Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.

Hola, ojalá sea de su agrado la historia.


La sonrisa apareció de manera automática en la boca de James, observó a cada uno de sus cómplices, suspiró, había muchas cosas que quería ordenarle a Lupin, pero sería muy obvio qué intensiones tenía, y no quería que Keller se oliera ni un poco de sus planes, de sus relaciones que aún mantenía fuera de Azkaban.

—No te rías de mí –pidió Ted –simplemente dime, ¿qué quieres que haga ahora? Me has dicho que mi esposa está siendo acosada por un maldito jefe de policía, sabes mejor que nadie, que tu padre no hará nada para solucionarlo, solo lo empeorará si lo sabe.

—Ya lo sabe –informó tranquilo –de hecho, lo he traído aquí antes que, a ti, para preguntarle por Keller.

—Demonios, James ¿realmente te importa ella?

—Estás aquí, ¿no es cierto? –Cuestionó.

—Lo estoy, pero también tu padre, no sé qué demonios pasó entre ustedes, pero sabes que realmente no le va a importar sacrificarla con tal de que pagues lo que hiciste.

—Estoy en Azkaban, ¿no es así? –se burló de su cuñado.

—Claro, estás en una prisión de alta seguridad, mandándome traer, como si fueses el maldito director de la prisión, ¡James, esto es por ella, no por tu maldita capacidad de poder!

—Sebastian Keller tiene los contactos suficientemente buenos, para quitarme mis privilegios aquí, el hecho de que estés en este sitio, es más por un favor personal, que por mi poder ilegal ¿comprendes esto? Lily realmente no está a salvo ahí fuera.

—Eso ya lo entendí, no soy estúpido, como siempre has creído.

—Bueno, que desconfiaras de Keller como factor secundario a celos, sin duda dan un buen referente, cuñado.

Ted Lupin exhaló enfadado, avanzó hasta el castaño y su puño se estrelló en su rostro, bastante fuerte, los tres hombres en el lugar se observaron entre sí, nadie tenía oportunidad alguna de hacer algo así, y que James simplemente sonriera y se limpiara la sangre, sin duda fue más sorpresivo.

—Alto ahí –ordenó a Kaplan, que estuvo a punto de ir hasta el otro castaño y golpearlo en respuesta.

Deidad –lo nombró.

—¿Deidad? –Cuestionó sorprendido Lupin –maldita seas, James, te dicen Deidad y me dices que eres incapaz de hacer algo por ella.

—Nunca dije que soy del todo incapaz, simplemente, no quiero que ella sepa lo que ocurrirá –hizo un movimiento de cabeza y los hombres se dieron la vuelta y salieron del lugar.

James le dio un puñetazo a Ted cuando estuvieron solos, no tan fuerte, pero sirvió para sofocarlo un poco, con eso se quedó tranquilo, como respuesta al puñetazo que recibió.

—Necesito una ruta segura, de tu apartamento a Azkaban, una ruta segura y rápida, para cuando Kaplan despliegue a los agentes, yo pueda estar aquí.

—¿Qué piensas hacer? –Preguntó con el poco aire que le quedaba.

—Dime algo primero, ¿Lily es capaz de mentir ante el primer ministro por mí, todavía?

—Ella sería capaz de decirle a la reina, que eres inocente de todo cargo que te imputaron desde el inicio.

—Bien –aceptó –nos marcharemos ahora.

Lupin abrió los ojos sorprendido de la afirmación de su cuñado, que avanzó hasta la puerta donde ingresó, golpeó dos veces y se abrió como si nada, el guardia le sonrió encantado, como si estuviese viendo al mismísimo Paul McCartney en persona, y no a un convicto cualquiera.

—Nos iremos, Marshall –informó –necesito que actives el protocolo 626 en lo que no estoy ¿estás listo?

—Desde que lo creaste, deidad –admitió como un niño al que le hubiesen dado el caramelo más grande y delicioso de la existencia.

—Quiero un informe de lo que pase en mi ausencia –golpeó amistosamente el hombro del guardia –usaré la ruta 2005, para que esté desocupada.

—Como ordene.

James sujetó el hombro de forma ruda de su cuñado y lo dirigió fuera de la prisión, al inicio, pensó que eso de que James saldría de la prisión era nada más una broma de mal gusto, para ver su reacción cuando los detuvieran en la salida, por intentar sacar a un reo sin que su orden de libertad estuviese expresa en un documento legal.

Pasaron todos y cada uno de los filtros sin inconvenientes, algunos de los guardias saludaban al prisionero, otros se limitaban a observar sin siquiera atreverse a mirar de más, por miedo de alguna represalia, o eso pensó Ted.

El auto era uno deportivo, James sacó una pequeña bolsa deportiva donde había ropa, se cambió sin ningún tapujo frente a él, unos jeans viejos deslavados, una playera negra ajustada y unos tenis blancos, se subió al auto y le indicó que hiciera lo mismo, sacó unas gafas de la guantera y puso el automóvil en marcha.

El viaje fue por una ruta bastante compleja, que nunca había considerado, pero para alguien como su cuñado era algo bastante habitual, por lo visto, le costó un poco, fue hasta que entró en un vecindario conocido que entendió que iría a su casa.

—Espera, espera ¿harás que Lily te vea? –Se giró asustado.

—Dijiste que es capaz de mentir por mí, así que será la palabra de Keller contra la tuya y la de ella.

—Pero… pero… James…

—Sé que tú no eres capaz de mentir por mí, pero sí por ella.

Se estacionó tranquilamente y tuvo el cinismo de saludar a una de las vecinas ancianas del matrimonio Lupin, entró como si fuese su casa y tomó asiento como si aquello fuese algo que hiciera habitualmente y no hubiese pasado los últimos años en prisión.

—Yo… no sé qué hacer ahora –admitió Lupin.

—Descuida –saludó a una parte de la casa –listo, las cámaras han sido sustituidas.

—Bueno, ahora que nadie nos escucha, ¿vas a decirme lo que pasa realmente? Sé que eras agente del MI5 –murmuró –pero, aunque eras de los mejores, no creo que tus contactos sean tan buenos, digo, solo eras un agente común.

—El favorito del departamento –sonrió, sin sacarlo de su error, así que su padre les había informado que era parte de la inteligencia británica, pero no el departamento correcto –te daré un consejo de vida, Ted –suspiró y subió los pies a la mesa de centro –no importa mucho que no seas el titular de un lugar, sino los favores que vas recolectando de la gente importante, aunque esta tampoco sea la punta de la pirámide.

—No comprendo –aceptó.

—La gente suele creer que la punta de la pirámide es la más importante, porque es la más vistosa y popular, pero sin la base, la punta no es nada, ¿y qué mejor que alguien encargado de crear la seguridad de la punta, te deba un favor? –Sonrió –no lo sé, el técnico que crea las barreras y que hace que un sistema de gobierno sea impenetrable, salvo para él, y, por lo tanto, tenga una antesala para ingresar y sea totalmente indetectable, salvo, ya sabes, quien la creó –elevó una ceja –así de bajos son mis contactos, no altos, como todos creen.

—Claro, ¿y por qué me dices todo eso?

—Porque da igual que tu o alguien más lo sepa, no es como si pudieses hacer algo al respecto, aun acudiendo al primer ministro, como te dije, son la punta de las pirámides, que según tienen el poder, pero no en realidad.

—No lo comprendo del todo, solo sé que lo que dices, suena como a no me interesa poner más en riesgo a mi hermana.

—Es todo lo contrario, sabelotodo –negó –tengo que aceptar, que la seguridad de Azkaban, me hizo un poco ¿cómo decirlo? –Meditó un momento –bajar la guardia, después de todo, ese lugar es el mejor para seguir haciendo lo que hacía, pero sin preocuparme por quién pueda ir tras de mí ¿Qué haría? Ya estoy en Azkaban –rió.

—Bueno, según tu lógica, no explicaría el nuevo expediente que abrieron sobre ti, las actividades que haces en la prisión ¿no lo crees? Todos quieren saber quiénes son tus contactos, ¿cómo mueves los hilos? Digo, salir de Azkaban como si estuvieses ahí por decisión propia y no por corrupción, por ejemplo.

—A todos ustedes, les falta por conocer muchas cosas, el mundo, por ejemplo, solo pueden ver hasta donde su pequeña nariz termina, digamos, que la única manera de que alguien pueda quitarme todo lo que tengo, es matándome, y sería interesante, saber, quién sería tan valiente como para hacer eso –sonrió.

—X—

La tarde había sido bastante entretenida, aunque hubiese preferido que hubiese sido su marido quien la acompañara de compras, no su nuevo amigo, que a veces tenía que aceptar que mostraba mucho interés en ella, y su relación con su hermano, pero sabía muy bien hacerse la tonta, como James decía, le había enseñado a sacarle información a los hombres, para protegerla, más que otra cosa.

Abrió la puerta con una sonrisa, el auto estacionado frente a la casa, indicaba que su marido había llegado, se giró a sonreírle a Sebastian, que había hecho un comentario un tanto tonto, para hacerla reír, pero simplemente era cortes.

—Bienvenidos a casa –dijo una voz familiar para Lily, a la que no estaba tan acostumbrada ya.

La vista de la joven se posó en el hombre sentado en el sofá, tan tranquilo, como si su presencia fuese algo normal, que ocurriera cada determinado tiempo, y no se hubiese escapado de prisión.

—James –musitó sorprendida Lily.

—Hola, hermanita, hola, policía mediocre –sonrió –no lo intentaría –advirtió cuando intentó sacar su teléfono –no va a servir, no hay señal a unos cuantos kilómetros a la redonda.

—Venir fue un error ¿quién te dejó escapar? –Cuestionó Keller.

—No escapé ¿por qué escaparía de la comodidad de mi casa? –Se acomodó más, disfrutando de la impotencia de Keller, que nadie le había advertido lo que había hecho.

—Eso te deja claro de lado de quién está la lealtad ¿cierto? Pero pasa, hablemos un poco.

Se puso de pie y sostuvo a su hermana, que después del shock corrió hasta él, arrojándose a sus brazos, como una pequeña niña, que le hizo sentirse alegre, que a pesar de lo que había mostrado ante ella, lo siguiera queriendo.

—Esto va a refundirte en Azkaban, tenlo por seguro.

—Oh, vamos, te recuerdo que la celda más lejana es la mía ¿no es así? –Negó –no eres muy listo.

—Bueno, tu cuñado te acompañará pronto, y tu hermana irá a la prisión hermana de Azkaban –sonrió –eres un idiota.

—No, no lo soy –se alejó de su hermana –esta es una amenaza, Sebastian Keller, irrumpiste en la vida de mi hermana para averiguar de mí, fuiste tú, quien no es muy listo fuiste tú, juegas como un niño, ¿creíste que no sabría que fue mi padre quien te dijo que Lily era mi único lado débil? –Avanzó hasta el moreno –tu división policial es cosa de bebés, no te conviene meterte con los niños grandes, si quieres una tajada de lo que puedo obtener, pídela, soy bondadoso, Keller, pero no harás otro movimiento sobre mi hermana, o sin duda, el mundo será un lugar muy pequeño, para los dos.

—Tú no me asustas –sonrió –creo que estamos a la par –sonrió –voy a averiguar todo lo que haces, tus movimientos, tus conectes, y desmantelaré todo eso, porque yo no soy un maldito corrupto como tú.

—Con tu salario, me sorprende que aún no lo seas.

—Existimos personas con dignidad –bufó.

—Hasta que el hambre, la enfermedad y la desesperación entran por la puerta más veces que tu salario –sonrió –Nada de esto es por el dinero, Keller, y lo sabemos los dos –negó –mientras tú trabajas para ellos –observó un cuadro de la reina –ellos trabajan para mí, te invito, que invadas el palacio y desmanteles todo –sonrió.

—Eres un maldito chiflado, eso es lo que eres, James.

—Puede que sí –se encogió de hombros y se giró hasta su hermana –aléjate de este tipo, no hagas que tu marido acuda a mí, porque se pone celoso de tus amigos que solo te usan para obtener información, piensa al revés, no lo olvides.

—Estás loco si piensas que voy a dejarte ir.

—No necesito aventón a Azkaban, al final de cuentas, solo estás soñando –rió –te veré luego, Lily, no vayas, yo vendré –le guiñó un ojo divertido.

Keller intentó ir hasta él, pero salió por la puerta trasera, cuando llegó hasta la calle un auto arrancó a toda velocidad, así que usó su teléfono especial, mientras salía un poco más para asegurarse de saber más o menos las calles que tomó.

Mientras Keller llamaba a los agentes, James pasó frente a la ventana del patio principal, subió al auto que había dejado estacionado con anterioridad, se despidió de Lily con un movimiento ligero de la mano y arrancó tranquilamente.

Sin duda tenía medido y calculado todo, Ted no comprendía ¿cómo hacía todo lo que hacía sin tener consecuencias? Pero tenía que alejar a su esposa de él, no era una buena persona, aunque ella se enfadara al escuchar eso.

Cinco minutos, solo cinco minutos le había tomado a Keller juntar a tantos agentes como para llenar las calles aledañas de agentes, muchos otros estaban yendo directo a Azkaban, según el moreno, esta vez, James había cometido el error más grande.

—Las cámaras no muestran a nadie más que al señor Lupin –dijo una joven a Keller –está charlando por teléfono, desde que llega, está al teléfono, después entran usted y la señora Lupin.

—Eso es imposible –bramó –ese bastardo estuvo aquí, ¿cierto, Lily?

La agente apartó la vista de la pantalla de su portátil, y los otros se giraron a verla, para ver su respuesta, pero la joven se encogió de hombros.

—Lo cierto es, Sebastian, que en cuanto llegamos, dijiste un par de cosas sin sentido, corriste al patio trasero sin decir nada, y cinco minutos después, todos estos policías estaban aquí.

—Edward –lo observó intentando lucir intimidante.

—Es que no comprendo todavía qué se supone que ocurre –mintió –como bien lo dijo la agente, estaba al teléfono, y…

—Dame tu teléfono –ordenó.

Ted lo dudó, sin duda ahí terminaría la mentira, y como bien se lo dijo a James, pronto estaría siendo su compañero de celda, como todos lo observaban atentos, no le quedó otra que extender el móvil, una vez que sacó el aparato de su bolsillo, la pantalla se encendió de nuevo, mostrando que la llamada seguía conectada, ni siquiera él podía imaginar cómo había podido ser eso posible.

—¡Señor Lupin! –La voz de su asistente fue fuerte y clara ya que Keller había colocado el altavoz –señor, ¿puede oírme? ¿Todo bien? ¿Llamo a emergencias?

—Todo bien –habló nervioso.

—Oh, me asusté cuando dejó la línea tan de pronto, dígame, ¿entonces la entrevista para mañana la programo después del almuerzo sorpresa que le preparó a su esposa?

La joven volteó a verlo y sonrió, poniéndose de pie y besándolo completamente entusiasmada, sin importar que su hogar estuviese lleno de personas extrañas.

—Prográmalo para pasado mañana, mi marido no saldrá de casa todo el día de mañana –informó al hombre.

—Demonios, de acuerdo, hablaremos pasado mañana, señor Lupin.

El teléfono se apagó después de que la llamada fue terminada por la otra persona, la agente le pidió que lo desbloqueara y observó que la duración de la llamada era consistente con lo que la cámara marcaba.

—Es imposible –habló.

El teléfono de Keller sonó, así que atendió al notar que era de uno de los agentes encargados de ir a Azkaban.

—Dime –ordenó.

—Lo lamento, señor, pero todo en Azkaban está al día –murmuró.

—Es imposible –gruñó alejándose de los Lupin.

—No, he corroborado con mis propios ojos, James Sirius Potter ha estado en el patio con la población general, he revisado las cámaras de emergencia, que corroboran que él jamás ha abandonado Azkaban desde que… ingresó, posiblemente.

—Estoy muy seguro de que él…

—Quizás vio a alguien parecido, jefe, es imposible que saliera, ni siquiera nuestro infiltrado lo ha perdido de vista del patio –informó –si salió de Azkaban, no ha sido hoy –comentó.

—Regresa a tus obligaciones –ordenó –ustedes igual –los agentes salieron de la casa de los Lupin, menos Keller, que se acercó a la pareja, que seguía abrazada –este juego va a costarles todo.