Capítulo 25
Itachi bajó las escaleras del castillo a toda prisa para reunirse de nuevo con sus hombres. Esperaba que alguno de ellos tuviera pistas sobre el paradero de Sakura o de Karin, pues después de buscar durante más de una hora por todo el castillo, no habían logrado encontrarla. Los guerreros apostados en la muralla les habían dicho que la habían visto entrar hacía rato, pero no salir, por lo que estaban seguros de que debía estar escondida en algún lugar de esos muros.
El joven salió al patio y los vio allí reunidos, pero en el rostro de todos descubrió una mirada apenada y llena de preocupación. El primero en adelantarse fue su hermano Sasuke, quien comenzó a negar con la cabeza, indicándole que no habían tenido éxito en la búsqueda.
—¡Maldita mujer! —bramó Itachi mirando de un lado a otro del patio—. ¿Dónde demonios estará? ¿Ha salido alguien del castillo después de que ella viniera?
Kisame se acercó a él y negó.
—Nadie.
—¿Habéis mirado las caballerizas? —les preguntó deseando que no lo hubieran hecho tan solo para que su esperanza siguiera intacta.
Sus hombres asintieron y lanzó una maldición en gaélico. Itachi comenzó a pasearse de un lado a otro, preguntándose dónde podría estar Karin, pues ni siquiera los sirvientes, a los que habían preguntado nada más llegar, la habían visto en todo el día. Itachi se llevó una mano a la frente y frotó lentamente. Le dolía terriblemente la cabeza y pensó que, sin duda, aquella no era la noche que había esperado tras su boda. El joven se giró hacia el castillo y miró los altos muros de piedra mientras se preguntaba una y otra vez lo mismo. Al cabo de unos segundos, sintió tras él la presencia de sus hermanos e Shisui le puso una mano en el hombro.
—Las encontraremos —le dijo con seriedad.
Itachi giró la cabeza para mirarlo y sintió aún más preocupación. Su hermano pequeño no solía mostrarse casi nunca serio y cuando lo estaba, sabía que era porque estaba realmente preocupado por algo, lo cual lo sumió aún más en la inquietud. Y fue entonces cuando un recuerdo llegó a su mente. Tras llevar a Sakura al castillo, la joven había encontrado la manera de salir de la fortaleza sin ser vista por nadie, y lo hizo a través de un pasillo y unas escaleras que jamás eran usadas, por lo que estaba seguro de que nadie habría mirado por allí.
Se giró con rapidez hacia sus hermanos y el resto de sus hombres y los miró con atención:
—¿Alguno de vosotros ha buscado en las escaleras de servicio que llevan años sin usarse?
Todos se miraron entre sí con rostro sorprendido y vio que todos negaban, algo en que en parte lo alivió, pues aún quedaba un resquicio de esperanza en su corazón.
—Sasuke, Shisui, vosotros id a la parte trasera del castillo para evitar que salga por esa puerta. Yo iré por dentro del castillo.
—Ten cuidado, hermano —le pidió Sasuke.
—Siempre —afirmó apretándole el hombro—. Vosotros esperad noticias. Si la encontramos, iremos a por Sakura.
Los tres hermanos se separaron y Itachi entró en el castillo como alma que lleva el diablo. El joven dejó la antorcha colgada de una pared para evitar que la luz de la llama señalara su posición y se dirigió casi a oscuras hacia las escaleras. Cuando llegó al piso superior, todo se volvió negro, pero conocía cada palmo del castillo y logró avanzar por el pasillo sin necesidad de una antorcha. Intentó que sus pasos no resonaran contra las piedras y cuando llegó al final y encontró la escalera, tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para contener la ira que le recorrió el cuerpo. A medida que avanzaba, por ellas vio resplandecer la luz de algo pequeño, tal vez un candil, y bajó con lentitud para intentar adivinar si la persona que estaba en el pasillo hablaba con alguien. No obstante, el silencio era sepulcral.
Al cabo de unos momentos, Itachi llegó abajo y tras mirar de un lado a otro descubrió que no había nadie. Efectivamente, un candil reposaba en el suelo sobre las piedras y Itachi frunció el ceño. Estaba seguro de que alguien debió haberlo puesto ahí hacía poco tiempo, pues la base de aceite estaba llena, por lo que esa persona debía de estar cerca. Con paso dudoso, el joven avanzó por el pasillo y cuando llegó frente al candil intentó agacharse, pero de soslayo vio un movimiento extraño a su espalda y se giró con rapidez para frenar la mano de Karin, que llevaba una pequeña daga entre las manos y había intentado clavársela en la espalda.
—¡Eres un desgraciado! —vociferó con lágrimas en unos ojos desorbitados y de mirada perdida.
Itachi apretó con mucha fuerza la muñeca de la doncella hasta que sus dedos se abrieron y dejaron caer al suelo la daga.
—¡Es peor ser un traidor al laird y a tu propio clan! —bramó Itachi empujándola contra la pared y sujetando sus manos—. ¿Dónde está Sakura?
Karin lo miró, pero sin verlo y finalmente sus hombros comenzaron a agitarse cuando un ataque de risa la sacudió.
—¿Qué pasa, te ha abandonado ya tu esposa?
Enfurecido, Itachi puso una mano en su cuello, pero la joven, al verlo tan cerca, restregó su cuerpo contra el de él.
—Si quieres puedes pasar tu noche de bodas conmigo...
—Estoy intentando contenerme para no golpearte, muchacha, así que no me provoques más. ¿Dónde está mi esposa?
Karin rió con tanta fuerza que se le saltaron las lágrimas y, aunque Itachi apretó los dedos alrededor de su cuello, pareció no importarle a la doncella. Al contrario, volvió a restregar su cuerpo contra él, por lo que Itachi se alejó apretando con fuerza sus muñecas y empujándola hacia la puerta de salida que la propia Sakura había usado cuando intentó escapar.
La risa de Karin le provocó un escalofrío de terror a Itachi, pues fue consciente de que la locura había entrado en la mente de aquella joven y supo que había sido capaz de cualquier cosa por separarlo de Sakura, incluso provocarle la muerte con aquella daga que la había obligado a soltar.
—¿Dónde está mi esposa? —volvió a preguntarle antes de abrir la puerta de una patada. Karin se giró hacia él y amplió su sonrisa.
—Muerta, que es como debe estar.
Itachi la empujó con rabia hacia el exterior y allí se encontraron con Sasuke e Shisui, que miraron el aspecto de la joven con asombro.
—Vaya... Los hermanos Uchiha —se burló Karin antes de que un nuevo ataque de risa la sacudiera
—. ¿Vosotros también buscáis a la Haruno?
Ambos fruncieron el ceño y se miraron entre sí antes de dirigir su mirada hacia Itachi cargada de preguntas.
—Si quieres vivir, más te vale confesar dónde está mi esposa —la amenazó.
Karin escupió a los pies de Sasuke, que tuvo que ser sujetado por Shisui para evitar que se lanzara sobre ella. Al instante, Itachi la empujó hacia el camino que llevaba al patio principal del castillo y donde estaban esperando sus hombres. Y al verlos Karin allí, en lugar de sentir miedo, en su rostro apreció una expresión que indicaba todo lo contrario. Itachi la empujó al centro del círculo que sus hombres y él formaron y Karin miró a todos y cada uno de ellos con la misma sonrisa hasta que volvió a reír.
—Vaya... por primera vez soy importante en el clan —dijo regocijándose.
—¿Dónde está la esposa del laird? —preguntó Kisame cuando la joven posó su mirada en él.
Karin se acercó lentamente al guerrero y acarició su pecho hasta que este dio un manotazo para apartarla de él. La miró con ira contenida y esperó su respuesta.
—¿Tú también te has enamorado de ella? ¿Os habéis enamorado de ella? —vociferó preguntando a los demás—. ¿Tan pronto habéis olvidado que es una enemiga? Fui yo, ¡yo!, quien sugirió a Itachi que fuera a por ella al convento para matarla y así conseguir que liberaran a su querido hermano pequeño.
Y se volvió hacia el aludido, que torció el gesto y apretó los puños.
—¿Y cómo me lo devuelve nuestro querido laird? Apartándome de su cama y de su vida para casarse con esa maldita furcia. No mereces estar con ella, ni vivir feliz el resto de tus días. Ahora ella está en el lugar donde debiste meterla: ¡bajo tierra!
Sin poder contenerse más, Itachi se dirigió a ella con el rostro enfurecido, la aferró de la ropa y la sacudió con fuerza.
—¿Dónde está, maldita seas, dónde?
—¿Habéis mirado en el bosque? —preguntó con tono burlón sin mostrar sentimiento alguno por las sacudidas de Itachi—. Creo recordar que fue tu padre quien lo mandó hacer...
Itachi no entendió lo que quería decirle hasta que, de repente, la imagen de la trampa en el bosque apareció en su mente. Se maldijo a sí mismo por no haber avanzado más en la búsqueda del bosque, pues se habían quedado muy cerca de ese lugar cuando la buscaron antes de volver al castillo.
—No habrás sido capaz... —susurró cerca de ella mirándola a los ojos.
La risa de la joven fue lo que le confirmó sus propias palabras. Itachi la empujó lejos de él para evitar matarla con sus propias manos, haciéndola caer al suelo. En pie la miró con desprecio y le dijo:
—Maldigo el día en que te metí en mi cama —dijo entre dientes—. Quedas expulsada del castillo y del clan en este mismo instante. Kisame te llevará ahora a las mazmorras y cuando encontremos a Sakura, te marcharás. Pero por tu bien espero que esté viva, si no, pagarás con la tuya propia.
A una señal suya, el guerrero la levantó del suelo mientras reía estrepitosamente, provocando en Itachi un escalofrío de terror al pensar que Sakura podría estar muerta. Después miró a sus hermanos y sus hombres y les dijo:
—La ha metido en la trampa para animales del bosque. —Un murmullo de asombro se extendió por sus hombres—. Iremos con los caballos mis hermanos y yo. Si está herida, no podrá caminar, así que partiremos en dos minutos. Vosotros quedaos aquí y descansad.
Dos de sus hombres corrieron hacia las caballerizas para preparar los caballos, que estuvieron ensillados en dos minutos, y Itachi, Sasuke e Shisui salieron a galope por el gran portón camino de las profundidades del bosque.
En poco tiempo se encontraron donde la doncella les había indicado y Itachi desmontó antes de que su caballo parara, al cual dejó suelto. El guerrero se precipitó hacia el agujero, que vio que había sido tapado con ramas y hojarasca, y las apartó con la ayuda de Sasuke.
—¡Sakura! —vociferó.
Con facilidad quitó los hierros que Karin había dejado sobre la trampa y cuando Shisui acercó la antorcha para ver el interior, el laird no pudo evitar lanzar una exclamación al ver a Sakura caída y con la cabeza ensangrentada.
—¡Sakura! —la llamó—. Responde, por favor.
Pero la joven apenas se movió.
—Maldición —bramó levantándose y corriendo hacia su caballo para sacar de las alforjas una cuerda.
Itachi le pasó un extremo a Sasuke e Shisui para que sujetaran con fuerza y con el otro se hizo un nudo alrededor de su cadera para lanzarse hacia el interior del agujero. Con cuidado de no hacer daño a Sakura, Itachi bajó pisando las piedras que sobresalían de la pared y cuando apenas le quedaba un metro, saltó.
—Sakura —susurró acariciándole la cabeza—. Despierta...
La joven gimió al escuchar la voz del guerrero y movió ligeramente la cabeza. Esta le dolió tanto que llevó una mano para sostenerla y gimoteó de nuevo. Lentamente, con las caricias de Itachi fue despertando y abrió los ojos. Su mirada se encontraba perdida, pero segundos después la enfocó y vio al guerrero.
—¿Estás bien? —le preguntó este suavemente sin dejar de acariciar su cabeza. Sakura se mordió los labios a punto de llorar, pero asintió.
—Me duele mucho la cabeza y el pie.
—Tranquila, vamos a sacarte de aquí —le dijo antes de besarla—. Estás a salvo. No parece un corte demasiado profundo.
Itachi revisó su cabeza en busca de otras heridas, pero suspiró aliviado al ver que solo tenía una. Después miró su pie. Este sobresalía entre la tela del vestido y lo vio ligeramente hinchado, por lo que supuso que al caer se lo había torcido. Y suspiró aliviado tras ver que la caída no le había producido heridas graves o la muerte.
—¿Puedes aferrarte a mí, Sakura? —le preguntó con la misma suavidad de antes.
—Creo que sí —gimió la joven al ver que se mareaba al intentar incorporarse.
Itachi pasó sus enormes brazos por debajo de su espalda y piernas y la aferró contra sí. El guerrero besó su frente cuando Sakura se apoyó en su hombro y le habló de nuevo:
—Necesito que te agarres con fuerza a mí, ¿de acuerdo? —La joven asintió—. Mis hermanos nos sacarán de aquí y tienes que estar quieta unos momentos.
Sakura asintió de nuevo y apretó los brazos alrededor del cuello del guerrero cuando este se acercó a la pared. Itachi levantó la mirada y vio el rostro de sus hermanos.
—Tened cuidado, por favor. Pondré los pies en las piedras para impulsarme, pero no puedo aferrarme a ellas.
—Descuida, hermano —dijo Shisui—. No os dejaremos caer. Cuando estés preparado, dilo.
Itachi asintió y puso el primer pie en la piedra mientras sujetaba con fuerza a Sakura, que había cerrado los ojos contra él y esperaba a que todo terminara. Respiró hondo, miró de nuevo hacia arriba y vociferó:
—¡Ahora!
La cuerda que ató a su cintura se estiró y poco a poco el peso de su cuerpo comenzó a subir. El guerrero puso el pie en otra piedra y se impulsó de nuevo, haciendo el trabajo más fácil a sus hermanos.
Poco a poco, fueron escalando la pared y cuando por fin estuvieron arriba, tiraron de nuevo de la cuerda para alejar a Itachi del agujero. Gotas de sudor perlaban la frente de los tres hermanos, pero todos se mostraron alegres de haber salvado con vida a la joven.
Sasuke e Shisui intentaron no agobiar a su cuñada, que los miró con ojos llorosos y cansados, y ayudaron a Itachi a montar el caballo sin que tuviera que soltar a Sakura.
—Ya estás a salvo —le dijo cuando sus hermanos se dirigieron a sus caballos—. No pienso dejarte sola a partir de ahora.
—Lo siento, Itachi —gimió la joven contra su pecho cuando el animal inició la marcha—. Karin me dijo que Nagato se había caído a un agujero y necesitaba nuestra ayuda. Me convenció para no decir nada a nadie y marcharme a escondidas. No sabía que pretendía matarme. Nunca la vi capaz.
Itachi le acarició la cabeza suavemente.
—Tranquila. No es culpa tuya. Karin ya no será un problema para nosotros. Una persona como ella no tiene cabida en nuestro clan, así que mañana a primera hora será expulsada de nuestras tierras.
Sakura suspiró contra su pecho con alivio. No deseaba ningún mal para la doncella y de hecho no habría querido expulsarla, pero después de aquello, sabía que no podría seguir allí sin que su vida corriera peligro de nuevo. Así que con la tranquilidad de saberse a salvo por fin, Sakura se dejó mecer por la marcha del caballo, se acomodó en los brazos de Itachi y volvió a sumirse en un profundo sueño.
