón larva de color verde y apariencia viscosa. No es un Pokemón dañino y tampoco se pueden atrapar en Pokebolas, igualmente necesitamos que reporten cualquier avistamiento a los Jefes de Metro sin tocar dicho Pokemón. A menos que estén en un área peligrosa como las vías o en el camino de los pasajeros, ruego que los dejen donde los encontraron. Una nueva línea de comunicación interna para reportarlos se creará en las próximas horas, les ruego que queden atentos a futuras instrucciones. ¡Buenas noches! ¡Emmet fuera!
Ingo lo miró sorprendido y un poco molesto también. No tenía idea de qué hablaba y ya le había asignado esta nueva responsabilidad. Una vez colgó el comunicador y apagó el aparato, Emmet soltó otro bostezo masivo y miró a su hermano ya casi dormido:
–Ingo… ¿podrías crear el ticket en el sistema para montar la nueva linea de comunicación que recién dije? Mis ojos ya no dan y mi mente se siente blandita del sueño… jaja… blandita como Gotter…
–Un poco de contexto, por favor.
–Jaja… perdón, –Emmet se pegó unas cachetadas en ambas mejillas e Ingo reconoció que seguro ya estaba al limite y se sentía mal que no lo dejara dormir. Pero si quería su ayuda para crear la linea de comunicación, necesitaba saber de qué hablaba–. Entonces… hoy conocí a Lucas Diamond y Barry Pearl.
–¿Los entrenadores de Sinnoh? –preguntó Ingo impresionado.
–Sip, son mucho más bajitos de los que esperaba, sobretodo Lucas Diamond jaja…
–Ojalá visiten al Metro de Batalla, –agregó Ingo zapateando emocionado, esos dos tenían una fama de entrenadores de alta gama en Sinnoh y adoraría tener la oportunidad de pelear con alguno de ellos–. ¿Qué tienen que ver con el anuncio que hiciste recién?
–Paciencia. Bueno, estaban viajando con una señorita que tenía un Pokemón gusano que no reconocía, pero se parecía mucho a unos gusanitos que encontré en el generador cuando lo revisé en la mañana. Esos gusanitos no se pueden atrapar con Pokebolas, pero al parecer el Pokemón de la señorita es capaz de… ¿cómo fue que dijo? –pensó Emmet en la conversación que había escuchado–. ¿Combinar? ¿Fusionar? Bah, el punto es que la señorita Dawn del gusano puede encargarse de esos Pokemons.
–¿Y por qué no nos encargamos nosotros?
–Porque al parecer, Alder los está movilizando en un asunto no-oficial por fuera de la ALP, –Emmet dio una sonrisa pícara emocionado–. Si nos aseguramos una línea de comunicación con ella, tendremos mejor oportunidad de averiguar qué está pasando… Además, el Pokemón es de ella y lo correcto es avisarle.
–¿Pero qué pasó mientras estaba dormido? –Ingo admitía que le daba mucha curiosidad ese asunto no oficial, pero sentía que le faltaban detalles. Emmet bostezó tan fuerte que la culpa no lo dejó indagar más–. Está bien, me contarás todos los detalles después. Dime qué necesitas en esta línea de comunicación para que arme el ticket.
–Que los trabajadores puedan subir ubicación, fecha, hora, imágenes y texto no más largo de 500 caracteres, es importante que aclares que no los pueden mover de lugar a menos que estén en un lugar comprometedor, ponlo en negrilla y en mayúsculas. También que sea alerta verde, no hacen daño pero necesitamos visibilidad de esto.
Alerta verde significaba que no representaba ningún peligro, pero que era necesario que lo tomaran en serio.
–¿Algo más? –Ingo ayudó a su hermano levantarse de la silla y lo empezó a guiar al sillón.
–Sí, que quedemos tú y yo como responsable de la tarea, así nos reportan solo a nosotros, –Emmet levantó su Xtrasceivier e Ingo escuchó una notificación del suyo–. Recién te mandé unas fotos del Pokemón, inclúyelo en el ticket para que la gente tenga referencia de cómo se ve… puedes tomar de referencia mi mensaje difundido si quieres describir algo más…
–Entendido, –Ingo logró que Emmet se acostara en el sillón, quien al ser tan alto como él, tomó una posición parecida de ocupar todo el sillón acostado y colgando las piernas de un brazo del sillón. Ingo tomó su sombrero de la mesa y se arregló el pelo antes de acomodarlo, no había quedado 100% presentable así que necesitaba pasar por algún lugar con espejo–. Me gustaría chequear la estación primero, no es que no confíe en tu trabajo pero no he revisado nada en todo el día.
–Diviértete hermanote, –Emmet acomodó unas almohadas decorativas atrás de su cabeza, llamó a Elektross quien rápidamente se acostó encima de él y también se puso su sombrero blanco en la cara–. Mientras quede hecho el ticket antes de las 7 am estamos bien, así es la primera tarea asignada a los programadores.
Elektross no parecía el Pokemón más adecuado para acurrucarse, pero Emmet siendo Emmet siempre encontraba una forma de hacerlo con todos sus Pokemons.
–Duerme y te levanto en unas horas, –Ingo llamó a su Chandelure quien flotó felizmente cerca de su entrenador, era común que lo acompañara afuera de su Pokebola en sus recorridos por la estación–. Prometo levantarte con un almuerzo más nutritivo que golosinas de máquina expendedora y café.
–Pero si las golosinas de máquinas expendedoras son parte esencial de la pirámide alimenticia, –bromeó Emmet soltando una pequeña carcajada, la cual rápidamente se volvió en un bostezo masivo–. Y tu sistema de propulsión es a base de café barato, así que no sé de qué te quejas….
Empezó a escuchar unos ronquidos e Ingo sonrió, ya se había quedado dormido a media oración. Quitándose la chaqueta negra y usándola para tapar a Emmet y Elektross, Ingo susurró:
–Gracias por tu ayuda hermanito, ahora descansa.
(Nimbasa. Lucas, Barry y Dawn)
La ciudad Nimbasa le dio la bienvenida con luces y mucho ruido, no por algo era conocida como la ciudad fulgurante como un relámpago. El viaje en el tren se sintió eterno después de viajar en la vagoneta a toda velocidad modificada por los Jefes gemelos del metro. Lucas se preguntó si el hermano de Emmet, Ingo, sería tan raro y loco como el hombre de chaqueta blanca. Asumió que si usaba esa vagoneta como modo de transporte razonable, no podía ser alguien exactamente normal.
Barry siendo Barry quería que exploraran la ciudad esa misma noche, pero una mirada amenazante de Dawn y Grimsley fueron suficiente para detenerlo. Estaban agotados y no era momento de explorar. Grimsley los llevó a un área residencial lejos del ruido y el alboroto de la ciudad, había una pequeña casa de tres pisos cerca del río. Al parecer era una casa vacacional que había alquilado Alder para esta ocasión. Era básica pero tenía muchos cuartos y una hermosa cama que Lucas ya miraba con anhelo.
–¿Crees que podamos ir a alguno de los estadios? –preguntó Barry desempacando su ropa perfectamente doblada en la cama de a lado, aunque hubiesen tantos cuartos, ya era ley que siempre compartían habitación cuando viajaban juntos–. Escuché que hay muchos entrenadores fuertes por aquí.
–Recuerda por qué vinimos, –recordó Lucas revolviendo su mochila buscando su ropa de dormir limpia–. Mañana aparecerán Alder y Cynthia para hablarnos de esta… no sé como llamarlo…
–¿Cosa? ¿Misterio?
–Sí Barry, esta cosa misterio. Tal vez podamos entrenar después…. –Lucas le gustaría entrenar más con Marshadow, aunque ya fuese capaz de pelear con él todavía no sentía que lo conociera del todo.
Escucharon alguien tocar la puerta y Dawn entró al cuarto con su Snorunt siguiéndola de cerca emocionada. Lucas no pudo evitar sonreír, Snorunt claramente era un bebé y se miraba adorable siguiendo a Dawn como un Ducklett.
–¿Ya se instalaron? –preguntó Dawn sentándose en la cama de Lucas, el muchacho sabía que seguro se sentó ahí porque era la más cercana a la puerta, pero quería ilusionarse con la idea que lo hizo para estar más cerca de él.
–No hay mucho para instalar por suerte, –respondió Lucas con una sonrisa perezosa–. Con este viaje a último minuto, solo nos llevamos nuestras mochilas básicas de viaje… ¿viste al tipo deprimente?
–Sí, me lo crucé y me dijo que saldría por un cigarro… no sabía que el Señor Grimsley fumaba, –remarcó Dawn preocupada.
–¿En serio? Pero olía a cigarro desde que nos buscó en el hospital, –remarcó Lucas pensativo.
–Te multaré si sigues así, no todos tenemos tu super nariz, –dijo molesto Barry, no era la primera vez que Lucas asumía que todos podían detectar los mismos aromas que él–. Oye Lucas, ahora que lo pienso, ¿sigues teniendo el documento oficial que nos dio el Jefe de Metro Emmet?
–Sip, –respondió el muchacho sacándolo del bolsillo. Al final cuando llegaron a la otra estación en la vagoneta, no tuvieron la necesidad de mostrar el documento para que los dejaran pasar. Al parecer con el apagón mandaron a movilizar más trenes fuera de horario para ayudar a los pasajeros afectados–. ¿Para qué lo quieres?
–Bueno… deberíamos llamar al Jefe de Metro para avisarle que llegamos bien, ¿no creen? ¡Podemos usar mi Poketech que tiene toda la batería cargada! –la pregunta de Barry sorprendió a ambos adolescentes, Barry no era de las personas que llamaban para avisarte que habían llegado bien a su destino, era de los que se les olvidaba llamarte.
Lucas revisó la tarjeta y se dio cuenta que efectivamente había un número de teléfono apuntado en la parte de atrás.
–¿Pero para qué quieres llamar al rarito sonriente…? –tan pronto entendió sus intenciones, Lucas lo señaló molesto–. Un momento, tú solo quieres tener el número de un Jefe de Metro en tu directorio y llamarlo cuando quieras para ver si puedes pelear con él, ¿verdad?
–SIIII –admitió sin vergüenza el rubio y su tono de súplica consolidó sus deseos–. Quiero tener el contacto de personas interesantes y tener peleas también.
–Barry, no, –dijo Dawn cruzando sus brazos–. Está ocupado y me parece inapropiado llamar al Señor Emmet cuando debe de seguir trabajando en el apagón…
–¡Oye! –Barry señaló a Dawn enojado parándose en la cama sin zapatos–. ¡Tú estás enojada con él por lo de la vagoneta! ¡No es su culpa que casi vomitaras en un viajecito tan corto!
–¡N-no vomité! –se defendió la chica apenada, admitía que había llorado del miedo y que salió con nauseas cuando llegaron a la estación, pero no había vomitado.
–Ya déjalo Barry, no te daré la tarjeta… –Lucas reconoció la mirada del rubio, tenía energías de sobra y conocía demasiado bien a su amigo de la infancia–. Barry… no…
–¡Barry sí! –el rubio saltó de la cama y empezó a perseguir a Lucas por todo el cuarto, Dawn solo se sentó más en la cama asustada abrazada a Snorunt–. ¡Dame la tarjeta!
–¡Ni muerto! –Lucas era un holgazán pero había crecido con Barry, no era la primera vez que lo perseguía y era lo suficientemente rápido para no ceder. Cuando quería podía correr rápido.
Continuaron corriendo en círculos dentro del cuarto como un par de Shinxs cachorros y Dawn no sabía si fue el cansancio o algo, pero se empezó a reír. Snorunt también saltó emocionada en la cama pensando que era un juego. Era gracioso ver cuando esos dos actuaban como niños.
A las afueras de la casa, Grimsley pudo ver desde la orilla del río la silueta de la ventana de los dos corriendo por todo el cuarto. Al estar tan cerca del río, Grimsley aprovechó para salir y sentarse en la pared de piedras que daba al agua.
No pudo evitar negar con su cabeza conmovido, ver y escuchar gritos de una disputa amistosa dentro de ese cuarto le animó un poco la noche e inhaló fuertemente el cigarro que tenía entre sus dedos.
–Vaya Alder, tú que sí sabes elegir camaradas interesantes, –susurró Grimsley acabándose su cigarro con una sonrisa, el grandote era bueno para encontrar personas de buen corazón.
Sacó su cajetilla para buscar otro cigarro nuevo y después sacó su encendedor, estaba seguro que Shauntal y Marshal lo regañarían por seguir fumando, pero honestamente necesitaba un poco de nicotina para relajarse. Caitlin tampoco fue muy fanática de sus cigarros y lo miraba feo cuando fumaba cerca de ella, pero tenía la educación de ahorrarse sus comentarios y solo verlo enojada. Alder no lo juzgaba tanto por fumar como los otros, pero sí le pedía que fumara lejos de los espacios compartidos en la liga para que no apestara el lugar.
Grimsley se preguntó cómo reaccionaría Iris si lo viera fumar… si hablase de Iris niña, recordaba que le robaba sus cigarros para mojarlos o esconderlos. Pero la Iris de ahora ya era una adolescente y la nueva campeona de Unova… un cambio reciente… lamentaba no tener la oportunidad de haberla conocido un poco más en esta nueva etapa…
–¿Tiene fuego? –preguntó alguien en la oscuridad.
Grimsley casi salta del susto y se encontró con un hombre desconocido que sujetaba su propio cigarro parado a su lado. Era bajo, tez pálida, de pelo oscuro ya casi tirando para gris y ojos rojos. Vestía de una chaqueta y pantalones negros, una expresión completamente seria y no tenía una cara exactamente amistosa.
–Si buscas robarme o algo, me temo que no tengo mucho, –dijo Grimsley con una sonrisa presentándole el encendedor, su otra mano buscando automáticamente la Pokebola de Bisharp en su cincho.
–Heh… ni te molestes en buscar a tu Pokemón, solo soy otro fumador buscando fuego, –respondió el hombre con una sonrisa torcida usando el encendedor.
Si pudo notar cómo buscó su Pokebola a escondidas en la oscuridad, Grimsley podía inferir que este desconocido tenía un ojo entrenado.
–Es una linda noche, ¿verdad? –dijo el hombre de chaqueta negra, su tono era monótono y desinteresado–. Perfecta para destruir nuestros pulmones con nicotina…
–¿Qué quiere? –preguntó directamente Grimsley con su cigarro entre sus dedos, enfocando toda su atención en el extraño, había algo raro en él–. No tiene cara de ser alguien muy extrovertido o que se muera por tener una conversación con un extraño.
–¿Tú? ¿Un extraño? Sé quien eres, –dijo el hombre exhalando humo por la nariz sacudiendo las cenizas acumuladas en su cigarro–. Grimsley Mirton, 34 años, conocido como miembro de la Elite Four de la Liga Pokemón de Unova y también miembro de la familia distinguida Mirton, la que cayó en desgracia por deberle plata a las personas equivocadas y tienes formas cuestionables de lidiar con tus problemas emocionales… ah, también te especializas en Pokemons Oscuros, excelente elección si me preguntas.
Grimsley reconocía el sentimiento que se formó en el fondo de su estómago, detectó peligro. Dejando caer su cigarro de sus manos, puso toda su atención al hombre de ojos rojos frente a él.
–Creo que debería retirarse, –Grimsley no quería empezar una pelea Pokemón en un área residencial con alguien potencialmente peligroso, mucho menos cuando los niños estaban a metros de distancia en la casa disfrutando su tiempo juntos–. A menos que quiera llevar esta conversación a un lugar más apto para batallas…
–Déjame frasearlo otra vez, –el hombre pisó el cigarro para apagarlo al mismo tiempo que sacaba una funda de cuero de su bolsillo mostrando una placa dorada–. Agente Triple Zero, Policía Internacional.
Un nudo en su garganta lo puso extremadamente nervioso, lo último que quería Grimsley era terminar en la cárcel cuando sus amigos lo necesitaban. Trató de pensar en sus opciones, pero no pudo evitar sonreír y recaer en sus actitudes naturales para defenderse: el sarcasmo.
–Vaya, vaya, –dijo Grimsley con un tono sarcástico–. ¿Desde cuándo la policía internacional se interesa en alguien tan miserable como yo?
–Sí crees que es por tu cosa con las drogas, ni te molestes, no eres ni el primer ni el último famoso que hace estupideces con su dinero, –respondió el agente sacando otro cigarro y ofreciéndole uno a Grimsley–. Te cambio un cigarro por fuego, siempre pierdo mis encendedores.
Grimsley lo miró con desconfianza.
–Vamos, son de Alola, –insistió el agente moviendo la cajetilla–. No son exactamente los mejores del mercado, pero tienen su encanto.
Tomó uno para avanzar la conversación, pero no pensaba prenderlo. También le lanzó su encendedor y el agente lo atrapó sin problemas.
–¿Qué quiere de mí, misterioso agente internacional?
–Tengo un par de preguntas, créeme que no quería estar aquí buscando a malcriados como tú, ustedes de la Elite Four y su ex-campeón con su complejo de salvadores… solo son unos metiches y me desespera cómo se creen los únicos capaces de defender la región ante cualquier peligro en lugar de notificarnos, –dijo el agente exhalando humo–. Pero, recibí un reporte que me obliga estar aquí y quiero irme rápido, odio Nimbasa durante el día y me gustaría evitar el gentío.
Durante ambas crisis con el Equipo Plasma, Grimsley reconocía que tanto él como sus compañeros actuaron peligrosamente al margen de la ley. Sobretodo el segundo ataque en donde estuvieron más dispuestos a tomar un rol activo para proteger la región. No es que hicieran algo ilegal como matar a alguien o sabotaje, pero tampoco actuaron siguiendo las reglas y protocolos que les exigió la ALP después del primer incidente con N y Reshiram.
–Si cree que tengo información dañina acerca de Alder o cualquier otro miembro de la Elite Four… me temo que está preguntándole a la persona equivocada, –Grimsley tragaría vidrio antes de traicionarlos.
–Psshh, no me importan ellos, lo que sí me interesa es hablar de unas cosas que dijiste hace unas semanas, –el agente sacó de su bolsillo una grabadora de voz y al darle play, Grimsley escuchó atentamente el contenido.
Escuchó la voz de una operadora telefónica, gritos suyos en el fondo y también a Iris…. era la noche que Iris lo encontró… cuando llamó a emergencias para salvarlo…
–No fue tu mejor noche, ¿verdad? –preguntó el agente con tono sarcástico–. Créeme que yo tampoco entendía por qué me solicitaron escuchar esta grabación. Parece ser algo más para las revistas amarillistas de farándula…
–No me importa que sea de la policía, –Grimsley se levantó indignado y le tiró el cigarro regalado al piso para después darle la espalda–. Arrésteme si se atreve, váyase de aquí antes que mi Bisharp lo haga por mi.
–Bueno, como quieras, –el hombre guardó la grabadora en su bolsillo y encogió sus hombros desinteresados–. Hay otra testigo que puede darme la información que necesito, no te creas tan importante.
Su sangre se heló, se dio la vuelta y caminó para quedar cara a cara con el agente. No era alguien alto y estaba encorvado, pero esos ojos rojos seguían dando esa amenaza desinteresada que lo incomodó mucho y le caía humo de su cigarro en la cara.
–Iris no tiene nada que ver en esto, –dijo Grimsley con una voz peligrosa.
–Créeme, tiene todo que ver con esto porque gracias a ti, es una testigo que te encontró y también escuchó lo que gritabas esa noche, –el agente guardó sus manos en sus bolsillo sin dejar de mirarlo a los ojos–. Yo conseguiré esa información y te hago el favor de elegir de dónde la saco. ¿Cuál es tu apuesta ahora, Grimsley Mirton?
Empuñó sus manos y miró al piso. No quería involucrar más a Iris, jamás quiso involucrarla, tampoco quiso terminar así esa noche pero no encontró otra alternativa para callar a su cabeza.
–Eso pensé, –dijo el agente aceptando su victoria en el silencio apagando su cigarro–. Ahora, empecemos de nuevo: en esa llamada escucho tu voz en el fondo y repites varias veces que alguien está muerto y que perdiste… ¿quiénes eran y qué viste? ¿Contra quién peleaste?
Un nudo en su garganta no le permitió responder. Grimsley repensó los eventos de esa noche y existía una razón por la cual no le había contado a nadie lo que pasó. Sentía vergüenza, pero también cuestionaba la realidad de lo ocurrido.
–No creo que me vaya a creer…
–Sorpréndeme.
Grimsley miró sus alrededores nervioso, corroboró que no había alguien por ahí para escuchar su conversación. Los niños seguían en la casa, aunque ya no estuviesen correteando por el cuarto, podía ver sus siluetas sentados platicando en una cama. Quería escapar con ellos, estar en cualquier lugar menos ahí…. pero si no se quedaba, el agente iría a buscar la información con alguien mas e Iris no merecía sufrir más por su culpa.
Sabia que mentir no era una opción, necesitaba sacárselo de encima y convencerlo para no ir a buscar a Iris.
–Era de noche y fui a entrenar a las afueras de la liga. Tuve una alucinación de pelear contra alguien, perdí, –comenzó a relatar Grimsley–. Lo cual es estúpido, no hay forma que haya aparecido un desconocido en mi punto de entrenamiento una noche cualquiera. N-no sé bien qué vi, pero sentí un pánico espantoso, como alguien taladrando mi cerebro con gritos y recuerdos extraños. N-no podía moverme.
–¿Por qué crees que era una ilusión? –preguntó el agente.
–¿No es obvio? Amanecí en el hospital con puntadas, –Grimsley levantó su cabello y mostró su nuca con una gasa–. Obviamente en mi momento de pura estupidez me caí y el golpe me hizo ver cosas y el pánico me asustó tanto que solo quería callar esos gritos… siempre guardé esas cosas en mi cuarto durante mi tiempo de sobriedad como un reto, como para saber que los tengo ahí y que nunca volvería a usarlos… me daba fuerza para seguir sobrio… pero esos gritos…
–¿Qué gritos?
–Mis amigos, Alder, Shauntal, Marshal, Caitlin… todos siendo devorados por un monstruo que parecía más un agujero negro, –Grimsley empezó a temblar–. Sus gritos… se escucharon demasiado reales en mi cabeza… también vi a los dragones de leyenda siendo devorados… un muchacho de gorra montando a Reshiram… incluso a N en Zekrom… todos estaban siendo despedazados dentro de la boca de este monstruo… escuchaba el ruido de sus huesos quebrándose…. sus gritos rogando por sus vidas….
Solo recordar eso hizo que su estomago se hiciera un nudo, uno pesado que lo obligo a sujetarlo adolorido. Su pecho se sintio pesado, su cabeza le empezó a palpitar… La forma que ese monstruo devoro a sus amigos fue horrenda, verlos se arrastrados, verlos luchar para tratar de liberarse, fallar y luego ver en detalle como los despedazaban vivos y sin piedad…
Gritos, gritos y luego… puro silencio…
–¿Como se miraba ese monstruo? ¿tenia brazos?
–Era de color negro… y tenía varios brazos… aunque su boca era como un hoyo azul –Grimsley sintió un revoltijo en su estómago, solo pensar en eso le daba náuseas. No era el único en sentirse así al escuchar esa descripción.
–Y la ilusión del atacante, ¿te decía algo?
–¿Qué…?
–Mientras mirabas todo esto en tu cabeza… ¿qué hacía tu atacante?
Grimsley se sujetó el pecho asustado, ya le costaba respirar.
–Vamos miembro de la Elite Four, piensa. ¿Qué estaba haciendo tu atacante mientras escuchabas los gritos de tus amigos? ¿No trataste de enviar algún mensaje o algo? ¿No tienes algún Xtransceivier o lo que sea que usan aquí en Unova?
–M-mi Xtransceivier… el del trabajo… –Grimsley tomó su muñeca pensativo–. Lo perdí esa noche y me tuvieron que prestar un celular en el hospital…
Maldición, –pensó el agente sin cambiar la expresión de su rostro, lo había presentido cuando escuchó esa grabación en su oficina, pero rezaba que solo fuese su paranoia y que solo era el caso de otro famoso cayendo en el vicio… tal parecía que no…
–¿Qué más? –indagó el agente.
–C-creo que preguntó… ¿preguntó por Alder? ¿Si en mi mundo seguía vivo? Algo con un cuchillo creo… no.. no recuerdo… no…
Grimsley cerró sus ojos y pensó, en serio pensó al punto que le dolía la cabeza. Las drogas habían hecho el trabajo de callar esos gritos que lo atormentaron esa noche, también hicieron sus recuerdos borrosos y no estaba seguro qué fue real y qué fue su imaginación.
–Estaba encerrado… en una clase de ataúd… cuando escuché esos gritos… ¿un Cofagrigus me atacó…? –Grimsey miró asustado al agente–. M-mi atacante usó un Cofagrigus quien me atrapó en su sarcófago y ahí empecé a ver esas cosas… mis amigos…
El temblor de su cuerpo cada vez era más descontrolado y no paraba de sudar.
–Vamos miembro de la Elite Four, estoy seguro que la pasas peor cuando apuestas demás jugando las cartas, –el agente le dio una sacudida suave en su hombro, tratando de traerlo de regreso–. Lo estás recordando, ¿verdad? La cara de tu atacante.
–Tenía un algo… en su ojo izquierdo… Sí… el ojo izquierdo tenía un visor rojo… –Grimsley pensó más en su apariencia y de pronto abrió sus ojos asustado, como si finalmente algo cuadrara en su cabeza.
No dijo nada más y se quedó callado, el agente no se molestó en indagar más ya que quería darle el tiempo necesario. El silencio entre los dos fue quebrantado por una pequeña risa, una en voz baja que parecía asomarse en los labios del miembro de la Elite Four. Prontamente esa pequeña risa se convirtió en carcajadas descontroladas que incomodó al agente.
–¡Pero qué imbécil soy! ¡Esas drogas en verdad te destruyen el cerebro! –gritó Grimsley sujetándose la cara desesperado–. ¿Cómo es posible que tuviera ilusiones del mismísimo Ghetsis atacándome cuando está en la cárcel? ¿En verdad así de perdido estoy? ¿Monstruos comiéndose a los dragones de leyenda? ¿Ghetsis buscándome en la oscuridad?
Era verdad que poco tiempo después de detener a Ghetsis con su plan de usar a Kyurem, la policía lo había encontrado en un estado metal completamente roto, desilusionado e incapaz de hacer algo para dañar a alguien. Aún así terminó en una prisión de alta seguridad.
–Dijiste que tenía visor en uno de sus ojos, ¿en cuál? –el agente claramente tenía un interés por ese detalle.
–Ya le dije, en el izquierdo…
–¿Estás seguro?
–Jaja… lo sé, es difícil creerle al drogadicto de porquería, –respondió enojado Grimsley, luego se cubrió su ojo izquierdo con su mano viendo al agente con una sonrisa burlona–. Por supuesto que estoy seguro, puedo diferenciar entre la derecha y la izquierda.
Hubo un momento de silencio después de eso, Grimsley se apoyó contra un árbol al mismo tiempo que se sujetaba el pecho. Sentía que en cualquier momento su pecho explotaría del estrés. El Agente Internacional solamente cruzó sus brazos y se quedó pensativo, hasta que luego decidió pararse a lado de Grimsley ofreciéndole otro cigarro.
–Te aseguro que sabe mejor cuando no los tiras al piso, –tomó uno para él y lo encendió, Grimsley le aceptó uno y el agente le hizo el favor de prenderle el cigarro–. Son un poco caros porque son importados…
Ambos fumaron en silencio bajo la luz de la luna. La verdad si estuviesen en otro contexto, Grimsley estaba seguro que sería interesante conversar en la oscuridad con dicho hombre. Tenía pinta de tener historias interesantes y honestamente le intrigaba alguien como él.
–Bueno, esa es toda la información que necesitaba, –anunció el agente internacional después de terminar su cigarro.
–No involucre a Iris en esto… Prométalo… por favor, no la meta en esto… –la voz de súplica sonaba extraña viniendo de Grimsley–. Ya sufrió lo suficiente… no quiero que sufra más…
–No soy de hacer promesas, –dijo el agente sacudiéndose las manos–. Pero soy alguien práctico, ¿de qué me serviría buscarla si ya tengo la información que necesito?
–¿Qué hará con esta información? –preguntó preocupado Grimsley.
–Inferir e investigar, tal vez Ghetsis está en la cárcel, pero no puedo dejar a un loco corretear por ahí usando Pokemons fantasmas para torturar personas.
Grimsley lo miró seriamente a los ojos y no sabía qué sentía, pero ya no era miedo.
–¿En serio cree en la historia que le conté?
–Creo que tuvise una noche de mierda y honestamente, tu historia no es la más loca que he escuchado en mi trabajo, –sacó algo de su bolsillo y se lo lanzó a Grimsley–. Te los regalo, Arceus sabe que lo necesitas más que yo.
Era su cajetilla de cigarros, tenía una decoración de una isla tropical de color rojo y la palabra "Ula-ula" impresa en mayúsculas en la parte superior. Grimsley no pudo evitar sonreír y decirle:
–¿Cuál es tu nombre? Porque Agente Triple Zero es un apodo estúpido y me niego a llamarte así.
–Heh… si nos volvemos a cruzar y me das buenos cigarros, tal vez te lo diga.
–¿Y si mejor apostamos? Algo me dice que te gusta los juegos psicológicos como el Póker o tal vez algo más a lazar como el Blackjack.
–Nah, soy muy perezoso para ese tipo de juegos, –el agente estiró sus brazos y bostezó–. Gracias por el fuego, mi número está en esa cajetilla. No acepto citas pero sí información en caso que vuelvas a ver algo extraño. A ver si a la próxima logras sorprenderme con una mejor historia.
Movió sus manos en un gesto extraño y se alejó sin decir más. Grimsley continuó apoyado en el árbol, no supo cuánto tiempo quedó ahí pero en algún momento terminó sentado en el pasto y su Liepard salió de su Pokebola para apoyarse sobre él. El hombre empezó a acariciarla y su ronroneo lo trajo de regreso a la realidad.
–Qué noche… –dijo Grimsley mirando la cajetilla, efectivamente adentro de ella había una tarjeta de presentación que decía "000" y un número de teléfono, miró de nuevo los cigarros y suspiró agotado–. Ula-ula… huh… suena como un bonito lugar para visitar, ¿no crees Liepard?
Notas de la autora: creci con fumadores y juro que cuando se ponen a hablar de cosas serias, desperdician un monton de cigarros jaja no fumo pero es algo que note. Admito que este cap era mas largo, pero lo acorte para tratar de mantenerlo por debajo de 10 mil palabras.
Probablemente parece un poco confusa la historia de Grimsley y tambien el lugar de los gemelos en la historia, todo a su tiempo :) Y si no era obvio... si, el agente triple 000 es Nanu (recuerden que esta historia ocurre antes de Sol y Luna, post BW2).
