Capítulo 10: Catarsis

HORAS ANTES

Parecía haber una importante reunión en la empresa. Al chow-chow de traje lo miraban con grandes sonrisas y bebidas en las manos. Él los saludó a todos con una sonrisa en su rostro antes de dar un breve discurso.

—"La venta será oficial desde esta tarde, así que ya son libres de hablar de ella", anunció. "Y pueden estar tranquilos, la condición principal será que no despidan a nadie. ¿Alguna pregunta?"

—"¿Nos darán tarjetas de presentación?", preguntó un macho a modo de broma.

—"A todos, menos a ti, Adam", respondió, devolviéndole la broma.

Todos se rieron.

—"Muy bien, si no hay más preguntas, supongo que es todo", dijo, recogiendo sus carpetas. "Muchas gracias a todos. No se olviden de asistir a la gala y recuerden: Su duro trabajo lo hizo posible. Que tengan buen día"

Richard salió con suaves suspiros y murmurando adiós a las personas con las que se encuentra en su camino. Fue hasta la oficina principal, en donde el mastiff de gran tamaño estaba guardando unas cosas en una caja.

—"¿Vas a felicitarme por cerrar el trato?", suelta en tono zumbón, cruzándose de brazos mientras se apoya en el marco de la puerta.

—"Más bien felicitarte por ser un tiburón más en el gran mercado", responde con sarcasmo sin mirarlo. "¿Cómo lograste que Floyd aceptara?", pregunta luego.

—"Descubrí su precio, y lo saqué de tus ganancias", vuelve a bromear. "Por supuesto que le puse tus condiciones de no despedir a nadie al menos por tres años y aceptó…. Aunque, si me lo preguntas, habría que hacer una limpieza aquí".

No obtuvo respuesta.

—"Poe, espero que no te arrepientas de esta decisión", dijo, cambiando el tono a algo más serio. "Sé que es tu empresa, pero tú eres casi como mi padre"

—"Estoy muy seguro", dijo con convicción, mientras levantaba la vista para mirarlo. "Los negocios ya no son lo mío. Además, todos estos años me hizo dar cuenta de lo extraña que es la gente"

—"¿A qué te refieres?"

—"La gente que he conocido se imagina teniendo muchas cosas y entonces, cuando no las obtienen, se molestan", se expresó con angustia. "Hay cosas importantes que el dinero no puede comprar"

—"Y… ¿Qué es lo importante?"

—"La familia, los amigos, los seres queridos…", fue enumerando.

Richard asintió significativamente. "Estoy de acuerdo… Pero con dinero es un poco más fácil", objetó. "Incluso la vida es complicada. A veces, cuando menos te lo esperas, de repente te golpea en el estómago", se expresó con molestia.

—"Eso lo sé…", suspiró.

—"Al menos deberías de reconocer que creaste un casi imperio", agasajó.

Poe frunció el ceño. "Toda mi juventud, toda mi vida… todo lo desperdicié en trabajar, trabajar, trabajar y ganar el maldito dinero", soltó con agobio. "Y… ¿Ahora qué? Dime, ¿Soy feliz ahora? Puedo permitirme ciertos lujos, es cierto, pero no sirven de nada si estoy solo…", suspiró. "Ojalá pudiera volver en el tiempo y cambiarlo todo"

—"Oh…", pronunció algo sorprendido. "¿Sabes? Todos estos años asumí que siempre querías dedicarte a los negocios", intentó desviar la conversación para no hacerla más incómoda.

Poe negó con la cabeza. "No realmente. De hecho, nunca te lo conté, pero es una historia muy curiosa", empezó diciendo, con una casi sonrisa. "Cuando era niño iba al pueblo de mi abuelo todos los veranos. Él tenía un viñedo y…", suspiró cabizbajo, "Lo vendió porque le era mucho trabajo cuidarlo". Hizo una pausa antes de proseguir. "Mi abuelo trató de recuperarlo, pero no pudo y… creo que eso le enfermó porque… dos años después lo perdí"

El chow-chow reaccionó con asombro ante esa declaración y la mirada angustiante de aquel mastiff.

—"Yo me prometí que, cuando fuera grande y muy, muy rico, volvería a comprar el viñedo de mi abuelo", suspiró. "Desafortunadamente ese sueño nunca pasó", dijo, lamentándose. "A veces el destino no te da esas oportunidades, y ¿Sabes que es lo peor? Dejé que mi obsesión me cegara hasta el punto de que perdí muchas cosas", hizo otra pausa antes de continuar. "Me hubiera gustado formar una familia…"

—"Tuviste suerte en eso", suelta él. "Créeme, por mi experiencia a veces es mejor estar solo que mal acompañado"

—"Aun así me hubiera arriesgado", objetó, "Hay cosas que son inolvidables, como tomar de la mano a tu hijo y llevarlo a la escuela o a pescar, jugar al futbol juntos…", dijo con una sonrisa para volver a suspirar. "Ojalá el dinero me diera eso"

Nuevamente no hubo respuesta y un casi silencio empezaba a formarse.

—"Bueno, ya eres libre como un pájaro. ¿Qué piensas hacer?", preguntó Richard después de un rato.

Poe frunció los hombros y levantó los brazos. "Eso es algo de lo que aún no estoy realmente seguro…"

—"Bueno, ahora eres un ricachón y tienes todo el tiempo del mundo. ¿Estás pensando en viajar?"

—"Tal vez…"

—"Déjame adivinar… ¿España?"

Poe negó con la cabeza. "No"

—"¿Turquía?"

—"Casi cerca. Es aquí cerca del mar"

—"Y ¿Dónde celebrarás? Si quieres puedes ir a mi casa", ofreció. "Ya sabes que siempre eres bienvenido"

—"Gracias, pero me temo eso no podrá ser", rechazó, girándose para terminar de recoger sus cosas. "Iré a despedirme de algunas personas y…. tengo una junta de negocios que atender"

—"¿Junta de negocios?", preguntó extrañado. "Pero si ya entregaste todo"

—"Es algo personal", aclaró. "Estoy… conociendo a una agradable señorita"

—"Vaya-vaya, el ricachón está en pareja", soltó en tono zumbón.

—"Se podría decir que sí", respondió y ambos se rieron brevemente.

El chow-chow de traje se despidió del mastiff y estaba a punto de retirarse.

—"Oye Richard…", le detuvo y ambos se miraron cara a cara. "Buen trabajo", le sonrió.

Richard sonrió un poco, para luego volver a su expresión neutral. "Sí, de nada. Pero no olvides mi cheque"

—"No lo haré"

MAS TARDE

Richard había decidido hacer una pequeña celebración en su propia casa, junto con algunos colegas y amigos cercanos. No era lo que se dice una fiesta, pero se adaptaba a los estándares del chow-chow de traje, ya que detestaba el bullicio. Además, su hija estaba presente, y el ambiente era el adecuado.

—"Richard, sabes muy bien que yo no bebo…", espetó Samantha mientras su jefe le ofrecía una copa.

—"Vamos, Samantha", intentó convencerla. "Puedes hacer una excepción por esta vez"

—"Olvídalo, bro", se metió Dolon, haciendo un gesto con la mano. "Samantha-Salamandra no puede divertirse, aunque quisiera".

Samantha frunció el ceño. "¿Acaso crees que soy aburrida?"

—"Nooooooo", su voz se extiende, alargando la palabra con incredulidad. "Solo digo que tienes la misma emoción que una ponencia de azafrán", se burló ligeramente.

Completamente molesta, Samantha le quitó la copa de mala gana y se la bebió. Para el asombro de ambos machos, la consumió por completo en menos de un segundo.

—"¿Feliz?", dijo molesta, mientras se limpiaba la boca con el dorso de la manga.

—"¡Gazpachos!", exclamó Dolon con asombro. "¿Cómo hiciste eso?"

—"Me críe entre primos", manifestó, cruzándose de brazos. "Tenías que aprender a luchar por la comida"

—"¿Puedes hacerlo de nuevo?", preguntó Dolon con interés.

Samantha le lanza una mirada desdeñosa. "¿Estás bromeando?"

—"Solo quiero saber cuánto puedes beber", declaró, "Incluso podríamos hacer una competencia".

—"Ya tomé una copa", dijo exasperada para luego mirar a otro lado, "No me pidas más".

—"Samantha tiene razón", se metió Richard. "Además, no quiero nada de ese tipo de juegos alocados aquí".

—"Pero podríamos intentarlo para animar un poco el lugar", insistió, "Esto parece un funeral".

—"Es lo más aceptable que se puede hacer en una celebración a estas horas de la mañana", declaró el chow-chow de traje para luego mirar juzgadoramente a su amigo. "Y, por cierto, Dolon, te pedí que te vistieras adecuadamente para la ocasión".

—"¡Pero sí lo hice! ¿Dónde estás viendo mi corbata?", exclamó, agarrando dicha prenda que era la única nueva que llevaba, mientras su vestimenta de días anteriores se mantenía intacta.

Richard resopló. "Mañana te llevaré a comprar un traje y no habrá discusión al respecto"

—"Bien…", se quejó, rodando sus ojos.

—"¿Gustan algo más?", preguntó la cimarrón uruguaya, acercándose con una bandeja llena de copas con varias bebidas, además de una botella.

—"¿Vino? ¿Es en serio, Theressa?", regañó Richard notando la botella. "Te mande hace como media hora por más bebidas y ¿Lo mejor que pudiste encontrar fue vino?"

Tessa se encogió de hombros "¿Qué tiene de malo el vino?"

—"Si nadie lo acepta yo quiero" dijo Dolon arrebatando la botella.

—"Puedes dejar la bandeja en la mesa e ir a buscar champagne a la bodega", ordenó el chow-chow de traje y su empleada obedeció. Luego tomó una copa y la levantó al aire, "Salud", brindó y se bebió el contenido de su vaso, instando a los dos a hacer lo mismo.

Dolon y Samantha lo imitaron, pero esta última hizo una mueca que hizo tentar a su jefe y al amigo de éste.

—"Esto está muy fuerte", comentó sintiendo como la garganta le quemaba.

—"La primera siempre es la peor", dijo Richard ofreciéndole un nuevo vaso, "Ya te acostumbrarás".

Samantha hizo una mueca de disgusto. "Creo que paso".

—"No seas amargada, Salamandra", musitó Dolon, "Estamos celebrando".

Samantha tomó el vaso de mala gana.

—"Así me gusta", sonrió Dolon.

—"Discúlpenme un momento, iré a ver cómo están los demás", avisó Richard alejándose.

El chow-chow de traje fue pasando y preguntando a varios invitados. No paró de recibir elogios y felicitaciones en todo momento. Samantha lo veía y se alegraba mucho por él, hasta que presenció un momento que la dejó completamente en shock. Cuando su jefe se acercó a hablarle a una pareja, por delante hablaba con el hombre, por detrás, sin que nadie más lo viera, le pasaba la mano a la esposa, y ella en ningún momento se puso incómoda, más bien parecía que lo disfrutaba.

Completamente aturdida, Samantha vació el contenido del vaso y volvió a fruncir los labios en señal de disgusto.

—"Esto esta horrible", protestó.

Dolon le quitó el vaso de las manos y depositó dos copas en su lugar.

—"Prueba esos", recomendó, "Son más dulces".

—"¿Qué son?", preguntó mirando con curiosidad el líquido de distintos colores.

—"Unos cocteles especiales", respondió Dolon.

Samantha miró a las copas en sus manos dudosa.

—"Están buenos", afirmó Dolon, "Pruébalos".

Samantha bebió el contenido de ambas copas y sonrió. "Tienes razón, saben bien".

—"No te imaginas la gran variedad de cocteles que hay", comentó Dolon. "Richard tiene buen gusto con las bebidas… además de las mujeres", soltó en tono zumbón. "Y hablando de él… parece que está haciendo de las suyas", dijo por lo bajo.

Samantha volteo a ver con tanta rapidez que se mareó y estuvo a punto de perder el equilibrio, pero Dolon la sostuvo del brazo mientras se reía.

—"¿Te encuentras bien?", preguntó él preocupado.

—"¡Sí! ¿Por qué no habría de estarlo?", dijo, para luego lanzar una carcajada.

—"Devuélveme eso", pidió Dolon intentando quitarle la copa.

—"¿Por qué?"

—"Porque ya has tomado mucho"

—"He bebido lo mismo que tú"

—"Sí, pero soy más tolerante que tú"

—"¡Tonterías!", exclamó, "Además ha sido idea de Richard lo de celebrar y todo eso…"

Dolon frunció el ceño.

—"Es la última que tomo", prometió Samantha.

El chow-chow de traje se alejó de los invitados y se dirigió a la cocina. Allí se encontraba su hija, junto a su empleada doméstica.

—"¿Está todo bien aquí?", pregunta él.

Judo asintió. "Papá, tienes que probar el ponche que preparó Tessa", sugirió.

La pequeña estaba tomando con su taza favorita. Algo que se le hizo adorable.

—"Theressa, ¿Puedes dejarnos solos un momento?", pidió y su empleada obedeció. "Judo, necesito preguntarte algo"

—"¿Qué sucede?", preguntó extrañada.

Él se acercó hasta ella y se agachó para estar a su misma altura.

—"¿Quién es el nuevo novio de tu madre?"

Aquella pregunta dejó sorprendida a la pequeña.

—"¿Cuál nuevo novio?", preguntó, mostrándose confusa.

—"Osea… ¿Qué no está saliendo con nadie?"

Judo se puso pensativa por un momento. A nada estuvo de mencionarle sobre el supuesto romance de su madre con el padre de su mejor amiga, y aunque tenía motivos para sospechar que podrían estar juntos, también era cierto que hubo negación por parte de uno de ellos en reiteradas ocasiones. Por otra parte, conociendo a su padre, no estaba segura de cómo reaccionaría sobre el asunto, y le preocupaba que le prohibiera acercarse siquiera a su mejor amiga, así que optó por decir lo que ella consideraba la verdad.

—"No, papá", negó con la cabeza.

—"¿Estás segura?", insistió él.

—"Sí", respondió, moviendo la cabeza arriba y abajo.

—"Y… en esa casa donde estuviste… ¿No había alguien…?"

—"Papá…", interrumpió, apoyando la mano en su brazo. "Mamá solo te ama a ti", dijo con convicción. "Ella me hubiera dicho si estuviera saliendo con alguien, pero sigue estando sola".

Richard hizo una medio sonrisa. "Avísame si se está viendo con alguien"

—"Lo haré, papá"

El chow-chow de traje se retiró inmediatamente, dejando a su hija, sus amigos, empleados y colegas atrás, para ir momentáneamente a su oficina.

A pesar de que había solucionado un gran problema en el que estaba envuelto, a pesar de haber cerrado un importante trato, a pesar del gran éxito que estaba teniendo… Él no se sentía del todo realizado. Cuando regresó a casa no paraba de escuchar rumores por todo el vecindario, rumores que no pudo dejar pasar. Las vecinas mencionaban constantemente que su exesposa tenía novio. Aseguraban haberla visto con un tipo al que describían como alguien apuesto, encantador y romántico. ¿Por qué este simple rumor le molestaba tanto? Ni siquiera tenía la veracidad por parte de su hija. ¿Acaso las vecinas habían mentido? ¿Le estaban jugando una broma? O ¿Su ex mantenía una relación a escondidas? Cuantas más vueltas le daba, peor se ponía. Sacó su teléfono por un momento y encontró el contacto de su exesposa. Lo observó por un buen rato. Sus comunicaciones solo se basaban en su hija. Nunca habían tenido alguna conversación normal donde se preguntaban por sus vidas. ¿De verdad se estaba planteando comunicarse con ella por un asunto ajeno? Su línea de pensamiento fue interrumpida cuando Samantha ingresó abruptamente a su oficina.

—"Hooooooooola Richard, ¿Qué estás haciendo aquí solo?", preguntó, dócilmente.

—"Ohh... ahh... yo solo estaba... estaba a punto de llamar a Wendy, pero menos mal que apareciste", respondió, algo sorprendido por la interrupción. "Me salvaste de cometer una tontería".

Samantha comenzó a reír a carcajadas.

—"¿Qué es tan gracioso?"

Samantha se cubrió la boca con las manos y sacudió la cabeza.

—"Dímelo", ordenó.

—"He escuchado de parejas disparejas, pero tu situación raya en lo ridículo", respondió para volver a reír.

Él frunció el ceño. "Eso no es cierto", dijo completamente molesto, "Sé que nuestros gustos y estilos de vida son tan diferentes, pero lo hemos hecho funcionar"

—"Pero es que ella es..."

—"Se lo que piensas de ella", le interrumpió, "No hace falta que lo repitas".

Samantha da dos pasos, tambaleante, y luego se abalanza hacia su jefe, dejándolo atrapado entre ella y el escritorio de éste

—"Eres fuego, Richard…", dice sugerentemente, con sus manos acunando su cara.

El chow-chow de traje se quedó completamente pasmado ante la actitud de su secretaria.

—"¿Q-Q-Qué…?", pronuncia, bastante nervioso.

La cabeza de Samantha se inclina y las manos en su cara se deslizan hasta la base de su cuello, sus pulgares presionan contra el espacio entre su garganta y clavícula. No le aprieta, sólo le mantiene en tu lugar.

—"A muchos no les gusta el fuego... A mí sí", declara, con los ojos entrecerrados.

Su mirada recorre tu rostro y se detiene en sus labios.

—"Ohh... que… interesante", responde, sonriendo nerviosamente. "Yo nunca creí que tú..."

Antes de que pudiera responder, Samantha le rodeó el cuello con los brazos y lo besó. Ella lo besó. Fue un beso simple pero tierno lleno de anhelo. Sus labios son carnosos e increíblemente suaves. Se pegó más con sus pulsaciones aumentando de nivel mientras su respiración se agitaba junto a la de él.

Por su parte, El chow-chow se quedó paralizado unos segundos y luego su asistente sintió como su cuerpo se relajó mientras lo besaba lentamente. Agitó algo muy profundo dentro de él. Pero antes de que él pudiera responder, sintió como ella lo liberaba, y tomándola de las muñecas zafó con facilidad su agarre y la apartó suavemente de él. Ella se alejó un poco y le sonrió.

No se sintió avergonzada. Por muchas veces que ha deseado en secreto que sucediera este momento, la fantasía palidece en comparación con la realidad. Se mordió el labio y levantó la mirada para descifrar en los ojos de su jefe lo que estaba pensando.

Antes de que su mente veloz pudiera procesar la situación y la multitud de posibilidades, el chow-chow de traje volteó para notar a su hija, de pie en la entrada, boquiabierta. Por su reacción, parecía que había presenciado todo lo ocurrido. Un escalofrío reaccionario se apodera del cuerpo de aquel macho.

—"¡Hija! Te… te juro que no es lo que piensas", exclamó, completamente en pánico. Ni siquiera podía imaginar cuál sería el razonamiento correcto.

Ella se quedó en silencio no queriendo asumir nada al hablar.

El tiempo se ralentizó. Se siente aturdida, como si su corazón se hunde y nada de esto estaba sucediendo realmente. Su taza se cae, rompiéndose en varios pedazos, mientras huye rápidamente hacia la salida.

Richard se apresura y corre violentamente para tratar de alcanzarla. Fracasa en el intento. Al llegar afuera, no encuentra a su hija por ningún lado. Grita su nombre varias veces, sin respuesta alguna.

ACTUALMENTE

Bandit y Wendy permanecían sentados en el sofá de la sala, todavía asimilando la noticia. Él estaba preocupado, mientras ella se mostraba totalmente cohibida.

—"Mi pobre niña…", decía ella entre sollozos.

—"¿Ya llamaron a la policía?", preguntó él, preocupado.

La chow-chow negó con la cabeza. "Richard aún no quiere involucrar a las autoridades"

—"¡Eso es ridículo!", exclamó indignado. "¿Deja que una niña se escape y pretende que no llames a la policía? ¿Qué clase de padre es?"

Ella no responde.

—"Wendy…", se sienta a su lado y la pone la mano en el hombro, "Calma…".

—"Bandit, si algo le pasa a Judo, yo…", inhala y exhala, "No sé lo que haré".

Al Heeler azul le destrozaba ver el rostro angustiante de su vecina. Trató de pensar con claridad.

—"Escucha, ¿A dónde crees que pudo haber ido?"

Ella sacude la cabeza lentamente. "No lo sé…"

—"¿Cómo que no lo sabes?"

—"¡No lo sé!", clamó, enterrando su rostro entre sus manos. "No puedo ni imaginarla caminando sola por las calles…"

Bandit pensó por un momento y tuvo una idea.

—"Espérame aquí, ahora vuelvo", dijo para luego abandonar la sala.

El Heeler azul se dirigió al cuarto de juegos, allí estaban sus hijas en lo que parecía ser un juego que involucraba el mismo escenario hecho con anterioridad.

—"¡Hola, niñas!", saludó él con una sonrisa forzada.

—"¡Papá! ¡Qué bueno que llegaste!", exclamó Bluey, "Estamos a punto de estrenar nuestra obra: 'Demasiadas Abuelitas' ", enunció con entusiasmo.

Bandit enarcó una ceja. "¿'Demasiadas abuelitas'?"

—"Sí, así es", asintió. "Bingo y yo seremos Janet y Rita, dos abuelitas que tratan de ir de vacaciones con sus amigas a las islas de pascua, pero tienen muchos problemas en el aeropuerto"

—"¡Y será musical!", dijo Bingo, apareciendo con su disfraz.

—"Es cierto, lo haremos ahora que Wendy nos enseñó un poco de canto"

Bluey hizo una pequeña demostración, cantando en un tono bastante fino y agudo que hizo que Bandit se tapara las orejas.

—"¡Sí-sí! ¡Se oye interesante!", dijo, deteniendo a su hija. "Por supuesto que la veré, pero antes necesito saber algo que quizás ustedes sepan"

—"¿Qué ocurre?", pregunta la cachorrita azul mientras su hermana se acerca.

—"Ustedes son muy amigas de Judo, ¿Verdad?"

—"¡Oh sí!", exclama Bingo, "Sobre todo Bluey"

Bluey asiente. "Es cierto. Ella dice que yo soy su mejor amiga"

—"De acuerdo, entonces… Ustedes se comparten muchas cosas, ¿Verdad?"

—"Por supuesto", afirma Bluey.

—"Entonces, ¿Saben cuáles son los lugares favoritos de Judo?"

—"¡Oh, sí!", exclamó Bingo. "La pastelería, el parque, la feria, el salón de belleza…", fue enumerando.

—"Vaya…", dijo entre dientes, "Son muchos lugares…"

—"Sí, a Judo le gusta mucho ir a tantos lugares", aseveró Bluey.

—"Y… ¿No hay algún lugar en especial que le guste ir?", sondeó, "Ya saben, un lugar que para ella sea el más importante y el primero al que iría"

Ambas cachorritas pensaron por no momento.

—"No, creo que no", dijo Bingo, frunciendo los hombros y levantando los brazos.

Bandit se decepcionó un poco.

—"¡Espera!", exclamó Bluey y su padre alzó la mirada rápidamente. "Sí hay un lugar que menciona mucho".

—"¿En serio? ¿Cuál?"

—"¡La playa!", clamó, levantando los brazos.

—"¡Es cierto!", Bingo le dio la razón.

Bandit enarcó las cejas. "¿La playa?"

—"Sí, así es", asintió la cachorrita azul. "Judo siempre menciona que le gusta ir mucho la playa, aunque nunca nos dijo por qué, pero supongo que le gusta mucho"

Bingo asintió. "Es cierto, y hasta nos invitó algún día".

El Heeler azul asintió significativamente.

—"¿Por casualidad sabes cual playa le gusta?", trató de averiguar más.

Bluey pensó por un momento. "No recuerdo, solo sé que dijo una donde hay muchas palmeras"

—"Palmeras…", dijo para sí mismo mientras trataba de pensar.

El Heeler azul había llegado a una importante deducción. No era algo que podía confirmar, sino más bien una corazonada, pero era la única pista que tenía.

—"Papá, ¿Estás bien?", preguntó Bluey preocupada al ver a su padre.

Bandit reaccionó y sacudió su cabeza. "¡Sí! ¡Muy bien!", exclamó, nuevamente poniendo una sonrisa forzada. "Escuchen, ustedes sigan practicando. Yo tengo que salir a encargarme de algo importante y les prometo que cuando vuelva veré su obra, ¿De acuerdo?"

Ambas cachorritas asintieron.

—"De acuerdo, Wendy estará con ustedes si necesitan ayuda", avisó antes de abandonar el cuarto.

El Heeler azul regresó a la sala. Su vecina seguía sentada lamentándose en el sofá.

—"Escucha…", pronunció, acercándose a ella. "Creo que sé dónde puede estar Judo".

La chow-chow alzó la mirada, sorprendida. "¿De verdad?"

—"Sí, pero aún no estoy seguro", aclaró, "Por eso debo ir para comprobar si estoy en lo correcto"

—"Iré contigo", dijo, levantándose.

Bandit negó con la cabeza. "Debes quedarte aquí"

—"¿Por qué?"

—"Porque necesito que cuides a las niñas"

—"¡Bandit!", vociferó, "¡Es mi hija la que está allá afuera perdida! ¡Necesito verla y saber que está bien!"

El Heeler azul le puso la mano en su hombro y la miró, intentando calmarla.

—"Escucha, sé cómo te sientes. Yo también estaría como tú si le pasara eso a Bluey o Bingo… o a ambas", empezó diciendo, "Pero entiende que no puedo dejar a mis hijas solas, además, si voy y resulta que no está donde creo que está, solo te haré perder tiempo", intentó explicarse. "Solo te pido que confíes en mí. Te haré saber lo que pasa, y si me equivoco la buscaremos juntos, aunque nos tome noche y día".

La chow-chow miró a su vecino a los ojos. No estaba de acuerdo. Todavía quería ir con él. No le importaba cual fuera la idea más absurda sobre el destino de su hija, estaba dispuesta a ir a donde sea con tal de encontrarla. Sin embargo, pudo reconsiderar su idea entre más miraba a aquel macho azul. No sabía cómo lo hacía, pero siempre denotaba tanta confianza y calma que conseguía hacer una luz entre tanta oscuridad.

—"Está bien…", suspiró ella, "Pero mantenme informada", ordenó.

Bandit asintió. "Lo prometo".

El Heeler azul salió rápidamente de la casa, arranca el auto y conduce, con el rostro angustiante. Se mantiene callado, tratando de mantener su mente en blanco. Sus ojos contemplan el paisaje, empujado y atraído hacia lo que es hoy por miles de millones de años desapareciendo bajo el paso constante del movimiento de la Tierra. Inclina la cabeza a un lado para ver una cacatúa solitaria volando perezosamente sobre el camino sinuoso, una silueta austera contra los colores del cielo.

Tras un buen rato conduciendo, el Heeler azul se detiene en su destino: Palm Cove. Para muchos la playa con esencia más tropical de Australia, y al mismo tiempo una de las menos conocidas. Él recorre primero el pequeño pueblo, acogedor y tranquilo. No encuentra nada relevante ahí. Camina por la playa. Se encuentra a muy pocas personas que solo pasean. Constantemente pedía no haberse equivocado y luego, cuando creía haber perdida la esperanza, su deseo se hizo realidad. A lo lejos pudo distinguir la silueta de una cachorrita sentada a la orilla del mar. Se acercó más y comprobó que aquella pequeña le era bastante conocida.

—"¡Judo!", vociferó el macho azul, acelerando el paso.

Se detuvo frente a ella. La chow-chow cachorrita estaba abrazando sus piernas, mirando a la nada. Alzó la mirada al ver al Heeler azul a su lado. Claro que se sorprendió un poco, pero no mostró ninguna emoción en su rostro.

—"Que bueno… que te encuentro", dice, jadeando. "Tus padres… tus padres están muy preocupados por ti", avisa, para luego hacer una seña. "Venga, vámonos…"

El Heeler azul comienza a caminar, pero tras dar uno pasos comprueba que la hija de su vecina no se levantó en lo absoluto, siguió permaneciendo sentada y mirando a la nada.

—"Judo…", regresó a ella, "¿Qué pasa?"

La pequeña no respondió, seguía en la misma posición y con la mirada fija en cierto punto. Parecía molesta, quizás estaba relacionado con el hecho de que huyera de casa. Su vecina nunca le dijo cuál había sido el motivo, y es muy probable que el exesposo se lo hubiera ocultado. Su idea solo aumentó la fuerza que algo le ocurría, por lo que decidió intentar conversar con ella, con la esperanza de no hablar contra el viento.

—"Judo... por favor dime qué pasa..." dijo Bandit en lo que esperaba fuera el tono más reflexivo posible. "¿Estás enojada?"

Ella no respondió.

—"¿Qué te sucede?"

—"Vete. A nadie le importa…", suelta, sin mirarlo.

—"Eso no es verdad, ¿Por qué lo dices?"

—"¿¡Por qué te importa!?", bramó, mirándolo con enfado. "¡Y no empieces con esas frases!"

Bandit reaccionó bastante sorprendido ante su actitud. "¿Q-Q-Qué frases?"

—"'Tenemos que unirnos'", responde, haciendo una imitación, "¡No habrá un nosotros!", gritó, apuntándole con el dedo. "A nadie le importo. Solo piensan en ellos…", su tono fue bajando, "No me necesitan".

La pequeña enterró su cabeza entre sus rodillas, mientras el Heeler azul la miró con bastante desazón.

—"Eso no es cierto", alegó, intentando hacerla entrar en razón. "Tu mamá y tu papá te necesitan... y yo también", confesó, provocando que la pequeña alzara la mirada rápidamente. "Yo también te necesito".

—"No es cierto, solo necesitas a mamá", objetó, con el ceño fruncido. "Mamá necesita a papá, y ahora él la abandonó", refunfuñó, cerrando sus ojos con fuerza para luego cubrirse la cara.

—"Por favor no lo tomes así", pidió, cada vez más preocupado. "Sé que todo ha sido muy difícil para ti, pero…", pensó por momento antes de suspirar. "Mira... Yo no necesito a tu mamá"

La chow-chow cachorrita volvió a alzar la mirada rápidamente.

—"Yo amo a otra persona, ya te lo dije, pero…", suspiró, "Pero tu mamá me necesita a mí, y yo quiero ayudarla en todo lo que pueda".

Aquellas palabras hicieron que la pequeña lo observara juzgadoramente. Por la manera en que se expresaba no parecía ser algún tipo de treta, parecía que estaba hablando con toda honestidad.

—"Venga, vámonos", volvió a pedir, extendiendo su brazo, pero ella lo apartó de un golpe seco. "Judo, no me iré de aquí sin ti", le hizo saber seriamente.

La chow-chow cachorrita volvió a quedarse en silencio y apartó la mirada.

—"Está bien, si eso es lo que quieres…", pronunció para luego sentarse a su lado, "Me quedaré aquí. Eso no te molesta, ¿Verdad?"

Ella no respondió.

—"Bueno, este es un país libre, así que lo tomaré como un 'Sí'", exclamó con una sonrisa.

Ambos estuvieron en silencio un buen rato sin decirse absolutamente nada. El Heeler azul trataba de buscar algo con lo que pudieran conversar sin tener que discutir, algo que a estas alturas era poco probable.

—"¿Sabes? Dicen que el océano cura lo que te aqueja", pronunció él, "Lo dijo un filósofo llamado Eurípides", afirmaba con incredulidad.

—"Ese no existe…", dijo ella, mirándolo de reojo.

—"Tienes razón", dejó escapar una risa entrecortada, "En realidad lo dijo un conocido mío: Eurípides Jackson, un gran surfista". Frunció los hombros y levantó los brazos, "Supongo que no soy bueno para mentir".

Judo hizo un sonido parecido a una tos. Bandit la miró y se dio cuenta de que era una risa ahogada, la cual intentó ocultar en vano.

—"Tengo que admitir que… es un lugar agradable", dijo mirando a la nada.

—"Este lugar es importante para mí", confesó Judo.

—"¿Ah sí?", volteó para verla.

La chow-chow cachorrita asintió cabizbaja.

—"Cuando era más pequeña, no entendía por qué había niñas que vivían con su mamá y papá, mientras yo no los veía juntos…", empezó diciendo con calma, apartando la mano para apoyarla en la arena. "Un día mi papá prometió llevarme a donde quisiera. Vinimos aquí. Me compró todos los dulces que quise y me regaló un peluche que ganó en un juego…", fue dibujando círculos, "y al final del día me dijo la verdad".

Bandit se quedó en silencio no queriendo asumir nada al hablar.

—"Desde entonces suelo venir aquí con papá", declaró, manteniendo su voz suave.

—"Vaya…", comprendió, "Tu padre es alguien… alguien… bastante comprensible", dijo, con algo de torpeza.

La chow-chow cachorrita dejó de dibujar en el suelo e hizo una pausa antes de suspirar.

—"Creía que él intentaba volver con mamá, pero me mintió", manifestó, cerrando sus ojos.

—"¿Cómo que te mintió?", preguntó extrañado.

—"Lo vi besándose con alguien más", expuso con rabia, "Alguien que creía que era una amiga, pero también me mintió".

—"Oh…", soltó, entendiendo por donde iba el asunto. "Bueno… quizás solo fue un malentendido…"

—"¡No! ¡No lo fue!", interrumpió abruptamente. "¡Yo los vi muy bien! ¡Se estaban besuqueando muy enamorados!", se expresó con rabia mientras golpeaba la arena.

Bandit hizo una mueca. "Bueno… si quieres puedo llevarte a hablar con él y…"

—"¡No!", volvió a interrumpir, "¡No quiero hablar con él, ni con mamá!" declaró molesta. "Solo quiero estar sola"

Bandit resopló. "Judo, entiendo que estás molesta, pero no puedes estar aquí sola", espetó, "Tus padres están desesperados por saber dónde estás y si te encuentras bien"

—"No es cierto…", miró a otro lado.

—"Claro que sí", objetó, acercándose un poco a ella. "Wendy estaba llorando. Yo estaba con ella cuando le avisaron que te escapaste. Me dijo que no sabía lo que iba a hacer si algo te pasaba"

Judo reflexionó por un momento.

—"Y ¿Papá?", preguntó, mirándolo.

Bandit volvió a resoplar. "No lo sé, pero supongo que está igual de preocupado"

—"Sí, claro…", volvió a apartar la mirada a otro lado. "Jamás se preocupó por mí", murmuró.

—"Pero, ¿Qué dices?", reaccionó extrañado ante esa declaración.

—"Papá últimamente me promete cosas que nunca cumple…", respondió con indignación. "Siempre me dice que todo lo que hace es por mi bien, pero nunca me deja hacer nada de lo que me gusta".

El Heeler azul podía ver en el rostro de la pequeña como descargaba aquella frustración que tanto había reprimido.

—"Yo le tenía respeto. Hice todo para ser como él. Me vestía con los trajes que me compraba. Leía los libros que me recomendaba. Yo…", hizo una pausa para inhalar y exhalar, "Yo creo que no quería una niña. Intenté ser como un niño, si eso le alegraba, para que pasara más tiempo conmigo y… tampoco funcionó"

Su voz se apagó en un doloroso silencio.

El Heeler azul estaba bastante sorprendido por la catarsis de la pequeña. Extendió su brazo e intento apoyar la mano en su hombro, pero ella volvió a darle otro golpe seco.

—"¿Por qué intentas ser bueno conmigo?", preguntó, mirándolo de mala gana.

—"¿Qué tiene de malo?"

—"Los amigos de mamá siempre intentaban ser agradables conmigo. Me compraban caramelos para hacer que me gusten y caerle en gracia a ella"

—"Y… ¿Si yo quiero caerte bien sin que me guste tu mamá?"

—"Y ¿Si no quiero que eso ocurra?", preguntó desafiante.

—"Bueno, esa es tu decisión", frunció los hombros y levantó los brazos, con mirada neutral. "Yo no me opondré y te dejaré seguir viendo a Bluey y Bingo pase lo que pase"

Judo lo miró escrutadoramente. "No lo entiendo…"

—"¿Qué cosa?"

—"¿Por qué no estás molesto conmigo?"

—"¿Por qué habría de estarlo?"

—"No te traté bien"

—"Sí, ¿Y…?"

—"Deberías odiarme…", apuntó su mirada al suelo.

—"Judo, por favor…", dijo en tono molesto. "Yo no te odio. Mira, todos cometemos errores… y a veces hacemos locuras en un mal día… pero yo no juzgo a nadie por sus errores, sino por como los corrigen", declaró con firmeza y ella inmediatamente volvió a mirarlo. "¿Recuerdas cuando jugabas con Bluey y Bingo a las mariposas?"

Judo asintió.

—"Bingo me dijo que le gritaste y luego hiciste que Bluey la dejara sola"

Judo asintió avergonzada.

—"Pero luego te disculpaste y prometiste no volver a hacerlo, y cumpliste con tu promesa", detalló. "Eso demuestra que eres una buena persona"

Cuando los ojos del Heeler azul se encontraron con los de pequeña chow-chow, una amplia sonrisa se extendió por su rostro, enviándole una notable confianza. Realmente hablaba con toda honestidad. No se trataba de alguna artimaña ni algo que decía solo para caerle bien. Él decía la verdad. Ella no podía evitar sentirse un poco conmovida ante sus declaraciones, incluso intentaba cuestionarlo.

—"Sí, pero yo…", intenta encontrar las palabras, pero falla, "Yo no soy…"

Su voz se quebró en las últimas sílabas. Inmediatamente cerró sus ojos y se cubrió la cara.

—"Judo, ¿Qué pasa?", preguntó extrañado ante su reacción.

—"Yo…", miró hacia abajo. "No quiero que me veas llorar", confiesa. "No quiero que nadie piense que soy débil. No puedo permitir que nadie piense que soy débil".

Su expresión de desconcierto se volvió más seria. "¿Crees que eres débil, Judo?"

Ella exhaló, se detuvo. Abrió la boca y luego la volvió a cerrar.

—"No deberías. Eres fuerte, Judo", aseguró, "Y estoy seguro de que los demás saben que eres fuerte"

—"No me siento fuerte…", soltó, alicaída

—"Estás sufriendo. Sentir dolor no significa que seas débil", afirmó, apoyando la mano en su brazo. "Significa que te preocupas y que amas. No olvides que tú también eres amada. Hay tanta gente que haría cualquier cosa por ti. Nadie quiere que sufras".

Judo lo observa por un buen rato mientras las lágrimas finalmente salen calientes y pesadas. Rápidamente se abalanza sobre él y lo abraza. Se abrazaron durante lo que parecieron horas.

Bandit le da pequeñas caricias en la cabeza. Nunca la había visto llorar. Siente que quiere gritar. Quiere golpear a alguien con la esperanza de que pueda sentir el dolor y la angustia que ella está experimentando, pero todo lo que puede hacer es chillar y sollozar.

Cuando se separaron, el Heeler azul le tendió las manos para ayudarla a levantarse. "Ven, te esperan en casa", dijo, pero ella se negó.

—"Si vuelvo me van a castigar", exclamó asustada.

Él negó con la cabeza. "Me aseguraré de que eso no pase"

—"¿Lo prometes?", preguntó todavía asustada.

—"Por supuesto"

La pequeña chow-chow finalmente tomó la mano del Heeler azul y se levanta mientras sus fríos ojos oscuros se suavizaron hasta convertirse en una mirada apaciguadora .

—"¿Qué te pasó ahí?", preguntó señalando una herida en su rodilla.

—"Me caí cuando salí corriendo de casa y me lastimé…", respondió, apenada.

—"De acuerdo, no te preocupes…. Al menos no te golpeaste el brazo como yo. Eso sí que me dolió mucho", dijo a modo de broma.

Hay alivio en sus ojos, un atisbo de esa sonrisa de sorpresa que disfruta con toda emoción.

—"Por cierto, ¿Cómo llegaste hasta aquí?", preguntó con curiosidad.

—"Un poco caminando y otro poco en autobuses", respondió suavemente.

—"¡Vaya!", exclamó sorprendido, "¿Quién diría que podrías hacerlo por tu cuenta?"

—"¿Qué puedo decir? Supongo que es porque soy fuerte", soltó, con una notable calma.

Ambos se rieron mientras salían del lugar y se subían al auto de Bandit. Él aprovechó para sacar su teléfono y marcarle a su vecina.

—"Wendy, la encontré…", dio aviso mientras escuchaba a su vecina dar varios gritos con emociones variadas. "Es una larga historia…", dijo ante una pregunta que le hizo, "Dejaré que ella te lo explique mejor…", vio a la pequeña algo preocupada, "Solo te pido que por favor no seas tan ruda con ella, no ha tenido un buen día, ¿De acuerdo?", escuchó a su vecina aceptar con desesperación. "Iré para allá ahora mismo, no te preocupes", cortó la llamada.

—"Todavía no estoy segura de lo que pasará", soltó Judo aún preocupada.

—"Tranquila, yo me encargaré ¿Y sabes por qué?"

—"¿Por qué?"

Él se acomodó en el asiento. "Porque yo también soy fuerte".

En su camino de vuelta a casa, Judo no paraba de hablar. Le mencionó algunas cosas que le disgustaba de su padre, como que no le dejaba cocinar o cantar, algo que cuadraba con lo que él ya venía sospechando. La escuchó durante todo el viaje sin queja alguna. En un momento ella le preguntó cómo hizo para dar con su paradero, él respondió entre bromas que había sido detective, algo que ella no terminó de creer y luego lo reconoció entre risas. Por dentro, él agradecía no haberse equivocado y ella agradeció que él la encontrara.

Al llegar a su destino, vieron a Wendy sentada en el pórtico de la casa de Bandit. Él se bajó primero y luego la ayudó a bajar.

—"¡JUDO!", gritó Wendy mientras corría para abrazarla. "¿Dónde estuviste? ¿Estás bien? ¿Por qué escapaste? ¿Tienes idea de lo preocupada que estaba?", comenzó a bombardearla con preguntas mientras la miraba con preocupación.

Judo no respondió, solo sollozó un poco.

—"Está bien…", pronunció para luego volver a abrazarla. "Está bien, no te preocupes", la alejó un poco y la miró sonriente. "Lo importante es que estás aquí"

Judo sonrió. Bandit la miró a los ojos. Estaban llenos de alegría. Todavía tenían un atisbo de soledad y tristeza, pero la ira y la amargura habían desaparecido.

—"Bueno… supongo que ustedes tienen mucho de qué hablar", dijo Bandit para luego caminar a su casa.

—"¡Espera, Bandit!", le gritó. Él se detuvo y giró para verla. "Gracias…", le sonrió entre lágrimas.

Bandit le devolvió la sonrisa. "Por nada. ¿Las niñas están bien?"

—"Sí…", asintió mientras se secaba las lágrimas. "Están descansando un poco"

—"De acuerdo. Iré a verlas. Te veré luego", dijo volviendo a caminar, pero se detuvo. "Recuerda no ser tan ruda con ella", pidió antes de seguir su camino.

Judo le contó brevemente el motivo de su huida. Wendy no se sorprendió en lo más mínimo, pero igual estaba bastante molesta. Para mal augurio, el reencuentro emotivo se arruinó repentinamente cuando se escuchó un coche acercarse a toda velocidad y detenerse abruptamente en la calle. Ambas reconocían el auto.

—"Qué… ¿Qué hace él aquí?", preguntó mirando a su madre.

—"Yo le avisé que apareciste para que no se preocupara…", respondió ella, algo sorprendida. No creyó que llegaría tan pronto.

Del coche se baja un chow-chow de traje y corre hacia las mujeres.

—"¡Judo!", exclamó, "¡Qué bueno que apareciste! Escucha, estoy tan feliz de verte que ignoraré lo de tu escape. Ahora vámonos a casa…", ordenó, pero su hija negó con la cabeza. "¿Qué?", se sorprendió. "Judo, venga, vamos…", intentó agarrarla.

Judo se escondió detrás de su madre.

—"Judo, ¿Qué te sucede?", dijo, en un tono molesto. "Te estoy dando una orden".

Judo no responde.

—"¡Judo!", vociferó.

Wendy se gira y agacha. "Judo, cariño, ve a mi casa y espera ahí, ¿Quieres?"

La pequeña chow-chow asiente y abandona el lugar.

—"¿Ahora qué le sucede?", pregunta cabreado.

Wendy disintió lentamente. "En serio no lo entiendes…"

—"¿No entiendo qué?"

—"Esa niña se estrellaría contra un muro por ti"

—"Y ¿Eso que tiene que ver con que haya huido?"

—"Mira, mejor vete", sugirió, señalándole.

—"Oye, un segundo", la toma del brazo, "¿Se te olvida con quién hablas?", masculló.

—"Cálmate", pidió, algo asustada.

—"¡No! ¡Tú cálmate!", exclamó violento. "Y te diré algo más. Es mi hija la que está ahí adentro, y si se me da la gana te la puedo quitar ¿Oíste?", amenazó con furia.

—"Suelta mi brazo…", pidió, cada vez más asustada.

—"Será mejor que hagas lo que dice"

El chow-chow de traje volteó para ver a un macho azul, bastante corpulento, mirándolo con enfado.

—"Tú…", pronunció, apuntándole con el dedo, "Eres el de esa fiesta", dijo recordándolo.

—"Así es", asintió fríamente, "Soy el vecino de Wendy… y también su amigo".

—"¿Amigo?", se rió entre dientes, "Veo que has estado bastante ocupada en mi ausencia", dice sarcásticamente mirando a su ex. "¿Desde cuando tienes amigos varones?"

—"Soy probablemente el mejor amigo que todos desearían", prorrumpió, acercándose a él, "así que te sugiero que la sueltes si no quieres tener problemas", conminó.

Aquel macho azul le superaba en altura y contextura física a Richard. Él había aprendido a no dejarse intimidar por individuos más grandes. Sin embargo, no podía evitar sentir algo de inquietud. No estaba seguro de si aquel macho sería capaz de hacerle algo, y tampoco quería averiguarlo, por lo que decidió hacer caso y soltar a su ex.

—"¿Te encuentras bien?", preguntó con preocupación a su vecina mientras ella le asentía. "¿Quién te crees que eres?", manifestó, volviendo a mirarlo de mala gana.

—"¿Quién te crees tú para hablarme de esa manera?", protestó.

—"N-No es necesario…", ella intentó que su vecino no peleara con su ex, pero él la miró seriamente.

—"Lo lamento, por supuesto, pero como yo interpreto el papel de bufón que hace y dice lo que muchos callan, creo que no tienes que aceptar este papel tan humillante", le dijo a su vecina con sinceridad.

La chow-chow asintió significativamente. Aún no estaba del todo de acuerdo que su vecino se metiera con su exesposo. Lo conocía, y sabía la clase de individuo que era cuando se trataba de discusiones.

—"Voy a pedirte que salgas de aquí", ordenó el Heeler azul, ahora mirando seriamente al ex de su vecina.

—"No pienso irme sin mi hija", protestó, cruzándose de brazos.

—"Richard, ella no quiere verte ahora. Por favor, vuelve después…", incitó ella suavemente.

—"¡Tú cállate!", le interrumpió.

—"¡Oye!", se metió en el medio, "Baja el tono".

Richard retrocedió un poco.

—"Así que este es el ejemplo que quieres darle a tu hija", señaló el Heeler azul. "¿Crees que puedes venir aquí y solo tomarla como si fuera un premio?"

—"No te metas en lo que no te incumbe…", masculló Richard.

—"Sé que no debería entrometerme en esto, pero no puedo quedarme callado", espetó. "Judo ya me dijo la clase de padre que eres"

Richard frunció el ceño. "¿Ahora vas a cuestionarme como padre?"

—"Por supuesto", respondió, cruzándose de brazos. "Como padre, se supone que deberías pasar más tiempo con ella, hablar y salir".

—"¡Eso hago!", replicó para luego corregirse, "Bueno… Intento hacerlo. No siempre tengo suficiente tiempo… ¡Pero aun así hablamos siempre!", clamó. "Hago todo por ella. Trabajo todos los días por ella. Lo tiene todo: aparatos, viajes, la mejor escuela de la ciudad, ¿Qué más necesita?"

—"Y ¿Dónde estás tú todo el tiempo?", cuestionó.

—"En el trabajo, por supuesto"

—"Ya veo, pero ¿Por qué necesitas ese trabajo? ¿Para qué trabajas? ¿Qué te motiva?"

—"¿Es una broma?", se rió entre dientes, "Para vivir bien, criar a mi hija y educarla"

—"Lo entiendo, pero ella te necesita a ti. ¿No tienes al menos una hora al día?"

Richard no respondió.

—"Yo tengo hijas y si les prometo algo y no lo cumplo, no podré recuperar su confianza. Es prácticamente imposible"

—"Ella entiende perfectamente cuando no puedo…"

—"Las promesas no pueden ir en contra de las acciones", le interrumpió. "¿Cómo puedes entender que todo lo que haces es para ella? Después de todo no sabe leer las mentes", volvió a cuestionar ante la mirada impasible de aquel macho. "Si quieres un consejo, intenta hablar después con tu hija, dile que la amas y lo entenderá. Y tal vez, solo tal vez, volverá contigo".

—"¿Por qué le explicaría cosas tan elementales?", replicó.

Bandit resopló. "Y luego preguntas por qué te cuestiono como padre…"

—"¿¡Qué dijiste!?", berreó.

—"Ella se ha adaptado a ti toda su vida", dijo seriamente. "No sabes nada de ella. No sabes ni lo más simple de ella. Que le gusta. No tienes idea de que música, libros o películas le..."

—"¡Le gustan los retratistas rusos y los programas americanos de abogados!", lanzó, interrumpiendo, "¡Ella siempre compartió todos mis intereses!"

—"¡Son exactamente tus intereses!", espetó.

Richard frunció el ceño. "No sé con qué cara vienes a cuestionarme eso. Yo me preocupo por mi hija. Me preocupo por su futuro. Yo volví a mi hija fuerte, y ella…", señaló a su ex, "Solo hizo que se volviera demasiado blanda. Engañándola con fantasías y diciendo que tenía talento".

—"Judo tiene talento", dijo con firmeza, "Solo que tú no quieres admitirlo".

—"Le hice un favor", aseveró, "No tiene lo que hace falta. Tiene actitud, no lo niego, pero Judo no peleará por algo que solo muy pocos pueden triunfar".

—"Judo es brillante y tendrá éxito en lo que se proponga", afirmó con seriedad, "pero lo hará con lo que ella prefiera, a pesar de que personas iguales a ti quieran convencerla de lo contrario".

Richard gruñó. Hizo un puño y se lo mostró a Bandit. "Te lo estás ganando"

—"Adelante", respondió Bandit mientras señalaba con su pulgar por encima de su hombro, "Si ese es el ejemplo que quieres darle"

El chow-chow de traje alzó la mirada para notar a su hija asomada desde la entrada. Había estado presenciando toda la discusión. Resopló ante eso. Guardó su puño, reprimiendo cualquier impulso violento, si es que tenía planeado alguno con aquel macho azul.

—"Te lo pediré de nuevo. Vete ahora mismo", incitó suavemente.

El chow-chow de traje no hizo más que mirar a aquel macho azul con recelo. En un breve momento notó como su exesposa le sujetaba la mano a aquel individuo, detalle que por supuesto lo hizo enfurecer aún más. Sin mediar una palabra, caminó lentamente hasta su auto, se subió y arrancó el motor. Mientras se alejaba, sacó su teléfono y marcó un número.

—"Dolon, escucha. Necesito que me averigües algo…"

Una vez que el auto desapareció en la lejanía, la chow-chow suspiró aliviada.

—"¡Bandit! ¡Estuviste increíble!", lo felicitó.

—"No fue nada", hizo un gesto con la mano.

—"¿Cómo hiciste para mantenerte firme?", preguntó con intriga, "Y ¿Si te golpeaba?"

—"No iba a hacerlo"

—"¿Cómo estás tan seguro?"

—"Es de los típicos que solo saben ladrar, pero no morder", respondió con seguridad. "Pude notarlo en sus ojos. Es un cobarde que no sabe meterse con los de su tamaño".

—"¿Tú crees? Él suele dar bastante miedo cuando se enoja"

—"¿Bromeas? Chilli da mucho más miedo cuando se enoja"

Ambos se rieron, luego intercambian una mirada, similar a muchas otras en el pasado, una de anhelo y esperanza... y algo más. El silencio, el calor en el aire, la pura carga estática entre ellos es casi asfixiante. No hay ninguna razón para que se encuentren mirándose el uno al otro sin decirse nada, pero de algún modo lo disfrutan.

—"Yo… Creo que debo irme", dijo Wendy, con una sonrisa tonta floreciendo en su rostro.

Bandit asintió. "Sí, yo… Yo también debería irme"

Ambos se retiran y entran a sus respectivas casas. Suspiran, pensando en todo lo que había sucedido en el día.

Mientras tanto

El chow-chow de traje estaba en la oficina de su casa. Caminaba de un lado a otro con un más que evite enojo, mientras que se secretaria estaba apoyada en su escritorio, totalmente cabizbaja.

—"¡Esto es increíble!", vociferó, "¿¡Te das cuenta de lo que hiciste!? ¿¡Eh!?"

Samantha asintió sin mirarlo.

—"¿¡Te das cuenta del problema en el problema que me acabas de meter, no!?", siseó.

Samantha volvió a asentir sin mirarlo.

—"Como ya has de saber, no puedo dejar las cosas como están y me veo en la obligación de tomar ciertas decisiones"

Aunque el chow-chow de traje no quería ser indulgente con ella, vio en su rostro arrepentimiento. Realmente estaba avergonzada de lo ocurrido. Y aunque era una desventaja deshacerse de ella, ya había tomado la decisión.

—"De todos modos puedes estar tranquila…", dijo con calma antes de que sus palabras se conviertan en un gruñido. "Tengo muchos contactos, me aseguraré de recomendarte y no decir nada malo de ti, solo hagamos de cuenta que esto jamás ocurrió, ¿Sí?"

Samantha alzó la mirada rápidamente. "¿Qué?"

—"Lo de hoy solo fue un terrible error", dijo bastante seguro. "Te entiendo, estabas un poco borracha y no pensabas con claridad. No te preocupes, esas cosas pasan. No hablaremos de esto nunca más"

Samantha frunció el ceño. "Dime una cosa ¿Te parezco poca mujer?"

El chow-chow de traje se sorprendió ante esa pregunta tan repentina.

—"No. Definitivamente no, ¿Por qué?"

—"¿Acaso crees que he estado trabajando cinco años para ti, sacrificándome y cumpliendo con tus caprichos porque lo disfruto?", manifestó mientras se acercaba a su jefe. "Richard, yo te amo".

La mezcla de Shih Tzu y caniche le mostraba a su jefe una mirada suave, una clara evidencia que hablaba en serio. El chow-chow de traje estaba bastante absorto ante las declaraciones de su secretaria. Ni en un millón de años se lo hubiera imaginado. Con el encanto que tenía a la hora de atraer chicas debió haberse dado cuenta de alguna, si la había, entonces jamás lo notó.

Un leve sonrojo, acompañado de una sonrisa, se formó en el rostro de ella. Intentó volver a tocar el rostro de su jefe, como en la mañana, pero él se negó.

—"Eso es ridículo…", declaró, alejándose de ella.

—"¿Por qué?", preguntó con angustia.

—"Solo podemos tener una relación de trabajo", respondió secamente.

—"No piensas eso cuando quieres besuquearte con las esposas de otros en las fiestas", cuestionó, cruzándose de brazos.

—"Eso es diferente…", soltó para luego hacer silencio mientras veía por su ventana.

—"Ella no te ama", dijo molesta.

Richard giró la cabeza. "¿Cómo lo sabes?"

—"Si te amara, ella estaría aquí, dispuesta a seguir contigo y formar una familia perfecta, pero se fue y ¿Qué te dejó? Recuerdos y una hija que ni siquiera le prestas atención"

Richard inhaló y exhaló furioso. Trataba de no perder la compostura, pero por mucho que le costara admitirlo, reconocía internamente que su empleada tenía razón.

—"Eso no es cierto…", dijo él en tono apagado.

—"¡Claro que sí!", espetó, acercándose nuevamente a él, "Y tú ni siquiera la amas, solo nunca pudiste aceptar el hecho de que te abandonara y creíste que tarde o temprano volvería arrastrándose a ti…"

—"¡CALLATE!", bramó, mirándola a los ojos, "¿Qué sabes tú del amor?"

—"Yo te amo a ti…", volvió a repetir, con una notable aflicción. "Soy diferente. Hago otras cosas. Te entiendo. Te escucho. Te perdono…"

—"Sí, pero… ella es mejor", aseveró, con incredulidad.

Samantha suspiró decepcionada.

—"Sigo sin poder competir con tu verdadera obsesión…", pronunció mientras se limpiaba las lágrimas de su rostro. "Anda, recupera la vida que quieres", exclamó, agarrando su bolso para luego dedicarle una mirada fulminante. "Pero aléjala de la mía", fue lo último que dijo.

Samantha se retiró con indignación, sin poder evitar sollozar en su camino. Richard suspiró, aun sin poder procesar lo que acababa de suceder.