—Por último, Sonic Wachowski junto a April Miller —Miles culminó la lectura de la lista de estudiantes que había hecho emparejando a los estudiantes de su clase y los de la profesora Underwood según los gustos y fortalezas que ella registró en una tabla que le envió por correo—. Les pedimos que no salgan del perímetro del área de juegos, parque de calistenia y pista de patinaje. Sean respetuosos con las personas ajenas a la escuela que encuentren y, por supuesto, entre ustedes mismos.
Todos los estudiantes asintieron y expresaron su aceptación antes de separarse en las parejas que los maestros habían creado.
—Lindo abrigo, por cierto —expresó Tails al lado de su compañera.
—Mmm —ella respondió con un gemido.
—¿Es nuevo? —inquirió el de pelo largo.
—Mhmm —la fémina confirmó sin vocalizar palabra alguna.
—¿Vas a comportarte así el resto del ciclo escolar? —cuestionó él incrementando la inflexión en su voz mientras giraba su rostro hacia la de cabello rizado—. Entiendo que no quieres verme fuera de tu horario laboral, pero esto es ridículo, aún tendremos que comunicarnos de vez en cuando.
—Por asuntos académicos —la más alta al fin abrió su boca—, no es necesario hablar por cualquier otro motivo.
—Intento ayudarte —el zarco admitió—, ¿acaso habrías presentado la misma conducta de haber sido rechazada por cualquier potencial amor?
—¡¿Amor?!, ¡¿de qué estás hablando?!, ¡¿cómo crees que podría llegar a interesarme en ti incluso si fueras humano?! —la educadora más nueva lo miró a la cara y se apresuró en negar, alzando su voz.
—Susurra —exigió el más bajo—. Lo estuve pensando y concluí que no hay otra razón por la que me habrías pedido no volver a vernos después de enterarte de mi secreto —explicó él—, te sientes decepcionada y no quieres verme para evitar sentirte mal o incómoda —sentenció—, o al menos eso sería lo único que pasaría si yo fuera de tu especie, porque noto que tú quieres hacerme daño disimulando indiferencia, lo que me indica que te sientes herida, ¿puedo preguntar por qué?
—Aun si así fuera no tendrías derecho a saberlo —la humana contestó mirando al frente de nuevo—, pero estoy dispuesta a fingir que no ocurrió nada durante el resto del tiempo que estés aquí si eso impide que me molestes —ofreció decidiendo que el de pelo lacio ya había aceptado—, así que, ¿cómo fueron tu navidad y año nuevo?
—No celebramos eso de donde vengo —informó el menor.
—Ojalá lo hubiese sabido antes —repuso ella.
—¿Ojalá lo hubiese sabido antes? —Miles miró a la docente otra vez—, ¿por qué habrías querido saberlo?, ¿Te hubiese gustado saber que soy un…? —el chico detuvo su lengua al realizar una inferencia—. Te habría gustado saber que soy un extraterrestre porque de ese modo habrías evitado desarrollar sentimientos —pintó entonces una imagen en su mente—. Escucha, no puedes dejar que una mala experiencia te agobie el resto de tu vida y te haga temer cada vez que comienzas a encariñarte con alguien o desarrollar una amistad.
—¿Y por qué no habría de hacerlo? —la de pelo corto se exaltó y derramó una lágrima que se limpió rápido para luego mirar a su compañero de trabajo y suspirar—. Bien, te contaré por qué me siento herida —anunció abriendo los ojos—, como habrás podido imaginar a juzgar por los libros en mi casa, las historias de amor de las películas y novelas clásicas encandilaron mi corazón hace años, cuando era una niña y y siempre mientras estuve en la escuela, soñé con vivir una dramática aventura llena de emociones intensas que culminara con un beso frente a un atardecer —relató con una sonrisa efímera—, pero tal cosa jamás sucedió. Sabía que no iba a ocurrir de la nada y me vi obligada a superar mi timidez a la hora de hablar con los chicos si quería una cita, y por fin lo logré con un chico listo de mi clase de matemáticas que me encantaba —sonrió otra vez por un momento, abrazándose a sí misma—, me rechazó, pero no me amedrenté porque me sentía orgullosa por haberme atrevido a pedírselo. Después lo intenté con un futbolista, fallé otra vez y esa vez no me sentí tan tranquila como la primera —se puso de espaldas y miró entonces al cielo—. Fui con miembros del club de teatro, del club de arte, con emos y nerds, cualquier clase de joven varón estadounidense que puedas imaginar, pero creo que le era demasiado normal a cada uno de ellos —devolvió su mirada al piso—. Ya en la universidad, sabía que no viviría un cuento de hadas, pero todavía quería amor. Pedí a una cita a hombres con los que realicé proyectos, con los que compartía actividades extracurriculares y al menos uno de cada carrera, sin éxito —se volvió entonces hacia su compañero—, y después de graduarme llegué aquí y me encontré con un hombre rodeado de un aura peculiar pero encantadora que me mostró amabilidad apenas me conoció y quería verme mejorar en mi oficio, al que podía hablar con facilidad, quien me hizo recuperar la esperanza que tenía durante la preparatoria, pero que resultó ser alguien mucho más allá de mi alcance —culminó—. Fuiste el último clavo en el ataúd. Si solo alguien como tú llama mi atención de tal forma, si solo alguien como tú podría acceder a pasar tiempo conmigo, ¿qué esperanza tengo de llegar a cumplir mi sueño?
Fue solo entonces que la mirada de Tails descendió tras mirar fijamente a Kitty por algunos segundos.
—No puedo decir que te comprenda del todo —admitió—. A decir verdad, pese a que pareces haber enfrentado una vida un poco más dura que el de la mayoría de personas de este país, sigue siendo muy suave en comparación a lo que mis amigos y yo hemos soportado —el chico temió entonces sonar muy intransigente—, pero eso no quiere decir que tus sentimientos no importan o que yo no conozca el dolor de la soledad o del sentimiento de tristeza abrumadora e inmarcesible, así que, si es lo que quieres, aceptaré no hablar contigo por asuntos extralaborales a menos de que sea en verdad necesario.
—¡Señorita Underwood! —un estudiante llamó desde un columpio—, ¿podría solucionarnos una duda?
—¡Ya voy! —contestó la instructora y volvió a dirigirse a su compañero—. Tal vez si haya exagerado un poco, pero tampoco es como que exista la posibilidad de que seamos amigos algún día, por lo que lo mejor es alejarnos para evitar hacernos daño.
—Bien —aceptó el garzo con simpleza antes de ver a su compañera irse, que fue el momento en que se permitió llevar su cabeza hacia atrás y suspirar para después encaminarse a una banca cercana.
Desde su asiento, el muchacho pudo ver a todos los alumnos en las tres áreas en que se dividía el parque al que los habían llegado. Varios sonreían y realizaban gestos que denotaban entendimiento al hablar con sus parejas u otros grupos, lo que le trajo un recuerdo del día en que pidió permiso a la directora Adara para realizar la salida de campo actual:
—Una salida de campo en la asignatura de matemáticas, ¡quién lo diría! —expresó ella tras leer el papel en que Miles había escrito la solicitud. Al parecer el maestro encontró a su jefa de buenas—. Aceptaré, por supuesto —aseguró ella dirigiéndose a su escritorio—. Estoy seguro de que debió haberlo intuido, pero la verdad es que contratamos a la señorita Underwood bajo la idea de tener un reemplazo en caso de que usted resultase pernicioso para nuestra institución —le contó mientras firmaba—, pero ahora me alegro mucho de haberlo mantenido junto a nosotros, ¡el promedio en habilidades lógico matemáticas nunca había sido tan alto!
—Me halaga, pero creo que realmente necesitaba un jalón de orejas respecto a mi manera de relacionarme con los estudiantes y la gente de aquí —admitió el subordinado—. La verdad creo que ya me habían dado una lección al respecto hace unos cuántos años, pero la había olvidado, así que le agradezco por recordármela.
—De nada —contestó la humana pasándole un documento que avalaba el permiso para la salida—, sé que no busca un futuro aquí, pero espero al menos tenerlo aquí el año próximo.
—No puedo decir que mi efecto sobre este sitio haya sido negativo —pensó Tails, cerrando los ojos tras dejar fluir el recuerdo—, de hecho, ha sido en su mayoría positivo, mas no puedo decir que la otra parte sea irrelevante —razonó—, ¿pero habrá valido la pena? —una parte de él no pudo evitar preguntarse—. Veamos, mi decisión de convertirme un maestro y así evitar tener que llevar a Sonic a Mobius provocó que Kitty saliera lastimada, no habría pasado si no hubiese ido a su casa, pero siempre existía la posibilidad de que alguien de Green Hills me agarrara cariño y se sintiese mal al descubrir lo que soy, además de que tuve que quebrar a Sonic para ponerle el rastreador, lo que no me ha servido de mucho —recordó—, claro que sería terrible que lo secuestraran y yo no supiera donde está, y él en realidad se ve feliz, lo que podría no ser de habérmelo llevado.
El rubio abrió los ojos y miró por un momento a un hombre tatuado que llevaba una chamarra, responsable de los pasos que lo habían despertado de su ensoñación a la que volvió aprisa.
—Tomé la decisión correcta —concluyó—. También me sentí algo mal al ver las reacciones de los diversos luchadores de cada edición del torneo tras vencerlos, pero fue el precio que decidí pagar por salvar a Ágapi y acabar con el purismo y aún pienso que valió la pena —se recordó— ¿está bien que vayan al torneo esperanzados cuando estaban destinados a perder? —aquella molesta parte de él volvió a tomar la palabra—, ¿Te sentiste tan mal por los del año pasado que por los de tu primera competencia? —complementó—. Casi nada —el resto de su ser confesó—, cada vez me duele menos, ¿qué pasará si deja de dolerme? —se cuestionó—. La caída del purismo ocurrió porque la mayoría de mobianos comunes hacían de la vista gorda ante el sufrimiento de los defectuosos y porque los puristas pensaron que sus acciones no tendrían consecuencias hasta que apareció alguien con la suficiente fuerza y determinación para acabar con su sistema, ¿cómo sé de entre la gente a la que hiero con mis acciones no aparecerá alguien muy fuerte, capaz de vencerme y destruir todo por lo que he luchado?, ¿que en su ira contra mí vea a los defectuosos como un problema y restaure el purismo? —se cuestionó antes de suspirar en otra ocasión—. Fink será presidente otros cuatro años. ¿Apoteosis logrará mantener su hegemonía durante tanto tiempo?
—¿Se encuentra bien, profesor Prower? —una voz que el rubio ya conocía muy bien llegó hasta sus oídos, de modo que abrió sus ojos para ver la cara cicatrizada de su único alumno no humano.
—Solo reflexionaba, pero no es nada por lo que te debas preocupar —prometió el instructor—, ¿necesitas ayuda?
—Sí, a April y a mí nos gustaría que nos confirmara algo —pidió Sonic.
—Por supuesto.
El erizo condujo al docente hacia el gimnasio público, en concreto a un par de anillos anchos con rayos y agarraderas en sus perímetros, de seguro pensados para ejercitar los hombros.
—Bien, ¿cuál es su idea? —preguntó el preceptor.
—Verá —comenzó la estudiante terrícola—, cuando empujo el mango de esta máquina así, se mueve, como era de esperarse —la chica emitió una risita tras acelerar el instrumento—. La rueda se detiene en algún momento, lo que quiere decir que desacelera, al pensar en eso decidí moverla con suavidad y fijarme en uno de los rayos de los puntos en que los radios tocan la circunferencia —explicó mientras ejemplificaba.
—El punto tiene una aceleración como dijo April, lo que significa que también tiene una velocidad y una posición en cada momento —continuó el chico de púas—, lo que me hizo pensar en el movimiento rectilíneo uniformemente acelerado que vimos en clase de física.
—Donde la gráfica de la velocidad respecto al tiempo se comporta de forma lineal y la de la posición en el tiempo de modo cuadrático, lo que significa que de hecho obtenemos la velocidad integrando la aceleración y la posición integrando la velocidad —la humana prosiguió entusiasmada.
—Eso es cierto —confirmó el mayor—, aunque cualquier punto sobre la circunferencia de una rueda regresa a su posición inicial una y otra vez.
—Pero se mueve con aceleración constante —repitió Sonic—, si la rueda tuviera un hilo atado en su perímetro y lo fuera soltando al rodar, cuando la rueda se detenga podríamos conocer la longitud del hilo con la fórmula de la posición.
—¿Podrían? —cuestionó el instructor—, no conocen la aceleración.
—Es verdad —reconoció April agarrándose la barbilla.
—Pero estoy seguro de que hay una aceleración que conocen bien —aseveró el zarco.
—¿La gravedad, tal vez? —propuso Sonic—, ya la hemos usado mucho.
—Es una buena opción, pero no pueden transferirla a la rueda.
—¿Oh tal vez sí? —murmuró la humana quitándose el pequeño bolso que llevaba, cuya correa se podía separar del resto del objeto, para después poner uno de sus extremos en un punto de la rueda mientras lo sostenía por los pocos instantes precedentes a dejarlo caer, provocando que el aro se moviera con él—. La punta de la correa se mueve con la misma aceleración que mi cartera, por lo que cada punto de la rueda debe tener la misma aceleración también.
—Buen análisis —concedió el blondo.
—Con la aceleración solo tendremos que contar el tiempo que le tarda a la bolsa llegar el suelo, ¿verdad? —inquirió el alumno más pequeño.
—Sí, pueden hacerlo a la antigua contando en sus mentes varias veces para luego sacar un promedio —sugirió el profesor.
—Y luego, si obtenemos la longitud de la correa de mi bolso con la fórmula de la posición, habremos demostrado que nuestra hipótesis es cierta —concluyó April.
—Es correcto. Debido a las limitaciones de nuestras herramientas aceptaré un error de diez centímetros. Confío en que no adulterarán los datos.
—Creo que habría sido mejor que no nos hubieses dado esa idea —contestó Sonic, risueño.
—Sí, eso creo —Tails se permitió sonreír por un momento antes de que un zumbido leve se introdujera en su oído—, no puedo ver moscas cerca.
—¿Moscas? —interrogó el menor levantando sus orejas—, también las escucho aunque no las veo.
—Yo no escucho nada —informó April extrañada por el comportamiento de los varones.
La intensidad del sonido se redujo de repente, aunque eso no disminuyó el sentido de alerta del maestro.
—Tu pelo —susurró él tras notar un leve movimiento en el cabello rojizo de la colegiala, quien solo pudo percibir un borrón de color cuando el profesor llevó su mano hacia adelante, junto a su cabeza e hizo un túnel con sus dedos.
—¿Qué ocurre? —pidió saber la alumna tras apartarse.
—Aléjense ambos —pidió el de suéter.
—¿Qué?, ¿por qué? —preguntó el muchacho espinoso.
—Solo háganlo —aseveró el mayor volviendo su rostro para mirarlos con ojos y expresión severa y gélida.
Algo asustados por el comportamiento del preceptor, los menores dieron unos pasos hacia atrás, viendo como el rubio movía su brazo como si no pudiese controlarlo y entrecerraba un párpado.
—¿Será una gema antigua? —se preguntó el chico—, no, no podrían entrar ahora que puse el escudo sobre Green Hills.
El mobiano disfrazado sintió un corte en la parte trasera de su rodilla izquierda, lo que lo obligó usar su brazo de ese lado hacia su cadera para agarrar aquello que lo había dañado.
—Escamas —susurró previo a sentir otra textura—, y un cuerno. Un camaleón —concluyó para luego volver a ver a su otra extremidad tras sentir un fuerte piqueta—, y una abeja.
Miles realizó un gesto de dolor más, aquella vez no por un rasguño o picadura sino por un sonido demasiado estridente que le provocó el impulso de cubrirse las orejas, contra el cual tuvo que emplear gran parte de su fuerza de voluntad, razón de que solo apretara más fuerte a sus rehenes, tras lo que se volteó para ver al hombre de la chamarra, quien, notó entonces el zarco, llevaba además una cadena dorada en el cuello y auriculares, además de pelo verde.
El de cabello teñido abrió su boca nuevamente, ante lo que Tails se apresuro a lanzar a los seres en sus humanos hacia él, logrando tirarlo hacia una máquina de press banca que se derrumbó ante la fuerza del impacto.
Las figuras de las especies extraterrestres que Miles había nombrado se manifestaron sobre el cuerpo del de apariencia humano, despertando el reptil un lejano recuerdo en el mobiano.
—¡¿Miles?, ¿qué rayos es esto?! —la señorita Underwood gritó desde la distancia, con todos los pupilos y demás humanos detrás de ella.
—Lleva a los estudiantes lejos de aquí —ordenó el del cabello más largo—, el resto de ustedes también debería irse.
Los alumnos se mantuvieron dubitativos por unos segundos, mas su maestra se apresuró a hablar.
—¡Ya lo escucharon!, ¡Ya han visto casos como estos antes y saben que es más fácil que se resuelvan si hay poca gente alrededor! —dijo, ante lo que todos los presentes corrieron, excepto uno.
—Tú también, Sonic —exigió el humano falso.
—Este es mi hogar, no podría aceptar irme siendo que tengo el poder para protegerlos —aseveró el joven.
—Ya ha luchado y se ha puesto en peligro sin mayores repercusiones —pensó el rubio, después de lo cual agitó levemente la cabeza—, pero en esa ocasión tenía más aliados. Ya le he causado daño a Kitty, no puedo causárselo a los señores Wachowski y poner en peligro la misión —decidió—. Lo siento —habló entonces en voz alta para el colegial previo a que sus ojos se iluminaran—, vete y no vuelvas aquí hasta que te diga que es seguro —comandó con simpleza.
—Te dije que… —el erizo se interrumpió cuando su piedra brillo, irguió su espalda, la volvió hacia su docente con una cara algo asustada y comenzó a correr a velocidad común.
—Lo siento, no se habría dado cuenta si no hubiese volado tan carca de él —Tails escuchó una voz muy juvenil.
—Está bien, Charmy. No había forma de saber que no es un humano —el de pelo verde tranquilizó al mobiano más pequeño mientras su hocico se alargaba, se cubría de espinas y le crecía una cola para revelar al cocodrilo que era en verdad.
—Pronto, toma el celular y los anillos y huye. Te alcanzaremos después —el escamoso pidió pasándole al artrópodo, quien sostenía el teléfono mencionado, una bolsa marrón.
El pequeño se vio dudoso, mas al parecer logró hallar la determinación como para asentir y volar alto mientras abría la bolsa, lo que por supuesto el zorro no iba a permitir.
En un instante las garras de Tails ennegrecieron y crecieron junto a sus colmillos mientras sus orejas eran consumidas por su cabeza y reemplazadas por aurículas triangulares sobre la misma, del mismo color dorado que sus colas gemelas, las cuales alargó lo suficiente como para lanzar lejos sus extremos con un movimiento de cadera, de modo que golpearon al alienígena volador en medio de su vuelo, haciéndole perder sus posesiones, las cuales su asaltante atrapó tras saltar.
—¡No! —gritaron los reptiles al unísono antes de ver como su enemigo apretaba su celular hasta quebrarlo para después introducir la bolsa en su boca y tragársela.
—No les daré más opciones que rendirse o pelear —decidió el canino para a continuación hablar en voz alta—. ¿Cuál es su propósito aquí en la Tierra? —Miles demandó conocer.
—Podríamos preguntarte lo mismo, Apoteosis —fue la respuesta del purpúreo.
—No te bastó con darnos esperanzas solo para matar nuestro negocio antes de que naciera, sino que ahora frustras nuestro intento de seguir adelante, como si no hubiese sido ya demasiado difícil hacerlo —prosiguió el verdoso.
—¿De qué están hablando?, solo recuerdo haberlos visto dos de ustedes el penúltimo día del primer torneo que gané para después encontrar las barreras en las entradas a la zona subterránea del estadio, lo que dificultó mi labor —les contó el mamífero.
—Este es Charmy —nombró el mobiano más alto a la abeja a su lado—, fue el único que creyó en nosotros y nuestro potencial después de que destruyeras nuestra carrera al reñirnos.
—¿Cómo podría haber destruido su carrera al hacer eso? —cuestionó el rubio intrigado.
—¡Tu crítica fue grabada por un mapache que subió el video a las redes de Mobius!, ¡nadie iba a querer asociarse con Vector y Espio después de que el héroe de Mobius los despreciara! —el de antenas gritó, probablemente queriendo zonas acusador sin ser capaz de lograrlo por su voz aguda.
—Eso no es mi culpa, tiene que ver más con la susceptibilidad y falta de raciocinio de la población general —se excusó el defectuoso.
—¿Y conociendo tu influencia sobre las masas no deberías cuidar lo que dices frente a las cámaras? —inquirió el cornudo.
—Tal vez —admitió el clon—, pero aunque sea responsable de su desgracia, deben saber que de haber cumplido su cometido, ustedes habrían sido responsables de una desgracia mucho mayor —les aseguró—. Puedo deducir que alguien, de seguro un aspirante a la presidencia que quiera manchar la imagen de Fink, descubrió la existencia de aquel erizo azul y las antiguas gemas que despertó, y los contrató con el fin de tomarles fotos que delatasen su existencia para causar revuelo entra la población mobiana —las expresiones en las caras del trío frente a él fueron toda la confirmación que el profesor necesitó—. Sé que están desesperados, pero de haber llevado las imágenes, podrían haber provocado el secuestro de el erizo, que tiene el poder del caos pero no protección estatal, así que habría sido tratado como objeto de experimentación.
—¿Qué hay con eso?, la mayoría de mobianos con ese poder son un peligro para el resto, así como para cualquier otra forma de vida. Tú mismo nos acabas de decir que ese azulete es la causa del despertar de las antiguas gemas del imperio que vimos en los periódicos de este planeta —fue la contestación del cocodrilo.
—No tienen por qué serlo —aseveró el zorro—, y aunque fuera el caso de la mayoría, no es el de Sonic. Él cometió un error, sí, pero ya aprendió de él y no pasará a más porque me estoy haciendo cargo de las consecuencias, por lo que pienso que, como todo niño, debería poder disfrutar de una infancia común y feliz, al menos tanta como le queda.
—¡Nosotros tampoco hemos tenido vidas fáciles! —afirmó el insecto.
—Éramos menores que buscaban iniciar un negocio cuando nos conocimos y Charmy es claramente un niño aún —explicó el de piel violácea—, ¿jamás te preguntaste a qué se debía eso?
—Mis conocidos y yo también éramos niños en la época en que participamos en el torneo, ¿saben?, cada persona es un mundo —expuso Tails girando los ojos—. De cualquier forma, no podemos justificar el hacer daño a alguien en que nos lo hicieron a nosotros y sobrevivimos.
Los chicos más pequeños dieron un paso adelante, mas fueron detenidos por el más grande.
—Entiendo tu punto, Apoteosis —confesó Vector—, pero como dijiste, estamos desesperados. Debo poner mi bienestar y el de mis amigos por encima del de cualquiera, incluso si debo convertirme en un villano para unas cuantas personas, y esta es la mejor oportunidad que podríamos tener de alcanzar ese bienestar —sentenció él.
—Yo podría ser una mejor —ofreció el blondo.
—No confiamos en ti —intervino el de color lavanda.
Miles volvió a ver hacia el de los auriculares quien movió su cabeza de lado a lado, validando lo dicho por su amigo.
—Muy bien, entonces —aceptó el maestro tras exhalar—. Si no puedo convencerlos de retirarse con un trato de no decir nada, tendré que optar por la siguiente mejor forma para asegurarme de que no lo hagan —amenazó.
Charmy emitió un gemido de temor.
—Tal vez tengamos chance de ganar —dijo el más alto, tranquilizándolo—, no la tendríamos contra el verdadero Apoteosis, pero éste no invocó sus armas, lo que significa que es solo una copia del original, o sea que no tiene una piedra que le permita absorber luz o manipular tan bien como siempre la que tiene para crear artefactos o materializar objetos.
—Pero sigue siendo el mejor luchador de Mobius —advirtió Espio—, hay que andar con cuidado.
—Mucho más del que creen —aseguró el raposo cuando llevó su mano derecha a su bíceps izquierdo y lo apretó con fuerza bajo el propósito de comenzar a jalar, realizando una expresión que denotaba el dolor que se causaba a sí mismo previo a lograr separar aquella pieza del resto de su cuerpo mientras alargaba, desde el muñón que le quedo, un retazo de luz que estiró lo suficiente como para que rozara el piso.
—¡¿Qué rayos?! —exclamó la abeja.
La respuesta a su incógnita surgió una vez que el brazo mutilado del blondo se volvió extenso, fino y grisáceo para terminar por ser una lanza.
Tails no perdió tiempo y se impulsó hacia el chico más grande, quien para su fortuna logró apartar a sus compañeros y agarrar su arma sin que lo impactara.
Ambos se miraron a los ojos con determinación en los instantes precedentes a que el vulpino detectara un sonido agudo en sus oídos, al que reaccionó levantando un pie y girando sobre el talón del otro, logrando empujar al reptil con la punta de su alabarda para que cayera sobre el artrópodo que se le acercaba por la retaguardia.
A continuación, un ligero movimiento irregular de los cabellos de los extremos de sus colas le indicó al educador acerca de la cercanía del otro miembro del tribu, contra el que envió su lanza solo para escuchar el choque de ésta con algún otro objeto duro, sin ser capaz de ver cualquier cosa.
—No puedo verlo, así que lo mejor será apartarlo —decidió el zarco mientras subía y bajaba su pica tratando de averiguar donde se hallaba el escamoso, tras lo que rotó nuevamente sobre un talón para asegurarse de que el mango de su arma tirara al camaleón, lo que supo que pasó por la resistencia que sintió a su movimiento.
Un movimiento en el rabillo del ojo del garzo le llevó a avistar a Charmy acercándose a la burbuja con sus anillos, por lo que el rubio se apresuró a inflar otra más con la idea de lanzarla hacia el más pequeño, quien logró voltearse y esquivarla antes de que lo golpeara, mas no pudo evadir el látigo que surgía de la izquierda de su oponente quien lo atrajo hacia sí, en dirección a su lanza, mas su cometido jamás se cumplió pues fue demasiado tarde en el momento en que notó como su sombra era consumida por una más grande, lo que lo llevó a mirar hacia arriba para ver al chico de la cadena flotando mediante una burbuja de chicle que salía de su boca, sin éxito pues eso no le impidió ser aplastado por el reptil cuando estalló su dulce.
—¡Pronto, Espio! —gritó el cocodrilo manteniendo las extremidades del canino retenidas junto al suelo, o al menos todas las que tomó en cuenta, pues se olvidó de los apéndices traseros del blondo, los cuales él se apresuró a enredar en su hocico para jalarlo y quitárselo de encima mientras creaba una burbuja con su boca y la tiraba frente a sí, es decir, hacia Espio, a quien pudo vislumbrar por un momento llevando una daga previo a que se desvaneciera otra vez.
Miles se apresuró a levantarse, no esperando ser recibido por una serie de piquetes provenientes de un enjambre de abejas, los cuales no alcanzaron a perforar su piel, mas sí que resultaban bastante molestos y consistían, claro, en una distracción, por lo que con rapidez dio una vuelta hacia atrás, e hizo lo posible por mantener su equilibrio pese a solo sostenerse con un brazo bajo el cual había una lanza, lo que por fortuna no resultó un inconveniente para crear una hélice con sus colas tras añadir burbujas a sus puntas con el fin de arrojar hacia las máquinas a su alrededor a los insectos, quienes desaparecieron tras chocar contra las invenciones.
El instructor se ubicó de nuevo sobre sus dos pies y miró a su atacante en las alturas, cuya piedra en su espalda, cerca de su aguijón, se encendió al tiempo que pequeñas canicas se materializaban entre sus dedos para que su dueño las lanzara hacia su atacante.
Todo alrededor de Tails se tornó grisáceo y opaco, lo que le provocó algo de tensión, por lo que se apresuró a correr hacia donde el humo expulsado por las pequeñas bombas parecía disiparse, no esperando que aquella luz no proviniera del sol sino del fuego de la garganta del más grande de sus contrincantes.
El zorro soltó su lanza y alcanzó a saltar en el último segundo, recibiendo la sensación indolora pero molesta de las puntas de su pelo quemándose mientras se balanceaba sobre el hocico de su enemigo haciendo uso de su único brazo, una posición que le permitió notar algo muy interesante.
—¡Su gema está en la punta de su cola! —exclamó dentro de su cabeza y un milisegundo después se dejó caer, asegurándose de dirigir sus pies hacia el octaedro que era la piedra del reptil para lanzar todo su peso contra la pequeña área de su punta antes de bajarse de su cuerpo, lo que resultó en un pequeño chillido por parte del escamoso.
—¡Vector!, ¿te encuentras bien? —preguntó Charmy preocupado.
—¡¿Cómo puedes llamarte héroe cuando utilizas trucos tan viles?! —cuestionó Espio.
—Es una batalla tres a uno y pensé que era tácito el hecho de que no nos detendríamos en la búsqueda de nuestros intereses —se excusó el rubio mientras recuperaba su lanza mediante el látigo en su izquierda.
—No bajen la guardia —instó el cocodrilo mientras su figura se distorsionaba y sus brazos se alargaban y perdían rigidez. Solo susurró una vez que su mutación estuvo completa—, me quedaré aquí atrás lanzando ondas de sonido, confío en que podrán utilizar las distracciones para derrotarlo.
Los compañeros del chico verdoso asintieron y se volvieron hacia su oponente, quien a su vez los miró a ellos, no sin pensar:
—Mi poder solo no es suficiente para derrotarlos, tendré que buscar ventajas en mi alrededor.
Los dos mobianos más pequeños no tardaron en cumplir las órdenes de su líder y describieron rectas cortantes mientras se acercaban al extraterrestre disfrazado. El camaleón aceleró hacia una silla cercana contra la que se impulsó, destruyéndola, con la pretensión de dispararse contra el zorro a la par que su cuerno y cuchillos se alargaban, lo que igual ocurría con la abeja que en un curioso uso de su habilidad realizó clones mucho más pequeños de sí que agarró en sus palmas y disparó como pequeñas saetas hacia su rival, quien parecía estar acorralado, especialmente cuando Vector se disponía a liberar un rugido rompedor de tímpanos desde sus fauces, mas para sorpresa del trío, el zarco apuntó el lazo que tenía por extremidad hacia los pasamanos a unos metros de sí y lo estiró con el fin de ser jalado hacia la instalación, en cuya cima se paró, de manera que esquivó los ataques directos y por suerte no escuchó todos los decibelios del grito.
Por supuesto, el artrópodo fue el primero en dirigirse a su nueva locación, mas el raposo podía encargarse de bloquear sus aguijonazos con su alabarda y lanzar olas de aire contra el enjambre de abejas más pequeñas mientras daba pasos adelante y hacia atrás y giraba, dando la ilusión de bailar con el más pequeño, al menos hasta que escuchó al amigo purpúreo del de antenas, invisible en otra ocasión, escalar el pasamanos, lo que lo forzó a cambiar su estrategia, por lo que se apresuró a añadir burbujas a sus colas antes de tamborilear con ellas sobre las varillas del objeto en el que estaba parado, forzándolo a moverse por debajo de él, usando el pasamanos como se suponía que debía.
Miles al fin encontró el equilibrio para posarse sobre la punta de sus pies y girar con la voluntad de utilizar sus colas como mangual y golpear a Charmy, arrojándolo hacia la zona de juegos donde quedó atrapado en la red destinada a permitir a los niños montarse en el castillo de madera allí, mas el rubio no pudo celebrar por mucho tiempo, pues se vio forzado a llevar su mano a una única de sus orejas cuando Vector le lanzó otra onda que provocó la aparición de un zumbido agudo dentro de su cabeza, lo que a su vez le llevó a perder el equilibrio y caerse sobre los palos del pasamano, donde Espio logró clavarle su cuerno y cuchillo.
—¡Maldito! —Miles no pudo evitar expresar su ira, la que también encausó con el fin de enredar sus colas en una de las barras previo a soltar su arma una vez más para apretar uno de los largos palos horizontales en que los más pequeños estaban ensartados.
La varilla gruesa cedió dejando caer a Miles y a Espio, de modo que la siguiente fase del plan del rubio dio inicio con él ubicándose sobre sus cuatro patas con el propósito de tensionar sus apéndices traseros y ejercer fuerza con sus piernas y permitir que el peso irregular lastimase la palma de su mano para girar sobre ella, logrando así arrancar el pasamanos del suelo, el cual luego lanzó contra el cocodrilo, quien se vio forzado a cambiar su embate de sonido por uno de fuego a fin de hacer ceniza el enorme proyectil que se dirigía hacia él, lo que no le permitió ver el proyectil más pequeño, redondo y amarillo que su agresor le lanzó a continuación, forzándolo a caer sobre su espalda.
—Ya he tenido suficiente de esto —decidió Tails para, en un sorprendente uso de sus oídos, detectar la lengua de Espio saliendo de su boca y dirigiéndose hacia su pica, la cual le impidió tomar interponiendo su lazo en el camino de su músculo baboso para entonces jalar al más pequeño y hacerlo rotar en el aire para, paso seguido, lanzarlo hacia la zona de juegos, a la cual el blondo saltó a continuación, no esperando ver al camaleón siendo sostenido por su amigo insecto, quien lo arrojó tan fuertemente como pudo, acompañando de pequeñas copias del alado, quien al parecer olvidó el rasgo más característico del zorro, el cual el utilizó con la pretensión de crear un ligero torbellino tras de sí con que expulsó lejos de sí a sus atacantes.
A continuación, el canino lanzó el látigo que tenía por brazo con la voluntad de recobrar su lanza, sin llegar a atraerla hacia él pues la lanzó contra Charmy quien ascendió pretendiendo evadirla, no esperando que hiciese parte del plan de su enemigo, quien corrió por las escaleras de un tobogán, bajó por el mismo y atrapó al más joven en una burbuja en medio de su vuelo para lanzarlo contra su amigo más grande, impidiéndole de nuevo levantarse.
Miles se apresuró a usar su látigo con el fin de atraer su alabarda desde una especie de jaula con forma de esfera en que se había clavado y que le había parecido extraña como atracción para después hacerla girar al jalar su arma, mas cualquier pequeña satisfacción que pudo haber sentido pronto se convirtió en molestia cualquier sentimiento de satisfacción que pudiese haber tenido, haciéndole gruñir antes de dar a sus colas forma de resorte y pasarlas bajo sus piernas bajo el objetivo de forzarse a saltar tras de sí, atravesando el espacio entre las cadenas de un columpio, hacia el cual, en consecuencia, jaló al de piel violeta, sin permitirle atravesar la abertura entre los eslabones pues las movió con su lazo queriendo convertirlas en una hélice con las que estuvo seguro, incluso sin que su dueño se hiciese visible aún, que la lengua del escamoso se enredó de manera que a continuación esta misma lo jalara hacia los columpios, de manera que el blondo solo tuvo que agarrar su pierna para tirarlo junto al resto de sus compañeros, acompañado de las cadenas y asiento del juego.
Una vez con todos sus adversarios debilitados en un mismo punto, le fue fácil a Tails alargar sus colas y enredar una en la bola hecha de balaustres que había visto para después golpearla con su otra cola, provocando que él mismo diera vueltas junto al juego mientras reducía la longitud de sus colas con la idea de soltarse en el momento adecuado, saliendo así a gran velocidad hacia sus oponentes más recientes, quienes observaron con algo de miedo su expresión y postura aterradora y amenazante, después de lo cual fueron partidos uno por uno pero al mismo tiempo por la mitad, lo que provocó su desintegración medio segundo después.
Miles se permitió descansar por un momento, cayendo sobre sus piernas para exhalar mientras daba a su pica forma de brazo otra vez antes de adherirla de nuevo a su cuerpo, después de lo que encapsuló las piedras de sus adversarios.
—¿Qué ocurrió? —El profesor no necesitó voltearse para saber que fue su versión original quien le había obligado.
—Te explicaré después, por el momento, ¿podrías reparar esto? —le dijo el transfigurado a su copia mientras las sirenas de las patrullas de policía aullaban, pareciéndole al zorro humanoide más intensas que los gritos que había escuchado hace solo unos minutos.
La primera vez que escribí un personaje femenino original no lo hice muy bien, así que fue algo arriesgado hacer otro, sin embargo pienso que me quedó mejor y anhelo que alguna mujer de la audiencia puda identificarse con Kitty.
Decidí aladir a los miembros de Chaotix cuando estaba cerca de terminar porque después de Tails son mis favoritos de la franquicia y, según un meme que vi, no aparecen en muchas historias o son bastante olvidables, así que quise aprovechar para hacer algo diferente. Ojalá les guste a sus fans el cómo los escribí.
Gracias por leer.
