Tanjiro & Kanao
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La noche era joven y la luna brillaba en su punto más alto, iluminando el paisaje con una luz plateada que parecía ajena al caos que se avecinaba. Tanjiro Kamado y Kanao Tsuyuri se encontraban juntos en el techo de la Finca de las Mariposas. Eran conscientes de que estaban a las puertas de un enfrentamiento que podría decidir el destino de los humanos y demonios, pero a pesar de ello, se permitieron un momento de calma.
Uno en el que solo existían ellos dos.
Sus miradas se cruzaron, y en esos profundos ojos color lavanda, Tanjiro encontró un refugio, una promesa silenciosa de que no estaban solos. En los ojos de él, Kanao descubrió la paz que tanto había anhelado, como si el mundo detuviera su ritmo vertiginoso por un instante.
Tanjiro recordó la primera vez que habían entrenado juntos. Ella, con su silenciosa determinación e inconsciente de su inquebrantable espíritu, había inspirado en él un deseo de superarse. Ahora, la vida parecía pender de un hilo, y él no podía evitar preguntarse si habría valorado esos momentos lo suficiente, los días junto a Nezuko, las risas con sus amigos y las noches estrelladas con Kanao.
Una noche estrellada como la que estaban compartiendo en ese momento, pero que sugería algo diferente. Una intimidad silenciosa envolvía el espacio, como un manto suave que los acunaba. Por eso mismo, Tanjiro se aventuró a preguntar aquello que le quitaba el sueño.
—Kanao—pronunció, con su voz suave como la brisa— Si el mundo se acabara mañana, ¿qué harías?
Sin dudar, ella respondió:
—Me gustaría estar contigo. Siempre y en cualquier lugar.
—Y yo contigo—dijo, entrelazando sus dedos con los de ella—. Nadie ha prometido un mañana, así que déjame acompañarte cada noche como si fuera la última.
Un rubor tiñó las mejillas de Kanao y una sonrisa tímida curvó sus labios. Era una confesión que parecía ser implícita, un acuerdo íntimo que compartían. Ante el sentimiento que agitaba su corazón, agregó:
—Y si algún día llegamos al final, quiero que sea contigo, sonriendo.
Las palabras flotaron entre ellos como un mantra, llenando el espacio de una energía que prometía esperanza. Tanjiro sonrió, a pesar del peso de la situación. Sabía que la vida podía ser frágil e inesperada, pero confiaba en que estarían bien y que siempre habría una razón para sonreir.
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El eco de sus promesas resonaba en su mente como una cruel burla. Tanjiro se encontraba en el campo de batalla, un lugar que podría haber sido el punto culminante de su felicidad, donde resistir hasta el amanecer significaría la victoria sobre los demonios. Sin embargo, esa esperanza se había convertido en todo lo contrario.
No había nada.
Para Tanjiro, no había nada más allá de la sensación de tener el corazón en la garganta, con heridas que le quemaban en lo más profundo de su ser. Pero eso no era lo importante, su mirada, algo borrosa, observaba el cuerpo de Kanao, que yacía en el suelo con una profunda herida en el pecho.
Una herida que él había causado.
Mientras ella intentaba salvarlo, no solo a él, sino a todos en la batalla, había tomado la decisión de enfrentarlo. La realidad lo golpeó con fuerza. Si ella no hubiera intervenido, él se habría convertido en un demonio y habría terminado en un desenlace fatal para todos a su alrededor. Aún podía ver el terror en los ojos de Nezuko.
Kanao lo había rescatado de las garras de la muerte, pero a cambio, la muerte estaba a punto de reclamarla a ella. Era como si hubieran intercambiado una vida por otra, condenándolo, una vez más, a ser testigo de cómo alguien más pagaba el precio por su culpa.
Desde que se enteró del estado de Kanao, incluso en medio del caos del campo de batalla, lo único que podía oír era la voz de ella. En un intento de saber que su corazón seguía latiendo y su respiración trataba de estabilizarse lo suficiente como para hablar.
Pero el destino ya estaba marcado.
—Tanjiro —dijo ella, con su voz apenas audible—. Siempre quise estar contigo, acompañándote...
—No... —respondió él, las lágrimas brotando de sus ojos—. Prometimos que esto no sería el final.
—Hemos llegado al final—tomó un respiro profundo, el esfuerzo visible en su rostro—es momento de sonreír...
Tanjiro tomó su mano, sintiendo la fragilidad de ese momento, el tiempo parecía haberse detenido, suspendido en un instante eterno. Las palabras se le atascaron en la garganta, incapaces de expresar su dolor. Aun así, sabía que tenía que decir algo.
Contempló el rostro de Kanao, sereno en la inminencia de la muerte y una pregunta brotó de sus labios:
—El amanecer es hermoso, ¿no es así?
Una sonrisa melancólica apareció en los labios de Kanao, sabiendo a qué se refería.
—Te amo—susurró, su voz apenas un soplo.
Tanjiro también sonrió, en honor a su promesa, y respondió a su declaración de amor. Aquella sería la última sonrisa que vería y compartirían juntos.
El mundo se volvía cada vez más oscuro, más frío, y solo quedaba el eco de su voz en su mente. Se sentía como si una parte de él se estuviera muriendo junto a ella.
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I Die With A Smile
If the world was ending, I'd wanna be next to you
If the party was over and our time on Earth was through
I'd wanna hold you just for a while
And die with a smile
