Salve regina, Mater misericordiae

Las ruinas eran frías y húmedas, el muchacho pelirrojo caminaba midiendo sus pisadas pues sabía que sitios como aquél solían tener trampas fáciles de activar con un simple roce. A su lado, pero un paso detrás de él, el elfo de cabellos claros escudriñaba el techo y las paredes plagadas de palabras, al principio claras, incluso ordenadas, pero a medida que caminaban hacia el fondo del largo corredor iban perdiendo su forma y espaciándose hasta parecer que alguna clase de conjuro había hecho salpicar letras en lugar de manchas de tinta o, mejor dicho, sangre.

—Son todas, oraciones a la diosa Mater.

Pronunció Menel, aguzando la vista hacia el fondo, Will asintió con la cabeza. Reconocía los textos y su ágil mente ya estaba haciéndose una idea de lo que habría pasado ahí.

Una punzada de tristeza le atacó el pecho, instintivamente su mirada se posó sobre sus manos cuyas cicatrices eran cubiertas por los guantes.

"Mary"

Pronunció en el pensamiento y siguió avanzando, pronto llegaron a un umbral que permitía el acceso a una cámara totalmente oscura. El pelirrojo desplazó el cuerpo para dar el primer paso, pero su acompañante lo detuvo.

—Espera —pronunció con cautela —yo iré primero.

Sentenció. Will sintió la necesidad de cuestionarle la decisión, pero bastó mirarse en el espejo de sus ojos para entenderlo. Era claro que el paladín no se encontraba con la mejor presencia de ánimo.

Esas ruinas... pero sobre todo aquellas oraciones desesperadas, habían removido la nostalgia en su corazón.

Cambiaron de posiciones y el elfo se adentró primero en la oscuridad, la sensación de pesadez fue inmediata. Sin embargo, lejos de detectar amenaza, lo que les embargo fue una horrenda tristeza.

Meneldor chasqueo la lengua, abrió la boca para emitir algún comentario cuando un alarido les perforó los tímpanos. Ambos se llevaron las manos a los oídos.

Aquel llanto no era como tal un ataque, pero estaba cargado de tanta pena que estrujaba la sensibilidad de quién lo oyera.

Los guerreros decidieron que el momento de la precaución se había terminado y corrieron hacia la fuente de aquel sufrimiento.

Sabían que no había ningún ser vivo en el lugar, sin embargo, lo que escuchaban atizaba sus instintos haciéndoles sentir que los lamentos provenían de alguien torturado, alguien siendo desollado vivo.

Finalmente llegaron a la cámara más profunda, tan pronto pusieron un pie en ella, el sonido se detuvo.

Fue un alivio. Aún con migraña recorrieron el lugar y entonces Will emitió un gañido.

En una esquina había un fantasma, sollozaba mientras se afanaba sobre un cadáver en descomposición, intentando con desespero devolverle la piel a los huesos. No tenía la suficiente fuerza para poder tocar siquiera aquellos restos que aún conservaban sus vestiduras de devota de Mater.

Ambos se acercaron lentamente, no deseaban enfrentarse de nuevo al sonido de su profunda pena. A medida que redujeron la distancia, las características que notaron en el cuerpo confirmaban las conjeturas a las que habían llegado.

Desafortunadamente para aquella dama, un movimiento de tierra la atrapó en el lugar. Debió sentirse tan aterrada y llena de angustia que su primer instinto fue buscar el favor de su diosa (de ahí las oraciones) pero cuando eventualmente sus heridas terminaron con su vida, no lo hicieron con su sufrimiento y acabo transformándose un no muerto.

El pelirrojo detecto la fuerza de su alma y le preocupó que se negara a su transición. No quería pelear con ella. Una vez más Meneldor se le adelantó.

—Lamentamos su tragedia, estoy seguro que ha dejado sueños y metas inconclusos pero su futuro ahora está en el ciclo. Y sus oportunidades llegarán en vidas posteriores. Por favor, elija desapegarse y continuar.

Pronunció el medio elfo solemnemente. Will estaba anonadado, las palabras eran verdad, pero sentía que había sido muy directo. El alarido que recibieron por respuesta, le dio a entender que la fantasma también lo había pensado así, pero Menel no se inmutó.

—¡¿Qué ciclo?¡¿Que dioses?! Le suplique a Mater que me salvarán, implore un orificio para salir de esta prisión y ¿Que obtuve? ¡mi carne hecha girones¡mi cuerpo hecho pasto de las ratas! ¡No existe los dioses!

Gimoteo lastimera y ruidosamente.

—Y entonces ¿con quién has hecho el pacto con el que te quedaste aquí? Vas a negar que has oído la voz de Stagnate ofreciéndote permanencia.

La voz de Menel era afilada como el acero, entonces si que la fantasma volteó a mirarlo.

—¡¿Mater?!

Pronunció de pronto y se postró desconcertándolos a ambos. La expresión dura del medio elfo se rompió de inmediato, dirigió su mirada a Will suplicando su ayuda, pero el pelirrojo se encogió de hombros igual de desorientado.

Era común que la belleza de Meneldor generara confusiones y lo consideraran femenino, pero hasta ahora nunca lo habían confundido con una deidad.

La fantasma continuaba gimoteando explicaciones y disculpas. Los compañeros llegaron a un consenso y asintieron. Menel abrió su postura e hizo amago de abrazarla.

—Lo sé, ha sido horrible —pronunció amable —pero lo has hecho bien, ahora descansa.

Sonrió, a la fantasma se le ilumino la expresión y todo rastro de dolor dejo de crispar sus rasgos.

—Gracias.

Pronunció conmovida.

Will se acercó y levanto la mano.

—Que la diosa de las luces, Gracefeel, te brinde protección y guía.

Rezó y la bendición de la diosa la llevó de nuevo al ciclo. Brindaron los honores correspondientes a sus restos y protegieron el lugar para que no ocurriera otra tragedia.

—¿Estás bien? —Inquirió el medio elfo, cuando caminaban de vuelta —sé que lidiar con la fe de Mater, te hace pensar en tu madre.

Will aminoró el paso mientras sopesaba aquello. Efectivamente, cuando se encontraba con devotos de Mater, su mente siempre volaba hacía Mary y los recuerdos le embargaban. Porque por encima de amarla como su madre, la respetaba como persona y como guerrera. Mary era gentil, amable y hermosa pero también firme y sobre todo fuerte, muy fuerte.

Volteó a mirar al medio elfo, tenía suerte de haber encontrado a personas valiosas para formar su nueva familia. Pensó en las bromas de Gus y Blood, y se le ocurrió una idea juguetona. De un tirón se acercó a Menel.

—Eres tan amable Menel. Es una lástima, a Mary le hubiera gustado que fueras su nuera.

Pronunció quedamente en su oído y le plantó un beso en la mejilla.

Inmediatamente se alejó y estalló en carcajadas, Menel se sonrojó hasta la punta de las orejas y después del desconcierto pasó a la indignación.

—¡¿Cómo te atreves?!

Gritó y aquel sendero fue testigo de los gritos del medio elfo lanzando ataques y las risas del paladín de las tierras lejanas, esquivándolos.

Saihate no paladin es un isekai tipo El señor de los anillos, todo bonito y de personajes entrañables. Así que se me ocurrió traerles este pequeño relato, la descripción de Mary viene de una publicación que leí en sobre la primera mujer practicante de judo, una atleta llamada Keiko Fukuda considerada "la madre del judo femenil" y cuyo lema era "«Sé fuerte, sé gentil, sé bella, en mente, cuerpo y espíritu"

Promp: Fantasmas

Fandom: Saihate no paladin