Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.
Todo lo que Brilla
Parte 1
—No puedo creer que ya estén haciendo todo ese barullo —murmuro mientras miro la pila de papeles que tengo frente a mí.
—Oye, los doctores nos advirtieron en la reunión mensual del jueves pasado. Serán tres semanas infernales, pero luego tendremos un baño nuevo y bonito y dos salas de examen completamente nuevas —dice Jessica, entregándome el historial que he estado buscando.
Levanto la mirada y suspiro.
—Lo sé. Es que es tan... ruidoso. Dios, nadie dijo nada sobre tener que hablar más alto. Quiero decir, temprano tuve que gritarle al Sr. Watkins para que se quitara la ropa y creo que realmente lo disfrutó.
Jessica se ríe entre dientes y se inclina hacia adelante.
—Ese viejo bastardo es un tocón. —Me lanza una mirada mordaz y me estremezco con lo que solo puede ser asco.
—¿Acaso quiero saber? —pregunto, porque mi curiosidad va mucho más allá del asco. Estoy bastante segura de que lo he visto todo en mis once años trabajando en esta clínica.
—Solo digamos que él cree que me parezco a su exesposa. —Cierra los ojos y entonces sacude la cabeza—. Para decir lo menos, él seguía... muy... atraído por ella incluso después del divorcio.
Una risa brota de mi vientre y me tapo la boca con una mano para contenerla. Es jodidamente ruidoso aquí, pero odiaría que uno de nuestros pacientes escuchara nuestra conversación.
—¿Hablas en serio?
Jessica mira a nuestro alrededor disimuladamente y luego susurra: «Está bien dotado como un caballo».
Las lágrimas caen por mi rostro y mi risa se convierte en una carcajada. Estoy cansada y con la combinación de la contaminación acústica y mi mal humor, esto es exactamente el tipo de tópico que necesito para iluminar mi mañana.
—Gracias por eso, nena —le digo a Jessica mientras se apresura a ir hacia su próximo paciente, mientras yo miro el historial para localizar los resultados de los análisis de la señora Armstrong. Estará aquí en unos minutos y necesito asegurarme que su historial tenga los resultados finales de sus últimos análisis de sangre para el doctor Cullen.
Algunos días, es como si fuera más secretaria que enfermera, pero me encanta estar aquí y no lo cambiaría por nada del mundo; al diablo la contaminación acústica.
~ATG~
—Dijeron que era temporal —digo con los dientes apretados, mi cabeza dolorida por este tercer día de golpes, golpes y más golpes.
Cada paciente hace la misma pregunta y, llegados a este punto, me siento tentada de pedirle a Jessica que haga un folleto que podamos entregar a todos cuando pregunten qué está pasando.
—¿Les has echado un vistazo a los chicos que trabajan allí? —pregunta mi paciente, la Sra. Cope, con un guiño pícaro.
Niego con la cabeza.
—He estado un poco ocupada. —Tomo su brazo y comienzo a contar sus latidos, observando atentamente el monitor de presión arterial.
—Tú te lo pierdes, jovencita. —Se ríe, mientras yo intento recordar lo que estoy haciendo.
Escribo mis resultados y la miro de nuevo.
—Ya no soy tan joven —le informo con un guiño—. El doctor estará aquí en breve.
Ella sigue riéndose mientras me alejo para ver a mi próximo paciente.
~ATG~
—Vaya, vaya, vaya. —Jessica entra en la sala de empleados a primera hora en la mañana, abanicándose y luciendo una gran sonrisa tonta—. Tenemos a unos hombres guapos trabajando en estas instalaciones, señoritas.
Estamos en el quinto día y aunque puedo escucharlos, todavía no he visto a ninguno de estos supuestos "hombres guapos" en acción de los cuales las chicas están chismeando.
—Cielo, ¿viste al rubio? —pregunta la Dra. Brandon, dándole un mordisco a una manzana. Mastica con cuidado y sonríe—. Sus rizos parecían tan suaves y de ensueño.
—Carajo —murmuro, incapaz de contener el comentario.
—Bella, cariño, tienes que ir allí y echar un vistazo. No te matará, lo juro —añade la Dra. Brandon.
—Oh, definitivamente podría matar sus ovarios por explosión. —Jessica se ríe y abre la puerta para volver a la recepción.
—Al menos, estás rodeada de profesionales médicos. —La Dra. Brandon me guiña un ojo y sigue a Jessica hacia la puerta.
Se escucha un ruido de taladro y lo único que puedo escuchar son a esas dos carcajeándose por el pasillo mientras lucho con mi niña de doce años interna para hacer lo correcto.
¿Quiero ver a estos hombres guapos? Por supuesto. Pero, ¿caería tan bajo? No es habitual, pero cinco días de comentarios constantes sobre lo atractivos que son estos dos guapos me han despertado mucha curiosidad.
De acuerdo con ellas, aparte del rubio, hay un hombre pelirrojo alto y hermoso con barba que a menudo se quita la camisa por la tarde cuando el sol está ardiendo. Me pregunto si podría salir allí y ofrecerle protector solar como excusa para mis miradas lascivas.
Me apoyo contra la pared y respiro profundamente. Llevo cinco días sin ser una pervertida, y Dios sabe que me ha exigido mucho. Hoy puede que sea el día que me quiebre.
—Considéralo un favor para ti misma. Como el regalo que sigue dando frutos... Ya sabes, cuando estás sola en casa con tu amigo vibrador —dice Jessica, probablemente un poco demasiado fuerte, cuando paso por su escritorio para recoger un historial.
—Eres maligna, ¿lo sabías? —La miro fijamente y sigo con mi siguiente paciente.
~ATG~
—Bella, necesito que hagas algo por mí —dice el Dr. Cullen, tendiéndome un sobre.
Enarco una ceja.
—¿Qué es esto?
Él suspira.
—Es parte del pago para la expansión. Le prometí a los chicos que lo recibirían cuando estuvieran por la mitad y creo que ya tienen la mayor parte del exterior montado.
—¿Eso crees? —No sé qué pensar. No he vuelto allí para comprobar el progreso. Todo lo que sé es que tengo un molesto dolor de cabeza y muchas preguntas para responder. Ah, y algunos sueños extraños que involucran músculos y aserrín, lo cual no puedo explicar aunque sea para culpar a Jessica y su parloteo constante sobre los trabajadores de construcción sexy y sucios—. ¿Qué debo hacer exactamente con esto?
—Tengo tres pacientes esperándome. ¿Podrías ir allí y actuar como si fueras a romper algunas pelotas por mí? —Su sonrisa me hace poner los ojos en blanco. He trabajado para este hombre por un tiempo. Sabe que romper pelotas es mi pasatiempo favorito.
—¿Por qué no? ¿Debería usar un mazo o solo mis puños de furia? —Agarro el sobre, inclino la cabeza a un lado, y le doy una mirada inquisitiva. Como si me fuera a contestar de verdad.
Como era de esperar, el Dr. Cullen ignora mis comentarios ingeniosos y añade, «Solo echa un vistazo, asegúrate de que todo se vea bien y firme. Sé que están haciendo un gran trabajo, pero tengo que ser minucioso».
Entonces, me da una palmadita en el brazo y se aleja por el pasillo.
Poniendo los ojos en blanco con tanta fuerza que casi puedo ver mi cerebro, aferro el sobre en mi mano y digo una oración en silencio.
~ATG~
Mi boca está seca y no puedo darme la vuelta ante lo que estoy viendo.
Oh, por Dios, Jessica no estaba equivocada sobre la escena que se desarrolla frente a mí. Para mi completa sorpresa, es una mañana agradable y soleada de julio en Forks, Washington. Estoy acostumbrada a lo pesimista y gris que es nuestro clima, pero caramba, no estoy acostumbrada a ver tantos abdominales y pectorales expuestos a la vez.
Los dos tipos, a quienes conozco como McBombón y McSexy, tienen puestos jeans azules de tiro bajo con las camisetas metidas en sus bolsillos traseros. El rubio está sosteniendo lo que parece ser un madero de dos por cuatro pulgadas mientras que el otro, más alto y con barba, estira su cuerpo largo y delgado para clavarle algunos clavos.
No sé qué parte del edificio es eso, pero se ve bastante bien para mí.
Me lamo los labios y me abanico con el sobre en mi mano, incapaz de pronunciar una palabra. Odiaría sorprenderlos. Sería una lástima tener que darles RCP, en serio.
Diablos. Tengo el presentimiento que el Dr. Cullen está involucrado en algún tipo de apuesta. No hay forma de que pueda evaluar de manera realista qué demonios están construyendo allí atrás. Tiene que estar involucrado en esto con Jessica y la Dra. Brandon.
Sr. Alto, Delgado y Barbudo me ve primero y sonríe. No tengo idea de cómo me veo ahora mismo, solo estoy de pie aquí y mirando como una pervertida. Le devuelto la sonrisa, aunque probablemente sea más una mueca o algo igualmente poco atractivo.
Además, saludo con la mano. Porque soy así de tonta.
Me daría un golpe en la cara pero eso me haría ver incluso más rara, así que solo me quedo de pie allí mirando.
Parece que tienen una capa de sudor que los hace brillar a la luz del sol. Me pregunto si podría ofrecerme a aplicar ese protector solar ahora. ¿Eso sería legal? ¿O se consideraría acoso sexual?
No tengo idea. Y no estoy segura de que siquiera me importe.
Antes que pueda pensar en otras maneras de ofrecer mis servicios, los hombres dejan de hacer lo que hacen y se acercan a mí.
—¿Podemos ayudarle con algo, señorita? —pregunta Alto y Barbudo.
Asiento con la cabeza, mis ojos mirando a todas partes de su cuerpo, menos su rostro. Tiene algunos tatuajes y músculos en todos los lugares correctos. Dulce niño Jesús.
—¿Señorita? —dice el otro, interrumpiendo mi viaje erótico hacia la feminidad. Porque, sí, un despertar sexual puede ocurrir a los treinta y dos años. Soy enfermera; sé estas cosas.
—Lo siento. Aquí está su dinero... Bueno, la mitad. —Le entrego el sobre al rubio, casi noqueándolo en el proceso.
El otro suelta una carcajada y mis ojos encuentran los suyos de inmediato.
—¿Eres la secretaria del Dr. Cullen? —pregunta, cruzando los brazos sobre su amplio pecho.
—¿Quién quiere saberlo? —Me pongo de pie y remarco mis tetas. Estoy aquí para romper bolas, ¿recuerdan?
Extiende su mano.
—Edward Masen.
Sonrío y pongo mi mano en la suya, intensificando mi agarre y dándole una buena sacudida.
—Isabella Swan.
—Soy el jefe —añade, como si eso fuera a asustarme—. Y este es mi hermano, Jasper. —Miro a mi alrededor y veo un gran remolque con equipamiento dentro. En el costado, en letras grandes y en negrita, está escrito: Hermanos Masen Construcciones.
—Entonces, ¿ustedes son los culpables de este dolor de cabeza que tengo, eh? —Alzo una ceja.
—Lamento eso, señorita. —Jasper se pasa una mano por el cabello y se rasca la nuca—. Sólo hacemos nuestro trabajo.
Asiento.
—Lo entiendo. Pero ¿creen que puedan controlarlo? —Vale la pena intentarlo, ¿no?
—Cariño, ve a curar a los enfermos y déjanos el edificio a nosotros, ¿de acuerdo? —dice Edward, sonriendo con satisfacción.
Sus palabras me ofenden y antes de que pueda contenerme, pregunto: «Lo siento, ¿qué fue eso?».
Estoy sonriendo, aunque por dentro estoy furiosa. ¿Cariño? ¿Quién diablos se cree que es?
Jasper retrocede, mirando a todos lados menos a mí, aparentemente interesado en algo en la parte trasera de su camioneta, mientras Edward se queda allí con sus mejillas barbudas y con hoyuelos y su sonrisa torcida perfecta.
—Eres la enfermera, ¿verdad?
Entrecierro los ojos.
—¿Han estado aquí? ¿Dijo algo Jessica?
Levanta las manos, con los ojos muy abiertos.
—Oh, no sé quién es Jessica, pero lo que sea que haya dicho es mentira.
Tomada desprevenida, entrecierro los ojos.
—¿Qué?
—¿Qué?
Nos quedamos allí, mirándonos el uno al otro, sin decir nada durante lo que parece una eternidad.
—Me iré ahora. —Me alejo lentamente, echando una última mirada a Edward Masen.
Él sacude la cabeza y sonríe, con los ojos entrecerrados mientras se rasca la barba.
~ATG~
—Estaba resplandeciendo, ¿sabes? —me quejo, cerrando los ojos e imaginando a Edward con el sol brillando sobre sus fuertes hombros y las gotas de sudor deslizándose por su espalda entre los omoplatos.
—Lo sé —concuerda Jessica, comiendo un sándwich. Es su hora de almuerzo y estoy aquí tomándome cinco minutos para calmarme antes de tratar con gente enferma. Me temo que los asustaré si me ven así. Puede que esté un poco sonrojada.
—Y había aserrín —agrego. En mi mente, Edward está iluminado por el sol—. Es casi como si brillara.
Mueve las manos a su alrededor.
—Es el aserrín. Actúa como un brillo masculino.
—Brillo masculino —repito en voz baja—. Eso es totalmente legítimo.
—Totalmente. —Mastica su comida, aparentemente perdida en su cabeza, como yo.
—¿Hiciste una apuesta con el Dr. Cullen? —pregunto, robando una papa frita.
Empieza a reírse.
—Teníamos que hacer que vieras lo bonito de alguna manera. Pero la Dra. Brandon ganó. Solo para que lo sepas.
—Maldita sea. ¿Crees que superaré la vergüenza?
Sacude la cabeza.
—Demonios, no.
~ATG~
Trabajar un turno de doce horas todos los días de la semana es bastante exigente para mi cuerpo y con el ruido adicional que hemos tenido estos últimos cinco días, el viernes no puede llegar lo suficientemente pronto. El dolor de cabeza punzante que he tenido toda la semana se ha reducido a un dolor molesto justo detrás de un globo ocular. No está tan mal ahora. Tal vez se habrá ido para el lunes; aunque como la construcción está a menos de la mitad, supongo que volverá.
El Dr. Cullen se fue hace unos minutos y he disfrutado de estos últimos momentos de paz y tranquilidad. Aunque los chicos sólo trabajan hasta que se pone el sol, dejando a la oficina con unas horas de tranquilidad, toda la tos, las conversaciones y el ajetreo que sucede aquí es suficiente ruido para distraer. Las noches de los viernes son mías para relajarme finalmente mientras ato cabos sueltos.
Mientras recojo mis cosas, miro alrededor de la oficina una última vez. Todos se han ido, aunque tuve que quedarme y terminar algunos papeleos. Podría haberlo hecho el lunes, pero prefiero comenzar la semana con energía y al día.
No puedo creer que haya esperado toda la semana para echar un vistazo a lo que estaba sucediendo allí. La construcción en sí es muy impresionante y los cuerpos firmes le agregan atractivo, eso es seguro.
Hermanos Masen Construcciones tiene muy buena reputación en la ciudad y ahora puedo ver por qué la gente los ha apodado Batman y Robin sexys.
Dios mío, mis sueños van a ser buenos esta noche. Jessica y la Dra. Brandon estaban en lo cierto. Felicitaciones a la Sra. Cope también. Supongo que la libido no siempre disminuye con la edad.
Cierro la puerta detrás de mí y presiono el botón del control remoto de mi auto para que se enciendan las luces. Siempre me pongo un poco nerviosa cuando estoy aquí sola, y esta noche no es una excepción.
El repiqueteo de mis tacones en el pavimento me brinda consuelo. Es el final oficial del día y otra semana laboral, y estaré fuera de aquí durante dos días completos. Amo mi trabajo y todo, pero el fin de semana es todo mío. Tengo planes que incluyen vino y una novela romántica apasionada. Estoy pensando que el protagonista masculino será un pelirrojo con una gran barba.
Y brillo. Tanto... brillo.
Perdida en mis pensamientos, llego sana y salva a mi coche y voy directo a casa.
~ATG~
El sábado por la mañana llega rápidamente y bostezo, mirando por la ventana, viendo a los pájaros piar y revolotear en mi jardín. Es una linda mañana para correr.
Con mi iPod en modo aleatorio, cierro la puerta detrás de mí, estiro las piernas y luego camino rápidamente hacia la acera y comienzo a trotar lentamente por la calle. Se siente bien, incluso estimulante, ser tan libre. Recuerdo ese episodio de Friends cuando Phoebe y Rachel salieron a correr y me río para mis adentros mientras doy la vuelta a la cuadra.
—¿Algo gracioso, señorita Swan? —Escucho mi nombre por encima de la música.
Nadie me conoce aquí, o tal vez sea una ilusión, así que me doy vuelta y me encuentro cara a cara con el mismísimo McSexy.
—¿Edward?
Su sonrisa es brillante y muy blanca. Felicitaciones a su ortodoncista.
—Lo recuerdas.
Respiro profundamente, mi corazón late fuerte por el trote, o tal vez por verlo fuera del trabajo.
—Así es. —Sonrío, esperando no verme tan mal de pie aquí con ropa deportiva y sin maquillaje.
—¿Corres aquí a menudo? —pregunta, tomando un ritmo lento a mi lado.
Lo sigo y pronto estamos trotando uno al lado del otro.
—Lo hago. Todos los sábados y a veces cuando puedo antes de mi turno. Si el clima y la voluntad lo permiten. ¿Y tú?
Respiro agitadamente y trato de seguirle el ritmo mientras él ni siquiera suda. Lo cual es una lástima, aunque lamentablemente hoy tiene puesta una camiseta.
—Acabo de mudarme a este vecindario —explica, con la respiración un poco entrecortada.
No estoy segura de qué decir, así que me saco los auriculares y los guardo en el bolsillo para darle toda mi atención.
—¿Qué te parece?
—Es agradable. Tranquilo. Antes vivía en una zona más concurrida de la ciudad, así que esto es definitivamente diferente.
—He estado aquí durante los últimos ocho años. Es realmente genial. —Respiro profundamente y hago todo lo posible por seguirle el ritmo. Sin embargo, sus piernas largas son más rápidas que las mías y tengo la sensación de que suele correr más rápido que el ritmo que llevamos ahora.
Hablamos de dónde vivía; de lo ajetreada que era la vida allí en comparación con el ritmo más lento de esta parte de la ciudad.
—Entonces, estos dos tipos entran en un bar —dice de la nada, mientras cruzamos la calle.
—¿Así que recurres a contar chistes? —Me río.
Se encoge de hombros.
—Me gusta cuando te ríes. —Su sonrisa es algo sacada de una revista—. Entonces, un contratista entra en el consultorio de un médico...
—Espera, ya he escuchado ese. —Me río fuerte y probablemente también resoplo. No es bonito, pero a él no parece importarle mientras se ríe conmigo.
—Maldita sea, pensé que podría impresionarte.
Sonrío. No puedo evitarlo.
—Ya lo has hecho.
Disminuye un poco la velocidad y sacude la cabeza. Parece tan tímido que quiero devorarlo.
—¿Cómo es que estás soltero? —pregunto, mientras mis mejillas se calientan.
—Esa es una larga historia para otro momento —responde. Mantenemos nuestro ritmo y él agrega—: ¿Y qué hay de ti?
Niego con la cabeza.
—Para otro momento.
Es coqueto y todo, pero ligero. Trotamos frente a una casa antigua y Edward me cuenta sobre las renovaciones que tienen planeadas para ella. Suena tan apasionado por lo que hace, que me emociono simplemente al escucharlo hablar.
Resulta que en realidad es un buen tipo... que se parece a mi fantasía sexual perfecta.
—Y bien, yo vivo aquí —le digo, una vez que volvemos a dar la vuelta a la cuadra hasta el frente de mi casa.
—Yo vivo allí. —Señala un edificio de dos pisos sin ascensor al final de la calle.
—¿Entonces me viste salir y me seguiste? —lo acuso, porque mi casa es claramente visible desde la suya. Este encuentro puede no haber sido pura coincidencia.
Sus mejillas se enrojecen y, como si no luciera lo suficientemente guapo, de repente se muestra tímido y torpe, lo que lo hace aún más atractivo.
—Sí —admite, rascándose el cabello corto de la nuca—. Lo siento. ¿Da miedo?
—Un poco, sí —me río.
—Te reconocí ayer y realmente iba a salir a correr. ¿Digamos que es una feliz coincidencia? —Me da una sonrisa esperanzada y me derrito un poco.
Asiento con la cabeza y resoplo con una risa incómoda.
—Eres adorable. —Me tapo la boca con una mano ni bien las palabras salen de mis labios—. Lo siento.
—Tú también eres adorable, así que… —dice, con los ojos llenos de emoción.
Cielos, mi corazón no puede soportar esta mierda tan temprano en la mañana.
—Si te gustan sudadas y sin maquillaje, soy la chica para ti —digo de golpe—. Y ves, por eso no puedo salir con nadie.
Su sonrisa desaparece.
—¿No sales con nadie?
Un poco desanimada, respondo: «Sí, quiero decir, ¿no?». Ni siquiera estoy segura de lo que estoy diciendo, aunque estoy segura de que él está fuera de mi alcance de todos modos.
—Qué lástima —responde, alejándose de mí, con sus ojos fijos en los míos—. Te veré el lunes, Bella.
Lo veo subir corriendo las escaleras hasta su casa y luego entro a la mía.
~ATG~
—¿Le dijiste que no sales con nadie? —prácticamente grita Jessica el lunes, una vez que le he contado todo sobre mi encuentro del sábado por la mañana.
—Lo solté sin pensarlo; quiero decir, fue raro. Él estaba allí y era tan... tan adorable y simplemente... me volví torpe. No puedo decirle que estoy buscando una relación. Quiero un compromiso y por eso me niego a salir con chicos guapos que me romperán el corazón, Jess. Tú lo sabes. Eso sería un poco demasiado, ¿sabes? —Doy un mordisco a mi panecillo y lo mastico pensativamente.
—Pero fue amable contigo y tuvieron una conversación, ¿no?
Asiento con la cabeza.
—Oh, Bella. —Me da una palmadita en la mano con cariño, sus ojos son amables, aunque puedo decir que está pensando en las palabras adecuadas—. Ya sabes, no todos los chicos guapos son iguales.
Suspiro, pensando en el brillo masculino de la semana pasada.
—No, pero es el más guapo de todos y simplemente no puedo lidiar con eso ahora mismo.
—Para ser justas, si no lo hubieras conocido aquí, ¿te habrías asustado tanto al encontrarlo por casualidad cerca de tu casa?
Su pregunta me hace pensar.
—No lo sé.
—Hazte un favor. Si te lo pide, di que sí y vive un poco. Nadie dice que tengas que acostarte con él.
Sonrío. Ese es un pensamiento agradable.
—Lo sé. Pero no es como si eso fuera a pasar. Él está ahí atrás martillando y perforando y yo estoy aquí...
—Pensando en su taladro —interrumpe crudamente.
Hago una mueca, cerrando los ojos. Maldita sea ella.
—No voy a ir allí esta mañana. Es demasiado temprano.
—Tienes al señor Robinson en la habitación tres.
Y así comienza.
~ATG~
Me arden los oídos y me duele la cabeza... otra vez. Están reparando el techo y las pistolas de clavos suenan como una especie de salva de veintiún cañonazos sobre nuestras cabezas.
—¿Podrían tomarse un descanso e ir a cenar o algo así? —murmuro, frotándome las sienes.
—Deberías ir allí y preguntarles tú misma —responde la Dra. Brandon, entregándome un expediente.
—Alice Brandon, te juro por Dios que estoy a punto de golpear a alguien. —La miro desde mi escritorio, con ojos suplicantes—. No estoy segura de poder sobrevivir a esto.
Sin decir nada, me mete la mano en el bolsillo y me entrega un pequeño paquete.
—Toma. Me encantan los míos. —Me guiña el ojo, se da la vuelta y se va.
Bajo la mirada a mi mano y suspiro. Tapones para los oídos.
—¿No podrías haberlos compartido la semana pasada? —le grito. Afortunadamente, la oficina está casi vacía porque hemos intentado programar solo visitas de emergencia y algunas visitas regulares esta semana para poder hacer las renovaciones.
Mañana, van a derrumbar el pasillo trasero y a comenzar el trabajo de acabado en el interior. Me dijeron que el nivel de ruido bajaría a un volumen más tolerable una vez que terminaran el techo. Espero que desaparezca por completo.
—Piensa en lo genial que será tener un baño adicional por aquí —dice Jessica, caminando a mi lado.
—Baño adicional —repito una vez más antes de ponerme los tapones en los oídos y suspirar de alivio por primera vez en el día.
~ATG~
Es tarde y ya terminé el papeleo de hoy. Como los chicos van a hacer un agujero en la pared mañana, la oficina estará cerrada y tendré un día de paz y tranquilidad para mí sola.
La verdad es que he estado haciendo todo lo posible para ignorar la necesidad de volver a visitar a los chicos allí.
Ahora que he visto y hablado con Edward, parece que él es todo en lo que pienso. Cada golpe de martillo me ha traído imágenes de sus fuertes brazos sosteniendo grandes trozos de madera juntos mientras martilla.
Santo cielo, las imágenes de bíceps y músculos contrayéndose en sus brazos y la parte superior del cuerpo son suficientes para dejarme mojada. Probablemente ardería si fuera testigo de la realidad.
Recorro la oficina y apago todas las luces, luego tomo mi cartera y las llaves.
Afuera, veo una camioneta al final del estacionamiento y solo cuando veo una figura alta parada junto a mi coche me doy cuenta de que Edward me ha estado esperando.
—Ya era hora de que te fueras de aquí —comenta, dando unos pasos hacia mí.
—Has estado esperando mucho tiempo, ¿eh? —Son casi las ocho, así que lleva aquí casi una hora. Maldita sea. No he visto una dedicación como esta desde... bueno, nunca.
Sonríe y aparta la mirada.
—No fue mucho tiempo.
Paso junto a él y me dirijo a la puerta del pasajero de mi coche, la abro con mis llaves para poder poner mi cartera y mi bolsa de almuerzo en el asiento y tener una excusa para estar aquí con él un poco más. No debería estar haciendo esto. No debería estar jugando con lo que sea que sea esto, como lo estoy haciendo, pero la posibilidad de que él pueda ser algo bueno para mí es demasiado tentadora. No quiero, pero necesito ver a dónde puede llegar esto.
Las palabras de aliento de Jessica y Alice vienen a mi mente y decido que sí. Si me lo pide.
—Está bien entonces. —Me apoyo contra el costado de mi coche—. ¿Necesitabas algo, Edward?
Sus ojos recorren todo mi cuerpo, estudiándome de los pies a los ojos, y me pregunto qué podría encontrar atractivo en mi uniforme de Mickey Mouse. Se acerca a mí.
—Te ves linda hoy.
Siento que el calor me recorre las mejillas. Demonios. Tiene labia.
—¿De verdad?
Me encierra, sus largos brazos a ambos lados de mi cabeza.
—Quiero invitarte a salir, pero no quiero que huyas.
—No lo haría...
—Ambos sabemos que eso es mentira —interviene.
—¿Cómo...?
Se inclina, su boca junto a mi oído.
—La sala de descanso está cerca de la parte de atrás, cariño.
Da un paso atrás, bajando los brazos. Lo miro y me doy cuenta de que probablemente haya escuchado muchas de las conversaciones que han tenido lugar en esa sala de descanso, incluida la que le conté a Jessica sobre mi sábado por la mañana y cómo tenía miedo de los chicos guapos como él.
—Oh —Me cruzo de brazos y aparto la mirada.
—Sal conmigo. Solo una vez. Te prometo que no te dolerá.
Asiento.
—Está bien.
Sonríe ampliamente y se aleja.
—Te recogeré el sábado, Bella.
~ATG~
El miércoles, cuando regresamos a la oficina, hay un gran agujero bloqueado con tablones de madera y plástico transparente y, como prometieron, el nivel de ruido no es tan malo. El martilleo ha sido reemplazado por taladros, pero todo se siente amortiguado, mientras que el ruido anterior parecía atravesarme directamente, desde mi cerebro hasta los dedos de los pies.
Capto un vistazo de Edward en nuestra oficina por primera vez desde que comenzó el proyecto. Se ve bien con sus jeans ajustados y su camiseta blanca de cuello en V. Lamentablemente, hoy no hay brillo, pero sonrío al pensar en el eufemismo de Jessica.
Está hablando con el Dr. Cullen, y los dos parecen viejos amigos mientras conversan y comparten algún tipo de broma que los hace reír a ambos.
Tomo mi carpeta y reanudo mi tarea, tratando de ignorar el hecho de que él está parado allí, luciendo como el pecado en persona.
Más tarde, estoy caminando por el pasillo hacia la sala de descanso trasera cuando una mano fuerte agarra mi brazo y me empuja hacia el armario de suministros. Me sobresalto momentáneamente, hasta que me doy cuenta de que la mano está unida a nadie menos que Edward.
—¿Qué...? —Lo miro, sorprendida—. Esto no es la secundaria. —Respiro profundamente para tranquilizarme—. Y estoy segura de que no soy una adolescente.
Su sonrisa vale cada mala decisión que nunca tomé.
—Vive un poco, Bella.
Sonrío levemente, mi estómago hace cosas extrañas.
—Solo quería decirte hola. —Se inclina y acaricia un mechón de mi cabello, tocando mi hombro en el proceso. El simple toque hace que todo mi cuerpo se sonroje y mi respiración se entrecorte.
—Hola —susurro, mis ojos se encuentran con los suyos.
Sin advertencia, se inclina y sus labios se encuentran sobre los míos. No me resisto y ni siquiera entro en pánico. En cambio, me pongo de puntillas y agarro un puñado de su cabello para estabilizarme mientras le devuelvo el beso. Su lengua se encuentra con la mía con un gemido y ambos estamos alimentados por lo que sea que esté pasando entre nosotros mientras nos besamos apasionadamente en el armario de mi oficina.
Normalmente, habría una pequeña parte de mí que me diría que pare; que esto no está bien; y que debería alejarlo, pero en este momento, esa parte de mí no existe.
Edward me rodea. Huele a aserrín y a hombre; el aroma me consume.
Sus manos grandes y callosas agarran mi trasero y me levanta, sujetándome contra la puerta cerrada. Envuelvo mis piernas alrededor de él y gimo cuando lo siento entre mis muslos.
Mi coño arde mientras me froto contra él y él se acerca más a mí, frotando su dura longitud justo donde lo necesito.
Sus labios descienden por mi garganta, dejando un delicioso camino ardiente junto con su suave mejilla barbuda. Muevo mi cuello hacia un lado y mis ojos giran hacia dentro de mi cabeza mientras él besa mi cuello, su aliento me hace cosquillas en la piel.
Estoy perdida en una guerra dentro de mí misma. Necesito salir de este armario e ir a ver si la Sra. Miller se había vestido después de su examen, pero también necesito un orgasmo y mi cuerpo está muy cerca de lograr solo una de esas cosas ahora mismo.
—Oh, Dios, lo siento mucho —dice una voz que apenas reconozco, sacándome de mi estado eufórico.
Abro los ojos de golpe a tiempo para ver a la doctora Brandon, que no parece tan arrepentida, mirándonos.
—Mierda —murmuro y bajo lentamente las piernas con la ayuda de Edward.
—Lo siento mucho, doctora Brandon —me disculpo, ubicándome delante de Edward. Lo último que quiero es que lo despidan por esto; quiero decir, fue su culpa, pero aun así...
—Fue mi culpa —Edward sale en mi defensa.
Alice sonríe.
—Voy a fingir que no vi esto si tenemos una cita doble con ese hermano tuyo de cabello rubio y rizado.
Edward extiende la mano.
—Es un trato. —Se estrechan la mano, mientras yo me quedo parada allí como un ciervo deslumbrado por los faros.
—¿Qué diablos fue eso? —le pregunto a Edward, una vez que la doctora Brandon se ha ido alegremente.
Edward pasa su pulgar sobre mi labio inferior y sonríe con satisfacción.
—Ese fui yo, consiguiendo una segunda cita.
Resoplo.
—Esto no era una cita, amigo.
—No creo que vengan con nosotros el sábado, Bella.
Asiento.
—Entendido.
—¿Y puedo ser sincero? —Me mira de pies a cabeza otra vez, así que sé que esto va a ser bueno.
—Claro.
Se lame los labios.
—Siempre me ha gustado Campanilla... ella y esa brillantina que usa.
Empiezo a reír, miro mi uniforme y le doy un golpe en el brazo.
—No puedo creer que hayas escuchado eso.
—Paredes finas como el papel, Bella. —Me guiña el ojo.
Abro la puerta del armario.
—Supongo que te veré el sábado entonces.
Se inclina y me besa la mejilla.
—No si te veo primero.
¡Hola! Les traigo una nueva historia corta, de solo tres capítulos. Final feliz, como siempre.
¿Qué tal les pareció este primer capítulo?
Espero que les guste. ¡Las leo!
Besos,
Pali
