Capítulo 15: La Promesa
El auto avanzaba con suavidad por las calles iluminadas de la ciudad, pero dentro del Lexus, el ambiente seguía cargado. Fate, con la mirada fija en el paisaje que pasaba por la ventana, apenas había dicho una palabra desde que salieron del restaurante. Nanoha, al volante, la observaba de reojo, notando cómo su habitual calidez parecía haber sido apagada por el encuentro con su padre.
—Fate-chan… —comenzó Nanoha con suavidad, buscando romper el silencio—. No quiero verte así. Ese tipo no merece que te sientas así por él.
Fate no respondió de inmediato, sus labios apenas se movieron en un susurro. —Lo sé… pero no es tan fácil. —Suspiró profundamente, cerrando los ojos por un momento. Nanoha tomó su mano con cuidado, apretándola con ternura.
—Sabes, tengo algo que siempre pienso cuando las cosas no van como espero —dijo Nanoha con un tono más animado—. Mi mamá solía decirme: "Incluso los días más nublados terminan despejándose". Puede que ahora sientas que todo está gris, pero confía en mí, Fate-chan. Tú eres el tipo de persona que hace que cualquier día nublado termine con un arcoíris. —Sonrió mientras seguía conduciendo, sus ojos brillando con dulzura.
Fate giró lentamente la cabeza para mirarla, y una pequeña sonrisa comenzó a formarse en su rostro. —Eso fue… cursi. —Dijo antes de soltar una risa ligera.
Nanoha se unió a su risa. —¡Por supuesto que lo fue! Pero funcionó, ¿verdad?
Fate negó con la cabeza, riendo más fuerte. —Gracias, Nanoha. Y… perdón por el mal rato con mi papá. No debiste pasar por eso.
Nanoha le lanzó una mirada rápida, su sonrisa tornándose juguetona. —Fate-chan, he enfrentado a clientes más intimidantes que tu padre. Créeme, esto no fue nada.
La ligereza en su tono hizo reír aún más a Fate, quien finalmente parecía relajarse. Suspiró, apoyando la cabeza en el hombro de Nanoha mientras seguían avanzando por la carretera.
—Eres demasiado buena para mí… —murmuró Fate, con los ojos cerrados.
Nanoha rió suavemente, levantando ligeramente el hombro en el que Fate estaba apoyada. —¿Qué? ¿Eso lo dice la persona que me trata como una reina? Yo diría que es al revés.
Fate levantó la cabeza, entrecerrando los ojos. —¡Eso no es cierto! Eres tú quien siempre está cuidándome y consintiéndome.
—¿Ah, sí? ¿Y qué hay del tiempo que me preparaste un almuerzo porque sabías que olvidé el mío? —replicó Nanoha, con una sonrisa traviesa.
—¡Eso no cuenta! Fue solo una vez. —Fate se cruzó de brazos, fingiendo molestia.
Ambas se miraron antes de estallar en una risa conjunta, la atmósfera en el auto finalmente volviendo a ser cálida y relajada.
El Lexus se detuvo frente a la casa de Fate justo a las 9:50 p.m. Nanoha apagó el motor, girándose hacia Fate con una sonrisa satisfecha.
—Y llegamos a tiempo. ¿Qué tal eso? —dijo Nanoha, señalando el reloj del tablero.
Fate sonrió tímidamente, desabrochando el cinturón de seguridad. Antes de salir, se inclinó hacia Nanoha y la besó apasionadamente, un gesto que tomó a Nanoha completamente por sorpresa. Sus ojos se abrieron ligeramente antes de cerrarse mientras correspondía al beso, sus manos tocando suavemente el rostro de Fate.
Cuando Fate se separó, sus ojos brillaban con un fuego que Nanoha no había visto antes. —Te quiero, Nanoha Takamachi —dijo con una firmeza que resonó en el aire.
Nanoha sonrió, todavía procesando la intensidad del momento. Antes de que pudiera responder, Fate le dio un beso rápido en los labios y salió del auto, cerrando la puerta detrás de ella con un movimiento apresurado. Nanoha la vio caminar hacia la puerta de su casa, su rostro visiblemente sonrojado, y no pudo evitar sonreír ampliamente.
—Yo también te quiero, Fate Testarossa… —murmuró para sí misma antes de arrancar el auto y dirigirse a casa.
Dentro de la casa, Precia estaba sentada en el mueble de la sala, con los brazos cruzados y la ceja levantada. Miraba el reloj con atención, como si estuviera evaluando cada segundo que pasaba. Desde la cocina, Alicia mordía una manzana mientras observaba a su madre con una expresión divertida.
—Estás exagerando, mamá. Fate va a llegar. —dijo Alicia, con un tono despreocupado.
—Esa mujer aún no se ha ganado mi confianza, y ya está robándonos a Fate. —respondió Precia, su tono molesto pero contenido.
Alicia soltó una carcajada. —Mamá, por favor. Tú y yo sabemos que perdimos a Fate hace mucho tiempo. No necesitas culpar a Nanoha por eso.
Precia abrió la boca para responder, pero el sonido de la puerta abriéndose la interrumpió. Ambas giraron la cabeza hacia la entrada, donde Fate estaba parada, visiblemente sorprendida de encontrar a su madre y su hermana en la sala.
—¿Pasó algo? —preguntó Fate con incredulidad, mirando a ambas con los ojos entrecerrados.
Alicia estalló en carcajadas, señalando a su madre. —¡Te lo dije!
Precia se levantó, cruzando los brazos mientras miraba el reloj. —Diez en punto. —dijo con tono seco, levantando una ceja y lanzándole una mirada significativa a Fate.
Fate se sonrojó, cerrando la puerta detrás de ella con cuidado. —Estoy aquí a tiempo, ¿no? —intentó defenderse, aunque sabía que no serviría de mucho.
Alicia, todavía riendo, se apoyó en el marco de la cocina. —No sé por qué se preocupa tanto, mamá. Fate es una adulta. Puede cuidarse sola.
Precia bufó, girándose hacia la cocina. —No mientras yo tenga algo que decir al respecto. —Se giró nuevamente hacia Fate, su tono más serio. —Espero que esa mujer entienda que mi hija no es alguien con quien se puede jugar.
Fate suspiró, dejando su bolso sobre la mesa de la entrada. —Mamá, Nanoha no es así. Por favor, no la juzgues sin conocerla.
Precia miró a Fate por un momento antes de suspirar. —Espero que tengas razón. —Con esas palabras, se dirigió hacia las escaleras, dejando a Alicia y a Fate solas.
Alicia terminó su manzana, mirándola con una sonrisa traviesa. —Bueno, hermanita. ¿Fue una buena cita?
Fate la miró, todavía sonrojada, y negó con la cabeza mientras subía las escaleras. Alicia rió suavemente antes de apagar las luces de la cocina, pensando que la vida en esa casa nunca sería aburrida con Fate y Nanoha en escena.
Alicia estaba a punto de retirarse a su cuarto cuando Fate, aún de pie cerca de la entrada de la cocina, la llamó en voz baja.
—¡Alicia! Espera. —La voz de Fate era un susurro urgente, como si temiera que alguien más pudiera escuchar.
Alicia se detuvo en seco y giró sobre sus talones, mirándola con curiosidad. —¿Qué pasa, Fate? Estoy muerta de sueño. —respondió mientras se cruzaba de brazos.
Fate miró alrededor, asegurándose de que Precia no estuviera cerca, antes de dar un par de pasos hacia Alicia. —Necesito decirte algo… pero mamá no puede enterarse.
Los ojos de Alicia se iluminaron con ese brillo travieso que siempre tenía cuando algo prometía ser interesante. —¿Es algo jugoso? —preguntó con un tono burlón mientras se inclinaba hacia Fate. —Déjame adivinar… ¿Ya lo hiciste con Nanoha?
El rostro de Fate enrojeció al instante, y levantó las manos rápidamente como si intentara detener el torrente de bromas que sabía que se avecinaba. —¡Alicia! ¡Por favor, no empieces con eso! Esto es serio.
Alicia levantó una ceja, claramente divertida, pero al ver la expresión genuinamente preocupada de su hermana, su sonrisa se desvaneció un poco. —Oh… ¿Es en serio? Está bien, dime qué pasa.
Fate respiró hondo, luchando por encontrar las palabras adecuadas. Finalmente, decidió soltarlo todo de una vez. —Nanoha y yo… nos encontramos con papá durante la cena.
La expresión de Alicia cambió de inmediato. Su postura relajada y juguetona se endureció, y su mirada se tornó fría como el hielo. —¿Qué? —preguntó en voz baja, aunque su tono estaba cargado de furia.
—¡Shh! —Fate levantó un dedo hacia sus labios, mirándola con urgencia. —Por favor, no alces la voz. No quiero que mamá se entere.
Alicia respiró hondo, cerrando los ojos por un momento para calmarse. Después de un largo suspiro, asintió lentamente. —De acuerdo. Pero dime… ¿te dijo algo? ¿Te hizo algo? —preguntó con un tono más contenido, aunque la tensión en sus palabras era evidente.
Fate bajó la mirada, jugueteando con sus manos antes de responder. —Sí, dijo cosas horribles. Me insultó, y también a Nanoha. —Su voz era temblorosa al recordar el momento. —Dijo cosas como que estábamos "jugando a las citas" mientras la familia estaba en problemas económicos. Y cuando intentó decir algo peor… Nanoha lo detuvo.
Alicia arqueó una ceja, interesada. —¿"Lo detuvo" cómo?
—Le dio una bofetada. —Fate permitió que una pequeña sonrisa cruzara su rostro. —Y fue una buena. Lo hizo callar de inmediato.
Alicia parpadeó, claramente sorprendida, pero su sorpresa pronto se convirtió en una sonrisa socarrona. —¿En serio? Bueno, eso es fantástico. Yo le habría pateado las bolas… —No terminó la frase porque Fate levantó una mano rápidamente.
—¡Alicia! Ya entendí la idea. —susurró Fate, desesperada por mantener la conversación en calma.
Alicia soltó una pequeña risa, pero su expresión se volvió seria de nuevo. —Ese tipo anda tramando algo. Lo sé. Nunca hace nada sin una razón. Así que, por favor, ten cuidado, ¿sí? No quiero que te lastime más de lo que ya lo hizo.
Fate asintió lentamente, tocando la mano de su hermana en un gesto de aprecio. —Gracias, Alicia. Estaré alerta. Te lo prometo.
El ambiente entre ambas se suavizó, y Alicia incluso esbozó una pequeña sonrisa. Sin embargo, ese momento de complicidad fue interrumpido por la entrada de Precia, quien apareció en la puerta de la cocina con los brazos cruzados y una expresión inquisitiva.
—¿Qué tanto cuchichean ustedes dos? —preguntó, levantando una ceja mientras las miraba con sospecha.
Antes de que Fate pudiera reaccionar, Alicia soltó una respuesta con la lengua fresca y sin pensar demasiado.
—Fate estaba contándome que ya se acostó con Nanoha. —dijo con toda naturalidad, como si fuera un dato trivial.
Precia soltó un grito ahogado, llevándose una mano al pecho mientras sus ojos se abrían como platos. —¡¿Qué?! —exclamó, mirando a Fate con incredulidad.
El rostro de Fate se volvió completamente rojo. Giró hacia Alicia con furia contenida, aunque su voz salió en un susurro urgente. —¡¿Qué estás diciendo?! ¡Eso no es cierto, Alicia! ¡Por favor, deja de inventar cosas!
Alicia se reía a carcajadas, sosteniéndose el estómago mientras Fate trataba de contener su vergüenza.
—¡Alicia! —protestó Fate, cubriéndose el rostro con ambas manos, deseando que el suelo se la tragara.
Precia, aún procesando las palabras de Alicia, se giró hacia Fate con los ojos entrecerrados. —Fate Testarossa, dime que esto es una broma. —dijo con un tono severo.
—¡Claro que lo es! —exclamó Fate desesperada. —¡Alicia está inventando cosas como siempre!
Alicia, todavía riendo, se encogió de hombros como si no fuera gran cosa. Precia, sin embargo, le lanzó una mirada fulminante antes de girarse hacia Fate.
—Más te vale que sea mentira, Alicia. Y tú, Fate, sube a tu cuarto. No quiero más sorpresas esta noche. —ordenó con firmeza.
Fate asintió rápidamente, lanzándole una mirada de reproche a Alicia antes de apresurarse hacia las escaleras. Alicia, divertida, volvió a morder su manzana mientras Precia se retiraba, murmurando algo sobre cómo lidiar con sus hijas rebeldes.
Cuando Fate cerró la puerta de su habitación, apoyó la espalda contra ella y dejó escapar un profundo suspiro. Aunque la noche había sido un torbellino, no pudo evitar sonreír ligeramente al recordar a Nanoha. En medio de todo, ella siempre lograba hacerla sentir segura.
La mañana del sábado llegó tranquila en la indistinguible casa azul de Nanoha. El sol entraba tímidamente por las cortinas, llenando la habitación de una luz cálida y acogedora. Nanoha, aún en su pijama rosa con estampados de pequeños conejos, se estiraba perezosamente en su cama. Su gata, un bulto de pelo gris esponjoso, estaba acurrucada en una esquina del colchón, completamente indiferente al movimiento de su dueña.
—Buenos días a ti también, Hikari. —murmuró Nanoha, mirando a la gata con una sonrisa somnolienta.
El teléfono de Nanoha, que descansaba sobre la mesita de noche, comenzó a vibrar y sonar de repente, interrumpiendo la tranquilidad. Nanoha extendió la mano sin levantarse, tanteando hasta encontrarlo. Cuando vio el nombre en la pantalla, suspiró con resignación: Momoko Takamachi.
—¿Qué querrá ahora? —se preguntó en voz baja antes de deslizar el dedo para contestar. —Hola, mamá.
La voz de Momoko resonó al otro lado, llena de calidez y cariño, pero con ese tono inconfundible que usaba para hablarle a sus hijas cuando quería provocarles ternura o vergüenza. —¡Nanoha, mi bebita! ¡Qué alegría escucharte!
Nanoha rodó los ojos, llevándose una mano al rostro. —Mamá, por favor, deja de llamarme así. Ya no soy una niña.
Momoko soltó una risita. —Oh, lo sé, cariño, pero no puedo evitarlo. Siempre serás mi bebé. ¿Cómo has estado? ¿Has estado comiendo bien? ¿La gata te deja dormir? ¿No has olvidado regar las plantas? —Las preguntas de una madre preocupada salieron en cascada, sin darle tiempo a Nanoha de responder.
Nanoha se rió suavemente, acostumbrada a este interrogatorio. —Estoy bien, mamá. Como bien, Hikari duerme más que yo, y las plantas están vivas. Todo bajo control.
—Me alegra escucharlo. —respondió Momoko con satisfacción, aunque su tono pronto cambió a uno más curioso. —Por cierto, tu hermana Miyuki me dijo que vas a ir al evento de esta noche.
Nanoha suspiró al escuchar la mención del evento. Sabía que este tema iba a surgir tarde o temprano. —Sí, iré.
Por un momento, el silencio se hizo presente en la llamada, pero Nanoha sabía que su madre estaba esperando algo más. Finalmente, Momoko rompió el silencio con un tono juguetón y expectante. —¿Y…?
Nanoha cerró los ojos, sabiendo exactamente a dónde iba la conversación. —¿Y qué?
—Vamos, Nanoha. —insistió Momoko, riéndose suavemente. —¿Con quién irás?
Nanoha suspiró profundamente, derrotada. —Voy con Fate.
Momoko dejó escapar una risa que Nanoha reconocía demasiado bien: esa que usaba cuando sabía que tenía la ventaja en una conversación. —¿Qué Fate? —preguntó con fingida inocencia, como si no supiera de quién hablaba.
Nanoha gruñó ligeramente, apoyando la frente contra su mano. —Mamá, sabes perfectamente a quién me refiero. No tienes que buscar una confirmación de mi parte.
Momoko rió más fuerte, claramente disfrutando el momento. —Está bien, está bien. Solo quería escucharlo de ti. —Hubo una breve pausa antes de que Momoko añadiera con un tono más suave. —Tu papá y yo queremos conocerla, ¿sabes?
Nanoha bufó, cerrando los ojos mientras se recostaba nuevamente en la cama. —Lo sé, mamá. Lo sé.
Momoko decidió cambiar el tema, aunque su tono seguía cargado de interés. —Por cierto, la familia Harlaown estará presente esta noche.
Nanoha levantó una ceja, algo confundida. —¿Los Harlaown? ¿Te refieres a los principales accionistas de la empresa?
—Exactamente. —respondió Momoko con una sonrisa que casi se podía escuchar a través del teléfono. —Su hijo, Chrono, también estará allí. Es un joven encantador.
Nanoha se sentó un poco, comenzando a entender hacia dónde se dirigía esto. —¿Y qué con él?
Momoko hizo una pausa deliberada, dejando que el silencio se alargara lo suficiente como para inquietar a Nanoha. Finalmente, dijo: —La familia Harlaown no sabe todavía… sobre Fate.
Nanoha parpadeó, sintiendo cómo su paciencia comenzaba a agotarse. —Mamá, Fate es mi novia. ¿Qué importancia tiene eso para los Harlaown?
—Oh, cariño, no te estoy diciendo que sea importante para ellos. —respondió Momoko con ese tono despreocupado que solo lograba exasperar a Nanoha. —Solo te sugiero que seas cortés y hables con Chrono. Nunca está de más mantener buenas relaciones con nuestros inversionistas, ¿verdad? Recuerda que ya no eres una niña.
Nanoha frunció el ceño, sintiendo que su madre la estaba llevando a un terreno que no le agradaba. —Mamá, no voy a jugar a los buenos modales solo porque tú crees que debería.
—Nanoha… —La voz de Momoko se volvió un poco más seria, aunque seguía cargada de ternura. —Sabes que solo quiero lo mejor para ti. Estoy segura de que Fate entiende lo que significa mantener relaciones cordiales. Esto no es solo por los Harlaown, también es por ti.
Nanoha suspiró profundamente, sabiendo que no tenía sentido discutir con su madre. —Está bien, mamá. Hablaré con Chrono si surge la oportunidad.
—Esa es mi niña. —respondió Momoko con alegría, volviendo a su tono juguetón. —Bueno, me despido. Nos veremos esta noche. Estoy deseando conocer a Fate.
—Adiós, mamá. —respondió Nanoha, sin energía para discutir más.
Cuando la llamada terminó, Nanoha dejó caer el teléfono sobre la cama y apoyó la cabeza contra el colchón, mirando al techo. Dejó escapar un largo resoplido, sintiéndose ya agotada antes de que el día realmente comenzara.
—¿Por qué mi vida tiene que ser tan complicada? —murmuró, mientras Hikari, su gata, se estiraba perezosamente en su rincón, ignorando completamente las tribulaciones de su dueña.
Con un suspiro, Nanoha se levantó, sabiendo que tenía mucho que hacer antes del gran evento de la noche.
Nanoha estaba estacionada frente a la casa de Fate, con el Lexus reluciendo bajo el sol de la tarde. Sentada en el asiento del conductor, revisaba el cronograma de la noche que Miyuki le había enviado temprano. La lista estaba llena de nombres de invitados, horarios específicos y recordatorios para hacer contactos importantes. Nanoha frunció el ceño mientras deslizaba el dedo por la pantalla de su teléfono, deteniéndose en uno de los puntos que indicaba una charla obligatoria con los Harlaown.
—"Esto es un fastidio… ¿De verdad creen que puedo seguir esto como un reloj suizo?" —murmuró para sí misma mientras dejaba el teléfono en la consola central y suspiraba, cerrando los ojos por un momento.
Unos golpecitos suaves en la ventana la sacaron de su concentración. Nanoha giró la cabeza esperando ver a Fate, pero en su lugar encontró a Precia Testarossa parada junto al auto. Detrás de ella, Fate se movía nerviosamente, haciendo gestos discretos para que su madre se retirara.
Nanoha sonrió divertida mientras bajaba la ventana. —Buenas tardes, señora Testarossa.
—Buenas tardes, Nanoha. —respondió Precia con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Luego, se giró hacia Fate, que estaba a pocos pasos detrás de ella. —Fate, cariño, necesito hablar con tu novia. A solas.
—¿¡Qué!? —exclamó Fate, con los ojos abiertos de par en par. —¡Mamá, no tienes que hacer eso!
Precia ignoró el reclamo y señaló el auto con la cabeza. —Esto no es una solicitud, Fate.
Nanoha, disfrutando del espectáculo, presionó un botón para desbloquear la puerta del conductor. —Está bien, señora Testarossa. Puede entrar. —Luego miró a Fate, y con una sonrisa juguetona, añadió: —No te preocupes, mi amor. Todo estará bien.
La reacción fue instantánea. Fate se cubrió la cara con ambas manos mientras un rojo intenso subía por sus mejillas. Precia, por su parte, frunció el ceño al escuchar el apelativo. Su mirada se endureció mientras abría la puerta y se acomodaba en el asiento del copiloto, cerrando la puerta con un golpe suave pero firme.
—Arranquemos. —dijo Precia mientras ajustaba el cinturón de seguridad. —Fate, quédate aquí. Esto no tomará mucho tiempo.
Fate parecía a punto de protestar, pero Nanoha le envió un mensaje rápido mientras encendía el motor. El mensaje decía: "Todo está bien, Fate-chan. Confía en mí. Volveré pronto."
El Lexus comenzó a moverse con suavidad, alejándose de la casa de los Testarossa mientras el ambiente dentro del auto se llenaba de una tensión palpable. Nanoha esperó pacientemente a que Precia hablara, dejando que la mujer tomara la iniciativa.
Finalmente, después de unos segundos, Precia suspiró y cruzó las manos sobre su regazo. —Antes que nada, quiero agradecerte por lo que hiciste con nuestra deuda. No estoy acostumbrada a aceptar ayuda, pero… reconozco que fue un gesto significativo. —Sus palabras eran medidas, como si estuviera eligiendo cada una con cuidado.
Nanoha asintió con una sonrisa tranquila. —No tiene que agradecerme, señora Testarossa. Lo hice porque Fate es importante para mí, y quiero que ella esté tranquila.
Precia giró ligeramente la cabeza para observarla. —Ese es precisamente el siguiente punto del que quiero hablar. —Su tono cambió, volviéndose más directo. —Nanoha, Fate es joven. Es mi hija menor. Y aunque parece que confía en ti completamente, yo necesito saber… ¿Qué tan seria es esta relación para ti?
Nanoha se sorprendió un poco por la franqueza, pero no desvió la mirada. —Es muy seria. Amo a Fate, señora Testarossa. No estoy jugando con ella, si eso es lo que le preocupa.
Precia se mantuvo en silencio por un momento, evaluando la respuesta. —Espero que sea cierto, porque si alguna vez la lastimas o juegas con sus sentimientos, no me importará terminar en la cárcel. ¿Entendido?
Nanoha se rió suavemente, una mezcla de respeto y admiración por la protectora madre frente a ella. —Entendido. Créame, lo último que quiero es hacerle daño. Haré todo lo posible para protegerla y mantenerla feliz.
Precia pareció relajarse ligeramente, aunque su expresión seguía siendo seria. —Bien. Ahora, quiero saber si has considerado lo que implica tu apellido en esta relación. Fate es una chica de clase media, trabajadora y con sueños humildes. Tú eres una Takamachi, con todo lo que eso conlleva. ¿Has pensado en cómo puede afectar eso su vida?
Nanoha dejó escapar un suspiro, comprendiendo la preocupación. —Lo he pensado, señora Testarossa. Sé que mi apellido puede complicar las cosas, pero Fate es fuerte. No la subestime. Además, haré lo que esté en mis manos para mantenerla alejada de cualquier problema que mi familia o mi posición puedan causar.
Precia asintió lentamente, como si estuviera considerando cada palabra. Finalmente, añadió: —Y una última cosa. Si alguna vez veo a mi hija llorar por tu culpa… —Hizo una pausa, mirándola con una intensidad que casi podía sentirse físicamente. —Nanoha, no me importará si eres una Takamachi o la reina del mundo. Te aseguro que lo pagarás caro.
Nanoha sonrió suavemente, completamente tranquila. —Señora Testarossa, Fate no tiene que llorar por mí. Si lo hace, será de felicidad. Esa es mi promesa.
Precia la observó por un momento más antes de asentir con una pequeña sonrisa, casi imperceptible. —Eres más firme de lo que esperaba. Me gusta eso.
El silencio se instaló brevemente en el auto mientras Nanoha giraba de vuelta hacia la casa de los Testarossa. Al estacionarse frente a la entrada, Precia desabrochó su cinturón de seguridad y se giró hacia ella.
—Espero que tengas razón, Nanoha. Fate confía en ti, y yo también quiero hacerlo. Pero no olvides que yo siempre estaré vigilando.
Nanoha asintió con respeto. —Entendido, señora Testarossa.
Precia salió del auto y cerró la puerta. Fate, que había estado esperando junto a la entrada, corrió hacia Nanoha con una mezcla de preocupación y curiosidad en su rostro.
—¿Qué pasó? ¿De qué hablaron? —preguntó rápidamente mientras miraba a su madre, que caminaba hacia la casa con una expresión neutral.
Nanoha le sonrió y le acarició suavemente la mejilla. —Todo está bien, Fate-chan. Tu madre solo quería asegurarse de que estoy cuidándote como mereces.
Fate suspiró aliviada, aunque su rostro todavía mostraba algo de vergüenza. —Lo siento por eso. Es… bueno, ya sabes cómo es ella.
Nanoha rió suavemente, inclinándose para darle un beso rápido en la frente. —No te preocupes. Me gusta que sea protectora contigo. Ahora, sube al auto. Tenemos una cita con Vice y luego el salón de belleza.
Fate asintió, aún un poco sonrojada, y se subió al auto. Mientras el Lexus se alejaba nuevamente, Nanoha no pudo evitar sonreír, sabiendo que había superado con éxito la primera prueba con la madre de Fate.
El Lexus plateado de Nanoha se detuvo frente a la imponente fachada de Maison Éclat. Las luces de la boutique iluminaban la entrada, reflejándose en el elegante letrero dorado que anunciaba el nombre del lugar. Frente a la puerta, Vice Granscenic esperaba con los brazos cruzados, su pie derecho moviéndose de forma rítmica pero impaciente, como un metrónomo perfectamente sincronizado. Su traje rosado impecable, con detalles dorados en los puños, relucía bajo las luces exteriores, mientras sus gafas redondeadas brillaban en la tenue iluminación.
Nanoha apagó el motor del auto y se estiró con un suspiro. Desde su lugar, pudo ver la expresión de Vice, quien parecía listo para lanzar un sermón. Fate, sentada junto a ella, ladeó la cabeza con curiosidad. —Oh, no, creo que nos van a regañar.
—¿Por qué se ve tan… molesto? —preguntó Fate, notando el semblante severo de Vice.
Nanoha dejó escapar una carcajada suave mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad. —Siempre se pone así cuando llego tarde. Prepárate para el drama, porque Vice no sabe hacer otra cosa.
Ambas bajaron del auto, y en cuanto sus pies tocaron el pavimento, Vice avanzó hacia ellas con la precisión de un general en el campo de batalla.
Antes de que Nanoha pudiera responder, Vice avanzó rápidamente hacia ellas. —¡Marimacho Takamachi! —exclamó dramáticamente, señalando el reloj en su muñeca. —¡Quince minutos tarde! ¿Es que no te enseñaron modales en esa familia de ricos?
Nanoha trató de contener la risa, pero el apodo y la actitud de Vice la desarmaron por completo. Se inclinó ligeramente hacia adelante, riendo a carcajadas. —¡Lo siento! ¡Lo siento de verdad! Es que… bueno, se nos hizo tarde. ¿Qué puedo decir? —Su tono era despreocupado, lo que solo aumentó la indignación de Vice.
Fate miró a ambos con cierta confusión y preocupación. —¿Está todo bien? ¿Por qué te llama así? —preguntó, mirando de Vice a Nanoha.
Nanoha, aún riendo, le acarició la mejilla a Fate con cariño. —Oh, es solo que Vice tiene este… apodo especial para mí cuando está molesto. No te preocupes, no es nada serio.
Vice bufó dramáticamente, colocando una mano en su cintura. —Nada serio, dice. Marimacho, eres incorregible. —Giró hacia Fate con una sonrisa que rápidamente cambió a una expresión más dulce. —Ven conmigo, querida. Dejemos a esta rebelde fuera de esto por un rato. —Con un gesto elegante, tomó la mano de Fate y la guió hacia el interior de la boutique.
Antes de cruzar la puerta, Vice giró sobre sus talones y señaló a Nanoha con una mirada severa. —Y no se te ocurra espiar, o te juro que te lanzo uno de mis tacones más caros. ¡Y sabes que tengo buena puntería!
Nanoha levantó las manos en señal de rendición, aún divertida. —Entendido, entendido. Me quedaré aquí. Pero por favor, no tardes demasiado.
Vice ignoró su comentario y desapareció en el interior de la boutique junto con Fate. Nanoha suspiró mientras se dejaba caer en uno de los cómodos sillones de la entrada, sacando su teléfono para revisar sus mensajes. —Ojalá no demoren una eternidad… —murmuró, echando un vistazo al cronograma que su hermana Miyuki le había enviado esa mañana.
El interior de la boutique estaba tan impecable y elegante como siempre, con estanterías que mostraban los vestidos más finos, espejos dorados que reflejaban la luz suave de las lámparas de cristal, y un aroma floral que llenaba el aire. Fate se sintió un poco abrumada mientras las asistentes de Vice la rodeaban, ayudándola a cambiarse y a ajustar los detalles del vestido. La escena se sentía como sacada de un cuento de hadas, y por un momento, Fate dejó escapar una risa suave.
—Esto es… increíble. Nunca pensé que viviría algo así. —admitió mientras una de las asistentes ajustaba los pliegues de su vestido con precisión.
Vice, que supervisaba cada movimiento mientras aplicaba un poco de polvo en las mejillas de Fate, sonrió ampliamente. —Querida, las princesas siempre tienen su momento. Y tú, Fate-chan, eres la princesa de esta noche.
Fate bajó la mirada, sus mejillas ruborizándose por el comentario. —Gracias, Vice-san. Pero… estoy nerviosa. No sé si encajaré en un lugar como ese.
Vice se detuvo por un momento, inclinando la cabeza para mirarla directamente a los ojos. —¿Nerviosa? Es natural, querida. Pero déjame ser franco: en esa fiesta, habrá personas que intentarán verte como algo más que la novia de Nanoha. Te verán como una oportunidad… o un obstáculo.
Fate frunció el ceño, claramente confundida. —¿Una oportunidad? ¿A qué se refiere?
Vice dejó escapar un suspiro mientras continuaba arreglando el vestido. —Querida, Nanoha Takamachi no es solo la niña mimada de una familia rica. Es el as bajo la manga para muchas familias que buscan expandir su influencia. Nanoha es joven, hermosa, y sobre todo, una Takamachi. Eso la convierte en un trofeo para quienes ven a las personas como piezas de ajedrez.
Fate parpadeó, tratando de procesar lo que escuchaba. —Pero… Nanoha es la menor, ¿no? ¿No debería ser su hermana Miyuki quien atraiga más atención? Ella es mayor y tiene más experiencia.
El rostro de Vice se tornó más serio, y por un momento, Fate notó un destello de melancolía en sus ojos. —Eso sería cierto… si no fuera porque Miyuki no puede tener hijos.
Fate se quedó inmóvil, completamente sorprendida por la revelación. —¿Qué? ¿Por qué no?
Vice suspiró, colocando una mano en su cadera mientras se apoyaba ligeramente en una de las mesas cercanas. —Es un tema delicado. No sé si debería hablar de esto, pero… —Hizo una pausa, observando a Fate. Finalmente, al ver la sinceridad en sus ojos, decidió continuar. —Miyuki desarrolló fibromas uterinos cuando era adolescente. Fue un caso severo, y los médicos tuvieron que extirparle el útero. Antes de hacerlo, lograron criopreservar algunos de sus óvulos, pero eso significa que ella nunca podrá experimentar un embarazo.
Fate llevó una mano a su pecho, sintiendo una mezcla de tristeza y comprensión. —Eso debe haber sido… devastador para ella.
—Lo fue. —asintió Vice, con un tono más suave. —Miyuki siempre ha sido fuerte, pero esa experiencia dejó cicatrices profundas. Aunque técnicamente podría ser madre con ayuda de un vientre de alquiler, nunca ha querido hablar de ello. Tal vez porque siente que no sería lo mismo.
Fate permaneció en silencio, procesando la información. Finalmente, murmuró: —Tal vez por eso es tan protectora con Nanoha. Ella perdió la oportunidad de tener hijos propios, y ahora siente que debe cuidar lo que le queda de su familia.
Vice sonrió ligeramente, volviendo a centrarse en los detalles del vestido. —Eres una chica lista, Fate-chan. Ahora, deja de preocuparte por esas cosas y prepárate para robar todas las miradas esta noche. Porque, querida, esta noche es tu momento de brillar.
Fate asintió, mirando su reflejo en el espejo. La persona que veía frente a ella parecía salida de un sueño: elegante, radiante y lista para enfrentarse a lo que viniera. Aunque el nerviosismo seguía presente, la confianza que Nanoha y ahora Vice le daban, le hacía sentir que podía con todo.
Nanoha estaba desparramada en uno de los elegantes sillones de la entrada de Maison Éclat, con las piernas ligeramente cruzadas y el celular en la mano, desplazándose aburridamente por su feed de redes sociales. A su alrededor, el ambiente estaba tranquilo, con una tenue música instrumental que acompañaba el elegante diseño del lugar. Cada tanto, Nanoha suspiraba, incapaz de encontrar algo lo suficientemente interesante para mantener su atención.
De repente, el sonido de la puerta de la boutique abriéndose la sacó de su ensimismamiento. Era Vice Granscenic, entrando con su habitual dramatismo. Llevaba en la mano una carpeta llena de diseños y muestras de tela, y su mirada se posó de inmediato en Nanoha.
—¡Por el amor de Dior, Takamachi! —exclamó, acercándose a grandes zancadas. Sin previo aviso, levantó la mano y le dio un firme palmazo en la pierna a Nanoha, que soltó un pequeño grito y se incorporó rápidamente en el sillón.
—¡¿Qué demonios, Vice?! —protestó Nanoha, frotándose la pierna mientras miraba al diseñador con una mezcla de sorpresa y molestia.
—¡Espabila, mujer! —respondió Vice, cruzando los brazos. —¿Qué demonios haces aquí tirada como un trapo viejo? ¡Es tu fiesta esta noche! ¿Qué vas a usar? ¿Y por qué rayos aún no estás lista?
Nanoha se encogió de hombros, volviendo a recostarse en el sillón. —Cualquier cosa está bien. No es tan importante lo que vista.
El silencio que siguió fue casi audible, y Nanoha levantó la vista justo a tiempo para ver cómo una vena comenzaba a marcarse en la frente de Vice. Este cerró los ojos y respiró profundamente, como si intentara evitar que su cabeza explotara.
—¿Cualquier cosa? —repitió Vice con una voz peligrosamente calmada. —¿CUALQUIER COSA? —De repente, explotó, levantando las manos al aire. —¡Nanoha Takamachi, estamos hablando de TU fiesta! ¡La fiesta de TU familia! ¡La gala que representa a una de las dinastías más importantes de esta ciudad! ¿Y tú planeas ir vestida como una vagabunda?
Nanoha intentó responder, pero Vice no le dio tiempo.
—¡Y no solo eso! ¡Vas a ir con Fate! ¡Esa chica adorable que confía en ti y que claramente está invirtiendo todo para lucir espectacular esta noche! ¿Y tú piensas hacerla quedar mal? ¡Por favor, Takamachi, dame un respiro! —Vice colocó una mano sobre su pecho dramáticamente. —¿Cómo puedes ser tan desconsiderada?
Nanoha intentó abrir la boca nuevamente, pero simplemente no encontró palabras que refutaran las acusaciones de Vice. Finalmente, levantó las manos en señal de rendición. —Está bien, está bien. Lo que tú digas, Vice. Haz lo que quieras.
Vice bufó, agarrándola del brazo y arrastrándola hacia el interior de la boutique. —¡Por supuesto que haré lo que quiera! Porque claramente, tú no tienes buen juicio para estas cosas. ¡Vamos, vamos!
Mientras Nanoha era arrastrada, dejó escapar una pequeña risa. —Hacía mucho que no venía aquí. Me había olvidado de lo intenso que eras.
Vice, sin detenerse, giró la cabeza para lanzarle una mirada penetrante. —Y yo no me olvido de las ingratas como tú, que desaparecen por años y luego vuelven como si nada. Aunque… —Su tono se suavizó levemente—. Supongo que puedo entenderlo después de lo que pasó con Yuno.
Nanoha, que hasta ese momento había estado entretenida con el drama de Vice, se quedó en silencio. Sus ojos vagaron por la boutique, deteniéndose en una esquina donde solía estar Yuno, conversando con Vice sobre ropa y sus aventuras de viaje. Una pequeña sonrisa melancólica apareció en su rostro.
—Era un buen chico… —dijo Nanoha en voz baja, como si hablara consigo misma. —Siempre estaba aquí, contando historias o preguntándote sobre las últimas tendencias. —Sus ojos brillaron con una mezcla de nostalgia y tristeza.
Vice, que había estado revisando algunos vestidos en un perchero cercano, asintió con un suspiro. —Sí, lo era. Una pareja encantadora, debo admitirlo. Siempre hacían todo juntos. Lamento mucho lo que pasó, Nanoha. Realmente eran perfectos el uno para el otro.
Nanoha permaneció en silencio por un momento antes de hablar, con un tono tranquilo pero lleno de significado. —Fate tiene el corazón de Yuno.
El vestido que Vice tenía en las manos cayó al suelo. Su rostro pasó de la sorpresa al asombro absoluto, y luego a una mezcla de incredulidad y conmoción. Giró lentamente hacia Nanoha, mirándola fijamente a los ojos.
—¿Me estás jodiendo la existencia? —preguntó finalmente, su voz apenas un susurro.
Nanoha negó con la cabeza, sosteniendo su mirada. —No. Es la verdad. Yuno tuvo muerte cerebral, y yo autoricé la donación de sus órganos. —Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas. —La persona que necesitaba un corazón para vivir era Fate.
El silencio que siguió fue abrumador. Vice miró a Nanoha como si intentara procesar la información, pero las palabras parecían no ser suficientes para explicar lo que sentía. Finalmente, dejó escapar un suspiro profundo y murmuró: —Qué cruel es el puto destino…
Nanoha dejó escapar una risa amarga, cruzándose de brazos. —Sí, lo es.
Vice, todavía en estado de shock, se pasó una mano por el cabello, desordenándolo un poco. —¿Estás con Fate solo por eso? —preguntó finalmente, su tono más serio que nunca. —¿Para aferrarte a lo único que queda vivo de Yuno?
Nanoha lo miró directamente, con una expresión mezcla de tristeza y determinación. —Al principio, no lo sabía. Pero cuando lo descubrí… admito que fue un golpe. Pensé que nunca podría volver a mirar a Fate sin pensar en Yuno. Fue como si el universo estuviera jugando conmigo. Pero después de conocerla, de pasar tiempo con ella, me di cuenta de algo: Fate no es Yuno. En parte, hay cosas de él en ella, lo admito. Su amor por el café, que antes odiaba, su forma tonta y tierna de bromear… pero Fate es más que eso. Fate es… Fate.
Nanoha hizo una pausa, su mirada perdida momentáneamente en el pasado, como si reviviera cada momento junto a Fate. —Ella tiene su propia forma de ser. Es brillante, trabajadora, y tiene este espíritu inquebrantable que no se rinde a pesar de todo lo que ha pasado. No está aquí por Yuno. Está aquí porque luchó por su vida.
—Pero hay algo más que no te he dicho. —Su voz bajó un poco, como si se tratara de una confesión. —Cuando descubrí la verdad, no solo me quedé con los sentimientos. También… tomé decisiones. Hice algo que, a primera vista, podría parecer impulsivo.
Vice inclinó la cabeza, intrigado. —¿Qué hiciste?
Nanoha se apoyó en el respaldo de un sillón cercano, cruzando los brazos mientras hablaba. —Pagué la deuda médica de Fate. Siete millones cuatrocientos mil yenes. Todo. Desde la operación hasta los cuidados postoperatorios.
El silencio en la habitación fue casi ensordecedor. Vice parpadeó varias veces, como si intentara procesar lo que acababa de escuchar. —¿Qué? —Finalmente soltó, con incredulidad pintada en cada sílaba. —¿Me estás diciendo que pagaste más de siete millones de yenes por la operación de Fate? ¡¿Estás loca?!
Nanoha dejó escapar una risa suave y despreocupada. —Sí, eso mismo pensé yo al principio. Pero… lo hice. No podía dejarla en esa situación. Y para ser honesta… en ese momento, ya estaba casi segura de que el corazón trasplantado de Fate era de Yuno.
Vice dejó caer las manos, claramente en shock. —¡Por el amor de Dios, Nanoha! ¡Eso es una locura! —Se acercó y la miró fijamente, como si buscara algún rastro de remordimiento o duda en su expresión. —¿Y no te arrepientes?
Nanoha negó lentamente, su mirada firme. —No. Porque al final del día, no importa de quién sea el corazón en términos biológicos. Lo que importa es que Fate sigue viva, que sigue adelante, y que está aquí. Ella es lo que importa. Y si eso significaba liberar a Precia y a Alicia de esa carga, entonces lo valió.
Vice negó con la cabeza, entre incrédulo y admirado. —No sé si eres una romántica empedernida o una masoquista emocional. Quizás ambas cosas. —Hizo una pausa, mirándola con curiosidad renovada. —Pero dime algo… ¿en qué momento supiste que el corazón era de Yuno?
Nanoha sonrió ligeramente, cruzando los brazos. —Cuando leí los informes médicos. El caso coincidía demasiado. Todo apuntaba a él. Pero fue cuando comencé a notar pequeños detalles en Fate… frases, gestos, incluso su forma de sonreír después de tomar café. No eran exactamente iguales, pero había algo ahí. Algo que no podía ignorar.
Vice la miró fijamente, todavía con cierto escepticismo. —¿Y estás absolutamente segura de que no estás con ella solo para aferrarte a Yuno?
Nanoha no desvió la mirada. Su voz fue firme, pero con una calidez que dejaba entrever lo que realmente sentía. —No. Fate no es un reemplazo de Yuno. Al principio, lo admito, fue difícil separar las cosas. Pero ahora lo sé con certeza. Fate es quien está ganando. Y no importa lo que pase, voy a luchar por ella.
Vice la observó por un largo momento, evaluando cada palabra, cada gesto. Finalmente, dejó escapar un suspiro teatral y se pasó una mano por el cabello. —Bueno, Takamachi, si eso no es amor verdadero, no sé qué lo sea. Pero déjame decirte algo. —Le apuntó con un dedo—. Si haces que esa chica derrame una sola lágrima más por algo que no sea felicidad, no me importa que seas una Takamachi. Te voy a lanzar uno de mis zapatos y asegurarme de que no puedas caminar por semanas.
Nanoha no pudo evitar reírse, aliviando un poco la tensión que había llenado la habitación. —Trato hecho.
