TW: Tortura, muerte canónica, insultos y violencia. Leer con precaución.

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"Sabes hacer algo mejor, bebé.

Que sonreírme, sonreírme así.

Sabes hacer algo mejor, bebé.

Que simplemente abrazarme, abrazarme así.

Sé quién soy cuando estoy solo,

Soy otra cosa cuando te veo.

No lo entiendes.

No deberías saber nunca

Lo fácil que eres de necesitar

No me dejes entrar sin intención de retenerme

Jesucristo, no seas amable conmigo

Cariño, no me alimentes, porque volveré.

¿No me oyes aullar, cariño?" (1)

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Resquebrajado; un sentimiento, un olor, una forma de vida.

Se apegó cuanto más pudo a la puerta y la golpeó con fuerza. Con un vigor insignificante. Hace días que simple hecho de caminar dos pasos le costaba y que con cada minuto del día se retorcía del hambre. La hambruna continua se mostraba en su cuerpo en una figura esquelética, con en el recuerdo de lo que en algún momento fue un humano.

Sin embargo, al olerlo algo en él lo hizo recobrar algo de fortaleza. Tembló por completo y clavó los dedos en la madera de la puerta. Las astillas le hirieron la carne debajo de las uñas. Ese dolor le demostró que todo lo que sentía en ese momento era real.

—¡Traigan a Draco! ¡Él nos lo confirmará!

Se apresuró alejarse de la puerta en cuanto escuchó el distintivo sonido de los pasos de su tía acercándose a la habitación. ¿Cuánto tiempo había pasado ahí encerrado hasta el punto de aprenderse el ruido especifico que hacían ciertas personas en la madera del pasillo? Los de Bellatrix eran paso finos, elegantes, pero al mismo tiempo rápidos; ella era ese tipo de persona que siempre tenía prisa.

Se sentó en el escritorio al otro lado de la pieza y se quedó con los ojos puestos en el lúgubre bosque que se extendía alrededor de la mansión, pretendiendo que nunca escuchaba ni sentía nada.

Las llaves abrieron las tres cerraduras de plata de la puerta y Bellatrix ingresó a la habitación histérica. Se volteó intentando que ella no se diera cuenta de que había notado su cambió de actitud, a pesar de que estaba claro de que se encontraba emocionada ante de la idea del "podría ser". La mujer se acercó a él, lo empujó contra la mesa y sin delicadeza, ignorando el quejido que salió de sus labios, le colocó el broche de plata en la camisa, lo que lo hizo debilitarse por completo ante ella.

—Tía… me lastimas…

—Mi niño —susurró la mujer cerca de su mejilla— si te portas bien hoy podrás comer todo lo que quieras para la cena.

Aquella promesa logró que la mirara con un poco de devoción, pero pronto recuperó el foco de la conversación. La mujer clavó las uñas en su piel y se tragó la pregunta de "¿y qué pasará si no logro cumplir tus expectativas?". No quería saberlo. La simple vista que tenía hacia los grilletes de plata puestos encima de la cama, lo hicieron temblar ante los recuerdos.

Bellatrix lo arrastró fuera de la habitación y por primera vez en mucho tiempo, vio aquel pasillo lleno de recuerdos de su infancia. De un niño que correteaba entre ellos, mientras buscaba a Dobby que se había escondido para jugar o de todas esas mañanas en la que su madre lo despertaba para ir a desayunar.

Ahora el vacío era abismal. Ningún cuadro colgado, solo un olor putrefacto impregnado en los muros de la mansión Malfoy.

Una vez bajaron a la sala, alzó la mirada y tragó en seco. No estaba listo para ver eso. Verlos a ellos. Tuvo que morderse la lengua con mucha fuerza para no ponerse a llorar,

Hermione fue la primera que lo vio y sus ojos brillaron de pura pena. Era quizás por la fantasmagórica figura que reconoció en él o porque tenía que codearse a diario con ese núcleo de personas que lo tenían atrapado en su propia casa. Le sorprendía que aun arrodillada, con el pelo enmarañado, las ropas sucias y atada en medio de la sala con un riesgo mortal, ella aún mostrara ese gesto amable que siempre había tenido con él.

Ron, en cambio, era ira en su estado más puro. Se notaba que hacía su mejor esfuerzo para no gritar, y por la mandíbula tensa y los puños apretados con tanta fuerza, ya era que comenzaba a oler el metálico olor de la sangre de las uñas clavadas en sus palmas.

Harry estaba entre medio de ambos.

No lucía como él —al final de cuentas tenía el rostro deformado de manera grotesca—, pero Draco, solo por el aroma, supo que se trataba de él.

El hedor de días sin ducharse, de sudor y de suciedad no eran suficientes fuertes como para ocultar toda la maravilla detrás de aquel misterio tan ensordecedor. Su corazón latió lleno de vida, sus instintos se pusieron en alerta y el deseo de abrazarlo era lo único que llenaba su cabeza.

Estuvo a punto de hacerlo, no obstante, se quedó paralizado al lado de su tía, al ver la gélida expresión marcada en el rostro de Harry. Ese frio que, ni cuando eran nada le había demostrado.

—Cachorro… que bien luces hoy.

La voz de Greyback le crispó los nervios. El hombre se acercó a él y lo tomó por los estrechos hombros antes de respirar con pesadez cerca de su oído. El mal olor de su aliento junto con la plata cerca de él, casi lo hicieron desmayarse.

Sabía que verse en aquel estado tan grave de debilitamiento era lo que hacía que el hombre se sintiera poderoso. El olor de otro alfa sometido ante él era impagable y sabía que se divertía al ponerlo en ese tipo de situaciones límites.

—Greyback, suéltalo antes de que pierda la consciencia —ordenó su tía—. Lo necesitamos en este momento. Él es el único que nos puede confirmar sus identidades.

Desvió la mirada y se sorprendió al notar a Greyback sin los tres lobos que siempre lo acompañaban; en su lugar, era escoltado por otros tres que recordaba haber visto rondar en algún momento en los en los terrenos del hombre cuando estuvo ahí, pero a los cuales no les prestó atención.

—Si tan solo mis hijos no hubiesen sido aturdidos, no tendríamos este problema —gruñó el hombre, que lo soltó—. Mas te vale hacer un buen trabajo, Malfoy, o si no te lo hare pagar.

Comprendió todo al instante. No entendía bien lo que había sucedido, pero por las heridas recientes en los tres y los rasgos de batalla en los carroñeros fue capaz de deducirlo.

—Draco, querido, necesitamos saber si es Harry Potter antes de llamar al señor tenebroso —le explicó Bellatrix en un tono que intentaba ser calmado—, porque si lo llamamos en vano, como sucedió la última vez, tú sabes muy bien lo que nos sucederá.

La observó atormentado por los recuerdos; las heridas todavía no habían sanado de la última vez que llamaron a Voldemort para interrumpirlo en su viaje importante, acerca de supuestas novedades sobre Harry Potter.

—Ven, acércate —dijo su tía, que tomó a Harry del pelo y obligó a que lo mirara de cerca—. Es él ¿Verdad?

Harry lo observó, primero a sus ojos, luego al broche que traía en la ropa y finalizó en el piso. No lo entendía ¿Por qué le hacía eso? ¿Por qué lo obligaba a hacerlo elegir?

Trató de pensar en que era lo que este quería que hiciera. Harry sabía lo sencillo que era para él, que tan solo lo mirara con algo de angustia, para que no tuviera duda alguna en decir que no era él, no obstante, esos ojos desinteresados lo hicieron sentir miserable; como si de verdad a Harry no le importara la decisión que tomara.

Si decía la verdad, quizás todo se solucionaría. Comería delicioso y podría volver a vivir en su casa, para poder sentirla como era antes. Sería capaz de volver a ver a su padre a los ojos, tal vez incluso la calidez de sus brazos y también podría empezar a creer en la posibilidad de que su madre algún día regresara y no tuviera castigo alguno por su desobediencia.

No lo sé, tía… Este tipo no se parece a Potter.

La mujer se mordió el labio, soltó a Harry y apuntó a Ron.

—¡Cabeza roja, pecas! ¡Es Weasley! ¡Debe ser él!

—No estoy seguro. Hay como ocho y este no es similar a ninguno de los que conozco.

Ron dejó de apretar los puños detrás de su espalda y suavizó la mandíbula, casi podía calificar su reacción, con sorpresa.

—¡¿Y la niña?! ¡Es la sangre sucia! ¿No? ¿¡NO?!

La mujer ya no era gentil con él. Le tiró del pelo y lo obligó a que se acercara a la chica. Hermione a pesar de toda la tierra encima, seguía oliendo como lo recordaba.

—No es ella para nada.

—¡Imposible! ¡IMPOSIBLE! —gritó su tía, que desquitó su primer indicio de furia en Draco, al tirarlo para atrás y hacer que este cayera a los pies de Greyback— ¡Tu! ¡Perro de mierda! ¡Trajiste a los equivocados!

Greyback se inclinó sobre él y lo levantó tan fuerte que supo que dejaría marcas. Alzó los ojos y se encontró con el gesto lleno de una mezcla de expectación y molestia.

—Dime el olor del chico del medio.

Si decía que no lo reconocía estaba frito. Greyback lo liquidó con esa pregunta.

Harry emanaba un aroma maravilloso. Era la esperanza misma, el amor después de un largo día de estudio. Olía a todo lo que recordaba ser bueno. Sentía que solo necesitaba estar cerca de él para que todo mejorara. Pero nada era concreto.

Greyback sabía que Harry era su omega.

—Dime a que huele, cachorro —le ordenó Greyback, cosa que logró que su tía sonriera con altivez—. ¿O acaso no distingues nada?

Maravilla, ternura, cariño y recuerdos. Un abrazo cuando más lo necesitaba.

Entonces, recordó el abrazo que Harry le dio cuando conoció a Thomas en tres escobas. Ese abrazo tan sincero y lleno de dicha. Esa búsqueda por encontrar los aromas que Thomas le había gritado.

—A calabaza y palo de escoba —contestó sin dilatación. Greyback soltó un gruñido—, también a suciedad y al señor tenebroso.

Un silencio se extendió en el grupo y unos de los escoltas le dijo a Greyback que distinguía exactamente los mismo. El hombre no respondió nada y se quedó ahí, con las manos aferradas de manera dolorosa al su escuálido brazo.

—¡Enciérrelos! —ordenó Bellatrix, cosa que hizo que los mortifagos que admiraban la situación se movilizaran—. Menos la sangre sucia. Quizás unos cuantos crucio aflojen su lengua.

—¡Oigan! ¡No la toquen! ¡No se atrevan a tocarla! —Gritó Ron, mientras era arrastrado hacia el sótano—. ¡No!

El sonido de las cerraduras y los gemidos de Ron abajo fueron suficientes para que se diera cuenta de que no tenía ni idea de lo que iba a hacer. Greyback parecía querer desquitarse con alguien y lo encontró tan cerca, que no lo pensó dos veces antes de querer llevárselo con él a la habitación.

—Ni se te ocurra, Greyback —dijo Bellatrix—. A lo mejor nos mintió. Tal vez, si ve como su querida amiga tiembla de dolor, nos confiesa todo.

Al hacer contacto visual con si tía, notó como ella quería meterse en su cabeza. La bloqueó con facilidad. Podía estar tan débil como quisiera, pero su cabeza continuaba funcionando a la perfección. Una vez la mujer dejó de hacer el intentó le dio una cachetada y regresó a Hermione, para descubrirle el brazo.

—Pero yo también quiero divertirme, Bellatrix —explicó el hombre, mientras se quitaba su pesado abrigo y se lo entregaba a sus hombres—. No sabes lo pesado que es buscar días y noches enteras a la intemperie.

—Hazlo aquí si quieres. Será entretenido ver como suplican que los dejemos tranquilos.

Greyback vio el primer movimiento de la mujer y el cómo, encima de la chica, comenzaba a trazar con la varita la primera letra de una palabra. Hermione gritó de dolor. Vio sus ojos llenárseles de lágrimas y unas fuertes ganas de vomitar le llegaron de inmediato.

El hombre, sin embargo, de un tirón le arrancó el broche que traía atado a la camisa y lo tiró al suelo. Hermione al frente, no solo veía a Bellatrix, sino también como era brutalmente asaltado por Greyback.

El hombre rajó las heridas que le hizo la semana y lamió la sangre que brotó de ellas. Trató de resistirse, pero el peso del hombre junto a la tortura de escuchar los gritos de Hermione al frente, lo hicieron algo imposible.

Lo único que pensaba era en lo mucho que necesitaba su varita.

Hace tiempo que la habían colocado encima de la chimenea como manera de trofeo y humillación para él. La observaba, mientras extendía la mano e intentaba que esta llegara a sus manos. Se sentía humano y eso era horroroso. Era un recipiente vacío y lleno de miseria. ¿Dónde había quedado toda esa magia de la cual algún día se codeó tener?

Greyback lo devoraba y lo único que era capaz de susurrar era ese hechizo invocador. La varita encima de la chimenea seguía inamovible. Era de su propiedad, nadie se la había arrebatado de ninguna manera y solo debía invocarla.

Hermione gritaba y no era capaz de ignorarla. De que Harry estaba abajo y no vendría ayudarlo. De que definitivamente habían perdido. Volvió a invocar la varita en un susurro. Había comenzado a llorar.

Se dio media vuelta y de estómago al suelo trató de arrastrarse para escapar, pero Greyback lo tomó del tobillo y apretó. Luego sus manos se escabulleron por sus pantorrillas y muslos y todo el peso de su cuerpo estuvo encima de él.

—¿Cuándo te pondrás a rogar para que te deje en paz?

—Suéltame.

Ruégame.

—Nunca.

—Tu obstinación es lo que más me gusta romper.

Resquebrajado. Sabía que si lo presionaban un poco más iba a trisarse por completo y nunca podría recuperarse. Hermione gritó como gesto anterior del desmayo por la tortura y él reunió toda la fuerza para también gritar.

¡Accio varita!

Al mismo tiempo en que Dobby, el elfo doméstico, hacia caer el candelabro encima de Bellatrix, su varita llegó a él. Tuvo que hacer un hechizo no verbal débil para que Hermione no fuera impactada por el objeto y rodara en dirección a Weasley que acababa de salir corriendo.

¡Perra de mierda!

Le dio la patada más fuerte que pudo a Greyback y se arrastró sangrando. Ron tomó a Hermione y la llevó debajo de un punto seguro en donde Luna, Ollivanders y un duende se encontraban acoplados.

Antes de ser capaz de levantarse, Greyback lo tomó de la pierna y lo azotó contra el suelo. El impacto fue tan fuerte que la visión se le nubló un segundo.

—¡Expelliermus! —gritó Harry hacia Draco.

No tenía varita alguna en la mano, pero fue tan intenso el grito, tan cargado de magia, que el arma que tenía en las manos salió disparada de manera obligada a Harry. Con varita en mano, no dudo en lanzar un bombarda máxima a Greyback, para que el hombre saliera expulsado hacia atrás, rompiendo varios pilares de la mansión.

Pudo definir como toda la luz de la habitación era tragada por el desiluminador de Ron, quien sostenía el aparato con fuerza. La negrura lo rodeó y junto con ello, el miedo.

No fue hasta que sintió el firme agarre de la mano de Harry en su muñeca, que se puso de pie tan rápido como pudo pese al dolor y la sangre. Le atribuyó esto a la adrenalina, que le brindó una dosis de energía inaudita, para que sus piernas se movieran más rápido que su mente, hacia al grupo de individuos que estaba apiñado en una de las esquinas de la mansión.

En ese momento, sin poder ver nada, decidió cerrar los ojos y solo tuvo que confiar: confiar en Harry y en donde lo llevaba.

—¡Muere!

Dobby con un chasquido apareció al frente de todos, que se encontraban afirmados los unos a los otros con el elfo y, con otro chasquido, sintió la fuerte aparición del elfo. Luego percibió un corte en el aire y como una daga había ido junto a ellos.

Aterrizó en medio de una playa que tenía una briza encantadora, unas vistas hermosas y un olor embriagador. Apreció la libertad durante un minuto, antes de sentir como todo el peso de su cuerpo se le iba encima y solo le daba fuerzas para recostarse encima de la arena, que se manchaba con su propia sangre.

Lo último que escuchó antes de desmayarse fue la furia desgarradora de Harry, que iba dirigido a otro ser. Trató de buscar una respuesta al ¿Quién? Que apareció en su mente, pero no lo encontró antes de volver a sumirse en la oscuridad.

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Notas:

It Will come back: Hozier.

Hola!

Reencuentro, pero ¿a qué costo?

Ando editando como loca, aprovechando que mi universidad entró a paro por una semana xD. Espero que les haya gustado el capitulo y lamento el angst.

Había un capitulo anterior a este, que decidí eliminar porque era simplemente una bizarra oda a las torturas de Draco y creo que con lo poco que relaté en este capitulo ya se entiende lo mal que lo estaba pasando.

¡Nos vemos!

THE MACHINE.