Cambiando tú destino.

1ra parte.

(...)

— ¿Qué miras?

—...

Ryouhei trató por todos los medios de no mirar ese cabello oscuro apuntando a todas las

direcciones. Esta no era la primera vez que lo veía.

Sin embargo, las ganas de reír seguían siendo las mismas.

— Pff.

— ¡Ah, te reíste! ¡Dijiste que ya no lo harías!

— Lo siento, es que tiene una forma curiosa. ¿No dijiste que te ibas a cortar el pelo antes de la

temporada de lluvias?

— Mi padre estuvo muy ocupado con su trabajo semanas antes, así que no tuvo tiempo de

llevarme a que me lo cortaran. Aun no lo tiene...

Alegó, de mal humor.

Su amigo, quien caminaba a su lado, no pudo evitar colorear una sonrisa de blanco y darle una

mirada irónica.

Debido a la temporada de lluvias, el cabello de Sakuya terminaba puntiagudo y desordenado,

como si estuviera tocando un objeto lleno de estática.

Por eso siempre se cortaba el cabello sin falta, para evitar hacer el ridículo.

Lástima que esta vez no pudo hacerlo, terminando por ir a la escuela con ese peinado que

tanto odiaba.

— Por cierto, Sakuya, ¿qué te parece ir al parque esta tarde? Oí que venden unos helados muy

buenos por allí.

— ¿Helados? ¿Enserio?

El mal humor pareció disminuir notablemente, para placer del rubio.

— Sí. Los demás niños no paran de hablar de ellos.

— ¿Qué estamos esperando? ¡Vayamos ahora!

— ¿Te olvidas que tenemos que ir a la escuela?

— No me importaría faltar...

— A tú padre ciertamente le importaría.

El padre de Sakuya trabajaba constantemente para sacar adelante a su hijo. Por lo sabía, su

madre lo abandonó con apenas unos meses de nacido.

Hasta ahora, no tenía ningún recuerdo de ella. Sakuya tampoco la ha visto una sola vez.

En medio de su conversación, llegaron a la escuela.

(...)

— ¡Jajajajaja! ¡Tú pelo...tú pelo...pffff! ¡Pareces un puercoespín, Aoshima!

—...

— ¡Oigan, dejen de burlarse de Aoshima-Kun! No es...no es...gracioso...no lo es.

— Dilo cuando puedas controlar tu risa, Shiro-Chan.

—...

Sakuya tenía su boca apretada, con sus manos puestas sobre su escritorio. Alrededor, sus

amigos pululaban con risas escandalosas o escondidas.

Para él no había diferencia, se burlaban de él y su cabello.

El más escandaloso era Hiro, un niño bueno en deportes.

La niña de pelo castaño, se llamaba Yashiro, a la que todos llamaban afectuosamente "Shiro-

Chan".

El último, y no menos importante, era Haru, un chico de lentes de botella, que solo pensaba en

estudiar.

Por supuesto, podía incluir a su mejor amigo, Ryouhei, el cual veía todo como una sonrisa

irritante.

— ¡Ah, ya déjenme en paz! ¡Pronto me lo cortaré, de todos modos!

— ¿Ah? ¿Por qué? ¡Si se ve graciosísimo!

— ¡Cierra la boca!

¡Por eso no quería venir así!

Incluso el resto de sus compañeros, veían de reojo su cabello y buscaban disimular una sonrisa.

La puerta se abrió.

Ah.

— Bueno, bueno, chicos, ya dejen a Aoshima-Kun. Eso no es agradable.

— ¡Keigo-Sensei!

Un hombre en sus veintitantos entró al salón, llevando una carpeta en la mano. Sus ojos

afilados y algo aterradores no coincidían con su papel de educador de primaria.

Al verlo, Aoshima suspiró con alivio.

— No es bueno burlarse de otros... Ridículo o no, Aoshima-Kun sigue siendo Aoshima-Kun.

Las esperanzas que tenía depositadas en él murieron, junto con su paciencia.

— ¡Sensei!

— Jajaja.

¡Los odiaba a todos!

(...)

— Bueno, ya que todos se calmaron (Principalmente Aoshima-Kun), tengo una notica muy

importante.

Con todos los niños en su asiento, Keigo comenzó la clase.

Sakuya tenía mala cara, aun apoyando su mejilla sobre su mano. Ryouhei le daba palmaditas

en la espalda de consuelo.

— El día de hoy, se nos sumará una nueva compañera, la cual ha venido de muy lejos.

— ¿Ah?

— ¿Una nueva?

Sakuya, junto con Ryouhei, tuvo interés sobre esto, abandonado su fachada antipática.

¿Alguien nuevo se les uniría? ¿A estas alturas?

— Espero que sean amables con ella. Recién se acaba de mudar. ¿Puedo confiar en ustedes?

— ¡Sí!

— ¡Cualquiera es bienvenido aquí!

— Me alegra oír eso. Entonces... – Puso su mirada sobre la puerta. – Kanaria, pasa, por favor.

—... Sí.

Entrando con paso silencioso, una niña de largo cabello negro entró en la vista de todos. Sus

ojos sombríos no se dejaban ver a plena luz por culpa de su flequillo, el cual no parecía

molestarla.

Su voz era dulce, y oscura de una manera extraña. Ryouhei no pudo explicarlo bien.

Pasó al frente, de porte tímido.

— Vamos, preséntate. Aquí nadie muerde.

Kanaria asintió, sin cambiar su expresión pétrea. ¿Quizás era muy tímida con extraños?

Juntando las manos, inclinó un poco la cabeza.

— Mi nombre es Ashiro Kanaria, tengo 10 años. Vengo de Tokyo... Un...placer.

Una presentación normal...

...de no ser por su falta de emoción en cada palabra.

— Muy bien, que presentación más dulce, puedes tomar asiento, Kanaria-Chan. El escritorio

que ves allá está libre.

— Sí.

Así, comenzó el día con una nueva compañera de clases, llamada Kanaria.

Todos la aceptaron sin problema. Ryouhei tampoco pensó mucho en eso...

Sin saber que ella sería quien marcaría el principio de horribles acontecimientos alrededor de

Aoshima Sakuya.

(...)

La clase terminó, dando espacio para el recreo. Como afuera estaba húmedo, no se les dejó

salir.

— Oye, esto apesta. Me habría gusto salir a jugar pelota...

— ¿Con toda esta humedad? Solo nos ensuciaríamos. – Dijo Haru, leyendo un libro.

— ¿Qué importa un poco de barro? ¡Jugar pelota siempre es divertido!

— Tal vez para ti, pero mi mamá se esfuerza mucho por lavar mi ropa. No le daré trabajo extra.

— ¡Pero eso es...! ¡Agh!

No tenía sentido debatir con el rey de la lógica. Hiro pasaba mucho trabajo para convencerlo.

— No es que sea malo quedarnos aquí, traje una baraja de Uno, ¿no les apetece jugar un

poco? – Propuso Yashiro, tocando emocionada un bolsillo de su bolso.

— Dudo que sea bueno jugar Uno, ¿olvidas lo que pasó la vez anterior que lo hicimos?

— ¡...!

Sakuya, mordiendo su emparedado, respingó notablemente. Su cara se coloreó de varios

tonos de rojo.

A lo que se refería Ryouhei, era a esa vez que jugaron Uno. Aoshima perdió patéticamente,

causando que las lágrimas brotaran rápidamente de sus ojos azules, causando pánico en el

resto.

— Ah.

Shiro-San le dio una mirada de reojo.

— Cierto. Lo siento, Aoshima-Kun. No te preocupes, no jugaremos Uno.

— ¡Dejen de mirarme así! ¡Ya les dije que se olvidaran de eso!

— No se pongas así. Todos lloramos un poco de vez en cuando. — Dijo Hiro.

— Es una reacción natural ante la derrota y la frustración. — Dijo Haru.

— ¡No quiero oír eso de ustedes!

¿¡Acaso nunca lo olvidarían!? ¡Incluso su padre, que llegó en un momento inadecuado, se

preocupó seriamente por él! ¡Fue muy vergonzoso!

— Como sea, ¿alguien quiere hablarle a la nueva?

— ¿Uh? ¿Hablas de Kanaria-Chan? – Dijo Shiro-Chan, volteando hacia el escritorio de la

pelinegra.

Tenía varias niñas hablando con ella. Solo entregaba leves asentimientos.

Aun así, parecía agradarles. No necesitaba hablar mucho para parecerles buena onda.

Aoshima se inclinó, buscando darle una mejor mirada.

— No sé, parece ocupada.

— Podemos ir después que se desocupe. — Dijo Yashiro.

— ¿Por qué debemos espera? ¡Vayamos ahora mismo!

— ¡Ey, espera, idiota!

Haru golpeó la parte trasera de su cabeza con un libro. El chico más grande gimoteó.

— ¿¡P-Por qué hiciste eso, Haru!?

Para ser grande, era bastante sensible a los golpes.

Haru frunció el ceño.

— Serás idiota. ¿No viste que es tímida? Se cohibirá si vamos todos. Lo mejor sería si va uno o

dos de nosotros.

— Pero...

— Luego podemos conocerla. Ahora es nuestra compañera.

— Cierto, no necesitamos apresurarnos. Tenemos que dar una buena impresión.

—...

Con Haru y Yashiro presionando, no tuvo de otra que ceder.

— Bien... Entonces, ¿quién irá?

—...

Haru volteó hacia Ryouhei.

— ¿Yo?

— Eres el más inteligente y calmado de nosotros. También eres carismático. Eres la opción

perfecta para presentarnos.

— Piensas demasiado bien de mí.

— ¿Quién más irá, Shiro-Chan? – Dijo Hiro, viendo a la niña de pelo corto.

— Eh, prefiero que vaya alguien más.

Otra tímida a la hora de hablar.

— En ese caso... Vamos, Sakuya.

— ¿Eh?

Tirando de su brazo, Ryouhei sacó de su asiento al peli-oscuro. Su cara de confusión fue

graciosa.

— ¿P-Por qué yo? No soy tan bueno hablando como tú.

— Pero eres amable. Seguro le caes bien.

— Aun así...

— Vamos, no es que muerda ni nada.

¿Por qué se empecinaba tanto en llevarlo? ¡Podía llevar a Haru o a Hiro!

—...

El resto de niños, estuvo de acuerdo con Ryouhei.

Al principio, Sakuya no se relacionaba con nadie.

No hablaba, ni buscaba agruparse con ningún otro niño.

No era particularmente antipático, solo cerrado con el mundo en general.

Quien lo hizo abrirse poco a poco, fue Ryouhei.

Al estar compartiendo escritorio con él, lentamente buscó hacerlo hablar.

Cuando logró hacerlo hablar, buscó animarlo a almorzar con él.

Una vez logró eso, lo invitó a jugar algún juego.

Este proceso llevó algunas semanas, las cuales se transformaron en unos meses.

Aun así, Ryouhei buscaba alguna cosa que hacer con él, trayendo cosas interesantes, escritos,

o juguetes con los que compartir con él.

Gracias a él, Sakuya tomó confianza poco a poco, hablando con más soltura.

Luego se sumaron ellos, que fueron testigos de los esfuerzos del rubio durante todo ese

tiempo.

El tiempo les permitió acoplarse. Ahora eran buenos amigos.

Incluso ahora, Ryouhei buscaba ayudar a Sakuya a salir de su caparazón.

— Vamos, podríamos incluso hacerla nuestra amiga...

— P-Pero acabo de decir que... ¿Ah?

Con un tira y jala bastante animado, ninguno de ellos se dio cuenta de la niña que se les

aproximó en silencio.

Solo al final, cuando estuvo al lado de Aoshima, fue que todos cayeron en cuenta sobre su

espeso cabello negro y ojos almendra.

Allí estaba Kanaria, mirando directamente a Aoshima.

— ¿K-Kanaria-Chan? – Dijo Yashiro, asombrada sobro la facilidad con la que se acercó sin hacer

ruido.

—...

Kanaria no le dio una mirada.

Puesto que solo estaba concentrada en Aoshima. Incluso ahora, sus ojos lo taladraban

silenciosamente, poniendo nervioso al niño.

— E-Eh, h-hola, Kanaria-Chan...

Se rascó detrás de la nuca, nervioso. ¿Acaso los escuchó antes?

— Estábamos a punto de ir a verte, Kanaria-Chan. Sakuya quería preguntarse si estarías

dispuesta a ser nuestra amiga...

— ¿¡Ah!?

Empujado al frente, fue Aoshima el que recibió confusamente la mentira blanca de Ryouhei.

¡Ryouhei, bastardo!

— A-Ah... Ja, ja... B-Bueno...

Bajó la mirada, rojo de la vergüenza. Luego golpearía a ese idiota. ¿Por qué siempre lo ponía

en este tipo de situaciones?

Necesitaba decir algo, rápido.

— B-Bueno, pensé que te veías...muy simpática y eso... ¡C-Como un payaso!

—...

Hubo silencio colectivo.

—...

Dios, mátame.

¿No podía tener un descanso? Quería desconectarse un rato.

— Tú...

— ¿¡...E-Eh!?

La chica abrió la boca en algún momento. Su semblante seguía imperturbable, al punto que se

preguntó si estaba conteniendo su ira, o no le importaba lo que dijo.

— ¿Eh?

Un dedo blanco lo señaló.

Kanaria, indicándolo de frente, declaró:

— En algún punto de tu infancia, adolescencia, o adultez, morirás.

—...

—...

¿Ah?

La miró a los ojos, preguntándose por qué decía algo como eso.

Se puso pálido.

Dentro de sus ojos, vio rastros de oscuridad. Una masa de fría desconexión con la realidad.

Y ante todo, plena convicción de sus palabras.

No tuvo palabras para rebatir. No sintió fuerzas para hacerlo.

Pero alguien más habló en su lugar.

— Oye...

— ¿Ah?

En algún punto, Ryouhei pasó al frente, colocándolo a su espalda. Miró seriamente a Kanaria,

en contraste con su yo anterior amigable.

— ¿A qué te refieres con eso? Si es una broma, no es graciosa.

—...

— C-Cierto, no es algo gracioso. – Dijo Yashiro, saliendo de su estupor.

— ¿Es esto lo que llaman humor negro? No me parece especialmente divertido.

— ¿Ahora de qué estás hablando, Haru?

— Nada que un inculto como tú entienda...

— ¿Entonces?

Presionando una vez más, Ryouhei confrontó a la niña de largo cabello negro. Sus ojos no

dieron espacio a respuestas vagas.

La niña bajó el dedo, suspirando.

— Quienes han de morir, morirán. Aprovechen este tiempo para hacer buenos recuerdos con

él.

— ¿Qué— ¡Ey!

— ¡Bien! ¡Terminó la hora del almuerzo! Niños, guarden sus loncheras, y siéntense. Tengo

mucha tarea por darles...

—...

El profesor llegó en mal momento, enviando todos a sus asientos.

Ese breve momento de distracción bastó para que Kanaria se marchara bajo su nariz, sin

importarle la mirada sombría del rubio a su espalda.

— Tch.

¿Qué quiso decir antes con eso? ¿Era una amenaza? ¿Buscaba intimidar a Sakuya?

— Ey, Ryouhei.

— ¿...?

Sintiendo un tirón de su manga, vio a su espalda a Sakuya.

— ¿Quizás...quizás la hice enfadar?

—...

¿Luego de una amenaza como esa, preguntaba algo así?

Giró el rostro, aguantando una risa.

— ¿¡...!? ¡Ey! ¿¡Por qué te ríes!?

— Nada, solo pensaba que eres un idiota.

— ¿Idiota? ¿No es normal pensar que hice algo malo? ¿Quizás se molestó porque la miraba

demasiado?

La gente no dice que te morirás solo por eso.

— Bueno, tomemos asiento, antes que llamemos la atención del profesor.

— Ugh, como digas...

No podía mostrarse severo con su amigo. Tenía que fingir normalidad...

...aun cuando quisiera tomar a la chica de los hombros y sacarles respuestas

desesperadamente.

(...)

— ¡Ah! Olvidé algo en la escuela...

— ¿Eh?

Después de la escuela, el grupo de niños esperaba en la entrada a la llegada de sus padres.

A Hiro, venía a buscarlo sus abuelos. Los padres de Haru enviaban una criada que viniera por

él. A Yashiro venía a buscarla su padre, el cual nunca se perdía un día, así estuviera enfermo.

Como el padre de Aoshima, y la madre de Ryouhei estaban ocupados trabajando, ellos

caminaban juntos a sus casas, las cuales eran vecinas.

Siempre esperaban a que el resto se fuera, para marcharse a casa.

— ¿Olvidaste algo? ¿Qué cosa? No eres del tipo olvidadizo. – Dijo Sakuya, conociéndolo bien.

— Un lápiz.

— Ah, ¿solo eso? Tienes un montón, perder uno no te matará.

— Sabes que odio perder cosas, por más que tenga de ellas. Espérame aquí, ¿ok?

— Como si tuviera tiempo para esperarte. Me iré solo.

— Sé que no harás eso.

Porque era demasiado amable.

— ¿Me estás retando?

— Tómalo como quieras. Ya vuelvo.

Dejando a Sakuya en la entrada, junto a un callado Haru, un Hiro aburrido, y una Yashiro

temblorosa, marchó de vuelta al salón de clases.

— Así que sigues aquí...

Con su mano puesta sobre el marco de la puerta, vio una espalda cubierta de largo cabello

oscuro, el cual se asemejaba a una noche sin estrellas.

La persona en cuestión se giró, dándole una mirada por encima de su hombro.

—... Kanaria...

Todo honorífico desapareció.

—...

La chica no mostró emociones al verlo.

Como si no importara si estaba enojado, disgustado, o feliz de verla.

Ryouhei pasó adentro, con sus manos dentro de sus bolsillos.

— Vine por respuestas.

Se plantó de frente a Kanaria. Sus ojos no portaban buena voluntad, mucho menos paciencia.

—...y no me iré hasta obtenerlas.

—...

La chica le dio una larga mirada.

¿Lo estaba probando? Realmente no pensaba irse hasta quedar claro sobre aquello que dijo en

el receso.

El revoltijo en su estómago no le permitía olvidarse de ello.

Kanaria, cerró los ojos brevemente, como si ordenara sus pensamientos.

Abrió lo boca. No se fue por las ramas.

— Aoshima Sakuya morirá en algún momento de su infancia, adolescencia, o adultez. Cuándo

exactamente, no sé...

—...

Era lo mismo que dijo antes.

— ¿A qué te refieres con eso? Especifica.

Siseó, sintiéndose mareado por dentro.

—...

— Ey...

Kanaria se paseó por el salón, sin aparentes intenciones de huir.

Su dedo acarició los pupitres, pasando lentamente por cada uno.

— Desde pequeña, he visto gente morir...

—...

— Mi abuela estaba muy vieja cuando nací. Falleció cuando tenía 7 años.

—...

— Pero...

Giró la cabeza, enfrentando su mirada helada.

—...ya sabía cuándo moriría.

—...

— Un día, simplemente amanecía con una certeza. Mi abuela moriría un verano cálido,

mientras se recostaba en su silla mecedora.

Miró por fuera de la ventana, pensativa.

— Sucedió tal como pensé. Un verano, encontraron a mi abuela muerta en su silla favorita.

—...

— Esa no fue la última vez que tuve esa certeza. Años después, sentí lo mismo con un niño que

vivía cerca de nuestra casa. Él...

—...

—...murió arrollado por un camión...

— ¡...!

El corazón de Ryouhei se detuvo.

La lengua se movió reseca dentro de su boca.

— Tú...

— ¿...?

— ¿Qué viste con él?

—... Hmm.

Kanaria dio un giro sobre sus talones.

— Vi un camión detenido en medio de la carretera, con sangre manchando su frente...

Aunque...a diferencia de la otra vez, donde sabía más o menos cuando sucedería, aparte de

que era de día, no sabía cuándo moriría...

—...

Entonces...

— Sí, puedo saber si alguien va a morir...

¡Paw!

La mano de Ryouhei golpeó un escritorio. Su respiración se descontroló en algún momento.

Esto era... ¿real?

— A veces es obvio cuando sucederá, otras veces no. Tampoco es que pueda saber las muertes

de todo el mundo. A veces puede ser una persona al azar, o del alguien conocido... No es que

tenga un orden en particular.

— S-Sobre Sakuya...

— Ah...

Kanaria zapateó un poco.

— Es una lástima.

Sonrió melancólica. A Ryouhei le pareció una burla silenciosa.

— A diferencia de otros, vi tres visiones; en una, él aún era un niño y fue encontrado flotando

en un río.

Los ojos amarillos de Ryouhei emblanquecieron de horror.

— En la segunda, lo vi en su adolescencia, en medio de una tienda. Tenía una herida de bala en

medio de la cabeza.

Cálmate, cálmate, cálmate...

— En la tercera, vi muchos nombres y apellidos puestos en orden en un gran escrito... Allí vi...

"...Vi a Shibari llorando al ver el nombre de Aoshima allí escrito."

¡Plank!

La mesa cayó sobre su costado, creando un sonido disonante.

Los hombros de Shibari temblaban. Ahora mismo no podía estar calmado, por más que lo

intentara.

Acercándose a ella, respiró hondo.

— ¿Alguna...alguna...vez te has...equivocado?

Dime que sí.

Dime que tu poder puede fallar. Que no es infalible.

Kanaria, parpadeando, movió la cabeza.

Y hundió a Ryouhei en un mar de desesperación con unas cuantas palabras.

— Nunca antes me he equivocado, ni una sola vez.

—...

La garganta de Ryouhei se sintió seca. ¿Así se sentía alguien que no bebió agua durante mucho

tiempo? Tenía muchas ganas de tragar, pero un ardor en la parte posterior de la garganta no

se lo permitía.

Tenía ganas de desmayarse, pero no podía desconectarse de la realidad, aunque eso quisiera.

Miró a Kanaria. Esos ojos oscuros daban miedo, y evocaban desesperación.

Hubiera sido bueno ver engaño en ellos.

— No dejaré que eso suceda...

—...

Allí, fiero como un león, e indefenso como un ratón, declaró sin dudar.

— No dejaré que muera...

...Aun si eso me mata.

(...)

— Ryouhei, ¡Ryouhei!

— ¿Eh?

En medio de la mesa, la voz de su madre lo llamó con impaciencia.

— Ah, lo siento. Me distraje un poco.

Sonrió, disculpándose.

Su madre, presionando los labios, no pareció satisfecha con esa respuesta educada, tan propia

de su hijo.

Claro, agradecía tener un hijo de alta inteligencia emocional, pero a veces quería que se soltara

más con ella.

En términos de rasgos, era muy parecido a ella. Su cabello dorado era una prueba bastante

obvia.

Su inteligencia provenía, por otro lado, de su padre, el cual su hijo conocía vagamente. No era

un hombre muy dado a su hijo. Venía de vez en cuando, cuando su instinto paternal cobraba

vida durante unas cortas horas.

— ¿Estás bien? Te veo...distraído.

— Hay mucha tarea que hacer...

¿Realmente iba a tomar eso como excusa?

— Eso nunca antes te ha molestado... Si algo te molesta, estoy aquí si necesitas hablar de ello.

— Digo que no es nada serio... — No debería molestar a su madre con este tipo de

preocupaciones infundadas.

— ¿Realmente no lo es?

La cuchara que raspaba su plato terminó estática.

Dijo que no era algo serio, pero...

...honestamente, dudaba que existiera algo más serio que esto.

Los ojos de su madre no lo presionaban. Probablemente no lo obligaría a hablar.

Aun así, la presión muda surtió mejor efecto que las preguntas sin receso.

Tragó saliva, buscando cómo hablar.

— Mamá, a decir verdad, yo...

Maya se inclinó adelante, esperando oírlo con más claridad.

—...creo que...Sakuya está en peligro de morir.

—...

Ok, eso fue...inesperado.

Pensó que tendría problemas con alguien, o tuviera algo que lo preocupara o no entendiera.

No que directamente se tratara de Sakuya, menos sobre peligrar de muerte.

— Por supuesto, no tengo pruebas ni nada, solo un presentimiento, más o menos.

En estos momentos de vacilación, su hijo parecía un niño perdido en medio de la calle. Al

mismo tiempo, parecía mayor de lo que aparentaba, pues tenía una expresión cubierta de

preocupación.

Sonrió, con ironía.

— Suena tonto cuando lo digo en voz alta, más si ni siquiera tengo pruebas que respalden lo

que digo...

— ¿Qué pasa si no tienes pruebas?

— ¿Eh?

Levantó la mirada, viendo los ojos claros de su madre. Ella le sonreía.

— Si sientes que el peligro es real, ¿por qué debes convencerte de que no es así?

—...

— Sabes, la gente se arrepiente más de las cosas que no ha hecho, de las que ha hecho. En mi

caso, me arrepiento de no haber elegido bien a mi esposo...

—...

— Sin embargo, si pudiera volver atrás, y tuviera que elegir otra vez, volvería a elegirlo.

—...

— ¿Por qué? Te preguntarás...

Sonriendo tiernamente, inclinó la cabeza.

"Porque si no lo hago, tú no nacerás."

— Mamá...

— Sin embargo, si vas a actuar, tienes que hacerlo con cuidado. La seguridad es lo primero.

— ¿Cuidado?

— Claro. Si quieres hacer algo, tienes que planificarte muy bien. ¡Solo puedes salir adelante

después de planificar sin descanso!

—...

Planificar...

Su madre era una profesora. Sabía lo que era planificar meses enteros de enseñanza.

— ¿...?

El dedo de su madre golpeó en medio de su frente, de manera casi juguetona.

— Investiga, prepárate. No escatimes esfuerzo... No te permitas remordimiento por no hacer

todo lo posible... ¿Quedó claro, Ryouhei?

Asintió mecánicamente, asombrado de lo fácil que le resultó sacarlo de ese pozo oscuro.

No por nada era su madre.

El resto de la cena, su madre le habló de las bases de una buena planificación, de cómo

debería adelantarse a los hechos, y también como debería actuar si las cosas se ponían malas.

Fue una buena charla, incluso si su plato de curry se enfrió.

(...)

Al día siguiente, llegó a casa de Sakuya.

El niño salió, llevando cara de pocos amigos. Su cabello seguía igual que antes.

Esta vez no se burló de él, sino que le sonrió cuando lo vio venir.

Dio un saludo cordial al padre de Sakuya, quien le sonreía desde la puerta.

— Buenos días, Sakuya. ¿Cómo te sientes?

— Mira mi cabello, ¿crees que estoy feliz?

— Hmm. ¿Tal vez?

— Al menos tú cabello es compacto... Te envidio.

— Aunque me gusta más tu cabello. Tiene mucha personalidad.

— ¡Personalidad mi trasero! ¡Me veo ridículo!

Se rio, viendo el enojo infundado de su amigo. No necesitaba tomárselo a pecho.

— Sakuya...

— ¿Qué?

— ¿Qué quieres ser de grande?

— ¿Ah? ¿A qué viene esa pregunta?

—... Por favor, responde mi pregunta.

Viendo la seriedad del rubio, hizo un puchero y miró el cielo.

— Bueno, si tuviera que decir, ¿tal vez un escritor?

— ¿Escritor? — Si no era un amante de la lectura.

— Me gustaría escribir alguna novela ligera... ¡Sería aún mejor si le hicieran anime!

Así que ese era su sueño.

Sonrió, para desconcierto del peli-oscuro.

— Me aseguraré de que puedas cumplir tu sueño.

— ¿Eh?

¿Qué sucedía con él? ¿Por qué hablaba de manera tan confusa?

— ¿A qué te refieres? ¿Tienes algún conocido dentro de una editorial?

— No.

— ¿Entonces cómo piensas ayudarme?

El otro se limitó a sonreír, sin darle una verdadera respuesta.

(...)

El profesor explicaba la clase, dándoles la espalda mientras escribía algo en la pizarra.

Ryouhei no tenía energía para prestarle atención. Tenía cosas más importantes que hacer.

En una pequeña libreta aparte que su madre le regaló, tenía anotado tres puntos.

Allí estaba escrito lo relacionado con las posibles muertes de Sakuya.

La primera, ahogado.

La segunda, baleado.

La tercera, aun por especificar.

Llevó el borde trasero del lápiz a su mentón, pensando profundamente.

Según dijo Kanaria, en la primaria existía el riesgo de morir en un río.

Aquí no tenían ningún río. Además, Sakuya sabía nadar.

¿Podría haberse lesionado, y por ende, ahogado donde nadie lo viera?

¿Pero cómo? Siempre estaba con ellos, o en casa con su padre. ¿Cuándo podría ahogarse fuera

de la vista de todos?

Esperen...

Un lugar con agua...que pareciera un río...

En medio de la ciudad estaba una rivera, la cual pasaba por debajo de un puente...

Visto desde otro punto de vista, se veía como un río...

Apretó el lápiz.

¿Sakuya se ahogaría allí? ¿Cómo? ¿Quizás se cayó del puente, y se ahogó por la corriente?

Pero la corriente no era especialmente fuerte...

¡...!

¡Cierto, la temporada de lluvias!

Durante este tiempo, el agua de la rivera crecía y se movía con más fuerza. Un niño como

Sakuya podría ahogarse.

Bien, solo necesitaba alejarlo de ese lugar, o, en caso contrario, siempre acompañarlo. Era más

sencillo de lo pensó en un principio.

"Prepárate."

—...

Le bajó dos a su entusiasmo.

¿Y si no era cómo pensaba?

¿Y si existía otro detalle que pasó por alto?

Miró la espalda de Kanaria.

No podía suponer. La información era escasa. Muy escasa.

Pero aun podía tratar de obtener algunos detalles extras.

(...)

— ¿Quieres más detalles?

— Sí.

A la hora del almuerzo dejó al grupo divertirse con unos juguetes que trajo para distraerlos.

Enfocó toda su atención en Kanaria, quien trajo un lonche de comida bastante bonito para la

"alegría" que mostraba en su rostro.

— ¿Por qué quieres saber más detalles?

— ¿No es obvio? Para evitarlo.

— Eso es imposible.

— No me importa si es imposible. Lo haré posible.

—...

Ella lo miró, sin comprender. Parecía no entender porque quería enfrentarse a algo que ya

estaba escrito en piedra.

— Ahh... bueno.

No es que deseara batirse a duelo con él. No perdía nada hablándole un poco más.

— ¿Sobre cuál muerte quieres saber?

— La más cercana.

— En primaria, entonces...

Ella se metió unas bolas de pollo frito a la boca, masticando rápidamente.

— Como dije antes, lo vi flotar en el río.

— Lo recuerdo. ¿No me puedes hablar de otros detalles? Quiero saber cómo pudo ahogarse,

aunque sabe nadar...

— ¿Qué? ¿Cuándo dije que se ahogó?

— ¿Eh?

Kanaria bajó los palillos.

— Nunca dije que murió por ahogamiento. Solo dije que lo encontraron flotando...

—...

¿Qué?

¿Qué quería decir?

Si no murió ahogado, ¿entonces cómo...

Apretó las manos, sintiéndose ahogado.

— ¿Cómo...cómo estaba su cuerpo?

—...

Kanaria tomó sus palillos de vuelta, haciendo una incisión en medio de su arroz.

— Vacío.

— ¿Qué?

¿Vacío...? ¿Qué significaba eso?

— Estaba vacío.

"Su vientre estaba abierto. No tenía órganos."

—...

Su mundo se volvió gris. No vio colores más allá de sus ojos, solo la oscuridad impresa en los

ojos de Kanaria.

Sakuya...estaba vacío... Sin órganos.

...Como un muñeco al que le sacaron todo el algodón.

Y eso era...

La voz de Ryouhei tembló.

— ¿Dices...dices que alguien...alguien lo mató?

— Bueno, es lo más probable. Nadie se saca los órganos a sí mismo...

Dijo, sin importarle cómo sonaba. Removió su comida dentro del lonche, dejando un desastre.

— Lo que sí sé, es que estaba vacío. El resto de él estaba especialmente conservado. Al parecer

no sufrió, si eso preguntas.

—...

Apretó los molares. Le dolió la boca.

— Deja de hablar como si todo estuviera escrito en piedra.

La fulminó, amenazante.

— Aun no ha sucedido, puedo evitarlo.

— Nadie al que haya visto morir, se ha salvado.

— Esta será la primera.

— Si tú lo dices. Aunque no lo recomiendo. Si es verdad que alguien mató a Aoshima, entonces

al involucrarte, te pondrás en peligro. Podrías incluso morir...

—...

Sabía que esto era peligroso.

Era diferente a evitar un accidente.

Allá afuera existía alguien dispuesto a matar a Aoshima. Esa persona estaba suelta, buscando

su próxima presa.

Pero...

— No dejaré que pongas sus manos sobre Sakuya...

Desbarataría los planes de ese demonio.

(...)

Apenas volvió a su asiento, y se reinició la clase, empezó a anotar todo lo que escuchó.

Necesitaba ordenarlo, por más obvio que pareciera en el momento.

Primero, estaba el cuerpo de Sakuya flotando en el río.

No obstante, no murió por ahogamiento, alguien lo mató.

Su razón fue evidente al ver la ausencia de órganos en Sakuya. Debió ser un traficante de

órganos.

Cuando llegara a casa, investigaría todo sobre ello. Necesitaba saber bien a qué se enfrentaba.

Si en la visión de Kanaria Sakuya estaba bien conservado, significaba que no llevaba mucho

tiempo muerto. Debió tener apenas un día desde que falleció.

El asesino debió lanzarlo al río para hacer que la corriente lo llevara lejos...

Lastimosamente, no sabía el nombre, ni el rostro del asesino. Las visiones de Kanaria se

limitaban a ver una escena que envolviera la muerte de la persona, y algunos detalles

alrededor, nunca en el momento que fallecía.

En otras palabras, ella solo veía los hechos, no los acontecimientos que causaban la muerte.

Pero él no se rendiría.

— Ryouhei...

— ¿Uh?

Sintió un leve pinchazo en su brazo. Sakuya, con quien compartía escritorio, le daba una

mirada curiosa.

— ¿Qué has estado haciendo? Todo este rato no ha prestado atención a lo que dice Keigo-

Sensei. Incluso te perdiste la hora de receso por andar hablando con Kanaria-Chan, aunque no

te veías muy amigable...

— Ah, eso...

Cerró la libreta, enviándole una sonrisa avergonzada.

— Es algo que tengo pensado hacer en un futuro próximo.

— ¿Algo que piensas hacer? ¿Qué cosa?

— Ahora no puedo decírtelo.

— ¿Ahora no?

— Cuando esté seguro, te hablaré de ello, ¿ok?

— ¿Por qué tanto secretismo? Dímelo ahora.

— Oigan...

— ¡Hk!

— ¡Ugh!

Un golpe a sus cabezas los hizo callarse.

El profesor tenía una sonrisa aterradora.

— Si van a ignorarme durante mi clase, al menos cerciórense de susurrar adecuadamente.

(...)

Ya en casa, se dispuso a investigar todo lo que pudo sobre el tráfico de órganos.

Fue terrible.

Sintió náuseas.

Aun cuando quiso cerrar la página, no se rindió y siguió adelante.

El tráfico de órganos estaba ligado a muchas otras redes ilegales, como la trata de personas, la

mafia, etc. Fue nauseabundo ver que tan ajo podía caer el hombre.

Lo peor de todo esto, era que esos mismos órganos extraídos ilegalmente, terminaban en

hospitales, salvando otras vidas.

En otras palabras, los órganos de Sakuya terminarían para alguien más, quien no sabría

absolutamente nada de los medios que se usaron para obtenerlos.

Se mordió el labio.

¿Cómo alguien pudo hacerle esto a Sakuya?

¿Por qué un monstruo tuvo que fijarse en él?

No, concéntrate... Lamentar no ayudará...

Volvió a mover el mouse. Profundizó más.

Por lo que decía el documento, los niños que se encontraban carente de padres y supervisión

adulta, eran más propensos a ser tomados como objetivos.

Al no tener ojos constantemente sobre ellos, eran una presa fácil para pedófilos y traficantes.

Una vez se lo llevaban, su destino estaba definido.

Su estómago dio un vuelco.

Si Sakuya es llevado...entonces no hay nada que pueda hacer...

Sería llevado a un lugar lejos de él, para luego aparecer al día siguiente flotando en un río.

Tenía que evitarlo...

Ese tipo de personas eran cuidadosos. Se movían bajo las sombras, puesto que no quería ser

tomados por sorpresa.

También descubrió que muchos de ellos no se veían sospechosos o sombríos como se

esperaba de alguien en ese negocio. Más bien, podían ser carismáticos, agradables, o

bastantes normales a la vista.

Su carisma les serviría como señuelo para niños inocentes. A veces incluso formaban

relaciones amigables a largo plazo. Otros marcaban sus objetivos y se aseguraban de esperar a

que estuvieran solos, para luego secuestrarlos.

¿Cuál de todos era?

¿Qué adultos Sakuya conocía bien?

Aparte de su padre, estaba el profesor... ¿Podría ser él?

No, también estaba el profesor de educación física. También era sospechoso.

No importa quien fuera, debía sospechar de todos. No podía filtrarlos sin preocupaciones.

Si cometía un solo error, Sakuya moriría.

No quería verlo flotar en un río, con su estómago abierto y el interior vacío.

(...)

Fin de semana, todos fueron al parque a jugar.

— ¡Vamos, Haru, muévete más rápido!

— ¡Hago lo mejor que puedo! ¡Ya deberías saber que no soy bueno en deportes!

Haru y Hiro eran el equipo azul, mientras que Ryouhei y Sakuya eran el equipo rojo.

Ahora, Haru corría adelante con la pelota.

Por supuesto, con la velocidad y destreza que mostraba, esta pronto terminaría con el equipo

rojo.

El talento de Haru consistía en estudiar, no es patear una pelota. Su resistencia tampoco era

muy alta.

— ¡Por eso te digo que leas menos y corras más!

La cara de Haru, ya roja, se puso oscura con la burla obvia de Hiro.

— ¡Cierra...la boca!

— Ah.

Haru dio una patada a la pelota. Como fue golpeada con frustración, se desvió del campo en

que jugaban. Hiro lo vio dirigirse a alguien distraído.

Golpeó la cabeza de un hombre que leía tranquilamente su periódico.

— ¡Ugh!

Cayó como peso muerto.

— ¡Ah!

— ¡L-Lo siento!

Yashiro, quien anotaba los puntos que los chicos anotaban para ganar, corrió hacia el señor.

El resto hizo lo mismo, viendo al señor tirado sobre el banco del parque. El periódico cayó a sus

pies.

— S-Señor, ¿está bien?

Yashiro lo agitó, pero el hombre no respondía.

— Eh, Shiro-Chan, deja de moverlo así, solo lo empeorarás. – Dijo Ryouhei, viendo

detenidamente al hombre de mediana edad.

Se giró hacia sus amigos.

— Viendo cómo está la cosa, lo mejor sería irnos sin decir nada.

— ¿¡...!?

— ¿¡Eso no es muy cruel!?

— Solo lograremos que nos regañen. Aún podemos irnos sin que nos vea...

— Ey, eso no es genial... – Dijo Hiro.

— Tenemos que disculparnos adecuadamente... No es algo que dirías. – Haru reacomodó sus

lentes.

— Sí, eso es lo que siempre dices cuando molestamos a alguien. ¿Por qué ahora nos dices lo

contrario?

Alegó Sakuya, levantando una ceja.

—...

Ryouhei no respondió, desviando la mirada de sus ojos azules.

No podía decirles que no quería relacionarse con ningún adulto, por más inofensivo que se

viera por fuera.

No quería arriesgarse a conocer al asesino de Sakuya.

— ¡Guau!

— ¿Eh? ¡¡...!!

El horror se reflejó en sus ojos amarillos. Vio un demonio moverse hacia él, con su boca llena

de dientes abierta y jadeante.

— ¡Ah, un perrito! – Yashiro acarició el canino, encantada. El perro lamió su mejilla, todo

alegre.

— ¡Es tan grande! Haru, ¿qué raza es?

— Un pastor alemán, por lo que veo.

— ¿Pastorea ovejas?

— No precisamente. ¿No has visto películas de policías? Ellos usan estos perros...

— ¡Cierto!

— ¿Ryouhei?

—...

Mientras el resto del mundo acariciaba al perro amigable, Ryouhei se escondió detrás de su

mejor amigo, usándolo de escudo.

Apretaba sus hombros con una fuerza tremenda.

Sakuya nunca antes lo vio así.

— ¿Qué sucede? ¿Por qué te escondes detrás de mí?

—...

Ryouhei estaba avergonzado, pero...

Él...les tenía miedo a los perros.

No importaba la especie. Les temía a todos.

— No me digas que... ¿le tienes miedo?

—...

Asintió en silencio.

Su amigo formó una mueca de sorpresa. ¿El inteligente Ryouhei le temía a un perro?

Incluso se veía amigable, ¿qué veía en él, que le causaba terror?

— ¡Guau!

— ¡Ngh!

El perro se aproximó a Sakuya, moviendo la cola y ladrando de felicidad. El chico detrás de él

se escondió en su espalda, temblando como una gelatina.

Su miedo no tenía razones científicas. Simplemente le temía y ya.

— Ah...

El perro, una vez los olfateó a todos (A Ryouhei casi le da un infarto cuando se acercó a él),

marchó hacia el hombre sobre la banca, y lamió su mejilla.

— ¿U-Uh? A-Au...

— ¡...! ¡Despertó!

Yashiro se alegró.

—...

El corazón de Ryouhei se hundió.

Una parte de él quiso arrastrar a Sakuya a la fuerza. Llevarlo lejos de ese hombre.

Pero se vería extraño. Tampoco tenía bases para explicar su temor y paranoia.

— Ah... ¿Briss? ¿Uh?

El adulto, abriendo los ojos, aparte de encontrar su fiel compañero, encontró un grupo de

niños mirándolo directamente con sus grandes ojos inocentes.

Bueno, no tan inocentes.

Uno de ellos parecía querer matarlo.

— Eh... ¿Qué pasó?

— ¡Señor, lo sentimos!

— ¿Eh?

Todos bajaron las cabezas.

¿Qué pasó?

— ¡Lo golpeamos por accidente con nuestra pelota!

— Ah... Así que eso pasó.

Eso explicaba el dolor de cabeza.

Miró a Briss, acariciando su cabeza.

Debió comprobar que estaba bien. Le lamió la mejilla para despertarlo.

Sonrió, avergonzado.

— Bueno, un accidente es un accidente. No soy tan inmaduro como para enojarme por esto...

— ¿De verdad?

— ¿No va a llamar a nuestros padres?

— ¿O denunciarnos con la policía?

— ¿O pedirnos una compensación monetaria?

— ¡Sería un criminal si hiciera eso último! No haré nada de eso.

Y tampoco necesitaba exagerar por algo tan trivial.

— De todos modos, ¿el perro es suyo?

— Ah, sí, lo es. Se llama Briss. ¡Es mi mejor amigo!

El niño de pelo oscuro lo miró con lástima.

Ey...

— Es un perro muy bonito.

Yashiro acarició su suave pelaje. Briss movió su cola.

— Lo es. Lo baño cada dos días. No encontrarás una sola pulga en él.

— Genial.

— ¿Ninguno de ustedes tiene perro?

— Mi mamá es alérgica a ellos. – Dijo Haru.

— Tenemos dos. Se llaman Beyonce y Mozart. – Dijo Hiro.

— En mi casa solo hay gatos. – Dijo Yashiro.

— Mi papá trabaja mucho, así que no tenemos tiempo de tener un perro—¡ack!

En medio de lo que decía, Ryouhei le apretó fuertemente el hombro. ¿Por qué hizo eso?

Ryouhei estaba en pánico. ¡Esos detalles no se debían decir!

Como el padre de Sakuya trabajaba mucho, no podía estar supervisándolo a cada rato, lo que

le daría la impresión de ser una presa fácil.

Cosa que no era del todo equivocada.

— ¿Y tú? ¿No tienes perros?

—...

Ryouhei le regresó la mirada, buscando qué responder. ¿Trataba de sacarle información a

través de una pregunta aparentemente inofensiva?

— ¿Chico?

— ¿Ryouhei?

—...

Los otros lo vieron extraño, pues aun no respondía, sino que miraba silenciosamente al

hombre, aun sosteniendo el hombro de Sakuya.

Debo hablar, o me veré sospechoso.

— Uno... Un chihuahua llamado Senior. — Era pequeña, así que podía soportarla.

— Oh, un chihuahua...

El ambiente volvió a la normalidad.

No obstante, Ryouhei nunca se apartó del lado de Sakuya. Tampoco se cansó de vigilar los

movimientos del hombre, el cual se denominó "Ren". Tampoco quería que colocara sus ojos

sobre sus amigos.

Mientras tanto, el hombre...

¿Por qué ese niño me mira mal? ¿Hice algo que le molestara?

(...)

Se despidieron de Ren, el cual se marchó llevando a su buen amigo Briss. No hubo un segundo

done Ryouhei apartara su mirada de su espalda y sus manos, pendiente a cualquier acción

sospechosa.

Gracias a Dios, no pasó nada que valiera la pena mencionar.

Aun así, no se relajó.

El resto fue llevado a sus hogares, luego que vinieron sus padres. Solo quedaron ellos,

regresando del parque.

— ¿No te dije que los helados eran buenos?

— ¡Y no mentías! ¡Mañana quiero ir por otro!

— No sería mala idea, pero llévame cada vez que vayas...

— También te gustaron mucho, ¿no es así?

Más que gustarme, no quiero que te muevas solo.

— A propósito, ¿no estabas extraño cuando estábamos con Ren-San?

— ¿Extraño?

— Sí, estabas rígido.

— Es que...Briss estaba allí, ¿recuerdas? No podía relajarme, aunque quisiera.

— No me refiero a eso.

— ¿...?

Sakuya entrecerró los ojos.

— Aunque le tuvieras miedo a Briss, siempre tratas de guardar la compostura y presentarte

educadamente a los adultos.

"Pero hoy, estuviste especialmente arisco, ¿por qué?"

—...

Silencio. Ryouhei hizo silencio.

En estos casos...

— A decir verdad, odio ese sujeto.

— ¿¡Ah!?

...era mejor decir media verdad.

Realmente lo odiaba. Odiaba no ser capaz de saber si era malo o bueno.

Aunque una parte de él, ya creía que era inequívocamente malvado.

— No entiendo, ¿por qué lo odias, si parece un buen sujeto?

— No sé, ¿quizás la forma de su cara? ¿Sus ojos aparentemente inocentes? ¿Su mal gusto para

la ropa? ¿Su sonrisa irritante?

— ¡Ok, ok, esto no es propio de ti!

Su amigo nunca fue alguien que mostrara prejuicios contra otros.

De haberlos tenido, no se habría relacionado con él.

Le dio un golpe en el brazo.

— ¿Qué sucede contigo? Has estado actuando raro estos días.

— ¿Supongo que estoy creciendo?

— ¿Qué significa eso?

¿Tenía sentido volverse arisco al crecer? No le causaba gracia esa broma sin sustancia.

— ¡...ack!

— ¿¡...!?

Como estabas hablando animadamente entre ellos, ninguno notó la persona que se cruzó en

su camino, y que por ende, chocó contra Sakuya, y lo envió al suelo.

— ¡Ah, lo siento, lo siento, no era mi intención! ¿Estás bien, chico?

— Ah... S-Sí.

El hombre que chocó con Sakuya, agitó las manos en pánico.

Tenía piel oscura, y cuerpo macizo. Aun así, tenía la mirada de un cachorro.

Le tendió la mano, ayudándolo a levantarse. Sakuya aceptó gustoso la ayuda.

— ¿Seguro que estás bien, chico? Lamento no haberte notado antes.

— Ah, no. Estoy bien. No es la primera vez que me caigo... ¿Haces ejercicio? Eres enorme...

— ¿Uh? Bueno, un poco, sí.

¿Un poco? Parecía capaz de romper una sandía con sus manos desnudas.

— Pero actualmente estoy estudiando para convertirme en profesor...

¿Profesor? ¿Pensaba mandar a valor a sus estudiantes cuando no hicieran la tarea?

Sonaba aterrador, y un poco emocionante, también.

— ¡Ah, cierto!

El hombre tocó dentro de sus bolsillos. Sacó unas paletas de caramelo.

— Tengan esto como disculpa por molestarlos.

— ¡Ah, genial!

Sakuya, más que alegre, estiró su mano hacia las paletas.

Ryouhei miró todo esto. El mundo se movió más lento, con cada centímetro que Sakuya

avanzaba hacia las paletas.

Dulces...ofrecidos por un hombre que acababan de conocer.

Podría incluso haberlos chocado a propósito, buscando una excusa para conocerlos.

Esos dulces...podrían tener algo.

Podría tener algo que los durmiera, o paralizara.

Los dedos de Sakuya rozaron el empaque de las paletas. El sonido del papel provocó que sus

manos se movieran por sí solas.

— ¡NO!

— ¿¡...!?

Sonó un ruido fuere. Un enérgico manotazo golpeó ambas manos, haciendo que las paletas

cayeran sobre la acera.

Sakuya, y el hombre, acabaron en shock.

— ¿R-Ryouheu...? ¿Qué—

— ¿¡Eres idiota!? ¿¡Y si tienen algo!?

— ¿Q-Qué? ¿A-A qué te refieres?

Retrocedió, nunca antes vio a Ryouhei tan alterado.

— ¡Son de un hombre que no conocemos! ¿¡Y si tuviera malas intenciones!? ¡Hay un montón

de gente allá afuera que secuestra y mata niños, Sakuya!

— ¡...!

Sakuya tembló. Las esquinas de sus ojos se humedecieron. Ryouhei nunca le gritaba, siempre

tenía paciencia, por muy lento que fuera.

— E-Eh...

El hombre de tez morena, se asustó con las lágrimas del niño de ojos azules.

— Y-Ya, vamos a calmarnos, ¿sí? N-No soy mala gente, ¿saben? Solo quería darles un dulce por

haberlos molestado... Vamos, no llores.

— ¡NO LO TOQUES!

Cuando el hombre intentó consolar a Sakuya, apareció Ryouhei para ponerse en medio y

estirar los brazos. Su mirada era feroz, como un león protegiendo a un cachorro.

— No dejaré que le pongas las manos encima.

Siseó, lleno de veneno. Parecía dispuesto a morderlo si daba un paso más.

El hombre se encontró acobardado y confundido. ¿Quizás actuó de una forma inadecuada,

tanto que lo hizo sentir peligro?

— Yo...lo siento. No quería...asustarlos. Ya me voy, así pueden estar tranquilos...

Dándose la vuelta, abandonó el lugar.

Causó alivio en Ryouhei, que relajó los hombros.

Pero se dio cuenta demasiado tarde de cómo había actuado.

Empezó a sudar.

Se giró hacia su amigo, nervioso.

— Sakuya... ¡...!

Recibió un empujón en el pecho.

Sakuya lo miraba, con el enojo ardiendo dentro de sus ojos.

— ¿¡Qué pasa contigo!? ¿¡Por qué hiciste eso!? ¡Solo quería darnos un dulce!

— Ah... Yo...

Bajó la mirada, sin saber cómo excusarse.

— ¡No me importa si eres más inteligente que yo, no debes actuar así con los demás! ¡Ni

siquiera tienes prueba de que sea alguien malo!

—... Sakuya, yo...

— ¡Olvídalo! ¡Me voy solo a casa!

— ¡...!

Ryouhei corrió a tomarle el brazo, casi desesperado.

— ¡Espera, Sakuya! ¡Vayamos juntos! Es peligroso ir solo...

— ¡Déjame! ¡Dije que iría solo!

El otro lo apartó de un brusco movimiento, mirándolo enfadado.

— Sakuya...

Al final, fue dejado en medio de la acera. Aunque no había nadie más allí, se sentía juzgado y

avergonzado de sus acciones.

(...)

Al día siguiente, el camino de ida a la escuela fue silencioso.

Sakuya caminó adelante, sin hablarle. Ryouhei lo siguió, sin saber cómo hablarle sobre lo

ocurrido el domingo.

Así pasaron veinte minutos. La escuela apareció ante sus ojos, como el correr de niños y niñas.

Las voces animadas no trajeron alegría al ambiente sombrío de ambos.

— ¡Hola, Aoshima, Shibari! ¿Se vieron el capítulo de Súper once ayer? ¡Estuvo muy bueno!

— Tengo que concordar con Hiro, fue muy emocionante.

— Eh, eh, c-cierto...

— ¿No me digas que no lo viste, Shiro-Chan?

— ¡Lo siento! ¡Me quedé dormida!

—...

Viendo el grupo hablar amigablemente entre sí, Ryouhei miró de reojo a Sakuya.

Este lo ignoró, tomando asiento.

El resto de niños se acercó a su mesa.

— ¿Entonces? ¿Qué te pareció?

— Bien...

— Vamos, hombre, ¿sólo eso? ¿"Bien"? ¿Nada más?

— Hiro tiene razón, el capítulo estuvo muy bueno para decir solo "Bien".

— ¿S-Será que tampoco te lo viste, Aoshima-Kun? – Preguntó Yashiro, sintiendo el espíritu

abatido del oji-azul.

—...

— Ey, ¿nos ignoras?

— ¿No dirás nada más?

— ¿Aoshima-Kun? ¿Estamos molestando?

Con los niños preocupados a su alrededor, Sakuya no se dignó a decir nada más.

No importa cuánto le hablaran, no respondió, apoyado perezosamente en su mejilla.

(...)

El resto del día fue un infierno para Ryouhei.

Aun en receso, Sakuya se negó a hablarle, limitándose a mirar fuera de la ventana. Sus amigos

se preocuparon, pero decidieron no molestarlo, temerosos de arruinar aún más su estado de

ánimo.

Como intentar hablar con él no lo llevaría a nada, decidió seguir recopilando información de

Kanaria.

— ¿Ahora qué?

Dijo la niña, mordiendo su hamburguesa. Para tener cara de no querer vivir, comía bastante.

— Háblame del resto de las muertes de Sakuya. No te guardes nada

— Tienes mucho tiempo libre contigo, ¿no es así?

— Sakuya llena el 80% de mi tiempo.

— ¿Eso no es triste?

¿Qué quería que hiciera? Necesitaba salvarlo de su destino. No tenía tiempo para jugar y otras

cosas.

Aunque tampoco antes era muy diferente.

— Ya que antes hablamos de su posible muerte en primaria, ahora supongo que iremos con

secundaria...

Ryouhei asintió.

— En la segunda visión, Aoshima se ve más grande, ¿diría como de 14 o 15 años, tal vez?

Ryouhei anotó en su libreta, la cual ahora llevaba a todos lados.

— ¿Cómo se veía?

Su cuerpo, quiso decir.

— Aparte de la bala en su frente, tenía algunos golpes alrededor de su cara...

El humor de Ryouhei se volvió sombrío. ¿Ahora tenía que cerciorarse de un asesino armado y

violento? ¿Qué pasaba con el mundo?

No, tenía que prestar atención.

— ¿Algo más?

— Estaba dentro de una tienda 24 horas. Era tarde en la noche.

— Hmm.

— Y también... vi...vi a una mujer llorando junto a él.

— ¿Mujer?

¿Una mujer?

¿Tal vez una novia?

— ¿Dices que era su novia o algo así?

— No lo creo.

— ¿Uh? ¿Cómo estás segura?

— Se veía muy vieja para serlo.

— ¿Vieja?

¿Una mujer vieja llorando sobre su cuerpo?

¿Quizás una conocida de la cual se haría amiga después?

Ahora mismo, solo era cercano a su madre.

— ¿La mujer era rubia?

— ¿Eh? No, tiene pelo oscuro.

Así que no es su madre Ameri.

Bueno, no es que las personas que conocía ahora, serían las únicas en su vida. Siempre podía

hacer nuevos conocidos.

— Por cierto, Kanaria.

— ¿Uh?

— ¿Por qué viste tres visiones de Sakuya? ¿No es mucho?

— Ah, eso...

Suspiró largamente.

— Podría significar que bien podría morir de niño, adolescente, o en su adultez. Viendo que

son tres ocasiones, entonces las probabilidades son del 30, 5% para cada etapa de su vida.

—...

Entonces bien podría vivir su infancia en paz sin ningún incidente...

No...

Negó con la cabeza.

También existe un 30% de que no sea así y muera. No puedo confiarme. Debo tomarme enserio

cada etapa.

— ¿Ningún otro detalle?

— No.

— ¿Qué hay de la tercera muerte? Donde Sakuya es adulto.

— Ah, allí, escrito al lado de su nombre, aparece su edad; 22 años.

Qué joven. Apenas podía contar como adulto.

— ¿Me puedes hablar más detalladamente de ese escrito donde encontré su nombre?

— Sí. Te vi entre un montón de gente buscando su nombre en la larga lista. Cuando lo hiciste,

rompiste a llorar a gritos, diciendo que debía ser mentira. Muchas personas estaban en un

estado similar al tuyo.

—...

Después de oír, no le quedó dudas.

Un gran desastre ocurriría.

— ¿Cómo se veían los alrededores?

— Ahora que lo dices, se veía bastantes maltratados. El papel estaba sucio y algo rasgado. La

calle donde estaban tampoco se veía bien, agrietada e intercalada entre sí.

Un terremoto.

Sucedería un terremoto.

Eso explicaba la destrucción, y la larga lista de nombres.

Era una lista de víctimas, y él encontró el nombre de Sakuya en él.

Su reacción sería más que obvia.

— Un terremoto...

Apretó su lápiz con fuerza.

Esto...no podía detenerlo.

No podía ir en contra de la naturaleza.

Actuar contra un asesino ya sonaba descabellado, ¿ahora cómo actuaría contra un desastre

natural?

— ¿Viste alguna fecha?

— No.

Así que no vio ninguna. Bueno, su memoria no era perfecta, podía pasar detalles por alto.

Además que, nunca necesitó cerciorarse de esos detalles, pues la persona siempre moría de

todos modos.

Miró a Kanaria a los ojos.

— Gracias por contarme todo esto, Kanaria.

— ¿...? ¿Por qué me agradeces?

Su vida dio un vuelco para mal desde que se conocieron.

Ryouhei, ya a punto de irse, se giró y le sonrió levemente.

— Porque si no me hubieras dicho nada, nunca habría podido querer luchar contra el destino.

Nunca se habría enterado, quedando en la oscuridad.

Al menos por eso, podía agradecerle.

(...)

De ida a casa, Sakuya seguía sin dirigirle la palabra.

Ryouhei se encontraba mal, buscando alguna forma de intentar hacerlo hablar.

Ayer actué como un idiota. ¿Qué debería hacer ahora? ¿Le debería comprar algo para comer?

No, no creo que traiga buenos recuerdos.

Ayer tiró las paletas al piso, como si contuvieran veneno.

Aunque una pequeña parte de él, aun creía que eran muy sospechosas.

Necesito decir algo. Estamos a punto de llegar.

Cuando eso sucediera, se separarían sin más.

Un día bastó para amargar la vida de Ryouhei. No quería dejar las cosas así. Tenía que

arreglarlas.

— E-Ey, Saku— ¿...?

Sakuya dio un giro, extendiendo la mano.

En ella, tenía una paleta.

Lo miró a los ojos, con sus ojos azules fruncidos bajo sus cejas.

— ¿Qué esperas? ¿No vas a querer?

— Ah, sí...

Tomó la paleta, sintiéndose extraño.

Miró tímidamente a su amigo, el cual suspiró largamente.

— Cuando vuelvas a ver ese hombre, ve y discúlpate. Actuaste mal con él.

— S-Sí.

— Tengo entendido que estás preocupado por mi seguridad, y lo agradezco sinceramente,

pero por favor, no seas tan extremo.

— Sí.

Se relamió los labios.

— ¿Ya...ya me perdonaste, Sakuya?

— ¿Qué cosas dices?

El rubio bajó la cabeza.

— Te perdoné desde ayer, idiota.

— ¿¡Ah!?

¿¡Desde ayer!?

— ¡P-Pero hoy...!

—...

Sakuya formuló una sonrisa de medio lado, estirando la mano hacia su cabello y

despeinándolo.

— ¡Obviamente estaba actuando, tonto! ¡Hace rato que te perdoné! ¡Incluso hablé con los

chicos de antemano, para engañarte!

— ¿E-Eh?

— No dejaré que algo así rompa nuestra amistad, ¿no somos amigos?

—...

La cara de Ryouhei se volvió roja como un tomate.

Y él...preocupado todo el día.

Aunque...era un alivio saber que ya no estaba enojado con él.

— ¿Te disculparás con el hombre cuando lo veas?

— Sí, lo haré.

— Bien, entonces deja de preocuparte más.

La sonrisa de Sakuya era especialmente animada. Después de verlo huraño todo el día, le cayó

como una brisa fresca en medio de un verano caluroso.

Sin darse cuenta, ya sonreía.

Volvieron a caminar a casa, ahora al mismo paso.

— Aunque ayer te veías bastante enojado... ¿Cómo decidiste perdonarme tan rápido?

— Ah, eso...

...

Corriendo a toda prisa, abandonó la figura solitaria de su mejor amigo. No le importó. Estaba

muy enojado.

¿Cómo pudo hacer algo así? ¿No se preocupaba demasiado?

— ¡Ack!

— Ah, mi disculpas...

Por segunda vez en el día, chocó contra alguien más.

Vio una mano estirada hacia él.

— Pequeño, deberías mirar adelante mientras corres. ¿Qué pasa si te topas con una pared?

— Ah, gracias.

Aceptó la ayuda.

Miró arriba.

Era un hombre de arrugas a los costados de sus ojos, y de cabello caoba. Tenía un traje

acicalado entintado en negro y una buena colonia.

— ¿Uh? ¿Alguna mala experiencia?

— Ah...

Se limpió las lágrimas con el dorso del brazo.

— Solo un amigo actuando como un idiota.

— Un amigo, ya veo... ¿Te importaría contarme la historia? Quizás pueda darte un consejo.

—...

Al final, terminó contándole.

— Uh, ya veo. Así que eso pasó.

Con una mano sobre su mentón, asintió.

— Horrible, ¿verdad? ¡Pensar que actuaría así delante de alguien que solo quería

disculparse...!

— Bueno, tampoco exageres.

— ¿¡Fua!?

Revolvió su cabello, el cual ya estaba muy puntiagudo.

El hombre se rio de su reacción, la cual vio adorable.

— Aunque tu amigo actúo exageradamente, tampoco puedes descartar todo lo que dijo.

— ¿E-Eh? ¿A qué te refieres?

— Bueno...

Colocó un dedo sobre sus labios.

— Es cierto que hay adultos que son malos. Es natural que se preocupe por la facilidad con la

que aceptaste los dulces de ese hombre que no conocías... Quizás, solo quizás, pensó que

podrías caer en las garras de alguien malvado... Un lobo hambriento con piel de oveja...

— Ah...

Sakuya bajó la cabeza.

Su padre le dijo que fuera cuidadoso, pero allí ciertamente no lo fue.

Aunque Ryouhei actuó con mucho ímpetu, tampoco estaba equivocado.

— Tienes un buen amigo. Se preocupa mucho por ti. Te tengo envidia.

—... Un buen amigo...

Cierto...

Desde hace un año, Ryouhei se preocupó constantemente por él.

Cuando no quería abrirse a nadie, y simplemente se cerraba dentro de su caparazón, venía él

con cosas interesantes, a veces convirtiéndose en el blanco del profesor.

Aunque quiso espantarlo con su falta de respuesta, todos los días venía con algo nuevo.

Alimentaba su curiosidad, y buscaba sacarle conversación, así fuera un "Sí" o un "No".

Sin él, probablemente seguiría escondido en una esquina, viendo a los demás niños jugar.

—...

La cara de Sakuya acabó bermellón, ahora con sus mejillas infladas como dos manzanas.

— Bueno, exageré demasiado también.

— Jaja. Bueno, son niños. Exagerar es normal.

— Debería disculparme.

— Ciertamente.

— Lo haré mañana. ¡Me disculparé!

Levantando los puños, miró sonriente al hombre de ojos afilados.

— Gracias, señor. ¡Me ayudó mucho su consejo!

— Jeje, no hice nada importante.

Agitó la mano, quitándole importancia.

— Vamos, ve. Tu madre se preocupará si te tardas en llegar a casa.

— ¡Ah, cierto!

Comenzó a correr, para voltearse a último minuto.

— Aunque...no tengo madre. Es mi padre quien me cuida.

—...

El hombre ensanchó los ojos, con aparente sorpresa...

...para entrecerrarlos, casi complacido.

— Ya veo. Una verdadera lástima.

"Aunque eres un niño tan encantador y lleno de energía."

...

De vuelta a la actualidad, dio un vistazo a la expresión paciente de su amigo. Fue divertido no

verlo tener todas las respuestas por una vez.

Sonrió alegremente.

— Bueno... Alguien me aconsejó que tampoco exagerara.

Ryouhei amplió los ojos, atónito. Reiteró sus ganas de seguir haciéndose el misterioso, pero ya

era hora de dejar ir el tema.

— Olvidémonos de esto. Pronto será mi cumpleaños. Será mejor que pienses en un buen

regalo.

Ryouhei entendió rápidamente el cambio. Se dejó guiar, entregándole una sonrisa crítica.

— Idiota. Los regalos no se piden.

— Quiero una consola de videojuegos.

— Creo que un libro sería una mejor opción.

— ¡No otra vez! ¡Estoy harto de los libros!

Ryouhei relajó los hombros, olvidándose de toda preocupación por el resto del día.

Sonriéndole de vuelta de camino a casa, no se dio cuenta de las sombras que apretaban los

hombros de su mejor amigo.

(...)

Aunque su madre estaba ocupada trabajando, siempre buscaba algún momento para pasarla

con él.

No se olvidaba de ir de compras y pasar algo de tiempo de calidad con su hijo.

Era una madre dispuesta a comprarle lo que quisiera.

Lastimosamente, él no veía especial atractivo en las golosinas que vendían en la tienda.

Prefería las cosas amargas, como el café.

— ¿Realmente no vas a querer un chocolate?

— Hmm, ¿tal vez para Sakuya?

— ¿Por qué mencionas a Sakuya?

— A él le gusta el chocolate, no como a mí.

— Hmm, ¿y no hay ningún dulce que quieras?

Negó.

— Dios mío, ¿ninguno?

Su hijo debería actuar más como un niño. A veces quería mimarlo, pero él terminaba

mimándola a ella.

Ryouhei miró aburridamente alrededor de la tienda. Su madre llenaba el carro con su

ocurrente ayuda.

En una de esas, lo envió a buscar un desinfectante, pues en casa ya no había.

Caminó sin prisa a la sección donde se encontraba, buscando distraídamente la marca que

usaban en casa.

— ¿...?

No tan lejos de allí, vio un objeto.

— Eso es...

Volvió con su madre, llevando el desinfectante que ella pidió. Ella le revolvió el cabello,

complacida.

— ¿Uh? ¿Qué es eso?

Vio el objeto en manos de su hijo, con una ceja levantada.

No era un juguete. Era algo más curioso.

— Mamá...

Su hijo la miró, portando una convicción de hierro.

— Necesito esto.

—...

¿Cómo podría decirle que no a esos ojos llenos de seriedad?

Menos, si tomaba en cuenta, las escasas veces que le pedía algo.

Esos nos eran los ojos de alguien que pedía algo por diversión.

(...)

— Chicos, ¿quieren ir a comer al comedor?

— ¿Aun cuando tenemos comida traída de nuestras casas?

— Nada nos prohíbe comer dos comidas. ¡Y darán flan de postre!

— Hmm, no parece mala idea. Aunque no soy amante de los dulces, el flan de aquí es muy

bueno. Sin embargo, debemos movernos pronto, o no nos quedarán buenos lugares donde

sentarnos.

— Incluso Haru me apoya... Bien, ¿qué tal una carrera? El que pierda, le dará sus apuntes a

todo el mundo.

— ¿Por qué me miras a mí? ¿Esperas que te de mis apuntes?

— Diablos, ¿eres adivino o un brujo que sabe del futuro? ¿Por qué siempre sabes lo que

pienso?

— Tú cara no deja mucho espacio a mentiras, sabes.

— Haru tiene razón. Hiro es un... ¿cómo lo llamaba papá? Un libro abierto. Es muy expresivo

con lo que piensa.

— ¿D-De verdad? ¿Soy tan transparente? ¡Entonces seré el mayor perdedor jugando Póquer!

— Ni siquiera jugas Póquer.

El trío se movió a la puerta, aun hablando.

Sakuya recogió sus útiles escolares y estuvo a punto de marchar detrás de sus amigos.

Al menos, hasta que notó que su compañero no hacía ningún comentario.

— ¿Ryouhei? ¿No piensas ir?

Ah...

Al girar hacia su lado derecho, encontró algo sorprendente.

Ryouhei...estaba dormido.

No semi-dormido; estaba completamente desconectado de la realidad.

— ¡Bien, a las una, a las dos, a las tres! ¡Ya!

— ¡Ey, espera!

— ¡Te vi correr antes de las tres, sucio tramposo!

Hiro, Haru y Yashiro desaparecieron tras la puerta, sin haberse fijado antes en Ryouhei.

Sakuya se quedó solo de momento.

Bueno, tampoco quería correr.

Miró a su lado.

¿Ryouhei, durmiéndose sin ninguna preocupación?

Tomaba en cuenta la etiqueta básica, por lo que este comportamiento no era propio de él.

— Hmm.

—...

El niño de cabello rubio se removió, moviendo la cabeza entre la jaula de sus brazos. Por

ociosidad, lo observó durante unos segundos más.

Frunció el ceño.

— Parece...cansado.

Debajo de sus ojos tenía leves ojeras, muestras de cansancio continuo.

Y parecía menos acicalado que de costumbre, como si se hubiera arreglado a toda prisa antes

de venir.

Que supiera él, Ryouhei era muy estricto con su horario. Se levantaba temprano y arreglaba

todos sus útiles, se daba un baño y vestía sin prisas. Nunca pudo ganarle en pulcritud. Siempre

tenía uno que otra detalle menor en su ropa o aspecto.

¿Qué hacía Ryouhei para terminar así? Era alguien que siempre cuidaba su imagen.

— Ey... Ryouhei...

Bueno, no podía dejarlo sin almorzar. Tenía que despertarlo.

Colocando una mano sobre su hombro, lo movió suavemente.

Recordó una vez cuando fue despertado por Hiro, el chico golpeó su escritorio como un bruto,

dándole una desagradable experiencia. No quería hacer lo mismo.

Imitó la técnica de su padre; habla suavemente, mientras lo mueves un poco. No será tan malo

y brusco.

—... ¿Hmm?

Ryouhei reaccionó lentamente, entreabriendo sus cansados ojos amarillos.

Debió estar muy agotado, pues tardó en reconocerlo.

— ¿Sakuya?

— Sí, soy yo.

Ryouhei frotó sus párpados con cuidado, aguantando las ganas de bostezar. No notó el

mechón puntiagudo en la esquina de su cabeza, ni de la marca roja que quedó grabada en la

mitad de su cara.

— ¿Qué hora es? ¿Ya vamos a salir?

— Eh, no. Es hora de almorzar.

— ¿Lo es? No veo a nadie.

— Hoy dieron una oferta especial de flan como postre, así que todos fueron al comedor.

Cuando se trataba de dulces, la mayoría de niños no se lo pensaban dos veces para ir.

— Uh... Ya veo... Entonces vayamos, o nos dejarán sin puesto.

Tomando su bolso, abandonó su asiento. Se tambaleaba ligeramente, caminando despacio.

Seguía aturdido. Pudo notarlo muy bien.

Sakuya, siguiéndolo, preguntó:

— Ryouhei, ¿qué has estado haciendo? Te ves muy cansado.

— ¿Cansado? No, estoy bien.

— Ni siquiera yo caería en eso.

— ¿Entonces Hiro sí?

Bueno, era algo idiota, pero ese no era el punto.

— ¿En qué has estado ocupado? ¿Es algo de casa?

Tarea no podía ser. Últimamente el profesor organizaba las tareas para terminarlas allí mismo.

Ryouhei se detuvo, a punto de salir por el marco de la puerta.

— Bueno...es algo mucho más importante.

¿Algo más importante?

¿Acaso...?

Tragó saliva, tanteando el terreno.

— ¿Acaso...tu padre...ha aparecido?

Es lo único que se le ocurría que pudiera descolocarlo a estas alturas.

— ¿Qué? No, no. Gracias al cielo no.

Ryouhei negó, como si la idea fuera sacada de una pesadilla.

— Estaba preparando cierto material para luego enseñárselo a ustedes.

— ¿Uh? ¿De qué material hablas?

Casi sonaba como un profesor. Keigo-Sensei usaba mucho ese término.

Ryouhei sonrió a medias.

— Ya lo verás cuando nos reunamos en mi casa.

Este tipo buscando verse genial mediante secretos... Era algo irritante.

Hizo un puchero.

— Bueno, no me importa si me lo enseñas después, ¡pero haz algo con esas ojeras! Necesitas

descansar apropiadamente.

— ¿Aunque no parezco verme tan mal?

— Puedo ver tus ojeras desde aquí. Tampoco creo que sea saludable para un niño

trasnocharse demasiado. Te quedarás enano.

Era lo que le decía su padre.

— Jaja... Haré lo que pueda, más no prometo nada.

No quería arrepentirse de nada. No quería desaprovechar ni un segundo al buscar un modo de

salvar a Sakuya de las garras del destino.

Bueno, pronto vería en qué se ocupó toda esta semana, en la cual masticó información clave y

precisa, y la reordenó de acuerdo a sus necesidades.

(...)

Un sábado en la tarde.

— ¿Todos listos para la clase?

— ¡Sí, Shibari-Sensei! ¡Estamos listos!

¿Qué es esto?

— Después de la clase podremos jugar, así que pongan atención.

— ¡Sí!

Sakuya miró a los lados, donde sus compañeros aguardaban por las palabras de Ryouhei, quien

tenía una pizarra en blanco detrás de él.

Además, ¿por qué fingían estar en un salón de clases? ¿No fueron a la casa de Ryouhei para

jugar?

— Al final de la clase haré preguntas. Quien responda correctamente tendrá un dulce.

— ¡Yey!

Esos dulces los trajimos nosotros, ¿por qué ahora los administras tú?

— ¡Sensei!

Alguien levantó la mano. Ryouhei movió el extremo de su regla hacia ella.

— ¿Qué, Shiro-Chan?

— ¿De qué tratará esta clase? Aun no nos ha dicho el tema.

Ryouhei le levantó el pulgar.

— Buena pregunta, Shiro-Chan. Ten un caramelo.

— ¡Yey!

Le envió una mirada de soslayo a Sakuya.

¿Por qué me miras? ¿Esperas que pregunte como ella?

— Esta clase es muy, muy importante para todos nosotros. Más, si queremos llegar a adultos

sin problema alguno.

— ¿Cómo así? – Dijo un Hiro confundido.

— ¿Piensas darnos un curso avanzado para volvernos más inteligentes que el resto?

— No, Haru, nada de eso.

— Aww...

— Lo que hoy voy a enseñarles, es a cuidarse de adultos malos.

— ¿Adultos malos?

— Allá afuera existen personas que actúan mal contra nosotros, los niños. Son gente muy mala

y peligrosa.

— ¡Es cierto...! La otra vez vi en las noticas que una niña está desaparecida desde haces varios

meses. – Dijo Yashiro.

— No importa cuánto nos intenten esconder esto los adultos para no preocuparnos, es una

realidad.

Su expresión tomo matices oscuros.

— Pero...

"Si sabemos de antemano cómo cuidarnos, entonces podremos evitar desaparecer como esos

niños."

Todos asintieron. Ninguno quería desaparecer de un día para otro.

Los adultos se limitan a decirles que tuvieran cuidado con los adultos, pero ¿exactamente

cómo debían tener cuidado? No era tan fácil saberlo.

Ryouhei escribió la palabra "Extraños" en la pizarra con rotulador rojo. Rodeó la palabra,

dando ahínco sobre su importancia.

— Primera lección; tener cuidado con extraños.

Sakuya se sintió irremediablemente atacado.

— ¿Con extraños?

— Sí. Aunque no todo el mundo es malo, debemos tener cuidado cuando tratamos con gente

que no conocemos.

— ¿Cómo el señor de la otra vez?

— Exacto. Bueno, no hay tanto problema si estamos en un lugar público y lleno de gente, pero

cuando estamos completamente solos, es peligroso.

— ¿Es así?

— Sí. Si estamos solos a menudo, pueden incluso secuestrarnos.

— ¿¡Eh!?

El trío de niños se acuñó, asustados. Ryouhei era muy bueno metiéndoles miedo.

— ¿¡Nos secuestrarán si estamos solos!?

— Bueno, no significa que al estar un segundo sin la compañía de nadie los vayan a secuestrar,

pero existe la posibilidad. A fin de cuentas, ese tipo de personas van por niños que no tienen la

supervisión de sus padres...

Niños descuidados y sin adultos responsables a su lado.

— ¡Ah! ¡Desde ahora no saldré sin mi mamá!

— ¡Yo tampoco!

— Shibari tiene un punto.

Bueno, eso ya era algo. Al menos les estaba metiendo algo de conciencia.

Escribió "Vehículos sospechosos" como segundo punto.

— Lo otro, es estar pendiente si nos sigue algún auto.

— ¿Pero no hay autos en todas partes?

— Sí, pero si lo ves en más de tres ocasiones, y no parece desviarse a otra parte, es motivo de

preocupación.

Los niños exhalaron aire frío.

— Es lo mismo con la gente. ¿No sería raro si vemos a cada momento la misma persona detrás

de nosotros? Cuando eso sucede, lo más probable es que nos estén siguiendo.

— S-Si eso nos sucede, ¿qué hacemos?

— ¿Corremos?

— Primero que nada, es buena idea buscar un lugar con mucha gente. Tratar de ocultarnos en

un lugar solitario hará el efecto contrario.

— ¿Gritar también sirve?

— Podría funcionar también. Si se sienten expuestos se irán, pero podría regresar después, así

que sería una medida de emergencia.

Yashiro y el resto tomó nota, muy concentrado. El miedo funcionaba bien para ponerlos alerta.

— Pero también está lo otro. Podemos buscar la ayuda de una persona y decirle que alguien

raro nos persigue. Si es un policía, mucho mejor.

Además, ver los rasgos del sospechoso y tener una idea clara de cómo se veía ayudaría mucho.

— Además, traten de no coger dulces de extraños, al menos que confíen plenamente en ellos.

E incluso así, existían riesgos.

— Ryouhei...

— ¿Sí, Sakuya?

— ¿Por qué de repente nos hablas de esto?

¿Por qué preparó este material con tanto estudio, al punto de trasnocharse varias noches?

—...

Miró a otra parte, mientras el resto lo miraba en busca de respuesta.

— Yo...

Cierto, era necesario darles una excusa convincente.

— Vi recientemente en el periódico el aumento de niños desaparecidos, y me preocupé.

Yo...no quiero que ninguno de ustedes desaparezca...

Quiero que todos crezcamos y cumplamos nuestros sueños, por más pequeños que sean.

Quiero que vivamos.

Sobretodo tú, Sakuya.

— S-Shibari...

Las lágrimas brotaron de los ojos del trío de niños, que miraron con sentimiento al rubio de

ojos dorados.

— ¡Uaaaahhhh! ¡No te preocupes! ¡Todos nos haremos grandes! ¡Estaremos juntos hasta el

final!

— ¿¡...!? ¡Esperen...! ¡Pesan mucho! ¡Ugh!

Recibió el peso de tres niños, quienes lo abrazaron vigorosamente en medio de lágrimas.

Al final, tuvo que consolarlos los siguientes diez minutos, sobornándolos con golosinas para

que lo dejaran respirar.

Faltaban dos meses para el cumpleaños número 11 de Sakuya.

Cada día que pasaba, se sentía como si se le restara a su vida.

(...)

— Aquí están los futones. Si necesitan algo más, pueden pedírmelo. No tenga vergüenza.

— Gracias, abue.

— De nada. Me alegra conocer a todos tus amigos. Son tan agradables.

La señora de 70 años les sonrió a todos, dejando los futones en una esquina de la habitación.

La casa de Hiro era acogedora y bastante tradicional. El piso de tatami yacía bajo la calidez de

los cuidados de la abuela, mientras que las paredes estaban limpias de toda mancha.

Haru acomodó sus lentes, viendo la habitación de Hiro.

Estaba fuera de lugar.

— Pensé que serías de los revoltosos que tendrían todo hecho un desorden. Me sorprende

que esto esté tan ordenado.

— Hacer eso solo le daría más trabajo a mis abuelos. ¡Soy un niño bueno!

— Si eres tan bueno, mejora tus notas, burro.

— ¡H-Hago lo que puedo!

Ryouhei y Sakuya tomaron los futones y los extendieron. Yashiro se sumó a ellos.

Entre ellos organizaron una pijamada en casa de Hiro, alegando que sería divertido.

—...

Bueno, la iniciativa no vino de nadie más que de Sakuya.

Él habló en secreto con el resto, para buscar una oportunidad de darle un merecido descanso

al idiota de Ryouhei, quien a veces llegaba somnoliento. La otra vez llegó tarde, con zapatos de

distinto color.

No entendía cómo es que su madre no se dio cuenta. ¿Tendría el mismo problema?

— ¿Qué quieren hacer primero? Organicé algunos juegos que podemos probar...

Él otra vez con su espíritu de organizador. ¿Moría si no hacía nada?

Sakuya miró a Shiro-Chan.

Elle le respondió con un guiño.

— En realidad, pensé que podríamos probar otra cosa.

— ¿Eh?

— ¡Veamos una película!

— Ah, si es así, entonces tengo algunas recomendaciones basadas en reseñas confiables-

— Nosotros elegiremos. No tienes que molestarte.

—...

— Sakuya tampoco, ya que pronto será su cumpleaños.

— Espero buenos regalos de ustedes, o no los invitaré a mi fiesta.

— ¿¡Eh!? ¿Enserio?

Yashiro hizo ojos de cachorrito triste.

— ¡E-Era mentira! ¡Aun si no tienen regalo, son libres de venir!

La alegría volvió.

—...

El resto de la noche, la diversión la organizaron el trío de chicos. Ryouhei se sintió extraño por

no manejar el itinerario, ni las decisiones.

No estaba acostumbrado a ser un espectador. Prefería estar en movimiento, haciendo algo.

Sin embargo, no importa cuanto lo intentó, siempre lo rechazaban.

Y al final...

— Jaja, ¿qué pasa con esa cara? ¿Estás enojado?

— No lo estoy.

Dijo, hinchando sus mejillas inconscientemente. Su ceño tampoco estaba relajado. Además

que tenía una postura cerrada, entrecruzando sus brazos.

Sakuya tiró de su mejilla.

— ¿Acaso odias no dar órdenes?

— No.

— Tú cara me dice lo contrario.

Era genial verlo sacar una faceta fuera de la profesional que siempre les presentaba.

— ¿Acaso ya no confían en mis decisiones?

— ¿Qué? No. Siempre nos ayudas mucho, así que queríamos dejarte descansar un poco, al

menos hoy...

— No es que necesite descanso.

Claro que lo necesitas, idiota.

La película fue divertida. Al terminarla, les entró sueño. Todos se metieron dentro de sus

futones.

— Ey, ¿están despiertos?

— ¿Qué quieres ahora, Hiro?

— ¿Alguno de ustedes tiene una historia vergonzosa de su niñez?

— ¿No seguimos siendo niños? ¿Y por qué deberíamos hablar de eso-

— Yo una vez dormí en una litera con mis primos. Terminé cayendo de la cama de arriba, pero

tuve pena de llorar, así que me quedé en el suelo. Al otro día, me vieron dormir abajo, junto

con un gran chichón en la cabeza.

No era particularmente vergonzoso, pero servía para encenderla mecha.

Con la historia de Yashiro, Haru se animó.

— Haa... Si tuviera que decir algo que considere bochornoso, sería esa vez que confundí en

primer grado la palabra "Orgullo" con una cualidad positiva de carácter. En mi ensayo sobre mi

familia, dije que mi mamá era muy "orgullosa". Todos me vieron extraño, y la maestra me

avisó sobre mi error... A partir de eso busqué estudiar las palabras y sus significados como

loco, para no cometer el mismo error.

— Pff.

— Cállate, es tu turno, Hiro.

— Bueno, yo una vez tenía en mi vecindario un perro del cual siempre me burlaba al pasar

junto a él. Como la casa donde vivía tenía una reja alta, no podía hacer nada aparte de

ladrarme con rabia todos los días. Seguí haciéndolo varios meses, hasta que un día pasé, y no

lo vi salir como de costumbre. Pensé que estaba dormido, y seguí de largo. Cerca de llegar a mi

casa, sentí unos dientes morder mi trasero. ¡El perro de alguna manera había salido,

emboscándome! ¡Fue muy doloroso! ¡Aún tengo las marcas de dientes allá atrás!

Todos se rieron.

Llegó el turno de Ryouhei.

— De pequeño, creía que los padres se conseguían como las mascotas en las calles. Cuando

estaba de compras con mi madre, vi a un hombre guapo y de ropa cara. Pensé que sería buen

esposo para mi mamá, así que le dije "Mamá, mira, ese hombre tiene dinero y es guapo,

adóptalo como marido". Sigue sin olvidarlo.

Más risas hilarantes.

Finalmente, llegó Sakuya.

— En mi caso era algo similar, solo que yo buscaba activamente cualquier mujer como posible

pareja para mi papá. Mientras me tratara bien, yo iba y les decía "¿Quieres ser mi mamá? Mi

papá te tratará bien", sin importar si eran ancianas, adolescentes, o adultas. Le causé muchos

problemas a papá.

Ryouhei rio más fuerte que el resto.

Las mejillas del chico se ruborizaron. Casi pudo notarse en medio de la oscuridad.

Ryouhei se apoyó en su mano.

— Me habría gustado ver eso.

— Y a mí ver cómo buscabas que tu madre adoptara maridos.

— Me gustaría pensar que somos más maduros a cuando teníamos esa edad.

— Me gustaría, también.

Pero a veces sacaba su lado carente de neuronas, haciendo tonterías por puro placer.

— Faltan tres días para tu cumpleaños. Procura ir ese día peinado, ¿ok?

— L-Lo intentaré.

Ya que la vez anterior vino con mechones levantados, tal como Goku.

(...)

La nieve caía en suaves copos blancos. La tierra estaba cubierta de ella, de un manto tan

blanco como el lomo de un armiño.

Vio fuera de la ventana, con una exhalación profunda sobre el vidrio. Se grabó una huella

blanca de vapor.

Detrás, oyó los pasos de su mamá.

— Lo siento, y pensar que querías felicitar de primero a Sakuya-Kun en su cumpleaños...

Su madre colocó una manta cálida sobre sus hombros, disculpándose.

—...

Esto no podía ser peor.

De todos los días, tuvo que enfermarse de fiebre el día que Sakuya cumplía años.

Es cierto que se sobre esforzó demasiado últimamente, pero...

Bueno, exageró bastante.

Pasó mucho tiempo planificando las clases para su cuarteto de amigos, los cuales prestaban

más atención a lo que decía, que a las clases de Keigo-Sensei. Eso, junto con la elaboración de

tareas para la escuela, como la atención en Sakuya y su itinerario, le restaron muchos puntos

de salud.

Al final, lo que dijo se cumplió. Terminó enfermándose.

El agotamiento le provocó fiebre, haciendo que fuera incapaz de ir a la escuela con él.

La nieve afuera no ayudaba a su sombrío humor.

Su madre le entregó chocolate caliente en una taza de oso.

— Bueno, puedes recibirlo cuando vuelva de la escuela. De todos modos, iremos a su fiesta de

cumpleaños en la noche.

— Sí.

Quiero ir, quiero ir, quiero ir, quiero ir...

Respondía automático, dando monosílabas.

Sus palabras diferían bastante de los que realmente quería hacer.

Tomó un sorbo.

Hizo una mueca.

El chocolate era demasiado dulce para su gusto. ¿Por qué su madre le echaba tanta azúcar?

Seguro a Sakuya le encantaría. A él le venían mejor cosas como esta.

Solo podía rezar para que Sakuya no tuviera ningún problema sin su compañía.

(...)

Hoy fue un día animado. Todo el mundo lo felicitó, y regaló uno que otra golosina como regalo.

Otros fueron más serios, y le trajeron algo elaborado de casa. A todos se los agradeció.

El profesor incluso organizó un juego entretenido para que todos jugaran dentro del salón. Fue

muy divertido.

Solo que...fue una lástima que Ryouhei se enfermara y no pudiera venir. La noche anterior dijo

que le tenía un regalo muy interesante y divertido.

Como dijo que era divertido, tenía que ser algo ajeno a los libros.

Bueno, al menos podría verlo cuando volviera a casa.

— ¡Adiós, Hiro!

El chico fue llevado por su abuelo.

— ¡Adiós, Haru!

La criada llevó de la mano al niño de lentes.

— Hasta mañana, Shiro-Chan.

Y Yashiro se marchó, cargada en los confiables brazos de su padre.

—...

Exhaló vapor blanco, abrigándose en respuesta al frío de la nieve.

Al principio era divertido, ya no.

— Tengo ganas de tomar chocolate caliente...

Susurró, moviéndose hacia su hogar.

Su padre estaría trabajando, así que no llegaría hasta dentro de unas horas.

— Que aburrido.

Sin Ryouhei, no tenía nada de qué hablar.

Quizás debería parar en su casa, en vez de regresar a la suya. Podría volver cuando su padre

llegara...

De paso, podría recibir su regalo. Se preguntaba que era...

¿Quizás podría ser una consola de videojuegos?

Sonrió, imaginándolo lo más vivido posible.

— ¿Uh?

Un auto paró a su costado en medio de la calle. El sonido silencioso del motor llamó

brevemente su atención.

¡Ah! ¡Es él!

Del mismo auto se bajó el hombre de antes, el cual tenía ojos afilados y una ancha sonrisa.

Le dio una amplia sonrisa llena de dientes blancos.

— Si es el pequeño de antes, hola, ¿cómo estás?

— Ah...

Formó una sonrisa, similar a la suya.

O tal vez no, la de él se veía inusualmente alegre el día de hoy.

— ¡Hola, señor! Estoy bien.

El hombre llegó a su lado, zapateando la nieve por donde caminaba.

Removió su cabello con gestos elegantes.

— ¿Regresando a casa después de la escuela?

— Sí.

— Te ves muy feliz, ¿pasó algo bueno?

— Jeje, resulta que hoy es mi cumpleaños, ¡recibí un montón de regalos!

— ¡Oh!

El hombre se rio entre dientes, fingiendo sorpresa.

— Diablos... No tengo ningún caramelo que darte...

Tiró de sus bolsillos vacíos, haciendo cara de tristeza.

Sakuya negó con la cabeza, sin sentirse agravado.

— Ah, no importa. Ya recibí muchos regalos de mis compañeros de clase.

Su mochila estaba llena de ellos. Luego se los mostraría a Ryouhei.

— Bueno, dado que no tengo nada que darte, ¿Qué tal si te llevo a tu casa? Hace mucho frío,

sería malo si te enfermaras.

— Ah, no es necesario... Mi casa queda cerca, está a—

"No hables de esos temas con gente que no conoces."

Las palabras de Ryouhei lo sacudieron.

— ¿Tu casa qué...? Te quedaste en blanco.

Sakuya cerró la boca, sonriendo a medias.

— No, nada. No es necesario que me lleve, puedo llegar yo solo. ¡Puesto que ahora tengo 11

años!

Se palmeó el pecho con orgullo, ocultando su cambio de tema.

— Ya veo, ahora eres un hombrecito. De todos modos, me sabría mal no hacer nada por ti en

este día tan especial. Déjame llevarte. Mi auto tiene calefacción... Te hará sentir bien.

Esa última parte tuvo indicios de algo más, pero no le prestó atención.

— Y me vuelvo a negar cortésmente. Este frío no es nada para mí.

— Oh, vamos... No te hagas rogar...

— Eh...

El hombre rodeó su hombro con una mano.

Fue acercado hacia él, hacia su sonrisa de oreja a oreja.

— Solo deja que este buen hombre te lleve. Me aseguraré de llevarte sin ningún daño.

— E-Eh, pero yo...

— Ya verás que el interior de mi auto te encantará. Lo decoré con muchas pegatinas coloridas.

— E-Ey, espere...

Tiró hacia atrás, pero el agarre del hombre era poderoso.

¿Por qué tanta insistencia? Acababa de negarse...

Las cosas empezaron a colorearse de colores negativos...

La cosa dejó de gustarle.

Empezó a sudar en frío.

Sus pies trataban de llevarlo al contrario, pero el hombre lo llevaba a paso constante hacia la

puerta abierta de su auto.

¿Por qué estaba abierta de antemano? ¿Ya tenía pensado llevárselo?

"Cuidado con los autos."

Una vez más, las palabras de Ryouhei golpearon su memoria.

Sus ojos se encogieron de horror.

"Los secuestradores meten a los niños en sus autos, para luego desaparecerlos..."

Su respiración se volvió errática.

No, no, no, no, no, no, no... Esto no puede ser... No puede ser... Tiene que ser un error... Un

error...

Se fundió con el pánico creciente de su pecho, sintiendo las fauces del auto más cerca.

Sentía que cuando pusiera un pie dentro, estaría irremediablemente condenado.

Tenía que ser un malentendido... Un malentendido grave.

Ah...

Dentro de los bolsillos de la chaqueta del hombre, vio indicios de caramelos.

Aun cuando antes dijo que no tenía nada para darle...

...

El miedo lo golpeó de frente, paralizándolo.

El...le mintió.

Mintió sobre no tener caramelos.

"Ten cuidado, Sakuya."

Las lágrimas se asomaron.

El hombre hizo una expresión de aparente sorpresa y malestar.

— Vamos, ¿por qué lloras? Aun no te he hecho daño...

— ¡Déjeme...ir...!

Tiró más fuerte. Él hombre respondió en consecuencia. Le dolió el brazo.

Por más forcejeos que intentara, su fuerza no era rival para la del adulto. Las lágrimas

corrieron de sus mejillas pálidas. El miedo fue real, presente en cada segundo que veía cómo

era llevado hacia el interior del auto negro, cuyas ventanas estaban oscuras.

Por favor, Dios, ayúdame...

No quiero desaparecer... ¡Quiero vivir!

— Ya verás que no dolerá, soy alguien muy amable, a fin de cuentas—

¡ALEJE SUS MANOS DEL NIÑO!

— ¿¡...!?

El hombre lo soltó del brazo, ensanchando sus ojos en pánico.

¡Esa voz llena de autoridad...! ¿¡La policía!? ¿¡Cómo!? ¿Qué hacía la policía en un lugar como

este? ¡Si lo vieron, estaba en graves problemas...!

Se giró, esperando encarar un hombre uniformado, pero en vez de eso, encontró una bola de

nieve volando directamente a su cara.

— ¿¡...!? ¿¡Nieve!?

Al segundo siguiente, sintió la ausencia del calor del niño.

— ¡Vamos!

— ¿¡Qué!?

Una mano saltó hacia Sakuya, tomando su mano. Miró, para su consuelo, una cara conocida.

Llevado a toda prisa lejos del hombre, corrió detrás de Ryouhei, exprimiendo cada gramo de

energía en la velocidad de sus piernas.

En la mano contraria de Ryouhei, se encontraba una grabadora.

De allí salió el grito de antes.

El hombre se rio. Soltó una risa escalofriante.

— Ah, jaja... Pequeño mocoso... ¿También te quieres sumar a nuestra fiesta?

Limpiándose la nieve de la cara, corrió tras ellos. El lobo persiguió los corderos inocentes de

toda culpa, hambriento de sus carnes.

En cuanto los atrapara, los devoraría por completo, sin dejar un hueso.

— ¡Corre, Sakuya, no debe atraparnos!

— ¡Sí!

Ryouhei lo llevó de la mano, jadeando fuertemente. Le dolía la cabeza, y la garganta le ardía,

pero no dejó que la fiebre redujera su velocidad.

Semanas antes, Ryouhei marchó hacia unos policías de guardia, pidiéndoles un favor trivial;

grabar en su grabadora, un grito especifico.

Cuando le preguntaron para qué, dijo que era para usarlo en caso de emergencia.

Por supuesto, se refería a un momento como este.

¡Fue buena idea ir a encontrarlo antes! De haber esperado a la noche, Sakuya habría sido

llevado por ese bastardo.

Le dio rabia imaginarse en su casa, con su regalo en mano, esperando a que volviera.

...para luego descubrir que desapareció de camino a casa.

El lugar donde aparecería ya era obvio.

...flotando bajo un puente.

...

Imaginarlo logró que su pecho ardiera de odio contra sí mismo.

Se habría maldecido toda la vida por su incompetencia si eso hubiera ocurrido.

Por supuesto, aun no estaban a salvo.

— ¡Vamos! ¡Corre más fuerte! ¡Si nos atrapa, estamos muertos!

Tanto él como Sakuya.

Sakuya asintió, aumentando el paso. Detrás, venía el hombre. Su mirada hambrienta en medio

de la oscuridad le entregó escalofríos a su espina dorsal.

Giraron en la intersección. Dieron desvíos y buscaron atajos. Necesitaban encontrar un lugar

más abierto para huir.

Más rápido, más rápido, más rápido...

¿Por qué tenían piernas tan cortas? ¿Dónde estaban las personas? ¡Necesitaba encontrar un

lugar con gente!

— ¡Hk!

— ¡...! ¡Sakuya! ¡Ack!

En un momento breve de lentitud, el hombre alargó su brazo y recogió a Sakuya desde su

ropa, tirando con fuerza. Ryouhei se giró al sentir la ausencia de Sakuya. Antes de poder

buscarlo, una patada a su estómago lo derribó sobre la nieve.

— ¡Ryouhei!

— Jeje... Te tengo

~

.

Su risa fue enfermiza.

Sakuya agitó los brazos, siendo levantado por el hombre de negro. Por mucho que pataleara,

no podía salir de sus manos.

— ¿Por qué tenías que venir en un momento tan inoportuno? Bueno, te perdonaré ya que

eres bastante lindo.

— ¿¡...hk!?

— ¡Ryouhei!

Ryouhei recibió una segunda patada a su costado. Su cuerpo tembló, adolorido en medio del

frío clima. Su amigo, aun atrapado, estiraba los brazos hacia él.

— Lo de la grabadora fue inteligente. Lástima que soy mucho más rápido...

Sonrió con una asquerosa sonrisa desdeñosa.

— Bueno, en cierto modo, tener dos en vez de uno me resulta más conveniente.

Dos por uno, una buena oferta.

Era hora de llevárselos al auto. Allí se encargaría de dormirlos. A partir de allí, no existía nada

que pudiera salvarlos.

Se convertirían en meras cáscaras vacías.

Aunque antes de eso, podía jugar con ellas a placer.

Estiró la mano hacia el caído Ryouhei. Debería ser fácil llevarlo, luego de aquellos golpes.

Pero Ryouhei estaba lejos de aceptar su destino.

— ¡...! ¡¡Maldito!!

El niño abrió la boca e hincó los dientes sobre su mano. Lanzó un crudo alarido de dolor,

sintiendo su piel ser atravesada por sus dientes.

¡Le arrancaría los ojos a ese mocoso!

No es que importara. Solo necesitaba sus órganos internos. Lastimarlo un poco no alterará

demasiado lo que ganaría por él...

— ¡Pequeño bastardo, veamos si puedes continuar así luego que te arranque—

— ¡GUAU!

— ¿¡Hua!?

Fue derribado.

Un gran animal cuadrúpedo saltó sobre él y clavó sus afilados dientes sobre el brazo que

sostenía la ropa de Sakuya. La fuerza de la mordida fue poderosa, tan fuerte, que fue incapaz

de contener un grito áspero.

Su cuerpo cayó sobre el manto de nieve, con ese animal tirando furiosamente de él.

— ¿¡U-Uh...!?

Sakuya cayó junto a Ryouhei, probó la nieve por unos instantes, antes de ver al responsable de

intervenir.

— ¡GRRRRR!

— ¡SUELTAME, SUCIO ANIMAL! ¡AACK!

— ¿B-Briss?

Asombrados, vieron la figura de Briss morder reciamente el brazo del secuestrador.

Por más gritos y maldiciones que lanzó el hombre, Briss no lo soltó. En sus ojos no se vio

deseos de abandonar su deber.

Jalando de él, lo alejó de los niños.

— ¡Ey, Briss!

— Ah...

Ambos niños boquearon, reconociendo esa silueta que se acercaba.

Era el hombre de antes, llamado Ren.

Solo que ahora, portaba un uniforme policiaco.

— ¡...! ¡Ustedes...!

Ren observó los niños. El de pelo oscuro tenía marcas de lágrimas bajo sus ojos. El rubio, tenía

el estómago golpeado y algo de sangre en la boca.

Al ver a Briss revolcar un hombre vestido de negro no tan lejos, supo inmediatamente a qué se

enfrentaba.

Primero que nada, corrió a someter al hombre.

— ¡Alto, policía! ¡Estás arrestado por agresión a menores de edad!

— ¡Hk...! ¡Maldición...!

Atrapando sus muñecas en las esposas, suspiró aliviado. Lo sometió contra la fría nieve,

llamando a su compañero para que viniera a recogerlos.

— Ah... Ng...

— ¡Ah, Ryouhei!

Sakuya ayudó al rubio a no caer. Vio que su respiración estaba errática, ¡también ardía mucho!

— ¡T-Tenemos que llamar a tu mamá! ¡También te lastimaron...debemos...!

— Sakuya...

— ¿Q-Qué?

Aunque estaba herido, Ryouhei sacó una voz tranquila y sin apuro.

— ¿Estás bien? Ese hombre... ¿no te lastimó?

—...

Este tipo...

— ¿P-Por qué te quedas en silencio? ¿L-Logró hacerte algo? L-Lo siento, si hubiera llegado

antes, entonces-

Golpeó su cabeza.

— ¿Eres idiota? No pasó nada... Además, ¿a quién le importa si estoy bien? ¡Estamos hablando

de ti!

—...

Ryouhei abrió los ojos como platos, viéndolo recobrar fuerzas.

Esos ojos...estaban llenos de vida.

Sakuya estaba bien.

Él...lo logró.

— Jajaja.

No pudo evitarlo. La risa brotó naturalmente de su boca.

— ¡No te rías! ¡Esto no es gracioso! ¡Mira lo mal que estás!

No podía parar. Las lágrimas en algún momento salieron. Se sintieron cálidas y llenas de alivio.

Aunque el cuerpo de Ryouhei ardía y temblaba por la fiebre alta, no podía sentirse mejor.

Sakuya estaba vivo.

Logró salvarlo.

(...)

Llegó el compañero de Ren, el cual, irónicamente, era el mismo del grito que grabó Ryouhei en

su grabadora.

Se llevaron al hombre en su auto patrulla, luego pasando a interrogarlos sobre lo sucedido.

— Estaba regresando a casa, cuando ese hombre quiso meterme a la fuerza dentro de su

auto...

Explicó Sakuya, resguardado del policía con ayuda de Ryouhei. La experiencia de antes golpeó

duro su confianza en los adultos.

— Ya veo... ¿Y cómo te liberaste?

Ryouhei respondió por él.

— Aparecí yo, colocando la grabación. El hombre se distrajo, y aproveché para lanzarle una

bola de nieve y aturdirlo. Gracias a eso, soltó a Sakuya...

— Así que usaste mi voz para eso... Me alegra no haberme negado... Aunque...

Los miró más severo.

— Eso fue muy peligroso. Pudo llevarlos a ambos...

— Mi amigo estaba en peligro. Tenía que ayudarlo.

—...

Este niño...

Suspiró, masajeando su entrecejo.

Antes, cuando le cedió una grabación sin implicaciones serias, creyó ver la convicción dentro

de sus ojos. Ya sabía que no se equivocó.

Este niño...de alguna manera sabía que su amigo sufriría un intento de secuestro. Por ello

preparó la grabación.

¿Cómo? No lo sabía.

— ¿Algún otro detalle?

— Sí, ¡pateó a Ryouhei, dos veces! ¡Necesita que lo revisen!

— Eh, no es nada serio.

— ¡Deja de negarte! También tienes fiebre.

— Tu amigo tiene razón, necesitas atención médica.

Aunque Ryouhei se negó, el policía y Sakuya lo llevaron a que le dieran una revisión.

Sus padres fueron llamados, puesto que fueron implicados en un intento de secuestro.

El abrazo de su madre dolió mucho, pero lo aceptó de todos modos. Vio por el rabillo del ojo al

padre de Sakuya llorando sobre el hombro de su hijo, gritando que desde ahora no lo dejaría

solo por el trabajo.

Fue una vista agradable, aunque su estómago doliera un infierno y su cabeza ardiera tanto que

creyera estar siendo lamido por el fuego.

(...)

Días después, se le dio de alta, pues solo tenía algunos moretones donde fue golpeado. Gracias

al cielo no se le rompió ninguna costilla.

Supo gracias al reporte de Ren, que llegó después a ver como estaban, que ese hombre fue

enjuiciado por extracción, abuso sexual y venta de órganos. De paso, atraparon a otros

compañeros dentro del negocio, para alegría de Ryouhei y Sakuya.

Por lo que supo, el padre de Sakuya dejó su trabajo y buscó uno que le diera más tiempo en

casa. El susto que recibió con Sakuya lo marcó profundamente, ahora buscaba acompañarlo

siempre que pudiera.

Sus amigos vinieron a visitarlo, casi llorando, pensando que estaba por morir. Les explicó que

solo eran unos moretones, nada serio, pero ellos lloraron amargamente durante un rato.

Su madre tuvo que darles a todos chocolate caliente para calmarlos.

Finalmente, luego de una semana...

— ¡Feliz cumpleaños, Sakuya!

— ¡Sopla la vela y pide un deseo!

Las once velas sobre el pastel fueron apagadas de un soplo. Los niños y los adultos vitorearon

al cumpleañero.

— ¡Hora de pastel!

— ¡Yo quiero la fresa del medio!

— Esa fresa es del cumpleañero, Shiro-Chan.

— Ah, ¿enserio?

— No me importa dártela, Shiro-Chan.

Con Sakuya dándole una fresa a la niña, se movió al lado de Ryouhei, llevando su porción de

pastel en un plato. Este lo aceptó con una sonrisa ligera.

— ¿Cómo te sientes?

— Mejor, ¿y tú?

— A mí no me lastimaron. – Fue él que recibió los golpes.

— Pero debió ser aterrador, ¿no?

—...

En aparente silencio, Sakuya tomó asiento. Sus ojos no abandonaron su pastel durante los

siguientes cinco segundos.

— Lo fue.

Admitió, de manera sincera.

—...

Ryouhei sintió miedo e ira contra ese hombre. Como deseó que Sakuya nunca lo hubiera

conocido.

—...Pensé que estaba perdido, hasta que llegaste... Llegaste en el momento justo...como un

héroe. – Su sonrisa demostraba alivio genuino.

Un héroe, eh...

Ryouhei miró abajo, con una sonrisa autocrítica.

— Pero si no hubiera llegado Briss, nos habría llevado a ambos. Nos serví de mucho.

Sakuya frunció los labios. Entregó un golpe a su costado.

— Si no me hubieras alejado del auto en ese momento, habría sido llevado por ese hombre

mucho antes. Gracias a que ganaste tiempo, Briss pudo encontrarnos.

—...

¿De verdad logró cambiar el destino?

Sakuya sonrió, para luego decir sin aires de mentira:

— Gracias por salvarme, Ryouhei. De no ser por ti, ahora no estaría aquí.

—...

Esas palabras...valían más que todo el oro del mundo.

— Gracias a ti, por no morir, Sakuya.

Dijo, sonriendo con una suave calidez abrazando su corazón. No le importaría morir en un

momento como este.

Tener esas palabras, le demostraron que su esfuerzo no fue en vano.

— ¡Ah, Hiro, no te bebas todo el refresco!

— ¡El refresco es mío! ¡Solo mío!

— ¡Dejamos un poco, idiota! ¡Señora Shibari, ayúdenos! ¡Hiro no nos quiere dar refresco!

— Que bueno es tener tanta energía.

Con el trío de niños gritaron y correteando por un refresco, Sakuya y Ryouhei se brindaron

risas irónicas bajo las luces reconfortantes del interior de la casa.

— Por cierto, ¿qué me trajiste de regalo? Tengo muchas ganas de saberlo

— Ten entonces, seguro te gustará.

— ¿Uh? ¿Por qué tiene esta forma? No, espera, espera... No me digas que...

— Sí, es un libro, ¡uno muy interesante!

— ¡Lo sabía! ¡Te dije que estaba harto de ellos!

— Jajajaja.

— ¡No te rías!

Por supuesto, Ryouhei no dejó de reírse, incluso cuando Sakuya golpeó su costado sin

descanso.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Ok, el suspenso y el misterio no son lo mío, aunque, ¿se puede llamar así? No vi este capítulo

especialmente "misterioso", desde mi punto de vista, todo ya estaba claro desde el principio.

Bueno, si buscan originalidad, no la encontrarán en mis historias. No soy muy imaginativa.

Esta historia nació después de leerme el fandom de uno de los primeros animes que vi de

joven, a ver si alguien da con él, en cierta manera, el ambiente es el mismo.

Aun ahora, me duele la espalda un infierno. No sé por qué, pero cuando estoy escribiendo

inspirada, me duele el cuello y la espalda. Cuando no lo estoy, no me duele nada, ¿no es

gracioso? Además estaba escribiendo mi tarea junto a esto, pues no quería perder tiempo.

Pensaba hacer un one-show de esto, pero al ver que la cosa se alargaba, decidí dejarlo en tres

partes. Ya tengo la 2 a punto de terminar, y la tres no tardará tanto en venir. Por supuesto, El

elfo y el mercenario viene después que termine este pequeño proyecto.

Bueno, tema aparte... Sobre El Bosque esmeralda, en realidad eso es un one-show que estará

conectado (En un futuro próximo) a otra historia que tengo pensada.

En el próximo capítulo, Ryouhei-Kun y Sakuya-Kun serán adolescentes. Problemas y más

problemas. Los adolescentes no son fáciles. Lo digo por experiencia.

Pueden intentar ser amables y dejar un comentario, o ser comensales mudos y limitarse a

degustar la comida sin decir si es buena o mala. Y con esto, Analyn se despide. ¡Bye bye!