A la entrada de la guarida, Jotaro Kujo esperaba con los brazos cruzados junto a un autobús volador que claramente no estaba en condiciones de volar. El motor sonaba como si alguien estuviera triturando ladrillos dentro, pero eso no preocupaba a nadie. En la puerta del autobús, Shrek había montado un puesto improvisado donde vendía mapas personalizados hechos a mano.

"¡Mapas personalizados, mapas mágicos, mapas de cebolla!" gritaba Shrek, con una sonrisa que parecía más amenazante que amigable. "Si vas a Azkaban, necesitas uno de estos para no perderte entre los dementores, ¡o para encontrar el baño más cercano! ¡Dos monedas de oro por mapa, tres si quieres que venga con mi autógrafo!"

A su lado, Rufus, que estaba de pie por alguna razón desconocida, examinaba uno de los mapas de cerca. El papel estaba claramente oxidado (¿cómo puede oxidarse el papel?), y el material parecía estar hecho de calamares con conjuntivitis crónica. Rufus, con una ceja levantada, murmuró: "¿Y esto se supone que me va a llevar a Azkaban? Parece que me va a llevar al consultorio del oftalmólogo de los calamares."

"¡Es un arte antiguo, muchacho!" respondió Shrek, golpeando su mostrador de madera podrida. "Estos mapas tienen un 50% de precisión... o tal vez un 10%, pero ¡ese es el encanto de la aventura!"

Mientras tanto, Jotaro miraba la escena con su típico rostro serio, como si estuviera evaluando el nivel de estupidez que lo rodeaba. "¿Alguien puede explicarme por qué estoy pilotando un autobús volador lleno de dementes?" dijo, encendiendo un cigarro invisible porque en realidad no fuma, pero quería parecer aún más dramático.

Voldemort apareció de la nada, cargando su varita mágica torcida y una mochila que parecía estar llena de pan duro. "¿Por qué estamos perdiendo el tiempo? ¡Vamos a liberar a ese Luca Bright antes de que alguien más lo reclame!"

"¿Alguien más lo reclame? ¿Qué somos, una casa de subastas?" murmuró Harry, que estaba revisando los mapas oxidados con una mezcla de confusión y resignación.

Ron, mientras tanto, estaba intentando comprar un mapa, pero se tropezó y accidentalmente derribó el puesto de Shrek. "¡MIS MAPAS!" gritó Shrek, furioso, mientras Ron intentaba disculparse recogiendo los pedazos de calamar.

Snape, quien estaba sentado en una esquina con una taza de té vacía, finalmente habló: "Si terminan con la feria medieval que tienen aquí, podríamos empezar. Pero, claro, no quiero apresurar a nadie mientras Rufus se familiariza con los mapas de calamares."

"¡Cállate, Snape!" gritó Voldemort, al borde de perder los nervios. "¡Suban al autobús ahora mismo! ¡Jotaro, pon ese trasto en marcha, o te juro que te convierto en un set de ollas y sartenes mágicas!"

"Lo que tú digas," respondió Jotaro, encogiéndose de hombros. "Pero no me culpes si el autobús decide volar hacia la luna. Este motor fue construido con basura mágica de segunda mano."

El grupo, incluyendo a Rufus, Shrek (que llevaba su puesto entero consigo), y un desorientado calamar con conjuntivitis, subió al autobús. El motor rugió como un dragón resfriado, y, tras unos segundos de sacudidas y explosiones menores, el autobús finalmente despegó hacia Azkaban.

"Esto va a salir tan bien como siempre," murmuró Harry, mientras un pedazo de mapa oxidado se le pegaba en la cara.