CAPÍTULO 4
Desconexión
La noche del miércoles encontró a Scorpius cómodamente sentado en el sillón de la sala común. Una tenue llama como única fuente de calor peleaba por subsistir en medio de un silencio frío. Su mente era asediada por la busqueda de sentido. En este momento, que debería ser particularmente tarqnuilo, se encontraba indagando sus propios sueños. Había quienes tendían a separar los fenómenos oníricos de la realidad, pero la experiencia le desmotraba que era más prudente indagar en aquellas manifestaciones ilusorias, sobre todo cuando los elementos insistían en repetirse. Una chimenea, una misteriosa voz...
El sentido común le sugiere que no podía darse cuenta del lujo de no descansar adecuadamente. Decidió, finalmente, que llevar adelante aquella investigación le llevaría tiempo y energía. Observó una pequeña mesa frente a él donde se amontonaban algunos apuntes escolares. Por regla general estudiaba en la biblioteca, pero había días en los que la sala de Slytherin estaba más vacía de lo habitual. Los estudiantes de aquella casa, se suponían, no eran tan ruidosos o molestos como los gryffindor, ni tan charlatanes como los Ravenclaw, ni tan… Bueno, lo que sea que hicieran los Hufflepuff.
Scorpius entonces recordó que en menos de media hora debía dirigirse a la tercera cena del año en el gran salón, y dejó escapar un pequeño suspiro. No tenía muchas ganas de ir, pero no había visto a sus amigos en casi todo el día, y aquella sensación de pesada soledad lo estaba comenzando a abrumar.
Los ruidos fuertes lo incomodaban un poco. A simple vista, Scorpius funciona muy bien en ambientes bulliciosos como fiestas, partidos de quidditch, cenas y demás. Pero en el fondo le costaba disfrutar genuinamente aquellas instancias. Una parte de él prefería el confort del silencio.
Mientras ordenaba sus apuntes, notó un pequeño y colorido sobre encima de la mesa. Era la carta que Rose Wesley quería enviar en secreto, y que él había obligado a entregarle. El sobre estaba hecho con papeles de caramelo, y decorado con ojos de recortes de fotografías que pestañeaban cada tanto.
Había más de una razón por la que Scorpius opinaba que el hábitat de Rose Weasley era el zoológico. O el circo. Posiblemente ni siquiera fuera un ser humano, sino una extraña criatura con forma de mujer que vino de vaya a saber donde. Por más que intentaba entenderla, le era imposible ponerse en su lugar, comprender los mecanismos de su pensamiento.
Sería difícil (o increíblemente fácil) explicar el inicio de esas querellas que varios insistían en llamar enemistad. Probablemente era más fácil asumir que las cosas así se habían dado, porque ellas eran de mundos distintos. El mundo de Scorpius estaba compuesto de partidos de Quidditch, estudios, salidas con amigos y actividades habituales en un adolescente funcional. El mundo de Rose Weasley estaba plagado de ridículos delirios inescrutables. Y sobre ellos, la historia familiar.
La actitud de competencia entre ambos comenzó cuando eran pequeños y fue alimentándose a través de los años. Al principio consistía en ver quién sacaba las mejores notas. Luego, competían por demostrar quién tenía más ingenio a la hora de inventarle un apodo hiriente al otro. La cúspide de su enemistad llegó en quinto año, pero no quería pensar en ello.
El combustible de su hostilidad iba variando: entre ellos había desagrado, incomodidad y fricción, pero a veces se deslizaba cierta nobleza en las formas. De Rose Weasley podía decir muchas cosas, pero no era desmedidamente cruel.
Él, en cambio, encontraba correcto cualquier embate. En sus peleas atacaba toda herida abierta, todo punto débil. Y en aquellos momentos en los que él cruzaba los límites no explícitos de sus peleas, Weasley se lo hacía saber: su semblante se espabilaba ya sus ojos se asomaba una desaprobación parecida a la decepción.
Lo apuñalaba entonces con alguna frase clara, limpia ya veces hasta graciosa. Y él, a pesar de que nunca lo demostraba, terminaba sintiéndose ligeramente infantil, irracional y torpe. Entonces, y solo entonces, Scorpius sintió por Rose Weasley algo parecido al respeto. Aunque, naturalmente, al mismo tiempo deseaba atormentarla. ¿Qué tan natural podía ser ese resentimiento entre ellos? ¿Cómo se había colado tan sutilmente esa aversión?
Pero todo había cambiado desde aquella inesperada huida de la sociedad mágica. Ante la mirada desaprobatoria de las autoridades escolares y el ministerio, Weasley perdió varios puntos en medio del escándalo. Pensó que, en verdad, debía ser duro para ella. No solo la asediaban los rumores, sino que se encontraban bajo vigilancia constante por parte de los profesores y prefectos. Pero no sentía lástima: esas eran precisamente las consecuencias de sus actos.
En momentos como este, cuando la soledad lo invitaba a recorrer senderos de pensamiento que normalmente no tomaría, las preguntas desordenadas se abrirían paso en su cabeza ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué saltó a aquel tren, siendo la chica de oro de su generación? ¿Cómo fue que le resultó tan fácil dejar atrás su colegio, sus amigos y su familia?
Una parte de él quería tomar el camino fácil, pensando que solo alguien a quien nada le importa, además de sí mismo, es capaz de tal cosa. Rose Weasley, bajo esa fachada de chica buena de sonrisa amable, parecía ser una persona egoísta.
Miró nuevamente el sobre con las cartas. Habían pasado dos días desde que se lo quitó. Suspenso pesado. Realmente no esperaba encontrar algo muy interesante allí, solo quería molestarla. Sin embargo, en lugar de deshacerse de él, lo había guardado.
Estaba mal leer cosas íntimas de otras personas sin su permiso. Pero para Scorpius estas reglas morales del bien y del mal significaban poco (o nada). O quizás, entre tantas idas y venidas, se había asomado en él la ambiciosa fantasía de detentar su propio código moral y poco interesa leba respetar la privacidad de esa chica.
Tomó el sobre hecho con papeles de caramelo. Seguro le habría tomado hacerlo horas.
Al abrirlo, encontré un pequeño libro y una carta. Le sorprendió que no hubiera ningún hechizo de protección. Tomó la carta, estaba doblada de forma simple.
Desdobla el papel. La carta estaba escrita en una rápida caligrafía cursiva. Comenzó a leer las primeras líneas.
"Olivia, si estás leyendo esto, probablemente sea por estas razones:
1. Porque sabes leer.
2. Porque mi sistema de comunicación en este momento es precario.
3. Porque nuestro viaje ha concluido.
Sin embargo, algo me dice que los viajes nunca terminan, solo saben empezar.
Quería decirte que estoy bien, que hubiera preferido que nuestra despedida no fuera tan abrupta, y que de todos modos me encuentro muy confundida en este momento para decir algo significativo: He desarmado en bloques mi persona, y me temo que ya no sé quien soy. . .
Ahora que no existe Rose Weasley, ya que mis finitos conocimientos acerca de mí misma demostraron ser sumamente flojos, me permito admitir cosas que antes no hubiera pensado decir: que te extraño, y que los días son tí son como existir en el infierno, teniendo presente lo que decías, eso de que el infierno debe ser una fila interminable en el Banco.
Me hubiera gustado tener más tiempo para despedirme. Fuiste una gran amiga y compañera. Cuando pueda pasaré a visitarte.
Te quiero, RW "
Y así terminaba la carta. El contenido, más que escandaloso o ilegal, era ridículamente privado. Su imaginación había volado demasiado alto. Parecía una carta simple, sin protecciones ni pretensiones. Más que decepcionado, Scorpius se sintió ligeramente vacío.
Scorpious observó una vez más la inofensiva hoja de papel. Las palabras en ella eran dulces y sinceras, como se supone que debe ser toda buena muestra de afecto. Apretó el papel con fuerza, ocasionando que se arrugue. Hacerlo se sintió bien. Era de algún modo placentero arruinar algo tan delicado y frágil.
Recordó a Weasley, enojada, en aquel pasillo. Evocó su flequillo cayendo sobre su frente, casi oscureciendo su mirada. Arrugó aún más la carta. A él no le importaba su privacidad. No le importaba el motivo por el que ella se había lanzado a una estúpida travesía dejando absolutamente todo atrás. Lo que sí sentía, era curiosidad.
Volví a observar la carta. Estaba escrita a mano, con algo que parecía ser una pluma muggle. Fue entonces cuando su atención se centró en algunos detalles. Había irregularidades en la tipografía. Letras impresas incrustadas en caligrafía cursiva. Instintivamente surgió en él una sospecha.
Ella había intentado enviar una carta en horario nocturno para que no revisaran su paquete. Eso solo podía indicar que no quería que las autoridades supieran lo que pensara hacer.
Hasta parecía una carta de amor. Una carta de amor a una chica que fue su compañera de viaje ¿Amor o amistad? Vaya a saber uno qué significado tenían esas palabras para Rose Weasley.
Scorpius se incorporó finalmente, se colocó la túnica y se dirigió a abrir la puerta de su sala común para dirigirse al Gran Salón.
Alrededor de las once y media de la noche, el living de la sala común de Gryffindor estaba prácticamente vacío. Rose, Albus, Lilly y Demian jugaban un aburrido juego de cartas. Ann se había acostado a dormir hacía ya una hora.
Rose había tenido un mal día. No solo había tenido que soportar miradas incriminatorias y curiosas, sino que había tenido que realizar mucho trabajo como ayudante de los profesores. No le molestaba el trabajo en sí. Le molestaba el plan de estudios de las asignaturas muggles.
Sí, el plan de estudios. Como estudiante comprometido (otro día hablaremos de qué entiende Rose Weasley por compromiso), se había tomado el trabajo de escribir una carta con ciertas críticas constructivas y sugerencias interesantes para abordar mejor los contenidos educativos.
Pero a cambio solo recibió una carta donde se explicaba que los planos de estudio habían sido diseñados por profesionales, los cuales estaban muy capacitados para ponderar qué contenidos eran los adecuados para ser enseñados en el colegio, y que esas preocupaciones no le correspondía a ella.
Esa carta, pensó, seguro había sido redactada por una señora aburrida en alguna oficina gris del área de educación del ministerio. Pero la aburrida señora del ministerio (que Rose había creado en su cabeza), probablemente era una simple trabajadora mal pagada, un basurero de sueños sin realizar, un vómito de esperanzas abandonadas y frustración.
Sintió lástima por la aburrida señora del ministerio ((((( que no existe ))))).
_Rose, estás divagando_ Dijo Albus, haciéndola volver a la realidad_ Te toca cambiar de color.
_Pero Lilly dió vuelta la Ronda _ Protestó Rose.
_Eso fue hace tres rondas _ dijo Lilly.
_¿Ustedes cuentan las rondas? _ preguntó Demián, confundido.
_Esto no va a funcionar _ dijo Albus, masajeando la parte superior de sus cejas con los dedos.
A Rose realmente no le gustaba ese juego. Había elegido jugarlo cuando ese juego le gustaba, hace veinte minutos. Pero eso había cambiado. En 20 minutos un subterráneo termina su recorrido y se prepara para volver a empezar, y es alrededor del 8% del tiempo total de vida de una mosca. Veinte minutos equivalen a cuatro canciones promedio.
Veinte minutos son muchos minutos, o los suficientes para inducir a Rose a un estado de aburrimiento y tedio.
Ya había tenido que levantar quince cartas. Una no puede preocuparse por los problemas de la humanidad en paz sin que le pidan que cambie de color en un maldito juego de cartas sensacionalista.
_Yo me voy a dormir _ dijo Demian, estirando sus brazos _ Albus ¿Vienes?
_ No, duerme tú solo hoy _ contestó el chico
_¿Ustedes duermen juntos?_ Preguntó Lily, extrañada.
_Demian tiene pesadillas hace tres días _ contestó Albus _ Me quedo cerca para despertarlo.
_¿Pesadillas con qué? ¿Con la KGB?_ bromeó la joven.
_ ¿Es mucho pedir que inventen otro chiste?_ respondió Demian.
Rose reprimió una risa. Lily abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpida por unos gritos inesperados provenientes del retrato de la Dama Gorda, la cual parecía estar despierta y enfurecida.
_ ¡Éstas no son horas de visitar a tus amantes! ¿Cómo es posible? ¡Un prefecto, para colmo!
_ Soy prefecto, puedo ir a donde quiera, así y abra la puerta de una vez
Era la voz de Scorpius Malfoy. Estaba discutiendo con la dama gorda.
_ ¿Ese es Malfoy? _ Preguntó Albus _ Qué mal genio tiene. Iré a ver qué quiere.
Albus se puso de pie y se dirigió hacia la puerta. A decir verdad, tenía más sueño que curiosidad. No esperaba grandes novedades de un encuentro con Malfoy, ya que sus encuentros siempre terminaban igual: con discusiones entre el joven y su querida prima Rose, burlas de ambas partes y tensión acumulada para futuras peleas.
Scorpius esperaba pacientemente, ignorando los gritos de aquel molesto cuadro, con la esperanza de que el escándalo haya servido aunque sea para anunciar su presencia.
Afortunadamente, la puerta de la sala común de Gryffindor se abrió, revelando a un somnoliento Albus Potter. La voz de la Dama Gorda, pensó Scorpius, era más irritante que nunca.
_ ¡He intentado decirle que se vaya!_ exclamó la señora al ver llegar a Potter _ ¡No hay caso, es un impertinente!
Albus la ignoró y miró directamente a Scorpius, el cual notó que el joven estaba visiblemente irritado.
_ Potter _ Dijo el rubio a modo de saludo. Sus labios y entrecejo se encontraban levemente fruncidos. Era lo más amable que podía decir.
_ ¿Se te pasó la hora de dormir? _ Preguntó Albus _ Thomas ya no vende drogas.
_ No me interesa esa mierda_ Dijo Malfoy_ Vengo a ver a Weasley.
_ ¿Hugo Weasley?_ Preguntó Albus, fingiendo sorpresa.
_ No _ respondió _ la loca de tu prima
_ ¿Por qué querrías hablar con Victoire?
Eres todo un comediante, Potter. Casi tan payaso como tu padre.
Concuerdo, siempre me pareció una payasada que mi padre le haya dado trabajo al tuyo. Cosas que hace uno por lástima, supongo _ dijo Albus, encogiéndose de hombros.
La expresión del rubio se ensombreció, Potter se había pasado esta vez, y él tenía muy poca paciencia. Scorpious, olvidando completamente el motivo por el que decidió ir a la sala común de Gryffindor, dirigió su mano hacia su varita y Albus Potter hizo lo mismo.
_ Repítelo. Repite lo que dijiste _ Dijo con furia. En este momento, era capaz de cualquier cosa.
_¿Tú puedes insultar a los padres de los demás pero ellos no pueden responder?_ preguntó Potter, de forma burlona.
_¡Ya basta!_ Gritó la Dama gorda, indignada _ ¡Bajen sus varitas inmediatamente!
Entonces, el sonido de unos pasos apresurados interrumpió la tensión. Albus y Scorpius dirigieron su mirada a la entrada de la Sala Común.
_ ¡Estoy yendo! Demian, dame tu suéter _ se escuchó la voz de Rose Weasley desde el interior.
' ¿Hay una pijamada en la sala de Gryffindor? ' Pensó Scorpius, irritado. Al parecer toda la casa estaba despierta hoy. La discreción no era algo que esperar de esta gente.
Por suerte para él, la joven que se dirigió a la entrada de la sala común era el motivo de su visita. Él no había venido a hablar con Albus Potter.
El rostro de Rose Weasley se abrió paso a través del retrato. Lucia casada, y al parecer tenía frío. La chica frunció ligeramente el ceño al ver a los dos jóvenes enfrentados, comprendiendo que habían estado a punto de pelear. Observó a su primo.
_ Albus _ dijo serenamente _ Déjame a mi.
Potter levantó las cejas. Scorpius, por su parte, sabía bien por qué había decidido atravesar la espesa oscuridad de los pasillos de Hogwarts para dirigirse a la sala de Gryffindor. Y hoy se sintió particularmente confiado.
Potter se limitó a señalar a Scorpius con el pulgar.
_ Él empezó.
Rose Weasley se limitó a esconder a Scorpius. Los ojos de la joven siempre producían la sensación de estar cubiertos de niebla. Todo lo que la involucraba existía parecía bajo el velo de una ensoñación distante. Ella dirigió la mirada a su primo.
_Él no te busca a ti_ dijo
El chico parecía dudar. Años de enemistad habían infundido en él una válida desconfianza. Malfoy lo entendía.
_ Bien, yo voy _ dijo Potter. Antes de volver a ingresar, giró la cabeza y dijo _ Intenten no despertar a toda la escuela.
Scorpius rodó los ojos. Realmente no tenía ganas de tener una pelea. Al menos no una como las habían tenido en años anteriores. Potter caminó hasta desaparecer por detrás de la puerta. A medida que el sonido de los pasos del chico se atenuaba, el silencio se volvía más incómodo.
La chica finalmente entabló contacto visual. Sus rizos estaban atados en una coleta, a excepción de aquellos que caían sobre su frente. Bostezó aburridamente y apoyó su hombro derecho en el marco de la puerta.
_ ¿Y bien, Malfoy? ¿A qué debemos el honor esta vez?_ preguntó Weasley, con ese tono de voz que oscilaba entre burlón e indiferente.
El chico le dirigió una mirada que daba a entender que no estaba de humor para bromas. Pero, a decir verdad, Scorpius Malfoy nunca pareció estar de humor para nada.
_ Envié tu carta _ dsin rodeos.
Rose Weasley frunció el entrecejo.
_ ¿Y eso por qué?
_ No puedo confiscar ningún elemento sin reportarlo en dos días.
_ ¿Eso es parte de…?
_ La nueva reglamentación, si _ Scorpius pasó una mano por su cabello.
Rose Weasley se suspendió pesadamente.
_ ¿Por qué simplemente no me la devolviste, si ibas a ser tan gentil?_ preguntó.
_ ¿Crees que no te habrían revisado? Eres Rose Weasley_ dijo, como si fuera la mayor de las obviedades _ No fui el único en notar que te fuiste del Gran Comedor _ Mintió. Scorpius dudaba sobre si era el momento de sacar su carta secreta.
_ No entiendo tu lógica, pero asumimos que sí lo hago _ dijo la joven sin alterar un ápice el tono de su voz _ ¿Cuál sería el punto de hacerme ese favor?
Scorpius suena maliciosamente. Decidió que este era el momento adecuado. Observó la expresión cansada de la joven cruzada de brazos frente a él, su postura denotaba cierta vulnerabilidad. Scorpius tomó aire. Disfrutaba rompiendo las ramas más frágiles de los pequeños árboles del huerto de Hagrid. ¿No era lo mismo esa fragilidad que la suave indefensión que ahora veía en ella?
_ No era solo una carta ¿Verdad?_ Preguntó, y pudo apreciar como la expresión de Rose Weasley se enfriaba _ No te preocupes _ dijo _ No me tomé el trabajo de analizarla en profundidad. Esta es solo una pequeña muestra de lo mucho que me interesa ayudar, ya que es inevitable que revisen el correo de la chica de oro. Espera, ¿Sigue siendo ese tu apodo?
Weasley rodó los ojos. Si bien parecía inquieta, las palabras de Scorpius no parecieron derribar su compostura. Había algo extrañamente disperso en su reacción. Él no sabría explicarlo.
_ Debes urgentemente aprender a utilizar el sarcasmo _ dijo ella _ Entonces ¿Me estás diciendo que si quiero enviar correos sin lidiar con controles debo acudir a ti?
Scorpius se acercó con falsa amabilidad. No le interesaba precisamente ser cordial, sino mantener aquel control de sí mismo. Quería dominar la interacción, porque sabía que esa era la única forma de imponer sus intereses.
_ Es tu opción más viable _ Dijo el muchacho _ A menos que cambie de opinión y deje de interesarme por tu bienestar._La joven soltó una risa amarga y negó con la cabeza. Él esperó pacientemente su respuesta. Estaba a punto de imponer sus reglas del juego.
_ Oh, ya lo entiendo. Se supone que debo seguirte el juego ahora mismo _ dijo _ ¿Cuál es tu precio?
El joven esbozó una sonrisa. Lo había logrado. Creía que iba a ser más difícil. En años anteriores lo hubiera sido, pero por lo que pudo observar estos primeros días de clases, Weasley tenía un comportamiento más tranquilo, casi pasivo. Quizás tenían razón aquellos que decían que la joven estaba cambiada. Probablemente sus disputas legales se habían extinguido buena parte de su energía vital y el fervor rebelde que la caracterizaba. Y eso lo entusiasmaba.
_ ¿No te comentaba que me interesaba tu bienestar?_ Preguntó de forma burlona.
La joven sospechó. El ambiente era unilateralmente tenso: él destilaba veneno, pero ella no mostraba agresividad alguna, más bien mantenía una actitud serena y firme. A esta altura de la conversación, la vieja Rose Weasley habría intentado provocar el ojo de Scorpius, o habría querido derrumbarlo con alguna broma maliciosa mientras él respondía con la misma intensa animosidad. Pero nada de eso estaba ocurriendo. En su lugar, frente a él había una joven de mirada despejada y casi carente de emoción.
_Estoy a punto de bajarme de esta conversación _ dijo ella.
_ Estoy seguro de que eres más inteligente que eso Weasley. No querrás dejar a tus queridos sin amigos saber nada de ti ¿Verdad?
Weasley se llevó una mano al frente.
_¿Acaso no tienes que dormir? _ preguntó
_ ¿Estás nervioso, Weasley?
_Cansada, más bien. Esta conversación se podría haber terminado hace cinco minutos _ dijo ella resignada, negando con la cabeza.
Fue entonces cuando Scorpius sintió que estaba pasando algo por alto. La negra del pasillo los envolvía. Los cuadros charlatanes dormían, y la dama gorda había desistido de sus intentos de reprenderlo. Y allí estaba Rose Weasley, la joven que había visto tantas veces en lugares como ese. Allí estaba su rostro ovalado, cubierto por algunos mechones de pelo. Allí estaba su expresión cansada e indiferente. Era la misma Weasley de siempre ¿Por qué entonces se activaba en él esta sospecha?
Entrecerró sus ojos. De pronto sintió mal humor. Se veía a sí mismo fuera de esa conversación, como un cuerpo extraño. Por un momento, cobró conciencia de sí, en medio del aire frío, el silencio y la oscuridad. En ese breve lapso, se sintió torpe.
_ Hay un precio _ Dijo finalmente el muchacho, mientras se acercaba lentamente a ella _ Se podría decir que hay algo que estoy buscando. Me ayudarás a encontrar sin decir nada, y yo evitaré alertar a los directivos acerca de tu pequeña conspiración.
Ella lo observó confundida.
_Si querías que te ayude a buscar algo, no hacía falta que me extorsiones _ indicó.
Scorpius soltó una risa sarcástica.
_ Ah sí, claro Weasley ¿Ibas a ayudarme como si nada, solo por venir a tu puerta a pedirte por favor?
_ Si, básicamente _ Respondió la joven _ Pero lo entiendo. Tu nunca me habrías pedido un favor a mi ¿Verdad, Malfoy? Necesitas extorsionarme para no rebajarte, como la patética excusa de hombre que eres.
Scorpius frunció los labios, mientras en él se gestaba el enojo. Ella siempre se deslizaba por alguna puerta nueva. De pronto se encontró experimentando un descontrol que ya creía superado en él, qué lo impulsó a abalanzarse sobre ella y tirar de su muñeca.
Quizás fue el desprecio sereno en su voz, o la terrible osadía de sus palabras. En ese momento comprendió que se había equivocado: el espíritu de Weasley no se había quebrado. Seguía intacto, siendo capaz de turbarlo. Scorpius se sintió llamado a apagar esa pequeña llama de iniciativa que existía en ella. Quería que toda esa capacidad de resistencia fuera algo menos que un susurro en el viento, una cáscara.
La chica soltó un quejido de dolor. La cercanía de sus cuerpos y la hostilidad de sus miradas podrían resultar aterradora. Pero para ellos era terreno conocido.
_ Siempre lastimando…_ Dijo la joven, sin apartar la mirada de sus ojos plateados.
Scorpius afianzó su agarre. Al salir de su sala común, el plan parecía sumamente claro, sus intenciones no se habían difuminado en turbias emociones hostiles. Scorpius era un hombre con un objetivo. Pero entonces vio los ojos eléctricos de ella y se sintió fuera de lugar, enfurecido.
No sabía qué buscaba. Quizás no buscaba nada. Solo quería tiranizar la voluntad de aquel joven frágil que se sacudía débilmente para liberarse de su agarre, y monopolizar cualquier mirada, maldición y suspiro.
Ella cerró los ojos, quizás intentando invocar paciencia. Él sabía que ella no malgastaba sus fuerzas. Probablemente había concluido que no podía luchar contra él básicamente, y que no era seguro utilizar su varita a raíz del seguimiento que recibía sobre su magia. Weasley tenía las de perder, pero eso no lo hacía sentir más confiado.
Cuánto tiempo ha pasado y sigue siendo exactamente el mismo _musitó Weasley. Su voz sonaba tranquila _ ¿No ves que ya no somos niños?
Ella dejó de mirarlo, y él dejó de ser capaz de ver tras la niebla ausente de sus ojos. Aflojó su agarre, liberándola. Weasley había encontrado la fisura, otra vez. Sin decir nada se dio media vuelta, dispuesta a regresar a su sala común.
_ En la biblioteca, mañana a las seis _ dijo Scorpius, secamente. Ella se detuvo justo antes de entrar _ O vendré a buscarte.
La joven giró levemente la cabeza. Sus movimientos eran tan suaves como el eco de su voz.
_ ¿Sabías, Malfoy, que algunas cosas son inalienables?
Él no respondió, y ella siguió su camino. No lo admitió, pero había logrado sorprenderlo nuevamnete.
La mañana del jueves encontró a Rose y a sus cuatro amigos, tan dignos miembros de la casa de Gryffindor como ella, riendo de forma entusiasta por haber fingido ser la novia por correspondencia de un ex ladron de bancos.
_ Bueno, ya está _ Dijo Ann secándose las lágrimas _ Prometan no volver a hacerlo.
_ ¿No venimos prometiendo eso desde el segundo año?_ Preguntó Lilly.
_ Si, pero creo que fingir ser la novia por correspondencia de un ex convicto es pasarse ligeramente de la raya _ Dijo Albus.
Demian negó con la cabeza.
_ Albus, que sea un ex convicto no significa que no tenga derecho a experimentar el amor_ Dijo.
_ El amor de una persona real, no de un grupo de adolescentes _ dijo Ann, mientras cortaba pacientemente una rodaja de pan.
La ternura se apoderó de Rose.
_ Extrañaba esto _ Dijo.
_ Pensé que extrañabas a tus nuevos super amigos _ Apuntó Lilly.
_ No, ayer les envié una carta.
_ La envió Malfoy, mas bien_ dijo Albus.
_ ¿Malfoy envió tu carta?_ Pregunto Ann, sorprendida _ ¿Por qué?
_ No lo sabemos, solo sabemos que fue enviado. De todos modos había plan B por si lo de la carta fallaba _ dijo Lilly, mientras masticaba un trozo de budín de zanahoria.
_ Pero no falló _ indicó Rose con tranquilidad.
_ Si, gracias al psicópata _ apuntó Albus.
_ ¿Y cómo saben que la envió? ¿Y por qué soy la última en enterrme?_ Preguntó Ann, molesta.
El hecho de que Ann hubiera permanecido dormida en el momento de los hechos hacía que la explicación resultase engorrosa. Finalmente, Lilly decidió tomar la iniciativa para explicar.
_ Ann, en resumidas cuentas _ comenzó la pequeña pelirroja _ anoche luego de que te fueras a dormir, vino Sword a la sala común y dijo algo como 'Maldita puta no te metas en problemas, ya resolví tus problemas, así que ya no te metas en problemas' y Rose respondió algo como '¿Que? ', y todos dijimos ' ¿Qué? '
Ann alzó las cejas y observó al resto, buscando alguna respuesta que sonara más lógica.
_ Si, así fue _ dijo Demian, asintiendo con la cabeza _ Gran resumen.
Ann observó a Rose con cara de confusión.
_ ¿Ustedes están diciendo que ese idiota de Malfoy le sacó la carta a Rose de forma ridículamente dramática, solo para después terminarla enviándole él mismo? _ preguntó con fastidio _ Bien, me niego a indagar en el asunto _ dijo. Rose sabía que Ann definitivamente iba a informar sobre el asunto.
_ Yo también _ dijo Rose _ Fue una suerte de arco argumental que se abrió y luego se cerró a sí mismo, como un episodio relleno pero con más drama _ conclusiones. Rose realmente no quería ahondar en eso. Malfoy se había comportado como siempre, pero ella no _ En fin, cambiando de tema, Lilly ¿Como te fué con la psicóloga?
La chica había iniciado una terapia luego de que, tras muchos controles de salud, una médica muggle sugirió que su problema de hiperactividad podía tener raíz psicológica. La sospecha resultó ser cierta y Lilly fue diagnosticada con trastorno de hiperactividad.
_ Muy bien _ respondió la chica de forma entusiasta _ De hecho quería contarles que me prometí a mi misma dejar de ser insoportablemente agresivo. Probablemente no vaya a tardar menos de cuatro meses _ dijo con cautela _ pero me gustaría, al terminar el año, ser una persona diferente.
Suena a que has estado leyendo los libros de autoayuda de tu madre _ Dijo Ann ásperamente _ Mejor ponte como meta expandir tu círculo social, el año que viene ya no vamos a estar todo el día contigo Lilly.
La pequeña pelirroja se acerca.
_ He pensado en eso. Estoy intentándolo y hasta ahora va bien. Me sumé a un taller de ajedrez.
_ ¿El taller del profesor Harrison? _ Preguntó Rosa.
_ Sí, ese. Dicen que fue campeón europeo en su juventud.
Los cinco chicos se quedaron en silencio un momento. Finalmente, Ann se inspiró pesadamente y dijo:
_ Tengo una idea, gracias a Lilly _ Sus amigos la miraron fijamente _ Me gustaría que cada uno de nosotros se propusiera algo de aquí a fin de curso: cambiar un defecto de su personalidad o progresar en algo. Cualquier tipo de cambio positivo antes de terminar el año.
_ Eres muy cursi _ dijo Demian, rodando los ojos _ Pero puede que me guste la idea.
_ Bueno, yo ya dije mi propósito _ Dijo Lilly _ ¿Qué hay de ti, Ann?
Ann se tomó un momento para pensar su respuesta.
_ Quiero desarrollar algun tipo de habilidad. Veo que todos ustedes destacan en algo excepto yo.
_ Rose la observaron como si estuvieran loca
_ Ann… _ comenzó Albus.
_ No me interrumpan _ dijo la rubia _ Puede que esté equivocada, pero tendré que descubrir eso por mi misma. Sigues tú, Albus.
El joven frunció el ceño, en una expresión pensativa. Parecía nunca haber planteado una pregunta semejante en su vida.
_ Yo…_ comenzó Albus _ Quisiera encontrar una pasión a la cual dedicarme. No una habilidad, sino un pasatiempo que me apasione.
_ ¿El quidditch no te apasiona? _ Preguntó Lilly
_ No lo sé. Creo que ya se me resulta monótono _ Contestó el pelinegro _ Sigue Demian.
El joven ruso entrecerró las cejas mientras intentaba pensar en algo. Sus ojos parecieron esfumarse a algún rincón lejano del castillo y volver.
_ Me gustaría… Me gustaría poder… _ levantó su mano derecha como obtener buscando inspiración de alguna parte, hasta que finalmente pareció encontrarla _ Quisiera experimentar algún tipo de sentimiento profundo, realmente no sé cómo explicarlo _ Dijo finalmente. Sus amigos lo miraron extrañados _ ¿Por qué me miran así?
_ Demian _ Dijo Albus poniéndole una mano en el hombro _ Realmente no nos molesta que seas un sociópata.
Las tres chicas se miraron entre sí y luego asintieron, dándoles la razón.
_ Pero yo quiero tener corazón _ dijo simplemente. Rose sabía que los sentimientos de Demian eran apenas más profundos como un charco, pero esquivos como un soplón. Él le dirigió la mirada _ Rose ¿Quieres colaborar con el equipo de guionistas?.
La pelirroja esbozó una adorable sonrisa. Sabía lo que quería desde que había vuelto a la sociedad mágica.
_Yo quiero un novio_ dijo. Se sintió algo vulnerable al ver las expresiones en los rostros de sus amigos _ Es que hace mucho no tengo una cita.
