En las estrellas
La luz de los candelabros resplandecía magnificada por los espejos dorados que conformaban la cúpula del recinto, era tal su intensidad que fácil resultaba imaginar al artífice pretendiendo rivalizar con la luz del día. Sin conseguirlo, desde luego. Pues el efecto Purkinje seguía presente y las retinas contemplaban el ostentoso entorno ajustándose a lo que era considerado un ambiente de menor luz.
El hombre de cabellos claros se llevo la copa a los labios negando lentamente. A saber, porque en aquel momento a la mente le llegaba esa chachara científica, cuando la fiesta bullía a su alrededor celebrándose en su honor y claro, en el de ella.
Sus ojos pasearon por las parejas en la pista hasta que la encontraron, los rizos castaños caían por su espalda y una tímida sonrisa educada le bailaba en los labios mientras seguía el ritmo de la danza de la mano de uno de los anfitriones.
Una punzada de culpa cruzó el ceño del hombre, sabía que ella habría preferido tenerlo por compañía toda la velada, pero lo cierto era que aún no se veía capaz de sostenerle la mirada.
Le había fallado.
Parecía mentira que con sus años de supuesta experiencia hubiese caído como un tonto en la trampa de aquella egoísta. Era perfectamente consciente del calibre de los de su especie que aún se aferraban a aquellos devastados llanos, llamándolo sus tierras. Debió preverlo.
No entregarse como una mansa presa, permitiendo que los convirtieran en una tragedia.
─Pero ya éramos una tragedia.
La voz lo sacó de golpe de sus cavilaciones. La pieza había terminado sin que lo notara y ahí estaba ella, justo enfrentándole a la mirada de sus hermosos ojos a los que tanto había esquivado y claro, haciéndole objeto de sus nuevos dones. Una vez, más dejó caer la cabeza sobre el pecho.
Cuando contra todo pronóstico, aquella destartalada nave resultó poder volar, creyó que la inmensidad del cosmos quizá equilibraría su pena insondable.
Fue desconcertante que el viaje se sintiera corto y un puerto los recibiera. Pero lo que resulto del todo una sorpresa, vino cuando al darle la bienvenida, sus anfitriones señalaron que no era el cadáver de su amada a lo que se aferraba.
El ritual que la había abatido desencadenó el primer paso de su resurrección y la transformación ya había iniciado.
Ella volvería, pero su humanidad se había perdido y la dicha que le embargó se vio opacada por la culpa de no haberla protegido, de que sus palabras al desear que no viviese cómo él, resultaran vacías. Era una vergüenza para el amor que le prodigaban y el sentimiento le había acompañado cada noche hasta la presente en que se encontraron de vuelta en su fiesta de bienvenida.
─Todo ha sido mi culpa Charlotte, no he sido merecedor de…
Ella detuvo sus palabras con dos dedos sobre su boca, le tomo la barbilla y lo obligó a mirarla
No, mi amor, este siempre fue el destino. ¿Recuerdas cómo me contaste que algunos le llamaban a este lugar?
─Sí… paraíso.
─Aquí me han contado que le llaman exilio. Y en una eternidad en el exilio, lo que mejor debes elegir es tu compañía. Mira a tu alrededor, cada humano que llegó a esta tierra de la mano de su ser amado, ha sido convertido. Porque no hemos llegado tan lejos como para permitir que nos separaren.
Sonrió con convicción. Meier no pudo más que compartir el gesto, aquella mujer había inmolado en el fuego de sus sentimientos cuanto lazo anterior había tenido. Frente a aquellas palabras llenas de verdades, lo suyo parecía una rabieta por su orgullo herido.
Admirado puso una rodilla en tierra y le sostuvo las manos con respeto.
─Te amo.
Pronunció con tal devoción que más que una declaración parecía un juramento, ella asintió como una reina recibiendo lealtades y cuando lo invitó a levantarse, una salva de aplausos coronó el momento.
Sólo entonces recordaron que no estaban solos y que la fiesta aún era joven. Tan joven como su futuro, porque al final ahí estaban.
Vampiros ambos, en la ciudad de la Eterna Noche, libres al fin para amarse por siempre.
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Holaaaaaaaa
Feliz Octubre para todo.
Henos aquí, intentándolo de nuevo.
Para hoy: Vampire Hunter D: Bloodlust
Una de mis películas favoritas ever and ever
Este año comenzamos dándole redención a un drama, porque yo sé que alguna vez ustedes lo desearon como yo, que estos amantes fueran felices e igual que yo, le dedican sus improperios a la Carmilla.
