Cómo si la vida fuera un chiste y yo la principal fuente de inspiración de esas ocurrencias, me ví envuelta en otro chisme más estudiantil.

"Patito rechazo a Bruno"

¿Rechazar qué? Si yo a ese tipo no le hablo ni en los sueños, no sé quién fue está vez el que comenzó dichosos altercados, ahora todos me miraban como si yo hubiera cometido el crimen del año. Caminé con la cabeza agachada, incapaz de soportar todo ese lío.

— Bueno, bueno ¿Y eso? — dijo Josefina a mi lado y me dió un golpe en la espalda — Camina derecha por dios, te saldrá una joroba y luego tendré a un cazador jorobado de amiga.

La miré con las mejillas rojas de la vergüenza. ¿Acaso mi mejor amiga acaba de compararme con un dinosaurio? Vaya, siento que me insultó de mil maneras posibles con ese comentario, en mi cabecita me acaba de decir fósil, uno anticuado y obsoleto, ah, y con joroba, la cosa menos atractiva de la vida.

— Lo siento ¿Si? — abrí mi casillero, sacando mis cuadernos de la siguiente clase — Es que si no te haz dado cuenta, todos me miran como... Un, un Concavenator corcovatus.

Josefina se echó a reír, apoyada en los casilleros.

— Ya deja de tomarte todo a pecho, Patito, solo fue un comentario, nada más.

— ¡Claro! ¡Claro! — dije sarcásticamente — También como esos comentarios que salieron de la nada misma que me involucran a mí y a la fuente de inspiración femenina.

Josefina me miró con una ceja alzada.

— ¿De qué hablas, Patito? No entiendo nada de lo que dices.

Suspiré, cerrando mi casillero con más fuerza de la necesaria.

— Olvídalo, Josefina. Mejor cuéntame, ¿qué hay de nuevo en la vida social del colegio?

Josefina me miró unos segundos, dudando, pero luego su expresión se iluminó.

— ¡Ah, sí! — exclamó, emocionada — ¿Sabes que dicen que Bruno Molina está interesado en ti?

Rodé los ojos, cansada de ese tema.

— Josefina... — respondí ya sintiendo un tic en el ojo — No me interesa Bruno Molina y lo sabes.

— ¡Pero Patito! — insistió ella — ¡Todo el mundo lo comenta! Incluso dicen que te rechazó.

— ¿Qué? — exclamé, sorprendida — ¿De dónde sacaron eso?

Josefina se encogió de hombros.

— No lo sé, pero es el nuevo chisme que está circulando por todo el colegio — dijo, con una sonrisa traviesa — ¿No es emocionante?

Fruncí el ceño, sintiendo cómo la frustración crecía dentro de mí.

— Para nada, Josefina. No entiendo por qué todo el mundo insiste en involucrarme con Bruno Molina cuando es evidente que no me interesa y yo no le interesó, es más ¿alguna vez nos haz visto siquiera cruzar una palabra?

— Ay, Patito — suspiró Josefina, palmeando mi hombro — Eres tan inocente. Supongo que es parte de tu encanto.

Antes de que pudiera responder, el timbre sonó, anunciando el inicio de las clases. Josefina me dedicó una última sonrisa y se alejó, dejándome sola con mis pensamientos.

Mientras caminaba hacia mi salón, me sentí abrumada por toda la situación. ¿Por qué tenía que ser yo el centro de atención de los chismes estudiantiles? Y lo peor de todo, ¿por qué tenían que involucrar a Bruno Molina?

Suspiré, resignada. Tal vez lo mejor sería ignorar todo esto y dejar que los rumores se desvanecieran por sí solos. Al fin y al cabo, ¿qué más daba lo que pensaran los demás?

Así es la vida, una prueba constante de mi paciencia, el más débil se ve afectado y en este momento la más débil de todos al parecer soy yo. Aunque no puedo dejar de lado ese bichito curioso.

¿Él le rechazó a mí o yo lo rechace a él? Pónganse de acuerdo al menos.

Al entrar al salón, mis compañeros me miraron y levantaron la ceja escaneándome de arriba abajo ¿Y ahora qué tenían?

— Patito ¿Te puedo preguntar algo? — dijo una chica baja y de cabello rizado, la miré con duda.

— ¿Sí?

— Es verdad lo que dicen, que rechazaste a Bruno Molina cuando te pidió una cita detrás del patio del colegio ¿Es verdad?

Parpadee confundida, demasiado confundía que ya me dolía la cabeza.

— ¿Quién te dijo eso? —Pregunté un poco más golpeado de lo que esperaba — ¿Dónde escuchaste eso? ¿Sabes quién lo dijo?

Otra chica se acercó, una alta y esbelta, riendo.

— Yo escuché que fuiste tú quien le pidió una cita a él, y claro, te rechazó.

Sentí que la cabeza me iba a explotar. ¿Cómo era posible que hubiera tantos rumores diferentes circulando sobre algo que nunca sucedió?

— ¡Eso no es verdad! — exclamé, frustrada — Yo nunca le pedí una cita a Bruno Molina, ni él a mí. ¿De dónde sacan esas ideas?

Las chicas me miraron sorprendidas, intercambiando miradas confundidas.

— Pero... — comenzó a decir la chica baja — Todos dicen que...

— Pues todos se equivocan — la interrumpí, cruzándome de brazos — Yo no tengo nada que ver con Bruno Molina, ni él conmigo. Así que por favor, dejen de esparcir esos rumores sin sentido.

Antes de que pudieran responder, el profesor entró al salón, indicándonos que tomáramos nuestros asientos. Suspiré aliviada, alejándome de esas chismosas.

Mientras me acomodaba en mi pupitre, no pude evitar sentir una punzada de frustración. ¿Por qué tenía que ser yo el centro de atención de todos esos rumores? ¿Acaso no tenían nada mejor que hacer que inventar historias sobre mi vida amorosa?

Sacudí la cabeza, decidida a ignorar todo ese alboroto. Al final del día, lo único que importaba era que yo sabía la verdad. Y esa era que no tenía absolutamente nada que ver con Bruno Molina.

Y haciendo un resumen de mi vida amorosa, yo no tengo una vida amorosa, soy la decadencia en persona, el libro que menos leen. Pero, tampoco me afecta ¿O sí?

No lo sé, la verdad no lo sé, hay un punto donde me resbalan lo que dicen pero hay otro punto donde mi mente llena de prejuicios trabaja 24/7 sobre ese tema, Bruno Molina.

Cómo dije, yo no hablo con él, solo chocamos miradas en esa clase mixta de comedia musical pero de ahí a más, jamás se me ha cruzado la idea de hablarle y un día, todo parecería que alguien por ahí encontró súper divertido decir; ¡Ey! Y si esparcimos el rumor de que no se, Patricia Castro está profundamente enamorada de Bruno Molina.

O sea ¿Cómo a nadie en este colegio se le pasó por la mente la sensatez de decir? Ya pero ¿Y ellos al menos saben de la existencia del uno y el otro?

No, claro que no, nadie uso ese cerebro.
Siento que a nadie se le está desarrollando la corteza prefrontal, en vez de ir avanzando, van en retroceso.

Suspiré resignada y me enfoqué en la clase, ignorando los murmullos a mi alrededor. Al menos por ahora, tendría una tregua de los rumores.

Di un salto en el asiento, dándome cuenta de algo. Hoy tenía clases de comedia musical y, exactamente, el personaje principal de aquel rumor estaría allí. Cubrí mi rostro, estirándome en la mesa, derrotada.

¿Y si faltaba?

No, claro que no. Ya luego sería incentivar más el chisme y, además, mis compañeras de grupo se enfadarían conmigo, sobre todo Josefina, que es muy estricta en ese sentido.
Suspiré y dejé caer mi cabeza contra la mesa, sin duda, tendría una tarde muy fuerte.

Cuando el timbre sonó, dando por finalizada la última clase del día, arrastré mi mochila como si tuviera piedras dentro de ella. Mis compañeros salían del salón y yo iba atrás, como un esclavo al infierno.
Caminé al casillero todavía con la idea rondando en mi cabeza de irme a casa, fingiendo que me dió un dolor intenso de estómago, pero todas esas ideas fueron disueltas al ver a Josefina junto a su hermano, Matías, conversando al lado de mi casillero.

— Oh, ahí estás — dijo Josefina sonriendo — Pensé que te habías quedado pegada en esa clase.

Matías Beltrán se giró a mirarme y, en ese pequeño lapso de segundos, vi cómo el mundo se me detenía. En cámara lenta pude apreciar ese bello rostro del hermano de mi mejor amiga. Mi corazón dio un salto al ver que él me sonreía amablemente, sentí como mi cara se calentaba.

— Hola Patito — dijo aquel chico y yo salí de mi ensueño — ¿Cómo estás?

Tragué saliva, sintiéndome repentinamente nerviosa.

— Eh... yo... bien, bien — balbuceé, sintiendo que mis mejillas ardían.

Josefina me miró divertida, seguramente notando mi reacción, abrí el casillero al lado de ellos y guardé mis cuadernos en él.

— Bien, según dijo el profe, hoy tendremos que hacer grupos para un trabajo de baile y canto, obvio que tú — habló Josefina — vas a estar con nosotras ¿Verdad hermanito?

Miré de reojo a Matías, quien sonreía dándole la razón a su hermana.

— ¿Tengo opciones? — respondió divertido.

— No, no tienes — dijo Josefina — Eres mi hermano y no me cambiarás por la dichosa boba de Antonella y su séquito de brujas.

Cerré el casillero, dándome vuelta para verlos a los dos mientras batallaban con sus miradas. Para hacer el resumen corto, a Matías le gusta Antonella y a Josefina no le agrada la idea.

— Que va, tampoco iba a dejarte — dijo su hermano en un suspiro — Familia antes que novia.

— Exacto, la familia va primero.

— Toreto estaría orgulloso de ustedes — dije en un susurro, riendo, y ambos me miraron. Dejé de reír de golpe y, avergonzada, carraspeé — ¿Vamos a clases?

Tremenda referencia me mande para que nadie lo haya entendido.

Josefina asintió, tomándome del brazo, y los tres nos encaminamos hacia el salón de comedia musical. Mientras caminábamos, no podía dejar de pensar en la situación en la que me había metido.

¿Cómo iba a sobrevivir a esta clase sin que mis emociones me traicionaran?

Al entrar al salón, pude ver a Bruno Molina, con su típica sonrisa arrogante, sentado en una de las sillas. Tragué saliva, sintiendo como los nervios me invadían y es extraño pero solo por dichos rumores mi cuerpo comenzó a reaccionar ante la presencia de él, apreté mis labios decidida a irme a casa.

— Vamos, Patito, no te quedes atrás — me instó Josefina, empujándome suavemente.

Caminé a regañadientes hacia donde se encontraban mi grupo y el hermano de mi amiga, tratando de evitar la mirada de Bruno. Sin embargo, cuando pasé a su lado, nuestras miradas se cruzaron por un instante, y pude notar un brillo peculiar en sus ojos junto esa sonrisa.

Me apresuré a tomar asiento junto a Josefina y Matías, intentando mantener la calma al igual que mi exagerado corazón galopante en mi pecho. Sería una tarde muy larga.