¡Feliz domingo para todo el mundo! Les vengo a dar algo de alegría justo antes de que sea de empezar la jornada del lunes. Así es un nuevo capítulo.

Dirán: Oye Starlight, no cumples con tus promesas… No actualizaste pronto…

Lo sé. I know. Me understand. *Se acomoda las gafas* Lo crean o no, este verano está siendo un caos monumental. Si aunque no trabajo, al final me he puesto diligente en querer cambiar de carrera y para lograr intentar acceder a una academia, he tenido que hincar codos no solo con estudiar, también en buscar por centenares de documentos que me pedían para ello. ¡Adivinen quién no estaba preparada! Exacto~ Servidora. *Hace una reverencia*

Denme algo de crédito por no dejar algo tan importante para el último minuto, por favor.

Bueno, dejemos de hablar de mí, que mi vida no es para nada importante. El capítulo que tienen frente a ustedes, no es que haya sido difícil de ingeniar, solo poner en palabras lo que había que estar. Pero no se preocupen ¿Eh? Les prometo que hay bofetadas por doquier. *Pone banda sonora de telenovela*

Les recuerdo que este capítulo, es literal la 2a parte del anterior, por algo el título similar. Así que si necesitan refrescar la memoria, les recomiendo echar una lectura rápida a las escenas claves del 32, para que no anden perdidos en este.

Fuera de eso, vayamos ahora con una pequeña clase de vocabulario sobre el Kendo:

MEN: máscara facial y protectores de hombros combinados (casco).

KOTE: protectores de manos y antebrazos (guantes).

DO: protector de pectoral (Tórax).

TARE: protector de ingle / muslos.

SHIAI: combate de Kendo.

SHUSHIN / FUKUSHIN: árbitros del combate de Kendo.

SHIAI SHA : practicante de Kendo.

SHIKAI: en este ámbito (no lo tengo claro si es así en todas las artes marciales niponas, porque de momento no sé japonés, siéntense libres de corregirme) hace referencia a las 4 "enfermedades" o "prohibiciones" en el Kendo. Se las llama así, pero claramente son básicamente a la vez técnicas que los quienes practican este arte, infunden a su oponente. Puedes ser agresor o presa, para que lo vean más fácil. "kyo-ku-gi-waku" que se corresponden con «sorpresa-miedo-duda-vacilación».

DAN: palabra para denominar el nivel que se tiene en Kendo. Lo que vienen a ser los cinturones en el Judo y demás. Lo alucinante es que para examinarte al siguiente nivel deben pasar, si no recuerdo mal, los años del que actualmente tienes. A día de hoy, ya no hay casi ningún practicante con el dan más elevado.

BOKKEN: espada o sable de madera para el entrenamiento y práctica de Kendo. También se la conoce mejor como BOKUTO, solo que esto me enteré demasiado tarde. El SHINAI, es la espada que se usa más en competiciones. *Verán que me habré hecho un lío, con estos nombres, pero a fin de cuentas, viene a ser el mismo artilugio*.

- MONOUCHI: parte del shinai que van desde el Naka-yui (cinta blanca en medio), hasta la punta (Punta inferior: Saki-gawa / punta superior: Ken-sen). También conocida como parte posterior al Tsuru (esta es la parte de la espada que sobresale del mango hasta el naka-yui). Se entiende mejor con imágenes.

- KI AI: Grito que se lleva a cabo simultáneamente a un golpe. El típico ¡CHA! o ¡Shanaroo! de Sakura.

No me tomen como experta en este tema, por favor. No lo soy para nada. Solo investigué y si hay algún experto en comparación a mi leyendo esta historia, ya saben. Corríjanme.

Sin más, disfruten de la lectura.

**Nota** : Disculpen los posibles errores gramaticales y las faltas ortográficas. Soy disléxica, no es broma. Voy corrigiendo los capítulos siempre que noto algún error junto a mi beta reader.

AVISO IMPORTANTE DE CONTENIDO Y DIÁLOGO FUERTE. En este capítulo hay claros momentos de abuso físico y mental hacia varios personajes. Les pido por favor, que no intenten imitar lo que sucede aquí y que si por alguna razón se sienten identificados, acudan a un profesional y busquen ayuda a alguien de confianza.

Disclaimer: Los personajes de Naruto/Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.

La trama, salvo la gran mayoría de los personajes, escrita es de mi pertenencia e imaginación. Se va a reportar cualquier señal o advertencia de plagio. Les pido respeto. Gracias.


Felicidades II

En el gimnasio solo reinaba silencio por parte del público. El Shushin que sujetaba las banderas de los concursantes de la competición de Kendo observaba con detenimiento el combate actual entre dos combatientes de instituciones diferentes a la del campus KG.

El duelo fue demasiado corto para la mayoría, uno de los dos se dedicaba a hacer más defensa que ataques válidos, a diferencia de su contrincante que mediante una muy efectiva táctica de ki-ai mayor a la de su oponente, logró hacerse con el último y tercer punto mediante un golpe por la parte del monouchi de su shinai.

Durante los aplausos seguidos a la culminación del enfrentamiento, Sasuke valoró el aspecto inquieto de Suigetsu. Este, sentado con las piernas entrecruzadas frente a él a su lado, igual que el resto de sus compañeros de campus y él, no se encontraba concentrado como lo estaba en la penúltima sesión de entreno. Cualquiera podría decir lo contrario, pero por más que la personalidad extrovertida del Hozuki cambiara a una más seria durante la práctica de su arte marcial predilecta, hoy no era el caso.

Juugo le había explicado muy resumidamente que la causa de esa actitud era por la desaparición de Karin, la cual llevaba ya varios días así y para qué engañarse, eso también le hacía sentirse responsable.

Hay ciertas cosas que ambos no osan decirme… – reflexionó el Uchiha mientras agarraba con precisión su men, en ningún momento dejando de estudiar los movimientos de todos los participantes del torneo.

Tanto el Ryuchi como el Hozuki eran más precavidos con él a diferencia de otros que cometían el error de provocarlo de mala manera, un ejemplo fácil, era Naruto, otro menos habitual, sería la prima del mismo.

Se había encargado personalmente de poner freno duramente al comportamiento de la pelirroja con él y cabe reconocer que desde las colonias, su tendencia en intentar acercarse había empeorado, lo que agravaba más la brusquedad de sus palabras con ella y, sin embargo, no esperaba que tanto el albino como el grandullón, optaran también por ignorarla como lo hicieron sin que él se lo dijera. Algo que ni le había pasado por la cabeza hacer en cuanto a esto último, en verdad.

– Te toca, Suigetsu. – informó Sasuke en voz baja volteando a verle, sacándole de sus pensamientos al instante. Durante la corta ojeada que le echó a su colega, comprobó que persistía en no mantenerse concentrado.

El Shiai-sha que iba a luchar contra el albino parecía confiado. También era más alto, había escuchado la conversación de los muchachos a su lado valorando que era el "mejor" dentro de su nivel al ser San-dan, igual que él. Al parecer a este le gustaba asustar a todos sus oponentes.

¿Por eso se ha pasado el rato intentando intimidarme fuera de los vestuarios? – asimiló Sasuke de manera despreocupada. Tampoco es que les hubiera dado mucho caso a los que intentaron hacer lo mismo.

Ante la señal del sushin, todo el mundo comenzó a prestar atención fijamente, dejando que en la habitación reinara el silencio. Más de uno, concretamente más de una, no pudo evitar encontrar gracioso el grito reglamentario de ambos shiai-shans nada más el tiempo del duelo comenzó.

El pelinegro se limitó en contemplar con detalle la postura y forma del contrincante del Hozuki, debía admitir que era bueno. Pasando minuto y medio, solo para que este último fuera víctima de dos de las shikais en kendo por parte de su oponente. Confusión, se notaba el espíritu en su técnica de actuar con decisiones rápidas, eso iba ligado con la otra, la duda. Había logrado hacer que Suigetsu se mostrara indeciso, lo que no tardó en perder el primer punto al otro.

No obstante, él y los demás en la extracurricular del instituto, habían podido ver que aparte de espíritu, era la agresividad ante la que el albino se tenía que enfrentar.

Este tío quiere ganar de la peor manera… – contempló Sasuke arrugando el entrecejo al ver como ya era la segunda vez que este se dedicaba a arrinconar a Suigetsu y sumar ataques cerca de zonas prohibidas. El sushin ya le había avisado dos veces, aunque parecía no estar dispuesto a cederle el punto que Suigetsu se merecía, de seguir así el combate debería ser descalificado. Aun así… – ¿Qué demonios hace?...

Los compañeros de kendo que estaban sentados a su lado, le miraron confundidos y a decir verdad, no pudieron evitar sentirse intimidados debido a su expresión facial más que por el tono que usó al prácticamente susurrar esto último. No les hizo caso.

Se sintió algo mal cuando Suigetsu acabó perdiendo los dos últimos puntos restantes, aunque era de esperar, ya que estaba distraído cuando debería estar en un estado completamente opuesto, lo que era usual en él. Si algo él y el Hozuki tenían en común, era su pasión por el kenjutsu y debía reconocer que era bueno como para terminar desperdiciando su agilidad en momentos como este.

– Hibuchi es demasiado bueno… – comentó en voz baja uno de los que estaban a su lado, quien parecía ser su colega enseguida asintió. – Mucho me temo que este año será la tercera competición que ganará… Solo le he visto perder dos veces y esas dos fueron con danes de rangos mayores que nosotros y él. No he visto a nadie mejor.

– Hn. – pronunció Sasuke sin ocultar su sonrisa burlona ante la estupidez que acababa de escuchar. – ¿En serio?

Al parecer esa interrupción por su parte logró hacerlos callar y la verdad es que mejor.

El tiempo fue pasando y los combates fueron surgiendo. Itachi sonrió con orgullo al ver como su hermano ganaba otro combate más. Si es cierto que él también tenía su experiencia en el Kendo, pero hacía tiempo que no lo practicaba. Al formar parte de los cuerpos de policía, había tenido que entrenar diversas artes marciales, tanto así que no encontraba tiempo para regresar a su época estudiantil en las que como Sasuke, tomaba esa misma extracurricular. Eran cosas de los hombres de su familia, aunque esa tradición en su tiempo también fuera instruida en mujeres como su madre, estas eran más devotas al aikido y anteriormente, al jiujitsu.

Verle de esta manera era recordar a su padre Fugaku, taciturno como a su vez lo era ahora Sasuke.

"Fugaku tomó el bokken que se encontraba a su lado en el engawa y se lo ofreció a su hijo mayor de siete años recién cumplidos. Este sin comprender, contando con su shinai recién adquirido de unos parientes, se quedó inmutable y quieto.

Al ser mi hijo, Itachi… Tienes derecho a usar este. – explicó el padre con serenidad a pesar de postrarse más serio de lo necesario. – Tómalo.

Obedeciendo a la primera con educación, Itachi observó el sable de madera en sus manos, notando como este a pesar de verse antigua, se encontraba conservada a la perfección.

Tu madre no estará de acuerdo y quería esperar a que tuvieras doce años, no obstante, se lo prometí a tu abuelo que te la daría a ti hoy. Así que cuídala, ya que se trata del bokken de muchos antepasados nuestros… – dijo Fugaku mientras tomaba su propio bokken apoyado por la punta en el suelo del jardín y apoyado en el costado de su rodilla derecha, para a continuación levantarse. En ningún momento apartó la mirada de Itachi. – Como Uchiha, debes entender que muchas tradiciones nuestras, la práctica del kendo una de ellas, las conservamos y esparcimos como llamas que nunca cesan. Mi abuelo me dio la primera lección a tu edad, pero desgraciadamente tú no tendrás la suerte de que el tuyo lo haga contigo, ya lo sabes… Entiendo que lo habrías preferido así.

Itachi agachó la mirada al recordar el reciente fallecimiento de sus abuelos paternos. Su abuela, murió hace ocho meses y hace poco, su abuelo también. La herida por la pérdida de ambos era flamante. Su familia recordaba la fortaleza de la pareja y nada pareció extraño que en poco tiempo ambos terminaran juntos de nuevo tal cual, llamas gemelas incluso más allá de la muerte. – No te la doy por tradición, hijo. Él sabía que esperabas aprender de él y yo también. Lo más correcto que puedo hacer ahora, es dejarla en tus manos. Él lo quiso así.

Sí, padre… – asimiló su hijo simplemente agachando la cabeza. Ante ese movimiento, no pudo ver como su padre sonreía con orgullo. Fugaku conocía perfectamente a su hijo como para saber que estaba controlando su tristeza, para no dejarse llevar por la misma. Al ver como se tomaba esto muy en serio, optó por no insistir. Estaba claro que, al descubrir por obra de Obito, que Itachi había tomado prestado un shinai casi nuevo y apenas usado de Shisui y por la forma en que sujetaba el bokken, que estaba dispuesto a empezar a aprender kenjutsu justo hoy… No lo pensó dos veces.

Veo que ignoraste completamente lo que te pedí, Fugaku… – escuchó Itachi que decía su madre, la cual hacía acto de presencia lentamente debido a su avanzado embarazo.

Mikoto, no empieces… – pidió su marido con conocimiento más que fastidio.

Tienes suerte de que mi barriga me impida inclinarme para tomar una de mis zapatillas para lanzártela… – respondió Mikoto mientras acariciaba su panza y a su vez le lanzaba una mirada altiva a su marido. Ella torció la boca cuando este último la miró con algo de burla, seguro tenía en la punta de su lengua alguna respuesta viperina de las suyas.

No esperarás que te la acerque para que la uses de proyectil… – zanjó Fugaku siendo a los ojos de su hijo, extremadamente impasible al hablar.

Yo se lo pedí, madre… – intervino Itachi queriendo evitar que sus padres discutieran. Esta última solo sonrió, su hijo mayor varón no se había percatado que había escuchado su conversación de antes, al igual que su padre. A decir verdad, solo estaba bromeando.

¿Cuáles son las cuatro prohibiciones del Kendo, Itachi? – preguntó finalmente Fugaku avanzando por el césped descalzo con la punta de su sable a pocos cm de llegar a rozar este.

Entendiendo esa pregunta, en lo que observaba a su madre tomar asiento en el engawa donde antes estaba su esposo, dio varios pasos atrás. La primera lección comenzaba ahora… "

Es una pena, que ellos no estén aquí para conocer a Satoru, tampoco que puedas entrenarlo… – asimiló con tristeza Itachi tras ese recuerdo, sonriendo al escuchar a su prometida recitar en voz baja palabras de ánimo y demás tras verle vencer su siguiente combate. – Estaríais muy orgullosos de Sasuke y os alegraríais por verle ser feliz con su primera y seguramente única novia…

Bueno, a decir verdad, eso le estaba poniendo muy emotivo… pero era algo bastante reconfortante. Debía dar por hecho que de lo más seguro es que ambos se encontrarán aquí, como a su vez ellos lo hicieron cuando él sacó el primer nivel de kendo. Siendo sincero, teniendo ahora a Satoru… Esperaba que en un futuro él pudiera asistir a eventos así, con él y sus hermanos…

Pensándolo bien… Ya que estamos en una cita… – pensó el pelinegro sin poder evitar sonreír con cierta travesura. – Esto va para largo… ¿Izumi?

– ¿Eh? – dijo ella entretenida con un video hasta que finalmente lo paró para mirarle. No pudo evitar que sus mejillas se volviesen rojas como el ketchup cuando notó como el Uchiha no hacía más que inclinarse para susurrarle algo. Lo que le escuchó cuchichear hizo que el rubor llegase a todo su rostro.

Nadie más que su gente alrededor de las gradas, les vieron escabullirse dejando sus pocas pertenencias en los asientos para que no llegara otro para arrebatárselos.


– ¿Cuánto falta para que se acabe este bodrio? – le habló Tsunade a Shizune, la cual se encontraba sentada a su lado detrás de una mesa. Al lado de la suya, estaba otra igual con los jueces del campeonato.

– La mitad… Puede que más. – informó la jefa de estudios consciente de la impaciencia de la rubia y cómo olvidar lo sucedido por la mañana, desde entonces la última estaba de muy mal humor, aunque tampoco había que descartar que su aura fría se debiera a que Hiruzen, no se hubiera marchado todavía. Estaba sentado junto a Anko, Ibiki, Genma y Gai. Era obvio para él que ella se estaba evitando acercarse nada más para echarle, pero eso sería montar una escena…

La Senju bufó con fastidio y se puso a pensar con los brazos cruzados. Con los ojos cerrados, recordó lo sucedido antes. Si es cierto que todo ese maldito embrollo la había estresado y dejado sumamente preocupada, pero había algo más que eso en esos instantes y era la ausencia de Haruno en clases… – Tampoco está aquí para ver a Uchiha…

Se había entretenido varios minutos en ver si se encontraba por algún lado de las gradas entre la multitud, pero no. Sin embargo…

Mirando la silla vacía a su lado, donde debería encontrarse Danzou, algo le parecía… ¿Cómo definirlo? ¿Oportuno? Sí, pero qué más…

Las quejas del público la sacaron de su ensoñación, al parecer uno de los participantes del torneo parecía estar saltándose las normas, lo que culminó con la pérdida del combate por su parte. Eran del instituto de uno de los barrios más alejados de la capital, aunque no menos reconocido.

– Vamos ganando de nuevo, directora Tsunade. – explicó la morena con una sonrisa ganándose una mirada llena de sarcasmo.

– Yupi… – dijo la Senju como si nada con evidente sarcasmo, esto ahora mismo no le importaba demasiado.

– Ponga un poco más de entusiasmo, venga… Hace ya muchos años que este campus no da demasiada competencia, o eso me hizo saber con demasiada efusividad el profesor Gai. No hay más que verle junto a Genma. – añadió la Sato sin poder evitar haber girado la cabeza más de una vez al ver los ánimos luchadores de ambos profesores, que cada dos por tres, a pesar de haber sido avisados, mostraban euforia por todo y nada. – El Sr. Hatake estaría aquí de no ser…

– Disculpen las molestias ¿Es usted Tsunade Senju, la directora de este centro? – dijo una voz masculina al lado de Shizune, dirigiéndose a la última.

– Soy yo ¿Quién es usted? – habló la rubia intentando cambiar su tono por uno mucho menos arisco.

– Soy el director de rodaje Kazuma Seguchi, encargado del reportaje del centro, me escribió hoy un tal… Shimura Danzou, pero no se encuentra aquí. Debido a eso, no me queda otra que acudir a usted para así comenzar a filmar algunas partes. – nada más escuchar eso, para la directora, una vena en su sien no tardó en marcarse. – Está todo preparado, el ex director Sarutobi nos dio los formularios ya firmados.

Girando la cabeza lentamente, Tsunade apretó la mandíbula y le dedicó una mirada llena de furia hacia donde se encontraba sentado su antiguo profesor y tutor, el cual se postraba recto en su asiento con su bastón de pie entre sus pies, sujetado por sus dos manos. A su lado, su nieto. Konohamaru Sarutobi.

– Discúlpeme un segundo… – se atinó a decir ella levantándose de su asiento, provocando algunas miradas y distracciones. – Shizune.

– Pero… – respondió el director sorprendido ante esa respuesta, no tuvo la oportunidad de seguirlas, ya que ambas se inclinaron por educación y se alejaron apresuradamente una tras la otra.

Fuera del pabellón, fue ahí donde Shizune llamó a la Senju completamente extrañada por la decisión de ausentarse.

– ¿A dónde… ? – cuestionó la jefa de estudios confundida a punto de cerrar la puerta, solo para quedar confundida cuando antes de que esta lo hiciera definitivamente, fuera detenida por Tsunade.

– Shizune a este punto, no me sorprenderé de las cosas que Hiruzen se ha escaqueado de contarme, aún siendo la tercera mayor inversora antes de ser oficialmente la representante de este campus. Es tozudo y a su vez, se cree meticuloso. ¿Ves? – señaló la Senju abriendo más la puerta para que Shizune pudiera comprobar cómo con ellas dos fuera, Sarutobi se acercó a intercambiar cuatro palabras con el encargado del dichoso reportaje, para nada más ver como este le indicaba al equipo ponerse a rodar disimuladamente. – Solo es como cualquier otro hombre, que piensa como cualquier otro hombre. Me considero una mujer moderna y firme con mis opiniones, no obstante, de intentar apañármelas para frenar todo esto, es de lo más probable que ese par ya se hayan ingeniado alguna idea para continuarlo ¿Por qué crees que apodo a Danzou como sanguijuela?

– Por su figura corporal y tendencia en vestir trajes oscuros con matices azules. Por su manera de juguetear con sus flojos implantes dentales cada vez que puede... – opinó sin tapujos y total sinceridad la morena, quien nada más darse cuenta de lo que había dicho, se arrepintió enseguida, nada más ver la mirada de poco asombro de la rubia, se quedó mutis. Hasta que tras algunos segundos se vio obligada a reír de manera forzada.

– No, pero ahora que lo dices… – concedió la directora ante las palabras de su socia. En realidad no esperaba una respuesta por su parte. – En fin, Hiruzen se habrá pensado que al tener yo experiencia con los reportajes, que lo iba a llevar adelante como si nada… Y aun así, no se preocupó en muchas cosas. Ni en darse cuenta de que esas veces que me entrevistaban a mí, mis investigaciones, etc. Yo estaba al corriente de cada detalle. Él y Shimura, se habrán creído que al ir un paso por delante, yo me encargaría de que todo fuera sobre ruedas por arrastre.

– ¿No lo hará? – preguntó Shizune de una forma más comprensiva que por desilusión.

– ¿Por qué iba a molestarme? Fue su idea, que se las apañen de momento. Tú y yo tenemos mucho de lo que indagar y no hay mejor momento que este, aprovechando su fijación con todo esto. – afirmó la directora con seguridad.

– Directora Tsunade, con el tan porciento de las acciones, como directora sin su permiso no debería poderse hacer el reportaje, aún puede… – indicó la jefa de estudios avanzando junto a la primera con el fin de regresar juntas a su sitio.

– Exactamente. – afirmó Tsunade como si nada, lo que consiguió confundir todavía más a su amiga. – No se tomaron la molestia de tenerme en cuenta para esto ¿Verdad? Fue idea suya, a ver cómo se las apañan nada más se percaten de que ese fue el primero de probablemente muchos errores. Mientras tanto, nosotras nos dedicaremos a aprovechar el tiempo investigando el asunto de las acciones, que es mucho más importante. Oh ¿Y Shizune? Intenta contactar con el profesor Hatake, sin que se entere nadie.

– ¿Directora Tsunade? – interrumpió el entrenador Shiranui, sin esperar encontrarlas tan pronto. – Mucho me temo que se la requiere para un problema en la competición.

– ¿Para qué? ¿No está Hiruzen ahí? – comentó alzando las cejas irónicamente.

– Al parecer le están entrevistando. Hay quejas de los concursantes del torneo, varios de ellos están haciendo un número con los árbitros. Varios padres están… En fin… – resumió ineficazmente el entrenador rascándose el moflete ante la expresión de su jefa.

La Senju, soltando con un bufido casi todo el aire aglomerado en sus pulmones, le indicó con una seña muda a la jefa de estudios, quien conociéndola, sabía lo que significaba.

Dejando que Genma le abriera caballerosamente la puerta con el fin de invitarlas a pasar antes que él, ambas mujeres ingresaron nuevamente al gimnasio, ignorando de camino al director del reportaje, quien tras pedirle al camarógrafo que pausara el vídeo en medio de una entrevista intentó persuadir que se acercara para unas preguntas, se toparon ya con un poco de escándalo.

– El profesor Umino está intentando poner fin a las discusiones nuevamente, pero mucho me temo que… – añadió Genma para Shizune, quien se extrañó de que esto se tratara de un suceso recurrente.

– Por favor, que haya calma, hay que hacer caso a los árbitros y a los… – persuadió Iruka con las manos tomadas entre sí como gesto persuasivo.

– ¡Tonterías! ¡No son más que tonterías! Es más… ¡¿Quién es usted?! – habló un hombre de brazos cruzados junto a otros tres más. – Cuando digo que los puntajes están amañados, es porque es así ¿Acaso crees que me lo invento? ¿Qué mi hijo viene aquí a hacer el tonto?

– Tal vez no debería molestarse en competir, entonces… – dijo otro hombre añadiendo más leña al fuego. – Siempre es la misma historia, si pierden es porque no están al nivel de sus oponentes.

– Es interesante que se diga eso, sabiendo que el árbitro que juzga a todos los combates de vuestros hijos es el mismo. ¿Acaso se te olvida que uno de ellos ha sido descalificado curiosamente cuando es otro? Lo es aún más escuchar vuestras quejas… – contraatacó de vuelta el de antes viéndose respaldado por los demás.

– ¡Su hijo no es más que… !

– Oiga, deje a mi hijo en paz…

– Señores. – interrumpió Tsunade con las manos en su cintura de una manera firme. Ante el tono de voz, todos se callaron. Cada uno la miró de arriba abajo, valorando su esbelta y curvilínea figura corporal vestida con un favorecedor traje de americana y falda a juego, los tacones altos que llevaba le daban una apariencia de que se trataba de una mujer extranjera, cosa que no era así. – Profesor Umino, váyase. Yo me encargo…

– Directora Senju, si me lo permite… Yo puedo… – intentó Iruka con valentía.

– ¿Acaso no me escuchaste? ¿Qué acabo de decirte? – encaró la rubia con poca paciencia ante la persistencia del profesor suplente, no le gustó verle abrir de nuevo la boca dispuesto a hablar. – Eso es, que se vaya.

Eso cerró la boca del moreno de golpe, encontrándose abatido verbalmente.

– ¿Profesor Umino? – sugirió Shizune. – Tal vez usted y el entrenador Genma puedan ir a calmar y entretener el público del torneo, para que no haya más problemas y este no se alargue demasiado. La directora es capaz de solucionar esto perfectamente.

– Esperen un segundo ¿Es usted la directora? – preguntó uno de los padres.

Iruka soltó aire solo para enseguida verse invitado por Genma, quien colocó una mano en su hombro para que le siguiera de regreso a las gradas. No le quedó otra que obedecer.

– Ustedes dos. – señaló Tsunade con su voz a la vez que miraba a uno de los árbitros y uno de los tres jueces. – Están despedidos, lárguense.

– ¡¿Qué?! ¡No puede! – Rebatió el hombre con enfado debido a la osadía de la mujer frente a ellos. – Estamos en medio de una competición ¿no lo ve?

– Fui yo la que organizó esta misma, señor. Claro que puedo despedirle cuando me sea conveniente. No se preocupen, se les pagará de todas formas. – insistió Tsunade con tranquilidad. – Con un solo juez no habrá cambio alguno por lo que queda de torneo y en cuanto al otro árbitro, lo tienen delante.

– El subdirector Shimura no… – se quejó uno de los padres ganándose una mirada de indiferencia por parte de Tsunade.

Los miembros del equipo de Kendo del campus, entre ellos Sasuke, se encontraban escuchando atentos la conversación.

– El Sr. Shimura no se encuentra presente, lo lamento Sr. Hibuchi. – respondió la Senju optando por cruzarse de brazos inclinando la cadera para apoyar más fuerza en uno de los pies. – Si pretende hablar con él tendrá que esperar dentro de unos días, aunque para ese entonces el torneo ya habrá finalizado. Aunque, está a tiempo de retirar a su hijo de la competencia, pero quedará descalificado definitivamente… Debemos jugar justo y limpio ¿No cree? … ¿Por qué siguen aquí?

Los dos hombres recién despedidos salieron de su pequeña ensoñación para quedarse intimidados ante el reclamo de la directora, únicamente para que instantes después se predispusieran a largarse muy para la alegría de sus estudiantes, que lo celebraron en silencio. Sasuke solo levantó una de sus comisuras con diversión, le había divertido esa última insinuación por parte de la mujer.

Fue entonces que, ante lo dicho por parte de la rubia frente a ellos, qué padre e hijo de la familia Hibuchi no pudieron hacer más que mirarse entre sí sin saber qué decir. No podían oponerse, pero según la opinión de Sasuke, era obvio que esto acababa de cambiarle la suerte al tipo, aunque ese no fuera a intimidar. Sin embargo, su reacción le resultó fabulosamente entretenida, al igual que los otros concursantes que estaban en las mismas.

– Ustedes dos, para que no haya más insinuaciones por cada bando, revisarán el equipo previo antes de que el combate empiece. Quienes incumplan las normas, no se les permitirá competir o asistir a otro torneo nuestro jamás. – finalizó la Senju refiriéndose al tercer juez y árbitro que parecían estar más para pasar el rato que para hacer su trabajo en serio. – ¿Alguna otra queja, señores?

Casi todos los hombres adultos negaron con la cabeza simultáneamente.

– Entonces si son tan amables de regresar a sus asientos, ante cualquier otro asunto que pueda serles de ayuda, hablen conmigo o con la Srta. Sato directamente tras el evento, gracias. – sumó Tsunade presentándoles a Shizune con una seña de una sola mano educadamente. – Uchiha y compañía, vuelvan adentro. Ahora.

Los concursantes del campus KG se levantaron con prisas. Con Tsunade observándoles seriamente. Dejando que los adultos y los estudiantes de otros institutos pudieran escuchar cosas como "Hah, se lo dejó claro en su cara", "Hiruzen nunca lo hizo"...

– Shizune, informa que la competición va a proseguir. – mandó Tsunade lo suficientemente alto nada más para avanzar junto a la misma hacia la sala nuevamente.

Sasuke, fingiendo entretenerse mirando la punta de su shinai rodar contra el suelo del pasillo, dejó quedarse el último en levantarse del banquillo a propósito y no desaprovechó la oportunidad de observar de arriba a abajo con algo de superioridad al supuestamente "invencible" Hibuchi nada más pasar frente al mismo sin ocultarle el bufido de burla, el cual al percatarse de ello, tuvo que ser detenido por su padre severamente.

– Guárdatelo para la competición, hijo. Que hayan estos cambios no significa nada. – le explicó este.

Orochimaru, por su lado, con su naturaleza sigilosa… Logró escuchar la conversación totalmente a la perfección. Sin dudar, no pudo evitar aplaudir mentalmente a Tsunade por la osadía a enfrentarse a solucionar el problema de esa manera. Conocía perfectamente a Hiruzen como para saber que esto habría terminado diferente de intervenir él.

Por lo que veo no tuve que meterme… Lástima. – meditó la ex entrenadora del Uchiha. Le hubiera gustado perturbar inteligentemente a esos padres altaneros y llevarles por el arrastre como una serpiente acecha su presa, aunque tal vez aún pueda decirles unas últimas palabras…

– Si cualquiera de sus hijos intenta nuevamente hacer trampas… – avisó sutilmente la profesora Hebi con facilidad llamando la atención de los adultos, una vez los demás adolescentes procedieron a ingresar al gimnasio nuevamente. – Me encargaré personalmente de que no puedan examinarse ni pasar al siguiente dan. No se olviden de qué gran parte de la competición está siendo filmada para un reportaje, por lo que habrá pruebas de ello.

Sabiendo de antemano que Tsunade seguramente hubiera estado estudiando parcialmente las acciones de los jueces y árbitros, con menos ganas de estar ahí a diferencia de una mosca dando vueltas alrededor de un enorme tarro de miel a pesar de ser ella la organizadora del torneo… Que hubiera optado por sacarlos de en medio para ponerse en el punto de mira aun sabiendo de Kendo mucho menos que ella como entrenadora, sin ocurrírsele que podría ayudarla o incluso Genma, dejaba claro su carácter.

Supongo que ella está harta…


– ¿Por qué no me recogió mi padre? – indagó Shion desde el asiento trasero del coche para uno de los trabajadores de su casa.

Acababan de adentrarse en la calle donde se encontraba su nuevo hogar, el cual era mucho más grande que su antigua casa en Atami. El conductor, de quien no se acordaba el nombre ni el apellido, no hizo más que tomar aire para armarse de paciencia. La hija de su jefe le había hecho la pregunta antes de emprender el viaje de regreso a casa y ya se la había respondido, no era la primera vez que tenía que repetirse con la joven, era obvio que no hacía mucho esfuerzo en escuchar a nadie. Ojalá eso cambiara. – Como ya le dije previamente, sus padres han tenido un imprevisto.

– ¿Por casualidad dijo algo sobre lo que le pedí? – se quejó ella bufando con hastío mientras volteaba los ojos.

– No, señorita. Solo se me pidió recogerla, tampoco se me informó que se le uniría un compañero de clase. – recalcó él mientras se adentraba a la calzada del aparcamiento adosado de la enorme mansión.

Shion volteó a ver a Naruto mientras se retiraba el cinturón, viendo como justo en ese momento, este último salía de su ensoñación. La Fuji enseguida se percató de cómo su acompañante regresaba su móvil roto dentro del bolsillo de sus pantalones de uniforme, no pudo evitar sentirse incómoda, por no decir mal, por lo que no dudó en maldecir internamente al cretino novio de su hermanastra por lo que se atrevió a hacer.

– Me alegra que al fin hayas decidido venir a mi casa. – comentó con una sincera sonrisa la rubia, Naruto solo pestañeó confundido por unos instantes para enseguida sonreír de oreja a oreja como si nada.

Cuando Naruto bajó del coche, casi se le cae la mandíbula ante la espectacular mansión que tenía frente a sus ojos. No era de estilo tradicional japonés, parecía más una casa que podía perfectamente ser el set de una película romántica para los libros de Jiraiya.

– Menuda choza… – admiró sin esconder sus pensamientos ni su asombro el Uzumaki, Shion solo volvió a mirarle soñadoramente.

– ¿A que sí? – presumió Shion mientras se atrevía a rodear su brazo con mucho ánimo, una vez cerca de él. – Ven. Vamos adentro.

Con su persistente mirada llena de singularidad, Naruto se dejó guiar por su compañera de aula hasta la entrada de la mansión. Esta última no tuvo ni que sacar llaves para ingresar a su domicilio ya que al parecer un hombre les abrió la enorme puerta desde dentro, recibiendo a la hija de sus jefes con educación.

– Bienvenida a casa, Srta. Shion. – dijeron todos los trabajadores presentes en el pasillo usando una inclinación a modo de saludo. Shion asintió levemente conforme y le tendió su mochila a la asistenta que tenía más cerca y así empezar a sacarse el zapato en el amplio genkan en lo que otra empleada le colocaba unas zapatillas en el pasillo.

– ¿Están mis padres? – preguntó de nuevo con molestia mirando hacia las dos trabajadoras del hogar frente a ella. El tono de voz que usó incomodó a ambas, pero era más por temer su reacción a lo que habían escuchado que ocurrió por otros con sus padres.

– Su padre está encerrado en su despacho y no quiere estorbos, su madre nada más regresar del banco… – dijo una de ellas, solo para ser detenida por un segundo debido a un codazo por la que estaba a su lado, a modo de advertencia. Shion alzó las cejas ante esa noticia, aunque poco le importó eso ni le pareció relevante ¿Por qué tanto alboroto? – Se marchó poco después al spa.

Forzando una sonrisa, Shion les señaló al Uzumaki junto a ella.

– Traje a alguien conmigo, asi que traigan bastante merienda junto a mi pastel favorito al comedor. – ordenó la Fuji indicando con la mirada a la misma empleada de antes, que le preparara unas zapatillas de interior al Uzumaki, por suerte esta lo captó enseguida.

Dentro de su oficina, Kizashi se mordió con impaciencia y fastidio el labio inferior mientras echaba aire por la nariz. Ese método no lograba tranquilizarle para nada, por más que lo intentara repetidamente.

Con el teléfono pegado a la oreja, giró su cómoda silla de escritorio de vuelta hacia la mesa para finalmente apagar con molestia lo que quedaba del puro en el cenicero.

– En el banco no nos han sabido atender ni pueden regresarnos el dinero, Sr. Gekko. – terminó por admitir Kizashi en lo que apoyaba un codo en la mesa para acariciar su mentón pensativamente. – Directamente, se han negado rotundamente. Como comprenderás, ese dinero…

Perdón por la interrupción, pero debo hacerle saber que antes de su llamada yo mismo me avancé y contacté con el gerente. La antigua cuenta bancaria de Mebuki es de otra sucursal. Por eso, ellos no pueden dar nada de información porque lógicamente, no la tienen y de obtenerla, divulgarla es delito. – explicó Hayate desde la otra línea. – No obstante, no tardé demasiado en hallar otros detalles. Habrás podido comprobar que la cuenta de tu difunta ex amante, fue cerrada poco después de retirar todo el dinero y no solo eso, tu hija también ha cerrado la cuenta en la que le enviabas dinero.

– ¿Qué? – soltó el Fuji perplejo.

Es lo más probable que ella tuviera otra cuenta propia. Así que el dinero debe estar ahí. Desgraciadamente al candar todo, no hay dónde averiguar los movimientos que su hija ha hecho desde entonces. Sabiendo eso, me veo con la obligación de recordarte del aviso que te di hace meses… – añadió Hayate con serenidad aunque sin esconder algo de condescendencia al hablar, no le hacía falta ver la expresión del hombre a la otra línea. – Debiste esperar antes de ingresar el dinero a su madre . Tuviste suerte, a pesar de las circunstancias, de que esta no estuviera a tiempo de presentar el cheque con esa misma cantidad ¿Sabes? Entonces habrías perdido el doble. Creo que deberías alegrarte de que el mismo ya no sea transferible.

– Esa cantidad de dinero no le pertenece a mi hija, debe haber alguna manera de hacer que lo devuelva. Hasta donde yo sé, los padres de Mebuki se quedaron con casi todo lo que no vendieron. Ellos sabían que la cuenta de Mebuki era antiguamente conjunta a la mía, por lo que el dinero, en cierta forma sigue siendo de mi pertenencia. – recalcó Kizashi finalmente inclinando el respaldo de la silla hacia atrás.

Lo que no entiendo es porqué creía tu mujer que la antigua cuenta de la Sra. Haruno era otra más de las que ya teníais. No me quedó otra que, tras mucha insistencia, explicarle cómo había pasado todo esto. – accedió a decir sin mucho remedio el abogado.

Kizashi no se sorprendió de la actitud de su mujer, aunque la falta de confianza por su parte todavía le desagradaba. Había optado por ignorar lo que le había pedido nada más salir del banco, en dejar que él mismo lo solucionara. Al saber por parte de una asistenta que esta se había ido a su balneario habitual, creyó que eso fue algo para distraerse, pero no.

Ahora, Ume sabía que esa gran suma de dinero que él había apartado en su momento, con la excusa de querer usarlo para futuras inversiones y negocios, había sido destinado para la difunta de la manipuladora, tóxica de su ex amante, con el fin de poner fin a sus constantes apariciones y escándalos en Atami. Pensándolo más detenidamente ahora, podría haber llevado las cosas por otro rumbo.

¿Puedes asegurarme de alguna manera de que esa suma de dinero no le pertenece a tu hija? No hay otra forma en la que hacer un intento de reclamación. – argumentó Hayate cambiando el teléfono de oreja.

– Sí. – respondió el Fuji rápidamente con convicción.

Entonces deberás traerme toda esa información que lo justifique. Oh, y por favor, dile a tu mujer que deje de escribirme por correo. Tengo faena. Que tengan un buen fin de semana. – pidió el Gekko dando por finalizada la conversación, para a continuación colgar tras escuchar el agradecimiento por parte de Kizashi.

Esto no ha sido más que obra de Kakashi… – asumió libremente golpeando los nudillos con una mano en lo que reflexionaba. – Jodido malnacido, sabe cómo actuar deprisa…

Su plan había funcionado, pero él también había perdido. No estaba de más añadir que la actitud del profesor también se debiese a la charla que tuvo con la Nohara, eso sería de extrañar, porque al parecer la mujer no le había dicho nada. No está de más asumir, que al decidirse esperar a darle los análisis a la mujer del Hatake, ella pensara que la mejor decisión era guardar silencio. – Tiempo al tiempo… Ya sabemos que eso es un buen comodín. Ahora…

Pasándose la mano por el rostro, el patriarca Fuji encontraba su nueva encomendada tarea demasiado tirriosa. Había cortado todo lazo con los seres que se apellidan Haruno, salvo su hija por obvios motivos. Los abuelos de esta última eran gente con muy poca clase y no iba a negarlo, al ser una familia de por debajo de lo suficiente porvenir monetario, más de una vez habían dejado ver su vicio a derrochar. No quería creer que ese par de ancianos interesados podrían tener también algo que ver en este problema, tampoco podía descartar esa opción.

Ya tuvo suficiente con Mebuki, no quería tener que lidiar ahora con un comportamiento similar por parte de su segunda hija ni nadie más. No lo permitiría.

Alguien llamó a la puerta de su despacho. Tras dar permiso de ingreso, observó como la institutriz de Sakumo avanzaba para plantarse a varios metros del escritorio.

– He terminado por hoy, señor. Nos vemos la semana que viene. – informó la mujer educadamente.

– ¿Qué tal sus estudios? – se limitó a cuestionar el padre.

– Va mejorando cada día que pasa. – respondió la tutora sin mucho detalle. – Hoy está un poco triste, creo que este fin de semana deberíais hacer algo para animarle.

– ¿Te ha dicho por qué? – preguntó seguidamente Kizashi con preocupación. Como respuesta, al principio la mujer frente a él se postró incómoda con los labios temblorosos hasta que al fin pudo mostrar una sonrisa fingida mientras negaba levemente con la cabeza. Era obvio que con decirles la verdad, lo más probable es que a los pocos días se viera de patitas en la calle. Quien sabe si la esposa de su jefe, encontraba demasiado trabajo soportar la vergüenza de que su hijo y alguien más pudieran estar al corriente de lo que pudiera haber ocurrido para que reaccionaran así, pero ella no podía darse el lujo de perder este empleo.

– Le he dejado en el salón con la televisión prendida. – indicó la tutora de Sakumo a modo de despedida para finalmente hacer una simple reverencia y salir del despacho. No quería darle la oportunidad de que quisiera preguntar más.


Izumi no disimuló su carcajada al mirar como su prometido abría con obvio sigilo la puerta corredera de la habitación en la que ambos se habían escabullido, con el fin de sacar solo la cabeza para mirar si había monos en la costa, como si se tratara de un cruce peatonal.

– ¿Vamos? – invitó el pelinegro tendiéndole la mano sin siquiera molestarse en mirarla en lo que ella se terminaba de arreglar su melena y ropa.

– No había nadie cuando venimos ¿Qué te hace pensar que habrá alguien ahora? – provocó la morena entrelazando su mano con la de su novio.

– No fuiste precisamente silenciosa. – respondió Itachi con altanería casi arrastrando junto a él sin esfuerzo a Izumi, la cual no hizo más que contestarle con una indolora colleja en su brazo ante ese comentario que la ruborizó. – Venga, que ya nos hemos perdido bastante del torneo.

Caminando juntos por los pasillos del edificio en un silencio cómodo, Izumi no desaprovechó la ocasión para apreciar los cambios que se le habían hecho al campus. Habían pasado años, pero no los suficientes para que no se acordara del estado en el que todo estaba.

– Ahora está todo casi irreconocible… – admitió la Sairenji con una vaga sonrisa pensativa ante los recuerdos. – La última vez que vinimos aún se podían apreciar las antiguas marcas del símbolo de los Uchiha en las partes internas del muro ¿Recuerdas el miedo que otros estudiantes tenían de ti? Un buen porcentaje era por el recuerdo de tu padre apareciendo más de una vez…

Una sonrisa de suficiencia surgió en los labios de Itachi, no podía evitar encontrar ese detalle gracioso. Del cambio de primaria a secundaria, tardó en hacer amigos, tampoco ayudó que Shisui fuera unos años mayor que él. Eso iba a favor de su padre para poder saber en primera fila su papel como estudiante. Sin olvidar el detalle de que por lo pronto, al empezar a avenirse con Kisame, quien se rumoreaba de ser un problemático maleante, para que enseguida quienes ahora son sus amigos se unieran a ellos… También influyera.

– ¿Le tenías miedo tú también? – se aventuró a preguntar con diversión el pelinegro. Izumi se encogió de hombros y escondió sus labios con vergüenza.

– Un poco… – afirmó ella sacándole una carcajada al Uchiha. – ¡No te rías! Nunca olvidaré esa vez que se me encomendó la tarea de preparar toda la materia que te perdiste estando enfermo y él la vino a buscar. Su mirada casi me hace gimotear como un ganso, en eso se parece a tu hermano.

Era curioso, no era la primera vez que escuchaba esto. A decir verdad era bastante divertido, sobre todo por el hecho de que generalmente, a la hora de hablar ambos evidenciaban su antipatía inevitablemente. Al menos con la gente menos cercana.

Tardaron poco en llegar al gimnasio nuevamente y aun así, no pudieron evitar sorprenderse cuando nada más entrar, encontrarse con todo un equipo de filmación grabando el resto del combate actual. Una vez en sus asientos, vieron como Sasuke se encontraba a punto de entrar en combate. Se habían distraído lo suficiente ya que al parecer, la ronda actual era la semifinal y esta vez, la pareja pudo comprobar cómo el Uchiha menor era animado con más efusividad que antes tanto por el público como por sus compañeros.

Izumi no tardó en volver a capturar varios momentos con su teléfono, a ambos les pareció entretenido ver como la directora del centro participaba en el torneo como árbitro en los combates finales.

– ¿No les parecería mejor terminar de ver el torneo más de cerca? – les propuso una voz a su lado lo suficientemente baja para no estorbar al público. Itachi reconoció la voz al instante, se trataba de Hiruzen. Venía acompañado de su nieto.

– Ah, Sr. Sarutobi… – saludó el pelinegro educadamente. Izumi simplemente se inclinó para ver a los recién llegados, haciendo sonrojar bien tímido al más pequeño de ellos cuando ella le sonrió.

La pareja, tras ver cómo el anciano insistía, decidieron acompañar al par de vuelta a la mesa, donde se sentaron conjuntamente.

– Tu hermano destaca dentro de sus compañeros en esta arte marcial. – contempló Hiruzen observando los movimientos llenos de espíritu del Uchiha menor. – Aunque eso no es novedad, sabiendo que un ex alumno, quiero decir, alumna… Mía le entrenó arduamente.

– Mi hermano desde los siete años ya demostraba talento por el kendo. Nuestro padre no dudó en empezar a entrenarnos duro desde temprana edad. – reiteró Itachi como si nada haciendo que Sarutobi tomara aire a su lado. – Lo que me alegra es que durante toda la etapa en la que estuvimos separados, encontró tiempo para seguir entrenando como ahora con su alumna. A este paso llegará a superar mi nivel en ello. Mi padre estaría orgulloso.

Hiruzen observó en silencio como Tsunade le otorgaba el punto final que culminó el combate actual, sumándole otra victoria al hermano de su acompañante.

– Si, supongo que lo estaría. – añadió Hiruzen sonando inevitablemente algo escéptico. No obstante, Itachi decidió no cuestionar nada sobre ese comentario por su parte. Quien sabe por qué lo diría, aunque eso no le importaba mucho. – Recuerdo como años atrás, tu padre y Minato Namikaze solían entrenar conjuntamente dentro de estas mismas cuatro paredes. Ahora, su hijo mayor ya es padre y el pequeño Sasuke, está a punto de graduarse como finalista de la beca KG.

El anciano también hizo memoria del notorio enfado de Fugaku al no ganar la misma beca y justo ahora como su segundo hijo, quedar como finalista. Al hombre tampoco le hizo demasiada gracia que Minato, en ese entonces, amigo íntimo suyo, donase la beca a su actual pareja, Kushina. Otra de las finalistas, que llegó a sorprender a casi todo el campus con el cambio magistral en su desempeño escolar muy a finales de curso.

Mucho había cambiado desde entonces…

Hibuchi soltó aire nasalmente tras ganar su último combate. Mirando con rabia hacia el guaperas pelinegro del estúpido campus este, observó con descaro como este se dedicaba a beber agua de su botella impasiblemente, al parecer ni se molestaba en escuchar a los de su sequito de perdedores. Era la primera vez que lo tenía como oponente y para qué negarlo, era de los de roer. De los que dan pelea. El anterior año, vencer al grupo del instituto Konoha Gakuen fue coser y cantar, llevaban años de racha, pero hoy… Era otra historia, estaba claro que era por él. Sasuke Uchiha.

De su mismo nivel dan, de su mismo grado estudiantil. Ya había escuchado a su padre renegar que era una pena que el tío no estuviera en su equipo, que en el torneo ya debía darse por vencido. Por parte de los de su instituto que habían sido descalificados por él, nada más entrar en combate, es como si hubieran perdido todas las facultades y las ganas de intentar vencerle, parecían haberse olvidado para qué estaban aquí. Para intentar dejar claro que este instituto de ricos clasistas, definitivamente no estaban a su nivel. No a comparación de ellos.

Llegó la hora de la verdad. Cuando Tsunade anunció los nombres de los dos finalistas que iban a luchar el combate final. Saito fue el primero en levantarse de su postura en el suelo, observando con intimidación a Sasuke, el cual a su ritmo, una vez se incorporó… Se volvieron a escuchar los molestos chillidos de las fanáticas que habían venido en manada para animarle. Apretando el extremo de su casco, al ver como el escándalo empeoraba cuando el Uchiha las miraba con molestia, avanzó hasta la zona del combate primero ignorando los llamados de su entrenador y de su padre.

Talento o no, no lograrás arrebatarme el primer lugar de este torneo… – aseguró mentalmente él con fiereza.

Para su mala suerte, comenzar el combate con uso de su ira le costó el primer punto. Sasuke al primer intento, rápido como un relámpago, le atestó perfectamente al lateral de su casco con su monouchi. Distraído y perdiendo coraje, el Hibuchi mantuvo su shinai en paralelo a la del primero mediante un agarre firme, para seguidamente soltar un grito con la intención de recuperar el focus y la fuerza.

Sus dos contínuos intentos para obtener el punto fueron frenados con maestría, hasta que en el segundo, el Uchiha volvió a agarrarlo desprevenido al golpearle el hombro fácilmente. Su mayor asombro fue cuando, intentando ver a los ojos al pelinegro después de que una gota de sudor cayera de su flequillo, sintió escalofríos y temor al ver como los ojos de este parecían ser rojos como los de un demonio. Instantes después se asustó cuando Sasuke pegó un grito y finalmente arremetió contra él con prisas arrinconándole al extremo del ring reglamentario nada más para ganar el combate con otro nuevo golpe en la cabeza.

No… No, no ¡NO! – pensó con rabia Saito.

– Ganador, Sasuke Uchiha. Fin del combate. – anunció Tsunade alto y claro.

Los aplausos no tardaron en llegar. Se pudo escuchar los gritos de celebración de Gai y Genma a lo lejos, aunque los del equipo de kendo, compañeros de Sasuke, entre ellos Suigetsu, estaban igual. El instituto Konoha Gakuen, había ganado finalmente tras varios años y para el colmo, se lo había puesto demasiado fácil.

Al regresar junto a los demás, dejando que Suigetsu lo sacudiera de alegría por pocos segundos para rápidamente apartarle con incordio, Sasuke y los demás tuvieron que voltear la cabeza cuando un fuerte estruendo se escuchó en medio del suelo del ring. Ambos se encontraron con que el Hibuchi acababa de lanzar con fuerza contra el suelo, su shinai nada más para alejarse de ahí echando pestes delante del público.

– ¿No que estaban tan seguros que iban a ganar, muchachos? – escuchó Sasuke presumir a uno de los de su equipo al grupo de oponentes del instituto finalista, que no se privaron de burlarse de ellos al principio.

Retirándose el casco, Sasuke chocó miradas con Itachi, quien se encontraba de pie junto a Izumi celebrando por igual su victoria, quien se encontraba grabándole con su teléfono. Ambos hermanos se sonrieron llenos de orgullo, recordando entonces el significado de seguir con la tradición de su familia, atesorando el calor en su pecho ante la memoria de sus padres.


Hanare suspiró con fastidio en lo que la puerta de su casillero persistía en abrirse una y otra vez dentro de los diminutos vestuarios femeninos de la comisaría. Estos, eran de las pocas habitaciones del edificio que no habían sido remodeladas en la actualidad, lo que la llevaban a estar de acuerdo con las demás trabajadoras de cualquier ámbito, que estos dejaban mucho de lo que desear.

Las cañerías de los retretes eran un patético desastre y por si fuera poco, cada uno de estos se atascaban fácilmente con recurrencia. Por no hablar la enorme mancha de humedad que había en el techo del cuarto, esta venía de la zona de duchas y llegaba hasta la puerta de salida. A diferencia del de los hombres, estos gozaban de mucho más espacio al ser un mayor número de oficiales y demás. Lo que les llevaba a tener el privilegio de que sus aseos fueran atendidos y limpiados con más prioridad.

Su paciencia se agotó cuando ya al tercer intento de cerrar la puerta para que esta terminara por encajar con más fuerza que destreza, sintió como se agravaba todavía más su mal humor y estrés tras lo ocurrido por la mañana.

Su jefe, le había dado el resto de su jornada laboral "libre" para que sorteara sus emociones y se pudiera recomponer. Cosa innecesaria a su punto de vista, sus palabras la habían hecho sentirse infravalorada. Como una novata pese a su vasta experiencia y buenas referencias por parte de antiguos instructores. No pudo refutar ni negarse, pero no les dio el lujo a ninguno de la plantilla y colegas a hablarle sobre lo ocurrido, optando por encerrarse en el gimnasio a darle al saco de boxeo para aliviar su trance y rabia al degenerado, ahora muerto, Shimura Shin. Eso fue suficiente para que el resto la dejaran a su aire y a solas ahí.

Ahora mismo, estaba lejos de ser la encantadora Hanare que se postraba frente a todos con una encantadora, enigmática y seductora sonrisa en su rostro.

Me pregunto si seguirían intentando coquetear conmigo al conocerme años atrás cuando yo era totalmente irreconocible… – meditó la Rokku mientras salía de los baños ya más descansada mientras acicalaba su propio uniforme.

Regresando a la planta baja en silencio, decidió ignorar con indiferencia al sequito denominado "Akatsuki" o al menos la gran mayoría del grupo. A simple vista, que estos se les hubiera apodado así les hacía parecer como si se tratara de una banda de heavy metal con aspiraciones de fama y fortuna, pero honestamente se les debería denominar más como el amanecer del caos o de los problemas. Siempre había uno de ellos que causaba barullo. Hoy no era diferente. ¿Eso encima de la mesa era un bebé?

La cansina canción de fondo apenas dejaba que el Uchiha pudiera ser escuchado por ella a la perfección, fue ahí cuando decidió acercarse al monitor encendido para pausar la música de una vez por todas, hasta que finalmente, con curiosidad se acercó a la criatura que no dejaba de llorar. ¿Qué era lo que se había perdido?

– Recuerdo haberles dicho que nada de numeritos ni estupideces en la oficina. ¿Les dejo solos por hora y media y me encuentro con este ridículo panorama? Akasuna, te dije más de una vez que tus aficiones perturbadoras que no sean elementos decorativos de mesa, no pueden estar aquí. Por lo que deja el lloriqueo y vuelve a tu trabajo… – dijo Obito con sequedad haciendo que el pelirrojo encogiera su cabeza entre sus hombros ante esa reprimenda, Deidara a su lado resopló de la risa. – Para los demás, veo que para lo que sí que sois eficientes, hay una clara diferencia viendo que no dejáis de ser una panda de inútiles ante la simple tarea de cuidar del hijo de Itachi.

Algo rozó los dedos de Hanare, quien una vez giró la cabeza antes de que pudiera tomar lo que parecía colgar del mango del portabebés para silenciar a Satoru, notó como un antiguo amigo canino se acababa de acercar a ella con genuina felicidad tras reconocerla.

– Urushi, amigo… ¿Qué tal estás? – saludó ella agachándose para dejar que el can no hiciera más que gimotear alegre sin controlar su inquietud disfrutando de la atención de la oficial, hasta que finalmente se alzó entre sus patas delanteras para abrazarla y poder lamerle el rostro moviendo su cola feliz. ¿Qué hacían los perros de su ex allí? ¿Acaso él…?

El Hatake, percatandose del comportamiento de uno de sus chuchos, se acercó a la mujer, quien en un principio no reconoció hasta que la misma se volteó.

– Ah… – musitó Kakashi ante ese inesperado reencuentro. Hanare simplemente puso los ojos en blanco ante la usual cara de poker del Hatake.

– Kakashi. – saludó ella sin reproche o nada por el estilo, viéndose interrumpida cuando el resto de los perros del primero se acercaron felices a ella. Sin dudar, no disimuló su encanto y estima en estos, dándoles más atenciones a cada uno antes que al dueño de estos, este no hizo más que voltear la cabeza hacia Obito. Este se le había olvidado el detalle de decirle que su ex ahora se encontraba trabajando ahí.

– Debería poneros a todos ustedes a hacer planchas hasta cansaros ¿Dónde demonios está Shisui? – se quejó el capitán lo suficientemente alto, en lo que el susodicho hacía como que no escuchaba nada desde las escaleras junto a Konan y Yahiko. La suerte no estuvo de su lado cuando se le escapó una carcajada camuflada haciendo que Deidara y Hidan se percatasen de su presencia y que Obito se volteara a mirarle reprobatoriamente. Ante esa mirada la pareja que le acompañaba no hizo más que dar media vuelta y escapar.

Antes de que Obito pudiera empezar la siguiente tanda de su sermón, Satoru volvió a dejar escapar varios gases indicando otro nuevo accidente en su recién limpio pañal, solo para empezar a llorar nuevamente.

La multitud en la otra ala de comisaría no pudo evitar suspirar conjuntamente del fastidio.

Diez minutos más tarde, todos volvieron a su trabajo. Akatsuki finalmente liberados de la tarea de "cuidar" el hijo de Itachi, optaron para relajarse en el office, sin poder evitar sentirse algo fastidiados cuando Kakashi nada más recogerlo en brazos de su improvisada cuna, este dejó de llorar, permanecer despierto aunque totalmente silente y relajado nuevamente limpio, dejando que este le meciera sin dejar de verlo con curiosidad.

Mientras tanto, en su despacho Obito se encontraba jugando con el afilado abrecartas por el borde de su escritorio en lo que escuchaba a Shisui recapitular lo ocurrido por la mañana.

– ¿Sabrás que no puedo darle excusas a la familia de Shimura, verdad? Sigues evitando explicarme cómo fue que ocurrió todo, no me hagas perder la paciencia, Shisui… Ni retractarme de lo que te dije hoy mismo nada más antes de dejarte a cargo. – argumento sin vacilar el capitán de los cuerpos de policía arrugando la frente. Ante eso, Shisui se colocó la mano detrás de su nuca bastante indeciso. – Muy bien. ¿Srta. Rokku? Entre.

El menor de los Uchiha tragó saliva cuando Hanare ingresó a la oficina en silencio. Al parecer Obito había encontrado provechoso que la recluta optase por no marcharse a su casa tras lo sucedido, aunque por otra parte, de todas maneras se le hubiera hecho dar explicaciones desde su perspectiva antes o después… ¿Dónde estaba Itachi cuando se le necesitaba? Ah sí… en una cita con su prometida… Divirtiéndose.

– No hay uso que eviten dar ciertos detalles, ya me encargué de hablar al resto que estuvieron presentes. No obstante, digamos que me apetece que le refresques la memoria al Uchiha tontaina que tiene a su lado Srta. Rokku… Así que ya sabe ¿Qué fue lo que ocurrió? – insistió Obito finalmente haciendo suspirar al primero.

– El recluta Shimura se encontraba robando las pruebas del caso, cuando lo encaré. – admitió Hanare incómoda. Shisui a su lado siseó disconforme con poco disimulo. – Todo ocurrió demasiado deprisa desde entonces. Antes de yo esperarlo, me había inmovilizado a punta de pistola y estaba dispuesto a disparar.

Recordando los hechos, Hanare volteó finalmente para mirar a Shisui a su lado. Este la observaba serio, con misterio. Su mirada no reflejaba nada, a diferencia de otros hombres con los que había trabajado. Otros la deseaban, otros anteriormente la despreciaban por su físico sin conocerla, etc. No obstante, era obvio que su explicación no había sido de su agrado al Uchiha menor… Quien sabe por qué y sin embargo, sentía cierta responsabilidad y culpa de que sus acciones le llevaran represalias a quien no era culpable.

– El Sr. Uchiha no hizo nada malo. – optó por señalar Hanare finalmente. Shisui no pudo evitar alzar una ceja al escuchar ser nombrado de esa manera. ¿Señor Uchiha? ¿Que tenía setenta años? – En verdad debo admitir que quien ocasionó el tiroteo fui yo, de no haber provocado a Shimura mordiéndole el brazo, cabe la posibilidad de que los hechos hubieran sucedido de otra manera.

Obito no hizo más que soltar un bufido de risa al ver la expresión confundida de Shisui al escuchar lo que la muchacha decía. Al parecer no estaba de acuerdo.

– ¿Eso es lo que evitabas contarme, Shisui? ¿Que Shimura estaba llevándose las pruebas? El muy despistado sería muy capaz de confundir esas pruebas como algo que desestimar en el lugar del crimen, el hombre tenía esa peculiar proeza en meter la pata muy incluso a pesar de la insistencia de los demás en pasarse de la raya con él. – determinó el capitán con aburrimiento girando su silla para mirar a través del cristal hacia el piso de abajo, en donde se encontraba Kakashi leyendo el corcho lleno de información pegado en la pared, aun sosteniendo a Satoru. Los perros de este se encontraban llamando la atención de su personal, algo que no le importaba demasiado en ese instante. – ¿Eso fue todo, Sr. Uchiha?

La mueca que le propinó Shisui tras escuchar ese apodo le entretuvo bastante, aunque en ese instante, este se lo merecía por tocapelotas.

– Ambos se encargarán de rellenar los informes de lo sucedido que quiero en mi mesa pasado el fin de semana ¿Entendido? Fuera de eso, hicieron un buen trabajo. – finalizó el Uchiha mayor, dejando finalmente el abrecartas de lado para entrelazar sus manos encima de la mesa.

Hanare se inclinó acatando esa tarea para finalmente ser la primera en decidir marcharse del despacho de Obito.

– Oh y ¿Shisui? Estaré esperando los detalles del caso, espero que no me hagas tener que preguntarle a Deidara. El cuerpo de Shimura aún se encuentra en la morgue, está su hermano ahí. – habló el capitán frenando al mencionado antes de que se predisponiera a marcharse también. Como respuesta solo obtuvo una sonrisa socarrona que no engañaría a nadie. – Ni te creas que no doy por sentado que Itachi te está ayudando…

Dicho eso, Obito optó por hacer una corta pausa antes de proseguir hablando. – En serio ¿Por quién me tomáis? Os conozco a los dos demasiado bien, por más que os intentéis convencer de lo contrario… A ver si eres tan atrevido en reconocerle esto a él cuando este venga por el crío dentro de poco.

Asintiendo conforme ante cada palabra del sermón de su tío, Shisui cerró los ojos para evitar que se le viera ponerlos en blanco.

– Muy bien, Sr. Uchiha. – respondió él con burla y picardía camuflada antes de marcharse. Ganándose otra mirada reprobatoria de su jefe.


Chiyo suspiró con cansancio debido al peso de las bolsas de su recién adquirida compra. En ese mismo instante se recriminaba por no haber hecho caso a su querido nieto Sasori, quien le había pedido que él se encargaría de comprarle lo que pudiera necesitar después, pero nada… Bah, a sus setenta y ocho años, por más que su cuerpo no fuera como cuando tenía dieciocho, seguía viéndose capaz de hacer todo lo que quisiera.

Una ventisca fría hizo que sus articulaciones chirriaran causándole algo de terror debido a la fricción. cosa que decidió ignorar con tozudez, quedándose parada frente al portal del muro del edificio donde se hospedaba sin más remedio que otro que dejar la gran mayoría de las bolsas en el suelo.

Segundos después vio como un taxi se predisponía a frenar a unos diez metros de donde estaba. De este, no tardó en ver como su vecina favorita, Sakura Haruno se bajaba junto a una pelirroja, quien tal parece que debía tratarse de la amiga que le contó el otro día.

– ¡Sra. Chiyo! Hola. – saludó Sakura con una sonrisa simpática acercándose a ella, Karin no se acercó tan deprisa como la primera. Solo se dedicó a verla curiosamente. Chiyo se percató que la había visto antes, probablemente.

– Hola, querida. ¿De dónde venís tan tarde? – riñó a modo de broma la anciana consiguiendo que la Haruno le respondiera con una corta risa encogiendo su cabeza. – ¿Acaso no ven que a estas horas ya está oscuro? ¿Cuántas veces te lo he dicho?

– No se preocupe tanto por mí, aunque podría decirle lo mismo a usted… Caminando a estas horas con la compra a solas. – contestó Sakura vivazmente y sin más empezó a tomar todas las bolsas del suelo sin dificultad alguna.

– Yo soy una vieja que sabe lo que hace y de lo que habla, chiquilla… ¿Cómo es que no está el gruñón de tu novio acompañándote, para variar? – cuestionó ella siguiéndola junto a la Uzumaki, que las observaba callada sin ganas de entrometerse.

– Hoy participaba en una competición en nuestro instituto, le mandaré sus saludos. – respondió Sakura como si nada.

Karin miró con atención las interacciones entre Chiyo y Sakura, ambas parecían cercanas a pesar de no tener parentesco alguno. Lo más raro fue cuando la primera como si nada las dejó ingresar en su Penthouse.

A ver… Nunca había visto un espacio con tanta clase y espacio en primera persona en su vida. ¿Esa anciana vivía ahí ella sola?

Suelos de madera hasta el salón donde enseguida comenzaba una cara moqueta gris. Paredes blancas salvo algunas de mármol negro a juego con la lujosa y amplia cocina abierta decorada acojedoramente, con la baldosa del suelo a juego con la encimera. ¿Acaso estaba en el set de un almacén de muebles?

– Pónganse cómodas las dos, voy a preparar algo de té. – les dijo la dueña del apartamento en lo que se alejaba cargando con una de las bolsas de la compra que Sakura no cargaba.

– ¿Qué hacemos aquí? – cuestionó en un susurro Karin claramente confundida, acaparando la atención de la Haruno enseguida.

– Aparentemente, tomar algo. Vamos, se te pondrá bien, además, Chiyo es una mujer muy divertida, pasar el rato con ella te animará, créeme. – sugirió ella tomando varias bolsas. Karin estuvo por hacer lo mismo, pero la primera se lo impidió. – La doctora dijo que no puedes cargar peso ¿Recuerdas?

– Pero si esto no debe… – replicó la Uzumaki con reitero.

– No. – terminó interrumpiendo la Haruno con total libertad haciendo que Karin simplemente hiciera una mueca tras poner los ojos en blanco, viendo como la primera se alejaba rápidamente con familiaridad. Al parecer no era la primera vez que se había adentrado en la casa de la anciana.

– Pero no te quedes ahí como un pasmarote, querida. Ya dije que te pusieras cómoda, no tengo compañía a menudo. – insistió Chiyo haciendo que Karin torciera la boca para finalmente avanzar por la casa con timidez. Al cruzar el umbral que separaba el genkan a la cocina, la segunda se llevó un susto de muerte debido a la enorme escultura de un títere parecido a una mujer rubia de cabello ondulado rubio, parada como si estuviera en una atracción de terror en una feria. Vistiendo un largo vestido negro con lazos y brodaje dorados y rojos. Su aspecto era bastante realista, sobre todo el rostro.

Sakura no pudo evitar soltar una buena carcajada a su esperada reacción en lo que guardaba algún que otro producto de la bolsa de Chiyo como si nada. Karin se molestó un poco al escucharla. – Oh, venga no me hagas esta cara… A mi me pasó lo mismo la primera vez que vine.

Cuando Chiyo regresó junto a ellas, esta vez sin medias ni bolso o abrigo junto a ella, se fijó que ambas estaban mirando la escultura que su nieto le había elaborado hace años. Cosa que ella encontraba una valiosa obra de arte.

– Veo que la hermosa escultura que decora mi salón ha atrapado tu curiosidad ¿No te parece ancestralmente divina? – cuestionó la mujer haciendo que Karin torciera la cabeza sin saber bien qué decir. Ante la falta de respuesta, Chiyo volteó a ver a Sakura quien se postraba con una sonrisa de diversión. – Veo que tu amiga no es muy habladora. En fin, a Hannah no le importa… ¿Sabías que el vestido que lleva cuesta ocho millones o más? Está hecho todo a mano, por mi adorado nieto.

Eso casi deja boquiabierta a la Uzumaki mientras que Sakura no hacía más que suspirar con entretenimiento ya sabiendo la historia que su casera no se cansaba de detallar como si fuera la primera vez.

– Ocho… Millones… – susurró la pelirroja a duras penas asimilando la exuberante cantidad de dinero que aparentemente costaba el dichoso ostentoso vestido de muñeca.

– Es de una rara tela elaborada y teñida a mano por el mejor sastre del sur de Arabia, mi nieto lo confeccionó como oda al personaje más famoso que interpretó su madre cuando era actriz. – presumió Chiyo encantada al poder hablar nuevamente de ello, aunque la conversación no fue ahí, Karin se vio envuelta en una conversación sobre este tema… Bueno, más que conversación, se podría decir que era una charla informativa a la cual la obligaban asistir.

Fue entonces que Sakura, ya más tarde, le sacó un sobre y se lo ofreció a casera, deslizando éste por el mármol de la encimera educadamente. – Antes de que me olvide, señora Chiyo, al ir hoy al banco aproveché para sacar el dinero del alquiler.

Eso hizo que la mencionada quedase algo absorta ante la inesperada notícia. Si no recordaba mal el padre de la joven pagaba todo mediante transferencia, por más que se le tuviera que recordar constantemente. ¿Por qué el cambio?

– ¿Todo bien con tu padre? – se atrevió a preguntar Chiyo, a pesar de ver como Sakura se incomodaba ante la pregunta cuando Karin volteó a mirarla con curiosidad. Ella le había explicado cosas, había sido honesta sobre su situación.

– Si, solo que al final decidí hacerle caso a lo que me dijo hace tiempo con las cuentas de mi madre. – resumió ella sin querer darle demasiadas vueltas al asunto.

Cierto. – pensó la casera, recordando enseguida la vez que hablaron de economía del hogar y de finanzas, sacando finalmente el tema de esa mujer. Mebuki. En la noche de aquél día, ya cuando la Haruno se había ido de su casa hace rato, no pudo evitar asimilar lo que le contó.

La desfachatez del padre para actuar así, evidenciaba la falta de estima en hacia su hija. Si se le tenía que insistir en pagar el dinero y aun así, aseguraba hacerse cargo de las cuentas de la madre y así seguramente seguir escondiendo esa enorme cantidad de dinero de ella… Quien sabe el motivo, pero su comportamiento insinuaba que debía pensar que tal cifra, no le correspondía a la ojiverde.

Pero… ¿Lo sacó todo en una sola vez? En ese caso… – meditó Chiyo confundida.

Recordando que solo le dijo que hurgara en las cuentas de su madre, ya que con ella "al otro mundo" carecía el sentido de mantenerlas aún operativas a no ser que hubiera dinero dentro todavía, incapaz de controlar su preocupación la anciana arrastró el sobre hacia ella sin molestarse en comprobar la cantidad. Confiaba en la Haruno. – Dime, hija… ¿Qué planeas hacer con todos esos millones?

Al escuchar esa última palabra, la única Uzumaki presente casi escupe su sorbo de té. Sakura solo sonrió alzándose de hombros, en lo que la primera giraba la cara para encarar a su salvadora con enigma y aturdimiento, quien rehuyó su mirada tomando la taza para beber como si no fuera la gran cosa. Las preguntas de la Akasuna no podían ser menos oportunas…

– Mi intención no es sonsacar información, pero eso no evita que me preocupe. – explicó Chiyo solemnemente, en lo que el teléfono fijo de la casa empezó a sonar. – Por cantidades así, se generan problemas enseguida…

– En parte, quise hablar con usted sobre ello, pero sería más propio en otro momento… – sugirió la ojiverde haciendo que la casera entrecerrase los ojos ante esa respuesta, sin embargo, antes de indagar fue a atender la llamada. Excusándose de la sala para caminar a su habitación.

– ¿Qué quieres ahora, Baki? – dijo Chiyo sin molestarse en saludar al hombre en la otra línea. Había reconocido el número por la pantalla del aparato. – Es tarde y tengo invitados en casa. ¿Acaso no tienes una vida personal, fuera del trabajo como abogado y secretariado?

Vaya… Y yo que le llamaba para felicitarla con la obtención de las acciones de la empresa AVEZ. – contestó el hombre con una pizca de humor. Llevaba trabajando para la mujer durante sus varios años, justo después de él empezar su bufete tras su injusto despido, el cual ella mismo compró junto a él por poética y provechosa venganza. – Dijiste que no quieres los números de la gente ajena, pero el dueño quería agradecerte con insistencia de alguna manera.

– ¿Y para ello no bastaba un mensaje? – propuso con aburrimiento la mujer.

Conociéndola, se olvidaría de leerlos dado que apenas sabe cómo funciona la aplicación en su móvil. – bromeó Baki incapaz de abstenerse de incordiar a la mujer. – El hombre se ha enterado de que se acerca su cumpleaños, por lo que el Lunes encontrará a su oficina llena de ramos de flores.

De verdad, todo esto solo por invertir y salvar su empresa de la quiebra… – refunfuñó mentalmente la akasuna mediante un suspiro. – Te conozco como si te hubiera dado a luz, por lo que desembucha… ¿Qué más?

– En cuanto al asunto KG… – empezó el abogado con paciencia, sabía que el tema era un dolor de cabeza para la mujer, escucharla volver a suspirar era entendible. – Es mi deber decirte que Shimura recientemente se hizo con las acciones Uzumaki.

– Heh ¿A sí? – comentó ella tomando su bolso de su enorme cama para colocar este encima del tocador adosado a la pared, pegado a la entrada de su espacioso vestidor. – ¿Se puede saber cómo?

– No se sabe. – respondió Baki esperando una reprimenda, pero nada.

– Una pena, me puedo imaginar la reacción de Hiruzen… – comentó Chiyo ante la notícia. Nunca había tenido el placer de interactuar demasiado con el hombre, pero sabía de antemano el carácter del mismo. – Supongo que ese hombre quería demasiado ganar casillas como el que cualquier ambicioso ansía cantar bingo durante cada partida. No pienso pelearme por esa poca cantidad de acciones, Baki… De lo más seguro es que ese par de gárgolas que se apellidan Mitokaru y Utatane, las hayan servido ante el subdirector como festín con vajilla y cubertería de oro. Que yo recuerde, en primavera el hombre no tenía esa cantidad de dinero para comprarlas. Es la única explicación que se me ocurre.

Lleva siendo la mayor inversora desde aproximadamente una década, si le llamé con urgencia fue al creer que quería ayudar a Sarutobi o de alguna manera por su intento en conseguir mantener esas acciones como intocables, proseguir con su afán de ir detrás los planes de Tsunade Senju, a sabiendas de vuestra tumultuosa rivalidad de la cual se rumorea. Deberías saber que ella es la directora del campus, ahora. – informó Baki seguidamente haciendo que ella alzara las cejas.

– ¿Cuándo hace que está de regreso a Japón? – indagó indignada Chiyo por no saber ese particular detalle.

Desde principios de verano, pensé que lo sabría. – comentó simplemente su abogado sabiendo que se refería a la Senju.

Bueno, la razón de enterarse ahora, se debía básicamente por querer mantenerse como inversora anónima para los demás. Al tratarse más que nada de un simple centro escolar, en el cual solo llegó a colaborar nada más que como favor por parte de unos confiables antiguos socios suyos que habían fallecido. Si no las había vendido era por respeto a ellos…

Los Uchiha.

Debía admitir que al afiliarse con ellos, le había abierto muchas puertas y que de no ser por ellos o la mera mención de su apellido muchos presupuestos dirigidos a diversas empresas, puede que no hubiera llegado tan lejos por su cuenta propia con solo el llano apellido y linaje Akasuna juntos. Ese era el poder de la característica influencia por parte de la casa con el símbolo Uchiwa.

¿Sabrá el pequeño de Fugaku que le estoy asegurando la herencia? – se cuestionó Chiyo por primera vez desde que acató el deber del pedido de la carta del patriarca Uchiha.

– Indaga sobre la situación actual de las inversiones del instituto, por favor. – pidió la casera con tranquilidad.

¿Quiere que llame? – propuso Baki enseguida, recibiendo un escueto "No" por parte de la Akasuna.

– No hay necesidad de ello, sabes que soy quien tiene la gran parte de acciones, toda clase de información en cuanto a ello es un derecho para mí obtener con facilidad. – finalizó ella relajada para finalmente tras una corta despedida, colgar la llamada y salir de su cuarto.


Acabando de enviar algunos documentos desde su portátil, Kizashi levantó la vista cuando alguien llamó a la puerta. Dando permiso a que entraran sin molestarse en levantar la cabeza, enseguida adivinó que la persona detrás de esta era nada más que su hija mayor.

– Hola, papá… – saludó ella con una sonrisa tierna, avanzando con ligeros brincos hacia su mesa para saludarle.

– Hola mi preciosa flor… ¿Qué tal la escuela? – cuestionó él. Cuando finalmente no le quedó otra que mirar hacia la rubia, notó como su sonrisa se borraba. Esta acababa de ver sus heridas en la cara.

– Pero…

– No fue nada, hija. Solo un poca monta que no estuvo contento con perder justamente. Asuntos de mayores. – explicó él a modo de intento de culminar la preocupación de Shion, quien pese relajarse un poco, no le quitó la curiosidad.

– ¿Fue por eso que no me viniste a recoger? Me dijiste que hoy tenías una reunión con el subdirector, me sorprendió ver que quien me viniera a buscar fuera un empleado. – indagó Shion con insistencia, lo que le llevó a Kizashi suspirar.

– Tuve que ir al banco con tu madre por algo más importante, de seguro el jardinero te lo habrá dicho. – recalcó su padre en lo que optaba por inclinarse en su cómoda silla de trabajo. – ¿Por qué hay tanto escándalo en la planta de abajo?

Shion se mordió el labio expectante, haciendo como caso omiso a la última pregunta que su padre acababa de hacerle.

– Papá… ¿Leíste mi último mensaje? – preguntó ella jugueteando con sus dos dedos índices entre sí mientras rehuía la mirada de la de su padre, usando un tono adorable. Este último suspiró con cansancio debido al estrés de hoy, no obstante no quería pagarlo con ninguno de sus hijos.

– No pude. – contestó él ocasionando un pequeño berrinche forzado por su hija. – No me dio tiempo Shion. ¿Qué necesitas?

Ganándose la sola atención de su padre, Shion sonrió y se encaminó de nuevo hacia la enorme puerta del despacho de este para que una vez abriéndola, ella tomara el brazo de un joven que vestía "a su manera" el uniforme del campus Konoha Gakuen. El chico definitivamente lo había visto antes, pero ahora no se acordaba en dónde y quién era.

– ¿Te acuerdas de Naruto, papá? – presentó Shion con efusividad, en lo que el rubio a su lado se dedicaba a observar la decoración de la habitación en la que se encontraba distraídamente. Aun así, nada más escuchar su nombre, no le quedó de otra que voltear a ver al padre de Sakura y como no, de Shion.

– ¿Naruto qué más? – quiso saber su padre alzando una ceja.

– Naruto Uzumaki, no es la primera vez que te hablo de él… – le recordó con algo de recriminación.

– Ah, sí… Uzumaki, ese muchacho que tanto te…

– Haha, sí… Es él. – interrumpió Shion con prisas sin dejar que su padre la evidenciara frente a Naruto.

– ¿Y qué le trae por aquí, Shion? – sumó Kizashi alzando una ceja de manera escéptica.

– La verdad es que se nos hizo un poco tarde y creí conveniente pedirte si Naruto podría quedarse a cenar aquí, se le podría llevar de vuelta a casa más tarde. – solicitó Shion con poco interés, estaba más que claro que él no iba a oponerse, si había llevado a Naruto frente a él fue para que ambos interactuaran entre sí, para preparar los fundamentos para quien sabe, su posible relación con él en un futuro cercano.

Como olvidar como escoció saber que, pese ser de una manera bastante pésima, que el rubio hubiera tenido el placer de conocer el padre de Hinata de tal forma antes que el suyo como se debía. En una posición tan vergonzosa e íntima. Sonaría raro, pero era obvio que para su padre, su acompañante no fue en su momento una fuente de información de cara a su hermanastra. Nada más y eso era lo que quería cambiar.

– No veo problema con ello. – contestó finalmente su padre como si nada. – Deberías decirle también a tu madre, para que no se enfade porque nadie se lo ha dicho antes. Ya sabes cómo es. Por cierto Shion ¿Qué tal está tu hermana? ¿Algo que puedas decirme que haya sucedido hoy en particular?

Evitando resoplar de aburrimiento, la susodicha no hizo más que fingir sonreír otra vez y alzarse de hombros.

– Fuera de que persiste en querer ser una antipática conmigo de manera injusta… – dijo ella sin poder controlar que ese comentario sonara con cierto recelo y desdén. – Solo me fijé en que hizo pellas durante el último periodo.

– Ella también quedó como finalista en la beca del instituto… – comentó abiertamente Naruto, interrumpiendo a la Fuji, dejándola con un sabor agrio en la boca. Como si se hubiera tragado un kilo de ajo crudo.

– Vaya ¿En serio? Formidable… Excelente. – aprobó Kizashi como respuesta.

Escuchar eso, de alguna manera, hizo que a Shion se le humedecieran los ojos un poco. Más allá de decepción, ya que ella apenas solía destacar por sus notas, también sentía un poco de rabia ya que era la primera vez que su padre decía eso sobre Sakura, quien se supone que no era de considerar como persona cercana, salvo si se intentaban mantener las apariencias. Estaba acostumbrada a ser el ojito derecho de su padre, el cambio repentino de hoy… Era demasiado brusco.

Para Kizashi, que su hija invitara hoy a ese "amigo" suyo de primeras no le importó demasiado, hasta que se acordó de la primera vez que le conoció. Él conocía, al parecer, bastante de Sakura… Tal vez sería oportuno preguntarle según qué cosas. No obstante, antes de que pudieran seguir hablando, se escuchó la voz histérica de su mujer en la planta baja del hogar.

– ¡¿QUIÉN LE HA DEJADO COMER PASTEL A MI HIJO?! – gritó Ume completamente histérica recién llegada del balneario y de algunas compras.

Eso asustó a Kizashi, quien rápidamente se levantó de su silla para caminar con prisas hacia la puerta. Shion quedó igual de sorprendida, comieron pastel para merendar, sí, pero… ¿Qué había pasado?

Naruto, por su lado, no hizo más que torcer la cabeza con confusión a la vez que se peinaba sus cortos mechones rubios. Shion le había dicho que tenía un hermano, pero no que este era un chiquillo diminuto de corta edad. Este se había detenido a curiosear en el umbral que separaba el comedor donde ellos estaban, es decir, de la enorme sala de estar dónde parecía pasar el rato él.

Le había visto mirar con fijación el escandalosamente adornado pastel de chocolate con fresas por encima. No se esperaba ese pequeño detalle por parte de su amiga, pero le sentó bien y la chaqueta moderna que le regaló también le gustó. Era de la marca de Killer bee, un rapero del que era muy fan. El niño no saludó ni musitó palabra, mucho menos optó por acercarse a él.

A pesar del minuto y medio en el que lo conoció, se había fijado a la perfección de la similitud que este tenía con Sakura. Le pareció algo gracioso verle con una muñeca de cabello rosa.

Tardó un poco en llegar a la conclusión de que tal vez, siendo hora de merienda, que con algo de hambre… Tal vez este querría comer más de unos apetitosos pasteles y dulces preparados para él, los cuáles él desde luego no iba a terminarse, teniendo un paladar más a favor del salado. Solo que antes de hablarle por primera vez, con plato lleno de merienda que ofrecerle, Sakumo ya no estaba. Yendo hacia la habitación, se la encontró vacía, sin percatarse de que el pelirrosado se había escondido detrás de una planta situada al lado de una consola decorativa, hasta que finalmente optó por dejar el plato en medio de la mesa auxiliar extrañado.

– ¿Pasa algo malo? Lo único que hice fue dejarle algo de dulces a tu hermano, ya que los quería… – dijo Naruto incómodo sin saber que hacía de malo. La expresión de sorpresa de Shion cambió a una de nervios y espanto al instante.

– Naruto, sé que no te lo dije antes, pero mi hermano padece una enfermedad. No puede comer nada con azúcar… – murmuró la Fuji nerviosa con ciertos remordimientos. – ¿Ahora qué?...

Ante esa información, el Uzumaki no hizo más que tragar saliva con pesar, debido a los nervios. ¿Terminaba de liarla bien gorda en casa ajena… ? Al parecer sí.

Por razones diferentes, ambos adolescentes no pudieron evitar quejarse mentalmente de que esta tarde podría estar yendo mejor.


Obito suspiró cuando terminó por devolverle a Satoru a Kakashi, al parecer el crío, se había acomodado bien en los brazos del último de alguna manera, permaneciendo sereno y totalmente despierto en comparación a cuando lo cargaba él.

– Lo estabas cogiendo mal… – dijo burlón Kakashi en lo que instintivamente mecía al pequeño Uchiha en brazos.

Ensanchando las aletas de su nariz y frunciendo sus labios en una mueca mientras meneaba la cabeza imitando la voz de su amigo, el capitán de las fuerzas de seguridad finalmente caminó hacia su nevera privada para sacar una lata de cerveza sin alcohol.

– No veo el momento en el que sea tu turno con Rin, solo para que pueda descojonarme de ti por trasnochar, ex profesor pervertido. – vaciló el pelinegro en lo que abría su bebida y seguidamente sacaba otra para ofrecérsela a su amigo.

– Pobre Satoru, seguro que tu desigualada barba mal afeitada le habrá asustado… – continuó Kakashi sin pudor alguno para Satoru, observando como el pequeño en sus brazos le miraba con sus ojos negros bien abiertos. Estaba empezando a relajarse.

Primera vez que tenía un crío en brazos en verdad, aunque Sakura le hubiera enseñado alguna que otra foto del sobrino de Sasuke, además de ver en primera persona como el primero llegaba al mundo y desde entonces se vieran algunos cambios nada más pasar el primer mes… Nunca había tenido el placer, oportunidad o la curiosidad de tener en brazos algo tan diminuto, un ser tan frágil.

Honestamente ese momento le llenaba de ansias por el porvenir, aun le costaba creer que iba a ser padre, nunca se lo había planteado como ahora. La sensación de que una criatura se relajara en sus brazos le hacía sentir bien. Veía a sus perros mirar expectantes al ser en sus brazos, por lo que con cuidado, caminó hacia el sofá de la oficina de Obito, dejando así que todos sus chuchos se acercaran a oler por turnos a Satoru, quien no parecía importarle.

– Por cierto, Rin estará de camino… Le mandé una foto tuya con Satoru en brazos hace rato, supongo que querrá verte con una criatura en brazos por sí misma en primera persona. – añadió Obito con gracia yendo hacia la puerta de su despacho para medio cerrarla para que este se ventilara un poco debido al fuerte olor de los chuchos del Hatake. Por no hablar que los zapatos de ambos aun desprendían cierto olor desagradable…

– Supongo que no le habrás dicho nada… – increpó Kakashi con una corta mirada inquisitiva al Uchiha, quien bufó de la risa con la boca llena de cerveza.

– Tío, acabo de decirte que solo le mandé una foto. Ya le dirás lo otro cuando a ti te apetezca, pero solo te aconsejo que lo hagas pronto… Ambas sabemos que ninguno de los dos somos capaces de poder ocultarle nada por demasiado tiempo. – admitió Obito mientras tomaba del cuello a Pakkun para levantarlo con una mano para sacarlo de su silla para poder sentarse.

– Lo sé, tampoco quiero hacerla enfadar más todavía… – respondió el Hatake sin dejar de observar a Satoru permanecer cómodo encima de su regazo, dejando que este apretara el extremo de una oreja de Bisuke sin demasiada fuerza.

– ¿Acaso peleasteis por algo? – cuestionó el pelinegro alzando una ceja, sorprendiéndose cuando Pakkun esta vez volvía a apañárselas para subirse en la silla con él y tomar asiento encima de regazo.

– No, pero obvio algo habré hecho para molestarla. – se limitó a asumir el ex profesor de filosofía.

– O tal vez no. – intentó animar Obito alzándose de hombros después de dar un sorbo más, apartando la lata del alcance del pug del Hatake. – Rin hacía lo mismo conmigo.

– ¿Ella también te dejaba una seca nota para leer informando que se iba a casa de sus padres por unos días? – indagó con algo de gracia el Hatake. – Está actuando raro, pero supongo que con el embarazo, se deba al estrés… O al menos eso afirma.

Tras eso, ambos adultos se quedaron en silencio brevemente. Ninguno de ellos se fijaron que Rin había empezado a subir por las escaleras hacia el despacho, cargando unas bolsas con algo de comida de la que comer entre los tres más un par de cafés bien cargados en sus dos manos. Ella, viendo la puerta abierta, pudo empezar a escuchar partes de la conversación actual…

– Supongo que lo que debo hacer es intentar no darle otros motivos para preocuparla, de la misma manera en la que debo aceptar todos estos errores que cometí y partir de cero con ello para comenzar una nueva etapa. De momento, no quiero que sospeche nada de lo ocurrido hoy en mi trabajo o del por qué de mi dimisión.– comentó Kakashi mientras en su mente se recapitulaban los hechos de los últimos días.

¿Dimisión? – pensó Rin confundida ya llegando al último escalón.

– Creo que se me pasó por alto preguntártelo… ¿Qué harás con el tema de Haruno? – disputó el capitán con cierta curiosidad, finalmente distrayéndose con Pakkun, tocando las almohadillas de sus patas delanteras con gusto.

– No pretendo que nada cambie en absoluto. No tengo ninguna intención de apartarme de ella o de dejarla de lado. – afirmó Kakashi firmemente.

A la Nohara, permaneciendo quieta justo afuera de la oficina del Uchiha, se le removieron las entrañas al escuchar esto por parte de su novio.

– Hasta ahí llego a darlo por sentado, pero lo que sí me parece interesante siempre es ver como se ha solidificado tu relación con esa enana. Es obvio que te gusta, que la quieres y es importante para ti. – dijo finalmente con algo de vacilación cómica para Kakashi, quien se mantuvo callado, para nada sorprendido de que este dijera algo así.

La morena, incapaz de verse predispuesta a seguir escuchando se volteó y volvió a bajar las escaleras en silencio y sin ser vista. – ¿Qué significa esto… Kakashi? ¿Qué quiere decir que te agrada? ¿La quieres?

– Ella más que una simple alumna, también es familia. Así que obvio me va a gustar verla crecer en una formidable mujer todavía más de lo que ya es. – reflexionó el Hatake.

Sin haber escuchado esto último, Rin avanzó deprisa hasta la planta baja para regresar al office donde había dejado, aparte de algo de comida para los demás empleados, su bolso y abrigo con intenciones de salir. Sin embargo, de la nada, antes de que pudiera avanzar hacia la puerta de la zona de descanso, chocó con una silueta que le sonaba.

Este perfume es de… – pensó distraída Rin, tardando en reaccionar cuando se dio cuenta que al chocar, algo de café había manchado la camisa de… – ¿Hanare?

La recluta, al reconocer la voz de la mujer frente a ella, la miró de arriba abajo con molestia.

No debería sorprenderme de que ella también ronde por aquí… – meditó la Rokku con desdén, tomando una servilleta para limpiar un poco la mancha de su camisa blanca. – Rin. Si buscas el resto de tu trio calabera están en el despacho de arriba.

– Ya lo sé… – respondió la Nohara animándose a sonreír levemente, confundiendo a Hanare en sobremanera. Ambas nunca habían congeniado demasiado, sobre todo a sabiendas de lo diferentes que eran en personalidad a pesar del carácter tranquilo de ambas y como no, por ser la recluta la ex de Kakashi, de quien la última también estaba enamorada ¿Anteriormente? Estaría aquí por Kakashi, era muy probable. – ¿Qué haces aquí? ¿Trabajas?

– ¿Realmente esperas que responda a tu cuestionario usual después de que me tirases café encima? – debatió acusatoriamente Hanare tirando la servilleta en la papelera más cercana, encestando fácilmente de una. – Supongo que con el pasar de los años has sacado a relucir con más facilidad tu inseguridad.

– Solo estaba dando conversación… – contestó Rin sin darle demasiada importancia, intentando permanecer educada ante todo. No le gustaba la idea de saber que la ex de Kakashi posiblemente trabajase ahí, Kakashi usualmente colaboraba con Obito en ciertos momentos si se le necesitaba. Esto era otra mala señal… ¿Habría vuelto para conquistarlo?

– No recuerdo que en algún momento fuéramos amigas como tal para conversar ni siquiera de esto y nada, te recuerdo que la experta en interrogatorios y psicología aquí de las dos soy yo, guapa. – interrumpió Hanare sin importar poder controlar tu desprecio hacia la Nohara. – Tampoco veo un cartel donde se me indique que mis asuntos son de tu incumbencia.

Shisui, queriendo hablar con la última sobre la conversación que mantuvo con el jefe hace rato y también por su tarea de hacer el informe policial, se quedó algo aturdido nada más escuchar la conversación entre ambas mujeres desde el otro extremo del office. Al parecer la nueva tenía más carácter de lo que pensaba.

– Han pasado años, Hanare. Lo que pasó en bachillerato fue… – se atinó a decir Rin nada más para verse interrumpida.

– Lo sabía, sabía que nada más verme no ibas a desaprovechar la oportunidad de mencionarlo, Nohara. – interrumpió Hanare cada vez más tranquila, no valía la pena molestarse por lo ocurrido hace años. – A mi ya no me engaña nadie. Te confié mis inseguridades y penas porque en esa época yo apenas tenía amigos… Pero tu de lejos ni me considerabas como tal desde el principio y tampoco hiciste nada para frenar el acoso de los demás por mi físico o porque mi padre tuviese VIH, después de hacérselo saber de alguna manera a los demás. Sabías lo que hacías, tan solo admítelo.

Rin se quedó callada entonces, había escuchado todo, pero ahora mismo le importaba más lo que Kakashi había dicho recientemente. – Debo asumir, que en esa época yo no era valiente y que mi forma de actuar no era la mejor, así que lo siento, pero espero que sepas que yo no dije nada sobre tu padre a nadie. Fue Kakashi.

– ¿Y cómo es que él lo sabía si no se lo dije yo, Rin? ¿Se lo dijiste tú, acaso? – razonó Hanare algo sorprendida cruzándose de brazos, haciéndose a un lado para que otros trabajadores ingresaran al office.

– Es cierto, pero… – intentó decir Rin manteniendo la cabeza cabizbaja.

– No quiero que me des explicaciones. No me es necesario saber el por qué, lo que pasó… Ya acabó… – replicó Hanare seguidamente haciendo un gesto con la mano para frenarla a la vez que negaba con la cabeza.

Podrían haber pasado años, pero interactuar con la Nohara no había cambiado o mejorado nada. No le sorprendió cuando llegó a descubrir por ex compañeros de carrera y academia, en la cual asistió junto a Kakashi, o que el par ahora… mejor dicho, finalmente salían juntos. Era de sospechar que él también la amaba desde antes de salir con él. Finalmente Rin tenía al hombre de sus sueños. Pero ahora hace tiempo que…

– Me da igual todo, Nohara. Aun así, enhorabuena por tu embarazo. – dijo la Rokku con simpleza.

El corazón de Rin dio un vuelco ante esas palabras por parte de Hanare. Si es cierto que en el pasado, siendo una inmadura adolescente recién graduada de secundaria para ese entonces, ver la facilidad de su compañera de clases en cautivar a Kakashi hasta que finalmente durante su carrera académica en común de ambos empezaron a salir, donde ahí también se debía añadir la convivencia en la academia de policía y demás, había sido dura con ella. Si se lo dijo a Kakashi no fue para alejarlo de ella, él entonces la habría visto de mala manera por intentar hacerla quedar mal y tampoco es que le sentara bien hacerlo, pero sabía que siendo amigos, iba a defenderla desatando el secreto. No podía esconder que quería que los demás lo supieran, ya que no le gustaba verla como amiga del chico que amaba. – ¿Por qué culpar a Kakashi entonces?

Si no hacía falta molestarse en recalcar que él estaba con ella, a sabiendas de que ella… Al parecer ya había pasado página. Entonces, ¿Qué era lo que le escocía como alcohol en una herida?

"También me preocupa ¿Sabes? Me perturba la posibilidad de que haya sentimientos de por medio…"

Hanare para ese entonces, le musitó un simple adiós para finalmente alejarse sin más con el fin de regresar a su puesto de trabajo. Sin percatarse de Shisui, que segundos después salió de su "escondite" para mirar hacia la Nohara, la ex de Obito permanecía de pie como una estatua mientras que la Rokku se alejaba.

Las palabras del padre de la Haruno resonaron en su cabeza, haciéndole que de la nada se tuviera que llevar una mano en su boca debido a una arcada, sorprendiendo a Shisui quien se echó para atrás temiendo lo peor.

" Me niego a creerle, Sr. Fuji. Conozco a Kakashi perfectamente."

¿De verdad lo hago? – pensó la morena con los ojos llorosos.

"Él no sería capaz de… De hacer lo que usted implica"

¿Estás segura de ello? – repitió su consciencia sin preámbulos, incapaz de escuchar a Shisui preguntándole si estaba bien por segunda vez.

Rin reconoció el aroma de Kakashi cuando sintió que alguien le colocaba la mano en la espalda para llamar su atención. Al voltearse con los ojos llorosos, el peli gris se sorprendió un poco, no obstante pasando desapercibido de las miradas curiosas y ligeramente sonrojadas de varios fisgones, no lo pensó dos veces y le acarició la mejilla con sus nudillos.

– Ya decía yo que me parecía haberte visto abajo. Deberías estar descansando, Rin… Esta última noche no dormiste casi nada. – comentó suavemente Kakashi finalmente bajando la mano.

Shisui por su lado, alargó sus labios en una fina línea y optó que no pintaba nada quedándose ahí como espectador, por lo que finalmente se escabulló con ganas de dirigirse hacia la mesa de Hanare, lamentablemente no se la encontró ahí ¿Dónde se habría metido?

¿Qué coño haces, Shisui? Tenemos trabajo y ya hemos ganduleando lo suficiente… – se dijo a sí mismo el pelinegro para después sentir como su teléfono vibraba dentro de uno de los bolsillos traseros de sus pantalones. Era Itachi.

Estoy en la morgue. – alzando la cabeza hacia el despacho de Obito, contempló en la lejanía como Izumi se encontraba allí.

Tras guardar su teléfono en silencio en donde estaba, caminó rápido con el fin de unirse a su mejor amigo donde le había dicho. No tardó en encontrarlo, solo que fuera del cuarto donde se encontraba Shin.

– Llevo aquí diez minutos y apenas se ha movido. – comentó Itachi haciendo que Shisui alzara una ceja mientras se colocaba a su lado.

– Con un disparo en medio de la frente me parecería extraño que lo hiciera… – respondió él con mofa.

– Estoy hablando del hermano de Shimura. – implementó sin cambiar su expresión ni seguir la broma de su primo. – Los del laboratorio me han dicho que lleva así desde que despistó a Kimiya y a Suneo para volver a entrar por segunda vez.

– Eso tiene fácil arreglo. – dijo instantes después el mayor de ambos. Acercándose a la puerta para abrirla, Shisui se adentró para colocarse en el lateral de la camilla. – Lo lamento, pero no puedes estar más aquí.

– No pienso irme. – dijo Sai sin molestarse en mover su rostro para encarar al otro pelinegro que acababa de ingresar.

– Pues muy mal. – finalizó el Uchiha levantando el mantel y colocándolo de vuelta encima del rostro de Shin. – Cuidado en como piensas reaccionar, chaval. Puedes meterte en líos.

El primer aviso fue suficiente para frenar a Sai, quien furibundo de no ser por los instintos del tipo que se dedicaba a echarlo, se habría abalanzado a él. Cuando postró sus ojos en Shisui, finalmente le reconoció por las notícias de la prensa. El vídeo en el que se veía a en directo, como su hermano era abatido por el tipo que tenía justo delante.

Cabello corto azabache, ojos amatistas, iguales que el hombre que les observaba desde fuera. Idénticos al Uchiha, eso solo podía significar que estaban emparentados.

Itachi se fijó en cómo el Shimura apretaba fuertemente sus manos en puños.

– Mataste a mi hermano. – afirmó Sai sin mirar a la nada, lleno de ira contenida.

Shisui pestañeó en silencio asimilando el escenario en el que se había metido. Hasta que cuando el menor lo encaró nuevamente, se limitó a soltar aire por la nariz. – Lo hice, sí.

Sasuke entonces bajó por las escaleras junto a Juugo y Suigetsu, quienes alucinaban con el aspecto del centro policial Uchiha más allá de la comisaría.

– ¿Qué te tengo dicho de bajar aquí? – riñó su hermano logrando que el mencionado apenas alzara las cejas con falso asombro. No obtuvo respuesta.

Sasuke solo se había acercado curiosamente, al no entender qué hacían aquí. A decir verdad, algo se lamentaba mentalmente por no haber tomado la bici hoy.

– Espera… ¿Eso es un ca…? – musitó Suigetsu con incredulidad y temor ante lo que veían sus ojos. – Tío, ¿Por qué me trajiste aquí…?

– ¿No es ese Shimura? – interrumpió Juugo con curiosidad, viendo a través del umbral a Shisui y a Sai dentro del cuarto. Ante la mención de su apellido, tanto Sasuke como Suigetsu voltearon a ver si era verdad lo que decía su amigo, el último fue el que más se sorprendió de ambos.

Sasuke rápidamente llegó a la conclusión de que, bajo la sábana blanca se encontraría un pariente de su compañero de clase. Estuvo por preguntarle a su hermano mayor por detalles cuando rápidamente se fijó en cómo el Shimura perdía el control y tras al parecer escuchar unas últimas palabras por parte de Shisui, terminar propinándole un fuerte puñetazo a este último. Cosa que no le agradó ver.

– Ni lo pienses, Sasuke. – intervino Itachi con antelación conociendo la mentalidad actual de su hermano.

El susodicho volvió a colocar su cabeza recta para a continuación voltear a ver a su hermano algo confundido, este había comenzado a caminar hacia la puerta. – Shisui lo tenía previsto.

Arrugando el entrecejo, el menor de los Uchihas presentes tardó varios segundos en llegar a la conclusión de que su primo se había dejado golpear. No entendía el por qué.

– Qué cojones… – musitó el Hozuki a sus espaldas, haciendo que Sasuke se acordara de su presencia. – Nah, este idiota ha perdido la chaveta.

– Mirad de ser algo más respetuosos aquí abajo, al menos si queréis permanecer aquí. – zanjó su hermano tomando el pomo de la puerta y seguidamente abrirla para ingresar a la sala y volver a cerrar detrás de él y a continuación bajar la enorme cortina de la ventana para tener privacidad.

Shisui se había dejado sujetar de la camisa sin temor alguno, entendiendo la rabia del joven por acabar de perder un ser querido de la nada, pero no esperaba que Itachi entonces decidiera entrar.

Encarando al recién llegado, exhalando contínuamente completamente alocado, Sai no se planteó soltar el agarre de ningún modo.

– Dije que no pienso… – empezó de nuevo el Shimura.

– Calla. – interrumpió Itachi sin alzar la voz, pasando el pestillo a la puerta. – Tu eliges chico, por las buenas o por las malas.

Menos de cinco minutos después Sasuke vio como la puerta se volvía a abrir nada más para ver al Shimura ser empujado fuera de la sala por Itachi, quien le dedicaba una mirada seria que en cierta manera se podría definir también como tenebrosa.

Sasuke se fijó en los nudillos manchados de sangre del pelinegro frente a él. Itachi, sin tener que abrir la boca para hablar, le avisó con sus ojos que dejase al Shimura en paz. Pensándolo mejor, lo ideal sería hacerle caso, abalanzarse contra él hubiera sido llamar la atención y buscar problemas impulsivamente. Conociendo a Shisui, sería de extrañar que se dejara golpear libremente sin motivo alguno. Lo más probable era que se tratara de un método para quitarle la rabia de dentro a su compañero de curso. – Supongo que obtendré mis respuestas luego…

– Vamos. – incitó el Uchiha hacia sus amigos para que estos le siguieran. – No hay nada interesante que ver aquí.

Escuchar eso solo hizo que la chispa de odio de Sai volviera a prenderse. Viéndolos irse, dejando que sus ojos comenzaran a temblar, apretó los dientes y formó sus manos en puños hasta que los nudillos se volvieran blancos, sin importar que una de ellas le doliera tras golpear al asesino de su hermano. Mirando la parte trasera de la cabeza de Sasuke, se la imaginó manchada de sangre hasta que esta empapaba toda su espalda…

– Oye Sasuke, dame algo de cambio… – dijo Suigetsu mientras se alejaba con los otros dos. – Vi unas máquinas dispensadoras..

– Siempre andas pensando en comida… – musitó Juugo con aburrimiento.

– ¿No tienes nada más original para decir, Juugo? Te pareces a un loro siempre que saco el tema de comer…

– Pues anda que tú… – rebatió el grandullón con un bufido de risa. – Además, no podrías regatear de Sasuke ni aunque él estuviera inusualmente de buen humor para ello. Esas máquinas son de aquellas que se activan con tarjeta de empleado, no solo con efectivo.

– Pues entonces ¿Qué puñetas hacemos aquí? – se quejó nuevamente el Hozuki haciendo Sasuke suspirar harto de la escandalosa actitud de su colega, optando por mantenerse callado mientras subía las escaleras junto a los otros dos. Juugo simplemente se alzó de hombros.

– Fuiste tú quien se empeñó en seguir como una cría de pato a Sasuke, yo solo te seguí a ti. – contestó el Ryuchi igual que antes.

– Ya que estamos, podríamos denunciar la desaparición de Karin. – declaró el albino nada más obtener esa idea de su cabeza.

– ¿Qué? – dijo Sasuke alzando una ceja.

– ¿Eh? – pronunció a la par Juugo. No sabía si había escuchado bien.

– ¡Si, eso es! – reafirmó Suigetsu nada más para avanzar a los otros dos, subiendo con prisas las escaleras.

– Suigetsu, espera… – pidió su amigo sin aval, este no parecía escucharle, ya encontrándose en la otra punta de las escaleras.

– ¿Podrías elaborar? – solicitó el Uchiha mirando escéptico hacia el Ryuchi, el cual simplemente suspiró.

– Karin lleva días sin aparecer por el campus, tampoco por la residencia. La casera la ha echado de ahí, pero ni aun así se ha molestado en venir a recoger sus cosas. Está actuando raro, Sasuke. Más de lo normal. – explicó Juugo, Sasuke solamente negó con la cabeza.

– Hasta ahí ya lo sé. – meditó el pelinegro recapitulando lo poco que este par le había dado a conocer de la situación con la Uzumaki. – Los dos solamente os habéis limitado en decirme justo esto.

Antes de poder decir algo más, ambos escucharon la escandalosa voz del Hozuki pedirle ayuda a lo que parecía ser la primera persona que se encontró para hallar a la pelirroja. A este paso esto sería un escándalo. Aun así, Sasuke comprobó como Juugo permanecía mucho menos alterado por la desaparición de la Uzumaki como Suigetsu, tampoco podía olvidar de que justo antes había intentado detener al albino.

Nada más llegar dónde Suigetsu, verle hacer señas y hablar como una cotorra endemoniada hasta el punto de hacer que la policía que la escuchaba no entendiera ni un pelo lo que se le decía ya que hablaba demasiado rápido, no se privó de callarle propinándole un chichón detrás de su cabeza. Nada nuevo. – Deja de hacer el tonto, idiota.

– Lo menos que podrías hacer es ayudarnos… – refunfuñó el Hozuki acariciándose la zona del golpe notando como esta escocía hasta tal punto de sentir una lágrima formarse en uno de sus ojos.

– Qué necesidad hay si Juugo parece que sabe dónde está… – lo calló el pelinegro con poca paciencia. Eso logró silenciar al albino mientras que Juugo suponía que la vena perspicaz del Uchiha pronto se iba a dejar ver, a no ser que Sakura ya se lo hubiera dicho, pero entonces no tendría sentido que le hubiera mencionado a él de esta manera.

– ¿Qué? – manifestó finalmente el Hozuki una vez asimiló las palabras de Sasuke. Una ventisca les despeinó la cabellera a los tres, en lo que el primero negaba con la cabeza sin poder creerlo volteó a ver a Juugo. – ¿Qué quieres decir?

– Mira, Suigetsu… No se que le ha pasado, pero sé dónde está y que al parecer, se encuentra bien. – explicó el Ryuchi exhalando con liberación al admitir esto a su amigo.

– ¿Y cómo lo sabes? – indagó Sasuke con las manos en los bolsillos de su sudadera.

– ¡Eso! ¿Quién te lo dijo? – insistió Suigetsu algo molesto por descubrir esto justo ahora, pero eso era lo de menos.

Juugo se limitó a observarlos a los dos en silencio sin saber qué decir. Por un lado, retratar a la Haruno como alguien de no fiar se justificaba por que él no sabía nada de lo ocurrido, pero por otro lado, al parecer Karin le había dejado a la pelirrosa ayudarla, sumando según sus propias fuentes… Que llevaba varios días en su casa…

– Juugo… – avisó Sasuke con algo de recriminación.

– Vale, de acuerdo. Deja de mirarme así Suigetsu, te vuelves vizco cuando te da ansiedad… – se quejó Juugo para finalmente bufar. – Está en casa de tu novia.

Mirando hacia Sasuke, este se llevó la cabeza hacia atrás ante tal novedad.

– ¿Estás seguro? – cuestionó el Hozuki aun con dudas. Ante esa pregunta absurda, Juugo puso los ojos en blanco.

– Ella misma me lo dijo. – dijo Juugo exhalando y echando la cabeza para atrás.

– ¿Quién? – preguntó Suigetsu frunciendo sus labios y mirando acusadoramente al Ryuchi.

– ¿Me lo preguntas en serio? – contestó este último sin poder creer tal pregunta tan innecesaria..

– ¡No te cuesta nada responder! – implementó escandalosamente el albino haciendo un gesto con ambas manos. – ¿Karin te lo dijo?

– ¿Me estás diciendo que Karin se encuentra en casa de Sakura? – interrumpió el Uchiha arrugando el entrecejo confundido.

– Sí, quiero decir no… Y si. – habló Juugo sin saber que su respuesta confundió a los otros dos todavía más.

– ¿Si, no qué? – batalló Suigetsu sin encontrar las respuestas que buscaba.

Bufando aire, Juugo bajó los hombros con desánimo y cansancio para seguidamente girar empezando a alejarse de las escaleras de la puerta de comisaría. A veces era hablar con una gruesa pared.

– Para recalcar, Sakura fue quien me dijo que Karin ¿De acuerdo? Ka-rin U-zu-ma-ki se encuentra en su casa. – explicó el grandullón como si estuviera hablando con unos niños de parvulario. Solo le faltaba la batuta de madera…

– ¿Por qué está ahí? – preguntó el Hozuki con enfado, paseando su mandíbula inferior por encima de la superior con enfado en una mueca graciosa.

– No lo sé. – respondió él.

– ¿Qué hace ahí? – preguntó ahora Sasuke distraídamente con su usual expresión seria.

– Ni idea. – sumó Juugo apoyándose en la barandilla de hierro pegada al suelo. – Básicamente os he dicho todo lo que sé o mejor dicho, todo lo que Haruno ha estado dispuesta a decirme.

– ¿Por qué no me lo dijiste, tío? – instigó Suigetsu con enfado. Estaba dolido. Su amigo se sintió culpable…

– Lo hubiera hecho una vez en la residencia, pero no contaba que ibas a hacer este papelón en una comisaría. – explicó Juugo con parsimonia. Le estaba diciendo la verdad. – También estuve por decírtelo en el descanso, pero ella ya se había ido antes de que pudiera insistir de dónde estábamos y presionarla. Tras la llamada de la casera.

Indicó mirando hacia Sasuke quien le escuchaba atentamente al igual que el Hozuki.

– ¿Haruno era a quién buscabas antes? Parecías querer matar a alguien, ahora entiendo porque frenaste en la puerta del aula de Sasuke… – asumió un poco más relajado el albino.

Entonces se puede suponer que se marchó con prisas a casa por algo referente a Karin… Algo ha ocurrido. – asimiló el Uchiha para sí. También era probable que lo que le ocurrió pudiera tener que ver con la pelirroja.

– Sakura podría haber tardado más en deciros dónde está, pero no fue así. – dijo Sasuke finalmente con la mirada seria hacia el suelo, manteniendo la misma postura. – Incluso podría haber elegido no dejar que Karin pisara su apartamento después de todo, pero sinceramente de hacer esto no estaría siendo ella. Mi novia no está tan resentida con Karin como podréis pensar…

– Lo sé, Sasuke… – concedió Juugo asimilando que el pelinegro le recriminaba su posible actitud con la pelirrosa.

– No te culpo. – contestó este último por consiguiente, entendía a Juugo a pesar de estar del bando de su chica. – Aun así, prefiero aconsejaros que os preparéis mentalmente.

Suigetsu apretó la mandíbula mientras que Juugo solo pestañeó expectante. Ambos a pesar de suponer que el pelinegro les decía eso con el afán que sus simples palabras ya decían, era obvio que también quería hacerles suponer que algo grave tenía que haberle sucedido a la Uzumaki para desamparar su ausencia no solo en la residencia, también en el instituto, aunque fuera estas de corta durada…


Ume estudió en silencio a Naruto, quien sentado al lado de su hija, se encontraba curioseando visiblemente incómodo su entrecot acompañado de vegetales y puré. El chico parecía un despistado y de baja clase, pero por educación optó por no decir nada, de momento… Por más que tuviera más de veinte comentarios a los que criticar sobre su porte y actitud nada más conocerle. Este tampoco parecía comprender las normas de etiqueta al comer y por no hablar de su olor corporal, su sudor se olía hasta dónde ella estaba sentada.

Entendía la fijación de Shion por él, siempre había tenido interés por chicos parecidos a este muchacho en particular, ojos azules, cabello rubio o tirando a ese color, natural o no. Sin embargo, era la primera vez que esta traía uno a casa, como amigo.

Tomando un sorbo de su copa de vino, observó la conversación entre ambos con discrepancia. ¿Para qué negar que estaba más molesta con su esposo que por el hecho de que un desconocido hubiera cometido el error de dejar dulces al libre albedrío y frente de su hijo menor? Lo supiera este o no…

¿No hay niños con clase en ese maldito instituto? – se quejó la Fuji volviendo a dejar su copa donde estaba con un golpe seco y seguidamente tomar la servilleta de su regazo, para seguidamente dejar que una empleada le retirara su casi vacío plato de ensalada como entrante.

– Dime Naruto ¿Tienes planes para el futuro? ¿A qué universidad piensas ir? – cuestionó Kizashi observando como el mayordomo le servía algo más de vino en su copa para seguidamente erguir esta y girar con fascinación mientras observaba la bebida girar en un remolino.

Nada más escuchar su nombre, Naruto quedó con la boca abierta con su tenedor a medio llegar de esta lleno de comida. No esperaba esa pregunta para nada, hasta ahora solo había escuchado a Shion hablar con él. No sabía qué decirle, porque nunca se lo había preguntado en realidad.

– Pues, en realidad… – empezó el rubio bajando su vista a su plato.

– De seguro tienes un objetivo en mente, joven. Se te nota. ¿Te planteaste en la carrera de política o negocios? Puede que se te de bien… – habló el padre de Shion consiguiendo animar un poco al Uzumaki muy para la alegría de Shion, el segundo parecía incluso sorprendido.

Seguir los pasos de su padre, a decir verdad, no se le había pasado por la cabeza… Los estudios no eran su interés actual y mucho menos su fuerte.

Kizashi cruzó miradas con su mujer, percatándose de la expresión agria y escéptica que esta le dedicaba ante su comentario. Obviamente no estaba de acuerdo.

– ¿Y bien? – persistió Kizashi no queriendo mantener una riña silenciosa de miradas con ella por el momento, aunque estaba convencido que una vez en su habitación ambos tendrían una charla seria, no solo por lo del dinero, también en cuanto a su invitado y su pequeño grave error no intencionado.

– No he valorado mucho las diferentes opciones que tengo… – dijo Naruto con esperanza a que lo que insinuaba no delatara su falta de conocimiento sobre el tema.

– Ah, supongo que te refieres a qué no sabes qué universidad es la mejor… ¿En la escuela no os enseñan esto? – indagó el padre de Shion con tranquilidad finalmente alzando la copa hacia su boca para dar un trago que le sentó de maravilla. – De no encontrar ninguna que te guste aquí siempre puedes ir a una extranjera, lo que no sería dificultad, en Konoha Gakuen se me hizo saber que estudiáis inglés toda la secundaria.

– Naruto es muy modesto y no te ha dicho que es el ganador de la beca universitaria de nuestro año, papá… – dejó caer Shion oportunamente con una sonrisa animada, invitando a Naruto a hacer lo mismo más optimista. – Ya sabes ¿Esa que se te mencionó antes?

– Oh vaya, haberlo dicho chico… Felicidades. – declaró su padre levantando la copa nuevamente para brindar por él. – Eso es algo de lo que sentirse orgulloso…

Ahora es el momento… – pensó Shion para sus adentros. – Hoy también es su cumpleaños ¿Sabes?

– ¡No me digas! ¡Felicidades, otra vez! – añadió Kizashi efusivamente, haciendo una seña al mayordomo que le llenara la copa a todos. Lo que implicó que todos tuvieran que brindar. – Vas a celebrarlo ¿Supongo? Cumplir los dieciocho siempre se siente diferente ¿No crees?

– Yo también esperaba que se organizara algo, pero al parecer todos sus amigos no le han planeado nada que yo sepa… – rondinó la rubia con cierto desdén bien escondido bajo falsa desilusión.

– Siempre podrías encargarte tú de hacerlo, hija… – propuso Kizashi alzándose de hombros, justo consiguiendo que una sensación de orgullo llenara a su hija.

– … – Naruto no sabía qué decir realmente. Se sentía algo mal después de ese honesto y directo comentario por parte de su anfitriona en cuanto a sus amigos no celebrando su cumpleaños con él. Tampoco es que pudiera hacer mucho, ahora que también se había quedado sin teléfono gracias a Sasuke…

– ¿Podría? Se podría organizar en casa… – propuso Shion, esta ya estaba celebrando mentalmente al ver a su padre asentir pasivamente.

– No veo por qué no. – concedió este con una sonrisa mirando a su hija animarse y juntar las manos a una de sus mejillas. Ya se la imaginaba dando brincos como cuando pequeña, eso le traía recuerdos de hace años.

– Kizashi. – frenó su mujer seriamente. Cuando su marido la miró, este no la dejó terminar a pesar de poner su expresión de estar en desacuerdo más claro que el agua.

– Cariño, confiamos en nuestra hija lo suficiente para que organice esto. Deja que haga lo que quiera. Además, este fin de semana deberíamos hacer algo para consentir un poco a Sakumo. – distrajo su marido dejándola con una mirada acusativa y silenciosa.

Esto es el colmo… – dijo Ume mentalmente resignándose a torcer la boca y optar por mantenerse callada y dedicarse a proseguir con su cena.

– ¿Es demasiado justo hacerla este fin de semana? – cuestionó su hija.

Ante esa idea Ume no hizo más que empezar a cortar la carne en su plato con más fuerza de lo necesario, haciendo que los cubiertos hicieran chirriar el plato incómodamente debido a la velocidad en que los usaba. Esa furia incomodó a la mayoría de los empleados que atendían la cena.

Los minutos fueron pasando y sin darse cuenta, muy para la poca satisfacción de la madre de Shion y Sakumo, esta no pudo ir más lenta. No ayudó que su esposo e hija se pusieran a hablar de, al parecer, la susodicha fiesta para ese maleducado individuo. Se había hecho bastante tarde y la impaciencia brotaba en las venas de la sien de la madre de Shion, al ver que el Uzumaki se entretenía en la entrada y proseguía todavía en su casa. No veía la hora en que él se fuera, afortunadamente parecía que estaba en ello.

– ¿Se le ha dado ya su abrigo? – preguntó Ume acercándose por el pasillo hasta el genkan de su hogar. Dónde estaba parado el rubio en silencio.

– ¿Eh? – musitó despistadamente Naruto girando su cabeza con ambas manos entrelazadas detrás de su cabeza. Se encontraba distraído mirando un cuadro abstracto en el tocador de la entrada.

– ¿Mi abrigo? – al principio el Uzumaki pensó que estaría hablando del regalo que le hizo Shion, aunque enseguida el paradero desconocido de la gabardina de su padre le llegó a la mente… ¿Dónde la había dejado? No podía perderla… Mierda… – No traje.

– Allá usted. Ábranle la puerta. – ordenó Ume cruzándose de brazos, dejando cada mano debajo del codo del brazo contrario.

La empleada a quien se le dirigió la mirada obedeció al instante, manteniendo los ojos cerrados y la cabeza al frente. Era mejor no objetar ni intentarlo o se llevaría otra reprimenda.

– Es algo tarde, le deseo buenas noches. – se despidió escuetamente la mujer, indicando con una simple seña a Naruto, la puerta abierta para que la cruzara cuanto antes.

Algo sorprendido y extrañado a pesar de que su instinto le hacía recordar su niñez ante los gestos de la mujer con él, pensó que sin teléfono y ni idea de dónde estaba, ya que le habían llevado en coche, estaba sin opciones de cómo ir de camino a casa. Ni siquiera si habría incluso alguna estación de autobuses o de tren aún abierta para regresar, como la madre de su amiga le había dicho… No eran horas.

– ¿Realmente esperas que el muchacho sepa cómo volver a casa al venir hasta aquí en coche, amor mío? – comentó con sarcasmo Kizashi llegado a dónde ellos con las llaves del coche colgando en los dedos de su mano, a su lado, le seguía Shion, la cual traía una bolsa con ella.

– Teniendo la edad que tiene, seguro debe ser lo suficientemente responsable para regresar de dónde viene por su cuenta. – respondió Ume con una sonrisa falsa y cordial a la vez.

– De ser más temprano no te diría que no, además, me interesa tener una charla con él a solas. Vamos, joven… – invitó Kizashi ya mirando como la misma empleada que estaba en la puerta le sacaba los zapatos limpios y se los dejaba en el suelo para su fácil colocación.

– Toma Naruto, son las sobras de la merienda. – dijo Shion algo sonrojada y feliz de verla con la bolsa de su regalo para él, también por saber que le había gustado el gesto. No pudo evitar ponerse colorada como una fresa cuando el Uzumaki le sonrió como siempre.

Segundos después los dos hombres cruzaron la puerta y se pusieron en marcha hacia el coche todavía aparcado afuera. Acto seguido la madre de Shion, le dijo a la empleada que cerrara la puerta. Volteando a ver a su hija, colocó los brazos para dejarlos cruzados de manera normal.

– Tras la dichosa fiesta, no lo traerás más a casa. – recalcó Ume a su hija, quien enseguida cambió su expresión a una de alteración y confusión.

– Pero… ¡Mamá! – se quejó ella con indignación.

– Te lo prohibo. ¿Queda claro? – añadió su madre con decepción y estrés. No le gustó no recibir respuesta alguna por parte de su hija, esperaba que obedeciera. – Shion.

– Naruto me gusta… – admitió honestamente la menor, escuchar esas palabras tan diferentes a las de su padre la ofuscaban.

– También te gustaban muchos de tus otros y diversos caprichos para que enseguida te cansaras de ellos como si no fuera la cosa. Tu caballo tiene más modales que este crío, el cual te recuerdo que hace más de un mes que ni te acercas ni para darle de comer a la hípica Inuzuka. – habló su madre con desdén en lo que su hija tragaba saliva. – Por favor, hija… Sube tus estándares y revalora tus prioridades como la chica de sociedad que eduqué.

– Apenas tendría amigos de no ser por él… – señaló Shion bajando su tono de voz, manteniendo la cabeza gacha con decepción y demás emociones.

Sakumo, escondido en el rellano del segundo piso, aferrado a la barandilla oscura de la escalera, jugó con su labio en lo que asimilaba las palabras tanto de su madre como de su hermana. No podía evitar sentirse mal por su la última, sabía lo que era no tener amigos, por más que ella si tuviera la suerte de poder ir a la escuela.

– Los tendrías si hicieras el esfuerzo de mantener algún pasatiempo digno de tu categoría, mantengo lo dicho Shion. Con los de su nivel, ni se te ocurra. Olvídate. – finalizó Ume severamente. – No hay más que ponerte de ejemplo a tu padre con ya sabes quien, sumando la existencia de ese engendro maldito. Quien no trae más que problemas.

Separándose de la barandilla, el pequeño Fuji apretó contra sí su muñeca favorita para finalmente caminar tristemente de regreso a su cuarto nada más volver a oír esa palabra.

– No traerás más errores en esta casa. – recalcó ella con poca finura.

– Estoy enamorada de él. – admitió Shion despreocupadamente. Sin esperarse una bofetada directa a su mejilla por parte de la misma.

– Entonces tienes tres tareas pendientes. La primera, empezar a ser más inteligente y recapitular todo lo que acabo de decirte. – resumió Ume a estas alturas con poca paciencia. Le estaba empezando a doler la cabeza nuevamente y a estas alturas ir de nuevo al balneario sería ya puro dramatismo. – La segunda, recordar que tu padre no es el único que manda en esta casa. La tercera y más crucial, … Desenamorarte.

Tocando su mejilla, la cual había quedado algo roja tras el golpe, Shion se quedó muda con los ojos húmedos. Hacía tiempo que su madre no le alzaba la mano, ya que optaba por no desobedecer usualmente, por norma. Estaba claro que lo que pudiera haber ocurrido hoy, la había enfurecido lo suficiente como para hacerla ser así, normalmente solían llevarse bien. Sin embargo, no podía evitar cuestionarse qué culpa tenía Naruto en esto… ¿Qué culpa tenía ella?

Ume no vio la lágrima escurridiza que cayó por la mejilla de Shion, dado a que comenzó a alejarse girándose hacia las escaleras. – Véte a la cama. Buenas noches.

La Fuji menor no le respondió, pero a su madre le importó demasiado poco. Ya tuvo bastante por un día.

Dentro del coche, Kizashi soltó una sonora carcajada ante la reciente anécdota que su acompañante acababa de explicarle. Estaba en lo cierto, el rubio gozaba con ciertos dotes que lo diferenciaban de la mayoría, el más obvio, su facilidad en hablarle a desconocidos que iba bien compaginado con una gran cantidad de carisma. En cierto modo le recordaba a él de más joven, incapaz de controlarse a la hora de hablar y de bromear.

– Gracias por llevarme a casa y por la cena. – agradeció Naruto después de que el padre de Sakura calmara su risa.

– No fue nada, ya era hora que mi hija trajera amigos a casa. Es la primera vez que lo hace, a decir verdad. Con la fiesta puede que esto incluso mejore. – valoró el Fuji manteniendo los ojos en la carretera. – No te preocupes por lo de Sakumo, es de suponer que no supieras lo de su enfermedad. Tampoco es un tema del que hablamos demasiado en casa. Por suerte no fue más que un susto. Mi mujer lo sobreprotege demasiado, puede que más que yo…

– Se parece mucho a Sakura… – soltó el Uzumaki recordando el aspecto similar en ambos.

– Debo reconocer que sí. – contestó el Fuji como si nada. – Si le hubieras conocido meses atrás tal vez no pensaras lo mismo, le ha crecido mucho el cabello. Se parecen incluso en personalidad o al menos eso creía, cuando era pequeña Sakura era tal cual. ¿Cómo está ella por cierto? ¿Sabes por qué se saltó las clases y a dónde fue?

– La verdad es que no, pero Sasuke seguramente lo sepa… – refunfuñó el rubio con irritación por lo ocurrido en el campus.

– Ah, si… Su novio. Es algo huraño. – comentó pasivamente Kizashi poniendo el intermitente tras volver a pisar el embrague cuando un semáforo se puso en verde.

No es solo eso… – asumió mentalmente Naruto a regañadientes. El muy sádico había hecho que quedara en evidencia. No esperaba que este supiera lo de sus líos con varias chicas en los moteles, no es que le importara, pero ese comentario se lo pudo ahorrar.

– ¿Y cómo son los profesores allí, hm? Mi hija apenas habla de estos temas por más que le pregunte, es obvio que no le interesa y a diferencia de ti, no sé si llegará a asistir a la universidad… ¿Cómo es tu tutor, bueno? ¿Os lleváis bien? – cuestionó nuevamente Kizashi disimulando ajustar la cámara encima del retrovisor panorámico como si nada, la cual ya estaba encendida desde el comienzo del viaje.

– Bueno, Kakashi es un tío cojonudo… Le conozco desde que empecé la secundaria. – empezó el Uzumaki alzándose de hombros con una sonrisa de suficiencia. Sobre temas así podría hablar por horas. – Me ha salvado de muchos castigos severos a lo largo de los años que lo tuve como profesor de varias asignaturas.

– ¿Y qué hacíais allí con él precisamente? Me resulta algo extraño… – preguntó él intentando sonar lo menos indecoroso posible.

– Pues nada, a los tres nos castigaban hasta tarde. Bueno, a decir verdad más a mi y a Sasuke que a Sakura, a ella de alguna manera terminábamos involucrándola, lo que usualmente terminaba ganándome un buen chichón por su parte a modo de riña. – explicó el rubio mirando el techo del coche distraídamente, recordando esos momentos con facilidad. – Kakashi solo se encargaba de vigilarnos leyendo sus novelas porno mientras nosotros realizábamos el castigo que nos tocara, hasta que después nos acompañaba a casa a cada uno.

– ¿Os acompañaba a casa, de verdad hacía falta? – insistió ante esa información el Fuji con una leve sonrisa enigmática.

– La verdad es que no se porqué lo hacía, pero más de una vez incluso los tres nos hemos encontrado con que se adentraba en casa con nosotros por varios motivos. – siguió argumentando el rubio. Muy en el fondo, debía reconocer que para Sasuke y él, sí los llevaba a ambos a casa, era para que de alguna manera por su cuenta o en compañía, no se metieran en problemas a esa hora. Se responsabilizaba con llevarlos a sus respectivas casas y de requerir algo de ayuda, como por ejemplo arreglar una ventana o desatascar alguna tubería o lo que fuera, él se encargaba… Con Sakura, debía ser más de lo mismo. Nada interesante o nuevo. – Al principio me parecía raro ¿Sabes? Kakashi en aquél entonces no nos había explicado nada sobre él.

– Ya veo… Y dime, Naruto… ¿Todos los profesores de este campus se comportan igual que él? – indagó el Fuji arrugando el entrecejo con una mirada fría hacia Naruto, quien no le miró de regreso. Mejor.

– Que yo sepa no. Tal vez Iruka, pero a él le conozco desde antes de secundaria inicial, ya que venimos del mismo barrio y tenemos historias similares. – aseguró el rubio con franqueza.

– Lamento hacerte tantas preguntas sobre… – dijo Kizashi entonces.

– Eh, lo entiendo, quieres acercarte a Sakura ¿No? Puedo ayudarte, de veras… – propuso Naruto con una sonrisa de oreja a oreja.

– Muy amable por tu parte. – respondió entonces el padre de la Haruno mirando brevemente hacia la cámara. – En verdad ya los has hecho…

– Cuéntame más, Naruto… Me gustaría de alguna manera sacar provecho estos diez minutos que nos llevará llegar hasta tu casa para saber más de mi hija todo lo que pueda, si no te importa, ya que no conozco a nadie que sea tan cercano a ella como tú y no sé a quién preguntar. – terminó por decir el patriarca mientras se detenía nuevamente frente otro semáforo.

– ¡Claro! – contestó efusivamente el rubio.

Poco después, Kizashi detuvo el coche en la calzada frente a una típica casa japonesa de dos pisos. Las luces de abajo estaban encendidas, indicando que la familia del rubio parecía estar adentro esperándolo.

– Gracias por traerme a casa. – dijo Naruto ya fuera del vehículo tras cerrar la puerta e inclinarse para hablar mejor con Kizashi.

– No fue nada, espero que te lo hayas pasado bien. – se despidió el padre de Sakura con una simpática sonrisa. – Los amigos de mis hijos siempre seréis bienvenidos a casa. Ah, antes de que me olvide, toma.

Después de verle sacar un papel pequeño de su bolsillo pectoral de su americana, Naruto comprobó que se trataba de un número de móvil. ¿Cómo le decía al hombre que se había quedado sin teléfono? – Sakura no me contesta las llamadas y ya que es tu amiga, de ocurrir algo… Siempre estará bien que alguien me contacte si ocurre algo grave. Para lo que sea. Bueno, es un poco tarde, Uzumaki… Deberías entrar a casa o te vas a resfriar. Buenas noches.

Quedándose con la boca abierta y viéndose interrumpido por la ventana del coche que daba hacia él, no le dio tiempo a despedirse cuando el coche arrancó y volvió a ponerse en marcha, pero alzó la mano a modo de adiós brevemente tras guardar la nota en los bolsillos de su pantalón de uniforme y seguidamente cruzó la puerta del muro que rodeaba la casa de Jiraiya con el fin de llegar a la entrada principal.

Ahí en los piés de esta última, vio que se encontraba una caja. Mejor dicho un paquete para él, lo raro es que había solo escrito que era para él y era fácil darse cuenta de que lo habían preparado con prisas ante la enorme cantidad de cinta adhesiva. No había dirección o sello, lo que significaba que lo dejaron ahí sin querer ser vistos. Era aún más extraño que su padrino no lo hubiera visto.

Una figura encapuchada, sacó su cabeza detrás del muro para ver como el rubio se agachaba para recoger el presente que había dejado, aunque enseguida volvió a esconderse cuando este último se giró por inercia. No debía ser visto, así que la persona misteriosa se marchó con prisas de allí.

Nada más ingresar dentro, entreteniéndose en abrir la caja con prisa e impaciencia, un fuerte golpe encima de su cabeza hizo que su "presente" cayera al suelo.

Se trataba de Jiraiya, quien acababa de arremeter con el periódico enrollado con fuerza bruta. – ¡Auch! ¡¿Por qué?!

– ¡¿Cómo qué por qué niñato desconsiderado?! ¡¿Cómo te atreves a no llamar y volver a casa tan tarde?! Ni un mensaje, nada… ¿Sabes el susto que llevo encima por tu culpa? – dijo escandalosamente el Goketsu sin privarse de darle un par de golpes más en la misma zona, haciendo que el rubio tuviera que ocultarse la zona. – Si crees que te vas a librar de una reprimenda más tarde por la mañana, te equivocas… Ya no es tu cumpleaños. ¡¿Dónde estabas?! ¡¿Estás bien?! ¡¿Cenaste?! ¡He llamado casi a todos tus amigos!

Sobándose con dolor su cabeza con una mueca, el Uzumaki optó que lo mejor sería explicarle todo.

– Mi teléfono está roto. – simplificó el ojiazul todavía molesto. – Sasuke lo estampó contra el suelo. He estado en casa de la hermana de Sakura y cené allí.

– De acuerdo, de esta te libras. – aceptó Jiraiya creyendo su relato lo suficientemente convincente para que tuviera sentido. – Mañana hablaré con Itachi.

– Ni te molestes. – respondió el Uzumaki con falta de interés mientras avanzaba por el lado de su padrino. No quería que se sacara el tema de lo que él precisamente hizo antes para que el pelinegro reaccionara así. – Yo le provoqué.

Ante esa información, se ganó otra colleja más igual que antes nada más sus hombros rozaron.

– ¡Deja de golpearme!

– ¡Pues deja de meterte en líos!

Ya en su habitación, dejando a Jiraiya más calmado, saboreando las sobras de su merienda a modo de segundo postre, Naruto tiró el paquete encima de su escritorio para seguidamente desbloquear su ordenador donde las ventanas de sus redes sociales se iniciaron. Solo Shikamaru y Chouji le habían escrito un mensaje para saber de su paradero, nadie más.

¿Habrá Jiraiya llamado a casa de Sasuke? – lo ponía en cuestión, pero no podía recriminarle por ello si su ausencia le pudo haber hecho pensar que se había posiblemente metido en algún lío con el susodicho, de alguna manera, nuevamente. Algo que en sí ya era algo verdad. – Maldito bastardo…

En la soledad de su cuarto, llegó a la conclusión de que al ser un fin de semana que coincidía con su fecha de nacimiento, al haber regresado hace poco de Hokkaido, obvio hubiera agradecido celebrarlo con todo el mundo, pero no. Sai había desaparecido de la nada y rápidamente tras la última hora, el Nara y el Akimichi le dan plantón y del resto mejor no hablar, sobre todo del Uchiha. Debía aceptar que la tarde hubiera sido mejor pasándola junto al resto también, pero Shion se encargó de animarle y lo consiguió, a ratos. A pesar de sentirse como un pez fuera del agua en esa mansión. Además, no le diría no una buena fiesta a su nombre por su cumpleaños…

Regresando la mirada al paquete ya semiabierto en su mesa, resopló y se dedicó a terminar de abrirlo con la ayuda de unas tijeras de su reposa lápices.

Dentro de este había otra caja, esta vez blanca y a decir verdad, estaba abierta. Agrandando los ojos como naranjas, se topó con un teléfono móvil de última categoría. Sacándolo, vio que este ya estaba abierto y junto al cargador y auriculares que venían de por si con este, también se encontraba pegada una nota amarilla.

Incorporándose de la silla en lo que acercaba la caja más cerca de su cara para comprobar si había leído bien, pestañeó varias veces. Una sonrisa boba se manifestó en sus labios mientras que a la par, se le aceleraban los latidos de su corazón.

"De: Sakura" leía la nota. Aunque la felicidad fue frenada cuando de su teléfono, el cual curiosamente tenía ya su propia nueva tarjeta sim y estaba abierto con la batería al 20%, escuchó como a este le llegaba una notificación.

Era un número desconocido y se estaba dirigiendo a él.

Hola, Naruto.

Ei ¿Quién eres? – preguntó el ojiazul extrañado, la respuesta no tardó en llegar.

Sakura ¿Quién va a ser?

Ya más lejos del barrio donde residía cierto rubio, la persona desconocida de antes se bajó la capucha para dejar ver a Kin, la cual una vez llegó a su casa nuevamente, sin acaparar la atención de su padre todavía dormido frente al televisor del salón, subió a su habitación como si no se hubiera ido hace pocas horas, encontrando dentro de la misma a Zaku acaparando su cama despampanantemente.

La ventana de su cuarto estaba ajustada, al ver que el Abumi se encontraba fumando libremente sin importarle su reacción, corrió a abrir la primera a pesar del frío de afuera.

– ¿Qué quieres? – musitó algo incómoda y temerosa la pelinegra. Tras la paliza que Zaku le dio, se acojonaba a cada movimiento del mismo. No importaba que su padre estuviera abajo.

– Asegurarme que hiciste lo que te pedí antes, obvio. – respondió él prendiendo su encendedor al tercer intento para mantener su polilla encendida, sacando humo por la nariz, se retiró el objeto que sujetaba entre sus labios y finalmente encaró a Kin.

– Toma. – concedió la misma sacando su teléfono y lanzándolo encima de la cama cerca del pelinegro. – El muy idiota lleva enviando mensajes desde que musité a Haruno…

– ¿No te molestaste en responder? Que sosa… – comentó con burla el Abumi leyendo el contenido de la ventana de chat. – Al parecer te creyó a la primera, de verdad… Sí que es palurdo.

– Ya, no me apetece charlar con ese chimpancé de cabello floreciente, no encuentro la gracia. – habló Kin con aburrimiento.

Por más que el ingenioso insulto hacia el Uzumaki le hiciera cierta gracia, el Abumi se picó al escucharla decir esas palabras. – Y yo que pensaba que querrías vengarte de la puta de Haruno…

La pelinegra se tensó al oír el apellido de Sakura. ¿Lo sabría? ¿Habría descubierto que la pelirrosa sabía que la pelirroja estaba preñada y demás? Los vídeos… – Ya sabes ¿Por ridiculizarte con Tayuya, por chivarle que nos liamos?

Si lo que Sakura dijo esa vez era verdad, se podría claramente afirmar que se auto delataba a sí misma cometiendo agresiones, incluso cometiendo dos en el mismo día, sumando la mención de Zaku… Anteriormente, le habría dicho sin temor alguno, pero últimamente… Con su última reacción con ella, se le había agudizado el temor hacia él. A pesar de que lo que había en esos vídeos, le preocupaban más. – Tal vez sea mejor no decirle… Al parecer sigue obsesionado con ella.

Sabía de antemano que Zaku estaba haciendo pasar esto cómo "favor" nada más para lo de siempre, cobrar deudas después. Era su típica manera de comprarla, de obtener su perdón, como si quisiera que lo tomara como disculpa. Compensando a todos siempre y cuando él obtuviera lo que quisiera, de tener suerte…

Fuera cual fuera su plan ahora, no podía dejar de pensar en lo que podría pasar de seguir los pasos de Zaku otra vez. Tal vez su padre tenía razón, tal vez se había dejado llevar por lo que sentía por él consiguiendo que así él hiciera con ella lo que quisiera. Había estado siendo leal, para nada más pagarlo con ella y aun así, seguía aferrada a él. Sus sentimientos por él no se iban.

– Antes preferiría vengarme de esas cabronas que hiciste que se encargaran de Uzumaki, a quien preñaste… – escupió con recelo la Tsuchi. No sabía cómo mirar a la cara al Abumi al haber descubierto ese peculiar detalle como lo hizo… ¿Haría lo mismo con ella, Tayuya o hasta Ha… ?

– ¿Qué te impide usar al chimpancé rubio para matar dos pájaros de un tiro? – le susurró Zaku contra la oreja, haciendo que la idea entrara en su mente fácilmente, en lo que aprovechaba para dejar su nuevo móvil, idéntico al suyo anterior que ahora estaba en posesión del primero. De Naruto.

Sus pensamientos desaparecieron y dejaron su mente en blanco cuando el pelinegro acercó su boca hasta su cuello para comenzar a esparcir besos por la zona. Cerrando los ojos, se dejó besar y tumbar en la cama en silencio, con el corazón latiendo a mil por hora.


Sábado por la mañana, en la residencia Uchiha todos dormían salvo el nuevo integrante de la familia.

Itachi e Izumi despertándose al instante de escuchar a Satoru llorar de nuevo ni más ni menos que cuarenta minutos después de volver a su cuna, ambos suspiraron. Antes de que Izumi se llegara a incorporar del todo, su futuro marido ya estaba de pie fuera de la cama.

– Fuiste antes, puedo ir yo… – sugirió la morena mientras bostezaba y se estiraba, de todas formas, por la hora que era, sería ideal levantarse. ¿Cuánto había dormido? Estaba claro que no lo suficiente, como Itachi…

Cada dos por tres se despertaban de no ser por llantos, tos y demás de Satoru, al ser todavía una criatura susceptible sus instintos hacen que los dos estuvieran controlando todo. La verdad es que su hijo había hecho un cambio muy repentino, habían cambiado mucha de la ropa antigua de Sasuke de bebé, por otra más actual, entre muchas otras más, pero fuera de eso, eso no eran más que consejos por la pediatra.

Por desgracia tuvieron que deshacerse no sólo de ropa, también de muchos utensilios antiguos como muebles de bebé. Al parecer contenían termitas al ser de madera y casi provocan una infestación.

Al mes y medio de vida de su primer hijo, Izumi se había percatado al igual que el resto de los de casa, que Satoru prefería tomar el biberón no solo a ciertas horas, también en cierta postura. No le gustaba ser llevado por la espalda de nadie en el portabebés, debía estar delante…

Estaba sano, pero algo le decía que su hijo no estaba cómodo con algo. Si tan solo supiera el qué. Itachi le decía que de pequeño, su hermano era menos así, pero similar… Hasta que finalmente todo volvió a la normalidad, por lo que sería esperar. De todas las veces que intentaron hacer que se cansara hasta dormirse, solo un par funcionaron.

Sus hormonas, estaban a flor de piel y verse incapaz de encontrar el motivo, la hacían sentirse mala madre.

– Izumi ¿Por qué lloras? – cuestionó preocupado Itachi, regresando al dormitorio cerrando la puerta de la misma. Sasuke estaba con su hijo, ocupándose, al parecer había madrugado.

– Creo que no le gusto a Satoru… – sollozó la futura Uchiha, ocultando sus ojos con una mano, para que no se vieran más lágrimas. – ¿Soy mala madre? Estoy cansada pero es porque no duermo, he probado todo truco pero todos fallan…

– Qué cosas dices… – contestó el Uchiha atrayendo a Izumi hacia él en un abrazo en la cama, ambos podrían descansar un rato más. – Ya pasará, venga…

– ¿Y si no? Se supone que debo saber como cuidarlo pero es como si todo lo que hiciera no sirviera para nada… No sé cocinar, arruino cada dos por tres ropa haciendo coladas, se me mueren las plantas, no estoy hecha para ser ama de casa… ¿Cómo se supone que debo criar y cuidar de nuestros hijos si…? ¿Si no se adhiere a mí como al comienzo? – lloriqueó Izumi limpiándose los pómulos.

– Ambos somos padres novatos, intenta descansar y no pienses más así… – calmó el peligro acariciando la cabeza y espalda de su novia. No le gustaba verla así, pero por suerte no tardó en quedarse dormida.

Dejándola descansar, Itachi se apartó, se arregló su largo cabello en un moño bajo y bajó en pijama hasta la cocina, encontrándose a su hermano dándole de comer a Satoru tranquilamente. De espaldas a ellos, Kage desayunaba de su bol bien hambrienta.

– ¿Por qué lloraba Izumi? – cuestionó Sasuke levantando por un segundo su mirada hacia el mayor de los dos.

– Piensa que es mala madre por no lograr calmar a Satoru, creo que anda un poco aglomerada con todo. – asimiló Itachi suspirando, a decir verdad él estaba prácticamente igual, pero Izumi lo dejaba más a la vista debido a que aún se recuperaba del parto. Fue entonces que un olor horrible le llegó a su nariz. – ¿Qué es ese olor?

– ¿De qué hablas? – musitó Sasuke algo confundido ante tal pregunta. Encontró algo raro que su hermano enseguida se hubiera puesto a olfatear todo el cuarto prácticamente histérico. Parecía un perro de caza.

– ¿De verdad no lo hueles? Oh, dios ¡Bleghth! ¡Está en todas partes! – se quejó Itachi poniéndose la mano en la boca para frenar las arcadas después de oler la manopla que estaba colgando en la puerta del horno.

Sasuke debió pensar que una tarde a solas, les hubiera servido para descansar a la pareja, pero al parecer nada había cambiado. Si bien era entendible que Satoru, no podía hacer más que llorar por nada, el comportamiento errático de sus padres, indicaban una enorme falta de sueño.

Cuando vio la camiseta de pijama por la parte trasera de Itachi, se dio cuenta de lo que seguramente quería decir.

– Será porque manchaste tu camiseta con algún pañal… – señaló finalmente el menor de los dos retirando el biberón vacío de la boca de su sobrino para seguidamente empezar a darle palmadas a su espalda con el fin de hacerle eructar. Cosa que costó un poco esta vez.

Mirando el pilón de colada amontonada en el cuarto de la colada desde donde estaba sentado, adecuadamente separada por color y otros filtros, el hermano menor se fijó en el aspecto del único padre presente en la habitación. – ¿Por qué no te vas a la cama?

No obtuvo respuesta.

Eso es lo que tendrían que haber hecho ayer a diferencia de salir. Estando Shisui con el niño, les hubiera sentado de maravilla recuperar horas de sueño. Ahora que lo pensaba…

¿Cómo es que no está? – dijo mentalmente Sasuke volviendo a recolocar a Satoru en sus brazos. El pobre ya estaba algo revoltoso. – A estas horas Shisui, o ya se encuentra aquí porque acapara el sofá constantemente o acabaría de llegar nada más para ser servido el desayuno.

Hoy no, esperaba poder sonsacarle lo de la morgue con Sai.

Un corto ronquido lo sacó de sus pensamientos, girando la cabeza hacia su hermano, lo atrapó dormido de pie, apoyando las dos manos en la isla de la cocina, la cabeza se le caía hacia adelante hasta que un ladrido de Kage lo asustó despertándolo.

Haciendo caso a Sasuke, Itachi se vio pronto acostado con una profundamente dormida Izumi. Mientras que Sasuke, en la habitación de Satoru, se encontraba vistiendo a este con ropa para salir de paseo.

Por fortuna no había nadie que le viera hacer sonidos raros y decir tonterías para conseguir sacar una sonrisa al pequeño, si lo distraías lo suficiente se dejaba cambiar, limpiar y vestir más fácilmente, incluso con ayuda de música o cuando Kage se ponía a ladrar acompañándolo. A fin de cuentas era una husky, tímida, pero tenía sus brotes de alborote.

– Supongo que somos tu y yo por hoy, chaval… – dijo en voz alta el Uchiha sujetando a su sobrino en sus brazos, comprobando la vestimenta que le había puesto. Pantalones azul marino con algunos bordados blancos, junto a una sudadera con capucha blanca para que no pasara frío cuando salieran fuera.

Hacía buen clima por la mañana, a pesar de que finalmente habían bajado las temperaturas, el resplandeciente sol tenía todo el cielo para él. Mañana perfecta para estar afuera y definitivamente no iba a desaprovechar la oportunidad de al fin, tras haber ahorrado lo suficiente, comprarse el material necesario para arreglar su otra bici y sinceramente, un capricho más… El nuevo manga de Saotome.

Abrochando y ajustando las tiras del portabebés que sujetaban a su sobrino, el cual balbuceaba algo inquieto al estar poco acostumbrado a él, Sasuke escuchó a su mascota lloriquear a su lado. Mirando hacia abajo, se encontró a Kage sujetando su correa por la boca para dejarla a sus pies y acercarla a él con su hocico. Lo curioso es que ya había sido sacada de paseo hace varias horas, lo que significaba que quería ir con ellos.

Estaba a punto de decirle que no, cuando vio como la husky hacía el mismo sonido, ponía ojos de cachorro y finalmente se sentaba lentamente mientras le miraba expectante.

Chica lista… – pensó el pelinegro con una sonrisa leve sin privarse de acariciar la cabeza de su mascota suavemente.

Una vez lo tenía todo listo, se colocó su mochila con todo lo que pudiera necesitar, le envió un mensaje al teléfono de su hermano para que no se preocupara y salió de casa. Escuchó unas voces en la calle, extraño.

Acercándose más a la puerta exterior, enseguida reconoció las voces. No había más que escuchar el escándalo.

– ¡¿Cómo va a ser aquí su casa?! – dijo Suigetsu con indignación haciendo que Juugo negara con la cabeza cansado de su afán por hablar tan alto innecesariamente. – ¡Te digo que esto es una calle abandonada! Conozco al idiosuke por más que tú, tío… Y lo creas o no, me lo imagino gastándome una por venganza a otras veces.

¿Cómo me ha llamado? – cuestionó mentalmente el Uchiha levantando una ceja con molestia.

– Ahora, por tu culpa, nos has hecho subir toda esta cuesta a pie y me da un palo tremendo volver a bajarla ¿Sabes? – habló bien irritado el Hozuki, aunque Juugo apenas le escuchaba, solo le miraba con aburrimiento esperando a que terminara de hablar. Estaba acostumbrado. De esto tratarse de una trola por parte del pelinegro, debía admitir que se la estaba cobrando a los dos. Por parte del albino se deberían a varios motivos pero él, supongo que por traerlo consigo.

– Suigetsu… – empezó el Ryuchi con paciencia.

– ¿Qué? – respondió el susodicho con un tono borde.

– Estás haciendo un berrinche porque no tienes nada que llevarte a la boca ¿Verdad? – indagó Juugo incapaz de no bromear a este punto con él. – ¿O porque tienes agujetas?

– No, estoy así porque estamos perdiendo el tiempo en un barrio donde casi no vive nadie, en medio de una calle desolada cuando podríamos haber ido a casa de la novia de nuestro estimado, queridísimo, precioso, hermoso colega de apellido Uchiha en vez de andar buscándolo a él… – se quejó de nuevo el albino libremente.

Es interesante que admita con total libertad que está así por Karin, por más que de manera indirecta… – reflexionó su amigo volviendo a mirar el mapa de su móvil. – ¿Y por casualidad recuerdas dónde vive?

Eso calló y dejó pensativo a Suigetsu. Viendo su expresión, esta vez Juugo sonrió conocidamente.

– Eso pensé… – vaciló el último libremente y a su vez, pensaba que para ir más deprisa, se podría llamar al Uchiha.

Fue entonces que al voltearse junto a Suigetsu, queriendo voltear a ver por última vez la calle dónde se encontraban, se asustaron al ver ahí parado, a Sasuke con una expresión que reflejaba lo contrario a asombro con una pizca de aborrecimiento. Era obvio que no le hacía falta preguntar nada, su usual silencio mordaz lo decía todo.

De la misma manera que para el pelinegro ya se imaginaba que el par iban a seguirle con la idea de alguna forma u otra, dirigirlos hasta la casa de su novia. Ni que no supieran dónde queda…

No es que no fuera mala idea ir de visita, pero su intuición le decía que no era del todo correcto presentarse ahí sin avisar y menos aún con compañía. Lo que estaba claro es que, Suigetsu parecía haberse tomado a la ligera el consejo que le dio ayer.

Las desapariciones de Karin, posteriores a su comportamiento "inusual" fuera y dentro del campus, indicaban que escondía algo. Que se dejara ayudar por Sakura, una chica, en vez de por Suigetsu y Juugo… Significaba que era algo que debía atenderse con discreción. Más todavía después de lo que le sucedió, los robos en las aulas de último año.

Conociendo a Sakura, no les habría dicho que Karin está con ella si no tuviera un plan en marcha o una solución que dar. Su chica sabía ser meticulosa y aferrarse a los trazos de un plan, aun si era cuestión de improvisar.

– ¿Tío me estás escuchando? – preguntó Suigetsu interrumpiendo sus pensamientos.

Por una noche que duermo mejor y no tengo dolor de cabeza, tiene que venir este a chillar en mi oreja… – rondinó Sasuke sin disimular su fastidio.

Limitándose a seguir andando por el centro de Shibuya, ignoró por completo al albino solo para seguir caminando con el fin de llegar cuanto antes al primer destino. La tienda de cómics, la cual estaba a la vuelta de la esquina.

Si. Era un friki por las novelas gráficas de terror, ¿algún problema? Odiaba las miradas llenas de incredulidad y según quienes, de grima las veces que se dignaba a leerlas en público ¿Quién les pedía a esas pesadas de su instituto que indagaran todo de él? Hay gente que tiene peores gustos y un ejemplo bien claro es Kakashi…

Escuchando a Satoru balbucear de nuevo ya dentro del establecimiento, se esperó un inminente llanto, que afortunadamente fue una falsa alarma. El pequeño solo reflejaba cansancio en su mirada y no le culpaba, sus colegas, como siempre, o mejor dicho… Suigetsu, se encontraba hablando lo innecesariamente alto incapaz de mantener una conversación entre los suyos solamente. Era gracioso que al Uchiha recién nacido, también encontrara eso molesto tanto como él.

Algo rosa llamó su atención desde el rabillo del ojo. Se trataba nada más y nada menos que Sakura, a solas… Vistiendo un conjunto denim claro de falda y chaqueta por encima de una camisa de tono salmón. Pudo sentir como sus mejillas ganaban cierto rubor a la par de que sus orejas enseguida también se volvían tal cual.

El cabello corto le sentaba fenomenal…

– Oiga joven… – dijo el dependiente de la tienda llamando la atención del pelinegro. Este se encontraba retirándose las gafas, apoyado con una mano en la encimera de caja. Suigetsu y Juugo también se voltearon con curiosidad. – Su chucho se ha soltado del amarre…

Abriendo los ojos del susto, el Uchiha sacó su cartera y dejó más billetes de lo necesario para sin más salir con prisas de la tienda. Efectivamente, su husky se encontraba corriendo como si estuviera libre en el parque. La muy… No era la primera vez que le hacía correr tras ella de esta manera.

Por suerte, no fue demasiado lejos… Al girar a la esquina a la siguiente calle, se encontró al animal sentado frente a la Haruno. Ahora todo cobraba sentido, esta también había visto a la pelirrosa, pero al pasar de largo seguramente quiso seguirla con insistencia.

Habiendo tenido que correr con Satoru en el portabebés y mochila pesada en su espalda, novela en mano… De alguna manera se cansó de más. Mirando a Kage, la cual se encontraba feliz y gozando de carantoñas detrás de sus orejas como si no hubiera hecho nada malo… hizo que el pelinegro la mirara con fastidio, pero enseguida se le quitó cuando su novia alzó sus ojos verdes para verle, dedicándole una hermosa sonrisa cariñosa a él.

– Hola. – saludó su novia en lo que se incorporaba tomando el extremo de la correa de Kage.

– Perdón… – musitó él de primeras, fue lo único que se le ocurrió al verla. No tenía claro si era por el papel de Kage o si por el suyo el otro día, quizás ambas.

Sakura, valorando el aspecto del Uchiha, notó que a pesar de verse con ropa deportiva muy a su estilo casual… El hecho de que se encontrara con una criatura encima de él, creaba cosquillas en sus brazos, manos y barriga. Primera vez que veía a Sasuke con su sobrino en un portabebés, el cual según terceros, era una copia de él un tanto más dócil. Le daba igual que debajo de sus ojos se le marcaran unas obvias ojeras, esa imagen era lo mejor que vería hoy…

– ¿Perdón, por qué? Aquí la única traviesa… Es Kage. – De momento pensó de más su consciencia muy para sus adentros. – ¡Ah, veo que compraste el volumen 7 recién salido de Boro Saotome! Yo salí a por esto… Ya quedan muy pocos.

Presumió la Haruno, rebuscando por un segundo en su bolsa de tela para sacar el álbum que él luego tenía pensado comprar. Recordando sus gustos en común, Sasuke sonrió, consiguiendo que la ojiverde ensanchara lo suya.

Parecía que ambos ya habían dejado su pelea atrás.

La pelirrosa entonces se animó a acercarse hasta él, emocionada y arrugando la nariz adorablemente al tener más de cerca al pequeño sobrino de su novio, quien la miró confundido, absorto y sin entender nada, lo que le hacía aún más encantador.

– ¡Ei, Sasuke! – estalló Suigetsu exhalando aire llegando de la nada, haciendo explotar la burbuja que la pareja había hecho conjuntamente. – Avisa antes, siempre que tengas en mente echarte a correr como si te persiguiera una manada de fanáticas por san valentín… A ver si entrenas mejor a tu perra.

– Hola, Suigetsu… – saludó entonces Sakura obteniendo la atención del susodicho enseguida.

– Haruno, justo a ti te quería yo ver… No puedo creer la suerte que tengo. – dijo el Hozuki sin esperar ni un segundo a preguntar lo que quería. Cuando la pelirrosa apartó sus ojos de él, Sasuke torció la boca molesto. El Hozuki no podía ser más que un estorbo en ese instante.

Cuando la pelirrosa notó que Juugo se acercaba dónde ellos tranquilamente, acaparando algunas miradas debido a su altura sin poder evitarlo, enseguida supo lo que el albino diría sería referente a la pelirroja que se hospedaba en su casa.


Karin arrugó el la frente y su entrecejo cuando el contínuo ruido chirriante de un objeto de plástico llegó a sus oídos. Abriendo los ojos nuevamente, después de decidir regresar a la cama tras dejar que la Haruno terminara de vestirse y demás por la mañana con el fin de salir por ahí, se topó con la habitación vacía de la última. Bueno, totalmente vacía no…

Una vez se incorporó de su futón, reconoció a duras penas a Shiro mordiendo con ansias a uno de sus juguetes favoritos prácticamente ya perforado debido a su fuerte dentadura.

– ¿Tenías que despertarme de esta manera? – insinuó ella con una mueca que aparentaba ya cierta costumbre con el comportamiento aun de cachorro del can, para seguidamente ponerse finalmente sus gafas.

El animal frente a ella solo movió la cola y se limitó a observarla tan campante y por si fuera poco, se dignó a bostezar, como si esa pregunta le aburriera. Según su dueña, lo más seguro es que la hubiera despertado a posta.

En fin, no podía quejarse, había podido dormir un poco más. Conociendo la rutina mañanera diaria de la pelirrosa, aunque solo llevara aquí pocos días, sabía que no era precisamente silenciosa, aunque sin exagerar. Solo la había visto montar un numerito cuando se adentró un bicho en el apartamento, el cual se tuvo que encargar de eliminar ella misma.

Soltando una risa nasal ante el recuerdo de la Haruno arrinconada contra la esquina del pasillo del genkan, prácticamente sollozando y titubeando palabras inentendibles en lo que se aferraba a su otra zapatilla como si esta fuera la única arma disponible que lanzarle al pequeño e inofensivo insecto invasor.

Quien sabe por qué, pero de alguna manera, ver esa escena y conducta de Sakura la hizo enternecer, no solo reír. Se había visto completamente diferente de cómo la vio ser en el instituto, no solo con ella, también con esos abusones que la acusaban de robar… ¿Cómo olvidar su uso de la raqueta? ¿Quién haría algo semejante? Para qué engañarse, hasta este punto… Ya se la imaginaba capaz de lanzarle hasta una silla a cualquiera. Tampoco sacaba de su cabeza su habilidad para defenderse y pelear, que señalaban que no era la primera vez que tenía que hacerlo…

– Tu ama es un poco rara, Shiro… – afirmó la Uzumaki para sí misma, rascándose la melena, descubriendo enseguida lo despeinada que estaba su cabellera.

El chucho la miró en silencio después de exhalar y gruñir como si estuviera de acuerdo con tales palabras, pero enseguida volvió a lo suyo, masticar con ansias su juguete.

Tras vestirse unos jeans y camisa de manga larga prestados de Sakura, que ella misma le había prácticamente obsequiado, salió del cuarto y al llegar al salón se encontró con el desayuno servido. Junto a una nota de la ojiverde junto al mismo cutre emoji de siempre, una cara feliz con los brazos extendidos.

– Está loca si cree que voy a zamparme todo esto… – recalcó nuevamente en voz alta Karin, valorando el arroz, pescado a la plancha y demás preparados innecesariamente para ella en la mesa. No obstante, sus tripas le rugieron con hambre y la pelirrosa cocinaba demasiado bien.

Negando con la cabeza, la pelirroja llegó a la conclusión que no podía entretenerse demasiado. Hoy tenía que ir a su residencia a recoger sus pocas cosas amontonadas que su antigua casera no se hubiera dignado a considerar basura y por ende, lo mejor sería comer para obtener la fuerza necesaria para ir hasta allí, a pesar de guardarle cierto miedo al lugar, a sabiendas de que Zaku y compañía sabían que residía allí…

Masticando un pedazo demasiado enorme de salmón en lo que reflexionaba sobre el tema, una notificación de mensaje le llegó a su teléfono. Era Haruno…

Lamento avisarte con poca antelación, pero traeré compañía a casa, estoy a cinco minutos. – leyó la Uzumaki con irrelevancia. ¿Ven? ¿Por qué Sakura le decía así las cosas como para pedirle permiso? Era irritablemente considerada… Demasiado y suficiente como para querer aventar una almohada en su perfectamente maquillado careto. La chica se ensimismaba en olvidarse, al parecer, que ella podía traer a casa a quien le diera la gana…

Espera… A lo mejor me lo dice porque me quiere fuera ¿Serán sus amigas?... – meditó Karin de la nada. El recuerdo de la Yamanaka agarrándola desprevenida con Sai le sentó mal. Así que lo más obvio sería constatar y dar por sentado que la rubia de bote detestaría su simple existencia en casa de Haruno. No estaba de más dar por hecho que el resto estarían igual. – Más razón para darme prisa…

Lo óptimo sería no incomodar a Sakura con las mutuas caras largas de ambas chicas que se liaron con el Shimura en cuestión de meses.

El sonido de la llave meterse y hacer girar la cerradura de la puerta, la alertó. Mucho pensar y poco hacer. Se había entretenido haciendo justo esto último porque al parecer se escuchaban voces… ¿Masculinas? Además de la de Sakura.

Shiro pasó por el lado de la mesa con prisas con el fin de llegar a la entrada y enseguida se puso a ladrar con entusiasmo a pesar de las riñas que le decía su dueña. No obstante, al parecer no era el único can que acababa de llegar. Cuando la mascota de la pelirrosa volvió a su campo de visión, reconoció enseguida la perra de Sasuke con él.

– Podéis dejar las cosas en el salón tranquilamente. – oyó que decía Sakura.

¿Podéis? – pensó Karin con los palillos en la boca totalmente confundida, aunque no menos curiosa.

Los pasos rápidos de alguien la alertaron, dejándola nerviosa nada más ver a Suigetsu haciendo acto de presencia con una caja sujetada en sus brazos.

– ¡TÚ! – chilló el albino dejando las cosas encima de la mesa nada más llegar hasta ella, haciendo que tragase duramente el alimento en su boca de la sorpresa.

– Baja la voz. – pidió Juugo seguidamente tras también aparecer de la nada, como no, cargando consigo tres cajas.

¡¿Esas son mis cosas?! – pensó Karin al ver como sus pertenencias llegaban a donde ella antes de que hubiera tenido la oportunidad de ir.

Ambos estaban empapados. ¿Estaba lloviendo otra vez? En las noticias se indicaba sol para todo el día.

– ¡Cállate pesado! ¡Tengo todo el derecho de quejarme si me sale de ahí abajo! – habló prácticamente gritando el Hozuki hacia el Ryuchi mientras sacudía su cabello mojado con molestia, este último solo puso los ojos en blancos y finalmente los dejó en ella. Su mirada se volvió seria.

– Suigetsu si no cierras la boca te vas para fuera. – amenazó Sasuke caminando con tranquilidad junto a su novia hasta el comedor.

– ¡Haha! Aquí no tienes jurisdicción para nada, Uchiha… No estamos en tu casa. – se burló el albino con altanería, consiguiendo irritar al susodicho con facilidad. – Además que podrías hacerme ¿Ponerme a buscar caracoles por los alrededores de los muros del edificio?

Karin finalmente optó por mirar a Sakura, quien solo sonrió algo forzadamente e incómoda con solo verla recriminar su decisión de traer hasta aquí a esos… ¿Cuatro? ¿Qué hacía Sasuke con un bebé? ¿Cuánto tiempo llevaba sin hablarse con ellos?

Puede que varias semanas, más de lo habitual pese no ser la primera vez que había cierta distancia entre ellos aunque no como ahora, pero… ¿Por qué se sentía así?

Ver a Hozuki entrar con esa mirada inquieta, la sorprendió. Con Juugo igual, por más que lo supiera antes… ¿De verdad debía suponer que llegaron a preocuparse por ella después de todo?

No, no lo están… Solo estoy auto engañándome. – asimiló con amargura la pelirroja. No podía evitar dar por hecho que solo estarían aquí por deber. – Y en cuanto a Sasuke…

Era obvio que estaría aquí por Sakura ¿Qué otra razón podía haber? Solo que… – Se ve tan guapo…

Cuando el Uchiha la descubrió mirándolo, no pudo hacer más que apartar la mirada nerviosa y sonrojarse en el proceso. Cosa que incomodó al primero, pero no dijo nada.

Sasuke por su lado, valoró el aspecto físico de la Uzumaki. Esta a simple vista, todavía presentaba evidentes moretones en la cara. Esta puede que no estuviera inflamada, pero los hematomas eran perceptibles y parecía que estaban a varios días de desaparecer por completo. Había acertado.

– No teníais por qué traerme las cosas, hoy mismo tenía pensado ir a por ellas yo misma por mi cuenta. – interrumpió Karin, distrayendo el monólogo de quejas de su compañero de aula y vivienda. En cierta forma, eso también le hacía creer que tenían prisa para quitársela de encima.

Viéndola más de cerca, Suigetsu fue el siguiente en estudiarla debidamente. Sinceramente, no sabía que lo molestaba más ahora mismo, si su plan en desaparecer de la nada o su desfachatez en decir eso como si nada… Por más que eso se pudiera entender fácilmente como un agradecimiento por hacerlo.

– Juugo… ¿Puedes creer lo que nos dice la muy estúpida? – se decantó por decir el albino, señalándola con el pulgar sin miramientos volteando a mirar al mencionado con una mueca de falsa confusión.

– ¡¿A quién llamas estúpida, media merluza con cara de calamar?! – insultó Karin, afeitándose con facilidad ante el comportamiento de Suigetsu.

Ya empezamos… – pensaron Sasuke y Juugo a la vez.

– ¡¿A quién si no, cenutria boca buzón?! – dijo de vuelta Suigetsu como si nada mientras por dentro gozaba de esto como un crío una piruleta. – No me pondré a insultar a Haruno, la veo capaz de hacerme agua y regar con esta sus plantas, mucho menos a la perra de este…

Pero qué plantas… ¿Qué dice? – pensó Sakura inclinando la cabeza ante lo que escuchaba.

Chocando miradas con Sasuke, ambos con una expresión de costumbre, ella sobre todo porque tal comportamiento había sido común entre Naruto y él. La Haruno solo sonrió con diversión volviendo a acariciar pasivamente la cabeza de Kage, quien se había vuelto a acercar a ella para obtener su atención, en lo que Satoru pestañeaba esta vez medio dormido.

– ¡No te cuesta nada darnos las gracias debidamente, imitación defectuosa de weasley… Para el entretenimiento de Haruno, hemos tenido que ir a por tu montón de pesadas cajas para traerlas aquí, que por cierto, ya podrías haber encontrado otras de mejor calidad porque estas casi se nos rompen a medio camino… Ser más burra que tu primo más a menudo que nunca se te da de perlas, para que lo sepas. – prosiguió enseguida el albino. Nada más escuchar eso a Karin le empezó a temblar una ceja, muy para la diversión del primero. Su sonrisa al parecer la irritó aún más.

– ¿Quieres algo de beber, Juugo? – invitó la pelirrosa tocando el brazo del pelinegro a su lado sin mirarle, observando como el susodicho volteaba a verla cansado. Su silencio fue tomado como una afirmación. – Antes voy a por toallas.

– Tu sigue por ese camino, sípia alienígena y seré yo misma la que te devolverá a tu lugar de origen tirándote por el retrete de esta casa sin ayuda de nadie. – sumó la pelirroja empezando en tono de voz normal y llegando a uno más elevado al terminar.

– Ya quisiera verte intentarlo… – provocó Suigetsu con una sonrisa socarrona, volteando a mirar hacia un lado como si lo estuviera poniendo en duda.

Ver a Karin enfurruñar la nariz, las aletas de la misma ensanchadas como un toro rebuznando a punto de embestir, satisfizo al cien por cien al Hozuki. El Ryuchi notó eso nada más tomar asiento en el sofá pequeño de la sala. Sasuke por su lado, se dedicaba a instalar a su sobrino en el sofá haciendo uso de una de las mantas decorativas, al parecer el pequeño quería dormir, pero conseguirlo con tal escándalo sería imposible.

– Si los dos no hacen el jodido favor… – empezó tétricamente el pelinegro, tensando tanto el Hozuki como a la Uzumaki rápidamente. – De bajar la voz y comportarse, te juro Suigetsu que te cuelgo en el balcón como serpentina de carpa por más que diluvie y a ti Karin…

Esa pausa intimidó a la pelirroja más de lo necesario. ¿Tal vez iba a decirle algo similar?

– Cállate. – ordenó el Uchiha sin más, confundiéndola. Normalmente era mucho más seco y arisco, esta vez, menos de lo usual.

– ¡EI! ¡¿A esta le dices solo eso y a mi me amenazas de usarme como…?! – habló indignado el albino frenando a media frase cuando Sasuke volvió a callarlo con una sola mirada atemorizante tras colocar el chupete en la boca de Satoru ya con los ojos cerrados acaparado a su manera en el sofá, totalmente relajado, lo opuesto a antes y durante las noches.

– ¡Sasuke! ¿Puedes venir un momento? – pidió Sakura desde su habitación consiguiendo que la mirada del pelinegro se ablandara al instante, muy para el asombro de Suigetsu, que lo miró con burla y entendimiento.

– Tch, bobo… – susurró tranquilamente él pero no lo suficientemente bajo para evitar que el Uchiha le oyera. – Ehem… Bobobo, a esta hora emiten Bobobo…

Llegando hasta el cuarto de Sakura con parsimonia, se la encontró mirando algo dentro de su enorme armario empotrado.

– ¿Puedes sacar esas toallas limpias de ahí arriba, por favor? – pidió su novia con una sonrisa leve.

Dejando que se colocara de espaldas a ella para cumplir con la labor fácilmente tras musitar como no, su característica coletilla monosílaba de mil usos, Sakura no desaprovechó la oportunidad de rodear con sus brazos la cintura del pelinegro en un abrazo amoroso. Consiguiendo relajarla enseguida, al mero tacto de su cuerpo contra el de él.

– Hmm, te eché de menos cariño… – musitó la pelirrosa reposando su cabeza contra la espalda del Uchiha, haciéndolo sonrojar.

No estaban solos y por más que una de las puertas del armario les diera cierta privacidad. Se sentía acorralado por la pícara de su novia. Esta parecía no querer soltarlo, manteniéndose sujeta con sus fuertes brazos a él, cosa que le traía recuerdos buenos de ella y él en secundaria inicial. Dónde su cercanía era lo más hogareño y cálido que había vuelto a sentir en años tras su madre.

– Sakura… – murmuró él fácilmente sin que sonara como queja. – No puedo moverme.

– Ya, es que no quiero. – respondió ella libremente y seguidamente dejó escapar una risa encantadora que le sacó a él una sonrisa divertida. – No te cuesta nada besarme ¿Sabes? Lo llevo esperando desde que te vi por la calle.

– Hn. Es que no quiero… – se atrevió a responderle cómicamente él. La Haruno entonces le pellizcó el vientre, cosa que no le hizo más que algunas cosquillas. Quedándose con las toallas en sus manos.

La vio deslizarse habilidosamente para quedarse abrazada a él, pero esta vez de frente. Si más no bien el pelinegro optaba por bromear, una sonrisa pillina llegó a sus labios cuando sintió como sus brazos también la rodeaban a ella.

Se había dado cuenta al momento de acercarse a fuera y es que por más que no le gustara la nueva aroma que emanaba su ropa, indicando el nuevo detergente y suavizante de fragancia fuerte, estar así con Sasuke era una adicción. Era como estar frente a una chimenea con fuego crepitando en una cabaña de madera en medio del bosque en pleno invierno, leyendo una buena novela y a su vez, a su lado, una taza de chocolate bien caliente lista para saborear.

– Lo siento mucho de verdad, Sasuke… – se disculpó ella al ver que los recuerdos de los hechos se aglomeraban en su cabeza de nuevo. – Sé que no debí hablarte de esa manera, tampoco ser evasiva… Pero lo que pasó, le concierne más a Karin contarlo cuando ella pueda y quiera ¿Sabes?

Apretándola más contra sí, Sasuke permaneció pensativo con una faceta seria.

– Me mata… No saberlo, no hace falta que lo diga. – dijo el Uchiha reflexionando en la poca explicación dada por parte de la Haruno. – Aun así, tampoco puedo recriminartelo. Años atrás, yo tampoco te decía cosas así.

No podía molestarse en realidad y mucho menos culparla. No podía dejar de lado lo que ella le dijo esa noche de colonias hace meses, más lo que Ino había confiado con él ayer, que tenía cierta lógica. En su época más triste como preadolescente dónde todo lo de Itachi aun no se sabía, él también se había apartado tanto físicamente como emocionalmente tanto de Naruto como de Sakura, siendo esta última con quien tenía no solo lazo familiar y de amistad, también sentimientos encontrados que en esos tiempos prefería no definir, pero sí describir. Sí, muy maduro de su parte.

A sus simples trece años, sentirse traicionado por su único hermano, ser cercano a quien quería… Le habían empujado a ignorar la necesidad de compañía, aprecio, apego, etc. Entre estos, la confianza.

– No es que no confíe en ti para decirte eso, Sasuke. – interrumpió la pelirrosa pestañeando aun sin apartarse. Sin saber que había dado en el clavo en cuanto a lo que pensaba el Uchiha, este bajó la cabeza para mirarla en silencio. – Lo que me ocurrió a mi, no tiene comparación con lo de Karin. Creo que con eso te digo todo y a la vez nada… Dale a la situación algunos días, créeme.

Sasuke podía interpretar eso como una explicación ambigua, pero al mismo tiempo concisa sobre lo que le pudo suceder a la Uzumaki y de nuevo, si su instinto no se equivocaba, tenía que ver con cierto par… Pero ¿Qué quería decir eso último?

Siendo distraído cuando la Haruno lo tomó fuerte de su camisa para bajarlo hasta ella para unir sus labios con los de él en un fuerte beso que duró poco, cuando se separaron, el pelinegro miró con un brillo divertido a su novia, quien le sonreía con socarronería.

– Oh, por cierto… Mira esto. – dijo seguidamente Sakura sacando algo de uno de sus bolsillos. Mordiéndose la punta de la lengua con diversión al ver como al pelinegro se le iluminaban los ojos. En sus manos, se encontraban unas entradas a una exposición de reptiles y dinosaurios a la que sabía que al último ansiaba ir. Se las había comprado a Shino a un precio un tanto elevado después de lo ocurrido en el club nocturno de su familia, debía compensarlo de alguna manera. – Tal vez podríamos ir luego o por la tarde, aprovecho ya de paso, a invitarte a que te quedes a dormir…

– Mírales que adorables… – bromeó con humor Suigetsu desde la entrada del cuarto, espiándolos junto a Juugo y a Karin, los dos primeros aún empapados por la lluvia. – Y a nosotros que nos den ¿No? Muy amable por tu parte invitarnos a nosotros también…

La pareja quedó algo incómoda y ruborizada. Se habían entretenido entre sí nuevamente.

– ¿Quién querría ir a cualquier lugar contigo? – replicó la Uzumaki con desdén para finalmente voltear los ojos y caminar de vuelta al salón.

– Una pena porque a lo mejor me apetecía invitarte y todo… – propuso de la nada el albino descolocando a la pelirroja que frenó su andar y arrugó la frente bien confundida ante lo dicho. No obstante, enseguida se le ocurrió que esto debía tratarse de otro plan para mofarse de ella, pero no le quitó la curiosidad y terminó volteándose para encararlo. Juugo también miraba con las cejas alzadas a su amigo. – A todos los perros se les tiene que sacar de paseo ¿No?

En el momento en el que Sakura y Sasuke salieron de la habitación de la primera, quien le tendió una toalla a Juugo y otra al Hozuki… Ambos tuvieron que apartarse con prisas cuando la pelirroja finalmente estalló como dinamita para nada más arrebatarle la prenda a Suigetsu con intenciones de empezar a usarla como arma por todo el salón.

– No bromeabas cuando dijiste que Karin se parece a Naruto en este sentido… Eso me trae recuerdos de ti y él. – señaló Sakura observando el panorama frente a sus ojos. Suigetsu huyendo todo feliz siendo perseguido por la pelirroja, quien se dedicaba a ignorar lo que la doctora le había dicho.

Sasuke no hizo más que mostrar que no estaba de acuerdo con la mirada, entreteniendo a su novia.


Mordisqueando el extremo de un lápiz con aburrimiento, sentado con sus piés encima de su la mesa del office de la planta baja de comisaría, Shisui suspiró con cierta rabia. No serviría de mucho esperar a ver lo que decía la autopsia. ¿Causa de la muerte?

Heh… – pensó él en lo que cerrando los ojos y echando sus brazos detrás de su cabeza como para ponerse cómodo, recapitulaba las expresiones del difunto. La causa era él y pese no arrepentirse viendo lo dispuesto que parecía en herir a sus compañeros policía, cierta culpa si que le llegó horas más tarde.

Le había quitado su hermano a alguien de por vida y de qué manera, por eso más que nada, se había dejado golpear. La partida de itachi en el pasado también le afectó en su día, todo este tema afectó a la mayoría de Uchihas restantes por el mundo, en realidad…

Sasuke también le perdió y verle caer en un cazo lleno de emociones turbias que terminaron por ahogarlo, fue duro también. Más con Obito creyéndose las manipulaciones de Madara al comienzo.

Es distinto… Ser tú ahora el que causó estragos en la familia de alguien. – Él no había manipulado a Shimura para actuar así, ni mucho menos, actuó demasiado deprisa para acabar con todo, siguiendo su instinto. – Supongo que no lo había visto de esta manera hasta ahora.

Itachi no tuvo porque meterse, en realidad. El Shimura menor, no terminó de asimilar la muerte súbita del recluta, que según parece no era su hermano biológico. Ambos adoptados de distintos orfanatos, criados actualmente por Shimura Danzou. Esa momia con ambiciones de faraón no había cambiado nada. Y pensar que en su época de estudiantes lo tuvo como profesor de economía del hogar.

El hombre ni se había molestado en quedarse por más de cinco minutos en la morgue para ver a su nieto, o eso se le informó. Los del laboratorio le habían dicho que se veía más molesto que otra cosa. Ni decepción ni nada. Era algo… Extraño, pero no más que el graffiti idéntico al símbolo encontrado en Akihabara.

¿Debo suponer entonces que ese grupito de críos consiguió infiltrarse en los cuerpos de policía? – Era de locos creer eso y sin embargo, para nada irrealista. Por más que Obito hiciera la vista gorda asociando el poco desempeño de Shin en su trabajo, estaba claro que él era el topo. – Entonces es obvio que ese par tiene algo que ver con el caso, pero necesito pruebas…

– Ei, Rokku… – escuchó que decía un policía desde la otra sala. Ante la mención de Hanare, el cerebro del Uchiha hizo un click para enseguida prestar atención. – ¿Vamos a tomar algo tras el trabajo? Debes estar desanimada por lo ocurrido ayer y se entiende…

Una sonrisa burlona se instaló en los labios de Shisui. Ya era el segundo tío que veía intentar invitar a salir a la mujer ese mismo día.

– ¿Cómo amigos? – cuestionó Hanare seguidamente tras pensarlo por algunos segundos.

– Eh, bueno… Esto es… – musitó el recluta ojeando el impoluto y maquillado rostro de la mujer frente a él, se estaba poniendo colorado.

– Lo siento… ¿Hatikara? Ese es tu apellido ¿Verdad? – No, no lo era. Lo que le hizo más gracia a Shisui. – Pero no eres mi tipo. Pídele a otra.

– Ahh… pero… – respondió el otro sin poder creer las directas calabazas que acababa de darle la morena, quien enseguida se puso en marcha para proseguir con su trabajo.

Yasuwa Kitahira, uno que ya llevaba año y medio currando aquí, siendo de la nueva tanda de policías el año pasado, pronto se vio envuelto por sus colegas tras el rechazo de la mujer que le interesaba. Como a muchos les había pasado. Para acabar de desanimarlo, los amigos de este parecían incluso burlarse de lo sucedido y muy para su desgracia de Shisui, parecían dispuestos a ingresar al área de descanso.

– Te dijimos que no lo hicieras… – avisó uno de estos mientras el otro seguía riendo. – Esa chica no merece la pena, por más buena que esté, tiene un aura de tóxica. Lo típico, un patito feo que se hace y cree cisne… Desde que está aquí ha rechazado a media plantilla.

– De qué hablas… – dijo el otro aun con diversión, mientras que Yasuwa simplemente se dedicaba a escucharlos.

– Inaishi, la que está ahora en el escuadrón con Iemura, ha encontrado fotos en la red de esa hace años. Digamos que su masa corpulenta daba para bola de demolición de un edificio de lo no flaca que estaba… – comentó él haciendo una mueca de desdén. – La habrán plantado y se habrá puesto así por algún hombre, eso puede cambiar de nuevo en menos de un mes y…

– Wow… – dijo Hanare a sus espaldas de brazos cruzados. Los tres se voltearon enseguida completamente incómodos. – Mira me sentía un poco mal por ser tan directa contigo no hace medio minuto, pero escuchando a este… Se me han pasado las ganas de invitarte.

Menudos idiotas… – pensó Shisui mientras persistía en masticar el lápiz observando como el trío se quedaba pasmado. Luego se acordó de algo, reconociendo al que había dicho todo eso sobre ella. – Ya veo.

– Que yo recuerde, Amagai… Tu también le tiraste los tejos no hace ni media semana. – comentó el pelinegro retirándose el objeto de su boca. – O me equivoco ¿Rokku?

Hanare alzó una ceja, no se había percatado de la presencia del Uchiha ahí, pero curiosamente le estaba buscando así que… Como respuesta, esta solo se limitó a alzar los hombros como si eso le importara un comino. No se acordaba.

– Pírense ¿Quieren? Estoy trabajando… – ordenó Shisui finalmente retirando las piernas de la mesa con el fin de levantarse de su asiento, lo que asustó a los tres pasmarotes que tomaron eso como amenaza de busca problemas, huyendo por el lado de Hanare, la cual se quedó incluso más sorprendida ante tal comportamiento. Se suponía que eran adultos…

A solas, el Uchiha no dijo nada más y se dirigió hacia el frigorífico para verter algo de leche en su café con objetivo de enfriar más rápido el mismo.

¿No va a saludarme ni nada? – pensó Hanare algo confundida. Es decir, puede que llevaran poco más de un día conociéndose pero le había pillado mirándola más de una vez, si no estaba equivocada, tal vez él estaría interesado en salir o… Además, le debía en cierto modo su vida. La había librado de Shimura fácilmente. No estaba de más añadir, que se había retocado bastante el maquillaje sabiendo que hoy se encontraba en comisaría por lo del informe. – ¿Sr. Uchiha?

El mal sabor que le dejó esa referencia empeoró el de su café, lo que le hizo soltar una mueca solo para confundir todavía más a la mujer frente a él.

– Tengo el informe de la autopsia de Shin. – empezó ella avanzando un paso hacia él, nada más para ser interrumpida por unas risas femeninas. Shisui entonces, entendió a la Rokku.

– Shisui, hola… Veo que no estás haciendo nada importante. – empezó una recluta con tono de coqueteo, haciendo como si Hanare no se encontrara ahí. – Acabo de enterarme de lo que hiciste ayer, fuiste muy…

– Lo siento, Matsuzaka… ¿Es importante lo que quieres decirme? Estoy ocupado ahora mismo. – dijo el pelinegro amablemente, haciendo que la chica escondiera sus labios con molestia, que rápidamente disimuló.

– ¿Con quien? – respondió ella aunque no tardó en darse cuenta de que sonaba demasiado interesada. – La verdad es que quería proponerte salir de nuevo y ¿Pedirte si querías ir conmigo a la boda de tu primo?

El Uchiha lo pensó detenidamente por unos segundos. Masumi y él se habían acostado juntos unas tres o cuatro veces las veces que todos decían de salir a tomar algo, pero en realidad no era nada oficial y serio. Hasta ahora, creía que ambos lo veían como para pasar un buen rato ambos libremente. ¿Debía considerar esto como una propuesta a lo que creía? – Me lo pensaré…

– ¿Qué? – dijo Masumi sin poder creerlo. No obstante, Shisui enseguida tiró el café restante en el fregadero y dejar la taza dentro.

– Ahora tengo algo con Hanare. Vamos. – culminó el pelinegro tomando los papeles y demás de la mesa solo para seguidamente empujar suavemente los hombros de la ex de Kakashi lejos de ahí.

Esta última, no perdió la ocasión de girar la cabeza para mirar hacia atrás, comprobando como la recién llegada Masumi la taladraba con la mirada. Ahora entendía porque no ligaba con ella, estaba liado con otra. Una lástima. – Si quieres puedes volver con ella, puedo encargarme yo sola del informe. No te necesito.

– No soy tan mala compañía como crees, Rokku. – bromeó él con facilidad, apartándose de ella finalmente. Ambos se habían ido a una zona menos concurrida. – Además, no me apetecía quedarme con ella. No sabiendo ahora que busca exclusividad y algo más.

– No te cuesta nada decírselo. Además ¿En qué momento he dicho que usted es mala compañía? – recriminó Hanare altiva para finalmente tenderle los archivos.

– ¿Puedes hacerme un favor, Rokku? – dijo Shisui después de soltar aire por la nariz. La susodicha la miró con sus manos en la cintura, expectante. – No te refieras a mí como si trataras a un anciano de asilo.

– ¿Y cuando he hecho eso, Sr. Uchiha? – sugirió Hanare pestañeando con las cejas alzadas, parecía incluso soberbia con esa postura.

Así que básicamente, la mujer aparece dónde está él, le dice que están ciertos papeles queriendo cumplir con la tarea encomendada por jefe, solo para rápidamente decirle literalmente: No se te necesita. ¿Lo buscaba para nada, entonces? ¿Qué demonios quería? Y es que encima, persiste en llamarlo como si él fuera su propio bisabuelo… Menuda mujer más… Más…

Atractiva… – sumó su consciencia, prácticamente deshecha ante los encantos de Hanare.

– Dime Hanare… ¿Te apetece salir conmigo? – cuestionó sin pensarlo más Shisui. Cuando la morena le sonrió cohibida ante la pregunta, sintió como si su corazón se estuviera bailando al son de su canción favorita. Varias mujeres, aglomeradas ahí nada más verle en la sala, se postraron algo indignadas ante la invitación del Uchiha a la Rokku. Esto no les podía estar pasando.

– Otra que se te va, Hidan. – bromeó Sasori al lado del albino mirando el flirteo que se llevaban el par a diez metros de dónde estaban ellos. Hidan solo ofuscó su mirada ante esa pulla hacia él. Los demás también lo encontraban cómico. – Te recuerdo que aún estás a tiempo de aceptar llevar a la prima de Zetsu.

– Esa mujer es literalmente igualita a su primo salvo por el cabello largo atado con lazo. Además, la vi demasiado… Naturalista. – explicó él desechando la idea de inmediato.

– Querrás decir hippie. – incordió Sasori nuevamente, sabía que la prima del Hacker iba a ser demasiado fuera de lo que a su colega podría interesarle. Sin embargo, no dejaba de ser cómico. – Tampoco es que pudieras ilusionarte.

– No lo hago. – reiteró él mintiendo.

– Ya, claro.

– Calla.


Sasuke observó con la cabeza hacia arriba la enorme escultura de tiranosaurio rex que estaba literalmente frente a él. A su lado, Sakura… Ensimismada en acariciar la cabecita de Satoru completamente dormido contra su pecho en el portabebés, contemplaba el entusiasmo de su novio en dedicarse a contemplar cada muestra en la exposición con fascinación, aparte de leer toda la información perteneciente a cada una.

Era entretenido poder verle dejar de poner una expresión de ser impasible por una vez salvo alguna ocasión "especial". Era lo mismo cuando se trataba de los reptiles. Al parecer, le gustaban las iguanas, las serpientes, los lagartos y también las aves… A decir verdad no era tan sorprendente habiendo visto, la cantidad de libros de animales que él guarda en su estantería, aparte de libros de técnicas de artes marciales y asignaturas.

Una parada de llaveros y demás juguetes llamó su atención. Tirando del brazo del pelinegro, lo arrastró hacia allí.

– ¿Qué buscas? – preguntó Sasuke mirando los objetos expuestos en la pequeña tienda.

– Encontré esto. – respondió Sakura tomando el pequeño peluche afelpado de color verde que tenía la boca abierta como si estuviera gruñendo. – Me gustaría comprárselo a Satoru, ya que recuerdo que había uno de un dragón similar en tu casa.

– Eso no es un dragón, sino un dinosaurio de la raza stegosaurus. – corrigió el pelinegro como si se tratara de algo obvio parecía hasta ofendido, observando como su sobrino empezaba a despertarse de su siesta. – Para empezar, los dragones casi siempre suelen tener alas.

– Uhuh… – asintió con atención Sakura, encontrando demasiado graciosa y atractiva la vena empollona del Uchiha.

– Vamos, si hay que comprarle algo a Satoru, que sea un enorme premio gordo que valga la pena. – zanjó este último seguidamente, volviendo a tomar la mano de Sakura para arrastrarla consigo lejos de ahí.

La dependienta de la tienda, abrió la boca indignada ante el maleducado comentario del primero ante su mercancía. No obstante, vio como la acompañante del joven, dejaba los billetes exactos para llevarse el peluche de todas formas como recuerdo, escuchando como esta le proponía a su acompañante ir a tomar algo antes. Enfurruñada ante el comportamiento de la juventud de hoy en día, casi ignora a la pequeña criatura que seguía los pasos de la pareja con medios brincos a la hora de andar. Alzándose de hombros, viendo el color similar de la muchacha y el pequeño, supuso que eran familia.


Sakumo miró a sus alrededores. Había demasiada gente y con la diferencia de altura, se le hacía difícil avanzar por la gente con el fin de regresar hasta sus padres dónde recordaba haberles visto la última vez. Se había metido en un buen lío, otra vez.

Había vuelto a desobedecer a sus padres, pero la emoción no pudo controlarse. Nada más saber por la mañana que iban a llevarle a ver la feria de los dinosaurios, estuvo revoltoso sin parar. Si es cierto que le llevaron a ver todo y que debido a su enfermedad, él tuvo el privilegio de ser de los primeros en entrar en según qué atracción de la exposición, pero nada más vio los libros y los juguetes… Su cabeza no estuvo por otra cosa. Se había escabullido entre la multitud a la primera que pudo solo para encaminarse al primer piso para mirar con total libertad lo expuesto en los escaparates. Estuvo jugando un tiempo, a solas, ya que como no… Los demás chicos se alejaban de él o sus padres se los llevaban.

Engendro del demonio…

Con su timidez él tampoco sabía qué hacer, en realidad.

Al regresar por donde creía que sus padres estarían, no se los encontró, por lo que enseguida se puso manos a la obra para encontrarlos. Una tarea demasiado difícil por varios aspectos.

Entre los empujes de la gente al querer pasar por cada lugar, los gritos de los otros niños y la soledad, Sakumo empezó a llorar.

Estuvo bastante rato así, hasta que finalmente una mujer se percató que podría tratarse de un niño perdido, por lo que no dudó en acercarse.

– ¿Pequeño, te has perdido? – la señora no obtuvo respuesta. – ¿Necesitas ayuda?

Al levantar la mirada, el Fuji se asustó todavía más y simplemente empezó a correr con miedo con el fin de alejarse de ahí.

Corriendo entre la multitud, esperando hallar de algún modo a sus padres en los pocos sitios que había visto, al salir tan poco de casa, no sabía qué hacer, a quién preguntar.

– ¡Papá! ¡PAPÁ! – chilló Sakumo sin mirar por donde iba, llamando la atención de algunos que pasaban por su lado ante tal escándalo, hasta que finalmente chocó contra algo o mejor dicho, alguien.

Se trataba de Sasuke, había colisionado contra sus piernas, asustándole y debido a su torpeza, cayó de culo al suelo. La mirada frívola y amenazante del Uchiha, quien al ser un chico de los más altos de su edad, el hecho de que estuviera cargando a Satoru de vuelta en lo que esperaba que su novia regresara de hacer cola para comprar su comida, pasaba desapercibido y lo aterraba.

¿Un crío? – pensó Sasuke alzando una ceja extrañado. Este se encontraba llorando. – Genial… Ei.

No hizo falta que dijera nada más para que el niño se pusiera a sollozar nuevamente y eso que solo había dicho una simple y escueta palabra. No obstante, le pareció curioso ver que a pesar de llevar un gorro ceñido a su cabeza, se distinguían sus mechones cortos de color rosa en su flequillo. – ¿Ojos verdes?

Entendió que, al no haber un adulto que le llamara la atención, por más raro que pareciese que un crío no supiera valerse un poco por si mismo con normalidad como muchos otros, lo más probable es que el pequeño estuviera perdido.

– Oye ¿Te has perdido? – preguntó Sasuke doblando una rodilla al suelo para bajar más a la altura de Sakumo. Este, al comienzo, solo se apartó el brazo que usaba para tapar sus ojos poco a poco hasta que unos instantes después asintió con casi toda su cara húmeda, sin poder evitar que sus comisuras se mantuvieran hacia abajo debido a las contínuas ganas de llorar. Pese a todo, ver ahora con más claridad al pelinegro, ayudaba bastante. – ¿Cómo te llamas?

– … Kumo. – murmuró él Fuji apretando sus pequeños y finos labios entre sí. Parecía como si le estuvieran regañando, se sentía avergonzado y culposo.

– ¿Ah? – dijo el pelinegro dudoso, no le había entendido casi nada. El niño repitió lo que dijo de nuevo, quedando en las mismas.

– SAkumo… – repitió por tercera vez el Fuji, remarcando la primera sílaba de su nombre.

– Hmp. – pronunció Sasuke con algo de diversión. La criatura al parecer estaba algo molesta y dispuesta a hacer un berrinche, quien sabe por qué. – ¿Te sabes el teléfono de tus padres?

– No tengo. – elaboró simplemente Sakumo aun sentado en el suelo. Fue ahí que a Sasuke se le ocurrió ofrecerle la mano para ayudarlo a levantarse. Llegando a la conclusión de que estaba tratando con un niño de cinco años aproximadamente.

– ¿No tienes teléfono o…? – indagó el Uchiha un poco nervioso ante la ambigüedad de su corta respuesta.

– Sí. – dijo entonces Sakumo.

Eso hizo que Sasuke mirara hacia un lado intentando comprender cuál era la posible respuesta. ¿Sí qué? Aun así, Sakumo… Al ver el silencio de su acompañante desconocido, optó por decir más.

– Mis padres no me dejan tener. – explicó él finalmente haciendo que Sasuke, suspirase con algo de fastidio debido a la conversación que mantenía con el Fuji.

– Hn. Ya veo. – soltó el pelinegro entonces. – Escucha, no puedes andar por calles y lugares que no conoces sin nadie. ¿Cómo te perdiste?

– Mamá no me dejaba ir a ver los libros de la primera planta, por eso fui por mi cuenta. – admitió Sakumo haciendo un puchero breve, hinchando sus mejillas a la vez que movía uno de sus pies incómodo. Escondiendo sus manos detrás, por su espalda.

– Escaparte así no está bien, eso no se hace… – riñó el Uchiha entrecerrando los ojos con algo de enfado. Sakumo apartó la mirada.

– Sí, Sakuya-onee-chan me dijo eso. – dejó saber el pequeño con algo más de efusividad que antes a pesar de mantener la misma postura. Ahora se le entendía más claro.

– ¿Te hablan los dibujos animados? Interesante… – bromeó Sasuke consiguiendo que Sakumo le mirara con algo de fastidio.

– Sakuya Ohimesama no, mi hermana se llama Sa-ku-YA… – insistió el menor, fastidiandose aún más a sí mismo al ver que seguía sin pronunciar todavía bien la erre, muy para la diversión de Sasuke, por más que no lo mostrara. Era como tener a una mini Sakura frente a él. Esta se ponía igual siempre que perdía contra él en algo, sobre todo en las máquinas recreativas.

Fue entonces que se fijó como el niño empezaba a juntar las piernas entre sí de una manera muy inquieta, eso solo podía indicar una cosa. – Tengo pipi.

… Vale.

¿Y? ¿Qué se supone que debía hacer? Fue lo que estuvo por decirle Sasuke, pero nada más ver la mirada llena de súplica de Sakumo, relajando sus hombros, mirando brevemente a su sobrino despierto y sereno, entendió que no le quedaba de otra. – Está bien, sígueme.

De todas formas él también.

Sakumo le ofreció la mano, pero se encontró con que Sasuke ya había empezado a andar por lo que terminó siguiéndolo casi corriendo para agarrarse al extremo de sus pantalones y así no separarse. Ahora que lo pensaba… – ¿Cómo te llamas?

– Sasuke Uchiha. – accedió a decir el pelinegro, era mejor ser honesto porque se trataba de un niño perdido, al que de lo más seguro es que estuvieran buscando. Una vez salieran del baño se pondría a buscar a un guardia de seguridad para ayudar al pequeño cuanto antes.

– ¿Cuántos años tienes? – cuestionó entonces el Fuji, alzando su cabeza para mirar a su acompañante en lo que andaban.

– Dieciocho… – respondió él algo aborrecido de tener que padecer ahora la tanda de preguntas de un curioso niño. Bajando la mirada a él, vio como con su mano libre, contaba esa cifra con los dedos algo confundido.

– ¿Cómo es que eres tan alto? – escuchó que le preguntaba justo después.

– Ni idea. – respondió el mayor sin saber qué decir. Sakumo persistía en mirarle expectante, al parecer esperaba una respuesta más digna ¿Qué decirle? No solía hablar con mucha gente, mucho menos con niños.

– ¿Crees que llegaré a ser tan alto como tú a los diezocho años? Quiero… – charló con esmero y ganas Sakumo con una sonrisa, pasando por alto el detalle de que pronunció mal la edad de Sasuke de vuelta.

– No lo sé. – insistió el Uchiha. – Acabo de conocerte, niño…

– ¿Tienes novia? – volvió a preguntar él con curiosidad. Sasuke solo pudo tomar aire y estirar sus labios en una larga línea de exasperación e impaciencia. Por suerte ya se estaban acercando a los baños públicos. – Si no tienes es porque eres feo…

Será posible, este crío… – dijo Sasuke mentalmete ante semejante insulto gratuito de la nada. Parlanchín, llorón y encima metiche… Si es que…

– Para tu información, si tengo. – terminó por decir en lo que se adentraban a los aseos masculinos. Sakumo miró con curiosidad el cuarto y después a Sasuke, este no sabía que era la primera vez que entraba a un baño así y sinceramente… Los cubículos estrechos de separadores negros, daban mala impresión. Además, la iluminación de la estancia era fría, no como la de su casa, dónde apenas salía. No estaba demás sumar que normalmente se le acompañaba alguien. – ¿Y bien? Ahí lo tienes… Te espero.

– … – Sakumo se mordió el labio inferior tiernamente antes de volver a hablar. – ¿Me ayudas?

Sin querer perder el tiempo en cuestionar la falta de conocimiento del niño perdido que "vigilaba", el recuerdo de sus padres enseñándole cosas básicas para su independencia, al igual que su hermano, se le vino a la cabeza. Suponiendo entonces que cada individuo aprendería a su ritmo dependiendo de las circunstancias, no estaba de más. De todas formas él en un futuro tendría que hacerlo con Satoru. Cierto… Él tendría que aguantarse, no quería liberarse sujetando a su sobrino.

Adentrándose con él en la primera puerta libre que encontraron, al ayudarle a retirar su abrigo, accidentalmente, al levantarle un poco la camisa, se fijó en cierto objeto conectado a su cuerpo. En la barriga. También no había más que decir que el muchacho era muy delgado, no parecía desnutrido, pero no gozaba de la usual flacidez de los niños a su edad. Por la zona también había ciertas cicatrices. Fue entonces que él lo pilló mirándolo incómodo. – Ups…

– Puedes hacer lo demás solo, venga. Debes aprender estas cosas si quieres llegar a ser tan alto como yo. – animó él tal cual, de una manera muy penosa. Sakumo no hizo más que hacer otra mueca de berrinche más.

– Eso es estúpido… – dijo el pequeño sin cobardía, consiguiendo que al Uchiha se le hinchara una vena en la sien.

– ¿Quieres darte prisa? – zanjó Sasuke intentando controlar su irritación. Sakumo se encogió de hombros y obedeció. – Empieza por desabrocharte el cordón de tus pantalones y luego ya sabes.

Casi diez minutos después, tras ayudar al pequeño a volver a acomodarse la ropa como antes. Lo subió al lavabo para que se limpiara las manos. Haciendo que el pequeño alucinara un poco por la fuerza que tenía, restando un poco la irritación de antes, pero eso duró poco.

Cuando las tripas de Sakumo suplicaron comida, este no tuvo que abrir la boca para informar que le ocurría, solo mirar con ojos de cachorro al Uchiha frente a él.

– Vamos.

Guiando a Sakumo con un leve empuje detrás de su cabeza justo al salir de los baños, Sasuke notó como su teléfono vibraba en su bolsillo. Al sacarlo, vio que su novia le había hecho tres llamadas perdidas y justo acababa de enviarle un mensaje. Se había olvidado que tenía su teléfono en silencio. Respondiendo diciendo que iba de vuelta donde estaba, esta vez sí se dejó agarrar de la mano y junto a Sakumo, quien se dejó llevar, se pusieron en marcha.

– ¿Iremos a comer? – preguntó el Fuji. Sasuke negó.

– Tenemos que encontrar a tus padres primero. – razonó el Uchiha sin apartar la mirada de enfrente, Sakumo entonces asintió cambiando de nuevo a una faceta triste. – Ei, enano… Todo el mundo se equivoca. Te portaste mal y deberás disculparte de verdad ¿De acuerdo? Puedo adivinar que no es la primera vez que lo haces.

Se podía decir que él también hacía sus escapadas cuando era más pequeño, aunque luego le cayeran los castigos típicos de su padre y los más temidos, los de su madre.

– No es justo… – murmuró simplemente el Fuji con pena. Sus ojos pronto empezaron a llenarse de lágrimas, alarmando un poco a Sasuke. Fue entonces que recordó cierto obsequio que había comprado para Sakura en lo que le esperaba. Algo ridículo y pequeño. No había ignorado el detalle que ella tuvo al querer comprarle ese peluche a su sobrino y como él ya había conseguido otro para él mucho más grande, que la Haruno insistió en resguardar, no importaba mucho que se lo diera a ese niño. Podría comprarle otra cosa después. – Apenas me divierto y…

– Toma. – intervino el Uchiha, tendiéndole el llavero de Sakuya-Ohimesama… Si que es cierto que la figura era similar a la Haruno y ver a ese personaje o caricatura vistiendo un mono de dinosaurio del mismo color que su peluche cuando era crío, le pareció gracioso. Fue por eso que recordó la mención del personaje que el chico le dijo antes. – Te gusta ¿No? Es tuyo.

Al ver el "juguete", a pesar de no ser uno para nada, a Sakumo empezaron a brillarle los ojos de la felicidad.

– ¡¿De verdad?! – cuestionó bien alegre este último. Sasuke solo asintió.

No demasiado lejos, Sakura no tardó en percatarse que su novio se acercaba. Este parecía estar hablando con… ¿Su hermanastro? ¿Qué?

– ¡Sasuke! – dijo ella alzando una mano para que la viera. Ambos chicos se voltearon.

Tanto Haruno como su novio se sorprendieron cuando vieron como Sakumo corría hacia la primera, llegando enseguida para rodear sus piernas en un fuerte abrazo. Sakura no supo cómo reaccionar. – ¡Sakuya-onee-chan!

– ¿Le conoces? – preguntó el pelinegro extrañado.

– Ahm… – musitó ella intentando encontrar la manera de empezar a explicarle. Aun así, eso fácilmente fue opacado ante la idea de que al parecer, si estaba él ahí… Lo más probable es que sus padres y hermana también. Mirándole con algo de incomodidad, no tardó en agacharse, intentando sonreír lo más normal posible. – Es el hermano de Shion. Es decir, mi hermanastro… ¿Cómo es que está contigo?

Ya veo… Viéndolos de cerca se parecen. – observó Sasuke con detenimiento. La misma nariz, tono de piel, cabello y ojos. Pasaban más por hermanos ellos dos que esa rubia pesada que cursaba en su misma clase. – Se ha perdido, ha venido con sus padres. Estaba por llevarlo con seguridad.

– ¡SAKUMO! – chilló una voz femenina que le puso la piel de punta a la pelirrosa. No se trataba de otra que Ume Fuji, su madrastra.

Su sonrisa se torció nada más girar la cabeza y finalmente voltearse para encarar a los padres del pequeño. A unos pasos de ella, le seguía su padre. No estaba de más añadir que con ellos, varios empleados de seguridad se les juntaron. Esto implicaba una escena totalmente innecesaria, ya se habían volteado algunas cabezas curiosas. Cosa que detestaba.

Al parecer, su hermano de lo más seguro había vuelto a acostumbrarse a escabullirse.

– Perdón… – musitó Sakumo cuando vio a su madre plantarse frente a él, solo que esta no le hizo caso.

Sakura enfrió la mirada cuando vio como la rubia pasaba de largo para plantarse frente a Sasuke. Le hirvió la sangre nada más verle alzar la mano y propinarle una bofetada.

– ¡¿Quién demonios se cree que es usted para llevarse a mi hijo?! – amenazó la mujer de Kizashi completamente histérica.

Sakura apretó sus manos en puño. Alejándose de Sakumo, caminó hacia la madre del mismo con enfado.

– Ume… – empezó su padre ya un tanto más calmado al ver a su hijo de una pieza, este estaba sorprendido y abrumado por el escándalo. Los brotes de su mujer no podían ser menos bienvenidos.

Sasuke por su lado, miró mal a la mujer que le acababa de agredir. ¿Acaso estaba loca o qué?

– No empieces tú con Ume, Ume… Lo escuchaste perfectamente, nuestro hijo estaba con ¡...! – una fuerte y dolorosa bofetada la calló de golpe que la hizo jadear. Tanto los expectantes como Sasuke y demás se quedaron sorprendidos al ver como la Haruno mantenía la mano alzada tras propinarle el golpe a la mujer. Ume, tomándose la mejilla volteó la cara estupefacta, frente a sus narices, estaba la hija de la mujer que repudiaba con toda su alma. A quien también detestaba y además, acababa de pegarla.

– ¿Te atreves a golpearle? ¡¿Quién demonios crees que eres?! Veo que a los dos se os da bien tener no solo la lengua suelta, también las manos. – insinuó de mal humor la pelirrosa. ¿Quería un numerito? Pues lo tendría. A esas alturas ya no era nada nuevo.

– Tú… ¿Cuál es tu problema, niña maleducada? – respondió llena de rabia Ume con nada más el simple hecho de tenerla delante.

– Usted, señora. – declaró firmemente con altanería y desdén la Haruno nada más diciendo eso en lo que bajaba la mano. – Acaba de atacar a mi novio, delante de muchos testigos. No solo ante los guardias de seguridad. ¿Le parece que no es problema suficiente? ¡¿Quiere otra denuncia?!

El Uchiha por su lado, era la primera vez que veía a su novia protegerlo hecha una furia, parecía hasta una tigresa salvaje. Aunque la situación no lo pidiera, su orgullo por ella se elevó todavía más. No obstante, escuchando a Satoru empezar a llorar, enseguida se predispuso a calmarlo.

Mirando hacia la multitud que estaba mirando todo a pesar de que más de uno enseguida se pusiera en marcha enseguida, la esposa de Kizashi pareció calmarse si no demasiado, lo suficiente a pesar de lo sucedido.

– ¿Qué te dije, amor mío? Exacto, que no te precipitaras, que la dependienta de esa tienda solo dijo que le pareció ver como Sakumo les seguía. – razonó con decepción y molestia su marido. Este se encontraba sujetando a un asustado Sakumo, quien se aferraba ocultando a su rostro de todos, llorando por la escena que acababa de presenciar.

Al escuchar que su marido volvía a pasar de la idea de ponerse de su lado, aguantándose las lágrimas de ira acumuladas a los extremos de sus ojos, bajó la mano que sujetaba su mejilla tras el golpe y finalmente, sin musitar palabra, se predispuso a marcharse en dirección a la salida.

– No tan rápido, señora Fuji. Debemos solventar lo ocurrido debidamente, para ello necesitaremos hacerle unas preguntas a ese joven. A todos los implicados, para ser exactos. – la frenó un guardia de seguridad, dejándola aún más incómoda. – Iremos a nuestra oficina. Síganos, por favor.


– Cálmate, Sakura. – sugirió Sasuke a su lado. La susodicha se encontraba con la mandíbula tensa, cruzada de piernas y brazos a su lado. Separados de la puerta del despacho de los guardias. Dónde adentro se encontraba la familia de su padre.

Como respuesta solo obtuvo un mero movimiento de su pie alzado debido al enfado.

– ¿Se puede saber que te divierte? – destacó berrinchuda la pelirrosa sin hacer caso de lo que el Uchiha a su lado le pedía.

– Nada. – negó él sin ocultar la sonrisa burlona de sus labios.

La verdad es que ver como la cabeza de esa mujer giraba debido a la colleja que su chica le propinó se había quedado grabada en su mente. Había experimentado en primera persona, el dolor de las mismas, como esa vez en las colonias, cabe también recordar la manía de ser a veces brusca y violenta de la Haruno, especialmente con Naruto, el cual solía liarla demasiado, desencadenando situaciones similares a esta. Se podría decir que tenía una vasta experiencia en ello y a esas alturas era algo cómico. Cómo olvidar cuando ella también lo defendió en parte de Naruto ese día en el gimnasio.

– ¿Qué te preguntaron? – cuestionó Sakura preocupada, algo arrepentida por sus acciones más recientes.

– La razón de que estuviera con tu hermano. – explicó él sin más. – Él tropezó conmigo cuando tú estabas haciendo cola para comprar la comida.

Suspirando, Sakura decidió tomar su mano para al menos conseguir tranquilizarse de ese modo. Acabando por recostar su cabeza en su hombro. El Uchiha enseguida entrelazó sus dedos con los de ella, dándole un ligero apretón.

– Es diabético. – avisó Sasuke mirando hacia la ventana de enfrente de dónde estaban. Por la ventana, se podía apreciar a Sakumo leyendo un libro, esperando a sus padres completamente a solas. Era obvio que su chica cada vez, disimulaba que le tenía cierta curiosidad al niño. – Lleva un medidor de glucosa en los muslos. Aparte de que parece haber sufrido varias operaciones.

Padece la enfermedad del abuelo… – pensó Sakura recordando al padre de Kizashi, quien nunca tuvo la oportunidad de conocer ni ver. Solo escuchar según qué detalles por parte de sus abuelos maternos.

Lo había sospechado ese día que lo conoció en el hospital, viendo a la unidad en la que tuvo que llevarlo, recordando todo lo ocurrido, entonces encajaba.

A día de hoy, le sorprendía que su padre le hubiera hablado de ella a Sakumo con total libertad y familiaridad, pero no podía reprocharle por querer ser honesto con el pequeño sobre la verdadera razón de su existencia. Tal vez no quería ocultarle sus errores. Toda esta situación era tan desagradable que hasta parecía que se le había formulado un nudo enorme en su garganta, que pesaba demasiado.

– Le conocí poco después de nacer Satoru, el día que intenté ir a visitar a Izumi en el hospital. – explicó ella recordando todo.

– Se parece a ti. – dijo finalmente Sasuke con tranquilidad, sonriendo levemente sabiendo bien de lo que hablaba. – Y lo digo en el buen sentido. Sinceramente, creo que se siente solo.

– ¿A qué te refieres? – indagó la Haruno extrañada.

La puerta del despacho se abrió y con eso salieron Kizashi y Ume de allí. Esta última con una cara furibunda, pero al parecer ahora optaba por mejor quedarse callada. Casi que mejor.

– Pueden irse jóvenes. Está claro que lo sucedido ha sido un malentendido. – habló el guardia de mayor rango. – Disculpen, pero debemos regresar al trabajo. Buenos días.

Dejando que su mujer fuera a por Sakumo por su cuenta, Kizashi esperó a que los guardias y demás trabajadores se marcharan sin más, antes de mirar a su hija, la cual ya se había incorporado acompañada de su novio.

– Mis más sinceras disculpas de parte de mi mujer, joven. – dijo el Fuji para Sasuke, el cual se mantuvo serio.

– No, papá… – un pellizco mental interrumpió la frase que Sakura quería decir. Hacía tiempo que no lo llamaba así. Detalle que su padre no ignoró. – Ni se te ocurra.

– Es lo mínimo que veo correcto, además de como deber, hija. – explicó él haciendo como si nada. – Mañana domingo una fiesta de cumpleaños de un amigo de Shion, de Naruto a quien ya conocéis, se celebrará en nuestra casa. Estáis ambos invitados, como compensación. Me complacería que vinierais, sabiendo que sois del mismo salón.

Ume, con Sakumo delante de ella, sin haberse dejado llevar en sus brazos esta vez, llegó justo a tiempo para lograr escuchar a su marido proponerles esa idea. Aunque al parecer este no tenía más que añadir, por lo que tras tomar él la mano de su hijo, los tres se pusieron en marcha para empezar a alejarse de ahí.

Por el lado del hijo pequeño del matrimonio, este se quedó mirando a su hermana y a Sasuke en lo que lo guiaban lejos de ellos. Apretando contra su mano el llavero que el último le obsequió, el cual había escondido dentro de uno de sus bolsillos. Mirando como ambos se alejaban tomados de la mano.

– Dame la mano, Sakumo… – dijo su madre haciéndolo volver en sí. Nada más mirarla, mediante una mueca de desilusión y enfado, Ume se encontró con que este no le hacía caso para sin más pasar de estar entre ella y su padre, al otro lado del último, cambiando de mano. Al parecer estaba molesto con ella.

– Chavalín, no estés molesto con tu madre. La pobre se ha preocupado mucho por ti… Debes dejar de hacer eso de hoy ¿Está bien? – animó Kizashi frenando su andar para alzar a su hijo de nuevo en brazos. – ¿Qué es eso?

Kizashi intentó tomar el llavero que su hijo tenía en sus manos, solo para que este se lo apartara.

– Me lo regalaron. – explicó él rehuyendo de nuevo la mirada de su madre.

– Quien. – solicitó esta última. Esperaba que no fuera la Haruno.

– La señora de la tienda. – mintió Sakumo con facilidad, abrazando a su padre y recostando su cabeza en su hombro. Mirando a su hermana cada vez más lejos de su vista. Tal parece que sus padres le creyeron, por suerte. – Papá tengo hambre.

– ¡Vaya! Pues vamos a darte de comer… ¿Qué te parece una hamburguesa, hm? – respondió feliz su padre animadamente, sacándole al fin una leve sonrisa. – Luego iremos a comprar ese juguete que tanto querías ¿Sí? Antes de ir a casa.


Observando a Sasuke darle el recién caliente biberón (Que un camarero de la cafetería había aceptado calentar a cambio de comprar algo más) a Satoru sentados a las escaleras principales de la entrada del lugar del evento, Sakura meditó lo último que su padre le había dicho en cuanto a Naruto.

Ante la mención del rubio, lo sucedido ayer, tenía más sentido. Con eso se refería a esas preguntas estúpidas que el primero le dijo en el ambulatorio. No, no se había olvidado de su cumpleaños. Era difícil que lo hiciera, pero a decir verdad, él no fue del todo claro con lo que se refería en ese momento. Cabía recalcar que tampoco tenía la cabeza para la tarea de darlo por sentado, su mente estaba más metida con el tema de la beca.

Recordar que el Uzumaki se la hubiera arrebatado, explicaba también muchas cosas. Cosas que antes no afirmaba como estaba dispuesta hacer ahora.

A pesar de todo, se sentía un poco fuera de sí por no haberle ni siquiera felicitado el viernes. Aunque pensándolo bien… Después de lo que Ino le contó que ocurrió cuando estaba haciendo pellas, mejor dicho, en la clínica con la prima del mismo…

– ¿Felicitaste a Naruto por su aniversario? – cuestionó ella colocando los codos encima de sus rodillas para apoyar su mentón en sus manos. Observando con cariño a Satoru, que comía muy bien. Este se veía bien a gusto.

Sakura alzó las cejas al observar cómo su novio se tensaba casi imperceptiblemente.

– Si, aunque de una manera un tanto fuera de lo normal. – explicó el Uchiha alzando por un instante una de sus comisuras para frenar que una sonrisa burlona hiciera aparición en su rostro.

– Sabrás que las chicas, en especial Ino, me lo cuentan todo ¿No? – dijo ella tan campante, para nada sorprendida del comportamiento de ese par. – ¿Por qué rompiste su móvil de esa manera?

– Porque el muy imbécil robó el tuyo. – admitió Sasuke sin tapujos, inclinando más el biberón. – Al parecer no estuvo satisfecho con solo intentar besarte…

Queriendo indagar, Sakura no esperaba ver la faceta celosa del pelinegro salir a la luz tan de repente. En especial cuando no había el por qué de tener. Aun así, lo entendía… Ella también se molestaba cuando veía a más de una abeja intentar politizar a su novio, hablando muy metafóricamente. – Naruto no es especialmente cuidadoso con sus pertenencias, dudo que Jiraiya vaya a comprarle uno nuevo…

Ese no es mi jodido problema… – musitó él para sus adentros. El muy canalla se lo merecía y a decir verdad, se contuvo bastante. Ambos habían peleado y acabado peor, esto no era nada.

Entonces debió suponer que Sasuke fue quien milagrosamente dejó su teléfono encima de su pupitre durante el descanso. Sinceramente, estaba más que agradecida.

Acercándose más al pelinegro haciendo uso de sus manos para levantar un poco su trasero y colocarse donde quería, aprovechó viendo que el primero mantenía la vista fija a su sobrino para plantar un beso en la comisura de sus labios. ¿Qué más daba que estuvieran en público? Ahora solo importaban ellos… Fue ahí cuando se acordó del detalle para él que estaba en su bolsa.

Un grupo de chicas de la edad de ambos susurraron entre sí nada más pasar por el lado del Uchiha, el cual aunque con un ligero rubor debido a las públicas muestras de afecto que su novia le había acostumbrado a tolerar y disfrutar, se mantuvo en silencio haciendo eructar a su sobrino fácilmente para seguidamente reajustar de nuevo al pequeño en su portabebés.

¿Qué mejor momento para dárselo que ahora? Las tres muchachas, cuando vieron que se inclinaba para fusilarlas con una mirada, algunas hicieron una mueca y finalmente se fueron. ¿Qué les había dicho? Son como abejas buscando reina…

– Sé que me dijiste que no tenía porque regalarte nada, cariño… Que pese mis intentos de comprarte algo por tu cumpleaños no me "dejaras" ni insistir, eso no me impidió ahorrar para hacerlo en otro momento. – comentó ella llamando la curiosidad de Sasuke.

– ¿Qué es eso? – preguntó él al ver las dos cajas negras de forma cúbica con un lazo encima de la tapa. ¿Joyas? Cuando abrió la primera, se encontró con un par de relojes inteligentes a juego.

Sakura se colocó el suyo con rapidez bien sonriente, para seguidamente tomar y luego tirar sin hacer fuerza su brazo izquierdo para colocarle el suyo, el cual era de color azul marino, tirando a negro. En cambio el de ella, plateado, con subtono neón.

El Uchiha alzó las cejas al ver como con un simple toque de las pantallas tras colocar ambos artilugios uno al lado del otro juntando sus muñecas, estas se desbloqueaban para iniciarse dejando ver una foto de cada uno en el del otro. – Esposas. De esta manera, se verá que mi corazón te pertenece…

Diciendo eso último llevando la mano del pelinegro hasta su rostro para restregarlo contra la misma con cariño juguetonamente, rió cuando el último retiró la mano con rapidez. Todo tímido, a sabiendas de que le estaba incordiando a propósito.

Levantándose después de él, escondiendo sus labios para no avergonzarlo con una carcajada, disfrutó nuevamente ver como las puntas de sus orejas adoptaban un color rojizo intenso.

Eso la hizo sentirse orgullosa de sí misma.


Ya de noche, en la residencia Fuji, Kizashi se encontraba arropando a Sakumo en su cama a pesar de este intentar convencerle de que no estaba cansado, su rostro demostraba lo contrario.

Tras cenar, ayudarle a bañarse y lavarse los dientes… Le había parecido algo raro que esta noche, no le pidiera un cuento para dormir pero asociando al cansancio, no dijo nada. Es cierto que le había visto desanimado. Más todavía debido a lo que le tocó presenciar.

– Papá… – preguntó Sakumo acurrucándose en la cama, subiendo su edredón hasta su barbilla. – ¿Soy un engendro?

– ¿Qué? – dijo Kizashi totalmente confundido ante lo que acababa de escuchar de la boca de su hijo, de espaldas al mismo tras correr las cortinas de las ventanas de la habitación. Enseguida se le vinieron a la mente la enorme cantidad de veces en las que su mujer despotricaba de Sakura con ese apodo. Al parecer… Su hijo las había escuchado. Quién sabe cuántas veces.

De verdad, de pensar que creí que podría controlarse… Sakumo cuando no está en el hospital se pasa los días encerrado en casa. – reflexionó el padre con frialdad, para después inspirar aire. – Tu madre te adora, Sakumo. No lo pongas en duda. Ahora descansa.

Sin poder presionar el tema, Sakumo se encontró con que sus párpados ya se iban cerrando cada vez con más facilidad en lo que su padre encendía la luz nocturna y seguidamente se dirigía hacia la puerta para cerrarla.

Antes de entrar a su habitación dónde sabía que ya se encontraba su mujer, entró a la de su hija mayor, observándola frente a su tablet escribiendo algo. – ¿Qué tal van tus planes de fiesta?

– He enviado las invitaciones a todos. – respondió ella con una sonrisa. Su padre entonces acarició su cabeza con cariño.

– Envíales una a Sakura y su novio. – dijo él distrayendo a Shion de sopetón, eso hizo que alzara su mirada hacia él. – No te sorprendas, tu madre no es la única que controla quienes entran en esta casa y los que no. Quisiste invitar a los de tu curso, que sean todos…

Los labios de Shion temblaron. A decir verdad, ya los había invitado, pero eran del suficientemente grande grupo que ni se había molestado en leer el mensaje del grupo de chat. Lo más probable es que ni se plantearan venir y así lo esperaba. La ansia de su padre en querer involucrar a la popular de Haruno, la incordiaban… Esto no iba sobre ella. Iba sobre sí misma y… obviamente, Naruto. La estrella de la fiesta para mañana.

– Ya lo hice. – dijo ella en un susurro lo suficientemente alto para su padre.

– Bien. – añadió Kizashi asintiendo empezando a desabrocharse los botones de las mangas de su blusa, y seguidamente su reloj. – Por cierto, Shion. Cuando Naruto vino a casa, no le habrás enseñado el vestidor ¿Por casualidad? Tu madre no encuentra cierto pañuelo.

Dejando que varios mechones cayeran por su hombro ocultándole el rostro, el Fuji no pudo ver como su hija tragaba saliva. – ¿Qué pañuelo?

– El que ese diseñador extranjero confeccionó especialmente para ella. Ya sabes cual quiero decir, uno de sus favoritos. – interrogó Kizashi con tranquilidad, sin mirarla, estaba entretenida en limpiar el vidrio de su reloj antes de guardarlo dentro de su bolsillo.

– No. Solo le enseñé la planta baja, la terraza y mi habitación. – acabó por decir ella incorporándose de la cama para quedarse sentada en el colchón. – No obstante, ayer sí que vi a uno de los nuevos empleados dar una ojeada por la zona. También a la institutriz de Sakumo.

– ¿Me estás diciendo que tu no lo has visto? ¿Qué ese Uzumaki en ningún momento anduvo solo por la casa? – cuestionó Kizashi con insistencia.

Shion optó por quedarse callada, fingiendo pensar hasta que finalmente optó por alzarse de hombros como la que no sabía nada. Ante ese gesto, su padre optó por aparcar el tema por ahora.

– No vayas a dormir muy tarde, buenas noches. – finalizó Kizashi antes de salir de su cuarto y cerrar la puerta también. Dejando a su hija mayor jugando con la piel muerta de su labio inferior con inquietud, al recordar a cierto albino.

Tomando aire antes de armarse de valor para abrir la puerta de su dormitorio, suspiró nada más oler el difusor de aromas esparcir una fuerte fragancia a lavanda.

Sentada en el taburete frente al tocador, vistiendo un camisón color crema a juego con una bata de satén del mismo color, estaba Ume aplicándose los tónicos faciales para la noche previos a la hora de sueño. Sabía de sobras que estaba más que molesta por lo sucedido hoy, pero él también.

– Es la segunda vez, Kizashi. – empezó ella con recelo, mirándole a través del espejo, manteniéndose sentada, firme, de espaldas a él. – Que te rehusas en defenderme y te pones de su lado.

– Seguro que no hay comparación con el número de veces en los que tu insultas a Sakura. Te recuerdo que nuestro hijo puede escucharte. – recriminó él yendo hacia el juego de sofás frente el ventanal que daba al balcón, dejando ahí la corbata que acababa de retirarse.

– ¿Y qué? – respondió Ume como si nada, arrugando la frente ante la queja. – Mejor, así empezará a referirse a ella por lo que es.

– No es algo que pasar por alto, si nuestro hijo piensa que esa palabra es para referirnos a él. Mide tus palabras. – ordenó Kizashi con firmeza.

Ante esa orden, su mujer apretó el mango de su cepillo con furia.

– Si piensas, por un segundo que… – intentó decir ella, aunque su marido enseguida adivinó lo que iba a decir.

– No vas a hacer nada, amor mío. – frenó el Fuji de antemano. – No estás tratando con Mebuki.

– Ya, como si tú conocieras realmente a tu… Otra hija. – musitó la rubia con desdén. – ¿Se supone que debo dejar pasar que la hija de esa vieja buscona me haya abofeteado?

– La verdad sea dicha… Te lo merecías. – recalcó Kizashi con serenidad. Eso dejó pasmada a la mujer. – Llevo meses buscando maneras para controlarla, para conseguir que ella baje la guardia lo suficiente como para querer involucrarse mínimamente en nosotros, quitando de enmedio pestes y así conseguir la ayuda que requerimos para Sakumo. Solo para que tú eches todo por la borda a lo loco.

– ¿Me estás llamando estùpida, tesoro? – cuestionó con falsa dulzura, que sería mejor definirla como ira contenida, ya que pronunció esas palabras entre dientes.

– Piénsalo, cuando suelen salir bien tus planes si no intervengo yo. – le recordó su marido con burla. – Estúpida no, querida mía. Torpe, diría yo.

– Que yo recuerde, no dijiste nada parecido cuando acataste el plan que te di para abandonarla en ese supermercado a rajatabla. – presumió Ume en lo que finalmente se levantaba de su asiento para encarar a su marido.

– ¡Cosa que ahora pago factura! – dijo Kizashi alzando un poco la voz. – Y debo recordarte que eso no fue un plan magistral tuyo, sino un ultimátum. Demonios, Mebuki… ¡¿Es que no ves que hago esto para salvar la vida de Saku…?!

– ¿Cómo me has llamado? – cortó Ume esperando haber escuchado mal.

Recapitulando sus palabras, la rubia alzó un dedo con advertencia sin encontrar palabra alguna. No podía creerlo.

– Ha sido solo un despiste, Ume. – explicó Kizashi incómodo ante ese leve desliz.

Eso no evitó que su esposa simplemente bajara la mano, soltara una exhalación y se marchara del cuarto dando un portazo demasiado fuerte para su gusto. En fin, a pesar de todo…

El plan ya está en marcha. – reflexionó él siguiendo con su tarea de cambiarse a ropa de dormir.

Esto apenas comienza.


Que levante la mano, quienes disfrutaron con la bofetada hacia la madre de Shion. *Levanta la mano sonriente* La guindilla del pastel fue ver a Sasuke divirtiéndose ante lo que vieron sus ojos, les juro que como escritora me reí en esa parte. No pude evitarlo. Aunque no superará el Karma de la última escena.

Bueno, se acaba un drama y empieza otro. Lo agradable es que Karin ahora está a salvo y fuera de un embarazo no deseado. Ahora parece que quien está en problemas, no solo es Sakura, sino también Shion y Kakashi… ¿Alguien más que les preocupe? A mi si… Varios personajes en realidad.

Solo que esta vez no me atreveré a dar pistas sobre dónde mirar para lo que se viene…

Ah, por cierto… Les tengo preparada una sorpresa. Espero que dentro de poco, se las pueda dar. De momento…

Muchas gracias por leer, espero haberles hecho pasar un buen rato. Nos veremos en el siguiente episodio.

¡Hasta la próxima! Feliz inicio de semana.

XOXO