Gracias a mi cómplice Li por su lectura previa. Los errores siguen siendo míos.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama pertenece a mi imaginación.
Capítulo 2
Edward
Apreté los puños.
Lo hice con fuerza para evitar levantar las manos y ponerme a saltar.
Bella Swan me había dirigido la palabra; pude entablar una conversación con ella, ¿pueden creerlo? Lo hice… fue breve, pero agradable escuchar el timbre de su voz dirigirse especialmente a mí.
No titubeaba. La determinación en cada palabra, me hacía aseverar que ella realmente era una mujer instruida en el rango de la arquitectura y con un conocimiento más avanzado que el promedio de mis compañeros.
Nunca bajó la mirada. Estuvo todo el tiempo viendo mi cara y… tan solo sosteniendo conmigo una conversación de trabajo.
Aunque también hablamos de ir a su casa, podía sentir mi cara partirse de nervios. Estaba tan inquieto y extasiado cuando me invitó a su hogar que sentí que las piernas me fallaban y terminaría en el piso.
Era una mujer completamente fuera de lo común, cordial, inteligente, preciosa, dulce y… muy perseguida por los tipos de aquí. Probablemente ella no se daba cuenta que muchos estaban esperando una oportunidad para una cita ¿y yo? Tendré que ver cómo elige a uno de ellos.
Mi ánimo cayó a mis pies.
Era fácil sentirme miserable si pensaba en ella. Porque sabía perfectamente que no existía una posibilidad remota de que yo fuera su hombre ideal.
.
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Bella
Lo primero que hice al entrar al apartamento fue quitar mis altos tacones y andar descalza. Amaba sentir el piso helado bajo las plantas de mis pies.
Probablemente era porque extrañaba Phoenix y su agradable clima árido al que estaba acostumbrada.
Llevaba dos años viviendo en Chicago y seguía sin acostumbrarme al gentío y al exagerado viento de la ciudad. Tal vez, lo que más me costaba, era la soledad del apartamento.
Ya saben. Llegar a casa y que nadie te espere, que no haya una persona con quien conversar o simplemente compartir.
Pero no era una quejosa, así que me aguantaría.
Sonreí al ver que el ipad sonaba, era la videollamada de mamá. Ella me saludaba cada tarde cuando llegaba a casa, suponía que deseaba saber que estaba bien.
Para Renée siempre sería su niña a pesar de tener veintisiete años.
― Hola, ma.
Ella agitó la mano. Se había teñido el cabello de cobrizo, lo cual me hizo pensar en mi compañero.
― Tu cabello ―dije―, es idéntico al color de pelo de Edward.
Mi madre extrañada, enarcó las cejas.
― Mmm, ¿y ese Edward es guapo?
Sacudí la cabeza y la señalé.
― No empieces, Renée.
Hizo un puchero.
― Quiero ser abuela. Con tu hermano Enmett ya no tengo esperanzas.
― ¿Su divorcio es definitivo? Rose no me ha comentado nada ―mencioné sorprendida y encogiendo mis hombros.
Mamá inclinó la cabeza. Entendía su desánimo; los habíamos visto como una relación estable y duradera por años. Nunca pensamos en qué su unión precipitada a sus cortos diecisiete años traería consecuencias a largo plazo. A decir exactamente quince años después.
― Hablemos de cosas más alegres, cuéntame de ese Edward, ¿cómo es? ¿te gusta?
― Por Dios, madre. Es solo un compañero de la constructora ―expliqué―. Por cierto, tengo buenas noticias ―sonreí ampliamente al recordar mi logro― fui elegida para la elaboración de un gran proyecto.
Renée soltó un chillido y empezó a dar pequeños saltos.
― ¡Charlie tienes que saber algo! ―exclamó― ¡hay buenas nuevas!
Mi padre asomó la cabeza. Vestía su bata blanca que lo identificaba como médico, él siendo el mejor pediatra deseaba que yo siguiera sus pasos. Ninguno de los dos intervino para que cambiara de opinión, solo aceptaron que mi amor por la arquitectura era real.
Tenía el tiempo libre para ponernos al día.
.
.
Era una tarde libre para mí.
Arrastré los pies sin intención de correr hacia la puerta, donde neuroticamente presionaban el timbre.
Bostece.
En mi trayecto pasé por el largo espejo que nos recibía en la entrada, aprecié mi cabello recogido en un moño alto y desordenado. Mi indumentaria era horrible, no negaría que usaba la ropa más desteñida y más vieja de mi guardarropa. Digamos, que era mi atuendo favorito para estar en casa.
Por mi mente no pasó en cambiarme de ropa, solo atiné a abrir la puerta.
Edward Cullen estaba frente a mí, mirándome con esa luminosidad alegre detrás de sus anteojos y sin disimular su emoción esbozó una gran sonrisa.
― Buenas noches, Bella ―tomó mi mano y con tanta delicadeza dejó un beso en el dorso, al momento que dejaba una flores en mis manos― espero que te gusten los tulipanes.
Lo miré extrañada. Y no porque me disgustara su detalle, simplemente que no entendía el motivo para regalarme flores.
― Hola, Edward. Pensé qué no podrías trabajar por las noches ―declaré, recordando sus palabras.
Edward acomodó el asa de su maletín sobre su hombro. Por algún motivo la piel de su rostro se había convertido en rojo vibrante.
¿Había dicho algo que lo incomodara?
― No creí que recordarás lo que te dije ―habló por lo bajo.
― ¿Por qué no habría de hacerlo? No tengo problemas de memoria ni nada que se le parezca.
Sus bonitos ojos seguían fijos en mí y ahí estaba esa sonrisa tímida en sus labios.
― Gracias ―mencionó a la vez que yo fruncía las cejas―. Por lo regular nadie muestra un poco de interés en lo que les digo y tú lo has hecho ―explicó haciéndome entender mi duda no formulada.
― Los miércoles tengo un poco más de tiempo libre ―añadió―. Además, formo parte del proyecto, sería injusto si no hago nada.
― Me gusta que estés comprometido con el trabajo, porque eso significa que haremos una buena mancuerna laboral ―extendí mi mano para invitarlo a pasar.
Él titubeó. Dio un paso y luego retrocedió nervioso.
― ¿Estas sola? No sé si sea correcto entrar tan noche a tu apartamento.
No dudé ni un instante cuando tiré de su mano y lo hice pasar. Él trastabilló porque sus piernas tropezaron entre sí, se sostuvo de la pared y conmocionado me observó.
No sabía de qué planeta era Edward Cullen, pero sería interesante averiguarlo.
― Podemos trabajar en el estudio ―ofrecí― o, aquí mismo en la sala, ¿qué prefieres?
Edward parecía entre asustado y sorprendido. Seguía con sus ojos fijos en mí mientras mantenía sus labios entreabiertos.
― Aquí está mejor ―susurró.
― Ponte cómodo ―dije―. Iré por bebidas y bocadillos.
En la cocina improvise rápidamente con una tabla repleta de diferentes quesos y carnes frías, un poco de fruta y una botella de vino.
Edward no dudó en acercarse cuando me vio regresar. Él tomó las cosas y las dejó sobre la mesa de centro.
Nos sentamos en los almohadones esparcidos en el piso. Con nuestras laptop iniciamos la primera planeación de estructura.
Hablamos de trabajo y de vez en cuando decíamos una que otra cosa de nosotros; le conté que mis padres eran doctores al igual que mi hermano, que crecí viendo a mis padres trabajar largas jornadas y su indumentaria blanca. Pero yo impuse mi voluntad y decidí que necesitaba estudiar algo más que no fuese medicina.
― Cuéntame de ti, creo que hasta ahora soy quien más he hablado ―proferí, dejando la copa de vino en la mesilla.
Edward llevó un poco de jamón serrano a su boca.
― Mis padres murieron cuando era muy pequeño ―confesó.
― Lo siento, no fue mi intención remover heridas ―dejé mi mano en su antebrazo. Sentí como su cuerpo se estremecía, sus mejillas habían adquirido una tonalidad roja escarlata y sus ojos se habían vuelto más estrechos, no sabía si era efecto del vino o simplemente tenía vergüenza hablar de él.
― No te preocupes, Bella. Estoy bien ―sonrió tristemente.
Mis dudas de nuevo saltaban en mi cabeza y hurgaban mi mente. ¿Quién lo había criado?
Vi cómo se vació el contenido de su copa de un solo trago. Hizo una mueca graciosa al tragarlo y volvió a servirse nuevamente.
El tiempo pasó rápido, demasiado rápido para ser honesta y, nosotros nos vimos envueltos en más planos y conversaciones sobre estructuras.
― Entonces, ¿vives sola? ―preguntó maravillado y viendo directamente hacia la pecera donde habitaba mi pez azul. Se incorporó algo torpe y caminó hacia ahí―. Eres muy valiente ―me miró― salir de tu zona de confort para realizar tus sueños, habla de tu espíritu determinante.
Sonreí.
― No sé si sea valiente.
Pasó las manos por su cara y suspiró.
― ¿Acaso no te sientes mareada? Como si la habitación diera vueltas y las paredes se movieran.
Miré a mi alrededor. Todo se veía perfectamente como lo tenía, ni una sola pared moviéndose, tampoco el piso.
Negué.
― Creo que el vino está haciendo efecto en ti. ―Me alerté de su condición y me acerqué a él para evitar que fuera a caerse―. ¿Quieres recostarte un poco?
Cerró un poco los ojos. Y volvió a empujar el armazón encima de su nariz.
― No sería propio que me recostara en tu cama. No es de caballeros.
― Tienes dos opciones: te recuestas un rato o dame la dirección de tu casa y te llevo, ¿cuál eliges?
De nuevo ese sonrojo cubriendo su cara y cuello.
― Quizá con un café… ―mencionó por lo bajo y llevando su brazo a mis hombros, caminó sin protestar hacia donde la guiaba. Aceptando la primera opción.
― ¿Por qué no me dijiste que no bebes alcohol?
― Una vez lo hice ―musitó, arrastrando las palabras― cuando cumplí mi mayoría de edad y esa vez… ―empezó a pronunciar palabras ininteligibles― esa vez yo… ―resopló con una sonrisa― fue bueno.
Caminamos lento por el pasillo, recorrimos con torpeza el angosto lugar hasta llegar a la primera puerta. Entramos a mi habitación y con mucho cuidado lo hice caminar hacia la cama. Lo dejé sobre el colchón.
Su cuerpo rebotó encima del colchón. Él cerró al instante los párpados y suavemente yo le quité los anteojos dejándolos en el buró.
Se veía muy joven. De pronto quise saber si era menos que yo, ¿cuántos años tenía? Y si no me estaba aprovechando de su inocencia por dejarlo aquí.
Sé que amarán este Edward, cómo les dije, la historia no hay mucho drama solo descubriremos quién es este hombre tan dulce, ¿qué opinan? Estoy muy agradecida con su apoyo, nos leemos pronto
Gracias totales por leer 💞
