Queridos lectores,
Esta vez no tengo excusa digna. ¿Me permiten explicarme? Gracias. He empezado a estudiar otra vez, el curso me ocupa mucho tiempo. Les explico que este capítulo me ha costado un poquito de escribir, que no es novedad, pero lo digo en el sentido de que al ser tan largo, con yo añadiendo mucho detalle para que se me entienda y viváis las expresiones de los personajes como yo lo hice, iba añadiendo más y más.
Les presento el capítulo más largo hasta la fecha, no he contado las palabras. Creo que, cortar por la mitad deja margen para que se sepa qué pasará después.
AVISO IMPORTANTE: Hay ciertas escenas con maltrato físico y abusivo, además de eso, uso de drogas y sustancias alcohólicas en menores, etc.
Les pido disculpas de ante mano si a alguna persona afectada, se siente incómoda. Esto es una historia, cualquiera de los hechos reales y personajes actuando similar a algún conocido o hecho personal es pura coincidencia. La trama es FICCIÓN.
A este punto, no está de más añadir que los personajes o varios de ellos, actuarán OOC.
Para recordarles el anterior capítulo, Sasuke participa en un campeonato de Kendo y termina ganando. Shion invita a Naruto a su casa donde conoce a sus padres y a Sakumo, se le crea una fiesta al primero para su cumpleaños.
Se revela algo interesante de Chiyo, Shisui reflexiona lo ocurrido con Shin y sucumbe a los encantos de Hanare rápidamente. La última, se reencuentra con Rin… con quien apenas recuerda llevarse bien. Cierta conversación que Rin escucha entre Kakashi y Obito la deja fastidiada.
Tras solventar su pelea, Sasuke y Sakura tienen una cita con Satoru después de dejar a Suigetsu y a Juugo en casa con Karin. En la cita, Sasuke conoce al hermanastro de Sakura por casualidad.
Dicho esto, les explico que este capítulo empieza en el mismo sábado. Para situarles, el día en el que Sakura y Sasuke están en la exhibición de dinosaurios, ellos están ahí, pero la primera escena salen otros personajes a esa misma hora el mismo día, en otro lugar. Cualquier duda, dejen algún comentario e intentaré ayudar.
Disclaimer: Los personajes de Naruto/Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.
La trama, salvo la gran mayoría de los personajes, escrita es de mi pertenencia e imaginación. Se va a reportar cualquier señal o advertencia de plagio. Les pido respeto. Gracias.
Atari
Los cambios de temperatura eran desorbitados para todo habitante de Tokio, aunque no menos que el clima yendo de soleado a lluvioso en transcurso de pocas horas. Así estaba siendo el sábado para la mayoría.
¿Qué le incordiaba más a Ino en esos instantes? El hecho de que el temporal la hiciera pasar calor como si quisiera sudar como en un gimnasio en pleno octubre, para poco rato después, pasar frío debido a una simple húmeda ventisca como la de ahora en pleno medio día, haciendo que ella, una de sus mejores amigas, su novio y su otro mejor amigo de la infancia tomaran asilo en un restaurante de carne asada de manera no improvisada para ellas, a diferencia del par de hombres que estaban ahí con ellos; o que el segundo, bufara de fastidio constantemente como si se le hubiera obligado a venir sabiendo bien que quien hizo planes con la Sabaku, era ella en vez de él.
– Otro suspiro más Shikamaru y te meto las pinzas de barbacoa por la nariz. – habló Ino con la boca torcida en una mueca cansina. El castaño, volviendo en sí de sus pensamientos, puso los ojos en blanco sin tomar en cuenta la amenaza de su mejor amiga.
– Deja a mi novio en paz, Nono. – replicó Temari negando con la cabeza.
– Sí ¿De qué te tanto de quejas? – le recriminó Chouji masticando con la boca llena su enorme ración de carne recién asada. – Fuiste tú la que nos arrastró aquí.
– Corrección, solo quise arrastrar a Temari. Que tú salivaras nada más escuchar la palabra restaurante, no quiere decir que tuvierais que venir con nosotras… Quería hablar de cosas de mujeres, a solas. – zanjó la Yamanaka con molestia.
– No veo por qué deberíamos estorbarte, más que pesada… Te recuerdo que al conocernos desde llevar pañales, no hay nada que me inquiete escucharte decir que a estas alturas no sepa de ti. – soltó con aburrimiento el novio de Temari, Ino ante ese "reto" torció la boca y chasqueó la lengua de manera pensativa.
– Hoy empecé a usar la copa menstrual. – dijo la rubia entonces, haciendo que Chouji, frente a ella se atragantara con la parte dura de la carne que en vez de tomarse el tiempo de masticar, engulló por costumbre.
– Touche… – pensó el Nara un poco avergonzado e incómodo, muy para la diversión de ambas amigas. – Estaremos fuera con las máquinas…
– Shikamaru, la chaqueta… – interrumpió Temari frenándolo antes de que se retirara del bar con Chouji. El primero le hizo un gesto pasivo con la mano que no le importaba, ella la llevaba puesta debido al frío que aún sentía dentro del local a pesar del calor de la estufa. Sin saber que él se la dejaba precisamente por esto, con el pretexto de que saliendo a fumar, no pasaría frío.
– Menuda manera de hacerles que se vayan, Ino… – habló la Sabaku con diversión, la mencionada solo se alzó de hombros. – Con lo original que sueles ser, se te pudo ocurrir algo menos espantoso.
– Así mejor, de ese modo les llevará un rato volver y si me permites un consejo… Cuando el muy plasta está en ese plan, algo le preocupa. – intervino Ino señalando a Shikamaru indirectamente con una mano, el cual se encontraba entretenido con el Akimichi en el pequeño arcade frente al bar.
– Naruto, está así por Naruto. Ayer hizo planes con él, pero a últimas yo le arrastré conmigo. Se siente culpable. – explicó Temari mirando hacia su novio encender un cigarro como si nada. – No sé si explicarle lo que tú me dijiste que te contó Kiba.
– A mí me sorprende que no lo haya hecho él. – contestó Ino alzándose otra vez de hombros, pensaba que al verles hablar cuando acabaron las clases, se lo dijo. – Shikamaru se empeña en ser racional, le pone explicación a todo. Si Kiba no se lo ha dicho, no ha sido por despecho. Muy en el fondo, por más molesto que esté… Puede que quiera que este intente conseguir ponerle un alto, porque con Sasuke no lo hará.
– Estamos hablando de Kiba. – rebatió la hermana de Gaara estando poco de acuerdo.
– Kiba no está siendo insensible con lo ocurrido. – defendió la Yamanaka. – Será un escandaloso cateto y tontaina, pero se preocupa. Que se le vaya la pinza y luego diga lo primero que le pasa por la cabeza… En fin ¿Debo recordarte como Naruto suele ser? Lo más probable es que, de haber quedado ayer, Shikamaru se hubiera puesto de su lado nuevamente y es agotador ¿Sabes? Lo que hizo Naruto, esta vez no tiene justificación… Sakura ya lo sabe. Yo misma se lo dije.
– Ino… – se quejó Temari algo decepcionada. Ella negó con la cabeza.
– Es mi mejor amiga, Temari… – frenó ella sabiendo lo que posiblemente Temari, siendo más madura que ella, iba a decir sobre entrometerse en problemas así. – Puede que ella no nos diga muchas cosas ¿Sí? Pero me niego a hacer que ella desconfíe de mí, otra vez.
No quería que volviera a pasar como lo ocurrido con el tema de Hinata.
– Tienes razón… – asimiló la mayor de ambas tras reflexionar la conversación mediante un suspiro. – En verdad, no sé por qué me sorprendo de que hayas vuelto a dar en el blanco.
– Shikamaru no es el único que se siente un poco fuera de sí por haber dejado tirado a Naruto por su aniversario. Celebrando los nuestros años atrás, él estaba con nosotros y nos la pasábamos bien… – añadió la Yamanaka reflexivamente, rememorando momentos con la pandilla. – No creo que nos estemos vengando, si te sirve de consuelo… Eso me lo aclaró Sakura, a decir verdad. Solamente no queremos que esta actitud de él, nos afecte de alguna manera. Eso explica a Kiba…
– Apesta ¿Verdad? Sentirnos egoístas… – afirmó con algo de diversión la Sabaku, sacándole una sonrisa comprensiva a Ino. Todo el mundo lo es, pero pocos lo admiten.
– Un poco sí, pero no deberíamos sentirnos tan mal… Supongo que recibiste la invitación a su fiesta ¿No? No se puede quejar. – dictaminó la última moviendo la cabeza para entonar lo que decía. – No obstante…
¿Un poco? No… Para nada. Apestaba demasiado sentirse así y esta sensación solo empeoró nada más recordar el día en el que celebraron su cumpleaños en el centro comercial. Shikamaru…, Kiba y Sakura organizaron la quedada. Rondinó todo lo que pudo con la presencia de Sai, más que la de Naruto, pero al final… Se acabó guardando muchas de las quejas que tenía en la punta de la lengua, ya que nuevamente, no invitar a un amigo, la haría sentirse mal… El profesor Kakashi les había dicho en una tutoría, algo que al parecer… Naruto mismamente parecía haberse grabado en la frente. Al menos hasta entonces…
"Quienes rompen las reglas son escoria, pero quienes abandonan a sus camaradas son peor que la escoria"
No obstante, las cosas habían cambiado… Como el viento cambia de dirección. ¿Qué pasaba por la cabeza del rubio?
– Ino ¿Me escuchas? – repitió Temari haciendo que la susodicha alzara sus ojos azules hacia ella.
– Estaba pensando que… Tal vez deberíamos ir. – propuso la rubia de cabello largo. Temari arrugó el entrecejo ante esa inesperada idea.
– ¿Ir a dónde? – habló Shikamaru, regresando de nuevo a la mesa. Chouji seguía fuera.
– A la fiesta de Shion. – resumió ella mirando hacia su amigo. Este, tomando asiento en silencio mostró su aprecio y concordia en su mirada, cosa que la Yamanaka entendió enseguida. – Kiba también se lo está pensando…
– Suena bien. – asimiló entonces su amiga, aunque en cierto modo no estaba muy convencida. – Podrían ir hasta mis hermanos, de lo más seguro es que mis padres me hagan incluirles si quiero salir…
Torciendo la boca con fastidio, Karin apartó la mirada de Suigetsu y Juugo. Haruno se había escaqueado con Sasuke a la primera que pudo. ¿Los trajo aquí a propósito?
Estos se habían instalado en el sofá del salón y por más que fuera algo anormal, Suigetsu esta vez no estaba fisgoneando la casa como esperaba que lo hiciera. No es como si Juugo fuera completamente capaz de detenerlo.
– Una de dos, o le teme a lo que Sasuke puede hacerle si descubre que hurgó en las pertenencias de su novia o planea otra cosa… – pensó la pelirroja con aburrimiento. – En cuanto a Juugo…
Estaría aquí nada más por tener algo que hacer, no iba a creerse el cuento de que estaban preocupados por ella. ¿Cuánto tiempo llevan ahí? Bastantes horas y daba por hecho de que aprovechando que Sasuke no estaba… No se andarían reculando ni de beneficiarse de la privacidad para indagar sobre ella.
– ¿Por cuánto tiempo planean quedarse a mendigar? – habló Karin observando los restos de cortezas de pizzas que el albino, con toda la libertad del mundo, pidió a domicilio.
– Si estuviera mendigando, hubiera aprovechado la ocasión para picotear algo del frigorífico, pero no… – comentó Suigetsu estirándose de brazos para acomodarse en el confortable sofá, hablando con un palillo de dientes entre sus labios.
– Hace rato que ya no llueve, estúpida sardina de lata… – insistió la Uzumaki con incomodidad y los nervios. Ignorando el insulto, ambos chicos enseguida se percataron en el brusco cambio en su tono de voz. Lo usual era que esta los tratara ya con gritos y órdenes, no con preguntas. Estaba intentando mantener las apariencias.
– Fueron Kin y Tayuya ¿Verdad? – saltó Suigetsu a la menor oportunidad, sin dejar de valorar el aspecto de Karin.
Mirándolo de reojo, Juugo se mantuvo atento, sin saber el motivo del Hozuki en entrar de tal modo a las preguntas. Sin embargo, esos nombres le sonaban. Colocando de nuevo su mirada en la pelirroja, la vio abrazarse a sí misma en un extraño cruce de brazos mientras empezaba a rascarse la piel de uno de estos.
– Lo supe desde el momento en el que te las mencioné antes de que te plantearas desaparecer. – señaló él sin más, recordando el rato en que la otra pelirroja y la otra la estuvieron esperando a que apareciera.
Eso instigó que los recuerdos de lo sucedido ese mismo día se le agruparan en la consciencia de nuevo, sintiendo como el color se le iba del rostro. Recordando el aviso de ayer por parte de Sasuke, al Hozuki se le heló la sangre.
– No. – intentó negar Karin entonces, Suigetsu solo pestañeó. Sabía que mentía a pesar de sonar firme al hablar.
– ¿Me vas a hacer creer que quien te dejó hinchada la cara fue Haruno, entonces? – sonsacó con molestia Suigetsu con impaciencia, ya empezando a avanzarse a los hechos. Karin solo apartó la mirada y se volteó ligeramente.
– Sabemos cuando estás mintiendo, Karin. – añadió Juugo levantándose del sofá. Karin no se molestó en mirarle. – Aunque tú y Sakura hubierais peleado, pongo en duda que ella se lo hubiera ocultado a Sasuke en primer lugar o mucho menos que eso te hiciera querer desaparecer…
– ¿Qué os importa si miento o no y lo que haya podido pasarme? – intervino la Uzumaki a la defensiva. – ¿Desde cuándo? Para que engañarnos ¿Huh? Siempre habéis sido el trío y no el cuarteto… Yo era la acoplada, me consideráis como tal por querer estar cerca de Sasuke y desde ese día, nada.
– Si vinimos aquí es porque estamos… – dijo el Ryuchi deprisa.
– ¿Preocupados? Ya claro… – interrumpió ella con angustia. – Nunca fui una amiga para él en ningún momento ¿Y tengo que pensar que para ustedes dos, sí?
– Déjame recordarte que fuiste tú quien nos envió, literalmente, a la mierda… – implementó Suigetsu con enfado.
– Ei… – frenó Juugo.
– Que Sasuke estuviera harto de ti, es lógico, porque la cagaste en cuanto a lo que hiciste. Así de claro te lo dejo, para empezar dejando las cosas claras. – contestó Suigetsu tomando el palillo de dientes entre sus dedos. – Tus acciones hasta entonces, también nos jodían a nosotros. No has sido demasiado buena escondiendo que empezaste a pasar el rato con nosotras por él. ¡Tú te alejaste, Karin…!
– Suigetsu, para… – frenó su amigo colocando una mano en su hombro nada más percatarse del estado de Karin, parecía a punto de desbordar. Cuando este entendió, la culpa se le echó encima.
Los tres se quedaron en silencio, Kage sin entender lo que sucedía, permaneció tumbada en la cama de Shiro mientras que el último simplemente los observaba sentado firme del suelo desde un lateral del sofá.
– ¿Para qué echar la culpa al otro? Lo que ocurrió nos distanció, es la manera más sensata de ponerlo… – propuso seriamente Juugo. – Desde el comienzo, fue Suigetsu el que más se percató de que algo andaba mal contigo, no obstante… Yo personalmente, llegué a pensar que realmente no querías saber nada de los tres y por eso nos evitabas… Luego, pasaron los cambios más notorios… Hasta un ciego se preocuparía Karin. Te conocemos y sabemos que no sueles ser así…
– Presuntamente, creéis conocerme, pero no. – reprochó la Uzumaki.
– Entonces, mírame… – dijo entonces Suigetsu alzando la voz. – Míranos… Y asegúranos que Dosu no se metió contigo.
Karin se tensó y tembló nuevamente, la piel a este punto le ardía, creando un picor insoportable. A este punto volvería a abrirse las heridas de sus otros arañazos.
– ¿Por qué Dosu? – dijo Juugo mirando a su colega.
– Por lo del baño. – recordó él, haciendo que el primero soltara aire asimilando esa información. Ante esa posibilidad, ambos no hicieron más que sentir mucha más culpa que antes.
Antes de que Karin, algo curiosa ante ese detalle, pudiera negarlo, las llaves del paño giraron… Señalando el regreso de Sakura y Sasuke al apartamento. Con el alboroto de los perros, los tres se distrajeron y observaron incómodos a los recién llegados. Aunque lo que llamaba más la atención era el enorme y largo peluche de una serpiente azul que cargaba Sasuke enrollada en él.
– Parece que se divirtieron… – comentó burlón Suigetsu para disimular.
– Bastante. – dijo Sakura acariciando el lomo de Shiro y la cabeza de Kage con su otra mano.
– No te veía de los que compra souvenirs para uno mismo. – añadió el Hozuki tan campante, ya formulando una sonrisa. – ¿Ya le pusiste nombre?
– … Es para Satoru. – se limitó a responder el pelinegro, mientras que su chica intentó esconder una risa.
– Sí que lo hizo. – contestó la Haruno para Suigetsu en lo que se retiraba el bolso de su hombro, llamando la atención de Sasuke rápidamente, el cual la miró con cierto reproche muy para su diversión. – ¿Tienen hambre?
– No. – dijeron Juugo y Karin.
– Y sed… – rebatió el Hozuki con soltura, a la vez que Shiro ladró un par de veces indicando que él también.
Tras picar algo de las pastas que Sakura trajo a casa, al parecer Karin quiso permanecer en silencio todo el rato. Juugo tampoco es que dijera mucho a diferencia de Suigetsu. El ambiente no era incómodo, pero tanto Sakura como Sasuke no tardaron en suponer entre los tres, la charla pudo haber sido mejor. Ninguno dijo nada del tema y lo mejor fue no preguntar al inicio.
Ya más tarde, Sakura mantenía a Satoru encima de su regazo. Manteniendo las rodillas inclinadas hacia arriba en el sofá, pudiendo volver a tenerlo en sus brazos. El pequeño, despierto nuevamente, se encontraba ahora más contento. Lo completamente opuesto a cuando estaba en casa, según Sasuke.
– Soy guapo~ – canturreó ella con diversión tomando las manitas del bebé con suavidad, sonriendo cuando vio otra sonrisa aparecer en su carita. – Sí~
Karin encontrando también al pequeño de lo más adorable, no se privó de sentarse justo a su lado.
– Eres buena con los niños, rosita… – comentó Suigetsu a pesar de su poco interés hacia el sobrino del Uchiha, él estaba más interesado en querer conseguir acariciar a los dos canes, en especial a Shiro. Solo que este, solo se mantenía fijo en el mismo puesto de antes. Kage, se encontraba echándose una siesta.
– Durante los fines de semana, solía pasarme varias horas como canguro de muchos niños vecinos de mi barrio. – respondió ella tranquilamente. Eran de las pocas cosas buenas de sus recuerdos ahí. – Cuando sus madres trabajaban muchas horas, yo me encargaba de ayudarles con los deberes y más… Algún que otro, solía tener hermanos pequeños.
Satoru soltó una risa entonces, animando un poco a Sasuke que sonrió imperceptiblemente tomando el momento en video desde su teléfono sin que se dieran cuenta. Sakura también rió con él, volviendo a tomar sus manitas para levantarlas y seguidamente poner una encima de su nariz, dando toquecitos en las diferentes partes de su faz, completamente ensimismados. – Seguro que solo estabas siendo huraño y especialito a propósito, tú ¿Hm? Por eso no dejas dormir a tus papás…
Sin saberlo, estaba claro que lo que había ayudado a que Satoru se calmara, no era nada más y nada menos que la fragancia en la ropa y hogar de la Haruno. Esta, hacía tiempo que había conseguido hallar la misma que solía usar Sasuke en su ropa. El hecho de que le hubieran quitado aquello, le molestaba. También ayudaba, poder haber vuelto a ver a Shiro, con el animal vigilándole desde la cuna por las noches, se sentía a gusto. Desde el momento en el que los ratos en los que se despertaba, Shiro acercaba el hocico entre los barrotes de su lecho para tranquilizarlo, dejándole agarrar nuevamente el corto pero suave pelaje de la zona tras varios lametones. Por más que solo fuera por ese mísero fin de semana, eso él no lo entendía.
Un mensaje de Kiba distrajo a Sasuke de mantener grabando, con fastidio, parando la cámara de su móvil, leyó el mensaje.
– Yo e Ino nos estamos planeando ir a la fiesta de Shion. Te lo digo antes de que intente persuadir a Sakura. – leyó el pelinegro. Era curioso que él, precisamente no se hubiera enterado de esta misma por la rubia. Recordando que el padre de su novia le había invitado personalmente junto a ella. Seguramente fue por lo sucedido en el aula. Le parecía comprensible.
Sus acciones, pese a él, justificadas dentro de lo que cabe… Ahora se encontraba algo mal por lo que hizo. No controló su fuerza nuevamente. No pretendía ahogarlo ni mucho menos en ese instante, solo quería que su punto se entendiera. Aparecerse en la fiesta, sería… Lo más probable, incómodo. ¿Qué le aseguraba que Naruto evitaría actuar de la misma manera?
– Si Sakura no va, yo menos. – respondió él tajantemente sin poder evitar suspirar. Odiaba verse así, sentir que había perdido a un buen amigo, otra vez… Ese malestar lograba que percibiera un peso constante en sus hombros el cual debía arrastrar consigo.
Levantándose del sofá después de dejar su teléfono en la mesa frente a él, caminó en silencio hasta las ventanas para abrirse paso al balcón. Observando el barrio en silencio. Antes de cerrar la puerta, escuchó como el teléfono de su novia sonaba. Debía ser Ino. Las dos tenían una sinergia mental de lo más extraña. Más de una vez sabían lo que la otra iba a decir o pensaba. A diferencia que con él y Naruto, donde la telepatía normalmente se decantaba más a la hora de llevar a cabo planes, por no decir problemas con alguna que otra pandilla.
Momentos así habían pasado innumerables veces en Hokkaido, más que aquí… Ambos, con Sakura, solían frenarse más. Era algo entrañable, en cierto modo. Digamos que era la comedia de lo absurdo de sus peleas. Los golpes primero, las charlas luego si había tiempo…
"Él ya no es mi amigo… "
"¡Porque soy tu amigo, imbécil!"
– A quien intento engañar… – reflexionó el Uchiha. Naruto siempre tendrá ese lazo con él, le haga este daño a él, ahora. – En momentos así, Kakashi estaría dispuesto a darme cháchara… Y por raro que suene, ahora si estaría dispuesto a escucharlo.
– Cógelo. – le dijo Sakura a Karin, tendiéndole a Satoru. Ella rápidamente se apartó con miedo. Cosa que asombró a la pelirrosa.
– Ya, no lo creo. – respondió la Uzumaki como si nada. De lo más probable es que el Sasuke en miniatura se pusiera a llorar nada más ella lo tuviera en brazos. Nunca había cargado a uno en su vida y después de lo de su aborto, no le apetecía.
Sakura comprensiva, desistió a la primera. Viendo como Sasuke parecía necesitar espacio. La primera giró la cabeza a los otros dos chicos presentes. Quienes nada más percatarse del pedido, lo meditaron. Suigetsu se alzó de hombros mientras que Juugo no sabía qué decir.
– Yo a lo mejor termino tirándolo al suelo, me lo pensaría antes de pasármelo… – comentó él como para limpiarse las manos.
La pelirrosa, incorporándose entonces, acomodó a Satoru contra su pecho hasta que finalmente, se plantó frente al grandullón y sin más, le ofreció al bebé. Juugo, al inicio estuvo a punto de negarse, pero no estuvo a tiempo cuando al momento de extender los brazos para frenar a la Haruno, esta ya había instalado al pequeño en estos. – Cuidado con su cabeza ¿De acuerdo?
Satoru de mientras, se dedicó a mirar con los ojos bien abiertos al amigo de su tío, completamente tranquilo y cómodo. Momento en el que Shiro finalmente, se acercó a él para quedar frente a los dos. Recibiendo una caricia en la cabeza por parte de su dueña por ello antes de que esta se fuera a por su móvil y atender las persistentes llamadas de Ino.
– Parece más simpático que Idiosuke, ya lo dije… – habló Suigetsu con diversión mirando al crío en brazos del Ryuchi, en lo que se animaba a levantar la mano dispuesto a acariciar a Shiro, este casi le muerde, mostrando sus dientes a la velocidad de la luz. Provocando, debido al susto… Que Satoru estuviera a punto de empezar a llorar, de no ser por la improvisación de Juugo poniendo una mueca para distraerlo, lo que pareció funcionar sacándole otra adorable risa.
– Deja de reírte, loca descerebrada… – habló Suigetsu libremente para Karin, la cual disfrutó ver como el animal casi se lanza a por él de no ser porque apartó la mano antes de que el perro pudiera hincar los dientes en sus dedos. – Los perros me adoran.
– Ya, seguro… – contestó ella volviendo al sofá, donde estaba antes.
– Esto no es un perro, sino un lobo… – adjudicó el albino señalando a Shiro, este volvió a gruñirle. – Haruno parece darle de comer como si fuera a luchar contra gladiadores, el tamaño que tiene no es normal… Dicen que los chuchos se parecen a sus amos, no les veo similitud alguna.
Karin no estaba de acuerdo. Lo poco que había estado en casa de Sakura, había podido comprobar lo cabezones que podían llegar a ser los dos. Lo mismo con ser escandalosos y la mar de activos. Llevándolo de paseo, a duras penas llegaba a liderar ella con la correa, si no Shiro con su fuerza. A la hora de dormir, ambos solían dormir en alguna que otra postura rara, siempre y cuando el can no optara por descansar en su cama todo despatarrado.
– Yo que tú no haría eso… – recomendó Karin mirando a Suigetsu intentar colocar la mano en el lomo del animal. No hizo más que poner los ojos en blanco nada más ver como el Hozuki se arrepentía de inmediato, quedando el arrinconado contra el sofá, con Shiro aprisionando sus patas contra su pecho, gruñendo cerca de su cara. Primera vez que lo veía así, pero, sin embargo… Sakura ya le había avisado que compañía masculina, era difícil para el perro a pesar de su entrenamiento.
– ¿Y cómo hago que se aparte? – musitó Suigetsu girando levemente la cabeza en un casi susurro, sin apartar la mirada de la de Shiro. Le inquietaba que al mínimo movimiento, este le clavaria los dientes en el cuello. La pelirroja sonrió con altanería y burla, seguidamente se alzó de hombros. – Lo pregunto en serio… ¿Dónde se ha metido Haruno? Oye, tío ayúdame…
– Tengo las manos ocupadas en otro asunto, ahora. – respondió el grandullón sin hacer demasiado caso de su amigo, cautivado por los diminutos dedos de Satoru en comparación a los suyos la mar de gigantes.
– ¡Deja de burlarte, estúpida y quítamelo de encima! – se quejó Suigetsu, haciendo que el perro volviera a mostrar los dientes.
– ¡Shiro, ven! – intentó entonces Karin, dando unos cuantos golpes al sitio libre en el sofá. Pese mover su cola, Shiro no se apartó. Suigetsu se tensó cuando el animal, acercó su morro a su boca. Estando así de cerca, el primero notó como el chucho lo olfateaba aun soltando un gruñido bajo. No le quedó otra que dejarse olfatear el rostro, sintiendo incluso la inercia de tener que alzar las manos como gesto de rendición ante esa inspección. Lo más gracioso todavía estaba por ocurrir.
Ya un poco más asustado al ver como Shiro se subía encima de él, solo para aplastarle con sus enormes patas y casa ahogarlo con su pelaje al girarse para opacar su cara con uno de sus costados… El siguiente en sorprenderse fue Juugo, cuando el chucho se predispuso a iniciar lo mismo con él, causándole cosquillas en la oreja al roce de su húmeda nariz en su piel. El Ryuchi escondió su cuello cuando Shiro por lo pronto empezó a lamerle la zona.
Sin poder hacer más entonces que tocar la espalda del animal para intentar apartarlo de sí, eso ocasionó que Shiro empezara a darle como patadas con sus patas traseras y a hacerse un hueco entre él y Juugo, queriendo estar ambos en el sofá y pendiente de Satoru, pero para ello tenía que apartar al albino. – Vale, vale… Ya me salgo, leches…
Exhalando aire con gusto, obteniendo lo que quiso, el perro de la Haruno finalmente se acomodó en el sofá, pegado a Juugo, mirando con soberbia y altanería al recién echado de su asiento Hozuki. – Tenías sitio libre justo ahí, bola de pelos.
El perro solo gruñó una vez más con una mirada fija, como si de poder hablar, le rebatiese invitándolo a tomar justo el lugar que señalaba. Encarando que esta era su casa y no la de él como invitado.
– Tienes suerte, trucha deforme… Normalmente, a los tíos no los quiere ni… – explicó Karin con diversión quedándose a medias viendo como el akita se dejaba acariciar libremente por Juugo por el cuello. – Cerca…
¿Por qué no era sorprendente? El grandullón era así con todos los animales, tenía ese don… Sin embargo, ahora la Uzumaki sentía envidia. Le gustaban los perros, pero pocas oportunidades de acariciar tuvo en su vida salvo la de Shiro, intentar tocar a la husky de Sasuke sería erróneo.
Pillando a Suigetsu observándola fijamente, esperó finalmente algún insulto a modo de represalias por el suyo. Llamarse por su nombre entre ellos, más que un pasatiempo o costumbre, indicaba que todo estaba "aparentemente" normal. – Si te preocupan esas dos, no deberías… Hace días que no han vuelto a pasarse por ahí. Kin también ha cambiado de instituto…
Esperando que la pelirroja entendiera esa indirecta, el Hozuki enseguida apartó su rostro. Sin querer queriendo, al cambiar de asiento, se había sentado nada más que al lado de la Uzumaki… Habiendo sitio de sobra. ¿Qué más decirle? Ya le estaba mirando raro… Así que decirle algo similar a que se alegrara de que estuviera bien, seguramente quedaría todavía más raro…
Ajeno a sus intentos de ponerse al día, Sasuke ya se había escabullido desde el balcón hacia la ventana de la habitación de su novia. Esta, ya había colgado la llamada y se encontraba mirando algo en su portátil. Instagram.
Corriendo la ventana y adentrándose en el cuarto estrepitosamente, Sakura volteó a mirarlo divertida viendo como la tela de las cortinas se enredaban levemente en el cabello azabache del Uchiha, despeinándolo.
– No te costaba nada usar la puerta como una persona normal… – bromeó la ojiverde sujetando la cortina en lo que Sasuke terminaba de entrar, solo que este, lejos de apartarse y tomar lugar en la cama o en la silla de escritorio, optó por quedarse frente a ella. – ¿Crees que es buena idea dejar a…? ¡Mhn!
Cerrando los ojos ante el improvisado y pasional beso de su novio, Sakura se dejó llevar por el acogedor calor que le aportaba su cuerpo todavía unos tantos centímetros lejos de sí. Sasuke la mantenía con la cabeza alzada con una mano detrás de su cuello, haciéndola querer más.
Parecía impaciente, no solo hambriento e insaciable. Sentir como después de atraerlo hacia ella tras colocar sus manos dónde la zona de los tríceps, él la empujaba hacia él sin nada de esfuerzo poniendo una mano en su cintura le hacían subir demasiado su temperatura corporal. Era cortar el beso solo para que instantes después el Uchiha iniciara otro sin descanso a pesar de sus respiraciones entrecortadas, como si sus labios fueran dos imanes incapaces de separarse.
Poniendo fin forzadamente al último achuchón con pocas ganas, Sakura mantuvo alejado al pelinegro colocando sus manos contra su pecho incapaz de esconder su sonrojo y ansias de avanzar a otro nivel… Mordiendo su labio inferior totalmente inhibida y libidinosa, recordó algo… – No estamos solos, Sasuke…
La mirada del Uchiha indicaba vacilación, que ahora ella se anduviera de escrupulosa cuando no se privó de achucharse con él en las colonias y más era algo… Molesto. No quería pensar que ella al final sí acompañaría a los demás a esa fiesta.
– ¿Que quería la plasta de tu mejor amiga? – dijo desistiendo momentáneamente de la idea de intimar más con la Haruno por el momento, ya sabiendo lo que iba a responderle. Ante ese apodo, un indoloro golpe cayó en su pecho a modo de recriminación.
– Proponerme indirectamente la idea de ir a la fiesta de mañana por la tarde en casa de Shion, junto a los otros… – respondió ella apoyándose contra el escritorio, todavía frente a Sasuke. Nada más soltar la palabra fiesta, ella percibió el cambio de mirada de él. – Le dije que yo ya hice planes contigo, lo que le llevó enseguida a preguntarme "hipotéticamente" el mejor atuendo que ponerse.
– ¿No irás? – indagó el Uchiha. Ella únicamente negó con la cabeza.
– ¿Tú lo harías? – bromeó ella volteándose a su portátil para enseñarle los posts de su hermanastra en redes, Sasuke guardó silencio mirando las fotos de lo que parecía ser la preparación de la fiesta en donde la rubia presumía haciendo poses en lo que otros arreglaban todo.
Girándose otra vez para mirarle, la pelirrosa reflexionó bastante, hasta que finalmente decidió explicarse. – Es mejor que yo no vaya, sabiendo que Shion no me querría allí tanto como yo paso de estarlo. Aunque de ir tú… Consideraría acompañarte.
– Hmp. No. – dijo él sin más apartando la mirada. Su novia ya se esperaba esa respuesta. Comprendía que siguiera enfadado con lo que Naruto le hizo. Ir, sería… Quien sabe, más de lo mismo.
Era curioso que, ambos hubieran pensado lo mismo.
– Además, te veo demasiado cansado como para ir a una fiesta en un domingo. – habló la Haruno colocando una mano en la mejilla de su novio para acariciarla con gentileza. – Creo más apetecible celebrar tu victoria de ayer ¿Hm?
– Estupenda idea… – pensó el pelinegro totalmente a gusto, sin saber que eso no era una insinuación con segundas por su parte. Ya pensando en los revolcones inminentes ante el momento más próximo de intimidad durante la noche, eso disipaba toda idea de cansancio.
Con suerte, su hermano no tardaría en venir a recoger a Satoru para que él por lo pronto, pudiera intentar echar a Suigetsu y Juugo fácilmente. Pasar la noche y el día siguiente con su chica, eso sí que no lo desaprovecharía.
El lento, casto beso en la comisura de sus labios que la pelirrosa le propinó, no le ayudó a mantener la cordura o mucho menos la paciencia. Sintiendo su amiguito de más abajo empezar a "despertar", no tardó en aparcar casi todo lo demás en su mente que no fuera su novia.
Sakura, anteponiéndose a él, enseguida colocó la yema de sus dedos de la mano izquierda encima de los labios de Sasuke. De los miles de besos que ya se habían dado desde que comenzó todo en el trabajo de historia de Asuma, ya podía adivinar cuando él quería seguir a por más.
No sirvió de mucho. El Uchiha no tardó en tomar su muñeca sin fuerza solo para apartar su mano y finalmente acercarla a él rápidamente mediante una mano en sus lumbares.
– Esa mirada otra vez… – evaluó la Haruno con un atisbo de sonrisa. – Al menos, he conseguido que se anime un poco.
Girando su rostro con una sonrisa juguetona, los labios de su novio cayeron entonces en su mejilla. Esa acción solo se ganó que el pelinegro la apretara más contra su pecho aun con su mano en su espalda. Eso, por más que fuera a modo de juego, le incordiaba… Lo de provocar de esa manera era cosa de él.
– Ya te lo dije, cariño… – susurró Sakura entonces viendo que Sasuke apenas se había dignado a apartarse tras ese beso "improvisado" en su moflete. – Ahora no podemos, no con tus secuaces en mi casa…
– Puedo echarles… – musitó enseguida el Uchiha, apoyando su frente en el hombro de su chica. Apreciando la cercanía entre ambos en ese instante, Sasuke se aferró todavía más a ella… Cosa que no la ayudaba. La carcajada que la pelirrosa dejó escapar fue música para sus oídos. – Y no son mis secuaces…
– Te siguen como crías a su madre en una manada. – comentó ella con diversión. Sintiendo un escalofrío agradable cuando Sasuke empezó a rozar sus labios en su cuello con suavidad, hasta que al fin se atrevió a empezar a dejar nuevamente chupetones por la zona. La Haruno, por inercia casi levanta uno de sus pies ante el constante agradable cosquilleo en la zona. Volver a intentar frenarlo ya no le interesaba.
Cuando el pelinegro finalmente alzó de vuelta su faz, el siguiente intento de besarla fue fortuito. Empezando una unión de labios insaciable que iba subiendo de tono.
– El nombre del hombre que abrió fuego es Shin Shimura. Recluta novato de veinticinco años, del cuartel policial dirigido por el capitán Obito Uchiha. Fuentes directas de testigos comprueban que en efecto, este hombre tomó un rehén, un compañero de escuadrón tras una conversación escaló a más. El altercado finalmente acabó pronto, cuando un agente, finalmente acabó con su vida. – habló la presentadora de las noticias desde la televisión. Pronto el video de los hechos, en donde al parecer un ciudadano grababa la escena con su teléfono con mala calidad, se vio en pantalla. – Debido a este trágico incidente, decenas de personas, vecinos de la familia, familiares, han hecho acta de presencia en el lugar de los hechos para acumular ramos en la entrada del domicilio. Condenando al malhechor, del cual se rumorea que pudo estar relacionado con los incendios de la zona, por actitud sospechosa.
¿De qué servía mirar la televisión si el apogeo de periodistas se amontonaba a los pies de las escaleras de la entrada de comisaría? Itachi no acababa de creerlo. Sus sospechas eran ciertas, ese recluta no era nada más que un topo.
"Nieto" adoptivo por parte de Danzou Shimura. Haciendo un historial de lo que este último contaba sobre él, desconocía de su comportamiento y las posibles motivaciones a actuar de esta manera. Era extraño, que para ser una persona muy controladora… No tuviera ni una ligera idea. Al parecer que le llamara poco antes de su muerte, no fue más que para preguntar si todo estaba bien y los mensajes del móvil de Shin, al parecer también tenían su razonable explicación o coartada que fue fácil corroborar en secreto.
– Creo que aparte de oportuno, saber que Shimura tiene un pasado turbio… Explica su comportamiento. – definió Shisui sentado en la silla de la mesa de Itachi.
– ¿Crees que habría hablado de haberle detenido? – preguntó con cierta ironía cómica el Uchiha de la coleta. – Estaríamos prácticamente en las mismas. ¿Por qué querría deshacerse de las pruebas, si no le repercutía nada? No tomaba drogas, no es de la misma edad que Dosu y Kinuta o del mismo distrito. No tenemos nada…
– ¿Hablaste con Deidara? – cuestionó su primo, Itachi asintió con molestia. – Supongo que te habrá dicho que efectivamente, los incendios fueron provocados. La compañía de gas también lo corrobora. El símbolo es el mismo que en Akihabara, ha sido su pandilla.
– Abumi tiene coartada. – interrumpió el menor de ambos cruzándose de brazos. – Los agentes de paisano le vieron aparecer por el instituto y no salió puntual una vez terminaron las clases. Kinuta también estaba.
– Eso no elimina el posible lazo con ambos casos, ya lo sabes. – indicó Shisui con insistencia.
– Lo sé. – musitó Itachi tras un suspiro. Sentía que le faltaba algo, pero no recordaba el qué. Había que haber algo que relacionara al Shimura con la pandilla de Abumi y Kinuta. También necesitaban recopilar más pruebas.
Secuestro, violación, consumo de alcohol y drogas, venda ilegal de materiales robados, hurtos, palizas… Ese par de maleantes se encontraban con alguien que se encargaba de limpiar sus delitos como un empleado de la limpieza. Las dos veces que los tuvo aquí, estaba Shimura, pero ¿Estaría solo él?...
– Ei… – dijo Shisui llamando su atención. – Lo resolveremos. Entiendo por qué lo haces, ya sabes que yo haría lo mismo en tu lugar. ¿No creerás que te iba a dejar tirado por haberme cargado al topo? Obito no me asusta…
Animándolo a dejar ver una sonrisa de suficiencia, Itachi se relajó un tanto más para finalmente apagar la televisión del desolado office.
– Ya te iré informando sobre lo que vaya descubriendo. – señaló su primo.
– Ver para creer. Me sorprende verte trabajar arduamente. – chinchó el hermano de Sasuke con facilidad.
– ¿Tanto te incordia que no me haya pasado por tu casa? – dijo Shisui siguiéndole el juego con una sonrisa amigable. – En caso de echarme de menos, deberás quejarte a Obito, se empeña con no dejarme salir. La prensa reconoce mi moto y cara. ¿Acaso espera que declare?
– Lo dudo. No trabajas como policía. El capitán podría encontrarse con problemas. Con la muerte declarada a causa de intento de homicidio, tomo de rehén y uso impropio de armamento policial contra otro policía… No podrá explicar mucho, ya que no sabe lo que tú y yo. – finalizó entonces Itachi. – No creo que tarde mucho.
Hablando de él, sacando su teléfono al notar como este vibraba en su bolsillo. Leyó el mensaje del Uchiha mayor. Seguro le vio llegar a comisaría desde su despacho, de lo contrario le habría llamado.
– Por cierto, tío… Enhorabuena. – felicitó Itachi con picardía. Shisui alzó una ceja, hasta que el primero señaló hacia su propio cuello. En él, había un par de notorios chupetones, implicando que al parecer no la había pasado tan mal encerrado aquí. – Sasori e Hidan se fueron de la lengua… Supongo que ya me la presentarás.
– Puede… – respondió el pelinegro de cabellera corta con una boba sonrisa llena de satisfacción.
Fue ahí cuando Itachi se marchó en dirección al despacho de Obito. Empezando a subir las escaleras, se encontró el último bajándolas, al verle, este solo asintió como saludo y musitó un escueto. – Sígueme.
Por el tono, se podía decir que no parecía enfadado o que sospechaba nada, sin embargo… Obito siempre podía sorprenderte con un cambio enorme de chip que señalaban verdaderamente que tenía madera de capitán. Llegaron al gimnasio del cuartel, en donde ahí se apreciaban a varios reclutas entrenando entre sí. Algo que Obito creía óptimo para todos los miembros de cada escuadrón, así no perder el nivel recién graduándose de la academia de policía.
– Dime que no me traes aquí para entrenar… – dijo Itachi mirando de reojo a su pariente, este solo le miró con diversión y seguidamente negó.
– Eres capaz de romperme la espalda. – bromeó el capitán sin más. – Te conozco lo suficiente para dar por hecho que lo darías todo por ganar a la mínima que te presione de mala manera. Como Sasuke.
– Sabría controlarme. – replicó Itachi relajándose en lo que se retiraba el calzado junto a Obito para entrar al tatami de colchonetas.
– A duras penas. – zanjó Obito parando en seco. Itachi así frenó a su lado.
Frente a ellos, parecía haber un combate. Varios oficiales, aunque más reclutas nuevos, se encontraban observando a Kakashi inmovilizar a uno con facilidad por un brazo en el suelo, manteniendo su otra mano en su cabeza y aprisionando una rodilla en la lumbar del joven con todo su peso.
– Conoce a tu nuevo entrenador. – soltó finalmente Obito con optimismo.
– ¿Entrenador? – dijo Itachi completamente confundido. A decir verdad, cuando empezó su frase sospechaba que diría compañero y no esto.
– Cuando me quedé con el cargo del cuartel, al principio no tenía idea de lo extenuante que es todo, pero no me quejo. Con todo lo que ha pasado recientemente, el gobierno ya empieza a pensar que con nuestro renombre y fama, podemos ser un problema. Siendo honesto, nunca pensé que Madara pudiera tener tantos enemigos. – explicó el capitán con paciencia. – Debemos mejorar, Itachi. Necesitamos estar preparados en todo y para ello, necesito ayuda de las personas más inteligentes que conozco juntas. Entiendo que no quieres ser capitán, Kakashi tampoco a pesar de su vasta experiencia. No tengo problemas en mantener el puesto, solo os pido… Que colaboréis no solo en casos y tareas, que también ayudéis a los demás y nuevos reclutas lo que es trabajar y llevar la insignia policial Uchiha ¿De acuerdo? Quien sabe, puede que incluso aprendáis algo del otro… Tómalo como si fuera un ascenso.
– ¿Pero por qué entrenador? – repitió el menor viendo que su pregunta no fue respondida.
– Porque yo lo digo ¿Te sirve? – reiteró él seriamente, Itachi solo relajó los hombros ante esa manera de decirle las cosas. – Deja de cuestionarme y cumple las órdenes, no me seas como Shisui…
– Sí, capitán. – recapacitó el hermano de Sasuke. Obito no le habría puesto a Kakashi sin razón alguna, sabía que lo que le había dicho tenía su punto de razón por más sorprendido que estuviera en encontrarse al tutor de su hermano, ahora trabajando con él. También se preguntaba el porqué.
– ¿Cuándo fue la última vez que tuviste que entrar en combate, Itachi? – presionó él duramente a pesar de no querer herir sus sentimientos, su comentario sonaba más como si este fuera para echárselo en cara. – Con las pandillas aumentando, los asaltos de violencia de género incrementando a los meses, necesito quienes están bajo mi mando… Listos para saber como actuar en cada escenario. No hace falta más que ver a los recién llegados enviados por Kisame.
Echando una ojeada a los nuevos, Itachi ahora entendía el motivo de Obito. No solo se trataba de mostrarles control, lógica e instinto… También en como saber mantener la guarda arriba no solo a los alumnos, había que tener en cuenta la posibilidad que las acciones de Shin se repitieran de alguna manera para evitarlas o detenerlas.
Todo con la excusa de evitar problemas con los líderes del país. ¿Pero en realidad era así por eso?
– No es tan mala idea… – rumió Itachi en silencio, dejando que Obito le diera una palmada en la espalda para despedirse y volver a su despacho.
Colocando sus manos en los bolsillos de su pantalón después de ver la hora en su teléfono, su mirada chocó con la del Hatake.
Había sido interesante observar a Kakashi instruir diversas técnicas de defensa para inmovilizar a agresores y delincuentes. Su maestría se notaba con su simple forma de moverse, demasiado rápido para todos aquellos reclutas que tuvieron el placer de ser elegidos para practicar con él para su demostración.
Había sido gracioso ver las expresiones de los nuevos cuando tenían que motivarse para intentar agredir al Hatake, solo para ser tumbados de alguna que otra manera. Dejando claro que sus instrucciones no iban a ser trabajo fácil para ninguno, él y Shisui incluido. De sobras estaba claro que este último también tendría que aprender de él, igual que el resto.
Ya podía imaginarse la reacción de sus amigos. No obstante, en su cabeza se repetía que este suceso no era algo interesante.
Exoficial de patrulla policial, referencias de la milicia nacional y quién sabe que más. ¿Un hombre de tal calibre y con esas habilidades trabajando como profesor en un instituto? Qué era más extraño, eso o que él ahora trabajara con él. Tenía su dosis de curiosidad. Algo claramente había que tener pasado, se le notaban las gotas de mal humor en cada contraataque a otro graduado.
– Hemos terminado por hoy. – dijo Kakashi levantándose de su postura y soltando al último recluta, solo para después tenderle la mano para ayudarle a levantarse, el cual este aceptó con gusto y recibiendo unas palmadas en la espalda.
Pocos se quedaron para continuar entrenando en la zona del gimnasio. Cuando el ex profesor, se bajó del tatami, optó por pasar por el lado de Itachi, quien le estudiaba en todo momento en silencio.
– Puedo ver que tienes preguntas. – dijo Kakashi finalmente, tomando la carpeta llena de fichas de los que estuvieron en la sesión de entrenamiento.
– ¿De verdad? – dijo él con algo de diversión, su postura se mostraba despreocupada.
– Sasuke tiene la manía de hacer esa misma expresión siempre que espera respuestas a las preguntas, que termina por no hacer a los demás. – informó Kakashi pasivamente, encontrando un poco cómico la semejanza entre los dos hermanos.
– ¿Te incomoda? – vaciló Itachi alzando las cejas por un milisegundo. Al hablar, solo se cruzó de brazos y miró al frente, a un par de policías veteranos entrenar entre sí.
– Uno se acostumbra a ser observado. – respondió el Hatake empleando el mismo tono de antes en lo que leía el contenido de los documentos en sus manos. – Si tuvieras algo en contra de trabajar conmigo, ya habrías intervenido. ¿Qué quieres saber? Puedo hacer lo que les hacía a mis alumnos, presentarme, hablar de mis pasatiempos, qué me gusta, que no… ¿Eso te interesa?
– Si te animas a decirme algo que no sepa… – habló el pelinegro atreviéndose a soltar una sonrisa ladina. Trabajar con él, de ser así con él, no sería mal rato.
– Bueno… Mi nombre ya lo sabes, mis pasatiempos… No te importan. Me gustan muchas cosas y muchas otras que no. – dijo el Hatake entonces.
Por alguna razón, ya daba por sentado que iba a recibir una respuesta tal cual.
– Un simple detalle sin importancia, Kakashi… Es que, sé más cosas de ti de lo que crees. De la misma manera que tú de mí. – informó el Uchiha en lo que volteaba el rostro hacia Kakashi, chocando miradas con él. – En esa prisión, se hablaba mucho de tu padre. También sé que fuiste el primero en dar en la localización en donde estaba preso… Que se lo dijiste a Obito. Para saber si me darías problemas yo también me tomé la molestia de indagar sobre ti… Así que estamos en paz ¿O no?
– Dudo que esas fuentes puedan haberte dado algo verdadero… – respondió con sarcasmo el Hatake.
– Sé que quien me enviaba cartas con información de mi hermano y su estado, eras tú. Shisui puede ser invisible cuando se lo propone, aunque él no es el único contacto que tenía dentro y fuera de rejas… – recitó Itachi finalmente. Kakashi entonces solo soltó aire por la nariz, se lo esperaba, pero aun así era algo erróneo subestimar a un Uchiha. Más todavía un combo de dos de ellos. – Debo agradecerte.
El recién oficial y entrenador personal de Itachi no hizo más que estar algo confundido ante esto último que acababa de escuchar.
– Por cuidar de Sasuke en mi ausencia. – soltó finalmente Itachi con una sonrisa amigable. Sabiendo que un simple gracias era poco, la ayuda que le dió el ex tutor de su hermano menor, ayudó a abrirle las puertas para demostrar su inocencia y así poder salir de la cárcel. La cosa pudo haber sido peor para su caso.
Kakashi no supo qué decir, pero según su parecer, sería mejor poner fin a esa conversación. Era un tema antiguo que ya había culminado, no lo hizo para recibir agradecimiento.
– Avisa para el primer entrenamiento… – pidió finalmente el pelinegro sin esperar ni una despedida o palabra por parte del antiguo profesor de Sasuke. – Ahora es un poco tarde y debo ir a por mi hijo.
Mirando la espalda de Itachi alejarse, fue como ver su futuro próximo ante la esperada llegada de su primogénito. – Debería irme a casa yo también…
A decir verdad, se encontraba echando de menos a su novia.
– ¿Has acabado, Kaka…? – preguntó Obito apareciendo de la nada con una mano alzada como saludo. Venía dispuesto a invitarle un copa.
– Hasta mañana. – dijo él pasándole los archivos contra el pecho, sorprendiéndolo.
– ¿Eh? – pronunció el Uchiha alzando una comisura de sus labios ante tanta prisa, su amigo no solía ser así. Suponiendo a donde se dirigía, sabiendo que Itachi se acababa de marchar, lo asumió. – Malditos enamorados…
Ni siquiera Shisui estaba "trabajando", quién sabe donde se lo encontraría, no lo veía por ningún lado. Agachando la cabeza cómicamente con los hombros bajos, reflexionó sobre su soltería. – Necesito un pasatiempo…
No le quedaba de otra que volver a su despacho para continuar trabajando, maldiciendo la suerte de los otros… Por más que añorase a Rin, valía la pena verla feliz con Kakashi y este último con ella.
Tocando con la punta de su dedo índice el moflete de Satoru, quien dormía plácidamente en los brazos de Sasuke, Sakura sonrió genuinamente sin darse cuenta al ver al sobrino de su novio totalmente relajado con su chupete en los labios.
Con Itachi en camino, ahora solo hacía falta esperar a que este llegara para recoger a Satoru y traer la maleta de Sasuke para mañana.
Shiro todavía se encontraba ensimismado con el pequeño. Aprovechando el poco rato restante para descansar su hocico encima del vientre de la criatura. Era de lo más adorable ver al animal, comportarse como un hermano protector por naturaleza.
Tomando una última foto en su teléfono, la Haruno volvió a dejar el aparato encima de la mesa central del salón, al lado de su portátil encendido.
Sasuke, muerto de la curiosidad, la había visto echar un vistazo en varias páginas para becas universitarias. Sin embargo, sobre ninguna carrera en particular. Era interesante ver sus opciones y objetivos, entre ellas… Se encontraban las facultades de más renombre en cuanto a instalaciones y profesorado.
Eso era algo en lo que él no se había entretenido en pensar demasiado. Sabía que en el futuro, planeaba seguir con Sakura y la verdad, es que en mucho más con ella… De solo pensarlo se le pusieron las mejillas un tanto coloradas. Sus orejas igual, casi que echarían humo. Todo para mantener la idea de que ella le llamase como hasta ahora… Cariño…
Vale…
La forma en la que se había imaginado a la pelirrosa llamándole así, solo empeoró su calentura. Los achuchones de antes tampoco ayudaron nada. – Pedazo de idiota… Tenía que acordarme de esto ahora…
– ¡Ei, Sasuke! ¿Una partida? – interrumpió Suigetsu sacándolo de sus pensamientos.
Este par se había tomado la molestia de quedarse incluso a cenar en casa de su novia. ¿Acaso no eran capaces de entender su mirada? No era tan difícil como para no adivinar que significaba: Largo - de - aquí. ¿Qué tenía de interesante una partida de Go si el Hozuki acabaría perdiendo como siempre?
Escuchando como la puerta del baño se abría, todos entendieron que se trataba de Karin recién salida de su aseo nocturno.
La pelirroja, nada más ver a Suigetsu y Juugo ahí, torció la boca… Sin darse cuenta de que sus moretones en el rostro y algunas marcas de rozaduras en sus piernas eran visibles. Las expresiones de los dos cambiaron, haciéndose el silencio, cosa que ella estando distraída no entendió la mirada de los tres hombres en el salón. Si bien Sakura había tenido un aspecto peor pese el disimulo con el maquillaje, Karin también tenía indicios. – ¿Se puede saber por qué seguís aquí, estúpida pareja de gorrones sin techo? ¡Quiero dormir!
– ¿Con esa ropa? – criticó Suigetsu seguidamente, percatándose de la indumentaria que llevaba. Pese ser de ropa cómoda, sabiendo que Karin tampoco era de las que se tapaba mucho, no solía ponerse camisa con escote, pero sí faldas y demás usualmente cortos y apretados. Era evidente que el atuendo no era suyo, sino de Sakura, por su estilo. Cabe añadir que el atuendo tampoco se asemejaba a un pijama en absoluto.
Cuando Shiro, entendiendo a lo que la Uzumaki venía, se apartó de su ama, Satoru y Sasuke… Solo para acercarse a ella, Sakura entendió que iba a sacar de paseo al animal.
– ¿Podrás con él? – cuestionó Sakura tomando iniciativa para levantarse del sofá. Sabiendo la fuerza magistral de su mascota y que Karin tenía que mantener reposo todavía, no quería que… Espera… – Oigan, ustedes dos… No quiero echarles, pero necesito pedirles que acompañen a Karin a sacar de paseo a Shiro.
– ¿Ah? – musitó Suigetsu.
– ¿Qué? – soltó la pelirroja mirando hacia la dueña del apartamento con una expresión de asombro. – No…
– Sí. – insistió Sakura con una sonrisa la mar de forzada, totalmente entretenida con la reacción de los dos. Juugo solamente se dignó a levantarse como si nada. – Él tiene mucha fuerza y además, también es un poco tarde… Falta poco para el toque de queda.
– Toque de queda ni que puñetas, Sakura… – maldijo Karin apretando los labios y fulminando a la pelirrosa con la mirada por endosarle a esos dos a ella con la idea de echarlos. En su mente, la Haruno aparecía con unos cuernecillos y una cola como un demonio. – Malvada… ¿Era realmente necesario?
– Hora de hacer de casamentera… – pensó sonriente Sakura. – Juugo, la correa está colgando en el mueble de la entrada, junto al arnés.
Sasuke solo sonrió con diversión ante la idea de al fin estar a solas. Observando como su novia se colocaba detrás de Karin y empujarla por la espalda fácilmente con tal de llevarla hasta la entrada, incitando a Suigetsu a levantarse como Juugo, el cual fue el primero en llegar al pasillo de la entrada. Sin tardar en dar con los objetos para Shiro.
El grandullón le pasó el arnés a Suigetsu y este se lo quedó viendo unos instantes, hasta que se le ocurrió una idea, haciéndole sonreír por pura diversión.
Dejando que Karin pasara para ser la primera en cambiarse de calzado, no desaprovechó la oportunidad de pasarle el arnés por el cuello a la pelirroja quien se detuvo perpleja sin entender. Cuando la unión de la hebilla se escuchó, a la última le tembló una ceja.
Cuando se giró, el albino lo tuvo más fácil para abrochar la correa que Juugo sujetaba en el único gancho metalizado disponible.
Sasuke solo cerró los ojos acostumbrado a tal comportamiento entre esos dos, Sakura, pese no saber qué decir y encontrar algo ingeniosa la broma, su expresión era de lo más graciosa.
– Qué se supone que haces… – amenazó entre dientes la pelirroja.
– Si Shiro tiene mucha fuerza, es mala idea dejar que te arras… – Suigetsu no pudo terminar de hablar porque el tremendo golpe que se llevó encima de su cabeza por parte de Karin, casi lo deja tumbado en el suelo.
– Yo sí que arrastraré los restos de cuerpo de anchoa escuálida… Hasta una piscifactoría para alimentar a los otros peces para un buen caviar. – insultó Karin sacándose fácilmente el arnés para colocarlo en Shiro. A lo lejos, Sakura se carcajeó de lo lindo. Robando el agarre de la correa de las manos del Ryuchi, sacó la llave, abrió la puerta y caminó con Shiro fuera del apartamento, sin importarle que el Hozuki y el segundo la siguieran instantáneamente.
Cuando Sakura cerró la puerta, enseguida volvió a su sitio de antes. En lo que se sentaba de vuelta al sofá, miró al Uchiha a su lado. – Digas lo que digas, cariño… Sé que los consideras tus amigos.
– Hmp. – pronunció el pelinegro únicamente. Dejando que la pelirrosa descansara su sien en su hombro mientras encendía el televisor con el mando a distancia.
– De lo contrario, no los habrías invitado a la boda de tu hermano… – comentó ella en un casi susurro sin poder evitar bostezar, en lo que movía la cabeza a modo de caricia en el otro hombro del pelinegro.
Este último a decir verdad ya no le escuchaba. No es que no quisiera, pero a decir verdad ya había llegado a su límite. ¿Dónde demonios estaba Itachi?
Escuchando al Uchiha tragar saliva por cuarta vez en menos de cinco minutos poco después de volver a decidir quedarse callado, nuevamente… La pelirrosa solo se le ocurrió sonreír con travesura. Sabía que estaba con ganas de más. A decir verdad, ella también y hacía ya varios días que no lo hacían. Todo había empezado nada más ella ponerle el reloj en su muñeca. Había sido adorable verle colorado como la salsa de tomate…
Su sonrisa se ensanchó cuando nada más tocar el timbre, Sasuke se levantó con prisas y sin esfuerzo. Lo que la dejó lamiéndose el labio inferior por su reacción. Lo más gracioso fue verle apretujar por el "cuello" del peluche apodado "Aoda" para Satoru, con este aún sujetado en su brazo durmiendo, arrastrando la cola del mismo por todo el suelo en lo que se dirigía a la entrada con prisas.
Apagando la televisión, observó como Kage levantaba la cabeza de la cama de Shiro y caminaba hasta la entrada, reconociendo a su otro amo.
– Hola hermanito… – saludó Itachi parado ante la puerta. No tardó nada en arrebatarle a Satoru de los brazos, besando su cabecita y acurrucándolo contra su pecho. – Gracias.
Sasuke solo alzó una ceja extrañado.
– Izumi y yo pudimos poner la casa en orden, no solo descansar. Mañana en casa ¿De acuerdo? – añadió su hermano mayor señalando con la mirada la maleta preparada para él en el suelo. – Hola, Sakura. Te queda bien el peinado.
La susodicha solo sonrió con agradecimiento. sin molestarse en acercarse demasiado a la puerta. Sabía que estaría solo de paso y se marcharía enseguida. No tuvo la oportunidad de ver como Sasuke enrollaba al peluche, a Aoda, por el cuello de su hermano como una espiral de alambre para que no se cayera debido a su largura.
Con Karin sacando de paseo a Shiro, la rutina de ambos era de cuarenta a cincuenta minutos más o menos, aunque con Suigetsu y Juugo ahí… Puede que tardasen menos. Quien sabe…
Yendo a su habitación lentamente, empezó a quitarse su nuevo reloj. Dejándolo encima de su mesita del comedor. Sakura caminó hasta el baño y prendió la luz para observar su reflejo. Acariciando el collar que le regaló Sasuke, ni se planteó en quitárselo cuando ajustó la puerta y encendió la alcachofa de la ducha.
El agua tardó minuto y medio en calentarse, al igual que le vapor en inundar el cuarto. Fue hasta entonces que el sonido de la puerta se escuchó, indicando que Itachi ya iba de regreso a casa.
Los lentos pasos de Sasuke se podían sentir por el hecho de andar descalzo con tranquilidad, a los pocos segundos la puerta del baño se abrió haciendo poco ruido.
La Haruno no se volteó, a pesar de que a duras penas le veía desde el reflejo del amplio espejo, mantuvo sus dos manos en el cuello después de echarse su corta cabellera hacia atrás. Con una sonrisa relajada, le invitó a acercarse.
Acompañando la puerta para cerrarla con una sola mano, el pelinegro no desaprovechó el tiempo para enseguida colocarse tras ella, aunque sin abrazarla por el momento. No obstante, sí que se escatimó en rozar con sus labios el extremo de su oreja derecha, bajando por el cuello y finalmente descansar su frente en el hombro del mismo lado relajando su postura.
Estaba comprobando si se dejaba… Cosa que se le hacía muy tierno. Ya había visto en otras ocasiones que esta era su manera de pedir atención y más.
– Pese lo sucedido… Hoy me divertí mucho, cariño. – dijo ella atreviéndose a voltearse sin apartarse del último, quien apenas levantó la cabeza. – Aunque la próxima vez, me gustaría que la cita la prepares tú…
Atreviéndose a entrelazar las manos detrás del cuello del Uchiha por unos instantes de comodidad, optó después para alzarse de las puntas de los pies y unir sus labios con los de él amorosamente.
Sasuke la apretujó contra él enseguida. Quizás con demasiada intensidad y todo. La piel de ambos quemaba, pero como si fueran inmunes al fuego, los dos permanecieron pegados al otro. Un intenso rubor apareció en las mejillas de la Haruno cuando el achuchón volvió de nivel. Aun así, tras un suspiro de satisfacción, el pelinegro fue el primero en separarse, impacientando a su novia. Ahora era ella quien ya había sobrepasado los límites de aguante de no ir a por más.
– Tendremos… Poco rato. – insinuó Sakura en lo que empezaba a subirle la camisa por el borde de la cintura, acercándose de nuevo a él y mirarle intensamente a los ojos. – Antes de que Karin regrese…
El Uchiha solo pestañeó silente, sintiéndose como una presa de agua a la que acababan de abrir las puertas con los que llegaría a inundar cualquier valle.
– No te importa ¿A que no? – bromeó la Haruno todavía sin terminar de subir la prenda del pelinegro frente a ella.
Atreviéndose a sonreír levemente encontrando ese comentario demasiado obvio, Sasuke solo se le vino a la mente levantar una mano para acariciar con la yema de sus dedos, uno de los rozados mofletes de la última hasta finalmente apartar el mechón de su flequillo de ese lado detrás de la oreja. Los golpes en su rostro, aún eran algo perceptibles… No le gustaba verla así de herida aun pensando que ella se tratase de la mujer más increíblemente hermosa. – Menuda forma de cortarme el rollo…
Suspirando con aparente relajación, aunque por dentro fuera totalmente lo opuesto, se atrevió a retirarse él mismo el reloj de su muñeca y dejarlo encima de la esquina del lavabo que estaba pegada a la pared.
Le gustó sorprender a la pelirrosa cuando la acercó de nuevo a él metiendo un par de dedos dentro de la solapa de su falda hacia él mediante un breve tirón. Quizás ella se pudo distraer con no retirarle la camisa, pero él no. No tardó nada en desabrocharle la falda denim y cuando esta cayó al suelo con su ayuda después de arrastrarla con sus manos hacia abajo, observó con satisfacción su ropa interior de color medio lila y salmón. – Te habrás cansado de provocarme…
– En absoluto… – Sakura jadeó cuando de la nada se vio levantada de sus muslos hacia el extremo del lavabo. El frío del mueble en su piel fue como sentir un ligero aunque agradable electroshock, en lo que miraba como el Uchiha se retiraba su camisa sin que ella se lo dijera, muy para su enojo. Cuando el levantamiento de una de las comisuras del chico frente a ella fue perceptible entendió que quería jugar un poco.
– No escucho que te quejes… – acariciando suavemente su pecho, le encantó volver a ver el rostro ruborizado de impaciencia de su novio, sabía que hacer eso lo prendía más. Justo lo que quería. Ver como sus pectorales reaccionaban a su tacto podría definirse como lo mejor que pudo ver en todo el día. Bajando la mano hasta sus abdominales, pasando por las líneas, disfrutó haciéndole cosquillas en el proceso a Sasuke, animándolo a acercarse más para quedar entre sus piernas. – Todo músculo, no puedo evitar preguntarme si son de mentira…
Aguantándose otra risa provocativa, no se opuso cuando el pelinegro le agarró la muñeca y apartarla de su piel, descansando su mano más grande encima de la de ella también encima del mueble. Si bien sus palabras no le ofendían, volvía a tener en la punta de su lengua una sola palabra, que no se privó de susurrarla con una mirada igual a la de ella. Colocando entonces un brazo detrás de la rodilla de la pelirrosa, la acercó más al borde contra él, todavía aprisionando su mano mientras se inclinaba a ella. – Yo me pregunto donde quedó tu parte menos molesta y humilde…
– Qué astuto… – musitó su conciencia completamente maravillada a lo que veían sus ojos. No obstante, no iba a darle el beneficio de arrinconarla verbalmente como quería.
– Probablemente, se haya distraído con lo que tiene frente a sus ojos. – vaciló de vuelta ella sin privarse de usar su otra mano para volver a acariciar como antes la piel del torso de su novio.
– Heh… – una respuesta así ya se la esperaba, solo que en vez de seguir de cháchara, optó mejor por atreverse a levantar la camisa que Sakura llevaba sin ninguna prisa. El sujetador push-up negro, algo viejo que llevaba puesto le subía sus pechos de una manera demasiado fascinante. El símbolo de su clan colgando de la cadena en su cuello, hacia el paisaje todavía más maravilloso. No… ella no era la única distraída con lo que había en frente, para nada.
Ya ambos bajo el chorro de agua caliente de la ducha completamente desnudos desde hace rato, la mano y el chelidon de la pelirrosa dejaron su marca boca abajo, junto a la de su espalda en el vidrio de la mampara opacada por el vapor, a la vez que la de Sasuke dejaba la izquierda justo al lado de su cabeza en lo que se dedicaba a besar su cuello con ansia y brío. Segundos después, mediante un breve arrebato, este bajó la fría mano de ahí para colocarla en la nalga de la Haruno, levantando su muslo para que el roce de su intimidad, rozara con la suya con anhelo.
Sakura se encontró brevemente sorprendida cuando el Uchiha mediante un fuerte y violento beso, la alzó de su pierna izquierda y seguidamente de la otra. Los vidrios de la ducha por suerte eran fuertes, el choque de su espalda no fue doloroso en absoluto para ella. Ella instintivamente rodeó su cintura y nalgas con sus muslos. Totalmente expuesta al placer de sentir como Sasuke introducía su miembro en ella poco a poco, hasta lo más fondo que pudo.
Con las gotas del agua cayendo por el rostro de ambos, la pelirrosa quedó maravillada ante el aspecto de su enamorado. Labios entreabiertos, jadeante, impaciente… Justo como ella era vista por él. Solo pudo, con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco, colocar finalmente las manos en las mejillas del pelinegro, Momento en el que este aprovechó para volver a besarla una vez más, dando la primera embestida que hizo jadear a la pelirrosa sin separar sus bocas demasiado pronto.
Moviendo de nuevo su cadera, Sasuke volvió a exhalar de placer, comenzando con sus embestidas a un ritmo duro y lento, sintiendo la aprobación de Sakura, quien se apegaba a su cuello como podía. Era una sensación inimaginable poder verla y sentirla de esta manera y, sin embargo, un pequeño atisbo de oscuridad no dudó en aparecerse en su mente de repente, haciéndole detenerse.
Recordando todos los hechos recientes, más todo lo involucrado con Naruto recientemente, fue suficiente para hacerle sentir desesperado e intranquilo con solo una promesa en su cabeza. La de protegerla, esta vez mejor.
Los pulgares de Sakura lo hicieron volver en sí. Negro chocó con verde. Era otoño, pero se sentía como el día de verano, como ese día en la playa, igual de resplandeciente. Sus suaves caricias en la zona de sus patillas fueron lo mejor de esta noche, aunque quién sabe, esta noche se tomaría su tiempo para saciar sus ganas y sed. Con suerte, su afilada manicura francesa, pronto estaría dejando marcas por toda su espalda.
– Cariño… – musitó Sakura acercando su rostro al de él, viéndole cerrar los ojos, como si para preservar el momento a pesar de ambos saber que pronto estaría de vuelta Karin. – Por favor, no pares…
Sasuke sonrió con picardía al escuchar esa súplica… Tras esto y musitar su típico monosílabo, pasó un velo mental en todos estos pensamientos solo para aumentar el ritmo de sus embestidas, sumándole al placer mordiéndole el labio superior a su novia, que solo sonrió embelesada, empapada de los pies a la cabeza totalmente complacida con la forma en que la tomaba.
Acababa de empezar…
El resto del sábado pasó rápido para muchos y en menos que canta un gallo medio domingo también. Fuera de la residencia principal de los Hyuga, Hinata se armaba de valor para entrar a encarar a su padre. Había visto desde el exterior, el coche de Kaguya y Toneri, indicando que nuevamente, estaban de visita y que de lo más probable, es que tuviera que enfrentarles también por lo que hizo. Con una última tomada de aire, empezó a caminar por el camino hacia la puerta principal, ignorando las horribles ganas de dar media vuelta y regresar por donde había venido.
– Cobarde… – escuchó su voz interior que le decía con repulsión a medio abrir la puerta.
En el salón principal de su hogar, Hanabi apretó las manos contra la tela de su vestido completamente tensa nada más escuchar hacia donde se dirigía la conversación de Kaguya y su padre. Evitó girar por inercia nada más ver que, el sobrino de la primera, optaba por cambiar de pierna a la que subir encima de la otra como si el tema del coloquio que ambos tenían que presenciar, no solo aceptar, fuera de lo más normal.
Sentado en el sillón individual a juego con el sofá de la sala de estar, Neji estudió el aspecto de su prima menor, la cual no se veía ni de lejos, preparada por el repentino cambio que acababa de tomar Hiashi.
– Entonces todo decidido, me alegra estar de acuerdo. – acabó por decir Kaguya tomando la taza de té del set de porcelana de la mesa auxiliar frente al sofá. Tomando la iniciativa de oler la bebida aún caliente en el recipiente, estudió con poca discreción a Hanabi. Esta en ningún momento había levantado su rostro desde que la plática empezó a girar entorno a ella. – En verdad, creo que nos apresuramos en elegir a tu hija mayor y no valoramos a ambas hermanas debidamente. ¿Tú que opinas, Toneri?
El Otsutsuki, de manos entrelazadas, recto con un codo en el respaldo del sofá, miró con irrelevancia a la hermana de Hinata. No conocía lo suficiente a la muchacha, en realidad no la conocía en absoluto. La adolescente apenas coincidía con él y a duras penas habían intercambiado palabra más allá de alguna salutación formal esperada por parte de ambos tras el compromiso inicial entre él y su hermana mayor.
– Me encantará conocerla mejor. – habló él sonriente con educación complaciendo de inmediato a su tía. Hiashi asintió en silencio. – Lo único bueno de este compromiso es que tardará en suceder…
– Señor, la señorita Hinata se encuentra en casa. – indicó el mayordomo de Hiashi, este solo retiró la mano de su rostro una vez salió de sus pensamientos. – ¿La hago pasar?
Neji estudió a su tío en silencio. ¿Qué estaba pasando por su cabeza? Hinata al parecer, había vuelto a casa, a regañadientes, pero lo había hecho y para sorpresa, fue gracias a Toneri… Así que ¿Por qué ese cambio tan repentino? – ¿Qué es lo que no sé?
– Envíenla al antiguo cuarto de Hanabi. – contestó suavemente pero con seriedad el patriarca Hyuga. – Prosigan con lo pedido.
Su hija menor al percibir la mirada de su padre, finalmente alzó la mirada, esperando alguna reacción por su parte, pero nada. A decir verdad ¿Qué sabía de su otra hija? Era más obediente, eso era obvio. Más allá de prometedora e inteligente, se la veía más leal a su linaje. No obstante, no había más que verla… Lo que la desamparaba era algo inesperado y se sentía responsable, aunque ahora ya no se planteaba echarse para atrás.
– Padre… ¿Se me permite retirarme? No quiero atrasarme con mis estudios. – se excusó Hanabi lo más suave que pudo. – Debo entregar varias tareas para principios de semana que aún no he terminado.
– Ahora no es el momento. – intervino su padre desechando su idea. – Están cambiando tus pertenencias de habitación. De ahora en adelante, como heredera, tu deber es cumplir como quien dará los frutos de la futura generación de Hyugas.
– Y de Otsutsukis. – sumó Kaguya con los ojos cerrados en un tono un tanto controlador. Cuando su clara mirada cayó en la menor, esta se volvió más fría, consiguiendo que el nudo en la gola de última supiera a hielo. – No temas, querida. Yo te guiaré por el buen camino.
– Señor… – interrumpió en un susurro nuevamente el mayordomo de Hiashi, acaparando solo la atención de Neji y la del primero. – Hay un asunto importante, una llamada en su despacho sobre…
El primo de Hinata no llegó a terminar de escuchar lo que decía, ya que un par de sirvientas se dedicaron a añadir alguna que otra pasta en la mesa. Cuando ya había regresado la vista a su tío, este ya se había levantado de su asiento con prisas.
– Disculpen. – habló el patriarca con nervios, saliendo de la habitación sin más.
Cuando se le abrió la puerta que daba al pasillo, se topó de bruces con Hinata. Esta, no tuvo oportunidad de abrir la boca, ya que este apenas la miró de arriba abajo y pasó de largo, como no… Seguido de su mayordomo, a pesar de que este entrara hacia otra habitación en vez de a la oficina de su padre.
Conociendo a su padre, este no desaprovecharía el momento para reñirla sobre su forma de actuar. A decir verdad, era costumbre que nada más donde se la encontrara, este comenzara pero, esta vez… Su padre había sido fiel a su patrón con ella y quizás, verdaderamente, sus acciones y sus palabras habían ocasionado ese comportamiento hacia ella, cosa que la atemorizaba.
La ayuda de Toneri había sentido como una ofrenda de paz por parte de Hiashi, ahora… ¿Era realmente así?
– Todo lo que hice… – pensó Hinata contemplando el suelo de madera de la mansión. – Las cosas que dije…
Dejar las cosas habladas, era algo que ella había tenido que acostumbrarse. Sentir como ahora, su padre no seguía su hilo usual, la hacía sentir como si se hubiera amarrado a una ortiga… Consiguiendo que las ganas de rascarse toda su piel la atormentasen. Con el corazón latiéndole a mil debido a la incertidumbre, escuchando ruidos en la planta superior, al girar de nuevo la cabeza… Se sorprendió un poco al encontrarse con Toneri plantado en medio del pasillo. Con las manos en los bolsillos de atuendo casual, estudiándola.
– Pensaba que tardarías más en regresar, sinceramente. – soltó Toneri alzando las cejas con falso asombro. – Tus motivos tendrías para darme plantón esa noche ¿O no?
– Toneri… – comenzó Hinata lentamente trazando con la yema de sus dedos, las puntas de varios mechones de su largo cabello.
– Me alegra que hayas vuelto, pero… . – interrumpió él seguidamente, manteniendo su mirada enigmática. Por más que el recuerdo de las risas de sus familiares en la fiesta aún estuvieran persistentes en su cabeza. – ¿A dónde fuiste? Tus amigas tampoco sabían nada…
– ¿Amigas? – repitió en su cabeza esa palabra por parte del albino.
– Ya sabes, Haruno… – incitó Toneri apoyando su hombro izquierdo contra la pared del pasillo, pestañeando calculadoramente al ver como la pelinegra apretaba sus labios entre sí ante la mención de su compañera de aula. – Llegué a pensar que podías estar en casa de alguna de ellas, siendo eso lo más lógico…
– Eso no es importante… – respondió la Hyuga en voz baja, molestando demasiado a Toneri, quien logró no demostrarlo a la perfección.
– ¿Por casualidad hice algo que la molestó? – increpó entonces Toneri mirando hacia el suelo distraídamente. Hinata se sorprendió al cambio de tono y de persona con el que su acompañante empleó al hablar. Sonando algo triste, eso solo la incomodó. Ciertamente, no podía ignorar lo que su padre le dijo, que debía decirle lo que había hecho a Kaguya.
– Yo… No, Toneri, yo… – dijo Hinata sintiéndose acorralada. Como empezar.
– Me hubiera gustado saberlo… Solo eso. – escupió finalmente el Otsutsuki con malicia. – De haber sabido que tanto me desprecias, me hubiera abstenido a hacer el ridículo durante la fiesta ante decenas de invitados y familiares, que no hicieron más que hacerme preguntas, de las que presuntamente… la respuesta no es importante.
– Yo no… – interrumpió Hinata con los abiertos como dos naranjas. – Yo no te desprecio, Toneri…
Aun así, los flashes de esa conversación que escuchó de esas chicas en los aseos del instituto en cuanto al albino, se le vinieron a la mente… ¿Sería una buena excusa?
Negando casi imperceptiblemente su cabeza, Toneri se dio cuenta de la presencia de Neji escuchando la conversación desde la sala de una esquina. – Pedazo de zorra estúpida…
Acercándose hacia la pelinegra con una sonrisa llena de falsa amabilidad, el albino se tomó la libertad de colocar los mechones de su flequillo detrás de su oreja, destapando esta y seguidamente inclinarse a ella. Parecían, por la postura, que estaban teniendo un momento de intimidad. Mirando por el espejo, como el primo de Hinata y Hanabi se daba la vuelta para volver a la sala y dejando la puerta ajustada, no lo pensó dos veces. – Si no me desprecias…
– ¡...! – Hinata no esperó encontrarse empotrada contra la pared del pasillo. El fuerte agarre del albino en su mandíbula, acababa de asustarla. No la agarraba del cuello, no obstante, se sentía incapaz de respirar. Toneri hasta ahora no se había comportado así con ella, siempre era lo opuesto a esto. Tomando su brazo con sus manos para apartarlo, pensando que querría besarla, no consiguió librarse.
– Si no me desprecias, Hinata-chan… – repitió con maldad, formulando una sonrisa macabra. Hinata sintió escalofríos por todo su cuerpo. – ¿Por qué mentirme? ¿Acaso te maltraté? ¿Te usé?...
– Suél…tame… – musitó con dificultad y tartamudeando la Hyuga. Toneri no hizo más que hacerle subir la cara para mirarle con fuerza, esta vez si sentía opresión en el cuello, la estaba apretando contra la pared.
– Estoy dolido, vaya… Esperaba… Aparte de un seco agradecimiento por lo de tu uniforme, unas sinceras disculpas ¿Me lo merezco, no crees? – implementó el albino, ladeando la cabeza, con un brillo malévolo en su mirada. Hinata soltó un quejido agudo por la garganta cuando sintió como el pulgar de la mano con la que el Otsutsuki la sujetaba, acariciaba su mejilla. – Ah~ Perdón, dónde están mis modales…
Retirando su mano como si nada, aunque sin apartarse, Toneri regresó ambas a donde estaban en un comienzo, en los bolsillos de sus pantalones de marca. Disfrutando al ver como Hinata se quedaba quieta contra la pared, con miedo. – Heh… Ahora te haces la blanda…
– Hablaremos nuevamente en otro momento ¿Sí? – zanjó el albino con una sonrisa falsamente alegre, con los ojos cerrados, como si aquí no hubiera pasado nada. – Nos vemos por aquí…
Dejándola ahí, incapaz de llegar a tiempo de ni siquiera disculparse o musitar palabra, Hinata dejó que una lágrima brotara de uno de sus ojos en lo que observaba como su prometido, ingresaba de nuevo a la sala.
Cuando se vio capaz de girar la cabeza en dirección a la oficina de su padre, parecía que las paredes se oscurecían y que la largura del pasillo se alejaba de ella, dejándola temblando como un perro en el refugio.
MIentras tanto, en el despacho de Hiashi, observó el teléfono con severidad. Cuando llegó al cuarto se encontró el altavoz comunicando, implicando que habían colgado… Aun así, sabía que esa persona volvería a llamar. Por más que deseara que no.
No se equivocó, instantes después el sonido de una llamada entrante al fijo sonó y sin dejar tiempo a que cualquier empleado descolgara, colocó el aparato en su oreja. – ¿Qué quieres? Te dije que no volvieras a llamar, Himari.
– Y yo recuerdo haberte enviado a la mierda justo después, Hiashi… – contestó la mujer desde la otra línea con diversión. – Hazme el favor de decirle a los pimpollos de tus seguratas que abran la puerta del muro.
– ¡¿Qué crees que estás haciendo?! – habló Hiashi metiendo un golpe bien fuerte en su escritorio, levantándose de la silla abruptamente. – ¡HIMARI!
La mujer solo soltó una enorme carcajada. – ¿Te sorprende que me hayan dejado salir tan pronto? Ay, Hiashi… No sé ni que decir.
– Mujer loca… – recapacitó el patriarca Hyuga intentando tranquilizarse, conociendo a la primera, sabía a lo que venía. – Estás equivocada que te dejaré regresar como si nada, de no estar dispuesta a hacer tu papel de madre.
– ¿Por qué desaprovechar la oportunidad de regresar ahora? No esperaba descubrir, que nuestra hija, está comprometida con alguien de tan antaño legado. – dijo la mujer con orgullo, subiendo la ventana del coche viejo en el que estaba. – Esas cosas se avisan.
– Ya no eres bienvenida aquí. – recalcó Hiashi duramente, enfriando la mirada de Himari, quien mirándose desde el retrovisor del coche se mantuvo callada. – Habrás salido de ahí de algún modo, Himari, pero da igual. Firmaste los documentos que te mandé, ya no tienes derechos Hyuga ni el privilegio de volver a ver a tus hijas.
– Nuestras hijas, Hiashi… – dijo Himari con sequedad.
– Veo que aún deliras. – habló el padre de Hinata mirando por la ventana de la habitación. Dándole la espalda a la puerta, no vio como Hinata, a la espera de poder llamar a la puerta para poder entrar, podía escuchar claramente la conversación.
– ¿Mamá? – pensó Hinata, recordando a duras penas la figura de una mujer con el cabello negro y liso como ella. – Me dijo que había muerto…
– Hanabi podrá serlo, pero hace tiempo que sé que Hinata no es mía. – se atinó a pronunciar Hiashi, ladeando la vista, como si tuviera Himari a su lado.
¿Qué?
Himari entonces decidió quedarse callada, se había metido sola en la ratonera.
– ¿Vas a negarlo? – elaboró el patriarca Hyuga con frialdad. – Por algo fuiste encarcelada ahí, me asombra que fueras capaz de pensar que no lo descubriría…
– No sé de lo que hablas… – interrumpió secamente Himari.
– Todo el mundo lo sabe, Himari. De quién… Por algo, todos cortamos lazos contigo y él. Si no te abro las puertas, es por el bien de toda la familia. – finalizó su padre con tranquilidad.
– ¿Qué está pasando? – pensó Hinata sin entender nada de lo que estaba escuchando. La ansiedad empezaba a apoderarse de ella.
– No pienso ni rebajarme a darte dinero por más que lo sueñes, que te quede claro. – acabó por añadir Hiashi mirando a lo lejos de la ventana, el susodicho vehículo en el que se encontraba Himari. – Así que lárgate.
Antes de que tuviera oportunidad de rebatir, los pitidos de la finalización de la llamada, le hicieron ver que el Hyuga acababa de colgar sin más. Incordiándola, hasta que reconoció el coche del señorito… – Claro que me iré, pero antes…
El fuerte estruendo de dos coches colisionar con fuerza, alertaron a las familias del clan Hyuga que se encontraban cercanos a la entrada de sus tierras.
Himari levantó la cabeza de entre sus brazos, aferrada al volante con ambas manos. Sonrió con orgullo al ver el estropicio que acababa de darle al coche de su exmarido. Sin estar satisfecha, giró el volante, dio marcha atrás, giró con poca maniobra haciendo derrapar las ruedas para volver a hacer chocar la parte del maletero nuevamente contra la del capó del vehículo del patriarca Hyuga, no una vez ni dos, cuatro veces para profundizar los daños y el coste de reparación. Total, el coche lo había tomado "prestado".
Satisfecha finalmente con su estropicio, Himari miró entonces la portada de la revista del corazón de hace meses, con la noticia en la que se rumoreaba la noticia del matrimonio concertado de su hija con el heredero Otsutsuki para finalmente pisar el embrague y alejarse de la zona levantando humo debido a la velocidad emprendida.
Cuando Hinata subió a la segunda planta dispuesta a ir a su habitación, se topó con que varios empleados del hogar estaban sacando sus cosas de dentro. – ¿Qué está pasando?
– ¿Qué estáis haciendo? – cuestionó de los nervios la pelinegra. No obtuvo respuesta. – ¡Paren enseguida!
– No le hagan caso. – interrumpió Hiashi nada más ver como más de uno dejaba de trabajar para escuchar a Hinata, apareciendo detrás de su hija, sorprendiéndola. Ante su orden, todos volvieron a lo suyo.
– Padre… – intentó quejarse la menor, ganándose una mirada fría de este.
– Cuando dije que podías hacer lo que quisieras, iba muy en serio. – dijo su padre con altanería. – Sin embargo, a coste de muchas cosas. Como por ejemplo y para empezar, tu herencia. Cuando el hotel llamó aquí, Kaguya se encargó de tu deuda…
Mirándole sorprendida por unos segundos, quedando todavía más nerviosa, esquivando la mirada y tartamudeando, Hinata se vio nuevamente acorralada, esta vez sin necesidad de hacer uso de ningún amarre.
– ¿Entonces significaba que Kaguya y Toneri sabían lo de ella y Naruto? ¿Por eso le hacía eso? – pensó temblando de los nervios, aun escuchando esa particular afirmación de su padre "Hinata no es mía".
– Dónde voy a dormir… – preguntó ella prácticamente susurrando.
– En el antiguo cuarto de Hanabi. – respondió Hiashi tras unos instantes en los que permaneció fulminando a la pelinegra frente a él, para finalmente volverse hacia las escaleras y regresar a la planta baja.
– No era cuarto de Hanabi, sino la habitación de nuestra niñez… – recapacitó Hinata en la soledad del rellano. Si no se equivocaba, su padre le hacía ver que su comportamiento no fue más que un berrinche de una cría de menos de diez años y que por ende, debía pasar los ratos que no estaba en el instituto o en cualquier otra habitación, en una cueva pertinente a lo que al parecer se la adjudicaba.
"Hinata no es mía"
"¿Por qué mentirme? ¿Acaso te maltraté? ¿Te usé?..."
"Naruto no va a olvidar su metedura de pata tan fácilmente…"
"Te lo traeré al hotel esta noche."
"¿Así que por qué no mejor vuelves a conseguirte a otra de las varias estudiantes del instituto, a la que llevarte a un motel?"
"Supongo que debe doler demasiado el hecho de que te ghosteara."
"Nunca te lo voy a perdonar"
"Mereces quedarte sola, Hinata."
Una forzada risa femenina se escuchó a su espalda, pero cuando se giró asustada, no vio a nadie. Pestañeando confundida, de la nada se encontró con los brazos extendidos hacia el vacío de las escaleras.
Escuchando el reloj vintage encima de la cómoda del pasillo marcar el paso de los segundos, Hinata se miró las manos temblorosas desorientada ¿Cuándo había llegado hasta ahí? Ella antes se encontraba frente a la puerta de lo que antes era su habitación…
Cuando se giró se asustó cuando vio a una chica de cabello largo oscuro sonriéndole terroríficamente. – Hola.
Hinata pegó un grito agudo que alertó a todos los de la casa, hasta que vio como la chica frente a ella la empujaba del pecho haciéndola caer por las escaleras.
Dos sirvientas, que se encontraban justo debajo de la escalera, se asustaron y pegaron un grito por su bando al ver como la hija mayor de su jefe caía rodando escaleras abajo.
Antes de caer inconsciente debido al golpe que se llevó a la cabeza con la baranda de la escalera, la sonrisa altiva de la chica le puso los pelos de punta.
– ¡Gracias por venir! – dijo eufórica Shion ante los nuevos invitados a la fiesta.
La pareja de adolescentes recién llegados, asintieron como si nada y le tendieron una bolsa a la anfitriona, quien enseguida les invitó a pasar al salón. – Otro regalo, estupendo…
Volviendo a la sala de estar, la rubia sonrió al ambiente. Una música jazz suave añadía vida a la estancia y cada uno de los presentes, parecía hablar entre sí. Todos. Bueno, todos no. Naruto se encontraba mirando a la pantalla de su nuevo teléfono con atención.
– Naruto ¿Qué tal? ¿Te lo estás pasando bien? – cuestionó Shion sonriente, sentándose a su lado en el sofá.
– ¿Quiénes son toda esta peña, Shion? No conozco a nadie… – preguntó el Uzumaki, ocultándole la pantalla a la rubia sin ser a propósito.
Un par de chicas, sentadas en el otro sofá cercano, miraron al par con las cejas alzadas y burla. Shion tuvo que forzar una sonrisa educada. Naruto al mirar a las otras dos chicas, simplemente las saludó con un gesto con la cabeza. – ¿Qué hay?
Las dos chicas entonces, no hicieron más que levantarse para unirse entre la demás gente.
– ¿Dónde están los de clase? ¿Los invitaste? – acusó él con insistencia, incomodando un poco a la Fuji con esa efusividad. – Shikamaru, Temari, Sai… ¿Y los demás?
– Claro que les invité, Naruto. – animó ella acomodándole la chaqueta que ella le regaló ayer. No había costado nada conseguir que se la pusiera. – Lo más probable es que estén por llegar, recuerda que es un vecindario alejado del centro. Mientras tanto, puedo presentarte a todos…
Con algo de desgana, el rubio se dejó ayudar a levantar del sofá y pronto se vio arrastrado hacia un grupo que Shion parecía conocer de sobra que nada más verle, le miraron de arriba abajo. No le agradó ver que un par de chavales parecían burlarse de sus viejos calcetines algo agujereados.
– ¿Vendrás a mi fiesta?
– Ahí me tendrás…
– Tengo ganas de verte.
Este último mensaje solo había quedado como visto para él y de desde entonces, habían pasado horas, las cuales para Naruto… Se habían hecho eternas.
Conseguir que Jiraiya le dejase asistir resultó bastante fácil, ya que al parecer no se volvía a encontrar bien. Según él, descansar como toca en vez de escribir, le haría recuperar las fuerzas. Siempre y cuando fuera con cuidado, tras darle algo de dinero para volver a casa tarde en taxi, le dejó a lo suyo. Fue un poco extraño, ya que pensaba que volvería a ser sermoneado y que se le retirarían privilegios.
Al parecer la suerte seguía de su lado. Si bien, Sakura no es que hablara mucho con él, ya no lo ignoraba. Eso ya era un gran paso, junto al de que ella se pusiera de su lado con lo del móvil. Seguro lo hizo para evitar problemas y discusiones con Sasuke y por ahora, lo aceptaría… Ya tendría tiempo, luego.
Estaba claro que la fiesta, solo mejoraría con ella presente. Actualmente, no estaba más que decir que no había nada que hacer. Por más que Shion intentara integrarlo, se les notaba a los invitados que él no terminaba de encajar. También intentó charlar con algún que otro amigo de la Fuji, solo para ser observado con desdén y silencio incómodo. Debía reconocer que pese acordarse de la cara de la gente que se le había presentado, ya ni se acordaba del nombre…
El timbre de la entrada sonó, llamando la atención de él y la anfitriona. Dejando que la última se avanzara a él, ambos llegaron a la puerta. Se alegró bastante al ver como detrás de esta, reconoció a Shikamaru por su típica coleta y la voz de Ino.
– Ah… No sabía que vendríais, no me avisaron y… – saludó incómoda Shion tragando saliva a la vez que forzaba una sonrisa amigable. – Verán…
– ¡Shikamaru! – saludó él haciendo que Shion se volteara enseguida aun sujetando la puerta. Nada más escuchar su nombre, el castaño aventuró su cabeza dentro de la vivienda viendo al Uzumaki. – Entrad, no os quedéis fuera. La fiesta acaba de empezar.
Eso acumulaba la posibilidad de que la Haruno también apareciera, siempre solía estar con sus amigas. A dónde estuviera Ino, ella no estaría lejos. Lo mismo con las demás. Sin embargo, no veía a Neji, solo a Tenten y a quienes recordaba como los hermanos de Temari. Gaara y Kankuro.
Dejando a Shion muda, esta finalmente se decantó por abrir la puerta. Si bien eran los amigos de Naruto, para llamarlos así de alguna manera, estos no habían confirmado su asistencia y honestamente, se alegraba de que así fuera. – Menuda cara tienen…
– Linda casa. – aduló Temari en el rellano, abrazada al brazo del Nara.
– ¿Os gusta? La hizo un arquitecto español. Tiene muchos elementos mediterráneos, desde las ventanas a la vegetación del jardín al... – presumió entonces la Fuji, encantada de que la adoraran.
– Hay comida y bebida en el salón, chicos… – interrumpió Naruto entonces, cruzándole los cables a la rubia.
Kankuro, Kiba, Tenten y la pareja de novios no tardaron en seguir al Uzumaki dentro de la vivienda tras retirarse el calzado. Ino solo se jactó en mirar de arriba abajo todo su alrededor, el hogar de Shion era ostentoso como ella misma, por no decir frívola. Con ello no había más que ver el vestido blanco estampado con flores de aster que llevaba, de manga larga acampanada y de hombro bajo, algo anticuado e infantil.
Sintiéndose observada, volviendo a mirar a la Fuji, vio como esta inclinaba la cabeza con otra de sus sonrisas forzadas. ¿Qué necesidad? Girando la cabeza, echó esta para atrás cuando se topó la seria y directa mirada del hermano de Temari en ella, otra vez. El cual estaba empezando a cansarla en vez de incomodarla.
– Flores de aster… Muy original. – comentó entonces la Yamanaka mirando a la anfitriona de arriba abajo, forzando una corta aunque educada sonrisa en lo que se inclinaba un poco antes de ingresar a la vivienda, seguida del pelirrojo.
Algunos bufidos de risa camuflados femeninos se escucharon a lo lejos, cuando Shion bajó la mirada a su atuendo. – ¿Estaba esa estúpida… burlándose?
Volteándose enseguida, no vio a nadie ni riéndose ni permanecer ahí como fisgón. Suspirando antes de proponerse ir a dónde los demás, el timbre volvió a sonar, haciéndola bufar. Abriendo la puerta con un bufido, rezando mentalmente para que no fuera Sakura o su novio, se relajó al ver de quién se trataba.
– ¿Qué? Está de moda llegar tarde… – saludó Toneri mirando la agria expresión de la Fuji.
La cara de Shion se lo decía todo.
– Anima esa cara, preciosa… Tus invitados querrán ver tu irrompible sonrisa. – bromeó el Otsutsuki con simpatía, adentrándose en el rellano con facilidad, empezando a retirarse su americana.
– Me alegra ver que la leprosa no te acompaña. – musitó la rubia, parando unos segundos de hablar antes de seguir. – Cuidado, Otsutsuki.
No tardó nada en frenarlo al ver sus intenciones de voltearla tras esa ofensa. Había sido algo predecible.
– Hay cámaras en la entrada. Guárdate el sadismo para Hyuga y a la próxima, envía confirmación si vas a asistir a otra fiesta mía ¿Estamos? – volteando a medias para mirarle de espaldas, le vio alzar las manos quedando en paz. – Bien… ¿Cómo es que no vino?
– Hubo un pequeño drama en casa. Su primo está con ella. – indicó él sin más.
– No tardes demasiado con tu plan, mis padres ya se han percatado de la ausencia del pañuelo… Devuélvelo pronto, pero por ahora… Pásalo bien. – zanjó Shion con forzada sonrisa y dulzura emprendiendo camino nuevamente.
Dirigiéndole mentalmente una pila de insultos a la Fuji, Toneri recapacitó que la muy despistada parecía haberse olvidado que fue ella misma quien le dio el dichoso pañuelo a él sin más. Si bien Hinata lo había ensuciado por pura coincidencia, al inicio solo pretendía usar la prenda para culpar a la pelinegra de robo, mediante un plan en el que de lo más probable esta caería intentando proteger al Uzumaki de lo mismo, culpándose. Por más raro que sonase, quería verla sufrir rogando por la atención y su amor no correspondido…
Su plan había cambiado entonces, habiendo resultado que tuviera que improvisar varias veces los pasos del mismo, si quería proponerse involucrar a Haruno para llamar la atención del alcornoque sin neuronas de Naruto Uzumaki. ¿Y ahora la muy torpe se lo pide de vuelta?
– Mierda… – maldijo internamente Toneri ingresando a la sala donde estaban todos los invitados. – Con el plan ya en marcha, ya se podía decir que el pañuelo… Ya se podía olvidar de recuperar. A no ser…
– Es la última vez que vengo a una fiesta de la hija de Ume, para aburrirme puedo pasarme todo el finde en mi cuarto y pasarlo mejor. – musitó una chica hablándole a otra desde la cómoda más cercana al albino.
– Sí, mis padres también me pidieron venir. Esperaba algo más divertido… – musitó su amiga sirviéndose una copa. – Por no hablar del cumpleañero… ¿Dónde encuentra a Shion a tipos así?
– Es su compañero de clase. – añadió ella, ante la mirada de su amiga, optó por seguir hablando. – Uno que va a su instituto me lo ha dicho, junto a más peculiaridades…
– Cuenta, cuenta… – pidió la otra con ganas. Su amiga sonrió.
– Resulta que se ha acostado con un par de chicas que no estaban precisamente solteras, el novio de una estas, se ha enterado tras pillar la gonorrea… – comentó con burla y riendo la de antes mientras su acompañante se tapaba la boca incrédula. – Un drama enorme, pero lo mejor, es que el novio no sabe que se trata de este ¿Sabes? Muy fuerte…
Ah, la conocida historia de Uzumaki playboy. Para qué negar que él mismo se encargó de ir desperdigando las migas de este detalle por todo el campus, nada mejor que pasar desapercibido en conversas ajenas que unirse en una de improviso dando más información, para gozar de entretenimiento… Debía reconocer que sacar el zumo de esta era un trabajo lento, pero ya habría tiempo de saborear el jugo… De eso estaba seguro.
– ¿Se divierten, chicas? – saludó entonces Toneri acercándose a ella galantemente, adulándolas al instante. – Permítanme que me presente, soy un íntimo amigo del cumpleañero, Toneri Otsutsuki… Un placer.
– Estábamos planteándonos marcharnos pronto. – respondió una dejando que Toneri le besara la mano como caballero al igual que a la otra. – Esto es un muermo.
– Una pena… – intervino Toneri haciendo una mueca intrigante, llamando la atención de ambas chicas. – Shion anda presumiendo de su piscina climatizada…
– ¿Y? No trajimos bañador… – respondió la otra alzándose de hombros por más que la idea sonara apetecible.
– ¿Ropa interior tampoco? – propuso él atrevidamente en un susurro indecente y sensual. Cuando las dos amigas se miraron entre sí, Toneri ensanchó su sonrisa ladina. – Siempre podemos encargarnos de animar el ambiente… Os dejaré pensarlo.
Deslizándose entre las dos, el albino no tardó en juntarse con otros grupos a saludar a los pocos que reconocía del campus. Cosa que llamó la atención de Naruto que, nada más escuchar la efusividad de los demás en ver al Otsutsuki hacer acto de presencia, lo estorbó un poco. Cuando este le atrapó mirándolo, el rubio apartó la mirada, pero para su mala suerte… Toneri no dudó en acercarse.
– ¿Qué tal, hm? – saludó el albino con confianza a los compañeros de su clase. Ino y compañía enseguida voltearon a verle. – De haber sabido que vendríais, podríamos haber venido juntos… Ya que por lo visto llegamos a la misma hora. ¿Yamanaka? Déjame decirte que te encuentro de las más hermosas en esta velada…
A las espaldas de él, Gaara torció la boca y puso los ojos en blanco ante el trato forzado del fanfarrón sueco con aires de galán. Este al parecer, se giró sintiendo su mirada. Sin disimular, mantuvo su expresión seria hacia él. – Encantado, mi nombre es Toneri ¿Te conozco?
Su respuesta fue silencio absoluto, en lo que solo se escuchaba la cháchara de los demás invitados y la música de fondo.
– Es uno de mis hermanos. – presentó Temari golpeando con el codo al pelirrojo de brazos cruzados, que solo pestañeó inmutable.– Su nombre es Gaara.
Este último, mirando a Ino, quien apenas había levantado la cabeza de la pantalla de su teléfono ante ese piropo por parte de Toneri… Se calmó un poco más al ver la poca atención que le dedicaba al recién llegado.
– ¿Cuándo se saca el pastel? – cuestionó entonces Toneri, llamando la atención de Shion.
Esta, ojo de las miradas de Naruto y el resto, supuso que no había mejor momento que este… Tal vez eso divertiría a los invitados.
– Aún no… – intervino el Uzumaki clavando sus ojos azules en Toneri. – Falta gente.
– ¿Vendrá alguien más? – indagó él forzando las comisuras hacia abajo fingiendo el que no sabe.
– Sí. – afirmó el rubio.
– No. – opacó Shion hablando más alto de lo habitual, lo que confundió a todos, sobre todo a Naruto. – ¡Atención! Es hora del pastel~
– Con un poco de suerte, estos tardarán poco en irse… – pensó la Fuji haciéndole una seña a una de las pocas sirvientas trabajando para el evento. Para ser sincera, pensaba que la simple presencia del grupo había arruinado el ambiente.
– Shion, Sakura aún no ha llegado… – propuso Naruto como intento de que se esperara un rato más. El nombre de la pelirrosa llamó la atención de las chicas, pero no más de lo que irritó a la anfitriona.
– Pues qué pena ¿No crees? – respondió ella con otra sonrisa encantadora suya. Esa contestación, el Uzumaki no se la esperó. – Enseguida regreso.
– ¿Hablaste con Sakura? – presionó Shikamaru por inercia para Naruto, recibiendo un pellizco por parte de Temari. El segundo se atinó a asentir visiblemente hacia ellos dos.
– Ella me dijo que vendría. – contestó él entonces.
Ino, todavía con su teléfono en las manos, arrugó el entrecejo todavía más confundida. Si más no bien, ella misma se encargó de intentar persuadir a la Haruno de asistir justo ayer sin aval… Como para que ahora Naruto dijera que sí. ¿Entonces Sasuke vendrá también? A decir verdad, en su trayecto hacia aquí, también estuvieron hablando por chat y nada. Alguna que otra vez, Sakura sí había llegado tarde, no obstante… De querer asistir a una fiesta de cumpleaños… Era de las más puntuales siempre y cuando el Uchiha no se ocupara de distraerla para ello.
O una de dos, Naruto mentía o se equivocaba o su mejor amiga había cambiado de parecer al último minuto… Lo que no era demasiado extraño con su impulsividad.
– ¿Por qué huelo problemas dónde no los hay? – pensó la rubia bloqueando su teléfono y jugando con él dispersa en sus pensamientos.
– ¿Os ha dicho algo a vosotras? – susurró Tenten hacia las chicas recibiendo un no con la cabeza simultáneamente sabiendo que hablaban de Sakura.
– Nos lo habría dicho. – sumó Ino. – Para llegar a la par de nosotros.
– No van a venir, ya os lo aseguro. – afirmó la Sabaku finalmente, dejando a las otras dos estando de acuerdo.
– ¿Y vosotras qué sabréis? – intervino Naruto con irritación y de malas formas, acaparando la atención de las chicas y del resto del grupo. – Si os digo que vendrá, así será y punto.
La mirada que Shikamaru le dedicó entonces, asombró un tanto al Uzumaki, quien incómodo agachó la mirada con vergüenza evidente.
– Vamos a tomar algo. – propuso entonces Temari, arrastrando a su novio con ella para evitar cualquier destello de confrontación.
– Tal vez debería llamar yo a Sakura para dejar claro el misterio, ya que parece un tema tan "importante"... – propuso Ino gesticulando con la misma mano con la que movía sus dedos cansados de escribir con el móvil hacia Naruto de una manera muy fina, dejando ver su altanería. Nuevamente, Naruto sonaba sincero en su forma de hablar, pero las últimas veces se había equivocado. – Tal vez lo haga.
El Uzumaki parecía dispuesto a hablar, quién sabe para decir el qué. Sin poder tener oportunidad de disculparse, la conversación se vio interrumpida por el Otsutsuki.
– Perdonen, pero… La noche apenas empieza. Si no llega puntual, sus motivos tendrá. Además, a nuestra anfitriona… – comentó Toneri mirando hacia la última que acababa de regresar de la cocina. – Se le ha ocurrido la fenomenal idea de divertirnos en la piscina de interior, cosa que a la gente parece encantarle…
Ante esa descabellada idea sacada de la manga, Shion miró mal al albino, pero decidió quedarse callada al ver que no era el momento.
– Ahora eso sí que suena a fiesta… – comentó Kiba como para quitar el tenso ambiente, justo en el momento en el que una sirvienta sacaba el pastel encendido, invitando a todos a cantar.
Nadie se fijó en la hora, casi las nueve de la noche… ¿Cuándo había pasado el tiempo tan deprisa?
En eso se encontraba pensando Toneri en ese preciso instante, quien postrando toda su atención hacia el cumpleañero, comprobó que el motivo de su falta de entusiasmo, se debía por la falta de cierta pelirrosa. Lo llevaba casi escrito en su rostro y que lo dijera antes no fue absolutamente necesario. No sabía disimular y por nada de asombro, cada dos por tres se le veía echar un vistazo en el móvil, aunque sin escribir nada.
– Eso significa que no le escriben… – estudió el albino con interés. Pensaba que había sido claro con Abumi.
Fue ahí cuando lo que le dijo Shion nada más llegar él a la fiesta sobre el pañuelo. – Mierda…
Su idea de buscarle problemas no solo al Uzumaki, sino también al Uchiha, podía perjudicarle a él por diferentes lados si se detenía a pensarlo detenidamente… Ahora se veía acorralado como en una partida de Atari-go. Primera vez que le pasaba.
La canción estaba a punto de terminar cuando el sonido del timbre sonó incesablemente. Cuando Shion fue a abrir, no esperó encontrarse a toda una multitud de jóvenes desconocidos que nada más abrirse la puerta, celebraron y entraron como si estuvieran en su casa. La rubia contó hasta cuatro extranjeros, la mayoría chicos. Estos eran universitarios. La última persona en adentrarse, fue Zaku, quien como si no quisiera la cosa, apagó la polilla justo en la entrada con un pisotón para después saludarla con un gesto de la cabeza.
– Lamento el retraso, gracias por invitarnos… – presumió el pelinegro con una sonrisa de pura diversión.
– ¿Tú les invitaste? – preguntó Ino casi en un susurro para la Fuji, como si quisiera sonsacarle el motivo.
– Yo… – respondió Shion nerviosa. A este punto ya no sabía qué decir.
– Espero que no te importe, hermana de Haruno, vimos el post en el chat tarde… Cuando les dije a unos colegas que iba a una fiesta, quisieron venir y yo no iba a decirles que no. – explicó Zaku rodeando por los hombros a la anfitriona, quien se incomodó demasiado ante esas libertades, sobre todo al ver como el Abumi aprovechaba para echar un vistazo a su diminuto escote, justo en el momento en el que Naruto, guiado por la curiosidad, echaba un vistazo a los recién llegados. Consiguiendo que nada más verle, su expresión se volviera seria. – Lindas piernas, rubia…
Ino sintió un desagradable escalofrío nada más sentir la mirada del Abumi en ella. Sintiendo náuseas de repente, la Yamanaka no tardó en dar media vuelta en dirigirse de vuelta al salón, seguida de Tenten y Temari. – Esto solo se aguantaría con una copa…
– ¿No vino ella, chicas? Qué pena… – vaciló Zaku con toda libertad mirándolas irse, nada más para verse encarado por Naruto, quien en cuatro pasos ya estaba al lado de Shion.
Ella, aprovechando que el primero ya había retirado el brazo, se arrinconó tras él, pero enseguida fue apartada sin demasiado esfuerzo.
– Déjala en paz ¿Me escuchaste? – amenazó el Uzumaki alzando la voz.
– ¿De quién me hablas? – pinchó Zaku soltando un bufido de risa lleno de desdén.
– Dejarás a Sakura en paz o te la verás conmigo… – aseguró firmemente el rubio, tensando a Shion detrás de él.
Toneri, observando a lo lejos con las manos en los bolsillos, contempló la escena en silencio hasta que chocó miradas con el Abumi. Él no le había invitado, lo que señalaba que su explicación, algo de verdad tendría, pero qué más daba.
– Cuidado con el novio del Uchiha, si hasta parece todo un delincuente con tanta amenaza y vistiendo esa cazadora… – respondió entonces Zaku mirándolo de arriba abajo con burla, alzando la mano hacia Naruto, tensándolo imperceptiblemente a la espera de un golpe, solo para recibir un par de golpecitos en una de sus mejillas. – Lo que sea para el cumpleañero ¿Hm? Por más que, según comentan algunas fuentes, toda fiesta solo vale la pena si Sakura asiste…
Zaku se dejó tomar de la camisa por Naruto ante el uso del nombre de la pelirrosa, aunque enseguida Shikamaru le bajó el brazo y se lo llevó al salón donde estaban los demás.
El Nara había llegado a un punto en el que ya había tolerado suficiente, ahora estaba claro que Naruto necesitaba una llamada de atención sobre diversas cosas. Lo más molesto y sorprendente, la inusual actitud del Uzumaki que hacía meses que tenía costumbre de mostrar. Aun así, ahora no sería el momento…
Veinte minutos habían pasado desde la llegada de Zaku. Durante este corto rato, prácticamente todos los invitados se habían instalado en la piscina climatizada, creando demasiado ajetreo para Shion, pero esta estaba más entretenida en permanecer en sus propios pensamientos, en lo que se servía otra copa de una de las botellas que habían traído los agrupados de Zaku. Como hicieron la mayoría.
– ¿De verdad lo invitaste? – indagó Naruto sacándola de sí con un sobresalto. ¿La estaba recriminando?
– Mi padre me hizo invitar a todo el mundo, ya lo sabes. Lo puse en el chat. – explicó la Fuji totalmente incómoda.
– Y cómo puedo creerte viendo que Sakura no está, pero él sí… – continuó el Uzumaki con enfado, volteando la cabeza para mirar hacia donde el grupo del Abumi se encontraba tonteando con algunas chicas mientras sus amigos estaban haciendo el tonto dentro del agua casi en paños menores.
– Sakura esto, Sakura lo otro… – meditó con tristeza la anfitriona empezando a alejarse, encontraba como mejor opción, esconderse en su cuarto. No esperaba que Naruto la siguiera, tampoco que la frenara de golpe en el pasillo hasta su cuarto tomándola por su antebrazo. Llegando al punto en el que con los ojos llorosos, lo encaró. – Esta fiesta, la organicé para ti ¡Estúpido! ¡¿Y te la pasas quejando?! ¡¿Qué culpa tengo yo que la muy…! Que Sakura no haya aparecido?! Si llego a saberlo, me ahorro la molestia.
– Shion… – intentó hablar Naruto entonces, nada más para ver como esta se libraba del agarre. Con la cara enrojecida y los labios tensos para evitar explotar en llanto.
– ¿A cuántos de nuestra clase viste aparecer aparte de TUS amigos? Te recuerdo que en el campus, solo te tengo de amigo a ti. – añadió la rubia incapaz de contenerse. – Pero creo que fui la más tonta aquí… De los dos.
Naruto bajó la mano ante ese comentario, con esa aclaración final era obvio que se lo decía a él.
– ¿Por qué te acostaste conmigo, Naruto? – cuestionó de sopetón la rubia. No obtuvo respuesta, lo que a pesar de ser cómico, también era irónico que con momentos así, Naruto optara por guardar silencio. – ¿Por la misma razón que con la ingenua de Hyuga?
Shion, internamente, sabía que no podía darse el lujo de reprocharle justo ahora todo, pero todo tenía un límite y por primera vez, pensó que en cierto modo, ahora comprendía las acciones de Hinata. Aunque lo suyo con Sakura, a su modo de ver, fuera más lógico en cuanto al resentimiento de la pelinegra. Odiaba sentirse así, verse así. Todo el mundo estaba, obsesionado por la Haruno de alguna manera u otra…
– ¿Alguna vez te interesaste por mí como yo por ti? O solo… Solo, ¿Es por ella, a que sí? – terminó afirmando más que interrogar. Pasados un par de segundos demasiado lentos, Shion se esforzó en postrar en su rostro una sonrisa intachable, como si no acabara de ocurrir nada. Cerrando los ojos, algo desahogada con sus palabras, inclinó la cabeza e intentó relajarse alzándose de hombros. Esto era una fiesta, su fiesta, habría que esforzarse para que fuera un rato agradable a pesar de los imprevistos. – Olvídalo. Voy a ponerme el bañador ¿Me ayudas a elegirlo?
No hay sitio para numeritos…
Internamente, con todo lo dicho, la Fuji ahora se encontraba con cierta sensación amarga en su garganta. Como un mosquito que rodea por tu cabeza de noche y no te deja dormir en paz. El pañuelo.
Sabiendo, solo las intenciones de Toneri hacia Naruto, se veía la situación como echar agua y no barrer el suelo. Pestañeando para quitarse las lágrimas amontonadas en su maquillado rostro, tomó a Naruto de la mano y lo arrastró con prisas hasta su cuarto, sin esperar que este frenara abriera la boca para decir nada. Sí lo hiciera, suponiendo que podría decir, prefería volverlo a dejar pasar.
– ¿Estás bien, Tenten? – preguntó Ino con una expresión de preocupación.
Esta era de las pocas fiestas en las que por ánimos de sus amigas, tomo la iniciativa de probar de las bebidas que todo el mundo iba compartiendo entre todos. La verdad es que sabían bastante bien.
– Creo que deberíamos darle algo de agua en vez de irle pasando más alcohol… – valoró Temari observando a sus amigas.
– ¿Llevaban alcohol? – preguntó Kankuro sentado al lado de su hermano menor alzando la mirada de la pantalla de su teléfono. Gaara, nada más escucharlo, dejó su bebida sin terminar a los pies de la tumbona donde casi todo su grupo estaban sentados.
– Os lo dije hace rato, pero estáis sordos. – contestó su hermana con reproche.
Alzando la mirada hacia Shikamaru, vio a este disperso a su lado, constantemente pasando sus dedos por la zona descubierta de su top ceñido que apenas enseñaba nada. Parecía incluso enfadado y estaba claro el motivo. A pesar de haberle persuadido de no discutir con Naruto, porque su reacción no fue solo con ella, la verdad es que ni le molestó que actuara así. Naruto y ella no eran tan cercanos como él y su novio, pero lo entendía. Le había parecido algo atractivo verla a punto de defenderla y poner en su lugar a otros que cruzaban la línea, pocas veces había visto al moreno enfadarse de ese calibre, pero según Sakura… Este último había llegado a ser poco predecible a la hora de saldar cuentas.
Ni rastro de la anfitriona ni de Naruto, Kiba tampoco los había visto en el comedor cuando se fue a pillar algo más que comer tras chapotear bastante rato en el agua.
– La verdad es que no hace buena cara… – estudió Kankuro mirando a Tenten cuidadosamente y dicho y hecho. Verla taparse la boca ante una arcada, alarmó a todas. Lo que hizo correr a las chicas con ella entre ambas rubias dejándose arrastrar al baño más cercano, si es que había suerte.
En un extremo de la piscina, Zaku observó a las tres alejarse para finalmente mirar hacia uno de sus colegas con enfado. Con una mirada seria, hizo una seña silenciosa hacia donde Tenten y las demás acababan de dirigirse para su amigo, quien enseguida nadó hasta el extremo de la piscina con intención de salir.
– Debemos hablar. – habló Toneri acercándose por la espalda del pelinegro, siendo lo suficientemente sigiloso para que no pareciera que hablaban directamente.
– Soy todo oídos… – respondió con mofa el abusón. Se había percatado de la mirada del Otsutsuki cada dos por tres, lo que era cansino.
– Aquí no. – añadió entonces el albino, dejándole una toalla al suelo para que lo siguiera.
Zaku arrugó la nariz con molestia, tras estas palabras. No le gustaba que le ordenaran con tanta facilidad.
Tardó lo suyo en voltearse para usar los brazos y así salir del borde de la alberca. Tomando la toalla, caminó hacia donde el último, el cual no había salido de la zona, solo se había escondido en una esquina oscura al lado de dos enormes cestos de cerámica con plantas.
– Necesito recuperar ese pañuelo. – dijo sin tapujos Toneri. Zaku solo alzó una ceja. – ¿Dónde lo vendiste?
– Mira el chulito… Ahora resulta que tu plan no va como quieres. – comentó burlón el pelinegro. Aun así, no importaba ya nada esa información, así que… – Se vendió por internet en un abrir y cerrar de ojos, además paso de intentar recuperarlo ahora que me he gastado toda la pasta del mismo.
Toneri solo se limitó a inspirar aire con una expresión seria.
– Encuentra al comprador Abumi… O no querrás que me vaya de la lengua. – avisó el Otsutsuki sin dudarlo. El bully solo bufó con burla otra vez, molesto ante ese atrevimiento por parte de quien ni veía como aliado. – Te recuerdo que puedo fácilmente buscarte problemas por lo que ya sabes. Por la suma de dinero, no hace falta ni que te preocupes.
– ¿Qué te parece si te vas a parir panteras, copito de nieve sueco? – zanjó Zaku de la nada, dejando callado a Toneri. – Te enmierdaste tú solo en esto. Puedo seguir tu plan, pero para dejarlo evidente… Se cumplirá a mi puta manera ¿Te queda claro? Tú no me…
La carcajada de Toneri tras unos instantes en silencio desconcertó al Abumi.
– Tiene su gracia lo que dices… – comentó mirando a la nada con una sonrisa irónica el albino. – Debo admitir que algo de razón tienes, Zabu…
– Zaku… – corrigió este con molestia. Como respuesta solo vio como Toneri alzaba los hombros como si su nombre le importara bien poco.
– Me da igual como ejecutes "tu plan", seguirás sin tener méritos en él aun llevándolo a cabo, si es que te sale bien… Luego no me busques tú a mí, de surgir cualquier contratiempo ¿Te parece? – indicó Toneri dando unas palmadas amigables en el hombro del pelinegro. Suponiendo con antelación que algo podría salir todo mal para él. – Si me perjudicas directamente, descubrirás que no eres el único con una lista de contactos bajo la manga. Recuerda quién colabora en la campaña política de tu padre.
Zaku solo se dignó a inspirar aire permaneciendo en silencio. Cabreado nada más recordar la familia que apoyaba a su padre en su trabajo. No le gustó descubrir que esto era cierto.
– Parece que no conoces a tu querida Haruno tanto como presuntamente adoras autoconvencerte. ¿Para qué otra razón estás aquí si no? – se decantó por decir el albino con altanería y desdén. Para que engañar a nadie, él también esperaba que la susodicha apareciera, aunque pensándolo bien… Naruto no había presumido ante Sasuke que "Sakura" hablaba con él. Detalle que habían pasado por alto como posibilidad, normalmente solía apresurarse a la ahora de actuar en cualquier caso. A este punto, era obvio que el Abumi ya se había desviado del plan desde el comienzo y él tampoco indagó demasiado. – A lo mejor me renta dejar que haga lo que quiera…
Cuando menos supiera, menos podría involucrarlo si todo salía mal ¿De qué preocuparse?
– Sé más de ella de lo que se cree… – presumió Zaku entonces con mal humor. Toneri no parecía convencido de su declaración.
– Si tú lo dices… – contestó el albino volviendo a su aparente despreocupación.
Poco después, en la sala de estar… Ino y Temari se encontraban algo extrañadas por el comportamiento de su amiga. Desde el comienzo no parecía estar con buen humor hasta que no se empezó a tomar las copas que le pasaba la Yamanaka.
– Creo que debería declararme a Neji… – empezó Tenten con la cara toda colorada debido al alcohol. Ino y Temari se miraron entre sí. – ¿Y si le llamo y se lo digo?
Temari se rascó la base de su coleta pasmada. La morena había estado, callada casi todo el rato y ahora... Viendo su comportamiento actual más la mención del Hyuga, sería de novatos no suponer que el origen no fuera ese. Puede que Tenten aglomerara más sentimientos por Neji de lo que se podría definir como un encaprichamiento…
– ¿No crees que sería mejor que se lo dijeras sin estar ebria? – comentó la Sabaku ayudando a la Ama a sentarse correctamente, la cual solo hizo un puchero.
– Podré estar algo pipiriri… – se dignó a decir la castaña con resignación. Ante su dislexia temporal, Ino se sorprendió a pesar de encontrar el momento la mar de entretenido, era la primera vez que su amiga se emborrachaba a este nivel. – Pero estoy más cansada de que el muy estúpido no se dé cuenta.
– Oye, que tampoco hace mucho que nos lo admitiste a nosotras… Sé algo más comprensiva. – se limitó a decir la Yamanaka con una risa al hablar.
– Tampoco se te notaba demasiado… – sumó Temari recapitulando todo. Aunque se entendieran muchas reacciones de la morena, cabía decir que había muchas posibilidades aparte de que tuvieran que ver sentimientos de por medio.
– Tenten debería grabarte y enseñarte el video de ti borracha para que nos agradezcas haberte frenado de cometer esta locura… – sugirió Ino tentada a hacerlo a pesar de la mirada de reproche de la otra rubia. – ¡No he dicho que vaya a hacerlo!
– No sería mala idea marcharnos ya… – habló la Sabaku entonces para Ino, quien asintió estando de acuerdo. – Venir no nos garantizaba pasar un buen rato…
Ino, tomando el teléfono de Tenten antes de que ni por asomo se le ocurriera la idea de llamar a Neji de nuevo, se levantó junto a su otra amiga observando como la segunda parecía incluso haberse quedado dormida en el sofá del desolado salón.
– Puedo ir sola a por los chicos, Ino. – propuso Temari, pero la mencionada negó con la cabeza.
– Dudo que Kiba siquiera te escuche con la idea de irnos como a mí. Todo el mundo está en la piscina, serán solo unos minutos, vamos. – apresuró Ino sin estar dispuesta a perder el tiempo en una fiesta con Zaku y compañía por más tiempo. Siendo la primera en comenzar a dirigirse a la puerta de la habitación. Ninguna de las dos se percató de la figura masculina escondida detrás del arco del pasillo de la entrada, esperando a que se fueran.
El tipo, mirando a sus alrededores, cuando vio que no había nadie más… Finalmente, se acercó rebuscando en su bolsillo en lo que observaba a la Ama mover los labios completamente embriagada y prácticamente dormida. Un tapón de jeringa cayó al suelo.
La morena abrió un poco los ojos, asustando al chico, solo que enseguida volvió a bajar la cabeza cuando se dio cuenta de que todo le daba vueltas y su vista era borrosa, completamente difuminada, hasta que finalmente cayó inconsciente.
Subiéndole un poco la falda, el desconocido no desaprovechó la oportunidad de apreciar los muslos de Tenten, volviéndolo impaciente, observó el vaso medio vacío en la mesa lateral del sofá. Sin pensarlo dos veces, tiró el líquido de la jeringa dentro del mismo y tomó el mentón de Tenten para abrirle la boca para que se tragara todo.
– ¿Temari? – distrajo la voz de Gaara llegando por el pasillo. Con la sala de estar a oscuras, al final el chico, asustado de ser descubierto con las manos en la masa, no dudó en escabullirse a pasos rápidos solo al momento justo del pelirrojo para ver alguien alejarse por el otro arco que daba al comedor.
El hermano menor de Temari, al no ver a la última, creyendo haber visto a alguien ir al otro cuarto, sacó la cabeza con curiosidad, encontrándoselo vacío. – Puedo asegurar que vi a alguien entrar…
El ruido de un recipiente de ser pisado para romperse distrajo al Sabaku, quien girando la cabeza, se fijó en como Tenten se incorporaba confundida del sofá.
– ¿Has visto a mi hermana? – preguntó el pelirrojo para Tenten, esta solo levantó un poco la cabeza sin reconocer la persona que le hablaba.
– ¿Mi hermana? – contestó ella en lo que se levantaba al segundo intento para quedar de pie con poco equilibrio.
– Temari… – insistió Gaara rascándose la cabeza, era la primera vez que veía a una persona ebria. Era un poco incómodo.
– Temari, mari, mari… Ino tiene mi teléfono. – respondió Tenten como si nada, dejando al hermano menor de la primera moviendo los ojos confundido ante tal contestación. – Quiero llamar a Neji, no me siento demasiado bien…
Una puerta cercana se abrió ruidosamente, haciendo que Gaara caminara con esperanzas de encontrarse a su hermana y a Ino ahí, pero no. Al parecer, el viento se había encargado de hacerla mover. Tras recular a la sala, pronto vio que la morena ya no estaba ahí. Yendo hacia el pasillo, Tenten tampoco estaba ahí. – ¿Dónde se habían metido todos?
Neji miró la hora en su reloj de pulsera. Los últimos acontecimientos en su casa lo distraían de las tareas escolares que estaba intentando avanzar. La foto de Hanabi y él junto a otras muchas dónde también estaban otros miembros de su clan, le incomodaban.
Su prima pequeña, pese presentar en las imágenes una sonrisa sutil a su corta edad, habían sido muy diferentes a lo de hoy.
– Solo tiene trece años… – pensó él con cierto pésame e incomodidad. – ¿En qué está pensando tío Hiashi? ¿Por qué un omiai tan insistentemente? ¿Por qué con él?
Este último no le había contado el motivo de la ruptura de compromiso entre Hinata y Toneri, pero era obvio que se trataba o estaba relacionado por la huida de la primera. Aun así, hubiera preferido más detalles…
Otra cosa evidente, era el interés de Toneri por su prima mayor. Lo que era totalmente opuesto hacia Hanabi, con quien apenas había interactuado o divisado cercanía. Le había dolido… Escuchar a la última llorar desconsoladamente en su cuarto tras la noticia, pero de nada sirvió animarla, así que ¿Qué hacer?
Cuando se desentendió de las "locuras" de Hinata, también dejó de estar al tanto de muchas cosas. Se observaba una clara división de lo que era la línea hereditaria principal, a la suya.
Una cosa estaba clara y es que, Hinata obtuvo lo que quiso, pero a qué coste.
Pese no estar ahora mismo en buenos términos tras sus acciones hacia sus amigos, en especial hacia Sakura… Hinata también lleva aguantando la frialdad y más por parte de su padre. Entendía su decepción, su afán al perfeccionismo y al control, no solo a la disciplina… Solo qué padre e hija, ambos estaban siendo egoístas.
Que Hinata huyera de su fiesta de compromiso, tenía su respeto, el cual volvió a perder cuando regresó al poco tiempo, solo para verla coquetear con su ex prometido nada más su hermana acababa de ganarse el deber de suplir lo que esperaba de ella. Cinco años… Podrían parecer un largo periodo de espera, pero el tiempo vuela…
No estaba de acuerdo.
Cerrando su libro cuando escuchó como Hinata se despertaba en la cama, arrugó el entrecejo más que molesto.
– Debo darle, a tus dotes como estratega, su galardón… – dijo entonces él mientras se levantaba del sillón del cuarto de su prima.
– Neji… – musitó Hinata reconociendo su voz tomándose la cabeza con los ojos cerrados incapaz de acostumbrarse a la luz todavía.
– Aun así, debo admitir que no esperaba que tu padre te tratara así nada más regresar tú. Las cosas como son. – continuó el Hyuga. – Tampoco que el mismo día en el que vuelves a echar pie en tu casa, decidas tirarte por las escaleras ¿Qué pretendías con eso, Hinata? ¿Romperte el cuello? ¿Quedarte en silla de ruedas? ¿Acaso era un intento macabro de los tuyos para recuperar tu antiguo cuarto?
– No me tiré… – replicó Hinata sin pensarlo dos veces, bajando la mano hasta el colchón. Una conocida risa femenina la distrajo provocándole escalofríos ¿Había alguien más con ellos?
Neji observó a Hinata con cansancio, en silencio se cruzó de brazos sujetando su libro con la mano que quedaba mirando hacia arriba.
– Estabas sola al borde de las escaleras, no vas a venderme urraca por perdiz. A mí no me funcionan tus trucos. – insistió Neji sin ocultar su molestia con la pelinegra.
– ¡¿Por quién me…?! – cuando Hinata se dignó a levantar la cabeza, se quedó muda al ver como al lado de su primo. Una pelinegra idéntica a ella le sonreía.
– ¿Por qué le mientes? – preguntó Hinata.
Neji miró entonces confundido hacia su prima. Mirando alrededor del cuarto donde solo estaban ellos dos, se encontró sin entender la última pregunta que se le hacía. ¿Mentir?
– No te estoy hablando a ti, guapo… – respondió Hinata de nuevo.
Escuchar a su prima hablarle así, manteniendo esa expresión de susto… Más que indignarle, le incomodó… Y bastante.
– Puedes comprobar las grabaciones de lo sucedido por tu cuenta, de no creerme. Te sugiero que no te dirijas así a mí nunca más en la vida, Hinata. – contestó el Hyuga con seriedad.
Cerrando la puerta con un portazo al salir, Neji pensó las mil y unas cosas que tenía en la punta de su lengua para bajarle los humos a su prima. ¿A qué demonios jugaba? Sin voltear de nuevo para mirar a la puerta del cuarto, enseguida se puso en marcha al suyo para intentar serenarse.
Mientras tanto, dentro de su habitación, Hinata temblaba como si se encontrara en el interior de un congelador de restaurante.
– Al fin se fue… – habló Hinata. – Estoy algo, por no decir bastante harta ¿Sabes?
– ¿De qué? – pensó la Hyuga, esperando que al abrir los ojos nuevamente al fin se encontrara a solas.
– De todo, pero sobre todo de ti y tus estupideces monumentales… Cansa un poco verte apenas lograr nada. Es penoso. – repitió la pelinegra.
En el espejo, Hinata no vio el reflejo de su acompañante. El golpe parecía haberla descolocado un poco, más de lo habitual.
– No soy un invento de tu imaginación, estúpida. Soy tú o mejor dicho, YO siempre fui tú. Sin embargo, mi padre se empeñó en que en un especialista me "callara" siendo apenas una niña. Por lo que me alegra de haber vuelto. – afirmó Hinata. Descolocando a la real demasiado, haciendo que tuviera que subirse la sábana de la cama para taparse por los constantes desagradables escalofríos. Tal vez si la ignoraba, se marcharía.
Cuando la pelinegra volvió a abrir los ojos, se vio frente al diminuto espejo encima de la vieja cómoda, vistiendo perfectamente un labial carmín y en ropa interior. No entendía que es lo que le estaba pasando.
– Estoy para quedarme… – dijo su misma voz por su cuenta todavía desconcertada. Girándose de nuevo, a pesar de haber escuchado la voz justo dentro de sus oídos, finalmente estaba "a solas", pero con la certeza de sentirse sola en esa estancia.
Cuando Gaara, harto de buscar a su hermana y hermano, estuvo por poner un pie en el largo pasillo que daba dirección a la piscina de la casa de los Fuji, no esperó chocar de bruces con Ino, la cual algo sedienta, no había desaprovechado la oportunidad de servirse una copa con hielo de nuevo antes de marcharse. El encontronazo, lógicamente ocasionó que el vestido de la rubia se manchara estrepitosamente.
La mirada que la Yamanaka le dedicó al Sabaku, se asemejaba al filo de una hacha a punto de decapitar un pollo al que deshuesar después para un sabroso caldo. Tampoco ayudó que, el pelirrojo optara por quedarse callado, mirando la enorme mancha en el escote de Ino.
– ¿Se puede saber a dónde vas tan patosamente? – se quejó ella hacia Gaara sin dejar de fulminarlo con su mirada.
– ¿Dónde está mi hermano? – interrumpió Gaara, sintiendo como su propia conciencia le recriminaba por no disculparse, debido a la vergüenza y timidez. De tratarse de otra chica…
No sirvió de nada que aun sin acabar de hablar, casi todo el mundo se agrupara con ellos dos, entre estos Temari y Kankuro. Shikamaru y Tenten no estaban, tampoco Naruto o la anfitriona.
– Deja de beber, Ino… Te recuerdo que en unas horas debemos ir al instituto… – riñó Temari tomando el rol de "madre" en el grupo. – Tú también, Kankuro… ¿O quieres otra colleja en la nuca?
Ante ese último comentario, el mediano de los hermanos Sabaku hizo de su boca una recta línea y mediante un monosílabo, dejó su vaso sin terminar en el rellano de una de las ventanas del pasillo, junto a otros varios. En lo que se escuchaban las risas del resto de invitados pasarlo bien algo alejados de ellos.
– Solo falta Shikamaru e ir a la sala a por Tenten… – intervino Ino, ocupada pasando la mano por su vestido intentando disimular un poco la mancha en su vestuario. Gaara no pudo llegar de manera menos oportuna y para el colmo, este bodrio de fiesta, el comportamiento de Naruto, la presencia de Zaku, la incomodaban. Debían irse, cuanto antes…
– No está ahí… – frenó Gaara entonces, impidiendo que todos dieran el primer paso para alejarse de ahí y finalmente irse.
– ¿Quién? – indagó su hermana mayor.
– Vuestra otra amiga. – explicó el pelirrojo enseguida, sin quitar la mirada de la Yamanaka en ningún momento, a pesar de que quien le habló era Temari. – Fui a buscaros dentro y me la encontré en el salón medio despierta, cuando volví al comedor… Ella ya no estaba. Deberíais llamarla… Los taxis vienen de camino.
Recordando que tenía el móvil de la Ama consigo, Ino sacó el aparato de su bolso y miró con ciertos nervios hacia Temari, esta no parecía nerviosa, solo algo molesta por tener que seguir buscando a los demás para poder irse.
Ninguno de los del grupo se percataron de Tenten caminando por el borde la piscina, entre la gente agrupada hablando entre sí. Un par de chicas, hartas de que ella chocara con la espalda de una de ellas, la empujó al agua con enfado, causando la risa de la multitud. Con la gente aglomerada dentro del agua, pasaba un poco desapercibida.
Parecía que cada vez se sumaba más gente a la fiesta, sin nadie para ponerle freno.
Mientras tanto, en la segunda planta, Shikamaru se encontraba yendo por el pasillo en busca de Naruto. Unos de su instituto dijeron que le habían visto subir con Shion antes de irse todos a la piscina, pero nada concreto. Desde entonces, había pasado rato…
Abriendo una puerta cualquiera, se encontró una habitación infantil… Demasiado infantil, a decir verdad. Esta estaba vacía y no había nadie, así que no tardó en volverla a cerrar. Yendo a la segunda, se encontró con un despacho y seguidamente, encontrándose con el dormitorio principal también vacío, pero al parecer había indicios de que alguien había jugueteado un poco en la cama. Esta estaba arrugada y deshecha. Suspirando, cansado y con ganas de irse por fin a la cama, abrió sin llamar a la última puerta, esperando también encontrarla vacía… Pero no.
Naruto, encima de Shion, bajo las sábanas de la cama de la rubia, se encontraban en una postura comprometedora que indicaba que estaban en el acto…
– ¡Ei! – chilló Shion avergonzada, tapándose con la ropa de cama, no ayudaba que el Uzumaki enseguida se apartara de ella. Haciendo que la chica tuviera que reaccionar rápida para que no se le viera nada.
– ¡Shika…! – Naruto no estuvo a tiempo de terminar de llamarle, ya que el Nara enseguida cerró la puerta en total shock.
– Qué demonios acabo de ver… – se dijo a sí mismo negando la cabeza sin librarse del asombro. Retirando la mano del pomo como si este quemara, Shikamaru lentamente se giró y empezó a andar a paso rápido por donde había venido. Sin darle la oportunidad a Naruto, quien, colocándose la camisa con prisas, le llamaba con insistencia. – Ya me explicará el porqué…
– ¡Shikamaru! – reconoció su novia nada más verle llegar junto a ellos. – ¿Dónde fuiste?
– ¡Shikamaru, espera! – interrumpió Naruto avanzando hacia el grupo de sopetón, atrapando todas las miradas, menos la del moreno, quien enseguida evitó la mirada del Uzumaki. Temari enseguida asumió que algo había vuelto a pasar.
– Nosotros nos vamos ya, Naruto… Nada más demos con Tenten. Eres libre de unirte, pero pagarás tu parte del viaje. – informó la rubia volviendo a rodear el brazo de su novio. Este parecía demasiado incómodo.
Alguien tocó el hombro de Ino con un dedo, haciéndola voltear, encontrándose con una chica que tenía toda la pinta de ser uno o dos años mayor que ella. Se notaba que era universitaria. – ¿No es esa de la piscina vuestra amiga?
Gaara, no tardó en prestarles atención.
El corazón se le paró en seco y sintió como si un rayo le cayera en el cuerpo, volviendo a sentir la adrenalina ¿A qué se refería…? Consiguiendo ver hacia donde la chica señaló con su cabeza, se encontró a Tenten flotando por el agua boca abajo…
– ¡TENTEN! – gritó la Yamanaka asustando a todos, empezando a avanzar con prisas hacia el borde de la piscina, tirándose con prisas, ignorando que su vestido pudiera arruinarse. Con su pobre habilidad de natación, avanzaba demasiado lento para llegar hacia ella. No ayudaba que con el llanto, la tarea fuera más complicada, sumando el consumo de alcohol.
El menor de los hermanos Sabaku, no tardó en actuar. Apartando la gente de la piscina para zambullirse de cabeza sin desvestirse para nadar hacia la Ama.
Los gritos de Ino alarmaron a todos, causando que el ambiente pasara a ser temeroso para todos. Toneri, no muy alejado también estaba sorprendido… Levantando la mirada hacia Shion, recién llegada, notoriamente despeinada… Igual que él, estaba sin poder creerlo. ¿Qué había pasado?
– ¡Apártense! – pidió exaltado Gaara arrastrando con la cabeza fuera del agua, a la castaña bocarriba, completamente inconsciente.
Temari, viendo el panorama, no pudo hacer más que taparse la boca abrumada, abrazando a Shikamaru al borde del llanto y preocupación. Recapitulando una y otra vez, sus acciones, la dejaron sola…
El resto, también preocupados, estaban igual de estupefactos, pero no menos asustados.
Cuando el grupo vio como Tenten era subida mediante la camilla por los sanitarios de la ambulancia dentro de la misma, todos sintieron no solo temor y preocupación por su amiga, también tristeza, impotencia y mucho más.
Shikamaru por no haber sabido como reaccionar ante situaciones así y sin saber que él no era el único, apretó a su chica contra su pecho para intentar calmar su llanto silencioso, del cual se había percatado debido a los hipos y sus temblores. A decir verdad, él también sentía los ojos húmedos. El ambiente de noche había cambiado de repente…
– ¿Son amigos de la joven? – preguntó uno de los especialistas de emergencias sanitarias. Ninguno respondió, solo Ino, tapada con una toalla por haberse tirado al agua tiritando de frío al igual que Gaara, dio un paso al frente. Ante verla el hombro la miró. – Necesitaré que uno de ustedes nos acompañe al hospital. Los demás, contacten a sus padres.
– Hay que partir cuanto antes, tenemos que intubarla. – avisó su compañero antes de volver a su trabajo.
– Ino, vete con ellos. – dictaminó Shikamaru viendo como esta seguía algo en shock. Pocos segundos antes, había divisado a lo lejos un par de taxis aparcar cerca de la multitud de gente curiosa y ellos. – Nosotros os seguiremos en taxi.
Tragando saliva, Ino miró al suelo con los labios temblorosos hasta que finalmente pudo reaccionar y animarse a subir el escalón de la ambulancia, casi cayendo al suelo al resbalar debido a estar descalza con sus zapatos en sus manos, de no ser por Gaara, quien con buenos reflejos, le resultó fácil ayudarla a mantener el equilibrio y dejarla subir bien al vehículo. Chocando miradas entre ellos, el Sabaku se animó a darle un ligero apretón en su agarre, haciéndola recordar su acto de heroísmo al sacar a su amiga del agua.
No tuvo tiempo de decir nada, ya que una vez se sentó en uno de los asientos cercanos a la ventana de las puertas, el trabajador que quedaba fuera se subió y las subió de un portazo.
Con la ambulancia ya en movimiento, Ino solo se quedó viendo al grupo de sus amigos cada vez hacerse más pequeño hasta que al torcer, la carretera quedó totalmente desolada.
No podía voltear la cabeza para ver a Tenten, no se atrevía y tampoco ayudaba tener que escuchar a los profesionales laborar en su amiga. ¿Cómo pudo pasar todo aquello?
Los demás, en cuanto la ambulancia se retiró. Kiba indicó con la cabeza a Shikamaru a empezar a dirigirse a los taxis. Cuando ambos chicos empezaron a andar, el resto les siguieron mientras que los otros invitados ya empezaban a dispersarse mediante empujones, totalmente llenos de prisa. De no ser por el Inuzuka, un grupo de chicos ya se les habrían adueñado del otro taxi, al ver como uno de ellos ya se ponía en marcha.
Dentro de este, Toneri miró la hora desde su móvil, acabando de acomodarse su americana y echando su cabello todavía algo húmedo, hacia atrás.
– ¿Hacia dónde? – preguntó el conductor.
– Déjeme cerca del barrio Ginza, al borde del distrito Hyuga, por favor. – indicó él sin levantar la mirada al hablar, sin un toque que lo sucedido, le importara.
– ¿Ahora qué hacemos? – cuestionó Kankuro girándose hacia sus hermanos.
Una fría, aunque suave ventisca ocasionó que Gaara tuviera que estornudar. Seguidamente, Shikamaru apartó un poco a Temari de él, esta a duras penas le miró con fuerza alguna. Su cara toda húmeda por las lágrimas, el delineador y el maquillaje algo manchado por el extremo de los ojos, apenas habiendo colorete en sus mejillas, era obvio que el rojo de su rostro se debía al llanto.
– Sube al taxi con tus hermanos, llévalos a casa. – Temari negó con la cabeza incapaz de musitar palabra, lágrimas volvieron a escaparse de sus ojos. Al ver a su novia sollozar, volvió a abrazarla. – No llores, Tem. ¿De acuerdo? Vete a casa y te llamaré desde el hospital.
– El viaje será caro, muchacho. – informó el taxista de brazos cruzados para Shikamaru. Cosa que el último ya sospechaba. – Aún más si hay parada múltiple por diferentes destinos.
Quien dijera que ya no existían taxistas aprovechados, había pasado por alto este ejemplar.
El hombre se quedó mutis cuando Kankuro sacó de la nada, la tarjeta de sus padres, mostrándosela solo para que se privara de tanta cháchara. Era como si el hombro no aprobara de los jóvenes subiéndose a su vehículo en primer lugar. Teniendo en cuenta que la tapicería posiblemente quedaría manchada de agua por culpa de Gaara.
Comprendiendo entonces a su novio, Temari se adentró al coche seguida de sus hermanos, hasta que finalmente partieron también.
– ¿Se fueron al hospital? – preguntó Shion, sorprendiendo a los demás que quedaban ahí.
El Nara al verla parada al lado de Naruto, sin querer hizo memoria de como les encontró no hace nada, incomodándolo demasiado. Había que sumar que, pese verse preocupada, el moreno no pudo evitar pensar que su pregunta obvia fue de lo más innecesaria y sobrante.
– Shikamaru… – habló el Uzumaki todavía inquieto por lo sucedido en la piscina, se dirigía a él para saber cómo ayudar. A fin de cuentas, él era el más inteligente de todos aquí.
– Llamaré a mi padre, él nos llevará. – interrumpió el moreno con seriedad, apretando su teléfono fuertemente con una sola mano.
– ¿A todos? – cuestionó con una ceja alzada en lo que se mordía las uñas debido a los nervios. Se encontraba demasiado preocupado tras el evento de esta noche. – El coche de tu padre es pequeño…
– Puedo pagar otro taxi para ir hacia dónde Tenten… – dijo finalmente Naruto, los chicos entonces sí que le miraron, solo que en silencio. – Jiraiya me prestó dinero.
– ¿Te vas? – le susurró Shion al Uzumaki tomándolo de la camisa para llamar su atención. Obvio, no quería que la dejaran así.
– Hazlo ya, Naruto. – pidió el Nara estando de acuerdo con ese plan. – Chouji irá contigo hasta el hospital, quien me mantendrá informado. Sería ideal que también se lo hicieras saber a Sakura cuanto antes, dudo que Ino lo haya hecho todavía.
Agachando la mirada con clara evidencia de incomodidad, muy para la curiosidad de Kiba, quien enseguida notó el diferente tono de voz en Shikamaru…, ya que no fue el mismo con lo ocurrido en la sala de estar. Optando por no decir nada, pensando que no era la mejor ocasión para soltar otra pulla hacia el rubio por más ganas que tuviera, sus pensamientos volvieron a caer redondos en Tenten. En el fondo de su mente, una pregunta rondaba junto a muchas más. – ¿Cómo reaccionará Neji cuando lo sepa?
Mal, eso está claro.
Moviendo el talón de sus pies llevada por la desesperación, Ino mantenía su cabeza recogida en sus manos. Estas tapaban su rostro.
No sabía cuanto tiempo Tenten llevaba dentro del quirófano o siendo atendida de emergencia por los médicos del hospital. Era como si los segundos se hubieran detenido para ella. Había pasado a la vez, poco y mucho tiempo.
El silencio de la sala de espera era desesperante y los murmullos de los demás pacientes esperando ser atendidos, el tecleo de las enfermeras trabajar en los ordenadores o entre sí y poco más, la hacían ver el contraste de la escena de la fiesta. No le habían gustado demasiado los hospitales, como la mayoría y ahora mismo, mucho menos.
Sentía su teléfono vibrar en sus manos, pero no se sentía capaz de atender las llamadas de Temari, Kiba y Shikamaru. Solo pudo mandarles la dirección del centro hospitalario y que tal punto llegaron, se llevaron a su amiga.
Pasaron quince minutos hasta que escuchó como el teléfono de Tenten vibraba. Este, antes de que ella se lanzara en la piscina, cayó el suelo, ganando así una grieta en el extremo de la pantalla cuando se le cayeron las cosas del suelo. Sacándolo con temor, se fijó que se trataba de una llamada entrante de su padre.
Permaneció sin atender con la mirada fija en el aparato hasta que finalmente dejó de sonar, pero otra vez volvió a llamar. Sintiendo la ansiedad aumentar, arrebatándole el aire a medida que se le aceleraba el corazón, sin más remedio optó por colgarles finalmente sin atender. Lo que pareció funcionar. No obstante, no espero recibir mensajes por parte de la madre, demandando dónde estaba y que se había metido en un buen lío por desobedecerles saliendo de noche.
– Tenten dijo que sus padres la dejaron… – recordó la Yamanaka. Descubriendo esa leve mentira por parte de la morena, su corazón se le hundió.
Esta última le había preguntado con insistencia si Neji iba a asistir a la fiesta, que no solo por ellas iba a ir, presuntamente para hablar de él con algo… Pasándolo por alto para obligarla a asistir, hizo memoria del momento en el que ella sin dudar le afirmó de su asistencia. Junto a eso, se le sumó al de ver el cambio de expresión de Tenten al escuchar, por parte de Lee que Neji, a pesar de un problema familiar, no planeaba asistir a la fiesta de Naruto en primer lugar… Aun así, ella no le recriminó ni le miró mal.
– ¡Ino! – chilló Chouji avanzando rápido por la sala de espera, recibiendo una mirada reprobatoria por parte de una enfermera de unos cincuenta años, que le hizo quedarse incómodo y hacer una reverencia de disculpa con prisas. Una vez llegó a ella, se sentó a su lado. – ¿Qué se sabe? ¿Cómo está Tenten?
– No… – balbuceó Ino dejando que las lágrimas le brotaron de nuevo.
Fuera del hospital, Naruto caminaba de un lado para otro a la espera de una respuesta por parte de Sakura. Decenas de mensajes en visto, ni una respuesta. Hasta ahora, solo se le había ocurrido la idea pero…
– ¿Y si la llamo? – pensó el Uzumaki. No era mala idea y lógicamente, el momento lo requería.
Los dos primeros intentos saltó el buzón de voz, hasta que finalmente en el tercero, Naruto pareció llegar a escuchar como se le atendía, pero no se saludaba, solo se escuchaba la línea vacía de la otra persona y algo de movimiento, un ruido parecido a una puerta cerrarse se pudo escuchar a lo lejos. – ¿Sakura, me oyes? …
Nada… No escuchar nada solo lo estaba poniendo todavía más nervioso. – ¿Hola? Sakura, es importante… Se trata de Tenten.
Los pitidos de finalización de llamada lo confundieron un poco, tanto que, sin mirar a su teléfono, el rubio solo se atinó a pestañear un par de veces. – ¿Hola?... ¿Sakura?
Intentando llamar unas cuantas veces más, Naruto finalmente desistió totalmente inquieto.
– ¿No hubo suerte? – cuestionó Shikamaru asustándolo nada más aparecer de golpe a sus espaldas. Para una vez que esperaba una respuesta, esta vez el Uzumaki decidió permanecer en silencio, lo que le hizo dudar si realmente al llamarla iría a comentarle lo ocurrido, sabiendo que podría olvidarse fácilmente. – Es un poco extraño que no te responda… Normalmente, ella ya estaría de camino.
– ¿Qué tratas de decir? – acusó con cabezonería Naruto, bajando las manos, apretando en una, su nuevo móvil. La mirada del Nara permaneció ahí con sospecha. – No empieces como tu novia…
– Yo tendría cuidado, Naruto… – interrumpió Shikamaru con desfachatez a pesar de su notorio enfado delatado por su tono de voz. El mencionado cerró la boca. – En como le hablas a Temari y en como te nos diriges a todos…
– Ya claro, voso… – intentó excusarse Naruto, incordiando al moreno más de lo necesario.
– No te hemos hecho nada, para que nos trates de esa manera ¿Te queda claro? Aprende a entender que una opinión diferente a la tuya, puede no ser la equivocada. Te cueste lo que te cueste lograrlo, te sugiero que te esfuerces en callarte la bocaza antes de decir alguna otra estupidez… – aseguró Shikamaru. Kiba escondido en las sombras, por casualidad había escuchado todo. Así que, recordando la conversación en lo que chasqueaba la lengua, sería buena idea hacerle la tarea al Uzumaki por primera vez en su vida. Ponerse en contacto con Sakura… O Sasuke…
El aire de la noche, lo desestresaría del ambiente claustrofóbico de la sala de espera, así que no dudó en apartarse de ese par para no tener interrupciones.
– Tch… – murmuró Naruto apartando su rostro ante esa "riña". Justo en ese momento, su teléfono vibró, Sakura le había respondido.
– ¿Cómo está? – leyó el rubio, el moreno solo puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
– Dije lo que dije, porque Temari e Ino no saben de lo que hablan… – insistió el ojiazul con seriedad.
– ¿Y tú sí? – rebatió Shikamaru alzando la voz levemente. Esa pregunta algo retórica confundió a su amigo. – Sakura no vino. Por si no te acuerdas, obviamente. Muy a pesar de tu insistencia a mi parecer. ¿Te molesta que tuvieran razón, Naruto? ¿Más que el hecho de que no hiciera acto de presencia?
– Di lo que quieras, pero acaba de responderme… – vaciló Naruto mostrándole la pantalla de su teléfono.
– Eso no cambia nada y mucho menos es el punto que intento que entiendas. – reafirmó el castaño ya harto. – Qué problemático…
– ¿Le dirás también que te acostaste con su hermanastra? – Eso cortó al rubio, cambiándole la expresión nuevamente, finalmente pensó en volver a quedarse callado. El siguiente en hacer una exhalación de burla fue Shikamaru, quien por dentro, pensaba que comportarse así también le hacía brotar la cara tajante y borde de él que a duras penas salía a la luz. – De eso te estaba hablando, Naruto. ¿Querías que ella te viera en el acto? Aseguras estar enamorado de ella, que la amas, que Sasuke no se la merece y que ella pertenece a tu lado… ¿Tú te escuchas? ¿Por casualidad, ves lo que haces? ¿O siquiera te detienes a pensarlo? Me da igual lo que puedas tener con Shion, eso te lo dejo claro… , pero habrás llegado a la conclusión de que llevas siendo, aparte de un idiota desestructurado a niveles desbordados, un capullo desde hace tiempo con todo el mundo.
– Shikamaru finalmente ha estallado… – pensó Shino recolocándose justo donde antes se encontraba Kiba. – Por lo que veo, Hinata no fue la única…
– Hasta ahora no os habéis quejado de como soy ¿Y venís a decirlo hoy? ¡Ya claro! – contestó el Uzumaki sin precario ni ganas de escuchar.
– Eso es lo que tú te crees. – zanjó Shikamaru, volviendo a cerrarle la boca. – Recuerda los primeros años de escuela media.
El corazón de Naruto dió un vuelco cuando el doloroso recuerdo del cúmulo de horas en soledad columpiándose en el parque frente a los otros chicos de su edad pasándola bien juntos, fue como tragarse una piedra seca que hacía el efecto contrario a un vaso de agua en verano.
– Para que me entiendas, seré tajante, pero solo lo diré una vez porque no me apetece seguir hablando de esto. – acabó por decir suspirando y cerrando los ojos un momento para que una vez abrirlos, mirar al suelo y meditar bien si echarse para atrás o decírselo. Recordando a Temari y a los demás, se decantó por lo último. Tragando saliva, Naruto apretó los labios. – Estoy volviendo a verte como una persona cargante e insoportable. Ahora mismo, no eres ni por asomo a la mitad del Naruto que creía conocer. Alguien, que de seguir así…
– ¿Ya está bien, no creen? – interrumpió Ino totalmente hastiada de este drama. – Les recuerdo que Tenten, se encuentra, ahora mismo… ¡Ya lo saben! ¡¿Qué demonios hacen discutiendo?! ¡¿Pero qué les pasa por la cabeza?!
– Ino… – intentó frenar Shikamaru.
– No me vengas con el "Ino…" del demonio, Shikamaru… – cortó la Yamanaka con la cara roja y el rostro lleno de lágrimas, cansada de que para callarla, le recitaran su nombre como aviso de no entrometerse. – ¿Realmente hace falta que les diga que no es el momento, pareja de idiotas? No me hago a idea de que tenga que decir esto pero, Naruto… No solo me demuestras que no conoces, ni por asomo, a Sakura como te crees… Si no que encima, no me puedo fiar de tu palabra. Chouji me aseguró que estuviste hablando con ella, pero de responderte… No habría tardado en llamarme poco después y adivina ¡No lo ha hecho!
– Desde luego ella habría podido lidiar mejor con todo… – afirmó mentalmente Ino. La necesitaba a su lado.
– No. – reafirmó Naruto negando con la cabeza. – Ella me ha respondido, pregunta por Tenten.
Aguantándose las ganas de azotarle un puñetazo, Ino solo se limpió el rostro con una mano y miró al castaño. – Tengo que llamar a los padres de Tenten, pero sola no puedo. Creo que es mejor que lo hagas… Tú.
Bajando los hombros, Shikamaru miró a sus dos amigos. Chouji se había acercado para colocar las manos en los hombros de la rubia como consuelo. Volviendo a suspirar con comprensión, terminó por asentir. Empezando a andar, sin mirar hacia Naruto ni una otra vez más, pasó de largo con el resto.
Optando mejor por ser el último, armándose de valor, cuando estuvo a punto de cruzar el umbral de la puerta, Shino le barró el paso con una mano para impedir que avanzara. Naruto lo fulminó con la mirada incapaz de reconocerle sin gafas.
– Conseguiste un móvil nuevo bastante rápido… – inspeccionó el Aburame con suspicacia. El Uzumaki no tardó en apartar el aparato de la vista del moreno. – Supuestamente, uno de los más nuevos y caros a decir verdad…
– Fue un regalo de Sak… – respondió sin más el rubio, no estaba presumiendo, pero no quería hablar con el Aburame. Sus personalidades nunca encajaron, en realidad.
– Sin embargo, luego me fijé que es una imitación… Es probable que sea uno reutilizado y puede que comprado por menos de la mitad. – explicó Shino escuetamente. – A día de hoy está de moda vender hasta móviles falsos o de baja calidad… ¿Me sigues, Uzumaki?
– Si me dejarais terminar de hablar, te habrías enterado de que Sakura me lo regaló…, pero ya paso de explicaros nada. Se trata de mi cumpleaños y no hacéis más que pasaros de la raya conmigo con todo… – se quejó el rubio con molestia, no había ni podido responder al mensaje de "Sakura", esta por lo menos, por ahora, permanecía en línea.
– Me cuesta creer que Sakura, habiéndole explicado que le robaste su teléfono… Optara por premiar tu osadía e ingenio de tu malgastada broma, regalándote un aparato quemado y más sabiendo tu nueva pelea con su novio… – recordó Shino finalmente bajando la mano y reculando un paso hacia atrás. Desde luego estaba de acuerdo con Ino, Shikamaru y compañía en cuanto al Uzumaki. – Que no lo hagas tú, ya es otro tema. Solo quería hacértelo plantear mejor, Uzumaki… Ya que es lo que los "amigos" supuestamente hacen.
– Un amigo ayuda a los demás. – rebatió Naruto firmemente. – ¿No me dijo hace tiempo que no éramos amigos?
Shino afirmaba que esto no era más que ponerle una idea al Uzumaki, para en si estar del lado de Sakura, a quien apreciaba como una querida amistad.
– No a robar móviles de la chica que les "gusta". Así que no te molestes de que se te delatara… – añadió Kiba metiéndose en la conversación. – Bueno, enfádate conmigo si quieres… O con Neji, que fue quien te pilló haciéndolo y nos lo dijo junto a Sasuke. Ahora entiendo el punto de Shikamaru… Es raro…
– ¿Qué? – preguntó confundido y sin interés Naruto.
– Que no eres el de antes… Y si siempre fuiste así, pues la idea que tenemos de ti, es una falacia. Vámonos, Shino… – gesticuló el Inuzuka después de rascarse la frente con el dedo índice, hacia el último con la cabeza mirando hacia el aburame. – Oh y Naruto, si tan poco te importa Tenten y decides preocuparte en estar pendiente de tu teléfono… Creo que no pintas nada aquí. No sé cómo más claro decírtelo.
Quedando plantado en plena calle en silencio, Naruto miró a sus dos compañeras de clase adentrarse dentro del hospital desde fuera el cristal de la puerta. Rascándose la melena con desesperación, pateó con mal humor una lata vacía del suelo y caminó hasta un banco para sentarse ahí en lo que volvía a sacar su teléfono en lo que despotricaba mentalmente de todos por lo que le habían dicho. Shion no paraba de enviarle mensajes y Jiraiya ya le había enviado un par avisándole que estaría castigado de nuevo por no avisarle, ya que no le había contado nada de lo ocurrido.
– ¿Por qué no viniste? – contestó Naruto al primer mensaje del chat con Sakura.
La respuesta tardó en llegarle. La Haruno parecía escribir y posiblemente borrar el mensaje, a no ser que su explicación fuera larga.
– Sasuke no me dejó… – leyó Naruto entonces, cosa que le enfadó demasiado. – Sasuke…
– Yo al final tampoco quise ir por algo que escuché… – Continuó poco después el mensaje. El Uzumaki, dudoso se tocó la piel muerta de sus labios esperando a que la pelirrosa terminara de escribir. – Algo sobre ti que no me gustó.
– Lo que sea que te haya dicho Sasuke, no es cierto… – respondió Naruto con rapidez.
– No fue Sasuke quien me dijo que te acostaste con otras chicas… – decía el siguiente mensaje acusador, Naruto entonces tragó saliva. – Casi todo el instituto lo sabe por el post del chat grupal.
– ¿Post? – repitió en su cabeza Naruto. Alarmado, Naruto abrió la otra ventana, encontrándoselo con más de quinientos mensajes no leídos. En una de ellas, se le veía adentrándose en el hotel con Hinata y otras cuatro chicas en fotos distintas, en diferentes sitios. Quien puso las fotos, no fue más que el ex de una muchacha, la cual obviamente enseguida le echó en cara esa falta de privacidad, aunque el tema enseguida dio paso a más rumores. Especialmente uno en particular sobre cierta ETS. Se le adjuntaba su nombre en mensajes incontables veces, emojis, memes, insultos hacia él no se hicieron esperar que le dejaban por el suelo sobre sus acciones. Pero un mensaje que le quedó fue el del ex de la chica… "Estás muerto Uzumaki".
– Ellas no me importan, ya lo sabes… Te lo juro. – respondió al mensaje el rubio. – Te amo. Eres lo que más amo en la vida.
– Muy enternecedor… – pensó con burla Toneri leyendo cada respuesta del Uzumaki desde el móvil que le tomó "prestado" al Abumi. – Sé de un par que se lo creería enseguida…
– No te creo… – respondió el Otsutsuki con una sonrisa traviesa. – Además, estoy con Sasuke…
– Qué le follen a Sasuke… Estaremos juntos, te lo juro otra vez. – prometió el rubio en su propia nube, cayendo en su propia realidad. Sus sentidos se sentían como en una radiante ola de adrenalina. Era vicioso y de lo más satisfactorio.
– Demuéstramelo, Naruto… – leyó finalmente el Uzumaki, seguidamente Sakura se desconectó.
– ¿Cómo? ¿Qué debo hacer? – cuestionó Naruto totalmente a ciegas. Estaba dispuesto a todo. – Haré todo lo que me digas… Lo que quieras.
– ¿Cualquier cosa, huh? – leyó Toneri ya sin camisa, sentado en la mesa de la casa Hyuga. Antes de subir a prepararse para asistir a clase, quería finalizar el primer paso de su nuevo plan. – Me encantará verlo…
– Sr. Toneri… – interrumpió una asistenta ingresando a la sala siendo la primera en empezar el turno de mañana. – ¿Madrugó?
– Llegué temprano de la fiesta y nada más regresar, me puse a estudiar. Se acercan de nuevo exámenes. – mintió el albino con una sonrisa falsa.
– Enseguida iré a preparar el desayuno. – dijo entonces la mujer con nervios de meterse en líos por entretenerse. En eso, entró Neji al salón, recién salido de su entrenamiento mañanero. Este se paró al ver al par hablando. – Sr. Hyuga.
La mirada gris del primo de Hinata iba de la sirvienta a Toneri.
– No se moleste, ya me serví al llegar. Ya desayunaré en el campus. – avisó el último animadamente, fingiendo agradecimiento.
Torciendo la boca, Neji entonces le plantó la blusa de su uniforme a la empleada. – Se me han roto un par de botones, tengan más cuidado a la hora de lavarla por favor.
– Sí, señor. Enseguida se la arreglo. – musitó la asistenta inclinando la cabeza y tomando la prenda solo para retirarse ahí con prisas.
– ¿Por qué de tan mal humor, Neji? – preguntó Toneri entonces, sabiendo que Neji apenas sabía los planes de Hiashi y demás, veía oportuno hacerle saber finalmente lo ocurrido. Desde luego eso añadiría más leña al fuego. – Si es por lo del foro sobre lo de Hinata y Naruto, no hace falta que me lo ocultes… Kaguya ya lo intentó tiempo atrás y al parecer no ha servido de nada.
– ¿Se puede saber de qué demonios estás hablando? – preguntó el Hyuga con una ceja alzada. Tolerar al sueco era algo lo contrario a apetecible a cualquier momento.
– No lo sabes… – valoró Toneri enseguida, volteándose para encararlo en lo que cerraba su propio cuaderno.
– Hace tiempo que no me involucro en las trastadas de mi prima. – contestó Neji con despreocupación. Toneri hizo una mueca labial informando que se puso a meditar lo que acababa de escuchar.
– Tal vez por eso, haya ocurrido todo. – sumó Toneri secamente dirigiéndole una mirada enigmática. – No me hace falta ni mirarte para saber que te opones al compromiso, está escrito en tu cara y para que quede claro, me refiero a Hanabi. No tienes que preocuparte, en serio. Yo también aborrezco la idea.
– Que bueno saberlo aún después de verte no decir nada no hace ni veinticuatro horas. – formuló Neji ante el último comentario, que lo veía ridículo.
– Un pequeño detalle que muchos desconocéis y es que a mí solo se me dejó elegir a Hinata como prometida. – dijo el albino fríamente. – A Hanabi no. Desde más pequeño siempre supe que terminaría en un compromiso concertado por obligación, pero tuve la suerte de tener la primera elección entre las mejores.
Elegir, sin haberlo realmente hecho. Elegir un bombón entre los que se te ofrecen fuera de los demás en la caja.
– ¿Te puedes identificar conmigo? – soltó de manera irónica el albino.
– Si pretendes colármela con tu cuento, Toneri. Ahórratelo. Tienes decenas de libertades más que Hanabi, ella apenas parece saber quién es. – ante esa respuesta tajante, Toneri alzó las cejas. Solo que no quiso pifiarla mostrando su desacuerdo, ya que era cierto. – Si tanto te interesa Hinata, ahora mismo estarías procurándola, pero en vez de quedarte ayer por la noche, fuiste a la fiesta de Uzumaki. Podrás engañar a las empleadas, pero yo vivo aquí, no hace nada que volviste. El hedor a alcohol se nota desde aquí.
– Fui en nombre de ella, viendo que andas de metiche, para dejarte sus regalo a Naruto Uzumaki. – respondió Toneri sin dar más explicaciones. – Cambiando de tema, yo que tú, me apresuraría a leer el chat grupal. Ahí puede que entiendas el dilema un tanto más.
El Otsustuki, acabando de decir lo que quería decir, tomó su americana, camisa y demás pertenencias y se largó del cuarto. Con ganas de que llegase la hora de ir al instituto.
Antes de que Neji tuviera tiempo de abrir el dichoso chat que tanto le insistía Toneri, vio como Lee le llamaba. Era demasiado pronto para ponerse hablar de entrenamientos…
– ¿Diga? – habló el moreno en lo que se tapaba los ojos con los dedos ante la vista cansada.
– Neji, escucha… Se trata de Tenten… Ella… – escuchó que su amigo le decía con dificultad, su tono de voz le preocupó. – Está ingresada en el hospital, es grave.
– ¡¿Qué?! – dijo bien alto el Hyuga.
– ¿Alcohol, Shikamaru? – demandó Shikaku Nara de brazos cruzados mirando severamente a su hijo. Se le notaba claramente decepcionado más que enfadado. Su hijo, se mantenía con la cabeza agachada, al lado de él, Chouji e Ino estaban igual. – En una noche escolar ni más ni menos.
– Shikaku… Ya habrá tiempo de esto después. – recriminó Yoshino a su lado. Comprendía a su marido, pero estaba claro que ahora mismo, todo el grupo de amigos de su hijo estaban más preocupados por su amiga. – ¿Habéis avisado a sus padres?
Shikamaru asintió, conformando a su madre mientras su padre suspiraba.
– Hemos avisado a los vuestros. – explicó entonces Yoshino. Mirando para Ino y Chouji quienes levantaron la mirada para verla, esta les sonrió levemente con ánimos de calmarlos un poco. – Cuando lleguen podréis iros a casa.
Colocando una mano en la mejilla de Ino para tranquilizarla mejor, esta luego acarició la cabeza de Chouji. Se notaba el estrés de todo el grupo. – Debéis ir a clase, chicos. Nosotros os avisaremos de cualquier noticia.
– Llévalos a casa, Yoshino. – pidió su marido mirando a todos los compañeros de su hijo, esta asintió estando de acuerdo.
– Kiba, Shino, Lee… Venid. – dijo la mujer suavemente llamando la atención de todos los mencionados. – Shikamaru, tú también.
Viendo como los demás se marchaban, Ino volvió a agachar la cabeza con la vista nublosa debido al llanto. Apoyando su cabeza en el hombro de Chouji, quien se mantuvo callado, simplemente cerró los ojos ante la atenta vigilancia del padre del mejor amigo de ambos.
– Fue mi culpa… – asumió la rubia incapaz de mantenerse esas palabras para sí misma. – Fui yo quien le iba pasando tragos a Tenten, está aquí por mi culpa… Soy escoria como amiga.
– No digas tonterías, Ino… – respondió Chouji sin tener más que decir a modo de consolación.
– La dejé sola y… – volvió a decir la rubia, Shikaku entonces no hizo más que entender que Ino, a quien conocía desde que nació, se sentía demasiado responsable por lo sucedido.
– No eres responsable de esto ¿De acuerdo? – insistió el padre de Shikamaru. Habiendo este último explicado lo sucedido, estaba claro que lo que pasó fue un desafortunado e impredecible accidente.
– ¡Ino! – dijo la madre de la Yamanaka llegando con prisas hacia ellos, junto a su padre, ambos preocupados. De cerca les seguían los padres de Chouji. – ¿Estás bien? ¿Te duele algo?
Ino se dejó abrazar, sin dudar en regresarle el abrazo a ambos, sin olvidarse de disculparse en medio del llanto.
– ¿Familiares de Tenten Ama? – musitó un doctor llegando a la sala.
Shikaku fue quien se acercó para atender al hombre, este retirándose la mascarilla de su rostro, rápidamente se quitó las gafas para limpiárselas con un papel desechable en el dispensador del pasillo.
– ¿Es usted el padre de la joven? – preguntó el médico sin preámbulos.
– Ellos vienen de camino, soy padre de una de sus amigas. – explicó Shikaku volviendo a pararse de brazos cruzados.
El hombre, estudió las facciones del Nara firmemente. Las dos cicatrices en el rostro, no le animaban a divulgar el estado de la paciente, pero era el único frente a él.
– Se encuentra estable y ha recuperado su temperatura normal, pero todo el equipo encuentra favorable que permanezca intubada hasta que recupere la consciencia. – Shikaku intuyó que esto no era lo único, había un pero. – Pero para ello, habrá que esperar.
– ¿Se puede saber cuanto más o menos? – indagó el moreno. El médico negó.
– Lamento decirle que eso depende del sistema nervioso de la paciente, no sabría decirle aproximadamente. Pueden ser horas o días, también semanas o puede que meses. En él peor de los casos, nunca. – resumió este en modo tajante, aunque educado. Ante esa información, Shikaku se giró a ver a Ino y Chouji. Estos les miraban, pero al estar lejos, no parecían escucharles hablar. – Hay algo más, que debo informarle antes de llamar a las autoridades…
Ante ese último comentario, Shikaku enseguida volvió a mirar al doctor. – Encontramos una aguja incrustada en el muslo de la joven. Sus análisis demuestran el uso de GHB.
Debido a su trabajo, Inoichi habiéndose acercado para darle apoyo a su amigo de la infancia, enseguida reconoció ese nombre. Cambiando de aspecto al instante.
– GHB ¿Qué es eso? – preguntó Shikaku confundido el nombre le resultaba familiar, aunque viendo la expresión del rubio a su lado su preocupación aumentó. – Algún tipo de medicamento, supongo…
– Éxtasis líquido. – informó el padre de Ino, haciendo el médico asentir. La cara de Shikaku fue todo un poema.
– Normalmente, dónde hay GHB, hay otras sustancias cerca, pero no tienen por qué estar dentro de la paciente… Deberían chequear a sus hijos por precaución, sobre todo en caso de ingesta con alcohol. – finalizó el doctor. – Con permiso, debo ir a hablar con los padres y la policía.
Inoichi y Shikaku siguieron con la mirada al médico, sin llegar a tiempo de preguntar si se podría visitar a Tenten. Simultáneamente, ambos padres se preguntaron en qué clase de fiesta estuvieron sus hijos…
El molesto sonido constante de Shiro lavarse sus patas, terminó por incordiar todavía más a Karin. Había pasado mala noche, a pesar de que coincidir nuevamente con Suigetsu y Juugo fue lo suficiente apacible para sentirse algo más en paz, había bastantes pensamientos que la inquietaron durante el resto del fin de semana.
– Por más que lo finjan… Suigetsu aún está molesto. – incorporándose del sofá con la vista borrosa y su melena despeinada, Karin se colocó las gafas encima del respaldo del sofá. El edredón que la cubría hasta su cuello, cayó hasta su panza.
Sin embargo, esto no era lo que más la preocupaba. Aparecer en el campus, era asegurarse el encuentro con el canalla de Zaku nuevamente tarde o temprano… Solo de pensarlo, todos los males regresaban a su cuerpo. Aún quedaban moretones y marcas en sus brazos.
– Zaku quiere que le tengas miedo… – recordando las palabras de Sakura, concordó que, a pesar de evidentemente lo estuviera y que los demás le cerciorasen de que era normal, tanto el Hozuki como el Ryuchi no sabían ni la mitad de lo sucedido. La primera no se lo había contado.
Ni por asomo, se atrevía a confiar en su palabra…En la de nadie. – Tampoco es que pueda reprochárselo tras todo lo que hice…
Ahí iba de nuevo. Indignarse con ella misma y reprocharse lo mismo de siempre no era nada nuevo, a estas alturas. No había mejor manera que hacerlo, para no repetir los mismos errores hasta hace poco… Ahora, plantearse asistir al instituto… eso era algo horrible solo de pensar. Por más que Juugo o Suigetsu ahora optasen para procurarla innecesariamente, Zaku… es tal cual como lo que le pasó a mi madre. Que la ayudaran no serviría de nada dado que, en esos instantes sentía que al fin entendía el sufrimiento de la última.
– Todo está bien, hija… – la uzumaki cerró sus ojos recordando a duras penas la figura de su madre, acostada en su futón. Como cuando ella le acariciaba la cabeza lentamente, dejando a la vista las varias cicatrices voraces en sus antebrazos. – ¿No la conocía como creía… y no obstante, por qué me identifico con ella?
El hecho de imaginarse que su madre también pudiera haber sido abusada de alguna manera, no ayudaba para nada.
– No seas como yo, tesoro… Crece, haz amigos y vive por ti. Solo por ti. – Las últimas palabras que recordaba de ella ¿Por qué se le manifestaban ahora? Esto seguro se trataba de una broma pesada de su subconsciente.
Shiro la sorprendió entonces subiéndose encima de su regazo, inmovilizando sus piernas con todo su peso, meneando su curvada cola en modo juguetón, entre sus dientes, no había nada más que una de sus viejas zapatillas. – Quítate eso de la boca, bobo…
El can solo movió la cabeza con un gruñido apacible que indicaba lo contrario a peligro en lo que ella sujetaba el otro extremo tirando de este para recuperar parte de su calzado sin aval. Jugando así por un par de minutos, el momento se vio interrumpido por Sakura ya con su uniforme puesto. El rostro, algo sonrojado y en él, una sonrisa traviesa. Parecía completamente ensimismada en sus propios pensamientos, solo que a diferencia de los suyos, estos prometían ser felices.
– Dime que anoche lo hiciste con tu novio, sin decirme que lo hiciste con tu novio… – torciendo la boca, la pelirroja no pudo evitar pensar que la expresión de la Haruno era de lo más cómica.
– No sueles madrugar tanto… – Sakura enseguida volvió en sí para mirar a Karin, sonrojándose todavía más. Esta última alzó las cejas extrañada.
– Ahm… – titubeando incómoda en lo que levantaba la mirada hacia el techo sin salir del bochorno, Sakura enseguida recordó que no hace una hora, su novio la había "despertado" ajetreadamente. Lo último que se le aparecía como reflexión es la posibilidad de que los vecinos y probablemente Karin, hubieran podido oírlos, por más que intentaran hacer lo menos ruido posible. – Tampoco es tan temprano… Casi siempre me levanto a esta hora.
Justo en ese momento, salió de la habitación Sasuke completamente serio manteniendo una postura relajada sin camiseta. En silencio, retirándose con la yema de su dedo índice y corazón, una legaña entre el puente de su nariz y su ojo izquierdo… Miró enigmáticamente a la Haruno de arriba abajo con algo que podría tomarse con ansia. Su novia, entendiendo esa mirada, se lamió el labio inferior y enseguida lo escondió. Nada más ese corto intercambio de miradas, el pelinegro caminó con tranquilidad hacia el cuarto de baño y cerró la puerta tras él con el fin de alistarse.
– Uhuh~ – murmuró Karin mirándose sus cortas uñas sin creer la cutre excusa usada por la pelirrosa, esta solo se encogió de hombros, ganando aún más rubor todavía. – No hace falta que te expliques, solo admite que el último revolcón os sentó como el vino…
– Veo que amaneciste bromista… – por el tono burlón que Sakura implementó, la Uzumaki se vio incapaz de ocultar su leve sonrisa pícara. – Me alegra… ¿Descansaste bien?
– Dormí… – su escueta respuesta fue aceptada por la Haruno, quien asintiendo, enseguida caminó hasta la cocina para tomar los cuencos de Shiro, quien nada más ver sus intenciones alzando las orejas, se levantó con prisas de encima de la Uzumaki, en un santiamén ya estaba sentado expectante al lado de su dueña.
– Suelta el zapato… – mandó Sakura impasible, Shiro movió sus pupilas como haciéndose el sordo y el que no entendía, sin obedecer. Sin querer queriendo, su tono de voz había sonado como al de Kakashi. – Shiro…
El akita solo inclinó la cabeza adorablemente. Mirando como la ojiverde se agachaba frente a él para tomar el objeto, finalmente desistió y lo soltó su juguete a la primera, recibiendo caricias detrás de sus orejas y cuello además de un abrazo. Shiro solo movió la cola más deprisa cuando Sakura le tendió en su mano una de sus golosinas favoritas, tragándola con brío.
– ¿Irás hoy a clase? – esa pregunta ya se la esperaba, pero no así de sopetón.
Sakura no obtuvo respuesta enseguida, cosa que ya había previsto.
– No lo sé… – musitó la Uzumaki finalmente.
– Al menos no es un rotundo no. – metiendo un par de huevos crudo dentro del cuenco de Shiro hasta arriba de carne mixta, mezclada con sus medicamentos y suplementos diarios… La Haruno se contentó con ese ligero avance, por más que solo su simple ausencia se tratara de varios días, consideraba imprescindible que su invitada retomara cuanto antes su vida normal, por experiencia. – ¿Por qué me parece que sueno igual que Kakashi diciendo esto? Siéntate, Shiro.
Karin mantuvo la vista en el animal, quien con impaciencia, le costó volver a apoyar su trasero en el suelo.
– Vamos. – incitó Sakura a su mascota para que esta le siguiera. Antes de desayunar, debía sacarlo a hacer sus necesidades.
No pasó demasiado rato para encontrarse nuevamente a solas en la sala. Solo el ruido del lavabo del baño se escuchaba. Sasuke se estaba tomando su tiempo.
Tras apartar el desayuno de Shiro de regreso a su sitio, con algo de hambre, Karin se sintió lo suficientemente motivada como para empezar a prepararse el desayuno con las sobras de ayer, apartando la comida de Shiro en . Las pocas que Suigetsu no había glotoneado con total libertad mundial. – Estúpido pez globo…
– Hmp. – el monosílabo de Sasuke detrás de ella la tensó, pronto se vio girando la cabeza, casi dándose en la frente con el costado del armario de la cocina. De no ser porque el pelinegro cerró levemente la puerta sin molestarse en mirarla, como por arte de reflejo. – Es demasiado temprano para que tú y Suigetsu empecéis con lo vuestro…
– ¿Eh? – haciendo una mueca de confusión algo graciosa, el extremo de una de las cejas de Sasuke tembló. – Pero si él no está…
– Exacto. – respondió el Uchiha abriéndose paso al frigorífico con su cuenco de cereales para llenarlo de leche con una sola mano.
– ¡¿Entonces porque lo mencionas?!
– Ahí vamos de nuevo… – a este paso no habría llegado al instituto y ya tendría dolor de cabeza. – ¿Me insultabas a mí, entonces?
Ensanchando los ojos ante esa respuesta, la pelirroja ahora sí que no sabía donde meterse. Era la primera vez que Sasuke le dirigía la palabra después desde hace semanas, puede que también fuera la primera vez en que no le daba respuesta evasiva. ¿Se lo imaginaba o estaba… burlándose?
– Sí que lo piensas mucho ¿no? – bromeó el Uchiha antes de meterse la segunda cucharada en la boca sentándose en el sofá del salón. Confundiendo todavía más a Karin, que muy para la diversión del primero, parecía haber tocado un nervio. Debía admitir que en sus momentos de buen rollo con Naruto, incordiar a los Uzumaki, era algo entretenido.
– ¡¿Y qué pasa?! ¡¿Acaso no puedo?! – chilló Karin subiéndose las gafas y seguidamente chirriar los dientes.
Incordiarlos provocaba escándalos talque así…
– Hn. – sonriendo ladinamente ante su pulla bien hecha hacia la pelirroja. – Insúltalo tanto como quieras, él así es feliz…
– ¿Qué se ha tomado este por la mañana para estar así…? Espera… – estaba claro, al pasar dos noches con Sakura. No era necesaria la explicación. Estirando sus labios en una recta línea para controlar las ganas de decir algo lleno de impulsividad que no pudiera retractar, terminó por apretar estos entre sí y voltearse de nuevo para seguir con su desayuno.
– No te harán más preguntas. – sacó Sasuke entonces mirando el parpadeo de su teléfono indicando notificaciones. Justo al lado de este, se encontraba el reloj que le obsequió Sakura. Este señalaba mensajes nuevos de Kiba. La pelirroja frenó sus manos, antes de que pudiera untar mermelada en la tostada recién sacada. – Hablo de Suigetsu y Juugo. Ya no les es necesario que se lo ocultes, cuando yo mismo les di una pequeña idea, de todo.
– ¿Eso implica que sabe que Sakura también…? – ¿Podría sentirse más incómoda todavía? ¿Por qué hablar de esto ahora, y más con él?
– No quiero habla… – frenó la Uzumaki.
– Tuviste la osadía de intentar entrometer a Hyuga entre Sakura y yo, aparte de la estupidez de ir sola en donde Abumi… Ya no necesito que Sakura me lo diga, fue demasiado fácil atar cabos. También está su predisposición de ayudarte, que me lo confirmó. – en esos instantes, Karin no podía evitar preguntarse las intenciones de Sasuke al decirle eso, pero más allá de eso, había algo que la preocupaba mucho más. – Debiste guardar mejor los documentos de tu alta médica…
Hasta donde ella recordaba, ella los mantuvo en el mismo sobre con el que se le entregó todo. ¿Sasuke hurgando en sus cosas?
– Cómo puedes… – discriminó tristemente la pelirroja, incapaz de encararlo. Sasuke enseguida vio que la manera en la que habló fue demasiado despreocupada.
– En mi defensa, sirva o no de excusa, si los leí fue pensando que eran de Sakura… Quise saber cómo la habían herido ese par. – hablando con la boca llena, el Uchiha omitió el detalle de que se había memorizado sin querer las heridas de la Uzumaki hasta tal punto de imaginarse como cuando él no estuvo para proteger a la Haruno, sabiendo de lo que fueron capaces…
Puedo cuidarme sola, Sasuke…
Recordando esas palabras de Sakura de camino en su viaje escolar, de milagro no aventó el bol que sujetaba con su mano ¿Qué culpa tendría este?
– Eso no te da permiso para leer y tocar lo que no es tuyo… – su tono temeroso, incordió todavía más al pelinegro. El silencio incómodo tras decirle eso, se sentía como una afilada Katana apuntando a su yugular. La mirada amatista del último también se hacía notar a pesar de unos cuantos metros de distancia.
– Lo mismo te digo, con lo que te mencioné antes… – tragando saliva en lo que dirigía esas palabras, Karin se quedó incapaz de saber como responderle. Era obvio que se refería a lo de Hyuga y puede que incluso de su intento de amenaza el día previo.
Aun así, había algo en la punta de su lengua.
– No se lo cuentes a nadie. – pronunció ella mirando la comida en su plato con poca hambre. Hablar del tema le había descompuesto nuevamente el apetito. – Me lo merezco… Sé que lo hago, pero… Por favor.
– No contaba con hacerlo en primer lugar, te lo aseguro... – fue la respuesta despreocupada del Uchiha, quien ni se molestó en voltear a mirarla ni por un segundo. – Pero...
Eso a oídos de Karin, sonó poco creíble. No podía dar por sentado que en cualquier momento, su frustración con ella rebosara hasta el punto de humillarla más todavía sin escrúpulos.
– Tienes suerte de que Sakura te ayudara… – moviendo el resto de lecho que quedaba con algún que otro cereal en el culo del bol con breves círculos de su mano como si quisiera crear un remolino. – Ella ha ganado lo que yo perdí de altruista y no está de más decir que le debes ya más de un par…
– Básicamente, me pides que le devuelva los favores a tu novia… ¿Es eso Sasuke? – dijo Karin dejando el cuchillo plano encima de su plato.
– Debería salir de ti. – zanjó el pelinegro. Ahí estaba, ese era el resentimiento del que hablaba ella antes. – Al igual que el querer hacerles frente a esos hijos de perra.
El sonido de su teléfono vibrando encima de su mesa cortó la conversación. Dejando el cuenco ya vacío en la mesa, el pelinegro se limpió las comisuras con su mano antes de recoger el aparato. Volvía a tratarse de Kiba. ¿Por qué tanta insistencia? ¿Ahora qué?
– ¿Qué? – dijo él finalmente atendiendo la llamada tras colocarlo contra su oreja.
– Sasuke, es grave… Ha habido un accidente. – habló Kiba desde la otra línea, su tono de voz activó levemente sus alarmas, que lo hizo arrugar el entrecejo. Justo en ese momento, las llaves de la cerradura indicaron que su novia regresaba junto a Shiro de afuera. – Tenten, está en el hospital por ahogarse en la piscina en casa de Shion.
– ¿Y cómo ha pasado? – se cuestionó Sasuke hablando en voz alta pulsando la tecla de altavoz en su pantalla, llamando la atención de su novia.
– ¿Kiba? – Era extraño que el Inuzuka y el Uchiha hubieran intercambiado teléfonos, no sabía ni que habían hecho "buenas migas", no se les había visto hablar juntos salvo las veces que el último se sentaba con Naruto con el grupo. – ¿Qué dijo de Shion?
– Nos han mandado a casa, pero Ino y Temari están más que destrozadas… Contábamos con que Naruto le contaría todo lo que pasó a Sakura, para que estuvierais al corriente lo más rápido posible, pero hubo otros contratiempos innecesarios… – la tristeza a la hora de hablar por parte de Kiba no tardó en alertar a la Haruno. Karin, que también estaba atenta a lo que el altavoz decía, recordó que más de una vez sí que escuchó los teléfonos de la pareja sonar en el salón, pero que no llamó a la puerta para no entrometerse.
– No creo que esto se deba explicarse por teléfono. – interrumpió el pelinegro mirando hacia su chica, quien la confundió todavía más.
– Es verdad… – musitó el Inuzuka lo suficientemente bajo desde su habitación. Por su cuenta, desde su cuarto, los constantes mensajes de Tamaki habían pasado a segunda prioridad. Sin embargo, Sakura no estaba de acuerdo.
– ¿Kiba espera, qué ha ocurrido? – cuestionó ella justo a tiempo.
– Prefiero contaros todo una vez en el instituto. – colgando rápidamente, el castaño se sujetó la cabeza con ambas manos, dejando la resaca de lado, sentía como la ansiedad podía con él. Un par de lágrimas se escaparon de sus ojos, ante la pérdida de una cercana amistad de tal manera. – No supe reaccionar… No lo hice… Mierda.
Pestañeando alarmada, la Haruno levantó la mirada hacia el Uchiha a su lado, quien nada más bajar su mano con su teléfono en esta, intentó encontrar la mejor manera de decirle lo que Kiba no quiso explicar una vez más en llamada.
– Tu amiga, Tenten… Se ahogó en la fiesta.
Hasta Karin se quedó en shock.
Colocándose los pendientes frente al espejo encima del tocador, Rin valoró su aspecto en silencio. Su sujetador simple de color azul marino era lo único que llevaba puesto en la parte superior de su cuerpo. Con sus manos, se acarició la barriga, imaginándose nuevamente con su vientre abultado.
No tenía náuseas matutinas, pero la ansiedad constante en ella, le proporcionaba una sensación similar. Escuchando como Kakashi encendía la cisterna de la ducha para después meterse dentro, siendo ahora su torno para asearse, la morena se sacó del interior de su bolsillo de su pantalón crema, un test de embarazo.
Negativo…
Apretando los dientes con fuerza contra su labio inferior, desistió por hoy. La vibración del teléfono de Kakashi en la mesita de noche la distrajo… – ¿Quién le llama tan temprano?
Tras colocarse una blusa azul marino, casi el mismo tono que su ropa interior, mientras se terminaba de abrochar todos los botones, un mal trago de saliva le supo como café con sal al ver el nombre de "Sakura" en la pantalla. El padre de esta última apareció en su mente, segundos después. – Pesada…
Con el Hatake tomándose su tiempo en la otra habitación, la Nohara a cada llamada perdida de Sakura, se sentía cada vez más enfadada. Se habría metido en problemas otra vez la cría… Ella o los otros dos, eso estaba claro. No obstante, si Kakashi ya no era su tutor, si trabajaba como policía, no había sentido en que estos ocuparan como responsabilidades a largo plazo.
Al quinto intento, cortó la llamada y bloqueó el contacto de la pelirrosa por cuatro horas, no sin antes borrar el historial de llamadas y silenciando el aparato instantes después.
No entendía por qué esa diligencia por parte de Kakashi en meter un ojo en cada asunto de la muchacha. Era estúpido dejar que su consciencia le jugara la mala pasada de que el primero querría involucrarse sentimentalmente con la Haruno, pero… Por el lado de esta última… – Si es tan problemática como Fuji la describe… padre e hija tienen mucho en común.
– ¿Dijiste algo? – los hombros de Rin se tensaron al ver que había dicho esto último en voz alta, aunque no con miedo, era más bien asombro.
Kakashi se adentró al cuarto con solo una toalla en la cintura usando la suya para secar su estrafalaria y rebelde cabellera debido al exceso de agua, parecía buscar algo frente a su lado de la cama, su teléfono.
Aunque justo a tiempo, nada más voltearse para mirarla, el ex profesor lo encontró encima del tocador. Alguien le estaba llamando. Un número que no conocía. Descolgando y colocándose el móvil en la oreja, pasó por el lado de Rin, quien le miró con curiosidad.
– ¿Diga? – habló el Hatake.
– ¿Sr. Hatake? – Kakashi tardó en reconocer la voz de la otra línea. – Habla con Shizune, del instituto Konoha Gakuen. Lamento llamarle tan temprano ¿tendría un minuto?
– ¿Fue Gai quien le dio mi teléfono? – increpó el peligris con despreocupación. Ya se esperaba la horda de llamadas de su antiguo trabajo tras dimitir de la nada.
– Se ofreció voluntario, pero la verdad es que no. – La respuesta alegre de la Sato en cierta manera hizo que Kakashi quisiera saber cómo lo consiguió. – Eso no importa. Si le llamo es por orden de la directora Tsunade, quien está algo aturdida con los acontecimientos que usted ya sabe y si le soy honesta, más enfadada de lo normal, aunque no con usted. Quiere hablar con usted personalmente.
– ¿Puedo saber por qué no me llama ella entonces? – indagó Kakashi usando el mismo tono de antes, ocupado sirviéndose un café de máquina.
– Está ahora mismo en quirófano con uno de sus pacientes que llevaba años en lista de espera, como comprenderá, no podía atrasarlo… Se trata de un paciente VIP que pedía especialmente a la Dra. Senju. Por eso me ocupo yo de llamarle personalmente para informarle que… – Escuchándola hablar tan deprisa, el Hatake creyó que por medio de palabra y palabra, Shizune usó coletillas de más. No podía evitar impacientarse con ella.
– Si ese es su método para que vuelva a trabajar, lamento comunicarle que volví a mi antigua profesión. – frenó Kakashi con antes de dar el primer sorbo. A sus pies, Uhei, Urushi y Pakkun recién levantados, aclamando su atención. El primero de los tres, fue quien se ganó las carantoñas iniciales. – Es inútil que insistan. Además, teniendo ahora la reputación manchada como para que el subdirector, entre otros, me acepten de vuelta.
– La denuncia parece haberse "detenido". – interrumpió Shizune enseguida, acallando a Kakashi, quien ante esa aclaración se irguió de espaldas ¿Qué significaba eso? – Su abogado revocó la del Sr. Fuji, por falta de pruebas y difamación.
– ¿Abogado? – ¿De qué estaba hablando? – ¿Será cosa de Obito?
Aun así, eso no ocultaba las intenciones de Kizashi y tampoco iba a acabar ahí. Además, no le hacía falta ser un sabio para ver él pero.
– Su afirmación del otro día pone en interrogante a su defensa. Hay mucha ambigüedad, por eso Tsunade quiere reunirse con usted. – sumó Shizune tras un suspiro.
Cuando la llamada terminó, Kakashi se encontró a Rin colocándose algo de labial. Con una mano apoyada en la superficie del tocador inclinada hacia adelante. Por inercia, su mirada no se contuvo de caer hasta el trasero de la última. – Sabrás que puedo verte a través del espejo ¿Verdad? Supongo que por eso llevas tu máscara siempre, para que la gente no vea tus reacciones…
– No sabía que te moleste tanto que las lleve… – bromeó él yendo hacia su lado de la cama tirando su teléfono encima del colchón como si nada. Al sillón justo a la esquina de la pared, se encontraba la ropa que vistió ayer.
– Al contrario, te da un aire de lo más seductor… – respondió la Nohara bajando la rosca del labial para cerrarlo aun sin voltearse, mirando a través del espejo como Kakashi ya con ropa interior puesta, se abrochaba los pantalones de su nuevo uniforme. Ella no podía verle, pero ese comentario le sacó una sonrisa ladina a su amado así que optó por quedarse callado. – Aún no me lo has contado… el porqué de tu dimisión. Esperaba que no me hicieras preguntarte.
Eso, según el Hatake, dio a entender que escuchó la conversación que tuvo por teléfono, intuyendo de que se trataba.
– No me quejo, solo me sorprende que hayas decidido volver a trabajar en un cuartel de policía. Para Obito ni más ni menos. Creía que te gustaba enseñar filosofía. – girando su cuerpo para mirarlo, Rin aún se lo encontró de espaldas, en silencio. – Me gustaría saberlo cuando andas metido en algún lío, Kakashi. No suponerlo cada vez con solo ver tu actuar con Obito, no me gusta para nada.
Una corazonada le advertía que claramente el motivo de la dimisión tenía nombre y apellidos, por algo la mencionaron en la oficina de la comisaría y hoy, le llamase.
– Siempre puedes preguntarme lo que quieras, Rin. – esa respuesta sonaba a reclamo, solo que no solo eso. Sonaba como una evasión a toda regla. – No sé qué te hace pensar así.
¿Iba en serio?
La morena simplemente sonrió en silencio recordando cuando le dijo ella sobre su embarazo, como había reaccionado, hasta había pasado varias noches fuera. Lejos de ella. Esto y lo de ahora eran diferentes, pero no quería asomarse a plantearse cada reacción por parte de él, para lo más mínimo.
– Entonces, cuál de tus tres alumnos te metió en problemas ahora… – contestó ella cómicamente aunque con una enorme ración de seriedad como condimento.
– Ninguno… – aseguró el Hatake, podría parecer mentira solo que, el único causante de su dimisión imprevista no era más que el instigador.
– Suena a mentira… – se dijo Rin a sí misma, manteniéndose callada, Kakashi aceptó eso como su respuesta. De no estar de acuerdo, se habría apresurado en estar en desacuerdo. Para qué preguntar si ya lo sabe.
– Tarde o temprano, iba a dejarlo… – añadió finalmente Kakashi acercándose a ella para acomodarle bien un mechón de su flequillo que se había ido al lado que no le tocaba. – Lo único malo de trabajar con Obito es que tendré que soportarle darme la brasa…
– Para él, oficial Hatake… – verle alzar una ceja ante ese matiz, aprovechando la cercanía optó por dejar de lado las preguntas y rodearle el cuello con sus manos, acelerando el corazón de este ante la cercanía. – Pero si se pone muy pesado, no pongo en duda que encontrarás la manera de cerrarle el pico como cuando con Gai.
– Pagaría para que él te escuchara decir eso. – musitó bajito Kakashi, apreciando la fragancia de la loción que usaba ella. Incapaz de controlarse, finalmente colocó una mano en su vientre, sorprendiéndola. – ¿Qué tal te encuentras hoy, alguna náusea?
– Estoy bien…
Dentro del coche de Tsunade, sentada en el asiento de copiloto, Shizune se quedó mirando la pantalla de su teléfono. Dubitativa en sí guardar el contacto de Kakashi en su agenda.
El trato hacia el último el viernes fue de lo más injusto, cruzando la meta de lo que implica sobrepasarse. Había visto el trato que él tenía con Haruno, algunas pocas veces que le encontraba vigilando al alumnado en horas de descanso. Sin pasar por alto el comportamiento de la muchacha con su novio. Anko y Kurenai no se privaban de que los profesores no supieran de cuál de sus alumnos salía con quién y quién gustaba de quién. Hasta la profesora Orochimaru añadió algún que otro detalle por parte del pelinegro… Pfff, era absurdo creer que profesor y alumna tenían un amorío.
Era obvio que Danzou se traía alguna entre manos y además, entrometer no solo a esas dos comadrejas sino también a Hiruzen… Se pudo palpar demasiado la traición por parte de este último. El hombre había dejado de ser alguien admirable para ella por como Tsunade se lo había descrito en otras ocasiones.
La puerta del lado del conductor se abrió de golpe, dejando ver a una cansada Tsunade entrar a su vehículo, aceptando el caliente café que su colega le tendió sin decirle nada.
– ¿Cómo fue la operación? – la rubia a su lado dio un pequeño sorbo mientras alzaba las cejas por un mísero segundo, para volver a tenderle la bebida a su amiga antes de encender el coche. – Veo que bien.
– Empiezo a arrepentirme de haber vuelto a Tokio. – soltó la Senju sin preaviso, pensarlo, era diferente, pero admitirlo, ya era hora. – Hasta los doctores de este hospital son aborrecibles. En fin ¿alguna novedad?
– Jiraiya me dio el número del Sr. Hatake, me tomé la molestia de llamarlo personalmente para que hablara con usted. – explicó la morena dando un sorbo de su café en lo que miraba como Tsunade conducía por la rampa del aparcamientos del hospital.
– Solo te dije que le pidieras a Jiraiya que se lo dijera, pero veo que improvisaste… – el obvio subtono a la hora de pronunciar esa palabra sonrojó a la cabeza de estudios.
– El Sr. Goketsu no se encontraba demasiado bien por lo que enseguida me compartió su número. – se excusó Shizune, sincerándose fácilmente. Ese detalle quedó grabado en la memoria de la rubia.
– ¿Jiraiya se encuentra mal?... ¿Por eso ha estado de baja? – pensó la directora mientras conducía. Bajando las comisuras y tensando su rostro, se sumó eso a otra razón de su enfado matutino. – ¿Conseguiste hablar con él?
– Dijo que ya ha encontrado nuevo empleo, pero creo que no se negará a hablar con usted si insiste. – mirando por la ventana y después a su reloj la Sato se dio cuenta de que llegarían demasiado pronto al campus ¿Habría alguna razón en específico? Pensaba que con lo del reportaje, no querría saber nada y esconderse de todo ese panorama.
– Pues insiste. – aferrándose con las dos manos en el volante después de estirar los dedos en él para que estos no se tensaran antes de apretar la rueda con fuerza, haciendo la tela de esta sonar. – Shizune, que sepas que no entiendo que le viste a ese hombre.
– ¿Huh?
– Aun así, tu nueva tarea por ahora será la de persuadir a que hable conmigo.
Ahora sí que tenía un motivo para guardar su teléfono. No disimuló en absoluto su sonrisita feliz.
– Directora Tsunade, si gira por ahí entrará a un callejón… – fue demasiado tarde. La Senju pisó el freno de golpe al ver el muro de la calle estrecha en la que se encontraba. – Sin salida.
– Maldito GPS… – maldijo ella colocando un brazo detrás del asiento copiloto y pisar de nuevo el acelerador fuertemente con la punta de sus zapatos de tacón y poner marcha atrás a demasiada velocidad, haciendo que Shizune palideciera. Tal vez debió conducir ella.
Con una maniobra de lo más fuera de lo profesional, el coche giró por una calle en dirección contraria para regresar a la carretera en dirección opuesta, ganándose varios cláxones como queja al casi chocar con otro coche, cometiendo varias imprudencias en cuestión de segundos.
Tras el pequeño percance, Tsunade relajó sus hombros y como si nada tomó el café que milagrosamente no se había movido de donde lo había puesto la copiloto, en el sujeta bebidas detrás de la palanca de marcha y sorber de la pajita en silencio. En su mente, pestañeando repasaba los hechos con los que se iba a topar en el campus.
Apartando la mirada de su prometida con aburrimiento, Toneri optó finalmente para mirarse sus limpias, cortas y redondeadas uñas. Al parecer, la primera se había cansado de esperar a su hermana mayor y finalmente había optado por adentrarse a su nueva tarea designada. Llegar al campus con él, en la misma limusina. Era ridículo ver como su tía la había arreglado su uniforme para que aparentara un poco más madura y no demasiado infantil o preadolescente.
El primo de ambas hermanas había salido por su cuenta hace ya un buen rato, lo más probable es que ya se hubiera enterado de lo de su amiga.
La puerta de la casa se abrió, donde enseguida se observó su cambio de estilo. Llevaba la falda corta como la mayoría de las otras chicas la llevaban, cabello perfectamente liso y brillante y esta vez, maquillada notoriamente. Delineador, máscara de pestañas y labial rojo oscuro. La sombra de ojos le hacía resaltar los ojos, pero no encontraba la manera de describirla. Se veía con más confianza y a su vez, por su expresión al verle ahí parado, era de nerviosismo.
– Heh… ¿Dónde crees que vas? – el bufido de risa del Otsutsuki hizo recular a la Hyuga, quien ya había puesto la mano en la puerta trasera del coche. Enseguida se percató que en su sitio usual, se encontraba Hanabi.
– Déjame subir. – dijo ella mirando a sus pies, fingiendo como si no pudiera ver a la pelinegra que la seguía.
– Aiishh… Pues la verdad, no el motivo de porque hacerte caso. – la pelinegra apretó el asa de su mochila. – O el golpe aún te ha dejado secuelas de estupidez o tu padre no te lo ha aclarado lo suficiente.
– Me da igual lo que diga mi padre, Toneri. Apártate… – con su directa respuesta, el albino solo levantó la barbilla nada más escuchar ese coraje de la nada. Lastimosamente, no podía pararle los pies frente a todos esos ojos y eso lo sabía ella bien.
Volviendo a colocar la mano en el manillar y finalmente abriendo la puerta, Hinata se apresuró a subir al automóvil. Su hermana menor la miró algo tensa.
– ¿Qué estás haciendo? – habló la menor, Hinata rápidamente la miró a los ojos. – Salte.
– Qué dices… – escuchó ella que decía su hermana mayor. Eso no se lo esperaba de su parte.
– No quiero tener problemas con padre por tu culpa, así que fuera de mi coche. El tuyo desde hoy es el de atrás. – Hanabi no pudo haber sido menos tajante ni aun conteniéndose. No obstante, esperaba no tener que interactuar con ella así de sopetón.
– Padre no tiene por qué enterarse, hace bastante que está en el trabajo. – sin dejar de insistir, Hinata se acomodó el cabello dispuesta a abrochar el cinturón dejando su bolsa encima de su regazo.
– Estoy a un paso, de ser yo la que te abofetea onee-sama. – con la mano en el cuero del cinturón, su hermana mayor poco a poco fue girando de nuevo el rostro hacia ella, Hanabi, en cambio, mantuvo el suyo mirando hacia la ventana de su lado. Ocultando su ira, cosa que era una falta de respeto hacia ella. Hanabi siempre solía mirarla a la cara cuando le hablaba, esta vez no. – Así que, salte. A no ser que quieras que de nuevo, los empleados lo hagan a la fuerza.
– Hanabi, soy la mayor… Tu hermana mayor… – explicó ella con la frente algo ofuscada.
– ¿Piensas que puedes darte el lujo de ir sembrando tus quejas y demás hacia mí? – soltó en un medio siseo la menor. – No tienes idea del tiempo que llevo sin considerarte o respetarte como lo que me exiges. Neji siempre tuvo el papel que tú no.
– Todos sois como él, como padre… . – comentó Hinata aun jugando en el asa de su bolsa, haciendo una expresión de discrepancia y hasta de asombro.
– Típico… – dijo su otra voz, Hanabi apretó los labios con furia.
– Así es como lo recuerdas tú. – los recuerdos de Hanabi y ella entrenando juntas, entre otros, algunas de ellas peleando de pequeñas con ambas llorando llegaron a la cabeza de la pelinegra y se fueron a la velocidad de la luz. – Yo veo eso como casi como un cumplido, al contrario que tú, yo en un futuro no voy a acostarme con chicos que van transmitiendo enfermedades venéreas por placer.
– ¿Qué me has di…? – la puerta de su lado se abrió de golpe, interrumpiéndola. Hanabi solo apoyó su mentón encima de sus nudillos con aborrecimiento.
– Srta. Hinata… El coche de atrás la espera. – avisó el chófer del otro coche. – Este le pertenece a la Srta. Hanabi y a su prometido.
– ¿Prometido? – tardó un poco, pero finalmente entendió. El hecho de que Hinata no pudiera controlar que sus comisuras subieran algo para arriba al resoplar de la sorpresa, hizo enfadar más a su hermana menor. Apoyado en la parte de la compuerta de la gasolina, Toneri también tuvo la oportunidad de verla alegrarse.
El Otsutsuki pestañeando lentamente, torció la mandíbula y enfrió su mirada. Todos la vieron salir del coche sin más, callados, los empleados algo satisfechos que no hubiera gritos matutinos mientras que los tres jóvenes, salvo Hinata, no podían tener una cara más larga.
Esta última, una vez con el coche en marcha, abrió su bolsa donde ahí guardaba comida que había conseguido que una empleada de la cocina preparara de más, para darle a Naruto en horas de almuerzo.
– Al fin… Finalmente. – pensó la Hyuga colocándose el cabello detrás de su oreja. Que pasara esto ahora no podía ser en un mejor momento. Probablemente, esto fuera para mejor desde ahora.
Su mano cayó en su cuello entonces, haciéndola recordar su último intercambio de palabras con el albino, aún quedaban las marcas de sus dedos en su cuello. Nada que la base de maquillaje no tapaba.
En el coche de Toneri y Hanabi, el primero se encontraba pasando el pulgar por la pantalla de su móvil, cuando se escuchó el otro aparato de su bolsillo vibrar indicando nuevas notificaciones.
– Quien quiera que seas más te vale regresarme el teléfono si quieres conservar tus piernas… – Ah, Abumi. Sí que se había tardado en darse cuenta del ausencia de este. ¿Encontraría obvio que había sido él? Lo ponía en duda, aunque nunca se sabe. Además, era obvio que aun devolviéndoselo… La paliza podría llegar segundos después y, pese no tenerle miedo, prefería mantener las apariencias por un buen rato.
Dejando a Hanabi al campus de enfrente, Toneri fue el primero en salir del vehículo. El campus estaba todavía prácticamente desierto. Pocos alumnos estaban presentes, quienes nada más verle llegar con Hinata, los más chismosos parecían charlar entre sí del chisme más interesante actual.
Colgando desde los barrotes de la barandilla de la azotea y las columnas que daban el techo a la entrada del edificio principal del campus, había una enorme tela que informaba de una manera muy elegante, quienes promocionaban la beca del instituto. Aunque lo que más llamó la atención nada más entrar, fueron las pancartas del ganador y los tres finalistas de la beca. Los mejores estudiantes de último año. A la izquierda, el retrato de Naruto era difícil de no ojear primero. Con una sonrisa de par en par la mar de simpática, a su lado, serio, despreocupado. El Uchiha. Después él y finalmente, Haruno. Debía reconocer que salía bonita con el cabello largo. Debajo de cada imagen, se encontraba un nuevo trofeo, colocado dentro de una vitrina antigua. Era obvio que para el reportaje, debía haber decoración.
Varias chicas merodeaban las pancartas del pelinegro y de él, en lo que los que parecían ser los del campeonato de kendo, también habían acaparado cierto renombre.
Varias cámaras apagadas estaban enchufadas a la corriente, y otros materiales estaban aparcados a la esquina que daba el pasillo horizontal posterior a los casilleros de cambio de zapatos.
Varios pasos corriendo hicieron que Toneri ladeara la mirada hacia el sonido, un grupo de chicas se había acercado a otras dos con varios papeles en sus manos. Enseguida sus miradas cayeron en él, aunque más en Hinata. Sin decir más, mirando de reojo a la incómoda pelinegra brevemente, se adelantó para andar delante de esta, haciendo como si la ignorara, dejando claro para los chismosos, que el ambiente era incómodo.
Las ventanas abiertas de la mayoría de las aulas, debido a la fría ventisca matutina, muchas hojas ondeaban pendiendo de una chincheta en los largos corchos de cada pasillo, al albino no le hizo falta mirar. Se lo esperaba…
Nada más llegar a fuera de su aula, Hinata se encontró con bastantes fotocopias colgadas de Naruto enseñando el torso, caricaturas infantiles editadas de él con una entrepierna verde en una postura comprometida con una mujer. Los cuerpos no eran de ellos. Solo había las caras de Naruto y… ¿Ella? Girando a su alrededor, reconoció su rostro en una copia de la misma imagen. No muy alejada de esta, se veían varias fotos, con demasiada buena calidad, de ella y el Uzumaki adentrándose a ese hotel. Hasta que vio las que no salía ella…
Sintió un doloroso pinchazo en el centro de su pecho que le dejó incapaz de recordar como respirar, como si su corazón se le hubiera subido a su cuello.
– Ahí está… – escuchó una chica susurrar a otras dos compañeras de aula, no iban a su salón, pero las había visto otras veces. – Menuda cerda infiel…
– Pobre Toneri, enterarse así debe haber sido… – esta vez quien dijo eso, fue otro alumno.
– Hyuga se lo tenía bien guardado… – su otro compañero, tras decir estas palabras soltó un intento forzado de carcajada. Mientras que el de antes solo bufó de risa.
– ¿Deliras o qué? Siempre ha sido rara… Solo creo que es una pena que se haya fijado en Uzumaki. – la mirada de la pelinegra tembló, sin saber en donde pararse, incapaz de mantener la mirada fija en un solo punto del suelo.
– Solo dices eso porque te gustan las chicas con una buena delantera… – bromeó su amigo empujándole suavemente. – Venga acércate, puede que te deje llegar a tercera base…
– Nah… Paso. ¿Qué otra cosa tiene salvo su apellido y buen cuerpo?
Es patético…
– Qué dejes que hablen así de ti… – dijo Hinata mediante un susurro cambiando de postura a una más relajada.
– ¿Les divierte? – pronunció la pelinegra entonces, encarando a los chicos, aunque se refería a todos los curiosos pendientes del chisme que rondaban cerca. Estos, algo sorprendidos de que les hablara ella directamente se miraron entre sí en silencio.
La Hyuga, molesta entonces, arrancó con fuerza varias hojas colgadas en los corchos estrepitosamente y tirándolas al suelo. Le importó bien poco parecer una histérica, Toneri se giró lentamente recolocando el asa de su mochila encima de su hombro, guardando su otra mano en el bolsillo de su pantalón, interesado por su reacción.
– ¡¿Qué pasa?! – pronunció la prima de Neji mirando a todos. Molestándose aún más al ver que gente nueva se acercaba a curiosear las imágenes. Al ver esto, varias personas se tuvieron que apartar al ver como ella se empujaba entre ellos para disponerse a retirar más hojas, maldiciendo con la mirada a todos.
Ante la mirada burlona de otras chicas, Hinata lanzó la hoja hacia ella, solo que esta se quedó ondeando en el aire sin llegar demasiado lejos de la primera. – ¿Algo que decir? ¡Díganmelo a la cara!
La chica frente a ella solo escondió más sus labios para evitar reírse, con su teléfono en la mano. Nada más ver el aparato, Hinata asumió supuso nefastas intenciones, por lo que no se contuvo.
Los presentes en la escena, o la gran mayoría, jadearon de sorpresa al ver como la pelinegra empujaba violentamente a la muchacha, intentando arrebatarle el móvil. – ¡Suéltame! ¡¿Qué haces?! ¡¿Estás loca?!
– ¡Dame tu móvil! – insistió Hinata tomando el único extremo del aparato y tirando de él, sujetando la muñeca de la muchacha. Esta estaba tirando de este también evitando que lograse hacerse con él, pero al parecer la primera tenía bastante fuerza.
Una bofetada frenó a la Hyuga, quedando esta con una cara girada, ocultada por su largo y lacio cabello resplandeciente. Se veía más arreglado que anteriormente. – Entiende tu lugar, asquerosa…
– ¡Ei, wow! Woah… – dijeron varios chicos sorprendidos al ver como Hinata, tras exhalar aire por la nariz se atrevía a tomar de la melena a quien la había insultado. Desatando una pelea entre ambas.
Nadie se esperaba ver a la supuesta heredera Hyuga, subirse a horcajadas de otra chica y empezar a golpearla, arañarle y más el rostro de una alumna de otro salón de la nada.
Cuando llegó el novio de la muchacha y vio la escena, no se contuvo tomando violentamente del brazo a Hinata, arrebatándole el teléfono que había conseguido a la fuerza distrayéndola enseguida. La última, fijada en la idea de obtener el contenido que pudiera haber de ella en el teléfono creyendo que la muchacha había colgado las fotos por todos lados, volvió a intentar hacerse con el aparato, esta vez siendo ella quien cayó al suelo de culo tras un violento empujón.
– ¿Estás bien? – cuestionó la pareja de la agredida, esta asintió levemente, dejándose guiar fuera de la multitud, en lo que Hinata se incorporaba poco a poco del suelo.
Toneri no podía creerlo. No se esperaba esta reacción por parte de su ex prometida, aguantarse las ganas de soltar una carcajada le estaba resultando bastante difícil a este punto. La escena, pese patética, había sido divertida. – Ah, mira quién llega ahora…
Era una lástima que, Shion no hubiera hecho acto de presencia unos minutos antes. ¿Se habría dado cuenta la Hyuga de que la Fuji también salía en las fotos? Chocando miradas con ella brevemente, el Otsutsuki volteó los ojos y finalmente regresó la mirada en la pelinegra en el suelo, la cual debido a algún golpe que debió recibir, le sangraba la nariz.
Finalmente de pie, la pelinegra levantó el rostro, intentando frenar la sangre de su nariz con un dedo. Pillando a Toneri observándola fijamente en silencio, la vergüenza se le echó encima. Ahí parado, como una estatua de los apóstoles dentro de una iglesia, dedicándole una mirada llena de prejuicio y oscuridad. Recuerdos de las otras veces en las que él saltaba para defenderla, hasta que finalmente dejó de hacerlo, para comportarse como los demás; se le echaron encima. Aun con el nudo en su garganta, la ansiedad de sentirse observada como una presa varada a una bandada de buitres, pudo con ella.
– ¿Cuál es su problema? – escucharon todos que decía otra chica observando como Hinata empezaba a andar con prisas, alejándose de ahí, pasando de largo de Toneri y de todo el mundo. Nadie le impidió el paso. Varios alumnos enseguida dejaron escapar su alucinación y burla a lo ocurrido. Otro chisme más que esparcir.
El albino fue el único que se dignó a mirarla marcharse.
Él viendo hizo que una hoja que Hinata había arrancado, llegara a los pies de la Fuji, quedando atrapada de una esquina por la punta de su zapato, dejando ver las diferentes fotos de Hinata con Naruto en el hotel.
– ¿Estás bien, Toneri? – escuchó que le preguntaba una chica al albino, no se había acercado sola. El susodicho no dijo nada y simplemente anduvo para adentrarse en el aula.
– Esto es obra de él… – afirmó la rubia en lo que retiraba el pie de la hoja, frenando en seco al ver como ahora los alumnos postraban su atención en ella.
Fue ahí cuando lo vio, un grupo de chicos, se encontraba agrupado entre una hoja en particular, mirándola y riéndose entre sí. La de una caricatura en la que se veía a Naruto y a ella en una postura indecente.
La siguiente en alejarse de ahí fue ella. Con prisa, sin saber como lidiar con el bochorno.
Adentrándose en los primeros aseos que encontró se paró frente a los espejos, respirando fuertemente para intentar calmarse, sin lograrlo. No ayudó ver más folios del pasillo por el suelo del cuarto. Con los ojos llorosos, Shion sacó su teléfono y llamó a su padre.
– ¿Papá? – con ganas de llorar, Shion se mordió una uña. – No me encuentro…
– ¿Qué pasó en la fiesta Shion? La policía se ha presentado en casa haciendo preguntas… ¿Crees que puedes irte antes sin haberme explicado antes? – colocando una mano en su frente debido a la desesperación, a Shion no le quedó de otra que escuchar la bronca de su padre.
– ¿Qué es todo esto?
Todos los alumnos, al ver a Kurenai hacer acto de presencia en el pasillo, se quedaron callados viendo como la única adulta paraba a mirar lo que estaba colgado por todos lados. Viendo la gravedad del asunto, la Yuhi, algo incómoda cerró los ojos con una mueca de espanto y asco. – Todo el mundo a su clase, por favor.
Cuanto había pasado desde la última vez que lo vio ¿Más de medio año? Orochimaru se había quedado pasmada nada más reconocer a su antiguo compañero de trabajo en Hokkaido. Yamato Mokuzai.
Se había cortado el cabello otra vez desde la última vez que le vio. La verdad es que la media melena no le favorecía, ya de por sí con el inusual color castaño claro completamente natural de pelo. ¿Qué hacía ahí? Interesante pregunta…Aunque en verdad, no le importaba demasiado.
Moviendo la revista frente a su rostro de nuevo para echar las páginas abiertas hacia atrás en un solo movimiento, la profesora de ciencias regresó su mirada a la lectura. Esperando el largo rato que le quedaba para que su primera clase empezara.
– ¿Lo conoce, Srta. Hebi? – la voz de Anko llamó la atención de la pelinegra, quien enseguida bajó nuevamente la revista.
– Sí. – su respuesta fue simple y concisa, pero para nada evitó que su compañera de trabajo dejara de prestarle atención fijamente, a la espera de más información. – Trabajé con él en el instituto de Hokkaido. Era tutor de un salón último grado de secundaria.
– Al parecer ya han encontrado un nuevo profesor suplente… – añadió Ibiki sumándose a la conversación.
– Es demasiado conveniente, por no decir que no parece ser casualidad… – Sí. Kakashi estaba perdiendo facultades o no le importaba que se tuvieran en cuenta detalles así. Siendo él y Yamato íntimos colegas por la carrera de profesorado. Si bien se conocían desde hace menos que su amigo el Uchiha y su actual pareja, era sorprendente que el Hatake hubiera hecho amistad siquiera con alguien tan extraño como Yamato, teniendo tan poco tiempo libre en esa época.
– Pues de ser así, a lo mejor ascienden a otro de los suplentes.
La cabeza de Iruka se levantó de su pantalla de ordenador al escuchar lo que dijo Asuma. Tras lo ocurrido con Kakashi, todos… Casi todos terminaron por enterarse de lo ocurrido. La verdad es que nadie supo qué decir salvo Gai. Era obvio que esto no le agradaba, no había más que ver su expresión, su repetitivo ensanchamiento de las aletas de su nariz lo hacían parecer un toro. Pocas veces se le veía así.
– Iruka, entra al despacho por favor. – pidió Hiruzen abriendo la puerta de la oficina de Tsunade.
El Umino, obediente, aunque hubiera una ligera idea de lo que se le podía proponer, decidió no entretenerse. Nadie en la sala salvo la secretaria, pareció darse cuenta de que en ese momento entro Shizune, seguida de cerca de Tsunade. El primero ya estaba por cerrar la puerta cuando la Senju, con su mano en el pomo de la otra cara, estiró con fuerza para deslizar la puerta con facilidad.
– Fuera de mi silla, Hiruzen. – ordenó despreocupadamente la rubia escaneando rápidamente a los tres hombres en la oficina.
– Tsunade… – empezó el Sarutobi con molestia ante la interrupción, colocando el codo encima del escritorio, levantando la mano que sujetaba su pipa hacia arriba.
– Y apaga ese humo, ya sabes que no aguanto ese olor. – siguió ella yendo hacia la mesa y reposando su bolso encima del mismo con demasiada fuerza. Ese gesto hizo que su antiguo tutor se pensara las cosas dos veces.
– Deberías ir a hablar con el director del reportaje… – propuso el ex director. Entendía que su antigua alumna pudiera estar molesta y decepcionada con él, pero ahora ya no se podía hacer nada.
– Hagamos memoria, abuelete. – interrumpió la rubia inclinando la cabeza hacia un lado, al mismo lado que su cadera en lo que se cruzaba de brazos. Sarutobi entendió que estaba siendo informal a propósito, para incomodarle, a solas era diferente pero aquí. Ese comportamiento le resultaba familiar. En especial por parte de otra cabellera rubia mucho más escandalosa y problemática. – Quien dio "permisos" para el dichoso reportaje, fuisteis tú y Shimura. Por lo tanto, vuestro problema lidiar con todo lo que conlleva que salga bien. Eso para empezar. Después, recordando el vital y crucial detalle de que te encargaste de fraccionar la dirección de este centro… ¿Quieres apostar en ver quién gana en porcentajes? Creo que en esta me será fácil ganar…
Suspirando en lo que echaba para atrás su asiento antes de levantarse, Hiruzen echó una ojeada severa a Tsunade. – Tú y tu vicio con las apuestas…
– No me hagas hablar de malas costumbres, Hiruzen. Que sea la última vez que intercedes en una reunión mía sin mi consentimiento. – esas duras palabras hicieron que el anciano hiciera una expresión de amargura ante la pulla a su adicción al tabaco. Solo Shizune le vio hacerla, mientras él se sentaba frente a él en los sofás de la sala.
– Encantado de conocerle, Yamato… ¿Mozukai? – pronunció la Senju incapaz de no alzar una ceja ante ese apellido.
– Mi familia lleva generaciones dedicándose a la carpintería. – explicó el moreno con una sonrisa formal.
– En su currículum nos sale que trabajó en Hokkaido como profesor y poco más, lo que me hace preguntarme como supo que teníamos una vacante. – cuestionó Tsunade mirando con algo de discrepancia a Yamato, a quien por poco se le nota la sonrisa nerviosa.
– Otros años también me las apañé para obtener una entrevista aquí, hasta la semana pasada. – intentó convencer con una semi mentira el Taicho. Si es cierto que había intentado un par de veces trabajar en este instituto, pero quien le informó de la vacante fue Kakashi.
– ¿Qué le hace pensar que puede ser un buen candidato a tutor de último año? – esta pregunta, Tsunade no la hizo mirando hacia ningún sitio en particular. La sala se quedó en silencio por unos segundos demasiado letárgicos. – ¿Profesor Umino? Se lo pregunto a usted.
– ¿Huh?
– Por algo estás aquí. – el tono de voz de la directora sonó como si estuviera criticando a todos los de la habitación. – ¿Y bien?
Iruka, con los nervios encima, optó que se podría tratar de alguna pregunta trampa, por eso no respondió.
– Veo que tu mejor opción no tiene motivos para darme, Hiruzen. – opinó ella nuevamente finalmente colocando sus ojos avellana en el Umino. – Debo entender que su silencio es porque está satisfecho con su actual empleo.
Hiruzen movió la cabeza hacia delante varias veces disconforme, manteniendo las manos entrelazadas en el soporte de su bastón.
– Puedes retirarte de nuevo a tu trabajo. – mandó entonces Tsunade al suplente.
Extrañado, pero no menos incómodo por no haberse atrevido a reiterar, se inclinó hacia adelante en lo que se le ocurrían varias frases con las que asegurar que como tutor él haría un buen trabajo, pero nada.
– Empieza hoy Sr. Yamato. Shizune le explicará y lo pondrá al corriente de todo. – cerrando la conversación, Iruka apretó los labios, tragó saliva y salió de la oficina. Cerrando la puerta sin ver como Tsunade y su nuevo compañero de trabajo, estrechaban las manos.
Cuando Shizune y Yamato salieron de su despacho, Tsunade ya se esperaba que Hiruzen permaneciera ahí.
– Te equivocaste, Tsunade. – habló finalmente el anciano, haciendo que su alumna volteara sus irises con fastidio.
– Te habrás percatado de que le di la oportunidad de venderse para la vacante, supongo. A no ser que hayas entendido otra cosa, que no me sorprendería. No estaría de más que vieras esto como un acto pacífico de tu estilo a pesar de todo, así que no me hagas perder la paciencia. – para Hiruzen, el tono de voz y la postura de su alumna eran demasiado relajados, aun sabiendo por ella misma, que seguía molesta. – Tuviste las agallas de manipularme, mentirme… como quieras definirlo y no solo una vez. Estoy empezando a pensar que Shimura y ese otro par no te caen tan mal como aparentas. Eso, o te conformas con lo que ocurre y partes desde ahí.
– Actúas así por despecho. – afirmó el anciano secamente.
– Claro. – el sarcasmo no pudo ser más evidente. – Lamento sacarte de tu ensueño de ir por mi espalda en el que yo cedo a todo. Tenía muchas ganas de sentirme una inútil acorralada como en otra de nuestras rondas de Go. Apuesto a que pensabas que esto también lo iba a ignorar…
– ¿Para qué contratar a otro profesor teniendo a un suplente que conoce bien a los alumnos? – Tsunade nunca llegó a pensar que algo tan redundante como esto podría incordiar a Hiruzen como tal.
– Naruto Uzumaki obtuvo la beca, Hiruzen. ¿Y sigues sin estar satisfecho? – expuso duramente la rubia. – No puedo creer que pensaras que no iba a tomarme tu idea para hacerle el trayecto a la universidad a la ligera. El crío tiene dieciocho años, estoy segura de que algo de voluntad para esforzarse tiene.
Hiruzen tensó su mandíbula.
– Me parece de lo más absurdo que hasta ahora, no te hayas dado cuenta de que esos tres, también actuaron a tus espaldas. En especial por esas acciones "reservadas" para el hijo de Minato. Lo que me hicisteis a mí, te lo hicieron a ti. – esa afirmación le cayó como un rayo en la cabeza a Hiruzen. – Me hace pensar que, lo que planean hacer esos tres es adueñarse no solo de las Hyuga sino también de las mías y obviamente, las tuyas.
Habiendo tenido suficiente, el exdirector finalmente se levantó del sofá y caminó hacia la puerta, estando a tiempo de que Tsunade le dijera una última cosa. – A diferencia de ti, yo no dejaré que eso ocurra.
Unos frenéticos golpes en la puerta, impidiéndole a Hiruzen de tener la oportunidad de dar una salida elegante y caballerosa, cuando Tsunade dio el permiso de acceso se limitó a abrir la puerta, dejando paso a Kurenai.
En sus manos, varias hojas.
– Directora Senju, tenemos una situación… Urgente. – explicó la pelinegra mostrando la hoja con la caricatura de Naruto a todos los adultos de la sala. Dejando incrédulo a Sarutobi.
– ¿Ino no ha llegado todavía? – cuestionó Sakura nada más plantarse donde el grupo se encontraba.
Sasuke a su espalda, se acercó con las manos en los bolsillos después de dejar sus cosas en su pupitre. A lo lejos parecía mantener una postura despreocupada, pero el hecho de que no apartara mirada de la Haruno, estudiando sus reacciones con cuidado, indicaban lo contrario.
No dijo nada cuando la novia del Nara abrazó con fuerza a Sakura, esta devolviéndoselo. La inquietud, ahora con la última parecía haberse aliviado un poco. Girando la cabeza hacia atrás, chocó miradas con Naruto, el cual recién acababa de hacer acto de presencia en el aula.
Sakura podría no haberse fijado en lo que estaba colgado por las paredes, pero él enseguida se dio cuenta. También de lo que había escrito y expuesto con tiza en la pizarra. Bueno… Lo que quedaba de ello, ya que Shion se encontraba borrando todo con prisas ante los mirones presentes en el aula. Esta última parecía muerta de la vergüenza, cada carcajada, a medida que pasaban los segundos, parecían dejarla tan rígida como una estatua y, sin embargo, se esforzaba en mantener las apariencias. – Tarde o temprano ocurriría…
Tampoco era de su incumbencia, enterarse de los amoríos del Uzumaki no estuvo en su plan en ningún momento, es más, fue por pura casualidad. Más que algo cómico, era irónico.
– ¿Los demás estáis bien? – la voz de su novia hizo que el Uchiha retirara la mirada de la pizarra con el fin de regresarla al frente.
– Ninguno pudo dormir. – Kiba sonaba fuera de sí con ese tono de voz.
Tampoco es que alguno tuviera tiempo de intentarlo con el poco margen de tiempo a asistir a clase y marcharse de la fiesta.
– Ino no vendrá, su madre me ha dicho que le ha dado un ataque de ansiedad. – dijo Chouji angustiado con la mirada pegada a su teléfono. Ante esa noticia, Sakura giró el rostro para mirar a Sasuke.
Acercándose instantáneamente para quedar a su lado, la Haruno apreció el gesto en el que a momentos previos de empezar las clases, su simple presencia le fuera de apoyo.
– Lamento no haber respondido antes, chicos… – se disculpó la Haruno sin más. – No estuve atenta de mi teléfono.
– Yo tampoco. – la pelirrosa no esperaba esa interrupción por parte del pelinegro a su lado, bajando su rostro hacia el de ella sin importarle lo más mínimo la cercanía entre ambos. Como un roce gatuno, los chicos entendieron ese gesto como una muestra pública de afecto. Sin embargo, eso no alivió del todo a la primera. – ¿Hyuga tampoco vendrá?
– ¿Se lo dijiste? – cuestionó Shikamaru a Lee, quien asintió, haciendo suspirar al primero.
– No se lo tomó bien. – la mirada cansada de Lee expuesta en el suelo del aula podía centrarse en un punto fijo, pero en su cabeza los gritos de Neji preguntando lo ocurrido con Tenten, seguían en su cabeza.
– Escuché al médico decirle a mi padre que… solo podemos esperar de si despierta o no. Lo más probable es que Neji se encuentre en el hospital. – expresó Shikamaru incapaz de contener otro suspiro lleno de estrés. – Y creo que es lo mejor.
– ¿Lo dices por lo de Naruto? – habló sarcásticamente el Inuzuka. – Algo más habrá pasado con él que no cuentas…
Ahí Sakura se perdió, no sabía a lo que se referían del todo.
– Problemático… – susurró el Nara con más enfado que pasotismo. Sus amigos no se dejaron engañar. Sasuke, en cambio, solo sonrió ladinamente.
– ¿Burlándote de los demás otra vez, Uchiha? – el pelinegro apenas pestañeó reconociendo la voz de Sai a sus espaldas. El último se sintió insultado ante la aparente mirada altiva y de aburrimiento por parte del mencionado una vez este se volteó. – Tú y yo debemos que hablar, sal fuera.
– No sé de qué… – proclamó firmemente con forzada desgana Sasuke pasando las yemas de los dedos de una mano entre sí, enfocando una mirada en estos.
– Dije que… – mandó con las uñas clavadas fuertemente en las palmas de su mano de la rabia. Esa impulsiva petulancia era insoportable. – Salgas fuera, Uchiha.
– No eres nadie para darle órdenes, Sai… – el pelinegro de cabello corto no tardó nada en colocar sus ojos en la Haruno.
– Cállate, estúpida… – echando la cabeza hacia atrás sorprendida ante esa respuesta de Sai, por poco no se ríe del insulto.
Incorporándose enseguida de su postura, el Uchiha frenó los movimientos de sus dedos apretando los dientes por dentro de su labio inferior. Los chicos y Temari esperaron lo peor para Sai cuando escucharon al primero tomar aire como si pretendiera estirarse. Avanzando unos cuantos pasos de manera amenazante, Sasuke finalmente miró a Sai, quien se enderezó en lo que empezaba a girarse para dirigirse a la puerta sur de la clase, reaccionó demasiado tarde cuando el Uchiha iba más hacia él que optar por otro camino para seguirle hasta la puerta. Apretó nuevamente las manos en puños cuando se percató de que Sakura, volvía a interceder, esta vez sujetando el brazo de su novio con las dos manos.
– No puedo evitar preguntarme que dirá el subdirector cuando se le enseñen las escenas tuyas provocando a Sasuke en el reportaje… – musitó con cierto tono cómico la pelirrosa, apoyando el costado de su cabeza en el mismo brazo que todavía sujetaba. Sasuke mantuvo la mirada fija en Sai.
– Solo íbamos a hablar. – no se le escuchó demasiado convincente mirando hacia las cámaras situadas fuera de la sala. Sobre todo para la pelirrosa.
Sakura escuchó como el pelinegro a su lado tronaba las articulaciones de sus hombros y cuello con anticipación. Sin embargo, en vez de lanzarse hacia el Shimura, lo único que ella vio que este hacía era voltear a mirarla en silencio por unos segundos y seguidamente, lanzarle una mirada de aviso a su compañero de clase.
Desafortunadamente, la campana de inicio de clases sonó y con ello, Sai no tardó en caminar hacia su asiento en silencio. – Lamento lo de tu hermano, Sai. Espero que aceptes mis condolencias.
El Shimura solo arrugó la frente y encogió los hombros lleno de disconformidad e insatisfacción. Escuchar a la Haruno decir eso solo lo irritó más todavía.
– Chicos, sean tan amables de irse a sus asientos… – la voz de Shizune distrajo a todos los alumnos de la clase, dejando tiempo a que estos lo hicieran, la morena observó por inercia a Sakura.
Ella se encargaba de guiar al Uchiha junto a ella a sus pertinentes asientos. A la derecha de la muchacha, Uzumaki ojeaba a los tortolitos con una mano aguantando su cabeza, manteniendo en su rostro una expresión agria, moviendo con nerviosismo un pie de la impaciencia. – Críos…
– Bien, no voy a entreteneros demasiado. Solo vengo a informarles un par de cosas. – comenzó la Sato parándose delante al atril en una postura recta. – Lamento comunicarles que el profesor Kakashi ya no será su tutor. Por motivos personales, dejó el trabajo.
Sakura ensanchó los ojos ante la noticia ¿Por qué? Por su lado, Naruto y Sasuke también se encontraban bastante contrariados. El resto de alumnos tampoco se lo esperaban.
– ¿Por qué? – jugando con la cremallera de su estuche Sakura no se molestó en levantar su mano para hablar.
– ¿Sí, Srta. Haruno? – la pelirrosa tragó saliva y humedeció los labios antes de volver a hablar.
– ¿Por qué el profesor Hatake dejó el trabajo? – repitió Sakura finalmente sintiendo todas las miradas en ella.
– No está claro. – esquivó Shizune consiguiendo que los ojos jade de Sakura se postraran en ella a la velocidad de la luz. Algo de lástima si le daba, ya que en la expresión de la alumna de Kakashi, parecía haber cercanía y lo más probable es que ella no supiera nada hasta ahora. – Ya dije, por motivos personales.
– El profesor Kakashi no se habría marchado así. – Shizune volteó a ver al Uzumaki literalmente frente a ella. En primera fila. – Lo sabríamos.
Agachando la cabeza con comprensión, la jefa de estudios se animó a mirar al Uchiha, quien callado también parecía esperar más detalles. Acto seguido, se limitó a alzar los hombros como la que no sabe.
Sin embargo, por intuición, quien sospechó que ahí había algo que fallaba, fue Sakura. – ¿Por qué no contestó mis llamadas antes?
– De todas formas, ya tenéis otro tutor. ¿Sr. Mozukai? Puede pasar. – tanto Sasuke como Naruto se tensaron ante la mención de ese apellido. El rubio el que más.
Yamato entró en el aula de espaldas, sin mostrar su rostro a ninguno de los alumnos. Estos muertos de ganas de conocer a su nuevo tutor, algo de impaciencia sentían en lo que una que otra chica rezaba de que se tratase de alguien atractivo. Girando su cabeza de golpe casi todo el alumnado palideció, con una expresión atemorizante debido a su piel pálida y ojos saltones enormes apenas adornados con pestañas y cejas demasiado finas, la luz del fluorescente no tocaba todo su rostro, dándole un aspecto fantasmal. – Buenos días, mi nombre es Yamato Mozukai, un placer conocerles.
Una expresión de susto graciosa apareció en la cara de Naruto al reconocer uno de sus profesores en Hokkaido. – Oh no… él no. Por favor que no me reconozca.
– Me alegra verles de nuevo, Naruto… Sasuke. – los dos se tensaron nada más escuchar su nombre de esa manera tan lúgubre. El rubio siendo el único en sudar frío.
– Tenemos que hablar. – ordenó Shion presentándose delante de Toneri a la hora del descanso, interrumpiendo la conversación que estaba teniendo con otros chicos. Viendo la reluctancia en hacerle caso, sumando las miradas incómodas de todos en ella… no le quedó de otra que bajar la mirada avergonzada. – Solo serán cinco minutos.
– Les veré en la cafetería, chicos. – habló entonces el albino girándose hacia la Fuji con tranquilidad.
– ¿Seguro? – dijo un compañero de clase con incerteza, ganándose una sonrisa burlona a modo de reafirmación junto a un asentimiento a modo de respuesta.
Toneri no se esperaba que Shion se le acercara nuevamente, no había más que verla sufrir el bochorno relacionado con el Uzumaki, juraría haberla visto con la cabeza gacha durante las primeras horas de clase. A diferencia de Hinata, quien se había saltado las primeras dos horas, seguramente llorando por alguna esquina. Detalle que no le costó imaginarse.
– Supongo que no querrás hacerlo aquí. – le susurró con cierto tono burlón.
Moviendo los hombros completamente irritada, se apresuró a asentir y empezó a andar fuera del aula lejos de los metiches que les miraban interactuar con curiosidad, no sin antes tomar su fiambrera conteniendo su almuerzo.
Caminaron hacia el ala menos frecuentada del edificio principal, hasta quedar frente a un par de ventanas.
– Déjame adivinar…
– Eres peor que un gilipollas, eso para comenzar. – no le hizo falta alzar la voz para sonar tajante. A pesar de todo, Toneri no hizo más que soltar un bufido nasal nada más escuchar el reproche.
– Eso no es para nada propio de ti, Fuji… ¿Por qué ser tan mala conmigo, hm? – imitando su tono infantil, el sueco añadió, solo para hacer la conversación más amena y cómica, una expresión de reproche similar a las que Shion hacía a menudo. – Ni un buenos días ni nada, que dirá la gente ahora de ti…
– ¿Te parece divertido compartir y colgar fotos editadas como la malnacida de tu novia? Te arrepentirás, te lo juro… Mi padre no se escatimará en ponerte en tu lugar después de esto, para que lo sepas. – encaró Shion firmemente, Toneri negó con la cabeza cerrando los ojos como si estuviera decepcionado de lo que escuchaba. – De saber que ibas a presentarte a mi fiesta a complicar las cosas…
– Lamento cortarte el discurso de muñeca con cuerda, rubita… solo que, te estás avanzando a los hechos. ¿De dónde sacas que fui yo quien colgó esas fotos por todas las paredes? ¿Acaso me viste hacerlo? Debo decir, que sí… fue divertido verlas, para que negarlo. – habló el Otsustuki apoyándose contra el vidrio de la ventana de espaldas.
– ¿Pretendes que esconda el hecho de que las fotos de Hinata y Naruto en el hotel no las hiciste tú? Ahora veo por qué te gusta Hyuga… – opinó Shion fríamente, consiguiendo minimizar la sonrisa del albino. – A lo mejor yo también me ponga hablar…
Ambos se quedaron en silencio una vez ella terminó de hablar.
– Tienes hasta finales de esta semana para devolverme el pañuelo, entonces si te parece, hablamos de lo que es mejor que no cuente… Ya tengo bastante con saber que la policía se presentó a mi casa con lo ocurrido con la amiga de mi hermanastra. – nadie escuchó como alguien parecía desenvolver algo de plástico no muy alejado de ellos.
– Hagamos memoria, si te parece… Shion. – remarcó a la primera oportunidad que obtuvo nada más la rubia delante de él paró de hablar antes de marcharse. – Fuiste tú quien me obsequió el pañuelo, obvio… y por razones lógicas que no te preocupaste en preguntar, dado que no te dio la gana, te digo que a caballo regalado no se le mira el diente. Aparte, un regalo es un regalo… así que gracias, hice con él lo que se me antojó. ¿Espero que entiendas a dónde quiero llegar?
Obvio Shion no le iba a responder, algo que ya se suponía. Cuando uno miente siempre se apresuran a negarlo todo.
– Por si no te ha quedado claro, tú también estás metida en esto, con lo Uzumaki… Por voluntad propia. No te obligué a dármelo, simplemente lo hiciste. Bien… entonces ¿Por qué debería molestarme en devolvértelo? Haberlo pensado antes… – Shion no hizo más que tensar la mandíbula. – No eres ni la mitad de inteligente que te crees ser, guapa. Solo un poco más que Hinata y con suerte. Espero haber dejado todo claro ¿Sí?... A no ser, que te apetezca entrometerte donde no te llaman…
Toneri avanzó un paso de manera amenazante hacia Shion, la cual instintivamente reculó instintivamente.
– Mi padre me reclama el pañuelo, Toneri-kun… No está precisamente feliz con lo ocurrido en la fiesta. – mirando hacia el suelo, no se percató de lo mucho que apretaba sus manos en puños sin ver como el albino se paraba frente a ella, mirándola de lo más aburrido.
Al pronunciar su nombre propio, esperaba que su tono de voz sonase tan despectivo como esperaba. Mucho más que como cualquier apodo que él pudiera ofrecerle de vuelta como represalia.
– Eso suena como tu jodido problema, Shion-chan… – aclaró él inclinándose levemente para que su rostro estuviera a la par que el de ella.
– Sé que le dijiste a Abumi lo de mi fiesta…
Chasqueando la lengua, Toneri estuvo a punto de poner los ojos en blanco y de arrugar la nariz. – Era tu pañuelo, tu fiesta… tu casa.
Con un par de palmadas "amistosas" en el hombro de la Fuji, Toneri se animó a voltearse para empezar a dirigirse hacia las escaleras más cercanas. ¿Y qué si le pudo haber comentado a Zaku lo de la fiesta? Ni se acordaba de si lo hizo o si fue casualidad, pero la rubia había compartido el evento en el chat grupal. Todos los que estuvieron dentro, lo vieron…
De verdad que ahora, más de mal humor que antes, le apetecía incordiar a tal estúpida rubia de alguna manera. Ya había sido lo suficientemente formal con ella hasta ahora, estaba harto de que la gente persistiera en buscarle las cosquillas solo para joderle el día a día. – Esta gentuza está dándome ganas de cometer alguna locura…
Saboreando un chupetín de frambuesa, Sakura estuvo a punto de enviar otro mensaje a Kakashi. Ninguno de los anteriores fue leído, sonaba de lo más extraño que él dimitiera de la nada y es más, que ella no lo supiera.
Lo más enervante es que no había notado nada raro en él, cosa que la confundía todavía más. Repasando lo ocurrido recientemente con él, no podía evitar pensar que no le agradeció mucho su ayuda ni tolerancia con ella. Debía admitir que su afán por llevarle la contraria y rebelarse solo para cometer alguna "estupidez sin pensar", como solía frasearlo más de una vez como con Naruto y Sasuke.
Retirándose el caramelo de su boca tomándolo del palo blanco, lo sostuvo a un lado mientras terminaba por borrar el mensaje. Estaría ocupado, seguro… No podía asumir lo peor por algo que no era novedad con él, manía que ella había acaparado de él también en muchas ocasiones. Sin embargo, había algo extraño…
Supongo que lo mejor sería intentarlo más tarde otra vez, debido a que actualmente… Le preocupaba mucho más lo de Tenten y como olvidarse de Ino. El crujido del envoltorio del chupetín debajo de su pie la distrajo, se reacomodó los audífonos que camuflaban todo ruido de sus orejas, ni se acordaba que había puesto música a volumen bajo, la cual pausó.
– Fuiste tú quien me obsequió el pañuelo, obvio… y por razones lógicas que no preguntaste, porque no te dio la gana te digo que a caballo regalado no le mires el diente. Aparte, un regalo es un regalo… así que gracias, hice con él lo que me dio la gana. ¿Entiendes a dónde quiero llegar? – escuchó que decía alguien en el piso de arriba, el eco de esa voz masculina le sonaba. Arrugando el entrecejo con confusión, se incorporó del escalón y volvió a meterse el chupetín en la boca. – Por si no te ha quedado claro, tú también estás metida en esto con Uzumaki… Por voluntad propia. No te obligué a dármelo, simplemente lo hiciste. Bien… entonces ¿Por qué debería molestarme en devolvértelo? Haberlo pensado antes… No eres ni la mitad de inteligente que te crees ser, guapa. Solo un poco más que Hinata, con suerte. Espero haber dejado todo claro ¿Sí?... A no ser, que te apetezca entrometerte donde no te llaman…
– Mi padre me reclama el pañuelo, Toneri-kun… No está precisamente feliz con lo ocurrido en la fiesta. – eso llamó mucho la atención de la pelirrosa ¿De qué estaban hablando precisamente?
– Eso suena como tu jodido problema, Shion-chan…
– Sé que le dijiste a Abumi lo de mi fiesta…
– Zaku ¿Estuvo ahí? ¿Por qué no me avisaron? – renegó mentalmente con estrés, soltando insultos y maldiciones entre dientes. Mientras que su conciencia, no hizo más que responder su propia pregunta. – No les preguntaste…
– Era tu pañuelo, tu fiesta… tu casa.
Sintiendo su reloj vibrar en su muñeca a la par de su móvil, Sakura se apresuró en ver que se trataba de un mensaje de Sasuke.
– Estoy en el descampado de fútbol. – leyó con calma. Enseguida se le vino a la cabeza lo poco que le entusiasmaba la idea de ir ahí, mucho menos ahora.
De espaldas a las escaleras, no tardó en escuchar pasos detrás de si, por ello se animó a avanzar en silencio con miles de detalles en su cabeza.
– ¿Haruno-san? – escuchó que la saludaban, pero ella siguió andando. Sabía que se trataba de Otsutsuki. Jugando con su dulce dentro de su boca con su lengua con gusto al sabor que tanto le gustaba, le ignoró. Obvio pudo notar como este caminó rápido para colocar una mano en su hombro. – Hola, Sakura-san…
Toneri, esperaba que la chica volteara de mal humor y le respondiera de una manera arisca, pero no. Ella únicamente frenó y le miró, hasta que vio que se retiraba unos auriculares inalámbricos de sus oídos. – No es de extrañar que no me oyeras, te he saludado dos veces… Ya sabes, pensaba que volvías a ignorarme.
– ¿Necesitas algo? – volviendo a ponerse a andar regresando la mirada al frente, se mordió la lengua para no ser tajante.
– Solo me sorprende verte por esta ala, solo suele estar repleta de gente en horario de clase y por clubes…
– Intento escabullirme de las cámaras. – su respuesta hizo que Toneri ladeara la cabeza.
No quería tener nada que ver con el reportaje, en absoluto y si llegaba a ser enfocada a una por un solo segundo, Hiruzen y la directora se iban a enterar.
– ¿De qué te preocupas? Viendo tu perfil en redes, eres muy fotogénica… – halagó el albino con una sonrisa innecesariamente coqueta. Viendo que no le respondía, tal vez volvió a meter la pata se apresuró a regresar a su lado. – No estoy intentando flirtear, puedes estar tranquila, a no ser que lo quieras…
– Tsh…
– Solo juego…
Dudando de si todos los suecos coqueteaban por doquier con cualquiera mujer frente a sus narices, volvió a quedarse callada mientras a su lado, el albino se carcajeaba él solo.
– En serio, es solo un penoso documental de una semana… Unos cinco capítulos que se retransmiten a partir de hoy en la noche. Los finalistas a la beca debemos aprovechar la ocasión. – animó Toneri hablándole con un tono aterciopelado, sonaba como el tacto de la piel de un melocotón, solo que para ella, era como pasarse papel de lija como exfoliante facial. El efecto era el opuesto.
– Tu tía debe haberle dado un generoso cheque a cada inversor nada más para escucharte decir algo semejante. – no fue su intención sonar de lo más escéptica al musitar tales palabras.
– Supongo que eso no es ningún secreto… – respondió entonces el albino. – ¿Tu padre también?
– Dije eso para obviar mi desinterés sobre a este tema, Otsutsuki-san… – el pop que su boca hizo nada más volver a retirar el dulce de su boca atrajo la mirada gris de Toneri a sus labios, sobre todo cuando enseguida lo volvió a introducir a ahí durante unos segundos para repetir la acción, descansando la chuche en una mano. – ¿Esperas mi ayuda o colaboración en él, te envía Sarutobi?
Su acompañante abrió la boca, pero no estuvo a tiempo de responder.
– De ser así, pierdes el tiempo.
Su risita acaparó la atención de la Haruno, quien solo le alzó una ceja a lo soberbia.
– ¿Piensas que te hablo solo porque no estás conmigo frente a las cámaras junto al otro par? – indagó encontrando entretenido el rumbo que estaba tomando la conversación. – ¿Acaso un chico no puede estar interesado en una chica tan adorable como tú?
Buaj…
– Tú no estás interesado en mi. – el calvario del patio frontal se empezaba a escuchar en lo que ambos se acercaban a la entrada principal. Empezando a morder con fuerza el chupetín para trocearlo entre sus fuertes dientes, sintió el jugo de fruta bañar su lengua, cosa que le hizo estar en silencio unos segundos. – Únicamente te apasiona la persecución por cualquier cosa, lo que supone un reto…
– No lo digas como si fuera algo malo… Eso no me pone ningún impedimento. – ojalá tener algo con que azotar ese pálido y enervante rostro a su lado. Había conocido ya muchos tipos como él. – Tu novio comprenderá que una mujer de tu calibre, cautivará a la mayoría. Fuera y dentro de cámara, Haruno.
Sakura le miró de arriba abajo callada, masticando tranquilamente el resto del contenido en su boca. Sonaba como si ese comentario tuviera que ganarse una expresión o gesto como respuesta. Era fácil anteponerse a las motivaciones del albino, por eso no opuso resistencia a conversar con él, lo que se dijera… Carecía de importancia, de momento.
– Y yo creyendo que solo te interesa tener la atención absoluta de Hinata… – comentó irónicamente la pelirrosa.
– … – a Toneri se le tensó la sonrisa ante la mención de su ex prometida. – Veo que no estás puesta al día con lo sucedido por el campus.
– Oh, ahí te equivocas completamente. – corrigió Sakura colocando una mano en su cintura e inclinado ese lado levemente para apoyar su cuerpo más a un pie que en otro.
– Ah, entonces ya sabías, que Uzumaki se ha cepillado a unas cuantas… Debí suponerlo, fue estúpido de mi parte. – bromeó él agradeciendo que una expresión similar cupiera en la faz de la pelirrosa, sin saber que en lo último, si concordaba.
– ¿Qué de fascinante tiene saber con quién se acuesta Naruto? – Toneri solo cerró los ojos y negó con la cabeza. Aunque no fuera la que se esperaba, algo molesto si estaba con saberlo, se esperaba otra reacción. – Es un tema bien opuesto a lo que verdaderamente considero sustancioso… Igual que como con cada conversación que mantengo contigo.
Considerando esa pulla fascinante como innecesaria, las comisuras de los labios del Otsutsuki empezaban a doler de tanto estirar su boca en una sonrisa tan forzada.
– Tus motivos tendrías por ir a la fiesta de Shion, supongo… Tal vez querías incordiarla usando a la anfitriona, teniendo la oportunidad de que hubiera una escena. Lamento quebrar tu fantasía de tener ese plan conmigo, chaval. – soltó Sakura ya sintiendo como sus cables internos soltaban chispas.
– Hinata no es importante, tampoco tuvo la oportunidad de asistir debido a…
– Me da igual, no me interrumpas cuando hablo. – intervino ella fulminándolo intensamente con la mirada, eso hizo que Toneri le viera atentamente con una mirada afilada pese su sonrisa, ni una mujer se atrevió a encararlo así libremente en su vida o mucho menos mirarlo como si fuera un trapo al que ensuciar con betún para zapatos. – No eres más que otro nepo baby del montón, Toneri-san y ¿Sinceramente? Eso te hace parecerte algo a Naruto.
A pesar de las muchas notorias diferencias entre ambos… Los dos creen que su opinión va por delante a la de los demás.
La sonrisa en la cara del ex de Hinata empezó a desaparecer. – Discrepo, Haruno-san…
– Parece que toqué un nervio… – reflexionó ella mientras estudiaba la reacción del albino detenidamente. Su conciencia hizo una mueca de asco y aburrimiento viendo como se preguntaba si había sido algo borde con sus palabras.
– Espero que tu orgullo no se hunda tan fácilmente a la hora de aceptar la realidad ¿De acuerdo? Y que a su vez, consideres esto, como mi rotundo rechazo a tus "avances" hacia mi…, ya que los dos no hacéis otra cosa que incomodarme. – satisfecha con sus palabras, la ojiverde pestañeó unas cuantas veces hacia él, dedicándole una sonrisita ladina de mientras antes de marcharse de ahí, dejando al Otsutsuki ahí quieto, tenso de la cabeza a los pies.
No podía precipitarse demasiado, pero por costumbre… no le quedaba de otra que imaginarse lo indeseable en la estúpida fiesta de Shion. Tenía sus preguntas ahora y en cierta manera, curiosidad en saber de qué hablaban realmente y porque el Abumi fue mencionado. Todo eso sería mucho más soportable si al decirle a Kakashi, este me contestara…
– Ah, ahí estás… Usted es Haruno Sakura ¿Sí? La cuarta finalista de la beca. – habló el director del reportaje apareciendo de la nada, seguido por camarógrafo y demás.
– Mierda… – maldijo la pelirrosa frenando en seco.
– Hemos preguntado a varios estudiantes, sabemos que tienes buena reputación como estudiante y que eres bastante popular… Díganos ¿Qué opina de este campus?
– Yo… ahm… – maniobró nerviosa, sintiéndose incómoda al ver como el cámara giraba por un lateral y se paraba a metro y medio de ella. – Es que, ahora no…
– Cortaremos esa parte. – ordenó al cámara Kazuma mirando su libreta de preguntas. – Si no sabe qué decir sobre esto, cuéntenos sobre usted. ¿Le resultó difícil aprobar los exámenes finales de secundaria inicial para acceder a este instituto?
– En realidad, no… – buscando la manera de escabullirse, pensó que las preguntas no podían llegar en el peor momento. Tenía que haber cerrado el pico para que el universo no la escuchara hablar del maldito reportaje, cualquiera pensaría que los había invocado.
– Ya veo ¿Qué la motivó estudiar aquí a pesar de su situación económica?
¿Qué?
– Situación económica… ¿Disculpe? – apretando los labios con incordio, el brillo de su mirada jade cambió a uno todavía más serio. – ¿Cómo se atreve? ¿Tiene algo de malo que las personas que no provienen de familia adinerada puedan acceder a cursar a institutos de clase alta? ¿A eso se refiere?
– No… – se apresuró a decir el hombre empezando a sudar.
Tsunade miraba los arbustos perfectamente podados de las jardineras que rodeaban el edificio del patio delantero tomando el aire. Volviendo a levantar la revista de medicina en su mano, prosiguió leyendo el artículo que describía su estudio médico más reciente hasta que unas voces la distrajeron. Empezando a acercarse distinguió a Sakura.
– No solo indaga en información personal sin mi consentimiento, sino que además, cuestiona mi derecho de estudiar aquí o tal vez, en cualquier instituto de alto rango de todo el estado. – apretando las manos en puños, Sakura intentó calmarse para no estampar la cámara frente a ella al suelo.
Tsunade arrugó la frente lo que había podido escuchar en lo que se acercaba cada vez más.
– ¿Usted lo ve como derecho? ¿No lo considera suerte? Se encuentra rodeada no solo de personas que la pueden ayudar con su influencia, sino también de profesores docentes que pueden abrirle puertas para un futuro prometedor…
¿Hoy era el día de los gilipollas y se lo había perdido?
– Díganme señores, ¿Cuánto les pagaron para hacer este…? – inició la Haruno con enfado sin percatarse de la rubia acercándose a ellos por su espalda, sus altos y caros tacones sonando a cada paso que daba.
– ¿Todas vuestras entrevistas a cada alumno tendrán este tipo de preguntas Sr. Seguchi?
Parándose al lado de la pelirrosa, Tsunade les dedicó una mirada de discrepancia al equipo del documental.
– Intentamos hacer nuestro trabajo con la información que se nos compartió… – el director se postró con una formal sonrisa tras ofrecer una inclinación leve como saludo. La rubia no le dio mucho caso y simplemente bajó la mirada a la estudiante a su lado, parecía un gato dispuesto a saltar hacia su presa para morderla, solo le faltaba ver varios mechones de su ahora corta melena algo levantados de la rabia. Era algo divertido, pero, sin embargo, comprendía su ira.
– Haruno, acompáñeme. – colocando su mano en el hombro de la susodicha, le hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera.
– Disculpe, pero estábamos entrevistándola… – intentó frenar el entrevistador.
– Bueno, pero que yo recuerde, ustedes no mandan aquí ¿O se olvidaron? ¿Quieres hacer la entrevista? – mirando hacia Sakura con esa última pregunta, contempló como ella se quedó algo sorprendida ¿No que ella autorizó el reportaje? Hasta que ella negó con la cabeza, no regresó su vista al equipo para dedicarles una mirada de aviso a cruzar la línea con ella. – Ya lo ven, vamos…
– Pero… – musitó Seguchi sin poder dar creces a lo que acababa de presenciar.
– No les mires y camina deprisa. – mandó de nuevo la Senju para la menor quien levantó una ceja sin entender. – Una simple curiosa mirada puede indicarles que podrían volver a intentar acorralarte con preguntas un rato que te vean sola… Les dará igual que estés con tu novio u otro estudiante.
Sakura se limitó a apretar los labios entre si haciendo un puchero silencioso. Mordiéndose la lengua para no despotricar, hacerlo le ganaría problemas. Además, en cierta manera, en ocasiones así… Kakashi siempre hablaba con ella y ahora… No sabía que lo molestaba más, estaba siendo un día horripilante aunque este hubiera empezado bien.
– Cuando madures todavía más y tengas más años, te darás cuenta de que siempre habrá gente así a donde sea que vayas, sean o no menos directos… – Tsunade enrolló la revista en un cilindro, solo que sin cerrarla. – A los hombres les encanta ser así.
– ¿Cree que es la primera vez? Se me recuerda constantemente que no tengo los mismos privilegios que la mayoría de aquí… – respondiendo a la rubia frente a ella, notando como su sonrisa orgullosa se ensanchaba, finalmente apartó la mirada al objeto en sus manos. La Senju tardó poco en darse cuenta de ello.
– Evidentemente, comprenderás que en esta ocasión, desahogarte con esta gente te perjudicaría más. – Sakura arrugó la nariz con irritación. Estaba insatisfecha y lo comprendía demasiado bien.
– ¿Por qué debería importarme un… documental que no me aportará nada? Se equivocan si esperan que voy a colaborar en él y hacer el papelón solo para que los futuros alumnos de arriba en la pirámide, consideren donar más dinero para quien sabe el qué… Oh, no espere, sí… Para ganar puntos extra en notas académicas y probabilidades de la estúpida beca. – Tsunade consideró que lo mejor era dejar que se desahogara. – Llevo desde la secundaria inicial en este campus, estoy acostumbrada a que se me infravalore no solo por ser mujer, por casi todos los profesores y alumnos. No pienso disculparme por despotricar frente al grupito de la prensa rosa de Otsutsuki.
– Ser mezquina solo por no ganar la beca, no te ayudará en nada, linda. – habló por experiencia la Senju. – Deberías enfocarte en lo más importante, a fin de cuentas, sigues siendo una finalista.
– Qué más da si lo soy, cada año he participado en diversos clubes y ayudado en comités estudiantiles, estudio hasta tarde y siempre hago todas las tareas o trabajos de cada materia… Esa beca, era mi oportunidad a poder aspirar a un futuro mejor. De romper la cadena y abrirme paso a una etapa mejor en mi vida… Simplemente, me olvidé que muchas veces darlo todo no es suficiente.
– Esa subvención no te habría ayudado mucho en realidad.
La Haruno sintió como si su piel se erizara como la de un gato siseando a otro en modo de reto.
– Piénsalo ¿Qué cambiaría? Déjame preguntarte algo… ¿Sabes por casualidad qué carrera vas a elegir? – indagó Tsunade pestañeando un par de veces, tomando desprevenida a la pelirrosa. – ¿Lo pensaste al menos?
– No… no lo hice. – meditó para si misma, esa reflexión le aceleró el corazón.
– Es una lástima, entonces...
Girándose para alejarse de la directora, Sakura no dudó en querer decir unas últimas palabras a la primera. – No aguanto a las personas falsamente condescendientes, sabiendo que usted ganó la beca y proviene de una larga generación de renombre, no cuenta como mayor ejemplo para hacerme cambiar de parecer…
– Eso no me impide hablarte con experiencia. Puedo haber tenido muchas puertas abiertas, sin embargo, seguí pasando por toda clase de infravaloraciones. Tal cual tú tendrás que soportar, sin importar nada. No es condescendencia, ya que realmente creo que te merecías ganar la beca de todos los finalistas. – Tsunade negó con la cabeza haciendo memoria de muchas cosas. A Sakura le costaba creerla. – Tienes razón en ciertos aspectos, yo no necesitaba y aun así la gané… Eso no me hizo sentirme mejor que los demás y aun así, esa beca… cubre apenas necesidades básicas y no todo al alumno. Está pensada como crees, para personas falsamente condescendientes, gente nepotista que nada en privilegios. Deberías haber pensado detenidamente… Que eso, de haber ganado, no cambiaría nada. Por eso la cúspide de la pirámide, es tan diminuta. Si no tienes idea de qué camino vas a tomar… ¿Para qué la usarías? Dime, tengo curiosidad…
La adolescente frente a ella se quedó en silencio. A pesar de todo ese dinero que tenía ahora en su banco, no pensaba hacer demasiado uso del mismo, ya que tampoco sabía qué hacer con él… Joder.
– Tú y Uzumaki no sois demasiado diferentes en este aspecto. De verdad creo que los dos tenéis potencial, en especial tú, Haruno. Hiruzen podrá ser un ignorante, pero yo he podido ver en primera persona por qué Hatake os valora tanto… Toma. – tendiéndole la revista abierta a la ojiverde, quien tardó en tomarla, esperó que leyera el artículo con tranquilidad. Le divirtió bastante ver como sus pupilas jade bajaban y subían con rapidez al leer, como si memorizara cada palabra escrita en ella.
– Créditos por colaboración en un estudio médico… ¿Qué? Cuando colaboré… – preguntó brevemente la pelirrosa confundida. Tsunade entonces sonrió.
– ¿Realmente no tienes idea de lo que significa? Ese día, castigada en la biblioteca, no solo cambiaste completamente mis fórmulas matemáticas, derivaciones, etc. por algo similar a lo que el profesor Morino os puede hacer solucionar en álgebra. – Volviendo a leer el título de la revista, comprendió que se trataba de una revista de medicina. – Redirigiste, mediante métodos poco famosos y bastante anticuados, todo mi estudio… Dando resultados favorables para el mundo médico. Aunque estén en proceso de desarrollo todavía, sigue siendo un gran avance. Probablemente, yo hubiera tardado más meses que tú o tal vez lo hubiera terminado desistiendo. ¿Cuánto tardaste tú, cuarenta minutos?
– Sin embargo, tampoco te pidieron permiso para publicar tu nombre… – la voz de su consciencia daba paso a mucha incerteza. Ante la nueva mención de Kakashi y su comparación de ella con Naruto, esas palabras habían sonado como un café con sal. En cierto modo eso sonaba como a karma con lo que le dijo a Toneri. – Pero nosotras no es como si nos molestáramos en hacer lo mismo para modificar todo el estudio…
– ¿Lo entiendes ahora, pequeña? Esta es la clase de méritos que necesitas, eso es lo que te abre puertas. La vida no consta solo de oportunidades, también hay que saber elegir bien, justo como lo que te hizo querer borrar todo mi estudio de largas semanas, sin pensarlo dos veces… – ese último comentario incomodó a Sakura, quien se encogió de hombros. – Nadie te puede quitar este logro y ciertamente, lo considero mucho mejor que esta estúpida beca, así que siéntete orgullosa, igual como tu novio el Uchiha parece estarlo de ti.
¿Sasuke?
Alzando las cejas y volteando los ojos aunque estos estuvieran cerrados, intuyó, debido a su persistente expresión de confusión que no sabía de qué hablaba. – Se quejó a Kakashi, quien reenvió su nota por el foro del instituto directamente a dirección, donde afirmaba que él no la necesitaba y que debían darle su lugar a quien se lo merecía. A ti. Aparte de otros comentarios descomunalmente e innecesariamente maleducados que no pienso molestarme en decirte.
– ¿Por qué se fue el profesor Kakashi? – se atrevió a preguntar tras unos letárgicos segundos donde lo único que se escuchaba eran los otros alumnos disfrutando del recreo. – Shizune-san nos dio largas.
Heh, Tsunade enseguida se percató que la Haruno no cesaría de insistir. No quería ocultarle lo sucedido, por más que ahora todo estuviera "pausado" a causa de una divina intervención del abogado del profesor. ¿Era prudente decírselo? Se sentía como una mala elección…
– Encontró otro trabajo. – técnicamente, no era una mentira. – Shizune me hizo saber como los de tu salón se tomaron la noticia, pero por qué esa insistencia ¿Por qué quieres saberlo con tanta urgencia? ¿Algo que contar?
La expresión de Sakura se enfrió, transformándose a una de sospecha. – No.
Por su tono arisco, la directora aceptó su error en como terminó diciendo las cosas. No planteó bien sus palabras. – Es familia para mi. Alguien que estoy acostumbrada a tener en momentos difíciles desde la preadolescencia.
– Así que a eso se refería Hatake… – Rascándose la ceja pensativa ante la atenta mirada la de la pelirrosa, torció sus labios ante la confirmación de que todo ese numerito fue llanamente para librarse del profesor de filosofía. – Son cosas de mayores.
– Me lo hubiera dicho. – rumió con algo de tristeza y rabia.
Jaleo y gritos provenientes de algún lugar cercano se escucharon, ambas, por inercia, voltearon hacia donde se escuchaban más los ruidos, aunque solo Tsunade hizo el ademán de dirigirse hacia ahí, sospechaba de que iba.
– Quédate con la revista si quieres. – interrumpió la rubia apartando la mirada. – Tengo cosas que hacer.
Apretando el extremo que aglomeraba todas las páginas del semanario con una mano, Sakura apretó sus dientes entre si con molestia. No solo por lo de Kakashi y lo de ahora, Toneri & Company… Karin y lo que más la preocupaba, saber que Zaku estuvo en la fiesta, todas sus alarmas internas no cesaban de sonar. Era una luz roja, muda que no podías ignorar.
El tacto de la yema de unos dedos que reconocía a la perfección rozaron desde la parte superior de su brazo hasta su muñeca y así acto seguido sujetarla suavemente, con fuerza, girando su cabeza. Encaró a Sasuke.
– ¿Todo bien?
"Se quejó a Kakashi, quien reenvió su nota por el foro del instituto directamente a dirección, donde afirmaba que él no la necesitaba y que debían darle su lugar a quien se lo merecía. A ti."
Se dejó agarrar de la mano, sorprendentemente. Sabía que la naturaleza despreocupada de su novio no le importaría dejar ver a terceros, muestras de afecto, con cierto límite, solo que el toque de ahora se veía de lo más íntimo, especialmente por como forzó sus delgados dedos a abrirse para que pudiera entrelazar su enorme mano con la de ella y tirar en dirección opuesta. Lejos del jaleo.
Decirle que le preocupaba lo de Kakashi era fácil y lo de Zaku también, pero… ¿Por qué se había olvidado de cómo? Por donde empezar… Abriendo su boca con un temblor de ansiedad, no llegó a decir nada. Sus tripas sonaron escandalosamente por comida. – Hn.
– Vamos a conseguirte comida. – sugirió con un leve subtono burlón, tirando de su mano y comenzando a andar lejos de ahí.
Fue algo extraño ver a Karin con su grupo, todo el mundo situado en el césped que hacía bajada al campo de fútbol. Comiendo entre si, casi todos estaban en silencio. Mirando hacia el Uchiha cuando vio que este la soltaba y caminaba con cierta prisa hacia Suigetsu, notó como le arrebataba cierta bolsa de sus manos. Fusilándolo con su mirada amenazante al encontrarse el contenido de dentro, picoteado. – ¡Ei! Oh… ¡Dejaste comida desatendida a tu propio riesgoaaaaroough!
En lo que se echaba para atrás apoyando sus manos detrás de él, como castigo, el pelinegro al andar de vuelta a su sitio, le pisó la mano. Acercándola con él, ambos finalmente tomaron asiento en el césped junto a los demás, para finalmente tenderle la bolsa que antes sujetaba el albino. Dentro, se encontraban sus aperitivos y frituras favoritas, algunas bañadas en chocolate.
Nos conoce demasiado bien.
Abriendo el paquete de fruta deshidratada, se metió un pedazo de mango en su boca frente la atenta mirada del pelinegro, quien satisfecho con verla comer, tomó la iniciativa de sentarse a su lado, una rodilla levantada para apoyar su codo en ella y la otra para hacer apoyo de su peso en el suelo. Dejó que ella descansara su cabeza encima de su hombro cariñosamente, pensativa. Cuando estaba así de callada, le recordaba a esa charla en la playa de Atami… Las chicas ya lo habían dicho en su momento, cuando está así de rara, algo malo ocurrió. No la culpaba, debía ser por su amiga, era normal que todos estuvieran chocados por lo sucedido…
– Tu amiga se recuperará… – habló él en voz baja para ella sus labios casi rozando su frente, sin premeditarlo, sus palabras las escucharon todos. Sakura, al oírle sonrió brevemente y asintió, aunque eso no fuera lo único en su cabeza.
El resto no se lo esperaban. Para la mayoría, era la primera vez que escuchaban a Sasuke animar con palabras a alguien. Desde luego no se habían detenido a pensar que solo porque no se comunique como la mayoría, no significa que no se preocupe… Lo hacía, y mucho.
En la lejanía, Yamato observaba de brazos cruzados el grupo que rodeaban a la pelirrosa y a Sasuke. Girando la cabeza, hacia donde sabía que se encontraba Naruto, optó finalmente para caminar por dónde había observado de dónde la pareja había venido. Ignorando la entrada del edificio principal, escuchó el sermón de la directora.
El rubio, sentado de rodillas al lado de otro par de chicos. Los tres con los rostros algo magullados debido a una pelea. El motivo, el maniquí vistiendo lo que parecía ser una gabardina negra, echa trizas, sucia y garabateada hasta arriba de insultos con pintura roja. El muñeco, tampoco se había salvado de la trastada. Donde la cabeza, le habían pintado ojos e incluso las marcas en las mejillas tal cual tenía Naruto y encima, un falso tupé rubio.
Kakashi le había avisado de que el inseparable dúo de Naruto y Sasuke, ya no era tan inseparable. Aunque a decir verdad, no se esperaba que fuera a este nivel… Era obvio que de los dos, era el Hatake quien les conocía más. Tratar con ellos en Hokkaido fue todo un reto y esto, implicaba que lo sería todavía más.
– Veo que no has aprendido nada, Uzumaki Naruto. – habló de brazos cruzados la directora, el mencionado solo mantuvo la mandíbula tensa con la mirada en un punto fijo en la arena del patio. Mirando hacia los otros alumnos, la Senju agravó su expresión de enfado para seguidamente inspirar con fuerza. – ¿Y ustedes? ¿Me pueden explicar que es todo este numerito? ¿Qué les hace pensar que pueden mancillar material del instituto de esta forma?
– No podíamos esperar todos que todo fuera un final feliz una vez lo de Sasuke y su hermano se solucionó, que no habría más dramas… – meditó el nuevo tutor del salón 2-A mientras estudiaba la expresión de su alumno. – Me sorprende que sea por una chica, por más que Kakashi se empeñe en que va más allá…
Debía admitir que estaba sorprendido con todo lo que el Hatake le había explicado y le había costado asimilar encontrarse con un Naruto tan… fuera de si. Tan, egoísta. Perdido.
Observó como Naruto reajustaba su incómoda postura de rodillas en el suelo, conociéndole a la mayor distracción por parte de la Senju, echaría a correr y fugarse para librarse de un castigo inevitable. No sería la primera vez y sinceramente, solo le traía más problemas. Andando detrás de los tres muchachos, paró justo detrás del Uzumaki, haciendo que este se tensara. Le dedicó otra de sus útiles miradas fantasmales, que hizo que Naruto sudara y temblara de horror graciosamente, peor que los otros dos. Su expresión indicaba "Atrévanse a escaquearse y veréis… "
– ¿Puedo sugerirle un castigo más original, directora Senju? – interrumpió Yamato viendo como la rubia que se mantenía de brazos cruzados, movía el pie de manera insistente a la par que uno de sus dedos índices contra su brazo. – Que sirva para lección de todos los involucrados.
Por más que ese primer comentario no le sentara demasiado bien, Tsunade alzó una ceja demostrando que el nuevo profesor tenía toda su atención.
Espero que les haya gustado el capítulo, muchas gracias por leer.
En un principio no pude imaginarme que el capítulo llegara a ser tan intenso y oscuro. No sé cómo me arreglé a hacerlo, la verdad.
Para los que se sorprendan con la actitud de Hinata, entiendo que les sea algo disparatado y muy fuera de su personaje lo que le sucede. Lo he meditado mucho, pero me he limitado a seguir mi instinto para esta historia. La quiero así, porque es mi modo de hacerla más interesante. Ya les repito que no es odio. Lo mismo va para Naruto y otros personajes. Esto es un drama y Sakura también se deja llevar mucho por su ira. Yo personalmente, me habría abstenido a reaccionar así con Toneri, muy habiendo escuchado parte de esa conversación de Shion y él. Por eso no me contuve e hice que Tsunade también, a su forma, la pusiera en su lugar. Diciéndole lo mismo.
¿Qué pasará a partir de aquí? ¿Qué se esperan para futuros capítulos? Me encantará leer sus comentarios.
Un abrazo enorme,
Hasta el próximo capítulo.
XOXO
