-La historia y los personajes no me pertenecen en lo absoluto sino que son de la completa autoria de Masashi Kishimoto más la narración y/o utilización de los hechos son de mi absoluta responsabilidad para la dramatización, sentido y cronologización de la historia :3 Esta historia se desarrolla tras los eventos retratados en el capitulo 468 de Naruto Shippuden, tras la batalla de Indra y Ashura. Les sugiero oír "Incomplete" de Backstreet Boys para Indra, "Cold As Ice" de Ava Max para Sanavber, "Die With A Smile" de Bruno Mars & Lady Gaga para Indra & Sanavber, y "Centuries" de Fall Out Boy para el contexto del capitulo.


Un Mes Después

Habían pasado semanas desde que Indra había tenido que despedirse de Sanavber, no confiaba en nadie más para infiltrarse en la villa conocida como Selah, pero estar a solas con sus turbulentos pensamientos casi todo el tiempo le estaba pasando factura incluso a él, que se había concentrado de lleno en entrenar a los exiliados del clan Harunn, puede que no fueran como los subordinados del clan de su padre, pero tenían todo el talento y chakra que él podría pedir y el talento innato para aprender las técnicas que él les enseñó. El Otsutsuki dormía profundamente en apariencia, recostado sobre la cama de su cabaña como todas las noches anteriores, así fue como lo encontraron dos asesinos pagados por la villa Selah y que ingresaron en la cabaña sin que nadie les bloqueara el paso, conduciéndose con andar muy sigiloso para tomar por sorpresa al Otsutsuki, que abrió los ojos un instante antes de que la daga de uno de estos pudiera rozarlo siquiera, levantándose de la cama y arrojando el jubón contra uno de sus atacantes, usando el kunai que había mantenido ocultó bajo la almohada y bloqueando los ataques de sus agresores, degollando a uno de estos y aturdiendo al otro. Un tercer atacante pretendió sorprenderlo por la espalda, pero Indra dio una voltereta en el aire y evadió su ataque, sujetándolo con el brazo alrededor del cuello hasta escuchar un chasquido como prueba de que se lo había roto; todo el eco de lucha había alertado a los subordinados del Otsutsuki, que no dudaron en ingresar en la cabaña y retener al atacante restante, observando como el Otsutsuki ya tenía la situación bajo control.

—Mi lord…— intentó disculparse lord Masao, bajando la cabeza con vergüenza.

—Es una suerte que tenga el sueño ligero, de otro modo ya estaría muerto— señaló Indra en voz alta. —Esperaba algo así, pero no tan pronto— admitió, honrado porque sus enemigos intentarán atacarlo…mas ofendido porque estos fueran tan débiles.

No era una condena o reprimenda explícita, Indra llevaba entrenando a los Harunn desde la partida de Sanavber, y pese a no tener nada del conocimiento que él había visto en los subordinados del clan Otsutsuki con los que había crecido, habían probado ser los individuos más eficientes y determinados que él hubiera conocido, lo llevaban a desarrollar nuevas técnicas e ideas sobre futuros "jutsus"—como estos habían denominado a sus enseñanzas, lo que le agradaba mucho—, pero de igual modo no podían bajar la guardia, confiarse y se los hizo saber con la severa mirada que les dirigió. Sonaba egoísta y muy exigente, sin duda, pero Indra necesitaba que los demás pudieran hacer lo mismo que él, tener el sueño lo suficientemente ligero para defenderse usando un arma que debían manejar bajo la almohada, porque de otro modo ninguno sobreviviría ni la idea de futuro que el Otsutsuki tenía en mente, y aunque ningúno dijo nada, todos lo Harunn inclinaron la cabeza como silente promesa al Otsutsuki, al mismo tiempo en que el maleante que retenía luchó y arrojó una daga al aire, hacia el Otsutsuki. Si fuera un niño indefenso, quizás Indra se habría asustado, pero era todo menos una presa y lo dejó en claro, abriendo los ojos con el Sharingan—activándolo por primera vez en mucho tiempo—en ellos y reteniendo entre sus dedos el filo de la daga, examinándola despectivamente mientras acercaba sus pasos a su agresor, que fue retenido por sus subordinados, enfocando su mirada en el maleante que había intentado atacarlo y que le sostuvo la mirada con falsa bravuconería para su divertimento.

—¿Retuvieron sus rostros?— consultó Indra, pasando su mirada por los Harunn.

—Sí, mi lord— asintió Masao en representación de todos los presentes y que asintieron en respuesta.

—Bien, entonces no lo necesitamos vivo— contestó el Otsutsuki con indiferencia, comenzando a aburrirse de tanta pasividad.

Al decir aquello, Indra jugó con la daga entre sus dedos, esbozó una sonrisa ladina y con un brillo juguetón en los ojos habitualmente estoicos antes de arrojar fuertemente la daga hacia su agresor, entregándosela de lleno en el centro del rostro y que se fracturó por la fuerza del golpe mientras los Harunn lo soltaban y dejaban que su cadáver—pues estaba indudablemente muerto—se estrellara contra el suelo al caer, con el Otsutsuki dirigiéndoles una mirada a sus subordinados y ordenándoles que se deshicieran del cadáver y limpiaran todo, en tanto él se retiraba hacia el exterior, con el sueño ya espantado y de mal humor por haber sido despertado, por lo que todos anticiparon que ordenaría que todos fueran despertados para entrenar, sin importar la hora. El Otsutsuki les había preguntado a sus subordinados si habían registrado sus rostros en sus mentes, porque una de las primeras técnicas o jutsu que les había enseñado había sido el de transformación, una técnica difícil de aprender pero que resultaba útil como ninguna otra, el poder transformarse en quien quisieran era una habilidad poderosa y ahora más que nunca sería útil, Indra sonrió al pensarlo, Sanavber había estado infiltrada por mucho tiempo y era momento de hacerle llegar información y usar la que ella con seguridad había obtenido y tomar la villa cuanto antes. Indra se dirigió hacia el pequeño asentamiento cerca de su cabaña, donde se reuniría con los demás Harunn para entrenar, no queriendo perder el tiempo y queriendo estar preparado para lo que sea que ocurriera.

Ya había sido suficiente de negociaciones.


Villa de Selah

Paralelamente, Sanavber intentaba obtener información por todos los medios posibles, ya no vistiendo como la exótica cortesana que se había apostado ante las murallas de la villa y seducido a incautos, obteniendo información que la llevase más alto; la Harunn portaba un sencillo y holgado vestido gris oscuro con matiz verdoso, de cuello alto y cerrado, mangas ceñidas a las muñecas, y falda larga, ceñido a su cintura por un cinturón de cuerda y su largo cabello azabache estaba oculto bajo un largo velo que estaba cruzado bajo su mentón y que solo dejaba ver su rostro, el atuendo que vestiría una religiosa como las muchas que circulaban por la villa, y a quienes la Harunn siguió, observando de lejos a la esposa del hombre de mayor poder jerárquico y que se dirigía a orar, la única oportunidad de hablar con alguien con poder. Hasta ahora, Sanavber solo había obtenido información, había armado planos muy detallados de la villa, sus defensas y fuerzas militares, pero siempre debía intenta evitarse una guerra y la única forma real era parlamentando, ella separándose del resto de religiosas y acercándose al altar ante el que la noble dama se reclinó para encender un incienso; Sanavber se situó de pie junto a la dama y incendió otro incienso, fingiendo orar como las demás religiosas y la dama, mas extrayendo una pequeña daga—al que había dado el nombre de kunai—del interior de su manga y presionando está contra el bajo vientre de la dama, que abrió los ojos con sorpresa y pretendió gritar a causa de la sorpresa.

—No grite, lady Hana, no quiero lastimarla— advirtió Sanavber a la dama, que tragó saliva antes de asentir. —Debemos hablar— inició, regresando la daga al interior de su manga.

—¿Hablar de qué?— cuestionó Hana, inquieta ante aquel exabrupto.

—Estoy aquí como mediadora de lord Indra— inició la Harunn con voz serena. —Sabía que no habría otra forma de hablar con usted que esta— defendió ante la fría mirada que la mujer le dirigió. —Mi lord no quiere derramar sangre innecesariamente, por ende, usted debe convencer a su esposo de rendirse y abrir las puertas, así mi lord tomará la villa y todos sobrevivirán— era la verdad y debía dejarla clara.

Aquella información no extrañó a Hana en absoluto, su esposo Gen era el noble de mayor riqueza y prestigio, él había financiado la fuerza militar de la villa contratando mercenarios para suprimir a los expatriados o renegados del clan Harunn—cuyas peligrosas habilidades eran conocidas—, pero ahora les habían llegado noticias de que estos tenían un nuevo líder, un hombre conocido como Indra Otsutsuki, y había pagado a sicarios para asesinarlo, pero estos aún no volvían. La dama claramente no tenía miedo, Sanavber lo advirtió al ver sus ojos, y no planeaba volver a amedrentarla con su kunai—sintiéndose a gusto con el filo del arma oculto contra el interior de su manga—, ella sabía lo excelente que era Indra en el campo de batalla, ella lo había visto y habían entrenado juntos, pero ella no deseaba ver sangre derramada, menos habiendo pasado tantos días—más concretamente un mes—infiltrándose en la villa y conociendo a personas...personas que morirían si ella no lo evitaba, si lady Hana tampoco lo evitaba, y era en su bando en quien residía la posibilidad de salvar vidas, no en ella. Sanavber no se consideraba la mejor oradora, dudaba que Indra fuera a hacer un mejor trabajo que ella—era mejor atacando primero y preguntando después, como tantos otros—, pero ella el mejor embajador que había para tratar de lograr un armisticio o, mejor aún, la paz, por lo que se mentalizó para articular las mejores palabras, tenían claros los límites de aquello que podía ofrecer, ya los había discutido con Indra, mas no dejaba de sentirse nerviosa al respecto.

—Somos mujeres, no guerreras, y por ende hemos de evitar lo peor de lo que podría pasar; los hombres buscan sangre y gloria, no razonan— planteó Sanavber, observando a la dama. —Hemos de encontrar un camino hacia la paz— de otro modo, solo morirían inocentes que no tenían por qué ver terminadas sus vidas.

—No hay acuerdo, mi lady— protestó Hana de inmediato. —No tienen ningún aliado real, su poder es efímero y la sangre de los suyos se derramará a la menor provocación— aclaró, pues ella estaba de acuerdo con esas decisiones.

—Si eso es lo que usted piensa, no puedo hacer que cambie de idea— suspiró la Harunn, sosteniéndole la mirada. —Todos ustedes han caído tan bajo que enfrentaran el sufrimiento y muerte de miles para mantenerse donde están, pero ello no durara— advirtió, con una postura igualmente firme. —Espero que puedan vivir con sus decisiones— agregó, esperando que supiera lo que hacía.

Aquellas palabras no amedrentaron en absoluto a Hana, que sostuvo la mirada a la mujer frente a ella—una Harunn evidentemente, sus característicos ojos verdes y mirada salvaje la delataban—, apreciando sin embargo que esta no la atacase y ella le devolvería el gesto no delatándola ya que hasta ahora no había dañado a nadie, pero no más y por lo que la dama se levantó de su reclinatorio sosteniéndole la mirada se sujetó la falda del kimono para no tropezar mientras se marcaba, sin voltear en ningún momento. Por lo que Hana, su esposo y los nobles de la villa sabían, este "Indra Otsutsuki" era un completo desconocido para ellos, fuera de su apellido, mas así como ellos habían suprimido a los Harunn, también lo harían con esta nueva amenaza, acabarían con él de raíz y nadie la convencería de la posición de su esposo al respecto. En contraste, Sanavber permaneció ante el altar y viendo el incienso consumirse, tanto para mantener la imagen de religiosa que ya de por sí transmitía su atuendo, sino también porque le partía el alma no haber logrado la paz, no poder evitar un derramamiento de sangre, mas no era culpa suya y Sanavber se lo repitió hasta el cansancio, inspirando aire y finalmente sujetándose la falda para erguirse; ella sabía la verdad, ella conocía a Indra a quien llamaba "mi lord"—o señor, es decir que él estaba por encima de ella, el primer eslabón del nuevo clan que ambos hablaban de crear—, y sabía que en el fondo su corazón era puro, solo esperaba que terceros heridos en su orgullo no quisieran venganza…


Preocupado como todos por el enfrentamiento que vendría, Enzo se paseó fuera de las murallas de la villa, de brazos cruzados y suspirando para sí, ansioso a la par que nervioso, sometido al mismo entrenamiento extenuante cortesía de lord Indra y que sin embargo lo hacía sentir seguro, el Otsutsuki les había enseñado a todos los miembros del clan habilidades con las que jamás podrían haber soñado, les estaba transmitiendo el poder y conocimientos del Ninshu, a quienes todos estaban dando el nombre de "Ninjutsu". Paseándose ante las murallas de la villa, Enzo esperó a que Sanavber apareciera, volviendo la mirada por sobre su hombro hacía el umbral de las pesadas puertas custodiadas por dos guardias fornidos e intimidantes, congelándose al ver a la sobria figura femenina que se acercaba, vestida de gris de pies a cabeza y siendo únicamente visible su rostro de facciones familiares...el Harunn se quedó quieto en su lugar, casi no reconociendo a la azabache y que esbozó una sonrisa al encontrar su mirada con la suya, como si supiera lo diferente que se veía, camuflada o infiltrada de aquella forma. En condiciones normales, Sanavber habría reído ante la mirada que Enzo le dirigió—sabía lo extraña que debía verse—, se sentía bien volver a ver un rostro amigo luego de tantas semanas aislada, pero ella estaba haciéndose pasar por una religiosa y su conducta debía ser lo más distante posible de la compañía masculina, deteniéndose frente al pelicastaño y que finalmente pareció salir de su estupor.

—Creí que no vendrías, han pasado semanas desde que tuve noticias de ustedes— comentó Sanavber observando a su amigo.

—Sucedieron muchas cosas en los días resientes— contestó Enzo, viéndola fruncir el ceño con extrañeza. —Atacaron a lord Indra— aclaró, pues ella merecía saberlo.

—¿Está…?— la azabache tragó saliva nerviosamente, con el corazón angustiado.

—Ileso, no te preocupes— asintió el pelicastaño, enternecido por su preocupación.

Dos separadas era demasiado tiempo separada de Indra, al momento de su despedida ella había sido quien había creído que Indra era aprensivo, que la necesitaba a su lado o que se estaba volviendo dependiente de su presencia, pero ella misma se encontraba pensando en él continuamente...pensar en que alguien pudiera atacar a Indra—que fueran a lastimarlo era algo muy diferente, ella lo sabía—le oprimía el corazón, sabía lo perfectamente capaz que defenderse, pero ella no estaba a su lado y le dolía en el alma imaginar que pudieran hacerle siquiera un rasguño, mas suspiró y trató de no demostrar cuanto la afectaba aquello, porque era su emocionalidad hablando por ella, mas no su lógica. Ahora su pasada conversación con lady Hana el día anterior cobraba mayor importancia, pues definía la postura del enemigo, ahora comprendía tanto empecinamiento para no ceder, habían planeado el ataque a Indra y creído que moriría, pero no lo había hecho, estaba ileso y continuaría con su plan de ataque, un plan que solo podría llevarse a cabo—sin derramar más sangre de la necesaria—gracias a los planos que ella había hecho. La voluntad de lord Indra no había cedido en ausencia de Sanavber ni debido al reciente intento de ataque, sus planes continuaban con idéntica o puede que mayor seguridad, y a Enzo lo complació la mirada de determinación en el rostro de Sanavber, eso indicaba que todo podía continuar según lo previsto, pero él primero necesitaba toda ventaja e información que ella pudiera ofrecer a lord Indra.

—Pero, eso significa que el ataque se adelantara, hemos de responder— anunció Enzo, analizando su expresión pensativa.

—Lo sé, desde este lado tampoco ceden— asintió Sanavber, llevándose una mano al mentón. —Hable con la esposa de lord Dreymon, su esposo no cederá, y por ende tampoco hemos de hacerlo nosotros— aclaró, bajando la mirada y extrayendo el pergamino del interior de su manga. —Hice estos planos de las defensas de la ciudad, servirán a lord Indra para saber dónde atacar— explicó, tendiéndole el pergamino al pelicastaño. —No te demores, deben atacar con el elemento sorpresa— cuanto antes.

—Entiendo, partiré ahora— asintió él, mas congelándose en su lugar. —Sanavber— llamó, evitando que la azabache se fuera. —¿Por qué vistes como religiosa?— preguntó con inevitable curiosidad y una distraída sonrisa.

—Ser prostituta te abre muchas puertas, pero esta máscara, a ilimitadas— contestó ella también con una sonrisa, complacida por resultar convincente.

Su plan había sido inicialmente infiltrarse como prostituta en la villa, eso le había abierto las puertas y su rostro cubierto la había hecho pasar desapercibida—dentro de lo llamativa que ya era para los hombres al vestir poca ropa, al tener ojos tan llamativos y una belleza que estos parecían no poder ignorar—, pero hacerse pasar por prostituta no le había abierto las puertas y lo había entendido pronto, de hecho, en la villa las religiosas tenían una posición mucho más privilegiada y que permita el acceso a lugares de importancia o permitía ser testigo de cosas importantes, por lo que ella no había dudado en tomar prestado un atuendo, valiéndose del hecho de que nadie sabía quién era ni conocía su rostro. Además, así se alejaba de la atención masculina, siendo buena en defenderse y evitar que estos se pasaran de listo con ella, contando el tiempo hasta que Indra atacase y tomará la villa, recordando su pasada propuesta de matrimonio y que ella esperaba fuera algo serio, esbozando una sonrisa y despidiéndose de Enzo, sujetándose la falda y dirigiendo sus pasos de regreso al templo con las demás religiosas, no queriendo llamar la atención más de la cuenta. Viendo partir a Sanavber, lo que lo hizo esbozar una sonrisa ante su agudo intelecto como siempre, Enzo examinó el pergamino que ella le había entregado, teniendo la tentación de abrirlo y examinar su contenido, pero ella lo había escrito para lord Indra y él respetaría eso, guardándolo al interior de su ropa y marchándose cuanto antes para usar ese elemento sorpresa.

Lord Indra estaría complacido.


Observando todo desde la distancia, oculto entre los árboles y arbustos, acompañados por los individuos de mayor confianza entre los Harunn, encabezados por lord Masao, Indra usó un largo catalejo en que introdujo un cristal al final, girando este y pudiendo tener una vista clara de la villa desde lejos y su pujante actividad, pensando en Sanavber ante cada persona que veía entrar o salir de la villa, no sabiendo de ella desde ya un mes y comenzando a desesperarse, aunque no lo demostrara. Podría usar su Sharingan para ver todo aquello, pero el Otsutsuki era medido con el uso de sus habilidades incluso con sus subordinados cuando los entrenaba, nunca se sabía quién estaba viendo o escuchando, mas desde el intento de asesinato contra su persona, por lo que ahora más que nunca debía reservar sus "dones" hasta cuando hubiera vencido sobre la villa de Selah, algo que los Harunn entendían perfectamente, actualizándolo en ese momento sobre toda la información que tenían de la villa y que continuaba obteniendo de incursiones secretas por parte de exploradores enviados bajo su nombre. Finalizando su análisis del entorno exterior a la villa, inexpugnable al parecer, Indra regresó el cristal al interior de su túnica y plegó el catalejo que tendió a lord Masao de pie a su lado, cruzando las manos tras la espalda y meditando en silencio cuál sería su siguiente paso, mas deseando desesperadamente información de Sanavber, actuar a ciegas y sin su mente brillante realmente lo estaba limitando, su intelecto llegaba hasta ahí.

—¿Cuántas personas hay adentro?— interrogó Indra, negándose a claudicar.

—Muchos, en especial mujeres y niños, fuera de los hombres que defienden la villa— contestó Masao, habiendo estado ahí una o dos veces.

—¿Qué tanta clemencia deberíamos mostrar?— inquirió el Otsutsuki, no deseando cometer errores imperdonables.

—Ninguna en mi opinión, lord— respondió el Harunn, ante lo que el pelicastaño arqueo una ceja con escepticismo. —Los muros, las casas y tumbas pueden reconstruirse; usted es el futuro, mi lord, y todos lo apoyaremos— aclaró, siendo más específico con sus palabras.

—¡Lord Indra!

Puede que fuera un individuo consolidado y entregado a una batalla, podía ser muy cruento de ser preciso, pero la idea de no mostrar clemencia no agradó del todo a Indra, dudaba que solo hubiera hombres y mercenarios pagados—como aquellos que lo habían atacado o habían intentado hacerlo más bien—al interior de la villa, también debía de haber mujeres, niños y ancianos, ¿Ellos debían pagar de igual modo las decisiones de sus líderes corruptos e insensibles? Seguramente su padre y su hermano Ashura pensaban lo peor de él, que era un asesino, que solo buscaba poder y que no le importaban las vidas de los demás...qué equivocados estaban, solo Indra sabía cuán doloroso le resultaba contemplar un rostro muerto, el escalofrío que sentía, ello no le provocaba ningún placer, pero en ocasiones era preciso sobrevivir y mentalmente considero de forma seria el perdonar a muchos al interior de la villa. Esta forma de pensar por parte del Otsutsuki coincidió con un grito hacia su persona, que hizo que tanto el Otsutsuki como Masao de pie a su lado—así como los demás miembros del clan Harunn y que se pusieron en alerta de inmediato—volvieran el rostro hacia el claro en camino de piedra y tierra en que vieron aparecer a Enzo, quien había partido a la villa para encontrarse con Sanavber y obtener información; deteniéndose frente al Otsutsuki, el joven Harunn recobró el aliento lo mejor posible y se inclinó respetuosamente ante su líder, extrayendo del interior de su ropa el pergamino que Sanavber le había entregado, ofreciéndolo a este.

—Mensaje de lady Sanavber— presentó Enzo, solo irguiéndose cuando el Otsutsuki tomó el pergamino de sus manos y procedió a abrirlo.

—Sanavber me informa del estado de las defensas de la villa, que sus líderes son ciegos y se niegan a rendirse— resumió Indra en voz alta, mientras leía el pergamino. —Y envía planos exactos de la villa— dentro del pergamino había un segundo enrollado, aquel que contenía un elaborado croquis de los planos y que tendió a lord Masao. —Atacaremos esta misma noche— decidió, no habiendo porque postergar más la situación. —Se perdonará a los inocentes, solo se ha de matar a los hombres que monten una defensa, el resto deben sobrevivir— declaró, compartiendo esa opinión con Sanavber. —Coloquen sacos de heno cerca de la entrada, y fango para que se sofoquen con el olor, y toda planta de olor intenso que encuentren— agregó, siendo el primero en retirarse.

—Sí, mi lord— asintió Masao, protegiendo celosamente los planos que Sanavber había enviado, alabando su agudo intelecto y previsión.

Como si Sanavber hubiera anticipado sus dudas, leyendo su mente mejor que nadie, incluso él mismo, la Harunn había apuntado bajo su elaborado croquis y dibujos una lista de los habitantes de la ciudad; mujeres, niños, ancianos, enfermos, personas que nada tenían que ver con la conquista que él deseaba llevar a cabo, individuos inocentes a quienes aseguraba haber conocido personalmente y comprobado sus reales intenciones, ¿Cómo era que incluso separados ella lograba ir un paso por delante de él? El Otsutsuki disimuló lo más posible la sonrisa ladina que luchó por adueñarse de sus labios, indicando a los Harunn que lo siguieran de regreso a la pequeña villa, teniendo mucho que planear y discutir en privado para atacar esa misma noche, teniendo una idea clara de que hacer ahora y no queriendo fallar a Sanavber, quien estaba corriendo el mayor de los peligros dentro de la villa. Indicando a Enzo que se acercara, el Otsutsuki lo interrogó muy seriamente—no dando a entender su preocupación—sobre Sanavber, queriendo saber cómo estaba, si corría algún peligro, pero el Harunn le informó que ella había resultado ser una hábil maestra del disfraz, alguien que podía ocultarse y hacerse pasar por quien quisiera sin levantar la más leve sospecha, habiéndose atrevido a hablar con las personas de más alto rango y exponerse solo para buscar la paz, un armisticio. De regreso en la villa, reunido con todos los miembros de su emergente clan, Indra los informó de la situación en que estaban, de las defensas de la villa y de su plan de ataque, queriendo honrar lo mejor posible los esfuerzos de Sanavber…


Esa misma noche, tan pronto como el sol desapareció en el horizonte y la noche cayó sobre la villa conocida como Selah, sumergiendo a esta en la más profunda oscuridad, los miembros desertores del clan Harunn atacaron la villa en diferentes oleadas. Los primeros en ingresar fueron rostros conocidos para los habitantes de la villa, los mercenarios o asesinos contratados por lord Dreymon paras asesinar a Indra Otsutsuki, o eso creyeron los habitantes de la villa al abrirles las puertas para que pasaran; pero, tan pronto como esto sucedió, los Harunn desvanecieron el jutsu de transformación que habían utilizado, atacando a todos los individuos cerca suyo, excepto mujeres y niños como lord Indra había ordenado, en tanto, desde el exterior, los otros miembros del clan—bajo las órdenes de lord Indra—atacaban las murallas siguiendo las indicaciones que Sanavber había dictado en el pergamino entregado a este por Enzo, que se mantuvo a su lado toda la noche como su segundo al mando además de lord Masao. El ataque fue brutal, podían decirse muchas cosas de los Harunn, pero no eran en absoluto individuos débiles y el uso de su chakra, perfeccionado por Indra y que apenas estaba empezando, auguraba su victoria, los habitantes de la villa poco o nada pudieron hacer para defenderse por muy hábiles que fueran en el combate cuerpo a cuerpo, pero los invasores no estaban solos, y Sanavber lo demostró, quitándose el velo de su aún presente atuendo de religiosa, y uniéndose al enfrentamiento, peleando igual de bien que cualquiera de los presentes e incluso con mayor ferocidad, frustrada por no poder evitar el entrenamiento.

El enfrentamiento duró horas, hasta la madrugada, cuando el sol despuntó y expuso la matanza sucedida, y en que sin embargo ninguna mujer ni niño resultó lastimada, Indra lo corroboró al cruzar el umbral de la villa, pasando su mirada por los presentes que habían sobrevivido y que se inclinaron a su paso declarándolo vencedor y conquistador, era algo menor, si él hubiera tenido más tiempo podría haber planificado un ataque mejor y a un lugar más grande, pero estos miembros del clan Harunn lo habían recibido con los brazos abiertos y aceptándolo como uno más, lo mínimo que él podía hacer era darles un hogar mejor y castigar a aquellos que los habían oprimido. Masao y Enzo avanzaron dos pasos tras suyo, cada uno sosteniendo un estandarte color blanco con un abanico blanco y rojo—el emblema de su poder y del clan que había creado—, bordado por las mujeres entre sus filas, mismas mujeres que tenían los rostros, manos y ropas cubiertas de sangre, habiendo luchado con igual fiereza que cualquiera de los hombres. Tras largos minutos caminando desde la entrada de la villa, hacia el edificio de mayor tamaño y que ahora era suyo—como conquistador—, Indra enfocó su mirada en Sanavber que aguardaba de pie en el centro de su camino, que le sostuvo la mirada y lo recibió con una profunda reverencia, demostrándole el mayor respeto; el Otsutsuki la observó con fascinación, su atuendo era sencillo, ligeramente manchado de sangre y polvo, con su largo cabello a azabache peinado en una sencilla trenza que caía sobre su hombro derecho.

—Mi lord— inició Sanavber con respeto, y sin atreverse a alzar la mirada. —Estás tierras ahora son suyas— presentó, habiendo sido su intermediaria hasta ese momento.

—No te inclines, en nada eres inferior a mí— contrarió Indra, haciendo que ella alzara la mirada con sorpresa. —Camina a mi lado— instó, alargando sus manos hacia ella.

Para los habitantes de Selah, que llevaban oyendo cosas temibles de Indra Otsutsuki, un hombre que no habían conocido y que sin embargo no aparentaba más de veinte años, verlo caminar por su villa y que ahora le pertenecía era intimidante, él y todos los suyos eran individuos temibles, tanto hombres y mujeres formando sus fuerzas militares, todos aparentemente teniendo sed de sangre. Pero, ver un lado tan tierno de su parte, alargando sus manos para entrelazarlas con las de Sanavber, ayudándola a levantarse, resultó asombrosamente dulce, la Harunn esbozando una sonrisa y asintiendo al levantarse de su reverencia y sujetándose de su brazo, ambos continuando con su camino como uno, flanqueados por el emblema de su nuevo clan, representando un nuevo futuro. Sanavber pensó en decir algo, pero le faltaron las palabras, ella había hecho su propia contribución a la conquista y el poder que Indra ahora poseía, todos podían ver la misma grandeza que ella había visto desde la primera vez que se habían encontrado, por lo que eligió caminar a su lado, deseando cambiarse de ropa y peinarse mejor; ajeno a las preocupaciones de la Harunn a su lado, para Indra ella no podría verse más perfecta aunque lo deseara, largas semanas separados ahora daban su fruto, ella era su conquistadora, podía desarmarlo con una mirada y él contuvo las palabras que deseaba decirle mientras caminaban, ya habría tiempo para eso, ahora ambos tenían todo el tiempo del mundo y él se aseguraría de que nadie se los quitará hasta que ella estuviera convencida de que podía creer en él, y en todo sería diferente a partir de entonces.

Todo sería nuevo a partir de ahora.


De la mano de Indra, por así decirlo ya que en realidad ambos caminaron uno al lado del otro en lugar de tomados de la mano, Sanavber recorrió los pasillos de la fortaleza que solo había podido ver desde lejos durante sus semanas infiltrada en la villa, la edificación más grande dentro de la villa con la misma fascinación que el Otsutsuki, ambos intercambiando miradas de vez en vez antes de regresar su atención a los tapices en las paredes y más con las puertas que les fueron abiertas para ingresar en la sala de reuniones, aquella donde el hombre más poderosos de la villa solía tomar decisiones. El salón era enorme, claramente en ocasiones solían tenerse reuniones largas pues había una larga mesa establecida y asientos rodeándola, una sala amplia junto a la chimenea como si pudieran tenerse largas discusiones y por último un asiento central con los ventanales a la espalda y que iluminaban todo, estaba claro que lord Dreymon se había sentado allí hasta antes de morir, por lo que naturalmente ahora todo aquello no solo pertenecía a Indra—norma de la guerra o un combate entre iguales—, sino que él debería ocupar ese lugar, sentarse y regir como el fallecido lord había hecho antes. Hasta ahora, Indra había sido llamado lord por respeto de sus voluntarios subordinados, por su poder como primogénito del líder del clan Otsutsuki, pero ahora tenía poder, riqueza y prestigio por sus propios medios, era verdaderamente un lord y aquello hizo que Sanavber sonriera distraídamente para sí con orgullo, ansiosa por ver que sucedería a partir de ahora.

—Que hermoso lugar— apreció la Harunn en voz alta, siguiendo sus pasos.

—La construcción es sólida— asintió el Otsutsuki, apreciando la estructura. —Sera un buen hogar, necesitamos asentarnos por un tiempo— necesitaba continuar entrenando a sus subordinados y hacer crecer más su emergente clan.

—Coincido por completo— respaldó Sanavber, haciendo que él volteara a verla. —Debes formar el clan que tanto sueñas, un nuevo inicio— su posición ahora era sólida, y también debía hacerlo aquello en lo que creía o por lo que luchaba.

—Ya pensé en un nombre— mencionó Indra, habiendo pensado en ello en su ausencia.

—¿Sí?, ¿Y cuál es?— consultó ella, ansiosa por escucharlo.

—Uchiha— contestó él, sin dejar de verla a los ojos.

Había elegido el nombre o palabra durante su ausencia; de alguna forma y pese al odio que llevaba en su corazón y que no parecía dejar de crecer, Indra también se sentía constantemente animado a vivir; tras su batalla con su hermano Ashura, podría haberse rendido a la muerte, había estado lo suficientemente herido y rodeado de peligro, pero Sanavber no había aparecido por mera coincidencia y él se encontraba creyendo cada vez más a ello, estaban destinados a encontrarse, algo más grande y poderoso que ellos los guiaba a permanecer juntos. Él sentía fuego en su interior y ella era el viento que lo avivaba, y la única palabra que coincidía con aquello era Uchiha, era la representación de su lucha y de cómo el amor y presencia de Sanavber podían hacerle creer que había algo más, algo por lo que valía la pena luchar; Sanavber no dijo nada, ¿Qué quedaba que decir? La elección de Indra era sobradamente acertada y ella estaba de acuerdo, regresando su mirada hacia los detalles de la estancia en que estaban y que ahora sería su hogar...o el de Indra, en caso de que él no estuviera de acuerdo en que compartieran sus vidas como le había ofrecido anteriormente. Indra esperaba que Sanavber le exigiera una respuesta, él le había dicho que la convertiría en su esposa si él ganaba y tomaba aquella villa, lo que ya había hecho, todo gracias a ella...mas, el Otsutsuki no pudo evitar sentir nervios, tragando saliva y temiendo que quizás los sentimientos de ella hubieran cambiado, y solo había manera de saberlo, por lo que él decidió arriesgarse.

—Pero, no puedo empezar un nuevo clan solo— inició Indra, acercando sus pasos hacia la azabache. —Te necesito a mi lado, Sanavber— admitió, mientras ella le sostenía la mirada. —Sé que, un día, la lucha que comencé con mi hermano inevitablemente nos forzará a enfrentarnos otra vez, tal vez no en esta vida, sino en la siguiente y para ello es preciso que mi linaje continúe— su lucha no había hecho más que empezar.

—¿Es una propuesta de matrimonio?— más bien afirmó Sanavber, sin demostrar interés.

—Lo es— afirmó él sosteniendo la mirada e inquieto por su carencia de emoción.

—Es terrible— desdeñó ella, permaneciendo indiferente. —Pero ya habías hecho una peor— sonrió por fin, divertida por su expresión ligeramente preocupada.

—No sé cómo más pedírtelo— suspiró el Otsutsuki, entornando los ojos ante su broma. —Te quiero a mi lado, ahora y siempre— reiteró sin dejar de verla a los ojos.

—¿Y no puedo rehusarme?— cuestionó la Harunn dando un paso más cerca de él.

—¿Lo harás?— dudo el pelicastaño, temiendo que ella fuera a negarse.

—Jamás— contrarió la azabache con voz suave. —Caído o de pie, siempre estaré contigo— prometió, negándose a abandonarlo nunca.

Como prueba de sus palabras, Sanavber eliminó los escasos centímetros que la separaban de Indra, acunando su rostro entre sus manos y halándolo hacia sí en un beso que llevaba deseando desde hace semanas, desde que habían tenido que separarse para que su plan—el de él en realidad—tuviera éxito, no fue un beso cargado de pasión sino lo suficientemente casto para demostrar su punto, rompiendo este un instante después y viendo a Indra a los ojos para estar segura de que él había entendido su intención. Sin embargo, ese breve beso no fue suficiente para Indra que sintió el fuego arder en su interior y que de inmediato sujetó de la nuca a la Harunn halándola hacia sí en un nuevo beso, presionando sus labios contra los suyos, exigiendo entrada a su lengua y que recorrió el interior de su boca...llevaba semanas deseándola, no había olvidado lo maravilloso y pleno que sentía al hacerla suya, el tiempo separados solo había hecho crecer su amor y ser consciente de ello hizo que el Otsutsuki sintiera que se le aceleraba el corazón. No era la primera vez que se besaban, y no sería la última, ambos habían sido muy íntimos entre sí pese a no tener claro lo que había entre ambos, pero ahora todo era diferente, ambos estaban en el mismo camino, deseaban lo mismo y por fin su relación tenía un nombre, e Indra no deseaba que nada ni nadie apartase a tan hermosa mujer de su lado, se sentía tan fuerte por tenerla a su lado y a la vez tan vulnerable, lo aterraba amar a alguien tanto y a la vez sentir que se volvería loco si la perdía, a la par que lleno de ilusión por un futuro que deseaba iniciara ya. Así comenzaba todo...


Dos Semanas Después

Debido a la premura de Indra por casarse, no tolerando que pasaran más de dos semanas desde su toma de poder de la villa de Selah y su matrimonio con Sanavber, por demás estaba decir que los preparativos se llevaron a cabo a toda velocidad, mas asombrosamente todo pudo completarse a tiempo para la feliz ocasión; los sobrevivientes entre los habitantes de la villa, mujeres y niños en su mayoría, también ayudaron. Increíblemente, lord Indra estaba probando ser un líder eficiente, ciertamente era muy estricto y serio, pero sus intenciones eran buenas, no discriminaba a nadie y veía iguales a sus subordinados que a los sobrevivientes del bando enemigo, por lo que ambos bandos se unieron en un solo grupo…una sola villa, un solo clan, que comenzó a llamarse Uchiha con orgullo, aunque hasta ahora solo hubiera un individuo capaz de llamarse Uchiha, Lord Indra, que sin embargo continuaba llamándose Otsutsuki y como prueba estaba su característico atuendo blanco con las marcas negras de su clan de origen, de cuello alto, solo que fabricado en tela más fina y con un aire aún más formal por la ocasión. Sanavber, de pie a su lado, ambos frente al sacerdote y acompañados por la élite dentro de su nuevo clan, aquellos que más los habían apoyado en su conquista, era una Harunn, no tenía una gota de la sangre del nuevo clan, pero al convertirse ahora en la esposa del patriarca del nuevo clan, se convertiría en aquella que llevaría en su vientre a la próxima generación, la matriarca para todo este nuevo clan, por lo que todos los ojos estaban sobre ella.

—En presencia de Kami y con todos los presentes como testigos, tengo el honor de unir a dos personas que se aman— anunció el sacerdote, intercalando su mirada entre la pareja. —Lady Sanavber, hija del clan Harunn, ¿Acepta a lord Indra como esposo, para amarlo y respetarlo durante todo el tiempo que duren sus vidas?— preguntó, centrando su atención en la hermosa novia.

—Acepto— contestó la Harunn sin dudarlo, observando atentamente a Indra.

Aunque ella acababa de aceptar, la mirada de Indra no se apartó de su inminente esposa, que esbozó una ligera sonrisa al saberse el centro de atención, no permitiéndose aquella emocionalidad que tanto la caracterizaba, mas siendo igual o todavía más hermosa que antes, porque a partir de ahora sería solo suya. La Harunn portaba un sencillo kimono blanca de escote en V, con un margen superior y alto que no dejaba lugar a la imaginación, de mangas ceñidas hasta las muñecas donde se volvían acampanadas hasta cubrirle las manos cruzadas sobre el vientre, encima una capa superior sin mangas, escasamente cerrada a la altura del vientre de seda dorada repleta de bordados cobrizos que hacía ver la tela ligeramente más opaca, masificando la espléndida guirnalda de diamantes y cristales alrededor de su cuello y que cubría su escote, a juego con unos pendientes en forma de lágrima y un largo velo blanco sostenido por una diadema que combinaba perfectamente, dejando que el largo lienzo cubriera su rostro. Indra había ordenado a las costureras que hicieran el atuendo más hermoso posible para su esposa, quería que todos los ojos estuvieran sobre ella, que la historia recordará a la primera mujer de este nuevo clan, la madre de su futura prole, la primera de las deslumbrantes joyas que adornarían el mundo, aquella que por la eternidad estaría entrelazada a su nombre; mas, aunque la atención de Indra estaba completamente volcada hacía su esposa, nada le impidió escuchar las palabras del sacerdote, habiendo llegado su momento de dar su consentimiento a la unión:

—Lord Indra Otsutsuki, patriarca de nuestro clan, ¿Acepta a lady Sanavber como esposa, para amarla y respetarla durante todo el tiempo que duren sus vidas?— interrogó el sacerdote, concentrando su mirada en el Otsutsuki

—Acepto— contestó Indra, sin apartar la mirada del rostro de Sanavber.

No tenía que detenerse a pensarlo siquiera, Sanavber era todo lo que quería, el tiempo separados había hecho crecer desesperadamente sus sentimientos por ella y, desde que habían vuelto a verse, él tenía claro que ella era todo lo que quería, su hermosa diosa lobo de ojos finos, verdes como esmeraldas, con pestañas seductoras y sonrisa tierna que no apartó la mirada de él a través del velo que cubría su semblante, y que él deseaba quitarle cuanto antes, frenando sus impulsos y apretándose inquieto las manos. Notando aquel gesto por parte de Indra, cada vez más curiosa y divertida por este hombre tan contradictorio—tan serio, pero a la vez tan sensible, tan emocional, pero a la vez tan reservado, impulsivo, pero a la vez contenido—y que ahora estaba a solo un instante de convertirse en su esposo, Sanavber se mordió el labio inferior para no rey, ansiosa a la par que nerviosa—pero en el buen sentido—por lo que estaba por venir, esperando cumplir con todas y cada una de las expectativas que Indra pudiera tener de ella, diciéndose que nada era más importante para ella que verlo feliz. Habiendo llegado el momento final de la ceremonia, el sacerdote se volvió hacia el altar a su espalda, tomando un largo lienzo de color blanco y que sostuvo con cuidado, volviéndose hacía la pareja y uniendo sus manos con aquel lienzo que anudó firmemente, haciendo una línea con aceite consagrado de la mano de la Harunn a la del Otsutsuki, como si fueran uno solo y finalmente desanudando el lienzo frente a la atenta mirada de todos los presentes, en especial de la joven pareja que parecían incapaces de apartar la mirada el uno del otro.

—Kami lo ha aceptado— proclamó el sacerdote finalmente. —Ante mí ya no hay un hombre y una mujer, no son dos seres individuales sino uno; un alma, un corazón, una mente y un cuerpo, ahora y para siempre— específico, tanto para los presentes como para la pareja. —Queda autorizada esta boda— declaró, concluyendo con la ceremonia.

Los matrimonios eran uniones, eventos formales, por lo que Sanavber no esperó que Indra fuera a demostrarle afecto en presencia de todos los presentes—por muy de confianza que fueran, sabiendo mejor que nadie que él confiaba en pocas o ninguna persona salvo ella, lo que la honraba profundamente—, la Harunn cerró los ojos mientras el Otsutsuki separaba su mano de la suya y alargaba estás hacía el borde del velo que alzó con cuidado para que cayera tras su espalda, exponiendo su rostro ante su mirada. Aunque no fue su intención, Indra acabó recordando a su molesto hermano menor Ashura, que por alguna razón que no entendía era tan emocional y disfrutaba de las demostraciones de afecto abiertas, Indra había crecido aprendiendo justo lo contrario, que no debía demostrar sus emociones o alguien podía usarlas en su contra y traicionarlo; lo puso nervioso—mas no lo demostró—pensar en demostrar afecto en presencia de terceros, por mucha confianza que les tuviera, no podía besar a Sanavber delante de ellos ni se le pasó por la cabeza hacerlo, solo apartar el velo de su hermoso rostro y alzar la misma mano que el sacerdote había unido a la suya y acercarla a sus labios para besar el dorso de esta. Anticipando la lucha interior de Indra, sabiendo bien cuán difícil le era abrirse, mas en presencia de tantas personas, Sanavber sonrió al encontrar su mirada con la suya, no necesitando que él demostrara que la amara, entrelazando su mano contra la suya en respuesta y abandonando el salón hacia la fiesta que los esperaba, siendo reverenciados a su paso por todos los invitados a su boda.

Ahora tenían todo el tiempo del mundo para ellos.


El banquete y celebraciones por la boda fueron maravillosas, Indra era un hombre reservado y gran parte del tiempo era difícil saber qué estaba pensando, había orquestado todo un conjunto de celebraciones, ¿Era solamente por lo mucho que amaba a Sanavber? Ni él mismo podía decirlo, sí que amaba a tan hermosa mujer y sentía que se volvería loco si no se lo demostraba a su manera, pero, también era ahora un lord y, al casarse con Sanavber, ella se convertía en una lady, en su igual, en su esposa y la descendencia que tuvieran—si es que ella no estaba embarazada aún—seria aquella que debería de haber heredado legítimamente el Ninshu, si su padre le hubiera dado aquello que le correspondía por herencia. Durante el banquete de boda, viendo a Sanavber sonreírle en todo momento, Indra intentó no pensar en su padre y su hermano, pese a lo furioso que estaba con ambos, desearía tener su aprobación, desearía que ambos reconocieran a Sanavber como su esposa, ¿Lo harían? Técnicamente y si él no hubiera abandonado a su familia, o si estos no lo hubieran traicionado, él habría tenido que desposarse con alguien de su propio clan, una subordinada de su padre, pero nada de ello importó al líder del emergente clan Uchiha, y que sin pronunciar palabra se retiró del banquete de la mano de Sanavber, mientras un heraldo anunciaba que la pareja se retiraría, permitiendo que la celebración continuase sin ellos, el Otsutsuki cerrando la puerta de su habitación a su espalda, siendo guiado hacia la cama por su ahora esposa y que lo veía a los ojos.

—Te amo— declaró Sanavber, sujetando sus manos entre las suyas y haciendo que se detuvieran junto a la cama, —te amaba antes de hoy, y te amo más que ayer— y seguiría amándolo más con cada día que pasara, porque ahora él era su esposo.

—Yo también te amo— correspondió Indra, diciéndolo de todo corazón. —No soy bueno con las palabras y jamás lo seré— inició, viendo la sonrisa de ella crecer, —pero tú eres lo que más amo en el mundo, eres todo para mí, mi tesoro más preciado y ahora todos sabrán y verán para siempre que eres mi esposa, y que mi vida siempre estará consagrada a ti— la amaría en esa vida y en las que vinieran, siempre sería solo suyo.

—Es lo mismo que deseo yo— suspiró ella, profundamente conmovida con sus palabras.

Sanavber lo había amado desde la primera vez que lo había visto, y lo amaría hasta el final, más allá de ser posible, envolviendo sus brazos alrededor del cuello y hombros de su esposo, acercando su rostro al suyo para rozar sus narices, sonriendo mientras lo veía a los ojos—viendo su Sharingan activarse, siempre queriendo ver todo de ella—y notando como su semblante siempre tan serio se suavizaba y una ligera sonrisa ladina se adueñaba de su rostro. El Otsutsuki tomó la iniciativa, acunó el rostro de su esposa entre sus manos e inclinó su rostro para besar sus labios, esos labios dulces que había besado varias veces pero cuyo sabor no dejaba de ser único para él, deslizando su tacto para envolver sus brazos alrededor de su estrecha cintura, buscando el nudo del fajín y que deshizo, buscando el extremo de las camas de ropa y de la cual lentamente la fue despojando, reclamando el interior de su boca con su lengua, envolviéndola contra la suya y sintiendo sus gemidos ahogarse contra sus labios. Las capas cayeron una a una, y Sanavber no protestó cuando se encontró completamente desnuda frente a Indra, él ya la había visto así y ahora todo se sentía más correcto que nunca, porque él era su esposo, su esposo a quien ella desvistió de igual modo, prenda por prenda, jadeando contra los labios del Otsutsuki que la cargó en sus brazos y ella envolvió gustosa sus piernas alrededor de sus caderas, gimiendo contra sus labios al sentir su miembro entre sus piernas, dejándose recostar sobre la cama con él encima, rompiendo el beso para respirar.

—Solo quiero pedirte algo esta noche— suspiró Sanavber mientras recuperaba el aliento.

—Lo que quieras— asintió Indra, no pudiendo ni queriendo negarle nada ahora.

—Dame un hijo— pidió ella directamente, tomándolo por sorpresa. —Ahora eres el padre de algo más grande, un futuro radiante— recordó, pues su nueva posición implicaba mayores obligaciones. —Pero, debes asegurar el futuro— agregó, meciendo sus caderas hacia las suyas y buscando convencerlo si es que el Otsutsuki dudaba.

—¿Es lo que tú quieres?— consultó él con voz ronca, rozando sus labios contra los suyos.

—Si— confirmó la Harunn sin dudarlo. —Te amo— reafirmó, sin dejar de verlo a los ojos. —Mi vida entera está en estas palabras— le pertenecía por completo, como su esposa.

—Yo también te amo— correspondió el Otsutsuki, sintiendo que ella le había quitado las palabras de la boca.

Indra ahora era un lord, alguien importante, y era el primogénito del clan Otsutsuki—aunque poco alardeara de ello, pareciendo decidido a escribir su propio destino y amar una nueva vida—, mas como lord debía tener un hijo, heredero y sucesor, el propósito de dos personas para casarse era tener una familia, y Sanavber quería la misma estabilidad, quería hacerlo feliz y no dudo en envolver sus brazos alrededor de los hombros de su esposo, separando sus piernas mientras sentía a Indra acomodarse entre estas, y embestía lentamente en su interior, viéndola a los ojos en todo momento y comenzando a hacerla suya. Antes de conocer a Sanavber, Indra no había considerado pasiones mundanas, todo había sido solo entrenar, mejorar, probar que era digno del legado de su padre y destinado a proteger a su hermano menor, pero desde que había conocido a Sanavber se encontraba sintiendo y experimentando cosas que jamás habría creído posible y que disfrutó enormemente, gruñendo contra sus labios, aún sin fundirse en un beso, delineando su cadenciosa anatomía, retirándose para volver a embestir, reteniendo sus caderas entre sus manos y sintiéndola a ella arquearse debajo suyo, envolviendo sus caderas con sus piernas y gimiendo su nombre ante cada embestida, ¿Podía verse aún más hermosa? Gimiendo entregada debajo suyo, sus largos cabellos azabaches desordenados debajo suyo, sus pechos presionados contra su torso y sus piernas abiertas para recibirlo, abrazándolo con sus brazos alrededor de su cuello.

Valiéndose de lo abrumado que parecía Indra, Sanavber recargó su peso alrededor de sus hombros e invirtió las posiciones, rodando sobre la cama y montando a horcajadas sobre su regazo, sintiendo los brazos de Indra envolverse a su alrededor, su tacto ascendiendo por sus caderas y cintura para amasar sus pechos, separando más sus piernas pese a estar debajo suyo, embistiendo más rápida y profundamente en su interior. Toda ella se sentía maravillosa, no era solo hacerle el amor siendo tan hermosa como toda ella era, había algo que ella tenía que lo volvía loco, escuchar sus melodiosos gemidos y saberla suya lo hacía estremecer, esa hermosa mujer era solo suya, arqueándose contra su cuerpo, gimiendo su nombre, recibiendo dócilmente cada una de sus embestidas y ambicionando darle todo lo que él había perdido; una familia, una vida nueva, e Indra deseaba lo mismo, deseaba dejar el pasado atrás y volver a empezar teniéndola a ella, descendiendo sus labios por el valle entre sus pechos para aprisionar uno de sus pezones entre sus labios, deslizándose hacia el gemelo y escuchando su nombre entrelazado con un gemido salir de los labios de su esposa, que meció sus caderas contra las suyas. Era una ambición muy grande y provenientes de ambos, querían dar origen a una era completamente nueva, ella una Harunn ligada a una profecía y él un proscrito pese a ser el heredero de un clan grandioso como ninguno, amándose, volviéndose uno solo y pudiendo demostrarlo al encontrarse en solitario, en la intimidad y confianza absoluta.

Sobre el regazo de Indra, resultó asombroso y excitante para Sanavber la fuerza de su esposo, que embistió profundamente en su interior, relegándola a gemir, besando sus labios y envolviendo su lengua contra la suya, abrazándolo y chocando sus pechos contra su torso, meciendo sus caderas hacía cada una de sus profundas embestidas y que la hacía gemir su nombre, deseando el clímax que él tanto le estaba ofreciendo, anhelando cumplir aquello que acababa de pedirle, quería concebir un hijo suyo. Observando extasiado a su esposa, sintiendo el clímax cada vez más cerca, Indra envolvió sus brazos alrededor de Sanavber y la hizo quedar debajo suyo, sin dejar de embestir en su interior, más rápido, más profundo y brusco, descendiendo sus labios por su cuello, extasiado con el sabor de su piel, sus melodiosos gemidos que lo acercaba al clímax, reteniendo sus caderas contra las suyas y derramándose en su interior al mismo tiempo que Sanavber llegaba a su propio clímax, gritando su nombre y arañándolo en la espalda, aun meciendo sus caderas hacia su miembro como si buscase prolongar su clímax y así pareció ser, suspirando su nombre, envolviendo sus brazos alrededor de él en un cálido abrazo. Ambos esposos permanecieron unidos en tan cálido abrazo—Indra besándole el cuello y Sanavber jugando con su cabello—, negándose a moverse y temiendo arruinar lo perfecto que era aquel instante, se habían amado muchas veces antes, pero ahora todo se sentía diferente, como si de alguna forma sus almas estuvieran ligadas la una a la otra, sintiendo que siempre lo estarían, por la eternidad, siempre estarían juntos…


PD: Saludos queridos y queridas, actualizó esta historia el día de hoy por el interés que hay, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "Kóraka: El Desafío de Eros" luego "El Clan Uchiha" y por último "El Sentir de un Uchiha" :3 Esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a mi muy querida amiga Ali-chan1996 (dedicándole todos y cada uno de mis escritos y agradeciendo profundamente poder contar con su apoyo) a Velbeth Castro (dedicándole la historia como agradecimiento por sus palabras, ya que hice esta historia para honrar a este inexplorado personaje), a mi queridísima amiga Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Intento de Asesinato, Conquista & Matrimonio: Inicio el capitulo representando un intento de asesinato a Indra por parte de los nobles en la villa de Selah, lo que viene a representar los intentos de asesinato a Madara y Sasuke en el canon, así como su tendencia a mantenerse en guardia incluso en plena noche, y su mal humor al despertar que fue aludido en el canon de Naruto cuando se hablaba de Sasuke. Por otro lado tenemos a Sanavber como una Maestra del disfraz y diplomática en la villa de Selah, hablando por Indra, tomando nota de las defensas de la villa y priorizando que se perdone la vida a los inocentes, lo que Indra no duda en hacer, lo que será la base del futuro clan Uchiha; la villa de Selah es obra mía, pero viene a representar el lugar en que Sasuke e Itachi se enfrentaron entre los capítulos 136 al 138 de Shippuden, pues es un asentamiento a todas luces antiguo para el clan y lejos de Konoha que fue su sede por décadas. El capitulo cierra con la boda de Indra y Sanavber, y su primera vez como una pareja ya casada, ambos siendo los dos lazos que unirán al clan y darán a luz a la siguiente generación que si llevara el apellido Uchiha; como nota, las palabras de Sanavber: "Te amo, mi vida entera está en estas palabras" son las mismas palabras que Sasuke recuerda haberle dicho a Sakura en su noche de bodas, un guiño a quienes ambos fueron en sus vidas pasadas. A partir de los próximos capítulos desarrollare la paternidad de la pareja, las continuas luchas por sobrevivir y como su hedonismo se ve interrumpido en esta vida, para continuar en las siguientes, relatando así generaciones de los próximos lideres por venir.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3