Es natural ilusionarse con que nuestros hijos sigan nuestros pasos, en especial cuando ellos muestran un interés en lo que hacemos que va más allá de su curiosidad infantil. También lo es sentir que nuestro corazón se rompe cuando ellos deciden tomar otro rumbo, aun siendo cercano.
Desde siempre, Kumiko se ha sentido atraída por la música, canturreando melodías, jugueteando con nuestras guitarras o escuchando con una sonrisa cuando Azu-nyan y yo ensayamos o componemos. Sus juguetes favoritos son los de temática musical, y su maestra del jardín de niños resalta que tiene un buen desempeño en las actividades musicales.
Azu-nyan y yo estuvimos hablando acerca de comenzar a enseñarle a tocar la guitarra. Ella, habiendo comenzado a tocar a sus 9 años, sigue pensando que esa es la edad adecuada, pero yo quise empezar tan pronto como fuese posible. No en vano estudié pedagogía enfocada en educación preescolar, aunque no haya ejercido por mi carrera musical. Mi esposa accedió, a sabiendas de lo difícil que es hacerme cambiar de opinión, pero ninguna contaba con que nuestra hija heredara ese lado de mí.
El día del sexto cumpleaños de Kumiko, la llevé a la tienda de música donde compré a Guitah. Ella se veía bastante emocionada ante la idea de tener su primer instrumento, brincando de un lado al otro por los pasillos. Sin perderla de vista, consulté con el dependiente acerca del catálogo de instrumentos para niños. De repente, mi niña se detuvo frente a la estantería donde se exhiben los bajos.
—¡Mira, mamá Yui, tienen el bajo de la tía Midori! —exclamó.
Al acercarme junto a ella, noté que, si bien no es exactamente el mismo modelo, sí que era parecido al bajo de Midori. Ella y Junna vienen a casa con frecuencia para ensayar y trabajar en nuevas composiciones, de ahí que mi hija conozca bien su instrumento.
—Sí que se parece —comenté acariciando sus cuerdas.
—Quiero uno de esos —aseguró Kumiko, tomándome por sorpresa—. Quiero ser bajista.
—E… ¿Estás segura?
Mi niña asintió con energía, y por mi cabeza empezaron a circular todos los problemas que esa declaración representa. Azu-nyan y yo apenas sabemos algo básico acerca del bajo, la afinación y los ejercicios de digitación son similares a los de la guitarra. Pero más allá de eso no sabríamos cómo proceder.
—Sí gustan, puedo mostrarles nuestros bajos para niños —intervino el dependiente.
—Pero yo quiero uno de verdad —protestó Kumiko haciendo pucheros. Disimulando una risa, asentí al dependiente para que procediera con lo que sugirió. A la vez, descolgué el bajo que a mi niña le llamó la atención, poniéndolo a su lado.
—Los bajos para niños son bajos de verdad, solo que más pequeños para que personitas como tú puedan tocarlos con comodidad —expliqué—. Mira cómo un bajo para adultos es más grande que tú. ¿Crees que puedes alcanzar las notas más bajas?
—Lo haré si la tía Midori o la tía Mio me enseñan —insistió Kumiko. Sonreí y acaricié su cabecita con ternura.
—Cuando estés más grande, te compraré un bajo para adultos. Mientras tanto, te enseñaremos a tocar en uno para niños. ¿Vale?
—Vale.
Si bien mi niña no se veía muy convencida, sonreí cuando ella accedió a nuestro trato.
El dependiente llegó con algunos bajos, cuyo tamaño era el ideal para que los niños pudieran tocarlos. Mi sonrisa se amplió cuando noté que Kumiko cambió de actitud y se emocionó con uno de ellos.
—¡Se parece a la guitarra de mamá Azusa! —exclamaba mientras ponía sus manitas sobre el instrumento.
Es algo cliché que su primer instrumento sea un modelo Precision, pero fue ella misma quien lo eligió. Y se ve bastante feliz mirándose al espejo con su bajo colgado alrededor de su torso. Azu-nyan sonríe al verla.
—Yo actuaba igual cuando compré a Guitah —admito mirando la escena con ternura.
—No me sorprende viniendo de ti. Pero, ¿cómo vamos a enseñarle? Ninguna de las dos somos bajistas.
Sonrío al notar que mi esposa habló en primera persona, reafirmando su interés en la formación musical de nuestra hija.
—Todo saldrá bien. Podemos enseñarle lo básico, y ella misma ya manifestó que quiere que Mio-chan o Midori sean sus maestras. Y si su interés es serio, podríamos contratar a un profesor particular e incluso puede que vaya al conservatorio. Es una Hirasawa, así que debe de tener la habilidad de aprender rápido y la determinación de hacer lo que se proponga.
—Siempre y cuando haya sacado mi dedicación y no tu pereza —comenta Azu-nyan entre risas.
—Escuchar eso de ti duele, Azu-nyan —reclamo fingiendo tristeza e indignación.
Después de todo, soy la primera en reconocer ese defecto en mí misma.
