El cataclismo de la decepción

Cuando recuperó la conciencia tuvo la incuestionable certeza de que habría preferido no hacerlo. El desolador campo de batalla se extendía hasta el horizonte, podía escuchar el fragor de la batalla que continuaba más adelante porque los suyos habían ganado terreno dejando el suelo sembrado de bajas.

El hombre de oscuros cabellos contempló su alrededor.

Las tierras que alguna vez miraron con orgullo cuando creyeron que la humanidad había sabido aprovechar los dones recibidos y prosperaban en equilibrio con el mundo.

¿Cuándo se había torcido todo?

Hoy sólo quedaban ruinas de las que habían sido hermosas construcciones. Cenizas humeantes dónde había habido bosques y campos.

¿Acaso no habían sabido guiarlos? Acaso la ambición y el egoísmo que nublo sus corazones, ¿la habían aprendido de ellos?

—No...

La sílaba broto de sus labios primero como una respuesta a sus pensamientos y después cómo un lamento, pues entre los cuerpos comenzaba a reconocer a sus hermanos de armas.

Todos guerreros capaces y destacados con quiénes había compartido prácticas de campo, investigaciones y batallas.

Cuánta esperanza habían tenido y cuan duro les había golpeado la decepción de aquel conflicto.

Inertes yacían ahora compartiendo tumba con los desagradecidos que habían destrozado sus esfuerzos.

El amargo pensamiento le tomó por sorpresa, había intentado enfrentar todo aquello manteniéndose ecuánime. Los hechos eran lo que eran y ninguna emoción que pudiera despertarle los haría ser diferentes.

Por desgracia, en sus cálculos no alcanzó a prever cuan dura sería la batalla. Los más ingeniosos prodigios de la humanidad, habían aprovechado la tecnología que pudieron robarles para utilizarla en su contra y las consecuencias resultaron fatales.

Se llevó una palma al rostro para capear la amargura, pero sabía que era imposible, porque el último golpe ya había sido dado.

Era perfectamente consciente de que durante aquellos instantes había evitado categóricamente mirar a su lado, porque no quería constatar lo que el dolor en su pecho ya le confirmaba.

Cerró los ojos para darse el último momento antes de la tormenta y finalmente poso las esmeraldas de sus ojos en la persona a su costado.

Ahí, envuelta aún en el manto que él mismo había hechizado para protegerla, se encontraba su amada.

Había caído peleando a su lado.

Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras soltaba un alarido que se convirtió en una maldición.

La tierra se cimbró con el despliegue de su poder. Era suficiente, terminaría con aquel desastre ejecutándolos de una sola vez.

Antes de marcharse reacomodo el cuerpo de su amada, con cuidado retiró el anillo de su dedo y a cambió le dejo los pendientes que él siempre había usado, acarició su rostro y depósito un beso en sus dulces labios.

—Solo será un momento, terrón de azúcar. Te alcanzaré muy pronto.

Sonrió y alzó el vuelo. No tardó en alcanzar a los ejércitos, bastó contemplar sus armas para reafirmar su determinación. Le dedicó una encarecida disculpa a sus huestes y extendió su palma hacía el cielo que se tinto de negro, respiró hondo. Ojalá las cosas hubiesen salido diferente, ojalá no hubiese esperado tanto para detenerlos. Cerró el puño y se dejó caer enfilando hacía el fragor de la batalla.

—¡CATACLISMO!

...

...

...

La voz en la oscuridad cuestionó su decisión y le recordó que no tenía jurisdicción para tomarla. No le importó, alegó que era lo que se tenía que hacer y lo había hecho, que lo haría de nuevo de ser necesario.

Fue ese último punto el que le ganó una reducción en la sentencia. Le hablaron del proyecto de corrección de la especie. Se restringiría la magia y la tecnología para que la humanidad las aprendiera a cuenta gotas. Dependiendo cómo se desarrollarán se les irían ofreciendo más ventajas o por el contrario se les detendría.

Nada le importó demasiado, sabía que lo castigarían. Escuchar que perdería su cuerpo y se convertiría en una especie de hada con forma de gato que estaría "al servicio" de mantener el equilibrio, eligiendo paladines. Sólo le resultó una condena muy elaborada.

Cuando abrió los ojos, se descubrió en un círculo de humanos que le trataban con deferencia, pero de él no recibieron más que apatía y miradas cercanas al desprecio. Aún no los perdonaba.

"Plagas"

Escupió para insultarlos, pero solo consiguió que creyeran que el sonido era su nombre. Los días trajeron un desfile de candidatos que ni siquiera volteó a mirar. Aunque reconoció el anillo de su amada como el objeto con el que pensaban vincularlo y le dedico un improperio a quien sea que hubiese tenido la "ocurrencia".

Su tristeza rivalizaba con su molestia en una existencia que para él ya no tenía sentido.

Y entonces ocurrió.

Pasada una semana, mientras aburrido contemplaba a los humanos que amablemente seguían conminándolo a elegir a un portador, una pequeña risa interrumpió sus rechazos. La voz era desconocida, pero algo lo hizo voltear apenas haberla oído.

Plagg jamás olvidaría el momento en que posó la mirada en los amados ojos azules de su "terrón de azúcar".

De pronto el mundo parecía hermoso de nuevo, de pronto recordó lo que era sentir...

—Tikki

"Felicidad"

Tikki significa felicidad. Se me ocurrió está idea en la que los kwamis habían sido una especie de dioses, pero los humanos les fallaron, se enfrentaron tipo la leyenda de la Atlantida y al final ellos volvieron hechos haditas. Sigo enojada con el cómo terminaron esa historia (nada de lo que yo escriba podrá arruinarla como ya la arruinaron) así que seguirá habiendo unos cuantos del fandom por aquí.

Seguimos dándole a este Tober

Promp: Gato negro

Fandom: Miraculous Ladybug