Hola Shanks,
Tengo dos noticias importantes que compartir contigo.
Descubrí que el niño que salvé es Sabo, dos días después de dejar Danw. Ha recuperado su memoria y estoy aliviado.
Y tengo otra noticia sobre mi hijo, Luffy. Resulta que la fruta que comió, la Gomu Gomu no Mi, en realidad se llama Hito Hito no Mi Modelo Nika. Es una de las frutas más buscadas por el Gobierno Mundial.
Por el bienestar y seguridad de Luffy, he decidido renunciar a mi derecho paternal. Quiero que esté protegido y feliz, lejos de cualquier peligro.
Shanks, te exijo que cuides a Luffy como si fuera tu propio hijo. Él te verá como un padre y te respetará. Aprovecha ese vínculo para guiarlo y protegerlo. Quiero que lo quieras y lo cuides como yo lo haría.
Por favor, protégelo y asegúrate de que tenga un futuro brillante. Es mi último deseo como padre.
Cuida a Luffy, es mi todo.
Atentamente,
Dragón el Revolucionario.
Shanks, al leer la carta, lo estuvo pensando bien hasta que ya lo tenía decidido.
—Hare lo correcto—, dijo mientras arrugaba la carta e iba a la cocina. Una vez en la cocina, tomó un fósforo y comenzó a quemar la carta.
—En algún momento le diré sobre Sabo)—, pensó, —(pero no le pondré una diana a Luffy. Esperaré el momento adecuado hasta entonces lo mantendré en secreto)
—Permiso para subir—, se oía una voz desde abajo. Era Koushirou, que ya había llegado con el niño peli-verde.
Shanks, al verlo, preguntó: —¿Al parecer van en serio?
El peli-verde sonrió y dijo: —Al parecer me voy a divertir. ¡Claro que voy en serio en todo esto!
Shanks fue a despertar a Luffy que dormía en su cabina.
—5 minutos más Shanks— dijo el niño tallándose los ojos.
—Zoro está aquí— dijo Shanks.
Al oír el nombre de Zoro, se levantó. No quería dejar a su nuevo amigo esperando y salió cómo alma que lleva el diablo a buscarlo.
Luffy cayó encima de Zoro. Zoro sonrío al sentir el abrazo de goma de su futuro capitán.
—Al parecer me divertire mucho, espero no quedarme atras. Sere un gran espadachin— Dijo Zoro.
—Aquí están las cosas de Zoro— dijo Koushirou.
—Espero que no te hayas olvidado nada —dijo.
—Claro que no —respondió el peliverde—, todo lo necesario lo he empacado. También ese tesoro.
El peliverde sonrió, satisfecho con su trabajo.
La brisa marina llenaba el aire mientras el barco se preparaba para zarpar. La tripulación se movía con rapidez, cada uno con su tarea asignada.
El sol comenzaba a ponerse sobre el horizonte, pintando el cielo de tonos anaranjados y rosados. El mar se calmaba, esperando la llegada de la noche.
El peliverde subió a la cubierta, su cabello verde ondeando al viento.
El barco se movió, alejándose del puerto.
Un hombre de unos 35 años, de gran tamaño, con varios dientes rotos y otros desaparecidos, nariz pronunciada y torcida, y un pecho grande y peludo, estaba muy enojado. Su pelo negro, largo, grueso y rizado caía por la parte de atrás del cuello, por debajo del pañuelo negro.
Estaba furioso porque aquel ataque de la Marina le había salido mal; un niño no había muerto, seguía vivo.
—Teach, es hora de comer —dijo Marco, de la primera división de la tripulación de Barba Blanca—.
Teach clavó su mirada en Marco por un instante, luego se levantó y se dirigió hacia la mesa del comedor. Su rostro se suavizó, ocultando su enfado.
Al sentarse, Marco le sirvió una porción generosa de carne asada y verduras. Teach comenzó a comer en silencio, su mirada fija en el plato.
La luz de la luna se reflejaba en el agua del puerto, creando un ambiente tranquilo que contrastaba con la rabia que Teach había sentido momentos antes.
El comandante Barba Blanca entró en el comedor, su presencia imponente llenando la habitación. Teach siguió comiendo, sin mostrar ningún signo de emoción.
La tripulación de Barba Blanca se mantenía en silencio, respetando el estado de ánimo de su comandante. La tensión en el aire era palpable.
Teach masticaba lentamente, su mente aún ocupada en el fracaso del ataque.
El comandante Barba Blanca se sentó a la cabeza de la mesa, su mirada recorriendo la habitación.
La noche avanzaba, y la tripulación de Barba Blanca se preparaba para su próximo movimiento.
Shanks le había dado la bienvenida al peli-verde, que no se despegaba de Luffy. Shanks sonrió y dijo:
—Al parecer, serán buenos amigos. Eso espero.
—Shanks, podemos ir a la villa Syrup —preguntó Yasopp—. Mi esposa murió y tengo que ver a mi hijo.
—Muy bien —dijo Shanks—, aquí podremos abastecernos y conseguir algo de sake.
La tripulación de Shanks continuaba con la fiesta de bienvenida para Zoro, sin saber lo que les esperaba en la villa Syrup.
La música y las risas llenaban el aire, mientras Luffy y el peli-verde bailaban juntos.
La luna brillaba sobre el mar, iluminando la escena festiva.
La tripulación de Shanks se preparaba para zarpar hacia la villa Syrup, lista para enfrentar cualquier desafío que se presentara.
El barco de Shanks surcaba las olas, llevando a su tripulación hacia un destino desconocido.
Luffy, Ace y Zoro estaban felices ya que iban a una isla desconocida. Tenían poco tiempo y ya iban a conocer otra isla.
La fiesta continuaba en el barco, con risas y música llenando el aire. Sin embargo, la fatiga comenzaba a hacerse sentir en los tres amigos. Luffy y Zoro se recostaron en la cubierta, cerrando los ojos, mientras Ace sonreía, hasta que finalmente también se durmió.
Shanks, acompañado de Yasopp y Marco, se acercó a los tres amigos dormidos. Con cuidado, los levantaron y los llevaron a su camarote, donde podrían descansar cómodamente. Los tres niños dormidos fueron colocados en la cama, rodeados de la tranquilidad del mar. La noche continuaba, con el barco navegando suavemente hacia la villa Syrup.
—dime por qué quemaste una carta— preguntó el vicecapitán a Shanks
—No quiero que se entere o encuentre la carta —respondió.
—¿Se lo dire cuando este preparado y pueda valerse por sí mismo? —añadió.
—¿Qué contenía? —preguntó el vicecapitán.
—Mientras menos sepa, mejor —dijo Shanks—. Eso se lo diré yo mismo.
—Entiendo —dijo el vicecapitán, decidiendo de obtener respuesta.
