Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es bornonhalloween, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to bornonhalloween. I'm only translating with her permission.


Capítulo 5

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Fiel a su palabra, Emmett envió a "uno de los chicos" a recoger a Bella, lo cual le vino muy bien. De ninguna manera podría haber ocultado su gran cita a Emmett, y de ninguna manera podría haber manejado sus bromas en este momento, benévolas o no. Le agradeció a Hector por el viaje y finalmente dejó que su corazón celebrara mientras subía en el ascensor.

Estimaba que esa fila de fanáticas duraría al menos dos horas, incluso si nadie más tenía más de los tres minutos asignados. Se permitió una sonrisa de satisfacción en ese momento. Aun así, ¿cómo podría haber suficiente tiempo para arreglarse adecuadamente para la cita de su vida?

Por supuesto, no tenía ni la menor idea de adónde la llevaría o qué harían. Él no vivía en San Francisco ahora, pero había crecido en Pacific Heights y vivió aquí hasta hace unos doce años, cuando sus libros comenzaron a hacerse famosos. Después de revisar todas sus opciones, Bella decidió quedarse con lo que tenía puesto. Obviamente le había gustado lo que había visto, así que ¿por qué arriesgarse? Aunque esos tacones eran un accidente esperando a suceder. ¡No le importará inclinarse para besarme!

Además, preferiría pasar el tiempo poniéndose al día con Guerrero de una Época Más Simple que peinándose de nuevo, y si él quería al tipo de chica que preferiría pasar horas maquillándose que leyendo sus palabras, mejor que descubriera ahora que ella no era para él.

¿Cuenta eso como quedarse en casa esperando a que suene el teléfono cuando ya tienes una cita concertada? Bella no estaba segura de que le importara. El libro estaba sobre su pecho y su teléfono justo debajo, apoyado sobre su vientre. Completamente cargado, con el volumen al máximo, el teléfono estaba preparado para su llamada, y Bella también.

Para lo que no estaba preparada era para el mensaje de texto que llegó a las 5:35, vibrando en su estómago mientras la melodía la hacía sobresaltar y soltar el libro de sus manos.

—¡Mierda! —Bella se giró para recuperar el libro, y su teléfono cayó al suelo—. ¡Maldita sea! ¡Qué bueno que no voy a operar ninguna maquinaria pesada esta noche! —Finalmente, con el teléfono y el libro en sus manos, miró la pantalla.

Edward OhPorDiosOhPorDios Cullen envió un mensaje de texto.

¿Me recuerdas?

Bella se quedó boquiabierta unos segundos. En algún lugar, en lo profundo de su corazón, no debía haber esperado que él cumpliera, pero ahí estaba. ¿Y qué había del nombre de contacto que había escrito? ¿Tendría las agallas de dejarlo así para su pequeño juego de mostrar y compartir?

¡Rápido, respóndele al tipo!

Hmm, vagamente.

¡Qué rápido se olvidan! Soy el tipo alto... con trasero perfecto... que escribió algunos libros... ¿te suena?

Él realmente estaba presionando. ¿Me atrevo?

Recuerdo la parte del trasero.

¡Eep! ¡Estoy coqueteando sarcásticamente con Edward Cullen!

¡Así que me recuerdas! Acabo de terminar mi sesión. ¿Aún quieres que nos veamos?

¿Es esa una pregunta capciosa?

¡Ja! Me encanta ese sentido del humor tuyo. Me duelen los dedos de tanto enviar mensajes. Te voy a llamar.

¡Edward Cullen me va a llamar A PROPÓSITO!

No debería haberse sorprendido tanto cuando el teléfono dio un salto y se iluminó en su mano o cuando la voz de Sarah MacLachlan resonó desde el pequeño altavoz cantando "En los brazos de un ángel, vuela lejos de aquí...", especialmente porque solo había agregado el tono de llamada una hora antes después de pasar esos preciosos segundos en sus brazos. Y aquí estaba, en su teléfono en su feliz habitación de Edward. ¡Contesta la maldita cosa de una vez!

—¿Hola?

—Hola, Bella.

¡Estoy hablando con Edward Cullen otra vez! ¿No debería haber desaparecido la emoción? ¿Por qué sigo mareada? ¡Ah!

—Hola. ¿Cómo están tus dedos? —Bella se dio una palmada en la frente con tanta fuerza que estuvo segura de que él pudo oírla.

Una carcajada se filtró en su oído.

—Todo sigue funcionando. No te preocupes.

Los dedos de Edward... trabajando... en ella... dentro de ella. Esto no ayudaba.

—Suena como si estuvieras caminando.

—Sí, voy a mi coche rentado. ¿Quieres enviarme un mensaje con tu dirección para que pueda encontrarte o debería hacer que Jazz se gane su cinco por ciento?

—No creo que sea necesario. Estoy en la calle Capp 3714.

—¿En la Misión?

—Sí.

—Eso es perfecto. Debería estar allí en unos quince minutos. ¿Eso te da tiempo suficiente?

—¿Para qué?

Más risas desde su extremo del teléfono.

—Para lo que sea que hagan las chicas antes de una cita.

¡Pronunció la palabra! ¡Es una CITA!

—No estoy segura de lo que hacen las otras chicas, pero una vez que mi cabello está seco, básicamente es una pasada de brillo labial y salgo por la puerta.

Edward se quedó callado por mucho tiempo, rompiendo su silencio con un: «¿Puedes oírme ahora?».

—Sí.

—Lo siento. Te perdí en las entrañas del garaje por un par de minutos. Lo último que escuché fue brillo labial.

—Me tienes en Bluetooth, ¿verdad? No quisiera ser responsable de que conduzcas de manera irresponsable.

—¿Estás bromeando, Bella? ¡Eres totalmente responsable! Estoy superando el límite de velocidad aquí, y es todo culpa tuya.

Un escalofrío recorrió la columna de Bella. ¡Edward Cullen iba a toda velocidad por ella! Y aparentemente, la mantenía en la línea hasta llegar a su puerta.

—¡Ten cuidado! ¡Cielos!

—Aww, estás preocupada por mí. Eso es dulce. —Se dio cuenta de que su tono pasó de ser provocativo y despreocupado a algo más cálido e íntimo: un vistazo del hombre que la había besado en la mejilla antes.

Ubicando la voz de Edward entre su hombro y su oído, Bella cambió de tema antes de deslizarse demasiado por esa madriguera de conejo.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer esta noche?

—Oh, ya sabes, cosas típicas de una primera cita. Cena romántica, un largo paseo por la costa, un poco de tomarse de la mano, tal vez un primer beso si tengo suerte...

Sí, un escritor de romance probablemente podría planear una cita bastante decente. Bella cerró los ojos, se deslizó dentro de su viñeta y llenó el escenario de la película: un hombre y una mujer caminando uno al lado del otro, dejando huellas perezosas en la arena mojada; cada uno sosteniendo un par de zapatos descartados de la punta de un dedo o dos mientras sus otras manos se estiraban hacia la otra en el espacio entre ellos; dos personas que ya no eran extrañas se detenían, se miraban con anhelo, y se inclinaban...

—¿Te perdí de nuevo?

¡Mierda!

—No, estoy aquí.

—Entonces, ¿no te importa el pequeño desvío?

¿Desvío? ¿Eh? ¡Mierda!

Una ola gigante se estrelló contra los dos enamorados en la fantasía, borrando sus huellas y llevándose su casi beso.

Como sea. Un desvío solo podía significar más tiempo con Edward Cullen. ¿Y qué si necesitaban cargar gasolina? O condones. Bella sonrió.

—Por supuesto que no —respondió.

—¡Genial! Sabía que lo entenderías. Bien, acabo de llegar a tu edificio. ¿Subo a buscarte?

¿Echo un vistazo a tu biblioteca-santuario y miro tu collage de fotos de mi cara?

—¡No, bajaré! —Bella se puso de pie con mucha felicidad, metió sus pies en las bailarinas que había sacado del armario antes, se colocó el bolso sobre un brazo y, con solo un momento de "debería o no debería", agarró la bolsa que contenía las obras completas de Edward Cullen, y salió disparada por la puerta y bajó en el ascensor.

Porque Edward Cullen me está esperando abajo. Para nuestra cita.

Y allí estaba, apoyado con las piernas cruzadas contra un Honda azul eléctrico. Su rostro se iluminó cuando la vio, e hizo que el corazón de Bella saltara directamente a su garganta nuevamente.

—¡Haces juego con mi coche!

—Está claro que no se necesita mucho para excitarte. —Dios mío, ¿podrías parar con las insinuaciones?

—En realidad sí se necesita mucho, pero lo estás haciendo muy bien —dijo él, apartándose del coche y abriendo los brazos. ¿Iban a darse otro abrazo?

Bella aceptó su invitación y se encontró envuelta por Edward Cullen una vez más. Todavía olía apetecible, pero su camisa ahora tenía restos de todas las chicas perfumadas con las que había posado hoy. Menos mal que Bella no era celosa.

—Te encogiste —dijo, echándose hacia atrás para resolver el misterio.

—Lo siento; sé que te encantan los tacones altos, pero honestamente, odio esas cosas, y no quería que nada arruinara esta noche. No te importa, ¿verdad?

—¿Me encantan los tacones altos? ¿De dónde sacaste esa perla? —Por suerte, estaba sonriendo, pero eso no impidió que Bella sintiera la oleada de calor en sus mejillas. Parecía que este estaba destinado a ser un día de cinco alarmas, especialmente si seguía soltando "datos curiosos" que había aprendido de Dios sabe dónde sobre el hombre frente a ella.

—Lo siento, eso fue tonto de mi parte. Juro que solo creo lo que escucho directamente de tu boca. ¡Y ni siquiera miro las fotos tuyas de los paparazzi! ¡Nunca apoyaré ese pseudoperiodismo horriblemente intrusivo!

El Edward burlón estaba de vuelta, y era culpa de Bella.

—En nombre de las celebridades de todo el mundo, te aplaudo.

Volteó la cara hacia el pavimento, llevándose su rubor con ella. ¿Dónde estaba el maldito botón de rebobinar?

Edward parecía tener otras ideas. Le tomó suavemente la barbilla en su mano y le levantó el rostro para que sus ojos se encontraran con los suyos.

—Bella, solo estoy bromeando contigo. No estaría aquí si pensara que eres como el resto. —Sonrió al ver su encogimiento de hombros aliviado—. Y para que conste, soy perfectamente feliz contigo a cualquier altura. ¡Diablos, ve descalza si quieres! De hecho, puedes quitarte toda la ropa y a mí me parecería muy bien.

Bella resopló y presionó su mano contra su pecho, empujándolo, pero no realmente.

—¡Eres un encanto!

—Eso es lo que me dicen —respondió él. Se sonreían mucho el uno al otro y no iban a ninguna parte. A Bella le agradaba mucho.

—Entonces, no debería creer en los periodicuchos, ¿pero tú lo haces?

—Oh, por favor —respondió, abriéndole la puerta—, ya me habría cortado la garganta si lo hiciera.

—Dicho eso... —Bella se deslizó en el asiento del pasajero.

Caminando por la parte delantera del auto, Edward mantuvo sus ojos en ella, y su sonrisa nunca se desvaneció mientras se ubicaba detrás del volante. Giró el Honda alrededor del círculo frente a su edificio y los condujo hacia la calle 21.

—Gracias por estar bien con esto.

Ya era demasiado tarde para preguntar.

—Claro, no hay problema.

Edward se giró para sonreírle.

—Se va a volver loca.

¿Se va a volver loca? Por suerte, Edward se distrajo con el giro a la izquierda en Folsom y no prestó atención a las palpitaciones del corazón de Bella. Volvamos a la playa, a tomarnos de la mano y al beso. Respira.

—La transfirieron aquí esta mañana. No estaba seguro de poder ir a visitar, pero cuando me dijiste dónde vivías, pensé que valía la pena intentarlo —estaba diciendo. La mente de Bella daba vueltas, armando frenéticamente un rompecabezas en la oscuridad—. Créeme, Bella, ¡nunca he llevado a una chica a conocer a mi madre en la primera cita!

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