-La historia y los personajes no me pertenecen en lo absoluto sino que son de la completa autoria de Masashi Kishimoto más la narración y/o utilización de los hechos son de mi absoluta responsabilidad para la dramatización, sentido y cronologización de la historia :3 Esta historia tiene lugar tras el capitulo 468 de Naruto Shippuden, tras la batalla de Indra y Ashura. Les sugiero oír "Incomplete" de Backstreet Boys para Indra, "My Jolly Sailor Bold" de Ashley Serena para Sanavber, y "As Marcas Desse Amor" de Banda Universos para el contexto del capitulo.
Experimentar con plantas y determinados venenos no era un problema para Indra, Ashura era un tonto cabeza hueca, pero él por otro lado se había dedicado a estudiar la teoría de la guerra desde su más temprana infancia, nada era demasiado complicado para él y si bien le había tomado un par de horas reunir ciertas plantas venenosas que conocía, había servido y con ello las horas de preparación, moliendo los frutos y armando pequeños detonadores que se desintegraban al chocar con el suelo, dispersando un humo especialmente sensible al olfato de los animales—apenas y era molesto para los humanos—, por lo que habría de bastar para afectar los sentidos lobunos de los Harunn o eso quiso creer. Aprovechando la distracción que el polvo había causado junto a la explosión, nublando todos los sentidos de quienes ahí se encontraban, teniendo una pañoleta cubriéndole la nariz, mentón y boca para no dejarse afectar, Indra no tuvo miramientos en romper el cuello o ahogar por la espalda a quien fuere que se encontrase en su camino, sabiendo que distinguiría a Sanavber en cuanto la tuviera cerca, siendo ella la única vida que tenía pensado y quería preservar; cubriéndose la nariz y mentón con el brazo derecho, tosiendo por lo bajo, lord Masao se dio cuenta de la treta, esforzándose por localizar al responsable entre la espesura y nula visibilidad que daba el polvo, alargando una de sus manos al aire y logrando aferrarse a la ropa del Otsutsuki, halándolo hacia si de los hombros y propinándole un certero golpe en el lado izquierdo del rostro.
—Maldito humano— gruñó el Harunn, sujetándolo del cuello de la ropa. —Te arrancaré la cabeza y la colgaré de un muro— aseguró, observándolo fieramente. —Esto es por ti y toda la humanidad— ya había tenido más que suficiente de él y su raza.
Nada más decir aquellas palabras y a modo de silente amenaza, Masao dispuso continuar con sus golpes, deseando arrebatar la vida al humano igual que este le había quitado la vida a su hijo, mas el Harunn se vio impedido a hacerlo a causa de la sorpresa, volviendo la mirada por sobre su hombro con evidente sorpresa al escuchar el ruido de una ballesta siendo cargada y colocándose en posición; había ballestas en el lugar, las habían dejado en caso de que precisaran defenderse, pero Masao estaba sorprendido al ver un arma propia de cazadores en manos de uno de los miembros de su clan—desleal o no—y que le apuntaba con agarre tembloroso, nervioso. Aprovechando que se encontraba libre de sus captores, Sanavber se cubrió la nariz y labios con ambas manos tan pronto como notó el irrespirable polvo cubrirlo todo, arrastrándose por el suelo hasta donde recordaba haber visto las ballestas, solo buscando defenderse, escuchando golpes suaves contra el aire y que indicaban la caída de cuerpos, sabía que Indra estaba ahí y que iba a protegerla, pero ella también necesitaba defenderse, solo descubriéndose la nariz y boca al palpar la ballesta y que acomodó en sus brazos, conteniendo la respiración, mas sintiendo las lágrimas en los ojos ante el molesto aroma en el aire para su sentido del olfato. Teniendo la mano del Harunn alrededor del cuello, Indra volvió la mirada por sobre el hombro hacia Sanavber, no sabiendo si las lágrimas en sus ojos eran de tristeza por apuntar con un arma a uno de los suyos o por el polvo que él había detonado en el aire.
—¿Asesinarías a tu familia?— cuestionó lord Masao, visiblemente sorprendido. —Eres como los cazadores en esa noche— condenó, soltando el cuello del Otsutsuki.
—No quiero hacerlo— contestó Sanavber, no siendo en absoluto una opción. —Por favor, no me obligues— rogó cuando este no se alejó del Otsutsuki ni dejo de observarla.
—Sanavber…— susurró Indra, no queriendo forzarla a actuar, mas siendo necesario.
—No puedo— negó la pelinegra de inmediato, negándose a llegar tan lejos.
—Si no lo matas, él te matara a ti— obvió el pelicastaño, pensando en ella únicamente.
—No quiero hacerlo…— masculló la Harunn con la voz entremezclada con un sollozo.
—Te daré la espalda, es lo que te mereces— declaró lord Masao, atestiguando todo en silencio hasta entonces.
Volviéndose de espaldas tras decir esas palabras, Masao cambió voluntariamente de hombre a lobo, solo entonces volteando a ver a Sanavber, enseñando los dientes con un gruñido feroz, como si buscara atacarla….como si pretendiera atacarla y que ella se defendiera con esa ballesta, como haría un cazador ante quien consideraba un enemigo, como si fuese humana; el agarre de Sanavber sobre la ballesta tembló, no quería hacer eso, no quería disparar a nadie, solo quería salir de ahí con Indra…¿Por qué lord Masao la estaba obligando a llegar a tanto? Irguiéndose desde su lugar, no pudiendo atacar al lobo, pues este acataría primero a Sanavber, Indra solo pudo observarla, no quería decirle que le disparara al líder de su clan, menos en su forma de lobo, sería como revivir el momento en que él la había atacado…pero, ¿Qué más podía hacer? Si ella se dejaba atacar, estaría muerta y él no podría hacer nada, pero si le disparaba lo mataría como un cazador a su presa. Sintiendo esta indecisión, lord Masao finalmente se abalanzó sobre Sanavber que cerró los ojos y disparó la flecha cargada en la ballesta, deseando no acertar, mas tristemente la flecha dio en el corazón del lobo, el cual cayó al suelo moribundo y gimiendo lastimeramente. Al abrir los ojos, Sanavber soltó la ballesta y se acercó preocupada a lord Masao, arrodillándose a su lado y acariciando su pelaje mientras este moría en su forma de lobo, cerrándole ella los ojos, y alzando la mirada hacia Indra que alargó su mano para estrechar la suya e instarla a correr. Debían salir de ahí…
Aunque hubieran acabado con lord Masao, aunque supieran que tendrían determinada ventaja si de huir se trataba, Indra y Sanavber debieron de correr por lo que pareció casi una hora, no deteniéndose en ningún momento, tampoco volteando, solo yendo hacia adelante y entrelazando distraídamente una de sus manos en el proceso, para correr al mismo ritmo, mas al final acabaron soltándose durante el trayecto, sin que ninguno estuviera por sobre el otro. Sería una mentira para Sanavber decir que no deseaba volver el tiempo atrás, matar a lord Masao había sido algo necesario, pero no se sentía orgullosa por ello y no lo volvería a hacer de ser preciso, todo lo que deseaba era la paz, sujetándose la falda del kimono para correr lo más rápido posible, no sabiendo si lord Masao había posicionado a sus subordinados más leales a prudente distancia de donde se encontraban para atacarlos a Indra y a ella por la espalda cuando menos se lo esperaban, pero todo el tiempo que corrieron sin detenerse parecía eliminar aquella posibilidad, permitiéndole soltar un suspiro de alivio antes de por fin detenerse tras lo que consideraba una prudente distancia. Intentando prever y considerar mentalmente todos los peligros que los rodeaban, Indra corrió sin mirar atrás, únicamente observando a la Harunn por el rabillo del ojo para comprobar el ritmo al que estaban corriendo y que ella se encontraba bien, antes de paulatinamente disminuir su velocidad tras un largo trayecto, deteniéndose en medio de la espesura del bosque.
—¿Estás bien?— preguntó Indra solo para estar seguro, volviendo la mirada hacia ella.
—Sí, descuida— asintió Sanavber con un hilo de voz, llevándose una mano al centro del pecho.
Era una suerte que tuviera tan buena condición física, siendo en extremo brutal si de entrenar se refería, o así había sido en tanto había vivido en los dominios de su padre lord Hagoromo, mas de igual forma Indra no pudo evitar cansarse, apoyando ambas manos en sus rodillas e inclinando la cabeza al tratar de mantenerse erguido para recuperar el aire, jadeando y respirando pesadamente, bajando la guardia por al menos un momento y más al saber que la Harunn de pie a su lado se encontraba bien, eso por sí mismo logró desacelerar el angustioso latir de su corazón y que, como de costumbre, él se empeñó en ignorar, negándose a mostrarse débil. Respirando pesadamente, Sanavber se sentó sobre la hierba con las piernas extendidas y recargándose sobre estás, inclinando la espalda y tratando de pensar lo más rápido posible en que hacer o como proceder, mas teniendo la mente en blanco por el momento, que lord Masao y sus subordinados más leales estuvieran muertos no era suficiente, no es como si Sanavber e Indra—y ella hablaba por él—pretendieran atacar al clan Harunn, pero estos sí podrían pensar en atacarlos y debían armar una estrategia, pero de momento la mejor estrategia y que implicaba un menor gasto de energía era huir derechamente y en tanto pudieran, no era lo ideal, pero era lo mejor por ahora. Si antes de conocerla Indra ya había sido un fugitivo, un proscrito, ahora esa condena se había pasado a ella que por fuerza mayor había tenido que matar al líder de su clan, ¿Qué pasaría con ella ahora?, ¿Con ambos?
—¿A dónde iremos ahora? Ellos parecen controlarlo todo— preguntó Indra, no sabiendo si merecía la pena intentar seguir huyendo.
—Hay un lugar donde no estarán— susurró Sanavber con un jadeo cansino. —Está a dos días de camino, si continuamos— agregó alzando la mirada hacia el pelicastaño.
—Solo si estás bien para seguir— condicionó el Otsutsuki, imaginando lo cansada que ella debía estar y más ante tantos devenires emocionales.
—Lo estoy— sosegó la cansada Harunn, mas con voz decidida. —No perdamos tiempo— apremió, considerando que ya había descansado mucho.
Si volvieran a descansar, si mantuvieran la guardia baja, serian sorprendidos con un ataque, eso ya había pasado hacia casi un día y no podían permitir que sucediera, por lo que Sanavber fue la primera en ponerse de pie con un ligero quejido ante el cansancio por haber corrido anteriormente e intercambiando una última mirada con Indra que asintió únicamente y ante lo que ella abrió el camino, avanzando delante de él y sabiendo orientarse muy bien en el bosque en que estaban, como si hubiera estado ahí toda su vida—y era posible—o como si conociera el camino que debían seguir, y en cualquier caso Indra no le preguntó nada y la siguió con absoluta confianza. Al ser un proscrito y no teniendo idea de que podrían decidir hacer su padre o su hermano contra él, Indra no podía confiar en nadie, no conocía a nadie de aquellos con quienes se había encontrado hasta el momento presente y, sin embargo, confiaba en Sanavber con su vida, apenas y la conocía lo suficiente o eso le decía la voz de la sensatez y cordura en su mente, pero ahí estaba él entregándole su confianza y su vida, diciéndose una y otra vez que ella sabía lo que hacía y ella ya le había probado hasta ahora que era fuerte, capaz, valiente y decidida, cualidades que Indra admiraba de ella con locura, pero cuyo sentir acalló, siguiéndola en completo silencio. Ambos tenían a su favor la escasa iluminación, era de noche y ni siquiera había luna en el cielo, tan solo las estrellas, permitiéndoles a ambos moverse velozmente por la espesura del bosque, la Harunn abriendo el camino y el Otsutsuki siguiéndola sin dudarlo, no importándole cuanto tiempo durase el viaje.
El camino sería largo, pero seguro junto a ella.
Continuar caminando no era la mejor opción, ambos estaban cansados y de hecho todo lo que deseaban era poder detenerse a dormir...pero ambos sabían que si bajaban la guardia y se sometían a aquel actuar vulnerable, serian atacados y ninguno podía permitirlo, continuando con su camino ininterrumpidamente, sin detenerse más que para recuperar el aliento o alimentarse con los frutos que encontraban en su camino, el Otsutsuki confiando ciegamente en la guía de la Harunn que caminaba un paso por delante de él. El bosque comenzó a tornarse cada vez menos espeso, aún había árboles por montón, pero increíblemente la geografía se volvía tenue en tanto ambos llegaban a lo alto de una colina en su camino, deteniéndose Sanavber primero para contemplar que había más allá e Indra situándose un par de segundos después a su lado y estudiando el mismo escenario; era un asentamiento pequeño, Sanavber no sabía si podía ser considerado una villa, pero lo era para ella que esbozó una distraída sonrisa ante la diferencia geográfica, la última vez que había visto ese lugar apenas y había visto un par de hogares, y ahora ya cobraba forma y era un asentamiento pequeño en toda regla, casi podía escuchar a lo lejos el eco de cotilleos, de risas, vida y una bullante rutina, muy diferente a la estructurada rutina social del clan Harunn. Observando el pequeño asentamiento, estudiándolo desde lejos y pareciendo este perfectamente inofensivo en apariencia, el Otsutsuki volvió la mirada hacia la Harunn por sobre su hombro.
—¿Qué lugar es este exactamente?— preguntó Indra a la pelinegra, orientándose únicamente gracias a ella a la par que aventurándose a lo desconocido.
—Es un asentamiento de exiliados— resumió Sanavber, volviendo la mirada hacia él, —lord Masao desterraba a todos quienes no estuvieran de acuerdo con sus reglas, y con el paso de los años estos fueron acumulándose en un asentamiento propio— explicó antes de regresar la mirada hacia el asentamiento. —Lord Rokuro, antiguo segundo al mando del clan, dirige el asentamiento— agregó, sabiendo que él querría saberlo de antemano.
—¿Son agresivos?— inquirió el Otsutsuki solo para estar permanecer alerta.
—Guarda tus armas— negó la Harunn volteando a verlo. —Se puede confiar en ellos— añadió con voz firme a la par que segura.
Ambos ya habían derramado suficiente sangre, voluntaria o involuntariamente Sanavber se sabía responsable de diezmar parte de su ya escaso clan, pero había sido algo necesario y se dijo mentalmente que de estar en esa situación otra vez, lo volvería a hacer, pero a su parecer ya había sido suficiente de aquel reguero de sangre, de ahora en más Indra—sobre todo él—y ella serian diplomáticos, y ella se lo impuso con una mirada ligeramente fiera, en que incluso sus orbes esmeralda llegaron a brillar, recordatorio de su verdadera forma de lobo y que no quería tener que adoptar para persuadirlo, ante lo que él asintió únicamente, prometiendo comportarse. Por costumbre, habiendo nacido como el primogénito de su familia y teniendo en cuenta lo idiota que era su hermano menor, Indra había crecido atacando primero y preguntando después, en ese punto de su vida era una segunda naturaleza, pero si Sanavber requería y exigía que fuera diplomático, lo seria, guardando silencio y bajando calmadamente por la colina, caminando al mismo ritmo que ella hasta la sencilla entrada del asentamiento; las calles eran sencillas, las casas pequeñas pero muy cerca unas de otras, con la gente deambulando por estas, socializando y departiendo en su rutina. Uno de los habitantes que circulaba por las calles reparó por fin en la presencia del Otsutsuki y la Harunn, acercándose con lo que parecía ser una amablemente genuina sonrisa ladina, era un hombre alto, de unos veinte años, corto cabello entre almendra y castaño, con ojos entre esmeralda y oliva.
—Sanavber, nos alegra volver a verte— saludó Nobuo, acercándose a abrazar cálidamente a su antigua amiga, abrazo al que ella correspondió con gusto.
—Y a mí me alegra verlos a ustedes, Nobuo— correspondió la pelinegra con una sonrisa, rompiendo el abrazo. —Necesitamos hablar con lord Rokuro— solicitó, volviendo la mirada por sobre su hombro hacia Indra, siempre tan serio.
—Los llevaré con él, síganme— asintió el Harunn, indicándoles el camino a seguir.
Intercambiando una mirada con Sanavber por costumbre, Indra siguió los pasos de este individuo llamado Nobuo, parte del clan Harunn según denotaba su aspecto físico, mas no pronunciando ni media palabra, buscando alguna forma de definir lo que él consideraba su territorio mentalmente, no habiéndole gustado nada que ese sujeto abrazara de la nada a Sanavber y con lo que parecía ser mucho afecto, por supuesto que el Otsutsuki sabía que la Harunn era muy amable y sociable con quienes la rodeaban, además tenía una sonrisa hermosa y una energía en extremo positiva…pero, con él sintiendo que no tenía nada y que a la vez lo tenía todo en tanto ella estuviera a su lado, en su interior despertaban emociones que nunca antes había sentido y no sabía cómo lidiar con ellas, siguiendo en silencio al Harunn y caminando casi pegado a Sanavber. Nobuo guio a la pareja por las calles del asentamiento, sin que nadie se extrañara por la llegada de viajeros, algunos saludando a Sanavber y otros no inmutándose siguiera en tanto el Harunn los llevaba a una casa ligeramente más amplia, a la cual llamó antes de ingresar, saliendo unos momentos después y permitiéndoles a la pareja ingresar a una amplia sala; en el interior se hallaba un hombre de unos cuarenta años, de aspecto sabio, corto cabello rebelde y negro como la tinta, ojos entre esmeralda y viridian, piel blanca y que parecía ser amable, levantándose de inmediato de su lugar para atraer a Sanavber en un abrazo, al que ella correspondió como si se tratara de un familiar suyo.
—Sanavber— lord Rokuro finalmente rompió lentamente el abrazo, mas manteniendo sus brazos alrededor de la joven a quien observó con admiración.
—Lord Rokuro— sonrió la pelinegra, habiéndolo extrañado muchísimo desde que lord Masao lo había exiliado hace casi ocho años.
—La niña que recuerdo ha quedado atrás— admiró el Harunn, sosteniendo una de las manos de ella y haciéndola dar una vuelta para evaluarla mejor. —Sean bienvenidos, ambos— declaró, concentrando entonces su atención en el Otsutsuki. —Acompáñenme a almorzar y hablemos, ¿les parece?— invitó, señalando la mesa generosamente servida.
De todos los escenarios que Indra podría haber intentado anticipar durante el breve tiempo que había durado su viaje hasta el hogar de quien era la mayor autoridad en aquel lugar, sin lugar a dudas había esperado un recibiendo mucho menos amable y generoso; primero lo había sorprendido el cariño que el hombre sentía con Sanavber, tratándola como haría un padre con una hija en lugar de con el fuerte autoritarismo que había mostrado el fallecido lord Masao, y ahora sorprendía al Otsutsuki la generosa mesa de banquete en que había: frutas, verduras de todas las clases, pasteles, carne, panecillos...Indra no recordaba haber visto tanta generosidad en alimentos desde sus ahora lejanos días en el clan Otsutsuki, y casi temió aceptar probar tan siquiera un bocado, no es que pensara que la comida estaba envenenada, pero nunca se sabía. Muerta de hambre hasta ese momento, solo habiendo probado frutas ligeras y vallas en su largo camino desde hace dos días, solo habiendo escapado rutinariamente por alrededor de una semana y sin mirar atrás, Sanavber asintió llena de entusiasmo, tomando asiento sobre uno de los almohadones dispuestos ante la mesa larga y baja, como también procedió a hacer Indra—evidentemente receloso, y ella no podía culparlo, mas volteando a verlo y alentándolo a comer lo que quisiera—y por ultimo lord Rokuro, que tomó la botella de sake en el centro de la mesa y sirvió un poco en los vasos de ambos antes de servir también el suyo. Había mucho que discutir, y Rokuro realmente quería saber que los había llevado a ambos ahí, pero no lo harían con el estómago vacío…
Pecar de glotonería era una falta a los modales que había crecido aprendiendo, e Indra no pudo evitar avergonzarse interiormente al ver que la mesa antes repleta de comida ahora se encontraba casi vacía, que lord Rokuro y Sanavber a su lado comieran mucho no le extrañaba, imaginaba que—teniendo la forma tanto de lobos como de humanos—sus organismos consumían mucha energía para ser tan fuerte, hábiles y agiles, ¿Pero y él? Había comido de forma destemplada, no recordaba haberse sentido tan satisfecho por disfrutar de una buena comida en mucho tiempo, callando en su mayoría y disfrutando de la comida, dejándole a Sanavber la labor de relatar a lord Rokuro todos los acontecimientos que habían tenido lugar, partiendo por un resumen de la vida en el clan Harunn desde que él había sido exiliado, luego hablándole parcialmente de él como Indra—sin decir su apellido—y de las desventuras que ambos habían atravesado hasta llegar ahí. Igualmente satisfecha y sonriendo para sí, observando a Indra por el rabillo del ojo y haciéndole saber que nadie lo culpaba por su voraz apetito, comparable al suyo y al de lord Rokuro, Sanavber se levantó de su asiento para rellenar los vasos de lord Rokuro, Indra y ella con más sake, entonces volviendo a sentarse y bebiendo su trago velozmente, debiendo admitir que había extrañado mucho beber algo de alcohol y que en nada la afectaba debido a su metabolismo, como sucedía con todos los Harunn. Ayudaba mucho a la situación que lord Rokuro hubiera aceptado la muerte de lord Masao en relación con sus actos, permitiéndoles a Indra y Sanavber estar tranquilos.
—Masao siempre fue un extremista, no me extraña en nada que haya tenido tal final— comentó el Harunn por fin, bebiendo su trago de sake. —Que Kami acoja su alma— agregó por lo bajo, claramente por cortesía y no por deseo propio. —Pero, mientras nosotros continuemos vivos, es menester sobrevivir y me complacerá recibirlos en nuestra pequeña villa— declaró por fin, dándoles oficialmente la bienvenida. —Como pueden ver, no tenemos mucho, pero es un lugar que podemos llamar hogar— se disculpó con una sonrisa igualmente cálida para el Otsutsuki, que inclinó la cabeza como agradecimiento.
—Buscare alojamiento para nosotros— se excusó Sanavber, levantándose de su lugar.
—Ve, pequeña, di que yo lo he autorizado— asintió lord Rokuro, dirigiéndole una amable sonrisa. —Si no es problema, lord Indra, quisiera hablar con usted de algo más— agregó, pidiéndole que permaneciera ahí.
Habiéndose levantado de la mesa y dirigiéndose respetuosamente hacia las puertas que daban con el exterior, Sanavber se detuvo y volvió la mirada por sobre su hombro hacia Indra, de igual manera que este volvió la mirada por sobre su hombro hacia ella, ninguno sabiendo si era lo correcto separarse en aquel lugar—habiendo aprendido él que los miembros del clan Harunn le eran igualmente hostiles a Sanavber o así había sido en el caso de lord Masao—, mas lord Rokuro tranquilizó a la Harunn con una mirada especial, nuevamente como si la viera como una hija en lugar de una mera pieza más del clan como había hecho lord Masao, permitiendo que la pelinegra se retirase, no sin antes esbozar una ligera sonrisa para el Otsutsuki, haciéndole saber que todo estaría bien. Siendo bueno en ocultar sus emociones, Indra no demostró realmente su inquietud en ningún momento, mas si tensando los músculos por inercia tan pronto como escuchó las puertas cerrarse; no temía por sí mismo, eso sería ridículo y más en ese punto, pero si le preocupaba Sanavber, era una mujer fuerte y capaz de lo que fuera, pero él igualmente sentía el deseo de protegerla, mas si lord Rokuro la veía con tanto afecto él debería de confiar en que todo estaría bien y que nadie la atacaría en ese lugar, regresando su atención al Harunn, bebiendo calmadamente su trago de sake, no acostumbrando a beber, mas si siendo bueno en guardar las apariencias, notando que el Harunn de hecho lo estaba evaluando en silencio, comprendiendo que este sabía quién era él.
—Conozco a su familia, el apellido Otsutsuki es conocido incluso en zonas como estás— comentó lord Rokuro finalmente, sirviéndose más sake y llenando el vaso del pelicastaño. —No pretendo ser juez ni preguntar las razones que tiene para encontrarse tan lejos— aclaró, no siendo su intención hacerle sentir que solo tenía enemigos, porque no era así.
—¿Me ve como una amenaza?— cuestionó Indra solo para estar seguro, y no queriendo ser una presa.
—Para nada, lo que quiero es ofrecerle un acuerdo— sosegó el pelinegro, despertando el interés del Otsutsuki. —Como verá, nuestro asentamiento carece de grandes comodidades, y no podemos tenerlas porque estamos rodeados de villas y asentamientos mayores que nos hostigan, nos roban y atacan— explicó, ya que el Otsutsuki desconocía aquella información. —Si usted nos protege y enseña las artes del ninshu, puede considerar esta villa su hogar por el tiempo que quiera, incluso permanentemente— planteó, siendo una oferta muy generosa y no una imposición.
—Eso se relaciona con mis planes, por lo que acepto con gusto— contestó el pelicastaño de inmediato. —Pero, mis planes son los de la conquista; mi padre y mi hermano me exiliaron, custodian el poder para tenerlo ellos únicamente y no estoy de acuerdo con ello— expuso, sabiendo que no tenía por qué callar sus intenciones.
—¿Quiere librar una guerra?— consultó el Harunn, curioso a la par que intrigado.
—No, quiero crear mi propio clan, y demostrarles a mi padre y hermano que no solo ellos tienen el poder para escribir el futuro— corrigió el Otsutsuki, cada vez más seguro gracias a Sanavber. —Por ello, le propongo que me ayude a conquistar a los enemigos que tiene, para que creemos un clan nuevo; yo les brindare mi protección y ustedes se convertirán en mi subordinados— así todos saldrían ganando, él en especial.
—Respeto a un hombre con poder, con fuerza, pues en su puño yace la ley del mundo— admiró lord Rokuro genuinamente. —Solo el fuerte puede escribir el destino, solo el fuerte puede hacer su voluntad y proteger a los débiles— el poder debía usarse con sabiduría, y el Otsutsuki ante él la tenía. —Cuenta con mi apoyo, lord Indra— declaró, más que complacido con la modificación del acuerdo.
—Gracias, lord Rokuro— asintió Indra, permitiéndose esbozar una sonrisa ladina.
Mucho más tranquilo al saber que hablaba con un aliado en lugar de con un potencial enemigo—pues eso había sido el fallecido lord Masao—, Indra bebió su trago de sake, diciéndose mentalmente que eso era suficiente, que necesitaba mantenerse lucido, por lo que se levantó dignamente de la mesa y estrecho la mano que lord Rokuro le tendió, cerrando así el acuerdo y procediendo el Otsutsuki a retirarse para encontrar a Sanavber, teniendo mucho de lo que hablar, cerrando las puertas tras de sí al salir, pudiendo respirar tranquilo esta vez, ya no sintiendo que tenía que huir, solo aventurarse hacia adelante. Días atrás, antes de que Sanavber fuera secuestrada por lord Masao y sus subordinados—solo por haberlo protegido desde el principio—, Indra había manifestado a Sanavber su deseo de crear algo completamente nuevo, un nuevo clan, un futuro diferente del que se había pensado para él y ahora estaba decidido a hacerlo. Incluso si su padre y su hermano retractaran de su traición contra él, Indra no los perdonaría, no ahora que aspiraba a mucho más; quería que Ashura se retractara y en especial su padre, quería que ambos le cedieran el poder y que, a la larga, ambos reconocieran su unión con Sanavber y le dieran el lugar que le correspondía como su futura esposa, porque quería que lo fuese…mas eso no sería fácil, su padre lord Hagoromo tenía su forma de hacer las cosas, e Indra estaba dispuesto a esperar, demostrando hasta entonces que podía sobrevivir por su cuenta y que no necesitaba ni a su padre, ni a Ashura ni al ninshu.
Él crearía su propio clan.
Lord Rokuro había resultado ser un anfitrión en extremo generoso, había destinado una pequeña cabaña lo suficientemente espaciosa y con todas las comodidades disponibles para que Sanavber e Indra residieran a ahí, evidentemente el Harunn los veía como si ya fueran una pareja y, aunque interiormente abochornado a la par que no queriendo admitir los confusos a la par que vulnerable sentimientos que estaba teniendo por la Harunn, Indra se sintió a gusto con la idea, siguiendo a Sanavber al río colindante a la pequeña villa luego de instalarse en su nuevo hogar, debiendo admitir que deseaba darse un baño luego de tantos días huyendo de peligros que parecían no tener fin. El agua era fresca y relajante sobre los cuerpos de ambos, sumergidos en el agua del río, revitalizante para sus músculos mientras nadaban uno muy cerca del otro, Sanavber bañándose de espaldas a Indra y observándolo de vez en vez por el rabillo del ojo y con una distraída sonrisa, intentando concentrarse en lo suyo, mas en un juego tan tentador que el Otsutsuki no pudo resistirse por más tiempo, nadando sutilmente hasta ella y sorprendiéndola por la espalda, envolviendo sus brazos alrededor de su menuda figura, buscando sus labios que ella le ofreció al volver la mirada en su dirección por sobre su hombro, besándola vorazmente, mordiendo sus dulces labios y recibiendo el mismo fervor de Sanavber, quien entreabrió los labios y le dio la bienvenida a su boca, envolviendo su lengua contra la suya, derritiéndose gustosa bajo sus atenciones.
Queriendo olvidar todo el peligro que habían corrido, así como los oscuros acontecimientos que habían tenido lugar, Sanavber gimió mientras enredaba sus brazos alrededor del cuello de Indra, quien lentamente los aproximó a la orilla, su cuerpo reaccionando innatamente a su estado de excitación y su mente ahora nublada de deseo ante la idea de ser suya de nuevo, mostrándose dócil entre sus brazos hasta que ambos llegaron a la orilla, empujando ella ligeramente al Otsutsuki para que se recostase y montándose ella a horcajadas encima suyo. Sus ojos recorrieron con deseo y admiración el musculoso cuerpo del Otsutsuki antes de encontrar sus ojos con los suyos, con mirada llena de desesperada necesidad y deseo que solo igualaban a la suya, ambos no necesitando decir nada más, sino que actuando; él sujetándole firmemente las caderas y ella dejándose caer sobre su miembro, echando la cabeza hacia atrás con un largo y melodioso gemido. Los ojos hambrientos del Otsutsuki, que pasaron de ónix a carmesí, devoraron la belleza de la Harunn encima suyo, la delicada curva de su cuello, sus hombros, sus perfectos y pequeños pechos, su estrecha cintura y sus generosas caderas…toda ella era la perfección misma y él no podía dejar de desearla, alargando una de sus manos para sujetar a la Harunn por la nuca, halándola hacia si en un nuevo beso, gruñendo y ahogando sus gemidos en medio del beso, sintiendo el cuerpo de ella moverse encima suyo y por lo que él se sentó con ella aún encima suyo, montándolo.
Los labios del Otsutsuki descendieron de los suyos a su mentón, cuello y más abajo, besando su cuerpo con deleite en tanto ella cerraba los ojos y se dejaba hacer entre sus brazos, arqueándose al sentir sus labios trazando la curva de sus pechos, aprisionando sus pezones entre sus labios y gruñendo al escuchar suaves gemidos escapar de sus labios, disfrutando de saber que ella se deleitaba con el placer de su tacto. Envolviendo firmemente uno de sus brazos alrededor de ella, Indra disfrutó de sentir su cuerpo contra el de la hermosa Harunn, besando a Sanavber con fuerza, intentando saborear desesperadamente con su lengua cada centímetro de ella, manteniendo sus caderas lo más estrechamente unidas a las suyas, ambos moviéndose al mismo ritmo y vaivén, ahogando sus gemidos y jadeos en los labios del otro, aprovechando lo obnubilada que se encontraba ella a causa del placer que él le estaba proporcionando y haciéndola quedar debajo suyo, sin encontrar resistencia, acomodándose entre sus piernas y haciéndola suya sin descanso. El cambio de ángulo hizo que Sanavber se arquease más contra Indra, descendiendo su tacto de sus hombros a su espalda baja y caderas, rogándole en silencio que fuese más rápido y más duro, sintiéndolo llegar más profundamente desde esa posición y alcanzar nuevos puntos dentro de ella que se sentían aún más placenteros, haciéndola abrir las piernas y envolverlas firmemente a sus caderas, arqueando la espalda aún más para darle acceso completo a ella y a lo que él quisiera reclamar.
Apoyando uno de sus brazos en el suelo para no aplastar a la Harunn con su peso, Indra no pudo evitar bajar la mirada y observar su miembro embistiendo y retirándose de la feminidad de Sanavber, gruñendo, regresando la mirada a los ojos de ella e inclinándose para besar sus labios, esbozando una sonrisa ladina al escuchar sus gemidos intentando escapar de sus labios incontrolablemente cuanto más se acercaba el clímax, cerniéndose sobre ambos, ella casi llorando por lo bien que él la estaba haciendo sentir, ambos haciendo el amor al aire libre y sin embargo sintiendo como el ambiente se volvía pesado a causa de la lujuria. Rompiendo el beso y echando la cabeza hacia atrás, necesitando recuperar el aliento, Sanavber jadeó fuertemente, abrumada por el placer de sentir que le pertenecía por completo a Indra, no pudiendo soportar más la tensión y gritando al alcanzar el orgasmo, arañando la espalda y hombros del Otsutsuki, rindiéndose en sus brazos mientras lo sentía embestir brusca, torpe e imprecisamente antes de derramarse en su interior, enterrando su rostro contra el costado de su cuello y gimiendo su nombre con voz ronca. Desplomándose sobre Sanavber y agotado ante tan sublime placer, a quien sintió abrazarlo amorosamente, Indra tembló de inevitable emoción ante la idea de un día formar una familia con ella, que era muy posible, podía haberse quedado embarazada en ese preciso momento, besando con irrefrenable afecto el hombro derecho de la Harunn. Había llegado la hora de pedirle que sus vidas fuera una y la misma…
Podrían haberse vestido ya, era lo ideal, habían acudido al río para bañarse y de cualquier forma habían acabado haciendo mucho más, pero ni el Otsutsuki ni la Harunn parecían tener prisa en regresar a la villa, sumergidos nuevamente en el agua aunque apenas hasta la altura de las caderas; Sanavber con los ojos cerrados y trazando los músculos del Otsutsuki con el agua, ayudándolo a bañarse; e Indra acariciando con veneración y sin disimulo cada seductora curva del perfecto cuerpo de la Harunn, sin embargo, teniendo la mirada perdida, obnubilado por toda ella y a la vez pensando en mil y un cosas. Estando con Sanavber, sintiéndola tan suya y sintiendo que él mismo le pertenecía por completo, Indra sentía su mente ágil y capaz de organizar cientos de ideas, haciendo precisamente eso en el momento, ideando una estrategia de cómo enfrentar a los enemigos que lord Rokuro le había asegurado ya los rodeaban en los asentamientos vecinos, en primer lugar porque era lo correcto retribuir la amabilidad y generosidad del Harunn, que les había permitido quedarse; en segundo lugar, porque Indra era alguien adaptado al mundo de la guerra y sabia como enfrentarse a lo que fuera necesario; y en tercer lugar, si iba a tener una vida junto a Sanavber y formar una familia con ella, como ya deseaba hacer, debía convertirla en su esposa y solo lo haría desde una posición de mando privilegiada. Cada vez más la idea de crear un nuevo clan cobraba fuerza en su mente, y quería que Sanavber fuera la primera y la más brillante de todas las nuevas estrellas.
—¿Pasa algo?— inquirió Sanavber, habiendo notado que su mente se hallaba muy lejos de ella. —Te noto inquieto desde que terminaste de hablar con lord Rokuro— y no sabía si se trataba de algo bueno o malo.
—Era un completo desconocido, pero estaba herido y decidiste ayudarme, no me has abandonado desde que nos conocimos— comentó Indra, no pudiendo olvidar lo amable y generosa que ella había sido con él desde su primer encuentro.
—Palabras dulces, antes de algo oscuro— adivinó la pelinegra sin mucho esfuerzo. —¿De qué se trata?— inquirió, esperando una verdadera respuesta esta vez.
—Hable con lord Rokuro, me brindará su apoyo en la creación de un nuevo clan, pero a cambio de mi protección— inició el pelicastaño, viéndola asentir y tratar de anticiparse sus palabras. —Le sugerí acabar con los enemigos que rodean a este asentamiento y accedió— expuso por fin, tomando por sorpresa a Sanavber.
—¿Atacaras primero?— más bien afirmó la Harunn con evidente preocupación. —Apenas y llegamos, Indra, deberías esperar— negó, no gustándole esa estrategia.
—No puedo esperar— insistió el Otsutsuki, cansado de huir. —Ahora me encuentro a salvo, pero sabes de mi pasado, mi familia podría decidir volver a atacar cuando menos lo espere y entonces estaré muerto— los Otsutsuki eran de cuidado, mas tratándose de su padre y hermano. —¿Es lo que quieres?— cuestionó, exponiendo sus problemas.
—Bien sabes que no…— suspiró ella con voz suave a la par que resignada. —¿Pero es lo más sensato?— apenas y se estaban recuperando de días de persecución.
—Así debe ser— asintió él, no conociendo otra vida que estar preparado para lo peor.
Afortunadamente, hasta ahora ni su padre ni su hermano parecían haber acudido tras él mas, siendo un gran estratega, Indra no sabía cómo explicarlo ese actuar; si era debilidad emocional, bienvenida fuera pues le daría tiempo para reunir recursos y formar un orden social dentro del clan que pretendía crear…pero, si por otro lado sus enemigos estaban a las sombras y pretendían atacar en cualquier momento, era su deber estar preparado y eso sería lo que haría, por eso necesitaba dar un golpe fuerte a los enemigos que rodeaban aquella villa, para erradicarlos y tomar sus fortalezas y bienes como suyos, solo entonces tendría medios suficientes para comenzar un nuevo clan y reclamaría a su esposa, para formar una familia. Aunque le disgustara la idea de continuar librando batallas, solo deseando llevar nuevamente una vida tranquila y más si ello implicaba tener a Indra a su lado—no quería dar por sentado su vínculo, pero literalmente él era muy persuasivo y haciéndole el amor casi le daba a entender sin palabas que la amaba, ¿Por qué otra razón la deseaba, veneraba y anhelaba tanto como ella a él? Indra estaba solo en el mundo, no tenía a nadie más y ahora ella le había dado un nuevo lugar que llamar temporalmente su hogar, y estaría a su lado en lo que sea que él quisiera hacer, en ella siempre tendría una amiga…pero ella era egoísta, también quería algo para sí, si él quería crear un clan nuevo, ella claramente estaría a su lado y lo ayudaría, mas ¿En calidad de qué? Esperaba qué como esposa, ella no se conformaría con menos.
—Y, ¿Me lo estás diciendo por qué…?— cuestionó Sanavber, arqueando una ceja.
—Te necesito a mi lado en esto, Sanavber, no puedo confiar en nadie más— contestó Indra, tapizando sus sentimientos por ella con mera estrategia. —Necesito que seas mi voz, mis ojos y oídos— no confiaba en nadie más que ella. —Si fracaso estaré muerto, pero si venzo, la gloria será mía y tu estarás a mi lado— prometió y ante lo que ella le sostuvo la mirada con duda. —Te prometo que, apenas esta campaña haya terminado, te haré mi esposa— planteó por fin, siendo ya decisión tomada.
—¿Mi opinión no cuenta?— inquirió la pelinegra con una seca carcajada, divertida a la par que emocionada por solo oír aquella promesa.
—¿Te negarías?— preguntó el pelicastaño con fingida arrogancia, interiormente preocupado de que ella dijera no y que sus sentimientos por él hubieran cambiado.
—¿No te he demostrado ya lo que siento por ti?— rebatió la Harunn con una sonrisa, recordándole implícitamente cuanto lo amaba. —Y sé que tú también lo sientes, aunque no me lo digas— obvió y ante lo que él pego su frente a la suya, agradeciendo que lo entendiera. —Toma mi consejo; asesórate por lord Rokuro, investiga bien quien es tu enemigo y sus falencias, eso te dará la victoria cuando llegue el momento— sugirió, confiando en lord Rokuro y en las capacidades analíticas del Otsutsuki.
Probablemente Indra no necesitase ayuda, probablemente y por todo lo que había vivido antes de conocerla a ella, estaba preparado para lo que fuera…pero Sanavber no pudo evitar brindarle un consejo y agradeció el momento en que lo vio asentir, asimilando sus palabras, ella no se consideraba una estratega brillante, pero nunca había perdido una pelea, había escapado de la muerte muchas veces y quería poner su intelecto al servicio de los planes del Otsutsuki, su futuro esposo, ya teniendo de hecho un plan en mente con respecto a su conquista y que esperaba él aprobara. Quizás un día, a futuro, Indra pudiera bajar sus defensas—consecuencia de la cruel traición de su padre y hermano—para decirle te amo a Sanavber, y no solo una vez, quería vivir recordándoselo una y otra vez para que aun, cuando el mundo que conocían terminara a futuro, ella pudiera llevarlo grabado en su alma y se encontrasen una y mil veces en las vidas que vinieran…pero ese día no era hoy, hoy Indra solo podría hacerle la promesa de convertirla en su esposa y afortunadamente la Harunn lo hubo entendido y se hubo contentado con ello, esbozando una de sus hermosas y luminosas sonrisas, separándose de él y dirigiéndose hacia la rodilla para recuperar su ropa, con él siguiéndola muy de cerca. Tenían muchos planes que hacer y mucho que discutir en cuanto a estrategia para que pudieran atacar lo más pronto posible y ella, naturalmente, seria parte importante de sus planes.
Nunca seria de otra forma.
El hogar o temporal residencia que lord Rokuro les había asignado era una cabaña de madera de aspecto sencillo y un tanto más alejada de la villa para mayor privacidad, de aproximadamente las mismas dimensiones que el anterior hogar de Sanavber, pero con muchísimas comodidades; una cocina pequeña pero cómoda para una pareja, con ventanales redondos, y la habitación privada claramente estaba pensada en una pareja, un lugar rustico y acogedor...pero que Indra y Sanavber no tendrían mucha ocasión de disfrutar teniendo en cuenta los planes que el Otsutsuki estaba barruntando. Reuniéndose en la sala apenas entraron en la cabaña, Indra cerró la puerta tras de sí, observando la espalda de Sanavber, que de inmediato hizo a un lado una de las sillas ante la pequeña mesa de la sala, instando al Otsutsuki a hacer igual y que negó, prefiriendo estar de pie y activo ante las ideas que rondaban por su mente. En la premura del momento en que se hallaban y apenas posponiendo brevemente su conversación entre su regreso a casa y las ideas que daban vueltas por sus respectivas mentes, Sanavber tomó una servilla de las que se encontraban dispuestas sobre la mesa, extrayendo del interior de su kimono una pequeña pluma que siempre llevaba consigo, haciendo un dibujo en línea punteada—al no tener tinta a la mano—sobre la servilleta, desconcertando a Indra que inicialmente no entendió que estaba haciendo, observándola de brazos cruzados hasta entender que se trataba de un mapa, ¿De qué exactamente? No lo sabía, pero ya tenía su atención.
—Es posible entrar al asentamiento más grande, conozco el lugar, he estado ahí antes y sé cómo entrar— expuso Sanavber por fin, explicando su dibujo. —Pero debo infiltrarme, sola— negó la pelinegra, alzando la mirada hacia él. —Dijiste que confiabas en mí— obvió, antes de verlo a sentir a regañadientes. —Me hare pasar por una prostituta y obtendré información desde dentro. Conozco a un joven llamado Enzo, le pediré que se infiltre como comerciante después de mí, que visite el lugar una vez por semana y te haga llegar mis informes, así sabrás cuando atacar— comentó, ideando todo con forme la marcha.
—Pareces tener el plan más claro que yo— felicitó Indra con una sonrisa ladina, no habiendo esperado menos. —Tienes un mes, eso debería bastar— condicionó, no queriendo que ella corriera aún más peligro.
Conociendo el agudo intelecto de Sanavber, Indra se convenció de que un mes infiltrándose en la villa que acababa de dibujar debería ser suficiente, por un lado no deseaba dejarla sola por más tiempo—menos haciéndose pasar por una prostituta, no es que ella fuera una mujer débil, eso jamás, pero no quería que ella estuviera sola y menos tan expuesta ante el sexo opuesto—, él mismo necesitaba ocuparse de preparar a los miembros exiliados del clan Harunn, bajo las ordenes de lord Rokuro, enseñándoles las artes del Ninshu que él había desarrollado por su cuenta, queriendo creer que el chakra especial y habilidades que había visto que estos poseían hasta ahora facilitaría su enseñanza y el desarrollo de habilidades que él quizás ni siquiera consideraba. Asintiendo en silencio, Sanavber se llevó una mano al mentón y teniendo una expresión pensativa, tener que vestir y actuar como una prostituta no le era precisamente agradable, mas de ser preciso ella lo haría sin dudarlo, claro que no llegaría hasta el final y recurriría a ofrecer ciertos servicios sexuales como hacían las prostitutas reales, pero haciéndose pasar por una no tendría problema en entrar a la ciudad y parecer inofensiva, además seduciendo al sexo opuesto se enteraría de aquello que la mayoría callaba de buenas a primeras…los hombres eran tan fáciles de engatusar, excepto Indra de pie frente a ella y que finalmente accedió a sentarse en la silla frente a ella, haciéndola a un lado y apoyando su brazo izquierdo sobre la mesa, apoyando el mentón en la palma.
—En un mes debería poder enseñar lo suficiente a los Harunn, sus habilidades deberían de facilitar su aprendizaje— afirmó Indra en voz alta tras pensarlo detenidamente.
—Son guerreros natos, no lo dudes— asintió Sanavber, conociendo a quienes vivían en la pequeña villa. —Encárgate de atacar los asentamientos vecinos, están a igual distancia en el este y oeste— aconsejó, pudiendo ella encargarse de darle información desde el asentamiento más grande.
—No te preocupes, lo haré— sosegó él, agradecido de contar con su apoyo.
—¿Me dirás que tenga cuidado?— preguntó ella con burla ante su actitud indiferente.
—Eso no hace falta— desestimó el Otsutsuki encogiéndose de hombros. —Te conozco y confió en ti. Solo asegúrate de no ser descubierta— delegó, siempre estoico.
—No lo haré— prometió la Harunn con una sonrisa, dispuesta a dar todo lo posible y estar a la altura de sus expectativas, así como de su confianza.
Debido a su poco importante y nada privilegiada existencia dentro del clan Harunn hasta el momento en que Indra había entrado en su vida, Sanavber había tenido que seducir a hombres para obtener información, poder hacer sucumbir a alguien tan fuerte y decidido como Indra Otsutsuki solo demostraba lo hábil que era manejando al sexo opuesto y no se orgullecía de ello, pero si ese conocimiento ahora le permitía sacar provecho a una misión real, bienvenido fuera y ella lo usaría en su beneficio, para ayudar a Indra en sus planes. Sí, que estaba preocupado por Sanavber, el clan Otsutsuki en que él había crecido había sido una sociedad mayoritariamente respetable y en la cual las prostitutas no tenían un lugar, mas durante sus viajes y mientras su padre determinaba si Ashura o él deberían heredar el Ninshu, Indra había comprendido que las prostitutas y a que se dedicaban exactamente, por lo que no le entusiasmaba en absoluto que su mujer—aquella que él se prometía convertir en su esposa a futuro—, fingiera ser una mujer que vendía su cuerpo al mejor postor; ella era su primera vez y él era la suya, ¿Realmente necesitaban llegar a ese punto? Contemplando el brillo de determinación en los ojos de Sanavber y que solo igualaba la determinación que él mismo tenía en su interior, Indra se dijo que como siempre ella tenía la razón, que su plan no tenía quiebre y que todo saldría bien, callando su recelo y preocupación. ¿De qué le serviría ser tan emocional en cualquier caso? Confiaba en Sanavber y ella confiaba en él, eso era lo único importante…
El resto del día paso con asombrosa calma para suerte de Indra y Sanavber que eligieron pasarse el resto del día durmiendo, algo natural tras dos días ininterrumpidos de huida y sin poder cerrar los ojos; esa mañana comenzó con un desayuno ligero, cortesía de Sanavber quien fue la primera en despertar, pero ambos apenas e intercambiando palabra, siendo buenos en sumergirse en los planes que habían acordado el día anterior, la Harunn retirándose para cambiarse de ropa y prepararse. Indra había visto a una que otra prostituta hasta ese punto de su vida, ninguna vistiendo de forma particularmente reveladora si se detenía a pensarlo, por lo que cuando Sanavber finalmente regresó a la sala, el Otsutsuki no pudo evitar sorprenderse por verla en ese estado a la par que sentir celos de que otros la vieran así; portaba una blusa roja entallada a su figura, muy favorecedora para su tono de piel, de profundo escote en V casi hasta la altura del vientre, revelando una especie de top inferior que se ceñía al busto y resaltaba su curvas, con mangas holgadas y traslucidas que se ceñían en las muñecas y dejaban expuestos los hombros, y lo que parecía ser una falda eran en realidad pantalones anchos y acampanados al igual que traslucidos, resaltando la curva de sus caderas y con hilos dorados formando un falso caderin a juego con los múltiples hilos del collar alrededor de su cuello; su largo cabello azabache caía tras su espalda y su rostro estaba cubierto desde la nariz hacia abajo por un corto velo a rojo con unos largos aretes dorados debajo.
—Nunca vi ojos tan hermosos…— comentó Indra sin poder evitarlo, arrepintiéndose de inmediato por aquel arrebato emocional. —No sé si debo dejarte hacer esto— admitió, temiendo que ella fuese demasiado vulnerable en su rol de cortesana.
—¿Dejarme? El plan es mío, yo decido que haré— dejo en claro Sanavber, revisando el dinero que llevaba consigo y una serie de pequeñas agujas con veneno que guardó en la pequeña bolsa de tela que colgó de su caderin. —Resultará, confía en mí— aseguró intercambiando una intensa mirada con el Otsutsuki antes de pasar junto al él, hacia la puerta. —No es difícil para una prostituta entrar a un lugar así— obvió, muy confiada en su estrategia, acomodándose la blusa.
—¿Es necesario que te cubras el rostro?— inquirió el pelicastaño con curiosidad, resultando de esa forma más llamativos sus intensos ojos esmeralda.
—Sí, el vestido no importa tanto; si te cubres el rostro, se interpreta como que no quieres que nadie sepa quién eres— explicó la pelinegra, sonriendo debajo del velo. —Esa norma es todo entre las prostitutas— llevaba varios años dedicándose a saber cómo adaptarse a todo tipo de situaciones de requerírsele llevar a cabo misiones así.
—Pareces tener práctica— comentó él, prefiriendo que ella actuase de esa forma con él y no para idiotas que solo querrían aprovecharse de ella.
—Una mujer no llega lejos si no aprende el arte de engañar— asintió ella, deteniéndose cuando ambos se hubieron encontrado fuera de la casa y volteando a verlo. —Pero eso solo lo hago con otros, no contigo— aclaró con una sonrisa burlona bajo el velo.
—Solo lo hiciste una vez, y casi me convenciste— el Otsutsuki sonrió ladinamente, pues entonces ella le había mentido para salvarlo. —Ten cuidado— pidió únicamente, prometiendo ir en su ayuda si ella lo necesitaba.
—Y tú— secundó la Harunn, transmitiéndole calidez con su mirada. —Esperaré a que nos volvamos a ver— eso sería dentro de un mes, y ella probaría estar a la altura.
Bajando el velo que cubría su rostro y que expuso por fin a ojos del Otsutsuki, Sanavber sonrió cálidamente y se acercó a Indra, acunando su rostro entre sus manos y halando en un beso tierno al que el Otsutsuki no dudo en corresponder, situando sus manos sobre los delicados hombros de la Harunn, disfrutando lo más posible del beso hasta sentir que el aire le quedaba en los pulmones, rompiendo el beso y pegando su frente a la suya, intercambiando ambos una última mirada y tras lo que Sanavber se acomodó el velo para que volviera a cubrirle el resto, despidiéndose de esa forma y retirándose, sin voltear ni una sola vez o desistiría de lo que debía hacer. Soltando un suspiro en que sintió que perdía una parte de su alma, Indra observó la espalda de Sanavber hasta verla desaparecer, dándole él también la espalda y dirigiéndose hacia el hogar de lord Rokuro, teniendo muchos detalles que discutir…El viaje hasta la villa vecina, el asentamiento más grande de los alrededores, fue de medio día caminando y por lo que Sanavber agradeció llevar una pequeña cantimplora con agua; entrar no fue difícil, las puertas de la villa conocida como Selah siempre estaban abiertas de par en par para que los comerciantes entraran y salieran desde que salía el sol hasta que se ocultaba, por lo que no fue difícil para Sanavber, caracterizada como prostituta, situarse de pie al interior de las puertas de la villa junto a otras mujeres con los rostros igualmente cubiertos, aguardando hasta que un hombre se fijara en ella, un hombre que pareciera tener recursos…y uno cayó.
—Que ojos tan bellos tiene— elogió el hombre que acompañaba a aquel que posó sus ojos en ella. —Ve a aplacar tu deseo en brazos de esa prostituta, te lo mereces— aconsejó a su amigo golpeándole el hombro.
—¿Por qué no?— asintió el otro hombre, a todas luces un comerciante y varios años mayor que ella, quien por fin se acercó hasta la Harunn. —Mujer, quiero tus servicios— dio a saber, devorándola con la mirada.
—¿Qué me dará como pago?— cuestionó Sanavber arqueando una ceja, sabiendo bien cómo comportarse con seguridad.
—Soy comerciante, puedes elegir lo que quieras— aseguró este, evidentemente interesado en ella.
—Por aquí pasan muchos con esas promesas— suspiró la pelinegra con fingido dramatismo. —Quiero algo en empeño primero, este collar de sello quizás— eligió, alargando sus manos al cuello del hombre, quitándole el collar. —Quédese tranquilo, lo guardaré bien— aseguró colgándolo alrededor de su cuello, sobre su escote, jugando con el contorno de este a propósito. —Acompáñeme, haré que olvide todo— instruyó, entrelazando una de sus manos contra la suya.
No pudiendo rechazar a una mujer de gran belleza, ni menos siendo esta tan hermosa, el comerciante se dejó guiar por la Harunn, que sabía magistralmente como jugar con sus llamativos ojos para elevar su deseo, volviendo la mirada por sobre su amigo e indicándole que siguiera con su camino, que se encontrarían más tarde, justo lo que Sanavber quería oír y por lo que no se arrepintió en guiar al hombre fuera de la villa, en una serie de establos ahora abandonados y donde los hombres acostumbraban a saciar sus deseos con las prostitutas. Una vez que estuvo segura de que no había nadie cerca, Sanavber no tuvo miramientos en despojarse de la blusa, dejando caer los brazos para que la tela se acumulase en su cintura, jugando o fingiendo que desanudaba el top que envolvía sus pechos en tanto el hombre envolvía sus brazos a su alrededor; alargando una de sus manos hacia la pequeña bolsa que traía colgada de su caderin, Sanavber extrajo una de las agujas con veneno y la clavó rápidamente en el cuello del hombre, reteniéndola ahí con firmeza, habiendo hecho ella misma el veneno y sabiéndolo infalible. Pudiendo ver como la vida abandonaba los ojos de aquel hombre, Sanavber lo empujo para que este cayera inerte sobre el suelo, dándose prisa en acomodarse la ropa y el velo, regresando la aguja a su bolsa de tela, y encargándose de arrastrar el cadáver del hombre tras comprobar que había muerto realmente, pues lo último que necesitaba era que la descubrieran, habiendo hecho bien la primera parte de la misión al obtener el collar de sello.
Esa era la llave para cumplir con su misión en aquel lugar.
PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones a esa serán: "Más Que Nada En El Mundo", luego "El Sentir De Un Uchiha" y por último "Cenicienta de Tordesillas" :3 Esta historia esta dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente), a mi muy querida amiga Ali-chan1996 (dedicándole todos y cada uno de mis escritos y agradeciendo profundamente poder contar con su apoyo) a Velbeth Castro (dedicándole la historia como agradecimiento por sus palabras, ya que hice esta historia para honrar a este inexplorado personaje), a mi queridísima amiga Ali-chan1996 (agradeciendo especialmente sus atentos y hermosos comentarios, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Nuevo Clan: Muchos se preguntaran, ¿Cómo es que Indra esta pensando en hacer un nuevo clan si aun no hay ningún Uchiha? Primero, lo que nosotros consideramos clan no es solo un núcleo familiar, estudiando la historia japonesa por largo tiempo descubrí que un clan lo integra el líder—en este caso Indra—, su esposa o futura esposa—en este caso Sanavber—, su descendencia, emparentada con subordinados importantes del mismo, siendo estos subordinados los Harunn exiliados. ¿Qué quiere decir esto? Cuando llegue el momento, e Indra y Sanavber tengan hijos, estos se emparejaran con miembros del clan Harunn, y sus hijos con estos y así sucesivamente hasta que el linaje de exiliados Harunn se extinga y al final solo haya un único clan; los Uchiha. En los fics que he leído sobre Indra y la posible ancestra de Sakura, los autores se centran tanto en relatar una historia trágica a la par que dramática, que nunca intentan desarrollar o explicar como se originó el clan Uchiha, yo por otro lado trató de dar sentido a este clan tan poderoso como desconocido, de ahí el titulo del fic: "El Origen del Clan Uchiha", por lo que como he dicho anteriormente, la historia parte con Indra y Sanavber, pero luego representare a otras parejas y como es que el clan fue evolucionando, perdurando y cambiando hasta llegar a Sasuke y Sakura, como las actuales reencarnaciones de la pareja original, así que prepárense.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
