Mis notas: Si existe algún error en la ortografía, por favor, menciónelo y lo corregiré. Si dejas algún comentario, estaría muy agradecido. Gracias por leer mi pequeño proyecto personal.
PD: Estaré tratando de actualizar este proyecto los jueves, aunque no prometo nada. Nuevamente, gracias y…
Capítulo 18: Asalto en el Last River
POV Domeric Bolton
297 AC – 18 años
El golpe seco de los escudos y las largas alabardas, alertaron mis sentidos. Los hombres trataron, sin mucho éxito, hacer formaciones de asalto, en plena oscuridad de la noche.
Tenía todo lo que necesitaba para la ocasión: una confiable espada bellamente decorada, un escudo remachado, y la armadura de placas, reforzada pero simple. Vestía lo suficiente para no estorbar sus movimientos.
Una sonrisa sutil rondo mis labios, su mano palpo la bolsa de cuero que tenía, pues, ahí resguardaba sus preciosas botellas de esencia de Weirwood.
Había sentido la necesidad de hacer una pequeña demostración de locura Bolton en medio de todo el asunto, sus fanáticos tenían deberes sagrados que cumplir y lo harían hasta tomar el ultimo sorbo.
Por otro lado, sus espadas juradas liderarían el asalto. Seguido por la infantería, que habían llegado a dominar el arte de agujerear sin cuidado a todo lo que se moviera con sus alabardas
"Fieles a su sentido del deber, avanzaron en la penumbra"
Avanzaron encorvados, nerviosos y apelmazados, el peligro de ser descubiertos por el enemigo, era real. Aun así, el sonido cortante del viento ayudo a ocultar su travesía y, dentro de todo, los arqueros hicieron un gran trabajo, matando a los desprevenidos exploradores enemigos.
La distancia del campamento enemigo se fue reduciendo poco a poco. Al punto de ver a algunos desafortunados enemigos, vaciando sus intestinos en las inmediaciones del rio. Por supuesto, no pudimos dejarlos vivos, varias flechas terminaron por interrumpir el momento de su privacidad.
Su avance se detuvo raudamente cuando a su señal, varias filas de arqueros avanzaron. Desde la retaguardia, un grupo simpar de sujetos avanzo con los orinales acuestas, que antaño contenían desechos. Ahora estos eran depósitos de brea.
Al siguiente instante los arqueros prendieron fuego a la brea y seguidamente cargaron las flechas incendiarias. Casi como una afirmación tacita, todos asintieron entre sí y, miles de flechas luminosas cayeron sobre el campamento enemigo, prendiéndolo todo en un instante; un instante hermoso.
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El maldito vidrio roto en la tierra, no le importo, al menos hasta que vio el líquido rojo mezclado con el fango… ¡Maldita sea!
La guerra requería concentración, en especial cuando se esperaba que dirigiese el maldito frente de batalla, donde cientos de enemigos amenazaban con quitarle la vida.
Tomando en consideración su existencia, rápidamente metió su mano en la bolsa de su cintura; un pequeño frasco con un líquido rojizo distintivo salió de él. El tiempo se alargó en un silencio insano, el líquido rojo cayo por su garganta, momentos después se encontró nuevamente siendo el centro de atención de la masacre que le rodeaba.
- ¡Por los Karstark! - Escucho desde su frente y vio aun sujeto intentando córtale la garganta con lentitud extrema. Rápidamente dibujo su espada y una cabeza con un rostro sorprendido, voló por los aires.
- ¡Nuestras cuchillas son afiladas! – Los gritos del asalto cobraron fuerza y el brazo de otro sujeto que lo ataco cayo por el filo de su espada. Sus gritos terminaron en llantos y sus llantos se mezclaron con el rojo de su sangre.
Los fanáticos que lo acompañaron en la carnicería, no se quedaron atrás. Fruto de la intoxicación por esencia de Weirwood, desmembraban y agujereaban a cuanto se les apareciesen en frente. La infernal imagen pronto pareció asociarse a el nombre de su casa.
- ¡Piedad Bolton, piedad! – Las palabras se las llevo el viento, cuando partió el duro cuero del sujeto arrodillado y su espada bellamente decorada se atascó en sus tripas.
- ¡Sin piedad! – Grito al cielo nocturno, cuando arranco su espada del cuerpo del sujeto. Este horrorizado, forzó sus manos en el corte, en un intento de evita que sus tripas se le escapen.
En ese instante un gigantesco guerrero, que se parecía a Drak, llamo su atención en la lejana distancia. Estaba vestido de cuero negro y tanto el, como otros que lo acompañaban, parecían estar formando una defensa sólida, en lo más profundo del campamento enemigo.
La sorna sonrisa en el rostro del guerrero, cobro importancia cuando, desde su lugar, arrojo una lanza con fuerza desmesurada. Irremediablemente vio el ataque y lo esquivo, no sin antes que la lanza siguiera su curso y acaba con la vida de uno de sus hombres.
Casi por instinto arranco una lanza clavaba en la nuca de un enemigo, el cadáver pareció reaccionar a su atrevimiento, ya que una de sus piernas se movió erráticamente. Una de sus cejas se alzó ante el extraño suceso, pero no paso nada termino por arrancar la lanza.
Al siguiente instante apunto a la distancia. Los segundos se ralentizaron, la lanza surco el viento en una parábola, directo al enemigo. La precisión fue tal, que traspaso el cráneo del guerrero por el ojo izquierdo.
No fue un acto de valentía ni de preponderancia, ya que tenía un objetivo más apremiante. La pequeña formación enemiga pareció desestabilizarse. En eso, por un instante, vio a un sorprendido Karstark asomarse desde detrás de dicha formación.
No fue su día de suerte, el gigantesco guerrero se había sacrificado por su lord…
- ¡Hombres conmigo! – Grito, cundo vio a su presa escapar entre el caos.
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Unos momentos antes…llegada de la caballería.
En las cercanías del lugar, en una colina escarpada, un contingente de caballería parecía estar tratando de entender la situación. Frente a ellos, una cruenta batalla se cernía.
¿Podía ser casualidad? No lo parecía, si así fuera, sería fácil ganar las malditas guerras.
Al menos esto pensaba el grupo de caballería, que miraban con recelo el asalto en el horizonte nocturno. Casi por aceptación, comprendieron que, para la mente detrás de dicho plan, esto seguramente sería una cuestión de…
¿Planes bien ejecutados? Si, eso debía ser…
La pregunta rondo por sus mentes y, puntos llameantes se encendieron en el campamento enemigo, el caos se apodero de la noche.
Cuando esto sucedió, no se preguntaron qué estaba pasando. Se sabía que las casualidades no existían sin motivos. Pero antes de averiguar el motivo, primero tenía que aprovechar el momento. Los enemigos huían despavoridos y se replegaban hacia su dirección, prácticamente servidos en bandeja de plata.
- ¡Es una emboscada de lord Bolton! – Dijo uno de los hombres, después de regresar del campamento enemigo. Tenía el rostro expectante y en jubilo.
- ¡Snow! ¡Cambio de planes! – Se escuchó el grito de mando del frente del grupo.
- ¡No necesitas decírmelo! – La respuesta corta ignoro a su contraparte, cuando el "Snow" arrió a su caballo por delante del grupo.
- ¡Maldición Snow espera! ¡Hombres! ¡Conmigo!
Lentamente los suelos empezaron a retumbar, junto a la carga de la caballería Bolton. Tiempo después los gritos desgarradores se escucharon, cuando la esperanza de supervivencia del enemigo se vio envuelta en desgracia.
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POV Domeric
Parecía que, incluso con la ayuda de la esencia de Weirwood, era inevitable el cansancio acumulado. Los golpes y heridas que recibió solo acentuaron su maltrecho estado.
Fue así que, al final, termino siendo alcanzado por la marea de sus hombres, hambrientos de más enemigos que diseccionar. No pensó que sus hombres fueran tan salvajes, pero parecía que había subestimo la naturaleza norteña de su gente.
Aun con todo, su presa había logrado escapar en el último momento… En la lejana distancia pudo vislumbrar una compañía de caballeros karstark huyendo hacia lo desconocido, que, con total seguridad, lord karstark lideraba.
Algunas flechas le zumbaron por las orejas y otra ronda de enemigos intentó subir a su pila de cadáveres para matarlo.
El amanecer casi había llegado, cuando alzo la vista, solo para encontrarse en el medio de un montículo de cuerpos sin vida. El viento soplo y la bandera Bolton ondeo a su lado, clavada en el trasero de algún desdichado en señal de victoria.
Había sido una apuesta calculada, ocho mil hombres karstark contra sus cinco mil de los suyos. Los exploradores habían informado tiempo atrás de la ausencia de caballerías enemigas. Supo entonces que Locke y Ramsay habían seguido el plan. La buena noticia de todo esto es que habían masacrado la infantería del enemigo, la mala, no había mala.
- ¡Mi lord! ¡El Karstark está escapando! – Anuncio Drak cuando llego a su lado. – ¡Hombres! – Grito su espada jurada casi instintivamente, pintado de rojo y con ganas de continuar con la fiesta.
- ¡Déjenlos, ya no nos sirven! – Ordene con voz cortante.
- Pero, mi lord, aun podemos… - Drak no llego a acabar su oración. El retumbar del suelo anuncio la llegada de un nuevo grupo.
- ¡Drak! – Ordene – ¡Repliega a los hombres y asegura a los prisioneros, toma cuantos puedas!
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El karstark había logrado huir, dejando a su merced a miles de los suyos.
El sonido de los cuernos, acompañado del lamento de los heridos llego a sus oídos. Sabía que varias cosas podían salir mal, sin embargo, al final las probabilidades le dieron la victoria.
Hombres amordazados temblaron de miedo, otros tantos se les unieron después de presenciar la carga de la caballería Bolton, no tenían escapatoria.
- ¡Son ser Locke y ser Ramsay Snow! – Grito uno de sus hombres a caballo cuando se acercó a informar – Parece que llegaron desde la retaguardia, mi lord – Asentí, con una sonrisa en el rostro, antes de cambiar a un estado de preocupación.
- ¡Rápido! ¡Informa que quiero prisioneros y no cadáveres! – Ordene rápidamente, recordando el propósito de todo esto, pero no estaba tan seguro si su orden llegaría a tiempo. – Sí, mi Lord – Vio galopar raudamente al caballo de su mensajero.
El sol se posó sobre sus cabezas y los gritos de dolor se calmaron progresivamente. Algunos animales empezaron su festín correspondiente y otros tantos hombres empezaron el saqueo inminente.
En la distancia reconoció rostros conocidos, cabalgando en grupo hacia su dirección. Locke y Ramsay lideraban a la caballería.
- Se ven cansados…
Dije, cuando llegaron a presentar sus respetos y entraron en su tienda improvisada, el suelo de barro no pudo remediarse, pero al menos su cabeza tendría un techo.
- Saber que siguen con vida me llena de satisfacción – Sonreí levemente, y nos sentamos alrededor de una mesa circular.
- Restamos importancia a nuestras vidas, pero logramos sus objetivos, mi Lord – Dijo Locke con suspicacia, al ver a los miles de prisioneros atados, caminar en filas rumbo a los Drakkars.
- Las minas estaban descuidadas, creo que ha llegado el momento de cambiar eso – Respondí y agregué – Además, no tenemos muchas opciones, los Karstark no pagaran el rescate de sus hombres.
- Perdimos a quinientos buenos hombres, mi lord – Escucho decir a Locke algo ¿apenado?
– Era un sacrificio necesario – Interrumpió Ramsay – Además, por cada hombre que perdimos, los Karstark han perdido muchos más – Agrego su hermano de manera tajante.
Su mente trabajo de manera imprevista, cuando los números de muertos se contabilizaron. Locke y Ramsay habían sorteado a la caballería enemiga y masacrado a los hombres Karstark que huían, a costa de por lo menos quinientos hombres a caballo.
Por su parte, también perdió quinientos hombres durante el asalto nocturno… Mil hombres en total…
Parecía una cifra menor cuando vio los miles de cuerpos sin vida regados por todos lados.
Los Karstark tenían a mil hombres a caballo acosando a Ramsay y Locke, estos no participaron en la contienda.
Pero de los ocho mil que se quedaron en el campamento Karstark, solo llegaron a huir a lo sumo dos mil, el resto, murió en la retirada, cuando fueron aplastados por la carga de caballería de Locke y Ramsay, o bien podían estar entre los prisioneros.
Tenía en sus filas a quinientos hombres a caballo y otros cuatro mil quinientos a pie. A los Karstark le quedaron, mil a caballo y dos mil a pie… Eran números alentadores. Tomando en cuenta que, al principio, prácticamente los duplicaban en números.
- Parece que nuestro enemigo en el norte está acabado – Dijo Locke, cuando dio un sorbo a su vaso de licor Bolton.
- Tal vez. Dyron y Walton marchan hacia el sur para hacerle frente a los Hornwood –Dije, cuando mire a Locke y Ramsay de frente– Les estos agradecido por sus esfuerzos, pero debemos continuar… Llevare al resto de los hombres a Karhold. Ustedes resguardaran el lugar hasta que los prisioneros sean transportados a Dreadfort– Ordene, pensando en las consecuencias de esta acción.
- ¿Y si las zorras Karstark deciden aparecer? –Pregunto Locke– Ese hierro puntiagudo (abrojo) solo los detendrá hasta el anochecer –Continuo Locke, tomando otro trago de licor, el olor a alcohol había empezado a filtrarse en su tienda.
- Tenemos a tres mil de ellos enjaulados –Agrego Ramsay, con una suave sonrisa macabra, sus pensamientos eran tan claros como el agua.
- Si eso sucede… –Susurre, mientras daba un sorbo profundo a mi propio vaso de licor– Sacrifiquen a cuentos puedan y repliéguense al sur.
POV Rickard Karstark
297 AC
La bendición, un milagro de la vida misma, sus martirizados hombres seguían vivos. Inesperadamente la noticia del milagro fue acompañada de tragedia. Sus hombres seguían vivos, pero en manos del enemigo.
Se lo hicieron cuando un mensajero Bolton llego a su campamento improvisado: Atacar a los Bolton significaba la sentencia de muerte para sus hombres apresados. ¡Mierda!
- Padre, se puede vadear el Last River, tomar la ciudad Bolton y… ¡Podríamos negociar con ellos y recuperar a los nuestros! –Dijo Harrion, su hijo mayor y heredero, alzando su voz frenéticamente.
La multitud de espadas juradas, que los acompañaban, discutieron sus opiniones ante la declaración de su hijo mayor. El estridente murmullo de los reunidos continuó durante un tiempo en su tienda de campaña.
La vista de las espadas juradas, que se aglomeraban alrededor de su heredero, lo lleno de orgullo, su hijo era un hombre de buen temple.
- ¡Los antiguos dioses lo ven todo! ¡Abandonar a los nuestros debería ser el último recurso! –Torrhen, su tercer hijo, hablaba para abogar por sus hombres apresados, quienes con seguridad morirían si atacan la ciudad Bolton.
- ¿Que no, los malnacidos Bolton enviaron una advertencia? Si atacamos, tres mil de los serán sacrificados como el ganado – Eddard, su segundo hijo, aplaco de cierta forma las ansias de venganza de su gente.
Las amenazas eran reales, no podía negar que los Bolton tenía una reputación bien ganada. Estaba dispuesto a recuperar a su gente, pero que se podía hacer cuando el enemigo te tiene sujeto por los huevos.
- ¡Es un sacrificio que debemos estar dispuestos a sobrellevar! – Su hijo mayor Harrion, continúo convenciendo a sus hombres de atacar la ciudad Bolton– ¡No podemos quedarnos sin hacer nada! ¡No somos cobardes! – Sentencio, su heredero, mirando amenazadoramente a los suyos.
- ¡Lord Karstark, Karhold no estará seguro hasta que los Bolton sepan de lo que somos capaces! –Escucho las palabras de una de las espadas juradas que alzo la voz desde un rincón.
- ¡Es verdad! ¡Esperar compasión del enemigo es el fin de cualquier ejército, mi lord! –Agrego otra espada jurada, dando pie al clamor de los presentes…
- ¡Debemos tomar la ciudad Bolton y demostrar que también podemos joderlos!
- ¡Deberíamos quememos hasta la última casa de esa maldita ciudad! ¡No es todo de madera, después de todo!
Su multitud de locos llamo a marchar sobre el baluarte de los Bolton. No era un plan descabellado, solo había un pequeño detalle…
- ¡¿Acaso olvidaron hacia donde se dirigen los malditos Bolton?! ¡Piensan abandonar Karhold! – El grito de Eddard, su segundo hijo, ayudo a enfriar el corazón pasional de su gente.
– ¿Cuánto pueden tardar ese mocoso Bolton en asediar Karhold? –Se escuchó la pregunta entre la multitud.
- ¡Tenemos provisiones para tres años! – Se adelantó a responder Harrion, su heredero– ¡Karhold puede esperar, por otro lado, la ciudad Bolton no!
- ¡Es verdad! –Termine por ceder ante la razón – ¡Los errores del pasado no se volverán a repetir! ¡Tomaremos la ciudad y recuperaremos a los nuestros! – Grite al cielo, dando por sentado el fatal destino que sufrirían los prisioneros que tenían los Bolton.
