Declaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, yo sólo los utilizo para dar vida a mis locuras.
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8
Desconocido
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Iba a enloquecer.
Miró fijamente el techo de la habitación y trató de centrar toda su concentración en la forma de las lámparas que eran iluminadas sutilmente por la luz de la luna. Llevaba al menos dos horas intentando dormir, pero su cabeza parecía estar reacia a olvidar todo lo que había pasado durante el día. Si bien su herida le valió como una excusa perfecta para retirarse temprano a descansar y no tener que ver más la cara de la persona que le robaba la tranquilidad, todo lo que había ocurrido entre los dos parecía algo sacado de una fantasía romántica y no la dejaba conciliar el sueño por más que lo intentara.
"Me gustas... quizás"
¿En serio había dicho esas palabras?
—Ah, desearía poder viajar al pasado y coserme la boca—pensó desesperada mientras giraba sobre su costado—. Si no lo hubiera dicho, nosotros no...—pronunció en voz baja.
Sus mejillas se encendieron al memorar el calor de sus manos y la sensación de su boca devorando sus labios sin ningún tapujo.
Abrió los ojos como platos al notar lo embriagada que se sentía por esas memorias que inevitablemente sacudió la cabeza sobre la almohada para espantar los demonios que intentaban seducirla.
Afortunadamente Ino y Sakura habían decidido dejarla descansar cómodamente en una de las camas. Originalmente habían organizado un pequeño sorteo durante la primera noche para saber quién de ellas dormiría sola y quiénes compartirían, y aún y cuando la Yamanaka no estaba obligada a ceder su premio, lo había hecho gustosa para que no se sintiera incómoda con su lesión. Por ello, el par de chicas dormían plácidamente una a lado de la otra en la cama contigua mientras que Hinata se removía de un lado a otro, ahogada en su propia vergüenza.
Nunca se había catalogado como alguien valiente, sin embargo, aquel día se dio cuenta que no era tan cobarde como creía y aunque sentía que podía morir del bochorno, estaba, de alguna forma, bastante feliz por darse cuenta de eso.
Tan contradictorio.
—Pero... pareciera que él siente...lo mismo por mí, ¿Verdad?—de pronto el hilo de sus pensamientos fue interrumpido por esa idea.
Sasuke no lo había dicho, pero sus acciones se podían interpretar de esa forma ¿Cierto?
Después de todo, el Uchiha no lucía como el tipo de chico que se tomaba a la ligera los sentimientos de los demás. Quizás no era la persona más cariñosa y suave del mundo, pero dentro de su frialdad existía una amabilidad confortable y sutil.
Su pecho vibró cálidamente al dibujar en su mente las pequeñas muestras de consideración que el moreno había tenido con ella desde el primer día que se conocieron. Sasuke era una persona muy observadora, y aunque no hablaba demasiado, siempre demostraba en sus acciones lo mucho que cuidaba de otros. Cualquiera creería que sólo lo hacía debido a su trabajo como encargado de la casa compartida, pero había un límite en cuanto a lo que un arrendador estaba obligado a hacer por sus inquilinos, sin embargo él siempre hacia cenas deliciosas para todos, incluso guardaba loncheras para aquellos que no podían cuidar de sus almuerzos por alguna razón ajena a ellos; recordaba perfectamente los eventos importantes de cada uno y dejaba pequeños recados en las listas de tareas para que no tuvieran problemas al llevarlas al cabo.
También le había visto conseguir materiales de estudio para Naruto, quien mencionó que tendría un examen muy importante en la facultad apenas se acabarán las vacaciones, los cuales discretamente dejó en la biblioteca en un sitio donde el rubio los pudiera encontrar fácilmente cuando usará la sala. Era serio, pero no estricto, hablaba de forma mordaz, pero resultaba bastante elocuente su punto de vista y sobre todo, era un chico muy firme en sus propias convicciones.
Simplemente no podía negar en lo absoluto que se sintió atraída por esa personalidad tan distinta, y al mismo tiempo, tan parecida a la suya. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios y abrazó fuertemente la almohada que sobraba en la cama.
Vale, ya no lo pensaría más, simplemente dejaría que el destino tomara la batuta.
Poco después de decidir eso, el sueño por fin la venció.
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La puerta del maletero se cerró suavemente.
Los universitarios se habían levantado muy temprano para acomodar el equipaje dentro de la Van, ya que a diferencia del momento en el que habían llegado, ahora llevaban algunas cajas extra con varios souvenirs, razón por la cual había tardo unos treinta minutos en dejar todo organizado.
—Vaya, creí por un momento que no entraría todo—suspiró el Uzumaki mientras se recargaba sobre la puerta trasera.
—Ni que lo digas— agregó Chouji, quién le había ayudado a realizar aquello ya que necesitaba acomodar unas pequeñas hieleras donde llevaba una carne de venado que había comprado el día anterior antes de volver a la casa.
—Ugh, Ino, ¿No es demasiado temprano para estar tan arreglada? — Shikamaru miró ligeramente ceñudo a la susodicha, quién colocó una mano en su cintura y con la otra de acomodó la larga melena tras el hombro en un movimiento elegante.
—Una dama no puede comprometer su belleza por algo tan pequeño como madrugar, sería un sacrilegio para mí el siquiera pensar en salir de la habitación sin hacerme las cejas, aunque dudo mucho que lo llegues a entender— respondió —. ¿Qué? —gruñó al reparar en la forma que él le miraba.
—Aish, definitivamente no entiendo a las mujeres— chasqueó la lengua y se rascó la nuca mientras dejaba escapar un ligero suspiro—. Bueno, creo que específicamente no te entiendo a ti. Si todas son como tú, definitivamente estamos perdidos...
—¡¿Qué dijiste idiota?!
—Ino, déjalo en paz, no queremos cubrir las huellas de un asesinato antes de irnos—Sakura apareció por detrás de ambos y tomó los hombros de la Yamanaka, luego la empujó suavemente para meterla al interior del vehículo—. Chouji-kun espero que no te importe ir en la parte de atrás — el mencionado asintió.
No sería muy prudente que el Nara compartiera nuevamente el asiento con la muchacha luego de aquello. Después de todo, también era una chica que podía tirar a la basura un trabajo de 10,000¥ en uñas por dar un puñetazo a la cara de su mejor amigo.
—Son muy enérgicos desde temprano, ¿No? —Jiraiya se rio roncamente mientas se cruzaba de brazos.
—La casa se va a sentir algo solitaria por un par de días— respondió su esposa desde la entrada del lugar.
—Muchas gracias por recibirnos...— la voz de Hinata sonó un poco débil, pero aun así fue escuchada por el matrimonio, quienes la miraron ligeramente sorprendidos. Ella les dedicó una pequeña reverencia y luego dibujó una sonrisa suave —. Fue un placer conocerlos—se felicitó internamente por no tartamudear al final
—Eso deberíamos decirlo nosotros querida, espero que vuelvan todos en otra ocasión— dijo el de cabellera blanca.
La peliazul sacudió su cabeza un poco en son de confirmación y luego dio media vuelta para dirigirse hacia la camioneta.
—Jiraiya-sensei, espero que estén bien, vendré a verlos con papá y mamá la próxima vez-ttebayo
—Vale, no olvides darle a Minato los regalos que compré.
—Se los daré-ttebayo.
—Bien—carcajeó y el Uzumaki lo correspondió —. ¡Oh, cierto...!¡Pequeño Uchiha, dale mis saludos a tu familia!
Sasuke, que había estado bastante callado hasta el punto en que su presencia se había vuelto invisible, asintió antes de abrir la puerta del piloto.
—Tengan un viaje seguro— deseó la médica posando su mano en el hombro de su esposo
—Gracias abuela, entonces, nos pondremos en marcha-ttebayo.
—Nos vemos mocoso— su padrino le extendió el puño y el blondo sonrió ampliamente atente de chocar sus nudillos en un gesto bastante amistoso.
Poco después, se giró para darle alcance a la Hyuuga.
El resto de sus amigos se asomó por las ventanas del vehículo.
—¡Adiós!
—¡Nos vemos!
—Le escribiré en otra ocasión Tsunade-sama.
—¡Conduzcan con cuidado chicos!
Jiraiya y Tsunade los despidieron con alegría. La verdad es que había sido bastante divertido pasar tiempo con aquellos jóvenes llenos de energía.
Fue revitalizante en muchos aspectos.
—Hinata-chan, ¿Irás al frente otra vez?
—¿Eh? Ah... no, i-iré en medio...—desvió el rostro para evitar que notara el rubor en sus mejillas.
Honestamente, no le apetecía estar tan cerca del Uchiha sin preparar adecuadamente su corazón para ello.
—Vale— la miró algo curioso por su comportamiento, pero lo dejo pasar al adjudicarlo como un rasgo de su propia timidez.
—¿Qué haces? —gruñó el moreno al verlo abrir la puerta del copiloto.
—Me siento a tu lado, ¿Qué no ves, Teme? —soltó rodando los ojos.
Su ceño se frunció e inmediatamente dirigió su vista hacia la Hyuuga por medio del retrovisor.
—Tch, sólo no vayas a estar molestando en el camino— masculló, y tuvo que aguantarse las ganas de decirle que se cambiara de lugar tras recordar que había decidido tomarse con calma la situación con Hinata—, si lo haces, te juro que te arrojo de la camioneta.
—Bastardo.
—Hablo en serio— aseguró girando el volante para comenzar el regreso a la ciudad.
—Vale, me callaré, no quiero terminar en medio de las montañas-ttebayo—bufó.
Luego de meditarlo concienzudamente durante toda la noche, llegó a la conclusión de que un acercamiento directo y tosco no era lo mejor con una persona tan nerviosa y tímida como Hinata.
Debía ser más cuidadoso y suave si quería acercarse a ella.
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Al terminar la semana dorada las clases se reanudaron y cada uno de los habitantes de la casa volvió a su rutina usual.
Naruto había comenzado a estudiar para su examen de medio semestre, así que todas las tardes se encerraba en la biblioteca hasta la hora de la cena para repasar los temas de la prueba, después de todo, su examen consistiría en un cuestionario de 60 preguntas sobre derecho penal y un caso práctico. Aquello requeriría bastante preparación y, contrario a lo que podrían pensar las personas que solo veían su lado alborotado, el Uzumaki era alguien bastante comprometido en su sueño de ser abogado.
Sakura fue enviada a otra clínica para recibir una pequeña capacitación adicional y eso hacía que los días que no tenía clases por la mañana se ausentara desde temprano para ir a las prácticas del hospital. A veces ni siquiera podía cenar con todos porque debía regresar al nosocomio.
Shino completó exitosamente su experimento en la facultad, por lo que ahora podía pasar más tiempo con sus compañeros de casa y relajarse, lo cual no había podido hacer del todo en los últimos meses debido a su proyecto.
Sai pronto tendría una exposición de los trabajos de su clase, así que había decidido invitar a todos a que lo acompañasen la próxima semana si es que tenían tiempo libre.
Chouji por otro lado inició un entrenamiento especial en un restaurante de 4 estrellas bajo la tutela de un reconocido chef y todos los días llegaba con algún platillo gourmet para que sus amigos lo probaran.
Ino había convencido a Shikamaru para que le ayudase por un par de días en la Floristería de su familia, sus padres irían a un mercado de Flores ubicado en la costa sur y necesitaba una persona que supiera algo de flores para apoyarla; perfil que el Nara cumplía perfectamente gracias a su madre, quien lo había inscrito a clases de Ikebana cuando era pequeño, y aunque claro, no tenía reparo en quejarse a diestra y siniestra, no se había negado a ayudar a su mejor fin y al cabo, había logrado mover su horario en su trabajo de medio tiempo para ello.
Kiba también había conseguido un trabajo temporal, luego de las festividades, su hermana le comentó que unos colegas requerían a un cuidador extra para unas crías de zorro que estaban monitoreando en la reserva nacional y él se había ofrecido para tomar algo de experiencia en el cuidado de animales salvajes.
Todos parecían tan concentrados en sus vidas, que de alguna forma era contagioso su entusiasmo. Incluso ella estaba ocupada con sus clases, ya que dentro de un mes y medio habría una muestra de las carreras audiovisuales, cosa que se asemejaba mucho a un festival cultural según había escuchado, y debido a eso había bastante alboroto en los pasillos de la facultad. Estaba emocionada por ello, después de todo, su carrera participaría con una presentación de cortometrajes. La Coordinación de Cinematografía les había pedido a los maestros organizar equipos con alumnos de cada semestre para realizar las piezas que se expondrían, pues una de las razones para llevar al cabo dicha muestra era atraer más personas para que el número de postulantes aumentara el siguiente ciclo y por ende, obtuvieran un mayor presupuesto para mejorar las instalaciones y los equipos de enseñanza.
Agradeció internamente que su cabeza estuviera inmersa en los deberes académicos, pues si se descuidaba un poco, inevitablemente sus pensamientos se llenaban con todo lo sucedido en las vacaciones.
Sin embargo, Sasuke últimamente tampoco estaba mucho en la casa. Seguía haciendo la cena para todos, pero no se unía a ellos en la mesa, pues llevaba ya cuatro noches seguidas trabajando en una presentación muy importante de su clase de negocios internacionales, así que ni bien terminaba con sus labores domésticas, tomaba el auto y se marchaba. Muchas de esas veces, ni siquiera regresaba a casa para dormir y sólo lo veían por las tardes para repetir nuevamente el ciclo.
Honestamente, era un poco... solitario.
De alguna forma, es como si inconscientemente hubiera estado esperando un escenario distinto luego de los sucesos de la semana dorada. Si no fuera por el pequeño vendaje que aún estaba obligada a usar en su pierna, hubiera creído que todo aquello era sólo una fantasía loca.
Sus mejillas se sonrojaron un poco al recordar el calor y la sensación de los labios del Uchiha cuando se besaron en el baño, se avergonzó de sus propios pensamientos y se hundió en el pequeño sillón de la cafetería que habían elegido sus compañeros de equipo para hablar del proyecto durante esa tarde.
—¿Eres una pervertida? ¿Por qué estás recordando eso?— reclamó para sus adentros.
Sacudió los pies por debajo de la mesa y se llevó una mano a la mejilla para cubrir un poco su rubor.
—¿Te encuentras bien Hyuuga-san? —sus ojos se abrieron un poco más de lo normal debido a la sorpresa e inmediatamente giró el rostro hacia su izquierda.
El azul glacial del iris de Toneri, resaltaba un montón con ropa oscura, pensó al reparar en las facciones de su compañero. Por azares del destino, los habían colocado en el mismo equipo para la realización del cortometraje, y aunque estaba un poco feliz de tener a alguien familiar cerca, la verdad es que siempre terminaba mostrando su lado vergonzoso al Otsutsuki, y eso no la dejaba sentirse del todo tranquila. Sobre todo, luego de la forma en que Sasuke se la había llevado la última vez que se vieron en Achi, le había provocado cierto pánico por las preguntas que él pudiera hacerle al respecto, pero no había sucedido tal situación. El albino le había hablado en clases con suma normalidad y no parecía interesado en cuestionarla sobre lo sucedido. Cosa que agradeció enormemente, pues no estaba segura de cuál era la verdadera naturaleza su relación con el moreno y honestamente no le apetecía pasar por eso.
El chico se sentó frente a ella con una expresión suave y serena.
—Ah... S-sí...— bajó un poco el rostro para ocultarlo con las cortinas de su melena azulada.
—¿Estás segura? Pareciera que tienes fiebre, tu cara está roja y escuché que últimamente hay un brote de gripe de verano en el campus—musitó inclinándose hacia delante para poder examinar su semblante.
—Si, no es eso, lo prometo— sacudió sus manos delante de ella para evitar que siguiera viendo el cúmulo de sangre que se arremolinaba en sus mofletes.
—Hmm, vale, te creeré — esbozó una pequeña sonrisa causada por el ímpetu de la muchacha para su negación—. Ah, es verdad, tengo algo para ti— exclamó girando sobre su eje para tomar el bolso que había colocado al costado de su asiento y ella ladeó el rostro con curiosidad.
—¿Para... mi?
—Si, quizás tomaste a broma lo que dije en Achi, pero crecí un poco obsesionado con las supersticiones, y el otro día me encontré con Ebihara-san en el templo que cuida uno de mis tíos, así que le pedí que hiciera un amuleto especial para ti— explicó rebuscando en uno de los bolsillos de la mochila y sonrió al sentir el objeto del que hablaba.
—¡¿Eh?! ¡Eso... n-no era ne-necesrio O-Otsutsuki-san! —volvió a levantar sus extremidades, pero cualquier intención de hacer algún aspaviento se quedó en el aire cuando su interlocutor le cogió la muñeca derecha con suavidad.
—Lo sé, y espero que no te importe que, aun así, haya hecho algo tan egoísta como esto— le colocó una pulsera tejida con hilos de colores y cuentas de madera, detalle que, en realidad, era bastante lindo—. Simplemente deseo que no tengas más problemas en el futuro y sobretodo, que no te lastimes de nuevo— aseguró dándole un pequeño apretón a su mano antes de soltarla.
Hinata alzó las cejas y su boca se abrió ligeramente.
Toneri Otsutsuki era una persona muy rara. Incluso más que ella misma. Tenía un aura etérea, como si no fuera de este mundo, y aunque su rostro usualmente tenía una mueca tranquila, era alguien bastante honesto. También era un chico muy amable y considerado, desde su primer encuentro él se había mostrado bastante atento y cuidadoso en su trato. No se sentía como alguien a quien apenas había conocido, a veces tenía una sensación extraña, como si fueran viejos amigos que se habían vuelto a encontrar.
Si dejaba de lado todo lo bochornoso que le había mostrado de su persona, podía decir que se sentía cómoda en su presencia.
—Gracias...— exclamó al fin y se llevó la mano al pecho—. Lo... atesoraré— le dedicó una pequeña reverencia.
—Me alegra escuchar eso— recargó el cuerpo contra el respaldo de su sillón, sus ojos cerrados parecieron unas lunas menguantes—. Según lo que me dijo Ebihara-san, cada cuenta es un encantamiento distinto de protección, se supone que cuando cumpla su objetivo, se romperá, así que, si eso sucede, sólo dímelo y pediré una nueva— agregó llevándose una mano a la barbilla—. Espero que no sea pronto, porque eso sería preocupante, aunque quizás confirmaría la necesidad de un exorcismo... —soltó al aire.
—¡Otsutsuki-san! —su cara parecía un foco de navidad.
—Como siempre, tienes una reacción interesante— rio por lo bajo y ella atinó a fruncir los labios en un puchero sutil, parecía que tomarle el pelo era su juego favorito—. Tranquila Hyuuga-san, sólo era una broma— musitó luego de un rato.
—Otsutsuki-san ti-tienes un sentido del humor muy... especial...— exclamó tocándose las mejillas.
—Hmm, ¿Eso crees?, quizás deba buscar otra forma de hacerte reír...
—¿Q-qué...?
—Una cara larga no te sienta nada bien— aseguró recargándose en el dorso de su mano derecha—. Supongo que mis métodos no son los adecuados para hacerlo.
Hinata lo miró como si le hubiera salido una tercera cabeza y luego de siete segundos, se echó a reír tímidamente.
—Eres muy extraño Otsutsuki-san— su lengua se relajó y sintió como lentamente su espina dorsal se comenzaba a destensar.
—Me lo dicen a menudo—se encogió de hombros y sacudió una mano—. Pero al menos, logré que sonrieras— clamó triunfante.
Ah, ahora lo entendía, él sólo estaba tratando de animarla.
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Dejó caer la cabeza hacia atrás y suspiró profundamente luego de teclear el último punto del documento que había estado trabajando ávidamente durante los últimos días. Aquella tarea valía el 45% de su nota final del semestre y si lograban una calificación sobresaliente, el profesor de la materia les consideraría para una pasantía en el ministerio de comercio internacional para el próximo ciclo. Algo que, sin lugar a dudas, les ayudaría mucho en el futuro. Sin embargo, el único pero que encontraba en todo eso, era que, debido al tiempo que tenía invertir en sus tareas de la universidad, no había podido ver adecuadamente el rostro de Hinata, el tiempo que compartían era tan ridículamente corto que parecía una broma lo mucho que comenzaba a extrañar su torpeza al caminar, las mil y una expresiones de su rostro, y esa ligera entonación nerviosa que le hacía temblar la voz.
Ah mierda, incluso echaba de menos ese brillante carmín de sus mejillas cuando se avergonzaba.
—¿Terminaste el reporte Sasuke-kun? —cuestionaron a su costado derecho y el morocho giró la cara.
Una joven de vibrante melena rojiza, piel clara y ojos del mismo tono que sus crespos mechones, se acomodó el armazón de sus anteojos mientras miraba la pantalla de la laptop que el Uchiha tenía delante. Karin Seidou era una estudiante de Mercadotecnia Internacional que compartía algunas clases con él, de hecho, era de las pocas personas con las que entablaba una conversación dentro del campus, por ende, no fue raro que optara por formar equipo con ella para el proyecto de su clase, después de todo, era alguien con una inteligencia notable y aunque a veces era un poco molesta, generalmente se llevaban bien.
—Sí, además corregí los errores tipográficos, ¿Los gráficos están listos?
—Recién acabé de analizar los números para hacer las estadísticas de la presentación, no es por nada, pero quedaron perfectos—presumió acomodando un mechón detrás de su oreja—. Estoy segura que seremos el equipo mejor calificado.
—No alardees antes de tiempo, asegúrate de hacer un respaldo en la nube una vez que termines.
— No eres divertido—masculló cruzando los brazos—. Lo genial de todo esto es que logramos terminarlo 3 días antes de la entrega, si surgen correcciones, no estaremos apurados para hacerlas, sin mencionar que no tendremos que seguir trasnochando — se estiró un poco y luego colocó una mano sobre su cintura —. No podría tolerar otra noche sin ir a casa— apuntó la pequeña maleta deportiva que había estado cargando los últimos días para poder cambiarse en el Cibercafé que había sido su " base de operaciones", pues el Uchiha se rehusaba completamente a ir a la casa de la muchacha y tampoco quería molestar a nadie en la residencia compartida.
—Yo tampoco —susurró para si mismo.
—Sasuke-kun, ¿Vamos por un café para celebrar?
—Hmm.
—Voy a tomar eso como un si— musitó sonriendo de oreja a oreja mientras volvía a su sitio para guardar su información y recoger sus cosas—. Necesito cafeína de calidad para recuperar mi alma— exclamó.
El Uchiha permaneció en silencio mientras guardaba todo dentro de su mochila. No lo aparentaba, pero él también estaba aliviado de no tener que seguir haciendo eso por más tiempo. Incluso, ese día podría llegar más temprano a casa y, como ya no tendría que volver a salir por la noche, ahora sí podría permanecer en el condominio durante la cena.
Quizás debería hacer Yakiniku* para celebrar.
—Creo que la parrilla estaba en el cobertizo, le diré al Doble que me ayude a instalarla en el comedor— maquinó al tiempo que cogía su teléfono para enviarle un mensaje por Line al Uzumaki.
Finalmente podría ver a Hinata.
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Miró el reloj de la pantalla que esbozaba el menú del café, si se apresuraba podría llegar a la librería junto a la estación para comprar un libro de referencia que necesitaba para hacer su parte del proyecto. Entre todos había decido hacer un pequeño cortometraje documental de las motivaciones que habían hecho que sus compañeros decidieran estudiar esa carrera, así como sus sueños debido a ella y lo que esperaban del futuro, estaba encargada de hacer las preguntas de las entrevistas y sabía que para hacerlo bien, sus cuestionamientos debían ser concisos y bien encaminados hacia lo que querían lograr.
—Listo señorita, aquí tiene su cambio—la dependienta le sacó de sus ensoñaciones y ella pestañeó un par de veces para despabilarse.
—Gracias— sonrió y cogió los billetes para guardarlos en su cartera al tiempo que se dirigía hacia la puerta que daba a la calle principal.
—¿Lista? —preguntó Toneri al verla salir del local.
Sus otros compañeros ya se habían ido, sólo quedaba el Otsutsuki, que se había ofrecido a acompañarla hacia la estación del tren ya que le quedaba de paso en su camino a una reunión que tendría con sus amigos en un bar cercano.
—Sí, estoy lista...
—Vale, entonces vamos, no falta mucho para la hora pico y estas calles se ponen insoportables—avisó el albino.
Hinata asintió y se apresuró en iniciar el recorrido.
Conversaron ligeramente sobre cosas triviales mientras seguían su camino y de alguna forma el viaje se hizo bastante ameno. Comprobó una vez más que el Otsutsuki era una persona con la que tenía varias cosas en común. No sólo sus gustos en películas eran similares, también tenía familia en Nagoya y habían pasado por una crianza parecida debido a la estructura tradicional de sus familias.
De hecho, no sería raro que ya se hubieran visto alguna vez en el pasado, después de todo, sus familias ya se habían involucrado anteriormente.
Divisó los señalamientos de la intersección principal unos cuantos metros más adelante e inconscientemente apretó el agarre de la correa de su bolso. Toneri tenía razón, había mucha gente por la hora pico. Y aunque no era buena con las multitudes, no estaba demasiado inquieta, quizás porque la charla con su compañero era bastante entretenida. Se detuvo sobre el filo de la banqueta al notar que su semáforo estaba en rojo y sus ojos divagaron por la muchedumbre que estaban en contraposición a la suya.
—Por cierto, Hyuuga-san, hay algo sobre lo tengo curiosidad.
—¿Hmm?
—La persona con quien estabas en Achi durante la semana dorada es...
Hinata abrió los ojos de par a par y su mueca se desencajó.
¿Ese era Sasuke?
Sin embargo, ¿Quién era esa hermosa mujer a su lado?
...
—Vaya, hay tanta gente como se esperaba, ¿Deberíamos tomarnos de las manos para no separarnos? —bromeó coquetamente la bermeja colgándose del brazo izquierdo del Uchiha.
Cuando recién se conocieron, Karin había tratado de salir con él, pero ninguno de sus intentos había funcionado para convencerlo de aceptar sus traviesas insinuaciones. Con el paso del tiempo, dejó de intentarlo y simplemente lo molestaba con eso para reírse a su costa.
—Ni se te ocurra— regañó moviendo su cuerpo para obligarla a soltarlo.
—Hmmp, eres aburrido, deberías relajarte— exclamó apretando su agarre—. Definitivamente no serás un novio cariñoso, lo lamento tanto por la pobre chica que logré conquistarte, serás un hueso duro de roer— agregó recargando la cabeza en su hombro.
El moreno resopló una vez más mientras se sacudía insistente.
Tan molesto.
—Suéltame—gruñó empujándole la frente con sus dedos índice y corazón.
—Auch, vamos, no le tomes importancia, velo como si estuvieras ayudando a una anciana a cruzar la calle, además ¿Quién va a vernos?
—No seas molesta y ya quítate—ordenó.
Sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras aún forcejeaba con la Seidou, por lo que levantó el rostro instintivamente hacia el otro extremo de la calle.
Sus ojos se abrieron de par a par.
La persona que se había apoderado de su cabeza en los últimos días como si esa fuera su casa, estaba parada justo al otro lado del cruce.
Se quedó pasmado cuando notó que ella tenía una expresión que nunca había visto, era una mezcla entre la sorpresa y la confusión, con algo más que no estaba del todo claro. Pese a la distancia, notó que ella miraba fijamente cierto punto y al seguir la dirección sus ojos, una opresión le atajó la boca del estómago al ver qué era lo que estaba atrapando su atención.
La luz se puso en verde.
Y sin pensarlo demasiado, quitó las manos de su compañera en un movimiento limpio y tajante, y acto seguido salió disparado hacia Hinata, quién, al notar sus intenciones, dio media vuelta dispuesta a ir en la dirección contraria.
—Lo siento Otsutsuki-san, yo... olvidé a-algo, voy a regresar...
—Hyuuga-san, espera...— Toneri trató de sostener su mano, pero falló por un par de centímetros.
—¡Nos vemos en la escuela! —gritó la muchacha antes de adentrarse en el mar de gente.
—¡Hey!
Sasuke notó la presencia del Otsutsuki y chasqueó la lengua mientras fruncía el ceño al pasar a su lado. Lo empujó ligeramente con el hombro y le lanzó una mirada intensa antes de seguir a la ojiperla.
Cómo siempre, era irritante verlo a su alrededor.
—Esa persona es... quien te gusta ¿No es así, Hyuuga-san? —murmuró Toneri estrechando la mirada.
Aquello estaba dejando de ser divertido.
Por su parte Sasuke se obligó a ignorar la molestia que le zumbaba en la cabeza al darse cuenta que la Hyuuga había estado a solas con ese sujeto. No tenía tiempo para eso, algo le decía que debía alcanzar lo antes posible a la peliazul. Si sus pensamientos eran correctos, ella estaba malinterpretando la situación con Karin, y, a diferencia de otras veces, no podía dejarlo estar.
No quería que ella tuviera una idea equivocada.
Inesperadamente, ella era buena para huir.
A pesar de su torpeza al moverse, su cuerpo era bastante escurridizo entre las olas de gente que los rodeaba. Por poco la pierde de vista un par de veces, pero se negaba a permitir que se expusiera de esa forma en una ciudad que no conocía realmente.
Si Hinata continuaba de ese modo, era seguro que se extraviaría en medio del caos urbano.
Apretó los dientes y haciendo gala de toda la fuerza de los músculos de sus piernas, dio cuatro zancadas largas y estiró velozmente el brazo para atraparaquella delgada muñeca que, en ese momento, parecía más frágil de lo normal.
—¡Maldita sea, deja de huir! —gritó obligándola a parar.
La gente a su alrededor los observó.
—N-no... me mi-mires...—murmuró escondiendo el rostro entre su cabello.
Sasuke bufó y tiró de ella para remolcarla hacía un pequeño callejón ubicado entre dos edificios comerciales.
—¿Eres tonta? ¿Por qué corres de esa manera? ¡Tu pierna sigue mal! —regañó tomándola de la cintura para obligarla a sentarse en las escaleras de una salida de emergencia.
Revisó su lesión y notó una ligera hinchazón en su pantorrilla.
—...
—¿Por qué lo hiciste? —cuestionó posando su oscura mirada en las manos de la muchacha, las cuales tenía firmemente puestas sobre su cara.
—N-no lo sé...
Había sentido un nudo formarse en la boca de su estómago. Sus pupilas se contrajeron y de un segundo a otro no fue capaz de captar ningún sonido. Todos sus sentidos se habían concentrado en un cuadro que se quemó en su retina. Su pecho vibró y un sudor frío le recorrió la espalda, de un segundo a otro, percibió cómo algo pesado le subía por la garganta y luego un sabor amargo le llenó la boca.
Nunca había sentido nada igual en su vida.
Y eso la asustó.
Era algo completamente nuevo y desconocido. Lo peor de todo, es que no tenía ningún sentido que estuviera así de afectada por lo que había visto, al fin y al cabo, Sasuke no tenía por qué evitar el contacto con otras personas, aún si éstas se trataban de mujeres hermosas que no se parecían en nada a alguien como ella
Era como si hubiera sido poseída por un fantasma, casi como si le hubieran cambiado la sangre por un líquido corrosivo que le picaba las venas y ennegrecía su corazón.
—Tú... nos viste, ¿Verdad?
Tras un largo minuto de silencio, ella asintió. Sasuke gruñó y se desordenó bruscamente la melena.
—Lo... si-siento.
—Serás tonta, ¿Por qué te disculpas? Lo que viste...no es lo que estás pensando—cerró los ojos y respiró hondo, si no lo hacía, sentía que seguiría hablando bruscamente con ella.
—...
—Es sólo una compañera, le dije que dejara de hacer eso, pero no me hizo caso y...
—...— la ojiperla se mordió el labio.
—¿No crees lo que te estoy diciendo? —era irritante esa idea.
—¡No es eso...! —sacudió el cráneo de lado a lado, sus manos parecían soldadas a su rostro
Ni ella misma lo podía explicar.
—Entonces...—un pensamiento peligroso cruzó por su mente y dirigió sus manos hacia las de ella cuidadosamente—. ¿Tú... estás... celosa? —cuestionó pausadamente.
Ella respingó y quitó sus extremidades rápidamente. Lo miró roja de pies a cabeza.
—¡No es así! —le sostuvo los dedos con sus pequeñas manos.
Sasuke sintió un ligero cosquilleó en su pecho
Ah, su cara era demasiado honesta.
Sonrió de forma torcida y se preguntó cómo era posible que ella se hubiera vuelto aún más adorable.
—Eres imposible—apartó una de sus manos para cubrirse la boca y ocultar sus propios gestos.
—¿Qué...?
Al diablo su plan de ir lento.
La tomó por la nuca para obligarla a inclinarse, ya que había quedado en una posición más alta que la suya, y luego, estampó sus labios sobre los de ella. Hinata respingó sorprendida por el repentino beso, más no hizo nada por apartarse, dejó caer su mano libre sobre la chaqueta del morocho y se aferró fuertemente a la tela.
Ah, estaba volviéndose loca.
Definitivamente era algo desconocido.
¿El que te gustara alguien, se sentía de ese modo también?
Que frustrante.
Continuará
Lamento los errores trataré de corregirlos.
1* Yakiniku: Es un término japonés que se refiere a un estilo de cocina, un plato de carne a la parrilla y una salsa específica. El yakiniku es una barbacoa japonesa en la que los comensales asan la carne en pequeños braseros de carbón colocados en el centro de la mesa
Nos vemos el siguiente episodio.
Akari se despide
¡Yanne!
