Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la trama de esta historia es completamente mía.
Capítulo 8
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Edward le dijo que se vieran en la plazoleta frente a la estación a eso del mediodía, por lo que esa mañana eligió una ropa bonita y usó el colorete de siempre en las mejillas. Después de algunos minutos mirándose al espejo, se montó en la camioneta sin mucho titubeo.
Anoche cayeron heladas y la escarcha cubría de blanco las calles. La mayoría de los suelos en el pequeño Forks eran de material rugoso y sumándole el hielo, llevaba a que la conducción fuese un tanto difícil.
Miró hacia ambos lados. Sentía que el freno no respondía.
¡Detente!
No supo muy bien cómo, pero de algún modo perdió por completo el control y la camioneta se deslizó directo a estrellarse contra un árbol. Intentó girar previamente para evitar el encontronazo, pero no tuvo tiempo de evitar la colisión.
Se sintió un poco mareada y la visión borrosa mientras se quitaba el cinturón de seguridad. Un hombre que caminaba por la acera se acercó corriendo para verificar que estuviera bien. No tenía heridas ni golpes por el repentino choque, aunque su corazón latía desbocado.
El hombre hablaba, su voz perdiéndose entre el bullicio, todo en lo que podía pensar era en la voz que la hizo frenar de golpe. Por un momento, pensó que era su propia voz gritando que se detuviera, pero no era su voz. Era un poco más dulce que la suya.
—Señora.
Bella parpadeó hacia el hombre.
—Disculpe.
—La policía viene en camino. No se preocupe.
Quería decirle que estaba bien, pero no le salían las palabras. Le pitaban los oídos y no podía razonar con claridad. No se sentía mal físicamente, pero estaba conmocionada y todo avanzaba con lentitud. Se bajó de la camioneta tambaleándose, revisando todas las esquinas.
La abolladura no era demasiado grande y parecía superficial preocuparse de esas cosas en este momento, pero no pudo evitar pensar que ahora tendría que arreglar su camioneta también.
Cuando la policía llegó, vio a Edward correr directamente hacia ella. No sabía hasta ese momento lo asustada que estaba por lo ocurrido, porque cuando él llegó junto a ella lo abrazó tan fuerte que podría haberle roto un hueso.
Edward, por su parte, la sostuvo entre sus brazos, acariciando su espalda torpemente para tranquilizarla. Lo agarró fuertemente por la tela de la camisa, sintiendo miedo de alejarse.
—Bella… —la llamó, tocándole el pelo— Bella, ¿estás bien?
—Estoy bien, pero mi camioneta no.
—No me importa tu camioneta.
Parecía indignado con la mención de la camioneta y la llevó con cuidado hasta el asiento delantero de la patrulla, mirándola fijamente a los ojos, como si de esa forma comprobara que no sufría un daño cerebral. Una vez asegurado de que reaccionaba bien a sus estímulos, la dejó mientras realizaba el procedimiento policial.
Luego, cuando terminó, la llevó al hospital.
—¿No sientes dolor de cabeza?
—No.
—¿Náuseas?
—No.
—¿Estás sangrando?
—Nada.
No mencionó la voz de su cabeza, porque ya era suficiente con la situación. Si le decía que una voz le dijo que se detuviera, ahora sí pensaría que estaba completamente loca. No quiso darle demasiadas vueltas a lo ocurrido, porque pensaba seriamente que aquello fue parte de su imaginación.
La llevó al hospital y se aseguró de que la atendieran rápidamente. Le hicieron algunos análisis y comprobaron que todo estuviera bien con el bebé. Estuvo un par de horas allí hasta que el doctor la dejó irse a casa con algunos analgésicos.
Mientras caminaba hacia la salida, vio a Edward esperándola en la sala de espera.
—¿Estás bien?
Fue la primera persona que vio al salir, parado junto a la puerta de urgencias en uniforme policial, como si realmente le importara.
—Perfectamente. Ningún hueso roto, ningún rasguño. Ahora solo tengo hambre.
Edward gimió, no muy contento por esto último.
—Ven, déjame llevarte a casa.
Le dijo que su camioneta no parecía tener problemas. La abolladura era superficial y tenía arreglo. Al parecer, solo perdió el control producto del hielo.
—Me alegro, una cosa menos que arreglar.
Él la miró con indignación otra vez, como si ya no pudiera soportar sus respuestas.
—Sabes… deberías pensar mejor tus prioridades.
Sus facciones se endurecieron, lo que le hacía parecerse más a la fotografía del abuelo que guardaba en el bolsillo. Bella se rio, tratando de organizar el papeleo del hospital en sus manos y los medicamentos.
—No te enojes, lo hago para no entrar en pánico, de otra manera estaría llorando. Y no quieres verme llorando. —puntualizó esto último, advirtiéndole con la mirada, luego la suavizó—. Gracias por preocuparte por mí.
Él asintió, aunque parecía querer decir otra cosa.
—¿No deberías llamar a alguien?
—¿A quién? Mi madre vive lejos y estoy bien.
Notó que quería preguntar más, pero no se atrevió. Algo le hizo entender que se refería al padre de su bebé. Nunca le dijo que no existía un padre, solo le dijo que no tenía marido, así que era esperable que pensara que debía llamarlo.
No hizo más preguntas y ella no dio demasiadas explicaciones.
Cuando llegaron a casa, Edward alcanzó una caja de plumavit con una hamburguesa en su interior. Se lo dejó en el regazo, luciendo tan gentil que quería abrazarlo de nuevo.
—No es lo más saludable, pero necesitas comer.
—¿Qué vas a comer tú? No quiero dejarte sin almuerzo.
—No te preocupes. En la estación nunca falta la comida.
Ella esbozó una sonrisa hacia él y colocó la mano sobre la suya, de algún modo agradeciendo su gesto desinteresado. Era extraño, pero de un modo acogedor. No estaba acostumbrada a este tipo de atenciones. Nunca nadie en su adultez se preocupó que comiera o si necesitaba algo.
No sabía si ese sentimiento de calidez era bueno o no. Después de todo se iría en pocas semanas. Era fácil acostumbrarse a la atención de otra persona.
Quitó la mano cuando el silencio se volvió ensordecedor y buscó la fotografía del bolsillo para entregárselo. Dejó la pequeña imagen frente a él mientras Edward la miraba con expresión de curiosidad.
—La encontré entre sus cosas. Pensé que te gustaría tenerlo.
Observó la foto, como si no creyera lo que estaba viendo.
—¿Soy yo?
—Yo también lo pensé.
Recordó que Edward nunca conoció a su abuelo. Murió mucho antes de que él naciera y, por lo tanto, era la primera vez que lo veía de verdad. Sabía cómo se sentía, a pesar de que ella sí logró conocer a su abuela, también fue impactante encontrar las fotografías de cuando era joven.
—Es impresionante.
—Y eso no es todo. —dijo ella, colocando las fotos de su abuela junto a la otra imagen— Esta es mi abuela.
Ahora con ambas fotos frente a él, era todavía más impresionante el parecido que tenían con estas personas. Y lo que más lamentaba, era que nunca sabría la historia detrás.
—¿Qué es todo esto? —preguntó él.
Ella se encogió de hombros.
—No lo sé.
Cada tanto se hacía la misma pregunta: ¿era posible que dos personas fueran tan parecidas?
Pensó en la reencarnación. No era para nada escéptica a ese tipo de cosas. Lo impactante era que ambos parecían ser reencarnaciones de sus abuelos. Podrían no haber coincidido en una misma época, pero lo hicieron.
—Somos la reencarnación del otro, supongo. —continuó ella. Edward la miró confundido— No me mires así, yo tampoco entiendo nada.
—Es increíble. Quiero decir… —se detuvo, sacudiendo la cabeza— somos nosotros.
Era tan inverosímil, pero las pruebas estaban frente a sus ojos. Si no estuviera cien por ciento segura de que jamás se tomó esas fotografías, pensaría que era ella. Sabía lo que era la genética, sabía que algunas personas eran iguales a otras, sabía también que cada persona tenía un doble en el mundo, pero aún así era raro.
Se sentía como si se estuviera perdiendo una parte de su vida.
Permanecieron en la patrulla por un largo rato, conversando de lo extraño que era todo, desde las cartas hasta las fotos. Era como vivir una historia paralela, pero una en la que ninguno de los dos recordaba.
¿Su abuela se habrá dado cuenta alguna vez? El parecido del jefe de policía con el difunto Edward. ¿Por eso dejaba que Edward entrara a cortar su césped, porque de alguna manera era como volver a ver al antiguo Edward Cullen?
Bella suspiró, notando un rugido en el estómago. El bebé dio una patada fuerte, lo que hizo que se retorciera.
—Será mejor que me baje. Tu radio patrulla no deja de sonar.
—Haz todo lo que te dijo el médico. Trata de descansar. —pidió— Traeré tu camioneta mañana.
Asintió, tomando sus cosas del regazo.
—Te esperaré. —contestó, sonriendo— Gracias por traerme.
No lo pensó demasiado, pero se acercó despacio y le dio un beso en la mejilla. Lo decidió en el último minuto mientras el aire de alrededor se volvía espeso. Fue un beso suave sobre una mejilla suave, quedando impregnada de su olor.
Edward se la quedó mirando, sorprendido por su acción.
—Adiós, Edward.
Parecía no encontrar las palabras.
—Adiós, Bella.
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Al día siguiente, la visitó el reparador para echar un vistazo a la casa. Era un hombre alto, rubio y con una sonrisa encantadora. Se presentó como Jasper Withlock, cuñado del jefe de policía. Esas fueron sus palabras exactas.
La casa era un desastre. No por el desorden, sino por todos los arreglos que debía hacer.
Bella suspiró, agobiada, aunque no era algo que desconociera. La casa no estaba en buenas condiciones. Comenzaba a pensar que preocuparse por arreglar esas cosas era un gasto innecesario. Y para más remate, Jasper no pudo cambiar la tubería porque la pieza nueva era demasiado moderna para un lavaplatos tan antiguo. Necesitaba un repuesto que en Forks no se vendía.
—Este tipo de repuestos lo encuentras en Port Ángeles. Está a una hora en vehículo desde aquí. Yo iría sin ningún problema, pero tengo que ir a otra casa más tarde.
Bella se levantó, llenó un vaso de gaseosa y se lo ofreció. Parecía agitado.
—Lo haré yo, muchas gracias.
—Llámame cuando lo tengas y vendré. No me tomará mucho tiempo.
Un rato después escuchó la bocina de un auto afuera. Pensó que era Edward con su camioneta, pero la suya no sonaba así. Se asomó por la ventana, temerosa por cualquier ruido externo y notó enseguida una silueta pequeña en la entrada. Quitó el seguro y abrió la puerta, encontrándose con la sonrisa simpática de Alice.
—¡Hola! —exclamó— Me contaron que tienes raptado a mi esposo.
Se veía más grande y cansada que hace días atrás. Llevaba puesto un jockey y la camiseta del albergue donde trabajaba. No esperó a que respondiera, simplemente retrocedió y sacó una mochila gigante como si no pesara nada. Luego cerró la puerta trasera con el pie, dio un rápido impulso y entró a la casa.
Cuando entró, Jasper apareció con su caja de herramientas.
—¿Alice? ¿Qué haces aquí? —luego chasqueó la lengua— ¿Por qué estás cargando peso otra vez? Dame eso.
—¡Estoy bien! No es para tanto.
—¿Una mochila de excursión no te parece suficiente peso?
—No exageres.
Jasper volvió a chasquear la lengua, como si este tipo de discusiones fuera recurrente entre los dos. Bella estaba atrás, escuchando la discusión matrimonial a la distancia. No sabía si meterse o sentarse en una esquina.
La vio abrir alegremente el bolso que empujó con el pie y pedirle a Bella que se acercara.
—¿Qué es todo esto? —quiso saber ella con mucha curiosidad.
—Espérate. ¡Creo que te encantará! Pensé que no te importaría si te devolvía la toalla o no, pero imaginé que esto te serviría más.
Hizo que Bella metiera la mano y dentro encontró un osito de algodón de color verde agua con un dibujo en el centro. Era tan pequeño que se lo quedó mirando hasta que Alice perdió la paciencia y comenzó a sacar más cosas del interior. Pijamas, enteritos, calcetines, gorros y un sinfín de conjuntos en diversas tallas y colores. Toda la ropa en versión diminuta.
No era posible que un humano cupiera en esto.
No sabía lo mucho que lo necesitaba hasta que lo vio. La única vez que tomó un osito fue cuando supo que estaba embarazada y decidió visitar una tienda de ropa infantil. Tanta pregunta de la vendedora la asustó y se fue, recordándose que aún le quedaba mucho tiempo para hacerse a la idea.
Pero pasaron cinco meses y nunca le compró nada. Ni pañales ni chupetes. Era la primera ropa para su hijo. Pasó las manos por encima de la tela, la suavidad y el olor a detergente de bebé la hicieron lagrimear. No sabía si era por alergia o emoción. Sospechaba mucho que la segunda.
Se dio cuenta que no dejaba de lagrimear hasta que Alice le tocó el brazo.
—Tranquila, yo también lloro con la ropa de bebé.
—Pero… ¿y esto? —dijo sonándose la nariz— ¿Es para mí?
—Claro, ¿para quién más? Tengo mucha ropa para el bebé y estoy segura de que no usará ni la mitad. ¿Por qué me quedaría con todo si sé que te puede servir?
A veces se sentía tan sola, ni siquiera tenía amigas de confianza con las que hablar. Sus compañeras de trabajo eran mucho más jóvenes y nunca podía entenderlas del todo. Trataba de mantener una buena convivencia, pero se aburría cuando el único tema de conversación giraba en torno a chicos.
Le dio un abrazo, a pesar de que no era su costumbre abrazar a desconocidos. No sabía si eso la incomodaría o no, pero fue un acto reflejo. Alice la tranquilizó dándole palmaditas en la espalda, como si calmar el llanto de una embarazada fuera su especialidad.
—Es mi primer bebé. No sé mucho sobre lo que tengo que hacer. —le dijo Bella después de un rato conversando. Jasper seguía trabajando, así que se sentaron en el sofá.
—No te preocupes, yo tampoco sé nada. Estoy improvisando. —contestó ella encogiéndose de hombros— Es abrumador.
—Lo es.
—¿Por qué no vienes a mi casa el fin de semana? Haremos una especie de… "bienvenida" a la bebé y habrá mucha comida. A mi hermano le encantará. Le preocupa que te sientas sola, así que le dije de invitarte y pensó que era una idea genial. —se detuvo de golpe, como si recordara algo, entonces la vio chasquear la lengua—. No le digas que dije eso.
Todavía con lágrimas en los ojos, notó una sensación de cosquilleo en el estómago.
—No te preocupes, no le diré.
¿Así que Edward se preocupaba de que se sintiera sola?
Sin poder evitarlo, sonrió.
Hola, ¿qué tal? Espero que les haya gustado el capítulo. Bella y el bebé se encuentran bien, fue solo un susto, y Edward parece querer tomar el papel de esposo preocupado.
En el próximo tenemos la fiesta de bienvenida en la casa de Alice, y tal vez ocurra alguna que otra cosita ;)
Muchas gracias por comentar y leer hasta el final.
Nos leemos pronto!
